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Nยบ 2 Noviembre 2014 ISSN 2346-9781


MUSEO IMPA UNICO MUSEO VIVO DE EMPRESA RECUPERADA POR SUS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS Directora: Prof. Dra. Margarita Robertazzi Equipo Museo Romina Alves, Catalina Bellisario, Ezequiel Campos, Marcela Cazes, Juan Ciordia, Gabriela Díaz, Paula Cecilia Dorador, Lorena Fazzito, Cristina Merli, Mónica Pallone, Mariela Pellegrino, Joan Pérez Meiss, Liliana Pérez Ferretti, Mariano Polín, Alfredo Siedl, Nicolás Ricatti, Ignacio Rivas Somar, Ana Laura Turrado, Vanesa Zito Lema. MAIL: proyecto.museoimpa@gmail.com FACEBOOK: museoimpa WEB: impamuseo.wordpress.com

Revista Museo IMPA Nro 2 / Noviembre 2014 Editores: Margarita Robertazzi Eduardo Murúa Asesoramiento Histórico: Jorge Gilbert Diseño Editorial: Mónica Pallone Colaboradores: Alfredo Siedl, Nicolás Ricatti, Vanesa Zito Lema, Paula Cecilia Dorador, Ana Laura Turrado, María del Carmen Maza, María José Hernández, Pedro Delheye, Estela Marconi, Juan Frid Registros Fotográficos: Daniel Caldirola, Paula Dorador, Ana Laura Luchessi, Carlos Mamud, Claudio Margolin, Manuel y Ezequiel Moreno, Taller Intensivo de Fotografía, Archivo Asociación de Trabajadores de Museos, Archivo General de la Nación. Biblioteca Juan Domingo Perón, Archivo Museo IMPA

Impresa en Artes Gráficas Chilavert (Empresa recuperada y autogestionada por sus trabajadores desde 2002) Chilavert 1136. CABA. Argentina Revista Museo IMPA Nro 2 / Noviembre 2014 ISSN 2346-9781 ©2014. Museo IMPA. Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta revista por cualquier medio soporte sin la autorización previa del Museo IMPA. Responsable de la publicación: Cooperativa 22 de mayo “IMPA” Querandíes 4290. Almagro. CABA (1183) Tel.: 4981-6325 / 4958-3764 coop22demayo@hotmail.com

Agradecimientos: A todos los trabajadores y trabajadoras de IMPA, por toda su colaboración. A Jorge Mario Sueiro y a Marcelo Castillo por relatarnos parte de su historia. A todos los estudiantes y docentes del SIUS (FADU-UBA) que han dedicado su tiempo al desarrollo de proyectos a futuro para el Museo IMPA. Al grupo de pasantes de la Escuela Nacional de Museología, que durante el segundo cuatrimestre de 2014 estuvieron trabajando con el Museo IMPA en la recuperación de la memoria colectiva de los trabajadores y trabajadoras de IMPA. Y al cierre de esta revista, un muy especial agradecimiento al Equipo del Área de Patrimonio Histórico de la Universidad de Lanús, Daniel Alejandro López, encargado del Área de Patrimonio y al maestro carpintero Fernando Recupero, por su colaboración en la concreción de soportes para la exhibición del Museo IMPA en La Noche de los Museos 2014.

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INDICE EDITORIAL

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EL PASADO DE IMPA

15

ENFOQUES ACADÉMICOS

26

MUSEO IMPA Y LA COMUNIDAD

35

INTERCAMBIOS MULTIDISCIPLINARIOS

38

MEMORIAS DE IMPA RECUPERADA

44

TAPA / INDICE: Fotos ©Carlos Mamud.

Archivo Museo IMPA

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EDITORIAL

Interior de IMPA Foto ©Claudio Margolin

UN MUERTO DOMINA LA SOCIEDAD: el Dios-Trabajo Sobre el dominio del trabajo muerto, el fin del trabajo como organizador de las sociedades y el fin del salario como mecanismo de distribución

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A pesar de que todos los poderes alrededor del mundo se han unido para la defensa de este dominio: desde la O.N.U, la O.M.C, el Banco Mundial; Obama, Merkel, Xi Jinping; sindicatos y empresarios; economistas de derecha e izquierda; clase política mundial de todas las tendencias; todos ellos con un sólo lema: ¡trabajo, trabajo, trabajo!, pero, los que todavía pueden pensar libremente, sin ser parte del engranaje de la mentira, reconocen fácilmente que esta postura es una falsedad absoluta, puesto que la vieja sociedad dominada por el trabajo no atraviesa una simple crisis pasajera, sino que alcanzó su límite absoluto. Como consecuencia de las revoluciones tecnológicas permanentes, la producción de riqueza se desvincula cada vez más del uso de la fuerza de trabajo humano, en una escala que hace unas pocas décadas sólo podía ser imaginada como ficción científica. Nadie puede afirmar que este proceso se pueda detener o, más aún, invertir. La venta de la mercancía fuerza de trabajo será en el siglo XXI tan prometedora como vender arena en el desierto. Ahora bien, en su Fase Terminal, la Sociedad del Trabajo revela claramente su poder totalitario, porque no tolera otro dios a su lado, porque considera “superfluo” y juzga como “inútil” a quien no consigue vender su fuerza de trabajo. ¡El que no trabaja, no come! Este fundamento cínico vale todavía hoy, y ahora más que nunca, justamente porque se ha vuelto desesperantemente obsoleto. No se ahorra ningún esfuerzo para prorrogar artificialmente la vida del Dios-Trabajo. El grito paranoico de “empleo” justifica, incluso, acelerar la destrucción de los recursos naturales. Todas las relaciones sociales pueden ser eliminadas sin crítica, cuando se coloca en perspectiva la creación de unos pocos y miserables “puestos de trabajo”. “Sería mejor tener ‘cualquier’ trabajo que no tener ninguno” se convierte en una profesión de fe exigida de modo general. Todos tienen, de alguna manera, que aportar carbón, aunque ya no haya carbón, y todos tienen, de alguna manera, que poner manos a la obra con vigor, aunque no haya ninguna obra que hacer, o únicamente obras sin sentido. La misma ley del sacrificio humano vale a escala mundial. Un país tras otro es triturado bajo las ruedas del totalitarismo económico, que comprueba siempre la misma cosa: no se han alcanzado las llamadas leyes del mercado. Tres cuartas partes de la población mundial ya fueron declaradas desecho social. Una “localización” tras otra cae en el abismo. Los señores de la triste figura de la política y del gerenciamiento prosiguen con su cruzada de manera aún más firme en nombre del Dios-Trabajo. “Cada uno debe poder vivir de su trabajo: es el principio inamovible. Así, el poder vivir está determinado por el trabajo y no hay ninguna ley donde esta condición no haya sido realizada”.1 Una sociedad centralizada en la abstracta irracionalidad del trabajo desarrolla obligadamente la tendencia al “apartheid social” cuando el éxito de la venta de la mercancía “fuerza de trabajo” deja de ser la regla y pasa a ser la excepción. 1. Johann Gottlieb Fichte, Fundamentos del Derecho Natural según los Principios de la Doctrina de la Ciencia, 1997.

El poder económico mundial tiene dos fracciones: la fracción neoliberal y la antineoliberal. La primera le deja confiadamente el negocio sucio y social-darwinista a la “mano invisible” del mercado, desmontando las redes socio estatales, para marginar, preferentemente sin ruido, a todos aquellos que no consiguen mantenerse en la competencia. Sólo son reconocidos como seres humanos los que pertenecen a la hermandad de los ganadores globales, con sus sonrisas cínicas. Todos los recursos del planeta son usurpados sin vacilar para la máquina capitalista del fin en sí mismo. Si esos recursos no son movilizados de una manera rentable, quedan en desecho, incluso cuando, al lado, grandes poblaciones se mueren de hambre. En América Latina, son asesinados diariamente más niños de la calle y otros pobres por el escuadrón de la muerte de la economía de mercado que opositores en los tiempos de la peor represión política. A los excluidos sólo les queda una función social: la de ser un ejemplo aterrador. Su destino debe incentivar a todos los que aún forman parte de la carrera de “peregrinación a Jerusalén” de la sociedad del trabajo en la lucha por los últimos puestos. Este ejemplo debe incitar a las masas de perdedores a mantenerse en movimiento, para que no se les ocurra la idea de rebelarse contra las vergonzosas imposiciones. Pero, incluso, tienen que pagar el precio de la resignación, porque el admirable mundo nuevo de la economía totalitaria deja para la mayoría de las personas apenas un lugar: ser personas sumergidas en una economía sumergida, sometidas a los pocos ganadores bien remunerados de la globalización. Para ello, se tienen que ganar la vida como trabajadores y trabajadoras ultrabaratos y esclavos demócratas en la sociedad de prestación de servicios. La segunda fracción es la antineoliberal, desarrollista, progresista, la del apartheid del estado social, campo del trabajo social, que, al igual que la primera está ligada y definitivamente unida en la idea de que un ser humano sin trabajo no es un ser humano. Fijados nostálgicamente en el período fordista posterior a la guerra -el del trabajo en masa- no piensan en otra cosa que no sea revitalizar los tiempos pasados de la sociedad del trabajo. Para ellos, el Estado debe procurar lo que el mercado ya no puede conseguir. La aparente normalidad de la sociedad del trabajo debe ser simulada a través de “programas de ocupación”, trabajos comunitarios obligatorios para personas que reciben ayuda social. La lógica de la selección social no se pone en cuestión, sólo se redefine de otra manera. La simulación estatal de trabajo es, por principio, violenta y represiva. Significa el mantenimiento de la voluntad de dominio incondicional del Dios-Trabajo, con todos los medios disponibles, incluso después de su muerte. Este fanatismo burocrático del trabajo no deja en paz ni a los que caen fuera, quienes son arrastrados hacia los reflectores del interrogatorio estatal por asistentes sociales y gestores de trabajo y son obligados a hacer una reverencia pública delante del trono del muerto-rey. Si en la justicia normalmente rige el principio: “ante la duda, a favor del reo”, ahora se invirtió. Si los que cayeran fuera no quisieran vivir en adelante del aire o de la caridad cristiana, deben aceptar cualquier trabajo sucio o de MUSEO IMPA I 7


esclavo y cualquier programa de “ocupación”, aun el más absurdo, para demostrar su disposición incondicional para con el trabajo. Si aquello que deben hacer tiene o no algún sentido, o es el mayor absurdo, no interesa de ningún modo. Lo que importa es que queden en movimiento permanente para que nunca olviden a qué ley natural obedece su existencia.

Interior de IMPA. Archivo Museo IMPA

Antes, los hombres y las mujeres trabajaban para ganar dinero. Hoy, el Estado no ahorra gastos ni costos para que centenares de miles de personas simulen trabajos, se inventan cada vez más nuevos y más estúpidos programas, sólo para mantener la apariencia de la rueda del trabajo social que gira en falso funcionando al infinito. Cuanto menos sentido tiene la coerción del trabajo, más brutalmente se inculca en los cerebros humanos que no habrá nunca ningún pan gratis. Por la simulación de “ocupación” y el fingimiento de un futuro positivo que llegará para la sociedad del trabajo, se crea una legitimación moral que trata de una manera más dura a los desocupados y a los que rehúsan trabajar. Al mismo tiempo, la coerción estatal de trabajo, las subvenciones salariales y los trabajos llamados “cívicos y honoríficos” reducen cada vez más los costos del trabajo. De esta manera, se incentiva masivamente el sector canceroso de salarios bajos y trabajos miserables. La denominada política activa de trabajo no escatima siquiera enfermos crónicos ni madres solteras con niños pequeños. Quien recibe ayuda estatal sólo se libra del estrangulamiento institucional cuando lleva una plaquita plateada adherida al dedo del pie. El único sentido de estas acciones es demostrar a quienes caigan fuera que, ante tales instrumentos terribles de tortura, cualquier trabajo miserable parezca bueno. El sistema de simulación capitalista mantiene el dogma cruel según el cual el trabajo es la determinación natural del hombre. Porque si esto fuese verdad, la crítica al trabajo tendría tanto sentido como la crítica a la ley de gravedad;

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¿cómo una “ley natural” efectivamente real puede entrar en crisis o desaparecer? Hoy, los oradores del campo del trabajo social, políticos, empresarios, sindicalistas, intelectuales (ninguno de ellos trabaja, ni vive como vive el pueblo), quedan en una situación ridícula con su seudo naturaleza del trabajo, ¿cómo pueden explicarnos que hoy tres cuartas partes de la humanidad estén hundiéndose en un estado de calamidad y miseria solamente porque el sistema ya no necesita su trabajo? No es más una maldición del Antiguo Testamento: “comerás tu pan con el sudor de tu frente”, sino una nueva e implacable condena: “No comerás porque tu sudor es invendible”. ¿Será esto una ley natural…? Una sociedad que tenga un Dios Muerto solo puede generar violencia y muerte. Por eso, desde este pequeño espacio, el Museo IMPA, en donde confluyen lo muerto y lo vivo, lo viejo y lo nuevo; las luchas anteriores y las actuales; los paradigmas clásicos y los nuevos paradigmas, esos que debemos y queremos construir junto a nuestro pueblo, los invitamos a la utopía de reconquistar juntos la verdad, las necesarias nuevas formas de distribución, junto a la recuperación de las fuerzas productivas con el fin de que sean declaradas “bienes de la humanidad”.

“Dedicada al compañero, hermano de lucha, maestro y principal motor en la recuperación de IMPA, el mejor de los nuestros, Guillermo Robledo”

La Revista Museo IMPA Nº 2 presenta estas reflexiones iniciales con el propósito de que puedan ponerse en circulación en sus aperturas mensuales, así como en los espacios que puedan crearse para tal finalidad: conferencias, cine-debate, publicaciones, mesas redondas, presentaciones de libros y/o grupos de discusión. Para ello, el Museo IMPA convoca a todas las personas o grupos que se sientan interpelados por esta problemática a sumar sus propuestas, reflexiones, puntos de vista, enviando, entonces, sus aportes a nuestra dirección de mail o nuestro Facebook, o, simplemente, acercándose a conversar con nosotros. Email: proyecto.museoimpa@gmail.com Facebook: Museo IMPA WEB: impamuseo.wordpress.com


EL PASADO DE IMPA

IMPA, una empresa de alto vuelo El Museo IMPA se propone investigar, preservar y difundir el Patrimonio Industrial Aeronáutico de la empresa que, a mediados de la década del ’40, durante su gestión privada, fue la primera fábrica argentina de aviones. Esa etapa pionera e innovadora de la fábrica IMPA es, quizá, uno de los más silenciados y, por lo tanto, menos reconocido y divulgado en el ámbito de la producción aeronáutica. Desde principios de la década del ’40 y por un lapso de cinco años, IMPA incursionó en un ámbito novedoso para la época, y que dejó una profunda huella en la memoria colectiva: la industria aeronáutica. Las experimentaciones aeronáuticas en la Argentina se registraron en épocas tan tempranas como 1912, cuando Pablo Castaibert voló sobre Buenos Aires con su avión “Castaibert 912-3°”. Este francés contaba con una fábrica de aviones en Villa Lugano. No obstante, se habían realizado aviones y vuelos anteriormente, como los del Ing. Borello en 1910, con su avión “El Argentino”; o el vuelo que en 1910 hizo Henri Brégi sobre el hipódromo de Longchamps, que fue registrado por el Aero Club Argentino como el primero en el país1. En las décadas siguientes continuaron esas experimentaciones de carácter privado: se realizaban con aviones pequeños, la mayoría monoplanos monoplaza -aunque también los había 1.Sale, Atilio. “Aviones argentinos”. Editorial CID. Buenos Aires, 1987. p. 19.

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Foto maqueta, donación de la familia Sueiro al Museo IMPA

biplanos y biplaza- entre ellos pueden mencionarse el “Cnel. Pringles”, construido por P. Artigau (1917); el “Schule von Hilvety” (1923), primer avión argentino de metal; o el “Klemm KL-25” (1939). Mientras tanto, el Estado Argentino viendo la importancia estratégica de esta nueva actividad, creó en 1912, bajo la presidencia de Roque Sáenz Peña, la Escuela de Aviación Militar, y varios años después, en 1927, bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen, se creó la Dirección General de Aeronáutica y la Fábrica Militar de Aviones, en Córdoba2. En este contexto, comenzó en 1941 la producción de aviones en IMPA, al decir del historiador Francisco Halbritter, “el único emprendimiento privado realmente ambicioso”3, una observación válida si consideramos que en el lapso de un lustro se diseñaron en IMPA 6 prototipos diferentes, se construyeron 25 aviones del modelo TU-SA, y varias decenas de planeadores que sirvieron para el entrenamiento de pilotos en aeródromos de todo el país. IMPA había surgido a fines de los años ’20 como un pequeño taller con “no más de veinte obreros criollos y uno que otro técnico”4, para elaborar envases de estaño con tapas de “bakelite”5. Sin embargo, 2. http://www.fuerzaaerea.mil.ar/historia/ sinopsis_historica.html 3. Halbritter, Francisco. “La industria aeronáutica argentina. Breves apuntes sobre su inicio, desarrollo y decadencia”, en IX° Congreso internacional de historia aeronáutica y espacial. Instituto Nacional Newberiano. Buenos Aires, 2005. Pág. 97. 4. Revista IMPA. Año 1, N° 1, 01-04-1945. 5. Guía Kraft. 1934.

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Arranque del avión TU-SA en IMPA Quilmes. Biblioteca Juan D. Perón. AGN

en el transcurso de poco más de una década y gracias al contexto económico de industrialización por sustitución de importaciones, sus dueños ampliaron la planta hasta un total de 22.000 m², modernizaron el parque tecnológico, racionalizaron el proceso de trabajo, y diversificaron su línea de producción destinada al mercado interno: a los pomos de estaño se sumaron estuches, cubiertos, ollas, sartenes, botones, pulseras, alcancías, yerberas, alfileres, jaboneras e innumerables objetos de plomo, estaño, aluminio, cobre y plástico. Esa capitalización combinada con el espíritu emprendedor del Ing. José Mario Sueiro, uno de los fundadores de la empresa, llevaron a que IMPA incorporara nuevas líneas de producción. Así, en 1942, IMPA firmó un convenio con Fabricaciones Militares, para proveerle de vainas de Máuser6. También se dedicó a la fabricación de caramañolas, ollas y pertrechos para el ejército. Pero sin duda, el aspecto más innovador de IMPA se dio en el campo de la producción aeronáutica, que tuvo como resultado el diseño de aviones de turismo, entrenamiento militar y de transporte liviano7. El Ing. Sueiro contrató para ello al Ingeniero aeronáutico español, Alfredo Davins Ferrer, a quien había conocido en uno de sus viajes a Europa, y que contaba con una importante experiencia en la industria francesa8.

6. Silva, Horacio. “Informe sobre los orígenes de la fábrica IMPA”. Inédito. 7. Sale, Atilio. Op. Cit. p. 77. 8. AHORA periódico ilustrado. Año VIII, N° 742, 31 julio de 1942.

Davins Ferrer, quien también había sido piloto de la escuadrilla republicana “Alas Rojas” en 1936, aceptó el ofrecimiento de Sueiro, y en 1941 comenzó a trabajar en el diseño del primer avión de IMPA: el prototipo RR-11, un monoplano biplaza de 7,42 m de largo, con motor Lycoming 0-145-B2 de 65 HP. Los trabajadores de IMPA construyeron el avión en el cuarto piso de la fábrica, usando madera de pino spruce y abedul, pero la novedad del proyecto fue tal que derivó en un imprevisto: cuando quedó terminado, las autoridades notaron que no había cómo sacarlo de la fábrica. Finalmente se decidió romper una de las paredes para sacarlo a la calle. Aunque se hicieron pruebas en junio de 1942, el bautismo de fuego del IMPA RR-11 fue el 25 de julio de ese año, cuando se realizó su vuelo inaugural en el aeródromo de Gral. Pacheco. El Ing. Sueiro y los trabajadores estaban exultantes a juzgar por las notas periodísticas; no era para menos, a excepción del motor, la totalidad del avión se había hecho en IMPA, incluso los velocímetros, taquímetros, brújula, etc.9 Además estaban presentes varias autoridades nacionales, como el director de Aeronáutica Civil, Dr. Samuel Bosch y el director de Fabricaciones Militares, Cnel. Savio, lo que muestra no solo los vínculos de IMPA con el gobierno, sino también el interés de este por el desarrollo del proyecto aeronáutico. Afortunadamente el vuelo fue auspicioso y el prototipo ganó los elogios del piloto Ciro Comi, encargado del estreno. 9. Revista sin identificar. “IMPA, un establecimiento que honra al país”. 1942. p. 34 y 35. Archivo del Museo IMPA.


González, Sueiro y Ferrer. Archivo Museo IMPA

El pretencioso lema adoptado por IMPA,“una industria al servicio de la Patria” cobró, entonces, una nueva dimensión. Al RR-11, lo siguió el prototipo IMPA RR-12D, un monoplano con tren de aterrizaje retráctil, estructura de madera y metal, y un motor Gipsy Major I de 130 HP, que “destinado a entrenamiento militar estaba calculado para una velocidad máxima de 300 km/h y podía serle instaladas 2 ametralladoras de capó calibre 7,65 mm sincronizadas, montadas en el plano y tirando a través de la hélice”10. Sin embargo, no se completó y su construcción fue abandonada. Tampoco fue concretado el prototipo IMPA RR-13D, “proyectado para ser equipado con dos motores de 150 HP, capacidad 8 plazas, 20 kg. de correspondencia y un alcance o radio de acción de 1.500 km.”11. A ese contratiempo debe sumarse otro de mayor trascendencia, ya que poco después del vuelo inaugural del RR-11, el Ing. Davins Ferrer, abandonó la Argentina, para aceptar propuestas de trabajo mejor remuneradas en el extranjero. No obstante, el director de IMPA, José Sueiro afirmaba que “pronto serán presentados nuevos prototipos, estudiados y realizados, contemplando nuestras necesidades y posibilidades constructivas. Estamos dispuestos, cueste lo que cueste, a triunfar, en beneficio exclusivo de nuestra patria. IMPA seguirá adelante, seguro del camino que recorre. Los contratiempos y la labor inmensa a realizar resultan empequeñecidos ante el acicate y entusiasmo que representa la presencia de un vasto número de

10. Sale, Atilio. Op. Cit. p. 78. 11. Sale, Atilio. Op. Cit. p. 77.

Avión IMPA modelo RR-11. Archivo Museo IMPA

personas que colabora eficazmente a mi lado”12.

con un motor Gipsy Major de 130 HP y tenía ruedas carenadas.

