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Publicación mensual de arte y cultura del árbol en Costa Rica

museo del árbol Año 0 No. 3 Noviembre de 2010




Publicación mensual de arte y cultura del árbol en Costa Rica

Publicación independiente sobre arte y cultura en Costa Rica, circula en Internet a través de la plataforma Issu.com Por la calidad de diseño y concepto, obtuvo el Sello de Respaldo de la Presidencia de la Asociación Latinoamericana de Diseño, 2010



Árboles en Tapantí, fotografía LFQ 2010


Publicación mensual de arte y cultura del árbol en Costa Rica

museo del árbol

A ñ o 0 N o. 3 N ov i e m b re 2 010

Fotografía de la portada: Árboles en Urasca, L.F.Q. 2010




Publicaciรณn mensual de arte y cultura del รกrbol en Costa Rica

Creciendo desde la tierra hacia al sol, el รกrbol es una imagen de cierta felicidad. Rene Magritte




Publicación mensual de arte y cultura del árbol en Costa Rica

Museo del Árbol

Brota como un espacio contemplativo, como un rizoma

de reflexión crítica y valorativa, y de sensibilidad acerca de la figura central del árbol en la naturaleza y en nuestras vidas.

No es un museo físico, sino virtual, podemos subir a su

espacio en la red y movernos por sus páginas-salas.

Vista desde el mirador Orosi, Cantón de Paraíso, provincia de Cartago.




Créditos

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Museo de Árbol

Grupo editor Luis Fernando Quirós Rodolfo Uder Amigos de la publicación Rolando Castellón Ilse Uder Miwako Suzuki Carmen Cubillos Giancarlo Pucci Oscar Pamio Aurelio Horta Miguel Flores Castellanos Miguel Ángel Bonilla Toruño Paolo Bergomi Rodolfo Morales Naín Artjoy Joaquín Murillo Roberto Castillo Irina Yebenes Fermín Navascués Ricardo Ávila Nelson Moya Javier Guerra



Mauricio Bianchi Franca Rosi Cristina Gastaldello Cecilia Brugnini Tom Crown Carolina Valencia Colaboran en esta edición: Cecilia Paredes Cecilia Brugnini Mauricio Valverde Fundación Árboles Mágicos Fernando Quirval Naín Artjoy Marco Tulio Brenes Alex Chan Créditos: Revisión textos, Ilse Uder Diseño: L.F.Q. Fundación Árboles Mágicos Edición mensual Noviembre de 2010


Contenidos

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Museo del Árbol, Créditos, pág. 6 Contenidos, pág. 7 Cecilia Paredes y su vivencia arbórea en el arte contemporáneo pág.8 Mauricio Valverde: árbol caído, pág.24 Fundación Árboles Mágicos, pág. 36 Marthazul: Besos de árbol, pág.44 Fernando Quirval: El grillo Turi, narrativa, pag.54 Naín Artjoy: La hormiguita atómica, narrativa, pág. 57 Rodrigo Rey Rosa: Cárcel de árboles, reseña del editor, pág. 63 Marco Tulio Brenes: Dibujos, pág. 66. Fotografía: Para Contemplar el árbol. pág.72 


Arte

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Cecilia Paredes y su vivencia arbórea en el arte contemporáneo Por Luis Fernando Quirós, editor

La personalidad artística de Cecilia Paredes es algo muy

singular, como un árbol nunca es igual a otro; ella muda sus hábitos, se transforma constantemente, muta en una profunda fusión con la naturaleza y su entorno. Es como el pulso: constante, aunque a veces acrecienta.

Su indumentaria, con la cual se nos muestra en cada

uno de sus proyectos, es genuina, y -aunque desde hace tiempo pienso en ella como una figura arbórea-, Cecilia, viéndolo bien, es más “rizomática” que arbórea: en el árbol podemos decir con cierta certeza dónde dará un nuevo 


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Por caminos de hormigas traje el pie del regreso hasta este corazón de alto follaje trémulo. Ceiba que disemina mi raza entre los vientos, sombra en la que se amaron mis abuelos. Bajo tus ramas deja que mi canto se acueste. Padre de tantas voces, protégeme.

Rosario Castellanos (1947-1971)

MUJER ARBOL 2002 130 x 090 cms




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brote y reconocer su perfecta estructura, más el rizoma es como un torrente libre, inimaginable, su caudal brota de la tierra, entre las rocas, donde uno menos se lo espera.

La vivencia del árbol

En los árboles asumidos por esta artista está presente la

idea de refugio. Cecilia me aporta un bello pensamiento de Auguste Renoir donde se relee este pensamiento:

Te dicen que un árbol es sólo una combinación de elemen-

tos químicos. Prefiero creer que Dios lo creó, y que es habitado por una ninfa.

Preguntas y respuestas

De ahí este abordaje a su obra, quizás todos buscamos

refugio en el árbol, en la naturaleza pues nos extasía su verde frondosidad y su inmanente poesía. Te pregunto ¿cuál es el significado de esa recurrencia?

Cecilia Paredes: La primera vez que me di cuenta de mi

terca recurrencia a la naturaleza, sentí que era la nostalgia la 10


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BIRDMAN 2006 100 x 100 cms

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que me empujaba a redescubrir en las semillas, las conchitas y las hojas, el descubrimiento, y todo lo que había vivido durante mi niñez.

