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AgustĂ­ Centelles y el bombardeo de Lleida CrĂłnica de un reportaje


AJUNTAMENT DE LLEIDA

EXPOSICIÓN

PUBLICACIÓN

Àngel Ros Domingo Alcalde de Lleida

Organización Museu d’Art Jaume Morera

Montserrat Parra Albà Concejala de Políticas en favor de la Creatividad, la Cultura, la Educación y los Deportes

Dirección Jesús Navarro Guitart

Edición Ajuntament de Lleida. Museu d’Art Jaume Morera

MUSEU D’ART JAUME MORERA DE LLEIDA Jesús Navarro Guitart Dirección Roser Gort Riera Conservación y registro Oriol Bosch Bausà Coordinación de exposiciones y difusión Txell Bosch Muntané Educación Rosa Sumalla Gàmiz Administración

Comisariado Oriol Bosch Bausà Coordinación técnica Roser Gort Riera Proyecto educativo Txell Bosch Muntané Fotografías Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Centro Documental de la Memoria Histórica, Archivo Centelles. Colección Sergi Centelles. Colección Toni Prim Audiovisuales Filmoteca de Catalunya. CNT / Filmoteca Española. Lleida Televisió Diseño gráfico 131.gd (Pau Llop + Esteve Padilla) Montaje Creamix Enmarcación Indecor Rotulación Signum Rètols

Textos Oriol Bosch Bausà Fotografías Agustí Centelles y Ossó. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Centro Documental de la Memoria Histórica, Archivo Centelles Corrección Maite Puig Diseño y maquetación 131.gd (Pau Llop + Esteve Padilla) Impresión Impressus

AGRADECIMIENTOS Los organizadores quieren agradecer su colaboración a las siguientes personas e instituciones: Arxiu Municipal de Lleida, Arxiu Nacional de Catalunya, Mercè Beà, Biblioteca de Catalunya, José Antonio Basallo, Juan Cal, Sergi Centelles, Octavi Centelles, Agustí Centelles, Centro Documental de la Memoria Histórica, CNT, Filmoteca de Catalunya, Filmoteca Española, Jordi Guardiola, Ricard Marco, Ricard Martínez, Manuel Melgar, Octavi Miarnau, Imma Navarro, Toni Prim, Susana Romero, Anna Sàez, Joan Sagués, Rosa Saz y Sònia Turon.


Esta publicación ha sido editada con motivo de la exposición “Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida. Crónica de un reportaje”. Lleida, Museu d’Art Jaume Morera Del 2 de noviembre de 2017 al 4 de febrero de 2018 Madrid, Centre Cultural – Llibreria Blanquerna Del 5 de octubre al 8 diciembre de 2018

De la edición © 2018. Ajuntament de Lleida. Museu d’Art Jaume Morera De las imágenes © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Centro Documental de la Memoria Histórica, Archivo Centelles De los textos © Los autores

El texto de Oriol Bosch Bausà está sujeto a una licencia Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0) de Creative Commons. Se permite la reproducción, la distribución, la comunicación pública y la creación de obras derivadas siempre que se reconozca la autoría de forma apropiada, siempre que no se haga un uso comercial, y siempre que las obras derivadas se difundan con la misma licencia. La licencia completa se puede consultar en: creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode

DL L 599-2018 ISBN 978-84-96855-96-0


Índice

Presentaciones Àngel Ros Domingo Jesús Navarro Guitart

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Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida. Crónica de un reportaje Oriol Bosch Bausà

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Catálogo

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Cronología

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Bibliografía

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Presentaciones

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Para los leridanos y las leridanas, el 2 de noviembre no es un día cualquiera. Cada año, la ciudad recuerda a las víctimas que murieron en esa fecha de 1937 como consecuencia del brutal bombardeo sobre Lleida perpetrado por la aviación fascista italiana en el ecuador de la Guerra Civil y en el que perdieron la vida más de doscientas cincuenta personas, incluidos medio centenar de niños que en el momento de la funesta embestida de las bombas se encontraban en las aulas del Liceo Escolar. En este sentido, el Ajuntament de Lleida organiza, año tras año, un acto institucional y una ofrenda floral ante el monumento Memòria, dignitat y vida, ubicado en la avenida de Blondel, el mismo lugar donde se levantaba el centro escolar, para rendir un emotivo homenaje a las víctimas, acompañados de algunos de los supervivientes del ataque. No hay duda de que actos como este son necesarios para mantener la memoria histórica del luctuoso suceso y para fomentar los valores de la paz y la educación entre la ciudadanía, para que nunca más Lleida ni ninguna otra ciudad sea víctima de una tragedia de este tipo. Este año, coincidiendo con el octogésimo aniversario del bombardeo, el Museu d’Art Jaume Morera organiza la exposición “Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida. Crónica de un reportaje”, en la que por primera vez se muestran íntegramente todas las fotografías que el reconocido fotógrafo catalán captó de las consecuencias del dramático episodio. Con la colaboración del Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH), institución que actualmente custodia el Archivo Centelles, las salas de exposición del museo presentan las setenta instantáneas que componen uno de los reportajes más emblemáticos del autor, precursor del fotoperiodismo moderno en nuestro país y una figura clave en la cobertura gráfica de la Guerra Civil. Gracias al objetivo de Centelles, muchos leridanos y leridanas podrán ver en imágenes lo que sus padres y abuelos les habían contado durante décadas. Se trata de imágenes que nos golpean y que son el testimonio de uno de los episodios más dolorosos que ha sufrido la ciudad a lo largo de su historia. Imágenes que, además, han pasado a formar parte de la memoria colectiva, no solo como iconos de la Guerra Civil, sino como símbolos universales del dolor y del sufrimiento humanos. Quiero dar las gracias sinceramente a las personas e instituciones que han colaborado en esta exposición, especialmente a la familia del fotógrafo y al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España; sin ellos la muestra no habría sido posible. Àngel Ros Domingo Alcalde de Lleida 7


La exposición dedicada al reportaje de Agustí Centelles sobre el bombardeo de Lleida del 2 de noviembre de 1937 es la muestra que cierra el año de celebración del centenario de la inauguración de nuestro museo. Cuando nos planteamos su producción, lo hicimos convencidos de que el fotoperiodismo es una práctica creativa aplicada que había que incorporar de pleno derecho a la hora de abordar la cultura visual en una época tan convulsa como la de la Guerra Civil española. Situados en este ámbito de trabajo, emergía con una gran fuerza la figura de Agustí Centelles, precursor del fotoperiodismo moderno en nuestro país y uno de los grandes fotógrafos del conflicto bélico, a la altura de algunos de los mejores corresponsales extranjeros, como Ernest Andrei Friedman y Gerda Taro (conocidos con el apodo de Robert Capa), Jean Moral, David Seymour (Chim), Luis Bressange o Walter Reuter, con los que el autor compartió el interés por la proximidad al lugar de los hechos, la intuición del instante preciso y la composición del encuadre. Pero si Centelles es uno de los autores principales del fotoperiodismo en este difícil y dramático momento, su reportaje fotográfico sobre el bombardeo de Lleida es uno de los más emblemáticos, no solo en el contexto de su trayectoria profesional, sino también como uno de los más trascendentales e icónicos realizados sobre el conflicto español. Precisamente en 2017 se cumplían ochenta años de su realización, una efeméride que nos motivó a llevar a cabo una investigación más detallada sobre este reportaje, el cual, a pesar de que se conocían muchas fotografías, no había sido abordado en su integridad. La exposición, por tanto, se convierte en la primera vez que las setenta fotografías que lo componen se muestran juntas en su totalidad. No es, pues, una exposición fotográfica al uso, planteada a partir de una selección previa de imágenes, sino una muestra que presenta, sin filtros, todo el trabajo fotográfico sobre el bombardeo existente en el archivo de Centelles, propiedad del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España y depositado en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Este planteamiento expositivo nos ha permitido captar la dimensión real del reportaje, conocer la metodología de trabajo y explorar el alcance de su difusión, que se movía en esos momentos entre los valores informativos propios de la crónica periodística y su instrumentalización como propaganda política. Todos estos aspectos forman parte de la crónica que la muestra narra a lo largo de su recorrido. Éramos conscientes, sin embargo, de que con esta exposición fotográfica se ponían en juego otros elementos con una fuerte carga histórica y también simbólica. Los hechos que narran las imágenes testimonian uno de los episodios más dramáticos de la historia de la ciudad de Lleida. En este sentido, la crudeza y la contundencia 8


de las imágenes han impactado a un espectro amplio de público, que ha acudido masivamente a visitar la muestra, un hecho que ha superado todos los registros históricos del museo. Jóvenes y mayores, madres y padres, visitantes de toda condición, han mostrado espontáneamente sus sentimientos de sufrimiento y repulsa ante la barbarie fascista, y muchos de ellos no han podido contener las lágrimas durante su recorrido entre las imágenes de casas derrumbadas, de niños muertos tendidos en el suelo y de las escenas de dolor de los familiares de las víctimas. Ciertamente, la proximidad temporal y física de los hechos ha interpelado especialmente a los supervivientes, los familiares y conocidos de las víctimas, y ha condicionado la existencia de un alto grado de emotividad en las salas de exposición a lo largo de todos y cada uno de los días en los que la muestra ha abierto las puertas al público. Muchos de estos visitantes no han podido contener la necesidad de contar su propia vivencia personal. Acostumbrados durante tantos años solo al comentario íntimo y callado de los hechos entre el círculo reducido de familiares y amigos, la visualización de las imágenes en un espacio público, como es el de las salas del museo de arte de la ciudad, ha actuado verdaderamente como un catalizador para la liberación de los sentimientos. Y lo que es más importante, al ver su expresión de agradecimiento, esta visualización ha representado un acto de reparación y homenaje a las víctimas. A veces pensamos que los resultados de las investigaciones históricas de tipo académico son ampliamente conocidos y asumidos por todos a partir de su publicación. La exposición, sin embargo, está mostrando que todavía queda mucho camino por recorrer antes de que estos hechos y otros de características similares, vinculados con la recuperación y dignificación de la memoria de las víctimas de la guerra y la dictadura, sean plenamente conocidos y reivindicados. Esta publicación quiere ser, en este sentido, una contribución a este fin, procurando dar la máxima difusión al reportaje y visibilizar unos hechos que no debemos olvidar, si queremos ser plenamente conscientes de nuestra propia historia. Todo ello refuerza nuestro compromiso, como museo de arte de la ciudad, de explicar, a través de los diferentes lenguajes creativos, nuestro pasado más reciente y cómo se van configurando los diferentes elementos que forman nuestra memoria colectiva. Como dice el artista Francesc Torres, “donde no hay museos no hay historia, no hay memoria, no hay paradigma de excelencia, no hay conciencia ciudadana”. Jesús Navarro Guitart Director del Museu d’Art Jaume Morera 9


