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Colección Brazos

ANTOLOGÍA POÉTICA

Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra Agustín García Delgado Alejandro Arras • Ángel Iván Salcedo Claudia M. Sánchez Cadena • David Anuar Gerardo Cárdenas • Merari Lugo Ocaña Teodoro J. Morales • Uriel Hernández Gonzaga

Ediciones 1


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ANTOLOGÍA POÉTICA

Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra Agustín García Delgado • Alejandro Arras • Ángel Iván Salcedo • Claudia M. Sánchez Cadena • David Anuar • Gerardo Cárdenas • Merari Lugo Ocaña • Teodoro J. Morales • Uriel Hernández Gonzaga

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La selección del material poético presentado en este libro estuvo a cargo de Ingrid Valencia, Esther M. García y Nadia Contreras. La convocatoria Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra fue promovida por la revista Bitácora de vuelos y convocó a poetas en habla española. La convocatoria circuló en redes sociales en los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2015. El título retoma un verso de Efraín Bartolomé, contenido en su libro Música solar, 1984.

Colección Brazos (Poesía) No. 1. Ediciones Bitácora de vuelos, diciembre de 2015 © 2015 Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra, antología. D. R. © Diciembre, 2015. Bitácora de vuelos, revista electrónica de literatura Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor. Contacto: nadiacontrerasavalos@gmail.com. Edición no venal. Portada e ilustraciones, serie “Patria” (2015): Nadia Contreras Registro de la propiedad intelectual: 1856727495 Torreón, Coahuila, México.

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LOS ÁRBOLES ARRANCAN SU CUERPO DE LA SOMBRA

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Agustín García Delgado Infancia Sin pensar, uno se topa con hileras de álamos junto a la acequia, troncos y músculos longevos, vigías del agua o donadores de sombra que a lo alto prodigan savia en diferido cauce. Imaginar un gigante viejo y protector con su abrazo de abuelo. No: sin razonar es que uno trepa hasta la estrecha altura. No es la inteligencia niña un límite a la fuerza: solo la precaria consistencia del coloso cuando con delgados tallos juguetea y une

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líneas ondulantes, dibujos que se alargan al confín del aire y arrima el cielo con sus puntas de ramitas frágiles. Sin pensar, de pronto, corono la máxima estatura donde un augurio azul se balancea: así tiendo los cordajes de mi sino, un puente colgante a la ventura. El ojo no cede al vértigo del suelo: la mente no traza mapas navegables y casi estoy tentado a levar anclas de mis pies, soltar las amarras de mis manos por andar a la deriva del céfiro que agita las plumas de un canario.

Vence, sin embargo, la quietud el silbo suave del viento en los retoños, yemas nacidas para estremecer con su caricia los rayos del alba candorosos.

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Se deshebran las nubes y se atoran las estrellas. El avión, con miedo de enturbiar tan dulce paz, rodea la copa inmensa, espacio donde ocurre, la unión irracional de espíritus: árbol y niño tejen su conversación con signos que alzan un rumor desde lo bajo: el agua de la acequia su canción perenne y fresca, la brisa en ráfagas alternas.

Con las nubes trenza su destello verde, luz flotante mi abuelo vegetal, guardián frondoso. Por la selva de hojas traslúcidas bajo una leve atmósfera, va el viento y juega imaginando lianas de vapor, vuelos de ambición sidérea. Corre el tiempo y me desprendo de la

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altura, fluyo a lo largo de la piel hierática. Como arroyo de lluvia desciendo uncido en la corteza y el árbol vence un brazo bondadoso: con ternura deposita al niño indemne sobre el suelo. Así termina otro episodio de aventuras. Otra ocasión tal vez me llevará consigo un olmo anciano, un pino, una palmera.

Esto es infancia: elevarse y descender sin cuidarse de mortal desplome desde allá, desde una verde aguja en la cima de la vida.

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Eucaliptos

Vimos la muerte de árboles enormes, los más grandes que tuvimos nunca, decenas de aromáticas, exóticas figuras de pronto desolladas, con grietas y ni rastro de hojas. Todo porque esta ciudad tuvo un invierno más helado que todos los inviernos de nuestra memoria. La especie que por buena voluntad fue impuesta, desde lejos traída y esparcida en esta tierra de aire mezclado con arena, a la que el sol calcina y el agua desatiende, esta especie curativa, ha muerto. Y ha muerto la belleza extravagante de su altura

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que algún aire de Australia o de Tasmania pretendía; extranjero sin amigos fenecido. Fue hielo su altivez desde un febrero que amenazó con extinguir, de blanca muerte, tanto el reino animal como la escasa flora en mi ciudad. Esos débiles gigantes que agua y sol tan sólo demandaban sucumbieron.