L.F.Q.: Háblame entonces de tu niñez.

C.P.: Yo fui una niña sola y sola deambulaba en la orilla

buscando tesoros, algunos los guardaba, otros los probaba, salados moluscos que -al decir de Rosina Cazali-: “al engu-

SALAMANDRA 2005 110 x 100 cms

llirlos, me comía mi propia historia”.

Evocar el Jardín de Dafne

Quiero evocar al transcribir el fragmento de un texto

que escribí sobre Cecilia Paredes acerca de su muestra “El Jardín de Dafne”, en el Museo Calderón Guardia de San José, Costa Rica, publicado en la revista Áncora del Periódico La Nación, el 3 de agosto de 2003: DAWN 2006 100 x 100 cms

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Bienal de Islas Canarias 2006 Instalaci贸n.

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Alcé la mirada y delante de mí se abría el jardín donde el

Creador plantó los dos árboles descritos en el Génesis: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Clavé las uñas en la piel para cerciorarme de mi estado, y la piel era un plumaje de alas que recubría mi desnudez, protegiéndome de los vientos e inhibir los dardos clavados por el mal. Entonces, evoqué a Dafne ante la inminencia de ese final perturbador para todos ­“fin último y terrible”-, en el instante cuando los entes míticos transformaron sus esencias en “árbol de laurel”.

INSTALACION EL JARDIN DE DAFNE 2003 medidas variables

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Tuve una segunda y aún una tercera visión, aquella dupla

que ahora crecía en forma de árboles de laurel al interior del jardín, ahora eran fundidos en bronce, con la corteza en pátina musgosa. En vez de hojas, sus ramajes terminales se trasformaron en manos humanas, unas abiertas destellando rayos de luz desde las yemas de los dedos, luz que fructificaba en bien y que calzaban con lo más excelso de la vida; mientras las otras manos mantenían un gesto conclusivo ceñidas a una urdimbre que amedrentaba el sinuoso ritmo de la muerte.

PIES DE DAFNE 2003 tamaño real

FLOWER, bronce, 2005.

15 VESTIDO DE DAFNE, Litografía, China

2010


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Volvamos a la entrevista

L.F.Q.: Háblanos de la idea de descubrimiento o de refugio.

C.P.: Siempre recurrí a las rocas como refugio, al árbol

como templo, a la observación del jardín temprano, ritual que repetí con mis hijos pequeños, antes del desayuno... El árbol, el bosque, hasta el mínimo jardín siempre contiene su esencia que alberga secretos y maravillas, es solaz y paz.

L.F.Q.: ¿Cómo abordaste el proyecto del Jardín de Dafne?

C.P.: Dafne como tema mitológico me resulta cercana.

Que natural pedido el suyo, convertirse en árbol..., me interesa también el tema de Perséfone y su madre. ¡Uy, no!, no me siento ninfa para nada, pero si parte del género femenino tan ligado a Dafne y Perséfone, ambas mujeres fuertes y flexibles, como el bambú según tus propias palabras. (Se refiere al aforismo taoísta de: “fuertes como un roble y a la vez flexibles como el bambú”).

L.F.Q.: ¿Cuál es el significado del árbol en tu pensamiento?

C.P.: El árbol en mi visión cosmológica es origen y es re-

fugio, por eso recurro a esa imagen con frecuencia y escojo 16


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TIERRA FLOTANTE 2001 100 x 100 cms

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convertirme en uno y también utilizarlo como lugar donde sentirme segura. La naturaleza es la única entidad que siempre tiene la razón, hay que escucharla y amarla.

L.F.Q.: Háblanos de tu idea de personificar el árbol, en

piezas que presentamos en estas páginas.

C.P.: En Mujer Árbol interpreto al árbol protector, al ár-

bol-madre y padre. En esta acción hice el ritual de pegarme hojas de salvia en todo el cuerpo.

En la obra Salamandra, el personaje duerme en la base

de un árbol. Encontré en San Carlos este árbol tan grande que le habían cortado mitad de su tronco -donde realizo la acción-, pero el árbol a través de sus grandes ramas, siguió vivo...

En la obra Tierra Flotante, encontré un árbol sequísimo

al borde del lago Coroiba, en Australia. Cuando subía el agua, las ramas se mojaban y permitían que miles de moluscos subieran y que formaran su casa en esas ramas, cubriendo al árbol de intensa nueva vida en su interminable negocio de intervenir que tienen esos bichitos. Me subí entonces a las ramas y entrelacé las piernas. 18


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THE TRANSFORMATION, 2003 100 x 100 cms

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GNOMO 2005 117.5 x 117.5 cms

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ZORRINO CURIOSO 2002 120 x 100 cms

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En Pajarito contemplando toma posesión de un árbol

de invierno. El color plateado que se registra en la foto es el color antes de nevar. Eran las 6 am en el bosque de Bryn Marr, Pennsylvania. Un silencio profundo reinaba y el personaje interpreta a un pajarito que a esas horas pasa, encuentra solaz, se para a descansar y luego sigue su vuelo.

En Gnomo interpreto el silencio del bosque a través de

un personaje fantástico que vive rodeado de árboles. El personaje aparece como si estuviera siendo visto de repente. Es

PIEL DE HOJA 2004 120 x 100 cms

un cuento feliz y mágico.