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Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida. Crónica de un reportaje

Lucho Poirot: Retrato de Agustí Centelles, c. 1980 (Colección Sergi Centelles)

Oriol Bosch Bausà

“Por mi archivo, tendrás ocasión de ver el desarrollo de la guerra.”1 Así se dirigía Agustí Centelles (Valencia, 1909 – Barcelona, 1985) a su hijo Sergi, entonces todavía un niño, en el diario que el reportero gráfico comenzó a escribir durante su confinamiento, en 1939, en el campo de concentración de Bram después de haber emprendido el camino del exilio cargado con una maleta con más de cuatro mil negativos. Aquella célebre maleta contenía imágenes de los hechos más significativos de la historia de la Guerra Civil (1936–1939) y, de hecho, muchas de aquellas fotografías reunían todas las cualidades para convertirse, con el paso del tiempo, en algunas de las instantáneas más emblemáticas e icónicas del conflicto bélico. Según explicaría más tarde el mismo Centelles, en aquel momento no era consciente del valor histórico que tendría este archivo en un futuro; solo decía que se había llevado el material para evitar que se pudiera utilizar como herramienta de represión contra los sujetos que aparecían retratados.2 Afortunadamente, entre el archivo de negativos que el fotógrafo salvó y escondió durante más de treinta y siete años, se encontraban las fotografías de uno de sus reportajes más antológicos: el reportaje sobre los efectos devastadores del bombardeo de Lleida del día 2 de noviembre de 1937. La exposición “Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida” centra su mirada en este reportaje gráfico, en el que se entrecruzan la obra de una de las figuras más reconocidas de la 1

Centelles, Agustí. Diari d’un fotògraf. Bram, 1939. Barcelona: Destino, 2009, p. 31. Original en catalán.

2

F erré , Teresa. “L’arxiu Centelles: història d’una maleta y el seu contingut”. Comunicació: Revista de Recerca y d’Anàlisi. Vol. 29 (2012), pp. 87–105. 11


historia de la fotografía en nuestro país y uno de los episodios más trágicos de la Guerra Civil en Catalunya. En este sentido, la muestra presenta por primera vez íntegramente todo el material fotográfico conservado del reportaje, procedente del archivo de negativos del fotógrafo, que actualmente custodia el Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH). Asimismo, la exposición está concebida con el objetivo de explicar la extensión y la relevancia del reportaje, sin olvidar aspectos esenciales sobre el contexto en el que se llevó a cabo y se difundió en su momento. Un contexto histórico convulso, marcado por la cobertura mediática del conflicto armado y la subordinación de la fotografía de prensa a los dictámenes de la información y la propaganda de guerra, sin el cual difícilmente podríamos entender el significado y la función que tenían reportajes tan impresionantes como el que protagoniza la muestra. Y es que no hay duda de que probablemente este fue uno de los reportajes más duros que Centelles tuvo que afrontar durante su carrera fotoperiodística, y a pesar de que hoy en día está considerado como uno de sus mejores trabajos, el fotógrafo siempre lo recordaría con un enorme sentimiento de tristeza e indignación. Un enojo causado por tener que ir a una ciudad dolorosamente castigada por un acto que él mismo calificaría de criminal, por tener que verlo con sus propios ojos y tener que fijar sobre negativo su testimonio gráfico. EL BOMBARDEO DE LLEIDA

El bombardeo de Lleida del 2 de noviembre de 1937, el primero que sufrió la ciudad, fue uno de los más violentos de toda la contienda bélica española. Cabe recordar que los bombardeos indiscriminados sobre población civil fueron una práctica que se inauguró en esta guerra, un precedente que posteriormente se convirtió en habitual durante la Segunda Guerra Mundial. La finalidad de este tipo de ataques aéreos, especialmente en ciudades de la retaguardia, donde frecuentemente no había ningún objetivo militar, era claramente infundir el pánico colectivo, desmoralizar al bando enemigo y debilitar su resistencia. En el caso español, no hay duda de que la aviación tuvo un papel muy destacado en el resultado final de la Guerra Civil, ya que el bando nacional disfrutó de una superioridad decisiva en este tipo de armamento gracias a la ayuda de las potencias fascistas de Hitler y Mussolini, pero también gracias a la política de no intervención de las democracias occidentales que abandonaron la República y dejaron 12


los dos bandos en una situación de desigualdad incuestionable.3 En nombre de Franco, la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana —esta última, responsable de la mayoría de las bombas caídas sobre Catalunya— pusieron a prueba sobre territorio español su supremacía militar y provocaron miles de víctimas y heridos indefensos, ante la escasa capacidad de los ataques dispersos e ineficaces de la aviación republicana. Sea como sea, lo cierto es que los primeros bombardeos cogieron por sorpresa a la población civil. Lleida, que era una ciudad que había vivido los primeros años de la guerra lejos de las líneas de combate, vivió su primer bombardeo como un choque realmente traumático. Un bautizo de fuego que marcaría para siempre la historia y la memoria de los leridanos.4 El mismo día de la acometida, el Ministerio de Defensa Nacional del Gobierno de la República emitió el siguiente comunicado oficial con la crónica de los hechos, nota que al día siguiente publicaría, como era habitual, toda la prensa escrita: La aviación facciosa, prosiguiendo en su conducta de realizar ataques contra poblaciones civiles alejadas de los frentes de batalla, ha bombardeado esta tarde, a cosa de las cuatro, la ciudad de Lérida. La agresión ha corrido a cargo de nueve trimotores procedentes de Zaragoza, que, pasando por encima del centro de la capital, dejaron caer sobre edificios civiles todas las bombas de que eran portadores. Entre los edificios destruidos figura una escuela de enseñanza primaria, de cuyos escombros han sido ya extraídos hasta ahora cincuenta cadáveres de niños. El número de muertos registrados hasta ahora asciende a 120, siendo mayor el de los heridos. Los aviadores, no contentos de bombardear, hicieron nutrido fuego de ametralladora sobre la gente que discurría por las calles.5

Durante muchos años se había otorgado la responsabilidad del ataque a la Legión Cóndor, pero no fue hasta hace poco más de una década que varios estudios y el documental El braç de les fúries, de Lleida Televisió, atribuyeron la autoría del bombardeo 3

Preston, Paul. “1936–39. Tres años que desafían el olvido”. En: La Guerra Civil. Las fotos que hicieron historia. Madrid: La Esfera de los Libros: JdeJ Editores, 2006, pp. 9–63.

4

sagués, Joan. Una ciutat en guerra. Lleida en la guerra civil espanyola (1936–1939). Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2003, pp. 370–375.

5

“Las Alas Negras”. La Vanguardia (3 noviembre 1937), p. 4. 13


Interior de la revista Estampa, 20.11.1937 14

a la Aviación Legionaria.6 En concreto, el ataque fue a cargo de nueve aviones Savoia-Marchetti SM79 de la aviación fascista italiana procedentes del aeródromo de Soria, que a primera hora de la tarde dejaban caer sobre la ciudad su carga mortal de bombas de diferentes pesos y calibres, incluidas las de tipo incendiario. Según el relato de la historiadora Mercè Barallat —la autora que ha investigado el tema con más profundidad—, la escuadrilla aérea lanzó los explosivos siguiendo el recorrido que formaban las calles Blondel y Mayor, el barrio del Canyeret, las calles Sabaters y Estereria y la rambla de Ferran.7 Tras torcer en las compuertas del río, volvieron a bombardear el eje urbano por Cappont y los márgenes del Segre. A pesar de que hoy en día han pasado ocho décadas desde los hechos, parece que todavía hay aspectos de la operación que quedan abiertos. En este sentido, en 2011 el historiador aeronáutico Josep Pla y el ex coronel del Ejército y también superviviente del bombardeo Antonio Ruiz Mostany publicaron un artículo en la prensa local 6

solé i sabaté, Josep Maria; Villaroya, Joan. España en llamas. La Guerra Civil desde el aire. Madrid: Temas de Hoy, 2003. guardiola , Jordi; M iranda , José Carlos. El braç de les fúries. Lleida: Lleida Televisió, 2007.

7

barallat, Mercè. Els bombardeigs de Lleida. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2013. barallat, Mercè. La repressió a la postguerra civil a Lleida: 1938–1945. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1991.


en el que aportaban nuevos datos sobre los motivos del ataque.8 Según daban a conocer, la orden de operaciones conservada en el archivo del Ufficio Storico dell’Aeronautica Militare de Roma revelaba que el objetivo principal de la misión del grupo de aviones era la industria química de Flix (Tarragona), dedicada a la fabricación de explosivos, mientras que Lleida figuraba como objetivo secundario, lugar que finalmente fue atacado, ya que la aviación italiana había encontrado el primer emplazamiento cubierto de nubes. Por otra parte, los autores, además de plantear la hipótesis según la cual las alarmas no sonaron aquel día debido a la procedencia de los aviones (en sentido sur–norte), ponen en duda el hecho de que los trimotores, habiendo terminado la carga antes de finalizar la acometida, ametrallaran a la población civil que llenaba las calles, tal como describen el comunicado oficial republicano, la prensa escrita y algunos testigos.9 Sea como sea, lo cierto es que las consecuencias del bombardeo fueron terribles. A los pocos minutos las calles de Lleida se habían llenado de escombros y cadáveres.10 Las bombas afectaron muchos edificios y viviendas del centro histórico de la ciudad, especialmente en las calles Mayor y Blondel. En esta vía, los explosivos impactaron directamente sobre el Mercat de Sant Lluís, frente al cual muchas mujeres y niños esperaban, a esa hora, la apertura de sus puertas, y también sobre el Liceo Escolar, inmueble que sufrió el derrumbe completo de una de sus dos alas en el momento que las aulas estaban llenas de alumnos. La población se movilizó enseguida para atender a las víctimas y organizar las tareas de desescombro de los edificios, que habían sepultado decenas de habitantes. Los centros sanitarios, particularmente el Hospital, quedaron pronto desbordados con la llegada de los heridos y muertos. Pero, a pesar de todos los 8

Pla, Josep; ruiz Mostany, Antonio. “La verdad sobre el bombardeo de Lleida”. La Mañana (5 junio 2011), pp. 10–13. También en Pla, Josep; ruiz Mostany, Antonio. “El bombardeo de Lérida de 2 de noviembre de 1937”. ARES. Revista de Historia y Actualidad Militar (2011), núm. 22, pp. 24–31. Las mismas aportaciones están recogidas en Morea, Vicent. La Guerra Civil Espanyola. Per terres d’Osca, Lleida y Ebre. Lleida: deParís, 2017.

