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Escuela de Música Armonía CICLO DE CONFERENCIAS 2019

“APRENDER A AMAR LA ÓPERA” AMILCARE PONCHIELLI (1834-1886)

La Gioconda

Ópera en cuatro actos.

Libreto de Arrigo Boito (que firmó como Tobia Gorrio), basado en el drama de Víctor Hugo Angelo, tyran de Padoue.

Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, en abril de 1876. Entre los intérpretes del estreno figuraba el tenor navarro Julián Gayarre. Estrenada en España en el Gran Teatro del Liceo, Barcelona, en febrero de 1883. El Puerto de Santa María, 06/04/2019


PRESENTACIÓN Aunque es evidente que el drama de Víctor Hugo, Angelo, Tyran de Padoue (estrenado en la Comédie Française de París en 1835, en tres actos) fue la fuente básica del libreto de Arrigo Boito, lo cierto es que la historia truculenta y enreveradísima del dramaturgo francés fue clarificada y mejorada por la adaptación boitiana, y aunque sigue siendo un drama romántico complejo e increíble, al menos es posible seguir la trama a través de las incidencias de la ópera, en la que pueden apreciarse claramente el hilo conductor de los amores de la protagonista y de las personas que la rodean.

La Gioconda tiene perceptibles influencias de la grand opéra francesa, empezando por la multiplicidad de escenas de carácter colectivo, y siguiendo por la presencia de los seis tipos de voz principales del género operístico (soprano, mezzosoprano, contralto, tenor, barítono y bajo), la frecuencia con que aparecen los grandes concertantes, y las escenas de danza, incluido un célebre y extenso ballet, la Danza de las horas, de casi diez minutos de duración. La escena del barco, en el acto II, incluyendo el incendio del mismo, rezuma un ambiente muy parecido al del tercer acto de L’Africaine, de Meyerbeer. En cambio, la música, que parte del lenguaje verdiano más conocido, se va orientando hacia los recursos del canto spianato que será típico del verismo en años posteriores, con voces a las que la densa orquesta ha empujado (spinto) a posiciones vocales más robustas y, por lo tanto, menos refinadas que en los títulos de antaño. La Gioconda es importante porque señala los caminos por los que seguirá la ópera del fin de siglo XIX: una mayor atención a la expresividad del canto, 2


incitación al uso del leitmotiv wagneriano (muy poco desarrollado aún) y creación de un personaje «malvado» como Barnaba, que daría lugar a la aparición de un Otello y un Iago y, más tarde, a un Tonio de Pagliacci.

La Gioconda, aunque un poco menos popular que hace años, sigue estando presente en el panorama operístico internacional como única representante de la producción de Ponchielli, cuyos restantes títulos aprovechables, especialmente I promessi sposi, Il figliuol prodigo e I lituani, no han salido adelante, pese a algunas tentativas beneméritas; hoy solo se pueden conseguir en el campo de la grabación pirata y, de hecho, son casi inalcanzables.

Sobre este tema, el compositor italiano Saverio Mercadante compuso su ópera antaño famosa, Il giuramento; el compositor ruso César Cui (18351918) escribió sobre el mismo texto de Víctor Hugo otra ópera hoy totalmente olvidada, Angelo, que se estrenó curiosamente con pocos días de diferencia respecto de la de Ponchielli, el mismo año 1876, en San Petersburgo.

Amilcare Ponchielli, sentado, junto a los cantantes de la primera representación en el Teatro alla Scalla de Milán.

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ARGUMENTO Acto I Son los días del Carnaval Veneciano y Barnaba, el siniestro espía del Consejo de los Diez de la Serenísima República Veneciana, observa la multitud mientras actúa como cantor popular o cantastorie. Mientras se prepara una popular regata, Barnaba observa con lascivia a la joven Gioconda, que se gana la vida cantando por las calles y mantiene a su madre ciega. Barnaba trata de ganar el amor de la Gioconda, pero ésta, que está secretamente enamorada de un exiliado político, el príncipe Enzo Grimaldo de Santafior, lo rechaza de modo áspero. Barnaba piensa que el tumulto del fin de las regatas puede ser un buen momento para apoderarse de la ciega y de este modo exigir a la Gioconda un trato amoroso. Para ello, Barnaba se acerca al marino Zuane y, jugando con su superstición, le hace creer que ha perdido la regata por el mal de ojo que le ha echado la anciana ciega. Pronto corre la voz de que la invidente es una bruja: crece el tumulto y ya se prepara la hoguera para ella cuando aparece Enzo Grimaldo, dispuesto a salvarla. El tumulto atrae al exterior a Alvise Badoero, poderoso miembro del Consejo de los Diez, con su esposa Laura. Alvise pregunta qué ocurre y cuando se acusa a la ciega de brujería, Lau-

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ra, que ha visto un rosario en sus manos, convence a su marido de que no puede ser bruja si lleva ese rosario. Alvise ordena que la anciana sea puesta en libertad, y ésta agradece a Laura su intervención regalándole el rosario. Entre el pueblo se haya escondido el príncipe Enzo Grimaldo, pero Barnaba observa su persistente mirada a Laura y cómo ésta se la devuelve; descubre así su relación amorosa. Cuando la multitud penetra con todos los protagonistas en la iglesia, Barnaba coge a Enzo, le dice que lo ha reconocido y que conducirá a Laura hasta su barco, aduciendo que lo hace para romper el corazón de Gioconda. Enzo se deja convencer por el malvado espía, y se va. Barnaba llama al escribiente Isepo, redacta una denuncia al Consejo y la deposita en la Boca del León, un buzón oficial de la República para denuncias y delaciones. Pero la Gioconda, que salía de la iglesia, ha oído el dictado de la carta y decide tomar medidas para frustrar los planes del malvado Barnaba.