L.F.Q.: Pero, ¿es sólo el árbol el que es fuerte en tu obra?,

o ¿lo es también el entorno y la vida que los habita?

C.P. Sí, creo que la presencia del árbol, ramas, hojas y

flores están por todas partes en mi obra. Y la interpretación de animales tiene como punto de partida el amor y la ternura que me generan los animales. Los encuentro cercanos y los admiro profundamente. EL VUELO 2000 120 x 100 cms

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Así damos una ojeada de proceso a esta incansable

artista, pues como se aprecia en esta lectura, de ella siempre se espera más y su rizoma ¿qué brotes nos dará?, ¿cómo?, ¿dónde? y ¿cuándo? Ahora se encuentra en China donde está trabajando -hasta finales de Noviembre-, haciendo otra vez grabado gracias a una invitación que le extendió el Taller de Grabado de Guanlan. De ahí se trasladará a Moscú, donde montará una exposición individual en el MMOMA de Moscú.

¿Dónde será su nuevo brote? Si ella es un torrente de

agua que baja de la montaña -aunque es la misma y retorna por el ciclo natural de la vida-, jamás será la misma que hoy PIES DE RAIZ 2000 tamano real

vemos pasar.

La naturaleza es la única entidad que siempre tiene la razón, hay que escucharla y amarla. Cecilia Paredes 23


Fotografía

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Mauricio Valverde: árbol caído

Mauricio Valverde Arce es un talentoso artista que se

especializa en fotografíar insectos habitantes del bosque lluvioso de Monteverde; él convive con ese hábitat en una casa integrada al bosque, rodeado de frondosos árboles que él llama “mi jardín” y que se transforma constantemente: unos caen y otros crecen en un continuum de vida y vivencias ecológicas. ¡Unos se apagan, pero otros se encienden!

Las fotografías de los insectos capturados por Mauricio

Valverde son un universo maravilloso donde se observa un infinito sistema de mecanismos biológicos; sus fotografías nos motivan a estudiarlos tal y como lo hace un científico, como lo hace él cada vez que sale con su cámara a “su jardín” y es cuando emerge ese mundo que habita el bosque debajo de las hojas, entre los troncos o velados por los musgos, o en el vientre de esas centenarias “catedrales arbóreas” de las cuales él es el más asiduo y devoto visitante. 24


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Nos comparte una de sus fotografías. Mauricio expresa

que hizo esa toma y una semana después volvió y el árbol ya había caído. Por lo general muchos de estos árboles ya están muertos, se mantienen sostenidos por ese tejido de bejucos, trepaderas y matapalos, pero aún así son hermosos sobre todo porque están habitados por comunidades de insectos que hacen del árbol un paisaje de regeneración. 25


Arte Textil

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Cecilia Brugnini: “Árboles de la vida” Entrevista por Luis Fernando Quirós, editor

Bosque quieto. 1983. 300 x 180 cms.

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Esta serie de entrevistas a personalidades del escenario

artístico actual tiene un amplio sentido: profundizar sobre su concepto de la figura del árbol latente en sus productos, escudriñar sus raíces, su “llave” de acceso a ese universo creativo donde se sumerge día a día para parir esa obra.

En esta oportunidad –y continuando el artículo publi-

cado en la anterior edición de Octubre 2010-, me interesa indagar en esta maestra uruguaya del arte de la tapicería, cuáles son sus recurrencias temáticas, sus motivaciones, extrañamientos y cómo lo arraiga a su cultura y sentido de pertenencia.

L.F.Q.: ¿A qué se debe su recurrencia al árbol?

C.B.: El árbol es una imagen muy fuerte, siempre se

muestra ataviada de enorme simbolismo; me parece que es muy apropiada para el tapiz artístico, en la medida de ambientar y cargar de nostálgico extrañamiento los espacios interiores, sean privados o públicos. 27


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L.F.Q.: ¿Cuándo subiste por primera vez al árbol?

C.B.: Lo descubrí en un libro de tapices; era un libro

enorme y añoso del cual lo único que rescaté fue una fotito de un tapiz sueco con árboles muy estilizados. En ese momento -con 17 años-, andaba buscando mi camino, mi estilo personal. En la vida de los artistas siempre hay una imagen inicial que nos marca, y que perseguimos toda la vida.

L.F.Q.: ¿Esa fue la llave?

C.B.: Sí, pero entonces tenía que descubrir la técnica

para realizarlo, pues en el Hornsey College of Arts and Crafts, de Londres, donde estudié, yo había aprendido a tejer telas en telares semi-industriales, pero al volver a Uruguay, tenía que “des-industrializarme”, o sea volver a lo “manual”, para poder hacer arte.

L.F.Q.: ¿Crees que ese es el significado de tu gran desafío?

C.B.: Lo logré, se puede decir que soy autodidacta total

en tapicería, en un país sin tradición textil alguna. Creo, sí, 28


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La manzana 1973. 300 x 200 cms.

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que ese fue mi mayor desafío –y, sin falsa modestia-, puedo decir que fui el punto de partida para toda una generación de tapicistas acá.

Lástima que la idea de abrir espacios de comercializa-

ción de este tipo de productos artísticos estropee ese sentido, que era tan fantástico y tan especial, era –como se le llamó en su momento–: “La Nueva Tapicería”.

