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ANUARIO 2011. PUBLICACIONES DE ARTE Hecho el dep贸sito que marca la Ley 11.723

Asociaci贸n Amigos Museo S铆vori


Autoridades del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Mauricio Macri Jefe de Gobierno Hernán Santiago Lombardi Ministro de Cultura María Victoria Alcaráz Subsecretaría de Patrimonio Cultural Pedro Aparicio Director General de Museos María Isabel de Larrañaga Directora del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori

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Índice

Presentación

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Artistas Plásticos Carlos Gómez Centurión. Cordilleras

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Cristina Morazzani. Verdes y Rojos

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Enrique Policastro, 1898-1971. Antológica

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Franco Lippi. Nuevas Revelaciones

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Grupo Nexo esculturas en el Sívori. Seis interpretaciones del Espacio

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Ileana Cerato. Luz

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Inés Vega. Dibujos 1997-2010

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Jorge Ortigueira. Retroceder para tomar impulso

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Mar Solís y Natalia Abot. Encuentros en el espacio

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Leo Vinci. Pensamiento e imagen

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Norberto Onofrio. Los protectores y otras yerbas

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Anuario. Publicaciones de arte El proyecto Anuario consta del conjunto de textos informativos que se producen en el Área de Investigación del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, que sirven para la presentación a las exposiciones patrimoniales y temporarias y para una mayor difusión de las diferentes expresiones de los artistas locales e invitados internacionales que se exhiben en el establecimiento. En la actualidad las tareas que desarrolla el área siguen ligadas a los objetivos fundacionales expresados por el Concejal Fernando Ghío en 1933, cuando concibió la creación de un espacio dedicado a los artistas argentinos. Entre ellos se destacaban la conformación de una colección propia, brindar los elementos de información para el público en general, y que los mismos además, constituyesen un complemento didáctico cuyo objetivo fuese ilustrar a las masas populares. Esta perspectiva sigue aún vigente a través de la política de la dirección de la institución a cargo de la arquitecta María Isabel de Larrañaga por medio de la realización de tareas específicas como el estudio de nuestra colección a través de las diferentes producciones que apoyan las exhibiciones del patrimonio y de las muestras homenaje a los artistas que lo integran, haciendo especial hincapié en el plano de la información al visitante como también al recorridos pedagógicos de las mismas. Hoy en día la oferta artística está ampliamente polarizada y es extremadamente rica en sus diversas manifestaciones y soportes. La obra de arte ya no es solamente un producto bellamente realizado, sino que se abre a otras posibilidades y conocimientos, es también una forma de interpretar el mundo que nos rodea. Es así que la temática de la recepción y de la interacción del público con las producciones artísticas son características destacadas que presenta el arte contemporáneo. Es por ello que en un sentido más amplio nuestra actividad se centra en reflexionar sobre la relación entre las diferentes manifestaciones artísticas y la incidencia que ellas puedan tener para la mejor comprensión de nuestra identidad nacional, y el papel que las mismas tienen en mantener activa la memoria social. Coincidimos entonces con Griselda Pollock cuando afirma que, las prácticas artísticas en tanto “prácticas culturales tienen una función de gran significación social en la articulación de sentidos para comprender el mundo, en la negociación de los conflictos sociales, en la producción de sujetos sociales.”1 El objetivo final de esta publicación es acercar de manera dinámica y sencilla, por medio de las nuevas tecnologías digitales, a múltiples visitantes posibles, en su quizás primer contacto con el arte argentino. Lic. Silvia Marrube a/c. Área Investigación y Archivo de Arte Argentino Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori

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Griselda Pollock, Visión y diferencia. Feminismo, feminidad e historias del arte, Buenos Aires, Fiordo, 2013, p. 31. 5


Carlos Gómez Centurión. Cordilleras Gómez Centurión nació en la provincia de San Juan y este dato no es menor al momento de interpretar su obra, ya que su paisaje natal, el andino, se va a constituir en un tema determinante en su producción plástica. En el clásico ensayo de Rafael Argullol sobre el paisaje romántico, éste es concebido por el autor, como la representación de una determinada comprensión y aprehensión de la naturaleza. Ésta es interpretada y expresada por el pintor romántico como un espacio omnicomprensivo, profundo, esencial, con valor cósmico y civilizatorio.2 Esta concepción de la naturaleza opera bajo la superficie de los cuadros de Centurión, es la armonía latente que estructura las diferentes etapas transitadas por su pintura. En 1988, durante su estancia parisina, sus composiciones se inscribían dentro de las influencias del expresionismo abstracto. En ese momento, surgió en él la necesidad de búsqueda de sus raíces nativas y en plena Notre Dame, hizo su aparición la Difunta Correa. Así, su primera exposición individual resultó ser absolutamente figurativa. Dentro de esa etapa se constituyó en 1994, a instancias de Luis Felipe Noé, el grupo “El Mito Real”. El grupo quedó finalmente conformado por Víctor Quiroga y Enrique Collar. El objetivo principal era rescatar desde la plástica los mitos y la religiosidad popular, los dichos y sucedidos que conviven con la gente y forman parte del cotidiano. En 1998 el grupo se disolvió habiendo fijado antes una posición respecto de la pintura argentina. Ésta fue concebida como una forma de entender el mundo, una forma de pensamiento, que recuperaba situaciones narrativas y objetos cotidianos, basados en mitos populares y que le otorgaban una dimensión sagrada a lo cotidiano, plasmando la imaginación y deseos genuinos de todo grupo humano.3 Gómez Centurión recuperaba entonces, una iconografía popular que se corporizaba en imágenes contundentes, expresivas y de fuertes contrastes lumínicos, que remitían a otro-espaciotiempo. Aquí se podían observan las presencias tutelares de sus maestros, Alfredo Gramajo Gutiérrez, Ramón Gómez Cornet, Enrique Policastro, el Berni de Santiago del Estero. Esa pintura “a contrapelo” de la historia oficial, donde hombre y paisaje están amasados por la misma materia: la tierra originaria. El deseo de cambio surgió nuevamente en Gómez Centurión, desapareciendo la necesidad del relato antes de pintar el cuadro. Es cuando el pintor abrió la perspectiva y emergió la cordillera. Ésta se le presentó como sostén de identidad de América del Sur. Con verdadero espíritu romántico, tal como la habían realizado los pintores viajeros de los siglos XVIII y XIX, emprendió entonces la expedición multidisciplinaria a la montaña. La experiencia se produjo entre los veranos de 2002 a 2004. El lugar elegido fue el Alto Valle del Río Colorado al pie del cerro Mercedario. La experiencia consistía en trabajar en el lugar, donde los procesos climáticos iban sometiendo a los materiales y dejaban su huella sobre el hacer artístico. Digo la cordillera, fue el resultado de la primera etapa de esta vasta experiencia y fue exhibida en el Centro Cultural Recoleta en 2004. Allí pudo observarse una pintura gestual, amplia y que tendía hacia composiciones más sintéticas. Significó además, un adentrarse en la montaña, en sus elementos primeros, en su fauna y flora características, en definitiva, en la propia identidad americana. El proyecto quedará concluido en 2012 cuando se releven las zonas norte y sur de la cordillera, desde Jujuy a Santa Cruz. La exhibición que se presenta en el Museo “Eduardo Sívori” es parte del mismo recorrido, que se adentra cada vez más en el núcleo originario de la montaña. En Cordilleras, predomina la mancha, el libre juego de los materiales, la riqueza cromática. El proceso se va haciendo cada vez más abstracto y la mancha vuelve a ser motivo central en la producción de Gómez Centurión. Ella siente y palpita. Su pintura se nos presenta como una reflexión que no atiende tanto al producto final, como al objetivo artístico. Un mirar hacia adentro, de la naturaleza y de la propia existencia ligada a ella. Y no fue acaso en la pintura de paisaje donde el viaje es entendido como el camino hacia uno mismo. Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

