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BRIGANTIUM VOLUME 14

2003

MUSEO ARQUEOLÓXICO E HISTÓRICO CASTELO DE SAN ANTÓN A CORUÑA


Ayuntamiento de La Coruña

Museo Arqueolóxico e Histórico Castelo de San Antón

Concello de A Coruña

BRIGANTIUM Volume: 14 Ano: 2003 Consello de Redacción: Begoña Bas López, José Ma Bello Diéguez, Beatriz Comendador Rey, Miguel San Claudio Santa Cruz Comité Científico: Fernando Acuña Castroviejo, Fernán Alonso Matthias, Felipe Arias Vilas, Juan Luis Arsuaga Ferreras, Rodrigo de Balbín Behrmann, José María Bermúdez de Castro, Miguel Ángel de Bias Cortina, Primitiva Bueno Ramírez, Luis Xulio Carballo Arceo, Raquel Casal García, Germán Delibes de Castro, Carlos Fernández Rodríguez, César Llana Rodríguez, Ignacio Montero Ruiz, Antoniode la Peña Santos, José Manuel Vázquez Varela. Correspondencia, orixinais e intercambios: Brigantium Museo Arqueolóxico e Histórico Castelo de San Antón E-15001 A Coruña (España) Tel.-Fax: 981 1898 50 E-Mail: brigantium@brigantium.org URL: http:/www.brigantium.org

Deseño das cubertas: Barro, Salgado, Santana [Grupo Revisión Deseño] Edición: Vía Láctea, S.L. Tel. 981 63 91 91 E-Mail: viaeditorial@terra.es

ISSN: 0211-318X Dep. Legal: C- 308 - 1980

Este volume edítase coa colaboración de

• • ~ FUNDACION CAlXAGAllCIA


ÍNDICE

7

PRESENTAC¡6N

• SEMBLANZA DE FERNÁN ALONSO MATTHIAS

0935-2002), Ramón Fábregas Valcarce

11

• PROSPECCIÓN y EXCAVACIÓN DE CUEVAS EN LA CUENCA DEL SIL (RUBIÁ, ÜURENSE): LA PALA DA VELLA.

13

Carlos Fernández Rodríguez. Rosa Villar Quinteiro

• A SERRA DA CAPELADA: PATRIMONIO ARQUEOLÓXICO E PATRIMONIO NATURAL

Emilio Ramil González. Rafael López Loureiro

23

• CÁMARA MEGALÍTICA DE ZARRAMACEDO (CONCELLO DE SANTIAGO). Juan José Alonso

Braña

39

• PLACAS, ESTATUAS, ÍDOLOS. REPRESENTACIONES ANTROPOMORFAS MEGALÍTICAS EN GALICIA. A CARBALLEIRA (PONTEVEDRA).

P. Bueno Ramírez. R. Fábregas Valcarce. P. Barciela Garrido

47

• REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO SOBRE LA CONSERVACIÓN DEL ARTE RUPESTRE PREHISTÓRICO

63

Carmelo Fernández Ibáñez

• EL CÍRCULO, EL CIERVO Y LA TRAMPA. GRABADOS DE CUADRÚPEDOS EN ROCAS CON COMBINACIONES CIRCULARES EN EUROPA.

• JosÉ

VILLA-AMIL

y

Maarten van Hoek

75

CASTRO: PIONEIRO DA ARQUEOLOXÍA PREHISTÓRICA EN GALICIA

89

Juan Carlos López García

• A INTRODUCCIÓN DOS MUÍÑOS CIRCULARES NOS CASTROS GALEGOS

97

Xulio Carballo Arceo. Angel Concheiro Coello. Josefa Rey Castiñeira

• SOBRE UN NOVO TORQUES RECENTEMENTE ADQUIRIDO POLO MUSEO ARQUEOLÓXICO E HISTÓRICO CASTELO DE SAN ANTÓN.

Lois Ladra.............................................................................. 109

• DOCUMENTACIÓN y ARQUEOLOGÍA DEL ORO CASTREÑO: ACERCA DE

F.

MACIÑEIRA y EL TORQUES

DE CAPELADA (SAN XIAO DE MONTOXO, CEDEIRA, A CORUÑA)

Óscar Garda Vuelta. Xosé-Lois Armada Pita

• Los TORQUES

CASTREÑOS EN PERSPECTIVA,

Alicia Perea

117 139


• ASPECTOS MORFOTÉCNICOS DE LAS DIADEMAS-CINTURÓN CASTREÑAS,

6scar García Vuelta..................... 151

• Los MOTIVOS ORNAMENTALES EN LAS INSCRIPCIONES FUNERARIAS ROMANAS DE LA PROVINCIA DE A CORUÑA: RITUAL y SIGNIFICADO,

Sonia María García Martínez

173

• VILLA ROMANA DE BARES. ESCAVACIÓN ARQUEOLÓXICA NO XACEMENTO EIREXA-VELLA

DE BARES -CONCELLO DE MAÑÓN- (A CORUÑA). CAMPAÑA

1997

Emilio Ramil González. Juan Naveiro López. Mar Zabaleta. Carlos Fernández Rodríguez

185

• ApORTACIONES A LA ARQUEOLOGÍA URBANA DE A CORUÑA: LA CASA MARTELO A TRAVÉS DE SUS MATERIALES.

Inmaculada Castro Paredes. Ma José Insua Liñares. Ma Catalina López Pérez

225

• Los VIDRIOS DE ÉPOCA ROMANA PROCEDENTES DE LAS ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS PRACTICADAS EN

1988

EN LA CASA MARTELO (A CORUÑA).

María de los Angeles Vázquez Martínez

245

• NOTICIA PRELIMINAR DE LA LOCALIZACIÓN DE UN CEPO DE PLOMO EN AGUAS DE LA BAHÍA CORUÑESA.

Miguel San Claudio Santa Cruz. Raúl González Gallero

255

• (ETNO)ARQUEOLOXÍA DA EMIGRAZÓN NA GALIZA: DO ANTIGO RÉXIME Á MODERNIDADE ATRAVÉS DA CULTURA MATERIAL.

Alfredo González Ruibal

259

• FORMACIÓN y SIGNIFICADO DE LAS ÁREAS CULTURALES A TRAVÉS DEL ESTUDIO ETNOARQUEOLÓGICO DE LA CERÁMICA POPULAR. José

Manuel Vázquez Varela.......................................... 275

• ESTUDIO ETNOGRÁFICO DOS MUÍÑOS HIDRÁULICOS: UN EXEMPLO NA PARROQUIA DE ARANGA

285

José Manuel Liñeira Vázquez

• EL ENTORNO DE SAN ANDRÉS DE TEIXIDO,

Eriko Terao

• Os CRUCEIROS DE CAPELA: CONCELLO DE LOUSAME.

Clodio González Pérez

303 309

• NOTICIAS SOBRE TRES ARQUITECTOS DE LA ILUSTRACIÓN GALLEGA: MELCHOR DE PRADO y MARIÑO, FELIPE GIANZO y MIGUEL ANGEL DE DRÍA.

Fernando Pérez Rodríguez

• OPOSICIÓN AL PRONUNCIAMIENTO DE PORLIER,

Rafael Vidal Rodríguez-Sabio

327 341


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PRESENTACIÓN

(ORACIÓN LAICA PARA FERNÁN ALONSO) Fernán forma parte de nuestra vida desde hace mucho, desde que acudió a la llamada, en 1985, para compartir unos días en el curso Ciencia e Arqueoloxía, organizado por la Dirección Xeral do Patrimonio que dirigía Raquel Casal, en cuyo equipo trabajábamos. Desde entonces fue una presencia no por intermitente menos constante. Volvimos a encontrarlo en Casa Cruz, nuestra sede en Baio durante las excavaciones de Dombate. Allí estaban Fernanda y Fernán, cenando, en medio de serios apuros: hacían cámping salvaje y les habían robado tienda y equipaje, dejándolos sólo con lo puesto. Al día siguiente visitaron la excavación, y Fernán ya nunca se separó de Dombate. Vinieron después reuniones de trabajo y amistad en el Rocasolano en Madrid, en la casa familiar de Fernanda en A Graña, y en el Castillo de San Antón coruñés. Las dataciones de Fernán permitieron establecer sólidamente la secuencia cronológica de Dombate, que sigue siendo hoy por hoy el megalito gallego mejor contextualizado. A partir de éstas se pudo formular una propuesta de desarrollo cronológico del fenómeno tumulario en Galicia suficientemente asentada en la realidad; una realidad que existe fuera de nosotros y que se desarrolla en el tiempo, para disgusto de quienes pretenden negar lo uno y lo otro. Quien piense que las reuniones con Fernán eran aburridas se equivoca de medio a medio. Había trabajo, por supuesto. Mucho trabajo. Pero siempre afrontado con un sentido del humor característico, que en ocasiones se desbordaba en sonoras carcajadas al comentar algunas de las numerosas trapisondas de la arqueología del país. También pudimos ver y admirar al Fernán grave y serio, respondiendo con contundencia y valentía a las calumnias oficialmente vertidas, en un triste y vergonzoso episodio, contra un querido compañero en estas andanzas de la arqueología y en el intento de caminar por el mundo con cierta dignidad. Fue después la Torre de Hércules, y de nuevo Fernán se encargó de dar solidez a las propuestas cronológicas establecidas por estratigrafía y materiales. Ya no hubo ocasión de situar en el tiempo los diferentes momentos del Castro de Elviña. Cuando le hablamos, hace ya años, de lo que hoy se llama Proyecto Artabria, de cuya coordinación científica somos en este momento responsables, ofreció su colaboración sin reserva alguna. No podía ser de otra forma. Fue el primer miembro de los comités de expertos que nos asesoran. También se ofreció, cómo no, a trabajar con nosotros en las publicaciones del Museo, aceptando, junto con otros compañeros, formar parte del consejo editorial del Brigantium. Desde aquí, con una sonrisa triste, lo recordamos hoy. Va por ti, Fernán Alonso, este número misceláneo, compuesto por un buen número de artículos algunos de los cuales llevaban ya demasiado tiempo en espera de publicación. Y por ti irán los números siguientes, que serán misceláneos o monográficos según existan trabajos de uno u otro tipo dignos de ser dados a conocer.


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Dijo Brecht que los que luchan un día son buenos y los que luchan muchos días son muy buenos. Pero que hay quienes luchan toda una vida, y ésos son los imprescindibles. Fernán es de los imprescindibles, y de los imprescindibles no podemos prescindir. Fernán tiene que seguir participando en nuestro trabajo, tiene que seguir siendo miembro de los comités de Brigantium y de Artabria, tiene que seguir formando parte de nuestras vidas. De la manera posible: desde su vida en nuestro recuerdo. De nosotros depende. Que así sea.

José María Bello Diéguez


Fernรกn Alonso Matthias 0935-2002)


BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 11-12

SEMBLANZA DE FERNÁN ALONSO MATIHIAS (1935-2002)

RAMÓN

FÁBREGAS VALCARCE

Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida} un empujón brutal te ha derribado. Miguel Hernández: Elegía a Ramón Sijé

Me acabo de enterar de la inesperada, siempre terrible, noticia de la muerte de un amigo, Fernán Alonso, durante años el alma del Laboratorio de Geocronología (CSIC) y como tal el introductor en España y máximo impulsor de la aplicación del radiocarbono a los estudios arqueológicos. Commocionado por esta noticia y queriendo dejar testimonio escrito del dolor por esta pérdida, me doy cuenta de que apenas lo conocía, si por ello se entiende saber al detalle los avatares personales y profesionales de una vida demasiado pronto truncada. Y sin embargo, ¡qué sensación de pérdida tan incomensurable, qué anticipada nostalgia de su pausado ademán, de la opinión profesional, de su colaboración franca y desinteresada! Conocí a Fernán en el año 1985, con motivo de unas jornadas sobre Ciencia y Arqueología, que pretendían acercar y tender puentes entre nuestra disciplina y las múltiples especialidades de las Ciencias Naturales. Recuerdo, no sin algo de estupor, que entonces trajo consigo un folio en el que figuraban todas las dataciones radiocarbónicas conocidas para la prehistoria gallega. Diecisiete años después, ese inventario requeriría un buen número de páginas, incluso si en los últimos tiempos muchas de ellas yacen olvidadas en los archivos personales y de la Administración, una circunstancia que, me consta, le molestaba mucho. y es que él no era un técnico al uso, que hacía sus análisis, cobraba y a otra cosa, sino que se preocupaba de que los arqueólogos, humanistas como

somos y a menudo desertores de las matemáticas, entendiésemos realmente los recovecos del método radiocarbónico. En este sentido recuerdo nuestras largas conversaciones en su viejo laboratorio del Rocasolano, cuando mientras atendía al proceso de datación, vertiendo nitrógeno líquido aquí, apretando una válvula allá, escuchaba con paciencia los comentarios y preguntas de un alumno de doctorado que intentaba asimilar las claves de un sistema de datación básico para trazar la cronología de la prehistoria reciente. Aquellas charlas de laboratorio cristalizaron en el proyecto de escribir un manual sobre la utilización e interpretación del Carbono 14, dirigido específicamente a los arqueólogos y del que en su momento llegamos a elaborar un guión. La lejanía física y nuestras respectivas ocupaciones profesionales frustraron esta empresa, pero no impidieron un sinnúmero de colaboraciones y consultas, que se hallan detrás de varias publicaciones, singularmente el detallado estudio efectuado sobre las dataciones radiométricas del castro de O Achadizo o las dos recensiones aparecidas en Arqcrítica. y es que los importantes avances producidos en la prehistoria reciente del Noroeste -que no gallega a secas- en las dos últimas décadas no se pueden separar de la aportación de Fernán, siempre dispuesto a echar una mano cuando la financiación flaqueaba y milagreando -como él decía- con las muestras para obtener resultados lo más precisos posible. Su participación queda patente en los trabajos conjuntos y en las innúmeras referencias en el capítulo de agradecimientos (algunas saldrán ya póstumamente) de tantas publicaciones gallegas y del N arte de Portugal, especialmente en el campo del neolítico (Buraco de Pala en particular) y del megalitismo,


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RAMÓN FÁBREGAS VALCARCE

donde destaca su colaboración con J .M. Bello en la detallada datación de Dombate y la posterior formulación de una secuencia regional para el fenómeno tumular. En esa proyección desde la simple tarea instrumental y analítica hay que mencionar su frecuente participación en talleres o mesas redondas (en el marco de los congresos de arqueología peninsular, por ejemplo), destinados a discutir la problemática del Carbono 14 y Arqueología, las cuestiones terminológicas, etc. .. En los últimos tiempos, el culto idolátrico al déficit cero y a una supuesta eficiencia empresarial le preocupaban en la medida en que esa nueva ideología implicaba cerrar las llaves de la financiación pública, sin la cual es muy difícil desarrollar una investigación básica, poco rentable en el corto plazo. Por ello abordó con entusiasmo (soy testigo presencial en el caso de Galicia) la elaboración de convenios con diversas instituciones y administraciones a fin de asegurar que el laboratorio que dirigía no cejase en su tarea de despejar las tinieblas de la cronología prehistórica. Si en un primer momento podía parecer una persona adusta, inmediatamente se revelaba su calidez: amigo de sus amigos (me lo demostró en diversos avatares personales y profesionales) y siempre afable, lo que no le impedía expresarse con demoledora claridad ante la injusticia o la simple estulticia (y también me constan varios ejemplos de su 'santa intransigencia'). Como dijo A. Machado,

era -en el buen sentido de la palabra- bueno. Alguien di jo que un hombre no muere del todo hasta que perecen aquellos que conservan un recuerdo de él: tras su extinción física, Fernán tiene asegurada una amplia pervivencia en la memoria agradecida de quienes lo tratamos.

REFERENCIAS

Alonso Matthias, E, 1993. Carbono 14: calibrar o no calibrar. Arqcrítica, 5, págs. 3-4. Alonso Matthias, E y Bello Diéguez, J .M., 1995. Aportaciones del monumento de Dombate al megalitismo noroccidental: dataciones de Carbono 14 y su contexto arqueológico. I Congresso de Arqueologia Peninsular, Porto 1993, vol. 7, págs. 153-181. Alonso Matthias, E y Bello Diéguez, J .M., 1997. Cronología y periodización del fenómeno megalítico en Galicia a la luz de las dataciones por C-14. En Rodríguez Casal A. (ed). O Neolítico Atlántico e as orixes do Megalitismo. Actas do Coloquio Internacional. Santiago de Compostela 1996, págs. 507-520. Fábregas Valcarce, R., 1993. Carbono 14, ¿un acto de fé? Arqcrítica, 5, págs. 5-6. Jorge, VO., Alonso, E y Delibrias, G., 1988. Novas datas de Carbono 14 para mamoas da Serra da Aboboreira, Arqueologia, 18, págs. 95-99. Rubinos, A., Fábregas, R., Alonso, E y Coello, A., 1999. Las fechas C-14 del castro de O Achadizo (Boiro, A Coruña): problemática de la calibración de conchas marinas. Trabajos de Prehistoria, 56 (1), págs. 147-155. Sanches, M. de]., Soares, A.M.M. y Alonso Matthias, E, 1993. Buraco da Pala (Mirandela): datas de radiocarbono e seu poder de resoluc;ao. Algumas reflexoes. I Congresso de Arqtteologia PeninslJlar, Porto 1993, vol. 1, págs. 223-243.


BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 13-22

PROSPECCIÓN Y EXCAVACIÓN DE CUEVAS EN LA CUENCA DEL SIL (RUBIÁ, OURENSE): LA PALA DA VELLA

CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ

Área de Prehistoria. Universidad de León ROSA VILLAR QUINTEIRO

INTRODUCCIÓN Durante el año 1990 se desarrolló un proyecto de prospección arqueológica en las áreas kársticas de la zona más oriental de la comarca de Valdeorras (Ayuntamiento de Rubiá), continuado en 1991 con una campaña de excavaciones en la cueva de Pala da Vella (Biobra). Ambos proyectos fueron codirigidos por los firmantes de este artículo, subvencionados por la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia y avalados por el Departamento de Historia 1 de la U niversidade de Santiago. El trabajo arqueológico desarrollado en cavidades naturales hasta ese momento se reducía básicamente a los resultados obtenidos por César Llana y Ma José Soto en la Cova da Valiña (Castroverde, Lugo) en las campañas de 1987 y 1988 (Llana Rodríguez et alii, 1993); Y a una prospección, dirigida por Ma José Soto en 1989, en cuevas del Norte de la Provincia de Lugo (Soto & Pumarejo, 1995). La bibliografía también recoge algunas referencias (breves artículos) de hallazgos casuales en diversas cavidades situadas en la Galicia oriental (Llana Rodríguez, 1989), si bien no se había planteado ningún trabajo de carácter intensivo (además de los ya citados) en medios kársticos. La elección de la comarca valdeorresa para el desarrollo de este proyecto, se basó en la presencia en la misma de numerosas cuevas no prospectadas, como ya lo habían especificado Rodríguez Gracia (1979) o Vences Veiga y Vázquez-Monxardín (1978), y de las que se contaba con referencias acerca de la recuperación de materiales arqueoló-

gicos de diferentes cronologías. Se planteó una estrategia que se basaba en una prospección de tipo selectivo, centrada en cavidades naturales y abrigos, con la finalidad de documentar los registros que las diferentes ocupaciones hubiesen generado en los mismos (Fernández et al., 1995; Fernández & Villar, 1995). Si bien el proyecto original establecía un desarrollo temporal extenso, diversas causas redujeron la intervención arqueológica en esta zona a la citada prospección de 1990, a la que se dedicaron 45 días, y a la excavación en área en la Pala da Vella, en 1991, de un mes de duración.

EL REGISTRO ARQUEOLÓGICO Los trabajos de prospección pusieron de manifiesto la existencia de un variado registro arqueológico distribuido en diferentes cuevas (Fernández et al., 1995; Fernández & Villar, 1995). Los hallazgos de cronologías más antiguas parecen ser los documentados en la segunda boca de la denominada Pala 1 del Arroyo de Pardellán, correspondiendo a materiales líticos y óseos adscribibles a época paleolítica, y entrando a formar parte del registro de este amplio periodo representado en la comarca de Valdeorras por los hallazgos al aire libre de As Medorras, Penasdauga, San Salvador 1 y II y As Cobas (Fernández Ibáñez et al., 1996) o los de A Maravillela, As Portas, etc. (Fernández et al., 1995; Fernández & Villar, 1995). Los momentos ocupacionales más intensos de este tipo de asentamientos parecen producirse


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CARLOS FERNÁNDEZ RODRíGUEZ / ROSA VILLAR QUINTEIRO

durante determinadas fases de la Prehistoria reciente y en época histórica, principalmente en momentos tardorromanos y bajomedievales. Del primer grupo, y sin considerar ahora el registro de la Pala da Vella, cabe destacar el hallazgo de materiales de la Edad del Bronce en diferentes cavidades: Pala Cubelas, Pala C o posiblemente también en la Pala T y Pala de la Zorra (Vázquez-Monxardín, 1978; Fernández & Villar, 1995). De momentos finales del mundo romano contamos con posibles evidencias en la Pala 1 del Arroyo de Pardellán, pero destaca especialmente el registro de la Pala de la Zorra, donde entre el abundante material cerámico se han recuperado piezas de calidad (sigillata hispánica tardía y paleocristiana), poniéndose de manifiesto una intensa y posiblemente numerosa ocupación. Los registros medievales nos indican, por el contrario, visitas esporádicas y de un número reducido de individuos, aunque se han localizado piezas de interés como el bidente altomedieval de la Pala Cubelas (Vázquez-Monxardín, 1978). Lo más habitual es que se documenten elementos de periodos más recientes, bajomedievales o incluso ya de época moderna, como los de la Pala Pumbeira, Pala K-1 o Covacha del Entorna (Vázquez-Monxardín, 1978; Fernández & Villar, 1995).

LA PALA DA VELLA Pala da Vella se sitúa en el extremo oriental de la Sierra de la Encina de la Lastra (42°29'23" lar. N I 6°50'24" long. W), al Noreste del pueblo de Biobra y al Norte de la población de Cobas, a 830 m sobre el nivel del mar (Figura 1). Su cercanía al río Sil es relativa, ya que existe un fuerte desnivel desde la cavidad hasta el cauce del río (que en esta zona discurre a unos 400 m sobre el nivel del mar) que imposibilita el acceso en línea recta a la cavidad desde el mismo, resultando más factible la vía que sigue la dorsal de la Sierra y a la que es posible llegar, desde los dos valles que la flanquean, por el camino que comunica los pueblos de Biobra y Portela de Aguiar, en las provincias de Ouresnse y León respectivamente. La cueva presenta una boca de grandes dimensiones (unos 10 m de anchura y 3 m de altura) orientada hacia el Este, si bien la entrada no resulta especialmente cómoda debido a la existencia de

grandes bloques calcáreos procedentes del derrumbe del alero exterior. El desarrollo longitudinal total de la cavidad es de unos 120 m, con un desnivel en las cotas inferiores de unos 11 m con referencia a la boca. La zona excavada, debido a las condiciones ya citadas en la zona de entrada y a la ausencia de sedimentación antigua en el exterior (tan solo se documentó una fina capa de humus sobre la roca base), se establece en una zona aterrazada del interior de la cavidad (Figura 1). La estratigrafía documentada presenta variaciones en el área excavada, en función de la mayor o menor incidencia que han tenido los procesos postdeposicionales de erosión y arrastre sedimentario en las diferentes zonas de la cavidad, si bien la secuencia global puede quedar establecida del modo siguiente:

Nivel OB: De unos 5-10 cm de espesor, está parcialmente cubierto por una costra que supone el actual suelo de la cavidad, ocupando de manera primordial la zona norte del área excavada. Sedimento de carácter migajoso y color marrón. Incluye materiales cerámicos de factura reciente y restos óseos. - Nivel 1: Entre 15-20 cm de potencia, con un límite neto que lo separa del nivel suprayacente, constituido por una costra estalagmítica que en determinados puntos alcanza los 7 cm de espesor. Sedimento de carácter plástico, arcilloso y de color marrón, producto de una deposición de tipo coluvial. Presenta abundantes carbones. Restos arqueológicos. - Nivel 2: Relicto sedimentario localizado en la parte Norte del área excavada (filas Q y R), que alcanza unos 15 cm en su parte más potente, sin que exista un límite neto con el nivel 2. Material sedimentario muy semejante al anterior, menos plástico y más limoso, con una tonalidad ligeramente más clara. Abundantes carbones. Restos arqueológicos. Su base está limitada por la presencia de grandes bloques calcáreos de derrumbe, que sellan el estrato inferior. - Nivel 3: Estrato de potencia variable en función de la disposición de la roca base, sobre la que se sitúa. Sedimento de carácter limoarenoso y color ocre-amarillento. Contiene restos paleontológicos, sin vestigios de actividad antrópica.


Prospección y excavación de cuevas en la C¡,¡enca del Sil (Rubiá, Q¡,¡rense): La Pala da Vella

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CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ / ROSA VILLAR QUINTEIRO

* El Registro del Pleistoceno (Nivel 3) En la secuencia estratigráfica indicada, los materiales a los que nos vamos a referir proceden del nivel inferior, el Nivel 3, correspondiéndose exclusivamente con restos de fauna sin evidencias de presencia antrópica (Fernández et al., 1996). Las especies identificadas aparecen recogidas en la siguiente tabla. ~acro~anúferos

~icro~anúferos

EquUJ caballuJ

Sorex araneUJ I granariuJ

Capra pyrenaica

EliomYJ quercinuJ

CerVUJ elaphuJ

MicrotuJ nivaliJ

LepuJ, sp.

MicrotuJ arvaliJ

OryctolaguJ cuniculuJ

MicrotuJ oeconomUJ MicrotuJ IUJitanicuJ

Aves

A rvicola, sp.

Hirundo I Ptyonoprogne

ApodemuJ JylvaticttJ I flavicolliJ

Pyrrhocorax graculuJ

Chiroptera, spp.

En conjunto la serie faunística es semejante a la documentada en otros yacimientos de cronología pleistocena del Norte y Noroeste peninsular. Entre los macromamíferos no destaca ninguna característica en especial, si bien la identificación de cabra montés (Capra pyrenaica) se constituye en la única cita que para esta especie contamos en el Pleistoceno de Galicia, aún cuando sea componente habitual de las series estudiadas de las regiones limítrofes' tanto del Cantábrico (Altuna, 1972), como de Portugal (Cardoso, 1993). Los restos avianos son muy escasos, y en ambos casos nos encontramos ante taxones de carácter rupícola, por lo que resulta poco representativa. Cierto interés plantea la presencia de la chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus) durante el Pleistoceno, por cuanto falta en la avifauna sedentaria actual de Galicia (SGHN, 1995). Su hábitat actual ha hecho que se le considere un habitante de espacios despejados fríos, si bien durante el Pleistoceno aparece asociado a especies más termófilas y presenta una distribución más amplia (Elorza, 1998). Los restos de micromamíferos, aunque escasos, son los más abundantes de la muestra faunística. Su origen debe atribuirse a la disgregación de egagrópilas, producidas por las aves nocturnas que ocuparon la cueva. Se trata de unos 70 restos que presentan sin embargo unas características diferen-

ciales propias. El aspecto más destacable reside por un parte en la ausencia de típicos elementos inmigrantes holocenos, propios de ambientes xerotérmicos (mediterráneos) y antropógenos como son los representantes del género Mus y las especies de crocidurinos (Crocidura); así como por la presencia de dos arvicólidos característicos del Pleistoceno superior cantábrico: Microtus arvalis y Microtus oeconomus, este último tenido como buen indicador de las pulsaciones frías y húmedas de ese período.

* La ocupación del Neolítico {"mal/ Calcolítico (Nivel 2) El registro arqueológico está compuesto mayoritariamente por material cerámico y óseo, y cronoculturalmente puede situarse en un momento del Neolítico final o inicios del Calcolítico. El material cerámico se corresponde básicamente con fragmentos de panza, estando poco representados los pertenecientes a bordes y cuellos, y totalmente ausentes los fondos. Se trata de una cerámica hecha a mano, cuya pasta suele presentar un desgrasante grueso, utilizando mayoritariamente gravas de cuarzo, si bien a veces se emplea también la mica para esta función (materiales locales, en todo caso). Las coloraciones de la pasta nos indican el predominio de la cocción reductora, siendo en algunos casos deficiente, lo que da lugar a fracturas irregulares. Esta fuerte fragmentación ha dificultado en gran medida la reconstrucción de las formas, si bien podemos apuntar el predominio de las globulares y semiesféricas (ollas y cuencos), con fondos convexos, aunque también existe algún fragmento que debemos asociar con la presencia de tazas de paredes rectas y bordes indiferenciados. En conjunto parece existir un predominio de los recipientes abiertos de perfil simple sobre los cerrados. Los bordes suelen presentar una terminación sencilla, bien en forma de labio redondeado o simplemente, y característicos de los vasos de paredes rectas, un adelgazamiento de la pared dando origen a un labio de tipo oblicuo. Por el momento no se ha documentado ningún elemento de suspensión. En lo referente al acabado externo, dominan ampliamente las formas lisas frente a las decoradas. Las superficies presentan mayoritariamente un alisado fino o medio, llegando en algún caso a un tratamiento de espatulado muy fino que le da apariencia bruñida. Las decoraciones no son


Prospección y excavación de cuevas en la Cuenca del Sil (Rubiá, Ourense): La Pala da Vella

variadas ni muy abundantes, obtenidas de manera exclusiva mediante las técnicas de incisión e impresión. En ambos casos se han utilizado punzones: para las incisiones de punta roma, dando lugar a líneas acanaladas, mientras que las impresiones se han realizado con un punzón de punta fina. Los motivos obtenidos se reducen a composiciones de líneas oblicuas, unidas en un extremo formando ángulos (Figura 2.4); líneas de puntos impresos próximas al borde (en algún caso se produce un doble punzonado) (Figura 2.5), y tan solo en un único fragmento parece documentarse la presencia de triángulos incisos rellenos de puntos. Estos motivos decorativos se encuentran muy bien representados en conjuntos del Neolítico final y Calcolítico de la vecina comarca de El Bierzo, como el yacimiento de Tres Ventanas (Fernández Manzano, 1996), en la Meseta occidental (por ejemplo en Las Pozas, Val Recio, 1992) y en el Norte de Portugal (en Buraco da Pala, Sanches, 1997), áreas geográficas que podemos considerar culturalmente afines a nuestra zona de estudio. Entre el resto del material recuperado en este nivel destaca la aparición de unos 100 restos humanos, representativos de al menos un individuo, que vienen a apuntar la existencia de un enterramiento en la cavidad durante este momento ocupacional. Los restos, todavía en fase de estudio por el Dr. Carro Otero de la Universidade de Santiago, no aparecieron en conexión anatómica, reflejando un desplazamiento desde su ubicación original hasta la de su recuperación. Sin embargo, la pequeña área de dispersión de los mismos y su distribución parecen indicar que su emplazamiento originario se ubicaba en las proximidades del actual, posiblemente cerca de la pared Norte de la cueva, lugar donde se recogieron más restos humanos en superficie (Figura 1), correspondiendo al menos a otros dos individuos (los cuales en principio no pueden ponerse en relación con los documentados en el nivel arqueológico, aunque en absoluto tampoco se trata de una posibilidad totalmente descartable). Parece altamente probable que el tipo de ritual utilizado fuera semejante al constatado para enterramientos adscritos al Neolítico y Calcolítico en cavidades del País Vasco (Armendáriz, 1990), depositándose directamente el cuerpo sobre la superficie de la cavidad, sin ningún tipo de estructura protectora o limitante, lo cual facilitaría la

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movilidad, junto con la matriz sedimentaria, de los restos no sólo óseos sino también de otras evidencias arqueológicas, además de la cerámica, que pudieron formar parte del ajuar funerario. De este mismo nivel proceden una serie de objetos que, por sus características, podrían estar en relación con el enterramiento. Nos referimos a dos colgantes, uno lítico y otro óseo, el primero de los cuales se ha realizado sobre un fragmento natural de caliza recristalizada de 48.2 mm de longitud, translúcida, de forma tubular y sección ovalada-irregular (15.7 x 10.8 mm), que presenta una pequeña perforación central, aprovechando posiblemente una impureza del mineral (Figura 2.3). La superficie aparece rebajada en determinadas zonas mediante pulido, hasta conseguir un equilibrado horizontal de la misma al ser suspendida. El colgante óseo se ha realizado sobre un canino superior atrófico de ciervo macho, presentando una perforación bicónica en la zona de la raíz más próxima a la corona; el grosor de la raíz se ha rebajado considerablemente mediante un proceso de abrasión para obtener una superficie aplanada más fácilmente perforable (Figura 2.2). El conjunto óseo se completa con la recuperación de elementos faunísticos representativos, en determinados casos, de una actividad humana, mientras que otros son el reflejo de la ocupación de la cavidad por otras especies y de los procesos alimenticios de las mismas. Las especies documentadas en el nivel 2 son las que se reflejan en la siguiente tabla (Fernández et a!., 1996): ~acro~anúferos

Equus caballus Bos taurus Ovis aries / Capra himts Sus sp. Cervus elaphus Felis silvestris

Aves Gyps fitlvus Alectoris rufa C oturnix coturnix Apus apus / pallidus Hirundo / Ptyonoprogne Erithacus rubecula Turdus sp. Sylvia sp. Garrulus glandarius

~icro~anúferos

Talpa occidentalis Erinaceus europaeus

Sorex araneus / granarúf-s Sorex minutus C rocidura russula / suaveolens Eliomys q¡tercinus Microtus nivalis Microtus fttsitanicus

Arvicola, sp. Apodemus sylvaticus / flavicollis Mus muscttlus / spretus Chiroptera, spp. Eptesictts serotinus Mustela nivalis


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CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ / ROSA VILLAR QUINTEIRO

En lo referente a los macromamíferos, las especies silvestres son en conjunto más numerosas que las domésticas, si bien a estas últimas corresponde el mayor número de restos, aspecto que se manifiesta principalmente en el grupo de ovicaprinos (Ovis / Capra). Por una parte, la actividad ganadera aparece reflejada por las tres cabañas clásicas: bovina (Bos taurus), ovicaprina (Ovis / Capra) y porcina (Sus sp.). En este último caso, los ejemplares documentados se corresponden con individuos juveniles, lo que dificulta la determinación precisa entre la especie salvaje, el jabalí (Sus serofa), y la doméstica, el cerdo (Sus domestieus); si bien, la presencia de ejemplares sacrificados dentro del grupo de edad antes señalado parece abogar por que nos encontremos, al menos en lo referente a una parte de los restos aportados por este grupo, ante un sistema de aprovechamiento concreto realizado sobre la especie doméstica. De las restantes especies, el ciervo (Ce1"vus elaphus) yel caballo (Equus eaballus) parecen poner de relieve la actividad cinegética de los ocupantes de Pala da Vella, mientras que la presencia de gato montés (Felis silvestris) puede deberse tanto a la misma causa (quizás para aprovechamiento de la piel) como a una deposición de tipo natural debido a la práctica de esta especie de establecer su madriguera, entre otros lugares, en el interior de cuevas naturales. Los restos de micromamíferos proceden mayoritariamente de los procesos de alimentación de determinadas aves, sin que pueda establecerse una relación directa con la presencia humana en la cavidad. Destaca en este depósito, claramente Holoceno, el grupo de roedores como el más numeroso con respecto a los restantes micromamíferos, representados por insectívoros, quirópteros y un carnívoro (Mustela nivalis). La información aportada por las aves tampoco podemos relacionarla con la actividad humana, si exceptuamos las posibles capturas de perdiz (Aleetoris rufa) y codorniz (Coturnix eoturnix), especies propias de un medio abierto con vegetación de matorral y gramíneas, tal como en la actualidad se mantiene en las inmediaciones del yacimiento. El conjunto de especies identificado es perfectamente equiparable con los registros actuales de aves en la zona. La única excepción recae en el buitre leonado (Gyps fulvus) , cuya presencia hoy en día en la región debe considerarse meramente esporádica y puntual.

Por otra parte, es posible observar la presencia de especies de hábitats distintos, dominando las asociadas a un medio forestal, probablemente aclarado, como son Garrulus glandarius, Pieus viridis, Turdus sp. y Sylvia sp. La especial orografía de la zona, caracterizada por su fuerte desnivel y la presencia de farallones calcáreos, determina la aparición de especies típicamente rupículas como son Gyps o Apus apus, algunas de la cuales pueden estar indicando su nidificación en las paredes de la cavidad (Elorza, 1998; Fernández et a!., 1996). La fauna recuperada se completa con la presencia de algunos restos, principalmente vértebras, de ciprínidos, lo que indica un aprovechamiento del medio fluvial por parte de los ocupantes de la cavidad, así como numerosos restos de anfibios y reptiles, denotando una presencia habitual de los mismos en la cueva como lugar de refugio. Se han obtenido en este nivel dos dataciones radiocarbónicas (la calibración de las mismas se ha realizado según las curvas propuestas por Stuiver & Reimer, 1993, expresándose la desviación típica doble): una, sobre un fragmento de vértebra humana, ha dado un resultado de 4500±35 bp, GrA-1021 0356-2939 BC cal.), en tanto que la segunda, sobre una muestra de carbón de este mismo nivel, 4790± 120 bp, GrN-19395 08923139 BC cal.).

* La Pala da Vella durante la Edad del Bronce (Nivell) La última fase de ocupación de la Pala da Vella durante la Prehistoria parece corresponderse culturalmente con un momento de la Edad del Bronce que de momento no podemos definir de manera precisa. Se cuenta para esta ocupación con una datación radiocarbónica de 3280± 125 bp, GrN19394 (1877-1258 BC cal.), obtenida sobre una muestra de materia vegetal carbonizada. El material cerámico parece indicar el predominio de las formas simples, globulares (ollas y vasos cuenciformes), con fondos convexos, sin que se haya documentado ningún tipo de elemento suspensorio (Figura 2.1). Dominan las formas lisas, presentando habitualmente un alisado fino -mediante espatulado- de la superficie externa que en ocasiones llega a conferir un aspecto de bruñido, siendo muy escasas las formas decoradas, contando


Prospecciรณn y excavaciรณn de cuevas en la Cuenca del Sil (Rubiรก, Ourense): La Pala da Vella

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Figura 2

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con un UlllCO ejemplo de cordón redondeado liso en la zona de unión entre el cuello y el cuerpo de una olla, y algún fragmento de cuerpo que presenta una decoración mediante puntos obtenidos por impresión de un punzón de punta fina. Entre el material óseo destaca la recuperación de un punzón de sección cóncavo-convexa, con la base ligeramente convexa, de 65.1 mm de longitud máxima (Figura 2.6). Se ha realizado en una diáfisis de metápodo de ovicáprido y posiblemente, como ha señalado Rodanés Vicente (1987) para este tipo de piezas, proceda de la rotura de un punzón de base articular, regularizándose la zona de rotura (base actual) mediante pulido. En lo referente a los restos faunísticos, el registro documentado es muy similar al indicado para el nivel 2, como corresponde a deposiciones similares en ambientes holocenos. Macromamíferos

Micromamíferos

Bos taurus

Talpa occidentalis Sorex araneus I granarius Sorex minutus Crocidura russula I suaveolens Eliomys quercinus Glis glis Microtus nivalis Microtus lusitanicus Arvicola, sp. Apodemus sylvaticus I flavicolliJ Mus musculus I spretus

Ovis aries I Capra hircus Sus sp. Cervus elaphus Capreolus capreolus Martes sp. Oryctolagus cunicultts Aves Alectoris rufa Alectorix I Perdix Coturnix coturnix Picus viridis H irundo rustica I daurica Hirundo I Ptyonoprogne Ficedula hypoleuca ? Oenanthe sp. ? Turdus sp. Parus major Parus sp. cf. Garrulus glandarius

Chiroptera, spp. Eptesictts serotintts

De nuevo es posible apreciar entre la macrofauna un predominio de las especies domésticas frente a las silvestres, aun cuando la actividad cinegética sigue estando bien documentada (ciervo y corzo). La presencia de la marta o foina (Martes sp.) puede responder a la misma problemática planteada para el gato montés del nivel 2, pudiendo encontrarnos ante los resultados de una tafocenosis natural, sin por ello descartar el que también

I ROSA VILLAR QUINTEIRO

se trate de una especie abatida por el hombre, ya fuera con una finalidad alimenticia o más probablemente de aprovechamiento de pieles. La existencia de conejo también plantea problemas interpretativos, debido a que su llegada al registro puede deberse tanto a una actividad humana como de otros predadores, a lo que debe añadirse la costumbre de este lagomorfo de realizar madrigueras en el interior de las cavidades, con lo que su deposición puede que sea incluso posterior a la de los restantes componentes de este nivel y producida por causas naturales (Fernández et al., 1996). Al igual que en el nivel 2, la composición de micromamíferos presenta unas características típicamente holocenas, siendo en su conjunto muy similar a la que actualmente se conoce en la región del valle de Valdeorras. Destacan nuevamente los roedores como el grupo más numeroso respecto a los restantes micromamíferos. Idéntico resultado es el presentado por las aves, perfectamente equiparables con los registros actuales de aves en la zona. La única diferencia apreciable entre el nivel Neolítico y éste es el paso a un medio forestal con mayor presencia de espacios abiertos, como indica la presencia de especies que ocupan de manera preferente las masas forestales aclaradas (P. viridis y P. pyrrhula), aunque también contamos con las que prefieren los bosques maduros de altura (F. hypoleuca) y todo tipo de espacios arbolados de mayor o menor densidad (Parus), a las que Oenanthe sp. añade espacios despejados, como los pastizales montanos que todavía es posible apreciar en algunas zonas de la Sierra de la Encina de la Lastra (Elorza, 1998). Señalar por último la recuperación de restos de ictiofauna (ciprínidos) y el único molusco fluvial (un fragmento de Margaritifera) documentado en el yacimiento.

CONCLUSIONES Desde un punto de vista general, debemos indicar que las cavidades de la comarca de Valdeorras han experimentado ocupaciones humanas en épocas cronológicas muy diversas, desde posiblemente el Paleolítico hasta casi la actualidad, si bien, y salvo concretas excepciones, éstas parecen ser


Prospección y excavación de cuevas en la Cuenca del Sil (Rubiá, Ourense): La Pala da Ve/la

efímeras y representativas de un número muy escaso de ocupantes. De entre todas las cavidades prospeetadas, el registro de grupos de la Prehistoria con cerámica tiene su máximo exponente en la Pala da Vella. El acceso hasta esta cavidad se realizaría a través de la parte alta de la Sierra, y continuando hacia el Sur hasta alcanzar su extremo meridional antes del fuerte descenso que lleva al cauce del Sil todavía en la zona del Estrecho (recordemos que el río discurre a una altitud de unos 400 m sobre el nivel del mar en este punto, mientras la cueva se sitúa a más de 800 m). Es difícil el descenso directo desde esta zona hacia cualquiera de los dos lados de la Sierra (sin considerar el casi vertical hacia el Sil), si bien resulta más practicable en la vertiente gallega (facilitado también por la realización de procesos de aterrazamiento en determinados puntos). El tránsito por la parte alta de la Sierra es muy cómodo, al existir en muchas zonas una ancha superficie amesetada. Parece lógico considerar que la Pala da Vella fuera utilizada principalmente por grupos ganaderos, ya que los terrenos de las proximidades no resultan favorables a las prácticas agrícolas, siendo por el contrario mucho más fértiles en las zonas bajas de la Sierra y en las vegas regadas por los ríos. A ello también hay que añadir la inexistencia de semillas de cereal en el registro y el entorno boscoso reflejado en los análisis polínico (Ramil Rego et al., 1996) y antracológico (Badal, como pers.). Se plantea difícil una valoración de la ocupación neolítica de Pala da Vella en el contexto del Noroeste, debido especialmente al disperso y problemático registro habitacional y a los materiales a él asociados, aspectos que están intentando resolverse mediante análisis críticos tanto de los hallazgos antiguos como de las intervenciones más recientes, y su contextualización en un proceso que parece presentar una serie de características propias en el área galaica (Fábregas & Suárez, 1999). Como ya apuntamos, la situación de Pala da Vella tampoco ayuda a establecer paralelos con el principal grupo de hallazgos, situado en la fachada atlántica. Por otra parte, también debe tenerse en cuenta la influencia de los grupos meseteños, aun cuando no contemos con registros próximos, exceptuando los ya citados materiales recuperados en la cueva de Tres Ventanas, asignados de manera

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tentativa a un momento de finales del Neolítico o inicios del Calcolítico. Igual perspectiva se diseña para la ocupación de la Edad del Bronce. El momento en que se sitúa el registro de este yacimiento, entre el Bronce pleno y la fase final de este periodo, coincide con el principal vacío en la documentación arqueológica de la Edad del Bronce galaica (Suárez, 1998). A pesar de este hecho, se señala la existencia de una cerámica caracterizada por recipientes de tamaños medios y grandes de formas simples, de aspecto poco cuidado y con escasa decoración, ciñéndose los motivos a fórmulas plásticas y en menor medida incisas o impresas (Suárez, 1998). Características éstas que se corresponden en gran medida con las que hemos señalado para la cerámica recuperada en el nivel 1 de Pala da Vella. Es indudable que la Pala da Vella se presenta como un yacimiento con un potencial muy importante para dos fases de la Prehistoria del Noroeste que se caracterizan precisamente por la escasa definición que de las mismas se posee hasta el momento. Tampoco podemos obviar la propia ubicación de este yacimiento, que puede servir de nexo de unión entre dos áreas bien diferenciadas (la Galicia atlántica y la Meseta), conjugándose en el mismo la suma de las influencias de ambas zonas.

AGRADECIMIENTOS Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a todas las personas que han colaborado en la analítica de las muestras de este yacimiento. En especial a los investigadores de la U niversidade de Santiago ].M. Rey y P. Varela que realizaron el análisis de los restos óseos de micromamíferos, P. Ramil el análisis polínico y A. Martínez el sedimentológico. M. Elorza, de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, estudió los restos avianos y E. Badal y y Díez, de la Universidad de Valencia, los carbones. La Federación Galega de Espeleoloxía nos facilitó toda la información disponible referente a las cavidades de esta zona, y A. Somoza fue el principal guía en el trabajo de campo, en el que además participaron una serie de alumnos y colegas.


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CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ / ROSA VILLAR QUINTEIRO

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BRlGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 23-37

A SERRA DA CAPELADA: PATRIMONIO ARQUEOLÓXICO E PATRIMONIO NATURAL

EMILIO RAMIL GONZÁLEZ

Avda. de Vigo} 162-164,2° D 15403 Ferrol RAFAEL LÓPEZ LOUREIRO

C. E. l. P. de 19rexa As Somozas

Resumo: A investigación arqueolóxica na Serra da Capelada realizada coa metodoloxía de prospección arqueolóxica intensiva e sistemática permitíunos documentar o hábitat e a utilización contínua do territorio dende o Paleolítico ata hoxendía, aproveitando, as diferentes culturas que ocuparon este espacio xeográfico, todo-los seus variadísimos e abundantes recursos naturais.

Abstraet: A Serra Da Capelada: An Archaelogical and Natltral Heritage Site. The archaeological research carried out in Serra da Capelada by means of intensive, systematic archaeological prospecting, has made it possible for 1.1S to document the habitat and continuous use of this area from Paleolithic times ro the presento We report on how the difterent cultures, occupying this geographic zone, made use of the wide variety and abundant resources found there.