L.F.Q.: ¿A qué se debe esa apreciación?

C.B.: El país, y las ferias, se llenaron de “tapicitos comer-

ciales”, sin gusto alguno, con sobrecarga de texturas puestas sin ningún criterio, hasta el punto que la gente se aburrió de verlos.

Quienes amamos el tapiz de verdad, nos quedamos en

nuestras casas, seguimos trabajando casi en secreto, con miedo a ser confundidos con aquellos. Los menos fuertes desistieron. Yo los hago y los guardo bien acondicionados Pink Memories. 1986. (arriba) 150 x 220 cms. Homenaje a Wissa Wassef II. 120 x 180 cms.

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en un gran armario a la espera de un resurgimiento y una valoración justa, quizá esto lo hagan mis hijos.


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L.F.Q.: En tus obras, el árbol es como una arquitectura

que habitan personajes y figuras como de sueños. ¿Es correcta esta lectura?

C.B.: Sí, como soporte para otras imágenes es ideal, en

sus ramas uno pone todo lo que quiere decir; el árbol nunca nos deja mal, y esto para mí significa revelar uno de mis seBuenos recuerdos. 1988. 220 x 150 cms.

cretos artísticos.

L.F.Q.: Por tu carácter y personalidad -de hospitalaria y

perfecta anfitriona-, ¿personificas tú al árbol?

C.B.: Creo que soy yo, sobre todo en las “MUJERES ÁR-

BOL”, muestro mis atributos femeninos, que cargan consigo todas las cosas de la vida, buenas y malas; es la serie de “Memorias” en la cual observas esa lectura de “madre sobre protectora”.

L.F.Q.: Encuentro que la mayoría de tus árboles no po-

seen raíces, o sea, parten de la horizontal para expresar su plenitud hacia arriba, hacia el universo. ¿No te interesan los 31

Ángeles dormidos. 1989. 180 x 120 cms.


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adentros terrestres en los cuales se ciñen las raíces?

C.B.: Si, tienen raíces, y las raíces “tejen”, es la parte más

fuerte del árbol. Nace de la completa oscuridad, se nutre de todo lo que algún día fue; salen a la luz y se elevan hacia lo Divino. El árbol representa la unión entre el cielo y la tierra. Yo misma siento mis raíces, no puedo dejar de llorar cuando atravieso la Toscana, o cuando visito lugares en Italia, pienso que una partecita mía ya vivió allí y yo camino por esas calles experimentando una sensación muy fuerte de extrañamiento, que conlleva arraigo, y esto lo expreso también en mis obras.

Quiero decírtelo de esta manera: a veces las raíces no

se ven, pero ESTÁN, y sostienen todo.

L.F.Q.: Finalmente, Cecilia, ¿por qué el árbol en textiles?

Para vivir contento. 1985. 100 x 160

C.B.: En mi caso, si pintara, también pintaría árboles.

cms.

Pero no sólo los he expresado en tapices, también he elaborado el tema de “Árboles de la Vida” en madera y en escultura blanda. 32


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La silla de Viena 1985. 150 x 220 cms.

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A manera de colofón

En esta entrevista con la maestra uruguaya Cecilia

Brugnini, fluye algo del por qué la publicación de Museo del Árbol, se trata de un acercamiento a los artistas que centralizan su figura arbórea que la buscamos no solamente en el paisaje y la naturaleza, sino ahí donde aparece: la rastreamos en Internet, en Facebook, en Blogger, en los álbumes de Flickr, como mineros cavando en diversidad de estratificaciones de la polidimensional mina de la web, y, cuando aparece un árbol hay una detención total para disfrutarlo: este es el espacio virtual del Museo, que en nuestro caso Blanka o La Dama de la Laguna. 1987. 250 x 150 cms.

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no es físico, pero está presente siempre en nuestro caminar, que siempre es y será un camino de lucha sin fin.


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Todas estas piezas de Cecilia Brugnini fueron realizadas en la técnica de Kilim, gobelino, alto liso. y se ubican desparramadas por todo el mundo. 35


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Fundación Árboles Mágicos

Arboles Mágicos es una organización sin fines de lucro creada para incentivar la conservación de los árboles, especialmente de las especies nativas. Mediante el conocimiento de sus espectaculares floraciones, sus cualidades ornamentales y medicinales, su origen, historia y relación con la sociedad humana, buscamos estrechar los vínculos de afecto hacia nuestros árboles y popularizar su cultivo y protección. Visítenos en www.arbolesmagicos.org

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Educación

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El áura del cortez negro Tabebuia impetiginosa Texto de Jaime Gamboa Fotografías de Giancarlo Pucci

El menos frecuente de la familia de los corteces, al menos en Costa Rica, es bastante común en el norte de Argentina y en Bolivia, donde se le conoce como Lapacho rosado, y en Brasil y otros países, donde le llaman Pau d’arco.

Algo más espigado que sus hermanos (el roble sabana y el cortez amarillo), se cubre con el mismo tipo de flores tubulares con cinco pétalos abiertos, que caen con la suavidad de giroscopios morados desde sus altas ramas, hacia mediados de enero.

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Árbol de cortez negro

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Su corteza amarga ha sido ampliamente estudiada,

pero cada año se le descubren nuevas cualidades. En toda la América Latina se utiliza para infusiones con indudables propiedades para la atención de problemas renales, el ataque a procesos infecciosos, la cura de hongos, el alivio de la colitis, la fiebre, la artritis, los problemas respiratorios, la mala circulación, la sífilis y varios tipos de cáncer, entre otros males.

