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Escuela de Música Armonía CICLO DE CONFERENCIAS 2019

“APRENDER A AMAR LA ÓPERA” WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756 -1791)

La Flauta Mágica

La Flauta Mágica

de Mozart

Ópera (Singspiel) en dos actos.

Libreto de Emanuel Schikaneder, basado en parte en Lulu, oder die Zauberflöte, de A. J. Liebeskind y en parte en la obra de Jean Terrason Sethos. Estrenada en el Theater auf der Wieden, de Viena, en septiembre de 1791. Estrenada en España en el Gran Teatro del Liceo, Barcelona, en enero de 1925.

El Puerto de Santa María, 16 & 23/03/2019


La ópera masónica de Mozart La Flauta Mágica fue la última de las óperas de Mozart en subir al estrado, aunque, en sentido estricto, no fue la última que compuso. La obra fue introducida en el catálogo de obras del autor en julio de 1791 (la fecha precisa no se conoce), describiéndola como: “Una ópera alemana en dos actos escrita por Eman[uel] Schikaneder, y que consta de 22 números.” Mozart incluso mencionó a los miembros de los papeles principales que tomarían parte el día del estreno. Sólo quedaban por escribir dos números: la obertura y la Marcha de los sacerdotes, a comienzos del segundo acto. Estos se añadieron unos dos meses después, justo a tiempo para la noche del estreno, el 30 de septiembre. Hasta ese momento, Mozart había estado ocupado con La clemencia de Tito, la ópera que le había sido encargada para la celebración de la coronación de Leopoldo II como emperador de Bohemia. Tito se estrenó el 6 de septiembre; y un mes después, Mozart hizo notar orgullosamente a su esposa la coincidencia de que la última representación de Tito en Praga se hubiera producido la misma tarde del estreno de La Flauta Mágica en Viena. El autor del libreto de La Flauta Mágica, Emanuel Schikaneder, era un viejo amigo de la familia Mozart. Su relación databa del otoño de 1783, cuando la compañía de teatro de Schikaneder pasó varios meses en Salzburgo. Al año siguiente, cuando Schikaneder contrató el teatro Kärntnertor de Viena por un período de tres meses, abrió con un reestreno de El Rapto en el Serrallo. En 1789, Schikaneder asumió la dirección del teatro Freihaus, y fue allí donde se estrenó La Flauta Mágica. De esta forma, Mozart se encontró de repente —y por vez primera— escribiendo una ópera, no para la ópera de la corte, sino para una audiencia popular. Los números que compuso para el propio Schikaneder, que asumió el papel de Papageno, estaban escritos, sin en el menor recato, en un estilo

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popular; pero, sin duda, una de las razones que ha hecho que La Flauta Mágica pase a formar parte de ese elenco de las elegidas es su extraordinaria mezcla de géneros —desde la virtuosa coloratura de la Reina de la noche (una parte escrita para la cuñada de Mozart Josepha Hofer), al austero preludio-coral de los dos hombres con armadura del final del Acto II. Una parte importante de los lazos que unían a Mozart y a Schikaneder era que ambos eran masones. La Flauta Mágica no era en modo alguno el primer trabajo masónico de Mozart, y tampoco fue el último (el último trabajo que Mozart logró terminar fue la cantata Laut verkünde unsre Freude K623, en la que se da la bienvenida a los masones recién iniciados a un asiento de “libertad y virtud” —dos de las principales cualidades del mundo de Sarastro en la ópera); pero es sobre todo aquí que las creencias y rituales de la Masonería se presentan sin tapujos. De hecho, toda la ópera es rica en símbolos masónicos. Los primeros sonidos que se escuchan en la ópera son tres acordes lentos y con un ritmo muy marcado —un presagio, como luego resultaría, de los solemnes acordes en tres grupos de tres que conforman el nexo entre la exposición de la obertura y las secciones del desarrollo central. (Estos acordes en grupos de tres vuelven a aparecer de nuevo con la misma forma en los momentos ceremoniales de la apertura del Acto II). Estos acordes machacantes formaban parte importante del ritual masónico. Como lo eran también el simbolismo numerológico del tipo ejemplificado por la triple ocurrencia de los acordes. Podemos incluso hacer notar que la obertura está escrita en la tonalidad de Mi bemol mayor, cuya armadura contiene tres bemoles; que cuando se eleva el telón, Tamino es rescatado de las mandíbulas de una serpiente por tres damas cubiertas con velo y que posteriormente es conducido al reino de Sarastro por tres jóvenes. La portada del libreto original de La Flauta Mágica fue diseñada por el pintor Ignaz Alberti, que era compañero de logia en Zur Wobltätigkeit. Muestra, bañado por la luz del lado izquierdo, parte de una gran pirámide, con la superficie cubierta de jeroglíficos. En el centro, colgando del techo, hay una estrella de cinco

