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La Belleza una bĂşsqueda sin fin


Organiza y produce Museo de la Evolución Humana (MEH) Consejería de Cultura y Turismo. Junta Castilla y León con la colaboración de L´Oréal España Comisaria Quionia Herrero de la Fuente (Fundación UBU-MEH) Coordinación General Aurora Martín Nájera (MEH) Diseño expositivo, montaje, imagen gráfica y audiovisual Cajagráfica Colaborador especial Museo de la Peluquería de Raffel Pages (Barcelona)

Colaboran Obras procedentes de: Museo Etnográfico de Castilla y León (Zamora) Museo de la Fundación Jiménez-Arellano (Valladolid) CAB-CaixaBank (Burgos) Museo de Burgos Museo del Libro Fadrique de Basilea (Burgos) Museo de Altamira (Santillana del Mar, Santander) Museo de Ciencias Naturales (Instituto Cardenal López de Mendoza, Burgos) Archivo Municipal de Burgos TVE Roger&Gallet (París) La Casa de las Musas (Burgos) Sastrería Cornejo (Madrid) Richana (Burgos) Artemisa (Burgos) Picasso (Burgos) Paloma Navares José Ramón Ibáñez Marcos García Javier Angulo Gobierno de Cantabria Pedro Saura Cristóbal Vila Elisa Sanz José Luis Ramos Colaboradores Casa Méjico de Burgos, Escuela de Diseño y Artes de Burgos, Clorofila Digital (Madrid) y El Corte Inglés

Agradecimientos Muchas son las personas que han hecho posible esta exposición, a todas ellas, nuestro agradecimiento. De forma especial, por su insustituible apoyo, mencionamos a: Ana María Peña Varó, Sandra Albó, Gonzalo de Pedro, Natalia García, Mª Carmen Valladolid (UBU)

Foto de portada: Cartografía interior nº 43, Tatiana Parcero


La búsqueda de la belleza ha sido,

es y será una constante en el ser humano. Es, un concepto tan complejo de definir como fácil de sentir, poliédrico, pluricultural y cambiante. Un tema tan atractivo como sugerente y de tanto interés social, nos parece motivo suficiente para explorar su significado a lo largo de la Historia. Para muchos científicos el sentido de la belleza está relacionado con el pensamiento simbólico y la autoconsciencia, lo que nos permite sumergirnos en los inicios de la humanidad y propiciar una reflexión sobre la capacidad simbólica de nuestra especie y las distintas formas de representación. Entre ellas, por transcendente, nos detendremos en la manipulación del propio cuerpo que, a modo de lienzo y a través de diversos recursos – ornamentación, pintura corporal, cosmética, indumentaria o dieta–, se transforma para ser socialmente aceptable.

El concepto de belleza, como construcción social y cultural, está sujeto a una serie de ideas aglutinadas y sancionadas y, por lo tanto, va evolucionando de acuerdo con los cambiantes imperativos biológicos, sociales, culturales y psicológicos que dependen de la cultura, de la época, del lugar donde se resida, del nivel social o, incluso, del oficio que se realice. Es asimismo una invitación a reflexionar sobre la evolución del concepto de belleza a lo largo del tiempo, cómo influye en nuestras vidas y qué somos capaces de hacer para sentirnos bellos, a la vez que nos situamos ante los retos estéticos que nos depara el siglo XXI. Resulta por todo ello un fenómeno ligado a la evolución humana e, intentar un acercamiento a este tema, a través de esta muestra y en colaboración con L’Oréal España, ha supuesto para el MEH un reto especialmente satisfactorio para celebrar nuestro tercer aniversario.


La naturaleza de la belleza Nuestro planeta está habitado por un sinfín de seres vivos que poseen formas y estéticas muy variadas pero que en todos los casos mantienen rasgos físicos proporcionados y equilibrados, perfectamente adaptados al entorno en el que se desenvuelven. Para generar esa enorme variedad de seres vivos, la naturaleza emplea patrones constructivos básicos que pueden repetirse a varias escalas y tienden a mantener la proporción. A nuestros ojos, así como a los de otros seres vivos, los organismos más simétricos, armoniosos y proporcionados resultan bellos. Los científicos no parecen ponerse de acuerdo sobre lo que esos rasgos esconden pero podrían indicar una genética de buena calidad y, por lo tanto, más apta para la supervivencia. En la mayoría de los animales, el gusto por lo bello parece quedar reducido a la atracción sexual, sin embargo, el ser humano es consciente de su propio aspecto y, más allá de sí mismo, su sentido de la belleza le lleva a conmoverse ante una puesta de sol, una hermosa melodía o incluso a mostrar su fascinación por una tormenta o su asombro ante los cuerpos celestes.