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La floraci贸n del cortez negro

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Su tronco de madera amarilla, dura, pesada y llena de

taninos mantiene lejos a las plagas y resiste incólume todos los rigores del clima.

Es un árbol con tantas virtudes que debería estar sem-

brado en cada solar, en cada parque y a la orilla de cada camino. Quizá entonces la danza descendente de sus flores pueda dejar sobre todos nosotros algo de su aura benéfica.

Su tronco y ramas se tuercen y dibujan alambicadas fi-

guras en el aire, llenando mucho espacio dentro de la copa, por lo que al florecer se percibe una imagen de extraordinaria densidad: la de un árbol que despliega sus ornamentos como si fuera un bouquet diseñado por un experto florista barroco.

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Árbol de cortez negro.

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Marthazul: “Besos de árbol” Por Luis Fernando Quirós

Dicen que quien busca encuentra, es cierto; pero me

encanta más la dimensión de un pensamiento del Emperador Adriano - en las célebres Memorias de Margherite Yourcenar:- el catador de belleza termina encontrándola donde quiera. Esta motivación me llevó a encontrar en Facebook un álbum de Marthazul -nombre artístico de la artista española Marta Rial de Pontevedra, Galicia. 44


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Como suele suceder al buscar y encontrar en Internet,

su enlace condujo a otro y luego a su blog en el cual ella acrecienta una interesante bitácora de experiencias y fotografías, generadas en una acción que denomina “Besos de Árbol”; nos transporta a distintos lugares del mundo tras ese gesto tan humano de besar en expresión de amor, cariño, extrañamiento y en este caso hacia los árboles.

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Idea de la acción

Besarlos significó un impulso que se convirtió en con-

ducta a seguir por otras personas uniéndose a los principios ecológicos que motivaron a Marthazul a criticar la contaminación que afecta a los árboles urbanos.

No sólo se hiere a la ecología con la tala y explotación

indiscriminada del bosque, sino con tanto polvo, humo y hollín benzínico que torna renegrido el paisaje de las ciudades, y que provoca enormes daños a estas hermosas criaturas destinadas a embellecer los espacios y a purificar el 47


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aire -y, en los cuales-, seres sensibles, o como diría Adriano “catadores de belleza”, encontramos ese preciado don de la naturaleza.

La calidad del aire es muy importante para valorar el

nivel de vida de un país, se dice que en las grandes urbes el aire está contaminado de plomo, cobre y otros metales que van a nuestros pulmones y por eso se elevan padecimientos en el sistema respiratorio y la piel de los moradores de estas ciudades, y los árboles contribuyen a purificarlo, sin embargo, representa su propia muerte cuando se vuelven 48


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agrisados y enfermos. No hay nada más patético de observar que a un árbol enfermo, porque ¿quién lo curará? Pues esta joven artista gallega ha inventado la pócima paliativa de los besos.

¿Cómo se inició esta acción?

Marthazul es licenciada en Bellas Artes y se dedica a la

pintura; pero, de manera espontánea y natural, un día mientras paseaba con sus amigos, observó un árbol y se le antojó besarlo...

Expresa que tiempo después, deseó hacer lo mismo en

otros árboles de otros lugares; su idea fue lanzar un mensaje masivo invitando a todo el mundo a besar árboles para hacer conciencia sobre su existencia benéfica, como se dijo, no sólo para nuestra salud fisiológica al mejorar la calidad del aire que respiramos, sino que también conlleva un carácter espiritual y psicológico al embellecer los espacios donde posamos nuestras miradas para solaz y esparcimiento.

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La artista nos expresa que ““el beso” lo podemos com-

prender como gesto de cariño, y en su caso de tratar a la naturaleza como a las personas. Un gesto –añade-, que a veces nos cuesta dar en público, aunque sólo sea de cortesía. Su acción nos motiva a atreverse a besar, y además a algo que no da besos, si no que nos da algo mucho más importante, pero que a simple vista no se ve. Es un simple acto de cariño. Es un amor poético-ecológico”.

Ella nos aclara que “tampoco es sólo un acto de crítica a

la contaminación urbana, si no a todos en general, da igual si es en pleno monte (tan atacados por la tala o los incendios) o al árbol que está a pie de calle, que por no estar en un parque protegido, no deja de ser importante para la vida, y pasa desapercibido, porque nos parece “mobiliario urbano” que se puede correr, quitar o montar aquí o allá.

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El arte de provocar

He aquí la función de la “acción artística” y el significado

del arte en la actualidad: no se trata tan solo de inventar aparatosas instalaciones o enormes lienzos o esculturas -o, como dice Marthazul: “mobiliario urbano”-, sino de generar una provocación que nos haga transcendente la mirada, que rinda significativo lo que sucede al otro lado de la retina cuando es estimulado por una idea sencilla, humana, no costosa, que nos devuelva a los habitantes urbanos un mayor grado de conciencia y sensibilidad hacia nuestro entorno que debemos compartir con todas las formas de vida en el planeta.