INTRODUCCIÓN A Serra da Capelada, uno de los puntos de visión más célebres qtte he visto, nas palabras do gran polígrafo e viaxeiro Martín Sarmiento, localízase no noroeste de Galizia, na provincia de A Coruña, ocupando a totalidade do concello de Cariño, as zonas oeste e noroeste do concello de Cedeira, e as parroquias de San Adrián de Veiga e Santiago de !vIera no concello de Ortigueira, conformando a base física na que se asenta o Cabo Ortegal, o antigo Promontorium Artabrortlm dos clásicos. N ela podemos considerar, seguindo o estuda dirixido por Macías (MACÍAS et al, 1987), tres zonas diferenciadas e individualizadas. U nha primeira, situada no extremo occidental, englobaría os montes Eixil e Candieira; unha segunda máis extensa, incluiría a Capelada propiamente dita (os altos de Concepenido, Penido do Medio, Poza da Auga, San Andrés de Teixido, Alto de Fosco, Vixía Herbeira, Alto da Miranda, Penedo do Castelo Alto do Limo), dende o Río das Mestas no extremo sur desta serra, ata o Cabo Ortegal (na

punta do que se atopa a particular Chaeira do Limo, depresión lamazenta actualmente recuberta de sedimentos cuaternarios), e limitado polo occidente polo val do Río Condomiñas, e polo oriente palas cabeceiras dos ríos Lourido, Casón, Landoi e Rego Pequeno; finalmente, unha terceira que comprendería as terras situadas entre as cabeceiras e o mar, descendendo cara o leste e o sur para forma-las chaeiras costeiras das rías de Ortigueira e Cedeira respectivamente. Hai que sobrancear que pala banda de Occidente, limitando ca Océano Atlántico, a Capelada forma unha enorme liña de cantís (dende a Punta Sarridal na ría de Cedeira ata a Punta dos Aguillóns no extremo do Cabo Ortegal) de esgrevia e descomunal outura (Vixía Herbeira con 620 m. está considerado o cantil máis auto do Atlántico Sur europeo) que a fai practicamente inaccesible por mar, pero existindo numerosos carreiros ou simples vías de baixada ós peiraos que permiten o aproveitamento tradicional dos seus recursos marisqueiros e pesqueiros, ou a explotación gandeira das súas atas herbosas, mesmo ca asenta-


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EMILIO RAMIL GONZÁLEZ / RAFAEL LÓPEZ LOUREIRO

dar a coñecer para superar o descoñecemento que pesa sobre unha das zonas máis orixinais e ó tempo desprotexidas de Galizia, pese a estar no seu territorio o santuario de San Andrés de Teixido, o centro de peregrinaxe máis importante da Galizia tradicional (xerador de folclore e mitoloxía) de cuia importancia etnográfica non teriamos suficente espacio neste artigo para poder comentala; pensar que cada galego está obrigado a peregrinar ata este santuario polo menos unha vez na súa vida só pena de ter que facelo de morto tres, da idea (sen necesidade de contemplar os grandes amilladoiros onde se acumula a pedra levada polos romeiros ao longo dos anos) da importancia que esta pequena ermida que está no cabo do mundo tivo e ten na vida cotiá da Galizia popular.

Lámina 1. Situación da Serra da Capelada

mento de grandes curros e valados de pedras, en lugares dificilmente imaxinables e que constitúen por si mesmos un testemuño histórico de valor incalculable sobre a evolución das técnicas e métodos de explotación gandeira. Esta liña de cantís costeiros é, hoxendía, un espacio natural dun valor extraordinario, tanto pola sua grandiosidade paisaxística como por gardar algúns tesouros naturais únicos, dos que falaremos máis adiante, e mesmo algunha sorpresa orixinalísima, tal o Cantil das Figueiras, unha encanada case vertical por onde baixan as augas da Fonte da Moura e tapizado todo el por unha plantación ventureira de figueiras bravas que se precipitan durante cento de pico de metros, seguindo a escorrentía das augas case ata a mesma beiramar mariña. Brevemente, nas liñas que seguen, queremos amosar algúns rasgos da Serra da Capelada que nos informarán estar diante dunha xeografia especial (en certos aspectos única), con valores naturais, culturais e históricos de primeira orde, que convén

A Xeoloxía e Xeomorfoloxía da Capelada son dunha enorme importancia dentro do contexto ibérico e europeo, polo que ten atraido a atención de numerosas universidades, moi especialmente da U niversidade de Leyden, Holanda, así como das Universidades do País Vasco e Oviedo, sen contar a de Santiago, que continuamente realizan traballos de campo nesta serra, o que ten xerado unha amplísima bibliografía científica a nivel internacional, intentando dilucidar os problemas xeomorfolóxicos que plantexa este territorio, coñecido a nivel técnico como o Complexo do Cabo Ortegal l . A Serra da Capelada é unha das zonas con maior abundancia de minerais diversos, circunstancia que ten movido ás compañías multinacionais (MACÍAS et al., 1987), Chester C. O., Riotinto, Explotaciones Mineras del Cantábrico, a facer sondaxes de exploración en torno a varios minerais susceptibles de explotación: ferro, seixo, caolín, serpentina, asbestos, cromo, etc., así como o rexistro de bo número de concesións mineiras. Si bien existe un gran número de espacios minerales! estos aparecen en bajas concentraciones! por lo que sería posible una minería itine-

1. El area de la Capelada (MACÍAS et al., 1987, 59) se encuentra enclavada en la unidad geológica denominada Complejo de Cabo Ortegal, unidad que forma parte del grupo de complejos polimetamorficos magicos existentes en Galicia. El origen de estos complejos ha sido motivo de gran polémica, siendo precisamente el área del Cabo Ortegal la que ha centrado las discusiones.


A Serra da Capelada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

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Lámina 2. Cantís da Serra da Capelada

rante con épocas de explotación y otras de inactividad (MACÍAS etal., 1987, 34). Do amplo número de rochas diferenciadas que aparecen nesta serra citaremos eiquí só aquelas dunha maior relevancia: rochas gnésicas (gneis de Chimparra gneis de Cariño), anfibolitas (utilizadas na construcción e ornamento de fachadas, anfibolitas de Purrido), ecloxitas (que confiren á Capelada a súa particularidade paisaxística por mor da erosión diferencial, e que representa un dos escasos enclaves de afloramento a nivel mundial), serpentinas (conformadoras da paisaxe máis recoñecida da Capelada a causa da profunda, desigual e fermosa erosión que padecen), e granulitas (rochas que xunto ás ecloxitas podrían llegar a constituir una roca ornamental de elevado precio debido a su rareza u colorido (MACÍAS et al., 1987, 26). Mención aparte -polo que atinxe ó contido do presente artigo- merece a presencia do sílex nesta serra, mineral que non figuraba como representativo nos estudios mineralóxicos ó que tivemos acceso e que nas nasas investigacións de campo ternos atopado en numerosos lugares da Capelada, como Chao do Limo, Ouzal, Alto de Chimparra; no caso do Chao do Limo aparece en concentracións realmente apreciables, e cunha área de dispersión cercana ó quilómetro cadrado. O sílex da Capelada frecuentemente ten aspecto vítreo, cristalino, de grao moi fino, con característica cristalización en burbullas espuJ

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masas, moitas veces traslúcido e con presencia de bandeado, as máis das veces encarnado, o que suxire liñas de evolución do mineral cara ágata e calcedonia. Preséntase en estado nativo, como recubrimento de rochas nai das que hoxendía xa está desprendido, ben como consecuencia da meteorización ou da acción antrópica sobre o mineral. Raramente se presenta en cantos volados. Así aparece salto, a veces formando pedregais e sempre, ou case que sempre, recuberto por unha espesa capa (de 70 cms. na máis profunda) de sedimentos cuaternarios, o que explica a súa ausencia nas análises mineralóxicas da Capelada, xa que só pudo saír á luz gracias ós novas cortalumes, pistas e zanxas de desecación que se fixeron nos derradeiros anos. Témolo atopado así mesmo como placas, en vetas filonianas das rochas na pista que pala parte oriental do Alto de Herbeira leva ó novo parque eólico de Cariño. Estas particularidades (sílex de recubrición, placas filonianas) poderían explicar a abundancia relativa de certos útiles líticos con forma de punta de frecha obtidos a partir da fácil manipulación desas placas de sílex; deste tema falaremos posteriormente.

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Clima da Capelada é oceánico; condicio-

nando os seus parámetros climáticos a altitude dos seus cantís que incrementan así o número de preci-


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pitacións, provocan un descenso de temperaturas e crían ventos máis fortes e constantes. A altitude e a proximidade inmediata do mar dotan dunha néboa case permanente ós cumes dos montes da Herbeira, mesmo nos días de verán con vento de nordeste, formándose o curioso fenómeno do pé de vento, formación nubosa orixinada polos ventos que suben dende a Ría de Ortigueira e que can, nunha catarata de nubes, pola banda noroccidental da Herbeira, desaparecendo o nubeiro no aire a unha altitude determinada. Nos peiraos des tes cantís apréciase un aumento de temperatura, consecuencia dun efecto foe'hn que formaría a coñecida clareira do Cadro ó pé da Vixía Herbeira e que, con menor incidencia, pode apreciarse tamén noutras zonas do cantil. Prodúcense así estimables variacións de temperatura, humidade e vento dentro da zona, segundo consideremos os cumios da serra ou os peiraos da beiramar, existindo numerosos refuxios climáticos nacidos tanto ó abeiro dos grandes rochedos que existen no cantil coma das crebadas encanadas dos ríos e as escorrentías que baixan ó mar. Estes microcosmos climáticos, suavizadores en casos das duras condicións ambientais, non serían desaproveitados polos antigos moradores desta serra, que aproveitarían para facer neles malladas, refuxios ou grandes curros de pedra, como o Curro do Cadro, do que falaremos máis adiante.

Dnha ampla rede de regatos e pequenos ríos drenan a Capelada e sumistran o seu caudal ás dúas máis importantes correntes hídricas, o Río Condomiñas e o Río das Mestas. Outros desembocan directamente polo leste na Ría de Ortigueira, entre eles o Río Seixo (a súa canle discurre dacabalo da falla que dende o peirao de Teixidelo divide a Capelada en dous), o Casón (co seu famoso Pozo do Inferno) e os Morela, Pequeno e Lourido. Xeralmente as cabeceiras destes ríos son pequenas chairas hidromorfas turbosas e pantanosas, conformadores de humedais de altura. Existen tamén correntes de auga que verten poIa banda de occidente directamente sobre a liña de cantís estando sometido o seu caudal pala reducida extensión da súa conca ós indovindos da estiaxe e formando outas fervenzas de auga, tal a do Río

Foto l. Placas de sílex

Limo de douscentos e cincoenta metros de altura, ou a do Regato de Teixidelo, menos outa pero conformadora dunha fermosísima cola de cabalo branca e escumante.

Non estrañará que unha xeografia tan particular propicie a existencia dunha botánica diversa, con presencia de endemismos e especies raras e escasas. Botánica aínda non ben catalogada (sobre todo polo que compete á liña de cantísreserva integral para tódolos autores-dificilmente accesible en moitos puntos e imposible noutros sen material especializado de escalada) que garda rarezas como a Angelica pachicarpa (MACÍAS et al., 1987, 81) e a Fritillaria btsitánica (non citada ata agora en ningún estudio da Capdada) e da que a serra garda unha boa reserva da mesma, e quizais -fallan os estudios especializados- unha subespecie propia. Hoxendía a Capelada sufríu, na súa parte central, un proceso de ruralización e civilización irreversible, véndose entramada de pistas, liñas de alta tensión, parques eólicos, e sendo sustituida a súa típica vexetación de ouzal por pastizais e repoboando o monte con especies foráneas: Eucaliptus globulus, Pinus pinaster, Pinus radiata (MACÍAS et al., 1987, 102), ou a maís antiga de Pinus silvestris que ó non adaptarse ben ás zonas máis ventosas deixou a presencia de bosquetes coreños con exempIares vellos e raquíticos, verdadeiros bonsais ventureiros, hoxe por hoxe unha curiosidade botánica a conservar e admirar pola súa estraña beleza. No ouzal (pese a todo aínda presente en grandes áreas) aparecen as especies asociadas características das que citaremos por endemismo ou escaseza a


A Serra da Cape/ada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

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nivel mundial a Ericka mackiana (tamén a rarísima variedade de flor branca), Ulex galli, Daboecia cantábrica, Erica vagáns ou Brachypodium pinnatum (MACÍAS et al., 1978, 78), existíndo tamén, como xa dixemos ó falar da hidrografía, amplas zonas hidromorfas, pantanosas, ande a pradeira xuncal aparece xunguida ás uces destacando nesta asociación a presencia de Arnica montana, Drosera 1'otundifolia, Pinguicula lusitánica, Drosera intermedia, Carex pulicaris, Carex davalliana ou Schoenus nigricans (MACÍAS et al., 1987, 78). Na Capelada aínda hoxe sobreviven pequenas áreas de bosque atlántico: Cabo Ortegal, San Andrés de Teixido, Can Caracedo, Río Seixo, Penido do Medio, e nalgunhas encanadas do cantil, ofrecéndonos unha idea do que debeu ser unha das vexetacións máis abondosas destas serras que chamaran a atención de Martín Sarmiento na súa viaxe peregrina ás Terras de Teixido.

A riqueza faunística da Capelada é así mesmo notable, coa presencia de mamíferos escasos e xa raros como alondra (Lutra lutra) e doutros máis comúns como o parco bravo (Sus sroÍa), teixugo (Meles meles), corzo (Capreolus capreolus), xineta (Genetta genetta), esquío (Sciurus vulgaris), raposa (Vulpes vulpes), faltando actualmente o lobo (Canis lupus) pero con presencia histórica confirmada como revela a toponimia (Furado do Loberno no Penido Escuro de San Andrés de Teixido) que confirma a documentación de Rafael Usero á que tivemos acceso. Polos cantís vense rabaños de cabuxa común semisalvaxe, practicando un tipo de pastoreo tradicional e histórico propio desta serra. Aniñan nestas terras aves emblemáticas como o falcón (Palco peregrinus), o peneireiro (Palco trinniculus), o merlo azul (Montícola solitaria), as corvas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) e nos humedais de altura aparecen becadas (Scololax rusticola) e becacinas (Gallinago gallinago), mentras que na costa ten desaparecido tristemente o aro (Uria algiae); anda afortunadamente rexenerándose a Ría de Ortigueira, incluída dentro do Espacio Ramsar pala Comunidade Europea, véndase paxareiras de Garceta (Egretta garzetta) nas costas de Cariño, e ofrecendo esta ría un dos máis amplos catálogos en limícolas e anátidas das costas ibéricas.

Foto 2. Fritillaria Lusitánica

Cítanse na Capelada abundantes reptís e anfibios de interese, como a víbora de Seoane (Vipera Jeoanei), cobra da auga (Natrix natrix), lagarto arnal (Lacerta lepida) , lagarto das silvas (Lacerta Jchreibeiri) , ra vermella (Rana temporaria), saramantega (ChiogloJa lusitanica), etc, e citándose (GALÁN REGALADO, FERNÁNDEZ ARIAS, 1993) como un dos poucos enclaves costeiros de lagartixas de serra (Lacerta monticola). A abundancia de insectos e a súa diversidade non fan posible facer unha reseña minimamente reducida no apoio deste artigo, nembargantes non deixamos pasa-la ocasión de dicir que nesta serra pódese ver voar con certa facilidade ás volvolretas macaón (Papi/io machaon) e podalirios (lhiclides podalirius), cada vez máis raras e dificiles de contemplar noutras latitudes nas que foron comúns. En definitiva flora, fauna, xeoloxía, recursos naturais que conforman unha rica paraxe, a Serra da Capelada, que permitiu un uso e dominio do territorio dende a época dos cazadores do Paleolítico ata os tempos actuais, como veremos a continuación.


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A prospección arqueolóxica intensiva e sistemática deste espacio xeográfico amosou unha serie de xacementos arqueolóxicos de distintos momentos culturais, concretemente, paleolítico, megalitismo, cultura castrexa, mundo galaico-romano, época medieval, e século XVIII. A investigación arqueolóxica na Serra da Capelada redúcese á realización de prospeccións arquelóxicas e á edición de dúas obras de carácter científico, publicadas ámba-Ias dúas pola Deputación de A Coruña no ano 1987; a primeira (BELLO DIÉGUEZ et al, 1987) céntrase na relación megalitismo-marco natural, e a segunda (MACÍAS et al, 1987) na teima dun equipo multidisciplinar de potenciar a conservación dos recursos naturais da serra. O traballo de campo inicióuno Federico Maciñeira (MACIÑEIRA, 1942) a primeiros do século XX, inventariando 286 túmulos megalíticos entre as serras Faladoira e Capelada. No ano 1986 a Xunta de Galicia, a través da Consellería de Cultura, desenvolve o Plan para forma-la Carta Arqueolóxica da Comunidade Galega. Prospéctase, entre outros, o concello de Ortigueira (naquelas datas o actual concello de Cariño formaba parte do extenso concello de Ortigueira), inc1uíndose no traballo de campo parte da serra da Capelada. U nano máis tarde o concello de Cedeira forma parte do grupo de municipios obxeto de catalogación arqueolóxica, inc1uíndose a parte da serra que non fora inventariada. Pasarán 10 anos ata que o actual concello de Cariño promova unha prospección sistemática e intensiva, moi centrada na Capelada, por mor do achado de materiais líticos e novos xacementos arqueolóxicos.

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Paleolítico da Serra da Capelada

O estudo do paleolítico galego intensificouse na década dos anos oitenta; nembargantes son máis abundantes os restos líticos, sobre todo en coleccións particulares, que os propios xacementos. Interésanos especialmente o Paleolítico Superior porque esta é a etapa cultural que podemos documentar na Capelada.

Representa este momento cultural en Galizia a Cova da Valiña en Lugo, xa que no xacemento se realizaron campañas de escavacións arqueolóxicas entre os anos 1987-89, dirixidas por Cesar Llana e Ma Xosé Soto (LLANA et al, 1991). O material ergolóxico recuperado, numerosos útiles líticos (raspadores, burís, perforadores, raedeiras, denticulados, etc.) foron traballados unicamente sobre cuarzos e xistos; non hai material traballado sobre sílex. Outro punto sumamente interesante polo seu traballo de campo (prospección con escavación arqueolóxica) é a Serra do Bocelo (CRIADO et al, 1991) onde Dolores Cerqueira, que dirixíu o equipo de traballo do Paleolítico Superior, realizou sondaxes baixo afloracións rochosas que constitúen abrigos, ademais dunha escavación en área no xacemento Pena Camposa; recuperouse industria lítica en numerosos puntos, toda ela traballada sobre cuarzo, algunha cuarcita e cristal de rocha; tampouco hai sílex neste espacio xeográfico, como sucede en xeral na Galizia, onde unha porcentaxe altísima de industria lítica, por mor da escaseza do sílex, está feita sobre cuarzo e cuarcita. Esta situación indícanos a importancia do material lítico localizado na Serra da Capelada, documentándose un elevadísimo volume de sílex, sendo este a materia prima básica sobre a que se traballaría para construír os útiles líticos, con aportes de cuarcita. O xacemento máis interesante, polo seu volume de material, é o Chao do Limo. Localízase no lugar do Limo, parroquia de San Bartolomé de Cariño, concello de Cariño, cunha altitude de 400 metros sobre o nivel do mar. Accédese tomando unha pista asfaltada que parte do lugar da Vacariza en dirección a San Andrés de Teixido, a través da Serra da Capelada; a 300 metros aproximadamente da Vacariza, á dereita hai unha pista sen asfaltar que conduce ó Chao do Limo, atopándose o xacemento Ó longo de dous cortalumes. A tipoloxía do xacemento Ó ar libre ten unhas dimensións que se corresponde coa dos cortalumes, cunha lonxitude que varía entre mil e dous mil metros. Emprázanse nunha penichaira entre os montes do Limo e os cantís. O substrato xeolóxico desta zona está formado por rochas ultrabásicas serpentinizadas que afloran formando abrigos naturais. Os cortalumes teñen unha anchura media


A Serra da Capelada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

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Lámina 3. Sílex do Chao do Limo

de dous metros, foron construídos cunha pala, profundizando trinta centímetros no subsolo, que permite a observación dunha elevada porcentaxe cuantitativa de núcleos de sílex de diferente tamaño, algúns sen restos de desvastado, pero noutros aprécianse pegadas de extracción de lascas. O sílex aparece moi espallado, con zonas de concentracción formando obradoiros de traballo, con numerosos restos de talla tipo lasca, restos de núcleos enteiros e fragmentados, restos de pezas retocadas, lascas con pegadas de uso, bordes mellados, escotaduras, etc. Dado o tipo de actividade arqueolóxica que realizamos, unha prospección para delimitar os xacementos, e dado o volume de material existente, non o recollimos, xa que consideramos que é necesario outro tipo de actuación arqueolóxica de carácter investigador, conformándonos con presentar láminas e fotografías do material atopado, previamente ó traballo de campo que realizamos, por Rafael López 2 • Consideramos o xacemento sumamente interesante porque abre novas perspectivas cara a investi-

Foto 3. Cortalume do Chao do Limo

gaClon do paleolítico na serra da Capelada, como fonte e aprovisionamento de materia prima para a fabricación de útiles líticos. Recoñecido este xacemento, puidemos constatar que en cada un dos cortalumes que visitamos se poden apreciar restos de sílex, en maior ou menor concentración. Estamos indicando unha extensión que abrangue dende o Cabo Ortegal ata San Andrés de Teixido, tomando como puntos referenciais o Chao do Limo en Cariño e Chimparra en Cedeira. As zonas de máxima concentracción no Chao do Limo relacionámolas con abrigos naturais, posibles asentamentos dos grupos humanos que trabalIaban o sílex, que utilizaban o espacio da serra da 2

Rafael López Loureiro amosounos pezas de sílex recollidas por el no Chao do Limo senda este o motivo fundamental da posterior prospección arqueolóxica na que colaborou activamente así como no posterior traballo de datos recollidos para a súa publicación.


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Foto 4. Material lítico da Capelada

Foto 5. Detalle de dúas pezas de sílex do Limo

Capelada, manifestándose como cazadores neceSItados de mobilidade, buscando lugares que lles permitiran outear, variando o seu hábitat en función da súa base económica, a caza. Os abrigos do Limo localízanse tamén no Chao do Limo, moi próximos á marxe esquerda do río Limo. Situados actualmente baixo un piñeiro que fai moi difícil a súa localización, o xacemento consiste en varios abrigos formados por rochedos de gran tamaño, afloracións de ecloxitas e serpentinas, que conforman estructuras naturais permitindo o refuxio en condicións adecuadas para resgardarse do rigoroso clima da serra. Este tipo de asentamento está moi cercano ás abundantes zonas de concentracción do sílex, polo que consideramos unha mais que probable relación. A dedicación do entorno, monte baixo e repoboación de pinos, a propiedade comunal do monte que pertence á Asociación de Gandeiros de Cariño, a súa difícil situación, non fai probable unha agresión a este tipo de xacementos, pero coidamos moi necesaria unha intervención a base de sondaxes arqueolóxicas para caracterizar realmente estos abrigos e o material lítico relacionado, dadas as posibilidades que ofrece cara a investigación do paleolítico galego, se ternos en conta que as clasificacións tipolóxicas e tecnolóxicas se elaboraron en base a útiles fabricados en sílex, materia prima básica na Serra da Capelada.

Iniciouse neste espacio xeográfico un proceso de sedentarización, traballándose grandes superficies gracias ó desenvolvemento tecnolóxico agrícola, aplicándose á tala das árbores, á súa queima, e finalmente o cultivo. A investigación arqueolóxica do megalitismo na Capelada estivo sempre supeditada ós estudos realizados na comarca do Ortegal, ou ben a trabaUos que abranguen unha área xeográfica máis extensa. Os inicios desta investigación debémoslla unha vez máis a Federico Maciñeira. O seu labor consistíu na localización dos túmulos, a súa descrición, e nalgún caso a súa escavación. Posteriormente inventaría, estudia o material ergolóxico recuperado nas remocións de terras, na teima de aclarar a cronoloxía dos xacementos. Finalmente publica os resultados das súas investigacións. Federico Maciñeira adiantou, en certo modo, unha das novas vías de investigación, como é a relación entre megalitismo e medio natural. Sinalou, respecto ás mámoas da Capelada, a inexistencia de túmulos no tercio nororiental, no Macizo Herbeira, por mor da tipoloxía do material petrográfico para a construcción dos túmulos. Esta idea foi suscrita anos máis tarde por investigadores do megalitismo galego baseándose no estudo sobre as relacións entre a cultura megalítica e o marco natural. A hipótese plantexada resultou inexacta; o achado de mámoas cerca de Vixía Herbeira amosou unha continuidade no denominado camiño de Maciñeira ata practicamente o Cabo Ortega!.

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Megalitismo

A seguinte etapa cultural que coñecemos na Capelada é a megalítica.


A Serra da Capelada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

o resultado das prospeccións arqueolóxicas dos anos 1986-87, que realizamos en compañía do arqueólogo Victor Tomás, amosaron, tristemente, unha situación negativa respecto á actuación do home co seu patrimonio arqueolóxico; agresións antrópicas como construcción de pistas, nivelación de terreos para pastos, edificación de estructuras para o gando, etc., provocaron unha tremenda disminución do número de túmulos na serra. Federico Maciñeira catalogou 44 mámoas na Capelada, repartidas entre os conceUos de Cedeira, Cariño e Ortigueira. Desgraciadamente a maior parte están desaparecidas. O conceUo de Cedeira conserva tres campos de mámoas na parroquia de Santa María de Régoa. Campo de Mámoas de As Lamas Este é o lugar con que se coñecen popularmente no lugar máis cercano que é Lamelas. Teñen un emprazamento topográfico nunha ladeira da colina do Chao das Lamas, cunha altitude de 500 metros sobre o nivel do mar. Para acceder ós túmulos o camiño máis fácil é coUe-la estrada que vai a San Andrés de Teixido dende Cariño; denantes baixar ó Santuario tómase unha pista á esquerda que leva ata Reboredo; dous quilómetros despois hai outra pista á esquerda sen asfaltar, despois de recorrer 500 metros vemos as mámoas á dereita do camiño. Os túmulos catalogados son tres. A mámoa na 1, que é amáis pequena, correspóndese co na 37 de Maciñeira; o investigador escavouna no outono do 1897, atopando unha coiraza de cantos rolados e vestixios de cremación. O eixe norte-sur mide 12,10 metros, e o leste-oeste 13,10 metros. O cono de violación mide 2,3 metros de norte a sur, e 3,30 mts. de leste-oeste. Conserva unha laxa, restos dun ortostato que formaba parte do dolmen. A mámoa na 2 correspóndese coa na 38 de Maciñeira. Cando este a inventariou, conservaba tres laxas do dolmen. Actualmente conserva restos de coiraza pétrea e un cono de violación moi profundo. O eixe norte-sur mide 15,20 m., e o leste-oeste 19,70 m. A violación mide 3,70 m. de norte-sur, e 6 m. de leste-oeste.

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A mámoa na 3 correspóndese coa na 39 de Maciñeira. Atópase moi arrasada, presentando un anchísismo cono de violación. Mide 19,80 m norte-sur, 20,30 m. leste-oeste, sendo o túmulo de maior tamaño. O cono de violación mide 8,5 m. norte-sur, 10 m. leste-oeste.

Túmulos de Pedra Chantada Ese campo de mámoas coñécese popularmente polo nome de Pedra Chantada, sendo o lugar máis cercano Reboredo. O seu emprazamento topográfico é nunha penichaira da serra, di ante do Chao das Lamas, cunha altitude de 500 m. sobre o nivel do mar. Accédese desviando da estrada Cariño-San Andrés de Teixido, denantes baixar ó Santurario, nunha pista á esquerda que leva a Reboredo; as mámoas atópanse tres quilómetros despois, á esquerda da pista, á beira do curro, xa que o entorno se adica fundamentalmente a pasto. Os túmulos inventariados son tres. A mámoa na 1 correspóndese coa 34 de Federico Maciñeira, quen a denomina de tipo gals-gals por ter a cámara no subsolo. O mato cobre enteiramente a estructura, impedindo comprobar ditas aseveracións. O eixe norte-sur mide 13,70 m. e o leste-oeste 15 m. O cráter está moi alterado, só podemos dar a medida do eixe leste-oeste que ten 5 m. A mámoa na 2 correspóndese coa na 35 de Maciñeira; segundo este autor, cando foi aberta polos labregos quedou descuberta a coiraza, así como duas laxas de 2 m. pertencentes ó dolmen. O eixe norte-sur mide 18 m., o leste-oeste 21,40 m. O cono de violación ten 6 m. norte-sur e 7 m. leste-oeste. É a de maior tamaño. A mámoa na 3 correspóndese coa na 36 de Maciñeira, quen apuntaba que consevaba unha laxa ou ortostato do dolmen. Actualmente non se conserva, mesmo o cono de violación está case desaparecido sendo imposible darUe unha medida. O eixe nortesur mide 13,70 m., o leste-oeste 14,20 m.

A mámoa de Candales O túmulo recibe o nome do propio lugar de Candales onde está ubicada. Ten un emprazamento topográfico nunha penichaira da serra, cunha altitude de 500 m. sobre o nivel do mar.


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Accédese tomando, igual que os túmulos de Pedra Chantada, a pista a Reboredo; ó chegar á caseta da forestal, situada nun cruce de catro pistas, síguese unha corredoira, situada detrás da caseta, ata o seu remate; a mámoa sitúase á esquerda da corredoira antes da súa finalización. Correspóndese co n° 63 de Maciñeira, e foi excavada por el, asegurando non ter atopado material arqueolóxico nin restos significativos. A medida do eixe norte-sur é de 16 m., leste-oeste 17m. O cráter de violación ten 3,10 m. norte-sur e 3 m. lesteoeste. No concello de Cedeira non se conservan máis túmulos. Constatamos, polo tanto, o elevado número de xacementos desaparecidos dende os traballos arqueolóxicos de Maciñeira, así como a necesidade imperiosa de mentalizar ós concellos para que apliquen rigorosas medidas cara a súa protección se non queren ver cómo desaparecen os derradeiros vestixios desta etapa cultural da súa prehistoria, por outra banda hoxendía defendidos pola Lei do Patrimonio Cultural de Galicia no que se refire concretamente ó patrimonio arqueolóxico. No concello de Cariño ternos catalogados cinco túmulos megalíticos; estes non entraban no catálogo de Maciñeira.

dereita da estrada, a ladeira do monte, destacando sobre a paisaxe a masa tumular. Presenta unha cámara megalítica cun cono de violación moi marcado, enteiramente cuberto de bouza. Conserva a coiraza pétrea ó longo de toda a superficie, de rocha ultrabásica serpentinizada. A outura do túmulo é de 65 cm., cunhas medidas norte-sur de 12 m., e leste-oeste 14 m. O diámetro do cono de violación ten norte-sur 2 m., leste-oeste 3 m.

Mámoa de Campos da Zarza Pertence á parroquia de Santa María de A Pedra. Accédese tomando a estrada que dende San Xeao do Trebo leva a Miranda; 50 m. antes do cruce coa pista que baixa a San Andrés de Teixido, e ó inicio da subida a Miranda, atópase o túmulo na marxe dereita da pista, visible dende a mesma. A cámara megalítica desaparece cara ó S-SL, presentando un cono de violación pouco profundo. Conserva un ortostato e serpentinas formando a coiraza pétrea. As medidas dos eixes, tendo en conta unha masa tumular circular, xa que soamente se conserva a estructura polo N e NO, sería de 12 m. norte-sur, e 13 m. leste-oeste. A outura na zona conservada é de 50 cm., tendo o diámetro do cono de violación 3 m. norte-sur, e leste-oeste.

Mámoa do Coto de Lodeiro Pertence á parroquia de Santa María de A Pedra, tendo o seu emprazamento topográfico na cima do Coto de Lodeiro. Dende a estrada Cariño-San Andrés, a cinco quilómetros, obsérvase á esquerda o seu perfil tumular sobre o coto Lodeiro. Presenta unha cámara megalítica cun cono de violación pouco profundo. A superficie está cuberta de mato, pero obsérvase algunha pedra ultrabásica serpentinizada utilizada para a construcción da coiraza. O eixe norte-sur mide 13 m., o leste-oeste 11 m. A outura do túmulo é de 60 cm. O diámetro do cono de violación norte-sur é de 3 m., leste-oeste 2 m.

Mámoa da Cova da Fornela Localízase tamén na parroquia de A Pedra. Para acceder ó túmulo hai que seguir pola estrada Cariño-San Andrés, deixando atrás o Coto Lodeiro, percorrer 700 m., e subir 100 m., desviándose á

Mámoas de Vixía Herbeira Próximas á garita de vixilancia do século XVIII, Vixía Herbeira, atópanse dous túmulos pertencentes á parroquia de A Pedra. O seu emprazamento topográfico é na ladeira norte do Macizo Herbeira. A mámoa nO 1 localízase a 10m. do cantil, cunha altitude de 570 m. sobre o nivel do mar. A cámara megalítica presenta un cono de violación pouco profundo. Conserva a coiraza e dous ortostatos en posición horizontal e superpostos, desprazados no momento de destrucción do túmulo. A pedra utilizada para a construcción é rocha ultrabásica serpentinizada. O diámetro norte-sur é de 13 m., leste-oeste 12 m. A outura do túmulo é de 50 cm. O diámetro de violación ten 3,5 m. norte-sur, 4 m. leste-oeste. A mámoa n° 2 está a 400 m. da anterior en dirección N-Ni. Dista 90 m. do cantil, cunha altitude de 540 m. sobre o nivel do mar.


A Serra da Capelada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

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Lámina 4. Castro de Concepenido

Presenta a cámara megalítica unha superficie moi arrasada, sendo o cono de violación pouco profundo. Conserva a coiraza e restos dun ortostato en posición vertical, posiblemente ubicado no lugar orixinal. O diámetro norte-sur mide 11 m., lesteoeste 13,5 m. A outura do túmulo é de 30 cm., sendo o diámetro de violación norte-sur 2,4 m., leste-oeste 4,5 m. Descoñecemos a existencia de etapas culturais na Serra da Capelada entre o mundo megalítico e o inicio da cultura castrexa; probablemente hai xacementos que forman parte da arqueoloxía non visible que definirían esas culturas; unha investigación continuada con metodoloxía de traballo diferente a utilizada ata a data confirmaría estas suposicións. O seguinte momento cultural que si coñecemos é finais do Broncelinicio da Idade do Ferro representado polo xacemento Penido do Medio.

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Castro de Pe nido do Medio

A construcción de asentamentos castrexos que coexisten con poboados abertos, evolucionando cara un modelo semellante de arquitectura habitacional

é a definición do paulatino proceso de sedentarización entre os poboadores da área galaica entre o primeiro milenio a. C., e o século V a. C. É o inicio do que vai caracterizar o mundo dos castros, a tendencia á liña curva na construcción (DE LA PEÑA et al, 1996). Os poboados constrúense nos cumes e ladeira de montes, zonas con boas posibilidades defensivas e cercanas a terreos de explotacións agrícolas e gandeiras. O castro de Penido do Medio localízase no cume do monte Concepenido, parroquia de Santiago de Landoi, na Serra da Capelada. É un xacemento incluído dentro da tipoloxía de castros de cima de monte; reforza a defensa natural que indica o seu emprazamento, os pronunciados desniveis das ladeiras de Concepenido, cun sistema de dobre muralla que rodea a croa, construída con bloques ciclópeos de ortoneis e serpentinas que son as rochas que afloran ó longo de toda a superficie do xacemento. No interior do recinto pódense observar estructuras habitacionais que adoptan forma circular construídas co mesmo tipo de material pétreo que o utilizado na muralla.


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Neste xacemento puidemos constatar a existencia de excavacións clandestinas, que afortunadamente cesaron, amosándonos os autores das mesmas anacos de cerámica de pasta moi basta e mal cocida, con degraxantes micáceos de grao moi groso, sen decorar; non puidemos aportar máis datos sobre o xacemento pero son suficintes para situarnos no inicio da cultura castrexa polas terras do Ortegal, que posteriormente, tanto na fase de desenvolvemento desta cultura como durante o mundo galaico-romano vivíu un proceso de gran desenrolo, pero xa centrado na liña costeira, nas rías de Or6gueira-Cariño e Cedeira. A inclusión de Galicia l1unha época de dominio romano abre un período de estabilidade políticoadministrativa a partir do século 1 d.C. que se reflicte na coexistencia pacífica de dous modelos de hábitat, a continuación dos poboados castrexos, e os novos poboamentos rurais como son os vici ou aldeas e as villae, e actividades económicas relacionadas. Na Serra da Capelada coñecemos tres xacementos relacionados con esta nova etapa cultural, a villa de San Xeao do Trebo, e os xacementos de Figueiras e a Vacariza.

A villa romana de San Xeao do Trebo O paulatino paso da cultura propiamente castrexa Ó mundo galaico-romano concrétase na vertente occidental da Serra da Capelada, no extremo oposto a San Andrés de Teixido, entre o Cabo Ortegal e o pobo de Cariño, no xacemento de San Xeao. Pertence á parroquia de San Bartolomeu de Cariño; accédese tomando a pista Cariño-Cabo Ortegal ata o lugar de San Xeao, baixándose por un sendeiro (hoxe desgraciadamente convertido en pista asfaltada) ata o xacemento. Consiste nunha serie de terrazas que cobren parte da ladeira do monte sobre o que se asenta a Capela de San Xeao. Nos cortes do terreo aprécianse restos de tégulas, ímbrices, e cerámica común romana. Esto motivou que no ano 1987 se realizara unha sondaxe estratigráfica, somentes para verificar aspectos constructivos do xacemento; o resultado da intervención amosaron dous lenzos de muros de mampostería soterrados a 1 m. de profundidade, restos de pavimento opus caementicium, ademais de

restos ergolóxicos basicamente cerámica común e tégulas. Estaremos diante dunha villa tardía sque aproveitaría os recursos agrícolas, gandeiros, e os relacionados coa actividade pesqueira, o marisqueo e o comercio. O xacemento sitúase baixo a Capela de San Xeao e no seu entorno. A cristianización deste mundo chamado pagano das vilas romanas realízase a partir dos séculos V-VI d.C., construíndo lugares de culto; en San Xeao reutilízase material constructivo da villa para ergue-Ia Capela, como se aprecia nas cimentacións, sufrindo posteriores remodelacións ó longo dos séculos, pervivindo ata hoxe como unha das romaxes máis antigas de Galizia. A realidade ven acompañada de mitos e lendas, intimamente relacionadas co Santuario, que recollen os investigadores orteganos Maciñeira e Bascoy, dende a descrición da figura humana de San Xeao como mariñeiro e cazador, reflexo da propia imaxe do santo, ata os topónimos dos lugares próximos como Figueiras, Fonte da Moura, coas lendas do canto do galo no interior do penedo, e a sua fonte inesgotable de máxicos tesouros, a desaparición de rabaños de cabras, todo no incomparable marco escénico da Serra da Capelada, coas súas testemuñas do paso evolutivo das diferentes culturas.

Xacemento romano de Figueiras, Fonte da Moura Relacionado coa villa de San Xeao está este xacemento Ó que se accede tomando a pista Cariño-A Vacariza ata a derradeira casa do lugar onde se colle unha corredoira que conduce ós cantís situados detrás da Vacariza. Pertence á parroquia de San Bartolomeu de Cariño. Ten un emprazamento topográfico nunha chaira baixando os cantís da serra, entre a Vacariza e a Punta dos Aguillóns. Apréciase un traballo artificial na ladeira do cantil formándose unha pequena chaira de 600 metros cadrados aproximadamente, protexida dos fortes ventos que afectan á serra. Entre o toxal que cobre o xacemento aprécianse restos de muros de mampostería así como numeroso derrube de pedra procedente da estructura hoxendía soterrada. Situada a 30 m. do xacemento hai unha fonte de auga coñecida polo topónimo Fonte da Moura.


A Serra da Capelada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

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Foto 6. Trincheira extractiva de As Lagoas-A Vacariza

Fóra do xacemento, un veCIno de Cariño amosóunos anacos de material de construcción, basicamente tégula romana, afirmando que a recollera no xacemento. Posiblemente o xacemento adícabase á explotación de recursos primarios; a ubicación no cantil, o achado de material constructivo romano, o derrube de muros, a relación coa Fonte da Moura, a proximidade a San Xeao, tódolos datos apuntan como hipótese de trabaBo, que Figueiras se adicou á explotación de recursos gandeiros, de longa tradición na serra.

Minería romana de A Lagoa, lugar de Vacariza Relacionamos este xacemento, dada a sua próximidade, coa villa de San Xeao. Pertence tamén á parroquia de San Bartolomeu de Cariño, accedéndose pola estrada Cariño-Cedeira a través da serra da Capelada; a 2 quilómetros da Vacariza hai unha pista á dereita, de 300 metros de lonxitude que enlaza cun cortalumes; séguese o cortalumes ó longo de 2 quilómetros ata o xacemento situado baixo un piñeiro. Localízase no Chao do Limo, no monte A Lagoa próximo ó cantil da Coba, situado entre A Vacariza e Punta do Limo, tendo unha extensión de 700 metros cadrados.

Foto 7. Rachas do Limo con manchas férricas

Trátase de duas explotacións mineiras conSIStentes nunha estructura de trincheira irregular que foi aberra, ben con martelo de pedra, ben con cinceis de bronce ou ferro, buscando economizar os labores perforativos, obtendo unhas trincheiras angostas. Seguindo a veta ou filón extráese o mineral que interesa; pensamos que sería o ferro xa que as rochas actualmente amosan restos deste mineral, deixando intacto o resto da materia prima. Sobre a zanxa aparecen unhas lousas que fan de tapadeira relacionándose coa idea de travesaños. Nun extremo da zanxa extractiva hai unha estructura circular que podemos relacionar coa actividade mineira; semella os restos dunha mámoa; os túmulos megalíticos coñécense en ocasións como fornos poIa sua semellanza cos fornos de leña para obter o carbón vexetal; poden utilizarse como tales aproveitando o cráter de violación preexistente. Podería ser a entrada Ó pozo mineiro ou ben os restos dun forno de fundición. Atopamos restos de escoura de ferro sobre as rochas do lugar.


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Foto 8. Pena do Castelo

Ata a data non se tiña constancia da existencia de restos de minería antiga na Serra da Capelada. Coidamos moi interesante continuar esta liña de investigación, xa que dado o valor xeolóxico deste espacio xeográfico pode amosar datos relevantes para o estudo das actividades extractivas dende o calcolítico ó mundo romano da zoa. Lámina 5. Garita do Limo

o Mundo Medieval Coñecemos na Serra da Capelada dous xacementos arqueolóxicos desta etapa cultural, Pena do Castelo e O Curro do Cadro.

Pena do Castelo Pertence á parroquia de Santa María de A Pedra. Accédese tomando a estrada Cariño-A Miranda pola Capelada; dous quilómetros denantes a cima da Miranda hai un cruce de dúas pistas, a da dereita conduce á Fraga da Zarza, e a da esquerda, despois de percorrer un quilómetro remata moi cerca da Pena do Castelo. Situado na cima dun esporón montañoso cunha altitude de 300 metros sobre o nivel do mar é un gran rochedo abrupto, de moi difícil acceso, circundado pola súa base por un sendeiro. Aprécianse muros de pedras rectos, de cachotería, cimentados sobre os rochedos naturais; tamén hai restos de grandes laxas extraídas deste rochedos, utilizados para a construcción das paredes. A parte superior é unha plataforma chá, moi erosionada. No entorno do Castelo hai unha grande variedade de pedra procedente do derrube, algúns sillares, tella, etc.

A situaclOn do xacemento, exposto a eroslOns naturais, o seu abandono, provocou o derrube das construccións existentes; somentes quedan restos de muros de cachotería, e un pequeno nivel fértil arqueolóxico. Aparece moita tella curva e numerosos anacos de cerámica, que pola súa pasta, cocción e tipoloxía, sitúan o xacemento na Alta Idade Media.

o Curro do Cadro}

Pola dos Curros Situado no lugar de O Cadro, parroquia de Santa María de A Pedra, accédese tomando a estrada Cariño-Cedeira pola Serra da Capelada; denantes chegar á Garita Vixía Herbeira báixase á dereita polos cantís do Cadro onde se sitúa o xacemento nunha chaira abrigada e protexida dos fortes ventos; hai no lugar un microclima que permite durante a época máis rigorosa do inverno atoparse cómodo. Moi próximo está o ría Limo. O xacemento está definido por catro estructuras circulares, de muros ciclópeos, cun diametro que varía entre 15-20 metros, aflorando sobre a vexetación as pedras que conforman as construccións. No interior dunha das estructuras circulares apréciase a cimentación dunha construcción rectán-


A Serra da Capelada: patrimonio arqueolóxico e patrimonio natural

guIar de 4x2 metros cadrados, posibelmente os restos dun refuxio de pastores. Noutra das estructuras hai un furado circular de 3 metros de diámetro. O lugar coñécese polo topónimo Pola dos Curros; o tamaño das construccións é grande para plantexarnos que fosen habitacións; a súa ubicación, a permanente presencia de bestas, son datos que indican un curro medieval con pervivencia de culturas antigas, abrindo unha vía investigadora. A Garita do Limo Recorremos unha viaxe no tempo pola Serra da Capelada que cerramos no século XVIII coa Garita do Limo. Pertence á parroquia de San Bartolomeu de Cariño, estando situada na cima do Monte Limo, cunha altitude de 550 metros sobre o nivel do mar. Accédese tomando a estrada Cariño-Cedeira pola serra; a 7 quilómetros de Cariño hai un cortalumes á dereita que é preciso subir durante 2 quilómetros ata a cima do monte Limo onde se sitúa a Garita. A estructura ten planta rectangular. Sobre o punto máis outo do rochedo do Limo hai un trabaIlo artificial de muro de cachotería feito con ecloxita e serpentina, delimitando un espacio constructivo do propio edificio. Este conserva dous esquinais das paredes, un deles de 2 m. de outura, e parte dos lenzos de cachotería. Aparece derrube polo entorno. Un dos lados mide 9 metros sendo imposible dar máis medidas. Na época de Carlos III, no século XVIII, na comarca do Ortegal construíronse unhas sinxelas estructuras para vixiar as costas, Garita Vixía Herbeira en Cedeira, Garita de Espasante, e Garita do Limo. As posibilidades para vixilancia, os numerosos outeiros que ofrece a Serra da Capelada, indican a súa utilización dende os tempos máis antigos ata os máis modernos como aínda podemos observar no Gargacido onde se conservan os restos dun edificio construído durante a Guerra Civil.