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De acuerdo con su juicio, la altura a la que los aviones sobrevolaron la ciudad, su autonomía y la configuración de sus ametralladoras hacen poco creíble este hecho. P la , Josep; ruiz Mostany, Antonio. “Los bombardeos de Lérida (1937–1938)”. ARES. Revista de Historia y Actualidad Militar (2015), núm. 43, pp. 28–39.

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Todos los testigos coinciden en el efecto ensordecedor del impacto de las bombas y la oscuridad producida por las nubes de humo y polvo que cubrieron la ciudad en pocos segundos. Quienes estaban más cerca del choque de los explosivos comentan la visión dantesca de la gran cantidad de cadáveres y heridos tendidos por todas partes, así como el estado de shock que provocó el ataque, que en muchos casos dejaría secuelas psicológicas de por vida a los supervivientes. El coleccionable Lleida sota les bombes, editado por el diario Segre, transcribe una interesante recopilación de entrevistas de El braç de les fúries (Lleida sota les bombes. Lleida: Diari Segre, 2007). 15


esfuerzos, el resultado de la brutal acción fue demoledor. En la ofensiva murieron más de doscientas cincuenta personas y resultaron heridas más de medio millar. Entre las víctimas mortales, el medio centenar de niños que durante la funesta embestida de las bombas se encontraban en las aulas del Liceo Escolar. Un cuadro atroz que esperaba la llegada de la prensa, dispuesta a dejar testimonio gráfico de uno de los episodios más trágicos de la historia de una ciudad y de una guerra. EL REPORTAJE DE AGUSTÍ CENTELLES

El estallido de la Guerra Civil convirtió de la noche a la mañana en reporteros de guerra a toda una generación de fotógrafos de prensa catalanes que, como Agustí Centelles, habían consolidado su trayectoria durante los años de la Segunda República.11 En realidad, Centelles se encontraba entonces en el momento más álgido de su trayectoria como fotoperiodista, una carrera desgraciadamente corta debido al resultado final de la guerra, pero notablemente fulgurante, que arrancó con su afición a la fotografía desde muy joven. Después de trabajar como aprendiz en el estudio de Francisco de Baños y en los talleres de huecograbado del periódico El Día Gráfico, Centelles se formó en el oficio de reportero gráfico a principios del año 1927 con el fotógrafo barcelonés Josep Badosa, a quien siempre consideró su maestro. En 1932, tras cumplir el servicio militar, pasó a trabajar como ayudante en la sociedad de los conocidos fotógrafos Josep M. Sagarra y Pablo Luis Torrents. En esta época, el fotógrafo acumula experiencia y comienza a revelarse contra las formas conservadoras que dominaban el reportaje gráfico en el país, influenciado especialmente por su afición al cine y el estilo dinámico y moderno de la fotografía que admiraba en revistas extranjeras. Cabe decir que será durante las décadas de los veinte y treinta cuando la fotografía de información vivirá una auténtica renovación, al amparo de las investigaciones formales de las vanguardias y la Nueva Visión, y coincidiendo con una auténtica edad de oro de los semanarios ilustrados. El auge creciente de la prensa gráfica en todo el mundo, que compartía el espacio mediático con 11

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Para conocer la vida y la obra de las tres generaciones de reporteros gráficos que ejercieron su oficio en Barcelona durante las primeras décadas del siglo xx, véase el trabajo imprescindible de g onzález , Pablo; a ntebi, Andrés; F erré , Teresa. Repòrters gràfics: Barcelona 1900–1939. Barcelona: Ajuntament de Barcelona: Arxiu Nacional de Catalunya, 2015. Aparte de Agustí Centelles, entre los fotógrafos barceloneses que cubrieron la Guerra Civil destacan nombres como los de Pablo Luis Torrents, Josep M. Sagarra, Josep Badosa, Pérez de Rozas, Brangulí, Ana María Martínez Sagí, Joan Andreu Puig Farran o Miquel Agulló Padrós, algunos de los cuales aún permanecen a la espera de estudios en profundidad que recuperen su figura y obra.


Pablo Luis Torrents: Agustí Centelles en el Frente de Aragón (fragmento), 1936 (Colección Sergi Centelles)

los noticiarios cinematográficos y la radio, suscitó una modernización técnica y conceptual del reportaje gráfico, momento en el que las imágenes, más allá de ilustrar textos, se convierten definitivamente en noticias de actualidad por sí solas. En este contexto de madurez del fotoperiodismo en el sistema informativo de masas, Centelles deviene uno de los primeros fotógrafos en adquirir una cámara de pequeño formato, la mítica Leica, una máquina versátil, rápida y ligera, de paso universal (negativo de 35 mm), que le permitió imprimir viveza y nuevos puntos de vista a sus fotografías. Poco después de la disolución de la asociación Sagarra y Torrents, en el año 1934, decide establecerse por su cuenta y comienza a colaborar de manera continuada en la prensa barcelonesa, ahora ya publicando de forma habitual sus imágenes con su propia firma en periódicos como La Vanguardia, La Humanitat, La Noche, El Día Gráfico o Última Hora. Coincidiendo con el levantamiento militar del 19 de julio de 1936, realiza uno de sus reportajes más célebres, del que algunas imágenes, como la conocida instantánea de los guardias de asalto en la calle de la Diputació de Barcelona, se difunden no solo en la prensa española, sino también internacionalmente. Es por ello que este reportaje representa para Centelles su consagración como fotoperiodista, pero también el inicio de una nueva etapa, en este caso, como reportero de guerra. De este modo, desde agosto de 1936 y durante los primeros meses del conflicto, Centelles ejerce de corresponsal de guerra por cuenta propia, período en que realiza sus primeros reportajes del Frente de Aragón y de la retaguardia barcelonesa. Es también en ese momento cuando, además de trabajar para la prensa, comienza a colaborar en diversas publicaciones y materiales de difusión del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya. En septiembre de 1937, es movilizado como soldado al ser llamada su quinta. Sin embargo, en vez de coger el fusil e ir a luchar al frente, entra a prestar servicio como fotógrafo del Comisariado del Ejército del Este en Lleida y en los frentes de combate. En realidad, esta nueva situación le permite continuar ejerciendo de reportero gráfico, tanto en la retaguardia como especialmente en el Frente de Aragón, que, según explica él mismo, recorrió totalmente, desde el Pirineo 17


aragonés hasta Teruel, pasando “ratos de verdadero pánico y peligro” y jugándose “la vida muchas veces”.12 Durante estos meses, su modus operandi consiste en realizar sucesivos viajes de ida y vuelta al frente desde Barcelona, lugar donde acostumbraba a permanecer cuatro o cinco días para revelar el material que había impresionado en primera línea de fuego y entregarlo a la prensa y a los organismos oficiales. En este sentido, hay que tener en cuenta que Centelles, al igual que el resto de reporteros gráficos del país, trabajaba en un contexto de guerra marcado por el control y la regulación de la actividad profesional por parte de los entes oficiales y la censura militar a la prensa, decretada desde el inicio de la contienda bélica. Además, todos los viajes al frente debían ser autorizados por las correspondientes autoridades, si no eran organizados directamente por estas o por la Agrupación Profesional de Periodistas. Las expediciones se realizaban habitualmente en grupo (fotógrafos, redactores y reporteros cinematográficos); a menudo tomaba parte también la prensa extranjera, y todas requerían los correspondientes permisos y salvoconductos.13 Es por esta razón que Centelles, tal como describió en su diario, iba casi siempre acompañado del cameraman de Laya Films Manuel Berenguer,14 con quien formaba equipo y con quien viajaba al frente, “conduciendo un rato cada uno, un coche Balilla requisado que me habían dado a mí en la Delegació de Transport de Catalunya en calidad de depósito”.15 No hay duda de que en el transcurso de estos viajes, Lleida representaba una parada habitual para ambos reporteros, ya que en ese momento la capital del Segre, además de ser la ciudad más grande de la retaguardia del frente aragonés, era el centro logístico de abastecimiento del Ejército del Este y un lugar de paso obligado de las tropas republicanas hacia los frentes de combate. Precisamente, es por eso que Centelles estaba cerca de Lleida cuando se produjo el terrible bombardeo del 2 de noviembre

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12

Centelles, Agustí. Diari d’un fotògraf. Bram, 1939, p. 28. Original en catalán.

13

gonzález, Pablo; antebi, Andrés; Ferré, Teresa. Repòrters gràfics: Barcelona 1900–1939, p. 109.

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Durante la Guerra Civil, Manuel Berenguer (1913–1999) se formó como operador de cámara de Laya Films, la productora del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, y se dedicó en especial a reportajes y noticiarios del frente. También colaboró como técnico de la segunda unidad en el conocido film de André Malraux Sierra de Teruel (1939). Después de la guerra, se convirtió en uno de los principales directores de fotografía del cine español, y trabajó, entre otros, con directores como Florián Rey, Pedro Lazaga, Luís García Berlanga o Manuel Mur Oti. Curiosamente, Berenguer, que trabajó en paralelo con Centelles en el reportaje sobre el bombardeo de Lleida, volvería a la ciudad años después para rodar, como director de fotografía, La fiel infantería (1959), de Pedro Lazaga, paradójicamente una película de ficción sobre la Guerra Civil realizada desde la óptica del bando vencedor.

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Centelles, Agustí. Diari d’un fotògraf. Bram, 1939, p. 29. Original en catalán.


de 1937, día en que casualmente se dirigía a Barcelona desde el Frente de Aragón. Así lo recordaba él mismo en una entrevista que le hizo la periodista Paloma Chamorro en Televisión Española en 1979:16 En uno de esos viajes es cuando, al llegar a Cervera de regreso, en Cervera oímos el bombardeo de Lérida pero tanto Berenguer como yo creíamos que habían ido al campo de aviación y que era una incursión más que habían hecho. Pero al llegar a Barcelona ya teníamos un telefonazo que regresáramos inmediatamente al Comisariado del Ejército del Este e invertimos menos tiempo del que habitualmente se hacía. Llegamos ya de noche y el cuadro que nos encontramos fue extraordinario. Él filmaba con unas bengalas y yo aprovechaba para hacer las fotos y luego por la madrugada, al amanecer, en el cementerio aquello fue horrible. El reportero gráfico cuando siente y tiene la cámara en la cara está por lo que hace, no ve nada más que aquello, intenta captar y lo capta. Luego viene la reacción, sobre todo en ese caso que fue tremendo. La reacción viene luego, cuando has terminado el trabajo y ves aquel espectáculo es cuando empiezas a reaccionar y empiezas a despedir sapos y culebras viendo el crimen, porque aquello fue un crimen.