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Museo del Árbol desea apoyar esta notable acción de Marthazul, e invita a nuestros lectores a sumarse y enviarle fotografías a su blog: < besosdearbol.blogspot.com >, a su página en Facebook: Marthazul Demilcolores, o a su correo: < besosdearbol@gmail.com >.

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Narrativa

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El grillo Turi Fernando Quirval

Un grillito, llamado Turi, vivía en el tronco de un árbol de Chilamate,

en las laderas del monte Chichilpú. Como de costumbre, temprano del día, salió a darse un paseo pues el sol irradiaba una luz tan maravillosa que invitaba a todas las criaturas del monte a salir. Pero, cuando el grillito quiso regresar, cayó un enorme aguacero que le obligó a buscar una hoja de güitite para protegerse pues sus patitas se quedaban atoradas en los charcos y, sus alitas, de mojadas que estaban, se volvían tan pesadas que no lo ayudaban a saltar.

Cuando amainó la lluvia, brincó de la rama del güitite para buscar

el camino de regreso; sin embargo, las quebradas habían aumentado 54


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de cauce y el grillito observó que delante del Chilamate, lo que era un pequeño riachuelo ahora era un río, y que por más fuerzas que él pusiera en sus patitas, no podía saltar al otro lado.

El grillito entristeció al percatarse como cada día las lluvias eran más

torrenciales, y que laderas arriba los humanos habían cortado muchos árboles y aquel hermoso bosque llamado Chichilpú, había desaparecido; además, la erosión estaba causando enormes grietas en el terreno por cuyos cauces bajaba lodo, ramas, hojas, troncos, piedras, bejucos, que -como ese día-, no lo dejaban pasar para llegar a su refugio en el tronco de aquel árbol tan lindo, que él amaba pues siempre le brindaba seguridad, pero de unos días para acá era amenazado por la correntada.

Turi pensaba que la lluvia en realidad era beneficiosas para el

bosque, pero quizás al cortar los humanos los árboles arriba en la montaña el sol provocaba un sobrecalentamiento de la tierra que dejaba escapar la humedad para formar unas nubes renegridas, y de ahí que caían aquellas tormentas que a su vez inundaban todo laderas abajo.

Ahí estaba Turi, mojado, sin poder chirrear de tanto frío, pero él era

un grillito muy inteligente, se percató que cuando las aguas arrastraban una hoja de la orilla, ésta remontaba la corriente y al pasar frente al 55


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Chilamate -por una vuelta que hacía el terreno-, quedaba a una distancia bastante cercana para saltar y llegar a su refugio.

Pues ni lerdo ni perezoso, calculó el instante cuando el agua se

trajo una hoja de higuerilla y saltó; pero no imaginó la furia que llevaba esa corriente, le hacía perder sus fuerzas y sentirse indefenso; palideció del susto; la corriente era tan rápida que no pudo tomar fuerzas para saltar al otro lado; mientras calculó la distancia y el momento justo para hacerlo, había sido demasiado tarde.

Aguas a bajo, o más bien: lodos abajo, él se percató que al otro lado

habían otros grillos, chicharras, escarabajos, ciempiés, chapulines, hormigas gigantes, tarántulas, todos(as) amigos(as) suyos quienes empujaron una raíz seca para que él se sujetase con todas sus energías mientras tomaba de nuevo fuerzas para saltar. ¡Qué tremenda aventura!, pensó.

Una vez en su refugio, Turi recriminó a los humanos su testarudez:

-ellos sólo piensan –se dijo a sí mismo-, en sus beneficios, pero sin darse cuenta de los daños que ocasionan a otras criaturas, y que si siguen talando árboles, las tormentas serán más poderosas y las crecentadas arrasarán con todo, incluso con ellos mismos.

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Narrativa

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La Hormiguita Atómica Cuento para niños por Naín Artjoy

Había una vez un científico que trabajaba en una central de

energía nuclear muy cercana a la ciudad de Los Ángeles, California.

Él; solía salir en sus ratos libres a un jardín diseñado artificialmente

para el descanso de los empleados. Ahí todo lo que tenía vida era virtual, nada era real pero daba la impresión de ser un lugar acogedor y con mucha vida.

Un día el joven sabio, vino muy temprano a trabajar, y traía en sus

manos una rosa que su pareja le dio al salir de casa y la dejó en el jardín; porque eras prohibido traer cosas naturales del exterior al interior del laboratorio, en donde todo tenía que ser esterilizado. 57


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Pasó; que durante el tiempo que la rosa estuvo sola en el jardín, no

hubo insecto virtual que no la examinara… Todos la miraban con curiosidad ya que jamás habían visto otra criatura igual.

Al comienzo pensaron que se trataba de alguna nueva alga que

hacía su entrada triunfal al jardín, pero…

Los gusanillos trataron de morderla, pero sabía tan mal que

acabaron por vomitar al solo contacto… Una que otra mariposa la juzgó de intrusa ya que no cabían de la envidia… Los pájaros se dieron cuenta de que debía ser un truco, ya que un ser así no podía existir en un ambiente atómico… Hasta que después de mucho cuestionarse su existencia, apareció la hormiguita atómica, la más sabia de todos los insectos virtuales.

Cómo es; que este ser hace aparición en nuestro jardín y nadie me

comunica nada. ¿De qué se trata?; cómo se atreven a pasar sobre mi y no decirme nada; exclama la hormiguita…

Dejó de hablar y comenzó a avanzar hacia la rosa…

La rosa era frágil y pequeña en proporción de la hormiga atómica.