Acto II

A bordo de su bergantín «Hécate», aquella noche, Enzo aguarda la llegada de Laura. Sus marineros cantan y un pescador (que es Barnaba cisfrazado) comienza a cantar una canción. Finalmente queda Enzo solo en cubierta, donde canta su aria «Cielo e mar», la más celebre de la ópera. Enzo se retira y poco después Barnaba, aparentemente fiel a su palabra, trae a Laura, que sube al barco llena de zozobra; la atribulada dama reza una apresurada invocación a la Virgen, estrella de los marineros. Aparece de pronto la Gioconda, que venía dispuesta a matar a su rival: ambas mujeres se enzarzan en una disputa en la que las dos confiesan amar a Enzo con especial intensidad. La Gioconda quiere matar a Laura, pero descubre que lleva el rosario de su madre, y esto la lleva a cambiar de actitud: ha sabido que Alvise Badoero conoce la fuga de Laura y que sus agentes se acercan al barco; la Gioconda da su barca a Laura y la insta a volver a Venecia antes de que sea demasiado tarde. Laura se va, y la Gioconda llama a Enzo, previniéndole del inminente ataque enemigo: ambos se lanzan al mar y regresan a nado a la ciudad, mientras sus enemigos incendian el barco.

Acto III

En los apartamentos de Alvise Badoero, en la Ca’ d’Oro, en Venecia. Alvise se ha enterado por Barnaba de la traición de su esposa, y aunque ésta finge no tener culpa alguna, Alvise la obliga a beber un veneno, dándole el breve plazo de un canto de gondoleros que se oye en el canal para tomarlo. Laura, 5


muerta de miedo, sostiene en sus manos el veneno, pero un instante después la Gioconda le ofrece la salvación en forma de un fuerte narcótico y se lo hace beber en lugar del veneno. Laura se duerme sobre el lecho mortuorio y cuando poco después llega Alvise, con los últimos compases del canto, Laura parece muerta.

El siniestro personaje ha organizado una fiesta que se desarrolla en medio de un lujoso ballet («Danza de las horas»), frente al patriciado veneciano, pero Enzo también se ha infiltrado en el convite, así como la Gioconda y su madre ciega. Terminado el baile, se oye una campana mortuoria y Alvise muestra a los invitados el supuesto cadáver de Laura. Aprovechando la confusión que se produce cuando Enzo, no pudiendo contenerse, llama asesino a Alvise, Barnaba, también presente, rapta a la ciega.

Acto IV

La Gioconda, que conoce bien el submundo ilegal de Venecia, el de los «fratelli del mar», ha hecho que estos roben, con la ayuda de Barnaba, el supuesto cadáver de Laura y se lo traigan a su cuchitril, en las ruinas de un antiguo palacio veneciano. Con Laura dormida en su cama, la Gioconda siente tentaciones de matarla y salvar así para ella el amor de Enzo. Pero 6


no lo hace: cuando éste llega, acusa injustamente a la Gioconda de haberla matado y quiere apuñalarla (algo que ocurría realmente en la obra de Víctor Hugo), pero en ese momento despierta Laura de su letargo y Enzo comprende la generosidad de la Gioconda, que ha preservado a su amor. Enzo y Laura huyen hacia un futuro amor e instan a la Gioconda para que los acompañe, pero ella decide permanecer en su cuchitril esperando la muerte, que llega en la persona de Barnaba, que está dispuesto a «cobrar» sus servicios. La Gioconda finge querer adornarse para ser más bella a sus ojos, pero en realidad se apuñala para no caer en sus brazos. Ante el cadáver de la mujer que ha deseado, Barnaba grita que ha matado a su madre, pero la Gioconda ya no le oye.

Fuentes: iopera.com; www.operamania.com; www.wikipedia.es

Roger Alier, “Guía universal de la ópera”, 2 Vol., Ma Non Troppo, 2001.

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Personajes La Gioconda. Cantante callejera que vive con su madre ciega; enamorada de Enzo Grimaldo, príncipe de Santafior. Papel para soprano spinto con ribetes dramáticos. Debe alcanzar del sib2 al do5.

Enzo Grimaldo, principe de Santafior. Noble exiliado de Venecia por razones políticas; enamorado de Laura, esposa del dux Alvise Badoero. Papel para tenor spinto; debe alcanzar del do3 al sib4.

Laura. Esposa del dux Alvise Badoero, pero enamorada de Enzo Grimaldo. Papel para mezzosoprano de considerable envergadura dramática y tesitura alta. Alcanza del la#2 al sib4.

Alvise Badoero. Dux de Venecia, casado con Laura, de cuya infidelidad quiere vengarse. Papel de bajo; debe alcanzar del sol1 al fa3.

La Ciega. Madre de Gioconda; piadosa e invidente. Papel para contralto; debe alcanzar del la2 al la4. Barnaba. Espía al servicio del Consejo de los Diez; desea a la Gioconda. Papel de barítono con ribetes dramáticos. Debe alcanzar del si1 al sol3.

Zuane. Patrón de barca. Papel menor para bajo.

Isepo. Escribiente de cartas público. Papel menor para tenor. Piloto. Papel menor para bajo.

Un Barnabotto. Monje. Papel menor para bajo. Dos cantores. Papeles para barítono.

Dos voces. Gondoleros en la distancia. Papeles ínfimos para tenor y bajo. Coro. Con importante contenido.

Ballet. Espectacular y muy famoso.

Escuela de Música Armonía Avda. de la Bajamar, s/n; 11500 El Puerto de Santga María (Cádiz) Tel: 686 189 550

www.musicaarmonia.es

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