A partir de este relato del fotógrafo y del análisis de su archivo, podemos deducir que, efectivamente, Centelles, tras oír el ruido de las bombas y de recibir la noticia de la brutal agresión, se trasladó inmediatamente a la ciudad para captar sus consecuencias.17 En todo caso, todas las imágenes del reportaje que se conservan en el archivo fueron captadas el día después del bombardeo, es decir, el 3 de noviembre de 1937. Ese día, a primera hora de la mañana, Centelles se encuentra en el cementerio municipal, donde expone un primer carrete ante el horrible espectáculo de los cadáveres de las víctimas y las imágenes de dolor de los familiares que han acudido a identificarlos. Posteriormente, durante el día, recorre las calles desoladas del centro urbano para testimoniar, en un 16

Imágenes. Dir. Paloma Chamorro. TVE (1979).

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A pesar de que no altera el hecho de que Centelles se encontrara cerca de Lleida el día del bombardeo, según explica su hijo Sergi, el fotógrafo, en vez de estar en Cervera, ese día había parado en Juneda, pueblo de la familia de su mujer, Eugenia Martí Montserrat. Desde allí oyó los estruendos del bombardeo y después de hablar con el Comissariat de Propaganda de la Generalitat decidió desplazarse a Lleida de madrugada para ver y fotografiar lo que había pasado (entrevista con Sergi Centelles, 21.9.2017). También el periodista Josep Pernau corrobora el hecho de que Centelles volvía del Frente de Aragón, camino de Barcelona, cuando, al ver lo que había tenido lugar en Lleida, decidió quedarse. Pernau, Josep. Memòries. D’Arbeca a l’Opus Mei. Barcelona: Edicions La Campana, 2004, p. 21. 19


segundo carrete, los edificios afectados por las bombas y las tareas de desescombro. En total, el fotógrafo impresiona setenta fotografías, treinta y cinco por carrete, lo que responde a la voluntad de Centelles de hacer una amplia cobertura de los espeluznantes acontecimientos que se encuentra delante (pp. 40–41).18 Desde el punto de vista del contenido de las fotografías, sus imágenes nos remiten a una nueva iconografía de la guerra, en la que se perpetúan a menudo los mismos motivos a la hora de representar gráficamente los efectos de los bombardeos: edificios destripados, tareas de salvamento y de desescombro, cadáveres de niños y adultos y escenas de dolor. En definitiva, unas imágenes que los lectores de los diarios y los espectadores cinematográficos habían empezado a ver y a consumir regularmente a medida que avanzaba el conflicto, y que los bombardeos contra la población civil se convirtieron en un hecho cotidiano, especialmente en las capitales del país. Sea como sea, el reportaje de Centelles sobre el bombardeo de Lleida se convirtió en paradigmático en este sentido, ya que, como veremos más adelante, fue publicado en multitud de revistas y periódicos de todo el mundo.19 Entre las imágenes que Centelles captó de la ciudad en ruinas, destacan especialmente, por su desolación, las fotografías de la calle Mayor (pp. 42–43), cubierta de cristales rotos,

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El CDMH conserva hoy en día los negativos originales del reportaje. De su examen se puede deducir que Centelles lo realizó sobre película cinematográfica, algo habitual, según su hijo Sergi, ya que el fotógrafo solía comprar rollos enteros de negativo de 35 mm que posteriormente él mismo cortaba en varias tiras para cargar los diversos chasis de carrete para su cámara Leica (entrevista con Sergi Centelles, 21.9.2017). A través de los códigos que identifican al fabricante del negativo también podemos saber que se trataba de película pancromática en soporte de nitrato, producida por la marca Kodak en 1936. Además de los negativos en 35 mm, también se han conservado dos placas de 9 × 12 cm que reproducen dos de las fotografías del reportaje (MECD, CDMH, Archivo Centelles, 0823 y 0825; pp. 96 y 103). En este caso se trata de reproducciones que el mismo Centelles realizó, en gran formato, de copias positivadas por él mismo sobre papel para poder hacer nuevos tirajes. El CDMH también conserva el dietario del fotógrafo, un índice manuscrito realizado también por el mismo Centelles que es un instrumento muy interesante para la identificación de las imágenes del archivo. Por otra parte, existen dos juegos de hojas de contacto positivadas por Centelles a finales de los años setenta de los negativos del reportaje: uno es propiedad de la Colección Sergi Centelles (p. 118–119) y el otro se encuentra en la Biblioteca del Pavelló de la República (UB), dentro del álbum Colección de fotografías del periodo octubre 1934 – diciembre 1938, que el propio fotógrafo presentó como depósito legal de sus imágenes en 1978.

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Es importante señalar que Centelles no fue el único fotógrafo que captó las consecuencias del bombardeo, dado que el Comissariat de Propaganda de la Generalitat se encargó de organizar un viaje colectivo de periodistas nacionales y extranjeros que se desplazaron a la ciudad el mismo día para cubrir la noticia. En este sentido, el Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) conserva una decena de fotografías sobre papel correspondientes a otro fotógrafo —algunas de ellas, con marcas de censura—, en el que aparecen las mismas escenas del cementerio captadas por Centelles realizadas desde diferentes puntos de vista; se trata de imágenes que actualmente quedan sin atribución, pero que probablemente fueron obra del fotógrafo sabadellense Miquel Agulló Padrós (1901–1954), miembro de la plantilla del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya (ANC1-1-N-4887/4888,4890/4891, 4893/4897).


Francesc Xavier Ferran i Brugués: Reproducción del periódico mural “Ataquemos!”, 1937–1938 (Arxiu Nacional de Catalunya)

chatarra y toda clase de desechos, así como de la plaza de la Libertad, hoy plaza de Sant Francesc (pp. 44–45). En su confluencia, se aprecia el efecto de las bombas sobre el lugar donde se encontraba el establecimiento comercial Calzados Berdié, cuyo escaparate e interior aparecen totalmente destrozados. Otra de las imágenes recurrentes son las instantáneas en las que los muebles y las pertenencias de las familias damnificadas que se han quedado sin casa se amontonan en la calle, ante sus antiguos hogares, a la espera de que sus propietarios puedan ser realojados por las autoridades (pp. 48–49). Sobre este aspecto, conviene recordar que los pisos que quedaron abandonados a causa del miedo, ya que muchos habitantes se fueron de la ciudad después de la acometida al sentirse desprotegidos, podían ser municipalizados y ocupados por leridanos desamparados debido al bombardeo.20 Por otra parte, Centelles insiste en reproducir con detenimiento las aberturas que provocan los explosivos al impactar sobre los edificios, como el que se puede ver en el inmueble de la calle Mayor, ubicado a la altura de la plaza de la Libertad, donde un enorme boquete deja al descubierto las plantas superiores (pp. 46–47). Sorprende también ver hileras de libros amontonados entre los escombros de una casa, tal vez un establecimiento comercial o un hogar acomodado, de la calle de Blondel (pp. 54–55); una imagen que arrancaba del periodista Jesús Izcaray las palabras siguientes, extraídas del texto antifascista que acompañaba la publicación del reportaje en la revista Estampa: “Los hombres sudan entre las ruinas. Hay un montón de libros. Saltaron bajo las bombas. Ahora los han apilado de nuevo. Goering es un cerdo con correaje. No le gustan los libros. A nosotros, sí”.21 Al lado de esta casa, cuatro fotografías más describen el estado en el que quedaron los inmuebles 20

sagués , Joan. “Els anys de la guerra… i els dies de les bombes”. En: Lleida sota les bombes, pp. 41–64.

21

i zCaray, Jesús. “Sobre las ruinas ¡nosotros!”. Estampa (20 noviembre 1937), pp. 8–9. 21


Portada del periódico Ce soir, 9.11.1937

que ocupaban la actual calle de la Vila de Foix, ante la Catedral, junto al antiguo Hospital de Santa Maria (pp. 50–53), un ejemplo de cómo los bombardeos afectaron en muchos casos el trazado urbano de las ciudades. Pero las imágenes más impactantes de este carrete son, sin duda, las del edificio del Liceo Escolar (pp. 57–61), hechas desde el interior del inmueble, del que solo queda la fantasmagórica visión de su esqueleto, y ya prácticamente vacío, porque los milicianos trabajaron toda la noche para extraer a las víctimas y los supervivientes de entre los escombros. Precisamente, el otro gran motivo que Centelles procura registrar por las calles de la ciudad son las largas cadenas de hombres que participan en las tareas de desescombro y limpieza de los edificios abatidos (pp. 64–71), trabajos que llevaron a cabo profesionales sanitarios, soldados y ciudadanos voluntarios, y que se prolongaron durante casi una semana, momento en el que las autoridades intentaron que la vida de la ciudad recuperara la normalidad. Entre los que participaron en estas tareas, aparte de los soldados de la 129.ª Brigada Mixta, había también los jóvenes en edad de instrucción premilitar obligatoria que estaban en la ciudad, por lo que muchos de ellos aparecen en varias de las fotografías.22 Por otra parte, así como el resto de las imágenes del carrete nos permiten seguir los pasos del fotógrafo por la ciudad, en esta serie de imágenes se hace muy difícil ubicar el lugar exacto desde donde fueron tomadas, aunque la mayoría probablemente fue en el casco antiguo y especialmente en el barrio del Canyeret, tal como se deduce por la tipología de los inmuebles de paredes de adobe y techo de caña. Si estas imágenes pretenden dejar constancia gráfica de las cicatrices que las bombas habían producido sobre la ciudad, el conjunto de instantáneas captadas en el cementerio representa la visión del fotógrafo de una escena horrible y dantesca. Una dura realidad, interpretada por la cámara de Centelles, que pone de manifiesto cómo supo testimoniar 22

22

“Magníficos ejemplos de solidaridad antifascista”. UHP (4 noviembre 1937), p. 3.


como nadie el drama humano y la violencia criminal de uno de los episodios más impresionantes de la guerra. Como prólogo o epílogo de la macabra secuencia, dos imágenes panorámicas del cementerio con la niebla de primera hora de la mañana, dos imágenes de recurso que nos ubican en el lugar de los acontecimientos pero que parecen a la vez anticipar de manera metafórica el contenido del resto de fotografías (pp. 78–79). Centelles nos muestra desde diferentes puntos de vista las decenas de cadáveres alineados en hileras de hombres, mujeres y niños que se habían trasladado al cementerio para que fueran identificados, posiblemente debido al colapso que el depósito del Hospital vivió en pocas horas (pp. 80–101). 23 La visión directa y sin filtros de la muerte nos remite a un fotógrafo que, implicado en la realidad que le rodea, trabaja con una enorme visceralidad, ya que el testimonio gráfico de los cuerpos sin vida se convertirá en una herramienta de denuncia pública de la brutalidad del agresor. En todo caso, estas imágenes nos dan una idea clara de la dimensión de la tragedia. El volumen de muertos fue tan elevado que las autoridades se vieron en la necesidad de prohibir los enterramientos individuales de las víctimas, que fueron inhumadas en una fosa común del cementerio.24 Pero más allá de la estremecedora visión de las víctimas y de los detalles de sus heridas, destacan especialmente las fotografías que captan los gestos de llanto y desesperación de las mujeres leridanas, arrodilladas o de pie, delante de los cadáveres de los familiares que acaban de perder como consecuencia del cruel bombardeo (pp. 102–113). Precisamente serán estas fotografías de gran intensidad y emotividad las más representativas del reportaje y las que serán, en un futuro, imágenes icónicas de la Guerra Civil y símbolos universales del dolor y del sufrimiento de las víctimas inocentes de los conflictos armados. Sea como sea, desde el punto de vista estético, cabe decir que Centelles no despliega artificios ni distancias. La suya es una mirada directa y emotiva, sinceramente comprometida, de alguien a quien la guerra toca de cerca y que debe dejar constancia gráfica de unos acontecimientos extraordinarios. Por otra parte, el hecho de poder ver todas las fotografías del reportaje nos permite descubrir o intuir, según el caso, cuáles eran sus métodos de trabajo a la hora de afrontar un repor23

Dietario del enfermero Joan Blàvia. Citado en b arallat, Mercè. Els bombardeigs de Lleida, p. 19.