El nautilus El nautilus es un molusco que vive en el fondo de los océanos. Posee una concha con una espiral perfectamente proporcionada basada en el número áureo. Por esta razón, era un espécimen muy preciado para los naturalistas del s. XVII y frecuentemente figuraba en las colecciones de sus gabinetes de maravillas.


Darwin y el pavo real: una historia de amor Foto: J. Brew

Foto: Edenesan

Los fractales Los griegos ya eran conscientes de que en la naturaleza se podían identificar cuerpos que respondían a formas geométricas, sin embargo, hasta el s. XX no se descubrió que para representar la naturaleza hacía falta una geometría diferente a la conocida hasta la fecha, la geometría fractal. Los fractales son cuerpos geométricos irregulares que se repiten a diferentes escalas y tienen unas propiedades determinadas. Hay muchos elementos fractales en la naturaleza: los árboles, las nubes, las montañas, los ríos o nuestro sistema circulatorio constituyen un ejemplo.

Foto: E. Calderan

La sucesión de Fibonacci Muchas plantas brotan siguiendo la sucesión de Fibonacci, una sucesión infinita de números naturales que comienzan con los números 0 y 1 y, a partir de estos, cada elemento es la suma de los dos anteriores: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13… Si dividimos entre ellos los números Fibonacci consecutivos cada vez mayores, su cociente se acerca al valor del número áureo (1,618...). La Naturaleza utiliza el mismo método para disponer hojas, pétalos y semillas, y lo mantiene a lo largo de todo el proceso de crecimiento de la planta.

La proporción áurea Desde su descubrimiento en la antigüedad, el ser humano ha empleado la proporción áurea en sus creaciones musicales, arquitectónicas y artísticas. La mancha de texto en algunos libros medievales, la Gioconda de Da Vinci, el Partenón, los diseños de Le Corbusier, las obras de Dalí o la forma de los iPods constituyen un ejemplo.

Charles Darwin llegó a afirmar que se ponía enfermo cada vez que veía una pluma de pavo real. A su juicio, los colores llamativos de las plumas de estos animales atraían a los depredadores desafiando su teoría de la selección natural. Pronto se dio cuenta de que no todo en la evolución era una lucha contra el medio y entre las especies; por esta razón, en la primera edición de El origen de las especies (1859), introdujo un capítulo sobre la selección sexual. Los machos de muchas especies animales ofrecen un gran despliegue de colores, formas y sonidos para conquistar a las hembras de su especie, adornos que utilizan a su vez para ahuyentar a sus rivales. En la actualidad, varias teorías científicas sostienen que la belleza es un sistema de señales que el individuo utiliza para trasmitir sus genes. Los individuos más atractivos y, por lo tanto, con mayor éxito reproductivo, poseerían cualidades genéticas especiales, como por ejemplo, un sistema inmunitario fuerte.


Fascinación por la belleza Desde su origen la Humanidad ha incorporado la belleza al lenguaje con el que expresa sus creencias, valores y sistema social. No se conoce cultura que no tenga su concepto ideal de belleza y haya utilizado el propio cuerpo humano como lienzo para reflejarlo a través de tintes, peinados, cosméticos, ornamentos o indumentaria.

“Con seguridad se sabe que no es cierto que exista en el espíritu humano un criterio universal de la belleza para el cuerpo”. Charles Darwin Podemos distinguir dos tipos de belleza corporal: por un lado, la belleza al natural y, por el otro, los rituales que cada día se aplican al cuerpo para transformarlo y cumplir con los dictados de la moda. Esta transformación es nuestra carta de presentación y define nuestro estatus dentro de la comunidad.


Más allá de lo útil Con los primeros

Homo sapiens surgen multitud de evidencias de la búsqueda de la belleza, pero el sentido de lo bello va mucho más allá de nuestra propia especie y varios investigadores apuntan a que podría remontarse a hace en torno a 1, 7 m. a., cuando Homo ergaster inventó el bifaz, una herramienta de piedra caracterizada por su simetría. La simetría no hace a los bifaces más efectivos para cortar o realizar agujeros, nuestro pariente lejano simplemente los prefería así.