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Rafael Argullol., La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje romántico, Barcelona, Editorial Bruguera, 1983, pp 9-10. 3 Carlos Gómez Centurión., “Tres proyectos escritos para un solo manifiesto pintado”, Buenos Aires, Galería Alberto Elía, 1994. 6


Altas Cumbres XIV- mixta sobre tela- 0,60 x 1,90m- 2011

Altas Cumbres VI -mixta sobre tela - 0,45 x 1,48 m- 2009

Altas Cumbres VII - mixta sobre tela - 0,60 X 2,00 m -2010

Altas Cumbres IV- mixta sobre tela-0,60 x 2.00m- 2008

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Cristina Morazzani. Verdes y Rojos La relación con la fotografía establecida por Cristina Morazzani recorre dos caminos paralelos. Radicada en Estocolmo se desempeña como restauradora en fotografía y también se ha dedicado a la fotografía artística. Desde hace algún tiempo ha elegido la fotografía de acercamiento, junto a una temática ya clásica en su producción; flores y vegetales. La presente exposición, Verdes y Rojos, viene a inscribirse dentro de estas dos características. La técnica de acercamiento, utilizada en estas imágenes, le permite a Morazzani enfatizar el objetivo perseguido, mostrar la armonía que se presente en la naturaleza, sin alteraciones posibles de colores o formas. Sin embargo, estos planos tan cercanos y cerrados nos descubren otras cualidades como la calidad de la luz y de los colores, las transparencias y las diferentes texturas. Los pétalos se extienden en el plano constituyéndose en verdaderas composiciones abstractas. En esta aparente pérdida del referente, lo que predomina, como el título de la muestra, son los colores en su magnitud. Sus fotografías pueden interpretarse como piezas genéricas, una suerte de metonimia, donde la parte remite al todo, privilegiando el juego del color, de las tonalidades y de la luz en el plano compositivo. Sus obras nos revelan, además, otro aspecto no menos importante. La representación de plantas y flores ha sido un recurso iconográfico en la historia del arte. Lirios virginales, rosas para la pasión, laureles para la gloria imperecedera. Ellas también nos recuerdan, a través de sus diferentes estados, las estancias de la vida. Y es en este último sentido que las flores de Cristina nos interpelan como espectadores. El gozo por la vida, la armonía con el entorno, son las impresiones que nos llevamos al contemplar sus fotografías, recordándonos que todos formamos parte de la misma materia. Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

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Serie “Verdes y Rojos” - 220 x 220 cm

