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Málaga hoy

31

● LUNES, 16 DE ABRIL DE 2012

Cultura y Ocio

Cuando el escenario se queda pequeño

Vindicación de la melodía

CRÍTICA MÚSICA

CRÍTICA CLÁSICA

IVÁN FERREIRO

ORQUESTA FILARMÓNICA DE MÁLAGA

★★★★★

★★★★★

Sala París 15. Fecha: 14 de abril. Músicos: Iván Ferreiro (voz y teclados), Pablo Novoa (guitarra y teclados), Emilio Saiz (guitarra), Ricky Falner (bajo), Gael Pinto (batería). Aforo: Unas mil personas.

Teatro Cervantes. Progra de Abono de la OFM. Fecha: 13 de abril. Programa: ‘Adagio para cuerdas’ de S. Barber, ‘Concierto de Aranjuez’ de J. Rodrigo y ‘Sinfonía nº 5 en mi menor’ de P. I. Tchaikovski. Director: En Shao. Solista: Ricardo Gallén (guitarra). Aforo: Lleno.

Pablo Piñero

No es fácil encontrar hoy en el panorama nacional a grandes músicos con personalidad sobre el escenario. Cantantes que con su sola presencia llenan el escenario, que se queda pequeño y en el que, a veces, sobra el resto de la banda. Lo de Iván Ferreiro es, quizás, una de las excepciones. Porque al gallego apenas le hace falta sentarse ante su piano, sonreír y cantar para brillar por encima de los demás con su reconocible voz. Tanto que el público ya no escucha ni guitarras ni baterías ni cualquier otro instrumento salvo el sonido que hacen sus dedos sobre el teclado. Quizás por eso ya no existen Los Piratas y hoy todo es Iván Ferreiro. Le esperaba Málaga con ilusión, casi con ansiedad. Y la París 15 registró una buena entrada incluso para ver a La Cena, banda malagueña que acompaña a Ferreiro en su gira, que dieron la sensación de que, pronto, serán ellos los teloneados. Fueron un buen punto de partida para una sala en la que se daban los ingredientes de una buena noche tan desapacible fuera como de calidez en el interior. Sensación a hogar que se intensificó con la salida de Ferreiro al escenario y

J. M. Cabra Apalategui

Iván Ferreiro, en estado de gracia, el pasado sábado en la Sala París 15.

PROPIOS Y AJENOS

Ferreiro regaló a un público entregado algunas versiones inesperadas de Lori Meyers y Pereza que creció a medida que se sentaba en frente al teclado para compartir las canciones de su último trabajo, Confesiones de un artista de mierda. Ferreiro parecía a gusto, feliz: “Esto es un puto placer”, dijo el gallego en más de una ocasión mientras disfrutaba de otra noche sobre las tablas. Igual el público, que tenía la sensación de que el músico cantaba para

ellos, sólo para ellos. Como si lo tuvieran en el mismísimo salón de casa, con la estufa bajo la mesa camilla, disfrutando con tu gente de un concierto casero en una tarde de domingo. Pero el concierto era en sábado por la noche y Málaga también tenía ganas de bailar, de soltar la rabia acumulada durante la semana con temas como Turnedo, Años 80, Promesas y Días azules, que se podía escuchar en la película del mismo nombre (y que junto a los temas de Mastretta, era lo único bueno de esa cinta). Hablando de cine, también hubo un especial momento también para Canción de amor y muerte, creada para la banda sonora de

P. PIÑERO

Rec 3. De paso, el público –especialmente treintañero en esa noche– recibió varios regalos en formas de canción que no se esperaban: primero, con una especial versión de Aha han vuelto? de los granadinos Lori Meyers y, más tarde, con Margot, de Pereza. Así, entre canciones propias y ajenas, entre novedades y recueros a la historia de Los Piratas, Iván Ferreiro se fue haciendo grande sobre el escenario, ocupando todos y cada uno de sus rincones, demostrando por qué es uno de los músicos más influyentes de la música en castellano. Dijo Iván Ferreiro que quiere volver el próximo año. Se le esperará. Y con impaciencia.

‘La viuda alegre’, de la mano de Carlos Álvarez ● El barítono Carlos Álvarez, cu-

ya presencia en los escenarios va siendo poco a poco más habitual a medida que va recuperándose de la dolencia que lo ha tenido apartado de la interpretación durante una larga temporada, ejerció ayer de presentador en el Teatro Cervantes para introducir la opereta de Franz Lehár La viuda alegre, cuya representación constituyó el acto central de la conmemoración del 25 aniversario de la reapertura del coso municipal malagueño. La Orquesta Sinfónica Provincial de Málaga y el Coro de Ópera de Málaga, dirigidos respectivamente por Arturo Díez Boscovich y Francisco Heredia, interpretaron la obra maestra del compositor húngaro, junto con los cantantes solistas Rosa Caballero, Santiago García, María Lourdes Benítez, Luis Pacetti y Francisco Heredia, entre otros. El público, entregado, llenó el aforo del Cervantes. PUNTO PRESS

El programa que la OFM, bajo la batuta del chino En Shao, ofrecióensuconciertodeabono,casi parecía un desafío al esnobismo imperante en ciertos ambientes artísticos contemporáneos, desdeñoso de todo aquello que ha alcanzado popularidad y que gusta de recrearse en una provocación tan efímera como insustancial. El Adagio para cuerdas de Barber, el Concierto de Aranjuez del Maestro Rodrigo y la Quinta Sinfonía de Tchaikovski se presentan como reivindicación de una música de gran lirismo, melodías identificables y no por ello de menor calidad. Si acaso se corre el riesgo de que un momento de lucidez eclipse toda una vida de creación y se acabe engrosando la injusta categoría de “artista de una sola obra”. La nota definitoria de la primera parte fue la contención. La lentitud y fluidez de los movimientos de En Shao, su corporeidad característicamente oriental, lo asemejaban a un maestro de taichi. El resultado fue un Adagio etéreo, meditativo, elegante; una interpretación con la densidad justa para evitar la untuosidad y dosificar un dramatismo que en la composición de Barber puede con facilidad derivar en sensiblería. Una sonoridad igualmente moderada desplegaron en el Concierto de Aranjuez los músicos, que ejecutaron con tino la propuesta del director chino, cediendo el protagonismo a las melodías y a las formas musicales, expresivas de por sí. Por su parte, Ricardo Gallén, que hizo gala de una técnica encomiable, supo aprovechar la dirección austera y juiciosa, pero, al mismo tiempo, personal y comunicativa, de En Shao, tan propicia para la sutil musicalidad de la cuerda pulsada. Aranjuez obtuvo el reconocimiento unánime del público, que apenas esperó a que terminara el tercer y último movimiento para prorrumpir en una sonora ovación. La Quinta de Tchaikovski mostró en la segunda parte un registro muy distinto, más intenso y emocional. Un registro en el que la OFM se desenvuelve a sus anchas. Si la primera parte del concierto fue para el director, esta segunda fue, sin lugar a dudas, de la orquesta.


Concierto Iván Ferreiro