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puntas; y en la obscuridad del lado derecho aparece una urna grande, debajo de la cual aparecen los utensilios de mampostería —un pico, una pala y un reloj de arena. La escena descrita pertenece al coro de los sacerdotes del segundo acto, cuando cantan “Oh, Isis y Osiris, ¡qué dicha! ¡El resplandor del sol destierra a la noche oscura!” El triunfo de la luz sobre la noche es, de hecho, uno de los temas centrales de la ópera. El contraste entre los dos reinos se ejemplifica mediante la Reina de la noche por un lado (su música se desarrolla en gran medida en las tonalidades “obscuras” de Do menor y Re menor) y, por la otra, el resplandor de Sarastro, cuyas arias —tan serenas como melodramáticas podían ser las de la Reina— se desarrollan en el brillante Mi mayor y la suavidad de Fa mayor. Mucho se ha hablado del aparente cambio de actitud entre las fuerzas del bien y del mal en los dos actos de la ópera, sin embargo, el libreto de Schikaneder es absolutamente coherente. No deja ninguna duda sobre la sinceridad de la pena de la Reina de la noche ante la pérdida de su hija, especialmente cuando se expresa con la desgarradora música con la que Mozart comienza su primer aria, “O zittre nicht, mein lieber Sohn!” (el dramatismo en Sol menor de este momento es replicado por Pamina en su aria del Acto II “Ach, ich fühl’s”); pero no es hasta mucho después que aprendemos que Pamina tenía que ser sacada de su área de influencia. En el diálogo que precede a su aria de venganza del Acto II (“Der Hölle Rache”), la Reina confiesa a Pamina que cuando se encontraba moribundo su padre había entregado las siete órbitas del sol al Círculo de los Iniciados. “Tu deber”, le había confesado, “es confiar tu formación y la de tu hija a las directrices de hombres sabios”. Desde entonces, los poderes de la orgullosa Reina habían disminuido. La búsqueda de la luz por parte de Tamino es un tema recurrente a lo largo de toda la ópera. “¿Oh, noche perpetua, cuando te desvanecerás, cuándo me golpeará la luz en los ojos?” exclama cuando se queda solo para decidir la suerte de Pamina en el finale del Acto I; y al comienzo del Acto II, Sarastro asegura a sus compañeros sacerdotes que Tamino desea “rasgar su velo nocturno y mirar en el santuario de gran luz”. La ópera termina cuando, con el acompañamiento de truenos y relámpagos, la Reina de la noche y sus sirvientas son expulsadas a la noche eterna —tras lo cual, nos indican la dirección de escena, todo el escenario se transforma en un sol. “¡Los rayos del sol”, declara Sarastro, “se llevan la noche, destruyen el poder ilícito de los fraudulentos!”

Misha Donat (Nota de acompañamiento del Bluray)

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Presentación Al insondable destino, que nos privó de la figura de Mozart antes de que cumpliera los 36 años de edad, le debemos que cuando ya no recibía encargos de la corte de Viena, la casualidad le proporcionara uno de carácter popular, gracias al cual poseemos hoy su obra postrera, La Flauta Mágica. Después del estreno de Cosí fan tutte en enero de 1790, justo antes de la muerte del emperador José II, no parecía que, por el momento, se le ofreciera otra posibilidad de trabajar en el género que más le entusiasmaba: la ópera. En la logia masónica que frecuentaba Mozart, que le había servido de apoyo moral y también, en cierto modo, económico en los años difíciles de 1787 a 1790, había encontrado a un viejo conocido: Emanuel Schikaneder. Éste era actor-director de una compañía teatral, antes ambulante y ahora establecida, en lo que entonces eran las afueras de Viena:

Con Schikaneder, Mozart había colaborado ya en Salzburgo escribiendo una partitura de música incidental para acompañar una obra teatral titulada Thamos, rey de Egipto, escrita por Tobías Phillipp, señor de Gebler, curiosa anticipación exoticoide de lo que más tarde sería La Flauta Mágica. En esta ocasión, Mozart había escrito música para los entreactos, piezas corales y algún fragmento cantado para los bajos que representaban al gran Sacerdote y al personaje de Sethos.