La tomó entre sus manos y le preguntó:

¿De dónde vienes ser rojo?, ¿por qué no hablas ni caminas?... 58


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Tu belleza me eclipsa y no lo soporto, pero siento mucha admi-

ración al mismo tiempo… ¿qué eres…?

La rosa no podía hablar. Su belleza, hablaba por sí misma. Su aroma

de diosa la envolvía y envolvía el ambiente mecanizado de los insectos diseñados y con habla.

Una hormiga se apretó el corazón y se redujo de tamaño, penetró

en la rosa y comenzó su exploración interna…

A la hora del descanso, el científico vino al jardín y recogió la rosa.

La tomó entre sus manos y la sintió. Su aroma le traía el recuerdo de su amada y sin sentirlo inhaló la hormiga atómica en su nariz; ésta asustada se alojó en uno de sus pelos internos cerca de la entrada de la nariz.

El científico volvió al laboratorio en donde trabajaba arduamente

en una fórmula para multiplicar hojas curativas y plantas.

Estaba muy ocupado en su proyecto, experimentando la multi-

plicación de las hojas, cuando de repente estornudó y la hormiguita atómica fue a dar sobre las hojas precisamente de una rosa medicinal, que estaba experimentando el sabio.

Él no notó cuando la hormiga atómica saltó del susto sobre la ga-

bacha y se quedó quieta observando lo que sucedía a su alrededor. 59


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Aprendió ese día que ahí se hacían fórmulas para multiplicar la

vida natural…

Lo que la hormiga atómica no supo fue; que al caer sobre las hojas

se había contaminado de la fórmula y si tocaba algo… Podría causar un accidente natural de proporciones virtuales…

A la hora del nuevo descanso, el sabio volvió al jardín; en donde lo es-

peraba su rosa ya casi desmayada por el asedio de los insectos atómicos.

Al verse en el jardín la hormiguita reducida de tamaño, saltó y se

liberó del cuerpo del sabio.

Este volvió a sentir la rosa y pensó en lo dichosa que era su vida!

Cuando se alejó nuevamente al laboratorio; la hormiguita atómica

se apretó el corazoncito, y volvió a recobrar su forma habitual y tomó a la rosa entre sus manos nuevamente…

Instantes después, comenzaron a salir de sus manos rosas, todas

parecidas a la original… y se multiplicaban y se sucedían como un acto de magia…

Asustada, la hormiguita comprendió lo que sucedía, pues ya había

visto lo que pasaba en el laboratorio y comprendió que estaba contaminada con la fórmula y como pudo; tomó todas las rosas que pudo y se 60


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fue a su casita, debajo de una palma africana, entró corriendo directo al baño y se dio un enjuague de antioxidantes con borrador transparente contra la contaminación…

Luego tomó las rosas y las puso en la fuente central del patio…

El científico terminó su día feliz de haber podido demostrar su ex-

perimento con todo éxito.

Pasó de nuevo al jardín y recogió su rosa, la única cosa real que

existía en aquel jardín virtual, la tomó y se la puso en la bolsa del pecho de su saco y se fue a casa con una sonrisa de satisfacción.

Al anochecer y cuando todos los empleados de la central nuclear

se marchaban a sus casas, el jardín quedaba desierto y con una luz negra especial que hacía ver a todos los insectos nocturnos de una manera fosforescente.

Dieron las 10:00 p.m. y los insectos comenzaron a llegar y a escu-

char las estridentes músicas del momento en sus minúsculos radio celulares con audífonos de luz.

Ya estaban todos, pero faltaba la hormiga atómica…

De repente todo cambió de color y apareció la hormiga atómica lle-

vando en sus brazos, rosas; con esencia natural y con movimiento propio. 61


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Ofrecía a cada insecto una, para que todos entendieran la existen-

cia de este ser tan maravilloso, que solo necesitaba ser como era para existir… No había que cambiarla, alterarla o comerla… Su propósito era encantar con su presencia y alegrar la vida de aquellos que la podían ver y disfrutar.

Todos comenzaron a tomar rosas en sus manos y a sentir la belleza

que transmitía, todos aprendieron que en otras formas de vida existe una cualidad muy especial, totalmente vedada a los ojos y a la inteligencia virtual. Las cosas son como son y se deben respetar.

Esa noche todos los insectos bailaron y cantaron hasta el amanecer

y para siempre sus vidas virtuales cambiaron, fueron menos frías y más llenas de color.

Gracias a una simple y única rosa y a la inteligencia de la hormi-

guita atómica.

El toque humano hizo posible cambiar la vida virtual.

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Reseña

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Cárcel de árboles Novela de Rodrigo Rey Rosa

El árbol en la literatura es signo de embelesamiento de la imagen

mental que fluye el lector al dibujar -para él mismo- el paisaje en el cual imagina moverse. Pero además, el árbol es texto de evocación de un estado o situación, útil para ubicar una cita de los personajes en un entorno poliforme descrito con diversidad de sensaciones. Pero en esta novela corta del célebre escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, él árbol es cárcel, o por lo menos su tronco sirve para fijar los grilletes de cientos de esclavos dentro de una imaginativa trama literaria que nos hace vibrar descorazonadamente por su crudeza; aunque los signos que componen las imágenes del texto sea en verdad hermosas y sugerentes:

Subieron a una amplia habitación de techo alto, que miraba por

los ventanales sobre un verde y esponjoso mar de árboles.