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Alejandro Arras Dos

a Fernanda de Icaza

No sabemos quĂŠ nombre ponerle a eso ojos de mĂşsica inaudita de imperceptibles instantes: aire en punta que remata en las palmas cristales que se observan girando en espiral. No sabemos que tu voz es mi voz

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al otro lado de la mesa y el abrir de tus pesta単as es tan solo tiempo en esta diminuta eternidad.

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Ángel Iván Salcedo Guanábano

Lo recuerdo ahora mientras termina el árbol de piedra. Pronto amanecerá. Hoy la luna llena iluminó los solares y los salineros parecían ángeles con sus ropas blancas. Escuché cómo se preparaba detrás de la noche ese gran día. Escuché cómo se lavan las manos de sal y de arena. En mi corazón sentí su decisión y valentía.

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Escucho cómo, inevitablemente harán lo que tienen que hacer cuando yo les de la fruta. No sea porque escribo en la arena y ellos me escuchan. Porque ellos hablan yo escribo, y cuando callan escucho las olas. Escucho cómo habla con su caballo el hombre que hasta el final se marcha. Un poco más y el caballo contesta. Lo escucho cómo ve el amanecer. Cómo hacen tortillas con sus manos la mujer aquella que camina y se arquea. Una mañana mientras llovía escuchamos cómo crecía la milpa; lloré. Los escucho marcharse al amanecer. Son un árbol pero desde aquí los escucho.

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Claudia M. Sánchez Cadena Raíces Un rumor de árboles atraviesa mi vientre para avisar tu caída. Escribo la terrible espera de no poder salir de estas paredes y huir del cuarto blanco. El follaje cae sobre el sueño que te cubre. Y te vas, rojo carmesí

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de tristeza y furia, en un abril de flores en tumbas dejando una herida de grajos en el corazón. Tu simiente quedó en el lado derecho de mis pulmones. En el espacio más profundo de mis raíces; en las ramas que atraviesan mis dedos para escribirte ríos negros en un bosque azul de sílice.

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David Anuar El flamboyán de la memoria al maestro Joaquín Bestard No me arrebates, viento, las palabras; aún mi voz florece. Deja que el corazón madure y luego dáselo a los pájaros. Ramón Iván Suárez Caamal

I Joaquín ave en pos de la sequía te deshaces en plumas recorriendo el cielo en canora voz de tinta nube que resuena címbalo que retiñe

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en la pira de las primaveras en el fuego de las ramas desciendes una vez más para incendiar nuestra memoria II Tu sonrisa tiembla como las cerezas a punto de caer grávido de memoria se desgaja el tamarindo de tus labios en esta tierra blanca sacbé de letras germinado incendiada vaina flamboyán de minúsculas historias resuena tu quijada de plumas hilando sonidos dispersos por el viento en esta nuestra m ism a herid a

III Flama por las flores rebelión contra el olvido en el casco principal

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alguien levanta una orla de incienso copal vejado se amotina en el bajareque el humo nos invade como rumor de vientos malos como resplandor siniestro flor de flamboyán incendio IV Nos alimentamos de ti Joaquín tuvimos que asesinarte para robar éstas tus palabras y no obstante se deshacen como caireles de árboles invisibles enredaderas de jade cubren tus huesos de símbolos extraños Nos alimentamos de ti Joaquín

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como pájaros sedientos devoramos el néctar la flor de mayo el flamboyán el agua flamígera de tus letras

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Gerardo Cárdenas Cadáver

I Sólo los pájaros saben de la muerte de los árboles, son los primeros en alzar el vuelo, fúnebre oración; así, nadie fue testigo de la caída de la última hoja. En el invierno alzó sus ramas desnudas al cielo, venas implorantes. La corteza se le caía a grandes trozos, como la piel de la lepra, se le desprendió como el polvo se va alejando ante nuestros pasos,