Bifaz achelense Réplica experimental Sílex de Zaragoza

El canon

Sello de pan antropomorfo de madera

Espejos chinos

Cerillero de madera, hueso y metal

Diadema romana de oro

Brazalete de oro

Peines de madera

Cáceres, primera mitad s. XX Museo Etnográfico de Castilla y León (Zamora)

Salamanca, s. XIX Colección Luis Cortés Museo Etnográfico de Castilla y León (Zamora)

Cueva del Silo (Sierra de Atapuerca) Museo de Burgos

China, Dinastía Han, 206 a.C. Museo de la Peluquería Raffel Pages (Barcelona)

Roma, I a.C. Museo de la Peluquería Raffel Pages (Barcelona)

Perú, Nepal y Chile, s. I-XV d.C. Museo de la Peluquería Raffel Pages (Barcelona)

Los cánones de belleza son una idealización de las convenciones estéticas de una cultura, a través de ellos las sociedades expresan sus anhelos y aspiraciones colectivas. Los cánones varían a lo largo de la historia y de unas culturas a otras a medida que la sociedad va evolucionando. El canon occidental se centra en las proporciones corporales. Los cristianos, desde la antigua Roma, han considerado que el cuerpo humano es el objeto más bello imaginable y la medida de todas las cosas, este concepto también estaba presente entre los egipcios, después con los griegos y fuera de Europa, en lugares como la India. Otras civilizaciones como la china clásica o la precolombina estaban más preocupadas por el lugar que ocupaban los humanos en el mundo que por cuestiones de proporción corporal. La estética china, por ejemplo, veía a los humanos como parte de la naturaleza y mínimamente independientes de ella. Por su parte, en las culturas precolombinas la estética estaba vinculada al papel del ser humano en las narraciones míticas que pretendían dar respuesta a la creación de la Humanidad y del universo.


ca. 20.000 años a.C. Venus de Willendorf Austria

ca. 1330 a.C. Nefertiti Egipto

Evolución del canon femenino en occidente El modelo de belleza

femenino parece variar bastante de unas épocas a otras, oscilando entre el aspecto aniñado y la voluptuosidad de la mujer. El ideal masculino es algo más estable y en occidente se asienta fundamentalmente en el canon griego caracterizado por el culto al cuerpo y el ejercicio físico. Los griegos consideraban que los atletas compartían con los dioses cualidades como la voluntad, el valor, el control y la belleza.

ca. 100 a.C. Venus de Milo Grecia

Prehistoria Intuimos el canon de belleza femenino de la prehistoria gracias a la gran cantidad de esculturas femeninas, conocidas como venus, que han llegado a nuestros días y que se caracterizan por tener los órganos reproductores muy marcados: pechos, vientre y caderas rotundos. Muchas de estas esculturitas tienen el pelo trenzado o recogido en sofisticados moños.

1460 Retrato de una joven muchacha Alemania

Egipto El canon de belleza de las élites egipcias parecía inclinarse por la delgadez, los pechos pequeños y los ojos grandes. Tanto hombres como mujeres se maquillaban profusamente, se depilaban el cuerpo, utilizaban perfumes y ungüentos y se rapaban la cabeza, sobre la que llevaban pelucas de pelo negro y largo.

ca. 1484 El nacimiento de Venus Italia

Grecia Los griegos, amantes de la armonía y la proporción, eran bastante flexibles respecto al canon femenino; apreciaban igualmente a una madura matrona, a una atlética joven o a una frágil ninfa, siempre que sus cuerpos fuesen proporcionados.

ca. 1506 La Gioconda Italia

Roma Los romanos consideraban que un cuerpo demasiado delgado era sospechoso de enfermedad o pobreza, por lo que preferían las curvas rotundas. Las mujeres romanas sentían predilección por el pelo rubio de sus esclavos germanos y llegaron a importar cabellos del norte de Europa para confeccionar elaboradas pelucas. En estas primeras civilizaciones que sentaron las bases de la cultura occidental la palidez de la piel ya se consideraba un símbolo de distinción y se emblanquecían la tez y el pecho con ungüentos, a menudo muy tóxicos.


1615 Venus ante el espejo Flandes

Edad Media Durante la Edad Media, con el asentamiento del cristianismo, los placeres mundanos pasaron a un segundo plano y las siluetas se estilizaron. El ideal de mujer tenía aspecto aniñado, pálido, delgado, sin caderas, con el pelo rubio y el vientre un poco hinchado. Se depilaban el nacimiento del cabello en la frente para que diese sensación de ser más alargada.