Se le presentó, pues, con el reencuentro con Schikaneder la oportunidad de escribir una ópera alemana, oportunidad que no había tenido desde que compusiera El Rapto en el Serrallo en 1782, y ello a pesar de que el tema del cuento de magia que le propuso Schikaneder no podía considerarse en principio muy digno de un músico que había triunfado en Viena y Praga como compositor y pianista.

Mozart siempre deseó ser un prolífico operista, pero en ese momento se le acumulaban las peticiones: en agosto le llegó el apremiante encargo de componer una ópera seria para el día 6 de setiembre, con motivo de la coronación de Leopoldo II en Praga como rey de Bohemia. Mozart no podía desatender la petición de una ciudad que siempre lo había tratado tan bien, y se puso a trabajar en la nueva ópera: La clemenza di Tito, para cuyo estreno Mozart se puso en camino hacia la capital checa en diligencia.

En todo caso, al partir hacia Praga le faltaba por componer, de La Flauta Mágica, el coro de sacerdotes, el aria número 20 de Papageno y el finale, todo ello del segundo acto, además de la obertura y de la instrumentación, pero todo fue encajándose a tiempo y el 30 de setiembre de 1791 se estrenaba la obra, que fue muy bien recibida por un público popular y capaz de apreciar la música

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que se cantaba en su propio idioma, con alusiones frecuentes al canto popular austriaco.

Siempre se ha especulado sobre por qué Schikaneder modificó sustancialmente la acción en el momento que Pamino y Papageno se van en busca de Pamina, aunque aprovechara lo ya escrito. Parece que Schikaneder y Mozart aprovecharon, de paso, para dar un sentido premasónico a la ópera o, para ser más precisos, para hacer una cierta apología encubierta de su credo, en unos momentos en que soplaban vientos netamente adversos al mismo, por su evidente implicación en la cada vez más violenta Revolución Francesa.

La Flauta Mágica tuvo éxito en Austria y en Alemania como Singspiel, pero no tuvo apenas difusión fuera de Alemania hasta bien entrado el siglo xx, y no se ha convertido en una obra popular hasta pasado el año 1950.

Argumento Acto I, Cuadro I En un bosque de una región montañosa.

El príncipe Tamino, perseguido por una monstruosa serpiente, llega a los dominios de la Reina de la noche. Cuando está a punto de ser alcanzado, cae desvanecido y es salvado en el último momento por tres damas sin que él llegue a darse cuenta. Las tres damas quedan subyugadas por la belleza del joven desmayado. Tras una larga discusión, porque ninguna de ellas quiere irse, salen las tres para llevar la noticia a Astrafiammante, la Reina de la noche, su soberana.

Mientras tanto, aparece Papageno, un extraño súbdito del país que va cubierto de plumas y que, acompañándose de una rudimentaria flauta de Pan, se dedica a cazar pájaros para entregarlos a la Reina. En aquellos momentos vuelve en sí Tamino, quien toma a Papageno por su salvador. Éste no deshace el equívoco, sino que se envanece de ello; a la vuelta de las tres damas, éstas cierran su boca con un candado como castigo por su mentira. Las tres damas entregan a Tamino un pequeño retrato de Pamina, la bella hija de la Reina de la noche. El príncipe, al verla queda prendado de su belleza y canta su repentino amor por Pamina.

Súbita aparición de la Reina de la noche con toda la brillantez de las estrellas del firmamento. Conmovida por los sentimientos de amor que Tamino ha

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demostrado hacia Pamina, le cuenta como ésta fue raptada de sus brazos por los sicarios del malvado Sarastro, sin que ella pudiera hacer nada. Convence al príncipe para que vaya a rescatarla, prometiéndole, si lo logra, la mano de su hija. La Reina se marcha tal como apareció.

Las tres damas, que se han quedado con Tamino y Papageno, liberan a éste de su candado tras prometerles que no volvería a mentir. Entregan a Tamino una flauta mágica que posee la virtud de modificar el estado de ánimo de quien la oye. Papageno queda encargado de acompañar y ayudar al príncipe y le regalan un pequeño carrillón que también posee poderes mágicos. En la despedida, las tres damas les indican que deben seguir las instrucciones de tres muchachos sabios, que se les aparecerán desde el aire durante el viaje.

Acto I, Cuadro II

Habitación decorada con motivos egipcios. Pamina se desespera ante las continuas insinuaciones del esclavo moro Monóstatos, que padece de amor por ella. Monóstatos huye ante el extraño aspecto de Papageno, quien aparece por allí al haber seguido distinto camino que Tamino; explica a Pamina que vienen a salvarla y que su enamorado le está esperando. Después de una conversación en la que Papageno confiesa su soledad y su esperanza de encontrar a una mujer que lo quiera, él y Pamina emprenden la huida.