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“Los entierros de la víctimas”. UHP (4 noviembre 1937), p. 3. 23


taje de estas características. Por ejemplo, podemos comprobar que el fotógrafo realiza a menudo dos o tres instantáneas del mismo motivo: en algunas, modificando la orientación entre las capturas, vertical y horizontal según el caso (pp. 42–43), y en otros, alterando el ángulo (pp. 57–59). Esta repetición de motivos responde únicamente a la voluntad de realizar una cobertura que se adapte a las posteriores necesidades editoriales y de maquetación de las fotografías, así como de buscar el punto de vista más adecuado en cada ocasión. Por el contrario, también encontramos diferentes capturas de la misma fotografía sin variación del encuadre, situación que indica claramente que el fotógrafo está buscando anticiparse al instante decisivo (pp. 74–75). Centelles utiliza a menudo encuadres contrapicados (p. 61) y angulaciones laterales (p. 69) para enfatizar los contenidos de la imagen y darle dinamismo, un hecho que pone de manifiesto su dominio de la composición del encuadre, así como de la asimilación de los nuevos puntos de vista netamente modernos, surgidos de la influencia de las vanguardias y la estética cinematográfica. Por otra parte, mientras que los encuadres generales y abiertos predominan en el carrete de las calles y edificios de la ciudad, en el del cementerio, especial-mente en el retrato de las víctimas, se produce una tensión entre este tipo de planos con otros más cortos y con primeros planos. Si los primeros permiten recalcar la idea del elevado número de víctimas del bombardeo (pp. 94–97), los segundos insisten en denunciar la crueldad y brutalidad de la agresión sobre los cuerpos y rostros de los difuntos, muchos de ellos niños y niñas (pp. 80–83 y 88–93). Pero allí donde el oficio de Centelles se convierte en magistral es en las secuencias de fotografías de los familiares llorando a sus víctimas, imágenes en las que la cámara Leica del fotógrafo consigue sintetizar una gran carga emotiva a partir de un excelente trabajo de encuadre, de un acercamiento exacto a los sujetos representados y, sobre todo, de una intuición perfecta para anticiparse y captar el momento decisivo (pp. 102–113). De hecho, algunas de las imágenes más célebres del reportaje (pp. 103 y 110) toman una nueva significación vistas al lado de sus variantes, a pesar de que siguen manteniendo por sí solas todas aquellas cualidades por las que no solo se convertirán en obras reconocidas, sino también en fotografías emblemáticas del conflicto. Hablamos de unas cualidades como la proximidad al tema, la capacidad para captar el instante preciso del gesto, la síntesis narrativa y emotiva de los hechos o la condición del fotógrafo como testigo de la veracidad del documento, que sin duda aseguraron a estas imágenes un lugar en la posteridad. 24


Interior de la revista Look, 15.2.1938

EL ECO INTERNACIONAL

La Guerra Civil fue el primer gran conflicto bélico que mereció una cobertura importante por parte de la prensa gráfica de todo el mundo. Una amplia difusión que, sin duda, marcó el nacimiento de la fotografía de guerra contemporánea. En esta dirección, es importante señalar que es también en este momento cuando se empieza a fijar en el imaginario colectivo el mito y la leyenda de la figura del reportero de guerra en la historia de la fotografía de prensa. Desde este punto de vista, hay que recordar que la disputa armada atrajo a un numeroso grupo de corresponsales gráficos extranjeros, como los conocidos fotógrafos Robert Capa, Gerda Taro o David Seymour (Chim), cuya obra, al igual que la del resto de enviados especiales, llenó páginas y páginas sobre el conflicto en semanarios gráficos de todo el planeta.25 Además, los periódicos y revistas extranjeros pusieron de manifiesto el valor y la labor de sus fotógrafos, de los cuales destacaban el dramatismo de sus imágenes y su papel valiente y atrevido como testigos de excepción de los hechos. A diferencia de este incipiente reconocimiento de autoría, cuando las imágenes de fotógrafos locales se publicaban en el extranjero, casi siempre aparecían sin firmar. Sin embargo, también es verdad que, gracias a la guerra, muchos fotógrafos como Centelles, de quien a menudo se ha comparado la forma de fotografiar con la de Capa, pudieron ver cómo algunas de sus fotografías tenían una gran difusión internacional. En este sentido, es importante tener en cuenta la labor de las agencias informativas y los servicios de comunicación del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya en la difusión inmediata de las imágenes de la guerra en periódicos y revistas de todo el mundo. Precisamente, el Comissariat, el primer organismo oficial de propaganda creado en la España republicana y en la Europa democrática, tuvo un papel fundamental en 25

Sobre la actividad de estos fotógrafos durante la Guerra Civil puede consultarse La maleta mexicana. Las fotografías redescubiertas de la Guerra Civil Española de Capa, Chim y Taro. Nueva York: International Center of Photography; Madrid: La Fábrica: Fundación Pablo Iglesias, 2012. 25


Portada del periódico L’Humanité, 9.11.1937

la internacionalización del conflicto. Es bien conocido el hecho de que, si bien la Guerra Civil fue un campo de experimentación de nuevas técnicas militares, como los bombardeos sobre la población civil, también lo fue en el terreno de la comunicación y la propaganda; un arma que no solo se utilizaba para cohesionar y movilizar a la población, sino también para buscar apoyos internacionales. El Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, creado por decreto en octubre de 1936, estaba dirigido por Jaume Miravitlles, quien desplegó, conjuntamente con el fotógrafo y publicista Pere Català Pic, jefe de la Secció d’Edicions, un gran abanico de acciones de propaganda que incluían toda clase de medios, desde escritos, como revistas, carteles, libros, postales y publicaciones diversas, hasta exposiciones, programas de radio (Ràdio Associació de Catalunya) o películas cinematográficas (Laya Films).26 Entre esta extensión y diversidad de actividades, no hay duda de que la imagen fotográfica tuvo un papel destacado, ya que aparte de disponer de un departamento fotográfico propio, con una sección de reporteros gráficos y de laboratorio, fueron muchos los fotógrafos catalanes que, como Centelles, colaboraron con la entidad, aunque también lo hicieron otros nacionales y extranjeros. Es en este contexto de la fotografía al servicio de la propaganda en el que debemos entender la enorme repercusión internacional que tuvo el reportaje de Centelles sobre el bombardeo de Lleida. Así lo demuestra la gran cantidad de referencias que hemos localizado hasta hoy, tanto de periódicos como de revistas gráficas de todo el mundo, en los que se reprodujeron las fotografías del reportaje; una lista representativa que seguro se incrementará a medida que nuevas investigaciones profundicen en la difusión internacional 26

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Sobre el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, véase s olé i sabaté , Josep Maria; Villaroya , Joan. Guerra y propaganda. Fotografies del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya (1933–1939). Barcelona: Arxiu Nacional de Catalunya: Viena Edicions, 2006. En relación con las aportaciones de Pere Català Pic, véase giori, Pablo. Pere Català y Pic. Fotografia, publicitat, avantguarda y literatura (1889–1971). Barcelona: Dalmau Editor, 2016.


de la obra de Centelles.27 Periódicos de Inglaterra, Francia, Suiza, Estados Unidos o incluso Australia publicaron las impresionantes fotografías del destrozo urbano provocado por las bombas y las emotivas escenas del cementerio, a menudo acompañadas de contundentes titulares que incidían especialmente en el carácter criminal del bombardeo y en la tragedia de las madres ante los cadáveres de sus hijos.28 En todo caso, estas imágenes, enviadas de forma masiva por el Comissariat a medios de comunicación de todo el mundo, no solo cumplían una misión informativa, sino que tenían el objetivo de sensibilizar a la opinión pública y presionar a los gobiernos de las democracias extranjeras para que abandonasen su política de no intervención en el conflicto y mostrar a los ojos de mundo, como lo había hecho meses atrás el Guernica de Picasso, la terrible crueldad de los ataques aéreos perpetrados por la aviación nazi y fascista contra población inocente e indefensa. En este sentido, cabe decir que el hecho de difundir fuera de nuestras fronteras imágenes de la violencia provocada por los bombardeos como denuncia de la crueldad y de la colaboración de los regímenes fascistas con el bando nacional fue una práctica frecuente por parte del Comissariat y los entes de propaganda republicanos. Pocos días después del bombardeo de Lleida, Jaume Miravitlles declaraba, por ejemplo, que “de una fotografía de niños asesinados por la aviación [en este caso, en Madrid] se han tirado 50.000 ejemplares” y “hemos editado una película sobre los bombardeos de Barcelona y la hemos enviado a Mr. Eden y a M. Delbos [ministros de Asuntos Exteriores británico y francés respectivamente], así como a los presidentes 27

Inglaterra: Daily Herald (9 noviembre 1937), p. 20 [Londres]; The Scotsman (9 noviembre 1937), p. 14 [Edimburgo]. Francia: Ce soir (9 noviembre 1937), pp. 1 y 10 [París]; Le Populaire (9 noviembre 1937), p. 1 [París]; L’Humanité (9 noviembre 1937), p. 1 [París]; L’Oeuvre (9 noviembre 1937), p. 1 [París]; Rouge-Midi (12 noviembre 1937), p. 1 [Marsella]; Le Cri du Gard (14 noviembre 1937), p. 1 [París]; Le Pèlerin (21 noviembre 1937), s. p. [París]. Suiza: A-Z Arbeiter-Zeitung (9 noviembre 1937), s. p. [Basilea]; L’Impartial (11 noviembre 1937), p. 1 [La Chaux-de-Fonds]. Estados Unidos: Plattsburgh Daily Press (9 noviembre 1937), p. 1 [Plattsburgh]; Endicott Daily Bulletin (22 noviembre 1937), p. 1 [Endicott, Nueva York]; Look (15 febrero 1938), p. 55 [Des Moines, Iowa]. Australia: Argus (25 noviembre 1937), p. 11 [Melbourne]; Townsville Daily Bulletin (28 diciembre 1937), p. 7 [Townsville].