Davins Ferrer tuvo una actuación efímera pero decisiva en IMPA, ya que casi todos los aviones construidos por la empresa se basaron en sus primeros diseños. En su reemplazo, fue nombrado el Ing. Rosario Lo Bianco en agosto de 1942. Se continuó con la construcción del IMPA TU-Sa. (Turismo Serie a), un avión biplaza, de entrenamiento e inspirado en el prototipo RR-11. En octubre de 1943, la Dirección General de Material Aeronáutico del Ejército, encargó a IMPA la construcción de 25 aviones TU-Sa. de los que 10, fueron equipados con motor Continental A65 8F de 65 HP y cinco con el modelo A80 de 80HP, mientras que los 10 restantes tenían motor Lycoming 0-145-B2 de 65 HP13.

Todas esas experimentaciones generaron un particular orgullo entre las autoridades de IMPA, que se manifestó desde los inicios del proyecto en el lugar central que le otorgaron a la exhibición de prototipos en las exposiciones industriales de 1942, 1943 y 194415, pudiendo verse también en un registro audiovisual del noticiero Sucesos Argentinos de 194416.

Luego de esta importante experiencia, IMPA desarrolló otro prototipo: el IMPITA, que con un motor Continental A80 de 80 HP, si bien era más pequeño que el TU-SA, resultó más veloz y con mejor rendimiento. En el diseño de este importante prototipo participó el técnico aeronáutico Ladislao Pazmany14, quien desarrollaría una importante carrera en Estados Unidos, participando incluso en proyectos de aviones no tripulados. No podemos dejar de mencionar al IMPA “Chorlo”, también conocido como “Chorlito”, que fue el sexto y último prototipo fabricado por la empresa. Este modelo tenía alas bajas al igual que los anteriores, estaba equipado 12. AHORA periódico ilustrado. Año VIII, N° 742, 31 julio de 1942. 13. Sale, Atilio. Op. Cit. p 80. 14. Sale, Atilio. Op. Cit. p 80.

Paralelamente, la fama de los aviones de IMPA trascendió las fronteras de nuestro país, siendo reconocidos por ejemplo en Chile, país en el que el Ing. José Mario Sueiro participó en 1944 de una recepción en el Club de la Unión, ofrecida especialmente a él. Allí, don Raúl Ortiz Vega, anfitrión del evento, manifestó que “el señor Sueiro –dijo– creador y presidente de la importante organización americana, Industria Metalúrgica y Plástica Argentina, en este viaje a Chile ha venido a estrechar más los lazos comerciales de su industria con las nuestras, contribuyendo así, en forma efectiva, a la interdependencia económica chileno - argentina, que tan vastas proyecciones ofrece para el futuro”17, y más adelante agregaba “con el señor Sueiro, tratamos de salvar las dificultades que, por razones por todos conocidas, se presentan para hacer realidad lo que es un ferviente anhelo de él: que, a la par con los pilotos argentinos que hoy conducen en seguro vuelo sus 15. Revista IMPA. Año 1, N° 1, 01-04-1945. 16. Sucesos argentinos: “Acrecentamiento de la industria nacional”, Disponible el 21/10/214 en: https://www.youtube.com/watch?v=V1_ YZ_6yQJA 17. Diario La Nación, domingo 1 de octubre de 1944.

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aviones y planeadores, en el país hermano, podamos también los pilotos chilenos, como un símbolo de fraternidad, surcar nuestro cielo en sus aeronaves”. En el evento, el director de IMPA se comprometió a obsequiar uno de los aviones al Club Aéreo de Chile.

aeródromo de Quilmes en el antiguo hangar del Sindicato Cóndor Ltda. La inauguración de IMPA Aviación tuvo lugar el 19 de diciembre de 1944, en un acto en el que quedó demostrado una vez más, el fuerte vínculo que unía a IMPA con el gobierno nacional. El vicepresidente Juan Domingo Perón y el Secretario de Aeronáutica, Mayor Bartolomé de la Colina, participaron activamente del evento y escucharon los elogios dirigidos por José Sueiro durante su discurso. Además hubo una impactante muestra en la que decenas de paracaidistas se lanzaron desde el aire al terreno del aeródromo, se realizaron vuelos con los prototipos realizados en la empresa, y se probaron también planeadores Grunau Baby II, “construidos en solamente 30 días por los obreros de IMPA”18. Empezaba así lo que parecía ser una etapa promisoria para IMPA. Sin embargo, el contexto internacional con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y las presiones de Estados Unidos sobre la industria argentina, llevaron a que el gobierno del General Farrell expropiara y nacionalizara IMPA el 1 de junio de 1946, con el fin de protegerla, debido a su posición estratégica dentro del conjunto nacional. La actividad aeronáutica del Estado, concentrada en otras dependencias, llevó a que el gobierno decidiera finalmente el cierre de IMPA Aviación el 10 de diciembre de 1947 19. Los más de 70 planeadores Grunau Baby IIa y Grunau Baby III de la sede de IMPA, fueron repartidos entre diferentes aeródromos del país.

Avión IMPA modelo TU-SA. Archivo Museo IMPA

De esta manera, el proyecto aeronáutico de IMPA seguía adelante, sostenido gracias al crecimiento de la producción matriz: la elaboración de bienes para el mercado interno de consumo masivo. Ello permitió a IMPA ampliar su infraestructura, concretando otro de los sueños de sus directivos: abrir la sede de IMPA Aviación. Para 1944, IMPA contaba con tres sedes: la central de la calle Querandíes 4290, en la ciudad de Buenos Aires; la de Ciudadela, que cumplía funciones de logística y donde se elaboraban productos de termofraguado; y la sede de la localidad de San Martín, dedicada a la producción de armamentos. A ellas se sumó una nueva sede, levantada en el

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18. AGN. Colección Juan Domingo Perón. Álbum “Los obreros y empleados de I.M.P.A.Aviación rinden homenaje a su padrino el Coronel JUAN D. PERÓN como testimonio de adhesión y simpatía”. 19. Archivos de IMPA: Legajo de Personal de Lisopsky, Teodoro. El texto del certificado de empleos dice: “Certificamos que el señor Teodoro Lisopsky, trabajó en nuestro Establecimiento desde el día 4 de agosto de 1943 hasta el día 10 de diciembre de 1947, fecha de su cesantía por cierre del Establecimiento IMPA Quilmes, ocupando el puesto de Tornero Mecánico”.


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EL MOVIMIENTO OBRERO EN LA PRIMERA ETAPA DE IMPA, EMPRESA PRIVADA La huelga metalúrgica del 26/6 al 13/7/1942. Sus repercusiones en IMPA Los historiadores Gurbanov y Rodríguez1 investigaron los cambios en el desarrollo tecnológico y en las relaciones de producción durante los inicios de la década del ‘40 en Buenos Aires. La industria metalúrgica se desarrollaba aceleradamente, incorporando bienes de capital y mano de obra, en especial femenina. Así, el proceso de trabajo se hizo más “científico”, en línea con las propuestas tayloristas y fordistas de producción. Un testimonio, del diario comunista La Hora, del 23/01/42 decía lo siguiente: “Uno de los hechos más graves, a mi criterio, es que las empresas metalúrgicas se orientan –o mejor dicho ya lo han realizado en gran parte– a reemplazar a los obreros por mujeres y jóvenes, pagándoles sueldos irrisorios y ello se realiza en todos los trabajos, hasta aquellos más pesados, insalubres, donde hay que desarrollar mucha fuerza y son peligrosos. Por ejemplo, en los talleres de San Martín y CATITA, las mujeres y los menores trabajan en la sección bulonería, realizando todos los trabajos que antes hacían viejos obreros torneros y mecánicos, que percibían hasta $7, mientras ahora las mujeres perciben término medio de $2.” (Alba Tamargo, dirigente del SOIM: Sindicato Obrero de la Industria Metalúrgica). Estos cambios en el proceso de trabajo, junto con un encarecimiento del costo de vida, y la restricción de importaciones, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, incidieron en la realización de la huelga de 1942. “Esta es una verdadera cárcel [...] si un día se hace una pieza en diez minutos, enseguida el capataz pretende que se la haga en ocho, y si no se cumple vienen las suspensiones. Estamos vigilados hasta cuando vamos a los servicios. Se nos controla el tiempo para todo. Tenemos que estar inclinados en las máquinas toda la jornada” (Obreros de CATITA; 42 La Hora, 17/01/42). “En esta empresa se cometen muchas transgresiones a las leyes del trabajo. Los baños están en un estado tal, que nadie puede acercarse sin sentir asco. Las mujeres tienen que pedir la llave al capataz cada vez que necesitan ir al

baño y, cuando lo hacen dos veces en un turno, ya son objeto de una observación. En el trato de los obreros impera el despotismo, pues al que no se queda a trabajar después de la hora reglamentaria se le aplican varias horas de suspensión.” (Obreros de Miranda; La Hora, 11/08/42). Con el desarrollo de la huelga, se dio la presencia de “matones”, cuyo papel era el de provocar a los obreros en los lugares de trabajo y en sus inmediaciones. No sólo provocarlos, sino también golpearlos, perseguirlos y hasta hacerlos detener por la policía. Gurbanov y Rodríguez citan: “Con motivo de la preparación del anunciado paro [del 28 de mayo] y la gran asamblea en el Luna Park, el señor Di Tella que se llena la boca hablando de democracia, mientras su establecimiento es un verdadero campo de concentración, ha recrudecido las medidas represivas hasta poner elementos incondicionales en la puerta que pretenden pasar por policías, los cuales impiden, incluso con ostentación de armas, que sean repartidos volantes anunciando la asamblea del jueves” (La Hora, 26/05/42) “Obreros de IMPA Querandíes denuncian la detención de dos obreros sin justificación [activistas del SOIM] [y] responsabilizan a los directivos de la fábrica.” (La Hora, 6/03/42). Como colofón, señalan los autores: “En la empresa IMPA, por ejemplo, tras la huelga, comenzó a exigirse de los obreros la presentación de “Certificados de Buena Conducta” expedidos por la Policía como requisito para la incorporación o continuidad en el puesto de trabajo, lo que claramente constituye un acto de persecución política explícito al margen de toda disposición legal”. La detención en marzo de activistas del Sindicato Metalúrgico da cuenta de un posible clima de reclamos; o, al menos, de cambios no gratos en las condiciones de trabajo. Las fotos del período consignado, en las que se ve al personal femenino masivo, especialmente en IMPA Armamentos de San Martín, realizando tareas de menor calificación, junto con la información sobre la remuneración diferenciada según los sexos que surge de los legajos del personal, permite imaginar, parcialmente, las condiciones de la producción. La huelga propiamente dicha fue efectuada entre el 26 de junio y el 13 de julio de 1942. Como se aprecia, luego de ella, los controles no disminuyeron, por el contrario. Así como en IMPA se pidieron certificados de buena conducta, por ejemplo, en Siam Di Tella, se desarticularon comisiones internas, las cuales no eran todavía tan usuales, ni contaban con el aval estatal que tuvieron después de 1945.

1. Gurbanov, A. y Rodríguez, S. (2007): “La huelga metalúrgica de 1942 y la crisis de la dirigencia comunista en los orígenes del peronismo”, en: Nuevo Topo. Revista de historia y pensamiento crítico, Nº 4, septiembre-octubre 2007, Buenos Aires, págs. 61-83


EL PASADO DE IMPA

REENCUENTRO CON EL PASADO

Jorge Mario Sueiro y Oracio Campos, en el Museo IMPA. Foto ©Claudio Margolin

El Museo IMPA como un ámbito cultural y político de entrecruzamiento de discursos, pone en escena distintas memorias colectivas y significaciones sobre el pasado, promoviendo el diálogo y la perspectiva reflexiva para entender el presente y proyectarse hacia una sociedad mejor, más justa y equitativa. Cuando ya habíamos desistido de poder localizar al nieto del Ingeniero José Mario Sueiro, fundador y creador de IMPA, encontramos un mail suyo en nuestro Facebook, en los que nos hacía saber que deseaba contactarse con el Museo IMPA. Fue durante 2013, en plena organización para que el Museo IMPA participara, por primera vez, en la Programación Oficial de La Noche de los Museos. Desde entonces, fue posible concertar con él una serie de encuentros y entrevistas que nos permitieron conocer distintos entretelones de la historia de la metalúrgica, desde la perspectiva de uno de sus protagonistas. Jorge Mario Sueiro se puso a hacer memoria para relatarnos el significado que IMPA tuvo y tiene para él y su familia, así como el lugar que ocupó la fábrica en la industria nacional, durante su primera etapa como empresa privada.

Su narrativa ilustra el modo en que la metalúrgica atravesaba y atraviesa la memoria colectiva de su familia y el sentido que tenía, de modo especial, para su abuelo y para él. Durante su infancia, la empresa no era propiedad de los Sueiro, ya había dejado de ser una empresa nacional y se había convertido en cooperativa hacia 1961. Jorge Mario Sueiro fue, en principio, vecino de IMPA; luego, como cliente, pudo conocer la empresa; a posterior, al conectarse con Oracio Campos, el Primer Presidente de IMPA Recuperada, pudo darse a conocer y, ahora, es un amigo del Museo IMPA, con el que colabora activamente. Lo que sigue es un texto elaborado a partir de las entrevistas y encuentros sostenidos con Jorge Mario Sueiro y con otros participantes que conocieron, de modo directo o indirecto, la historia de IMPA como empresa privada. MUSEO IMPA I 15


Mirar a IMPA desde la ventana A partir de los 9 años, Jorge Mario Sueiro creció en Almagro, fue vecino de la fábrica. Su casa estaba en 33 Orientales y Rivadavia: “Toda mi vida yo abría la ventana de mi cuarto, era una de esas casas grandes, y veía el cartel de IMPA, pero nunca entré. Nunca había entrado. Yo venía caminando del colegio, y pasaba por acá, miraba, pensaba que este era el lugar de mi abuelo, pero nunca había entrado. Pasaron los años… y yo con mi abuelo fui muy compañero, muy, muy compañero. Tal es así que cuando se murió, habíamos iniciado un negocio minero juntos, porque era un tipo, como yo escribí –se ríe- en el mail, era un tipo que no tenía edad ¿viste? Él tenía 85 años, encaraba un negocio como si tuviera 20. Un entusiasmo… avión a San Juan, vamos…

“La Fabrica Ciudad Cultural. Una metalúrgica recuperada por los operarios para trabajar el aluminio y agregar el arte”. La Nación Revista. 22 de abril de 2001. Foto de Tapa ©Daniel Caldirola

Justamente, por haber conversado mucho con su abuelo, Jorge Sueiro sabía que esa empresa, que miraba desde su ventana, había sido creada por su abuelo, junto con un socio, Roberto Lienau. Hacia 1928, solo era un pequeño taller que creció desmesuradamente hasta llegar a tener varias sedes y 4000 personas trabajando. Las vicisitudes del país y el mundo hicieron que la empresa se transformara, que fuera expropiada y nacionalizada, que su abuelo fuera convocado a trabajar como PresidenteAdministrador en la que antes había sido su propia fábrica1: “la IMPA”, como la siguen nombrando los Sueiro.

Cfr. Revista Museo IMPA Nº 1, en la que se describen las distintas etapas que fueron transformando la empresa.

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Horno de fundición Archivo Museo IMPA

Conocer IMPA: contar una historia olvidada Jorge recuerda emocionado las expectativas que tuvo hasta que logró entrar en la fábrica por primera vez: una foto de Oracio Campos, por entonces Presidente de la Cooperativa IMPA recuperada, fue la llave que le permitió encontrar el acceso: “La cuestión es que un día aparece una nota en La Nación Revista ‘LA FÁBRICA, CIUDAD CULTURAL’, aparece Oracio con una chica… muy linda, una modelo, bueno y, para mí, todo lo que era IMPA me importaba. Aparte yo soy el único nieto Sueiro. Los demás todos tienen otro apellido, porque, bueno, eran todos hijos de mujeres. Así que yo siempre le di mucha importancia y lo escuchaba a mi abuelo con mucha atención. Cuando lo vi a Oracio dije: ‘Bueno, yo tengo que hablar’. Y llamé acá infinidad de veces. Pero viste acá… Sueiro, acá, era como… qué sé yo… habían pasado muchos años. No sabían, si yo… Te estoy mintiendo, porque creo que una vez vine, muchos años antes y entré acá y vine a buscar una muestra de un papel aluminio así, un segundo, entré, me lo dieron, qué se yo y yo miraba todo. Pero no dije nada. Mi abuelo nunca más quiso pasar por la vereda. La primera vez vine solo porque yo, en realidad, necesitaba un aluminio para mi fábrica y dije: ‘¡¡¡IMPA!!!’. Hablé con Aluar y me dijeron que tenía que comprar 20 toneladas… No sé qué pavada me dijeron, entonces llamé a IMPA y ahí justo sale la revista esa… entonces, yo lo llamo a Oracio Campos 20 veces… No, no me daban pelota...Al final un día me llama él y, bueno, vengo acá. Consigo el aluminio, pero siempre había querido entrar en la fábrica yo, porque mi abuelo jamás la volvió a pisar, ni siquiera pasó por la puerta. De una u otra forma, la familia Sueiro estuvo siempre vinculada a IMPA. Para la época de la recuperación de

la empresa, en 1998, Claudia, hermana de Jorge Mario, vivía en Almagro, muy cerca de la metalúrgica, en la casa familiar, la misma desde la que Jorge miraba a la fábrica desde la ventana de su cuarto cuando era niño. Cuando los trabajadores y las trabajadoras de IMPA estaban pasando los momentos más duros y no tenían ni siquiera para comer, ella les acercaba comida, ocultando que era la nieta del fundador. Cuando lo vi a Oracio en la revista llamé acá muchas veces, muchas veces, muchas veces y él un día me llamó. Hizo llamar a una señora, me comunicó con él y ahí nos pusimos en contacto y yo vine…. a IMPA, y bueno, me quedé y las traje a mis tías Margot y Betty, que no querían venir. Yo les dije: ‘Tienen que venir ¿cómo no van a venir? Si ya venían cuando eran chicas ¿cómo no van a venir ahora?’ A mi padre también lo traje. El viejo trabajaba acá, era chico, y mi tío Mario, que se murió hace varios años, también trabajaba, trabajaban en la parte de ventas… Jorge entiende que su abuelo no tuvo el reconocimiento que se hubiera merecido, entre otras cosas, porque la historia se fue contando en versiones poco ajustadas a los sucesos que hicieron crecer a la fábrica. Es que, inclusive, hasta el momento, es difícil revertir una versión distorsionada que dice que IMPA fue creada con capitales alemanes2, a partir de la breve incorporación de un socio que era de origen austríaco3. “Aparte nadie sabía lo de Sueiro, nadie sabía, nadie sabía porque estaban creyendo en la historia de los capitales alemanes, la gente que estaba acá adentro no tenía la menor idea”. 2. Puede consultarse en el Museo IMPA el trabajo de investigación realizado por Horacio Ricardo Silva: “Informe sobre los orígenes de la fábrica IMPA”, 2011. 3. Cfr. Revista Museo IMPA Nº 1: IMPA, empresa privada. La incorporación de Fritz Mandl y las consecuencias que se vivieron en la metalúrgica.

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Fachada de IMPA Querandiés. C. 1950. Archivo General de la Nación

Publicidad IMPA. Archivo Museo IMPA

Los primeros recuerdos del ingreso a IMPA

IMPA: La primera fábrica privada de aviones

Hacia 2001, Jorge toma finalmente contacto con Oracio Campos, también con Guillermo Robledo, una de las personas que cumplió un rol muy relevante en la recuperación de IMPA, y con José Cortina, vendedor de la empresa desde 1947, con quienes comienza a conversar sobre la historia de la fábrica y sobre el rol fundador que tuvo su abuelo. Ya, por entonces, entre ellos, empieza a tomar forma la posibilidad de hacer un museo en la fábrica.

En su primera etapa, hacia la década del ‘40, IMPA tuvo un rol pionero en la fabricación de aviones, sin embargo, para Jorge Mario Sueiro, esa parte de la historia industrial aeronáutica está silenciada. Para él, los inicios de la aviación en Argentina se mezclan con su propia historia familiar. Antes de que la metalúrgica tuviera una sede en Quilmes, los primeros aviones se fabricaban en IMPA Central, en el barrio de Almagro y salían por la ventana.

Sus recuerdos de ese momento se refieren al “Bachino”, horno de fundición del aluminio, que, por entonces, aún funcionaba mediante estrategias creativas e innovadoras, al papel que jugó el monopolio Aluar para que hoy esté paralizado y solo sea una pieza musealizada, y a la destreza del hornero. Por entonces, Jorge era cliente de IMPA.

Así bajaron el primer avión que hicieron acá tuvieron que romper la ventana, me contaron. Papá fue en la carlinga del avión hasta Don Torcuato, después el avión voló. Todavía no estaba IMPA en Quilmes para aviación. Era en el Aeródromo de Don Torcuato… no sé si has pasado… Ahora está cerrado, ahora lo transformaron en un country. Porque era privado, en realidad el predio ese siempre fue privado, era un Aeroclub, un Aeropuerto que estaba en la Panamericana, justo donde está Don Torcuato, ahí, a un costadito, había un Aeroclub grande. Entonces, mi abuelo había alquilado, IMPA había alquilado un garaje ahí, mientras construían Quilmes. Y ahí voló el primer avión. El avión era un biplaza, un biplaza para instrucción, pero llegaron a hacer más grandes…

Lo que pasa es que en esa época cuando yo vine acá, en el 2001, el horno… el horno de la fundición, fundía el aluminio –que lo conseguían, ¡pobres!, de las latitas-, lo reciclaban porque a Aluar hay que depositarle la plata antes de comprarle, tiene el monopolio y es así… Entonces ellos se la rebuscaban con las placas de… Me acuerdo que me comentó Guillermo [Robledo] que había hecho un acuerdo con Clarín, justamente, ¡Clarín!, ¿ehhh?, que le vendían las chapas de offset. Son descartables ahora ¿no?, pero, hasta ese momento, eran de aluminio. Hasta el 2001. Y eran unas chapas enormes que Clarín tiraba como 20, 30 toneladas por mes. Entonces, no sé qué arreglo hicieron con ellos. Después le buscaron la vuelta, hasta que el hornero de acá, que era un tipo con mucha experiencia, le encontró la vuelta a las latitas. El aluminio de las latitas tiene un temple que parece que es medio complicado, para después laminarlo… Bueno… pero funcionaba la laminación, porque yo me llevaba de acá rollos de aluminio de 3 micrones, 10 micrones de espesor. Papel aluminio, papel. Y me acuerdo que hacían los envases de Havanna: aluminio puro pegado con papel… con un papelito se separaba…

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EL PASADO DE IMPA

Buscando los aviones En San Fernando, hace ya muchos años, el entrevistado pudo volar en un avión fabricado en IMPA. Relata, entonces, los pormenores de ese inesperado encuentro con un avión fabricado por su abuelo. Además, está convencido de que ahora va a ser posible encontrar el avión, o un avión, para que forme parte de las colecciones del Museo IMPA, ya sea mediante un préstamo o una donación. El avión en el que voló era un IMPITA, uno de los primeros fabricados en IMPA. Jorge Mario Sueiro: Yo encontré aviones de IMPA y sé

dónde están. En el ‘85, 1985, más o menos, yo estaba por alquilar un compresor, un grupo electrógeno y no sé cómo me conecté con alguien que alquilaba grupos electrógenos y viene un señor a mi oficina: ‘¿Qué tal?, Jorge Sueiro’, le digo. Y me dice: ‘Sueiro, Sueiro… ¿no es algo de Sueiro de la IMPA?’ Le digo: ‘Sí, soy el nieto’. ‘Yo tengo 2 aviones de la IMPA’, me dice el tipo, ¡casi me muero! Mi abuelo vivía, ¡eh! Entonces le digo: ‘¡No, no!… ¿Pero, donde están los aviones…?’. ‘Están en San Fernando, en el Aeroclub de San Fernando’, que ahora es un Aeropuerto’. ‘¿Pero vuelan?’. ‘Sí, vuelan, ¿querés venir a volar?’. ‘Sí, ¡ya!’, le digo. Por supuesto, el fin de semana me fui y lo busqué al tipo, me costó bastante encontrarlo, un hangar lleno de locos de la aeronáutica, pero locos… tipos que hacían que estaban haciendo sus aviones, algunos desde hacía 15 años. El hobbie de ellos, el fin de semana, es ir armando el avión. Y yo creo que lo estiran como para ir… para que la mujer no los mate, están todos ahí ¿viste? (se ríe). Y están todos ahí… Yo creo que ponen tres tornillos por día o tres remaches… pero eso es como que lo dilatan, porque es como que tienen pasión los tipos.