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Acto I, Cuadro III Un bosque sagrado. Al fondo se divisa un majestuoso templo. Mientras tanto, no lejos de allí, Tamino ha llegado conducido por los tres muchachos ante las puertas de tres templos: el de la Razón, el de la Naturaleza y el de la Sabiduría. Los tres muchachos, tras haberle aconsejado que sea prudente y que si quiere llegar a ser un hombre se comporte como tal, se marchan. Tras dos frustradas tentativas en los templos de la Razón y de la Naturaleza, penetra en el del centro, el templo de la Sabiduría. Sale a su encuentro un sacerdote, el Orador, que siembra las primeras dudas en la mente de Tamino confirmándole que Sarastro reina en los tres templos. Sin embargo, ante la acuciante pregunta de si Pamina vive todavía, el Orador contesta que sus votos le impiden hablar. Deja solo a Tamino. Desesperado, éste se pregunta en voz alta si Pamina aún vive; extrañas voces invisibles le contestan afirmativamente y que podrá salvarla ahora o nunca. Agradecido por la noticia, Tamino toca su flauta. Su sonido atrae a las fieras del bosque, que se amansan a sus pies, pero también atrae a Pamina y Papageno, que han oído el sonido de su instrumento y le contestan con la flauta de Pan. Pamina y Papageno corren hacia Tamino perseguidos por Monóstatos, que ha descubierto su huida. Al fin, éste los atrapa, pero Papageno toca sus campanillas mágicas y sus perseguidores se ven obligados a alejarse bailando. En ese momento llega Sarastro con todo su séquito: ya no hay posible escapatoria.

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Pamina confiesa su huida, aunque explica que el verdadero motivo fue la lascivia de Monóstatos. Este aparece entonces, trayendo cautivo a Tamino. Pamina y él se ven por primera vez y, atraídos, corren a abrazarse. Sarastro castiga a Monóstatos y dispone que Tamino y Papageno sean preparados para ser iniciados en los misterios de la Sabiduría.

Acto II, Cuadro I

Un bosque de palmeras. Sarastro y los sacerdotes están reunidos en el templo. A propuesta de Sarastro, hablan acoger a los iniciados si superan las pruebas.

Acto II, Cuadro II

Es de noche. Se oye retumbar el trueno desde lejos. Tamino y Papageno son llevados por dos sacerdotes a la sala de las pruebas. Se les conmina a que guarden silencio y no hablen con nadie. Quedan solos

Aparecen las tres damas que les recriminan el hallarse como acólitos en el templo de Sarastro. Intentan convencerlos de su error comunicándoles que la Reina se haya cerca del templo y que va a entrar en él. Sin embargo, no logran sonsacar palabra alguna de ambos jóvenes y, descubiertas por los sacerdotes, huyen defraudadas.

Acto II, Cuadro III

Un agradable jardín con árboles en forma de herradura, donde hay una glorieta con flores y rosas. Pamina duerme en un jardín. Se le acerca Monóstatos, quien, consumido por el deseo, está a punto de besarla cuando se lo impide la llegada de la Reina de la noche, que despierta a Pamina. Ante la noticia de que el príncipe Tamino se ha pasado al bando de Sarastro aparece la otra cara de la Reina: poseída por la cólera y un desmedido afán de venganza, entrega a su hija un puñal para que asesine a Sarastro si no quiere ser rechazada para siempre por su madre. Desaparece y Pamina queda horrorizada. Monóstatos pretende un chantaje amoroso ante lo que ha oído. Pero Sarastro, que lo ha oído todo, lo expulsa y calma a la turbada Pamina con palabras de amor y comprensión.

Acto II, Cuadro IV

Un espacioso local. Tamino y Papageno prosiguen su prueba del silencio. Aparece una viejecita que ofrece a Papageno un poco de agua. Pero antes de que él descubra su verdadera personalidad, se oyen unos truenos y la vieja desaparece. Los tres muchachos vienen a consolar a los dos jóvenes, les traen comida y be-

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bida y les devuelven La Flauta Mágica y el carrillón. Les aconsejan, además, que continúen callados y hacen mutis. Mientras Papageno come, Tamino toca la flauta, cuyos sones atraen a Pamina. Pero como ésta no obtiene palabra alguna de su amado, se siente despechada y se deja dominar por el dolor.

