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El deterioro o la desaparición de los negativos y la muy común inexistencia de duplicados puede hacer necesario que la restauración arranque desde una o varias copias de proyección. Si los negativos no contienen toda la información sobre cómo tienen que ser las reproducciones de acceso, las copias de proyección, que, naturalmente, sí tienen la mayor parte de esa información, no son materiales adecuados para su uso como original para la reproducción. Cuando para restaurar una película es necesario utilizar una copia de proyección, aunque sea una buena copia y se conserve en muy buen estado, es muy posible que los valores de contraste característicos de las copias (entre cuatro y cinco veces más altos que los de un duplicado positivo) impidan la obtención de resultados satisfactorios. Pero, además, las copias recuperadas y disponibles para una restauración pueden ser copias que no reúnen todas las características, incluso que pudieron haber sido rechazas, en su día, por su baja calidad o que pueden pertenecer a distintas versiones cuya existencia ignoremos o no sepamos identificar. Cuando existen distintas versiones de una misma obra. Por simplificaciones comerciales y arrastrando impropiamente criterios derivados de otras disciplinas culturales, hablar de versiones parece una referencia exclusiva a las preparadas para difundir la película en diferentes áreas lingüísticas; es posible que ésta sea la idea más errónea de todas las que se manejan en cinematografía. En toda la historia del cine, por muy diferentes motivos técnicos y económicos, siempre ha existido un alto porcentaje de obras producidas y exhibidas en más de una versión. Películas filmadas sobre dos, tres o más negativos, incluso con grandes diferencias entre ellos; películas exhibidas en varios montajes con diferentes contenidos y continuidad; películas remontadas y “terminadas” en varias ocasiones, con y sin censura, en color y en blanco y negro, mudas y sonoras, en diferentes formatos, sistemas y calidades técnicas, etc., y por supuesto, también dobladas y subtituladas. Pensar en cómo y por qué se produce esta variedad de versiones es relativamente sencillo, hay motivos técnicos y económicos claros, que se pueden no conocer pero que, una vez conocidos, se explican por sí solos; lo que llama la atención es el empeño con que se niegan o ignoran estas diferencias. Numerosas “restauraciones” se realizan, por ejemplo, seleccionando los materiales más completos o “más bonitos”, sin considerar que procedan de reproducciones circuladas en diferentes países o en distintos momentos históricos. Y en muchos casos, estas sedicentes “restauraciones” que recuperan elementos que nunca estuvieron en la obra o reúnen lo que siempre estuvo separado se realizan al amparo de prestigiosas instituciones culturales. Es altamente probable que el empecinamiento en ignorar lo evidente se relacione con esa falta de respeto hacia el original que se señalaba al inicio. Reconocer que una obra cinematográfica puede haber sido hecha para ser vista de diferente manera en diferentes sitios significa admitir una ruptura en la unicidad de cada obra, admitir un modelo de unidad distinto del canonizado y, naturalmente, esto provoca una manifiesta incomodidad en el pensamiento establecido.

REPRODUCIR LAS CARACTERÍSTICAS ORIGINALES Cuando se plantea una restauración, y suponiendo que ya conociéramos la relación existente entre los materiales recuperados y las características originales de la obra, aún subsistiría otro problema fundamental. Técnica y económicamente, la cinematografía y el medio audiovisual viven en un continuo proceso de cambios. La cinematografía creció adaptándose a las características de la industria

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Conservación de Arte Contemporáneo. 13ª Jornada  

Publicación de Conservación de Arte Contemporáneo. 13ª Jornada

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