CONCLUSIÓNS Este trabaIlo que presentamos non é senón un paso máis, necesario por outra banda, do longo camiño investigador que pensamos percorrer pola

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Serra da Capelada. O coñecemento dos estudos realizados polos nosos clásicos, os nosos trabaIlos de campo, son na realidade o inicio dun trabaIlo que debe ser moito máis enriquecedor e que debe completarse con outros métodos de traballo distintos que a mera prospección arqueolóxica. Pero este aspecto que plantexamos depende exclusivamente de nós e das institucións relacionadas coa política de investigación do patrimonio arqueolóxico galego. Hai Olltro aspecto, moito máis importante nestes momentos, que depende de todos. É a necesidade de concienciarnos e mentalizarnos para evitar con tódolos medios ó noso alcance que a Serra da Capelada se vexa agredida por actuacións antrópicas de calquera tipo que danen o seu rico patrimonio arqueolóxico e natural, un patrimonio que dende o Paleolítico ata hoxendía contribuíu a darIle os actuais rasgos culturais ós concellos de Cedeira e Cariño.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 39-45

cÁMARA MEGALÍTICA DE ZARRAMACEDO (CONCELLO DE SANTIAGO)

JUAN JOSÉ ALONSO BRAÑA

Apartado 435 Santiago de Compostela

Resumen: El propósito de este trabajo es informar de la localización de una nueva cámara megalítica, próxima a la ciudad de Santiago de Compostela. Se aborda un sintético análisis del contexto arqueológico, desde un punto de vista formal, descriptivo e interpretativo. Abstract: Zarramacedo's Megalithic Chamber (Municipality of Santiago). The purpose of this work is to report about to localitation of a new megalithic chamber, near of the Santiago de Compostela town. A synthetic analysis is undertaken from a formal, descriptive and interpretative point of view.

INTRODUCCIÓN La cámara megalítica objeto de estas líneas se localizó en enero de 1993, cuando se visitó un túmulo próximo que había sido ya inventariado en 1987. En consideración a la relevancia del monumento, se realizó un estudio del mismo a fines de inventario administrativo y, desde una perspectiva más ambiciosa, enmarcarlo dentro de su contexto arqueológico. Con este objeto se estudiaron las relaciones perceptibles establecidas con otros yacimientos y con el marco ambiental. En esta búsqueda, se parte de que las relaciones establecidas suponen una base física que da forma a la sociedad y permite acceder a la matriz significante de la mIsma.

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA La parcela donde se encuentra la cámara recibe el topónimo da As Derramadas y pertenece a la aldea de Zarramacedo en la parroquia Bando del Concello de Santiago. Las coordenadas aproximadas de 42° 52' 41" N. y 8° 27' 18" se obtuvieron a partir de la cartografía publicada por los Servicios de Fotogrametría de la Xunta de Galicia en escala 1:10.000 (hoja 95-4,1).

La parroquia de Bando se localiza hacia el SE del Concello de Santiago en su límite con Boqueixón. El contexto de la cámara se caracteriza por formar una braña en la divisoria entre los valles del Tambre y el Ulla. La altitud oscila entre los 400 y los 410 m. Presenta gran uniformidad topográfica derivada de conformar una planicie flanqueada de elevaciones que la cierran parcialmente en el sentido del interfluvio y abierta hacia los dos valles por sendos arrollos que nacen en ella.

DESCRIPCIÓN DEL YACIMIENTO La cámara contaba con un túmulo de tierra y piedras hoy desaparecido. Sin embargo, no se puede afirmar la existencia de estructuras integradas en éste como anillos, coraza, atrio o contrafuertes. Actualmente conserva 8 de los 9 ortos tatos que la conformaron, un ortostato ha sido retirado. La planta de la cámara es poligonal con tendencia ligeramente elíptica. El eje longitudinal que está orientado en dirección ESE, alcanza en su parte interior y en el nivel de base de la parte descubierta 185 cm, el eje transversal alcanza en su parte interior 155 cm.


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La altura de la cámara no puede ser precisada pues permanece en parte enterrada, la parte que sobresale del terreno oscila entre 120 y 70 cm. Considerando que uno de los ortostatos, el que fue retirado, alcanza 150 cm es admisible suponer que los ortostatos in situ esten enterrados unos 75 cm aproximadamente. Los ortostatos se inclinan hacia el interior de la cámara cerrando en altura. Aunque es posible que la cámara haya tenido una losa de cubrición, la información recogida en este sentido es contradictoria y no permite afirmar nada. El interior presenta una acumulación de piedras de entre 15 y 50 cm, de las que es dificíl determinar si formaron parte de estructuras internas o externas a la cámara. En la estructura destaca la existencia de un vano de forma triangular conseguido mediante la disposición de dos ortostatos que, rompiendo la imbricación del conjunto, se abren en su base y elevados ligeramente por encima de los ortostatos contíguos, se apoyan en altura sugiriendo un pórtico o umbral de acceso al interior. En la composición de la cámara se utilizaron dos tipos de roca, esquisto de tonalidad oscura y granitoide de tonalidad clara. Del total de ortostatos 6 son de esquisto y 3 (incluyendo el que fue retirado) graníticos. Los ortostatos oscuros se sitúan al sur del eje E/O, mientras que los más claros se sitúan al N de este eje. Sin embargo el eje E/O no es coincidente con el eje mayor de la cámara que se sitúa, como se dice más arriba, ONO/ ESE. Destacamos este punto porque muy probablemente encierra una clave simbólica que determina estructuralmente a esta sociedad. Los bloques de esquisto oscuro podrían provenir de una afloración próxima (150 m en dirección SSO) de forma tumular y de la que se podrían haber extraído más bloques hasta haber completado la cámara. El hecho de que se eligiese otro tipo de roca implica un contenido simbólico. Muy probablemente también esta elección señala una contraposición estructural (C. LÉVI-STRAUSS 1973).

ARQUITECTURA Y TIPOLOGÍA Desde el principio, los estudios sobre megalitismo han ido elaborando una clasificación tipoló-

gica basada en la arquitectura de los monumentos. No existe un criterio único establecido al respecto aunque sí una tendencia clara a considerar una evolución de formas desde la cámara poligonal simple (RODRÍGUEZ 1990), que había sido ya mantenido por Leisner (1959) y que actualmente confirman y precisan las dataciones de C14 tanto en Galicia como en el N de Portugal (CRUZ 1980; JORGE 1989; FÁBREGAS 1991 y 1995; ALONSO y BELLO 1996). A pesar de probables alteraciones de elementos estructurales, es posible encuadrar esta cámara entre las simples sin corredor, y por tanto, incluirla dentro de un tipo de monumento que comienza a levantarse hace 6000 años grosso modo. Algunas cámaras del norte de Portugal de arquitectura similar han sido datadas con C 14 como Meninas de Castro 2 aORGE 1983) y han aportado fechas en torno a 6000 años (5260± 50 BP que calibrado se sitúa entre 4300 y 3850 AC.) Aunque existen otros ejemplos con dataciones que indicarían fechas más recientes (Outeiro de Ante 1, Outeiro de Ante 3). En Galicia existe cierto paralelismo con cámaras como As Rozas, aunque en este caso la similutud se reduciría a la existencia de un acceso al interior. Las implicaciones derivadas de la existencia de un acceso al interior serían una mayor complejidad del ritual y la monopolización del mismo en favor de una elite que a través del contacto con el interior de la cámara obtendría una legitimización de su estatus aORGE 1992). Sin embargo hay que señalar que la afinidad tipológica de esta cámara es sólo probable puesto que es necesario tener en cuenta la alteración sufrida por la misma. Por otro lado, no constituye nuestro objetivo final datar este yacimiento, si bien pensamos que su datación relativa contribuye en la reconstrucción del paisaje social.

MATERIAL ARQUEOLÓGICO No se conoce la existencia de materiales asociados a la cámara, sin embargo es necesario mencioanar que en el entorno de la misma a una distancia de 900 m y en relación a otros túmulos (Penedo de Vigo), han sido localizados materiales por parte de algunos vecinos. Al que subscribe le


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Cámara megalítica de Zarramacedo (Concello de Santiago)

Fig. 1. Localización del yacimiento.

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o Fosa

-Túmulo DISTRIBUCiÓN DE YACIMIENTOS

Fig. 2. Topografía y distribución. 1. As Derramadas; 2, 3 y 4. Coto da Medorra; 5. Castelo de Vigo; 6 y 7. Penedo de Vigo; 8. As Trapuzas; 9 Zanca da Medorra.

Fig. 3. Perfiles topográficos. 1. As Derramadas; 2. Coto da Medorra; 3. Penedo de Vigo; 4. Castelo de Vigo. 5. As Trapuzas.


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JUAN

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ALONSO BRAÑA

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Fig. 4. Alzado frontal de la cámara.

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Fig. 5. Planta de la cámara.

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Fig. 6. Vista frontal de la cámara.

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Fig. 7. Vista Posterior de la cámara.


Cámara megalítica de Zarramacedo (Concello de Santiago)

fue mostrada un hacha pulimentada, pero el conjunto parece haber estado compuesto además por una microhacha o azuela y dos puntas de flecha. La falta de precisión de su procedencia y la inexistencia de un contexto estratigrafico devalúa el valor documental de estos materiales. Por otro lado, las limitaciones del estudio de los materiales están puestas de manifiesto por los diferentes valores funcionales y simbólicos que un mismo material puede tener en diferentes sociedades (VICENT 1995).

CONTEXTO ARQUEOLÓGICO En el entorno de la cámara se encuentran diseminados varios túmulos y una estructura circular. Hacia el SSE de la cámara, a unos 250 m de distancia y al pie de un camino, se encuentra Coto da Medorra, un gran túmulo de más de 30 m de diámetro con indicios de haber albergado una gran cámara, en el que curiosamente coinciden dos factores: señala el punto de divisoria de aguas y señala también la división administrativa entre Santiago y Boqueixón. Muy próximo a este túmulo existía hasta no hace mucho otro de (23 m diámetro), hoy roturado por las máquinas hasta su total desaparición, sólo queda la impronta del lugar que ocupaba en forma de distinta coloración de la tierra. Un poco más alejada también hacia SSE, al pie del mismo camino, se encuentra una pequeña depresión circular (24 m de diámetro) que probablemente forma parte del conjunto megalítico. Aproximadamente 400 m hacia el SSE, después de ascender por este camino que sale de la planicie hacia el SE para luego bajar hacia el Ulla, se encuentran otros dos túmulos que hemos llamado Penedo de Vigo 1 y 2, por figurar así en la cartografía 1:25000. Uno de ellos presenta coraza y miden respectivamente 17 m de diámetro. A NE de estos últimos se encuentra otro túmulo que denominaremos Castelo, de aproximadamente 20 m de diámetro sobre el que se asienta un vértice geodésico del IGN. Más alejados se encuentran otros túmulos, hacia el N de la cámara y a una distancia aproximada de 1500 m; muy próximo a TVG se encuentra Zanca da Medorra, al pie de un antiguo camino. A 1300

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m aproximadamente hacia el NO de este último, se encuentra otro túmulo, próximo al lugar de Cruceiro. Muy cerca de este último se encuentra además el topónimo Monte Medorra. Hacia el S de la braña donde se encuentra la cámara también se localiza otro túmulo, As Trapuzas, esta vez a una distancia de aproximadamente 2000 m. aprovechando una pequeña planicie del lugar de Rubio (Boqueixón). Ya que la zona no ha sido por el momento prospectada de forma sistemática no sería nada extraño la existencia de otros yacimientos relacionados con los ya mencionados. A NE de la cámara y a una distacia aproximada de 50 m existe una ligera protuberancia del terreno que, aunque no se puede afirmar nada ya que se necesitaría realizar un sondeo para ello, podría tratarse de otro túmulo muy rebajado.

INTERPRETACIÓN El área en que se localiza la cámara destaca por una potencial versatilidad económica. El carácter endorreico le permite contar con pasto todo el año y en torno a la zona húmeda encontramos varios tipos de suelo, tanto ligeros, los más abundantes, como otros de tipo medio especialmente aptos para cultivos de rozas. Algunas zonas presentan zonas espesas de bosque de roble y hasta no hace mucho se fabricaba carbón vegetal en el entorno de los túmulos. Por todo lo dicho anteriormente encontramos que sería un área potecialmente dotada para una economía basada en el aprovechamiento de los pastos, acompañada de cultivos de rozas. Esta misma versatilidad presentada disminuye sin embargo la capacidad para concretar si un aspecto domina sobre el otro. Sin embargo, si se tienen en cuenta las fechas de C14 presentadas más arriba, deberíamos pensar en una temperatura más cálida en la que la existencia de pasto permanente sería un factor primordial para caracterizar esta zona. Destaca, por otro lado, la presencia de los túmulos flanqueando caminos tradicionales y que acostumbran a salvar los obstáculos topográficos por los puntos más favorables, resumiendo de esta manera las zonas de desplazamiento lógico con


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medios primarios. Si nos atenemos a esta lógica de la movilidad debería ser tenido en cuenta que la existencia de túmulos fuera del área inmediata a la braña parece indicar vías de deplazamiento usadas con preferencia y que parecen ser anunciadas visualmente en el entorno por una cuidada localización de los túmulos, en las zonas de acceso. Insistiendo en este aspecto de la geografía de la movilidad, la misma braña parece ocupar un área de tránsito o collado entre el valle del Tambre y el del Dlla. Otro aspecto que, como los anteriores, está presente en zonas con presencia de túmulos es la localización de afloraciones muy próximas a algunos de los túmulos. Ya se mencionó el hecho de que la cámara está flanqueada a SO por una afloración de esquisto con forma de túmulo. Pero también Castelo y Penedo de Vigo se localizan muy cerca de afloraciones. Para finalizar, ya de pleno en aspectos puramente simbólicos, queremos destacar dos aspectos. Por un lado, la presencia del túmulo llamado Coto da Medorra, en la divisoria de aguas, donde nacen dos arroyos, uno que desciende hacia el Tambre y otro que lo hace hacia el Dlla. Por otro lado, recordamos también la composición de la estructura de la cámara utilizando dos tipos de roca, una de colaración clara y otra de colaración oscura que, a nuestro entender, puede estar señalando una oposición estructural dentro de la sociedad que levantó el monumento.

PERSPECTIVA SOCIOCULTURAL A partir de la conservación del monumento, que como hemos visto supone por su antigüedad la arquitectura más antigua conocida del Concello de Santiago, pensamos que debe articularse una actuación patrimonial dirigida a un completo inventario de la zona, lo cual significa primero la prospección intensiva del entorno. La necesidad de un completo inventario queda puesta de manifiesto por la conservación de esta cámara, salvada por la casualidad. Con un criterio más amplio pensamos que la verdadrea conservación de estos fragmentos de paisaje prehistórico debe incluir no sólo determinados monumentos más significativos sino

también desde una óptica contextual la parte significativa del paisaje en que se enmarcan. Incluyendo los caminos tradicionales, las afloraciones y todos los túmulos o estructuras relacionados ya que juntos conforman el paisaje prehistórico. Esta perspectiva considera pues que los yacimientos deben ser comprendidas integrados en grupos significativos y no como entes individualizados. La posibilidad de que las áreas periurbanas con fuerte crecimiento acaben con este paisaje prehistórico es inminente y las medidas de protección deben ser por ello puestas en marcha sin demoras.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 47-61

PLACAS, ESTATUAS, ÍDOLOS. REPRESENTACIONES ANTROPOMORFAS MEGALÍTICAS EN GALICIA. A CARBALLEIRA (PONTEVEDRA)

P.

BUENO RAMÍREZ

Area de Prehistoria. Univ. Alcalá de Henares E.mail: babtt@arrakis.es

R. FÁBREGAS VALCARCE Area de Prehistoria. Univ. Santiago de Compostela E.mail: phfabreg@ttsc.es

P.

BARCIELA GARRIDO

Santa Marta de Arriba, 10, 3°D. 15706 Santiago de Compostela E. mail: barciela.pilar@terra.es

INTRODUCCIÓN La investigación de los últimos años en el Sur de Europa ha valorado como un conjunto específico el denominado Arte Antropomorfo Megalítico (A. D'Anna, 1977), en el que habrían de contemplarse todas las producciones de este carácter en el marco de las sepulturas colectivas, ámbito que incluye las áreas de habitación de los constructores de monumentos. La aplicación de estos presupuestos a los elementos escultóricos ibéricos tardó en llegar. A partir de finales de los 80 y sobre todo en los 90, comienzan a situarse algunas piezas en el contexto de las estatuas-menhir y estelas antropomorfas europeas (Bueno Ramírez, 1983, 1984, 1987, 1990, 1991b, 1995; Bueno y Fernández-Miranda, 1981; Bueno et alii, 1985). La asimilación de esta clasificación suponía la aceptación de fechas paralelas al desarrollo del megalitismo ibérico para estatuas-menhir y estelas antropomorfas que, hasta esos momentos, se integraban en la edad del Bronce, incluso bastante avanzada (Almagro Basch, 1966; Almagro Gorbea, 1977). Sólo la investigación anterior a la Guerra española había situado este conjunto en relación con el fenómeno europeo (Cabré et alii,1914 ), idea que tras el exilio de gran parte de estos investiga-

dores, se olvidó a favor de un cerramiento de fronteras social y político que se aplicó del mismo modo a los fenómenos prehistóricos (Bueno y Balbín, 1998:44). Como decíamos, a finales de los 80 se retoma la visión europeista de la Prehistoria peninsular sobre la estatuaria antropomorfa megalítica ibérica, con la ventaja de que la Península muestra una abundante serie de referencias mobiliares de este carácter localizadas en contextos diversos y agrupadas genéricamente bajo la denominación de ídolos (Almagro Gorbea, 1973). La acumulación progresiva de datos sobre este panorama escultórico se complica cuando, también en contextos sepulcrales, la imagen humana aparece pintada o grabada en una situación claramente conectada con las piezas escultóricas a las que nos referíamos arriba, ya sean de mayor o menor tamaño (Bueno y Balbín, 1994, 1996, 1997a). Por ello, consideramos necesario establecer una serie de premisas para el análisis de estas piezas que, además de su forma específica o tamaño, valoren su ubicación en los espacios funerarios y las posibles agrupaciones estilísticas que quizá estén manifestando versiones étnicas (Bueno Ramirez, 1995; Bueno y Balbín, 1996). Las figuraciones antropomorfas megalíticas sean estatuas, estelas o figurillas de diversa índole,


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ocupan espacios muy similares en el interior del receptáculo sepulcral. Más aún, muchas de ellas son piedras sin gran transformación artificial y ocupan los mismos espacios que piezas más destacadas desde el punto de vista escultórico (Bueno Ramirez et alii, 2000). Por tanto, formas y tamaños, constituyen especializaciones regionales que la investigación tendrá que valorar en el futuro para establecer redes de intercambio y conexiones culturales más próximas e, incluso, la presencia de talleres y con ello, de un artesanado (Bueno Ramirez, 1992:580), que dibuja el megalitismo una vez más-, como la expresión de conjuntos sociales no igualitarios.

LA ESCULTURA MEGALÍTICA EN GALICIA Al panorama arriba descrito, se sumaba la idea de que los denominados "ídolos" constituían una expresión exclusiva del Sur peninsular como el producto de su profunda relación con el ámbito oriental al que se adscribían estas manifestaciones (Almagro Gorbea, 1973; Acosta, 1968). Al Norte, las expresiones funerarias se remitían a la decoración de los ortostatos, fundamentalmente pintadas (Shee, 1981). Por tanto, no existían ídolos al Norte, ni pintura megalítica al Sur. Los trabajos de los últimos años (Bueno y Balbín, 1992, 1997a, 2000b) han desmantelado estos presupuestos cargados de un determinismo geográfico, no exento de cierto nacionalismo, aplicado al concepto del megalitismo noroccidental, este último auténtico megalitismo atlántico del que las arquitecturas sureñas serían ejemplos tardíos y con poca personalidad. Si las ideas preconcebidas aplicadas a la dispersión del Arte Megalítico se derrumbaron, tambien fué así en lo que se refería a las figuraciones antropomorfas escultóricas que, a finales de los 80, comienzan a tomar un gran protagonismo en relación con los espacios abiertos que preceden los sepulcros (Bello 1994; Fábregas, 1991; Rodríguez Casal, 1989 y 1992). A partir de ahí se impone otra versión, según la cual los ídolos-guijarro (Fábregas, 1991:170), son propios del megalitismo noroccidental y aparecen en el transcurso de una evolución arquitectónica

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que traduce una complejidad ideológica, según la cual el ritual megalítico habría ido conformándose de un modo más sofisticado y con un mayor protagonismo de los actos públicos simbolizados por los atrios y por las figurillas en ellos ubicadas (Fábregas, 1993: 98). La denominación de ídolos-guijarro, procede de la propuesta en su día por Almagro Basch para algunas piezas antropomorfas extremeñas (Almagro Basch, 1969), pero se centra en la versión más simple de las piezas antropomorfas del noroeste que se presenta bajo la forma de cantos con pocas modificaciones. Se insistía en la relación con el Sur, especialmente con el horizonte Millares, sobre todo para las piezas más elaboradas, lo que abocaba a una cronología a partir de la segunda mitad del III milenio a.C. Las figuras antropomorfas detectadas en el megalitismo peninsular van incrementándose, al igual que las del Noroeste, a medida que las excavaciones se plantean con perspectivas más globalizadoras. En el caso de Galicia, destaca que la originaria situación próxima a la costa (Fábregas, 1991), se amplía hacia el interior, como indican las piezas de As N amelas 3, Paredes de Abaixo o la misma de A Carballeira que ahora nos ocupa (Figura 1). Esta situación interior no sorprende, ante las evidencias de figuracions antropomorfas en Asturias y el País Vasco, como ya argumentamos en trabajos anteriores (Bueno y Balbín, 1994 y 1996). Las nuevas evidencias muestran relaciones entre las diversas versiones, constituyéndose en empresa difícil establecer tipos cerrados. El incremento de su variabilidad corre parejo con una clara ampliación geográfica de su localización. Podemos afirmar la generalizada presencia de estatuillas de carácter vario ocupando las zonas de entrada de los monumentos tanto en el Noroeste, como en el Centro y Sur de la Península (Bueno y Balbín, 1996 y 1997a; Bueno et alii, 1999 y 2000). La mencionada ampliación de la documentación de figurillas en toda la Península, afecta igualmente a los contextos domésticos y plantea la problemática de la variedad formal de estas expresiones, incluyendo en ellas estatuas de mayor o menor tamaño, esculturillas, placas, menhires o estelas que forman parte de los soportes funerarios (Fábregas y Penedo, 2000; Bueno y Balbín, 1997 c). Las


Placas, estatuas, ídolos. Representaciones antropomorfas megalíticas en Calicia. A Carballeira (Pontevedra)

Figura 1. Situación de las piezas antropomorfas localizadas en el megalitismo gallego: Piezas sobre canto o elementos afines (círculo); Estelas (cuadrado); Betilos (triángulos); Placas (estrella); Menhires (asterisco) l.Dombate, 2.Parxubeira, 3.Cova da Moura, 4.Axeitos, 5.0s Campiños, 6.As Namelas 3, 7.Paredes de Abaixo, 8.Gargantáns, 9.Poio, 10.A Caeira, 11.A Carballeira, 12.Chan de Castiñeiras, 13.As Forcadas.

distintas denominaciones (Bueno Ramírez, 1995: 78), se quedan escasas para definir la realidad de un conjunto escultórico antropomorfo asociado al megalitismo que tiene como elemento más destacado lo normativo de su ubicación en el espacio funerario (Bueno y Balbín, 1994, 1996, 1997a). Las figurillas en los atrios de monumentos beiranos (Gomes,1996), meseteños (Bueno Ramírez, 1991; Bueno et alii, e.p.; Delibes y Santonja, 1986), extremeños (Bueno Ramírez et alii, 2000) o andaluces (Bueno y Balbín, 1996, 1997a; Bueno et alii, 1999) y sus fechas, al igual que las de ejemplos similares en el ámbito de las placas decoradas, nos remiten al IV milenio a.C. sin calibrar (Bueno Ramírez, 1992), como momento más antiguo para la inclusión de estas piezas en el ámbito funerario. Las mismas que barajamos para el origen de las arquitecturas megalíticas, y que hemos sostenido para el origen de su decoración (Bueno y Balbín, 1992, 1997a, 1998, 2000b), fechas que hoy tienen un buen

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Figura 2. Localización de la placa de A Carballeira con un punto oscuro. El recuadro gris indica la zona que identificamos como una posible área habitacional. Las flechas señalan la zona de tránsito entre la Dorsal Gallega y la Depresión meridiana.

respaldo en Galicia con las recientemente obtenidas sobre las pinturas de Monte dos Marxos, Pedra Moura, Pedra Cuberta y Casota do Páramo (Carrera y Fábregas, 2002: 163). Por tanto, decoración parietal y decoración mobiliar forman parte del mismo entramado simbólico que comporta la división de los espacios funerarios desde el mismo momento de su construcción. La constatación que ofrece el C14 de que cámaras de espacio único han sido contemporáneas de cámaras con corredor (Soares, 1997), túmulos sin estructura arquitectónica o de "redondiles" en el ámbito de la Meseta Norte, incide de nuevo en el polimorfismo de las versiones regionales (Bueno et alii, 2002). La documentación en Galicia de estelas como la de Os Campiñas (Fuente y Fábregas, 1994) o la de Poio, de esculturillas como Paredes de Abaixo (Vazques Seijas, 1944), las de Dombate (Bello, 1994), Parxubeira (Rodriguez Casal, 1989) y otros (Fábregas, 1991), cilindros o betilos como los de A Caeira (Lopez Cuevillas, 1959:59) o el de Cava da Moura (Fuente, 1988:128), la de grabados en losas dolménicas (Fábregas y Penedo, 2000), menhires


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como el de Gargantáns (Bueno y Balbín,1995:369) y la placa que ahora valoraremos, contribuyen a diseñar el mismo panorama de variedad formal que presentan otras áreas de la Península.

LA PLACA FEMENINA DE A CARBALLEIRA

Situación La pieza fue localizada de manera casual al emprender trabajos de limpieza bajo el hórreo de la casa en el lugar mencionado, situado en el municipio de Ponte Caldelas. Hoja 186-61. Escala 1:5.000.Coordenadas UTM: x= 540.710; y= 4.693.430; Z= 315m. (Figura 2) En la misma base del hórreo en la que apareció, se localizaron un posible machacador y una piedra de afilar. Prospectada la tierra de alrededor sólo aparecieron vidriados recientes y pequeños fragmentos de cerámica a mano. Por otra parte, en la escasa superficie original del afloramiento junto al hórreo, se observan varias cazoletas, algunas de ellas bastante profundas. Toda el área está presidida por el Monte Cabezudas, de 350m. de altitud. A su pie, se sitúa un llano de unos 300m., en el que las fuentes de agua son abundantes y desde el que se percibe una amplia panorámica sobre el valle del Verdugo. Bajo él, una acusada pendiente donde se concentra el caserío tradicional con pequeños huertos sostenidos por bancales. La propiedad en la que se localizó la placa se sitúa en ella, ya muy próxima a la carretera comarcal 531. No existen en el lugar de A Carballeira yacimientos arqueológicos conocidos, si bien relativamente cerca se localizan los petroglifos de Tourón. Como referencia próxima podemos citar un hacha pulimentada localizada en el "Muíño Novo" junto al río Verdugo. En Tourón hay varias estaciones con arte rupestre. Los soportes mejor conocidos son los de Coto das Sombriñas (García y Peña 1980: 101), uno de los cuales refleja un tema de caza. Los petroglifos no suelen presentar escenas y ésta es una de las pocas que pueden interpretarse en ese sentido junto con la que se desarrolla en la roca de Fentáns que contiene betilos antropomorfos. En los contextos dolménicos tampoco abundan las

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escenas, pero son precisamente las de caza las únicas que adquieren un cierto protagonismo. La posibilidad de que petroglifos y dólmenes hayan compartido territorio va tomando cuerpo en los últimos años (Bueno y Balbín, 2000 a y c). Nos referimos a soportes con grabados antropomorfos, zoomorfos o circulares como el tema central del dolmen de Mota Grande (Baptista, 1997) o el de uno de los ortostatos del dolmen de Azután (Bueno et alii, e.p.), y no exclusivamente a los petroglifos con cazoletas (Villoch, 1995), una nueva manera de asociar simplicidad conceptual y megalitos, cuando está demostrada la variedad y complejidad del Arte Megalítico. Si a ello sumamos, las evidencias que confirman la contigüidad absoluta entre áreas funerarias y áreas de habitación (Bueno, 2000; Bueno y Balbín 2000a), la posición de los marcadores gráficos, como es el caso de los petroglifos, es de enorme interés para valorar los ambientes habitados del neolítico y calcolítico gallegos. N uestra placa no posee un contexto arqueológico certero, pero podemos destacar algunas cuestiones respecto a su emplazamiento. Es más que posible que se halle en posición secundaria, por el apreciable rodamiento fomentado por su inserción en un nivel de derrubios importante que, en buena lógica, debe proceder del arrastre de la parte superior. Concretamente del llano con agua que hemos descrito con anterioridad, que se sitúa 50m. por encima del Eirado da Casa, finca donde se localizó la pieza. Las favorables condiciones para el asentamiento, ya documentadas en yacimientos similares del Noroeste (Fábregas, 2001), se asocian a la presencia de un soporte con cazoletas, para que aboguemos por su conexión con un yacimiento habitacional, cuya ubicación en la zona marcada en gris en la Figura 2, nos parece probable por la concentración de restos. La documentada relación de los paneles con cazoletas como delimitadores de los espacios poblacionales del neolítico final y calcolítico, en el centro, sur y oeste de la Península (Bueno et alii, 1998: 118), tiene en el Noroeste interesantes ejemplos. Este es el caso de Outeiro das Minas (Carballo et alii, 1998), y Castelo de Chas, en Ourense, el del Pedroso, en Zamora (Esparza, 1977; Delibes et alii, 2000) o el de algunos asen-


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ooali~lmm.li~OOOI Figura 3. Clasificación de las placas decoradas alentejanas, según P.Bueno, 1992

tamientos de la comarca del Barbanza (Concheiro y Gil, 1994). La posición de este enclave dominando el curso fluvial del Verdugo en uno de sus vados, e inmediato a un collado que facilita el tránsito entre las tierras altas de la Dorsal Gallega y el conjunto de fallas conocido como la Dorsal Meridiana, ha debido de ser otro factor de interés para su elección.

Descripción La pieza de la que vamos a tratar es una placa decorada de contorno antropomorfo con cabeza destacada, al estilo de las clasificadas como tipo A (Bueno Ramírez, 1992: 576) (Figura 3). Tanto la mencionada forma, como el material -arenisca-, y el tratamiento interno de la figura, conducen a proponer la relación con las producciones del horizonte megalítico alentejano y, más concretamente, con el núcleo concentrado en las proximidades de la Beira Baixa (Bueno Ramírez, 1992:584). Destaca su tamaño, algo menor del más reiterado en estas piezas (entre 15 y 20cm.), aunque también conocemos placas bastante mayores, al estilo del ejemplar fragmentado que documentamos en la excavación del dolmen de Juan Rón 1, en Alcántara (Cáceres) (Bueno et alii, 1999). Por ello el tamaño de estas placas no puede considerarse estándar, sin dejar de lado que la ausencia de la parte superior en la que estaría la cabeza, dotaría a la pieza de un mínimo de 3cm. más. (Figura 4) Piezas pequeñas de carácter antropomorfo se documentan en otras zonas, caso de la asociada a los contextos sepulcrales de la Cueva de los

Enebralejos, en Prádena (Municio y Piñon, 1987: 139), sin olvidar algunos ejemplos gallegos sobre canto, como una de las estatuillas de Parxubeira (Rodriguez Casal, 1992). Es interesante el espesor, que acerca nuestra figurilla a representaciones de carácter estatuario próximas como Paredes de Abaixo (Vazquez Seijas, 1944) o la del dolmen K de Alijó (Botelho, 1898), con las que además presenta en común la forma trapezoidal que configura el cuerpo del personaje. En su realización conviven el pulimento, la incisión, y el falso bajorrelieve, sin descartar que, como se está verificando en placas tipo A del Sur de la Península, pudiera haber comparecido la pintura (Bueno et alii, 1999:98).(Figura 5) El trabajo previo de la pieza ha sido el de dotarla de una figura trapezoidal de sección rectangular de 29mm. de grosor. Obtenida esta placa, se ha tallado la zona superior,delimitando los hombros y la cabeza, hoy desaparecida en la que seguramente estaría la indicación de los ojos, bien con dos orificios, bien con el grabado de ojos, cejas y nariz. Ya con la forma deseada la placa se pulimentó cuidadosamente, pues los desperfectos que observamos hoy son consecuencia de su estado de conservación. Cuello y cuerpo se separan mediante una línea horizontal incisa que contornea su perímetro completo. Esta línea es poco común en las placas decoradas escultóricas y más habitual en los ejemplares con silueta trapezoidal que definen el tipo B (Bueno Ramírez,1992:576). A esta línea le sigue otra paralela a ella, que contribuye a señalar la mencionada definición


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Figura 4. Detalle de la zona superior de la placa antropomorfa de A Carballeira. Foto R.Fábregas con procesamiento por ordenador de R.de Balbín


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Figura 5. Calco de la placa de A Carballeira

entre cuerpo y cabeza, además de cerrar el collar por su parte superior. Toda la pieza es, pues, el cuerpo de la representación, constituyéndose en un elemento escultórico, a lo que contribuye la presencia de líneas incisas en la zona superior de los laterales y en parte del anverso, reflejando probablemente el manto, como en la placa de Montemor-o-Novo (Bueno Ramírez, 1992:585) o en la estatua de Crato (Vasconcelos, 1910). El anverso muestra el collar que, bajo formas más o menos nítidas, es relativamente común en muchas de estas placas. Se ha obtenido mediante un falso bajorrelieve que consiste en levantar

materia prima de su recorrido externo, en una línea constante y ancha, de modo que se establece una zona rebajada que deja en relieve la línea superior. Esta se ha destacado con trazos fuertemente incisos verticales y paralelos entre sí que, probablemente, quieren expresar el relleno geométrico interno que aparece en algunos de estos adornos. Collares asimilables a éste son los que portan una de las placas de la cueva de Galinha y otra de Alcoba<;a (Alburquerque e Castro, 1963: est.III, 1 y 4). O el collar múltiple de la estela de Granja de Toniñuelo, que muestra el mencionado relleno interno (Bueno y Balbín,1997b).


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En el tercio inferior del interior del collar se aprecian restos de piqueteado que pudieron conformar otro tema, hoy desaparecido por percusión reciente. Destaca la diferencia de volumen entre esta zona y la de los senos, queriendo reproducir la propia del cuerpo humano. Pero quizá lo más interesante de la pieza que nos ocupa es la asociación de senos y collares, con la particularidad de que los primeros son senos/sol, reiterando modelos de asociación antropomorfo/ sol, tal y como hemos propuesto para valorar los temas básicos del arte megalítico ibérico (Bueno y Balbín 2000a:434). Los senos se han realizado mediante la extracción de dos sectores de la pieza, de tendencia circular. Su técnica posee referencia cercana en la documentada en el ortostato 10 del dolmen de Alberite, en el que las cazoletas sirven de centro a las representaciones solares (Bueno y Balbín, 1996; Bueno et alii, 1999). Los senos son disimétricos. De ellos surgen líneas incisas, más fuertes mientras están más próximas al círculo central y más débiles hacia sus extremos. El que queda a la izquierda del espectador, muestra bajo él una línea incisa más fina, curvilínea, señalando un medio círculo que continúa hacia la derecha, donde desaparece por los defectos de conservación de la pieza en ese sector. La envoltura circular de los soles que refleja la placa descrita se inscribe, sin dificultad, en temas similares documentados en soportes megalíticos. Así los del ortostato 5 de Granja de Toniñuelo (Bueno y Balbín, 1997c, fig.9).

N/S, E/O: CONEXIONES Y RELACIONES DEL ARTE MEGAúTICO GALLEGO EN SUS VERSIONES ESCULTÓRICAS La placa de A Carballeira viene a incidir en algunas de las cuestiones que hemos expuesto en el planteamiento inicial. Insiste en la variedad formal de las figuraciones antropomorfas megalíticas gallegas y apunta a la existencia de redes comerciales con grupos megalíticos de Sur en la que se insertarían objetos simbólicos como el que nos ocupa. Su iconografía permite, además, algunas reflexiones sobre la pieza en sí y sobre otros elementos

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antropomorfos del ámbito noroccidental que apuntan, de nuevo, a un entramado ideológico complejo que afecta por igual a la Europa megalítica (Bueno y Balbín e.p.). Su nítida proximidad formal a los ejemplares de tipo A del núcleo de la Beira Baixa/Norte de Alentejo, no está exenta de otros parentescos que la filian a grupos del Sur de Francia y Noreste de la Península Ibérica, de gran interés para la valoración de conexiones suprarregionales, semejantes a las que se perciben en la parte del código funerario que se plasma sobre los ortostatos. Su semejanza con placas producidas en el círculo norte del Alentejo es de enorme interés para considerar la existencia de redes de intercambio que podrían incluir productos tales como azabache (Bueno Ramírez,1988). No lo es menos, la constatación de una asociación gráfica como la manifestada por la presencia de senos y collares, con la característica especial de que los senos reflejan el juego de duplicidad con el sol, que se constata igualmente con otras partes del cuerpo humano como los ojos y que, en el fondo, recoge la profunda unidad conceptual entre determinadas imágenes antropomorfas y el sol, tan definitoria de todo el horizonte esquemático peninsular (Bueno y Balbín, 2000c: 144). El collar complejo de nuestra placa posee referencias en otras placas con contexto megalítico, como ya hemos mencionado arriba, y se inserta en grafías similares que ya no son tan inéditas en el ámbito del Noroeste. Un caso interesante es el de los "betilos" de Fentáns (de la Peña y Vazquez, 1979:54) que ante la documentación de piezas estatuarias en áreas próximas, como la de Tabua~o (Carvalho et alii, 1999) o las estelas 3 y 4 de Cabe~o da Mina (Sousa, 1996), plantean la figuración de estatuas similares a las que señalamos, que se están localizando con grafías similares en el Sur (Gomes,1997).(Figura 6) El último trabajo de de la Peña y Rey (2001:93), agrupa una figura con todas las grafías que podrían representar estas versiones estatuarias, de mayor o menor tamaño, en soportes al aire libre. La relación cultural que argumentamos, nos lleva a proponer, una vez más, la contemporaneidad parcial entre petroglifos y arte megalítico, como ya expresábamos en páginas anteriores. Si pudiera confirmarse el dato del desaparecido petroglifo de


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Figura 6. Estatuas con collares del Noroeste peninsular sobre distintos soportes. Fentáns, segun de la Peña y Rey, 2000; Tabua<;o, según Carvalho et alii, 1999 y Cabe<;o da Mina, según Sousa, 1996.


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Figura 7. Figurillas con senos/soles en el contexto de las representaciones antropomorfas del neolítico medio europeo, según Gasco y Gernigon, 2002


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Figura 8. Estatua-menhir de Salvatierra de Santiago (Cáceres). Foto R. de Balbín

la Pena das Rodas, que con la misma temática -ojos /soles- se encontraba muy próximo al conjunto megalítico de Mudia, en Samarugo, Vilalba (Lugo), sería muy interesante de cara a proponer más argumentos en esta misma línea. Este soporte, el de Pena das Rodas, fue recogido por Murguía en su Historia de Galicia y descrito

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por Maciñeira (947), habiendo reconstruido su posición respecto al mencionado conjunto megalítico, E.Ramil, al que debemos esta información. Desde el trabajo de S.O.]orge (986), disponemos en el Noroeste de contextos arqueológicos para situar la grafía de los ojos/soles en un ambiente calcolítico (Fábregas, 1993 :98), aunque al igual que acontece en el resto de la Península, su asociación al horizonte Millares, no excluye la realidad de su génesis en el neolítico más antiguo de la Península Ibérica (Bueno et alii, 1999: 102), por lo que su documentación sobre cualquier tipo de soporte sin contexto, no implica necesariamente una propuesta de datación dentro del III milenio a.C. Si la figuración de ojos soles es bastante común en los primeros momentos del neolítico (Gavilán y Vera, 1993 ) Yen el horizonte megalítico (Bueno y Balbín, 2000a; Bueno Ramirez et alii, 1999, 2000), la representación de los senos como soles no es tan amplia. Se encuentra en relación con dos sistemas gráficos que nos parece interesante valorar: los senos /soles presentes fundamentalmente en estatuillas chasséen y del neolítico medio levantino y la asociación senos/collares tan propia de las estatuas-menhir y estelas antropomorfas del Sur de Francia, de la que tambien tenemos algún ejemplo peninsular y en el arte megalítico de la Cuenca de París. La estatuilla documentada en las excavaciones de Gavá (Bosch y Estrada, 1994), constataba la presencia de la grafía ojos/soles en el ámbito del neolítico mediterráneo peninsular en momentos no muy alejados de los que se proponían para Andalucía (Gavilán y Vera, 1993). En Gavá, con el interés de asociarse a una figuración femenina, como se deduce de la presencia de senos en relieve. Figurillas similares han sido analizadas recientemente por Gascó y Gernigon (2002), a partir de los hallazgos en Roucadour con contexto chasséen y de Canne, en Italia (Radina, 1992). Los autores destacan el perfil cónico de las piezas que comparan, pero a nosotros nos parece interesante destacar la figuración de senos/soles en la pieza de Canne que, también dentro del neolítico medio, como las anteriormente citadas, plantea la presencia de estas grafías desde momentos antiguos del neolítico europeo. (Figura 7) La amplia documentación de senos en las estatuas-menhir y estelas antropomorfas francesas es bien conocida. La asociación de pares de senos con


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collares de una sola vuelta o con collares múltiples, también es común en este ámbito y especialmente significativa en galerías e hipogeos de la cuenca de París, aunque elementos semejantes están documentados en Bretaña (Villes, 1997). La ubicación senos/collares muestra una tendencia en las estatuas hacia la mayoritaria situación de los primeros bajo los segundos, mientras que en las figuraciones sobre ortostatos, la tendencia se invierte, siendo más frecuente la localización de los senos sobre los collares, como aparece en la pieza gallega que nos ocupa, aunque es también común la posición de senos bajo collares. El único ejemplo sobre estatuaria peninsular nos lo proporciona la estatua de Salvatierra de Santiago, Cáceres (González y Alvarado, 1983, 1986), con el interés de que refleja una forma semejante a la de Tabua<;;o o a las de Cabe<;;o da Mina, ya comentadas, junto con collares de varias líneas como las figuras del petroglifo de Fentáns. La figuración de senos apunta hacia una representación sexuada que, en el caso de la Península, no es muy corriente. (Figura 8) Como ya hemos señalado en otros lugares (Bueno y Balbín, 1994, 1996, 1997a), la explicitación de elementos de identificación sexual no es común en la estatuaria antropomorfa megalítica, mientras que es más clara en representaciones de carácter mueble, más aún si su contexto es habitacional. Esta afirmación no deja de ser una hipótesis a contrastar, pero la reiteración de elementos antropomorfos sexuados en ambientes domésticos es sensiblemente notoria, respecto a la constatable en ambientes funerarios, cuando menos por lo que se refiere a indicaciones patentes de la filiación sexual. Un buen ejemplo de lo que decimos es la magnífica colección de representaciones antropomorfas muebles de la Pijotilla, en Badajoz (Hurtado, 1990), con la que nuestra placa comparte identificación sexual y el uso de la imagen del sol en juegos de duplicidad. Este argumento junto con el contexto ambiental de la pieza, nos llevan a proponer como hipótesis que la placa de A Carballeira puede proceder de un asentamiento en el llano del Monte de Cabezudas. Su funcionalidad habitacional no descarta taxativamente otros ámbitos, pues como comentábamos con anterioridad, la proximidad entre áreas funera-

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rias, áreas de habitación y marcadores gráficos, es muy notoria en los enclaves megalíticos del Sur de Europa. La placa femenina de A Carballeira se inserta en el panorama de elementos muebles antropomorfos datables a partir del IV milenio a.C. sin calibrar, que usan como referente gráfico elementos documentados desde el más antiguo neolítico europeo. Sus relaciones formales con el núcleo del Norte del Alentejo son de gran interés para revalorizar los nexos que se habían propuesto para otras piezas antropomorfas del Norte peninsular (Bueno, 1992 y 1995; Bueno et alii, 1985), y trae a colación la realidad del entramado de relaciones entre los grupos megalíticos de la Península Ibérica. Las estatuas de Tabua<;;o y de Cabe<;;o da Mina, las estatuillas de los dólmenes, los betilos, las representaciones sobre petroglifos y el menhir de Gargantáns, nos permiten augurar nuevos descubrimientos en el ámbito del arte antropomorfo megalítico del Noroccidente, que se irá pareciendo cada vez más a lo que sabemos del Sur Peninsular, pues los lazos iconográficos se estrechan sensiblemente. Figuraciones antropomorfas y arte megalítico traducen un panorama ideológico muy similar, que puede rastrearse en toda Europa desde los mismos orígenes de los sistemas de producción, y del cual tenemos mayores precisiones en los contextos funerarios megalíticos que nos permiten aproximaciones cronológicas, en otras ocasiones difíciles de establecer. La similitud que señalamos, no se sustrae a la evidencia de la personalidad regional de las expresiones que sustentan la mitología megalítica, personalidad que es francamente acusada en el caso de las figuraciones antropomorfas (Bueno y Balbín, 1994, 1996, 1997a), lo que creemos debe valorarse en la línea de los marcadores étnicos propuestos por Leroi-Gourhan (971), para la interpretación de algunos signos del Arte Paleolítico. En lo que hoy sabemos, las figuraciones sobre canto que aparentaban ceñirse a Galicia, se extienden a Asturias, Norte de Portugal y parte del interior de la Península, si valoramos las pequeñas piezas detectadas en los atrios de algunos dólmenes de Toledo (Bueno et alii, 1999) y de Salamanca (Delibes y Santonja, 1986). Las placas decoradas se sitúan en el Suroeste y su variante más


Placas, estatuas, ídolos. Representaciones antropomorfas megalíticas en Galicia. A Carballeira (Pontevedra)

antropomorfa, a la que pertenece nuestra pieza,en el sector noralentejano que afecta a la Beira Baixa. Si, como pensamos, las variantes de las que hablamos poseen fuertes connotaciones ideológicas en tanto que emblemas regionales, la detección de placas en el Norte supondría la confirmación de contactos entre poblaciones relativamente distantes. La placa de A Carballeira se suma a la de Mamaltar (Moita, 1966) y a las figuraciones al aire libre de Sejos (Bueno, 1983; Bueno et alii, 1985), Garabandal (Bueno, 1995), Peña Tú (Bueno y Fernández-Miranda, 1981), Tabuyo (Almagro Basch, 1972) Y Monte da Laje (Silva y Cunha, 1986), sin olvidar la proximidad formal con las estelas de Paredes y del dolmen K de Alijó. Estas evidencias nos permiten afirmar la presencia de representaciones antropomorfas de estilo alentejano en el Norte Peninsular, confirmando una interacción constante entre el megalitismo del Norte y del Sur, desde los momentos más antiguos de estas figuraciones, en la primera parte del IV milenio a.C., hasta los más recientes, II milenio a.C. (Bueno, 1992). Esta hipótesis puede deducirse de otros ámbitos materiales o arquitectónicos, pero posee en las expresiones ideológicas su más claro refrendo. AGRADECIMIENTOS: Hemos de agradecer a R.de Balbín los consejos en la elaboración de este texto, además de su participación en la elaboración de parte de las figuras y en el procesamiento del calco mediante programas de imagen en ordenador. Tambien han participado en el aspecto gráfico Carlos Rodríguez Rellán y J.J .Alcolea González, que ha transcrito el calco de la placa. X.Carballo nos ha proporcionado información sobre el contexto arqueológico. A E.Ramil le debemos la información de la necrópolis de Mudia. Queremos agradecer expresamente a J .M.Bello y Begoña Bas, las facilidades que nos han dado para incluir este trabajo en la revista Brigantium, del Museo de A Coruña