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Enrique Policastro. 1898-1971. Antológica. Si bien la producción plástica de Enrique Policastro puede ser dividida en diferentes etapas hay en ella una constante temática que se transforma prácticamente en un topos dentro de su actividad, el paisaje. Él mismo fue adquiriendo plasmaciones diversas a lo largo de la trayectoria del pintor. Policastro siempre trabaja a partir de una relación dialéctica entre figura y fondo. Ambos se pertenecen e interactúan mutuamente. Al comienzo de su carrera las figuras se separan del fondo por medio de grandes primeros planos completando así su identidad a través del espacio que las contiene. Con el transcurso del tiempo estos dos recursos plásticos se van a ir fundiendo uno en el otro. En sus primeras obras la composición es organizada en verticales y horizontales, generando de esta forma una sensación de estatismo. Se caracterizan además, por un dibujo sintético y una paleta baja donde predominan los tierras, ocres y grises junto a la materia rugosa. Durante el período de entreguerras, en la década del 40, lo angustiante aparece como tema y provoca en el artista un sentido de compasión que se ve reflejado en una paleta baja. Pero es en la etapa de los paisajes y tipos urbanos del Bajo Flores donde el retrato de la miseria y la injusticia se hace evidente en su obra. Al jubilarse puede realizar unos de sus más ansiados anhelos, viajar por el país. Es allí donde va descubriendo lo que su amigo y compañero de viajes, el pintor Alberto Bruzzone, definió como el paisaje “esencial”. De sur a norte, su pintura registra lugares, costumbres y personas. La identificación con el motivo es total. A partir de la década del 50 su pintura se ilumina por una luz clara, casi de carácter metafísico, que invade la totalidad de la tela. Los colores son más variados y saturados jugando con cálidos y fríos y la composición es estructurada por medio de la materia densa y sólida. Finalmente, durante los años 60, sus figuras sufren un proceso de esquematización. Policastro fue pintor y además un hombre comprometido con su tiempo. Sus pinturas se interpretan no sólo desde el punto de vista plástico. Sus aportes para la creación de un arte nacional son imprescindibles al momento de hablar de su obra. En los últimos años la historia del arte argentino ha destacado estos aportes. La temprana monografía de Carmen Blazer señala el carácter americanista de su obra a través de los conceptos de Enrique Gené. Para el crítico el artista fue una figura clave en la plástica argentina y posiblemente el más americano de nuestros pintores. Otra cuestión que tiene en cuenta Blazer es la práctica de un nuevo realismo social por parte de Policastro junto a otros compañeros de ruta como Antonio Berni, Lino Spilimbergo, Juan C. Castagnino, Demetrio Urruchúa y Raquel Foner. Ese nuevo realismo social se caracterizaba, según la autora, por un dibujo objetivo que acentuaba su objetivo: la denuncia social. Un empleo dramático del color y temas tristes o dolorosos de la realidad a fin de lograr su comprensión. La cuestión del realismo en la pintura de Policastro también se hace presente en el ensayo escrito por Alberto Giudici a raíz de la muestra retrospectiva llevada a cabo en 2008 en la Fundación Alón. Allí el crítico señala que, más que una preocupación formal acerca de los debates sobre el realismo que se dieron en el país durante el período de la modernidad artística, la actitud de Policastró significó, al igual que en los casos de Ramón Gómez Cornet y de Juan Carlos Castagnino, un consustanciarse con la realidad de los humildes. El ensayo de Giudici destaca otro aspecto no menos importante en la pintura de Policastro, la naturalización de la violencia. Esa es la verdadera raíz del arte de Policastro. Más profunda que la injusticia social, la pobreza o la tristeza, subyace la violencia que involucra, según el autor, no sólo a la temática planteada sino también a nosotros como espectadores. La crítica de arte Elba Pérez, en su artículo “Viaje a interior de la pintura”, publicado en el periódico La Nación, realiza el análisis de la muestra realizada en la Fundación Alón. Ella también señala a la producción de Policastro como imprescindible para el conocimiento de las poéticas de neto acento y cuño argentino. Para la autora, en el viaje al interior de la tierra, el artista potenció sus recursos representativos. Este aspecto ya había sido destacado también por Raúl Lozza en la muestra homenaje de la SAAP, realizada en 1972. Para Lozza la técnica del maestro fue tomada por la generación de jóvenes pintores que la hizo suya logrando conmocionar en su momento el ambiente artístico local. Motivo y materia constituyen la esencia de pintura de Policastro. Su figura, única y personalísima, orienta la búsqueda hacia una pintura nacional, un poder mirarnos hacia dentro. La reflexión colocada en un objeto, en una persona, o en un elemento del paisaje, implica una vuelta a las fuentes que nos permita acceder al verdadero conocimiento de nuestra identidad. Sin discurso social o político explícito la pintura de Enrique Policastro denunció a través de sí misma. Lic. Silvia Marrube. Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori.

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Casa de campo - 贸leo sobre tela - 91 X 120 cm

Paisaje con bote - 贸leo sobre tela - 42-x-54-cm

Suburbio - 贸leo sobre tela - 37 X 45,5 cm

El-linyera.- 贸leo sobre tela - c-1945

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Franco Lippi. Nuevas Revelaciones La relación entre Franco Lippi y la pintura es de larga data. Comenzó en la adolescencia del artista y permaneció en él como una latencia. Afortunadamente, se convirtió en una decisión vital que adoptó hace ya algunos años. Su formación plástica la fue realizando en diferentes talleres y siempre estuvo orientada hacia una manera esencial de concebir a la pintura que la ha sostenido a través de su recorrido artístico. Concurrió a los talleres de Susana Monje, Enrique Aguirrezabala, Raúl Ponce y Jesús Marcos y participó además, en el taller de análisis de obra dirigido por Luis Felipe Noé. La pintura es originariamente para Franco Lippi materia. Materia que se manifiesta por medio de diferentes recursos: elementos, soportes, ritmos y colores. Todos ellos se conjuran para crear una obra viva, palpitante y en constante cambio. Si bien, ante una primera mirada, sus composiciones podrían relacionarse con el expresionismo abstracto, ellas van más allá de la adherencia o conformidad a un estilo pictórico. Y allí, reside el misterio originario de su producción artística. La cuestión de los materiales es crucial en Lippi. De ella surgen también las diferentes etapas por las que se desarrolla su obra, debido a su permanente necesidad de experimentación y cambio. La materia es colocada sobre el soporte por medio de un potente gesto energético. Allí también reside su fuerza. De materiales no tradicionales como el aserrín y la cola junto al acrílico y el ligante, surgen pequeñas o grandes composiciones. El tamaño no importa al momento de traspasar la fuerza creadora a la tela. En muchas ocasiones ellas adquieren relieve, desestabilizando la noción de bidimensioalidad. Lippi también hace un uso clásico del color. Sus pinturas van desde el juego contrastante y ambiguo entre blancos y negros, donde ya no se puede discernir entre figura y fondo. Ambos interactúan en una relación en permanente cambio. Su paleta se completa con rojos, amarillos y azules, en plenos grados de saturación. Para obtener las diferentes gamas el artista recurre no sólo al tradicional acrílico, también el uso de pintura sintética y tintas, otorgan nuevas calidades a sus composiciones. Aparentemente abstractas, sus obras nos abren en forma paradojal, a otra dimensión, la del paisaje. En un camino de dos sentidos, interno y externo, Lippi nos REvela otras realidades más profundas. REvelaciones, es un homenaje a su padre. En su taller, Franco tuvo sus primeros contactos con el arte y con aquello que no puede ponerse en palabras, porque las trasciende. En sus pinturas, como en la existencia, el paisaje interior coincide con el paisaje exterior. Como sostiene Indiana Gnocchini, “para el budismo, las revelaciones, reafirman una serie de actos de autocomprensión del propio sujeto, experiencias de iluminación por las que a una persona se le desvela una realidad abarcante e incodicionada”.4 Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori

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Indiana Gnocchini, REvelaciones, Tandil, Museo de Bellas Artes de Tandil, junio-julio 2011. 12


Tiger wood - técnica mixta - 195 X 195 cm 2010

Historieta - técnica mixta - 185 X 185 cm. 2010

La blonde - técnica mixta- 200 X140 cm 2010

KAÖS - técnica mixta s lija - 105 X 95 cm. - 2010

El Beso - técnica mixta - 191 X 192 cm 2010

I.N.R.I - técnica mixta -185 X 185 cm 2010

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Grupo Nexo. Seis interpretaciones del Espacio. El grupo Nexo se ha constituido a través de los elementos que sus integrantes comparten entre sí. Ellos son un mismo concepto de forma, de interpretación del espacio y la necesidad vital de comunicar una sensibilidad especial por medio de las formas escultóricas. Para acercarnos a estas obras es necesario recordar las nuevas características que adquiere la escultura a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando comienza a abandonar su tradicional relación con la tridimensionalidad y con los procedimientos clásicos como el vaciado en metal y la talla en madera y piedra. Ya las producciones móviles de Alexander Calder y las esculturas en metal soldado de Julio González abrieron el camino hacia otras realizaciones. El ensamblado de formas de madera prefabricada, la tendencia a una escultura de apariencia ingrávida, el gusto por el metal, la concepción caligráfica de las obras, junto a la policromía de las mismas y la ausencia de bases son algunas de las características que emergen en las nuevas producciones. La línea, ya no es propiedad exclusiva del dibujo, sino que se convierte en un elemento escultórico más. Así, el espacio resultante entre las líneas que componen las obras resulta de importancia vital. Esa “oquedad”, se convierte en una forma área, un vacío que es parte esencial de la escultura misma. La ausencia de bases es otra de las innovaciones aportadas, una escultura sin pedestal, donde es de importancia fundamental la forma en que las piezas se posicionan en el espacio. El suelo o la pared van a constituir entonces su nuevo “soporte”. Las producciones de los artistas del grupo Nexo abrevan tanto en las técnicas y materiales tradicionales como en los nuevos aportes de la escultura contemporánea. Cada uno de ellos propone diferentes concepciones, miradas individuales sobre el proceso escultórico pero todos ellos comparten una concepción abstracta de esta disciplina artística. Cristina Velo emplea materiales y técnicas tradicionales. La fundición en bronce y la talla en madera caracterizan su producción. En cuanto a la madera selecciona las más aromáticas y destacando la cualidad privativa del tronco. Parte de “ideas germinales”, que las relaciona con las maderas que encuentra. La idea es entonces, respetar la veta natural que guía al proceso compositivo. Otras veces trabaja con la idea de ensamble, pero sin respetar el carácter totémico del tronco. Todo lo contrario, sus obras se nos presentan como formas orgánicas, en continuo proceso de conformación. Esta condición les otorga un gran dinamismo. Constantina Iconomopulos utiliza mármoles y granitos para sus piezas. Una materia dura, difícil de abordar y que se opone al trabajo de la escultura. Sus composiciones aluden al bloque originario. Ellas en general presentan un perfecto acabado pero en otras ocasiones puede observarse la textura originaria del material. Su temática en la actualidad se caracteriza por una mirada autorreferencial y gira alrededor del universo femenino, siendo sus “capullos” y “mutantes” metáforas de la condición matricial de la mujer: la que genera vida y la conserva. Claudia Cerminaro ha seleccionado para esta ocasión esculturas modeladas en PVC y coloreadas con pinturas sintéticas para automóviles. La técnica empleada es el ensamblado de las diferentes partes que se estructuran de acuerdo a diferentes ejes compositivos. El elemento plástico destacado es la línea que se expande en el espacio. El trazo continuo o el entramado de las diferentes líneas, son los únicos elementos que Cerminaro emplea en sus composiciones. De allí la concepción cuasi laberíntica de las mismas, que llaman un recorrido visual por parte del espectador. La escultora presenta, además, en esta exposición dos trabajos definidos por ella misma como kinésicos, es decir que necesitan del aire como un elemento plástico más para su conformación. En sus composiciones, Arturo Álvarez Lomba juega con lo sensible y lo constructivo. La elección del material es circunstancial, ya que éste terminará ofreciéndole al autor todo lo que requiera de él. Así, utiliza tanto la piedra, como la madera y el hierro, incluso los tres materiales pueden encontrarse en una misma obra. En sus composiciones privilegia el carácter totémico. Las mismas se yerguen en una verticalidad acentuada, que parecen retar la ley de gravedad y en ellas aparecen detalles de texturas e incisiones que destacan el carácter expresivo de la materia. En esta ocasión se destaca Roda, una pieza donde predomina el movimiento de rotación. Roda, es rueda en gallego, en ella el artista apela a su memoria afectiva, recuperando los recuerdos de su primera niñez en España. La originalidad del material utilizado por Alfredo Williams le otorga una calidad distintiva a sus esculturas. Éstas están realizadas en materiales industriales actuales como el multilaminado fenólico, aluminio en placas, caños y también placas de mármol. En el multilaminado, la veta de la madera se 14


