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de acceso a las características originales, intenten reproducir/repetir la cadena de reproducciones sobre la que se construyó la obra.

CONOCER LAS CARACTERÍSTICAS ORIGINALES Para restaurar la posibilidad de acceso a las características originales de una obra cinematográfica, lo primero, claro está, es conocer cuáles eran esas características, y sólo después podremos plantearnos su reproducción. Pero conocer las características originales, cuando se trabaja con obras que funcionan entre reproducciones, puede no ser una tarea sencilla si concurriera cualquiera de las circunstancias siguientes. Cuando no se conservan todos los elementos necesarios para conocer las características originales de la obra. En una película fotoquímica, la cadena de reproducciones debería abarcar, como mínimo, a los negativos originales de imagen y de sonido (o a los duplicados positivos y negativos), junto con una copia completa, obtenida bajo las condiciones establecidas para el momento del estreno de la obra. Hay cuestiones, como los valores de densidad que deban tener cada plano, que entran en los márgenes de discrecionalidad reservados a la posproducción y que no pueden deducirse directamente del negativo. Son cuestiones que, incluso partiendo de un mismo negativo, pueden “interpretarse” de muchas formas y obtener resultados muy distintos. Si se acepta que una obra cinematográfica está formada por sus imágenes y sonidos (y parece que, en general, lo aceptamos), cambiar características fundamentales de las imágenes o los sonidos, como la densidad, equivale a cambiar las características de la obra. Las características de reproducción de cada plano de los que componen una obra cinematográfica se fijan en la etapa final de la posproducción, atendiendo a su función en el conjunto de la obra, a los elementos de imagen que interese resaltar y al equilibrio o la contraposición entre planos sucesivos, según el modelo de continuidad seleccionado. Si al plantearse una nueva reproducción no se conserva una copia correctamente reproducida con los valores seleccionados, aunque esa copia esté muy deteriorada por el uso o por el desvanecimiento del color, reestablecer la continuidad del etalonaje original puede ser una tarea imposible; de alguna manera, cuando se den esas circunstancias (desgraciadamente frecuentes), podría decirse que para reproducir nuevamente la obra sería necesario “reinventarla”. Por otra parte, la carencia de algunos elementos, como una reproducción en positivo y en buen estado de la banda de sonido, puede hacer imposible el tratamiento de distorsiones, como la modulación cruzada, alterando características fundamentales de esa banda sonora. Cuando los elementos que se conservan están incompletos, deteriorados o no sean adecuados para su uso como originales. La conservación de los materiales cinematográficos siempre se ha fundamentado en las características y posibilidades de los soportes y de las emulsiones, y estas características siempre han estado condicionadas por las necesidades económicas de la industria y sus perspectivas de beneficio. La industria tardó casi cien años en disponer de soportes químicamente estables. El celuloide, el primer plástico utilizado, es extremadamente inflamable —autoinflamable, incluso— y su inestabilidad química es tan grande que puede descomponerse, convirtiéndose en una masa pegajosa y, en última instancia, en polvo cristalizado. Los acetatos, que se empezaron a utilizar en 1913 y se generalizaron en los años 50, son prácticamente incombustibles, pero en condiciones de humedad y temperatura elevadas se degradan químicamente y

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Conservación de Arte Contemporáneo. 13ª Jornada  

Publicación de Conservación de Arte Contemporáneo. 13ª Jornada

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