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Gran Málaga

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SÁBADO 13-8-2005 Málaga hoy

P ROY EC TO P I O N E RO

SALUD

Prisión provincial. Doce presos y cinco funcionarios de la cárcel de Alhaurín de la Torre han sido los primeros de todo el país en comenzar un plan para abandonar el tabaco en seis semanas

La libertad de dejar de fumar

Un programa preventivo atiende a más de mil infartados Los pacientes disponen de una tarjeta para agilizar su tratamiento ante una urgencia de vida o muerte EFE

Un total de 53 pacientes se han incorporado en los primeros seis meses de este año en Málaga al programa Corazón, que cuenta en la actualidad con 1.325 personas en la provincia. El programa fue puesto en marcha en 1999 por la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias-061 para mejorar la atención de los pacientes que han sufrido infarto agudo de miocardio o angina de pecho. El programa Corazón nació con el objetivo de disminuir las muertes por enfermedades coronarias agudas, que siguen siendo la primera causa de mortalidad en los países industrializados. La Consejería de Salud recordó que “la rapidez en la respuesta a una parada cardiorrespiratoria puede resultar vital para evitar daños irreversibles o incluso la muerte del paciente”. En este sentido, cada paciente que reúna los criterios de inclusión en este programa recibe la tarjeta corazón, un documento en el que figuran sus datos personales y el hospital de referencia de su lugar de residencia. En la cara posterior de esta tarjeta aparecen además una serie de instrucciones a seguir en caso de que vuelva a presentar un dolor torácico, como interrumpir la actividad física, recordar la hora de inicio del síntoma y tomar la medicación prescrita por el médico para estos episodios, junto a otros consejos sanitarios. Por su parte, los centros coordinadores del 061 de cada una de las ocho provincias andaluzas disponen de los datos clínicos de estos enfermos para acceder a ellos de forma inmediata en caso de que sea necesario.

■ MÁLAGA.

GARCÍA VIVAS

INTERNOS. Dos de los voluntarios que se han apuntado al plan. EL REPORTAJE

Nacho Sánchez Miguel fumaba 60 cigarrillos diarios. Desde que con 12 años comenzó en este vicio –ahora tiene 52– no ha dejado de fumar sus tres paquetes; “uno por la mañana, otro por la tarde y otro por la noche”, explica. Sin embargo, ahora se ha marcado el objetivo de dejarlo. Y para ello, cuenta con la ayuda de un plan antitabaco que el equipo de psicólogos de la prisión provincial de Alhaurín ha comenzado con la colaboración del centro de salud de Miraflores de los Ángeles de la capital malagueña. Como él, otros 12 presos y cinco funcionarios de prisiones participan en el proyecto que dirige el psicólogo Antonio Vela, quien se ha tomado el plan como un reto personal. “Siempre he sido un intransigente con los fumadores y sería un éxito conseguir quitar de este vicio a estas personas”, explica. La actividad comenzó en el mes de junio con una reunión

■ MÁLAGA.

grupal y, tras el paréntesis de las vacaciones, comenzará un periodo de seis semanas hasta que llegue el día D, en el que todos los participantes deberán haber dejado de fumar. Miguel se ha adelantado al plan y ya trata de fumar un paquete menos al día, “porque me doy cuenta de que llego a cualquier lado fatigado y no puede ser”, afirma. Igual que ha hecho su compañero Abraham, un joven de 28 años que fuma algo menos, unos cinco cigarrillos al día, pero que quiere dejarlo “porque es muy poco sano”. “Cuando llegué al centro penitenciario, fui a jugar al fútbol un día y acabé vomitando porque fumaba. Ahora, fumo menos y ya puedo correr media hora sin ningún problema”, asegura. Ambos creen que podrán dejar de fumar en el plazo establecido por el plan, “porque es lo que queremos hacer”, afirma seguro el joven. El objetivo del proyecto es que al menos el 40 por ciento de los participantes deje el hábito. Aun-

que conseguir que presos que han sido adictos a otras drogas más fuertes que el tabaco hace más complicado el final feliz. “Además, sería casi imposible y casi improcedente quitar del tabaco a alguien que consume habitualmente otro tipo de drogas”, asegura Vela.

El objetivo es adelantarse a la ley que a partir del 1 de octubre prohibirá encender un cigarro en los centros de trabajo y lugares públicos Y para ver si los participantes consiguen quitarse, el psicólogo cuenta con un pequeño aparato que mide el número de cigarros consumidos por cualquier persona, a través de sus niveles de alquitrán y nicotina. Vela ya ha enseñado a funcionarios y presos algunas técnicas para

ir dejando de fumar o, al menos, para tomar menos nicotina. Una de ellas es cambiar de marca de tabaco “y comprar alguno que tenga niveles más bajos”. Otra, no apretar la boquilla del cigarro, porque de esta manera las sustancias cancerígenas escapan por sus poros “y pasan en menor cantidad al cuerpo”. Eso sí, la medida más eficaz está clara para el responsable: fumar cada vez menos cigarrillos. El objetivo es que, de esta forma, el centro penitenciario se adelante a la ley que a partir del próximo 1 de enero de 2006 prohibe fumar en centros de trabajo y lugares públicos. Por ello, una vez acabe este primer programa antitabaco, la idea es repetirlo cada dos meses. Y conseguir, eso sí, que cada vez más funcionarios participen en este curso antitabaco. Más del 40 por ciento de ellos son fumadores, fundamentalmente por el tipo de trabajo “más tranquilo y pausado que otros”, según el psicólogo responsable del programa, lo que les lleva a empezar a fumar más fácilmente.


La libertad de dejar de fumar