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 63-73

REPERTORIO BmLIOGRÁFICO SOBRE LA CONSERVACIÓN DEL ARTE RUPESTRE PREHISTÓRICO

CARMELO FERNÁNDEZ IBÁÑEZ

INTRODUCCIÓN El denodado afán conservador que de unos años a esta parte se viene procurando sobre todo Bien Cultural, comporta toda una serie de actuaciones urgentes y desde todo punto necesarias, y que por tal la conservación domina y reina (no sin razón) sobre cualquier proyecto, objeto o monumento. De esta manera se ha ido también poco a poco interviniendo sobre todo tipo de materia, y con el tiempo va siendo aplicado sobre prácticamente todo Bien patrimonial; inclusive sobre aquellos que en principio no se supuso pudiera ser necesario actuar. Los problemas de conservación que hoy nos plantea el Arte Rupestre (histórico y prehistórico sobre todo) es un claro ejemplo de lo que venimos diciendo, y precisamente lo hemos escogido como tema principal para el contenido de este artículo recopilatorio. N unca se le prestó demasiada atención. La escasa agresividad (así entendida aunque es mejor pronunciarse por la natural estabilidad medioambiental) que había producido en las cavernas un efecto conservador por el cual el arte más primitivo llegó a nuestros días, quizás podría llegar inclusive a ser mantenido muchísmo tiempo más. Simplemente con cerrar el acceso mediante una verja a las actuaciones antrópicas de tipo vandálico o accidentales, bien conocidas desde siempre. Además se podía obtener de ellas una alta rentabilidad de tipo económico con pingües beneficios, para casos muy concretos como de hecho ocurrió con Altamira. Se pensaba que los valores de humedad y temperatura -apenas valorados por entonces- en cavernas abiertas al siempre curioso

turismo de masas, se reajustarían por la noche manteniendo cerrada con una verja las bocas de acceso. Otra cosa bien diferente son los abrigos pintados. Aquí la protección tanto antrópica como contra los agentes de tipo natural, es bien dificultosa. Más aún si se trata de un arte como el más típico del NW. de la Península, realizado a cielo abierto y sin protección alguna. Las actuaciones se limitaron en principio a la instalación de verjas en el primer caso, sobre todo en aquellos santuarios de excepcional importancia científica, y ubicados muy cerca de núcleos urbanos o con accesos muy frecuentados en sus inmediaciones. En la generalidad, las alteraciones que se vienen observando en el Arte Rupestre se encuentran provocadas por el medio natural, como en el interior de las cuevas pueden ser los lavados por filtraciones y la formación de velos y/o columnas estalagmíticas, exfoliaciones, eflorescencias, cierto tipo de hongos detectados también en abrigos al exterior del levante y sur peninsulares, etc... Aunque no cabe duda que las alteraciones antrópicas son las que, normalmente, suele producir alteraciones más graves, a nadie le resulta raro un vandalismo cada vez más sofisticado. Pero en absoluto es el único tipo de agresión, ya que algo tan aparentemente inocuo como la explotación turística de muchos de estos lugares, fue llevada a cabo sin apenas control alguno, confiando en la natural regeneración del aire y olvidando por desconocimiento, otro tipo de consecuencias sumamente determinantes debidas a la respiración. O bien de otro tipo que podríamos considerar "derivado", como fue por ejemplo el caso de los hongos aparecidos sobre las pinturas de


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CARMELO FERNÁNDEZ IBÁÑEZ

la cueva de Lascaux, a raíz de lo cual se procedió a su inmediato cierre. Producidos y alimentados estos por los vapores emanados de la maquinaria instalada para la regeneración del aire de manera forzada. El descubrimiento del arte rupestre cuenta ya con un siglo de existencia, a lo largo del cual se han ido añadiendo y sofisticando diferentes ciencias, disciplinas y métodos. Entre los últimos cabe quizás incluir las dataciones mediante C-14 y la ineludible conservación que aquí tratamos. Era cuestión de tiempo. Aunque a esto que venimos diciendo, ha contribuido de manera eficaz el gran impulso concienciador que vemos aumentar durante las últimas décadas de este siglo. A la vez que el desarrollo de diferentes disciplinas, o simplemente la aplicación de manera contundente de otras ciencias que sirvieron para -de una vez por todas- hacer ver lo evidente. Y no era otra cosa que el alarmante cúmulo de alteraciones que día a día y de la forma más radical, se iban manifestando a un ritmo creciente. Esta expansión protectora ha llegado a aglutinar cualquier tipo de expresión material salida de la mente humana; ya sea antigua como más o menos reciente. A partir de entonces, de toda aquella antigua política de actuación en la cual se abrían al gran público las más excelsas cavidades con exclusivos fines turísticos en busca de grandes beneficios económicos y cuyos ejemplos más significativos eran Altamira, Lascaux o Niaux, se ha pasado necesariamente a todo lo contrario. En definitiva, el axioma utilizado a partir de entonces fue contundentemente simple: si no se protegen, desaparecen para siempre. U n primer paso sin duda eficaz e impulsado desde la Administración Central del Estado, fue la creación de la Comisión Nacional para la Conservación del Arte Rupestre entre las décadas de los años setenta y ochenta. El grupo de especialistas que de ella formaban parte estableció un primer documento sistemático de trabajo, y como línea prioritaria el estudio pluridisciplinar de cada una de las cavidades abiertas al público. A partir de lo cual se tomarían decisiones convenientemente sopesadas, tras analizar datos precisos de primera mano. La cuestión no radicaba tan solo en proteger las cavidades con arte, sino que éstas, a la vez que continentes, eran contenidos de ecosistemas geoló-

gicos, hidrológicos y vegetales mucho más amplios de los cuales cada gruta es una consecuencia. Por lo tanto las actuaciones deberán ser necesariamente complejas y costosas. Difícil es también la problemática de las manifestaciones artísticas al aire libre, y que como extremos podemos citar a modo de ejemplos desde los petroglifos del NW. a las pinturas levantinas y de motivos esquemáticos del Este, Centro y Sur peninsulares. El control de los accesos y sobre todo el verjado de los santuarios ha llegado a constituir una actuación fundamental en estos últimos, aunque la climatología y los factores antrópicos indirectos (incendios forestales) -sin descartar otros- suponen una muy seria amenaza. Nuestro país se ha incorporado tarde a esta corriente conservadora, aunque no quiere decir que no hubiese hasta entonces trabajos aislados, en los que no cabe duda Francia se ha puesto rápidamente a la cabeza. Más que por razones obvias de número, por una atenta observación de toda una serie de alteraciones que por otra parte eran más que evidentes en el caso de la cueva de Lascaux, y a los que siguieron otras más. En este campo sobresalen especialmente J.Brunet, J.Vouvé y P.Vidal cuya gran experiencia se encuentra reflejada en un extenso corpus bibliográfico de obligada consulta. Para nuestro país el Dr. Villar y su equipo así como también el Dr. Manuel Hoyos destacan desde hace años por sus continuados trabajos en la conservación del arte rupestre, de las costas mediterránea y cantábrica especialmente. A este respecto y centrándonos finalmente en el tema de nuestro trabajo, presentamos una lista bibliográfica para todos los interesados y necesitados en este aspecto concreto del arte antiguo. En primer lugar y con expresa referencia a nuestro país, los estudios y trabajos publicados son más bien escasos como se verá, habiéndose nutrido fundamentalmente de los congresos de conservación y simposiums de arte prehistórico. Compilaciones como ésta no existen, y ello fue un aliciente más durante los años que nos ha llevado su recopilación para decidirnos finalmente a publicarla. Máxime cuando los artículos (las monografías son más bien escasas) se encuentran literalmente desperdigados por el mundo, y a veces incluidos en las más inverosímiles publicaciones. Naturalmente hay más estudios impresos, y hoy por hoy sería una


Repertorio bibliográfico sobre la conservación del arte rupestre prehistórico

aventura impensable ser exhaustivos, amen de suponer una empresa imposible. Trabajos como este son poco agradecidos. Pero sabemos a ciencia cierta que resultan de gran ayuda dentro de la actual diáspora bibliográfica imperante. Su compilación suele llevar muchos años de paciente labor de lectura y consulta; hoy aquí, mañana allá. Fichas, libros, colecciones de publicaciones periódicas y un largo etcétera de índices de todo tipo. Pero siempre hemos concluido las introducciones de cada unos de ellos con el expreso deseo, de que el trabajo que ha supuesto su confección, se vea compensado con su utilidad.

ÍNDICES 1.

2.

3.

4.

5. 6.

7.

8.

9.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 75-88

EL CÍRCULO, EL CIERVO Y LA TRAMPA GRABADOS DE CUADRÚPEDOS EN ROCAS CON COMBINACIONES CIRCULARES EN EUROA

MAARTEN VAN HOEK

Laurier 20, 5061 WS Oisterwijk Holanda

Resumen: Este trabajo quiere hacer un análisis de combinaciones circulares y zoomorfos en Europa. En particular, la asociación entre cérvidos y combinaciones circulares en Galicia es un tema bastante discutido. Yo creo que generalmente los zoomorfos en Europa son de una fecha posterior a las combinaciones circulares. Sin embargo, en Galicia los dos tipos de arte rupestre resultan ser mas o menos de la misma fecha, pero, en mi opinión, ejecutados por gentes diferentes.

Abstract:

This paper presents an analysis of cup-and-ring motifs combined with quadrupeds in Europe. Particularly, the association between stags and cup-and-rings in Galicia is thoroughly discussed. 1 believe that, in general, European animal engravings are later than cup-and-rings. In Galicia however, the two art forms seem ro be at least contemporary ro a certain extent, but, in my opinion, executed by different peoples.

INTRODUCCIÓN U na de las combinaciones más intrigantes del arte abstracto y figurativo en Europa, y objeto del presente trabajo, son los motivos circulares y zoomorfos. Esta mezcla concreta de motivos en el arte rupestre no es muy frecuente en Europa. Existen buenos ejemplos en cantidades relativamente abundantes sólo en Galicia y, en menor medida en Escandinavia, y son bastante poco comunes en otras zonas (Fig. 1). Aunque las Islas Británicas están situadas entre estas dos áreas de arte rupestre, y cuentan con la mayor concentración de formas circulares de Europa, llama la atención la casi total ausencia de formas de animales. Solamente se encuentra una pequeña combinación de grabados zoomorfos y circulares en estas Islas en Ballochmyle, la superficie pétrea más profusamente decorada de las Islas Británicas. Hay dos insculturas de animales, (Fig. 1.5), parcialmente grabados encima de motivos circulares anteriores, que datan, posiblemente del la Edad del Hierro. En el presente trabajo ofrecemos un estudio sobre las posibles relaciones entre los grabados zoomorfos y los motivos circulares del arte en

forma de cazoletas y anillos en Europa y, al mismo tiempo, se aborda el problema de la contemporaneidad entre ambas formas de arte. Al explorar estos temas, nos enfrentamos con una serie de escollos.

EL CIERVO Y LA TRAMPA En la parte alta de los montes escarpados de la Península de Muros, Galicia, (NO España) se encuentra una amplia zona de roca, llamada Cava da Bruxa, escondida y casi inaccesible debajo de las matas de tojo. Hay varias losas que están cubiertas de grabados prehistóricos del Neolítico y de la Edad del Bronce, consistentes principalmente en motivos circulares mezclados con grabados zoomorfos. Sin embargo, uno de los animales parece estar relacionado con un grabado en forma de reticulado cuadrado (Fig. 1.12) y el conjunto ha sido interpretado, provisionalmente, como un ciervo que va corriendo hacia una trampa (Costas & Novoa 1993: 76). De hecho, es frecuente observar escenas en donde los animales caen en una trampa en el arte rupestre de la época postgla-


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MAARTEN VAN HOEK

NEOLITICO

1

BRONCE

[iill gP:¿Vl:.óf¿~NES

111 []

ZOOMORFOS AMBOS TIPOS

<J ~

~GALICIA

Fig. 01. Mapa de Europa con las principales localizaciones de grabados de zoomorfos asociados a combinaciones circulares.

cial, y suele ocurrir, por ejemplo, entre los petroglifos de Sporanes, Suecia (Fig. lA). No obstante, se ha atribuido la mayoría de los reticulados gallegos al período histórico (Costas & Novoa 1993: 217) y puede que representen antiguas tablas de juego. Algunos incluso pueden ser recientes (García & Peña 1980: 85). Por lo tanto, es posible que el reticulado y el animal de Cava da Bruxa fuesen grabados por gentes diferentes en

épocas diferentes, y que el reticulado ni siquiera represente una trampa. Dado que existen muchas cronologías e interpretaciones posibles en torno a estos dos motivos, es importante concluir que cualquier interpretación precipitada de un símbolo rupestre puede ser una trampa en sí. Esta afirmación, sin lugar a duda, es aplicable a la interpretación de animales asociados a combinaciones circulares.


El círCtllo, el ciervo y la trampa. Grabados de cuadrúpedos en rocas con combinaciones circulares en Ettropa

C, - Circulos

A

Animales

Negro =posterior Gris = anterior

motivos en un panel

AA

1

C(··~·

e

j

EA

EA

ET

ET

EO

EO

ES

ES 2

3

Fig. 02. Posibles asociaciones entre zoomorfos CA) y combinaciones circulares ce) en zonas separadas Ca), en diferentes paneles de la misma zona Cb) y en un solo panel Ce).

EL CIERVO Y EL CÍRCULO Antes de entrar en la discusión de la combinación de animales y círculos, es preciso revisar su distribución espacial. En primer lugar, debemos distinguir entre las losas con cuadrúpedos y combinaciones circulares, en términos geográficos. Las losas con arte rupestre que presentan cuadrúpedos pueden estar situadas a una distancia considerable de la zona de las cazoletas y anillos (Fig. 2.A). Hay un ejemplo en Glen Domhain en donde se ha encontrado un grabado solitario de un ciervo (?) a una distancia de aproximadamente de 5 km al norte de la zona principal de combinaciones circulares en el valle de Kilmartin, Argyll, Escocia. Es probable que no tenga ninguna relación con los símbolos de cazoletas y anillos datados con mucha anterioridad. También existen regiones de arte

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rupestre que muestran grabados de animales en donde no ocurre ni una sola combinación circular, como por ejemplo, la concentración en la orilla este del Lago di Garda, en el norte de Italia. A nosotros nos interesa particularmente las situaciones en donde se encuentran paneles con arte rupestre claramente emplazados dentro de la región de combinaciones circulares. Pero, incluso en estos casos, pueden aparecer grabados de animales en paneles aislados, sin figurar cúpulas o las combinaciones circulares (Fig. 2.B). En Goatscrag, Northumberland, NE Inglaterra, descubrí unos grabados zoomorfos (Fig. 1.6) en un abrigo de piedra situado debajo de un acantilado con varios paneles que contenían combinaciones circulares; sin embargo la relación entre las dos formas de arte sigue siendo bastante dudosa (Van Hoek & Smith 1988). Asimismo, los yacimientos de Eggerness, que presentan grabados de caballos y ciervos, se encuentran prácticamente adyacentes a los yacimientos típicos de combinaciones circulares de Galloway, Escocia. En cambio, estos animales tienen un estrecho paralelismo con los grabados indígenas de la Edad del Hierro y pertenecen, claramente, a una tradición totalmente distinta (Morris & Van Hoek 1987). U n segundo planteamiento considera la distribución de las dos formas de arte en un solo panel de la roca. De esta manera, es posible que el cuadrúpedo aparezca claramente separado de los motivos circulares (Fig. 2.C). Aparece un ejemplo en Mogor IV, Pontevedra, Galicia, en donde se observa un animal solitario aleatoriamente situado en la periferia en relación con un gran número de motivos circulares. Cualquier relación podría ser puramente gratuita. Seguramente, esto se pueda aplicar también al único ejemplo de un grabado en donde se combina una figura de animal con un motivo circular en los Alpes franceses. En Les Lozes 8bis, Savoie, se observa un soldado, que aparentemente apunta su lanza a una sola combinación circular con un anillo con surco (Fig. 3). Sin embargo, lo que realmente nos interesa, son los grabados que representan un cuadrúpedo que mantiene una estrecha relación con los motivos circulares de la misma losa. Por ahora, prescindiremos de atribuirle un posible significado, pero será de gran utilidad distinguir varios tipos de combinaciones de grabados circulares e imágenes


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MAARTEN VAN HOEK

50 cm

,,,(J.

Fig.03. Detalle de Les Lozes 8bis, Savoie, Alpes franceses. Basado en BALLET, F. & RAFFAELLI, P. 1990

de animales en una sola losa. El grabado zoomorfo puede encontrarse muy próximo al grabado circular sin llegar a tocarlo (Fig. 2.EA), tocándolo (Fig. 2.ET), solapándolo parcialmente (Fig. 2.EO) o superpuesto (Fig. 2.ES). En todos los casos mencionados, el grabado de animal puede ser de la misma edad (fila 1), anterior (fila 2) o posterior (fila 3) a los diseños en círculo.

ANIMALES GALLEGOS EN EL ESPACIO Y EN EL TIEMPO ¿Los grabados zoomorfos son realmente contemporáneos de las combinaciones circulares? En muchos yacimientos europeos, es evidente que no es el caso. Sin embargo, en Galicia, la relación entre las dos formas de arte es más complicada, por lo que me he centrado en esa zona. En una ocasión Anati ha propuesto que los grabados zoomorfos de Galicia son anteriores a los grabados con motivos circulares. Por otra parte Bradley 0997: 55), concuerda con Peña en que ambos estilos de arte son contemporáneos. No obstante, existen estudios también (Costas & Novoa 1993, 245) afirmando que las combinaciones circulares de Galicia son mucho más antiguas que los grabados zoomorfos dado que las combinaciones circulares tienden a ocupar la parte central de la superficie de la piedra mientras que los grabados en forma de animal suelen estar dibujados en una posición periférica. Si se considera que ninguna de todas las posibilidades propuestas se ve reflejada de forma constante en el arte rupestre de Galicia, creo que la historia verdadera es mucho más compleja. En primer lugar, se debe establecer que la difusión de grabados de figuras zoomorfas no concuerda exactamente con la de los motivos

circulares. Desafortunadamente, los mapas de distribución de los grabados zoomorfos confeccionados por Peña Santos 0980: 129; 1992: 40) y Bradley (1997: 164) no son de gran utilidad, ya que faltan por incluir en estos mapas algunos yacimientos de arte rupestre importantes, tales como los de Cava da Bruxa y Rianxo. Por lo tanto se presenta un nuevo mapa con información actualizada (Fig. 4). Este mapa pone de manifiesto que los grabados zoomorfos se concentran principalmente en el norte de la región gallega de arte rupestre. La zona sur cuenta, en su mayor parte, con losas aisladas con grabados en forma de animales, y estos paneles suelen presentar un ejemplo o dos. En el inmenso yacimiento de petroglifos situado en Monte Tetón, por ejemplo, se encuentran sólo dos grabados zoomorfos. El único conjunto de importancia en el sur está ubicado en Baiña, Baiona. En una superficie de un acantilado casi vertical, que da a una zona llana con un grupo de losas grabadas con cazoletas y formas circulares, se observan más de 45 animales, pero no hay combinaciones circulares. Por otra parte, todos los animales en este acantilado parecen representar caballos, los cuales rara vez están asociados a las combinaciones circulares. En algunos casos, parece que están representadas figuras de ganado, como, por ejemplo, en la Pedra da Boullosa (Fig. 7). Por otra parte, ya que coincidimos con Bradley en que a veces es difícil distinguir entre los ciervos y los caballos, nos centraremos principalmente en los grabados que representan el auténtico ciervo (cervus elaphus). Existen asimismo varios estilos de grabados de ciervo, los cuales puede que no sean contemporáneos. De acuerdo con la información que Vázquez Rozas (1997: 192) obtuvo de una Base de Datos, existen 1006 rocas grabadas en Galicia, 124 (12.5 %) de las cuales tienen grabados de cérvidos. Este mismo autor afirma que los ciervos suelen estar asociados más frecuentemente a las cazoletas y formas circulares que cualquier otro diseño. Sin embargo, hay sólo 62 rocas que representan una combinación de ciervos y motivos circulares. Por lo tanto, conviene plantear si se puede justificar la afirmación que un porcentaje tan bajo (5 %) de estas combinaciones están realizadas deliberadamente o que son contemporáneas.


El círculo, el ciervo y la trampa. Grabados de cuadrúpedos en rocas con combinaciones circulares en Europa

o

Grupos mayores de animales @ cervidos caballos @ mixto • O tros sitios con anitnales Combinaciones Circulares

®

III

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Portuga.l

Fig. 04. Mapa de Galicia que muestra el área de dispersión de los grabados zoomorfos y circulares.

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MAARTEN VAN HOEK

Asimismo, existen tantas combinaciones que yo discrepo del esquema presentado en la Fig. 2C, en base a la posición concreta del motivo circular en cada situación individual. Por otra parte, Vázquez Rozas propone que (Ibid.: 45) antes de realizar los grabados, se hacía un esbozo del motivo en cuestión en la roca "para guiar el cincel", particularmente, cuando se trataba de motivos más complejos, tales como la mayoría de los diseños de animales. Sin embargo, si la disposición de estos diseños era realmente premeditada, cabe esperar una cantidad mucho más abundante de combinaciones mejor organizadas y con una disposición más ordenada de grabados de animales y motivos circulares. El hecho de que éste no sea el caso junto con la incongruencia de los patrones de distribución de ambos estilos de arte y la marcadamente pequeña proporción de auténticas combinaciones (sólo el 5 %), nos hacen concluir que la práctica de grabar los animales gallegos en superficies de roca fue, probablemente, introducida por un pueblo diferente, quienes combinaban sus grabados zoomorfos con los grabados existentes en forma de cazoletas y combinaciones circulares. Incluso es posible que ambas tradiciones coexistieran durante un período de tiempo corto. No obstante, parece muy poco probable que la tradición de las combinaciones circulares se haya introducido en una sociedad que ya practicaba el grabado de figuras zoomorfas. Cualquiera que sea la cronología verdadera, no cabe ninguna duda que muchas combinaciones de animales y motivos circulares en Galicia fueron hechas ex profeso y que expresan ideas concretas.

1

Fig. 05. Detalle de Lombo da Costa XXIX, Galicia. Basado en GARCÍA ALÉN, A. & PEÑA SANTOS, F. A. de la. 1980.

CIERVOS QUE EMERGEN DE CÍRCULOS Se encuentra un yacimiento muy interesante en Lomba da Costa, Cotobade, situado en un alto, que mira abajo hacia la profunda garganta del Río Lérez. En una pequeña lengua de tierra, existe un conjunto muy conocido de 38 paneles de arte rupestre. En la piedra principal, se distingue claramente entre la colocación periférica de los grabados zoomorfos en la roca, mientras que los motivos circulares ocupan la zona central. De acuerdo con el dibujo de Peña 0980: 51), uno de los motivos parece representar un diseño verdaderamente integrado de dos animales que emergen de un motivo circular (Fig. 5). A pesar de ubicarse a un nivel un poco más bajo, este motivo concreto está tan erosionado, que durante mi visita, e incluso con luz favorable, me fue imposible discernir el dibujo. Es posible que, en el momento de la realización del grabado de los animales, este grabado concreto de combinación circular fuese ya tan borroso que la creación de un diseño integrado no presentó ninguna dificultad, lo cual sugiere sólo una aparente contemporaneidad. Me aventuro a sugerir que estos dos animales, y de hecho otros muchos ejemplos gallegos, fueron añadidos a los motivos circulares adrede, por dos posibles razones. La razón más evidente sería que los animales fueron añadidos a los motivos circulares porque el autor de los grabados animales suponía que los motivos antiguos poseían poderes mágicos que serían compartidos con el animal y pasados a la sociedad que hizo la realización del animal. En este caso, no sería tan importante la manera en que el animal estaba asociado a los diseños circulares. La otra razón estaría basada en la antigua creencia popular de que los espíritus y los dioses vivían en las rocas. Muchas sociedades primitivas consideraban que la superficie de la roca en la cual efectuaban sus grabados era un especie de velo suspendido entre el mundo diario y el mundo de los espíritus. En consecuencia, las peculiaridades de las rocas naturales se tenían por entradas al mundo sobrenatural, el cual creían que existía detrás de la superficie de la roca. Al grabar cazoletas, y más tarde combinaciones circulares, yo supongo que ellos creían que abrían pasos al mundo sobrenatural.


El círculo, el ciervo y la trampa. Grabados de cuadrúpedos en rocas con combinaciones circulares en Europa

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50 cm

50 cm Fig. 06. Detalle de Pinal do Rei, Galicia. Basado en GARCÍA ALÉN, A. & PEÑA SANTOS, F. A. de la. 1980.

Fig. 08. Detalle de Os Campos, Rianxo, Galicia. Basado en VÁZQUEZ ROZAS, Roberto, 1998.

4

14 CA

1 ..... , _5_0_C_ffi----'

Fig. 07. Detalle de Pedra da Boullosa, Galicia. Basado en PEÑA SANTOS, F. A. de la; COSTAS GOBERNA, F. ]. & REY GARCIA,]. M. 1993.

Es posible que los autores de los grabados zoomorfos considerasen estos motivos circulares como entradas y salidas del mundo sobrenatural. Esa creencia podría haber sido suya propia o haber venido de las gentes que habían grabado los motivos circulares. Los animales que fueron

añadidos a las combinaciones circulares debido a esa creencia suelen tener la apariencia como si emergiesen de los círculos. Hay muy buenos ejemplos en el Lombo da Costa (Fig. 5), el animal A en Pinal do Rei, Cangas (Fig. 6) y el animal 3 en Pedra Boullosa, Campo Lameiro (Fig. 7). De la misma manera, puede parecer que los animales estén entrando en los círculos, como es el caso del animal 4 en Pedra Boullosa, (Fig. 7). Sin embargo, es posible interpretar los grabados de animales rodeados por un motivo circular como un movimiento de entrada o salida de la superficie de las rocas a través de los círculos. Existen ejemplos de este último en Baixada da Barca, Arbo, y en Os Campos, Rianxo (Fig. 8), y, por otra parte, la conocida configuración en el Laxe dos Cebros - la roca de los ciervos - podrían también interpretarse así.


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B

A

SOcm Fig. 09. Laxe das Cebras, Fentáns, Galicia. Basado en PEÑA SANTOS, F. A. de la; COSTAS GOBERNA, F. 1993.

LA ROCA DE LOS CIERVOS En casi todas las discusiones sobre la cronología de los círculos y animales gallegos, se cita la roca llamada Laxe dos Cebros, Cotobade. Este yacimiento presenta al menos cuatro ciervos, uno de los cuales, el animal A en la Fig. 9, es el foco de la discusión. Vázquez Rozas (1997: 50) procede con cautela cuando propone que el animal A es anterior a la ejecución del anillo exterior del motivo circular 1, Y que posteriormente se añadieron tres arcos F que conectaban estas dos figuras. De igual manera postula que los motivos 2, 3,4 y 6 y los surcos que conectan los motivos 1, 7 y 8 son posteriores al animal A, aunque no presenta argumentos concretos para esa cronología. Bradley (1997: 46) considera este conjunto de petroglifos como un diseño integrado, pero que no se trata de un caso de superposición. Sin embargo, una posible trampa consiste en basar una interpretación en las ilustraciones previamente publicadas, sin haber comprobado la exactitud a fondo. En el caso del Laxe dos Cebros, Bradley utiliza un dibujo basado en Peña (1980: 55), el cual resulta tener alguna incorrección con

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REY GARCIA,

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M.

referencia a algunos detalles. En primer lugar, afirma que el motivo circular dominante 1 tiene cuatro anillos concéntricos de los cuales está incompleto sólo el exterior. (Fig. 9). En segundo lugar, es significante que la cazoleta 7 tenga dos anillos. Igualmente importante es el hecho de que el animal C está adosado a los motivos circulares mediante largos surcos que probablemente son posteriores a los motivos circulares. Al observar los surcos, parece como si todos los surcos radiales fuesen, en principio, de trazo corto y curvado (véase el dibujo insertado 8 en la Fig. 9A); y posteriormente como si algunos de los trazos radiales fuesen conectados mediante líneas más largas. En vista de este dibujo recién confeccionado, parece muy posible que todos las combinaciones circulares y los surcos sean anteriores a los grabados de animales, sobre todo ya que el animal A parece estar superpuesto sobre el motivo 7 y algunos surcos cercanos. Por otra parte, la cabeza y la cornamenta del animal están toscamente grabadas en comparación con los animales B, C y D, debido, probablemente, a la falta de espacio entre los motivos 5 y 6. Otro argumento que apunta a favor de una fecha anterior para los


El círculo, el ciervo y la trampa. Grabados de cuadrúpedos en rocas con combinaciones circulares en Europa

motivos de combinaciones circulares es la erosión sufrida por los motivos 2, 3 y 4, los cuales están casi invisibles, incluso en las fotografías buenas. Por lo tanto concuerdo con Bradley (1997: 46) en que la asociación entre los animales y los motivos circulares en el Laxe dos Cebros debe haber sido intencionada, pero rebato la idea de que no haya la mínima posibilidad de superposición. Prefiero dejar abierta esa posibilidad.

EL CIERVO Y EL SOL

Otra superficie que contiene un ejemplo de arte rupestre interesante se encuentra en Os Carballos en las proximidades de Paredes, Campo Lameiro. En un gran afloramiento se observan múltiples combinaciones circulares en una posición periférica y un gran conjunto de grabados zoomorfos ocupando la parte central de la sección inferior. La mayor parte de esta sección inferior ha sido tapada deliberadamente, pero cuando inspeccioné el lugar, se divisaba un zoomorfo con una combinación circular. Este animal (A en la Fig. 10) está tocando una cazoleta y dos anillos que tiene cuatro surcos radiales en forma de cruz. Vázques Rozas (1997: 196) compara los animales adosados a motivos circulares de esta manera a los animales sagrados que arrastran un disco solar, al igual que la Carroza Trundholm de Dinamarca. Aunque este autor señala el popular culto al sol y al fuego, necesario para fundir minerales metálicos, considera que este paralelismo sea demasiado distante en el espacio y en el tiempo para poder aplicarse a los petroglifos gallegos. Curiosamente, también afirma que no hay ninguna representación solar verdadera en el arte rupestre gallego. Sin embargo, el motivo de la cruz dentro de un círculo, que también aparece en el arte rupestre gallego, se suele interpretar como un símbolo del sol en el arte rupestre, particularmente en Escandinavia. Este tipo de cruz dentro de un círculo también se encuentra en la parte superior de un grabado zoomorfo en A Escada IV, Moaña (Fig. 1.11). En Laxe da Ratea do Menda, Campo Lameiro, ocurre un diseño circular con trazos interiores que semejan formar una cruz dentro del perfil de un ciervo grande y aparece un ciervo más pequeño en la misma roca que presenta una cruz

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dentro de un círculo en una posición similar (Fig. 1.9) al igual que el ciervo A en Os Carballos. Por consiguiente, es igualmente posible que los cuatro trazos radiales en Os Carballos fuesen añadidos porque el autor del animal, o incluso un visitante posterior, interpretó el motivo circular como un símbolo del sol y decidió convertirlo en una cruz dentro de un círculo (Fig. 10, dibujos insertados 1, 2 y 3). A escasamente un metro al este de la roca principal en Lomba da Costa se encuentra un yacimiento más pequeño, XXVIII, que lleva un diseño aún más interesante (Fig. 11). Desgraciadamente, la mayoría de los dibujos publicados están, también, basados en una ilustración carente de exactitud, hecha por Peña (1980: 50). Por lo tanto, a menudo la roca es representada con un tamaño mucho menor de lo que tiene en la realidad y además, no incluye el pequeño motivo circular como la cazoleta con tres anillos, de los cuales el exterior está incompleto. Asimismo, de los animales más pequeños, el que está situado en la parte más inferior llega a tocar realmente el surco radial principal con su boca (Fig. 11B: dibujo insertado). En un trabajo anterior (Van Hoek 1998) este autor propuso una especie de evolución en torno al conjunto mencionado, empezando por dos combinaciones circulares, la acumulación de anillos alrededor de la figura central, la adición de surcos radiales y, posteriormente, la ejecución de las figuras zoomorfas. Cualquiera que sea la secuencia verdadera, lo que sí es cierto es que los cuadrúpedos están asociados a los diseños circulares a propósito. El animal más grande parece estar adosado al surco radial del motivo circular de menor tamaño y el autor ha interpretado los círculos como el símbolo del disco solar que, según la tradición, es transportado por los cielos en la cornamenta del ciervo o entre los cuernos de otro animal. De hecho, muchos cérvidos gallegos, particularmente los que se encuentran en las proximidades de Campo Lameiro, tienen la cornamenta adosada a motivos circulares, como es el caso de Chan de Lagoa, Cavada de Pedro y, sobre todo, los ciervos A y B de Coto Rapadoiro (Fig. 12). Del mismo modo, en O Soutiño, Campo Lameiro, una combinación de cazoleta y dos anillos que aparece justo entre la cornamenta de un ciervo puede representar también un disco solar.


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1m Fig. 10. Os Carballos, Paredes, Galicia. Basado en PEÑA SANTOS, F. A. de la; COSTAS GOBERNA, F.].

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El círculo, el ciervo y la trampa. Grabados de cuadrúpedos en rocas con combinaciones circulares en Europa

Sin embargo, mi interpretación no ha tenido en cuenta la posibilidad de que pueda existir un intérprete anterior: la persona que agregó los grabados zoomorfos. En este caso, doy por sentado que las figuras zoomorfas han sido adosadas por un pueblo diferente en un momento más tardío. El hecho de añadir animales con una asociación tan específica sin haber reconocido o aceptado el significado original de los símbolos antiguos -ni siquiera haber interpretado estos motivos- puede haber surgido de la idea de que, de este modo, la magia de los símbolos antiguos podrían ser asimilados o compartidos, tal como hemos mencionado arriba. Pero, es igualmente posible que el mismo autor de las insculturas zoomorfas haya interpretado los motivos circulares a su manera, por ejemplo, como discos solares. Sin embargo, nunca sabremos a ciencia cierta cual ha sido su interpretación. Sólo podemos hacer conjeturas. De todas formas, a la hora de interpretar un motivo de arte prehistórico, debemos tener en cuenta que el autor de los grabados adicionales puede haber tenido su propia interpretación de los símbolos existentes, la cual podría discrepar del significado original y de nuestra interpretación.

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INCl.JNAClüN

J. Fig. 11. Los grabados de Lomba da Costa XXVIII. A. Fase Anterior. B. Fase Final.

Fig. 12. Detalle de Coto do Rapadoiro VI, Fentáns, Galicia. Basado en PEÑA SANTOS, F. A. de la; COSTAS GOBERNA, F. J. & REY GARCIA, J. M. 1993.

EL ANIMAL BEBIENDO El gran grabado circular de Lombo da Costa XXVIII podría ser interpretado como un motivo solar, sin embargo, la escena completa podría verse como una representación de animales comiendo la corteza y las hojas de un árbol. La interpretación de Vázquez Rozas (1998: 53), sin embargo, es más convincente. Este autor prOpone, provisionalmente, que el ciervo de Lombo da Costa XXVIII podría representar un animal que está bebiendo de un charco, por ejemplo, y los dos animales más pequeños estarían bebiendo de un río. No creo que el significado original de las combinaciones circulares fuese un símbolo de agua. Propongo, en cambio, que esto podría haber sido la interpretación del autor de los grabados zoomorfos. Igualmente, las formaciones naturales de las rocas podrían haber sido interpretadas por los autores de las insculturas como símbolos de agua. Un posible ejemplo se encuentra en Lapela V,

Fig. 13. Los grabados de Lapela V, Chandebrito, Galicia. Basado en COSTAS GOBERNA, José Bernardino, 1997.

Chandebrito, Galicia, donde una figura zoomorfa estaría acercándose o bebiendo de un río, representado por un canal natural de una depresión natural (Fig. 13). En Os Carballos aparece otra combinación interesante. Un cérvido grande (B en la Fig. 10) parece


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Fig. 14. Detalle de los grabados 114 y 115 de Mapa di Bedolina, Valcamonica, Italia. Basado en BELTRÁN LLORIS, Miguel, 1972.

Fig. 15. Detalle de los grabados 126 y 127 de Mapa di Bedolina, Valcamonica, Italia. Basado en BELTRÁN LLORIS, Miguel, 1972.

estar en estrecha relación con una cazoleta y cinco anillos, aunque en los dibujos originales de Peña (1993: 31) no cabe la posibilidad de la superposición (Fig. 10, dibujo insertado 4). Sin embargo, hay una fotografía excelente en el mismo libro en donde se ve cómo la cabeza del animal solapa parcialmente el anillo exterior del motivo circular (Fig. 10, dibujo insertado 5), el cual también podría ser interpretado como un animal bebiendo de un charco. Parece que el animal "bebiendo" debe aceptarse como una de las posibles interpretaciones de las figuras zoomorfas y motivos circulares. Esta combinación concreta también se encuentra en al menos dos yacimientos de los Alpes. En el emplazamiento famoso de Valcamonica, Italia, se encuentra el conocido yacimiento llamado Mapa di

Bedolina. Está cubierto de trazos, rectángulos y cazoletas, todos ellos de relativamente pequeñas dimensiones. Aquí también figuran dos ejemplos de figuras zoomorfas asociadas a motivos circulares. De acuerdo con Beltrán (1972: 127) una combinación representa un animal superpuesto por un diseño circular de cazoleta y anillos (Fig. 14) y otra representa un animal mucho más tardío superpuesto sobre una cazoleta y dos anillos (Fig. 15), ambos se encuentran en una posición similar a la del animal "bebiendo". Asimismo, el conocido yacimiento de arte rupestre de Carschenna, Suiza cuenta con auténticas figuras zoomorfas, que están, a veces, asociadas a figuras antropomorfas y ocasionalmente en compañía de motivos circulares. Está comprobado que estos animales son posteriores a los motivos circulares. Esto se demuestra claramente debido a que los animales se encuentran superpuestos sobre otras figuras anteriores. Asimismo, la posición periférica, especialmente en la Roca Il, indica que los grabados zoomorfos tienen un origen posterior. Esta extensa formación de roca tiene dos superficies profusamente decoradas, y separadas por una depresión natural de gran longitud. Una de las superficies se encuentra lejos del acantilado y está grabada solamente con cazoletas, surcos y combinaciones circulares. La otra zona forma parte del borde del acantilado con un fuerte pendiente y sólo aparecen insculturas zoomorfas, deliberadamente realizadas muy próximas al acantilado, mientras que hay una gran cantidad de espacio sin grabados en otras zonas de la roca. Aparece incluso una figura zoomorfa que está situada en una parte muy pendiente debajo de los trazos finos de una cazoleta y nueve anillos; figura que sólo podría haber sido ejecutada y bien contemplada desde un saliente estrecho, y frecuentemente resbaladizo, peligrosamente cerca del acantilado. Hacia el este aparecen más figuras zoomorfas; una tiene parte de su cabeza superpuesta sobre una cazoleta y dos anillos (Fig. 16), parecida a los animales "bebiendo" de Galicia. La posición de los animales de Carschenna recuerda a las escenas de caza grabadas en los bordes de los acantilados noruegos, en donde los animales eran conducidos hasta el borde del acantilado hasta que caían al mar; práctica que perduró hasta los tiempos modernos. En Escandinavia,


El círmlo, el ciervo y la trampa. Grabados de cuadrúpedos en rocas con combinaciones cirmlares en Europa

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donde las combinaciones circulares son relativamente escasas, sin embargo, los motivos circulares no están casi nunca directamente asociadas a las figuras zoomorfas que aparecen en abundancia. Las combinaciones circulares se suelen encontrar en compañía de grabados de barcos y figuras antropomorfas (Fig. 17CD). Sólo en raras ocasiones aparece un animal relativamente cerca de las combinaciones circulares, como, por ejemplo en Flote, Noruega (Fig. 17A) Y en Doltorp, Suecia (Fig. 17B). Sin embargo, dado que estas figuras zoomorfas no están directamente asociadas a los círculos, cualquier relación que se alegue podría ser gratuita. Fig. 16. Detalle de la Roca II de Carschenna, Suiza. Basado en SCHWEGLER, U. 1997.

CONCLUSIONES El presente trabajo pretende presentar posibilidades y no hechos patentes. De todas maneras, es muy probable que los grabados zoomorfos postglaciales al aire libre en Europa se pueden encuadrar en una fecha más tardía a la de los motivos circulares. (Fig. 1, gráficos). En la Islas Británicas, la total ausencia de grabados zoomorfos contemporáneos de las combinaciones circulares indica que existe o bien un largo período de tiempo entre las dos tradiciones o bien, en el mejor de los casos, que la situación de Galicia integra una costumbre regional concreta. Por lo tanto, en el presente estudio se postula que los animales gallegos sólo son parcialmente contemporáneos de los grabados circulares, a nivel cronológico, pero no son culturalmente contemporáneos, ya que sólo una pequeña fracción de los paneles de roca decorados en Galicia representan figuras zoomorfas asociadas, a propósito con los círculos. Parece desprenderse que estas dos tradiciones se entremezclaron sólo durante una florescencia efímera. Posteriormente, la práctica de grabar motivos circulares cayó rápidamente en desuso, mientras que el simbolismo zoomorfo perduró durante un período de tiempo más largo. Ambas tradiciones de arte rupestre puede haber servido como señales, aunque de formas diferentes; señales que serían fundamentales para comprender la organización del paisaje. Por otra parte, hay que tener en cuenta que los pueblos prehistóricos debían tener conocimiento de un

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e Fig. 17. A. Detalle de F10te 1, Hordaland, Noruega. Basado en MANDT LARSEN, G. 1972. B. Detalle de Doltorp, BohusHin, Suecia. Basado en GUNNAR BRüSTRüM & IHRESTAM, Adoranten 1994. C. Detalle de Tegneby, BohusHin, Suecia. Basado en "Hallristingar och Hallmalningar i Sverige", Bokforlaget Forum, 1989. D. Detalle de Halrane. Basado en "Hallristingar i Kville harad", Forminnesforeningen-Goteborg, 1981.

gran número de especies animales. Sin embargo, decidieron grabar sólo una gama de animales muy limitada, por lo que se puede deducir que funcionaban los procesos diferenciales a la hora de tomar


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decisiones. El hecho de que hayan escogido los cérvidos, particularmente, el ciervo, significa que en la Galicia prehistórica, estos animales estaban considerados como motivos apropiados para la representación debido a su importancia social y religiosa. Respecto a eso, puede ser muy significativo que los pueblos prehistóricos hayan creído que la superficie de la roca en la que pintaban o grababan hacía las veces de una especie de velo o membrana entre los mundos natural y sobrenatural, el cual creían que existía detrás de la superficie de la roca. Existen teorías recientes que proponen que las cazoletas y las combinaciones circulares eran ejecutadas como entradas simbólicas al mundo sobrenatural. Es posible que esa creencia haya sido adaptada por los autores de las figuras zoomorfas. Por consiguiente, se seleccionaron determinados animales, que tenían importancia en su cultura, porque se consideraba que sólo estos animales eran capaces de entrar o salir del mundo sobrenatural por medio de los círculos. Sin embargo, está claro que en Galicia, el simbolismo animal estaba asociada a los motivos circulares más antiguos, sólo en determinadas ocasiones y con carácter temporal. Sólo en estos casos surgía una relación concreta entre las dos formas de simbolismo. Es difícil saber si esta relación significaba la adoración del sol o del agua o bien consideraba los círculos como entradas al mundo sobrenatural. Todas esta opciones son sólo eso - meras posibilidades.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 89-96

JOSÉ VILLA-AMll.. Y CASTRO: PIONEIRO DA ARQUEOLOXÍA PREHISTÓRICA EN GALICIA

JUAN CARLOS LÓPEZ GARCÍA

Resumo: Neste artigo estudiamos o desenrolo da arqueoloxía galega na segunda metade do século XIX, concretamente na figura de José Villa-Ami! y Castro, pioneiro dos estudios arqueolóxicos en sensu strietu.

Abstraet: jasé Villa-Ami! y Castro: A Pioneer in Prehistorie Arehaelogy in Calieia. This article examines the evolution of Galician archaelogy during the second half of the XIXth century, focusing on the figure of José Villa-Ami! y Castro, a pioneer in archaelogical studies in the strictest sense of the word.

JOSÉ VllJ.A-AMIL Y CASTRO: ASPECTOS BIO-BmUOGRÁFlcOS José Villa-Ami! y Castro naceu en Madrid o 12 de novembro de 1833, inda que pasará toda a nenez e a meirande parte da súa mocidade en Mondoñedo, lugar de residencia da súa familia. Desde a súa mocidade xa se sinteu moi interesado tanto polos temas históricos como artísticos da comarca de Mondoñedo, como o amosan os tres artigos que insertou no 1857 no Semanario Pintoresco Español: El Mariscal Pardo de Cela} San Gonzalo y los normandos e San Martín de Mondoñedo. No 1861 escribe o seu primeiro artigo arqueolóxico para presentar nos Xogos Florais de Coruña, a Situación del Monte Medulio y sus Incidencias Históricas, co que obtén o Jacinto de Oro. Trátase dun traballo erudito sobre o emprazamento do Monte Medulio, un traballo que xa sinala a súa predilección pola crítica histórica, motivo polo que irá a Madrid a cursar estudios na Escola Superior de Diplomática, obtendo o título de arquiveiro, biblotecario e anticuario o 2 de xullo de 1869. Ó mesmo tempo tamén estudiaba a carreira de Dereito na Universidade Central, ata o grao de Doutor. Durante estes anos vai publicar numerosos traballos sobre estudios históricos e artísticos, pero polo que atinxe ó campo arqueolóxico tan só hai que destacar duas obras: Crónica de la provincia de

Lugo (1866) e Estudios sobre el hombre prehistórico. Exploración de túmulos en Galicia (1868). A primeira obra segue sendo fundamentalmente un traballo baseado na erudición das fontes clásicas; sen embargo, na segunda, e como froito das dúbidas que lle xurdiran ó facer a historia antiga da provincia de Lugo, xa expón o resultado das súas primeiras escavacións. Ata 1871 vai desempeñar algúns cargos en Mondoñedo, como o de xuiz municipal e síndico do Concello. Este é o período máis productivo da súa vida polo que atinxe á actividade arqueolóxica, como veremos máis adiante. No 1871, gracias a unión de Carlistas e Federalistas durante o Sexenio Revolucionario, ingresa na Sección de Bibliotecas do Corpo de Arquiveiros, Bibliotecarios e Anticuarios, comenzando a traballar na Biblioteca Universitaria de Santiago como aspirante sen paga. Dous anos despois, o 9 de febreiro de 1873, é nomeado polo Goberno da República, oficial de terceiro grao no turno de libre provisión que autoriza o artigo 41 do Reglamento do Corpo de Bibliotecarios, sendo destinado á Biblioteca Universitaria e Provincial de Salamanca coa paga anual de 3.000 pesetas. Neste ano escribe Industria primitiva de Galicia, que acadou o premio de cooperación de primeira clase pola conferencia que deu na Exposición Nacional, e publica Antigüedades


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prehistóricas y célticas de Galicia, na que presenta os resultados dos seus traballos de exploración nas covas da comarca de Mondoñedo. En marzo de 1874 comeza a traballar na Biblioteca da Facultade de Farmacia da U niversidade Central, pasando a finais de 1876 á sección de Xurisprudencia e Teoloxía, unha das seis que compoñen a Biblioteca Universitaria, onde fará o Catálogo dos manuscritos do tempo do Cardenal Cisneros. Entre 1874 e 1877 explicou dous cursos no Ateneo Científico e Literario de Madrid, un de Arqueología Sagrada e outro sobre Los foros de Galicia durante la Edad Media. Ademais, vai publicar varias monografías arqueolóxicas no Museo Español de Antigüedades: Adornos de oro encontrados en Galicia (1874), Armas} utensilios y adornos de bronce recogidos en Galicia (1875) e Los castros y las mámoas de las Colonias Griegas en Galicia: su historia y su influjo bajo los aspectos económico y social, coa que consigue o accésit dos Xogos Florais de Santiago. A partir de 1877, e ata decembro de 1833, será profesor de Historia de España na Escola de Institutrices. No 1878, trala morte de Salas Dóriga, pasará a ser oficial de segundo grao da sección de Bibliotecas; e nos derradeiros meses do curso 187879 ocupou a Cátedra de Paleografía Xeral e Crítica da Escola de Diplomática. Tamén entre 1878 e 1879 deu dúas conferencias nas reunións ordinarias da Sociedade Xeográfica de Madrid, da que é socio fundador e Secretario, sobre Pobladores} ciudades} monumentos y caminos antiguos del Norte de la provincia de Lugo e Berbería en tiempo de Cisneros. Ademais, no 1880 consegue a Escribanía de Plata do Cabildo de Santiago pola Reseña histórica de la cultura y riqueza de Galicia durante el siglo XII} y causas que más influyeron en el estado próspero de nuestras provincias en dicha época. No 1882, xa co número 21 do escalafón da sección de Biblotecas do Corpo de Arquiveiros, Biblotecarios e Anticuarios, atópase traballando no Ministerio de Fomento. E neste mesmo ano consegue o accésit dos Xogos Florais de Pontevedra coa súa obra Origen de los foros. Ó ano seguinte, no 1883, é nomeado, xunto a Manuel Martínez Murguía, Antonio López Ferreiro e José María Fernández Sánchez, socio de mérito da Sociedade Económica de Amigos do País de Santiago. Nese mesmo ano estivo uns meses en Sevilla á fronte do Arquivo Xeral de Indias.