Semanas atrás, por los medios de prensa nacionales e internacio-

nales trascendió la noticia de que Estados Unidos pedía disculpas al gobierno de Guatemala porque a mediados del siglo pasado, se habían producido una serie de experimentos con ciudadanos guatemaltecos a 63


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quienes infectaron de sífilis y otras enfermedades. Resulta increíble y nos deja un sabor amargo en el paladar, por tan solo pensar en cuántos atropellos más han sucedido en estas naciones centroamericanas con la complicidad de gobiernos totalitarios como el que vivía esa hermana nación por esas décadas, sin que trasciendan y, como en “Cárcel de árboles” todo quedó oculto bajo esas selvas recias e inhóspitas como las que limitan entre Guatemala y Belice.

Atinadamente Rey Rosa se sirve de este simbolismo para denun-

ciar, y, precisamente como lo califica la crítica: “el poder liberador de la literatura”.

El helicóptero comenzó a elevarse, viró en redondo. El piloto oprimía

botones. Desde lo alto, con cierta tristeza, la doctora vio en medio de

la selva la elegante casa blanca que comenzaba a arder.

Así finaliza esta novela cuando el fuego abraza la evidencia “blanca”

y los gananciosos “de cuello blanco” escapan.

En la trama de Rey Rosa, un funcionario gubernamental encuentra

la forma de hacerse de riquezas utilizando a los disidentes del régimen 64


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en un experimento conducido por una doctora que los convierte en esclavos modernos a través de sofisticadas intervenciones; sus cerebros son conducidos a aceptar órdenes y a trabajar, modificando no solo sus complejos cerebrales y afectando también la trama del lenguaje.

El crítico literario Paul Bowles, en su presentación al libro publicado

por Seix Barral en 1992 señala: “El monstruoso proyecto, indispensable en el mundo “civilizado”, es demasiado posible (admitiendo que el procedimiento sea hacedero técnicamente) en un país cuyo gobierno detenta un poder absoluto y en el que la vida humana se considera carente de valor”.

La referida noticia de meses atrás de los inhumanos experimentos

con hermanos guatemaltecos, me motivó a buscar entre anaqueles para releer la novela; a su vez me cercioro de la capacidad del símbolo arbóreo para recrear espacios de reflexión y de contemplación de nuestra propia humanidad y su entorno; es por ello que Cárcel de Árboles es colectada por Museo del Árbol. El editor 65


Reseña

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Dibujos de Marco Tulio Brenes

Él es un artista oriundo de una comunidad elevada en las montañas

de Santa Elena, Monteverde, provincia de Puntarenas, Costa Rica; de ahí su cercanía con temas de la naturaleza, y por ende el árbol.

En una reciente visita a su estudio/galería, nos sorprende con

su enorme producción: pinturas, esculturas, dibujos, instalaciones, fotografías, poemas, muebles, objetos utilitarios en madera hechos con trozos de troncos que encuentra por ahí, en el entorno sereno y nuboso de ese paraíso natural, tan visitado por personas de todo el mundo. 66


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Ancestro. Dibujo a tinta china sobre papel.

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Marco Tulio Brenes Follaje. Dibujo a tinta china sobre papel.

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Sus dibujos son de enorme variedad temática, enfoques y técnicas,

como lo es su arte; los hay humorísticos y críticos con el tema ecológico, de corte artístico o conmemorativos de acontecimientos de la cultura y realidad nacional y cotidiana. Pero en todos estos dibujos que publicamos, el centro es el árbol, esas criaturas que él ha visto crecer y que -ellos lo han visto crecer a él-, pues Marco Tulio ha vivido ahí toda su vida, por lo que sus evocaciones de infancia y juventud son pasearse por esos parajes silvestres de profunda sombra y morada de cientos de especies de aves, mariposas, insectos, reptiles así como de la diversidad de la flora nativa del lugar.

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Marco Tulio Brenes Principio. Dibujo a tinta china sobre papel.

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Fotografía

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Para contemplar el árbol

Todos los días llegan al correo de Museo del Árbol fotografías envia-

das por los amigos de esta publicación, por lo que abrimos esta sección para publicarlas y que los lectores puedan tener una contemplación de muchos árboles a lo largo y ancho del mundo. A todos muchas gracias. El editor.

Naín Artjoy. Alborada, árbol de Jacaranda fotografiada en Beverly Hills, California, USA.

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Naín Artjoy. Metamorfósis.

Naín Artjoy. Visión.

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Naín Artjoy, “Madre Natura” Tronco de un arbol de Maple, de sus frutillas se hace el sirope que se usa para ponerles encima a los pancakes del desayuno. Página siguiente: Naín Artjoy, Interior Azul.

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Marco Tulio Brenes, Monteverde. Se observa una estructura natural tejida de ramajes y raíces que un día rodearon a un higuerón, que al desaparecer, dejó la forma de su inmensidad latente en esa estructura.

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Marco Tulio Brenes, Monteverde. Higuer贸n.

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Alex Chan es un joven diseñador industrial que nos envía estas fotografías de un hermoso árbol de la ciudad de Carouge, Suiza.

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