Jorge Mario Sueiro, nieto del Ing. Sueiro y Margarita Robertazzi, directora del Museo IMPA. Foto ©Claudio Margolin. Archivo Museo IMPA

Le dije a Margot, a mi tía: ‘Margot, ¿vos te acordás que yo…?’. ‘No, no me acordaba’. Bueno, por ahí conseguimos un avión. Se puede averiguar. Los aviones te garantizo que están ahí porque a los tipos les tocás un avión y te matan, es adoración que tienen… Así que, evidentemente, los deben tener, y ellos los tenían como un gran trofeo eso. Margarita Robertazzi: “Ahora, cuando vos decís ‘se

puede ir a hablar’… ¿qué les decimos, que nos presten el avión para el día…?” Jorge Mario Sueiro: “Sí, se lo sacamos…” Margarita Robertazzi: “O que lo presten por ejemplo

para La Noche de los Museos”. Luego de tomar contacto con el Museo IMPA, Jorge Mario se sentía involucrado en las tareas que se llevaban a cabo para la reconstrucción crítica de la historia colectiva, con el fin de dar a conocer quién había sido su abuelo, qué lugar había tenido en la industria nacional, revirtiendo de ese modo narrativas que consideraba injustas y poco fieles a lo acontecido. MUSEO IMPA I 19


La historia de IMPA Quilmes por sus protagonistas Después de varias conversaciones telefónicas entre Jorge Mario Sueiro, la directora del Museo IMPA y el personal a cargo de la Sala Histórica del Área Material Quilmes, se concretó un encuentro en la metalúrgica de la calle Querandíes del que participaron el Suboficial Principal José Martínez, por entonces a cargo de la Sala Histórica de Quilmes; el Sr. Ítalo Nonna, piloto civil, vecino de Quilmes, amigo y colaborador de la Sala Histórica; el nieto de José Mario Sueiro, Eduardo Murúa, trabajador y uno de los referentes de IMPA recuperada y Margarita Robertazzi, Directora del Museo IMPA. Durante un largo encuentro, se conversó sobre la historia de la aviación, que, en Quilmes, comenzó en 1912 con vuelos en globo, en la planta de gas de Bernal. Dice Ítalo Nonna que se hicieron varios vuelos de práctica desde Bernal. Con miras a entrenarse para el cruce de la cordillera, volaron [Eduardo] Bradley y [Ángel María] Zuloaga. “Desde Bernal hicieron vuelos importantes, varios records tuvieron, Bradley y… aparte de otros. Jorge Newbery nunca voló desde Bernal, pero Eduardo Newbery sí…” En Quilmes, funcionó el primer aeropuerto internacional de pasajeros, no estuvo ni en Aeroparque ni en Ezeiza. En aquel momento existían tres empresas en Argentina y cada 20 I MUSEO IMPA

una de ellas tenía su aeropuerto: Airfrance, en Pacheco; Panamerican, en Morón; y Lufthansa en Quilmes. IMPA tuvo la concesión de un enorme predio en Quilmes donde construyó el edificio y la torre de control que, con modificaciones, todavía se conserva. Con anterioridad, allí funcionaba el Sindicato Cóndor, una empresa de transporte de origen brasileño subsidiaria de Lufthansa en Brasil. Ya, en aquel momento, existían algunos hangares, uno de ellos, donde hoy funciona la Sala Histórica, fue la terminal de pasajeros. En la actualidad, puede visitarse como parte del acervo museológico. El Museo de la aviación, en Quilmes, está en un predio militar que es uno de los talleres más grandes de Sudamérica para el mantenimiento del instrumental aeronáutico. Esos trabajos no se realizan en el edificio que fue de IMPA, pero sí en los otros hangares. Se reproducen aquí fragmentos de las conversaciones que se sostuvieron en aquel encuentro hacia octubre de 2013: Í.N.: “Ahora, en 2015, se van a cumplir 100 años de la instalación de la Primera Escuela de Pilotaje, en lo que hoy es el Aeródromo…”. J.M.S.: “Nunca pisé Quilmes. He pasado

por ahí cuando voy de vacaciones y veo la fábrica, veo el edificio de IMPA que está tal cual. Se ha mantenido. También conozco, el de San Martín, ahí fui… El de Quilmes está muy bien, porque como está en manos de la Aeronáutica cuidan todo muy bien. Y se sigue llamando IMPA además… ¿viste? nunca perdió el nombre, es una cuestión de costumbre. Está bárbaro.

Bueno, yo, en casa, por ejemplo, tengo una cosa que mi mujer me mira medio raro… Tengo una hélice de avión de IMPA, en casa, colgada. Tengo varias cosas de Aeronáutica porque a él le gustaba mucho eso. [Dirigiéndose a la Directora del Museo] Claro, te lo presto y le sacamos a todo copia y lo que vos quieras, los libros, cosas… que me dejó mi abuelo a mí”. Í.N.: “En la fabricación de hélices de IMPA trabajó José María Muñoz. Bueno, yo conocí una persona que fue compañero de trabajo de él pero también falleció. Y que José María Muñoz improvisaba relatos porque era la pasión de él ¿no? En el taller se ponía a relatar partidos imaginarios”. Suboficial Ppal. J.M.: “Todo el mundo

en Quilmes la llama IMPA porque es lo que quedó ahí, quedó ahí: es ‘la IMPA’, quedó instalado, así, el nombre. ¿Es el área material Quilmes…? No, es la IMPA. Nombrar Otamendi y Teniente Bruza, o Otamendi y ex 75… no, hay que decir ‘la IMPA’. Y hay una Escuela Técnica, dentro del predio, que inclusive creo que se llama la escuela… IMPA ¿no? La número 7, ENET número 7, creo que se llama. Í.N.: “Sí, sí. Es una escuela muy importante y muy bien conceptuada en la parte técnica. Es decir, los egresados de esa escuela tienen las puertas abiertas en cualquier actividad afín ¿no? Yo conocí al fundador que fue un suboficial… Yo vivía y sigo viviendo en Quilmes en una zona de entrada al Aeródromo y sobre mi casa pasaban volando bajo. Me acuerdo que era chico y me llamaba la atención ver los cuerpos de los pilotos sobresaliendo del fuselaje ¿no?... con el casco de cuero era y las antiparras. Se veían porque era relativamente bajo…”


Jorge Mario Sueiro, Ítalo Nonna y el Suboficial Principal José Martínez, en el despacho del Museo IMPA, octubre de 2013

Conocer la sede IMPA Avión A partir del encuentro, se realizan acuerdos de cooperación entre los dos museos, al mismo tiempo otros para que Jorge Mario Sueiro, rápidamente convertido en un amigo del Museo IMPA, pueda ingresar a la sede IMPA Quilmes para conocer el edificio que hizo su abuelo. J.M.S.: “Ahora veo este edificio

[en fotos del Archivo General de la Nación], cuando voy a veces a veranear, por la autopista, ahora se ve. Bueno, y de entrada, la primera vez que usé esa autopista y veo IMPA avión… me encantaría ir a conocer…” Suboficial Ppal. J. M.: “Lamentablemente ahora hay un depósito, no digo de chatarra pero de elementos en desuso”. J.M.S.: “No importa”. Í.N.: “No, no, pero subir a la torre.

Los días claros se ve Colonia desde la torre… pequeñas cosas, pero el edificio es muy importante. Decía IMPA, yo me acuerdo de chico que yendo por la avenida que va para la costa de Quilmes, en la torre decía IMPA, ahora dice Área Material Quilmes”. “Bueno, estos son los planeadores que fabricó IMPA [mirando fotos]… yo tengo que buscar un librito que había así, todo pegado, que se ve que lo hizo mi abuelo eso… Se ve que ese día, cuando voló el IMPA, salió en todos los diarios, obviamente, entonces estaban todos los recortes pegados…”

J.M.S.:

La maqueta prohibida

Suboficial Ppal. J. M.: “A un plano y

está a escala” J.M.S.: “¿A un plano pero que tenés vos?”

Parte del encuentro estuvo destinado a averiguar si en la sede IMPA Avión había piezas que pudieran ser exhibidas en el Museo IMPA. La conversación giró en torno a una maqueta que reproduce, en menor escala, al avión IMPA y que se encuentra en la Sala Histórica del Área Material Quilmes. Eduardo Murúa: “¿Y de las cosas que

hacía IMPA no hay nada?”. Í.N.: “No, lamentablemente” Suboficial Ppal. J. M.: “Hay una reproducción. Tengo una maqueta, no sé la escala, de uno de los aviones…” Í.N.: “Del TU-SA” Suboficial Ppal. J. M.: “Me van a tener

que matar para sacarla”. M.R.: “Ya la pedí, pero no…” Suboficial Ppal. J. M.:“No se puede sacar”. E.M.: “¿Por qué?” Suboficial Ppal. J. M.: “Porque no, no,

no. Porque está en la Sala Histórica. Está en la Sala Histórica de Fuerza Aérea, dentro de mi museo, digamos”. E.M.: “Pero por qué no podemos… ¿por

qué no podemos mostrar la maqueta?… Suboficial Ppal. J. M.: “O sea, yo les permito que tomen fotografías, obvio, pero no sacarla del museo. Tómelo como que es una reliquia. Y es algo nuevito que yo lo he logrado hacer, hace no más allá de dos meses. Y, obvio, que no voy a tener la autorización para poder sacarla. Una cosa lógica, imposible”. Í.N.: “Ese [señalando la fotografía de un TU-SA] es el que está en la maqueta, en la maqueta prohibida” J.M.S.: “[ingresa más tarde a la conversación] ¿Por qué la maqueta prohibida?” Suboficial Ppal. J. M.:“Yo la recibí hace 3

meses. Me la trajeron, la hice fabricar”. J.M.S.: “¿La hiciste de acuerdo a qué? ¿A

un plano?”

Suboficial Ppal. J. M.: “No, lo consiguió el señor [Juan] Benavente” Í.N.: “Sí, es el autor de este trabajo [se refiere a una ponencia de Juan Benavente y de Ítalo Nonna presentada en 2º Congreso de Historia de la Aviación Argentina, que se realizó en el Edificio Cóndor, en 2012, y que fue obsequiada al Museo IMPA durante el encuentro que se relata].

Desde entonces, Jorge Mario Sueiro comenzó a imaginar que podría fabricar otra reproducción del avión TUSA para que forme parte de las colecciones del Museo IMPA. El día… pudo concretarse la visita a IMPA Quilmes a la que Jorge Sueiro concurrió acompañado por algunos amigos y por integrantes del equipo que trabajan en el Museo IMPA. Allí fue recibido por el Suboficial Principal José Martínez, por Ítalo Nonna y por Raquel, asistente de la Sala Histórica. Ellos nos llevaron a conocer el predio militar, los hangares y talleres y, desde luego, fuimos a visitar el edificio que había construido IMPA, inclusive tuvimos una entrevista con el Comodoro Guillermo Santilli, Jefe de la Unidad, quien también nos recibió. Conocimos y fotografiamos la maqueta “prohibida”, advirtiendo que, en la Sala Histórica, la presencia de IMPA y del Ingeniero Sueiro tienen un lugar destacado -cosa que no ocurre en otros museos aeronáuticos- lo que, tal vez, suceda por el fuerte arraigo que tiene IMPA en la comunidad quilmeña. Jorge Mario Sueiro fue el único de nosotros que subió a la Torre de Control. Además, obtuvo la promesa de que podría juntarse con los planos que se habían usado para la construcción de la maqueta. Hoy ya tiene esos planos y es más factible hacer realidad su proyecto para reproducir, a menor escala, uno de los aviones fabricados en IMPA. Fotografía que reproduce la maqueta del IMPA TU-SA que está en la Sala Histórica del Área Material Quilmes. Obsequiada al Museo IMPA por Ítalo Nonna, Archivo Museo IMPA.

MUSEO IMPA I 21


¿Por qué se fue IMPA de Quilmes?

Bicicleta Ñandú, fabricada en IMPA

Si bien es difícil conocer con precisión los comienzos de IMPA Avión, para la gente de Quilmes es más difícil aún llegar a saber las razones por las que se fue de allí. Í.N.: “En Quilmes, circuló por un tiempo que IMPA había quebrado o había desaparecido o dejado de funcionar por equis razón, ese era el concepto que había en Quilmes a raíz de que… bueno, como se va de Quilmes, con el tiempo… se consideraba desaparecida”. J.M.S.: “Nunca quebró IMPA, nunca quebró IMPA”. Suboficial Ppal. J. M.: “No, no, claro, pero lo que él hace es el comentario de lo que circula… pero también tiene algo que ver, que usted mismo lo dijo recién, que nadie sabía que esto era de Sueiro, sino que todos creían que era de capital alemán. Entonces lo mismo, pese que la gente que estaba acá dentro trabajando, va a pasar en Quilmes, que es lo que está diciendo él, van a creer que quebró, que fundió… o hasta que fue parte del Sindicato Cóndor…”

M.R.: “¿No sabés?” J.M.S.: “Yo no sé, pero en la revista

esa de IMPA… bueno, hay fechas… muy ciertas, porque IMPA fue, por ejemplo, ¿viste que promocionó sus bicicletas poniendo plata en los 6 días… la ‘“Carrera de los 6 Días’ que la promocionaba IMPA?, la financiaba, qué se yo, para promocionar sus productos”. M.R.: “Sí, ahí está la bicicleta”. Í.N.: “Ah, la Ñandú”. M.R.: “Y esto es el año ‘45, esa revista

es del año ‘45. J.M.S.: “No, no, IMPA, en ese momento,

estaba en su pleno auge. Era una cosa impresionante. Acá se hacían creo algo de 3 millones de pomos por mes de aluminio ya. Se fabricaban bicicletas, se fabricaban bicicletas con motor incluso”. Í.N.: “Las primeras yo me acuerdo, las Cucciolo, pero eran italianas creo que eran esas… Las primeras que yo me acuerdo…” J.M.S.: “Bueno, acá se hacía una. Pero

se hacia la bicicleta de IMPA, acá se hacía todo, toda la bicicleta; lo único que no se hacían eran los neumáticos. Desde los rayos, la cadena, las llantas, el cuadro… todo. Todo se hacía en IMPA, todo”. Í.N.: “¿Con qué marca, la marca IMPA?” J.M.S.: “Ñandú”.

Í.N.: “¡No!… ¡acá tienen un material

importante!” J.M.S.: Sí, sponsor, sponosoreaba.

Después se fabricaba acá de todo, envases de todo tipo, para cosmética, para rouge, para todo. Qué se yo, eran miles de productos… Máquinas… hasta máquinas de coser. Los cospeles para las monedas, ¿vos sabés que se fabricaban acá? Los cospeles que le entregaban a la Casa de la Moneda. La plata, la moneda nuestra. Te lo garantizo, te lo garantizo. Deben estar los contratos en algún museo, en algún lugar, en un archivo.

El final de IMPA propiedad privada

Ñandú, Jorge?”

Durante la conversación, surgen otros recuerdos no tan gratos para la familia Sueiro y, en especial, para Jorge Mario, que se refieren al momento en que el gobierno nacional expropia la fábrica y luego la nacionaliza.

J.M.S.: “No sé”.

J.M.S.: “Vos sabes que una cosa que me

Í.N.: “Ah, Ñandú, ¡es verdad!” M.R.: “¿Desde cuándo se fabricaban las

acordé… me voy acordando las cosas que me contaba él. Cuando le sacan la fábrica, en la Aduana… primero IMPA tenía una gran… un gran depósito en Ciudadela, eso vos lo sabés…” M.R.: “Sí, no era una fábrica, era un depósito, pero ¿algo no se fabricaba ahí?”. J.M.S.: “Yo nunca lo escuché a él

contarme… Siempre me dijo que era un depósito, por lo menos en su época. Mucha materia prima tenía acumulada. Mucho latón, mucho… Por eso la guerra mucho no le provocó a IMPA… mucha plata, mucha plata en materia prima. Y cuando le sacan la fábrica, queda en la Aduana, que él había importado una planta para laminar latón, ya no aluminio porque él el latón lo compraba… el latón de bronce lo compraba afuera, se lo compraba a otros, pero, por supuesto, con su manía de hacer todo. Había comprado una planta, la más moderna, para laminar ya el latón, hacer todo el laminado del latón, y quedó trabado en la Aduana eso, justo en el momento que le sacan la fábrica, la cosa ésta estaba ahí. Bueno, durante años nadie se ocupó de esa planta, quedó ahí atrancada en la Aduana, hasta que ¿viste que de vez en cuando la Aduana hace como unos remates? Cuando quedaban autos… entonces, de vez en cuando, hacía un remate y bueno… fue Decker, ese que yo te contaba, Decker, los de hidrobronz, los caños hidrobronz, los de Decker fueron y la compraron la planta, porque, en realidad, [IMPA] le hacía la competencia a Decker ¿viste? Compraron las máquinas que estaban en la Aduana, que habían pasado como siete años y seguían siendo las más modernas que había”. M.R.: “¿Y con Ciudadela qué pasó,

22 I MUSEO IMPA

cuándo se cerró?”


J.M.S.: “No tengo la menor idea. De

M.R.: “Quizá es que él nunca se podía

Ciudadela es de lo que menos sé, no sé ni donde queda”.

haber imaginado que a él le iban a quitar IMPA. Y, además, una fábrica así, ¿cómo se iba a imaginar?”

M.R.: “Yo te estaba buscando para el

cierre de la revista porque la habíamos descripto como depósito y logística, pero, como una ex trabajadora de IMPA nos contó que su madre trabajaba en Ciudadela y en fabricación, nos quedó la duda”.

J.M.S.: “Pero, aparte, un tipo patriota

¿entendés? Nacionalista.” M.R.: “Sí, vos me contaste lo de las

Malvinas. Contale a ellos que a mí ya me contaste. ¿Cuántos años tenía tu abuelo?”

J.M.S.: “Ah, puede ser que algo hayan

hecho entonces. No, yo sé poco de Ciudadela. Es más, no sé ni dónde queda. No sé la ubicación, dónde estaba…”

J.M.S.: “No sé, fue en el ‘82… Y él

tendría setenta y… nació en 1903, así que serían setenta y… él se anotó como voluntario” Í.N.: “79 años…” J.M.S.: “La fábrica decía: ‘Ser argentino

Ing. Sueiro, abuelo de Jorge Mario (sentado sobre apoya brazo), junto a su socio Roberto Lienau. Foto Archivo Museo IMPA

es un honor, demostrarlo es un orgullo’…”. M.R.: “Lo vimos en las fotos del Archivo”

M.R.: “¿Qué fue lo que pasó con la J.M.S.: “Si alguien le tocaba su país,

te mataba, ¡eh! ¿Me entendés? Él lo que hacía era ir a Europa a comprar máquinas para ahorrarse tiempo, porque si te las ponés a desarrollar acá… ¿para qué?” M.R.: “No tenía sentido, lógico, los otros

Aciertos y errores del abuelo Los recuerdos acerca de la expropiación de IMPA lo llevan a pensar en los errores que su propio abuelo ya había advertido, pues si hubiera estado más advertido algunas sedes de su fábrica podrían haber tenido otro destino.

ya las tenían hechas”. “Las mejoramos acá si queremos… ¿entendes? Pero aprendamos rápido. Tenía una mentalidad así, patriótica… Por eso [quedarse sin la fábrica] fue una puñalada”.

J.M.S.:

Esa mentalidad también se puso en juego para la fabricación de aviones: J.M.S.: “Bueno,

J.M.S.: “Una cosa de la que siempre

se arrepintió mi abuelo, una de las cosas que siempre hablaba con él, que me lo contaba, me acuerdo cuando viajamos a San Juan… me decía uno de los errores de él, ¿sabés cuál fue? No hacer tres empresas”. M.R.: “¡Ah!, claro, no separarlas, porque

entonces hubiera tenido problemas con una, pero no con todas” J.M.S.: “Exacto, él siempre me dijo

eso, lamentablemente IMPA era toda una sola. Era IMPA aviación, IMPA San Martín, IMPA Central, pero como sociedad era una sola. Si hubiera armado no sé cuánto aviación y no sé cuánto municiones… por ahí…”

chance? Los vamos a hacer industria argentina’. ‘No, es imposible porque…’ qué se yo… Se fue a Italia y se trajo cuatro técnicos. Alfa Romeo tenía una subsidiaria que hacia instrumental para aviación y el instrumental de los autos, ¿viste, los autos para correr? Se trajo cuatro italianos. Dos de los cuales se quedaron a vivir acá. Trajo cuatro italianos y los materiales los teníamos, había que saber cómo. Es decir, tener la experiencia. Y te digo, ponele a los noventa días los llamó a los militares y les dijo: ‘Che, ya está, son industria argentina’. Pero escúchame, acá los materiales estaban, había que traer a la gente que nos enseñe. Era todo eso. Después, ahorremos tiempo, porque si nos ponemos a investigar desde… de entrada para hacer instrumental, vamos a estar mucho tiempo, pero allanemos caminos, traigámoslos a los que saben, no sé qué convenio hizo con los italianos ¿no?”.

bueno, está bien, hacemos los aviones, que lo único que tenían importado era el motor, porque estaban hechos con madera argentina, ¿no? Había que darle tiempo no más. Ehh…. Bueno, el instrumental lo hacen, ¿viste?, los militares, Fabricaciones Militares, porque es una cosa muy complicada. ‘Bueno, está bien, háganlo ustedes’. Resulta que habían… ponele… no sé, 20 aviones listos, todos terminados, fuselaje, todo, sin instrumental. Entonces, no sé cuantos meses pasaron -lo digo rápido porque tampoco lo conozco en detalle- pero… le dicen: ‘Sueiro, vamos a importar el instrumental porque no… acá no… no tenemos la tecnología, no sabemos cómo hacerlo’. Bueno, la cuestión es que… no ‘¿Me dejan a mí, me dan una

fabricación de aviones?”. J.M.S.: “El socio Lienau era un gran

administrador, porque mi abuelo la llevaba adelante con la producción, y el otro era… ¿viste? lo paraba a veces, eh. Le decía ‘pará, pará, pará’. Por ejemplo él con los aviones no estaba de acuerdo y se lo advirtió, se lo advirtió: ‘¡No!’, y también le advirtió lo de los militares. Y mi abuelo me dijo a mí: ‘El gran error, el peor error de mi vida fue meterme con los militares’. Porque el día que… más allá de la política, de lo partidario o no partidario, cuando la Revolución Libertadora, algunas fábricas que se habían expropiado volvieron a sus dueños originales. Volvieron. Pero IMPA, al margen de todo el despelote ese que hubo de la lista negra y demás, pero…. IMPA, nunca volvió. ¿Por qué? Porque la convirtieron en Fabricaciones Militares. IMPA San Martín, que hacía municiones, todas esas cosas, vos pasas y dice EGM, Fabricaciones Militares. Y la de Aeronáutica, la de Quilmes, y esta que hacía pomos, los tipos no tenían ni idea, pomos y todo lo que hacía, dijeron: ‘Bueno, esta qué sé yo, que quede ahí dando vueltas’, hasta que, en el gobierno de Frondizi, se privatizó. Y en algún momento… hubo como una especie de intento de devolución ¿eh? no sé si de toda la IMPA o de parte… que fue con [el ex Presidente de la Nación Arturo] Illia”.