Trala decepcionante estadía en Sevilla, Villa-Amil decide descansar uns meses en Santiago, nun momento no que o Seminario Central e a Sociedade Económica de Amigos do País de Santiago tentaban crear un museo de arte cristiana e un museo histórico-arqueolóxico respectivamente. Villa-Amil recibía o encargo do Director Xeral de Instrucción Pública para que estudiase ó longo de dous meses a posibilidade de instalar un Museo Arqueolóxico en Santiago. Este estudio rematou coa elaboración da Memoria sobre la creación de un Museo Arqueológico en la ciudad de Santiago (1887). Ademais da comisión xa mencionada, Villa-Amil realizou outras actividades por encargo oficial, como o estudio dos Códices da Bibloteca do Escorial; a representación do Goberno na Conferencia Internacional de Berna, no 1866, para asinar o Convenio sobre a protección de obras literarias e artísticas; e a revisión dos libros, manuscritos e documentos históricos que se atopasen nos arquivos das catro provincias galegas l . O seu traballo será recompensado coa obtención da medalla de ouro na Exposición Historicoeuropea do IV Centenario do Descobremento de América, no 1892, e coa Gran Cruz de Isabel la Católica, que acadou por Real Decreto o 7 de outubro de 1901. Villa-Amil tamén se atopará entre os socios de importantes institucións, como son a Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a Real Academia de Ciencias de Lisboa ou o Colexio Internacional de Ciencias, Artes e Letras de Milán; ademais de ser socio de mérito da Sociedade Económica de Santiago, e socio fundador da Sociedade Xeográfica de Madrid, da que tamén foi secretario durante dous anos e vocal da xunta directiva outros dous. No 1906 fai a súa última incursión na Arqueoloxía, con Productos de la metalurgia gallega en tiempos remotos, e catro anos despois, o 27 de setembro de 1910, morre en Madrid.

1. Nun primeiro momento, no 1864, a Real Academia da Historia conferiulle a misión de auxiliar á Adminisrracción Provincial de Lugo no exame e separación dos documentos históricos que debían tirarse do seu arquivo. Uns anos despois, no 1871, a Dirección Xeral de Instrucción Pública encárgalle a investigación do número, importancia e procedencia dos numerosos documentos históricos espallados por varios puntos de Galicia.


José Villa-A mil y Castro: pioneiro da arqueoloxía prehistórica en Galicia

A ACTIVIDADE ARQUEOLÓXICA DE JOSÉ VILLA-AMIL Y CASTRO Podemos decir que José Villa-Amil y Castro comeza a súa actividade arqueolóxica coa presentanción dun traballo sobre o monte Medulio nos xogos fiorais de Coruña de 1861, un traballo de historia crítica baseado estrictamente na erudición das fontes clásicas. Este é un traballo típico e moi representativo do que se estaba facendo en España dentro da Arqueoloxía Clásica, unha Arqueoloxía baseada nos textos escritos e carentes de escavacións arqueolóxicas. Por este motivo, cando uns anos despois escribe a Crónica de la provincia de Lugo, no 1866, dáse conta do enorme baleiro que hai no coñecemento da cultura castrexa, da que hai moi poucas referencias dentro dos textos clásicos, o que lle leva a dicir que: ((... por nuestra parte confesamos con sinceridad que en una construcción que se reduce simplemente al amontonamiento de tierras) ya sea en forma cónica á manera de montículo) ó ya constituyendo un parapeto alrededor del campo) es muy d~fícil asignar una época con certeza) mientras no se encuentren objetos o memorias históricas que ayuden afijarla JJ (Villa-Amil, 1866: 53). Por este motivo, e dadas as escasas referencias históricas, comeza a buscar os obxectos destes escuros períodos, busca que comeza xa no 1867, cando escava a Croa de Zoñán (Mondoñedo),

primeira escavación realizada en Galicia nun xacemento castrexo. Nos catro anos seguintes continuará cos seus traballos de prospección arqueolóxica, realizando tamén algunha sondaxe. Neste senso hai que destacar as sondaxes que realizou no 1869 en dúas covas de Mondoñedo, a do Rei Cintolo e a da Furada dos Cás, que son as primeiras escava-

cións en cova realizadas en Galicia. No 1873 vai publicar unha primeira recopilación sobre os traballos realizados nestes anos en Antigiiedades prehistóricas y célticas de Galicia. Neste ano, ó igual que farán outros pioneiros da Arqueoloxía española durante a década dos 70 2 , decide

2. Este é o caso de Manuel de Góngora y Martínez, que abandoa as investigacións arqueolóxicas no 1870, ou o de Francisco María Tubino y Oliva, que abandoa ditas investigacións no 1877.

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abandoar a práctica arqueolóxica, explicando o motivo desta decisión na introducción de dita obra: ({Referir yo las duras molestias que he sufrido) los repetidos contratiempos que he experimentado) la oposición constante que ha hecho á mis trabajos la muy sensible falta de ilustración de nuestro pueblo y el receloso carácter del gallego que de continuo despertaban la insensata codicia de las personas cuya cooperación necesitaba) poco dispuestos a creer que el puro amor de la ciencia) y no el sórdido afán de buscar soñados ocultos tesoros) guiaban mis investigaciones... las unas y las otras han sido tales que han llegado a influir no poco en que renunciase, por ahora) a la prosecución de este trabajo yen que limitase (a súa publicación) á lo descubierto) estudiado y adquirido por mí hasta el día... JJ (Villa-Ami!, 1873: VII). A súa intención era, pois, recopilar nesta obra os traballos e os descubrimentos que fixera no campo da Arqueoloxía Prehistórica, dividindo a obra en tres partes: unha sobre covas, monumentos megalíticos e poboacións lacustres; outra sobre mámoas e castros; e unha terceira sobre armas, adornos e utensilios de ouro, bronce e ferro, enseres de pedra e cerámica. A primeira parte foi a que publicou no 1873, mentras que a segunda e a terceira, que xa as tiña rematadas, estivo a piques de publicalas no 1875, pero no seu lugar prefireu completar as noticias que tiña reunidas sobre Galicia e publicar o Ensayo de un catálogo sistemático y crítico de libros) folletos y papeles que tratan de Galicia. Un ano despois, no 1876, publica a segunda parte desta obra nunha monografía no tomo VII do Museo Español de Antigiiedades co título Los castros y las mámoas en Galicia; a terceira parte aparecerá tamén publicada nesta revista, concretamente nos tomos III e IV, cos títulos de Adornos de oro encontrados en Galicia (1874) e Armas) utensilios y adornos de bronce recogidos en Galicia (1875), respectivamente. Nestes traballos fai referencia a trece covas, catro das cais tan só as coñece a través dos documentos e outras dúas atopounas palas obras para a construcción da estrada que ía de Foz a Lugo. Estas dúas circunstancias xa nos sinalan o xeito de traballar de José Villa-Ami! y Castro. Tamén fai referencia ó Cromlech do Monte das Fachas (Barreiros), a dúas arcas e a sesenta e dous castros.


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JUAN CARLOS LÓPEZ GARCÍA

Sen embargo, Villa-Amil recoñece que esta catalogación non está completa, xa que deixou sen visitar moitos xacementos dos que tivo noticias tras abandonar os seus estudios arqueolóxicos. Desde 1878, ano no que publica Poblaciones, monumentos y caminos antiguos del Norte de la provincia de Lugo e Vasos romanos de vidrio conservados en el Museo Arqueológico Nacional, ata a súa morte, tan só vai facer algunhas incursións esporádicas nos estudios arqueolóxicos. Así, no 1887 publica La piedra vacilante e La edad prehistórica en Galicia según Mr. Cartailhac, na que critica a obra deste autor francés 3 pola inexactitude e parcialidade coa que trata a Arqueoloxía galega; no 1888 publica un pequeno artigo sobre os castros; no 1889 comenta a obra de E. Hübner, en La arqueología en Galicia; e no 1890 e 1896 publica dous artigos sobre o Lugo romano (Lugo romana e Lugo: la muralla y otras antigüedades). Por último, no 1906 publica un detallado estudio da orfebrería castrexa en Productos de la metalurgia gallega en tiempos remotos.

A IMPORTANCIA DA OBRA DE JOSÉ VILLA-AMIL Y CASTRO

o

primeiro que debemos destacar deste autor é o seu carácter de pioneiro da Arqueoloxía Prehistórica, uns estudios que, dentro do territorio español, teñen a súa orixe en Madrid no comezo da década dos 60. A introducción de ditos estudios foi obra do xeólogo galego Casiano de Prado, quen no 1862 confirma a existencia dun xacemento achelense nos areeiros de San Isidro e dous anos despois publica a primeira obra na que se estudia a presencia do home prehistórico na Península Ibérica (Descripción física y geológica de la provincia de Madrid). A partir de 1864 aparecerán numerosos artigos sobre a Arqueoloxía Prehistórica, sobre todo desde 1869, ano no que se produce unha revolta liberal que facilita a liberdade de ensino e permite unha meirande liberdade de expresión. Nese mesmo ano de 1869, concretamente en xullo, José Villa-Amil remata os estudios de arquiveiro, biblotecario e anticuario que estaba cursando

3. Les ages préhistoriques de I'Espagne et du Portugal. París. 1886.

na Escola Superior de Diplomática, polo que vivirá ben preto o desenrolo dos estudios arqueolóxicos nos seus primeiros pasos, ata o punto de ler algúns dos escritos que sobre este tema se escribiran en Europa: u •.• he averiguado y descubierto... por el examen... de que cuanto, ó mucha parte al menos, se ha escrito entre nosotros, y de algo de lo publicado fuera, sobre la materia... (Villa-Ami!; 1873: VI). JJ

A súa estancia en Madrid, xunto coa súa propia inquedanza intelectual, explicaría o motivo polo que Villa-Ami! comeza coas escavacións arqueolóxicas. A primeira escavación realizouna no verán de 1867, concretamente na Croa de Zoñán (Mondoñedo), motivo polo que podemos decir que é o primeiro arqueólogo galego, no sentido estricto da palabra, e un dos primeiros arqueólogos españois. O segundo aspecto polo que debemos destacar a figura de José Villa-Ami! y Castro é pola metodoloxía empregada nos seus traballos arqueolóxicos, tanto nas prospeccións coma nas escavacións. As claves da metodoloxía desenrolada por Villa-Ami! atopámolas no seguinte parágrafo. u. .. por nuestra parte confesamos con sinceridad que en una construcción que se reduce simplemente al amontonamiento de tierras, ya sea en forma cónica á manera de montículo, ya constituyendo un parapeto alrededor del campo, es muy difícil asignar una época con certeza, mientras no se encuentren objetos o memorias históricas que ayuden a fijarla... " (Villa-Ami!, 1866: 53). A busca, por unha parte, dos elementos que pertencen a unha cultura material, e por outra, dos documentos e textos que fagan referencia á orixe e función dos elementos arqueolóxicos estudiados, vai ser a base fundamental de tódolos seus traballos. Con este traballo metódico e rigoroso, VillaAmil tentaba aportar algo de luz sobre a escuridade que envolvía ó noso pasado, motivo polo que tan só vai empregar os datos positivos que el puido consultar, ben sexan documentos ou materiais arqueolóxicos. Polo que respecta ás fontes documentais, amáis de empregar os textos clásicos, como era norma xeral entre os arqueólogos, tamén vai consultar a documentación de época medieval, xa que:


José Villa-Ami! y Castro: pioneiro da arqueo!oxía prehistórica en Ga!icia

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{(Para llegar a conocer el verdadero destino de ciertos monumentos prehistóricos, creo yo que es tan provechoso como hasta ahora descuidado ha sido, el estudio de los documentos de la Edad Media, en los que se hallan frecuentes menciones de esos tales monumentos en los señalamientos de lindes de territorios y heredades;... son datos riquísimos para caminar con firmeza en el terreno no siempre seguro de las inducciones arqueológicas... " (Villa-Ami!, 1870c: 167).

!lPreciso es, por tanto, buscar todos los indicios que manifiesten la presencia y la acción del hombre en los tiempos de que no hay memoria, y aunque no sean tan antiguos... Deben buscarse, sobre todo, las piedras que sirvieron de armas y utensilios, ... En los aluviones de los ríos, en los lagos ó en sus orillas, cuando son de alguna extensión, en los turbales y sobre todo en las cavernas, es donde principalmente se hallan muchos objetos de interés... " (Tubino, 1870: 405).

Polo que respecta ós matenalS arqueolóxicos, Villa-Ami! non só estudia os materiais descubertos por el, a traverso de escavacións e sondaxes, senón que tamén estudia o material descuberto casualmente polos campesiños ou polos obreiros que estaban a construir novas estradas4 : !l... he averiguado y descubierto... tanto por medio de exploraciones hechas sobre el terreno y de excavaciones a mi vista practicadas, como por el examen de objetos en otros tiempos y parajes hallados.. ." (Villa-Ami!, 1873:VI).

Este plantexamento arqueolóxico, excepcional en Galicia, tan só foi posible polos estudios que cursou en Madrid, lonxe dos círculos culturais galegos, descoñecedores dos estudios prehistóricos e centrados na investigación da historia do pobo celta5. O proceso que levou a cabo nestas escavacións quedou refrexado nas súas obras: {(... allí en el fondo, hice practicar una excavación, que por las dificultades y peligros con que tropecé, no pudo pasar de 3 metros, ni se logró encontrar el suelo natural de la cueva. Pero en el hueco excavado, que vendrá a ser de metro y medio cúbico, se cortó un verdadero filón paleonto-arqueológico... " (Villa-Ami!, 1870b: 164).

Neste senso, as súas escavacións non son froito do azar, senón que sinalan unha busca premeditada dos asentamentos humanos, como sucede coas escavacións que realiza nos castros, onde: !lLa inexplicable presencia de ese pedazo de oro...; el hallazgo de otros pedazos, armas y utensilios de diversos metales allí y en el Coto de la Croa; los restos de antiguas construcciones encontradas en esos mismos sitios, y los fragmentos de vasijas de barro y ladrillos... no dejaban lugar a dudas de que... hubiera en tiempos lejanos un considerable centro de población". (Villa-Amil, 1868: 210). Sen embargo, o que máis chama a atención son as escavacións que realiza en dúas das covas da mariña lucense na procura de xacementos arqueolóxicos da Idade da Pedra. Esta búsqueda debémola relacionar cunha circular que Casiano de Prado, como Vicepresidente da Comisión Permanente de Xeoloxía Industrial, dirixe no 1865 ós enxeñeiros de minas provinciais:

E producto da minociosidade dos seus traballos e publicacións deberemos remontarnos a 1870 para recuperar a primeira referencia estratigráfica coñecida do Paleolítico galego, concretamente na cova de A Furada dos Cás (Mondoñedo): !lAsí que fueron removidas las primeras piedras y algunos centímetros de casquajo de la superficie del suelo de la cueva, aparecieron dos huesos largos..., y en seguida otros muchos semejantes... esta brecha huesosa contenía algunos carbones y alcanzaba bien los dos metros de profundidad. Después había un pequeño espacio relleno casi exclusivamente de piedras y barro, y más abajo volvieron a aparecer el carbón y los huesos en no menor abundancia que antes, ... Además, en esta parte de la excavación, la más profunda, aparecieron ciertas piedras calizas y pizarrosas... labradas... " (Villa-Ami!, 1870b: 165).

4. O control que levou a cabo durante a construcción das estradas permiteulle localizar dúas covas, unha delas con ósos humanos, e un puñal de antenas.

5. Para máis información sobre o pensamento de Villa-Ami! respecto á teoría celtista ver LÓPEZ GARCÍA, ].c.: "A influencia do celtismo na obra de José Villa-Amil y Castro", Gallaecia, 16. En prensa.


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JUAN CARLOS LÓPEZ GARCÍA

Desta forma, Villa-Amil, refrexa a grandes rasgos unha secuencia estratigráfica, da que incluso, pala súa descrición, se podería falar de dous períodos de ocupación, sobre todo no segundo, no que tamén atopa restos de material lítico. En definitiva, a metodoloxía empregada por Villa-Amil permitiralle acadar importantes conclusións, incluso desde o punto de vista actual, e reafirmar algunhas das teorías existentes, como irnos tentar amasar, xa que consideramos que os resultados das súas investigacións é outro dos principais elementos para coñecer a verdadeira importancia de José Villa-Amil y Castro.

o RESULTADO DOS TRABALLOS ARQUEOLÓXICOS DE VILLA-AMIL Un dos obxectivos da súa prospección é a localización de cavas, nun intento de estudiar os primeiros asentamentos prehistóricos de Galicia. Nas súas prospeccións localizará ata oito cavas, nas que fará varias sondaxes. Amáis destas cavas, nos documentos medievais atopará referencias sobre outras catro, que non chegará a visitar. A cava máis importante, polo material arqueolóxico recuperado, é A Furada dos Cás. Como resultado do estudio do material óseo e lítico atopado neste xacemento, chegará a unha xeira de conclusións das que só irnos destacar tres, todas elas de vixencia actual. U nha das conclusións máis importante é a que se refiere ó tipo de material lítico empregado polos pobos do Paleolítico para traballar os úteis. A meirande parte dos arqueólogos pensaban que os homes do Paleolítico só traballaban en sílex ou cuarcita, desprazándose incluso a grandes distancias para conseguir este tipo de rocha, idea que se ve refrexada nos escritos de Villa-Amil: aUn vacio muy importante está y dejo sin llenar. El relativo a las armas y utensilios de piedra tallada de los del llamado período Paleolítico; pues que aunque alguna palabra sobre él haya de deci~ no se roza con la transcendental cuestión de los yacimientos de los sílex... " (VillaAmil, 1873: XII). A cuarcita e o sílex son dúas rochas escasas na zona que estudia, polo que Villa-Amil non tivo

ningún éxito na súa procura. Porén, será esta escaseza a que faga que Villa-Amil descobra unha nova posibilidade, a utilización da rocha que se atopa no propio entorno do xacemento: a... empleando para ellos (os úteis líticos}... la cristalina masa caliza muy abundante en su misma morada) en reemplazo de las rocas silíceas) extrañas en el pais) comunmente usadas en otros puntos... " (Villa-Amil, 1873: 21). Üutra teoría importante, sobre a que xa se tina escrito en Europa, era a do concepto de acarreo diferencial, é dicir, o transporte selectivo ata o asentamento das partes do animal cazado: a... de la proporción en que aparecieron los huesos largos respecto a los demás huesos hallados... se desprende que -como se ha observado en las cuevas del Périgord- no llevaban a la vivienda sino la parte más utilizable del animal..." (Villa-Amil, 1870b: 116).

IIQue de esos animales no conducían á las viviendas sino los trozos más suculentos y utilizables) como la cabeza) los lomos y las extremidades; según demuestra la proporción en que se han encontrado los huesos de esas partes con las de las otras... " (Villa-Amil, 1873: 22). A máis, o material óseo recuperado, permitiralle sinalar a utilización de dito material para a fabricación de úteis como alternativa ó material lítico: aQue labraban los huesos haciendo de ellos cuchillas... puntas para armar sus flechas y venablos) y punzones... )) (Villa-Amil, 1873: 21-22). Polo que respecta ós monumentos megalíticos, Villa-Amil, na súa prospección descubrirá tres arcas e nove mámoas, a máis de ter noticias de outras dúas zonas con túmulos que non chegará a visitar. Segundo Villa-Amil estas arcas son as primeiras das que ten noticia en Galicia. Este tipo de construcción dubida en incluilas dentro dos monumentos megalíticos por mor das súas reducidas dimensións: a... las arcas que yo he reconocido) únicas de que tengo noticia que existan en el país) no son verdaderos monumentos megalíticos ó de grandes piedras) pues que las mayores de éstas no pasan de 1)5O metros de alto por 2) 5O de largo y 17 centímetros de grueso... " (Villa-Amil, 1870C: 170).


José Villa-Ami! y Castro: pioneiro da arqueo!oxía prehistórica en Ga!icia

A principal conclusión, polo que respecta a estas construccións, é a de crer que os dólmenes que agora están descubertos nunca foron túmulos propiamente ditos, xa que nunca estarían cubertos na súa totalidade: H... muchos dólmenes nunca estuvieron envueltos en montículos; fundándose... en que no puede atribuirse á los agentes atmosféricos} ni aún el haber dejado al descubierto nada más que las tapas de muchos dólmenes} cuando en las mismas regiones en que aparecen dólmenes descubiertos se conservan túmulus} tan antiguos como ellos} en perfecto estado de conservación... }} (Villa-Amil, 1878: 226).

o estudio sobre a cultura castrexa é, cecais, a parte máis importante do labor arqueolóxico de José VillaAmil. Recordemos que a primeira escavación que fixo, no verán de 1867, corresponde a un castro, a Croa de Zoñán (Mondoñedo); amáis, chegará a coñecer 82 castros, a meirande parte dos cais visitou persoalmente, inda que haxe algúns dos que só coñeza o nome da localidade e outros que coñeza a traverso de vagas noticias e figuren no "Nomenclator oficial". Destes 82 castros, 61 aparecen catalogados no seu artigo Los castros y las mámoas de Galicia, no cal recoñece que a catalogación non está completa porque deixou sen visitar algúns castros. O castro, como xacemento arqueolóxico, estudiarano tódolos prehistoriadores galegos, verténdose opinións ben diversas sobre a súa orixe e función, e incluso sobre a propia descrición da forma do castro. A primeira aportación de Villa-Amil ó estudo da cultura castrexa será precisamente a descrición xeral da forma que tiñan estes asentamentos, unha descrición que nós poderiamos atopar en calquera publicación actual: H... de forma elíptica y de extensión} por término medio y general... unas 25 áreas; cuya fortificación consiste en un foso y un parapeto} óen varias de estas obras defensivas} utilizando además las condiciones favorables que el terreno proporcionaba} tales como la elevación y escarpamiento posible de los montes inmediatos} sin otra unión con ellos que un pequeño istmo o estrecha lengüeta} y la inmediación á riachuelos que dificultasen el paso} al propio tiempo que proveyesen de la indispensable agua potable} sino la suministraba alguna fresca cercana fuente" (Villa-Amil, 1878: 207)

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O problema máis importante que plantexa a cultura castrexa é a función dos castros, sobre a cal houbo moitas opinións. As dúas máis importantes eran a de defensa e a de templo druídico, sendo esta a teoría predominante na época de Villa-Amil. Este arqueólogo unirá estas dúas funcións, inda que dándolles un carácter secundario, xa que segundo el a función principal sería a de poboado ou asentamento dun grupo humano: H ••• se puede establecer desde luego la conclusión de que eran á la vez fortalezas y poblaciones... Pero, ... } no deben mirarse como cosa de todo punto inadmisible que en ellos, ... , hubiese habido lugares destinados, ... , á la celebración de actos religiosos...!! (Villa-Amil, 1878: 219) No que se refire a ourivería, é dicir, a elaboración de obxectos aureos, Villa-Amil, rexeitará as teorías dominantes que hai sobre a ourivería galaica. El chegou á conclusión de que os obxectos aureos, sobre todo os torques, foran feitos en obradoiros galegos, en contra da opinión dos arqueólogos que os consideraban importados de Europa Central ou Setentrional. Esta hipó tese baséase en tres elementos: na grande abondancia de achados que se produciron no Noroeste peninsular frente ó resto do terri torio, HLa que puede llamarse pasmosa abundancia, con que estos torques se encuentran en Galicia, ... parece excluir toda idea de importación, y mucho más de importación lejana, de tales objetos... !! (Villa-Amil, 1874: 552) na existencia de numerosos indicios sobre a explotación de xacementos auríferos en Galicia, H ••• se consideran las grandes remociones de depósitos conglomerados que se observan en los terrenos inmediatos á la orilla de aquel río {o Sil} y de las del Masma, como practicadas para extraer porción principal del oro que los romanos sacaron de España; y se conceptua que fueron tan gigantescos los trabajos efectuados en Galicia para lavaderos de oro, como el ejemplo que de ellos ofrecen las famosas Médulas del Vierzo... (Villa-Amil, 1874: 552). !!

e na análise do metal co que se fixeron os obxectos: H... no aparece repugnante que el oro extraido fuese labrado en el mismo pais en que se extraía,


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JUAN CARLOS LÓPEZ GARCfA

cuando está perfectamente comprobada la profusión con que allí se empleaban las alhajas, y cuando las halladas en Masma presentan una liga muy semejante á la del oro que suministra el Sil" (VillaAmi!, 1874: 552) Por último, dicir que a importante laboura arqueolóxica producirase nun período cronolóxico bastante curto, xa que no 1872, ó ingresar no Corpo de Arquiveiros, Biblotecarios e Anticuarios, abandona a laboura arqueolóxica: u, " y desde entonces separé por completo mi atención del estudio de tal género de antigüedades, hasta el extremo de que no he vuelto a manejar mis libros de semejante ramo de la Arqueología, que los especialísimos, para España, y tan conocidos, de Cartailhac y de París, recientemente... JJ (VillaAmil, 1907: 5) Trala súa marcha, os estudios prehistóricos desenrolados en Galicia sufrirán un importante baleiro, non poIa calidade dos arqueólogos galegos, senón polo enfoque parcial destes estudios, xa que por mor do celtismo, co seu trasfondo político, e máis da teoría evolucionista, co seu trasfondo relixioso, os períodos anteriores á ocupación dos pobos celtas só se tratará dunha forma superficial.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 97-108

A INTRODUCCIÓN DOS MUÍÑOS CIRCULARES NOS CASTROS GALEGOS

XULIO CARBALLO ARCEO

Delegación Provincial da Consellería de Cultura. Pontevedra ANGEL CONCHEIRO COELLO

Deputación Provincial de A Coruña JOSEFA REY CASTIÑEIRA

Departamento de Historia 1. Universidade de Santiago de Compostela

PIANTEAMENTO DA CUESTIÓN Un dos tópicos da literatura arqueolóxica no Noroeste da Península Ibérica é considerar as pedras circulares de muíño de man como un xeito de "fósil director" de romanidade. Máis veces do que sería de desexar, observamos que a aparición dun muíño circular en determinado estrato dun castro, ou mesmo superficialmente, pasa a ser considerado polo autor do traballo como sinónimo de romanización do poboado protohistórico estudiado. Tal estereotipo non é máis que a consecuencia da repetición durante moitos anos do axioma de que tales muíños son un artefacto introducido polos romanos. As escasas críticas a este principio a penas tiveron eco. Pero, aínda que a súa cronoloxía sexa na maioría dos casos romana, non sempre é así, como veremos. Este traballo trata por tanto de romper con ese tópico. Non cabe dúbida de que a introducción dos muíños circulares ten maior trascendencia que a dunha mera modificación tipolóxica ou que a dunha datación máis ou menos temperá, xa que vai asociada a outros avances agrarios ou innovacións tipolóxicas, e por tanto, está comprendida dentro dun conxunto de transformacións de maior alcance. Para unha boa parte dos autores que se ocupan dos castros do Nororeste peninsular, os mumos circulares aparecen nese territorio en época

romana l . Pero, xa Maya e BIas (1973) chamaran a atención sobre a posibilidade de que os muíños xiratorios xurdiran en Asturias a partir da segunda metade do s. IV a.C. z. Polo que se refire a Galicia, aínda que hai xa case vinte anos que algúns autores (Fariña et a!ii, 1983: 123) postulaban que os muíños circulares aparecerían contra a segunda parte da fase segunda da cultura castrexa, que databan entre os séculos IV e II a.C., a maioría dos investigadores da Idade do Ferro non se fixeron eco desta teoría, salvo excepcións. Entre estas últimas, e con datos concretos, hai que citar a Silva (1986: 112 e 1990: 309) quen, baseandose na estratigrafía do castro de Terroso, no norte de Portugal, sustenta que os muíños circulares foron introducidos no Noroeste peninsular como mínimo durante a primeira metade do s. II a.C. Na mesma liña, tamén nós (Carballo, 1987: 119-120) ternos proposto cronoloxías algo máis antigas (s. IV a.C.) para a introducción destes obxectos no castro da Forca, do que máis adiante trataremos con detalle. Por último, a relativamente recente publicación das antigas excavacións arqueolóxicas no castro de Cameixa (López Cuevillas e Lorenzo, 1986: 18), 1. Pódese citar, entre outros moitos, a Almeida (1984: 39, e 1986: 169), Calo (1993: 121) ou Sánchez-Palencia e Fernández-Posse (1985: 314-315). Almeida (1983: 71) concreta que o muíño circular introdúcese no Noroeste peninsular durante o s. 1 a.e. 2. Maya (1983: 223) volve a manter esta teoría en publicacións posteriores, sobre todo con base no castro de Caravia.


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XULIO CARBALLO ARCEO I ANGEL CONCHEIRO COELLO I JOSEFA REY CASTIÑEIRA

unido á obtención de duas datacións radiocarbónicas (Sección, 1991: 52-53. Carballo e Fábregas, 1991: 255), permite situar a aparición dos primeiros muíños circulares de man neste xacemento entre os séculos II e I a.C3. Estes datos son corroborados por recentes excavacións de castros (Cortegada, O Achadizo) nos que aparecen bós contextos estratigráficos e posúen suficientes datacións de C 14, aínda que desgraciadamente non están publicados; de aí que coidemos que sexa interesante dar a coñecer o contexto no que se documentan os muíños circulares.

OS DATOS CRONO-ESTRATIGRÁFICOS DA APARICIÓN DOS MUÍÑOS CIRCULARES

Castro de Cortegada O castro de Cortegada (concello de Silleda, Pontevedra) foi excavado mediante sondaxes no ano 1985, baixo a dirección de un dos autores deste artigo (X.C.A.) e dentro do marco dunha investigación dos castros da comarca de Deza. Pese ao tempo transcurrido só se teñen publicado aspectos moi parciais sobre o xacemento (Carballo, 2002). A excavación abrangueu todos os recintos defensivos do castro. En esencia, pódese decir que se trata dun castro levantado a inicios do s. IV a.C., e que continua habitado ata un pouco antes do cambio de era, aínda que posiblemente haxa que falar dunha ocupación parcial ou esporádica -mal documentada- en época romana. Primeiramente o

3. Os autores do traballo consideran que o nivel ande se localizaron os primeiros muíños circulares é de época romana, basándose, por un lado, nos propios muíños e, por outro, da aparición dunha fíbula de langa travesaño sen espira. Pero hai que ter en canta que ese traballo foi redactado nos anos cincuenta, e hoxe sábese que a cronoloxía dese tipo de fíbula arranca de varios séculas antes da conquista romana do Noroeste peninsular. Por outra parte, analizando o contexto da estratigrafía coñecida de Cameixa e relacionando estas coas datacións radiocarbónicas e tipolóxicas, non hai ningún tipo de dúbida de que o nivel III ande se localizan os primeiros muíños circulares- é netamente prerromano, e pódese datar seguramente nos ss. n-I a.e. (a calibración da data CSIC-743 iría de mediados do s.n a.e. a mediados do s. 1 d.e.) senón algo antes, descartándose a primeira metade do s. 1 d.e. polo propio contexto estratigráfico, xa que o nivel supraxacente (o IV) parece tamén prerromano, e unicamente o nivel V (o superior) podería adscribirse a época romana.

castro levántase cun único recinto defensivo de planta aproximadamente circular, para posteriormente agregarlle outros dous recintos xustapostos. Aínda que as sondaxes alcanzaron unha pequena extensión, descubríronse construccións levantadas tanto con pedra como con barro e armazón interno de madeira; ambos modelos son contemporáneos. Unicamente se localizaron pedras de muíño (un circular e outro navicular) nun nivel pertencente ao segundo recinto defensivo, adosado ao superior ou croa, concretamente no cadro J-34 4 . A estratigrafía deste punto, de abaixo a arriba, é a seguinte (figs. 1 e 2): Nivel 7: Nivel de terra con escasa cerámica castrexa, anterior á construcción da muralla do segundo recinto fortificado; cubre ao substrato natural (un horizonte C). Non se pode calificar propiamente dun nivel de ocupación, pero si de existencia de habitación no castro (concretamente no recinto superior levantado a comezos do s. IV a.C.), testemuñada tanto polas propias cerámicas como polo contido en fósforo das terras. - Nivel 6: Pavimento de terra apisonada no que se localizaron dous buracos de poste e duas lareiriñas de escasa consistencia ou duración temporal. Neste pavimento aparecen algúns anacos de cerámica castrexa pouco significativa desde o punto de vista cronolóxico, un seixo rolado e, sobre a superficie do pavimento, unha moa de muíño circular e a base dun muíño navicular. - Nivel 5: Novo pavimento de terra compacta, con carboncillos e sementes de cereal carbonizado, que se superpón ao anterior e ocupa toda a cuadrícula. É contemporáneo da muralla deste recinto e oculta ás pedras de muíño antes citadas. Atopouse escasa cerámica castrexa, pouco representativa cronoloxicamente, un alisador de pedra, un seixo rolado e aman dun muíño de pedra. Na superficie deste pavimento apréciase unha concavidade que pensamos que está relacionada coa base dunha construcción de materiais non pétreos.

4. Pode verse a situación da cuadrícula dentro do castro no plano publicado recentemente (Carballo, 2002: 89).


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Figura 1: Planta das estructuras arqueolóxicas das cuadrículas J-34 e J-35 do castro de Cortegada (excavación do ano 1985).

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Figura 2: Corte estratigráfico septentrional da cuadrículaJ-34 do castro de Cortegada, ande se observa a posición do muíño circular.


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- Nivel 4: Nivel de destrucción e abandono do recinto, formado por tres paquetes de terras e materiais que reflicten a secuencia de derrubo. Primeiramente documéntase un nivel de incendio (Capa 4C) con madeiras carbonizadas, entre as que se pode aillar unha estructura de táboas (seguramente unha porta ou elemento semellante); non contén cerámicas nin outros materiais, excepto a casca carbonizada dun froito (seguramente unha abelá). Dnha mostra desta estructura de táboas foi datada por C 14 (CSIC-784: 2180±60 BP), e outra mostra de carbón vexetal do mesmo nivel, pero da cuadrículaJ-32 próxima, foi medida igualmente por C 14 (CSIC-786: 2170±60 BP), dando resultados semellantes. Inmediatamente por riba deste nivel de madeiras carbonizadas aparece un derrubo das paredes dunha construcción de barro (Capa 4B), no que se observan numerosos anacos de barro con improntas de paos entrelazados (o armazón interno das paredes) e sinais dos efectos producidos pala calor do incendio. O derrubo ocupa a concavidade existente na superficie do nivel 5 (pavimento), aínda que non foi posible determinar a planta da edificación. O mesmo contexto estratigráfico de incendio aparece nas sondaxes próximas 31 e J-32), polo que cabe falar da destrucción polo lume dunha zona importante deste recinto. Por último, cubrindo a este subnivel, encóntrase un derrubo de pedras de tamaño grande e mediano con pouca terra (Capa 4A), que corresponde á caida da parte superior da muralla. Ningunha destas capas proporcionou materias arqueolóxicos. En resume, o nivel 4 é a secuencia en tres etapas sucesivas -separadas por escaso tempo- da destrucción dun sector do segundo recinto do castro, ocasionada por un incendio. - Nivel 3: Nivel de habitación do recinto, posterior ao derrubo da muralla, no que non se documentaron estructuras, pero si actividade no castro. Aquí atopáronse algúns instrumentos de pedra e pouca cerámica castrexa, pero entre ela hai que destacar tres fragmentos de tradición alfareira da fase media dos castros na bacía do Miño, concretamente asimilables ás cerámicas chamadas tipo Forca e tipo Castromao (Rey, 1991).

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- Nivel 2: Probablemente se trata dun nivel de abandono do recinto, no que a muralla xa se encontra inutilizada e oculta. Na cuadrícula J-34 localizáronse escasos fragmentos de cerámica, pero é algo máis abundante nas cuadrículas próximas 31 e J -32), ande se testemuñan dous anacos de cerámica común romana local e outros de cerámica castrexa con decoración de liñas de perlas habituais nos séculas I a.C. e I d.C. (Rey, 1991) - Nivel 1: Terras húmicas superficiais remexidas polos traballos agrícolas. aparecen unhas poucas cerámicas castrexas e dous anacos de cerámica común romana local.

a-

A moa de muíño circular de man (fig. 3) aparecida no nivel 6 do castro de Cortegada, concretamente na superficie dun pavimento, hai que datala entre os séculas III e II a.C., sen descartar o final do século anterior, aínda que con maior probabilidade cremas que debe situarse no s. III a.C. Decimos isto porque, en primeiro lugar, debaixo dese nivel aparece outro no que se detecta vida no castro, e o comezo deste último, no recinto superior, probablemente se sitúe a inicios do s. IV a.C., se facemos caso das restantes datacións radiocarbónicas (Carballo e Fábregas, 1991: 253) analizadas no seu conxunto e en relación ás secuencias estratigráficas e tipolóxicas. En segundo lugar, as datacións radiocarbónicas CSIC- 784 e 786 do nivel de incendio (4C), posterior ao relacionado ca muíño, son coincidentes, e calibradas cun grao de confianza de 2 sigmas daría un intervalo temporal comprendido entre inicios do s. IV a.C. e comezos do s. I a.e. (Carballo e Fábregas, 1991:253), se ben cun grao de confianza menor (l sigma) as datas situaríanse entre aproximadamente o 375 a.C. e o 125 a.e. Por último, no nivel 2 aparecen cerámicas tipoloxicamente encadrables entre os séculas I a.C. e I d.C., polo que o contexto cronoestratigráfico resulta moi coherente.

Castro do Achadizo O castro do Achadizo, en Cabo de Cruz (concello de Boiro, A Coruña), foi excavado, baixo a dirección dun dos firmantes (A.C.C.), entre os anos 1991 e 1994 en catro campañas sucesivas. Nun principio tratouse dunha actuación preventiva, que tivo como obxectivo avaliar a entidade


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Figura 3: Moa de muíño circular de man do castro de Cortegada.

dos restos arqueolóxicos aparecidos durante a apertura dunha nova rúa no barrio do Campo, na vila de cabo de Cruz. Posteriormente, os resultados obtidos aconsellaron a realización dunha investigación máis en profundidade a través de novas campañas de excavación. Como no caso de Cortegada, permanece practicamente inédito, agás a publicación de determinados aspectos relacionados co rexistro faunístico (Ferré et alii, 1996. Fernández, 1996: 204-207) e co contexto cronolóxico (Rubinos et alii, 1999). O xacemento resposta ao tipo característico denominado castro costeiro. Emprázase sobre un pequeno cabo de forma alongada que penetra fondamente na ría de Arousa, rematando na súa zona máis meridional' unha das subunidades máis características do

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Barbanza, a península do Chazo. Esta situación terminal axuda a isolalo do resto do continente e proporciónalle unha ampla panorámica visual sobre a embocadura e o tramo medio da ría. Sobre o seu aspecto orixinal pouco podemos saber, xa que esta zona actualmente está ocupada polo núcleo urbano de Cabo de Cruz. En todo caso, e a través da observación da topografía orixinal do cabo e da dispersión de achados arqueolóxicos ocasionais, sabemos que o castro se asentaba sobre o pequeno outeiriño que ocupa a súa zona central. A zona excavada correspóndese cunha área perimetral do asentamento castrexo. Como na maioría dos castros costeiros coñecidos, nestes sectores o rexistro arqueolóxico caracterízase por unha abigarrada superposición de construccións e vertedeiros de lixo. As excavacións descubriron os restos da muralla pétrea que cercaba o poboado, así como varias construccións domésticas e acumulacións de detritus. Por outra parte, as 20 mostras datadas por C 14, pertencentes ás catro fases de ocupación detectadas na excavación, reflicten que o poboado tivo unha vida longa, que practicamente ocupa toda a Idade do Ferro, documentando unha ocupación continua entre o 592 e o 106 a.C., en datas calibradas (Rubinos et alii, 1999). As pedras de muíño atopáronse nas cuadrículas ocupadas polas estructuras domésticas. Concretamente, as duas moas de muíños circulares localizáronse no interior da gran casa redonda. A estratigrafía nestas cuadrículas caracterízase poIa horizontalidade dos distintos niveis, como corresponde a unha zona de habitación. De abaixo a arriba é a seguinte (fig. 4): - Nivel 8: Primeiro nivel de habitación da casa. Restos de pavimento de terra fortemente apisonada, no que se localizou unha lareira rectangular delimitada por laxes, xunto con cerámica moi fragmentada e un pequeno concheiro. A mostra de carbón extraida deste nivel proporcionou unha data de 2406±44 B.P. (CSIC1214). - Nivel 7: Nivel de terra solta e pedregosa con bastante material arqueolóxico en distinto grao de buzamento. Neste nivel, que se corresponde cun recheo ou cunha época de inactividade desta construcción, atopáronse restos de


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Figura 4: Perfil estratigráfico do Castro do Achadizo, cuadrículas llC, lOC e 9C.

pedras de muíño: unha moa circular (lám. 1) e unha pedra durminte navicular. - Nivel 6: Segundo nivel de habitación da casa, no que se localizaron restos de pavimento e duas áreas de combustión, unha delas consistente nunha lareira formada por unha masa de arxila redondeada, e un buraco de poste. Apareceu bastante material arqueolóxico indíxena, fundamentalmente cerámica. A área de combustión proporcionou unha datación de 2174±41 B.P. (CSIC-1213). - Nivel 5: Terceiro nivel de ocupación da vivenda. O máis chamativo deste nivel é a presencia dunha gabia de traxectoria curva excavada no pavimento, que segmenta o espacio interior da casa en duas dependencias. Nunha delas localízase un buraco de poste. Trátase dun nivel con moito material arqueolóxico, xeralmente característico e de boa calidade. Destaca a presencia de cerámica indíxena intensamente decorada (recipientes pechados tipo Cíes e tipo Vigo, xerras tipo Toralla, etc.)5, fíbulas tipos Santa Luzia e trasmontana, agulla de cabeza en espiral, etc., así como grandes masas de argamasa adheridas a un entramado de pólas carbonizadas sobre o pavimento, que deberían formar parte do tabique de división interna, e unha moa de mUIDO circular (lám. II) sobre o pavimento. - Nivel 4: Correspóndese co nivel de abandono desta construcción, que xa nunca máis volverá a

5. Para os tipo cerámicos citados véxase: Rey, 1991.

ser ocupada, e que se irá convertendo pouco a pouco nunha ruina. Presencia de moitas pedras de derrubo, material arqueolóxico esnaquizado e cravos de ferro. Débese sinalar a presencia de varios fragmentos pertencentes a unha ánfora republicana do tipo Lamboglia 4, e de dous fragmentos de cerámica pertencentes a unha pequena cunca decorada con duas liñas de pintura vermella, unha producción característica da área turdetana. Estos materiais de importación, moi definitorios, poden datarse no último tercio do s. II a.C. - Niveis 2 e 3: Correspóndense con distintas bolsadas de material detrítico, no que se atopa cerámica indíxena moi esnaquizada e pouco característica, así como algún fragmento de vidro monocromo. Sen dúbida correspóndese coa fase de abandono do asentamento. - Nivel 1: Capa de terra húmica superficial. Como se deduce do anteriormente exposto, a moa circular do nivel 7 debe datarse nun amplo período cronolóxico que vai entre o primeiro nivel habitacional, a finais do s. V a.C., e o segundo, datado a inicios do s. III a.C. Trátase dun abano cronolóxico amplo no que, polo momento, resulta imposible axus tar máis. A moa do nivel 5, polo contrario, si conta cun contexto cronolóxico moi afinado. Tendo en conta a datación do pavimento anterior (2174±41 B.P.) e as características do material de importación do nivel superior, debemos datar o uso e abandono deste muíño en torno aos anos centrais do S. II a.C.


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Castro da Forca O castro da Forca (concello da Guarda, Pontevedra) foi excavado no ano 1984, e os resultados desta intervención publicáronse poucos anos despóis. A súa cronoloxía arranca de comezos do s. IV a.C. e remata entre fins do s. n a.C. e inicios do seguinte. Apareceron dez pedras de muíño circular de man, pero tamén outras de tipo navicular. Especialmente interesa resaltar aquí afeito de que un anaco de moa de muíño circular fose reaproveitada como un cachote do muro E6 localizado no nivel máis antigo do castro (Carballo, 1987: 18 e 119-120), que se debe datar probablemenete na primeira metade do s. IV a.C. Esta datación ten como fundamento a secuencia estratigráfica dese sector da excavación, conxuntamente cos rasgos tipolóxicos das cerámicas presentes no nivel máis antigo -ao que vai asociado o muíño e o muro da edificación que o contén- que xurden cos inicios da fase media dos castros (Rey, 1991). Senda por tanto a devandita pedra de muíño circular un elemento reutilizado, a súa fabricación podería situarse a inicios ou durante a primeira metade do século IV a.C. O resto dos muíños circulares aparecen ao langa de toda a secuencia de ocupación do xacemento. Concretamente, tres destas pezas encóntranse nun contexto bastante definidor; trátase dos muíños circulares catalogados cos n° 395, 396 e 670 na memoria da excavación (Carballo, 1987), que aparecen nun nivel de ocupación con cerámicas e ánforas punlcas, e cerámicas castrexas moi frecuentes nos séculas In e II a.C. Hai que decir a este respecto, que toda a cerámica castrexa do castro da Forca encádrase tipoloxicamente na fase media dos castros galaicos, cronoloxicamente situada entre os séculas IV e n a.C. (Rey, 1999). Estes datos referentes aos muíños circulares, a pesar de ser publicados hai bastantes anos, non foron tomados coa debida consideración, sobre todo por varios autores que aínda sosteñen unha cronoloxía de época romana para todos os muíños circulares.