1656 Las Meninas España

Renacimiento A lo largo del Renacimiento se recuperan las formas voluptuosas. Egon Friedell afirmó que la mujer debía tener (o aparentar) unos pechos poderosos, grandes caderas y miembros exuberantes. La papada se consideraba especialmente sexy.

ca. 1800 La Maja desnuda España

Siglos XVII y XVIII A partir de mediados del s. XVII la mujer sufre la opresión del corsé. Con él se impone la forma de reloj de arena como símbolo de la feminidad; mientras la cintura sea delgada, las curvas no suponen un problema. Hasta el s. XVIII no aparecen los primeros síntomas de obsesión por la delgadez. El Romanticismo desencadena una auténtica competición por el aspecto frágil y pálido; por toda Europa se ingieren enormes cantidades de vinagre y limón para combatir las curvas y aparentar enfermizo.

1893 Mujer tahitiana Francia

Siglo XIX En el s. XIX la abundancia de formas se convirtió en un signo de bienestar y respetabilidad, con la industrialización la clase burguesa aumenta y su mayor capacidad adquisitiva le permite viajar. Para el resto de clases, el deseo de visitar regiones cada vez más distantes marca una época de escapismo y de interés por las exóticas mujeres que aparecen en las postales y creaciones artísticas del momento.

1946 Rita Hayworth EE.UU.

Siglo XX El s. XX comienza relacionando la gordura con la pereza; la delgadez se convierte en un símbolo de éxito y capacidad de trabajo. La industria cinematográfica y los medios de comunicación crean los arquetipos que se propagan rápidamente por todo el Globo al tiempo que surgen otros nuevos.

2002 Halle Berry EE.UU.


La generación de “la toilette” Las cortes europeas de los siglos XVII y XVIII fueron el símbolo de todos los excesos y artificios estéticos que constituían el reflejo de una marcada jerarquización social. Este interés por la apariencia hizo que se incrementase increíblemente el empleo de cosméticos y la preocupación por una estética original y exagerada basada en la moda de la corte francesa. Esos fueron los últimos coletazos de un régimen que, en unas pocas décadas, las revoluciones (francesa, puritana e industrial) hicieron desaparecer cambiando radicalmente la mentalidad y estética occidental. Los factores del cambio fueron numerosos: la influencia del pensamiento ilustrado, la guerra de independencia de los Estados Unidos o las enormes desigualdades sociales fueron algunos de ellos. El nuevo pensamiento, unido a los avances tecnológicos e industriales, contribuyó a la progresiva democratización de la moda y los tratamientos de higiene y de cosmética.

Rodillo del Emperador Napoleón En 1806, Jean-Marie Farina, procedente de Colonia (Alemania) abre en París una casa de perfumes que realiza Agua de Colonia bajo los principios legados por su familia. Su éxito es fulgurante y traspasa fronteras: es nombrado proveedor oficial de la emperatriz Josefina y obtiene el privilegio del rey Jorge IV de Inglaterra. A petición de Napoleón crea el “rodillo del emperador”, una innovadora botella de forma alargada. De esta manera, desde lo alto de su caballo, podía resbalarla fácilmente en la bota y beneficiarse en todo momento de la frescura cítrica del Agua de Colonia.


El retrato de la condesa La aparición de la fotografía también contribuyó a fomentar el cambio de actitud. En 1855, la condesa de Castiglione, famosa por su belleza y extravagancia fue la primera que se hizo encerrar a solas con un fotógrafo para que realizase retratos suyos.

Peluca de Lord Abogado

Inglaterra, 1750 Museo de la Peluquería Raffel Pages (Barcelona)

Secador

EEUU, 1900 Madera, metal, cable eléctrico Museo de la Peluquería Raffel Pages (Barcelona)

Primer tinte sintético para el cabello Rodillo del Emperador

París, 1900 Vidrio Colección Roger & Gallet (París)

En 1907 el químico francés, Eugene Schüeller (fundador de L´Oréal), inventó el primer tinte sintético para cabello con parafenilenediamina al que llamó L´Auréale (que inspiró el nombre de la compañía L´Oréal) y que vendía directamente a los salones de peluquería de París.