Acto II, Cuadro V

Una sala abovedada del interior de una pirámide. Los sacerdotes se encuentran reunidos y alaban la sabiduría de Isis y Osiris. Traen a Tamino y después a Pamina, quienes reafirman con Sarastro su voluntad de seguir adelante.

Acto II, Cuadro VI

Un pequeño jardín. Papageno se ha quedado solo en la ruta de las pruebas. Para distraerse, toca una canción en su carrillón, cuando reaparece la viejecita que le pide que se case con ella. Al no quedar alternativa, Papageno acepta para no quedarse soltero. En ese instante, la vieja se transforma en una preciosa muchacha: Papagena. Pero el sacerdote se la quita por haber hablado con ella y porque aún no ha llegado el momento de merecerla.

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Acto II, Cuadro VII Un paraje rocoso. Dos montañas, una de ellas con una gran cascada. La otra escupe fuego. En un patio del templo, Pamina, privada de Tamino y creyendo que éste ya no la ama, está al borde de la locura. A punto de quitarse la vida con el puñal que le dio su madre, entran los tres muchachos y la detienen. Logran convencerla de su error y la animan a buscar a Tamino. Mientras tanto, éste se encuentra preparado para pasar las pruebas del fuego y del agua. Cuando aparece Pamina, logra el permiso de los dos hombres armados que las custodian para que ella le acompañe. Así, guiado por Pamina y tocando su flauta mágica, Tamino pasa todas las pruebas y es finalmente admitido en el templo con su amada.

Acto II, Cuadro VIII

Un pequeño jardín. En un jardín próximo, Papageno se encuentra desesperado. Cree haber perdido a Papagena para siempre a causa de su charlatanería. Y como sea que nadie lo ama, tras mucho dudarlo, decide colgarse de un árbol. Una vez más, la intervención de los tres muchachos salva la situación. Le aconsejan que use el olvidado carrillón y, efectivamente cuando Papageno lo toca, hacer regresar a Papagena. Por fin, también esta pareja queda unida en su sencilla felicidad.

Acto II, Cuadro IX

Unas bóvedas subterráneas. Las fuerzas de la Reina de la noche, a las que se ha unido Monóstatos, se aprestan a dar el golpe definitivo contra el poder de los sacerdotes. Pero son vencidas en el último momento y arrojadas a la noche eterna.

Acto II, Cuadro final

En plena luz solar, Sarastro, en presencia de Pamina y Tamino, proclama el reino de la luz y de la verdad, en medio del regocijo general.

Fuentes:

www.iopera.com; www.operamania.com; www.wikipedia.es

Roger Alier, “Guía universal de la ópera”, 2 Vol., Ma Non Troppo, 2001.

A. Jacob y S Sadie, “El libro de la ópera”, Ediciones Rialp, Madrid 1990.

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Personajes Tamino. Príncipe japonés, enamorado de Pamina, hija de la Reina de la noche. Papel para tenor lírico-ligero que abarca desde el fa2 hasta el la4.

Pamina. Hija de la Reina de la noche, enamorada de Tamino. Soprano lírico-ligera, de tesitura muy alta; debe alcanzar desde el do#3 hasta el sib4.

Papageno. Pajarero al servicio de la Reina de la noche y luego al servicio de Tamino. Papel para barítono lírico que no plantea graves problemas, pero requiere agilidad física y gracia escénica; abarca desde el sib2 hasta el mi4.

Reina de la noche (Astrafiammante). Madre de Pamina, de carácter diabólico, representado por su tremenda coloratura, que exige el fa5, aunque se suele adoptar el mib5 como límite y una multitud de notas picadas.

Sarastro. Papel para bajo; requiere notas profundas, serenidad y autoridad; abarca desde el fa1 hasta el mib3.

Papagena. Aparece primero en diálogo como mujer vieja y después, joven vivaz y alegre. Papel para soprano.

Monóstatos. Papel característico para tenor lírico-ligero; debe tener dotes cómicas.

Tres Damas. Soprano, mezzosoprano, contralto. Cantan tríos y concertantes complicados.

Tres Genios. Papeles para voz blanca de soprano, mezzosoprano y contralto; deberían ser cantados por niños, pero a veces se substituyen por cantantes femeninas. Orador del templo. Papel breve para bajo, que puede doblarse con el de uno de los sacerdotes. Coro. De sacerdotes, pueblo, etc.

Escuela de Música Armonía Avda. de la Bajamar, s/n; 11500 El Puerto de Santga María (Cádiz) Tel: 686 189 550

www.musicaarmonia.es

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