presenta en un sentido diferente, no vertical sino horizontal, originando un nuevo dinamismo. En general apela a formas cónicas sin la presencia de bordes angulosos. En estas obras se destacan la combinación de los diversos materiales y texturas. Estos elementos les ofrecen un brillo luminoso a las piezas y una especial cualidad táctil, que las dotan de una gran originalidad. Armando Ramaglia trabaja con técnicas mixtas. Los materiales empleados son en general, vidrio, hierro y metal plexiglás. La escultura en vidrio es una característica destacada en su producción, ya que no es una técnica de uso habitual. Este material origina en sus composiciones una idea de ingravidez, ya que parecen flotar en el aire. Desde el año 2006 forma parte del Grupo Madi Internacional, por lo tanto es el autor que dentro del grupo, presenta las composiciones más geométricas. En esta exposición presenta obras realizadas en MDF y FLOAT. Ellas se definen por la interpenetración de los diferentes planos en el espacio. El empleo de diversos materiales acentúa los contrastes de peso, textura y color que definen a su producción plástica. Nexo, es definido como unión. Esta asociación nació en las múltiples presentaciones a los diferentes certámenes artísticos de manera ¿casual o causal? La respuesta poco importa. Lo que si importa son los resultados que se corporizan en las esculturas que hoy se presentan en el Museo “Eduardo Sívori”. Ellas son una reflexión actual y profunda sobre la eterna relación entre materia, forma y el espacio que las contiene. Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”

Claudia Cerminaro – Trenzado modelado en PVC 300 X 50 X 10 cm

Alfredo Williams – Sin título ensamble- talla 100 X 30 X 20 cm

Constantina Iconopulos Material substancial talla directa ensamble 180 X 60 X 40 cm

Arturo Alvarez Lomba - Archaero granito negro zulú 115 X 36 X 17 cm

Cristina Velo – Cadena Talla / ensamble en madera 176 X 71 X 74

Armando Ramaglia Movimiento en el espacio IV técnica mixta 3 X 3 X 2.50 cm

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Ileana Cerato. Luz Ileana Cerato es una joven artista nacida en la ciudad de Bahía Blanca. Su formación artística comienza en el año 1993 cuando asiste al taller de Julio Alessandroni. En la actualidad sigue investigando y trabajando de manera autodidáctica. En el año 2002 realiza su primera exposición individual en la Sede de la Universidad Nacional de Sur, en Bahía Blanca. Su primera muestra en la ciudad de Buenos Aires fue en el año 2005 y tuvo lugar en el Centro Cultural Borges y en las Galerías Pacífico y en 2008 exhibe sus obras en el Museo de Bellas Artes “Benito Quinquela Martín” y en el Hotel Claridge. Ileana Cerato presenta en las salas del Museo “Eduardo Sívori” su producción más reciente. Ella consiste en un conjunto de obras concebidas durante el año 2009. Las mismas están realizadas en una técnica tradicional y dentro de los límites de la pintura figurativa. Las filiaciones de Cerato son claras, la pintura de tendencia surrealista, de amplio desarrollo dentro de la plástica argentina. Estas asociaciones se hacen evidentes a través del tratamiento que Cerato les otorga a sus figuras. Ellas se presentan como figuras paradigmáticas y aluden a su significación a través de los atributos que las acompañan. Sus pinturas además, muestran una calidad técnica especial que se ve reflejada en la manera en que son tratadas cada una de las partes que conforman la composición. Luz, no sólo es el título de la presente muestra de Cerato, es también el elemento plástico privilegiado de estas obras que incita a la interpretación de las mismas. Cerato ilumina así aspectos o conceptos de nuestra realidad más actual. Luz, es fundamentalmente una reflexión sobre la praxis pictórica. La relación realidad-apariencia, el cuadro dentro del cuadro, problemáticas estas siempre presentes en la investigación de los artistas y que surge nuevamente, renovada en la producción de Cerato. Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

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Escencia – óleo sobre tela 80 X 100 cm

Madre del Portal – óleo sobre tela

Victoria de la luz óleo en tela – 170 X 130 cm

Hombre nuevo – óleo sobre tela 150 X 110 cm

Ante lo sublime – óleo sobre tela 100 X 120 cm

El espíritu y la materia óleo sobre tela – 130 X 90

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Inés Vega. Dibujos 1997-2010 La producción plástica de Inés Vega se caracteriza por una sólida coherencia. Técnicas y temáticas que se desarrollan conjuntamente en el tiempo y dan como resultado una obra potente. El inicio lo constituye la propia imaginación de Inés, que no tiene fin. La imagen surge de un juego entre lo visto, lo recordado y la propia elaboración. En principio es un germen, una idea o una sensación. De allí provienen las más diversas combinaciones y elaboraciones. Bucea como sus personajes en viejas fotografías y en los fotogramas de nuestro cine de oro en procura de una mirada, una luz o un sutil claroscuro que luego traslada al papel o la tela. Las obras de Inés Vega poseen una impecable calidad técnica. El la base siempre está el dibujo que luego es trasladado a otras dimensiones y soportes. Esa especial forma de componer es la que otorga unidad a su producción. Personajes, ambientaciones y situaciones van desde la bidimensionalidad del dibujo a la tridimensionalidad de sus “esculturas blandas” o sus cajas escenográficas. Y también en sus particulares esculturas la autora se sumerge no sólo en el mundo de su imaginación. De alguna forma recupera una labor doméstica y hogareña que la relaciona con una perspectiva de género. Figura y fondo son fundamentales en sus obras y son elaboradas a través de técnicas clásicas dentro de la renovación de las tendencias figurativas que tuvieron lugar en el último tercio del siglo XX. Ambas, además, se necesitan por igual e interactúan narrando una escena que sucede en un no-lugar y en un notiempo, sino en el espacio del deseo. Y es aquí donde se hace evidente el rasgo esencial del “hacer” de Inés Vega: el amor. Amor por su profesión y amor inconmensurable para esos seres frágiles que habitan sus composiciones. Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