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le colgó en jirones como la ropa de los pordioseros. Nadie lo lloró, lo rodeó el silencio. Cuando los árboles mueren, ni el viento se detiene para rendir elegías. II No recuerdo si en vida fue fresno, abedul o álamo; al final del jardín y sin saberlo se fue consumiendo. Nadie quiso hacer la autopsia. Nunca sabremos si un hongo lo pudrió, o si un escarabajo le comió el corazón. El árbol muerto es el único fantasma que no deambula. Sus raíces mismas han muerto, los gusanos las abandonan, la tierra les niega un trago de agua. Los vecinos al pasar, lo miraban con desprecio; los vecinos pedían derribarlo. Lo fuimos disfrazando con pilas de hojas muertas, con leña húmeda para salvarlo del hacha. La madera se le tornó pálida, como la cera que parece apoderarse

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de la piel de los cadáveres. La madera vuelta piedra. III Las ardillas volvieron al siguiente invierno. A ellas nada les importa. Incansables royeron en el tronco hueco sus guaridas. Incansables tuvieron crías, y estas otras crías, en túneles donde alguna vez corrió la savia. En el tronco del fantasma acumularon nueces y bellotas. En el tronco del fantasma pelearon, amaron y murieron. No volvieron los petirrojos, los cardenales o las torcazas. Pero el carpintero le daba voz por las mañanas: el único canto de un árbol muerto es el sonoro bemol de un tronco hueco y ajado. Con el tiempo los vecinos lograron olvidarlo;

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tal vez tenían cadáveres sin raíces de qué ocuparse. IV Fue de noche que surgió el retoño, fue de noche que se reventó el pavimento y surgió el brote, no sabemos si de álamo, abedul o fresno; rompió la piedra y creció al lado del muerto. Rompió la piedra y al cabo de un año sus hojas rebasaban el techo del garaje. Rompió la piedra y sus raíces comenzaron a abrazar a las raíces del cadáver. Sus ramas se escindieron; el nuevo follaje cubrió, pudoroso, la piel petrificada. El nuevo follaje consumió la corteza que aún colgaba. Cada año lo cubre más, intenta ahogarlo. V La naturaleza tiene su propio servicio de recogida de cadáveres. 32


De las ramas aún jóvenes del retoño caen nuevas semillas. Otros árboles tímidos han brotado cerca. Hay que fijarse bien para encontrar entre las hojas, entre la espesura, el tronco seco, la momia de un árbol orgulloso, de un árbol que no se mecía al viento, que no se vencía ante la nieve, que no se quebraba ante el relámpago. Sólo las ardillas y yo sabemos que aún espera, oculto, el momento de caer, la última derrota, la redención largo tiempo deseada. Cuando me vaya de casa, cuando llene mis maletas con otros, recalcitrantes muertos, cuando voltee a mirar, por última vez, el jardín, ¿oiré el golpe seco del tronco contra la hierba? ¿Oiré el suspiro agradecido y final del fantasma?

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Merari Lugo Ocaña Muerte cerebral

En la sala de terapia intensiva un hombre en coma estalló dentro de mi oído él a la orilla de las nueve, abandonado dentro de su cuerpo con los brazos caídos sobre agujas siempre silenciosas pero un quejido como si por primera vez un quejido en los labios del que moría se abría como libro apenas dibujado. Pensé en ir hasta su cama cada noche aprender su nombre y luego hacérselo sonar, hablarle de un niño que buscó sombra

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bajo un árbol en medio de la calle y se quedó estacionado esperando la caída de los primeros frutos. Olvidé así mi vida un lunes de septiembre y al buscar en su expediente encontré que llevaba en ese estado trece años trece años y un padre muerto. Yo no imaginaba así la eternidad ni la tristeza revisé sus signos, estables todos y salí del cuarto. Por la madrugada sobre una camilla vacía soñé con un árbol viejo que lloraba.

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Teodoro J. Morales Árbol simplemente hablando

Uno empieza a mirar al árbol como una simple forma. Crees que sirve (sólo) para dar sombra y solaz al día… tanto que te limitas a llamar árbol a un viejo símbolo. Tanta es la rutina; que, no sabes dar nombre a esa inquietud que lo sostiene. Ni imaginas que en lo hondo del vacío esta la edad. Contemplas como cae las hojas vencidas en el otoño Como engruesa una corteza con facilidad de un sueño.