MUSEO IMPA I 23


Industria Argentina y desindustrialización Al describir a “la IMPA” trabajando a pleno, surgen las comparaciones con la situación actual de la metalúrgica recuperada, pero también con el proceso de desindustrialización que se vive en Argentina, como un efecto de las transformaciones globales que ocurrieron en el mundo de las personas que trabajan. E. M. : “Y ahora hacemos pomitos nada más”

J.M.S.: “¡No, no, no! Por eso yo siempre me interesé en esto,

porque siempre me pareció una cosa… ¡qué sé yo!… injusta…”. E.M.: “Un poco el museo va a expresar eso. Tiene tres líneas:

la historia de la industria en Argentina, la historia de la clase trabajadora, también con sus logros y sus avances, y lo otro es la denuncia de cómo el poder internacional interviene en los procesos de desarrollos nacionales para destruirlos ¿no? A partir del ‘55 con el golpe, del ‘76 también, de cómo empieza a… de… cómo intervienen las distintas etapas del capitalismo mundial y cómo frenan los desarrollos de los países subdesarrollados, los países como los nuestros, que a pesar de que tenían un gran avance”.

M.R.: “Bueno, también son otras épocas del país” Í. N.: “¡No!… ¡más bien!” M.R.: “Son épocas muy distintas, el tipo de industria… a lo

que se apostaba en una época… en otra época”. Suboficial Ppal. J. M.: “Y sí, la industria argentina

realmente se ha venido en muchos aspectos abajo. Hoy estábamos viendo unas de las fabricaciones -justo cuando veníamos en el colectivo- que tuvo la Argentina, que es el Torino. Vimos una cupé Torino impecable” Í.N.: “¡Impecable, una joya!” Suboficial Ppal. J. M.: Y esa fue nuestra industria”.

IMPA: “La casa” El primer encuentro en IMPA recuperada entre Jorge Sueiro y la Directora del Museo IMPA –de la que también participaron Oracio Campos y el fotógrafo Claudio Margolín- ya anticipaba que se establecería una relación de cooperación que sería enriquecedora para ambas partes, a la vez que dejaba ver algunas semejanzas entre la vieja y la actual empresa. J.M.S.: “Mi abuela también me contaba muchas cosas,

Í.N.: “Sí, porque era símbolo de potencia. [Leyendo el informe sobre Los orígenes de IMPA de Horacio Ricardo Silva] Ahora, acá [en el informe], se toca el tema de las razones de por qué IMPA deja de producir aviones ¿no? Y se sugieren motivos políticos…”

eran cenas, por ejemplo, cenas, siempre venía alguien a cenar porque… bueno, como todos tipos de esa época con industrias… había un compromiso… Y eran las 11 de la noche y estaban todos los invitados ahí y mi abuela con toda la comida, y mi abuelo estaba acá. Entonces lo llamaba y no la atendía, hasta que al final lo convencía, lo presionaba hasta que iba y estaban ya los tipos comiendo… y él no llegaba porque estaba acá… ¿Y él sabes cómo llamaba a este lugar? Nunca me dijo… Yo, al principio no interpretaba lo que me decía... siempre me hablaba de ‘casa’. ‘En casa teníamos tal torno y tal torno’. Y yo decía: ‘¿qué me está diciendo? Si en casa no tenemos ningún torno’”.

Suboficial Ppal. J. M.: “Mmm… de la época, por supuesto”.

Oracio Campos: “La casa de él era ésta”.

Í.N.: “Se menciona también que habían diseñado un bimotor de

J.M.S.: “Claro. ‘En casa no tenemos ningún torno, tata’, le

M.R.: “¡Cómo estaba de moda el Torino…! Todo el mundo

quería tener un Torino, me acuerdo”. Í.N.: “¡Qué auto!” M.R.: “Todos los hombres querían tener un Torino”.

uso militar, que ahí están las características. Uno se empezó a construir y hubo un segundo que no salió de los proyectos, pero estaba ya diseñado…un bombardero iba a ser”. E.M.: “Unos años después, apretaron los yanquis para que

no hagamos nada…” Suboficial Ppal. J. M.: “Se ha perdido durante el transcurso

de tantos años toda la riqueza que realmente hemos tenido acá. [Dirigiéndose a Jorge Sueiro] Amén de que le toca a usted por una cuestión familiar, el tema es lo que ha sido nuestra industria nacional porque se perdió… así como esto, la fábrica de avión en su momento, la fábrica de autos… en Quilmes y cuantas otras cosas que uno no conoce…” Í.N.: “En Quilmes, la industria textil, por ejemplo, grandes fábricas como La Bernalesa. Otras que se han ido al exterior: Siro, Rodia, que eran…” J.M.S.: “¡Monstruos! Es más, acá se ha perdido Siam Di

Tella, lo que era esa fábrica… mi abuelo era amigo de… por supuesto, se juntaban en la Unión Industrial y qué se yo… mi abuelo lo admiraba mucho a Di Tella”. M.R.: “Pero de la Siam sí hay muchas cosas escritas, en

cambio de tu abuelo no”.

24 I MUSEO IMPA

decía yo”. M.R.: “Bueno, es como para ustedes, Oracio”. [Oracio asiente] J.M.S.: “Ahí me di cuenta de su mentalidad, después…

cuando yo fui más grande, teníamos otra fábrica que se llamaba EMPA y después tuvo INTA”. M.R.: “¡Qué impresionante eso que contás! Mantenía el

nombre, iba sustituyendo alguna letra pero mantenía el nombre, como si la siguiera teniendo…” J.M.S.: “Me decía… Jorge… escúchame, tenemos en casa un

compresor de 3 caballos’. Yo, después entendí, pero ahí me empecé a dar cuenta la mentalidad que él tenía ¿Entendes? Y era así, yo estoy convencido que sus empleados no eran empleados, eran familia, era una familia que él tenía”. M.R.: “¿Vos sabes lo que me contaban tus tías también? Que

cuando iba con su mujer, o sea, con tu abuela, viajaban a Europa, que ella estaba harta porque él lo único que quería era ver fábricas…”. J.M.S.: “¡Claro! ¡Fábricas, fábricas! ¿Pero sabes lo que hacía?

Esto es contado por él, así. Todo lo que te voy a contar es contado por él, porque nosotros teníamos mucha relación…,


iba a San Juan, yo me fui a vivir a San Juan y encaramos un negocio minero. Ahora, antes de morirse, (murió en el año ’84… no, perdón, ‘86), él traía una máquina de Alemania ¿no? Se iba a Alemania, cada dos años. Un año, que iba a comprar máquinas, compraba una de cada una. Compraba ésta, ésta, y ésta. Llegaba a Buenos Aires, se bajaba en el puerto, venía a IMPA, no entraba en producción la máquina, iba directamente a mecánica, a taller. La desarmaba toda, y se hacían 5, copiaba…”. O.C.: “Eso lo había escuchado”. J.M.S.: “Copiaba todas las máquinas. Y las máquinas que ya

eran menos productivas, se las vendía, por ejemplo a los chilenos, a empresas de la competencia, pero chilenas… como para que estén siempre un paso atrás”. M.R.: “Claro, claro. Un pensamiento estratégico”. J.M.S.: “Claro, estratégico. El tipo quería, agarraba… Vos

habrás visto en fotos que hay 30, 40, 100 tornos, de esos que hacen los capuchones para las varas y todo ¿no? Bueno, tenía esa mentalidad, él quería hacer… como el cuento, no sé si te lo contaron mis tías, pero… cuando hicieron los aviones esteeee… el ejército… Él tenía una relación, porque era muy amigo de Savio, era muy amigo de Savio… [Coronel Manuel] M.R.: “Parte de la historia de Savio la conocemos, porque

intercedió para que se le de un crédito a IMPA…” J.M.S.: “Exacto, sí, sí. Tenía una admiración tremenda por mi

abuelo…” M.R.: “Y viceversa, claro”.

En IMPA hay una mística: “él está contento, porque está acá” Claudio Margolín: “Yo llevo quince años… menos,

doce años que vengo haciendo fotos acá, desde la época analógica, ahora es digital… pero yo te decía, vos sentís que el lugar vibra, pero no es porque pasa el tren, digo, el lugar tiene vibración. Es muy particular, tiene vida propia el lugar, no porque te parezca antiguo…” J.M.S.: “Yo siempre lo pienso, es un milagro, que [IMPA]

esté en pie y siga, es un milagro”. O.C.: “Aquí pasaron cosas muy importantes para mí ¿no? y lo cuento como experiencia propia y eso que nosotros no pensábamos que a la íbamos a recuperar…” J.M.S.: “Por eso le digo que acá hay una mística de trabajo en IMPA, muy particular, que yo creo que la tenía mi abuelo y ustedes…Y usted, cuando yo vine acá, y me mostró… Mi abuelo siempre me contaba en su oficina… siempre…Yo le preguntaba ¿no? y a él le gustaba hablar… me contaba… Yo ya la conocía la oficina por todas las descripciones. Cuando vine acá, Oracio, nos juntamos en otra oficina, no acá, moderna, y yo miraba y decía ‘Esto no pega con lo que a mí me contaban’. Claro, deben haber sacado… haberla reformado… Entonces, en un momento, le pregunté: ‘Oracio, escúcheme, mi abuelo siempre me hablaba de una oficina, la oficina de él, que…’ ‘No, no, está. Está tal cual’, me dice”. M.R.: “¿Cuál es?” O.C.: “La Presidencia”. J.M.S.: “Y entonces me dice: ‘Venga, yo lo voy a llevar’. Y

cuando entré me quedé… claro, porque ahí me pasaron al año ‘45, porque los muebles, todo era… Incluso él me contaba siempre que él quiso hacer dos puertas, tenía dos puertas tapizadas con cuero, que era para aislar eso, porque él siempre… tenía miedo de los espías industriales que le espiaban las cosas en IMPA, porque IMPA…” O.C.: “Todavía están las puertas esas.” J.M.S.: “Pero él [el Ingeniero Sueiro] está contento, porque

está acá. Yo te juro que está acá. Por eso acá hay una mística… Porque… ¿dónde está Di Tella, dónde están tantas fábricas…? Y IMPA ¿viste? sigue estando, ¡es increíble!”. Acá hay algo ¿no? que siempre viene, algún espíritu, que él debe estar, y están otros espíritus que hacen que esto siga funcionando. Es indudable, yo no lo puedo creer que nadie haya podido ¿viste? No han podido… a pesar de los intereses inmobiliarios y de todo tipo…

ARRIBA: Foto histórica del despacho de “presidencia” en el 3º piso de IMPA. Archivo Museo IMPA. ABAJO:

Oracio Campos en la presidencia de IMPA. La Nación Revista, 30 de junio de 2002. Foto ©Daniel Caldirola

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EL MUSEO IMPA VISTO POR ESPECIALISTAS Perspectivas museológicas a partir de la mirada de MARÍA DEL CARMEN MAZA (Expresidente del ICOM), MARÍA JOSÉ FERNÁNDEZ (Directora del Museo Nacional del Hombre), PEDRO DELHEYE (Regente de la Escuela Nacional de Museología)

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ENFOQUES ACADÉMICOS

El Museo IMPA, un desafío museológico Lic. María del Carmen Maza (exPresidente del ICOM)*

En el ámbito de la museología, el Museo IMPA surge como un verdadero desafío. Si bien a nivel internacional hay muchos antecedentes de fábricas que, habiendo dejado de funcionar, fueron rescatadas por su valor patrimonial -ya sea desde el punto de vista de la arquitectura industrial como por sus antecedentes en la historia de una localidad o población- este proyecto es realmente diferente por los antecedentes que le dan origen. Pionera como empresa auto-gestionada por sus empleados, su riqueza se basa en la determinación de quienes en ella siguen trabajando de crear un museo. Su misión es recuperar, conservar y difundir la historia de una industria en actividad parcial, que a lo largo de ocho décadas ha sobrevivido a los avatares políticos y económicos del país. En la actualidad es un referente en la historia de las luchas obreras vinculadas a la defensa de las fuentes de trabajo y su dignidad. Son los trabajadores quienes han considerado que la historia de esta fábrica debe quedar expuesta, por su importancia en la historia del país y del trabajador en

general. Es el sentido de construcción de un país y de los valores de identidad y dignidad del trabajo, los que la comunidad, entendida por quienes trabajaron allí como por el entorno —el barrio— en el que se encuentra, entienden deben ser expuestos en un ámbito vinculado a la memoria, a la preservación y al debate. El trabajo es una de las principales actividades humanas y sociales y es un derecho de las personas. Desde el punto de vista económico, para las personas tiene un doble significado: asegurar su supervivencia y la adquisición de bienes de consumo. Desde el punto de vista social, en los espacios laborales se desarrolla un sentimiento de pertenencia y de construcción de lazos sociales. Desde el punto de vista individual, el trabajo puede brindar una experiencia de vida reveladora, al brindar las oportunidades de desarrollar habilidades, afirmar la autoestima como así también aportar un prestigio social. Como espacios colectivos son lugares de transmisión de valores, normas, creencias y expectativas. Si bien el término dignidad es abstracto, en este caso concuerda con su etimología del término latino dignus (valioso). En MUSEO IMPA I 27


la cadena de las relaciones laborales, cada eslabón es valioso. Desde el punto de vista museológico, el museo la Industria Metalúrgica y Plástica Argentina nos ofrece una muy interesante oportunidad de transitar el camino de la transdisciplinariedad. Los museos no han escapado de las tendencias disciplinares y se trató de etiquetarlos según sus colecciones a una disciplina. Pero en este caso, por sus características, ¿a cuál tipología de museos nos debería remitir? Estamos frente a una fábrica museo en actividad. Sus trabajadores, vecinos y descendientes de empresarios, gerentes y obreros son testigos vivos de esta historia. Un devenir que involucra valores y derechos; arquitectura y contexto; maquinarias y productos; identidad y nación, historias de vida y de vidas, lo material y lo inmaterial. Hace cuatro década, en Latinoamérica se produjo un documento que marcó un punto de inflexión y dio nacimiento a la nueva museología. En Chile, bajo el lema La función del museo en la América Latina de hoy, en 1972, la Unesco organizó un encuentro de carácter interdisciplinario. Especialistas de diferentes áreas vinculadas al conocimiento debatieron sobre la función del museo en aquellos momentos y su resultado, la Carta de la Mesa Redonda de Santiago de Chile, marcó un hito fundamental con la definición del museo integral. Entre los profesionales de museos ya se venía gestando la necesidad de una visión abarcativa. Cabe recordar en este punto a George Henri Rivière y su propuesta de Ecomuseo1 y a Hugues de Varine-Bohan que decía: “[…] el camino que lleva a la totalidad del hombre y

a todos los aspectos de la aventura humana, antigua y contemporánea, a través de la utilización del único lenguaje que trasciende las diferencias culturales, el lenguaje del objeto, el lenguaje de la cosa real”2. El ser humano, al trabajar siempre produce algo en pos de satisfacer una necesidad o demanda de la sociedad. Pero en esa actividad se encuentran involucrados aspectos referidos a la conformación de la personalidad, a la familia, la salud, la educación y la vida en comunidad. En los ámbitos laborales se trabaja con otros y se depende del trabajo de otros. Y todo ello está asociado a aspectos afectivos y económicos. Los museos, no sólo muestran colecciones (objetos), sino que difunden conocimientos y son espacios de construcción ciudadana. Están presentes en el espacio físico real y en el ciberespacio. Ello demanda que los profesionales de museos adopten una actitud reflexiva y abierta. Comprender que la realidad no se limita a la realidad sensible y romper con un lenguaje que limite a una única perspectiva y conmover al visitante. Vincular las colecciones con el pasado y la actualidad, para, como dice Jacques Hainard, lograr que el público salga del museo menos seguro de sus saberes, de sus creencias, de sus prejuicios, que cuando entró. Que los visitantes se pregunten ¿Por qué pienso como pienso? y ¿Por qué digo lo que digo?”3 El Museo IMPA por su misión y por sus actores principales los trabajadores es una invitación a adoptar una actitud transdisciplinar para incentivar al visitante a concebir y crear su futuro a través de las exhibiciones del museo y sus actividades de educación y extensión cultural.

1. “Un espejo, donde la población se contempla para reconocerse, donde busca la explicación del territorio en el que está enraizada y en el que se sucedieron todos los pueblos que la precedieron, en la continuidad o discontinuidad de las generaciones. Un espejo que la población ofrece a sus huéspedes para hacerse entender mejor, en el respeto de su trabajo, de sus formas de comportamiento y de su intimidad”. Riviére, Geroge Henri, “Definición evolutiva del ecomuseo”, en: Museum, Nº 148, Vol XXXVII, nº 4, 1985. pp 182/183 2. Museum, Nº 148, Vol XXXVII, nº 4, 1985. p. 185 3. HAINARD, Jacques, “L´expologie bien tempérée”, en: Quaderns-e n° 09 2007/a, Institut Catalá d’Antropologia, ISSN 1696-8298

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Cristina Merli, integrante del Museo IMPA con visitantes en sector objetos. Archivo Museo IMPA

*

Lic. María del Carmen Maza

Licenciada en Museología. Expresidente de ICOM Argentina. Asesora Museológica en el Museo y Archivo Histórico de la Facultad de Derecho, UBA. Prof. de Museología en Escuela Nacional de Museología. Ha realizado tareas de investigación, diseño y montaje para diversos museos del ámbito nacional, universitario y privados.


ENFOQUES ACADÉMICOS

Conservar es una de las funciones de un Museo y se articula con otras como, investigar, exhibir o comunicar. Los museos, como instituciones que custodian bienes culturales deben encontrar un equilibrio entre estas funciones para realizar una adecuada gestión. A su vez, la conservación preventiva, como marco metodológico, aporta un enfoque sistemático para enfrentar la problemática de los objetos frente al deterioro, por medio de la implementación estrategias de mitigación a largo plazo (Rose, 1995). Dichas estrategias para resultar efectivas deben estar relacionadas con los aspectos específicos del uso de las colecciones, su desarrollo y valor asociado. El Museo IMPA y el patrimonio cultural que custodia, tiene una fuerte relación con la producción, las maquinarias usadas para tal fin, dentro de un contexto vinculado con la cultura del trabajo, el movimiento obrero y un particular período histórico en Argentina. Justamente estos elementos forman el valor asociado de su espacio y colecciones y por tanto requiere de un análisis particular. Además, el Museo comparte el espacio con la fábrica recuperada que dio origen al proyecto y que continúa en funcionamiento. Este es un breve análisis que apunta a mejorar la preservación del espacio y sus colecciones, originado por solicitud del equipo de trabajo de la entidad. Se realizó una recorrida para ver las inmediatas necesidades de conservación, como el caso de antiguas maquinarias, accesorios y archivos con documentación original (guardada en diversos espacios compartidos con otras áreas de actividades ajenas al museo). Sin duda el marco de la conservación preventiva es un modelo adecuado para gestionar este tipo de museos, pues se aplica sobre todo al entorno de los materiales, el espacio y ambiente que lo rodea poniendo un especial énfasis en las políticas y procedimientos destinados a mantener a los objetos en el mejor estado posible durante la mayor cantidad de tiempo.

Conservación preventiva y gestión patrimonial en el Museo IMPA Lic. María José Fernández (Museo Nacional del Hombre INAPL)*

Uno de los primeros temas que el equipo intenta resolver es la organización y acondicionamiento de un espacio que se destinará a almacenar el archivo con la documentación original de la fábrica, el cual incluye diversos materiales y sobre todo papel. Este lugar está ubicado en la segunda planta, en un sector que hasta el momento está abandonado y en donde todavía está emplazado el mobiliario original de madera. Si bien el ingreso al espacio es angosto para manipular materiales y/o trasladarlos, en el interior es amplio y con posibilidades de realizar mejoras y adaptarlo para el nuevo destino. Durante la reunión se planteó la necesidad de proteger las antiguas estanterías por medio de barreras usando materiales de calidad para su conservación, luego de estabilizar su estructura, limpiarlas y pintarlas. Un material que resultaría adecuado en este caso, es un papel grueso de aluminio para poner sobre los estantes y que la misma fábrica produce. En una etapa posterior, debe contemplarse que existirá un alto factor de riesgo respecto al fuego y las plagas, dado el material del mobiliario y la materialidad de las colecciones que se almacenarán. MUSEO IMPA I 29


En el área de exhibición se analizó la posibilidad de darle un mayor protagonismo a las maquinarias originales e intentar acondicionarlas y ponerlas en funcionamiento nuevamente. En el contexto de este Museo estas tareas pueden considerarse como parte del plan de mantenimiento de las colecciones y requieren de una especialización propia de los trabajadores de la fábrica. Además de contar con los recursos necesarios en el edificio, el hecho de acondicionar los objetos tomando en cuenta su uso original es apropiado para su preservación. Tomando en cuenta la amplitud del edificio es difícil, por el momento, pensar en un plan completo para el ambiente donde se encuentran las colecciones. Un primer paso es seleccionar y comprar aparatos para el monitoreo ambiental durante todo el año para conocer los valores de humedad relativa, temperatura e influencia de la radiación. Una vez que se pueda obtener esta información, se hará una nueva evaluación para decidir las estrategias aplicables al ambiente en el futuro. El equipo del Museo, luego de seleccionar materiales adecuados, comenzó a plantear las primeras tareas para la protección de materiales expuestos que se puedan realizar con bajo costo de inversión, como preparar soportes o contenedores para aislarlos y evitar el deterioro de papeles o fotografías originales, que son parte de la historia de la fábrica y también pensar un plan de rotación para los objetos expuestos. Finalmente, en lo sucesivo, se planteará un plan general de conservación preventiva del Museo, sus colecciones y documentación asociada. Para poder concretarlo resultará indispensable elaborar políticas y procedimientos adecuados respecto al uso de las colecciones, que se irá ajustando en el tiempo según el desarrollo de la institución. Este es un punto importante, ya que delinear reglas claras permite mantener las acciones efectuadas por el equipo de trabajo hasta el momento, e influye sobre los lineamientos de las tareas a realizar en el futuro. A su vez, se convierte en información práctica para aplicar en el entrenamiento que realizan alumnos a través de pasantías en convenios con otras instituciones.