6. Na memoria da excavación existe un erro tipográfico (Carballo, 1987: 120): onde dí construcción F debe decir construcción E.

Lámina 1: Moa de muíño circular do nivel 7 do Castro do Achadizo

DISCUSIÓN E CONCLUSIÓNS Ás pedras de muíño de man non se lle presta a debida atención nos informes e memorias das excavacións arqueolóxicas. Na maioría dos casos faltan non só os seus contextos estratigráficos e habitacionais, senón incluso a cantidade de pezas descubertas e as súas características. Non pode estrañar por tanto que a orixe dos muíños circulares sexa aínda un tema debatido, ben é certo que máis por omisión que por acción. Pero esta situación de "olvido" desta clase de materiais non é específica de Galicia ou do Noroeste peninsular, senón que se produce desgraciadamente en case todas partes (Alonso, 1986. Checa et a!ii, 1999). Cos datos arriba expostos queda claro que os muíños rotarorios se introducen no Noroeste da península Ibérica durante o s. IV a.C., moi probablemente na súa primeira metade. Nese momento documéntanse no castro da Forca e no do Acha-


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dizo, pero, neste último con posibilidades de que arranquen de finais do s. V a.C. Nos séculos IU-U a.C. están presentes con certeza nos castros da Forca, Cortegada e O Achadizo, no U a.C. en Terroso, e no U-I a.C. tamén en Cameixa. Recentemente téñense publicado os resultados das excavacións arqueolóxicas no castro do Crastoeiro (norte de Portugal), onde se documenta a metade dunha moa de muíño circular que formaba parte do entullo dunha foxa datada por C 14 entre o s. IV e U a.C., se ben o muíño circular se situaría nun nivel posterior a aquelas datas, según o excavador do xacemento (Dinis, 2001: 62 e 49-66? Pese a que se coñecen poucos casos aínda, non hai dúbida de que os muíños circulares están plenamente constatados na etapa prerromana da cultura castrexa, se ben a súa completa xeneralización quizais non se produza ata os séculos 1 a.C.-I d.C. A orixe dos muíños circulares nas rexións xeográficas máis próximas ao Noroeste peninsular non está aínda suficientemente estudiada. Descoñécese cando foron introducidos no centro de Portugal (Borges, 1978: 115), debido á falta de datos ou a súa publicación. Na Meseta norte española sucede outro tanto, pero sábese que eran utilizados na etapa prerromana (Álvarez-Sanchís, 1999: 145), e determinados datos isolados permiten pensar que cando menos xa eran coñecidos durante o s. UI a.C.: en Roa (Burgos) os muíños circulares aparecen entre fins do s. III a.C. e inicios do 1 a.C. (Sacristán; 1986:209), e en Numancia (Soria) documéntanse polo menos no s. II a.C. (Checa et alii, 1999: 64). Tamén na Extremadura española son coñecidos entre os séculos IVU a.C (Hernández et alii, 1989: 130), aínda que non está determinada con precisión a data da súa aparición. Tampouco en Asturias está claro o momento da introducción do muíño xiratorio, pois frente ás pezas de cronoloxía prerromana, como o muíño circular do Castiellu de Llagú (Berrocal et alii, 2002: 206), datado nos ss. U-I a.C., ou o mal documentado caso do castro de Caravia, encóntrase o castro da Campa Torres, onde os muíños circulares non parecen xurdir ata o inicio da etapa

7. O fragmento de moa de muíño circular aparecido na camada 6b (Dinis, 2001: 62), é linha peza amortizada no entullo dunha foxa, polo que posiblemente o uso do artefacto haxa que datalo con anterioridade.

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romana ou ben un pouco antes desta (Maya e Cuesta, 2001: 225). Parece demostrado que no Levante os muíños circulares están presentes con seguridade desde inicios do s. V a.C., sen descartar o final da centuria anterior (Alonso, 1996: 187-189). Esta cronoloxía tan antiga está ben documentada en case unha decena de xacementos catalanes e valencianos, e a partir do s. IV a.C. rexístrase en varios máis (Genís, 1986). En Andalucía existe un baleiro de datos respecto á cronoloxía dos muíños circulares, por falta de estudios específicos, se ben algúns indicios apuntan a que a súa orixe podería ser igualmente antiga (Alonso, 1996: 187). No resto da Europa continental, as datas máis antigas dos muíños xiratorios discoidais ou cilíndricos sitúanse no Languedoc, onde se documentan durante o s. IV a.C. (Py, 1992: 195), e se xeneralizan durante o século seguinte, mentras que noutras zonas do S.E. de Francia non aparecerán ata o s. U a.C. Polo que respecta á Bretaña francesa, unha zona de posición xeográfica semellante ao Noroeste da península Ibérica, os muíños circulares non se coñecen ata o s. U a.C. (Langouet, 1990: 91), mentres que nas illas Británicas a súa cronoloxía é bastante anterior (Alonso, 1996: 193). No estado actual dos coñecementos, as datas proporcionadas polos muíños circulares levantinos son as máis antigas, non só da península Ibérica, senón tamén de Europa, xa que o outro tipo de muíño rotatorio coñecido (os bitroncocónicos, tamén chamados muíños rotatorios altos, de Morgantina ou de Pompeia), característico do Mediterráneo central, non aparece ata fins do s. V a.C. no ámbito sicilio-púnico, para posteriormente propagarse á península itálica (Py, 1992: 195 e 213). En calquera caso, este último tipo de muíño xiratorio, con excepción dos dous exemplares que se rexistran no pecio de El Sec (Maiorca) datados entre o 375 e o 350 a.C. (Arribas, 1987: 575 e 673), non será introducido polos romanos na península Ibérica ata o s. 1 d.C., concretamente na área ibérica (Alonso, 1996: 192. Checa et allii, 1999: 66), pero son descoñecidos no Noroeste peninsular. Cos datos ata agora existentes Alonso (1996: 193) suxire unha orixe ibérica para a innovación tecnolóxica que supón a aplicación do movemento rotatorio aos muíños de man, pero Py (1992: 197) pensa que pode estar no mundo púnico, de onde se


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difundiría á península itálica. Do que non hai dúbida é de que o tipo de muíño circular baixo -o único coñecido no Noroeste- é unha creación do Mediterráneo occidental, que moi serodiamente sería trasmitido ao mundo romano. De aí que soster que a introdución do muíño circular no Noroeste peninsular se deba aos romanos, como se mantivo ata hai poucos anos, non ten ningún sentido. En definitiva, non son os romanos os que introducen o muíño circular baixo na península Ibérica, senón á inversa; o único muíño debido aos romanos é o de tipo pompeiano ou muíño circular bitroncocónico, pero este é descoñecido no N oroeste como xa dixemos. Para o noso ámbito xeográfico non deixa de ser moi suxerente a teoría de Michel Py (992) dunha orixe púnica do muíño rotarorio, porque non se debe esquecer que moitas das innovacións técnicas teñen a súa entrada en Galicia procedentes do mundo púnico, por vía marítima (Naveiro, 1991: 130. Silva e Pinto: 2001). A ese respecto, compre suliñar a aparición de cerámicas ibero-púnicas en dous dos castros (A Forca e O Achadizo) nos que se documenta a presencia máis antiga de muíños circulares; ambos xacementos, por outra parte, están situados no litoral e na área meridional de Galicia8 . Con independencia da orixe (ibérica ou púnica) do movemento xiratorio aplicado aos muíños circulares, defendemos que a transmisión da idea ou da materialidade do muíño circular arriba ao Noroeste peninsular desde o ámbito iberopúnico por vía marítima; e que esa innovación é coñecida primeiramente na costa meridional de Galicia, para posteriormente propagarse cara o interior 9 , aínda que non se xeneralizará completamente ata avanzado o s. I a.C. No ámbito mediterráneo comérciase algunhas veces cos muíños acabados ou cos bloques de pedra en bruto, caso por exemplo dos xacementos

8. Esta área móstrase como a máis dinámica do ámbito castrexo galaico. É a que recibe as innovacións primeiramente, procedentes do Mediterráneo, e a que as desenvolve en todo o seu repertorio material, sexa na vertente arquitectónica, sexa na cerámica, metálica, etc. (Rey, 1996). 9. As datas do s. IJI-JI a.e. para o muíño circular do castro de Cortegada entran dentro deste contexto. Non se pode esquecer que o castro de Cortegada está situado na cunca do Ulla e ten unha boa comunicación natural, a través desta, coa ría de Arousa -o castro do Achadizo, por outra parte localízase nesta

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da 2a Idade do Ferro do Languedoc (Dautria e Reille, 1992: 233) ou de Cataluña (Alonso, 1996: 190), onde se atoparon moas realizadas con materias primas procedentes de 50 ou 100 km de distancia, e se desprende igualmente da carga do pecio de El Sec, no que viaxaban varias pedras de muíño (Arribas, 1987). Non pode estrañar por tanto que, conxuntamente coas cerámicas (púnicas, gregas, ibéricas) e outros productos elaborados (doas e unguentarios de pasta vítrea, etc.), as naves dos comerciantes ibero-púnicos arribasen ao Noroeste peninsular con muíños circulares. Pero, aquí de momento non ternos tal constatación, xa que a rocha (granito de grao fino) coa que se fabricaron os muíños circulares de Cortegada (Carballo e López, 1988), A Forca (Currás e Cano, 1995) e O Achadizo é netamente local, existente sobre o propio xacemento ou nas súas inmediacións. A materia prima dos muíños galegos non axuda a entender ou concretar as rutas de transmisión da innovación tecnolóxica que representa o movemento rotarorio. O muíño circular non sustitue ao de vaivén, de tradición prehistórica, senón que ambos conviven durante a 2a fase da cultura castrexa, e posiblemente cada modelo estea asociado a un tipo específico de moenda. Varios autores (López Cuevillas e Lorenzo, 1986: 18. Oliveira et alii, 1991: 261) teñen sinalado que os muíños circulares deberon ser empregados para moer os cereais, mentres que os barquiformes quedarían relegados á moenda das landras 10 -tarefa que según estes autores non se podería realizar coas moas circularese poida que tamén para determinados cereais vestidos, como a cebada (Alonso, 1996: 193). Non obstante, as análises dos restos orgánicos e inorgánicos conservados nas oquedades da cara activa dos muíños de N umancia, permite determinar que os muíños circulares foron empregados tanto para moer cereal como landras e, mesmo, para escascar

ría. En íntima relación con este aspecto, compre decir que en Castrovite, un xacemento tamén do val do Ulla, próximo a Cortegada, localizouse unha cerámica púnica (González e Carballo, 2000, datada no s. V-IV a.e., aínda que ningún muíño -nin circular, nin barquiforme- contextualizado. 1O.A análise bioquímica dunha man e dunha pedra durminte de muíño barquiforme do castro asturiano da Campa Torres, testemuñou o seu uso para moer landras (Maya e Cuesta, 2001: 223).


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Lámina II: Moa de muíño circular sobre o nivel 5 do Castro do Achadizo

o cereal, concretamente a cebada (Checa et alli, 1999: 66-67); pero parece rexistrarse un uso dominante dos muíños circulares máis pesados para triturar as landras, mentres que os máis lixeiros foron utilizados para moer o cereal. Da localización dos muíños circulares galegos en contextos netamente habitacionais ll , así como do tamaño das moas (con diámetros comprendidos entre 30 e 50 cm), pode deducirse un carácter exclusivamente doméstico e individual da moenda 12 e, por outra parte, trátase dun traballo asociado ao sexo femenino tanto na antigüidade (Alonso, 1996: 193) como no noso pasado máis recente (González Pérez, 1984: 260). Outro aspecto relacionado co sistema de moenda é se o movemento xiratorio aplicado aos muíños circulares era completo ou semirrotarorio. O único encaixe lateral que presenta o muíño circular de Cortegada (fig. 3), leva a pensar no emprego do movemento rotatorio completo da moa, e na mesma dirección apunta o diámetro relativamente pequeño da peza (30 cm). En cambio, algunhas das moas da Forca teñen dous encaixes laterais para suxeición do mango e un entalle superior de anclaxe ao eixe (Carballo, 1987: 97), o que

11.A moa do castro de Cortegada, por exemplo, atopouse perro de duas lareiriñas e, aínda que pouco definida, no contexto dunha estructura habitacional. Na Europa ptotohistórica é frecuente que as pedras de muíño se localicen no interior das casas, perto das lareiras, en relación coas tarefas culinarias (Audouze e Buchsenschutz, 1989: 154. Py, 1992: 227). 12.Noutras áreas (Py, 1992: 227-228) as moas de uso comunitario ou artesanal son de maior peso e dimensións (diámetros xeralmenee superiores a 65 ou 70 cm.).

podería conducir a pensar nun movemento semirotatorio, ou ben nun xiro completo, pero cambiando as mans dun a outro mango. Non cabe dúbida de que a aplicación do movemento rotatorio á moenda supón un avance tecnolóxico notable, no sentido de que se reducen os esforzos físicos e se pode obter unha maior cantidade de fariña en moito menor tempo. Mentres que co muíño de vaivén tárdase aproximadamente 1 h 30 min para obter 1 kg de fariña, co muíño circular obtense a mesma cantidade en 10 minutos (Audouze e Buchsenschutz, 1989: 152-155. Py, 1992: 227). Desde ese punto de vista, a introducción do muíño xiratorio, na súa relación intrínseca coa economía doméstica dominada polos cerais e a panificación, resulta indisociable da intensificación da explotación agrícola que se detecta a partir do s. IV a.C. no Noroeste peninsular (Carballo, 2002: 236) e con outras innovacións tecnolóxicas intimamente relacionadas, como é a roda de 01eiro 13 , sen esquecernos da propable xeneralización por esa época da metalurxia do ferro e dos cambios tipolóxicos en adornos, xoias e cerámicas (Silva, 1986. Rey, 1996). É por iso que a introducción dos muíños circulares no Noroeste peninsular hai que entendela dentro do contexto de cambios habitacionais, económicos e sociais, que dan comezo á 2a Idade do Ferro galaica.

13. Cada vez parece máis claro que o torno de oleiro lento ou de man foi empregado para fabricar as cerámicas da fase media dos castros galaicos, a partir do s. IV a.e. (Silva, 1986: 122); se non, non podería explicarse o modelado tan perfecto e simétrico das vasixas deste momento, a pesar de que nas caras das cerámicas non queden sinais do seu emprego. As pegadas do torno rápido ou de pé non se documentan nas cerámicas castrexas ata aproximadamente o cambio de era, por influxo seguramente romano. Por ourra parte, o torno de alfareiro é coñecido nas rexións xeográficas máis próximas (o centro de Portugal e a Meseta norte española) desde o s. IV a.e., aínda que na costa catalana xa fora introducido no s. VI a.e. (Ruiz Zapatero, 1992: 113), coincidindo practicamente no tempo coa aparición dos primeiros muíños circulares.


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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 109-115

SOBRE UN NOVO TORQUES RECENTEMENTE ADQUIRIDO POLO MUSEO ARQUEOLÓXICO E HISTÓRICO CASTELO DE SAN ANTÓN

LOIS LADRA Arqueólogo Rúa E. Carré Aldao, 16-4° 15007 A Coruña

Resumo: Apresémase e discútese en detalle un torques, até agora inédito, formulándose diversos pormenores tecnotipolóxicos que veñen enriquecer o estudio da ourivesaría castrexa.

Abstract: A new torque recently acquired by the Museo Arqueolóxico e Histórico Castelo de San Antón. This article offers a detailed discussion of a torque, presemed for the first time. Described are the differem technical and typological features that will serve to enrich the study of the goldsmith work of the hiUfort culture.

DESCRICIÓN DO TORQUES

o torques obxecto deste estudio forma parte dun conxunto dos fondos do Museo Arqueolóxico e Histórico da Coruña, composto por tres puñais de antenas, unha conteira e o propio torques, todo elo elaborado en bronce con forte pátina. Nada sabemos con certeza sobre o lugar exacto da súa aparición, contexto arqueolóxico, composición orixinal e materiais asociados aos que actualmente se conservan. Primeiramente ternos que diferenciar entre cómo sería o torques na súa morfoloxía orixinal e cómo ten chegado ás nosas manso Evidentemente, estamos perante dous parámetros analíticos nidiamente diferenciados, mais tendo en conta o grandor da parte conservada, a aparición na mesma dos elementos integrantes básicos e a cotiá simetría bilateral que adoitan apresentar estas pezas, resulta doado facerse unha idea do feirío teóricamente orixinal que He correspondería ao torques agora analisado. Atopámonos frente a un exemplar incompleto, de corpo macizo, elaborado en bronce e con restos superficiais parciais dun chapado áureo (Lám. 1). A concepción formal da peza no seu estado actual artéHase sobre a base da xunción de

tres elementos diferentes: corpo principal, remate e pequena peza interior solta que produce un determinado son metálico ao ser abanada reiteradamente no ar (Lám. 2). No seu feirío orixinario e sobre o cal falaremos máis adiante, ampliaría esta estruturación a un segundo remate, ficando en dúbida a posibilidade de ter outro anaco metálico no seu interior, pois coñecemos casos nos que as dúas periñas teñen cadanseu elemento sonoro e outros nos que tan só o posúe unha delas. En relación coa súa análise metrolóxico-ponderal, debemos ter en consideración que o torques sofreu unha manipulación manual que terá alterado en certa medida os seus parámetros orixinais, ao tempo que a eiva física nun dos seus cabos condiciona sensíbelmente as medicións e os pesos que agora apresentamos. Os dados métricos foron tomados a partir das medicións efectuadas con un calibre dixital electrónico STORM, consonte á súa orientación visual correcta e no seu estado actual de conservación. Polo que atinxe aos pesos, éstes obtivéronse con unha balanza electrónica dixital GRAM ST 6000, tendo en conta unha marxe máxima de erro na apreciación ponderal de O' 1 gramos. Eis os resultados:


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L015 LADRA

DADOS METROLÓXICOS Eixo vertical exterior máximo:

118 mms.

Eixo horizontal exterior máximo:

139 mms.

Eixo horizontal interior máximo:

114 mms.

Diámetro mínimo do haste:

8mms.

Diámetro máximo do haste:

13 mms.

Langa máximo do remate:

45 mms.

Ancho máximo do remate:

29 mms.

Lados maiores do elemento metálico salto:

6'4 x 5'8 mms.

DADOS PONDERAIS Peso total dos elementos conservados:

262'5 grs.

Peso individual do carpo principal:

206'8 grs.

Peso individual do remate: Peso da peza metálica salta:

54'6 grs.

Lámina 1: Vista xeral do torques restaurado. Fotografía de Beatriz Comendador.

1'1 grs.

Unha descrición teórica do seu feitío orixinal, máis inmediato á realidade arqueolóxica obxecto do noso interese, sería a que de seguido pormenorizamos. O aspecto xeral sería o dun torques dourado, con haste maciza interior de bronce e modulación ornamental ternaria, dotada de remates en periñas ocas capaces de producir un tintineu metálico ao estilo dos axóuxeres. Facendo unha análise estrutural, obteríamos un esquema realmente complexo que merece ser considerado polo miúdo. O seu corpo principal tería un diámetro maior na haste á altura dos cabos que empatan co remate, e o menor ao comezo dos espazos lisos centrais; no seu desenrolo lineal amostraría senllos traballos laterais a molde imitando o torsionamento da barra, para deixar un espazo central enmarcado por dous motivos decorativos abstractos, en relevo e que mudan de aspecto consonte facemos rotar a nosa perspectiva visual. Deitando o colar sobre un plano horizontal e fitándoo desde a vertical por calquera das dúas caras, teríamos a impresión de estar a ver unha roseta octapétala con botón central sobreelevado (Lámina 3). Apoiándoo sobre o seu perímetro exterior teriamos unha visión vertical do interior da vara co motivo a xeito de anoamento complexo (Lám. 4). Seguindo coa nosa descrición, posteriormente encontrámonos con senllos treitos lisos que conflúen nun ponto central en altorrelevo, tamén traballado a molde e ornado con un recurso formal de apariencia unlca, á maneira dun nó intrincado coas cordas alineadas

Lámina 2: Estruturación conceptual interior. Fotografía do auror.

Lámina 3: Pormenor da decoración cenrral sobre un plano horizonral.. Fotografía de Beatriz Comendador.


Sobre un novo torques recentemente adquirido polo Museo Arqueolóxico e Histórico Castelo de San Antón

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vai dar o remate do espigo da haste. No espazo interno entre o espigo e o terminal ficaría incluída a pezaciña de bronce que lle serve ao colar como reclamo sonoro. A peza metálica interior iría solta, tratándose dun fragmento de bronce de pequenas dimensións que ao bater contra as paredes internas do remate produciría un son a xeito de tintineu no momento en que o colar fose abanado violenta e reiteradamente no aro Lámina 4: Pormenor da decoración central vista desde o interior. Fotografía de Beatriz Comendador.

Lámina 5: Pormenor do módulo distal conservado. Fotografía do autor.

en espiña de peixe, independentemente do feito de facermos rotar o noso ponto de observación do torques. Na zona de xunción entre os módulos laterais e os motivos ornamentais apréciase na horizontal un triángulo equilátero sobreelevado co seu perímetro interior ornado por unha única liña continua de pontos. A transición entre as rosetas e os treitos lisos faise por meio dun filete perimetral inzado de liñas transversais paralelas, á semellanza das do canto dunha moeda. Este mesmo motivo perimetral pódese ver no contorno do anoamento central e nas separacións internas do mesmo entre as diferentes lazadas que comporían o nó. Os remates (Lám. 5) serían piriformes, con perfuración proximal ou basal de feirío poligonal arredondado á volta da cal se estende unha faixa lisa que deixa paso a un filete semellante aos xa descritos, rematado todo elo por unha acanaladura continua exterior. O seu interior é oco, así coma o cabo distal, cumeado á maneira dun disco no que

SOBRE ALGUNHAS PARTICULARIDADES TECNOLÓXICO-CONCEPTUAIS Consonte ao informe de tratamento efectuado pola restauradora Rosa Benavides, o torques apresentaba denantes da intervención un estado certamente preocupante por mor do seu avanzado deterioro e por ter sido obxecto dun cepillado previo que tiña acelerado o proceso de desprendimento e perda do sobredourado. Segundo as proprias palabras da autora do relatorio, o colar apresentaba unha alteración "intensa y deformante, con diferentes productos propios de . la corrosión del cobre que ocultaban en muchos casos la lámina de oro; esta lámina se ha perdido en gran parte de la superficie, con mayor incidencia en las zonas de roce; la causa ha sido con seguridad la corrosión del cobre, pues al producirse un aumento de volumen se ocasiona la rotura y posterior desprendimiento de la lámina" (Benavides 1996). No mesmo informe rexístrase o procedimento seguido no restauro, o cal incluía para este exemplar, entre outras medidas, a aplicación dunha camada de resina acrílica posteriormente protexida con cera microcristaliña. Todos e cada un dos elementos que integran esta peza, logo de terse procedido ao seu restauro, foron analisados de visu e por meio da lente binocular. A partir destas observacións tentei deducir cal foi o proceso tecnolóxico envolvido na súa confección, así como os procedementos técnicos implementados de cara á consecución da súa morfoloxía final. Particularmente, considero como unha hipótese altamente verosímil o feito de que, tanto o corpo principal como os remates, foron elaborados a


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LOl5 LADRA

partir de prototipos en cera que posteriormente se terían perdido ao ser deitada a colada de bronce nos moldes que os contiñan. Se reparamos detidamente en todos e cada un dos pormenores decorativos do torques e, nomeadamente na haste, observaremos nidiamente que non foron traballados sobre a superficie da vara, senón que ésta xa tiña sido preconcibida con anterioridade nun deseño realizado sobre material certamente dúctil e mol, como podería ter sido calquera resiña ou cera natural. Con posterioridade ao vaciado en molde, as compoñentes do torques serían estabilizadas térmicamente nas súas propriedades físico-químicas, non sendo desbotábel en absoluto a posibilidade de que a superficie fora sometida logo de se ter enfriado a unha operación de pulimentado e regularización topográfica. a elemento sonoro interior obtívose por un procedimento moi simple, pois é o resultado de ter sido desprendido dunha haste pseudotubular por meio de varios golpes de cicel efectuados en sentido oblicuo nas dúas caras, perfectamente visíbeis e con nidias rebarbas producidas logo dos impactos que deixan ver diferentes arrastres de metal en sentidos converxentes cara ao centro interior. a procedimento de engarzado ou xunción entre as diferentes partes non sería certamente difícil e sí altamente sinxelo e inxenioso, pois basearíase tan só no enfiado do espigo distal do corpo na base do remate, previo depósito interior neste da pezaciña solta. Finalmente, seguramente se tería aplicado sobre as partes exteriores unha lene camada de calquer tipo de adherente que serviría para facer máis doada e consistente a aplicación do ouro que, a xeito do pan empregado polos miniaturistas medievais, tería sido posteriormente fixado ao colar co gallo de embelecer o seu aspecto exterior final. Seguindo os pasos anteditos acadaríase un resultado final suficientemente coherente e estábel como para garantir a súa unicidade, integridade e perdurabilidade relativas. A implementación de todos estes recursos tecnolóxicos implica diversas concepcións mentais no bon facer do ourive, pois, de todo elo, pódense deducir alomenos as seguintes consideracións de índole histórico-arqueolóxica: Tecnolóxicamente, póñense en práctica coñecimentos adquiridos cando menos desde o Bronce Final (vaciado en molde á cera perdida) e longa-

mente arraigados no Noroeste, optimizándose até tal ponto que se conseguen pseudofiligranas e pseudogranulados-globulados que confiren ao conxunto un alto valor estético, aínda que denuncian a pobreza técnica do seu autor ou a súa preguiza laboral, pois filigrana e granulados auténticos xa eran coñecidos daquela no Noroeste. A novidade radica singularmente na aplicación dun sobredourado tan fino na superficie exterior, pois non pode ser considerado como unha lámina strictu sensu e resulta unha cuestión inédita para os torques castrexos coñecidos. Ao tempo que se acadaba un belido resultado estético, aforrábase unha enorme cantidade de materia prima -preciosa e preciada- na súa confección. Este feito está a denunciar dúas posíbeis causas: a ausencia de recursos materiais para a elaboración deste tipo de enfeites ou a picaresca do ourive, que tentaría enganar ao hipotético usuario con un elemento de apariencia externa áurea e grande miseria material interna. Sobre a peculiar dimensión sonora ou auditiva que este exemplar ten de seu, cómpre salientar que non estamos perante o primeiro nen o único caso coñecido, aínda que se cadra non se ten valorizado suficientemente este particular de cara a dúas posíbeis vías interpretativas dos torques castrexos: a da súa funcionalidade (lembremos a coñecida representación do deus Cernunnos portando un colar no pescozo e sostendo outro na man) e a da sincronía pluritipolóxica (resulta lóxico cavilar que os diferentes tipos de torques dotados dun nidio valor auditivo poderían corresponder a uns momentos relativamente coetáneos de uso e función).

PARALELOS FORMAIS E APROXIMACIÓN CRONOLÓXICA Sobre este particular, debemos ter en conta alomenos dúas perspectivas analíticas de escalas xeográficas perfectamente diferenciadas: o marco norocidental peninsular no que se insire este peculiar torques (Cultura Castrexa) e o marco xenérico euro-ocidental (Segunda Idade do Ferro). Tentaremos ir desde o particular até o global de cara a facilitar a súa interpretación cultural. En relación co Noroeste peninsular, primeiramente este torques podería semellar un Uillcum,


Sobre un novo torques recentemente adquirido polo Museo Arqueolóxico e Histórico Castelo de San Antón

mais non é o caso, pois o exemplar que agora apresentamos participa de numerosas caracterísitcas que o vencellan certeiramente con outros casos xa coñecidos pola investigación. En efecto, xa a finais do século XIX, concretamente no 1874, saía do prelo baixo a sinatura de D. José Villaamil a obra Adornos de oro encontrados en Galicia, na que se recollían numeros achados daquela coñecidos. Concretamente, apresentábase un torques castrexo atopado o ano anterior nun camiño que atravesaba o Monte de Lago, moi perto do Castro de Masma (Mondoñedo). Este fragmento formaba parte dun conxunto máis amplo, no que tamén se documentaron en dúas descobertas diferentes separadas uns cinco metros entre si, alomenos outros dous torques, dúas arracadas, dúas laminiñas, un anel (todos eles de ouro), unha pequena vasilla de barro, unha fibula e diversos obxectos de bronce, así como varias doas de barro ou vidro. Pois ben, até os nosos días tan só puido chegar do orixinal que agora nos interesa, un anaco do treito central do que tería sido un torques de sección circular con remates mixtos en tronco de cono e nocela. N a parte conservada actualmente no Museu Provincial de Lugo apréciase unha decoración descrita por Villaamil como "una bastante grosera cinceladura", acotación ésta posteriormente reiterada por todos os investigadores que logo encetaron o estudo desta peza. Se reparamos detidamente na ornamentación, poucos serán os que dubiden de que estamos perante un haste preconcibido nun prototipo de cera que posteriormente se tería perdido ao deitar a colada no molde. A morfoloxía deste enfeite en relevo resulta singularmente semellante ao motivo central que agora analisamos, coincidindo no anoamento en espiña de peixe e na súa delimitación perimetral por unha faixa, neste caso dupla, a xeito de filete inzado de pequenas liñas transversais paralelas. Para maior detalle e observación fotográfica pormenorizada pódese contrastar a obra de Aurelia Balseiro (1994: 119). Para alén desta estreita semellanza, ternos alomenos outros dous paralelos formais nos fragmentos dos senllos torques maiores do Castro de Xanceda (Mesía), aínda que neste caso as coincidencias sexan moito máis acentuadas: para alén de gardar morfolóxica e tecnolóxicamente unha identidade cáseque absoluta co caso agora analisado

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(remates piriformes, imitación de torsionamento na haste nun deles, decoración central con motivos de anoamentos en relevo, ánima interior de metal vil, sobredourado exterior, tintineo sonoro... ), a idea conceptual que se agacha baixo estas morfoloxías é indubidábelmente a mesma. Se cadra a maior diferencia tecnolóxica existente entre estes exemplares e o que agora estamos a apresentar sexa a combinación nos torques de Mesía de elementos decorativos primeiramente obtidos por vaciado en molde aos que posteriormente se lles aplicou unha lámina áurea sobre a cal se dispuxeron outros enfeites de filigrana e globulado, realidade ésta non documentada no caso que nos ocupa, o cal está a denunciar unha maior riqueza de recursos e habilidades técnicas por parte do ourive mesián. Finalmente, aínda que todavía permanece inédito, cómpre salientar un terceiro paralelo no pequeño fragmento de torques asoellado na Ponta do Castro (Barreiros) e actualmente conservado no Museu de Prehistoria e Arqueoloxía de Vilalba. Este anaco amostra parte dunha haste de bronce con imitación do torsionamento e sobredourado exterior bastante deteriorado. En relación co antedito, outros moitos exemplares gardan estreitas semellanzas pontuais, como o tipo de remates piriformes, o tintineu sonoro, a decoración dos remates con cenefa de filetes raiados, a presenza dunha ánima interior non nobre oculta ao exterior baixo unha apariencia superficial dourada, etcétera. Por todas estas e outras razóns consideramos que difícilmente pode ser caracterizado este exemplar como falso ou extra-castrexo, pois son innúmeros os indicios que apontan en sentido contrario. Xa nun marco analítico de maior amplitude, debemos considerar o feito de que en toda a protohistoria occidental, é durante a Segunda Idade do Ferro cando se produce a xeralización no uso dos torques por parte das poboacións bárbaras prerromanas, aínda que teñen a súa orixe ao longo da Idade do Bronce. O seu emprego permanece vixente no momento da conquista, pasando a ser asimilado polos romanos como dona militaria ou condecoración, sobrevivindo incluso en datas ben posteriores, nalgúns casos mesmo altomedievais, como acontece na Escocia (Cessford, 1995). O costume de elaborar torques en ouro ou bronce a partir de prototipos cerúleos con haste de


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L015 LADRA

decoración tripartita en relevo discreto semelIa non ser moi proprio do Noroeste peninsular, aínda que sí foi moeda de uso corrente nas culturas europeas da Segunda Idade do Ferro, nomeadamente en alomenos dúas das facies continentais polo que atinxe aos torques: Marne (Francia) datada entre os estertores do século IV e a primeira metade do século III a.n.e., dentro do chamado Estilo Vexetal Continuo (Kruta & Roualet, 1982). Cómpre lembrar que as semelIanzas conceptuais existentes entre os torques marnienses e os que agora analisamos son certeiras nalgúns aspectos, aínda que as diferencias observábeis, principalmente no que ao tipo de remates se refire, seguramente responden a particularidades ou variacións de índole rexional, tal e como acontece no mesmo Noroeste peninsular. Waldalgesheim (Alemania-Suíza-Francia) datada no seu esplendor na segunda metade do século IV e con prolongacións decadentes todo ao longo da primeira metade do século III a.n.e. O mesmo cá anterior, mantén características proprias do período inmediatamente precedente ao tempo que asimila numerosas influencias mediterráneas procedentes do ámbito meridional (Castro 1990). Finalmente, chegamos ao ponto de maior conflictividade no que ao estudo da ourivaría castrexa se refire: o da súa adscrición cronolóxica. Verdadeiras riadas de tinta teñen sido verquidas sobre esta polémica cuestión, sen existir até o de agora un consenso mínimamente amplo entre os diversos especialistas que teñen opinado sobre o tema. Actualmente, o debate céntrase básicamente entre o vencelIamento dos morfotipos clásicos á Segunda Idade do Ferro e o encadramento dos mesmos en cronoloxías serodias, xa propriamente galaicoromanas. O problema derívase principalmente do feito de carecermos actualmente de nengún contexto estratigráfico mínimamente seguro para a inmensa maiorías das pezas recuperadas. Aínda que particularmente xa teño cavilado sobre este pormenor noutras ocasións (Ladra 1999a), personalmente considero pouco acertada calquera idea de introducción alóctona durante os primeiros tempos da dominación romana, dado o grande espalIamento e arraigo deste tipo de elementos no Noroeste, a súa nidia especificidade formal e a inexistencia de prototipos alIeos ao horizonte castrexo mínima-

mente críbeis fóra desta Fisterra atlántica, e moito menos dentro da cultura romana, a cal, por certo, asimilou este elemento a partir dos mercenarios das tribos estranxeiras que entraron a formar parte das súas tropas auxiliares, chegando mesmo a suplantar a idea básica da súa ubicación anatómico-topográfica, pois os seus novos portadores usábano pendurado dos hombreiros por cima do peito e non á volta do pescozo, tal como facían as poboacións bárbaras desde moito tempo atrás (Castro 1987). Certo é que nalgúns casos os materiais que apareceron asociados aos torques galaicos ou mesmo os povoados onde foron achados amosan unha forte compoñente romanoide, mais cómpre non esquecer que os elementos de prestixio adoitan seren transmitidos de xeración en xeración como parte da herdanza que lexitima a un individuo para reclamar os honores acadados noutrora pola súa liñaxe. Para alén disto, moitas das xoias áureas recuperadas en contextos ro'manizados amosaban numerosas eivas formais e materiais no momento da súa descoberta, feito éste que lIes terá provocado unha perda real da súa importancia simbólica posíbelmente vencelIada a unha forte mudanza cultural na que a presenza romana de seguro tería unha alta responsabilidade (Ladra, 1999b). Ademáis disto, en moitos casos resulta evidente que a súa conservación fragmentaria responde á intención de proceder á súa reciclaxe e reaproveitamento material. Por facermos unha comparanza pedagóxica, diríamos que cando os petroglifos aparecen en contextos castrexos resulta evidente que teñen perdido toda a súa significación simbólica, e a ninguén se lIe ocorre teimar na adscrición cronolóxica á Idade do Ferro destas manifestacións culturais. Apenas unhas breves reflexións suxeridas a partir da análise deste torques poderían ser as que de seguido enxergamos. Xa CuevilIas (1951: 107108) teimaba na idea de que as xoias de maior pureza áurea terían unha maior antiguidade no Noroeste do que as elaboradas con aliaxes diversas ou con ánimas espúreas, opinión ésta xeralizada e aínda en vigor nos nosos días (Castro, 1990: 172). Tampouco resulta demasiado estridente considerar que esta realidade ben podería responder á falta de honestidade do ourive -aínda que a comprobación empírica deste engano sería moi doada por parte do destinatario da obra con tan só realizar unha


Sobre un novo torques recentemente adquirido polo Museo Arqueolóxico e Histórico Castelo de San Antón

pequena incisión ou raiadura na súa superficie externa- ou á carencia real de materia prima no Noroeste, algo difícilmente explicábel por causas naturais, se ben unha posíbel mudanza na posesión do acceso a este tipo de recursos -fácilmente comprensíbel se causificamos este fenómeno pola presenza da coerción militar romana que se tería apropriado violentamente desta riqueza, controlando a súa extracción e circulación todo ao longo do Imperio- podería vir a explicar esta cuestión en termos históricos. Tampouco debemos esquecer que para outros autores este empobrecimento material intrínseco dos torques coincidiría coa xeneralización do seu uso, xa en momentos serodios (Reboredo 1999). Emporiso, resulta obvio que a realidade material intrínseca a este tipo de obxectos de forte contido simbólico podería ter mudado co paso do tempo, mais toda a súa significación cultural e conceptual indubidabelmente responde a unha realidade indíxena pre-romana anterior e moi recuada no tempo, pois xa coñecemos para o Noroeste peninsular numerosos antecedentes indiscutíbeis, deixando de lado o pseudotorques de Caldas de Reis e tomando en consideración os colares ríxidos áureos de finais da Idade do Bronce e comezos da Idade do Ferro. Por outra parte, a pergunta lóxica que todos podemos facérmonos se tivesemos en conta unha presunta introdución serodia des te tipo de elementos no Noroeste sería a de ¿por qué ao contrario do que acontece en toda a Europa Ocidental os elementos caracterísiticos da cultura material pre-romana serían nesta fisterra producións tardías, tendo en conta a súa especificidade morfolóxica, a súa riqueza formal e a súa forte implantación e espallamento por todo o territorio? Nengunha lóxica interpretativa conseguiría eludir argumentacións tan simples como éstas.

CONCLUSIÓNS Agardamos ter contribuído un pouco malS ao estudo dos torques norocidentais con esta pequena aportación, até agora inédita e que, afortunadamente, deixa abertas numerosas vías para a interpretación en termos históricos desta senlleira realidade arqueolóxica. Cuestións como a necesaria valorización da compoñente sonora e consecuentemente

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plurifuncional deste tipo de pezas (algo cotlan na ourivaría precolombina e nas crotalia romanas), os seus nidios paralelos formais e conceptuais no resto da área castrexa e nas culturas célticas extrapeninsulares ou as novidades tecnolóxicas que aporta a súa análise pormenorizada, deben ser tidas en conta para futuros estudos de conxunto.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 117-138

DOCUMENTACIÓN Y ARQUEOLOGÍA DEL ORO CASTREÑO: ACERCA DE F. MACIÑEIRA y EL TORQUES DE CAPELADA (SAN XIAO DE MONTOXO, CEDEIRA, A CORUÑA)

ÓSCAR GARCÍA VUELTA

Departamento de Prehistoria. Centro de Estudios Históricos-CSIC XOSÉ-LOIs ARMADA PITA Departamento de Humanidades. Universidade da Coruña

Resumen. Llevamos a cabo un estudio tecnológico del torques encontrado en San Xiao de Montoxo (Cedeira, A Coruña) y publicado inicialmente por Federico Maciñeira, así como una exposición de los documentos relacionados con su adquisición por parte del Museo Arqueológico Nacional y una revisión historiográfica de la obra de Maciñeira en lo concerniente a la arqueología del oro. El objetivo es mostrar algunas alternativas a la vía tipológica en arqueología del oro, como el estudio tecnológico basado en la observación directa (para conocer el proceso de fabricación) y el análisis historiográfico/documental (para clarificar las condiciones del hallazgo de un elevado número de piezas).

Abstract. We carry out a technological study of the gold torc found at San Xiao de Montoxo (Cedeira, A Coruña) and first1y published by Federico Maciñeira, as well as a presentation of the documents related to his purchase by the Museo Arqueológico Nacional and a historiographical review of the work by Maciñeira concerning gold archaeology. The aim is to show sorne alternatives to the typological view in gold archaeology, such as the technological study based on direct observation (to know the fabrication process) and the historiographicalldocumental analysis (in order to clarify the find conditions of a high number of pieces).

INTRODUCCIÓN En la práctica, el desarrollo de una investigación sobre arqueología del oro, y en especial sobre arqueología del oro del Noroeste Peninsular, se encuentra con un buen número de factores limitadores largamente expuestos (Balseiro, 1999). Entre éstos destacan la dispersión y la dificultad de acceso al material arqueológico, su desigual grado de estudio y la carencia de información sobre sus contextos, cronologías y modos de recuperación. Afortunadamente, en los últimos años una importante renovación metodológica en el estudio de los materiales ha dado lugar a nuevos caminos de interpretación, reactivando el debate en esta disciplina. Sin embargo, dos tareas fundamentales continúan aún pendientes para el adecuado desarrollo de la investigación. La primera es la sistematización de toda la información documental disponible sobre las piezas y hallazgos, en la actualidad dispersa y parcialmente

inédita. La segunda, la revisión crítica y actualizada de los conceptos y estudios anteriores en la materia, frecuentemente apoyados en una observación indirecta o inadecuada de los materiales y que han contribuido en algunos casos a la pervivencia de interpretaciones y conceptos erróneos. Aunque recientemente se han realizado aportaciones críticas sobre la arqueología del Noroeste de la Península Ibérica (Fernández-Posse, 1998), no contamos aún con una síntesis dedicada específicamente a la arqueología del oro en esta zona, ocupándose los últimos trabajos en una visión panorámica de la investigación a nivel peninsular (Perea, 1999) o en un análisis historiográfico general (Acuña Castroviejo, 1996; Alonso Troncoso, 1995). Son todavía menos los estudios que contribuyen al mejor conocimiento documental y contextual de las piezas o a la publicación de ejemplares hasta ahora inéditos (Ladra, 1997-98 y 1999a; Grupo de Arqueoloxía da Terra de Trasancos, 2000).


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ÓSCAR GARCÍA VUELTA /

XosÉ-Lors

ARMADA PITA

FIGURA l. Torques de San Xiao de Monroxo.

A falta de esta labor, el trabajo que exponemos supone una aportación en esta línea, integrando el estudio documental e historiográfico con una nueva revisión del material arqueológico, donde se prima su lectura técnica y tecnológica sobre otros aspectos que hasta la fecha se han demostrado insuficientes para su estudio, como por ejemplo la tipología (Armbruster y Perea, 2000).

FIGURA 2. Localización del hallazgo.

Tomamos como ejemplo el torques de la sierra de A Capelada (San Xiao de Montoxo, Cedeira, A Coruña), conservado en el Museo Arqueológico Nacional. Este torques es uno de los que cuenta con un mayor volumen de información sobre procedencia, fecha y modo de recuperación; desde el punto de vista tecnológico ofrece además unas características que lo convierten en una pieza singular. Por otra parte, la historia y avatares del presente hallazgo enlazan con una de las figuras claves para el estudio de la arqueología gallega, Federico Maciñeira, cuya contribución a la arqueología del oro del Noroeste también se analiza en estas páginas. Para la realización de este trabajo, nos hemos apoyado en un nuevo estudio topográfico del torques mediante su observación con lupa binocular en el M.A.N., documentando los resultados de este proceso con fotografía macro. En los apartados documental e historiográfico tomamos como base la revisión de la documentación exis-


Documentación y arqueología del oro castreño: acerca de F Maciñeira y el Torq14es de Capela (San Xiao de Montoxo, Cedeira, A Coruña)

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tente en el Archivo del Museo Arqueológico Nacional (García Vuelta, e/p), así como la conservada en el archivo de la familia Maciñeira, y el estudio de la obra de este mismo autor (Armada, e/p). En cuanto al análisis contextual, aportamos también los resultados obtenidos en una visita al lugar del hallazgo para clarificar las condiciones de recuperación y su eventual relación con yacimientos arqueológicos de la zona. 1

FEDERICO MAClÑEIRA y LA ARQUEOLOGÍA DEL ORO Por diversos valores y circunstancias, detenidamente expuestos en otro lugar (Armada, e/p), la figura de Federico Maciñeira puede calificarse como excepcional en la historiografía arqueológica del Noroeste peninsular. En momentos de considerable aislacionismo científico, en los cuales el precario estatuto institucional de la arqueología otorgaba un destacado protagonismo a eruditos y aficionados, Maciñeira se muestra como una personalidad renovadora, sirviendo de enlace entre los historiadores y anticuaristas decimonónicos (Murguía, Villaamil, Saralegui ... ) y los hombres del Seminario de Estudos Galegos, que bajo la batuta de Cuevillas -y más tarde Bauza Brey- ejercieron una crucial influencia en la arqueología de las décadas postenares. La actividad arqueológica de Maciñeira se prolonga de forma sostenida durante más de 50 años, desde 1890 hasta su muerte en 1943. Durante todo este tiempo desarrolla una intensa tarea de prospección y recuperación de material arqueológico, cuyos resultados van saliendo a la luz con notable celeridad en algunos casos; a ello se unen algunas excavaciones -sobre él se ha dicho (Bauza, 1947) que efectúa en Galicia la primera excavación sistemática con fines puramente científicos- funda-

Agradecemos a D. Federico Maciñeira Teijeiro, nieto del arqueólogo ortegano, la colaboración ofrecida durante nuestro estudio, así como las facilidades prestadas por el Departamento de Protohistoria y Colonizaciones y el Archivo documental del M.A.N. Debemos mencionar y agradecer igualmente la colaboración de Alberto López Fernández, del Grupo de Arqueoloxía da Terra de Trasancos, en lo concerniente a la definición del lugar del hallazgo.

