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Encontramos estas propiedades en una silicona de uso dental (Zhermack Technical ZETALABOR Hard 85 Shore A) que nos proporcionaba unos tiempos y una viscosidad muy adecuada para aplicarla con 1 cm de espesor en posición vertical, y que tomaría su forma definitiva con la presión de la obra, previamente protegida con film retráctil. Estos negativos del volumen, es decir, los armazones de madera cubiertos de silicona, forman dos bloques independientes cada uno integrado en la mitad de un cajón de madera. Las dos partes se unen y cierran mediante herrajes metálicos, de forma que la obra queda encerrada con sus negativos en un contacto perfecto [F. 05]. Es importante que las dos partes del cajón se coloquen en la posición adecuada, para no tocar y dañar los cuencos y para que el molde encaje en el lugar correspondiente. Para controlar este movimiento en el desembalaje, marcamos con cinta adhesiva el borde exterior del cajón sobre el suelo y, siguiendo esa guía, deslizamos cada una de las mitades. Si por el contrario estamos embalando y partimos de la obra en exposición, debemos colocar una plantilla, que se retirará una vez hayamos marcado su perímetro con la cinta, que nos indicará esta vez no sólo la dirección a seguir, sino también el momento de contacto con la obra [F. 06 y 07]. Este cajón abrazadera también consta de un suelo quitable que supone un sistema de seguridad para trasladar la pieza en su interior. Esta base se compone también de dos mitades que se introducen o retiran con una leve inclinación, en dos pasos, fijándolas al cajón mediante unos “cierres de golpe”, que tienen la peculiaridad de girar según vayan a ser sujetos a la base o retirados. En este movimiento la obra reposa sobre su negativo y no se apoya en su arista, balanceándose el conjunto sobre el canto del cajón, que soporta todo el peso [F. 08]. Finalmente, la estructura se consolida con la tapa superior para poder moverla con más seguridad y de forma cómoda, bien sea con cinchas y grúa, bien con asas y a mano. Este sistema es en realidad un embalaje interno o de manipulación que introduciremos a su vez en un embalaje externo al uso, con sus patines, sus capas de aislamiento térmico y de amortiguación, y su señalética, de cara a trasportes y préstamos. En su interior guardamos también las instrucciones de montaje y desmontaje, la cinta y las plantillas y, hasta ahora, el envase de mercurio. En previsión de posibles daños mecánicos en el embalaje interno o el envejecimiento de sus materiales, estamos estudiando la posibilidad de realizar un escaneado de la obra en 3D, que también nos permitiría sustituir los materiales actuales por otros de naturaleza más estable sin necesidad de realizar un trabajo manual tan importante. De cara a este escaneado, se abordará la fase de reintegración del volumen de la arista para recuperar así la delicadeza visual que trasmite la obra.

ALTERNATIVAS PARA PROBLEMAS DE TOXICIDAD

[1] Mercury in Museum Collections. CCI Notes, 1/7. Canadian Conservation Institute, 2002.

Como hemos comentado, la legislación es clara con respecto a los usos del mercurio, pero lógicamente no menciona casos tan particulares y poco frecuentes como su inclusión en obras de arte. Tampoco existen referencias a posibles intervenciones en la literatura técnica sobre conservación y restauración de obras de arte con este material. Sólo hemos encontrado un texto relacionado con el mundo de los museos, aunque pensado para solucionar el problema de la presencia de mercurio en colecciones científicas[1]. Partiendo de esta fuente trazamos como línea de trabajo la sustitución del mercurio por otro material que permitiera reproducir lo más fielmente posible sus características y propiedades ópticas, como

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Conservación de Arte Contemporáneo. 13ª Jornada  

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