30 I MUSEO IMPA

*

Lic. María José Fernández

Licenciada en Museología. Con Especialización en Conservación preventiva. Con experiencia en gestión, exhibición y conservación de colecciones históricas, artísticas, arqueológicas y etnográficas desde 1990 a la actualidad. Docente Titular de Conservación Preventiva Niveles I y II de la Licenciatura de Conservación Restauración de Bienes Culturales Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) y en la Escuela Nacional Superior de Museología (ENaM). Ha dictado cursos de capacitación específica asociados a la conservación preventiva de bienes culturales en diferentes instituciones. Directora a cargo del Museo Nacional del Hombre del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (MNH_ INAPL)


El Patrimonio como capital cultural Arq. Pedro Delheye (Regente Escuela Nacional de Museologia)*

MUSEO IMPA I 31


Las distintas formas de percibir y entender el patrimonio cultural se han modificado a lo largo de la Historia. Definirlo supone entrar en un terreno de cierta complejidad y anclarlo en determinantes que no son estáticas: es un término polisémico que se va enriqueciendo continuamente acorde con un proceso de atribución de valores y al dinamismo que le imponen los cambios sociales y políticos. El valor es un concepto relativo que implica una posición privilegiada del que lo impone. De esta manera, el patrimonio cultural es una construcción social y variable de acuerdo a criterios que se van renovando o a intereses que se van generando. La reformulación del patrimonio en términos de capital cultural tiene la ventaja de no representarlo como un conjunto de bienes estables y neutros con valores y sentidos fijados de una vez y para siempre, sino como un proceso social que, como el otro capital, se acumula, se reconvierte, produce rendimientos y se apropia de manera desigual por los diversos sectores1.

*

Arq. Pedro Delheye

Arquitecto, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Maestría en Cultura en Universidad de Barcelona. Director General de Cultura de La Plata (1998-2004). Asesor de la Secretaría de Cultura de la Nación (2004-2005). Director de la Comisión de Cultura de la Legislatura porteña (2006-2009). Miembro de la Comisión de Preservación Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (2006-2009). Asesor del Teatro Colón (2010-2014). Regente de la Escuela Nacional de Museología desde 2014. Secretario de Finanzas de ICOMOS Argentina. Asesor Consulto de CNMMyLH. Miembro del Consejo de Promoción Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Director del Programa de Posgrado en Gestión y Políticas Culturales en FCE UNLP. Docente en la UCA, UNLP, UBA, UNTref, UNLa.

El Museo, como lo entendemos hoy en día, en una institución relativamente moderna, heredera de los conceptos vanguardistas del espíritu enciclopedista del siglo XVIII y de la Revolución Francesa. Surge a partir de este período revolucionario como espacio público  donde el poder institucional  se convierte en el custodio de los bienes de carácter cultural, que antes habían pertenecido a la Iglesia, la monarquía y la aristocracia. Este espíritu contemporáneo asociado al clima de época es el mandato que nos obliga a reflexionar sobre las nuevas formas de entender al patrimonio cultural y a la actividad museal. ¿Cuáles son las maneras actuales de explicar la diversidad, la inclusión, la integración de los distintos colectivos y las minorías sexuales y cuáles los retos que nos imponen las nuevas tecnologías y la creatividad? El patrimonio cultural es uno de los mejores exponentes del espíritu de nuestra época y entederlo de esta manera se configura en uno de nuestros desafíos como Escuela. En este marco, el convenio que hemos iniciado con el  IMPA y la colaboración de nuestros estudiantes y docentes en un Museo que nace de  espacios que  trabajadores y trabajadoras han rescatado a través   de la reivindicación del trabajo cooperativo es un desafío de época, una experiencia que nos obliga a repensar y definir   conceptos. Una buena oportunidad para mostrar la capacidad de trabajo colaborativo de nuestra institución y la posibilidad de enriquecernos de la historia de quienes defienden la cultura del trabajo y la producción argentina. La firma del convenio entre la Escuela Nacional de Museología y el Museo IMPA fue uno de los pasos más importantes de este período, pues significó un fuerte indicador del crecimiento del Museo IMPA. Por eso, los integrantes del equipo museólogico agradecemos todo el apoyo recibido de las autoridades de la Escuela: el Regente Pedro Delheye y la Secretaria Académica Marcela Asprella, así como a la Profesora Paula Ortale a cargo de las pasantías de estudiantes de Museología que comenzaron a concurrir a nuestro museo durante el 2º cuatrimestre de 2014. Un reconocimiento y un agradecimiento especial a nuestros primeros pasantes que, con su presencia, su trabajo y su buena predisposición para poner manos a la obra, hacen crecer al Museo IMPA. Ellos son: Leandro Ferrari /Jesica Freitas / Sabrina González Czerednikow / Rosella Panno / Fabiola Szopa / Lourdes Tucuna.

1. García Canclini, Néstor (1990). Culturas Hibridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad. Buenos Aires. Editorial Grijalbo.

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Museo IMPA – Proyecto: Conservación preventiva Ana Laura Turrado / Paula Cecilia Dorador (ESTUDIANTES DE LA ESCUELA NACIONAL DE MUSEOLOGÍA e integrantes del equipo MUSEO IMPA)

El Museo Impa como ámbito museológico, conserva, investiga y exhibe. Para ello, y siendo este un espacio interdisciplinario, donde cada integrante aporta desde su saber y su experiencia, la conservación es un punto clave que debe estar siempre presente. Por este motivo, como alumnas de la carrera de Museología, nos dedicamos prioritariamente a realizar y proyectar tareas de preservación del patrimonio. Como primera instancia, planteamos la importancia de este tema en las reuniones de equipo. Teniendo en consideración los escasos recursos económicos con los que cuenta el Museo, hicimos hincapié en que la conservación no sólo consiste en las puntillosas tareas que llevan a cabo los grandes museos que cuentan con todo tipo de equipamiento de avanzada, sino que podíamos empezar y avanzar con acciones sencillas, como evitar almacenar en un mismo mueble los objetos museísticos de los necesarios para realizar otro tipo de tareas, evitando todo tipo de manipuleo innecesario que pudiese provocar un deterioro irreparable, fomentando una correcta ventilación del ambiente para no provocar índices de humedad relativa muy alta, así como también protegiéndolos del acceso de polvillo y suciedades varias controlando el desarrollo de plagas. Otra pequeña labor que facilita la organización del material, aportando una mejora en su conservación, es el registro de todo el material que el equipo retira para su investigación, exhibición ó mismo para su uso en el diseño museográfico. Para ello, quedan asentados en un cuaderno los datos de las personas que retiran los objetos, proporcionándonos de esta manera una rápida localización del objeto en caso de no encontrarse en el museo. Al ser el Museo Impa un museo comunitario, ubicado en un espacio no diseñado para actividades museológicas, es un gran desafío pensar en un área destinada a la conservación para la salvaguarda del patrimonio.    La Cooperativa 22 de Mayo apoyó esta iniciativa cediendo para uso del Museo un espacio anteriormente utilizado como archivo administrativo, junto a todo el material que allí se encontraba: carpetas con documentación administrativa,

libros contables, registros varios y máquinas de escribir para su conservación e investigación. El espacio se destinará como depósito para el almacenamiento y organización de todo el material adquirido, los objetos en préstamo y el material que se incorporará en el futuro. A continuación se detallan las acciones planificadas en distintas etapas para poner en condiciones el espacio: * Resolución de Problemas de Humedad * Cerramiento de Aberturas * Instalación de Sistema Eléctrico Adecuado * Desinfección del Espacio * Proyecto y Realización de Estanterías Acordes para el Correcto Almacenamiento de los Objetos * Limpieza Mecánica

A posteriori, y una vez concluidas dichas actividades, se realizarán las tareas de inventariado. Asimismo, proseguiremos con otras, que se ejecutan actualmente, como el control de entrada y salida de objetos, registro de material ingresante, su correspondiente fichado, y el asiento de movimientos de los distintos objetos para las aperturas mensuales del museo. Esta futura Reserva Técnica constituye un amplio espacio que nos permitirá, no sólo preservar los objetos de los diversos agentes de deterioro, tales como: variables de temperatura, humedad relativa o presencia de plagas, tan difíciles de controlar y evitar, especialmente en un edificio tan grande y en condiciones precarias para este tipo de necesidades; sino también concedernos la posibilidad de aceptar y custodiar las donaciones para un museo en crecimiento, deseoso de incrementar sus colecciones. La preservación de la colección del museo es un trabajo continuo, del cual todos, en menor o mayor medida, somos responsables, tanto los integrantes del equipo museológico, como los trabajadores de la Cooperativa y el público en general, podemos, desde nuestros lugares, detectar y prevenir pequeños deterioros, cuidando de las colecciones y advirtiendo la posibilidad de futuros daños. MUSEO IMPA I 33


MUSEO IMPA Y LA COMUNIDAD

Eduardo Murúa, trabajador de IMPA, Oracio Campos, ex Presidente de la Cooperativa, a cargo de las visitas guiadas y Margarita Robertazzi. Archivo Asociación de Trabajadores de Museos. Foto ©Ana Laura Luchessi Vanesa Zito Lema, integrante del equipo Museo IMPA, a cargo de una visita guiada, con pasantes de la Escuela de Museología y público asistente. Archivo Museo IMPA

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EL MUSEO IMPA A PUERTAS ABIERTAS

Horacio Vera, trabajador de IMPA, en visita guiada a escuelas en el sector producción. Archivo Museo IMPA

Comenzamos el 2014 con el proyecto de concretar esta idea que alimentamos durante 2 años, mientras acondicionábamos el espacio del Museo, hacíamos entrevistas a trabajadores y restaurábamos objetos. El Museo IMPA es un museo comunitario y resultaba necesario que abra sus puertas con cierta regularidad; además, queríamos organizar visitas guiadas para que los estudiantes, las asociaciones civiles, los movimientos sociales se acerquen a conocer la historia de IMPA. Parecía un proyecto muy ambicioso, para un pequeño equipo de voluntarios, estudiantes y docentes de varias carreras que hacemos y aprendemos continuamente nuevas y distintas tareas. Quizás la sorpresa de la masiva concurrencia, más de 1200 personas, que se acercaron a visitar el Museo IMPA en La Noche de los Museos 2013, nos potenció y nos hizo creer que podíamos sostener una apertura mensual a la comunidad y organizar las visitas guiadas. El motor más importante para ponerlo en marcha fue el sensato pedido de los trabajadores: “Para que exista un museo, tiene que ser visitado”. Con ellos, tomamos el compromiso. Y así lo hicimos. Fueron meses de recibir muchos visitantes que se acercaron a IMPA a conocer, desde las voces y la memoria de los propios trabajadores y trabajadoras, su historia, que también es un reflejo de la historia del trabajo en la Argentina, con sus momentos de esplendor, de decadencia y de lucha. Cómo dijeron los trabajadores de IMPA: “Queremos que el Museo exprese el esfuerzo de miles de trabajadores que pasaron por acá y fueron partícipes de la construcción y de la resistencia” Desde el equipo Museo IMPA queremos agradecer a todos los docentes y estudiantes que solicitaron la visita guiada y nos transmitieron que el esfuerzo, el entusiasmo y la creatividad que le ponemos a este proyecto, nuestro proyecto, es una forma de lucha y de recuperación de la memoria social de la clase trabajadora. Recibimos este año a docentes y estudiantes de: Escuela Técnica Nro. 14 CENS Nro. 20 CENS Nro. 33 Instituto Alicia Moreau de Justo. Profesorado de Historia; Profesorado de Filosofía y Psicología. Cátedra Historia Social Argentina. Carrera de SociologíaFacultad de Ciencias Sociales-UBA. MUSEO IMPA I 35


Alfredo Carlino y Claudia Sueiro, nieta del Ing. José M. Sueiro. Archivo Museo IMPA

El sábado 23 de agosto de 2014, el poeta, periodista y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Alfredo Carlino, presentó su libro “17 de octubre. La celebración de la muchedumbre ardida” frente a una importante concurrencia en el Museo IMPA.

“¡¡¡SOCIALES VISITANDO IMPA!!!” El pasado 23 de septiembre concurrimos con los estudiantes de la Carrera de Sociología, de la materia Historia Social Argentina (Facultad de Ciencias Sociales, UBA) a una visita guiada organizada en la fábrica recuperada IMPA, invitados por la profesora Vanesa Zito Lema, quien trabaja en la organización de un museo que funciona desde hace un corto tiempo en la sede Querandíes. La visita nos interesó de entrada porque nos había comentado que allí podríamos apreciar las huellas de una historia de tiempo largo sobre la industria y los trabajadores, que empezó en el país en la post Primera Guerra y que llega a nuestros días. Sacar a los estudiantes y compartir con ellos el “afuera”, vincularnos más directamente con los actores sociales en sus propios espacios es algo que hacemos todos los años, porque nos nutre como personas y como futuros sociólogos. En esta oportunidad, resultó muy gratificante, ya que pudimos recorrer los cuatro pisos en los que pudimos apreciar algunas máquinas funcionando, y otras muy antiguas (hornos y máquinas laminadoras) que estaban paradas, pero que daban cuenta de un esplendor que vivió la industria metalúrgica y plástica productora de aluminio en nuestro país. Nos impactó, además, el relato de los trabajadores, quienes interrumpieron por momentos su trabajo para contarnos los detalles del proceso productivo actual, sobre los alcances de su comercialización y también sobre el aprendizaje que es para ellos el participar de su gestión cooperativa tomando decisiones en forma democrática y solidaria en todo momento, ya que se trata de una fábrica sin patrones, o donde todos dicen sentirse patrones. Nos sorprendió la profundidad de la investigación que presentaron los referencistas del museo, quienes nos explicaron en detalle a partir de una galería fotográfica y documental los cuatro momentos de esta fábrica que se corresponden con etapas de la historia de la industria y del país. Sus inicios como empresa privada en 1928, su expansión en los años 30` cuando llegaron a producir algunos aviones, una segunda etapa durante el peronismo, cuando fue estatizada y produjeron las famosas bicicletas “Ñandú”, la tercera que corresponde a su privatización en los años sesenta, en manos de una primera cooperativa que, en realidad, funcionó de forma patronal, ya que sus

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trabajadores no tenían participación alguna en ella y ni siquiera sabían que lo era. La cuarta etapa, que es la actual, comenzó en el peor momento de nuestra historia, cuando el desempleo y la desinversión se profundizaron y fue cuando sus trabajadores se decidieron a tomar la fábrica ante el abandono e inacción de “sus dueños” y decidieron formar una cooperativa nueva, ahora sí de trabajadores. Entre mate y mate, escuché comentar por lo bajo a los estudiantes que les llamaba la atención que fueran los “negros de abajo”, así se los llamaba con cierto desprecio a quienes trabajaban en la planta inferior en los trabajos más duros, quienes se dieran cuenta de que estaban vaciando la fábrica y que se quedarían sin trabajo. Fueron ellos quienes primero reaccionaron y se animaron a hacer cosas que no habían hecho nunca, ellos ni se imaginaban de lo que eran capaces, comenzando por juntarse en asamblea, tomar la fábrica, dejar de creer en las mentiras de esta Comisión Directiva y concurrir a un abogado que les enseñó cómo defenderse, confiar en ellos mismos y formar una cooperativa, e incluso liderar y formar parte de un movimiento de fábricas recuperadas. Casi al retirarnos, Vanesa invitó a quienes quisieran a trabajar en la investigación que realizan en el museo IMPA, y algunos comentaron que les gustaría plegarse y presentar como trabajo final de la materia algunos aspectos que les quedaron picando y picando en la visita. Entonces, pensé que esta era una experiencia que seguro repetiría en años próximos. Solo me queda decirles muchas gracias a los trabajadores y a los referencistas del flamante museo por todo lo que recibimos en esta visita. Algo más, al retirarnos, los chicos quisieron colaborar de algún modo, al enterarse que todo lo hacían a pulmón, sin ayuda de nadie y sin salarios, y pedimos comprarles algunos distintivos, una página que editan sobre su historia, unas camisetas rojas que dicen IMPA con las que al día siguiente vinieron algunos a nuestra clase, que fue mucho más viva luego de haber compartido esta experiencia. Irene Marrone

Docente Historia Social Argentina Sociología-Facultad de Ciencias Sociales-UBA


IMPA en La Noche de los Museos 2013. Foto ©Manuel y Ezequiel Moreno

LA FÁBRICA IMPA RECUPERADA Una oscuridad solemne penetró en el negro silencio de la fábrica, trabajadores van pasando con sus recientes huellas, bajo el eco de las máquinas viejas. Días marcados por el destino sin prisa caminan para llegar a este espacio valioso, con olor a humedad, poca luz, pero con el orgullo de haberlo recuperado. Asumiendo compromisos por sostener valores dueños de sus propios proyectos y transmitir la conciencia social y el sentido de la identidad. Queriendo definitivamente la Ley de Expropiación, sin temer amenaza de perder este espacio donde conviven 300 trabajadores. Conciencias que despiertan acariciando los pensamientos. Haciendo realidad los sueños, logrando incorporar una cooperativa, un bachillerato popular, un canal de tv, una radio, un espacio cultural. Un lugar correcto, vivirás en el Tiempo con tus sueños confundiéndose Con los míos, y nos toque probar los Frutos cosechados. IMPA fábrica Recuperada cuando llegue al final ¡Habla tú por mí!

CAMINAR POR LA HISTORIA Es probable que la historia de una fábrica metalúrgica se pueda contar en un aula o leer en un libro. También es probable que se pueda agregar el concepto de “fábrica recuperada” y que los estudiantes-lectores tengan una idea bastante cercana sobre qué, cómo y cuándo pasaron las cosas… pero ningún aprendizaje se asemeja a caminar por la historia. El Museo IMPA, de puertas abiertas a la comunidad, es eso, una experiencia única que sorprende por las sensaciones que crea en cada una de personas que recorren sus fríos, húmedos y amplios espacios, conducidos casi mágicamente por el equipo de guías. La experiencia es un aprendizaje imborrable y la IMPA es parte de nuestra historia en carne viva, metáfora de un fracaso o del triunfo de la resistencia… el caminante elige. Pablo Peroti

Docente Cens 33

Julia Martínez

Cens Nro 33

Mariano Polín, integrante del equipo Museo IMPA, a cargo del recorrido por una visita guiada a instituciones educativas.Archivo Museo IMPA

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INTERCAMBIOS INTERDISCIPLINARIOS

EL SIUS EN EL MUSEO IMPA

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El Taller SIUS trabajando junto con el Museo IMPA en proyectos a futuro” 1º cuatrimestre de 2014. Archivo SIUS


Otra vez, la UBA, irrumpe en el IMPA, y esta vez de la mano del SIUS (Seminario Interdisciplinario para la Urgencia Social) así de simple y breve….pero en realidad no es tan simple, porque en la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo, (FADU), se desarrollan 6 carreras: Arquitectura / Diseño Gráfico / Diseño Industrial / Diseño de Indumentaria y Textil / Diseño de Imagen y Sonido / Arquitectura del Paisaje Arq. estela marconi / Arq. juan frid (titulares de LA cÁtedra sius)*

El SIUS está compuesto por estudiantes y docentes de todas estas especialidades y también incluye a estudiantes extranjeros. A veces no alcanza la interdisciplina y se acude a la transdisciplinariedad, convocando a vincular profesionales de otras carreras, con lo que todos nos enriquecemos. Cada grupo tiene un destinatario real y una problemática diferente a resolver, enfrenta ese desafío, pues su trabajo final es grupal. De ese modo, cada especialidad suma lo suyo y conoce otras herramientas de las otras especialidades. Las “puestas en común” son otros desafíos; porque un grupo le cuenta a otro de qué se trata su tema. Esos días son increíbles….el tiempo pasa volando, con tantas cosas que mostrar y que pensar Las paredes están empapeladas de anteproyectos, ideas, bocetos, maquetas, fotos, videos, resultando una oportunidad de intercambio, contacto intergrupal, para intentar conocer la totalidad de lo que sucede en el taller, lo que genera una atmósfera de gran entusiasmo, tanto en los estudiantes, como en los docentes y los destinatarios. Los arquitectos Estela Marconi y Juan Frid hace ya más de 10 años conducen esta actividad que se parece a una utopía, pero que la convirtieron en realidad, haciendo foco en las problemáticas más reales de las urgencias sociales, con el objetivo de formar profesionales que conozcan las necesidades de la comunidad y se sientan comprometidos con la construcción de una sociedad más justa.

Este año el premio Pritzker (el más prestigioso de cuantos se otorgan a la trayectoria de un arquitecto) fue concedido a Shigeru Ben, quien trabaja para conseguir soluciones eficientes para la emergencia y el uso de materiales reciclables. Nosotros compartimos estas premisas con el premiado y nos complace saber que el jurado ponga su mirada en la creatividad, el diseño y el compromiso. El arquitecto chileno Alejandro Aravena, miembro del Jury, consideró que este premio demuestra que “un artista inspirado y diseñador experto no está condenado inevitablemente a trabajar para los privilegiados, sino que la innovación puede tener lugar también trabajando para los históricamente desatendidos y olvidados “. Con esas palabras nos sentimos identificados. El cierre del trabajo se realiza, por un lado, completando una encuesta de opinión sobre el proceso realizado, donde cada estudiante valora el grado de interés y el compromiso individual, el de sus compañeros, el de los destinatarios y el de los docentes. Así como también, realiza una comparación entre las expectativas iniciales y finales del proceso. Para finalizar el curso, se exponen los trabajos ejecutados. Durante el 1º cuatrimestre de 2014, se expuso en la FADU y luego se trasladó a la Sociedad Central de Arquitectos.

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MUSEO IMPA MUSEO VIVO “Un museo es una institución permanente, sin ánimo de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” (Estatutos del ICOM, 2007).

MUSEO IMPA, es mucho más que un museo… es la memoria, la identidad, la conservación y la protección del patrimonio de la IMPA. Los hechos pasados, la historia y su presente.

Arquitectura Para llevar a cabo el proyecto del Museo, se deberán tener en cuenta aspectos actuales del edificio que deberán resolverse a fin de cumplir con el objetivo.

un momento de la historia el proceso productivo de la IMPA donde en cada una de ellas hay una parte de la historia personal y vivencial de los trabajadores.