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Francia, 1930-1935 Museo de la Peluquería Raffel Pages (Barcelona)

Virginia Oldoini, Condesa de Castiglione ca. 1863 Fotografía de Pierre-Louis Pierson (reproducción)


Belleza, poder y cotidianeidad Desde el comienzo de los tiempos las élites sociales han tratado de apoderarse de la belleza como símbolo de distinción y diferenciación en la escala social, imponiendo una estética homogénea y censurando o despreciando cualquier desviación de los patrones establecidos. Las demás clases sociales, en la medida de lo posible, tratan de imitar a las élites. El mismo objeto puede estar fabricado con un material de mejor o peor calidad o tener una decoración más o menos refinada, estas diferencias testimonian el lugar de su propietario en la comunidad.

Mercado de San Lucas, 30 de junio de 1894 Archivo Municipal de Burgos (A.M.BU. FC. 190)

Compás de afuera del Monasterio de las Huelgas el día del Curpillos, 10 de junio de 1898 Archivo Municipal de Burgos (A.M.BU. FC. 515)


Luces, cámara, acción El convulso siglo XX, con sus contrastes y avances tecnológicos, engendró nuevos vehículos para la difusión de ideales estéticos, valores sociales y pautas de comportamiento. A principios de siglo el cine irrumpió en el panorama cultural y del entretenimiento, sublimando los sueños y expresando los sentimientos más profundos de cada sociedad. Las imágenes de las estrellas de esta emergente industria cultural se convirtieron en los nuevos dioses del “Olimpo de la belleza”. En la segunda mitad del siglo XX, con la generalización de la televisión en los hogares occidentales y la proliferación de la publicidad, los estándares de belleza se desvelaron en su estado más puro. Los medios, por un lado, nos presentan a individuos perfectos, seleccionados por cazatalentos, maquillados por una legión de especialistas y fotografiados y filmados por los mejores profesionales y, por el otro, reflejan los cambios sociales y culturales que se suceden por todo el globo relativizando los criterios estéticos y transformando nuestra percepción del Otro.


Belleza: ciencia y futuro El siglo XX ha liberado progresivamente al cuerpo de todos sus envoltorios. Para las primeras civilizaciones (griega, egipcia, romana) el desnudo no era un tabú pero, a partir del s. IV d.C., con la implantación del cristianismo en occidente, el cuerpo y sus supuestas zonas vergonzantes se ocultaron bajo capas de ropa. Hoy el cuerpo se expone como nunca antes lo había hecho, la preocupación por la salud física parece por lo tanto una consecuencia lógica. Desde la década de los 80 esta preocupación condujo a la proliferación de gimnasios y a la lucha contra el alcohol y el tabaco. Actualmente, los medios de comunicación, e incluso las políticas estatales, promueven un estilo de vida saludable que incluye una alimentación sana y la práctica de deporte. La perpetua aspiración del ser humano por alcanzar la inmortalidad y la eterna juventud han puesto a la belleza en el foco de los avances en investigación médica y biotecnológica. Eva Paloma Navares

Cibatrans, tubo de metacrilato y fluorescente Instalación artística, 1993 Cedida por la autora


La ciencia de la belleza Los avances

técnicos han hecho realizable el ideal de belleza en una medida que en ninguna otra época se hubiese podido imaginar. En el campo de la cosmética, grandes corporaciones como L’Oréal, primer inversor en I+D de la industria, destinan una parte considerable de sus recursos a la investigación (3,5% de su cifra de negocio), colaborando incluso con prestigiosos equipos científicos internacionales. L’Oréal avanzó en la creación del primer filtro solar fotoestable (el Mexoryl SX, en 2082) o en la ingeniería de tejidos para evaluar en modelos de piel reconstruida la inocuidad y eficacia de los productos cosméticos.

Tecno-belleza

Los nuevos horizontes que está abriendo el progreso tecnológico en el campo de la belleza apuntan a que en el futuro la presión por ser bellos aumentará y el ideal de belleza será realizable. Hay numerosas vías de investigación abiertas, pero en la actualidad podríamos destacar dos tendencias que parecen ciencia-ficción pero que son un hecho, la investigación genética y la tecnología robótica aplicada al cuerpo.


“A partir de ahora, debemos rendirnos a la tolerancia, al sincretismo total, al absoluto e imparable politeísmo de la belleza” Umberto Eco

Museo de la Evolución Humana Del 16 de julio de 2013 hasta el 12 de enero de 2014 www.museoevolucionhumana.com

La Belleza: una búsqueda sin fin  

En esta exposición temporal, realizada con la colaboración de L’Oréal España y que podrá visitarse hasta el próximo 12 de enero de 2014, se...

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