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Reina americana – Grafito sobre papel – 130 X 90 cm - 1999

La noche- Grafito sobre papel 120 X 100 cm -2007

Amanecer II -Dibujo sobre tela 150 X 150- 2008

El cielo - Grafito sobre papel -120 X 1002007

El antifaz - Dibujo sobre tela- 120 X 140- 2009

La luna - Dibujo sobre tela- 150 X 1402008

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Jorge Ortigueira. Retroceder para tomar impulso. Jorge Ortigueira ha desarrollado una obra sólida y coherente, que se manifiesta a través de una técnica pictórica depurada y personal, y de una misma temática que recorre a toda su producción. El artista parte de un recurso tradicional dentro de la historia del arte, la figura humana. Ella se constituye en el centro de representación y en el eje de una aguda reflexión sobre la historia nacional y el particular modo de ser argentino. En la pintura de Ortigueira los personajes de sus cuadros devienen centrales y no sólo porque ocupan el centro compositivo sino porque desde allí nos cuentan una historia. A través del desarrollo del arte occidental la figura ocupó un lugar preponderante. A través de ella se fueron desarrollando diversas formas de representación. Desde su inicio quedó asociada a este carácter de similitud con lo real y con el tiempo su concepción práctica fue transitando por diferentes etapas. Sintética y pragmática en los orígenes de su plasmación, fuertemente simbólica en su servicio a la religión o al poder político, sensual y voluptuosa, lacerada y fragmentada. Ella fue alterando el canon clásico de equilibrio y orden, hacia otro donde primaban el desequilibrio y otro orden, de naturaleza caógena que daba cuenta de un mundo inestable y cambiante. En el arte contemporáneo la figura humana devela la manipulación a la que es sometida, transformándose entonces, en una privilegiada fuente visual del mundo que la contiene. Como toda imagen, es una construcción cultural, social y simbólica, y desde esta perspectiva la figura va a identificar problemas y cuestionar la realidad social. Desde aquí también, operan los personajes de Ortigueira. Retroceder para tomar impulso no es únicamente una retrospectiva sobre la producción del pintor. El concepto que guía esta exposición se asienta sobre una reflexión acerca de los males que nos aquejan, para poder desde allí, encontrar una solución reparadora. El recorrido por la producción de Ortigueira se inicia en los años ochenta, donde ya se puede observar el carácter satírico y caricaturesco elegido por el artista, como modo de vehiculizar una idea. La elección de una paleta, donde siempre se hallan presentes el azul y el blanco, y a veces el gris mediocre, deja en claro el propósito del pintor. La historia del país y nuestra peculiar idiosincrasia se corporizan en sus frágiles criaturas. Los períodos de crisis, económicas e institucionales, una humanidad en venta y con sus valores trastocados, el tropezar siempre con la misma piedra y los “dobles discursos” se hacen presentes en sus composiciones. ¿El “fin de la historia” en la “era del vacío”? Ortigueira nos presenta esta época, definida por Gilles Lipovetsky, como apática, indiferente y donde el principio de seducción sustituye al principio de convicción. Todo ello teñido con una actitud humorística. Así, la naturaleza de nuestro tiempo quedó registrada por Ortigueira, a través de un estilo pictórico ágil y dinámico, que ha ido despojándose de lo superfluo, para atender a lo esencial. Sin embargo su visión no es pesimista, sino crítica. Es por ello que el núcleo temático que cierra la exposición gira en torno al concepto de esperanza. A modo de un gran mural, Ortigueria cuenta su historia y condensa sus símbolos. Su humanidad trajeteada transita por su paisaje favorito, la playa. Allí, como en la escenografía de un teatro, reconocemos personajes y actitudes a los cuales el pintor nos tiene habituados. En el último de los cuadros aparece un niño, tema que viene desarrollando actualmente, y que sostiene un salvavidas. La escena se proyecta hacia un horizonte abierto y amplio, donde se representa el ocaso del día. Pero siempre que anocheció volvió a amanecer. Esa es la ley de la naturaleza.

Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

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¡Pajarito! – acrílico sobre tela – 180 X 200 – 2010