El sector destinado al Museo (como la Fábrica en general) adolecen hoy una serie de amenazas a las cuales se deberá poner especial énfasis para lograr una mejor resolución, aprovechamiento y mantenimiento del edificio, tales como patologías edilicias, cumplimentar las normativas vigentes de prevención contra incendio, higiene y seguridad.

Luego de atravesar el recorrido nos encontramos con otros sectores que cuentan un poco más de esta larga historia que acompaña los altibajos de la Argentina misma, social y políticamente hablando.

La problemática del Museo fue, intervenir un espacio que sea totalmente recorrible para contar la historia de la fábrica IMPA y exponer objetos (existentes y recuperados) y actividades que se realizan en el mismo edificio. Inicialmente, hubo que definir su área, que hasta el momento estaba imprecisa. Se mantiene el ingreso original y se propone otro acceso a través del proyecto de una plaza seca, que conformaría un espacio público . Se inicia el recorrido por las máquinas existentes (hornos de recocido, laminadoras) que realizaban en

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Una de las paradas es el camión (ícono de la lucha) que es testigo de este proceso, allí se decidió exponer los objetos que se fueron recuperando junto con las anécdotas de trabajadores y vecinos del barrio que formaron parte del proceso que culmina en la fábrica recuperada. El siguiente sector, relata la historia, dividida en etapas, estatal, privada, cooperativa y fábrica recuperada, plasmadas sobre paneles recorribles para entender el proceso. Se diseñaron , sector boletería, guardarropas, bar, cafetería, tienda de souvenirs, baños requeridos para el Museo (con retrete para discapacitados), auditorio/ microcine, oficina administrativa, depósito y un sector de exposiciones temporales.


Diseño Gráfico

Diseño Industrial

Se mantuvo el color rojo, continuando con la identidad desarrollada por del MUSEO IMPA.

Se continúa con la línea inspiradora de la silla Rietveld, se mantienen los conceptos de:

Se compartió el trabajo con el grupo del Plan maestro.

sustentabilidad liviandad y plegabilidad fácil producción y bajo costo

El barrio de Almagro posee una diversidad de centros culturales y atracciones turísticas, de ahí que se sugiere un circuito de publicidad vial y barrial a fin de atraer a la comunidad. Se diseñó la señalética informativa, postales, bolsas de papel, postales, trípticos y publicidad vial.

Diseño de Indumentaria y textil Se trabajó con camisas standart con la gráfica del IMPA.

Se diseñó equipamiento con elementos reciclados, para exposición de fotografías, atriles plegables, separadores, soportes para sectorizar, estanterías modulares y mesas y sillas para el café-bar. En una búsqueda a fin de utilizar los desechos de aluminio triturados se experimentó un tipo de placa con resina poliéster, que se moldea, obteniendo, bloques rígidos y brillosos. Al momento se pensó en tapas para agendas, como souvenir del Museo, también se utilizó en la confección de la brochure.

Diseño de Imagen y Sonido Se realizó un video arte, que exhiba conceptualmente la historia de IMPA hasta hoy; mediante el uso de tomas de instalaciones, productos y maquinarias, acompañadas de sonidos punzantes y rítmicos que se asocien a la idea de fábrica. Comienza con tomas en blanco y negro y luego aparece el color y el movimiento. Se organiza un video para pasar en loop en el microcine del museo. El video dinámico y artístico maneja un nivel de significación mayor con el sentido de las imágenes que intentan mostrar en forma abstracta la historia.

Diseño del Paisaje Para el diseño del equipamiento de la plaza seca y su solado se han reutilizados materiales en desuso, pallets, y se definieron tipo de especies. MUSEO IMPA I 41


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estela marconi / juan frid (titulares de catedra sius) www.sius.com.ar Estudiantes que participaron de la experiencia

1º cuatrimestre 2014: Jerónimo Bailat, María Sol Boffa, Yanina Chami, Tomás Chamorro, Santiago De Fino, Cynthia Freidkes, Jennifer Goldin, María Laura Lourteig, Juan Manuel Minturin, Agustina Montero, Carla Figgiacone, Victoria Gutiérrez Farre, Julia Rodríguez Robles, Juan Manuel Rodríguez Sambade, Ana Luz Savio, Martina García Ciai, Adrien Baillon, Anne Sophie Collin, Daniela González Velasco, Cecilia Ibargüengoytia

¿QUÉ ES EL SIUS? Nuestro SIUS (Seminario Interdisciplinario para la Urgencia Social) es materia electiva para alumnos avanzados de las siete carreras de la FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo) y para estudiantes extranjeros por convenios con Facultades de distintos países. El marco teórico se ajusta a los principios y conceptos del Aprendizaje y Servicio Solidario. Proponemos, en el programa de los aprendizajes específicos, la realización de Prácticas Sociales Educativas que consisten en concretar proyectos interdisciplinarios de la Arquitectura y los Diseños que dan respuestas a necesidades reales de organizaciones solidarias y de comunidades vulnerables. Las disciplinas de la FADU se integran en los distintos temas y también hemos trabajado en vinculación con grupos de otras facultades. Para diferentes necesidades nos hemos asociado con Ciencias Económicas, Sociología, Ciencias Exactas, Veterinaria, el IUNA, Odontología, Biología y FLACSO, entre otros. Comenzamos esta modalidad de enseñanza en el 2002 a raíz de la profunda crisis por la que atravesábamos los argentinos. Esto fue en la materia Conocimiento Proyectual del CBC con alumnos iniciantes y, en virtud de sus limitaciones, en 2004 presentamos la propuesta del SIUS para alumnos avanzados, cercanos a graduarse, de modo que el servicio pudiese ser más eficiente y profesional. El plan fue aprobado por el Consejo Directivo de la Facultad y la materia tuvo su comienzo de cursada en el año 2005, en forma cuatrimestral.

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EL INGRESO A LA FÁBRICA: de peón a maquinista Marcelo Castillo, hoy Presidente de IMPA, ingresó a trabajar en el año 1982 y, desde entonces, fue un protagonista de los acontecimientos más relevantes que sucedieron en la metalúrgica hasta el momento actual.

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MEMORIAS DE IMPA RECUPERADA

Cuando llegó desde San Juan, su provincia, en el hotel en el que vivía, conoció a un compañero que estaba trabajando en IMPA, con quien llegó a hacer una amistad, y que fue, finalmente, quien facilitó su ingreso a la fábrica. A Marcelo le llamaba la atención el uniforme que usaba su compañero: la camisa y el pantalón Grafa con la inscripción IMPA. En una entrevista de 2013, recuerda que le preguntaba a su amigo dónde quedaba la fábrica, a la vez que le hablaba de su interés por entrar a trabajar en ella. Sin prometerle nada, su compañero lo registró en la Oficina de Personal como si fueran parientes, y le contaba que, en aquel momento, se ganaba bien, se hacían muchas horas extra y había mucho trabajo. Aunque Marcelo ya tenía un trabajo, el relato minucioso de lo ocurrido el día en que se enteró que podría ingresar a trabajar IMPA pone en evidencia que quería pertenecer a la metalúrgica, o bien, como sucede con los recuerdos, tal vez adquirió mayor valor por todo los acontecimientos que sucedieron luego en el ámbito fabril. Lo cierto es que le insistía a su amigo hasta que el paso del tiempo ya hacía olvidar el tema. Sin embargo… “Un día domingo, que él se había ido con su familia, porque cuando había venido el sábado se había olvidado de avisarme, creo que yo ese sábado no estuve, él me anduvo buscando… pero yo no estaba, después él se fue y el día domingo justo nos cruzamos, que yo venía de un lugar y él también venía, y me dijo: ‘¡Te tengo que dar una noticia!’ ‘¿Qué pasó?’ ‘¿Estás dispuesto a entrar a trabajar mañana lunes?’ ‘Sí.’ Entonces, ahí me explicó rápidamente cómo eran los horarios acá, me dijo: ‘Mira que ahí es rotativo, se trabaja a la noche una semana y la otra semana se trabaja durante el día, a la mañana’ ‘Sí -le digo- no tengo problema, yo me vine de San Juan, tantos kilómetros para laburar, en este momento no me voy a poner tan exquisito’. Me dice: ‘¿cómo vas a hacer con el otro laburo?’ ‘No -le digo- eso después lo arreglo yo’. Así que me vine. Después fui a hablar con los otros que me habían dado laburo a decirles que no iba a ir más, que había encontrado otra cosa y que iba a probar porque no sabía si iba a quedar o no, porque te tomaban a prueba”. Comenzó trabajando como peón en el sector de imprenta papel aluminio, y, en ese momento inicial, no tenía un vínculo directo con la cooperativa, pues dependía de una agencia. Durante casi cuatro meses la tarea consistía en llevar el material a los maquinistas para las máquinas, a la vez que limpiar el espacio de trabajo. Se trataba de no dejar que se amontone mucho material: había que compactarlo para que volviera a la fundición. Luego le propusieron trabajar por la noche, como ayudante de un maquinista, hasta que, finalmente, llegó a ser él mismo maquinista:

Marcelo Castillo en las instalaciones de IMPA. Archivo Museo IMPA

“Un día vino el capataz -porque en ese momento había capataces– y me dijo si yo me animaba a venir por un tiempo de noche, porque él me necesitaba de noche, que era más tranquilo, que yo viera si me convenía a mí. Yo, viéndolo y conversando con otro compañero, que me dijo que de noche era mejor, le dije que sí y me vine. Estuve tres años de noche… porque yo hacía horas extra: sábados, domingos. Un día sábado, se enfermó el ayudante del maquinista y el maquinista no podía trabajar solo, entonces vino otro capataz de otro lugar, que era el mismo lugar pero estaba dividido. Papel aluminio estaba dividido como en dos secciones que eran, la imprenta papel aluminio y flexografía que era lo mismo, pero flexo eran las máquinas donde se imprimía todo. Entonces ahí estaba el maquinista que habló con uno de los capataces y le dice. ‘Bueno, traete al muchacho de allá abajo, ¡total, que me ayude…! Yo le digo lo que tiene que hacer’. Y ayudar era ayudarle a subir las bobinas, bajar las bobinas, alcanzarle el diluyente, alcanzarle la tinta… que no era mucho. Ahí hablaron los dos capataces y me dijeron que sí. El maquinista me dice: ‘Mirá, si te gusta, yo voy a pedir para que vos te quedes conmigo’. Ahí empezó una relación y me empecé a quedar, me quedé ahí, me quedé hasta que después, de a poco, fui aprendiendo todo el trabajo de lo que significaba ser maquinista. Eso lo aprendí de a poco y seguí laburando de noche”. MUSEO IMPA I 45


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La Cooperativa en la década del ‘80 Justamente, los relatos de Marcelo Castillo dan cuenta de que en la cooperativa de la década del ‘80 se mantenía una relación muy semejante a la de empleado-patrón, ya sea por la circulación restringida de la información; por las barreras arquitectónicas del tipo arriba-abajo; por el despotismo y el severo control de los “superiores”:

1.

“Como muchos no teníamos acceso a la información porque no se hacían reuniones informativas, entonces no sabíamos. Alguno que más o menos tenía la posibilidad de charlar con alguno de administración era el que tenía más o menos claro el panorama, esos otros que tenían una pequeña relación con nosotros… porque nosotros, acá, al segundo piso no podíamos subir. No podíamos subir, estábamos allá abajo no más, escuchábamos de oído no más…“

2.

“Hubo un caso de un compañero de apellido Chávez, vivía en Tucumán. Íbamos a cobrar juntos, estábamos de noche juntos y, después de un tiempo largo de estar trabajando de noche, vino a la mañana y esa mañana se fue de su lugar de trabajo, porque lo habían llamado otros compañeros de él que eran de Tucumán, que lo conocían de Tucumán. Se pusieron a hablar y justo, cuando pasó por ahí el coordinador, lo llamó… y, como ese tucumano no se callaba nada, entraron a discutir y al otro día le sacaron la tarjeta y no entró más. Así que ese tipo de situaciones eran las que se vivían en ese momento”.

3.

“Es más, cuando yo paso al otro sector y estoy directamente con la máquina, el coordinador que estaba ahí no nos dejaba salir a ningún lado. Si teníamos que ir al baño era en seguida. Nos tenía que ver el coordinador que estuviéramos ahí todo el tiempo, las 9 horas, o las 12 horas”.

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¿Cuánto hay que saber para conservar el trabajo? En el momento de su ingreso a IMPA, Marcelo se muestra como un trabajador que no quería saber demasiado acerca de los conflictos, dado que lo primordial era conservar su puesto de trabajo. A la distancia, y luego de todos los sucesos vividos para defender y recuperar la fábrica, entiende que su postura estaba equivocada, porque no querer saber da lugar a distinto tipo de arbitrariedades de quienes detentan el poder. Sin embargo, no es extraño que Marcelo Castillo sea hoy Presidente de IMPA recuperada, porque el relato de su vida laboral da cuenta de alguien que, tal vez, sin proponérselo explícitamente, comenzó a involucrarse muy tempranamente y nunca esquivó los conflictos que se presentaron en las distintas etapas de la fábrica. “Después… cuando yo entro en el ‘82, en el ‘83, ya hubo la primera revuelta, si queremos llamarla así… o el primer movimiento que se hizo. Fue que empezaron a no pagarnos… o sea, nosotros íbamos a la agencia y la agencia nos decían que no estaba el pago, porque la fábrica no les había mandado el pago. Hasta ese momento, yo no estaba ni como socio ni nada. Estuve más de un año por la agencia y acá, en la fábrica, lo único que hacían era asegurar el pago a los socios de la cooperativa. Como yo nunca averigüé qué período de tiempo tenía que estar para ser socio… Yo tenía el trabajo, me aseguraban el trabajo… no quería averiguar. Que era un error porque había compañeros que estaban 5 o 6 meses y que ya… o sea, viendo ahora… Como yo veo ahora, la Ley de la Cooperativa, a los 3 meses, ya automáticamente tenés que ser socio. Ellos te tienen que llamar, pasas por la administración, hacés un análisis de esos 3 meses del compañero que pidió trabajo para ver si va en el trabajo o no va en el trabajo, pero no tanto tiempo. Había compañeros de 5 o 6 meses que hablaban o discutían algo con alguien, algún capataz o algo así, y a ese compañero lo rajaban. Le pagaban los 6 meses que le correspondían y lo despedían”. Marcelo Castillo recuerda el bar en el que se reunieron por primera vez, Medrano y Díaz Vélez, en la esquina

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donde hoy hay un supermercado: “Ahí había un bar y ahí hicimos la primera reunión, y yo me enteré de lo que más o menos estaban tratando de armar”. En el ‘83 comenzaron a no pagar los sueldos, en principio de los que, como él, habían ingresado por agencia, posteriormente tampoco les pagaban los retiros a los mismos socios. “Entonces empezaron a haber interrogantes entre los trabajadores a ver qué era lo que estaba pasando. Había una muy buena cantidad de producción, salía muchísima mercadería, y no se explicaba por qué motivo esa falta de plata para pagar los retiros ¿no? Que no eran retiros en ese momento, eran sueldos [a los que ingresaron por agencia]. Y bueno, ahí fue el primer movimiento. Yo participé porque habían entrado unos pibes, unos compañeros, que estaban estudiando ingeniería y acá habían venido a hacer su primera práctica. Uno de los que había entrado… entraron unos cuantos, pero habían dos y uno era el sobrino del Presidente que estaba en ese momento, se llamaba Barbería… y era sobrino… o ahijado. O sea, ese pibe era ahijado o sobrino de Barbería, y el otro no, el otro era un compañero. Ellos dos, viendo el manejo -políticamente estaban un poco más duchos- les entró a preocupar un poco, entonces ellos hablaban con los trabajadores, les preguntaban cómo veía cada uno la situación. Algunos no la veían, otros decían como que eso iba a pasar en poco tiempo, esto se va a recomponer”. A la vez, esos mismos “pibes” cuestionaban el ingreso por la agencia, “una agencia que estaba muy dudosa” y que resultó ser propiedad de dos jefes de Asociados. En opinión de Marcelo Castillo, tal agencia podía existir con la complicidad con Barbería y Picón, por entonces Presidente y Vicepresidente de la Cooperativa, respectivamente. En ese marco, una de las propuestas que los convocaba era que los trabajadores tenían que ingresar directamente a la fábrica. En su primer año y medio de trabajo, ante estos conflictos laborales, comenzaron a pensar cómo organizarse, dónde juntarse, pero tenían que vencer muchos miedos, amenazas y prohibiciones: “Porque de hecho había muy mucho miedo, ahí sí se notaba el miedo. Había muchos compañeros que no se querían reunir. Nosotros, un día para reunirnos ahí, fuimos casi toda la sección… Yo ahí ya había pasado a la mañana, después de 2 años. Nos

habíamos comprometido a ir y la mayoría quería ir a escuchar. Y ese día pasó una cosa. Ellos [el Consejo de Administración] sabían que nos íbamos a reunir, pero querían saber quiénes eran los que iban, entonces ahí, en el sector nuestro, dijimos que nos íbamos todos, y nos fuimos todos, y nos vinieron a apretar. Vino el coordinador y nos decía… uno por uno: ‘Vos no te podés ir porque vos tenés la obligación, la máquina tiene que seguir trabajando, el horario es tuyo’. ‘No, el horario es mío de 9 a 15, yo de las 15 para adelante tengo mis obligaciones para hacer y bueno, me tengo que ir’. ‘No, pero ¡¿qué es lo que tenés que hacer?!’. ‘Son cosas particulares de cada uno’. Esa es la contestación que la mayoría dio. Y bueno, ahí nos fuimos. Y ya empezaron a enterarse de que estábamos haciendo reuniones”. Luego, cuando ya eran más trabajadores, solicitaron un espacio en el sindicato de la Unión Obrera Metalúrgica para reunirse, dado que por mucho tiempo habían sido afiliados, pero existía cierto temor de que se negaran, puesto que IMPA ya no pagaba la cuota, sin embargo, accedieron y pudieron conversar sobre las leyes laborales: “A los que fueron les explicaron bien qué movida podíamos hacer para que no quedara afectada la cooperativa ni nada”. A la vez, en el sindicato se excusaban, diciendo que el manejo de una cooperativa no era igual al de cualquier otro tipo de empresa, lo que finalmente los llevó a contactarse con una Federación de Cooperativas, que tenía a Mondragón1 como modelo. Decía Marcelo: “Allí estaba un tal Cosio, que en sus relatos era muy convencedor, uno lo escuchaba y a uno lo convencía. La mayoría de los laburantes quedaban muy impactados porque decían: ‘¡No puede ser que estos estén haciendo esto!’ Y ahí les dio explicaciones de cómo se podía hacer la movida para poder desplazar al Consejo que había en ese momento. Y entonces ahí empezamos a… bueno, yo no… yo acompañaba porque era nuevito…”

1. Se trata de un grupo de cooperativas del País Vasco que se ha extendido por España y por los otros continentes. Se lo considera el principal conjunto de cooperativas del mundo.


La toma de la fábrica IMPA en 1983 En 1983, Marcelo participó por primera vez en una ocupación de la fábrica IMPA. Recuerda que el mayor problema fue convencer al resto de los compañeros y las compañeras, porque muchos tenían dudas: “no hubo un convencimiento general”. Al mismo tiempo, la unión era necesaria para seguir adelante con la medida de fuerza porque algunos estaban más expuestos, entre ellos Miguel Peñaloza, uno de los estudiantes de ingeniería, que trabajaba en Control de Calidad y que les solicitaba apoyo y compromiso: “Yo me estoy jugando la cabeza, quiero saber si todos los que están acá van a tener la valentía de defenderme. Ya que estamos acá, vamos a poner los huevos sobre la mesa. Díganmelo ahora, si vamos para adelante, nos tenemos que mover todos”.

En la perspectiva de Castillo, ese discurso fue cohesivo: “El asunto es que de ahí salimos convencidos todos de que sí, que nos teníamos que jugar por ese pibe. Bueno y de ahí fuimos para adelante y era el trabajo de convencer a los demás. En una de las últimas reuniones fueron casi todos, ¡fue impresionante!, llenamos el salón, y ahí tomamos la decisión de decir: ‘Bueno, ¿qué hacemos, el lunes vamos, entramos o nos quedamos afuera?’ Y votamos quedarnos afuera. Nos quedamos todos afuera, sin hacer lío, no entramos, el que quería entrar que entrara. De hecho entraron algunos compañeros, pero la mayoría estábamos todos afuera. Venía la policía, pasaba… Ellos habían llamado a la policía pero como veían que no había ningún disturbio, nada, estábamos todos sentados pacíficos en la vereda, en aquella vereda…” Se organizó, entonces, una Comisión para reunirse con el Consejo de Administración y solicitar una Asamblea que decidiera el futuro de la empresa. Las respuestas fueron, en principio, evasivas y dilatorias. Como

ya venía sucediendo, el propósito de ganar tiempo era desvincular a los líderes y dejarlos fuera de la metalúrgica. “Dentro de todo el ambiente que había en ese momento, sucedió una cosa buena, porque ahí se tomó la actitud de parar la fábrica para que ingresaran y lo conseguimos: volvieron a entrar. Ahí pedimos urgente la Asamblea, se hizo y se armaron tres listas y, bueno, nosotros votamos a los que sabíamos que nos iban a representar. Así que, bueno, eso fue en el ‘83, la primera… Ahí desplazamos a la [Comisión] histórica… no sé desde qué año venia Barbería, creo que desde hacía varios años que venían ellos conduciendo la empresa. Ahí se votó y se eligió la primera… la mayoría de los compañeros estábamos convencidos de que esto iba a cambiar… De hecho, anduvo la primera parte, un tiempo… Apenas ganamos nosotros, automáticamente, todos los que estaban por agencia pasaron a ser socios, y a partir de ahí empecé a ser socio efectivo”.

Archivo Museo IMPA

BARBERÍA

PICÓN

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Los negociados de la Cooperativa: la crisis de la deuda

1.

“También nos enteramos que habían hecho una empresa, una distribuidora, que todavía existe, que la tienen, creo que los sobrinos, o los hijos, no sé… los hijos o los sobrinos de Barbería y Picón. Una distribuidora que le compraba todo lo que era el material de corrugado, todas las bandejitas se la compraban mucho más baratas a IMPA y ellos las revendían, ese era el negocio que tenían. Todavía está, pero relación con IMPA no tiene. Bueno, ese era el problema, cómo íbamos a cobrar nuestros retiros, si el negocio lo hacían para ellos. Y, para ellos, ¡era bárbaro!”.

2.

