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VIERNES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2007 ●

Málaga hoy

Cultura y Ocio

Solidaridad de lejanía Chambao y Carlinhos Brown fueron los alicientes de un concierto por Unicef

Chambao fue uno de los reclamos del concierto.

SERGIO CAMACHO

LA CRÓNICA

J. L. García Gómez / MÁLAGA

“¡Buenas noches, familia!”, dijo Lamari, la mujer más esperada anoche en el Palacio de Ferias de Málaga. Ella y Carlinhos Brown eran el verdadero motivo por el que unos cuantos miles de malagueños decidieron ser solidarios con Unicef y asistir al concierto benéfico de Encode. Chambao cerró por fin, en un extraño lugar y por una buena causa, su gira Pokito a poko. Salieron al escenario con 20 minutos de retraso pero su música calmó los ánimos. Tocaron Duende

del sur y Ahí estás tú, entre otros de sus ya más que conocidos temas. Antes que ellos, los no muy interesantes El Tío Calambres y El Combolinga demostraron cómo ciertos lugares comunes se han apropiado de la música: ¿la rumba mal tocada ayuda a alguien? El público, con su desinterés dio la respuesta. Lo de Encode debe de ser solidaridad de distancia, con quienes no se ve ni se conoce, porque la organización, representada por un personal de seguridad poco solidario, trató al despreciado gremio de la prensa con los pies –los seguratas son los mismos para un concierto benéfico que para una discoteca de polígono industrial–. En fin, este evento publicitario de varias webs de la Junta de Andalucía demostró que de buenas intenciones está empedrado el camino hacia el Infierno. “No sé nada” y “Por aquí no”, fueron las respuestas más comunes que se recibían de cualquiera que llevara colgada del cuello una acreditación. Además, la respuesta siempre iba acompañada de un mal gesto. Lamari y Carlinhos Brown son una pareja con muy buenas intenciones, ambos participan en diversas buenas causas y su presen-

cia en Encode está más que justificada, tanto por su música como por su trayectoria. Lo de El Tío Calamabres y El Combolinga es otro asunto. “Me llaman el arroz pegao porque estoy en la cama todo el día tirao” es lo que cantan los segundos. ¿Eso es solidario de algo? ¿Eso es algo? Son las cosas de los festivales, que acaban siendo poco solidarios con la música, que también sufre. De Encode, pasados unos días, sólo recordaremos que algún dinero llegó a Unicef para su necesaria labor por la infancia, que los fieles seguidores de Chambao y Carlinhos Brown volvieron a disfrutar de ellos –Brown es ya un habitual de nuestros escenarios, de todos. Con suerte podremos olvidar a César Strawberry y sus consignas –presentó el evento en lugar de Willy Toledo y a la manera de Bono en su última gira pidió sms solidarios– y la terrible organización. Por cierto, creo que todos los presentes estarán de acuerdo en que el Palacio de Ferias no es una sala de conciertos, que no salió en llamas porque algunos incluso apagaban sus cigarrillos antes de depositarlos en los vasos de plástico de sus birras.

Capitalismo de cartón y tocadiscos CRÍTICA TEATRO GAFF AFF

★★★★★ Zimmermann & de Perrot. Lugar: Teatro Cánovas. Fecha: 28 de noviembre. Intérpretes: Martin Zimmermann y Dimitri de Perrot. Aforo: Unas 300 personas (casi lleno).

Nacho Sánchez

No le hacen falta palabras a Martin Zimmerman para expresar su odio por los tiempos modernos. Como un Chaplin contemporáneo, consigue reírse de manera irónica de objetivos en la vida que todos (¿queremos?) alcanzar como la riqueza o el éxito profesional por encima del compañerismo. Pero también se ríe de un simple teléfono móvil. Quizás es en esa escena –el personaje sube al metro, se sienta en su maletín, empieza a enviar SMS, el maletín desaparece y él permanece sentado en el aire atento a su pantalla– donde está la esencia de Gaff Aff.

Los artistas durante la representación de ‘Gaff Aff’.

El espectáculo recorre un día en la vida de un personaje –una especie de ejecutivo que no se separa jamás ni de su maletín ni de su móvil ni de sus problemas de oficina– y le sirve de excusa para realizar una exquisita crítica a las prisas, al consumo, a la soledad. Un robot humano que trabaja para vivir. ¿Les suena? Lo que sí necesita Zimmerman es a su único compañero de reparto, Dimitri de Perrot, que guia al personaje con los sonidos que saca con su tocadiscos. Su aguja sirve de hilos para el títere que desarro-

lla la parodia sobre un escenario móvil con forma de vinilo. Ahí desarrolla una espectacular coreografía –parece imposible repetir– plagada de gestos acrobáticos y circenses en un escenario de cartón. Material que le permite crear mundos imaginarios al convertirse en sillas, jefes, comida, dinero o medios de comunicación. Incluso en un gato o un ratón. Gesto hacia los pequeños recovecos de humanidad que aún quedan en la sociedad actual. A los que Zimmerman parece querer rendir homenaje. Sólo al final, eso sí.


Circo