Crusifixión – acrílico sobre tela 150 X 140 cm - 1990

Viva la pátria – acrílico sobre tela – 140 X 170 cm - 1984

Manuel Belgrano, Belgrano y Velgrano acrílico sobre tela – 150 X 200 cm – 2010

Retrato fin de siglo I - acrílico sobre tela 180 X 120 – 2000

Nacional y popular – acrílico sobre tela 200 X 150 cm - 2005

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Mar Solís y Natalia Abot. Encuentros en el espacio. “[…] cada obra puede ser tan fuerte como decida el pensamiento de su creador. El verdadero espacio es intrínsecamente más fuerte y más especifico que la pintura sobre una superficie plana.” Donald Judd. Mar Solís y Natalia Abot, dos jóvenes artistas, presentan en el museo “Eduardo Sívori” un conjunto de esculturas en la muestra Encuentros en el espacio. El título escogido para la presente exhibición nos induce a múltiples interpretaciones posibles. La primera hace referencia al encuentro entre dos países, España y Argentina. Ambas escultoras se conocieron compartiendo el taller de escultura impartido por Martín Chirino en Gijón, Asturias. Pero Encuentros en el espacio significa, fundamentalmente, concebir de forma similar la praxis escultórica, y también, el propio concepto de escultura. Las dos autoras adhieren a ese camino recorrido por la escultura contemporánea, en especial la española, a través de las figuras de Julio González, Eduardo Chillida y Martín Chirino. A partir de 1960 la escultura comienza a abandonar su tradicional relación con la tridimensionalidad y con los procedimientos clásicos como el vaciado en metal y la talla en madera y piedra. Ya las producciones móviles de Alexander Calder y las esculturas en metal soldado de Julio González abrieron el camino hacia otras realizaciones. El ensamblado de formas de madera prefabricada, la tendencia a una escultura de apariencia ingrávida, el gusto por el metal, la concepción caligráfica de las obras, junto a la policromía de las mismas y la ausencia de bases fueron algunas de las características que emergían en las nuevas producciones. Solís y Abot conciben sus piezas como dibujos en el espacio, una suerte de caligrafía espacial cuyos antecedentes podemos ubicarlos en las producciones de los ya citados Julio González y Martín Chirino. La línea, ya no es propiedad exclusiva del dibujo, sino que se convierte en un elemento escultórico. Para las dos autoras el espacio resultante entre las líneas que componen las obras resulta de importancia vital. Esa “oquedad”, se convierte en una forma área, un vacío que es parte esencial de la escultura misma. Otro elemento a considerar son las sombras resultantes de la proyección de la luz. Ellas componen otras formas, ricas y diversas en sus diferentes constituciones y que resultan esenciales para la aprehensión completa de las piezas. Sus esculturas comparten también la ausencia de bases, una escultura sin pedestal, por lo tanto es de importancia fundamental la forma en que se posicionan en el espacio. El suelo o la pared van a constituir su nuevo “soporte”. Esta característica contribuye a afianzar el criterio de ingravidez que presentan ambas producciones. Las obras de Mar Solís están realizadas en madera de danta encolada y se posicionan en el espacio a través de un delicado equilibrio ya que las bases de las mismas son más ligeras que el resto de la estructura. La idea es lograr un mínimo de apoyo para obtener un efecto de pieza que levite. Natalia Abot trabaja a través de las relaciones que se establecen entre diferentes elementos que tienen calidad plástica, y desde esa cualidad se unen a otros para armar un espacio, logrando así las diferentes piezas escultóricas. Éstas están realizadas en hierro patinado y multilaminado policromado. Su preocupación también es despegarse de la base para lograr un espacio transitable, en otras ocasiones emplea la pared como soporte. Las líneas que componen sus obras conforman un espacio circular, una especie de fuerza centrífuga, obteniendo otra clase de “oquedad”, una suerte de acción escultórica para ser penetrada por el espectador. Encuentros en el espacio implica además, una forma compartida de interpretar la escultura a partir del concepto de “obra pública”, al cual suscriben ambas artistas. La obra funciona como un hito, un signo, que identifica un espacio, una ciudad, un traspasar fronteras más allá de un concepto identitario. Algunas de las piezas que conforman esta exposición fueron traspasadas a otras dimensiones para ser emplazadas en el espacio público. De esta manera, Solís y Abot recuperan la idea de una obra que pertenece al ciudadano, porque participa de ella, la elige, la atraviesa y le permite mirar a su entorno desde una perspectiva distinta. Las esculturas se convierten entonces en un lugar de encuentro y consenso, en definitiva en un espacio democrático. Lic. Silvia Marrube. Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”

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Mar Solis -Raíces I – madera 50 X 15 X 15 cm

Mar Solis -Raíces I – madera 47 X 17 X 10 cm

Mar Solis - Raíces IV – madera 40 X 10 X 10 cm

Natalia Abot - pequeño saltarín – hierro 73 X 58 X 78 cm - 2008-2009

Natalia Abot - Hokusai, sobre el movimiento hierro y madera - 51 X 43 X 40 cm – 2007

Natalia Abot - sobre el muro baila el dibujo - hierro patinado 70 X 140 X 45 cm - 2009

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Leo Vinci. Pensamiento e imagen. “Todo lo que yo hago no es para decorar ambientes. Son esculturas jodidas, plantean cosas”. Leo Vinci.

Pensamiento e imagen son los dos conceptos fundantes de la producción escultórica de Leo Vinci. Ellos se imbrican y emergen de cada una de las piezas artísticas a través de las diversas resoluciones formales y estilísticas que las mismas adoptan. Desde el inicio de su actividad plástica Vinci manifestó un interés especial por la cuestión de la “imagen propia”. De allí su participación junto a Aníbal Carreño, Carlos Cañás, Ezequiel Linares, René Morón y Mario Loza en el “Grupo Sur”, colectivo artístico que buscó darle una nueva estética al arte argentino del período. Si bien no existía una propuesta artística determinada que los aglutinara, si en cambio coincidían en el objetivo de despegarse de la tendencia clásica y buscar otras formas de expresión. Sus realizaciones se inscriben dentro de las características que adopta la escultura después de los años cincuenta, en especial el abandono de la disposición hacia lo mimético y del referente, destacando así, el aspecto creativo por sobre la adopción de modelos previos. Las obras de Vinci son una muestra elocuente de las diferentes técnicas y materiales que propone la escultura como disciplina artística. Piedras, bronces, chapa batida, mármol, cemento directo, madera y acrílico adquieren, por medio de su trabajo, una idiosincrasia propia. Se presentan con una contundencia física a través de grandes masas en las cuales prevalece idea del bloque original. Éste, sin embargo, resulta perforado por el espacio interno de la obra, recurso formal que le permite al artista destacar el núcleo significante de sus composiciones. Desde esta perspectiva es que Vinci concibe a la escultura como un lenguaje desprendido de ciertos esquemas formales para lograr que el contenido arme la forma, aunque no respete abstractos cánones conceptuales. El cuerpo humano es la temática privilegiada en las esculturas de Leo Vinci. Éste es sometido a las diferentes concepciones que ha transitado a través del arte contemporáneo, en especial la fragmentación y la laceración. Esta modalidad actúa como un indicador de una realidad externa violenta que opera sobre la figura. Este proceso se advierte en sus composiciones que transitan desde los torsos inspirados en modelos clásicos, hasta aquellas que remiten a la fragilidad de la vida por medio de la inestabilidad que exhiben. Las cuestiones sobre la propia identidad, el problema del “otro”, la alienación de la vida actual, el anhelo de libertad, son los interrogantes sobre los cuales el escultor invita a reflexionar y sobre las que él mismo se pregunta, como sucede en Ofrenda (1981). Cita miguelangelésca que implica un agudo análisis sobre la propia existencia y la práctica artística en los tiempos del horror de la historia argentina. Las obras de Vinci no pueden separarse de su contexto de producción, son producto de un sentir y de un pensar, y también de su momento histórico. En este sentido actúan como un testimonio del presente. Se constituyen en esos “instantes de verdad”, como las llama Georges Didi-Huberman, donde el creador asume, como declara Vinci, su tiempo y su realidad para incorporarla a un proceso de historia cultural. Lic. Silvia Marrube Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