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Árbol simplemente hablando. Árbol en torno al cual se danza…para dar golpes de hacha / en carnaval. Se mira al árbol de un manzano con feliz indiferencia. Árbol del que —de tarde en tarde— coges una esperanza Árbol del que sacan la madera con el que construyen el ataúd de uno, o, los baúles donde la abuela guarda su secreto de antes. Es la silla, sobre la que uno se sienta (pedazo de árbol labrado/cepillado) donde reposa la tranquilidad a veces. Así es el árbol. Más allá de un color y una forma…está el acertijo ciego. Esta misma mesa en la que escribo es árbol trabajado. Quien no ha plantado un árbol en el huerto que no tiene.

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Quien no dice árbol al color que asoma en una forma. Quien no dice árbol como si de veras supiera lo que eso significa / hablando. Quien no ha escrito un poema o cantado al árbol secular. Mi propia casa tiene pedazos de árbol… Es de madera el piso del cuarto donde me abraza el sueño. La puerta que se me abre hasta en el cielo, es de madera. Solo mi corazón no es pedazo de madera / oh, carpintero. Grave sería. No habría manera de decir una palabra a la soledad mía. Pero, en mi corazón (a pesar de ello) hay mucho de árbol. El árbol del cual escribo, no tiene el color de la alcachofa. Árbol, también es aquel paisaje que se agita en un mar de espectros.

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Por eso…entre mi locura primitiva / pinto de rojo al árbol Árbol mineral dirán acaso y, pensarán que ha perdido la razón…como un idiota / más. Echaran a multiplicar el digito de un número cualquiera… Así … como yo, multiplico en 09 la suerte que me falta. Es la única opción que le dan, al animal llamado hombre.

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Uriel HernĂĄndez Gonzaga DendrocronologĂ­a Duele respirar como presa devorĂĄndose en la sombra los ĂĄrboles son precisos humanos sobre todo si las hojas ululan y se trata de ver nimbos en los troncos para conocer hasta donde es posible estar vivo.

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SEMBLANZAS

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Agustín García Delgado (Jiménez, Chihuahua, 1958). Licenciado y maestro en literatura por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Autor de poesía Yo es so lo un ho m bre q ue se aleja (1994), Breve animación (2005 y 2007), Brizna de sílice y luz (2014), Mantralaico (2015); ensayo Dandismo y asesinato estético en la novela Ensayo de un crimen, de Rodolfo Usigli (2011). Actualmente es editor en la Subdirección de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Alejandro Arras (México, D.F. 1992). Estudiante de la carrera de Ciencias Políticas en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha publicado en Opción, Círculo de Poesía, e Insurrección. Es fundador del proyecto literario El Moledro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la BUAP. Ángel Iván Salcedo (Armería, Colima, 3 de septiembre de 1983). Realizó estudios de Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad de Colima, así como estudios de Dirección de Actores en la Escuela de Cine de la Universidad de Valparaíso en Chile. Obtuvo la maestría en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM titulándose con la investigación “La humanidad como un árbol en el mundo”. Es fundador de Que Brote la Semilla A. C., del Festival Internacional de Cine y Video Itinerante en Colima y del Centro Comunitario de Estudios Cinematográficos de Colima.

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Claudia M. Sánchez Cadena. Escritora y correctora de estilo originaria del estado de Morelos (1985). Estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Humanidades de la UAEM. Ha leído su obra poética en diversos foros culturales del Distrito Federal, Morelos, Oaxaca y Tlaxcala; también ha impartido talleres de arte y poesía para niños y adultos en la Casa de la Ciencia y el Centro Cultural Quetzalcóatl. Fue becaria Interfaz 2015. En 2014 fue publicada su plaquette Reconstrucción (2014, Ediciones Simiente) y hace un par de meses en la gaceta Río Arriba. David Anuar González Vázquez (Cancún, Q. Roo, 1989) Licenciado en Literatura Latinoamericana por la UADY. Estudiante de la Maestría en Español en la ENSY. Becario del PECDA en 2012 por el Estado de Quintana Roo y en 2015 por el Estado de Yucatán. Ganador del Concurso de Cuento Corto “Juan de la Cabada” (2011). Autor de la plaquette de poesía Erogram as (Catarsis Literaria-El Drenaje, 2011); del libro Cuatro Ensayos sobre Poesía Hispanoamericana (CONACULTA Ayuntamiento de Mérida - Libros en Red, 2014); y de los libros de poemas Bitácora del tiem po q ue transcurre (en prensa, CONACULTA-Ayuntamiento de Mérida) y Mem oria de Gabuch (en edición, Letramar). Gerardo Cárdenas, escritor, traductor y periodista cultural mexicano. Nace en la Ciudad de México en 1962 y desde 1998 vive en Chicago, tras