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Algunos titulares, como “La masacre de los inocentes”, “El dolor de las madres” o “Las madres mártires españolas”, colocados sobre las reproducciones de las fotografías de Centelles, insistían en la difusión de la imagen de la madre como símbolo del martirio que sufría la población civil española. En este sentido, el bombardeo de Lleida se leyó también como una trágica confirmación del dolor que tenían que soportar estas víctimas. El diario Última Hora decía: “Dedico mi sentido homenaje a un héroe desconocido: La Madre Española. Estas palabras, pronunciadas por el President de la Generalitat, señor Lluís Companys, durante su estancia en Madrid en el discurso dirigido al pueblo español, habían de tener unos días después una trágica confirmación. En efecto, la aviación fascista bombardeaba el día 2 de noviembre la ciudad obrera de Lleida, situada a 150 kilómetros del frente. Doscientos cuarenta y tres muertos, entre ellos ochenta y dos niños, este es el balance de esta nueva hazaña de la aviación italoalemana”. “Trágica confirmació”. Última Hora (9 noviembre 1937), p. 1. Original en catalán. 27


de la Sociedad de Naciones y los Estados Unidos”.29 Además, Miravitlles añadía: “recientemente hemos filmado otro documental del bombardeo de Lleida, en el que figuran varios fotogramas de madres buscando los restos de sus hijos entre los cadáveres del cementerio leridano”.30 En esta misma sintonía, los periódicos locales de Lleida, como el republicano El Ideal, insistían, horas después del bombardeo, en consignas como “¿Mr. Eden quiere otra muestra de la «no intervención»? En Lleida podemos presentarle pruebas de la barbarie extranjera”.31 Eran pruebas de ello, pues, no solo los muertos y los heridos, sino también las fotografías de Centelles y de los otros fotógrafos del Comissariat que llenaban las primeras páginas de los periódicos ingleses y franceses, especialmente los de izquierda, como socialistas o comunistas. Unos gritos que, a pesar de denunciar el escándalo de los ataques aéreos y arrancar protestas de la opinión pública, no hicieron cambiar la política de estos países. Al igual que la célebre obra de Picasso, no hay duda de que las imágenes de los daños que provocaron los bombardeos alemanes e italianos difundidas internacionalmente ayudaron como ningún otro medio a grabar la Guerra Civil en la conciencia europea, y probablemente por esta razón algunas de las imágenes de Centelles sobre el bombardeo se convirtieron en tan icónicas. Nada más sintomático de esta fuerza icónica que el hecho de que el propio Picasso conservara en su archivo dos imágenes del bombardeo de Lleida, una de Centelles, la conocida como Mater dolorosa (p. 103), y otra de un autor no identificado del Comissariat, probablemente recortadas de la prensa, y que influenciaron al pintor malagueño en la creación de una serie de obras centradas en el motivo de la mujer que llora.32 VISIONES DE LA GUERRA

Si bien durante los primeros tiempos de la guerra los motivos principales que protagonizaban las imágenes de la retaguardia que publicaban los diarios editados en Barcelona intentaban retratar la revolución y la vida cotidiana mediante la cobertura

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“Els delegats de la Generalitat a Madrid han visitat el fronts Sud i del Tajo. Declaracions de Jaume Miravitlles a La Voz”. La Humanitat (12 noviembre 1937), p. 3.

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Se trata del film de Laya Films que Manuel Berenguer realizó en paralelo al reportaje de Centelles, que posteriormente se incluiría en la película Catalunya màrtir (1938).

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Ideal (5 noviembre 1937), p. 4. Original en catalán.

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raFart, Claustre: “Picasso a la cruïlla”. En: Vinyetes al front. Barcelona: Museu Picasso, 2011, pp. 112–131.


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Interior de Visions de Guerra i de Reraguada, 13.11.1937 (Biblioteca de Catalunya)


informativa de eventos multitudinarios, como mítines o manifestaciones, a medida que avanzaba el conflicto, y especialmente a partir de los bombardeos aéreos, las páginas de la prensa se fueron llenando de muertos y devastación:33 de las muertes de la población civil, denunciadas a menudo con imágenes de niños, y de la destrucción urbana provocada por las bombas. En este sentido, la difusión masiva de imágenes de este tipo dentro de las propias fronteras, y más allá de la voluntad de denuncia, podía provocar también un efecto desmoralizador. Teniendo en cuenta el control y la censura que ejercían las autoridades sobre la prensa, este hecho podría explicar, tal como sugirió uno de los hijos de Centelles, la razón por la que las imágenes del reportaje del fotógrafo no aparecieron en los rotativos barceloneses, mientras que sí se publicaron, por el contrario, en primera página de los diarios internacionales.34 Sin embargo, esto no quiere decir que estas imágenes no se publicaran nunca en nuestro país en su momento. Al contrario, tenemos constancia de que el reportaje de Centelles, a pesar de no aparecer en un primer momento en los periódicos de ámbito nacional, sí se publicó pocos días después en algunas revistas gráficas del bando republicano, concretamente en dos: una editada en Barcelona (Visions de Guerra y de Reraguarda) y otra en Madrid (Estampa), ambas de considerable tirada.35 De este modo, solo once días después del bombardeo, el reportaje apareció publicado en la revista fotográfica Visions de Guerra y de Reraguarda. Història Gràfica de la Revolució, una publicación quincenal editada por el Comissariat de Propaganda que pretendía recoger en imágenes los hechos más significativos de la historia y la actualidad de la guerra.36 En este número, el cuaderno gráfico estaba casi íntegramente dedicado al bombar-

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g onz á lez , Pablo; a ntebi , Andrés; F erré , Teresa. Repòrters gràfics: Barcelona 1900–1939, p. 109.

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Así lo manifestaba Octavi Centelles en el documental El braç de les fúries, en el que también insistía en la autocensura previa que el fotógrafo ejercía al discriminar entre lo que entregaba o no a publicar de su trabajo. Una idea que el mismo Centelles también había expresado en el programa Imágenes, entrevista en la que afirmaba haber autocensurado algunas de sus imágenes de muertos y heridos del frente, algunas de las cuales nunca llegó a positivar. Imágenes. Dir. Paloma Chamorro. TVE (1979).

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Aunque no se trata de las imágenes de Agustí Centelles, hay que hacer constar que algunos periódicos y revistas, especialmente de Madrid, publicaron imágenes de las consecuencias del bombardeo de Lleida, a pesar de que solo mostraban la agresión sobre las calles y edificios: “Actualidades. Alas Negras sobre Lérida”. Mi Revista (15 noviembre 1937), p. 55; “Bombas sobre Lérida”. Mundo Gráfico (24 noviembre 1937), p. 2; Ahora (20 noviembre 1937), p. 6; La Voz (22 noviembre 1937), p. 3.

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Visions de Guerra y de Reraguarda. Història Gràfica de la Revolució. Sèrie B, Actualitats (13 noviembre 1937), núm. 16.


Portada de la revista Estampa, 20.11.1937

deo de Lleida y reproducía un total de quince de las fotografías de Centelles a lo largo de doce páginas. El relato se estructuraba, al principio, alternando las fotografías de los destrozos urbanos con las de los cadáveres del cementerio, incluidas las más impresionantes —presenta una estremecedora doble página con cuatro instantáneas de los niños difuntos—, para acabar con las imágenes, de gran intensidad dramática, del dolor de los familiares durante el reconocimiento de las víctimas. Más allá de la acción informativa y propagandística de la publicación, ya que se editaba en tres idiomas (catalán, castellano y francés), esta recopilación fotográfica —hoy, documento excepcional— conforma un ejemplo representativo de la consolidación durante el cubrimiento informativo de la Guerra Civil del concepto moderno de reportaje fotográfico. En este sentido, la interpretación de los hechos por parte del fotoperiodista se explica mediante una secuencia de imágenes estructuradas narrativamente y el diálogo retórico entre los enunciados gráficos y literarios. Esta fórmula, fuertemente influenciada por los noticiarios cinematográficos, muestra no solo la modernidad del trabajo del fotógrafo, sino también la tarea de redactores y diseñadores gráficos en la búsqueda de soluciones dinámicas e innovadoras, a menudo tomadas de las vanguardias, que refuercen el mensaje y el sentido de la lectura de las imágenes. De este modo, el significado de las impresionantes fotografías de Centelles, organizadas casi como un guion cinematográfico, se complementa con breves leyendas descriptivas que denuncian las terribles atrocidades provocadas por los bombardeos indiscriminados contra la población civil. En el mismo sentido, la revista gráfica Estampa, un semanario de actualidad y de información de ámbito nacional que había nacido siguiendo la línea de las publicaciones ilustradas extranjeras, dedicaba la portada y una doble página interior al bombardeo de Lleida.37 Dos semanas después del ataque, Estampa reproducía también el reportaje de Centelles, aunque en este caso lo hacía bajo otra fórmula gráfica diferente y característica de la época, también 37