FIGURA 3. Federico Maciñeira.

mentalmente en túmulos y en el entorno de Estaca de Bares, que en su opinión había sido una importante estación portuaria desde tiempos prehistóricos. Concede además destacada importancia al estudio de materiales y a la representación gráfica del registro -son admirables algunos de sus dibujos y fotografías-, configura una importante colección de piezas que dona a su muerte a la Universidad de Santiago de Compostela y desarrolla una intensa labor en el proceso de institucionalización de la arqueología. Son los aspectos citados algunos de los que confieren una destacada importancia a esta personalidad. No es el presente, sin embargo, el marco adecuado para desarrollar pormenorizadamente todas y cada una de estas facetas, analizadas ya en otro lugar (Armada, e/p). Nos limitamos aquí a una breve exposición de las aportaciones de Maciñeira a lo que hoy denominamos arqueología del oro, concepto que, justo será decirlo, no era de uso común en su época. En este sentido, cabe también destacar que no estamos ante un autor que a lo largo de su vida haya mostrado un interés preferente por la orfebrería antigua, puesto que nunca


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ÓSCAR GARCÍA VUELTA / XosÉ-Lols ARMADA PITA

llegó a ofrecernos un estudio monográfico en la línea de los escritos por Villaamil o Cuevillas. Bien al contrario, son otros los temas que le ocuparán con mayor frecuencia, entre ellos el megalitismo, la geografía antigua y navegación prehistórica, las factorías salazoneras romanas o las romerías y folclore vinculados al santuario de San Andrés de Teixido. No obstante, ello no resta interés a una aproximación historiográfica en la línea de la aquí expuesta. Contamos, al menos, con dos aspectos que merecen ser comentados en una revisión de sus aportaciones en arqueología del oro. El primero, aquellas referencias que a lo largo de sus publicaciones encontramos a piezas desaparecidas; testimonios de mayor o menor validez y fiabilidad pero que en todo caso merecen una adecuada sistematización en un momento como el presente, donde apremia la necesidad de catálogos exhaustivos con toda la información que podamos obtener, incluso acerca de hallazgos hoy perdidos. El segundo aspecto engloba su reflexión teórica y metodológica sobre la arqueología del oro, formulada básicamente con motivo de la publicación del torques que aquí estudiamos, pero también tangencialmente expuesta, en lo que atañe a las primeras etapas metalúrgicas, al estudiar los contextos tumulares de As Pontes (A Coruña). Con respecto a las piezas desaparecidas, siguiendo una ordenación cronológica debemos aludir en primer término al hallazgo de algún tipo de adorno, tal vez una diadema, encontrado por unos trabajadores ingleses que realizaban estudios en la zona de As Pontes. Al publicar el torques de Capelada, Maciñeira anota a pie de página: "En una mámoa de la notable estación de Puentes de García Rodríguez (número 1 de las de mi carta arqueológica de la comarca), parece que también se encontró un torques ha cosa de treinta años, que llevaron los halladores: unos ingleses que estudiaban un ferrocarril minero y registraron el túmulos" (Maciñeira, 1923: 11). Aunque incurre en un desfase de más de 10 años en lo que atañe a la fecha de violación del túmulo, vuelve el autor ortegano sobre el mismo hecho en un artículo posterior (Maciñeira, 1929b: 23). En efecto, en él nos precisa que ello se produjo "allá por el 1880"; añade que el túmulo se sitúa en el lugar llamado La Mámoa, medio km al Suroeste de Medoñas da Mourela en dirección

FIGURA 4. Supuesta lúnula de Cerdido (según Saralegui).

ascendente, ya en la cumbre de la colina; nos dice también que es de tipo cairn o gals-gals, es decir, con coraza pétrea y carente de dolmen; y, en fin, indica que junto al citado adorno o joya salió "una pequeña espada de cobre o bronce" (1929b: 23). Aunque Maciñeira practica una reexcavación en torno a 1892, los datos más reveladores en este particular le son transmitidos por su peón, quien previamente había trabajado junto a los ingleses en la excavación del túmulo. La hipótesis más plausible en este caso, de ser verídicos los datos referidos, es que estuviésemos ante una pieza Calcolítica, probablemente una diadema o una gargantilla, que formaría parte de un ajuar similar al localizado en un túmulo muy próximo a éste, el n° 240 de Veiga dos Mouros (As Pontes), también sin cámara, donde fueron recuperados una diadema, un puñal de lengüeta y al menos cuatro puntas palmela (Pérez Outeiriño, 1995: 112; Bóveda, 1998: 131; Comendador, 1998: 24). Si bien lo hace de forma esporádica y ocasional, el autor ortegano no deja de mencionar una de las piezas más misteriosas -pero también más citadade la arqueología del Noroeste: la supuesta lúnula de Cerdido, que Maciñeira (1923: 6s), al igual que Saralegui, denomina torques. Dado que se fundió tras su hallazgo, poco puede decirse con fundamento acerca de esta pieza; al igual que la de Allariz, también desaparecida, fue ubicada por López Cuevillas (1932a) en época castreña, pero sobre la base de la ilustración ofrecida por Saralegui (1894: 31) parece haberse impuesto en los últimos tiempos la opinión de que


Documentación y arqueología del oro castreño: acerca de F. Maciñeira y el Torques de Capela (San Xiao de Montoxo, Cedeira, A Coruña)

estamos ante una lúnula de inicios de la Edad del Bronce (Almeida, Bóveda y Vilaseco, 1995: 30; Casal y Bóveda, 1996: 243, 249; Bóveda, 1998: 134s). Esta interpretación cuenta a su favor con el supuesto contexto tumular en el cual, al parecer, aparecieron las piezas de Cerdido y Allariz, pero soslaya un dato crucial transmitido por Saralegui (1894: 283) y del cual sí se hacen eco tanto Maciñeira (1923: 6) como López Cuevillas (1932a: 136), cual es el peso del objeto, nada más y nada menos que 700 g. Nada sabemos acerca de la fiabilidad del dibujo ofrecido por Saralegui -no consta que viese la pieza direetamente- ni del crédito que pudiera merecer el testimonio de quien dijo haberla encontrado en algo parecido a un barrow. 2 Pero el peso sí es un dato que podría haber obtenido con relativa fiabilidad una persona de la época cuyos conocimientos arqueológicos fuesen nulos. Aunque hay torques que superan los 700 g, no son muy frecuentes, y desde luego no conocemos lúnulas del Bronce Inicial que alcancen tales dimensiones ponderales. Los modelos continentales no exceden los 300 g Y los irlandeses rondan los 40 o 50 g (Taylor, 1980: 25-44; Eiroa et al., 1999: 263); la única lúnula hoy conocida en la Península que incuestionablemente podemos fechar en en el Calcolítico-Bronce, la de Cabeceiras de Basto (Braga, Minho), se sitúa en 44'8 g (dato tomado de Comendador, 1998: 49). Remates de densidad algo mayor (sencillos botones bitroncocónicos) que los cierres de pestaña que suelen presentar las lúnulas de inicios del Bronce los vemos en el ejemplar de Viseu, ya de época castreña, aunque su peso (59'6 g según Silva, 1986: 253) sigue distando muchísimo del que Saralegui ofrece para el torque -como él lo denomina- de Cerdido. No queremos decir con esto que la cuestión quede resuelta a favor de un encuadramiento concluyente en época castreña o romana, sino que ateniéndonos sobre todo a su supuesto peso- sigue

2 Podría decirse que esta procedencia tumular se asume demasiado a la ligera, teniendo en cuenta que en la publicación se afirma que la pieza "se encontró en las inmediaciones de otro monumento de esa clase [barrow] en San Martín de Cerdido" (Saralegui, 1894: 283). En caso de que la noticia fuese rigurosamente cierta, queda claro aquí que la relación sería de proximidad y no de inclusión.

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siendo complejo dilucidar qué fue lo que realmente apareció en Cerdido. Igualo mayor problema plantea otra información publicada por Maciñeira y referida a varios hallazgos de piezas de oro en Viveiro (Lugo). Su origen se encuentra en una serie de cartas que un culto vecino de esta localidad, Jacobo Araújo, remite a Murguía en 1867. Este último le facilita las cartas a Maciñeira para que aproveche los datos de interés arqueológico que en ellas se ofrecen, y que el autor ortegano resume en un artículo que publica años más tarde (Maciñeira, 1930). El caso es que en una de dichas cartas, con fecha del 8 de mayo de 1867, se alude a dos empuñaduras de espada realizadas en oro; los datos que sobre ellas se ofrecen resultan confusos, aunque en una se describe la presencia de "una especie de greca de espirales serpenteantes a la manera de postas, defectuosamente expresados" y de la otra se concreta que apareció "en la cima de un coto muy elevado... llamado el Castelo, enterrada al pie de unas peñas colosales, a las cuales va la gente vulgar de estos campos en romería el día de San Martín... "; al parecer, su hoja pudo haber sido de hierro y todavía conservaba la vaina; en una carta anterior (11 de enero del mismo año) había manifestado con respecto a la primera de las empuñaduras que fue hallada por un labrador en el castro de Esteiro y que pesaba catorce onzas (Maciñeira, 1930: 226s). U na noticia de este género podría llevar a pensar en empuñaduras con guarniciones y elementos decorativos en oro, como las de Guadalajara -para la cual se baraja Asturias como procedencia alternativa- o Abía de la Obispalía (Almagro Gorbea, 1972; Pingel, 1992: 52s); en esta dirección apunta Balseiro (1994: 314), anotando su posible relación con espadas del Bronce Final y su hipotética ubicación ca. 1200-800 ane. Pero sin más datos todo cuanto se diga al respecto resulta arriesgado. Mayor crédito merece otra noticia, ofrecida por Araújo en el mismo lugar, referente al hallazgo de "un trozo de oro finísimo" de "13 onzas y media" de peso en el juncal de Portochao, también en Viveiro, dado que, a decir de Maciñeira (1930: 227), en dicha carta el erudito vivariense dibuja claramente un torques. Según este mismo autor: "No ofrece} por todo ello} duda su interpretación} ya que el dibujo representa las tres circunstancias más peculiares de estas áureas joyas protohistóricas: semicírculo penanular; remates esféricos o quizá de bellota o perilla} y alambre arrollado a la


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varilla. Sin que de los demás detalles secundarios, (aun cuando entre las vueltas del alambre arrollado marque unos puntos), podamos decir nada, cual de sus dimensiones" (Maciñeira, 1930: 227). A posteriori este torques ha pasado a incluirse entre los pertenecientes al tipo ártabro, desconociéndose su paradero (Acuña y Casal, 1984-85: 266). Como posiblemente procedentes de Viveiro se han publicado también un torques íntegro y un fragmento de otro, proponiéndose que el que se conserva entero, de tipo ártabro, pudiera ser éste del que habla Maciñeira (Balseiro, 1994: 60-65, 168-175, 187s). Otro posible torques pudiera serlo el "gran aro de oro" aparecido en el que Maciñeira (1905) denomina castro de San Saturnino, que probablemente se corresponde con el que en bibliografía más reciente (Fernández Caínzos, 1987: 116s) aparece citado como As Croas. Al parecer, la pieza salió en torno a 1845 al cavar en el recinto castreño con motivo de labores agrícolas y fue vendida por su hallador al cura párroco de Lamas; a partir de informaciones orales de los habitantes del lugar, Maciñeira (1905: 88) deduce que debía tratarse de un brazalete o de un torques. Particular interés reviste la alusión a una fíbula aparecida en este mismo castro; el propio Maciñeira pudo examinarla, clasificándola como perteneciente al tipo Sabroso, "desprovista del correspondiente alfiler, pero con expansión lateral practicada en gotera para descanso de aquel, de sección cuadrangular, remate terminado en botón semiesférico con pequeño apéndice y superficie lisa, excepto en el lomo del puente, donde presenta un pobre motivo ornamental, de aspecto arcaico y tema geométrico, consistente en una serie de rayas paralelas poco profundas que se cortan en ángulo recto, formando un cuadriculado" (Maciñeira, 1905: 88). Si la clasificación de este autor es correcta, estamos ante una noticia de cierta relevancia, dado que hasta el momento en Galicia sólo se habían identificado fíbulas tipo Sabroso en ámbito meridional, concretamente en Troña y Sta. Trega (Silva, 1986: 188; Cortegoso, 2000: 131). Hasta aquí la exposición de aquellas referencias mínimamente detalladas que encontramos en la obra de Maciñeira a piezas de oro actualmente desaparecidas. El segundo aspecto al que antes nos referimos es la reflexión teórica y metodológica de este autor en lo que atañe a la arqueología del oro. No es mucho lo que puede decirse en este sentido, pero cabe adelantar que de los denominadores

compartidos por buena parte de los estudios de la época sobre orfebrería en Galicia, algunos de ellos analizados por Comendador (1996: 55-58), al menos dos se encuentran en la obra de este investigador: el interés por el tema atlántico y la discusión sobre el modo de utilización de los objetos. El texto clave para el análisis de la cuestión es sin duda el consagrado al torques de Capelada (Maciñeira, 1923), aunque también pueden entreverse algunas perspectivas en aquellos trabajos que consagra a las estaciones tumulares de As Pontes. En algunos de estos túmulos había practicado excavaciones Santiago de la Iglesia en julio de 1893; el autor de tales trabajos, médico erudito afincado en Ferrol, tardó tiempo en difundir sus resultados, y cuando se decidió a hacerlo fue por medio de unas escuetas notas, ya que "la cultura de la mayor parte de España no le tolera á un médico que dedique sus ocios veraniegos á estas cosas propias de hombres descentrados, á estas cosas que para nada sirven" (Iglesia, 1907: 59). Sin embargo, la relevancia de los hallazgos fue tal -como hoy muy bien sabe la arqueología gallega- que pronto aparecieron mencionados en trabajos de Saralegui (1894) o del propio Maciñeira, autores a cuya disposición puso desde un primer momento los datos obtenidos. En uno de los túmulos (el 240 de Veiga dos Mouros) apareció una diadema de oro que podemos ver frecuentemente citada en trabajos de Maciñeira y de otros autores. Las circunstancias del descubrimiento son confusas, en particular en lo que atañe a la composición del resto del ajuar, pues si bien se da por seguro el hallazgo de un puñal de espigo, los pareceres sobre el número de puntas palmela que acompañaban a estos dos objetos oscilan entre tres y cinco (Pérez Outeiriño, 1995: 112). El propio S. de la Iglesia ofrece el siguiente comentario: "Lanza de cobre, de 140 * 40 milímetros, encontrada por mí al desmontar un tumulus en la llanura de Vilavella (Puentes de García Rodríguez), juntamente con la diadema de oro número 27 y las flechas números 19, 20, 21 Y 22. Estas cinco piezas... " (Iglesia, 1907: 63). El médico ferrolano comete aquí un pequeño desliz, puesto que la diadema no lleva el número 27 en su catálogo, sino el 26, y además al describirla eleva el número de puntas palmela a cinco: "Diadema de oro de 20 quilates, 19 gramos de peso, 345 milímetros de longitud, de la forma de los cuellos llamados tirillas, con los extremos redondeados y uno de ellos roto por el azadón


Documentación y arqueología del oro castreño: acerca de F Maciñeira y el Torques de Capela (San Xiao de Montoxo, Cedeá-a, A Coruña)

al ser hallado, junto con la lanza y flechas números 18) 19) 20, 21 Y 22, en la base de un pequeño tumulus, que no llegaba á un metro de alto, en la llanura de Vilavella, en mis exploraciones de 1893" (Iglesia, 1907: 64). Por lo demás, resulta interesante constatar ya una cierta atención a aspectos técnicos ("parece obtenida con laminador y no con martillo de piedra ó bronce", ibid.) y la misma preocupación por la función de la pieza, que considera diadema a través de la comparación con el ejemplar de Cueva de los Murciélagos (Iglesia, 1907: 67). Aunque no tengamos evidencias para la resolución de estas controversias, a través de las publicaciones de la época podemos dar como seguras algunas cosas: que en el área de As Pontes son al menos tres los túmulos que dieron materiales metálicos (Iglesia, 1907; Comendador, 1998: 24-26), que la diadema estaba acompañada por un puñal y cuatro o cinco puntas palmela y que todos estos materiales metálicos salieron en túmulos de tierra limpia, o al menos sin estructura central visible, y de reducidas dimensiones (Iglesia, 1907; Casal y Bóveda, 1996: 243). En todo caso, ya en sus primeras publicaciones, a fines del siglo XIX, se hace eco Maciñeira de estos descubrimientos, si bien apenas es objeto de breves comentarios la diadema en sí misma; únicamente cabe anotar unas someras reflexiones expuestas en el citado estudio del torques de Capelada, donde igualmente anota su paralelismo con el ejemplar de Cueva de los Murciélagos (Abuñol, Granada) y señala el gran adelanto tecnológico que la pieza revela, ya que por su excelente laminación "los plateros dudaban que no lo hubiese sido al moderno laminador de cilindro (... ), aun cuando por su absoluta carencia de ornamentación denuncie en esta materia la fase inicial del arte" (Maciñeira, 1923: 12). La diadema, no obstante, es objeto de breves citas en numerosas ocasiones, a raíz de digresiones interpretativas sobre el horizonte Calcolítico o Eneolítico, que en la obra de Maciñeira aparece perfectamente definido en ergologías (vaso campaniforme, metalurgia, etc.) y estructuras (cistas, túmulos sin cámara, etc.). Este proceso cultural se contempla desde una perspectiva marcadamente atlantista, en la que se confiere un peso considerable a los contactos marítimos relacionados con el aprovisionamiento de metal y en el que, además, los fenicios ocupan, según Maciñeira, un importante papel a lo largo de un dilatado período de tiempo. El de los

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contactos atlánticos es, sin duda, un tema clásico en la historiografía arqueológica del siglo XX que ya encontramos presente en las publicaciones iniciales del autor. En la misma dirección apuntan López Cuevillas y Bouza Brey (1929), así como buena parte de la investigación peninsular desde P. Bosch Gimpera; autores todos ellos que irán allanando el camino de cara a la generalización del concepto de Bronce Atlántico, de uso común desde las publicaciones de Santa-Olalla y MacWhite (FernándezPosse, 1998: 24ss). Estos precedentes historiográficos favorecerán la interpretación de buena parte de la orfebrería atlántica del Bronce desde análogos presupuestos atlantistas, en los cuales el trasiego de mineral se presenta como un motor fundamental para los contactos e intercambios (Comendador, 1996: 57s). Merecen en la obra de Maciñeira un tratamiento más detallado los torques castreños, a los cuales se consagran unas cuantas páginas al estudiar la pieza cuya investigación aquí nosotros retomamos. Las primeras páginas del artículo se dedican estrictamente a la presentación del torques, efectuada de forma detallada y ejemplar: atención al lugar y condiciones del hallazgo, medidas, peso e incluso ciertas precisiones -en algunos casos acertadassobre aspectos tecnológicos. A continuación encontramos ya una exposición relativamente amplia sobre la problemática de los torques castreños. U na vez se leen las páginas consagradas de modo directo al estudio de la pieza, se puede comprobar seguidamente que los grandes interrogantes y problemas que se planteaba la investigación del momento -yen algunos casos también la actualestán presentes en el artículo: la cronología, la existencia de talleres y su definición, las relaciones de dependencia/ruptura con respecto a las producciones del resto de Europa y el tipo de uso que recibían las joyas. Unos breves comentarios sobre estas cuestiones nos servirán para concluir el presente capítulo; nos atenemos en buena medida al orden de exposición seguido por el propio Maciñeira. Todo su discurso se elabora en un constante comentario y discusión de las obras de otros autores que se han ocupado del tema, y que aparecen citados a lo largo del artículo (Villaamil, Oviedo Arce, Murguía, Ricardo Severo, Alves


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Pereira, Mélida, Berlanga, José Fortes, Bosch Gimpera... ). El primer asunto que plantea es la fuerte personalidad de los torques castreños, cuyos elementos diferenciadores le llevan a proponer, en la línea de otros autores, "la existencia de un grupo específico de torques, probablemente labrados en el noroeste ibérico" (Maciñeira, 1923: 9). Se observa ya un notable interés por las cuestiones tipológicas, tan queridas por la investigación posterior, en la medida en que llega a hablar de un grupo ortegalés, compuesto por el ejemplar de Capelada y otros dos a su parecer idénticos: el de Croa de Riotorto (Mondoñedo) y otro del cual tiene fotografía aunque "por lamentable descuido" sin anotación de procedencia; en esta línea, se insinúan ya algunos elementos y asociaciones recurrentes (remates piriformes, aros de sección romboidal con adelgazamiento en los extremos... ) (Maciñeira, 1923: 9s). En lo referente a los aspectos funcionales, el autor ortegano recoge un amplio ramillete de propuestas: adornos para el cuello, los brazos o las piernas, elementos de intercambio, piezas de carácter monetario, condecoraciones militares, etc. No negando que pudiesen a veces funcionar como bienes de intercambio, Maciñeira no concede crédito a la opción monetarista, puesto que "no habría para qué darles formas tan inutilmente complicadas" 0923: 16). y es que en este particular su opinión es concluyente: ".. .yo sigo sustentando en el presente caso el criterio primitivo; esto es, que son collares rígidos, llenando por tanto la misma función suntuaria que los clásicos torques" 0923: 17). Los ejemplares castreños serían, así pues, una adaptación regional de un concepto de amplia difusión, lo cual vendría dado porque "el genio gallego disponiendo relativamente de abundancia de oro nativo, quiso hacer gala de su originalidad y de su riqueza, apartándose del modelo común... " 0923: 19). Naturalmente que desde una perspectiva estrictamente presentista estas apelaciones al genio gallego pueden parecer disparatadas, pero lo cierto es que son pauta frecuente en la historiografía de la época, tanto en la gallega como en la de otras muchas partes de la Península. La cronología se considera un aspecto crucial. El mencionado investigador recoge las opiniones de diversos autores y trae a colación producciones procedentes de contextos tumulares como el comentado de As Pontes, insinuando con ello una tradición remota que desde sus orígenes podría

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venir desarrollándose sin solución de continuidad. Tras hacerse eco de los pareceres más dispares expresa su conformidad con quienes proponen como incuestionable la fabricación indígena de los torques. En momentos donde los criterios evolutivos acostumbraban a explicarlo casi todo, Maciñeira concluye igualmente que los torques abiertos de varilla lisa son los más antiguos, mientras que los ornamentados podrían considerarse un paso previo a los de alambre enrollado; esto le permite definir las producciones castreñas como "tipos de transición", ya que "por estas apartadas tierras debió de operarse la evolución en ellos de la varilla lisa a la exornada con el alambre enroscado" (1923: 20). En las últimas páginas, el estudio anota lo extendido que debió estar el uso de los torques en época castreña, como probarían las estatuas de guerreros, y propone para el torques de Capelada una posición intermedia en la secuencia cronológica de las producciones noroccidentales, ya que por su acabada técnica no puede situarse entre los más antiguos. Finaliza Maciñeira expresando sus concordancias con Vicente Risco, para quien los ejemplares castreños son una evolución gallega de los tipos del Hallstatt, suposición que vendría fortalecida, en el presente caso, por el cercano hallazgo de la empuñadura de antenas de Alcaiás. En suma de cuentas, puede concluirse de todo lo expuesto que la arqueología del oro no llega a vertebrar la labor de Maciñeira en ningún momento de su trayectoria como arqueólogo, ya que son otros, bastante diferentes, los ámbitos temáticos a los que presta atención. No puede decirse, en este sentido, que nos encontremos ante un autor influyente en la investigación sobre orfebrería, ya que su atención a este campo se da en ocasiones muy concretas y suele vincularse a la aparición de nuevos ejemplares o al registro de noticias relativas a piezas perdidas. Pero al mismo tiempo cabe subrayar que cuando el arqueólogo ortegano consagra atención a esta materia, lo hace con notable rigor y competencia. En el aspecto técnico y descriptivo, exhibe la misma meticulosidad que aplica a otras manifestaciones del registro, ofreciendo fotografías y descripción de medidas, pesos, alteraciones y procesos técnicos de fabricación. En el plano interpretativo demuestra igualmente intuición, espíritu analítico y amplios


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conocimientos bibliográficos, atreviéndose a sustentar opiniones personales. Contemplado en el contexto de su época, naturalmente comparte con otros autores una serie de prejuicios, carencias y limitaciones análogas a las que puedan encontrar en la investigación actual quienes se encarguen de juzgarla décadas más tarde.

EL TORQUES DE CAPELADA: SU HALLAZGO, ADQUISICIÓN E INVESTIGACIONES POSTERIORES Descripción: torques de oro, con forma de "c" abierta y completo, aunque notablemente deformado. Se conserva en el Museo Arqueológico Nacional (inventario 32. 707). Está compuesto por un aro macizo de sección cuadrado-romboidal y terminales piriformes voluminosos, huecos. Fue decorado en la práctica totalidad de su superficie a punzón, con un punteado irregular y superficial. Dimensiones y peso: la notable deformación del ejemplar impide un análisis adecuado de sus proporciones básicas originales; en su estado actual, presenta un diámetro máximo de 19'5 cm, con un desarrollo de 37'5 cm. En sección romboidal, el aro tiene un grosor máximo de l' 3 cm, siendo su grosor en la zona próxima a los terminales de 0'95 cm. Los terminales tienen 3 cm de longitud, su diámetro máximo es de 2'6 cm en su zona central y de 1'4 cm en su parte posterior. Pesa 311'2 g.3

FIGURA 5. Torques de San Xiao de Montoxo.

FIGURA 6. Panorámica del valle de Montoxo.

El hallazgo El lugar del descubrimiento se sitúa en las estribaciones altas de la sierra de A Capelada, en la parroquia de San Xiao de Montoxo, dentro de los límites administrativos actuales del ayuntamiento de Cedeira, encuadrado en la comarca natural del cabo Ortegal. 4 Según los datos ofrecidos por

3 El peso original de 363 g transmitido por Maciñeira (1923: 7) fue rebajado a este valor por F. Álvarez-Ossorio 0954: 46). Por nuestra parte, hemos realizado un nuevo pesado de la pieza, empleando dos tipos de balanza disponibles en el Gabinete Numismático del MAN; en el primer caso, el aparato de precisión empleado no permitió la obtención de datos, al superar el peso de la pieza su capacidad de medida; el segundo peso se obtuvo con una balanza de platos, coincidiendo con el propuesto por Álvarez-Ossorio.

FIGURA 7. Detalle de aro del torques, donde se observa el corte producido, según Maciñeira, durante la recuperación de la pieza, así como huellas de martillado sobre las aristas de la varilla.

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Aunque esta pieza aparece frecuentemente mencionada como Iltorques de Ortigueira", hemos adoptado aquí la denominación de torques de Capelada, por ajustarse en mayor grado a la realidad geográfica de su hallazgo.


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Maciñeira, el punto exacto del hallazgo es un terreno pedregoso, de media ladera, en las cercanías de un peñasco llamado A Pena do Sol, que marcaría en estos momentos un punto destacado en el paisaje y estaría situado en la misma ladera natural donde se recuperó el torques, en un paraje conocido como Chao dos Agueiros y Costoso (Maciñeira, 1923: 5s). La pieza fue descubierta por un agricultor en torno a 1919 o 1920 5 , en el transcurso de labores de acondicionamiento de una servidumbre de parcelas, a unos 80 cm de profundidad. El torques vio la luz por un golpe de azada, responsable según Maciñeira de la deformación y el corte que presenta actualmente en el aro (fig. 7); habría sido encontrado "de plano entre el terreno de aluvión", sin estar asociado a estructuras arquitectónicas ni a otro tipo de materiales, siendo esto interpretado por el citado autor como consecuencia de un arrastre por agentes naturales desde su emplazamiento original (Maciñeira, 1923: 6). El lugar del descubrimiento se emplaza aproximadamente 1 km al NE del castro de Aleaiás (n° 21 en la carta arqueológica de Maciñeira), también en Montoxo, y cercano asimismo al de Croa de Carracedo (nO 22 en la citada carta) (cf. Maciñeira, 1935). Desde una perspectiva comarcal, el lugar está situado en una zona de evidente interés arqueológico. Ciñéndonos únicamente a las más relevantes ergologías metálicas de época castreña, cabe subrayar que en el citado castro de Aleaiás y en su entorno más inmediato -en el lecho de un riachuelo- aparecieron respectivamente un hacha de hierro (Maciñeira, 1934: 14) y una empuñadura de antenas (Maciñeira, 1909) que fue a parar a la colección Maciñeira, hoy depositada en el Departamento de Historia 1 de la Universidad de Santiago. A su vez, en la playa de A Basteira, en el limítrofe término municipal de Cariño, se encontraron un posible colgante o amuleto de bronce con forma de hachita y prótomo de toro (Luengo, 1964; Armada, 2001), hoy en el Museo Arqueolóxico Provincial de A Coruña, y un magnífico puñal de antenas (Meijide, 1984-85), que desgraciadamente continúa en manos privadas. Merece

reseñarse igualmente el hallazgo, en el mismo Montoxo, de un tesorillo de unas 440 monedas romanas, de las cuales Maciñeira sólo llega a recoger la descripción de cuatro o cinco (Maciñeira, 1929a). En fin, tampoco es descartable que la desaparecida lúnula o torques de Cerdido, también cerca de Montoxo, pudiera datar de época castreña, tal como arriba comentamos (Saralegui, 1894; López Cuevillas, 1932a; Pérez Outeiriño, 1995: 117). N uestra visita a la zona del hallazgo, en compañía de Alberto López Fernández, tuvo como objetivo concretar en el espacio las condiciones de su localización, visualizando sobre el terreno las informaciones ofrecidas por Maciñeira y aclarando la eventual relación con los castros más próximos 6 . La primera cuestión a plantear era la identificación segura del castro de Aleaiás (fig. 9), topónimo no reflejado en el Mapa Topográfico N acionaF ni en publicaciones más recientes; salimos de dudas consultando el artículo de F. Maciñeira sobre el tesorillo de monedas aparecido en la zona, donde se expone que su localización se produjo en las proximidades del lugar de Vilarnovo, "como a un kilómetro de distancia, en dirección Noroeste} del castro protohistórico das Aleayás" (Maciñeira, 1929a: 58). Teniendo en cuenta este dato, el citado yacimiento se corresponde necesariamente con el denominado El Castro en el MTN (N: 43° 39' 25" / W: 7° 58' 30"); a decir de Maciñeira, en su interior se encontró un hacha de hierro, la empuñadura de antenas apareció en el riachuelo inmediato -Rego do Castro en el MTN- Ya un 1 km en dirección NE-E se localizó el torques. El otro castro mencionado por Maciñeira al publicar esta última pieza, el de Croa de Carracedo (fig. 10), está situado en la zona de Montoxo Vello-Vieiteiras, en las proximidades

6

7 En su estudio sobre el torques, este autor afirma que se habría recuperado lIhace tres años ll (Maciñeira, 1923: 5).

Los castros del término municipal de Cedeira han sido publicados recientemente por Ramil, Tomás y López (2000), aunque con errores de bulto en lo que se refiere a las coordenadas geográficas de los yacimientos, al ofrecer para cuatro castros (Cheda de Abaixo, Riba, Os Castros y A Croa) las mismas coordenadas (N: 43° 40 1 04" / W: JO 56 1 10"), correspondientes a un punto que no está situado en el ayuntamiento de Cedeira, sino en el limítrofe de Ortigueira. En otros castros también se cometen errores en coordenadas. En adelante empleamos la abreviatura MTN para referirnos a este documento. El vuelo fotogramétrico data de 1972 y la primera edición es de 1981.


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FIGURA 9. Castro de Alcaiás.

FIGURA 10. Castro de Croa de Carracedo.

de la carretera Cedeira-Ortigueira (N: 43° 38' 50" / W: r 57' lO"). Tuvimos oportunidad de recoger las informaciones orales de dos personas del entorno que ya vivían cuando se produjo el descubrimiento. Uno de los informantes, de 92 años y residente en Cimadevila, nos indicó que nada recuerda acerca del hallazgo de piezas en Agueiros-Costoso-Pena do Sol, aunque sí sabe que aparecieron objetos muy antiguos en el castro de Alcaiás; nos precisó además que la Pena do Sol es la misma que en el MTN aparece mencionada como Pena Bendición (N: 43° 39' 05" / W: 7° 58' 02"). La otra informante, de 87 años y natural de Cheda de Arriba, nos comentó que en la Pena da Bendición corría agua natural -hoy desviada a unos depósitos cercanos- y que la gente acudía a ella a rezar; sí creer haber escuchado que en sus proximidades salieron "cousas de valor". Puede concluirse, así pues, que se conserva una memoria muy difusa del hallazgo que poco añade a los datos ya conocidos y publicados. En todo caso, a falta de una mayor determinación en los datos a nuestra disposición, no es posible mencionar un punto concreto en el que situar la localización del torques. Por esta razón, en el mapa hemos indicado una zona que se puede corresponder aproximadamente con el lugar del hallazgo, según los datos que ofrece Maciñeira (como 1 km al NE de Alcaiás, no lejos de Pena do Sol y no lejos tampoco de Croa de Carracedo). Teniendo en cuenta la alusión a "un peñascoso rellano" (Maciñeira, 1923: 5), y una vez comprobadas las características de la zona, nos inclinamos a creer que el punto estaría más bien al E de Alcaiás, en las inmediaciones de Agueiros-Costoso-Pena do Sol,

donde sí podemos encontrar algunos terrenos de estas características. Es conveniente indicar, por otro lado, que la Pena do Sol no es hoy -como lo era en tiempos del investigador ortegano- un peñasco destacado en el paisaje, sino que está enclavada en medio de un eucaliptal y rodeada de maleza (fig. 11). Aunque luego volveremos sobre esta cuestión, cabe caracterizar al torques de Capelada como un depósito arqueológico aislado, en posible relación con uno de los dos castros más cercanos. En este sentido, merece destacarse nuevamente el hallazgo del tesorillo de monedas romanas en la zona de Vilarnovo, igualmente en el entorno del castro de Alcaiás, en cuanto que constituye un patrón de deposición -presencia de monedas, recipiente metálico como elemento de contención y proximidad a uno o más castros- en cierto modo similar a otros hallazgos como el tesoro Bedoya, cuyas condiciones de recuperación y adquisición por el Museo de Pontevedra se aclaran en un trabajo reciente (Grupo de Arqueoloxía da Terra de Trasancos, 2000).

Avatares de la pieza La noticia del hallazgo se mantuvo inicialmente en secreto, aunque pronto llegó a conocimiento de F. Maciñeira a través de un amigo personal, que toma los datos del hallazgo del propio descubridor, cuyo nombre no se menciona (Maciñeira, 1923: 5s). Desconocemos si Maciñeira visitó el lugar de aparición del torques, aunque no resulta improbable, dada la relativa precisión de sus informaciones. La descripción de ciertas características de la pieza en momentos previos a su adquisición


Documentación y arqueología del oro castreño: acerca de F Maciñeira y el Torques de Capela (San Xiao de Montoxo, Cedeira, A Coruña)

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bien entendido que le tendré a V al corriente de la negociación si como confío el poseedor no se desprende de ella sin mi conocimiento".

Maciñeira reitera la petlclOn de una valoración para la adquisición del torques en otra carta a R. Mélida fechada el 21 de marzo del mismo año, rogando premura en la negociación para que la pieza "no salga de España". "... como quiera que no conviene demorar mucho la negociación, nuevamente me permito rogarle que se digne decirme hasta FIGURA 11. Pena do Solo Bendición.

cuando podría llegar a ofrecerse por el mismo; con el bien entendido -repítole- que de todas las gestiones que practiquen tendrá

apunta también a que Maciñeira no se limitó a transmitir los datos de su informador, sino que la revisó personalmente bastante antes de dicha adquisición, como indica la información que a continuación exponemos. En los primeros meses del año 1922, Maciñeira informó a J .R. Mélida, director del Museo Arqueológico Nacional, de la existencia del ejemplar y de su posible venta o destrucción de no ser adquirido, recomendando su ingreso en el Museo; en estos momentos, el torques permanecía aún en manos de su descubridor 8 . El primer documento que conservamos de estas gestiones es una carta manuscrita del autor ortegano a Mélida, fechada el día 24 de febrero de 1922. En este documento se aportan los primeros datos sobre el hallazgo, así como una fotografía del mismo. " ... le incluyo la fotografía de un nuevo torques aparecido en Galicia, del cual solo yo conozco la existencia y que por circunstancias especiales se tiene oculto sin que quiera darse publicidad al hallazgo. Es de oro magnífico, pesa 363 gramos, tiene Om 39; pero carece de todo elemento decorativo en la superficie del aro, salvo un imperfecto punteado. Está admirablemente trabajado, y la sección del aro es de losange. Aparece deformado en el aro por el golpe de azadón al tropezar con el objeto en el fondo de una zanja, en la vertiente de una montaña. Como quizá se pudiese adquirir, desearía me informasen hasta cuanto podría ofrecerse por tan interesante joya, con el 8

Esta documentación se conserva en el Archivo del M.A.N., en el expediente 1922/11; los documentos recogen los primeros trámites de adquisición del torques, incluyendo también parte de la correspondencia entre Maciñeira y R. Mélida previa a la compra inicial de la pieza por parte del propio Maciñeira.

V detallado conocimiento. "

El día 22 de diciembre de 1922, Maciñeira informa a J.R. Melida de que ha adquirido el ejemplar, pudiendo iniciarse las gestiones para su compra definitiva por parte del M.A.N. "El torques está ya en mi poder y tan pronto como ultime unos detalles que me permitan disponer en absoluto del mismo, trataremos de la forma de que vaya para el museo. Ya v. se servirá decirme la manera de enviarlo... "

Aunque el 2 de febrero de 1923 Mélida indica mediante correspondencia a Maciñeira los pormenores para la adquisición de la pieza 9 , aún tendremos que esperar hasta el año 1924 para la finalización de esta gestión, desconociéndose hasta el momento los motivos de tan considerable retraso; mientras tanto, Maciñeira publica su estudio en el Boletín de la Real Academia Gallega de 1923, que supone la base de todas las interpretaciones posteriores del torques. El 24 de abril de 1924, evaluado el ejemplar desde la sección primera del M.A.N., el torques ingresa definitivamente en el Museo, que paga por él 2.500 pts. 10 Por lo demás, y en otro orden de cosas, este trámite significa en su día una profundización de las relaciones de Maciñeira con instituciones científicas de ámbito estatal, iniciadas años atrás. Muy joven había adquirido el arqueólogo ortegano la

9 Documento conservado en el Archivo de Don F. Maciñeira Teijeiro. 10 Archivo del M.A.N. Expediente 1924/15.


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distinción de Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia, institución cuyo boletín acogió su temprano artículo sobre insculturas rupestres (Maciñeira, 1902). A la Academia envió asimismo la fotografía de una inscripción medieval procedente de Ortigueira; igualmente otros investigadores de la época hicieron llegar a esta misma institución sus informes y aportaciones sobre la arqueología de la zona (Rasilla y González, 2000: 109, 113, 125-27, 144s, 162).

Historiografía e interpretaciones Como vimos anteriormente, las primeras referencias al torques proceden de la correspondencia mantenida entre F. Maciñeira y J .R. Mélida desde el año 1922. En 1923, el autor ortegano publicó su estudio sobre el hallazgo, que ha servido como base para la mayor parte de los trabajos posteriores, que aunque han matizado algunos de sus planteamientos en determinados aspectos técnicos o formales de la pieza -como su peso, propuesto inicialmente en 363 g y rebajado posteriormente por Álvarez-Ossorio a 311'2 g 0954: 46 )-, se han basado en los datos de Maciñeira para interpretarla ll . Así pues, el torques figuró con esta información en diversos inventarios de la sección primera del M.A.N. En 1932, quedó integrado en el primer inventario sobre torques de F. López Cuevillas, que sitúa el momento de su hallazgo en 1922 (López Cuevillas, 1932b: 9). Este autor trasciende la propuesta de una escuela "ortegalesa" esbozada por Maciñeira y encuadra la pieza en otra más amplia que acabará de matizar en su fundamental trabajo Las Joyas Castreñas, publicado en 1951, aunque en esta obra el autor equivoca su número de inventario y cambia la fecha de su hallazgo a 1923 (López Cuevillas, 1951: 27). Ateniéndose a la forma de los terminales, la clasificación de Cuevillas integra nuestra pieza en el grupo de torques con remates en perilla, localizada preferentemente en el Norte de Galicia; este grupo, excesivamente extenso, será matizado

11 Estas matizaciones han tenido desigual repercusión en la investigación posterior, asumiéndose indistintamente el peso ofrecido por Maciñeira (Prieto, 1996; Reboredo, 1996) o el propuesto por Álvarez-Ossorio (Ladra, 1999b; García Vuelta, e/p).

posteriormente basándose en el estudio de los mismos elementos, aunque incluyendo otros parámetros estructurales y ornamentales, como la morfología de los aros o la presencia de decoración. Así, 1. Monteagudo 0952: 289) separa de éste el grupo "Ártabro'l, con terminales piriformes y alambre enrollado en el aro. En 1954, F. ÁlvarezOssorio (1954: 45), publica un breve estudio del torques de Capelada a partir de su observación directa; este autor sitúa su hallazgo en 1922 y rebaja notablemente el peso del torques, de 363 a 311'2 g. En la década de los 60, F. Bauza definirá el grupo "Nordoriental Galaico", caracterizado por torques con aros de sección cuadrado-romboidal y terminales en perilla, sin decoración (Bauza, 1965: 10). A finales de estos años, K. Raddatz, en una clasificación orientada básicamente a las piezas de plata, organiza los torques castreños en tres grupos básicos, nuevamente en atención a la forma de los terminales; Capelada se incluiría en su grupo B, formado por torques con remates en perillas (Raddatz, 1969). En la década de los 80, los trabajos de A. Hartmann suponen una ruptura con la línea anterior, presentando un nuevo corpus documental que apunta una nueva estrategia en los planteamientos de la investigación (Hartmann, 1982); el torques de Capelada se incluye en esta obra, aportando los primeros datos de composición de la pieza, que queda incluida en el grupo de oros N/NC de este autor, como veremos más adelante. Pese a esto, continúa el predominio de la interpretación tipológica, matizando los grupos básicos anteriores o definiendo otros nuevos para grupos insuficientemente estudiados; a este respecto, destaca la clasificación de Silva (1986) para los torques del Noroeste de Portugal. Las nuevas aportaciones de los años 90 incluyen al torques de Capelada en diversos morfotipos, como el C2a de Pérez Outeiriño (1990: 142s), tomando en consideración la forma de varilla y terminales. En 1996, la clasificación de Prieto, que incluye la decoración como factor de variabilidad, lo integra en su tipo IIlB 1 (Prieto, 1996: 214). Hay que señalar, sin embargo, que las muestras parciales empleadas por algunos autores, o la falta de publicación hasta la fecha de un catálogo completo de los ejemplares, ha continuado provocando notables carencias en cuanto a este tipo de sistematiza-


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ciones, pues numerosas piezas permanecen hasta la fecha prácticamente inéditas o sólo en tiempos muy recientes han sido objeto de un estudio detallado (Ladra, 1997 -98 y 1999a). En esta década, observamos también una diversificación de los estudios, que abarcan otros aspectos de interpretación (Castro, 1990 y 1995; Ladra, 1999b) o que contribuyen al conocimiento documental y técnico de las colecciones existentes en los museos (Balseiro, 1994; Ladra, 1997-98); las últimas publicaciones con referencia al torques de Capelada han continuado esta línea (Reboredo, 1996; García Vuelta, e/p). Finalmente, en lo que respecta a la interpretación general de los torques castreños, los más recientes trabajos han comenzado a negar explícitamente la funcionalidad de la tipología como objetivo per se en la investigación, señalando que la variabilidad morfológica es precisamente una de las características que definen a los torques castreños y proponiendo el estudio tecnológico de los materiales como camino alternativo y complementario para su conocimiento, como veremos más adelante (Armbruster y Perea, 2000).

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FIGURA 12. Huellas de pulido y desgaste de la superficie del torques en la zona central del aro.

ESTUDIO TECNOLÓGICO La necesidad de un nuevo estudio topográfico del torques radica en apuntar ciertos datos, como la reconstrucción del proceso de fabricación, sus posibles alteraciones postdeposicionales o la presencia/ausencia de elementos como el desgaste que confirmen el uso del ejemplar. Para este apartado, hemos recurrido a su observación directa en el Museo Arqueológico Nacional, empleando como método de observación una lupa binocular para la realización del estudio topográfico. Los resultados se han documentado con fotografía macro.

Estudio topográfico. El proceso de fabricación La estructura de la pieza permite su división en dos elementos estructurales, aro y terminales, que analizamos por separado. a) Aro: se realizó a partir del martillado y batido de una barra de sección cuadrado-romboidal, fabricada a partir de una aleación Au-Ag; los análisis de composición química obtenidos sobre

FIGURA 13. Huellas de pulido, desgaste y huellas de martillado en la zona central interior del aro.

una muestra extraída de este elemento fueron realizados por A. Hartmann, sin que se hubiesen efectuado comprobaciones anteriores de la pureza del metal (Maciñeira, 1923: 7). Los resultados del autor alemán ofrecen una composición de 17 % Ag; 3' 5 % Cu y 0 035 % Sn 12 . A este respecto, el alto porcentaje de Ag y la presencia de Sn en la composición podría indicar un oro de origen secundario, probablemente extraído de pláceres fluviales; muestra sin embargo un contenido bajo en Cu, alejado de los valores del grupo TC definido por este autor. La aleación del ejemplar de Capelada se integraría en el grupo N/NC de Hartmann, definido por oros con cantidades de plata por debajo 1

12 Hartmann, 1982. Análisis Au 1860. Aunque el autor no indica la zona de la pieza analizada, las marcas de la extracción son visibles en uno de los tramos laterales del aro.


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FIGURA 14. Aspecto general de la zona de soldadura aro - terminal.

FIGURA 15. Detalle de la soldadura aro - terminal.

FIGURA 16. Aspecto general de uno de los terminales del torques.

del 20% Y un bajo contenido en Cu y Sn; al mismo grupo pertenecerían ejemplares que parecen presentar diferencias cronológicas, como los de Vilas Boas, Astorga o Burela (Castro, 1990: 153). El cuerpo de la barra presenta, como en muchos otros ejemplares, un adelgazamiento intencional del centro a los extremos, realizado probablemente mediante martillado; en su zona central, el grosor máximo del rombo del aro es de 1'25 cm, medida que se rebaja en algunas zonas intermedias de los laterales hasta 0 185 cm. El aro vuelve a ensancharse hasta los 0 195 cm en la zona próxima a los terminales. Otra característica de este elemento, ya anotada por Maciñeira, es que presenta los laterales prácticamente planos, a diferencia de los de un buen número de ejemplares, donde las caras del aro son acusadamente cóncavas. Conseguidas sus proporciones finales, la varilla se dobló en forma de "C", repasando mediante martillado o batido las zonas de arista y puliendo posteriormente su superficie. Aunque se ha mencionado la ausencia de huellas de martillado, sí pueden constatarse restos de este proceso, que produjo en algunas zonas ligeras rebabas de metal, disimuladas probablemente por batido. La pieza, posteriormente, fue sometida a un pulido superficial en sentido lineal, bien apreciable en la zona central del aro, que contribuye, junto al trabajo de batido, a dificultar la visualización de los procesos previos. Por otro lado, en otra zona de la pieza podemos observar algunas marcas muy atenuadas, identificables como posibles huellas de una herramienta de forma cuadrangular que pudo ser empleada en la ejecución de estos repasos, que fueron realizados, en cualquier caso, en un momento anterior a la estampación de la decoración, que se superpone claramente a estas huellas. El último paso previo a la decoración del ejemplar fue probablemente la unión de la varilla a los terminales mediante soldadura; destaca la gran regularidad de la superficie en la zona de unión, ya apuntada por Maciñeira (1923: 7), no observándose restos de material soldante, probablemente eliminados por el trabajo de pulido de acabado que se realizó sobre el torques. b) Terminales: están fundidos y posteriormente decorados. Son huecos, del tipo piriforme voluminoso con punta truncada, aunque con paredes


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gruesas, a diferencia de otros terminales de este tipo. Presentan además su parte posterior plana, con un orificio para la entrada de la varilla de aproximadamente 1 cm de lado. Los terminales no presentan elementos de sonajero en el interior, como hemos observado en otras piezas, y tampoco orificios que puedan interpretarse claramente como respiraderos para la evacuación de gases durante el proceso de fabricación, al estilo de torques como los del lote de Cangas de Onís del M.A.N, como en ocasiones se ha defendido. En uno de los terminales, sin embargo, sí apreciamos una pequeña perforación circular, con rebabas suavizadas al exterior, que aunque podría interpretarse como tal, pudo también haber sido realizada como prueba de comprobación de la pureza del metal. En cualquier caso, el pulido final que experimentó la pieza hace muy difícil aventurar una conclusión definitiva a este respecto.