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Seccionado – bronce batido 68 X 78 x 50 cm - 1980

Cuál es mi horizonte – epoxi directo 92 X 48 X 68 cm - 1995

Fuera del esquema – chapa de hierro batida 2.85 X 2 X 0.25 cm – 1976

Espera – madera – 1.85 X 40 X 42 cm 2005

Apuntalemos al hombre – acrílico – 130 X 0,90 cm -2010

De lo que se derrite – acrílico – 130 X 0.90 – 2010

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Norberto Onofrio. Los protectores y otras yerbas Las imágenes de Norberto Onofrio no son inocentes. Ellas están cargadas de profundos significados que se revelan por medio de una praxis artística contundente. Sus obras, en esta ocasión dibujos, grabados y estarcidos, dan cuenta de un trabajo artesanal donde tesis y antítesis se resuelven en sugerentes síntesis compositivas. A través de una sorprendente economía de medios Onofrio reflexiona acerca de una cuestión central de la modernidad, el mal, que según Tzvetan Todorov5 no es solamente extremo, sino particularmente reacio a la explicación. Esta cuestión no es menor al momento de optar por las diversas formas de representación que tal temática requiere. Durante la década del setenta los artistas argentinos escogieron, dentro de tendencias figurativas vigentes, diferentes resoluciones para evidenciar el clima de violencia y los sucesos traumáticos que se vivían. Para el filósofo Andreas Huyssen la problemática de la representación de estos acontecimientos se resuelve en la comparación de discursos diferentes.6 La posibilidad de eludir la censura también fue otra de las dificultades que el arte de la época debió sortear. Por medio de un lenguaje metafórico, que llama a la comparación y a la reflexión, Onofrio compuso la serie de estarcidos exhibidos en la presente exposición. Éstos fueron realizados a fines de los años setenta. Su lectura por parte del espectador no es sencilla y en esta supuesta dificultad se encuentra su clave interpretativa, ya que se trata de una doble operación simultánea: mostrar y ocultar. En este sentido la técnica utilizada es la apropiada para tal fin. En estos trabajos no hay camino intermedio entre el blanco supremo y la densidad y el vacío del negro. Quizás, porque también son extremas las narraciones que presentan. Habitan en ellas los personajes más insólitos que por medio de carnaciones zoomórficas dan cuenta de una nueva clase de individuos, mecánicos, extraños entrecruzamientos entre humanos y animales y fundamentalmente anónimos. Retratos que colocan en primer plano las “pezuñas” de ese poder secreto que operaba en aquellas épocas. Simbiosis mecánicas que denotan además una humanidad sometida al imperio de la sinrazón. Así Onofrio emplea la metáfora del animal, recurso utilizado por otros artistas latinoamericanos, la cual le permite cierto distanciamiento para hablar de las sociedades contemporáneas gobernadas por la despersonalización y el sometimiento. Como sostiene Osvaldo Jalil, “de esto trata el grabado históricamente, ser un relato de los hechos que vivimos diariamente”.7 Los protectores es una serie de xilografías compuestas por Onofrio en 2007. Por medio de las posibilidades del tipo de representación massmediática, el autor relata a manera de historieta y con un lenguaje sintético y no exento de ironía, el operar de los grupos mafiosos. En este conjunto de grabados Onofrio exhibe esta clase de personajes simbólicos y arquetípicos para quienes la sumisión y la exigencia van de la mano. De esta manera ambos conjuntos reflexionan sobre el lado siniestro del hombre. Aquel aspecto que intranquiliza de las visiones y situaciones cotidianas. Curiosamente las iniciales del grabador son NO y no es casualidad ya que se autodefine como un “contestatario permanente”. A través de ese NO, Onofrio se ha posicionado frente a las situaciones de injusticia y logró plasmar un arte de hondo contenido moral que elabora las principales cuestiones éticas frente a las cuales se haya expuesto el hombre. Su intensa y fecunda labor artística es una afirmación de valores que testimonia acerca del compromiso moral y político que asume el artista y que revela su esencia escondida: los inalienables derechos humanos. Lic. Silvia Marrube

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Tzvetan Todorov, Frente al límite, México, Siglo XXI Editores, p. 129. Andreas Huyssen, “Holocausto: Imagen, Cómic, Monumento”, en En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de la globalización, México, Instituto Goethe-Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 127. 7 Osvaldo Jalil, s/t, en “Los protectores. Xilografías de Norberto Onofrio”, Buenos Aires, Ediciones El Zaguán, diciembre de 2010, s/p. 26 6


Serie “Los protectores”. 2000 Xilografías, 29.5 x 29.5 cm

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Miembros del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori Dirección Arq. María Isabel de Larrañaga Departamento de Conservación, Restauración y Reserva Técnica Museólogo Carlos Melo Idea y Coordinación General de Proyecto Mgter. Silvia Marrube Investigación y Archivo de Arte Argentino Lorena Oporto Lic. Laura González Lic. Ivana Sicolo

Agradecemos la colaboración de Marcela Diorio y Marcelo Fornes Área Biblioteca

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Museo de Artes PlĂĄstica Eduardo SĂ­vori Av. Infanta Isabel 555 (frente al Rosedal) Ciudad de Buenos Aires 4774-9452/ 4778-3899 investigacion@museosivori.org www.museosivori.buenosaires.gob.ar

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Anuario 2011  

Anuario 2011  

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