Estampa (20 noviembre 1937), pp. 1 y 8–9. 31


moderna, innovadora y deudora de las vanguardias: el fotomontaje. En efecto, la portada de la revista combinaba la imagen del interior del Liceo Escolar (p. 61) con el primer plano de una de las mujeres que lloran arrodilladas en el cementerio ante el cadáver de un niño (p. 113). En el interior (p. 14), nueve fotografías del reportaje compuestas en forma de mosaico y acompañadas de un texto punzante y antifascista del periodista Jesús Izcaray, que afirmaba: “Estas fotos siniestras del bombardeo de Lérida son familiares a los ojos de Madrid. Muy conocidas en el Comité de Londres y en las oficinas confortables de los dignos jefes del laborismo inglés. [...] Estas casas agujereadas parecen telones de Madrid. La misma metralla, los mismos asesinos y víctimas idénticas”. Aparte de la publicación del reportaje en estas dos revistas gráficas, pasados veinte días desde el atentado, las imágenes de Centelles sobre el bombardeo de Lleida finalmente hacen acto de presencia en las primeras páginas de los periódicos barceloneses —aunque de una manera que, a pesar de ser circunstancial, no por ello es menos significativa—. Así es como las ediciones de algunos de los principales diarios catalanes (El Día Gráfico, Última Hora y La Rambla) publican unas fotografías en las que se reproducen las páginas de varios periódicos extranjeros, con algunas de las instantáneas del reportaje de Centelles, entre otras, que el Comissariat de Propaganda había realizado y distribuido entre la prensa del país con el objetivo de dar a conocer el eco internacional que habían tenido las imágenes del bombardeo enviadas desde el mismo organismo.38 Precisamente, estas fotografías se conservan en copias sobre papel en los archivos del Comissariat de Propaganda (Arxiu Nacional de Catalunya); se trata de documentos que hoy sabemos que se realizaron para difundir y reivindicar, mediante la prensa escrita, su tarea propagandística.39 Esta, en cierto modo, “propaganda de la propaganda” reforzaba el concepto según el cual la imagen fotográfica, igual que la cinematográfica, se consideraba entonces una de las mejores herramientas para denunciar, como notario incuestionable, la barbarie de los bombardeos fascistas. En este sentido, y, por ejemplo, Última Hora comentaba: Durante unos días, Lleida ha sido la triste actualidad mundial. Los periódicos de todo el mundo se han hecho eco del bárbaro

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“El Día Gráfico”. El Día Gráfico (21 noviembre 1937), p. 2; “Tràgica actualitat”. Última Hora (22 noviembre 1937), p. 1; “Premsa estrangera”. La Rambla (22 noviembre 1937), p. 1.

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Se trata, concretamente, de cuatro fotografías que reproducen los diarios Ce Soir (París), A-Z Arbeiter-Zeitung (Basilea), Daily Herald (Londres) y varios periódicos franceses, respectivamente (ANC1-1-N-5509/5512).


Fotomontaje publicado en la portada del periódico La Rambla, 13.11.1937

bombardeo de que los facciosos hicieron víctima la ciudad catalana. Muchos de ellos han publicado incluso emotivas fotografías, de esas que el dolor de nuestras mujeres es como una acusación contra la indiferencia de ciertos Estados que se dicen pacifistas y aceptan y toleran el asesinato de las poblaciones civiles. El Comissariat de Propaganda de la Generalitat ha reunido en esta foto que reproducimos algunos de los diarios extranjeros que han insertado testimonios gráficos del bombardeo de Lleida. Entre ellos está el Daily Herald, refractario hasta ahora a la publicación de este tipo de documentos, y el Albeiter Zeitung, de Basilea, el cual, a pesar de la prohibición que existe en ese país, ha honrado sus páginas con estos grabados, viviente clamor de dolor.40

Si tenemos en cuenta, por tanto, que el reportaje de Centelles se publicó en dos importantes revistas gráficas del país y que las fotografías sobre el impacto del reportaje de la prensa extranjera se difundieron también entre los periódicos del país, podemos afirmar, pues, que las imágenes tuvieron su difusión dentro del bando republicano, o, cuando menos, que los lectores eran conscientes de su existencia y circulación.41 De hecho, como una insólita excepción que confirma la regla, el diario La Rambla, portavoz del PSUC, publicaba el 13 de noviembre en primera plana un agudo fotomontaje que combinaba alguna de las imágenes de mayor impacto de Centelles sobre el bombardeo (p. 103) con una portada de la edición nacional del diario ABC con el retrato de Franco, bajo la consigna “El caudillo. 40

“Tràgica actualitat”. Última Hora (22 noviembre 1937), p. 1. Original en catalán.

41

En este sentido, por ejemplo, el periodista Aguirre hacía mención de las fotografías en un artículo de opinión de El Día Gráfico, motivado precisamente por la aparición en el mismo periódico, el 19 de noviembre, de una fotografía en la que se veían unos niños leridanos participando en la construcción de refugios. Según Aguirre, “el horror de la guerra en ninguna parte de Cataluña ha sido tan espectacular como en Lérida. […] Contemplando las fotografías de los cadáveres infantiles, espanta pensar en la barbarie de los pueblos que forzosamente son sabedores de los crímenes que vienen cometiendo sus hijos en España. […] Pero apesadumbra el espíritu, invadiéndole una gran tristeza la fotografía en la que aparecen los niños leridanos que en lugar de correr, cantar y reír, se dedican a la construcción de refugios para prevenirse contra nuevos atentados”. aguirre. “La tragedia de Lérida”, El Día Gráfico (21 noviembre 1937), p. 1. 33


Alas Negras. Bombardeos sobre la retaguardia de Aragón y Cataluña, 1937 (CNT, Filmoteca Española) 34

He aquí su obra!”.42 Y es que no hay duda de que los aparatos de propaganda dispusieron pronto de copias del reportaje de Centelles y de los otros fotógrafos que habían cubierto la noticia, que difundían o no según su criterio y oportunidad. Es en este orden de cosas, donde debemos entender otro ejemplo localizado sobre la aplicación y difusión de las imágenes del reportaje: en este caso, los dos números del periódico mural Ataquemos! (p. 21), el órgano de difusión de los combatientes del Cuartel General de la 31.ª División de Siétamo, donde se incluyeron diecinueve de las fotografías de Centelles.43 El predominio de las imágenes de las víctimas y el contexto en que se encuentra, es decir, en el medio de información de un batallón militar del Ejército republicano, nos hacen pensar que posiblemente aquí las imágenes tenían una función no solo informativa o propagandística, sino también motivadora de cara a reforzar los ánimos de la tropa en el campo de batalla. En definitiva, pues, las mismas imágenes podían ser utilizadas, en función del objetivo perseguido, para atender diversas necesidades comunicativas. Desde esta perspectiva, también los documentales y noticiarios fílmicos producidos por el Comissariat de Propaganda, a través de su productora Laya Films, o por los servicios cinematográficos de sindicatos y partidos del bando republicano, ofrecieron su propia versión de los hechos, también una voz más de denuncia sobre las atrocidades terribles que implicaban los bombardeos indiscriminados sobre la población. En este sentido, han llegado hasta nosotros dos filmes que contienen imágenes de las consecuencias del bombardeo de Lleida, hoy 42

“El caudillo”. La Rambla (13 noviembre 1937), p. 1.

43

El Arxiu Nacional de Catalunya conserva las reproducciones de estos periódicos hechas por Francesc Xavier Ferran i Brugués (ANC1-1121-N-155/156).


Catalunya màrtir, 1938 (Filmoteca de Catalunya)

en día dos documentos que se convierten en un complemento imprescindible en el análisis del reportaje de Agustí Centelles: Alas negras (1937) 44 y Catalunya màrtir (1938). 45 El primero de los dos títulos fue realizado por SIE Films, la productora anarcosindicalista encargada de la confección de reportajes de guerra, y fotografiado por el documentalista Félix Marquet. En este caso, el film incluye imágenes tomadas el mismo día del bombardeo, ya que el equipo de SIE Films se topó con el trágico suceso de camino a Belchite. A diferencia de Catalunya màrtir, que se rodó en paralelo al reportaje de Centelles, Alas negras muestra, a través de un montaje dinámico, el ambiente aterrador de las calles de la ciudad durante las horas inmediatamente posteriores al ataque, en el que destacan especialmente las sobrecogedoras imágenes de los cadáveres destrozados de los niños entre los escombros al pie mismo del edificio del Liceo Escolar y el Mercat de Sant Lluís. Por otra parte, Catalunya màrtir, un documental de Laya Films, era una compilación de varias secuencias que describían los bombardeos en varias ciudades catalanas acompañadas de los comentarios escritos por el propio Jaume Miravitlles. La cinta, locutada en francés, se estrenó en julio de 1938 en París, donde el Comissariat había abierto estratégicamente una delegación. Durante el metraje, 44

Alas negras. Bombardeos sobre la retaguardia de Aragón y Cataluña, España, 1937. Productora: SIE Films para el Comisariado de Guerra de la 28 División. Fotografía: Félix Marquet. 12 min 55 s. (Propiedad de la CNT en depósito en Filmoteca Española.) del a Mo, Alfonso (ed.). Catálogo general del cine de la Guerra Civil. Madrid: Cátedra: Filmoteca Española, 1996, p. 128. Sobre el cine y la Guerra Civil en Lleida puede verse bosCh, Oriol; M aChetti, Sandro. “Cinema y guerra civil: dues visions antagòniques”. En: Lleida y l’edifici del Seminari 1935–1948. Lleida: Universitat de Lleida, 1996, p. 64–72.

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Catalunya màrtir. Le Martyre de la Catalogne, Espanya, 1938. Productora: Laya Films. Compilación: J. Marsillach. Comentarios: Jaume Miravitlles. Fotografía: Ramón Biadiu, Jaume Agulló, Sebastián Perera, José María Maristany, Manuel Berenguer y Joan Castanyer. Sonido: René Renault. 25 min. (Filmoteca de Catalunya). Ibidem. 35


figuran las imágenes de las consecuencias de la masacre de Lleida que Manuel Berenguer tomó junto a Centelles, por lo que muchos encuadres y puntos de vista son absolutamente coincidentes. 46 En este sentido, la estructura del relato tiene muchos puntos de contacto con la organización secuencial del reportaje publicado en Visions de Guerra y de Reraguarda, especialmente en el hecho de dejar para el final las imágenes del cementerio de más intensidad emotiva, en este punto ya sin comentarios, para favorecer el dramatismo de los últimos metros del film. 47 El hecho de ver juntas las instantáneas de Centelles, por un lado, y las imágenes de Berenguer, por otro, se convierte en un ejercicio sin duda interesante, ya que no solo nos anima a entender dos visiones complementarias del mismo hecho histórico, sino que nos recuerda la atrevida y difícil circunstancia de dos hombres que esquivaban juntos los peligros de una guerra para captar unas imágenes que, ochenta años después, todavía nos conmueven enormemente. EPÍLOGO. CENTELLES VUELVE A LLEIDA

En mayo de 1982 la Sociedad Fotográfica de Lleida presentaba en la Sala Gòtica del Institut d’Estudis Ilerdencs, dentro de los actos de la Fotomostra, una exposición de fotografías de Agustí Centelles con el título “La Guerra Civil en Catalunya”. El presidente de la Societat, el fotógrafo Toni Prim, había acompañado meses atrás al propio Centelles por las calles de Lleida para satisfacer el interés de este de ir a la ciudad para ver los cambios que había sufrido, así como para reseguir sus propios pasos y revivir en ella los espacios y escenarios del reportaje.48 Hacía pocos años que el fotógrafo había recuperado su archivo de negativos, que había dejado escondido en aquella famosa maleta en casa de unos amigos de Carcasona en 1944 y que no pudo recuperar hasta después de la muerte de Franco. En aquella etapa, se comenzaba a difundir su figura y obra a partir de varias

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46

Tal como el propio Centelles había explicado, a menudo aprovechaba la luz de las bengalas que utilizaba Bereguer para rodar de noche o en lugares muy oscuros para realizar sus fotografías. Imágenes. Dir. Paloma Chamorro. TVE (1979). Un ejemplo de este hecho parecen ser las imágenes del reportaje de las pp. 100–101.