“Cuando entraron a averiguar todo lo que habían hecho los del Consejo de Administración, Barbería y Picón y todo el personal que había estado… se habían endeudado tanto que la bola cada vez crecía más, entonces se logró más o menos frenar. Había mucha mercadería que ni siquiera la habíamos hecho y ya la habían vendido y ya se había cobrado y creo que hasta se había gastado la plata. Entonces, bueno, ahí, ¿qué hicimos? Nos juntamos todos y dijimos que hablaran ellos, que estaban al frente, con los clientes, que le devolviéramos la mercadería o la plata de a poco, y creo que eso fue lo que hicieron. Se fue devolviendo: ‘hacenos un pedido y descontate algo de ahí, de esa deuda’ y así. Después, entre todos los asociados resignamos no cobrar las horas extras como se cobraba en ese momento, que se cobraba el 50% o al 100%, como en cualquier fabrica normal, para poder seguir trabajando, porque las situaciones fueron bastante complejas”.

3.

“Después, al poco tiempo, empezaron a salir a luz muchas cosas que habían hecho los anteriores. Por ejemplo en Almacenes, donde hoy está la Universidad [de los Trabajadores], eran almacenes donde se pedía mucha cantidad de mercadería sin ningún sentido… habían negocios… había quintitas en cada lugar... Y eso el Presidente y el Vicepresidente lo sabían”.

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4.

“A partir de ahí hubo muchas deudas que no se pudieron ir solucionando, sino que se fueron cada vez agrandando más y esa situación llevó a que, en ese tiempo, pensáramos nosotros que este cambio [de Consejo] iba a durar. Los más pesimistas decían que no, que fue un error haber echado a Barbería y a Picón, que ellos la tenían muy clara… ‘¡que no ves lo que hicieron, ahora estamos ganando menos!, que si hubiéramos esperado…’ Y esa disputa ahí, y esas internas, tampoco ayudaban a que esto saliera adelante. A los 2 años o 3 años se cambiaba de Consejo y no era para mejorar, sino para… al revés. Y esas situaciones así llevaron a que nunca hubiera una estabilidad, nunca hubiera una cosa segura. Las deudas seguían creciendo y llegó un momento de una situación recontra difícil”.

5.

“Teníamos en Pilar un predio muy lindo, cada tanto lo usábamos para irnos los fines de semana, o los feriados para pasar el día, para estar entre todos, para juntarnos, para unirnos. Y bueno, después, al tiempo, como la deuda crecía nos dijeron: ‘Vamos a desprendernos de ese campo, en poco tiempo vamos a comprar otro, más cerca’. Porque, la verdad, estaba muy lejos y no se disfrutaba… solo lo disfrutaban aquellos que tenían un coche, que podían llegar hasta ahí. Entonces le hacían la cabeza a los que no… yo, por ejemplo, casi no iba nunca, o había muchos compañeros así, ¿para qué tener semejante predio que ni siquiera íbamos? Entonces le decíamos: ‘sí, tenés razón’… no nos dábamos cuenta de que nos estábamos desprendiendo de algo que… en vez de decir: ‘Está bien, está muy lejos, no tenemos acceso a cómo llegar, pero busquemos uno más cerca y hagamos negocio’, una cosa así. Por otro lado, nos endulzaron diciendo que íbamos a vender eso y a pagar algunas deudas que teníamos y el resto se repartía. Entonces se vendió, de un día para otro, porque todos dijimos que sí en una asamblea, que se vendiera. Al poco tiempo dijeron que no alcanzó para las deudas… y preguntábamos en una de las asambleas que cómo estábamos: ‘Estamos en rojo acá, estamos en rojo’…”

6.

“Después, cuando llega esa presidenta [Marta Araujo], hizo unos acuerdos, porque tenía muchos contactos, e hizo toda una ilusión acá como que todo iba a empezar a andar bien. Se empezó a endeudar más todavía y empezó a pagar las pocas deudas que teníamos nosotros. A nosotros nos puso para que acá, internamente, todos dijeran como que estaban pagando lo que se debía. Y ahí, este tipo, [el gerente] Fernández, la peor ocurrencia que tuvo fue hablar con el Consejo de la Administración y convencer a alguno -porque tenía gran parte de compañeros que lo apoyabande sacar el préstamo hipotecario del Banco Nación. Eso fue lo más malo. Todos convencidos, todos dijeron que sí, hubo una votación, ahí perdimos y la mayoría tomó ese crédito. Se tomó ese crédito y dijo él: ‘vamos a pagar todo’ -con el verso que siempre hablaban- ‘vamos a poner todo bien en condiciones, ahora tenemos que empezar a laburar en serio’ y así… Se pidió el préstamo, se hipotecó el edificio y preguntamos a los 15 días dónde estaba la plata y no había nada”.


La crisis de IMPA en 1998 Marcelo Castillo relata, desde su perspectiva, el conjunto de factores que llevaron a IMPA a entrar en convocatoria de acreedores. Entiende que la crisis fue multi-causal y enumera una serie de razones: “Empezaron a sacar los préstamos en los bancos, que también eso nos perjudicó bastante. Y, después, había muchos compañeros dentro de la fábrica, de hecho, algunos se fueron yendo de a poco, por la misma interna, las mismas situaciones jodidas de la fábrica, las peleas internas eran todos los días. Y así se llegó a la situación que fue terrible, que fue en el ‘98, cuando nosotros tuvimos un periodo que era inestable. A veces, había años que estábamos más o menos bien, otros estábamos muy bien y otros veníamos mal y no nos podíamos mantener. Ellos [la Comisión Directiva] tenían mayoría, hasta incluso nos habían cortado la luz por falta de pago. Ya nos habían sacado todos los beneficios que teníamos, la obra social, los aportes jubilatorios que no se hacían de no sé cuánto tiempo. No sé si era por la misma situación… digo, gran parte tenía que ver con la responsabilidad de las distintas administraciones que pasaron y otro tanto la situación como estaba afuera, en general, en el país. Y bueno, eso también que Eduardo [Murúa] dice -que yo, viéndolo ahora, sí, es verdad- esto de que jugó un papel muy fuerte el monopolio Aluar. El monopolio Aluar no solo con las materias primas, sino que también compró varias empresas que hacían el producto terminado y eso a nosotros nos iba asfixiando cada vez más y a las demás empresas chicas también, las que estaban en el mismo rubro, las iba asfixiando de a poco. Y el objetivo de Aluar era, en su momento, comprar IMPA, porque casi tenía todo lo que Aluar tenía, lo único que no teníamos nosotros -que ellos manejaban- era la materia prima. Pero bueno, creo que hicieron varios intentos, en las últimas conducciones como que jugaron con eso y algunos estaban convencidos y otros no estaban muy convencidos. Y, también, los negocios que yo veía, o me daba cuenta de los negocios particulares de cada uno. Decían: ‘Nosotros somos capaces, esto en poco tiempo lo revertimos, vamos a cambiar y va a estar todo bien’. Ese ‘todo bien’ era ‘voy a estar bien, personalmente’...”.

El comienzo de la re-conversión: de lo individual a lo colectivo En ese clima de peleas internas, donde se “revolearon sillas” en el comedor y casi terminaron “a las piñas”, lograron la salida de Cosio y Fernández, amigos del Consejo de Administración de entonces, que pretendían quedarse con la Cooperativa. Luego, algunos, comenzaron a juntarse y a buscar una salida a la compleja situación que vivían:

ARRIBA: Fotos históricas del predio de Pilar de IMPA. Archivo Museo IMPA. ABAJO:

Estandarte del logotipo de la Cooperativa Ltda. de Trabajo y Consumo ubicada en IMPA. Archivo Museo IMPA.

“Uno de los lugares históricos donde nos juntábamos era el Sector Mecánica, en un lugar donde están los tornos, allá, al fondo. Estaba Sanagua; estaba yo, estaba Romero, un compañero que ahora está enfermo, pero que está trabajando todavía; Maldonado, otro compañero que era matricero, y, bueno, nos juntábamos nosotros seis y Loiácono. Hablábamos de mala situación que estábamos pasando y de que había que buscarle la vuelta, para poder frenarla y ver qué alternativas teníamos. No solo nosotros 6 o 7, sino que también hablábamos con otros compañeros, en Papel Aluminio, con un compañero Vidal, Salina, estaba Vera, después hablamos con Julia. Bueno, ellos estaban y decían de cambiar, que vamos a tratar de cambiar. Bueno, ahí es que no sabíamos cómo hacerlo”. Esta historia, como muchas otras, tiene bastante de azar, lo que le da un encanto especial, pues, si bien existía una la convicción en la acción para la búsqueda de soluciones, hacía falta un “saber qué hacer” que llegó de manera inesperada. Dice Marcelo: “Empezó por una cosa individual, pero lo que yo siempre digo es que esto de acá no fue una cosa individual, de una sola persona, fue producto del grupo”. La cuestión individual a la que hace referencia es el encuentro entre Aurelia, por entonces trabajadora de IMPA y ya jubilada, con el abogado, hoy juez, Roberto Gallardo. Se trataba de una consulta personal: ella quería jubilarse y quería reclamar por un posible caso de mala praxis en el Sanatorio Mitre, MUSEO IMPA I 51


donde la habían asistido. A partir de esa consulta legal, Gallardo descubrió una importante ausencia de aportes jubilatorios, lo que haría peligrar la jubilación de todos los asociados y las asociadas: “Entonces ahí hizo una investigación por intermedio de la AFIP, hicieron un allanamiento y acá estaban todos recontra asustados”. Según Castillo, luego fueron otros trabajadores a consultar al mismo abogado, porque estaban a punto de jubilarse, pero no le hablaban del problema global de la empresa, sino de su situación personal. Mientras tanto, un grupo se seguía reuniendo para pensar qué hacer: “En todo eso, nosotros seguíamos hablando, juntándonos afuera. En ese momento, estaban dándonos 20 pesos y así… no teníamos mucha guita. Nos juntábamos entre cuatro o cinco y nos íbamos a Burger King y ahí comprábamos un cafecito y de ese cafecito tomábamos tres. Y ahí nos juntábamos para charlar, para desahogarnos, de todo lo que estaba pasando y ver cómo podíamos hacer”. Mientras algunos trabajadores, como Martín Orieta y su esposa Patricia, organizaban una reunión grupal con el abogado por la cuestión de los problemas para jubilarse, otros como Sanagua, el síndico, había hecho una denuncia en el INAES1 por todas las situaciones irregulares que se vivían en la Cooperativa: “Nos habían sacado la obra social, no nos pagaban la carga jubilatoria como nos tenían que pagar, que cada vez el retiro era menos, que la producción estaba parada”. Marcelo le propone a Sanagua ser testigo de su denuncia, pero este último, como era síndico, prefería tomar él solo esa responsabilidad. La denuncia generó una fuerte reacción entre los integrantes del Consejo de Administración, que, además, se enteraron muy rápido pues la información se filtró por un Director del INAES que era amigo de ellos: “Acá hicieron una reunión y nos querían echar a todos. Y los que estaban acá, en Administración, decían: ‘¿Irse por nueve loquitos? ¿Por nueve loquitos que andan haciendo estos problemas? ¡Los tenemos que rajar, que se dejen de joder! ¡Nos van a dejar sin trabajo!’ Resulta que a Sanagua hasta lo suspendieron, como síndico lo suspendieron”. Enterados de la existencia del abogado, Marcelo y otros compañeros, le piden a Martín Orieta y su mujer, Patricia, que les organicen una reunión, aunque sin muchas expectativas, a la que concurren Sanagua, Castillo y Vera. Las reuniones continuaron y el grupo fabril, a pedido de Gallardo, fue aumentando. Sin embargo, no fue era fácil reunir a los compañeros, porque, si bien, casi no tenían retiros, persistía la ilusión de que la situación podía llegar a mejorar. “Dice Gallardo: ‘¿Vos sos el síndico?’ ‘Sí’. ‘Pero vos estás muy complicado’. ‘Sí’, le contesta Sanagua. Pero le digo: ‘No, él hizo una cosa que la hizo bien’. ‘¿Qué cosa?’. ‘Él denunció todo lo que está pasando en el INAES, la nota se la tomaron y él tiene amigos y tiene copia de la nota’. Nos dio otra reunión, hablamos, y ahí empezó Gallardo a decir todo lo que nosotros sabíamos y le dijimos que sí, que ya sabíamos, que la mayoría de los trabajadores lo sabe, que nosotros le dijimos a todos pero que no nos quieren escuchar. Ellos ven como que 1. Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.

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esto es una locura de diez y que lo que queremos a través de esa denuncia… esa denuncia… a él lo suspendieron, no lo pueden suspender. ‘Y no’, me dice Gallardo. Lo que pasa es que como saben que somos poquitos, que somos diez. Entonces le dijimos si nos podía ayudar. Bueno, dijo, si ustedes quieren… pero ustedes saben cómo es esto, tiene que ser la mayoría. ‘No’, le digo: ‘La mayoría está’, ¡mentira!, no había. Bueno, dice: ‘Junten más de lo que tienen que vamos a hacer una reunión en la CTA que yo tengo un lugar, que en ese momento se estaba armando, yo tengo unos compañeros ahí –dice- vamos a reunirnos ahí, ¿o tienen otro lugar?’ ‘No’”. Al principio, fueron diez, los diez loquitos, luego llegaron a ser veinte, los de más confianza, hasta que llegaron a ser sesenta: “Entonces tuvimos que juntarnos nosotros, no quedaba otra, abrir el juego. Sabíamos que dentro de eso iba a entrar cualquier cosa, pero bueno… La próxima reunión ya no fuimos 20, porque así como le pasó a [Oracio] Campos que quería ver de qué hablábamos, quería averiguar… y eso nos sirvió porque fueron muchos compañeros a ver de qué se trataba… en la segunda reunión fuimos como 60 y ahí ya la cara de Gallardo le cambió. Y ahí fue cuando nos presentaron a Eduardo [Murúa]. Uno de ahí, de la CTA, nos presentó a Eduardo. Él es el compañero que la CTA ha designado para ver de qué manera puede ayudarlos. Sabemos que es una situación jodida, no sabemos mucho de lo que es el cooperativismo y él lo tiene un poco más claro… Ahí habló un poco Eduardo y dijo que él quería ayudar, pero preguntó qué es lo que queríamos nosotros. Ahí le dijimos que lo que queríamos era simplemente recuperar el trabajo, que lo estábamos de a poco perdiendo, porque veíamos que estos que lo estaban administrando querían hacer su negocio personal con la fábrica”. En la siguiente reunión llegaron a ser 100 trabajadores y trabajadoras, cuando, por entonces, el total del grupo fabril de IMPA sumaba 120 personas: “Ahí Gallardo pidió un salón grande que lo llenamos, agarró una pizarra y empezó a explicar desde cuándo no pagaban esto, no nos pagaban aquello y todos se enteraron ahí. Y decían: ‘¡Puede ser que nos hayan mentido de esta manera!!!’ Nosotros veníamos diciéndoles lo mismo, pero bueno, sirvió, porque lo vieron a Gallardo de traje con el maletín, era un abogado y, bueno, eso nos sirvió. Entonces él dijo: ‘Si están todos convencidos y quieren cambiar, la oportunidad es ahora, porque esta gente ya viene desde hace mucho tiempo gobernando, va a seguir gobernando y ustedes en un momento van a quedar afuera, sin poder jubilarse. Bueno, los compañeros acá seguían trabajando, pero no tenían todo el apoyo que nos hubiera gustado que tuvieran, pero ellos se pudieron mover como pudieron e hicieron con una valentía del síndico una denuncia que está bien hecha y una nota para pedir una asamblea. En esa nota hay 40 firmas, si la quieren reforzar, la pueden reforzar’. Dijeron todos que sí, todos pusieron el gancho, así que la volvimos más grande. Y ya acá vieron que no éramos los primeros 20 locos, ni 40, eran todos. Después acá, a lo último, se hacían reuniones en contra nuestra porque todas las reuniones que hacía el Consejo eran en contra nuestra, para que los mismos compañeros dijeran que ‘Por culpa de estos, van a perder la fábrica’. Así que más o menos esa es la historia, Eduardo después se comprometió a que él nos iba a apoyar durante el conflicto, él vino, estuvo desde el principio. Como nadie lo conocía al abogado… ni a Murúa tampoco, eran gente nueva… Y eso nos sirvió a nosotros porque pensaban que nosotros estábamos haciendo otra alianza con la gente que ya había estado”.


Sonia Gutiérrez y su hija Natalia, trabajadoras de IMPA. Archivo Museo IMPA. Foto ©Carlos Mamud

“Y ahí comenzó la nueva historia” Para Marcelo, entonces, sí, las cosas finalmente cambiaron, y se produjo un corte, un quiebre, que, sin embargo, le permite evocar algo de una situación vivida con anterioridad: “Tomamos la misma actitud que en el ‘83, entrábamos, no prendíamos las máquinas, o nos quedábamos afuera, como hicimos en el ‘83. Entonces, la mayoría dijimos: ‘Es más simple quedarnos afuera, a hablar con todos los compañeros para que no entren, que se queden afuera’. Bueno, de hecho pasó lo mismo que en el ‘83, algunos compañeros entraban. Trabajaron dos días nada más y esos dos días que entraron los compañeros a trabajar no se los pagaron. Ahí nos quedamos nosotros afuera, después nos quedamos adentro. Tardamos, porque estos compañeros no querían darnos la Asamblea y eso que los apretábamos uno por uno… a lo último dijeron: ‘Bueno está bien’. Así que nos dieron la Asamblea, fuimos a votación y ahí fue cuando fue electo Campos y ahí comenzó la nueva historia”.

Volver a recuperar IMPA en 2007: dos proyectos divergentes Ante la pregunta, ‘¿cómo anda IMPA hoy?’, para contestar, Marcelo evoca otro proceso de luchas y de re-recuperación fabril que sucedió en 2007, cuando se enfrentaron dos proyectos: uno era aceptar el retiro y permitir que se hiciera con la empresa un negocio inmobiliario, y el otro era continuar con la producción, en una empresa social en manos de los trabajadores y las trabajadoras. El entrevistado hace memoria, compara uno y otro período, y relata cómo empezó la resistencia para que IMPA pudiera volver a ser la empresa social, que, en 1998, habían comenzado a imaginar y a concretar. Sus recuerdos refieren al pequeño grupo que, advertido del

peligro que corría la empresa recuperada, comenzó a organizarse para oponerse a la destrucción: “Desde mi punto de vista, por cómo encaramos esta última etapa, puedo decir que la fábrica anda bien. Cuando digo esta última etapa, es la recuperación en 2007, porque antes la empresa estuvo en manos muy peligrosas de algunos compañeros, más con una gente que eran inversores de afuera, externos, que no pertenecían a la cooperativa. Entonces, fue contra nuestros propios compañeros y contra esos personajes que nos venían a vender espejitos de colores, pero muchos no compramos eso, así que… Y ahí no fue fácil, fue también muy difícil competir con una estructura en donde había plata, porque, más allá de que trabajés o no trabajés, es difícil. Por suerte, digo suerte porque hubo un grupo muy pequeño de compañeros que nos reuníamos cada tanto. Yo recuerdo que en una charla nos preguntamos nosotros, este grupo chico, qué veíamos en ese momento y qué pensábamos en ese momento. Hicimos la primera charla, por acá, en Av. La Plata y Directorio, creo que hay una pizzería. Nos habíamos puesto de acuerdo para juntarnos un poco, a charlar de la situación esta y ver qué era lo que podíamos intentar hacer. El grupo ese de compañeros era… estaban… lamentablemente, tres compañeros que fallecieron, una es Sonia, Sonia Gutiérrez, el otro compañero es Alcides y el otro compañero es Jorge Santillán. Y, bueno, después quedamos tres compañeros que también fuimos a esa reunión: Francisco Romero de Mecánica, la compañera Natalia y estaba yo. Así que, bueno, ahí nos preguntamos y el primer el trabajo… ¡bah! lo primero que se nos ocurrió fue preguntarnos a nosotros mismos qué es lo que queríamos y qué es lo que se podía hacer. Y, después, tratar de ver a los más allegados a cada uno de nosotros, preguntarles cómo ellos veían esa situación de ese momento y qué que querían hacer. La idea era charlar con los más cercanos, individualmente, con distintos compañeros para ir viendo si se querían sumar y ver qué era lo que pensaban los demás”.

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Las falsas promesas de los inversores Los relatos de Marcelo recrean distintos ofrecimientos engañosos de quienes estaban al frente de la empresa en ese momento, a la vez también evocan los momentos de desilusión, es decir aquellos en los que ya no era posible seguir sosteniendo por más tiempo el engaño. En un clima de incertidumbre, donde más tarde o más temprano, el retiro parecía el único camino, la producción frenada colaboraba para aceptar las peores condiciones para hacerlo. Sin embargo, algunos insistían con resistir. “Y, sí, en general, no digo todos, pero, en gran parte, sí, estaban preocupados, porque acá se corrían rumores de que el proyecto de esos compañeros, más los inversores, era hacer un negocio… que ese negocio inmobiliario, después se traslada y llega a oídos del síndico. Porque ellos para hacer lo que querían hacer -que ya estaban muy seguros de hacerlo- porque ellos eran gente de negocios y hacía muy pocos meses que estaban acá. Entonces lo que querían era negociar con la gente del Banco Nación y hablar con el sindico del concurso. Se le arregló al síndico del concurso un… no sé si era un contrato, o algún tipo de honorario supongo, no sé, de facilitarle el trabajo, para que no tengan muchos inconvenientes con lo que ellos quisieran hacer. Supongo, no sé… porque… alguna plata le habrán ofrecido… La llegada de ellos lo que quisieron hacer era negociar con el Banco Nación, porque el acreedor

grande de acá de IMPA es el Banco Nación, donde tenía la hipoteca, ¡bah!, donde la tiene. Y, después, ellos habían prometido otra cosa y no la iban cumpliendo. Por eso a nosotros nos ayudó también que ellos habían hecho promesas cuando llegaron y no las estaban cumpliendo. Entonces, algunos compañeros que supuestamente estaban con ellos se empezaron a preocupar, porque la situación de la cooperativa a fines del 2005, y todo lo que era el 2006, prácticamente la fábrica estaba casi totalmente parada. Nosotros veníamos únicamente a barrer o no sé… a pintar las máquinas, pero de producción… casi no se veía prácticamente movimiento de producción. En donde ellos cuando vieron que no les iba a ser fácil lo que ellos tenían en mente, eso nos favoreció a nosotros porque ellos qué decían, ellos rápidamente decían que compraban la hipoteca, levantaban la hipoteca y negociaban con el juez y con el síndico. Entonces, tener eso, les facilitaba más el trabajo… porque ya habían visitado varias inmobiliarias de acá de Buenos Aires, de las más importantes, en donde venían visitas diarias a mirar toda lo que era la fábrica, toda la fábrica completa. Ellos prometiendo que eso supuestamente iba a ser rapidísimo, que la fábrica iba a ser una fábrica más moderna, respetando la cooperativa IMPA y que íbamos a estar con todos los beneficios que no teníamos en ese momento, obra social, jubilación al día y después un salario buenísimo. Lo primero que ellos hicieron fue ofrecer… porque ya se les estaba yendo de las manos eso, era muy difícil sostenerlo, ellos hicieron una pequeña encuesta con todos los compañeros y que, para mí, fue uno de los gravísimos errores que ellos cometen.