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haber residido en Miami, Washington, D.C., Bruselas, y Madrid. Es director editorial de la revista literaria Contratiem po y organizador del festival anual de poesía en español de Chicago “Poesía en Abril”. Es autor del libro de relatos A veces llovía en Chicago (2011), la obra de teatro Blind Spot (2015) y el poemario En el país d el silencio (2015). Sus relatos, poemas y artículos han sido publicados en medios impresos y electrónicos y antologías en España, Estados Unidos, México, Venezuela y República Dominicana, y ha ganado varios premios locales e internacionales. Es también autor del blog literario En la ciud ad d e los vientos. Merari Lugo Ocaña (Hermosillo, Sonora. 1990). Poeta y Médico Interno de Pregrado. En 2014 obtuvo 2do y 3er lugar en el Certamen de Literatura Joven de la UANL. Ha colaborado con poemas y fotografía en diversos medios electrónicos e impresos y exposiciones colectivas. Actualmente se interesa en la neuroestética y la convergencia entre arte y psicoanálisis. Reside en Monterrey. Teodoro J. Morales (Tarma, 9 de noviembre de 1942). Sus libros más recientes: Ed ad sin nombre (2004), Alameda de ensueño (2015), Extramuros del silencio (2015), y otros. Presidente de la “Casa de la Cultura de Tarma”. Prologuista excepcional, dedica su vida al estudio y revalorización de la poesía, y de las letras en general.

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Uriel Hernández Gonzaga (Guerrero, 1992). Estudiante de la licenciatura en psicología en la UAGro. En el año 2013 formó parte de la primera generación del proyecto Red de Letras, Acapulco, Guerrero, México. Ha participado en la Primera y Segunda Feria Internacional del Libro Acapulco. Poemas y cuentos suyos han sido publicados en revistas y antologías en México y España. Ganador del concurso Día del escritor, Bruma Ediciones (2014). Actualmente incursiona en la poesía experimental.

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ÍNDICE

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Agustín García Delgado Infancia

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Eucaliptos

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Alejandro Arras 19

Dos Ángel Iván Salcedo

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Guanábano Claudia M. Sánchez Cadena

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Raíces David Anuar

El flamboyán de la memoria

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Gerardo Cárdenas 29

Cadáver Merari Lugo Ocaña

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Muerte cerebral Teodoro J. Morales

Árbol simplemente hablando

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Uriel Hernández Gonzaga 41

Dendrocronología

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Para su composici贸n tipogr谩fica se emplearon las fuentes Palatino Linotype , Goudy Old Style, Gloucester MT Extra Condensed, Book Antigua. El dise帽o y la imagen de portada es de Nadia Contreras. El cuidado de la edici贸n estuvo a cargo de los autores y Nadia Contreras.

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POZO DE VIDA CRISTINA ARGÜELLO BELTRÁN

Imagine subir a la parte más alta de un árbol, la rama más alejada del suelo; imagine lo que le costó subir y ahora permítase echar un vistazo hacia abajo. Usted está en el punto intermedio entre la tierra y el cielo ¿será este el paraíso? Y ¿qué es un árbol? Árbol, cinco letras: raíz, tronco, ramas, color y forma, d ond e reposa la tranquilidad, como afirma Teodoro J. Morales. Árbol: acertijo ciego. Nueve poetas convocados por el misterio del árbol, éstos que nos brindan protección, sombra, aire limpio. Desde la antigüedad, el árbol tuvo una importancia decisiva. Era la encarnación del Principio vital y Pozo de vida. De éste último, el título del prólogo; un pozo, una profundidad de la que mana energía, la regeneración, la inmortalidad. A cambio ¿qué nos piden los árboles? Contemplación y cuidado. Por ello: reivindicar no sólo a los árboles sino a la naturaleza misma, nuestra existencia. El hombre acaba con los recursos naturales y a la vez, aunque no nos demos cuenta, nos consumimos. Gerardo Cárdenas ilustra el hecho de manera exacta: No recuerdo si en vida fue fresno, abedul o álamo; / al final del jardín y sin saberlo se fue consumiendo. Disfrutemos, vivamos, hagamos conciencia. La vida, los árboles, nosotros, somos lenguaje: Poesía.

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