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Probablemente, estas mismas imágenes fueron las que también configuraron el film Bombardeo de Lérida (1937), un número especial del noticiario de Laya Films Espanya al dia. sala, Ramón. El cine en la España republicana durante la Guerra Civil. Bilbao: Ediciones Mensajero, 1993, p. 212.

48

Entrevista con Toni Prim, 4.10.2017. boMetón, Jesús. “La Fotomostra 82 acapara otra vez la actualidad cultural”. Diario de Lérida (1 mayo 1982), p. 4.


Noticia de portada del periódico Última Hora, 17.11.1937

publicaciones y exposiciones, reconocimiento que culminaría en 1984 con la concesión del Premio Nacional de Artes Plásticas. Hoy sabemos que después de aquel 3 de noviembre de 1937, día que Centelles realizó uno de sus reportajes más famosos, todavía permaneció o regresó algunas semanas más a la ciudad ejerciendo de reportero gráfico, poco antes de dirigirse hacia el frente a cubrir la toma de Teruel. El 17 de noviembre, los periódicos El Día Gráfico y Última Hora publicaban una fotografía de Centelles sobre la visita que el comisario general del Ejército, Álvarez del Vayo, había realizado por las calles de Lleida para valorar los daños causados por el bombardeo, acompañado del comisario de la Generalitat, Joaquim Vilà. También a finales de noviembre, El Día Gráfico y La Vanguardia reproducían varias imágenes de Centelles sobre el acto de entrega de ropa de abrigo a los soldados que se celebró en el Teatre Victòria el domingo 28 de noviembre y en el que asistió el comisario general del Ejército del Este, Crescenciano Bilbao; un reportaje que, a diferencia del anterior, aún se conserva en el archivo del fotógrafo.49 Hoy también sabemos algunos de los nombres de los leridanos y leridanas que aparecen en las fotografías del reportaje. Los más conocidos son los protagonistas de la célebre imagen bautizada como Mater dolorosa (p. 103), fotografía que ha sido reproducida múltiples veces en infinidad de ocasiones y contextos.50 Son Maria Riu Esqué llorando la muerte de su marido, Gabriel Pernau Sans. Paradójicamente, Pernau, que era el encargado de la Farmacia Pons y que perdió la vida entre sus escombros, simpatizaba con el bando nacional. El hijo del matrimonio, el 49

“El Día Gráfico”. El Día Gráfico (28 noviembre 1937), p. 2; “Ropas para el ejército popular”. La Vanguardia (30 noviembre 1937), p. 5.

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Esta imagen, que ha hecho correr ríos de tinta, ha estado casi siempre presente en todas las muestras retrospectivas dedicadas a Centelles. En este sentido, Miquel Berga, comisario de la gran exposición sobre el fotógrafo que se celebró en el Palau de la Virreina en 2006 con el título “Centelles. Las vidas de un fotógrafo”, le dedicó un lugar prominente en una sala pensada expresamente para acoger esta imagen, de la que se destacaba su tono elegíaco. Por otra parte, en el catálogo de la misma muestra, el fotoperiodista Gervasio Sánchez apuntaba que Gene Thornton, crítico de fotografía de The New York Times, había escrito en 1986 que se trataba “de la fotografía más emotiva de todas las producidas en su género”. berga , Miquel. “Mater Dolorosa”. En: r aMos, Carlos (ed.). Lleida en guerra: la col·lecció Ramon Rius. Lleida: Diputació de Lleida: Institut d’Estudis Ilerdencs, 2007, p. 93–94. sánChez , Gervasio. “Agustí Centelles, el fotògraf universal”. En: Centelles. Les vides d’un fotògraf. 1909–1985. Barcelona: Lunwerg: Institut de Cultura de Barcelona, 2006, pp. 244–249. 37


periodista Josep Pernau, recordaba en sus memorias haber visto siempre, desde pequeño, aquella imagen en un ejemplar de Visions de Guerra y de Reraguarda que su familia guardaba en casa.51 Una imagen que le persiguió toda la vida y de la que denunció reiteradas veces su utilización irresponsable. Por otra parte, gracias a la exposición del Museu d’Art Jaume Morera, hemos podido identificar a más personas que salen retratadas en las fotografías, una tarea que esperamos que se vea incrementada en un futuro, en homenaje y dignificación a las personas que perdieron la vida. Y finalmente, hoy también sabemos que el reportaje sobre el bombardeo de Lleida fue uno de los últimos grandes reportajes de la trayectoria de Agustí Centelles, ya que su producción como fotoperiodista disminuyó considerablemente a partir de 1938. En enero de ese año, fue reclamado para trabajar en el Departamento Especial de Información del Estado (DEDIDE), organismo que a partir del mes de marzo pasó a formar parte del SIM (Servicio de Investigación Militar), del que Centelles fue nombrado jefe del Gabinete Fotográfico. Con el avance de los fascistas, en enero de 1939, Centelles, hombre de la República, es evacuado de Barcelona y enfila el camino del exilio. Será retenido en los campos de concentración de Argelès y Bram, de donde saldrá a finales de año para ir a trabajar en una tienda de fotografía en Carcasona. Después de dejar su archivo, en 1944 decide volver a Catalunya clandestinamente. Establecido primero en Reus y, a partir de 1947, de nuevo en Barcelona, es juzgado y depurado. Ante la imposibilidad de continuar ejerciendo de fotoperiodista, se dedica hasta su jubilación a la fotografía industrial y publicitaria. Después de toda una vida dedicada a la fotografía, muere en Barcelona en diciembre de 1985. Desde 2009, el archivo Centelles se encuentra depositado en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Toda mi vivencia ha sido obtener fotografías que dijesen algo, que plasmaran lo que yo fotografiaba, generalmente humanidad […] yo he procurado siempre que tengan humanidad. 52 Agustí Centelles

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51

P ernau, Josep. Memòries. D’Arbeca a l’Opus Mei, pp. 13–28.

52

Imágenes, Dir. Paloma Chamorro. TVE (1979).


Catálogo

Todas las fotografías de la exposición son copias posteriores (tiraje moderno realizado a partir de los negativos originales del autor). Impresión digital 34 × 23 cm / 23 × 34 cm © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Centro Documental de la Memoria Histórica, Archivo Centelles

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MECD, CDMH, Archivo Centelles 2774 42


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2773 43


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2775 44


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2776 45


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2777 46


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2778 47


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2772 48


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2771 49


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2784 50


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2785 51


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2782 52


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2783 53


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2780 54


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2779 55


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2781 56


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2790 57


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2788 58


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2789 59


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2787 60


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2786 61


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MECD, CDMH, Archivo Centelles 2791 63


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2792 64


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2794 65


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2795 66


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2793 67


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2799 68


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2796 69


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2798 70


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2797 71


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2801 72


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2800 73


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2770 74


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2769 75


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2802 76


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2768 77


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2803 78


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2809 79


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2814 80


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2813 81


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2824 82


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2823 83


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2817 84


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2826 85


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2818 86


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2819 87


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2825 88


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2832 89


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2831 90


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2816 91


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2830 92


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2815 93


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2827 94


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2828 95


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2829 96


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2837 97


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2833 98


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MECD, CDMH, Archivo Centelles 2835 100


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2836 101


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2820 102


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2810 103


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2822 104


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MECD, CDMH, Archivo Centelles 2805 106


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2804 107


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2806 108


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2807 109


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2812 110


MECD, CDMH, Archivo Centelles 2811 111


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MECD, CDMH, Archivo Centelles 2808 113


Cronología

1909 Agustí Centelles i Ossó nace en Valencia. Un año después su familia se instala en Barcelona.

1927 Entra a trabajar en el estudio del fotógrafo Josep Badosa, que lo introduce en la fotografía de reportaje.

1932 Comienza a trabajar como ayudante para Josep M. Sagarra y Pablo Luis Torrents, dos de los fotoperiodistas más reconocidos de Barcelona.

1934 Compra una cámara Leica y se establece por su cuenta.

1936 Sus imágenes sobre el golpe de estado militar del 19 de julio se difunden en la prensa nacional e internacional.

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1937 Realiza numerosos reportajes del Frente de Aragón y la retaguardia, primero como freelance, y posteriormente, al ser movilizado a partir de septiembre, como fotógrafo del Comisariado del Ejército del Este. Meses después, será nombrado jefe del Gabinete Fotográfico del Servicio de Investigación Militar.

2.11.1937 Bombardeo de Lleida

1939 Es evacuado de Barcelona y emprende el camino del exilio cargado con una maleta con más de cuatro mil negativos de los años de la República y la Guerra Civil, entre los que se encuentran los carretes del bombardeo de Lleida, para evitar que se pudieran utilizar como elemento represivo contra las personas que aparecen en ellos. Al cruzar la frontera, es retenido en los campos de concentración de Argelès y Bram. En septiembre saldrá para ir a trabajar como fotógrafo en un estudio de Carcasona.

1940 Entra en contacto con la resistencia y construye un laboratorio clandestino para falsificar documentos.

1984 Se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas.

1944 Vuelve clandestinamente a Barcelona. Antes de irse, deja su archivo de negativos en casa de unos amigos franceses, en Carcasona.

1985 Fallece en Barcelona el día 1 de diciembre.

1947 Inhabilitado como fotoperiodista por las autoridades franquistas, se dedica hasta la jubilación a la fotografía industrial y publicitaria.

1976 Tras la muerte de Franco, viaja a Carcasona para recuperar su archivo.

1978 Se inicia un proceso de recuperación de su figura a través de libros y exposiciones.

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Bibliografía

BOMBARDEO DE LLEIDA

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AGUSTÍ CENTELLES

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AgustĂ­ Centelles: Bombardeo de Lleida. Hojas de contactos del reportaje, c. 1978 (ColecciĂłn Sergi Centelles)

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Profile for Museu d'Art Jaume Morera

Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida  

Bosch, Oriol. Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida. Lleida: Museu d'Art Jaume Morera, 2018

Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida  

Bosch, Oriol. Agustí Centelles y el bombardeo de Lleida. Lleida: Museu d'Art Jaume Morera, 2018

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