Porque la mayoría de los compañeros, incluso los más cercanos, con los que yo tenía contacto, se manejaban cifras que eran de no sé… ponele, de 50 mil, 70 mil dólares para cada uno [para el retiro]. Y los compañeros, cansados de todo lo que se estaba viviendo en esos años, que fueron años muy complicados, y algunos dijeron decían: ‘No, yo me voy, agarro esa plata y me voy me pongo un negocio’, no sé, cualquier cosa, pero ellos se querían ir, eso llegó a que, cuando hacen la encuesta, el dinero que supuestamente, en la versión que se estaba corriendo dentro de la fábrica, no era eso. Los montos no eran dólares, eran pesos, y la cifra era cada vez… muchísimo menos de lo que se había hablado. Después, aparte, con los compañeros de mucha antigüedad, porque ellos habían hecho un achique y en vez de darles más dinero a los que tenían más antigüedad y más años, acá, en la cooperativa, ellos eran más perjudicados que los nuevos. Entonces, ahí hubo mucho ruido, mucho ruido y bueno, como te dije, no se manejaba la moneda dólar sino pesos y no eran 50 mil 70 mil, sino que pasaron a ser, en muchos de los casos, pasaron a ser 9 mil, 10 mil pesos. Igualmente escuché de varios compañeros que aceptaban igual y se iban. Pero, bueno, yo y muchos de los compañeros seguíamos con nuestra postura. Yo decía que iba a ser uno de los últimos que me iba a ir. Porque era fácil de manejar, si a ellos les hubiera salido todo bien, ellos, con un maletín, venían, se sentaban, armaban una asamblea y decían: ‘Bueno, a ver, a cada uno le corresponde determinado monto de dinero, acá está la plata, acá está, tenés que firmar’… porque ahí sí, tenés que firmar un acuerdo de desvinculación y tienen que firmar todos los socios de la cooperativa”.

Socios de la Cooperativa IMPA en Asamblea. Archivo Museo IMPA

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Apostar a la producción: una resistencia que avanza entre obstáculos

a reactivarse de a poco, era como una cosa alentadora. Pero ellos seguían con ese proyecto, no, no, ellos no se salían. Allí surgió que… digamos, también otro error que cometieron fue congelar los retiros [las utilidades que recibía cada socio mensualmente] eh… no sé, ahora ya no me puedo acordar cuándo nos daban en ese momento y los compañeros, bueno, la mayoría que tiene familia y tienen chicos, empezaron con que no les alcanzaba, no les alcanzaba. Después empezaron unas peleas internas que son típicas de todo proceso, entre ellos mismos. Y, bueno, hubo algunos que dijeron… que los trataron de mentirosos, que no eran el acompañamiento que les hacían estos compañeros… Ellos hacían reuniones privadas, en las que nosotros no teníamos participación, escuchábamos a veces por ahí alguna versión que se escapaba, una cosa de esas, pero nada más, pero no sabíamos si era verdad, si era mentira lo que se decía. El asunto es que hubo un quiebre entre ellos mismos, hubo una fractura y eso nos permitió al grupito este chico seguir avanzando. Entonces, llegó un momento que dijimos: ‘esto no va más, juntémonos’. Entonces, yo convoco porque también nosotros estábamos divididos. Entonces había unos compañeros que no querían a determinados compañeros y yo decía: ‘No, pero si nosotros vamos solos no lo vamos a poder hacer. Tenemos que convocar. Hay que tratar de buscar a los compañeros que dentro de cada grupo son un poquito más representativos’. Eso lo hicimos, lo tuvimos que empezar a hacer rápido.

Productos elaborados en papel aluminio por la Cooperativa IMPA. Etapa 1961-1997. Archivo Museo IMPA

En IMPA se vivió un momento muy difícil, cuando Marcelo Castillo hace memoria, evoca los errores de quienes conducían la empresa, pero también las estrategias para cohesionarse en un clima de desconfianza que, sin embargo, había que superar. El facilismo y el corto plazo seguían siendo oponentes de temer. “Pero no lo pudieron hacer tampoco, porque cuando hacen la encuesta… ¡¡¡hubo una disconformidad!!! Eso medio como que los frena un poco, y después los compañeros dijeron: ‘Vamos a apostar a la producción porque nos estamos quedando sin hacer nada’. Entonces, como no entendían bien el negocio los inversores, más los compañeros nuestros que manejaban en ese momento la cooperativa, tampoco no estaban muy capacitados en el tema de la parte productiva, entonces, bueno, pusieron plata, pero decían que perdían. Muchos de los compañeros, que decían… que decíamos -uno de esos que decía era yo- que no era tan así, si era que perdían era porque estaba muy mal invertido el dinero en donde ellos lo ponían, en donde apostaban. Hubo muchas equivocaciones en todo ese tiempo, pero, sea como sea, la fábrica empezó de a poco a ir teniendo actividad productiva… que no era la buena, pero, digo, al venir todos los días anteriores, al venir y estar de brazos cruzados, o barrer y de pronto empezar

La primera reunión la hicimos, acá, en Castro Barros y Rivadavia, en la pizzería Tuñín. Ahí, y a mí me sorprendió porque yo pensé que ahí, en esa primera reunión, íbamos a ir… no sé, nosotros éramos seis los que estábamos manejando, calculaba 15, pero cuando llegamos ahí empezaron a llegar compañeros que… por eso te cuento que hubo un quiebre entre ellos… compañeros que no sabíamos cuando llegaron si hablar entre todos abiertamente o, claro, qué si estos venían a escuchar para ver que estábamos planeando… Pero nosotros, ya que estábamos todos ahí, nosotros los convocamos y empezamos a hablar. El vocero de todo fui yo, encaramos la reunión y empezamos a preguntar que si íbamos a quedar así, con los brazos cruzados, o si íbamos a volver a intentar recuperar otra vez la cooperativa. Y ahí la mayoría dijo: ‘No, queremos volver a recuperar la cooperativa, cueste lo que cueste’. Yo les dije: ‘No va ser fácil. Nosotros somos los trabajadores que estamos acá reunidos, más, si llegamos a pedir una colaboración de alguien que pueda llegar de afuera no va a ser igual que con los inversores que hay ahora, los inversores tienen plata, nos tenemos que poner en la cabeza y para recuperar eso, ver en qué situación estaba’, ver que iba a ser difícil, y tratar de poner el máximo esfuerzo, el doble, para poder recuperarnos de a poco. Porque la recuperación iba a ser muy lenta, muy despacio y todo esto”.

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Creando capital de trabajo: “estábamos dispuestos a hacer todo” Una vez decididos a volver a recuperar la empresa, se hizo necesario buscar apoyos y desarrollar múltiples estrategias para generar un fondo de trabajo, para recuperar la confianza. La convicción de que el camino emprendido era el correcto, los llevaba a estar dispuestos a todo. Algunas de las estrategias fueron realmente creativas. “Lo que sí, ahí, yo empecé a tirar más fuerte el nombre de Eduardo [Murúa] y había algunos compañeros que sí, bueno, que aceptaban decir que sí, que aceptaban, que no había otra, pero no escuché a ninguno decir: ‘Che, estamos arrepentidos de haber hecho lo que hicimos’. Pero ya, con el solo hecho de que se aceptaba, nosotros ya estábamos conformes. Porque nosotros no ocultábamos nada. En ningún momento ocultamos nada. Lo que sí hicimos, después de esa reunión, nos seguimos juntando acá, un grupo más grande. En donde este otro grupo de los inversores con otros compañeros se estaban preocupando, porque sabían que nos estábamos reuniendo. ¿Qué hicimos?, como no tenían opción de producción, si nosotros pedíamos, por ejemplo, no sé, qué se yo, para decirte una cosa, diez cosas de esto, entonces, pedíamos quince. Por ejemplo, en papel, hacíamos cinco mil, diez mil kilos de papel, pedíamos quince mil kilos y, como iba pasando el tiempo, nosotros íbamos guardando, escondiendo, todo lo que era material sin procesar y material procesado, el material procesado que sabíamos que el cliente más adelante lo iba a llevar. No cualquier material. Quisimos ver qué reacción había en la primera reunión cuando nos juntamos con Eduardo, y fue bastante buena. A Eduardo le costó aceptar, sí, porque veía la situación muy jodida, ¡estaba jodida! Lo que pasa es que estábamos… yo, en particular, estaba loco, estaba loco porque decía que no podía ser, ¿cómo llegamos a esa situación? Y, a la vez, tener esa esperanza y decir: ‘Vamos a salir de ésta y vamos a salir y vamos a salir, pero, y con eso de ‘vamos a salir’ no alcanza, hay que agregarle otra cosa más. Así que, bueno, no, no la veía ni a placé, y le dijimos: ‘Sumate, vemos qué hacemos para adelante’. Y, bueno, ahí, cuando se suma, viene una estrategia de él muy, muy buena. En donde… hizo una maniobra… no sé si eso lo vas a poner… no sé si borrárselo, en donde ahí, rápidamente, como capital de trabajo no teníamos nada y el poco

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capital que teníamos era este, el que yo te decía -el del ocultamiento de la mercadería, del material- que no era mucho. Y, después, bueno, la genialidad, digamos, de hacer esto: ver los números y decirle a Guillermo Scaglione, que es el cobrador: ‘Che, llamá a este cliente y decile que el cheque lo robaron’. Y así hasta que ahí se armó un capital de trabajo para poder seguir. Así que, bueno, lo hicimos, estábamos dispuestos a hacer todo, la que teníamos que hacer lo teníamos que hacer. Pero eso ayudó. Después ayudó también que fuimos a una organización, de acá, una ONG, creo que es La Base, donde ahí los compañeros, por intermedio un trabajo muy bueno que había hecho el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, en donde algunos estudiantes hicieron… no sé si un libro, una cosa así, fueron a Estados Unidos, presentaron, en esos años buenos de lo que fue la recuperación de empresas en Argentina, y ahí se acercaron algunos yankies y se ofrecieron y armaron esa ONG, acá, para ser de utilidad y para que den créditos a algunas cooperativas. Nosotros agarramos, aunque no era mucho el monto, pero todo nos servía. También utilizamos eso. Mientras tanto, habíamos gestionado un subsidio en Desarrollo Social, que no prosperó porque nosotros somos muy desprolijos, no tenemos todo lo que es libros… las cosas bien aceitaditas. Y entonces eso nos dificultó. Y, siempre, cuando tramitamos algún subsidio, o algo en el Estado, siempre te buscan hasta los más mínimos detalles como para jorobarlo a uno. Y eso llevó a que se fuera atrasando un poco. En el 2007, también se hizo un trabajo muy bueno con algunos proveedores de materia prima, con los que, obvio, que la confianza no estaba, porque nosotros teníamos que… tener el dinero para comprar cierta cantidad de aluminio, el dinero en mano. Una vez, una empresa que es amiga, nos ayudó, pero, en ese momento, era como para matarlos. Le habíamos encargado una cierta cantidad de material, el dinero estaba, yo estaba afuera, no estaba. Yo no le había dicho a Guillermo, me había olvidado. Y es como una anécdota. Ya lo había bajado el material y entonces viene a cobrar y Guillermo le dice: `No, si no hay plata’. Entonces, el fletero, el camionero, llama a la empresa y le dice: ‘Mirá que acá no está la plata’. Entonces, les dijo el patrón de allá: ‘No, subí todo de vuelta y traételo”, que eso significaba que nos iba a hacer un retraso. ¡Menos mal que llegué ahí casi a tiempo! y entonces le digo: ‘Para, pará, no cargués nada, si la plata está’. Y entonces le dije a Guillermo y ahí la mercadería quedó. Esa era una de las tantas. Después había otra con otro proveedor de aluminio que también era todo efectivo. Después, hasta volver a tener confianza… otra vez con los clientes. Después Eduardo, al tener conocidos… Porque uno de los protagonistas grandes, grandes de esta etapa… bueno, yo siempre digo a todas partes donde voy, por suerte vino Eduardo, en esta última etapa, a estar con nosotros. En esta etapa, los buenos contactos que él tenía con los proveedores de aluminio, lo llevó a hacer varias reuniones, de a poco se fue dando que, en vez de darle efectivo, se les fueron dando valores en cheque, para poder ir negociando. Al principio, algunos cheques eran prácticamente al día, después se fueron estirando un poquito. Hasta ahora tenemos esos proveedores. Ahora quedó uno solo, el otro proveedor, una empresa grande, el que venía, el contacto nuestro era un ingeniero, él iba y ponía la cara ahí. Y bueno, como hubo la quiebra, después el juez se enteró de los proveedores y los clientes que teníamos y


empezó a notificar a uno por uno… que por qué le habían vendido a una empresa quebrada, que por qué le compraron a una empresa quebrada y todo ese tipo de cosas. Entonces, ahí perdimos un capital de material, para nosotros fue muchísimo. Porque ellos nos vendían los rollos de aluminio, chapas, que nosotros, acá, con las maquinas que tenemos en Laminación, lo íbamos bajando de espesor para lo que nosotros queríamos hacer, ya sea para tejos, para corrugado o para papel. Y… entonces, como ya había esa confianza, ellos nos pidieron a nosotros que nosotros teníamos un montón de aluminio acá, que ellos lo podían reciclar. Y el intercambio era eso. Era retornable, ellos lo llevaban, los reciclaban, lo mandaban de vuelta y con un valor menos. Nos cobrábamos la mano de obra. Eso nos servía, era retornable, después se juntaba un poco más de plata y se compraba un poco más, cada vez un poco más. Esa confianza, con esas cédulas que mandó el juez a cada empresa, se perjudicó. Nos perjudicó porque estábamos de a poco saliendo. Y, después, antes de que me olvide, a esa maniobra de los cheques de Eduardo, también se juntó con un empresario, que quería hacer algo acá, en el tema de lo que era corrugado y algo de pomo. Ese empresario vino, era una distribuidora, ese empresario vino, y sin conocernos, ¡bah!, lo conocía a Eduardo, porque tenía más contacto con Eduardo y todo eso. Él también vino y aportó su capital. Eso también nos ayudó, pero se ve que el juez también se enteró, porque cada vez que nosotros íbamos en crecimiento, bueno, ahí, nos venía algo que nos volvía a retroceder. Y eso también ocurrió con el tema de la quiebra, nosotros ya veníamos armando todo y qué sé yo... Y hasta ahí no aparecía el subsidio, porque nosotros con el subsidio de los cuatrocientos mil pesos [solicitado a Desarrollo Social], nosotros íbamos a enfrentar un poco mejor, un poquito mejor lo la quiebra y por ahí tener un poco más de material para seguir trabajando, pero no, el subsidio no nos llegó a tiempo. Pero el juez, digo, con el síndico, ya veían lo que los inversores habían intentado hacer, entonces, ahí empezaron a joder, porque los inversores hasta al síndico le habían hecho un mutuo, un contrato de honorarios, donde le daban quince mil pesos por mes más IVA y creo que le habían cumplido los primeros meses. Esto que yo te había dicho al principio, que era para que los ayudara a ellos y que la cosa les resultara más fácil”.

La disputa judicial Si bien, el juez y el síndico aparecen como fuertes oponentes, que colocaban una y otra vez distintos escollos en el camino de la re-recuperación de IMPA, el discurso de Marcelo expone, una vez más, la convicción de que nada los detendría, ni siquiera el pedido de quiebra en 2008, ni siquiera un desalojo. Se trataba de volver a resistir esos embates y reorganizarse en función de las nuevas circunstancias. “Bueno, [el síndico] nos llamó a nosotros, y nos dijo que se había enterado… porque se ve que los otros no lo atendían, se ve que les debían dos o tres meses, después, cuando nos llama a nosotros nuevamente, porque se ve que llamaba al presidente y acá les contestan que ese compañero no estaba más, que acá hay otro presidente, Marcelo Castillo. Entonces, llamó y nos pidió una reunión, fuimos con el abogado y después fuimos con Eduardo, en donde él quería que se le respetara ese mismo acuerdo. Nosotros le dijimos que no, que éramos nuevos y que no teníamos. Eduardo le dijo que ‘lo único que te podemos dar es unos tres mil pesos’. Entonces, se enojó, dijo que con eso no podía vivir él, ni la familia, nada. Y después se decretó lo de la quiebra, en el 2008. Hubo un intento primero que logramos frenarlo, porque justo estábamos con Eduardo… él estaba tratando de gestionar para traer una inversión de trabajo para quedar bien estables, bien seguros, él se había ido hasta Brasil, fue cuando el juez… Habíamos frenado primero el primer intento, ahí nos quedamos como depositarios judiciales y todo eso, después nos dio plazo un par de días, se enteró que… porque acá nos había clausurado el segundo piso, las oficinas, todo. Nosotros sacamos toda la clausura. Y después se vinieron a la noche, cuando no había nadie, y ahí fue cuando nos desalojó, nos desalojó, puso vallas acá… puso ahí. Y, bueno, ahí, a la semana siguiente, ya entramos, con fuerzas de distintas fábricas del MNER, organizaciones sociales y todo eso, que siempre en IMPA las puertas estuvieron abiertas. Así que ahí volvimos a entrar y empezamos otra vez de vuelta, a seguir trabajando de vuelta. Después el juez empezó a jodernos cada vez más, con el tema de la luz, el tema del gas, que eso nos hizo retroceder muchísimo. Pero, como sabíamos que nos iban a cortar la luz, alquilamos un grupo electrógeno. Así que, ahí, la empezamos a remar de a poco, trabajando como hasta ahora. Lo que sí que ahí sí Eduardo se sentó bien y tuvimos varias charlas, yo, él y un grupo de compañeros. Como estábamos muy limitados con el tema energético, apuntar a qué es lo que más rentabilidad da y poner todo el esfuerzo ahí, que es el sector de pomos. Lo otro, lamentablemente, lo teníamos que dejar un poco de lado, porque no llegábamos para lo otro. Por eso teníamos que ir buscándole la vuelta… Después llegaron unos ex compañeros de IMPA que ellos cuando se fueron de acá pusieron una empresita que les fue bastante bien. Se enteraron que acá estábamos nosotros, bueno, vinieron y Eduardo les dijo que si querían trabajar con nosotros las condiciones son estas, como para reflotar estos dos sectores donde nosotros teníamos a los compañeros ahí que sabían el trabajo que tenían que hacer, pero, bueno, que eran los sectores de papel aluminio y corrugado. Y hubo un acuerdo entre las dos partes y se lleva hasta ahora. Después nosotros seguimos con el fuerte nuestro que es el tema del pomo”.

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IMPA hoy: una empresa netamente social Recién, al finalizar la entrevista, Marcelo Castillo hace su balance y su evaluación. Considera que el mejor momento de IMPA recuperada sucedió en estos últimos años, a partir de 2010. Un momento en el cual los trabajadores y las trabajadoras retomaron un camino que años atrás se habían trazado y al que se hacía necesario volver. Sin embargo, no se trata del mismo proyecto, el actual está ampliado, porque sucedieron cuestiones impensadas y, además, sigue abierto a nuevos emprendimientos. “En aquel momento, en el 2005, 2006, no sólo hicieron lo que hicieron, que fue destruir lo que es la parte de la cooperativa, sino que, en ese momento, ya había un proyecto más amplio, que IMPA se convirtiera en una fábrica netamente social. Ya estaban funcionando el Centro Cultural y el Bachillerato, que eran esas dos cosas que estaban y el objetivo de los compañeros que era sacar todo. ¡Y lo hicieron y lo consiguieron!, sacaron el Bachillerato y el Centro Cultural.

Registro de La Noche de los Museos 2013. Archivo Museo IMPA

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Nosotros cuando vimos todo, a partir de lo que nos hizo el juez, cuando nos quebró en el 2008, volvimos y el discurso lo di yo, acá en Corrugado, cuando volvimos a entrar de vuelta, les digo: ‘Ahora vamos a ir por todo, por el proyecto del ‘98, al que nunca teníamos que haber renunciado, que de vuelta va a estar el Centro Cultural y el Bachillerato’. No sólo eso se cumplió, sino que otras cosas que no teníamos ni en mente, en ese momento, que se fueron dando. No sólo lo que es el Centro Cultural y el Bachillerato, sino que el proyecto ése se amplió, sino que también se organizó en el tema de la Universidad de los Trabajadores, que ahora está funcionando, el Museo que está funcionando y la recuperación del Centro de Salud. Están en pleno trabajo. Yo creo que va a andar bien, como todo lo que se hace acá adentro… porque las cosas se hacen seriamente. Después las otras dos cooperativas que, ahora, quisieron venir a desarrollar su actividad acá. La de las chicas de diseño, que no tenían un espacio físico y nosotros se lo ofrecimos. Son siete chicas. Y después una cooperativa DTL que los compañeros, creo que son diez, y también pidieron un lugar físico. Ellos hacen transistores, conectan radios. Y después dos proyectos de dos organizaciones, que es un canal de Televisión, los compañeros de lo que es Barricada TV, que consiguió en 2013 la autorización oficial, así que es un canal legal en este domicilio. Y después la Radio Semilla. Pero los nuestros ‘nuestros’, cuando digo nuestros… de los trabajadores, en general todos, pero digo el Centro Cultural, el Bachillerato, la Universidad, el Museo y el Espacio de Salud.

Se fueron dando muchas cosas, estamos agradecidos a los compañeros que se arrimaron, que se sintieron convocados a participar y cada uno lo hace desde su lugar, y con mucho entusiasmo y con mucho respeto y eso es lo que hace que las cosas funcionen. Y lo que es la parte de lo nuestro, de los trabajadores, lo que nos costó muchísimo y yo tengo acá en IMPA… yo entré en el ’82, llevo treinta y pico de años, para mí y así van a opinar muchos de los compañeros, son los mejores años. Yo calculo del 2010 en adelante, y seguimos con más proyectos. Así que bueno, así son estos últimos años de IMPA. Esto no sólo te lo digo yo, esto no sólo lo siento yo, sino que yo lo veo, esto no lo he charlado con los compañeros todavía, pero, bueno, yo he visto que los compañeros tienen su autito, han arreglado su casa… Lo que se pudo hacer fue volver al proyecto del ’98. Lo destruyeron, la parte nuestra, de trabajo, la productiva, más lo otro, que ya estaba funcionando, que era el Bachillerato y el Centro Cultural. Se recuperó con esfuerzo, con energía, hubo que ponerle el pecho. No sólo eso, quedarnos ahí, sino también proyectarnos, económicamente la cooperativa está bien. Podemos decir ahora, con tranquilidad, que si queremos encarar un mejoramiento de las máquinas que tenemos, lo podemos hacer, si es que hay un consenso entre los trabajadores. Tal vez en el corto plazo, esperemos que no sea muy largo el tiempo para avanzar en el tema de automatización”.


TODOS CON IMPA POR LA LEY DE EXPROPIACIÓN DEFINITIVA

Revista Museo IMPA. Nº 2 - Año 2014  

Publicación del Museo IMPA UNICO MUSEO VIVO DE EMPRESA RECUPERADA POR SUS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS Editores: Margarita Robertazzi Eduardo...

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