FIGURA 17. Detalle de huellas de los diferentes punzones utilizados en la elaboración de la ornamentación de la pieza.

Decoración La ornamentación del torques se realizó una vez acabada su estructura; la técnica elegida fue la estampación de motivos circulares mediante punzones simples, recubriendo la práctica totalidad de la pieza. Aunque dicha técnica es frecuente como parte de la decoración de numerosos ejemplares, tanto en terminales como en aros, generalmente se persigue la elaboración de formas geométricas, como círculos concéntricos, bandas verticales u horizontales, triángulos, etc.; el ejemplar de Capelada es el único conocido que presenta una clara e intencional disposición irregular en los motivos, que se distribuyen de una forma aleatoria por la superficie del torques, provocando un efecto final de "nube de puntos", sin que observemos proporción ni regularidad ni en el número ni en su disposición; supone una excepción la parte posterior plana de los terminales' que no presenta ornamentación, al igual que en la punta frontal de los mismos, aunque en este caso la ausencia bien puede producirse por el fuerte desgaste en esta parte de la pieza. Como herramientas, el artesano empleó al menos dos punzones simples distintos. Uno de ellos, con punta de forma circular convexa (fig. 17, n°l), fue utilizado para cubrir la mayor parte de la superficie; un segundo punzón, de punta circular

FIGURA 18. Detalle de la disposición de los motivos ornamentales sobre la superficie del aro en la zona próxima a los terminales.

FIGURA 19. Huellas de cortes y extracciones de metal en la superficie de la pieza.

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uso que se pueden observar en la zona central del aro, que afectan principalmente a los lados interiores. Estas huellas se confunden en ocasiones con las del pulido de la pieza, que en algunas zonas ha dejado una superficie reticulada que prácticamente borra los motivos ornamentales. Otra zona afectada por el desgaste es la parte frontal de los terminales, aunque éste puede deberse a la gran exposición de esta zona de la pieza.

Contextos, formas y fechas. La interpretación del hallazgo. FIGURA 20. Detalle de las huellas de pulido final de la pieza en la parte central del aro.

probablemente cóncava, se usó en la ejecución del relleno de algunas zonas del aro, dejando unas huellas más ligeras que el anterior y contando con una menor presencia en la pieza (fig. 17, n02). Podemos observar algunas concentraciones de huellas muy próximas o solapadas, en disposición lineal o circular y en muchos casos arbitraria, fruto de golpes rápidos y reiterados. También observamos repasos en la decoración, realizados en algunas ocasiones con golpes dispersos y superficiales que se superponen a las huellas anteriores. U na vez terminada la decoración, las huellas dejadas por los punzones se suavizaron con el pulido final del torques, que eliminó las rebabas producidas y que contribuyó a suavizar la superficie del metal.

Alteraciones y desgaste En la actualidad, el aro presenta una notable deformación, provocada según Maciñeira durante la extracción de la pieza, que habría sido golpeada con una azada (fig. 7). Sin embargo, aun aceptando esta causa para la mayor parte de las afecciones superficiales, también pueden observarse otras debidas presumiblemente a un intento de torsión y corte del aro, producidas probablemente tras el descubrimiento de la pieza. 13 La utilización del torques previa a su deposición parece confirmada por las huellas de desgaste por

13 La intencionalidad es clara, aunque no podemos precisar por la naturaleza del metal en qué momenro fueron realizadas.

Cualquier intento de interpretación del hallazgo debe pasar necesariamente por su análisis contextual y cronológico, dos aspectos muy problemáticos en el estudio de la orfebrería castreña del Noroeste. Como ya hemos visto, ha sido la opción tipológica la que ha marcado profundamente la investigación del torques de Capelada. Aunque consideramos que una adecuada sistematización de todos los ejemplares es necesaria para el conocimiento de la orfebrería castreña, estamos de acuerdo con la opinión que invalida a este tipo de estudios como un argumento definitivo (Armbruster y Perea, 2000). Si bien es posible encuadrar todos los ejemplares en determinadas escuelas} grupos y mor/otipos, los resultados difícilmente pueden someterse a una clasificación estricta y definitiva, teniéndose que recurrir al empleo de variantes de clasificación que inevitablemente engloban o excluyen determinadas características de los objetos, variando significativamente en cada caso las estadísticas resultantes. En muchas ocasiones, la inclusión de aspectos como la iconografía o la ornamentación (Prieto, 1996), nos lleva inevitablemente al concepto de l'piezas singulares". En el caso del torques de Capelada, una de ellas, esta singularidad estaría constituida por su decoración, desconocida en otros ejemplares. En lo relativo al análisis contextual de esta pieza, sin relación aparente con materiales o estructuras arqueológicas, cabe decir que presenta los mismos problemas de interpretación que muchas otras. El hallazgo de Capelada puede definirse como un depósito arqueológico aislado, que se localiza como otros muchos hallazgos en las inmediaciones de un yacimiento arqueológico, en este caso a 1 km al NE del castro de Alcaiás, en


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FIGURA 21. Mapa de distribución de paralelos formales de la pieza: 1. Torques de San Xiao de Montoxo, Capelada. 2. Valadouro. 3 y 4. Croa de Riotorro, Teixeira, Riotorto 5. Monte do Lago, Masma, Mondoñedo. 6 y 7. Santa María de Foxados, Curtis 8. Fisteus, Curtis. 9. San Vicente de Curtis, Vilasantar. 10. Melide (dos fragmentos). 11. Santiago de Xubial (Melide). 12. O Incio. 13. Sin Procedencia (MAN). (Según Ladra, 1999a: 28).

Montoxo 14 . Frecuentemente se ha señalado que la falta de contextos definidos, tan común en la orfebrería castreña, actúa como un factor limitador de la investigación (Balseiro, 1999), aunque recientemente también se ha anotado que esta característica debe ser empleada precisamente como un elemento definitorio en la arqueología del oro castreño (Armbruster y Perea, 2000). A este respecto, pensamos que la sistematización de toda la documentación disponible, que frecuentemente, como en nuestro caso, relaciona indirectamente los hallazgos con lugares arqueológicos, que apunta en ocasiones a la existencia de depósitos de orfebre o que los sitúa directamente en el interior de castros, como en el caso de algunos hallazgos en el de Masma (Mondoñedo), unido a un mayor conocimiento del registro arqueológico castreño, que ya ha producido algunos hallazgos en contexto en diversas regiones, como los ejemplares de Sta.Trega,

14 Es posible, por otro lado, que la pieza sufriese algún movimiento desde su lugar de deposición original, como indicó Maciñeira (1923: 6), aunque cualquier opinión sobre este tema es arriesgada.

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Troña O Viladonga, tiene aún mucho que aportar en el análisis de la cuestión. Es fundamental también un estudio detenido de las asociaciones de materiales, problema que enlaza con el de la determinación cronológica de las piezas. Pensamos que la datación de estos ejemplares no puede ser establecida desde una perspectiva exclusivamente formal. Teniendo en cuenta las asociaciones entre objetos observamos una falta de estructuración clara respecto a los tipos básicos de aros y terminales. Conocemos más de una decena de ejemplares que responden al tipo básico del torques de Capelada, en ocasiones formando parte de hallazgos aislados, aunque a veces recuperados junto a otras piezas. En el inventario figuran los dos fragmentos de la comarca de Melide (López Cuevillas, 1932b: 110; 1951: 24, lamo 6); el torques de San Vicente de Curtis, del que conservamos una reproducción (Iglesia, 1907: 65; López Cuevillas, 1951: 24); el de Santa María de Foxados, hoy en el Museo de Pontevedra (López Cuevillas, 1951: 25s); dos de los tres torques recuperados en 1878 en el castro de Masma (Mondoñedo), en asociación con un torques de varilla circular y remates en doble escocia (López Cuevillas, 1951: 30s); dos procedentes de la Croa de Riotorto, en Mondoñedo (López Cuevillas, 1951: 31); el descubierto en 1867 en Santiago de Xubial (Melide), hoy en la Real Academia de la Historia (López Cuevillas, 1951: 36; Ladra, 1999a); o un ejemplar del grupo de torques con procedencia desconocida del MAN (n01972/113/6), de gran semejanza con el torques de Valadouro 1 (Bauza, 1965), y que se ha asociado con ejemplares con terminales en doble escocia e hilo enrollado en el aro (Ladra, 1997-98: 66). Aunque las diferencias entre éstos objetos radican básicamente en la forma del terminal o en la disposición de la decoración sobre el aro, como uno de los fragmentos de Mondoñedo (Balseiro, 1994; Prieto, 1996), en ocasiones también son estructurales, como en el caso del torques de A Coruña, conservado en el M.A.N (n016.855), que presenta varilla mixta cuadrado-romboidal con tramos de hilos trenzados independientes y remates piriformes (Cuevillas, 1932b: 104 y 1951: 27; ÁlvarezOssorio, 1954: 27). El problema cronológico, no resuelto hasta la fecha, es frecuentemente obviado con la cuestión


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de la pervivencia de ciertas formas -que pocas veces podemos definir- y resuelto parcialmente empleando la "sencillez técnica" como criterio de datación. Así, para el ejemplar de Capelada se han propuesto unas fechas que oscilan desde inicios de la Edad del Hierro a la romanización, situándose la datación más aceptada en la n Edad del Hierro (Maciñeira, 1923: 12s) y apuntándose en las más recientes publicaciones fechas que varían entre los ss. In y I ane (Reboredo, 1996: 125). A este respecto, apoyamos la inclusión de nuevos criterios de análisis, como el estudio detenido de la tecnología empleada en la fabricación de los objetos, como fuente de nuevos datos; esta línea de trabajo, que contaba ya con algunos precedentes (Blanco, 1957), está aportando nuevas e interesantes informaciones (Armbruster, 2001). Recientemente, Armbruster y Perea (2000: 107) han señalado, apoyándose en el estudio de una amplia muestra obtenida entre torques con terminales en doble escocia, la ausencia de una relación vinculante entre la morfología y técnica en los torques castreños, así como la posibilidad de emplear este tipo de criterios en la argumentación cronológica, como han apuntado algunos autores (Ladra, 1999b: 143). La propuesta de estas autoras defiende que la presencia de aros y terminales macizos, el uso de la técnica de la cera perdida y la fusión adicional (casting-on) para la unión de los terminales son rasgos de tendencia que definen los torques pertenecientes a una fase temprana de la Edad del Hierro. Por su parte, técnicas como la soldadura para la fijación de los terminales, los huecos de unión en los mismos y la aparición de remates huecos y técnicas ornamentales como la filigrana, de origen mediterráneo, situarían las piezas en un momento más avanzado de la Edad del Hierro (Armbruster y Perea, 2000: 112). Un ejemplo de los primeros sería ejemplar de Astorga en el MAN (n016854); entre los segundos podría incluirse el ejemplar de Capelada, que integra todos estos elementos, a pesar de la dificultad que presenta la observación del proceso de unión de sus terminales. La pieza quedaría pues encuadrada en la n Edad del Hierro, en una fecha que con los datos disponibles no podemos concretar con más exactitud, probablemente entre los siglos IV a I ane.

XosÉ-Lors ARMADA PITA

CONCLUSIONES Pensamos que la sistematización de la documentación disponible sobre los hallazgos es una labor fundamental para el avance de la investigación en orfebrería castreña. Esta tarea debe afectar no sólo a los museos que conservan las piezas, sino a los diversos archivos y colecciones institucionales y privadas, en buena parte inéditas o parcialmente estudiadas. Esta labor, cuya extensión aportará un nuevo repertorio de datos que permitirán reintepretar numerosas piezas y conjuntos hasta la fecha sumidos en la más absoluta confusión, debe completarse además con un adecuado análisis historiográfico para encuadrar correctamente la interpretación crítica de los datos obtenidos. La realización de nuevos estudios de materiales, aportando nuevos tipos de datos al repertorio existente, es otra tarea importante para la formulación de renovadas teorías apoyadas en formas distintas de interpretación, como el análisis tecnológico de los objetos. Es fundamental una adecuada divulgación de los resultados, que no deben formar parte de archivos cerrados, como en muchas ocasiones ha sucedido. La conjunción de todas estas tareas, entre otras, producirá un significativo avance en la disciplina. U no de los objetivos fundamentales de este artículo ha sido ofrecer un botón de muestra de lo que, en nuestra opinión, debe ser la labor a realizar. 15

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15 Fecha de entrega: 19/XIl/200 l. Salvo que se especifique lo contrario, la autoría de las imágenes corresponde a los autores del artículo.


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BRIGANTIUM. 2003, vol. 14, pp. 139-149

LOS TORQUES CASTREÑOS EN PERSPECTIVA*

ALICIA PEREA

Departamento de Prehistoria. Instituto de Historia, CSIC Serrano, 13. 28001 Madrid perea@ceh.csic.es

LOS PROBLEMAS HISTORIOGRÁFICOS

upara el desarrollo de una joyería tan abundante y variada como la que se desenvolvió en la Galecia del tiempo de los castros hacen falta, desde luego, las indispensables materias primas; pero hace falta también una tendencia en las gentes hacia la ostentación del adorno personal. Esa tendencia es común a casi todos los pueblos de cultura primitiva; pero el pueblo celta, que por entonces dirigía la política y la economía de las tribus galecas, la poseía en grado muy elevado." u••• parece indudable que los celtas se distinguían por una manera de ser arrogante, exaltada e impetuosa, al mismo tiempo que ligera, tornadiza y falta de firmeza. " (López Cuevillas 1951: 17) En estas frases del famoso libro de López Cuevillas se resumen los prejuicios que desde el principio han condicionado el posterior desarrollo de la investigación sobre orfebrería castreña: a) su adscripción al celtismo, b) su carácter de adorno personal, y c) la visión peyorativa de las formaciones sociales castreñas al basarse en la interpretación de escritores romanos como Polibio, Amiano Marcelino o Diodoro. De este modo se vió afectada tanto la interpretación del objeto de oro castreño, representado casi en exclusiva por el torques, como el estudio de sus técnicas concretas de fabricación. ¡Prácticamente ya estaba todo dicho! Sólo quedaban algunos ajustes tipológicos y encuadres cronológicos y regionales que justificasen la discusión académica. Y con

estos escasos mimbres nos hemos estado entreteniendo durante cinco décadas ... Los problemas actuales que sigue planteando la orfebrería castreña pueden sintetizarse en estas tres cuestiones: a) El origen: ha estado condicionado por el supuesto celtismo; no era necesario buscar orígenes locales puesto que los torques castreños procedían de los aportes hallstáticos y latenianos centroeuropeos. Este celtismo, como seña de identidad de lo gallego, ha sido motivo de grandes discusiones y polémicas que la investigación reproduce de generación en generación (por ejemplo, Peña Santos 1996; Ruíz Zapatero 2001; Armada 2002). b) La cronología: a partir de la premisa anterior, y teniendo como referente la orfebrería europea del Hallstatt final y La Tene, el marco temporal que se abría para la situación del oro castreño era muy amplio, lo que permitía cierto margen a la discu-

*

Este trabajo se ha realizado dentro del Proyecto Au, que se desarrolla en el Dpto. de Prehistoria, I.H., CSIC, bajo la dirección de A. Perea. La financiación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid corresponde al proyecto "Aplicaciones analíticas y documentales para la elaboración y difusión de un modelo explicativo de la metalurgia del oro castreño" (CM 06/0043/2001). La muestra considerada para la cuantificación esradística es de 50 torques, todos ellos estudiados directamente por la autora o por algún miembro del equipo del Proyecto Att. Por todo ello agradezco a Barbara Armbruster y a Oscar García-Vuelta la información y documentación gráfica puesta a mi disposición. Igualmente agradezco a los directores y conservadores del Museo Arqueológico Nacional, Museo de Lugo, y Museo de San Antón las facilidades para el esrudio del material.


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ALICIA PEREA

sión que se apoyó en complejas tipologías basadas en la atomización de los distintos elementos morfológicos de los torques; la última de estas tipologías, todavía inédita, data del 2001. .. La justificación estaba siempre en la ausencia de contextos arqueológicos. c) La interpretación: tampoco en este tema la investigación se ha movido un ápice de los parámetros tradicionales. Se identifica torques con adorno masculino, arracada con adorno femenino, y hallazgo con depósito de orfebre u ocultación en momentos de peligro. Al grito de ¡que vienen los romanos! la orfebrería castreña desaparecía en las entrañas de la tierra. Las ideas planteadas por López Cuevillas en torno a la ordenación tipológica y cronológica de los torques castreños, con una clara regionalización que se identificaba con talleres o escuelas, sigue siendo todavía hoy una contribución válida que no se ha visto rebatida por ninguno de los investigadores que han tocado el tema (Perez Outeiriño 1990; Prieto 1996). Las precisiones de Monteagudo (1952) a la ordenación tipológica de Cuevillas tuvieron la originalidad de asociar esa regionalización al posible carácter étnico de estas piezas. Mi propuesta, elaborada conjuntamente con B. Armbruster hace un tiempo, ha sido que el estudio de la orfebrería castreña requiere, en primer lugar, un exhaustivo análisis tecnológico, que no se ha hecho (Armbruster y Perea 2000); en segundo lugar, una revisión crítica de los hallazgos y datos que obran en poder de museos y coleccionistas, porque los errores de procedencia y asociación se siguen publicando y transmitiendo de generación en generación (García Vuelta y Perea 2001); y en tercer lugar no podemos seguir escudándonos en la ausencia de contextos. Bajo esta reflexión, mi contribución se centra en la explicación de la tecnología castreña, fundamentalmente a través de los torques, porque es el material más abundante y más polémico, y dejaremos de lado las arracadas, porque como ya argumentamos (Armbruster y Perea 2000: 108 Y111-12) pertenecen a un sector artesanal y social diferente al de los torques y su explicación requeriría un tiempo del que no disponemos. Finalmente, iré contra la corriente atomizadora para intentar comprender el objeto en su integridad, matizando y ampliando la interpretación y cronología que propusimos en su momento.

NORMALIZACIÓN Y VARIABILIDAD Pero antes tenemos que hablar de los conceptos de normalización y variabilidad. Parece un contrasentido hablar de normalización en los torques castreños, cuando hemos defendido precisamente su variedad formal y técnica, o cuando las seriaciones al uso multiplican tipos, subtipos y variantes. La normalización, o si se quiere estandarización, es un concepto económico universal relacionado con los procesos de producción e intercambio de objetos y mercancías. En arqueología se relaciona con procesos de intensificación de la producción e intercambios intergrupales y con el modo de producción de taller (Nijboer 1998: 297 y ss.). Sin embargo, este modelo economicista no parece el más adecuado para una sociedad campesina, con un grado elevado de autarquía, e inmersa en la trampa agrícola de la producción diferida (Díaz-del Río Español 1995; Fernández-Posse y Sánchez-Palencia 1998). En mi opinión existe otro tipo de normalización, que llamo ritual, que no está exclusivamente relacionada con las pácticas cultuales del grupo, sino ampliamente con su dimensión ideológica, con aspectos de identidad, pertenencia y exclusión intra e intergrupal. La normalización ritual se manifiesta en rasgos o niveles de estandarización más elementales que los de la normalización económica, que es más concreta y mejor cuantificable, y se manifiesta en todo tipo de cultura material, por tanto, también en la orfebrería (Fig. 1). Los torques castreños poseen un alto grado de normalización ritual y un bajísimo grado de normalización económica; a esa ausencia de

INORMALlZACION

1

Arqueología

:1

NORMALlZACION

I ----t

Económica - Producción - Intercambio

----t

- Intensificación de la producción - Intercambios intergrupales - Modo de producción de taller

I ----t -Ideología -Identidad - Exclusión

Fig. 1: Normalización económica y normalización ritual.


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Los torques castreños en perspectiva

PERFIL

IDENTIFICACiÓN

<

>

(

)

DIFERENCIACiÓN / EXCLUSiÓN

SUPERFICIE

<

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TAMAÑO/PESO

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VALOR

Fig. 2: Rasgos de análisis elemental y su significado.

normalización económica nos hemos referido cuando hablamos de variabilidad. Voy a plantear un análisis morfológico de nivel elemental que apoya esta afirmación. Si trascendemos la casuística formal y técnica (es decir, si dejamos de lado las tipologías), y atendemos únicamente al rasgo morfológico más inmediato, como es el perf'"tlo la silueta de un objeto, esto es, la figura que representa un cuerpo cortado imaginariamente por un plano vertical, nos damos cuenta de que el único rasgo diferenciador entre los torques viene dado por el perfil de los extremos, en donde puede predominar el ángulo o la curva; de manera que hablaré de torques de extremos angulares para referirme a todos aquellos que se vienen denominando doble escocia o troncocónicos, y torques de extremos curvos a los que tradicionalmente se denominan piriformes o campanulares (Fig. 2). El segundo rasgo de este análisis morfológico elemental sería la superficie metálica del objeto. Puede ser lisa, matizada en plano y matizada en volumen. Es decir, hay torques con una superficie más o menos reflectante; hay torques con una

superficie plana rota por claroscuros caligráficos, por ejemplo la que se obtiene con una ornamentación de punzones; y finalmente, hay torques con claroscuros procedentes de elementos que sobresalen del plano del perfil, como los alambres enrrollados, filigranas y granulados. El tercer y ultimo rasgo del análisis elemental se refiere a la dimensión morfoeconómica del objeto, y tiene un nivel aparente, visible, y otro oculto, es decir, nos referimos al tamaño y al peso del objeto, peso como indicativo de su estructura interna. En el nivel visible, existen torques grandes y pequeños; y en el nivel oculto tenemos torques de oro macizos, en primer lugar; torques de oro huecos, en segundo; y finalmente tenemos torques con apariencia de oro y alma de otro metal. ¿Cuál es la capacidad informativa o el ámbito de significación de estos tres niveles de análisis elemental? El primero, el más inmediato e intuitivo es el perfil que pertenece al ámbito de la identificación. El torques, que no tiene carácter individual sino colectivo (Armbruster y Perea 2000: 111) identifica al grupo, por oposición a otro grupo. En


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este sentido habla la regionalización que parece desprenderse de la distribución geográfica de los torques con perfil curvo y de los torques de perfil angular. Monteagudo (1952) ya había apuntado un posible significado étnico que me parece evidente. El segundo nivel, más complejo y de connotaciones técnicas, el de la superficie, pertenece al ámbito contrario, el de la diferenciación. El torques decorado se quiere diferenciar de los lisos de su mismo grupo utilizando la tecnología, como punzones, enrollamientos de hilo o alambre, figuras simbólicas, postas, trisqueles y rosáceas, incluso figuraciones de aves. El objeto se enriquece visualmente y adquiere una apariencia sofisticada. Pero siempre mantendrá su primer nivel intacto, es decir, el perfil seguirá actuando como identificador. Pero la superficie también pertenece al ámbito de la exclusión: torques de distinto perfil comparten superficies similares, es decir, la superficie actúa en algunos casos como identificador de la diferencia intragrupal, por ejemplo, en los torques con aro tripartito de alambre enrollado. El tercer nivel, tamaño y peso, pertenece al campo de lo económico, de la valoración del objeto. Sobre el valor del torques se actúa modificando sus dimensiones o su estructura interna, fabricando en hueco o con alma de un metal menos noble, pero siempre se mantiene el perfil y la superficie; no se manipula la apariencia externa porque es portadora de una información de la que no se quiere prescindir. En definitiva, podemos concluir que los torques castreños presentan unos rasgos morfológicos elementales extremadamente normalizados, y que esa normalización, que yo he llamado ritual, se mantiene, una vez fijada, a lo largo de toda su producción, es decir, durante el desarrollo de la cultura castreña, desde la etapa clásica hasta bien entrada la romanización. ¿Entonces, dónde está la variabilidad? Precisamente en la forma de expresar esa normalización a través de la tecnología.

LA VARIABILIDAD TECNOLÓGICA Examinaremos las técnicas de fabricación castreñas despiezando un torques y diferenciando entre su aro, terminales y ornamentación.

Los aros El cuerpo de los torques es una pieza fabricada independientemente a partir de una barra gruesa, que puede presentar una sección circular, cuadrangular o combinada, la cuadrangular generalmente en disposición oblicua a los terminales por lo que se describe frecuentemente como sección romboidal; pueden ser macizos o huecos y presentar o no decoración. Los aros macizos de cualquier sección se fabricaron mediante una de estas tres técnicas: a) por deformación plástica a base de martillar un lingote previamente vaciado con la forma final aproximada, b) mediante vaciado a la cera perdida, o c) mediante una combinación de ambas, por ejemplo, los aros de los torques que tienen decoración tripartita con hilo enrrollado presentan una sección combinada, circular en la zona central y octogonal en los extremos para que el alambre enrollado agarre mejor y no se mueva; esta zona de la sección presenta huellas de haber sido martillada. Los aros huecos probablemente se consiguieron mediante vaciado a la cera perdida, pero tanto en los torques con extremos angulares, como en los torques de extremos curvos, estadisticamente predominan los aros macizos. Como excepción, porque suponen un porcentaje muy bajo entre la población total de torques de los que hablaremos más adelante, existen aros con alma de otro metal, generalmente plata o bronce, cubierta con lámina o hilo de oro enrollado; son los casos del torques fragmentado de la colección Soto Cortés, conocido tradicionalmente como de Cangas de Onís (García Vuelta 2000), o el de Xanceda, en el Museo de Aa Coruña, y también tres ejemplares del depósito de Lanhoso en Portugal (Ferreira 1986: n° 501-503) Los terminales Los terminales son piezas que se fabrican separadamente para unirse al aro en un proceso técnico posterior. La variabilidad tecnológica en este caso es amplísima, y su explicación no sólo está en el conocimiento, capacidad o tradición del artesano, sino en una evolución diacrónica. Existen terminales huecos y macizos, vaciados en una sóla pieza o compuestos por varias, unidos al aro mediante soldadura o vaciado adicional, y esto es válido para ambos tipos, los angulares y los curvos, aunque


Los torques castt'eños en perspectiva

desde luego hay tendencias diferentes que ahora veremos. Los terminales macizos se fabricaron a la cera perdida sobre un pequeño núcleo interior de arcilla que dejaba un hueco central donde el aro pudiera encajarse para unir mediante soldadura; según este núcleo interior sea más o menos grande, es decir, deje un hueco mayor o menor, mayor es la dificultad para determinar la categoría de macizo o hueco de un terminal, puesto que se trata de una cuestión de límites que siempre es aleatoria. Contabilizamos en torno al 40% de terminales macizos, frente a un 60% de huecos, tanto curvos como angulares. También se puede observar la tendencia a hacer los terminales macizos, de cualquier tipo, de un tamaño más reducido que sus equivalentes huecos, lo cual parece tener cierto sentido económico. Se ha documentado la técnica de la fusión adicional para la fabricación y unión de un terminal al aro en el mismo proceso técnico. Se trata de fabricar el molde de cera con la forma del terminal sobre el extremo del aro, de manera que al vaciar el oro líquido éste adopta la forma del molde al tiempo que queda firmemente unido a él (Armbruster y Perea 2000: 102); así se fabricaron los terminales del torques de Astorga y los del de Recadieira n. Esta es una técnica que Armbruster documentó para la reparación de objetos de bronce durante la Edad del Bronce, lo mismo que en oro, por ejemplo, en las tazas del depósito de Caldas de Reis (Armbruster 2000: 85-88; Ibid. 1996). Los terminales huecos son laminares y están fabricados en varias partes unidas por soldadura. Los curvos generalmente en dos mitades unidas por el ecuador, a partir de dos láminas embutidas o vaciadas; la línea de unión se puede observar en algunos ejemplares, pero en otros está perfectamente pulida y disimulada. Algunos terminales curvos que no acaban en punta, pueden añadir un tercer elemento para cerrar los dos hemisferios, una pequeña laminita circular. Más complejos son los terminales angulares huecos. Generalmente están compuestos por cuatro piezas independientes: dos cilindros de paredes cóncavas y dos discos que se unen por soldadura, aunque también se puede dar el caso, menos frecuente, de una doble escocia y dos discos; en este último caso, y a la vista de la perfección de estos cuerpos con simetría de revolución, parece que se

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fabricaron a la cera perdida a partir de un molde en cera trabajado a torno. Soldar elementos huecos cerrados tiene sus riesgos porque en el proceso de calentamiento se producen gases que pueden hacer estallar la pieza al aumentar de volumen el aire caliente del interior; riesgo que hay que evitar en el proceso de soldar el terminal hueco a su aro. Para evitarlo se han documentado pequeñas perforaciones por donde el aire pudiera escapar, por ejemplo, en los terminales del torques de Burela y en los del de Bardaos. Finalmente, en lo que respecta a los terminales huecos tenemos que apuntar que en torno al 20% de los terminales curvos y en torno al 15 % de los angulares, llevan en su interior un pequeño fragmento metálico que hace de sonajero.

La ornamentación Como nos podremos Imagmar a estas alturas, existen aros decorados y aros lisos, terminales decorados y terminales lisos. Empezaremos por los aros tripartitos. Una ornamentación que comparten los dos tipos de torques, es lo que denomino aro decorado tripartito, que consiste en un alambre enrollado sobre los extremos, dejando una zona central en reserva; casi el 60% de los torques curvos presenta este rasgo, frente a un 33% de los angulares. La variabilidad de este rasgo es enorme. Generalmente se trata de gruesos alambres o cintas de sección plano-convexa o cóncavo-convexa, trabajados por deformación plástica sobre un yunque provisto de una muesca de sección semicircular; al martillar un alambre de sección circular sobre esta muesca, se consigue la cinta plano-convexa que suele presentar una rebaba a lo largo de ambos bordes, si el alambre del que se partió tenía un grosor excesivo; estas rebabas se han documentado en muchos de los torques con aro tripartito. Una vez fabricada la cinta se enrolla apretadamente sobre los extremos del aro que tienen sección octogonal precisamente para que no resbale sobre él; los extremos se cortan en punta para ajustar el final del enrollamiento y fijar por soldadura. Pero también hay ejemplares que enrollan un hilo bastante más fino como en el caso de Bardaos, San Martinho do Porto, Orbellido, San Lourenzo Pastor, etc; en estos casos es frecuente que el hilo se encuentre aflojado y suelto, debido a que su


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sección presenta menor rigidez o a un fallo en las soldaduras de los extremos. La totalidad de los torques con extremos curvos y aro tripartito presentan, además de este alambre enrollado, una o dos espirales de hilo con botón central, que se sitúan estratégicamente resaltando la tripartición del aro; por el contrario, este rasgo ornamental sólo aparece en el 8% de los torques tripartitos con extremos angulares. Las técnicas de fabricación de estas espirales son variadas. La más común consiste en fundir a la cera perdida una placa con el motivo realizado a base de finos hilos de cera; posteriormente, la placa fundida en bloque se curva y se suelda sobre el aro. Pero también hay enrollamientos de verdadero hilo de oro soldado directamente sobre el aro, y en algún caso nos hemos encontrado con enrollamientos de hilo de sección cuadrada torsionada. Aparentemente los hilos de estas espirales parecen muy planos, como si se hubieran desgastado por rozamiento o aplanado con un martillo; efectivamente, a la hora de conseguir la curvatura de las placas fundidas a la cera perdida, o de los verdaderos hilos para que se adapten a la topografía del aro, había que deformar la superficie aplastándola. U n grupo de torques, siempre de extremos angulares, sitúa una ornamentación de filigrana gruesa, en forma de cordones abiertos, en la zona central en reserva de los aros tripartitos: Burela, tres ejemplares de Madorra (Cospeito) y Marzán, que constituyen un grupo peculiar. Representan en torno al 20% de la totalidad de los de su grupo. Los hilos de esta filigrana son relativamente gruesos, trabajados a martillo y dispuestos en cenefas separadas por cordones de dos hilos torsionados conjuntamente o por un hilo de sección cuadrangular torsionado sobre sí mismo. Los hilos se soldaron a la base del aro y entre sí mediante puntos de soldadura con una aleación soldante que es perfectamente visible con lupa binocular. Los tres de Madorra podrían proceder del mismo taller pues presentan características y comportamientos casi idénticos; el de Marzán, con dudas, y por supuesto Burela fue fabricado por un orfebre excepcional. Sin embargo, podríamos decir que, con diferentes calidades, todos ellos pertenece al mismo entorno artesanal y presentan un alto grado de normalización ritual. Otro tipo de ornamentación que aparece solamente en torques con extremos angulares y aros de

secclOn cuadrangular es a base de punzones o cincel. Con un punzón circular simple o con punto central se decoraron los siguientes torques: el llamado de los patos, de la colección Gil Varela, que es el único con un motivo figurado en el que se combinan varios tipos de punzón circular y uno escaleriforme; el de Viveiro presenta un motivo geométrico realizado con un sólo tipo de punzón circular con botón central; otro del grupo de Madorra presenta idéntico motivo que el anterior pero realizado con un punzón circular más simple y manejado con menor firmeza; y el tercer ejemplar que repite motivo y punzón, como el empleado en Madorra, es el conservado en el museo Ashmolean de Oxford. Todas estas ornamentaciones se sitúan en la cara exterior del aro, cubriendo la zona central. Finalmente, en lo referente a los aros está un ejemplar de la provincia de Ourense que decora la parte central del aro cuadrangular con series alineadas de semicírculos concéntricos trabajados a cincel. Además, el ejemplar A de Paradela do Río es el único que presenta una decoración con punzón complejo como la que suele aparecer en los terminales que veremos a continuación. En cuanto a los terminales, sólo los angulares pueden presentar ornamentación porque los curvos, salvo unos ejemplares excepcionales del norte de Portugal de los que hablaremos más adelante, siguen la norma de no estar decorados. Una rara excepción es el torques de la sierra de Capelada, completamente liso, que presenta en toda su superficie, incluidos los terminales, un grueso e irregular punteado mediante golpe de punzón romo, y que muy bien pudiera tratarse de una actuación posterior a la fabricación de la pieza. Veamos entonces los motivos y técnicas de los terminales angulares decorados. Tenemos que tener en cuenta, en primer lugar, que sólo en torno al 15 % presentan ornamentación y que de ese porcentaje, todos lo hacen mediante la utilización de punzón complejo excepto en uno de los de la colección Soto Cortés (supuestamente Cangas de Onís) y el de Langreo; estos ejemplares son excepcionales por razones que después abordaremos y por tanto no serán tenidos en cuenta ahora. El punzón complejo es una herramienta con el motivo repetido para estampar sobre un plano


Los torques castreños en perspectiva

convexo, de manera que se puede manejar avanzando con movimiento de balanceo y facilitar la creación de motivos lineales continuados o incluso curvos. Está documentado desde la Edad del Bronce (Armbruster 1998: 56; Ibid. 2000: 115-1116) y uno de los ejemplos paradigmáticos del empleo de este instrumento es el brazalete de Lebu~ao. Pues bien este tipo de ornamentación se sitúa siempre en el disco exterior del terminal, con una sóla excepción en Paradela do Río A (que presenta la misma decoración en el aro, vide supra), a base de motivos concéntricos alrededor de un punto central que se puede señalar con una esferilla, y en forma de rosetas, molinillos o corchetes, que han requerido una planificación realizada con compás; por ejemplo en el torques A de Pardela do Río, en el de los patos de Lugo, en un terminal suelto de la colección Soto Cortes (antes Cangas de Onís), en un torques conservado en el museo Británico, en el de Estela, en uno de Lebu~ao y en dos terminales de Chaves.

EL CANON Y LA TRANSGRESIÓN Los torques, o mejor dicho, los prototipos de torques que hasta aquí hemos considerado se atienen a una norma, probablemente ritualizada, que se opone a la gran variabilidad tecnológica, y que perdura en el tiempo: son los que podemos encuadrar como torques canónicos. Si existe un canon, es que existe su transgresión y por tanto hay también torques transgresores. Ese apartamiento del canon se refiere tanto a la forma y a la técnica, como a la cronología, de manera que tendrán también un distinto significado. Considero torques transgresores, por ejemplo, los siguientes: Foxados I, Xanceda I, Colección Soto Cortés (antes Cangas de O., fragmentado), Langreo, Vilas Boas, los tres del conjunto de Lanhoso y el terminal decorado de Sta. Tecla. Foxados I no sólo es un torques grande, sino que tiene dos terminales angulares de proporciones peculiares, desmontables y ornamentados con una filigrana al aire de tecnología mediterránea. Esa filigrana está realizada a base de hilos finos con una huella helicoidal que recorre toda su longitud y que demuestra su fabricación mediante torsión de una tira laminar, rasgo muy poco habitual en los

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torques canónicos donde puede aparecer en unos pocos casos de las espirales de los aros tripartitos que no han sido fabricados a la cera perdida. El sistema machihembrado de fijación de los terminales es muy similar al que presentan los cierres de algunos torques latenianos denominados a tampons como los de Niederzier (Eluere 1987: fig. 121), Beringen, Fenouillet, Soucy, etc (UOr de Y%sa ... ). Sin embargo, el aspecto del aro macizo es tosco, presenta huellas de martillado que no pudieron ser eliminadas con el acabado final; lo mismo que el aspecto de los terminales huecos, con soldaduras bastante visibles. Da la impresión de ser un torques fabricado por un orfebre que no estaba familiarizado ni con las formas canónicas, ni con las técnicas tradicionales, pero tampoco quería imitarlas. El torques de Xanceda es excepcional sobre todo por la técnica y por el tipo de ornamentación. Se trata de un torques con alma de plata forrado de varias láminas de oro ornamentadas a la cera perdida. En lo único que respeta el canon es en la tripartición del aro y en situar motivos en espiral separando los tres sectores ornamentados de forma abigarrada en donde se combinan los entrelazados y triangulos imitando granulado, en donde nada es lo que parece y en el que se ha querido ver, con excesiva imaginación, una cabeza de ofidio. Esta peculiar iconografía está mucho más cerca de la lateniana que de la castreña a pesar de haber querido integrar elementos locales, incluso añadiendo un sonajero en los terminales curvos. El torques fragmentado e intencionadamente roto de la colección Soto Cortés tiene también una alma de plata y una decoración inusual, sobre todo en los terminales cuyos discos de cierre están fundidos a la cera perdida con un patrón decorativo que imita filigrana y granulado, aunque en lo tocante al aro respeta la tripartición, con alambre enrollado y espirales fundidas igualmente a la cera perdida; sin embargo, la zona central en reserva se llena completamente de motivos realizados con distintos punzones sobre una placa que posiblemente se realizara con la misma técnica. Desde el punto de vista formal el ejemplar de Langreo es casi idéntico al de la Soto Cortés, aunque su buena conservación y una excesiva restauración posterior han ocultado cualquier indicio que nos permita adivinar su interior.


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Vilas Boas transgrede casi todas las normas excepto la tripartición del aro cuyos sectores se unen, o se separan, mediante dos trenzados de hilo que dejan un espacio hueco para alojar sendas bolitas metálicas que hacen de sonajero. La ornamentación que cubre el aro es de filigrana delimitando espacios granulados. Los hilos de esta labor presentan huella helicoidal y el granulado es muy fino aunque relativamente irregular. Los extremos angulares se cierran en su parte externa con un disco cóncavo en su zona central para alojar la figura de un ave en bulto redondo, todo adornado con filigrana y granulado de inusitado detallismo. Para terminar con las transgresiones ponemos en el mismo lote los tres torques de Lanhoso y el terminal de Sta. Tecla. En Lanhoso también se respeta la tripartición, que parece ser el canon más aceptado, pero los terminales curvos se prolongan en una forma sinuosa que se ha venido describiendo como campánula. Los aros, más delgados de lo habitual, son de bronce cubierto con hilo fino de oro enrollado directamente en los extremos, y la zona central con una lámina decorada con filigrana y granulado en abigarrada composición geométrica. Los teminales también se decoran con estas técnicas. El granulado de uno de los ejemplares de Lanhoso es del tipo denominado en polvo por su pequeño pero irregular tamaño; lo mismo que el que aparece en el terminal de Sta. Tecla, tanto en el cuerpo curvo, como en el pequeño disco exterior de cierre, con un motivo de molinete. No son estos torques los únicos ejemplos transgresores, sino los más importantes y espectaculares, pero no se trata aquí de completar la lista sino de plantear unas pautas para comprender y explicar mejor esta producción orfebre. Pero falta la cuestión más debatida, la ordenación cronológica.

UNA CUESTIÓN DE PROBABiliDAD Cuando no podemos resolver un problema intentamos imaginarnos situaciones y soluciones posibles que seamos capaces de controlar aunque no sean reales, en un esfuerzo por comprender la clave de la solución; surgen así los modelos y las creaciones teóricas. En este sentido quiero plantear un nuevo concepto de cronología, que se aparta de

los clásicos de cronología absoluta y relativa utilizados en arqueología, es la cronología en términos de probabilidad. Si la física cuántica recurre a la probabilidad como base del análisis de las partículas que están sometidas al principio de incertidumbre de Heisenberg ¿por qué no podemos hacer lo mismo desde la arqueología que analiza hechos que ya no se pueden observar? Como en un sistema cuántico, cada rasgo morfotécnico de los torques que hemos venido describiendo constituye un estado posible en un momento dado, es decir, tiene una determinada probabilidad de que ocurra sobre un objeto concreto en un tiempo determinado, lo cual no quiere decir que sea cierto, sino que es probable. Distingo entonces cuatro momentos para situar estos rasgos o estados del material oro que, además de a la incertidumbre, están sometidos al principio de la superposición, es decir, los rasgos pueden sumarse en el sentido de un tiempo que va avanzando. Evidentemente se pueden producir interacciones que aceleren o retrasen el proceso esperado, así como solapamientos entre momentos contiguos, pero en aras de la simplificación, y dado que estamos ante una construcción teórica, no los vamos a tener en cuenta. -Momento Antiguo: se supone el más cercano a, o continuación de las producciones orfebres del Bronce Final, en torno a finales del siglo VII y durante el VI a.C. El canon todavía no se ha establecido, la producción es escasa y heterogénea, aunque hay ciertas tendencias que se empiezan a perfilar; por tanto, todavía no se puede hablar de orfebrería castreña con propiedad y ninguno de los torques que se han tenido en cuenta en este estudio pertenece a este momento. Los rasgos morfotécnicos con más probabilidad de darse en un torques de este grupo son los siguientes: objetos macizos de una sola pieza, es decir, los terminales forman todavía parte integrante del aro; extremos poco desarrollados o escasamente definidos, con perfiles curvos, que a veces se manifiestan como un simple ensanchamiento del extremo del aro; aros finos, relativamente menos gruesos que los torques clásicos del Bronce Final; forma del aro tendente al círculo, relativamente cerrado; ornamentación a base de incisiones o punzones simples. -Momento de Transición: de duración probablemente corta en torno al siglo V a.C., en la que se


Los torques castreños en perspectiva

fijan definitivamente ciertas normas, algunas de las cuales se mantendrán posteriormente, y se establecen los significados, por lo que este es el momento del inicio de la orfebrería castreña. Los rasgos que tienen mayores probabilidades de caracterizar un torques de este momento son: el objeto queda técnica y definitivamente dividido en tres partes, aro y dos terminales; los extremos se fabrican y unen mediante fusión adicional; todos los componentes son macizos, pero puede aparecer algún terminal hueco de paredes gruesas fabricado a la cera perdida, que se una al aro mediante soldadura; aros más abiertos, más gruesos; aros lisos o tripartitos por el empleo de gruesos alambres enrollados; ornamentaciones con punzón complejo, sin dejar de utilizarse los punzones simples. -Momento de Clasicismo: en el que queda fijado un canon, plenamente establecido y aceptado, durante todo el siglo IV a.e. y parte del III. El significado de las producciones de este momento parece organizarse en torno a la identificación/diferenciación intergrupal y a la inversión económica comunitaria. El torques con mayores probabilidades de fecharse en esta etapa tendría la mayoría de estos rasgos: las uniones entre aro y terminales se hacen mediante soldadura; terminales huecos y con sonajero; aro liso; aro tripartito con alambre enrollado rematado por motivos de espirales; ornamentación con punzón complejo; ornamentación con filigrana gruesa. -Momento de Transgresión: en el que sólo se respetan aquellas normas del canon de especial significado y se transgreden todas las demás. El torques se hace más visible y barroco, tanto desde el punto de vista formal como técnico, probablemente por reflejo de su nueva valoración y significado, que pasa del ámbito comunitario al ámbito individual. El torques con más probabilidades de pertenecer a esta etapa, que transcurre a partir de la segunda mitad del siglo III a.C., reúne alguno de los siguientes rasgos: aros chapados en oro con alma de otro metal menos noble; terminales huecos y con sonajero; aros tripartitos con o sin espirales de ornamentación; docoración de aro y terminales con filigrana fina de tipo mediterráneo y granulado; empleo de punzón complejo; elementos plásticos añadidos; ornamentaciones imitando técnicas como la filigrana y el granulado en cera perdida.

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PERDURACIÓN Y POLISEMIA Ya nadie discute el carácter polisémico de los torques, aunque sólo sea considerando su larga gestación y desarrollo; sin embargo, la aparición del torques castreño, es decir, la fijación de un canon en la producción durante el momento de transición, hacia finales del siglo VI a.C., es el reflejo de una situación socioeconómica concreta que no es sino el proceso de génesis del propio mundo castreño, un mundo que está empezando a buscar referentes para su identificación. En este sentido, se ha convenido que el poblado castreño es el primer referente porque actúa como elemento de cohesión social, manifiestándose hacia el exterior mediante la construcción de un recinto amurallado, cerrado, y perfectamente visible desde el exterior como marcador en el paisaje (SánchezPalencia 2000: 82 y ss.); pues el segundo es el torques como contrapunto oculto del castro, que hace alusión al grupo y a su capacidad económica, porque nada en el mundo castreño tiene sentido fuera del grupo. En lo referente al origen de la orfebrería castreña defendemos unos antecedentes tecnológicos y unos objetos de enlace entre la orfebrería del Bronce Final y la del Hierro; por tanto, no podemos aceptar la idea de un desarrollo en época romana integramente, porque dejaría un vacío de siglos para la desaparición y reaparición de tecnologías complejas tradicionales, como si el transcurso del tiempo no tuviera consecuencias. En este sentido quiero recordar sólo algunas de las técnicas y rasgos morfológicos que conectan directamente ambas etapas. En primer lugar, la técnica de la cera perdida, el empleo de torno para la fabricación de objetos con simetría de revolución, y el sistema de unión por fusión adicional, están perfectamente documentados durante el Bronce Final en la zona atlántica (Armbruster y Perea 1994). En segundo lugar tenemos una serie de producciones como los brazaletes con extremos en copa, en cuyo interior se sitúa una punta, por ejemplo los de Herdade das Cortes, Cantonha o Torre Va (Inventario ... 1993: n° 60-61, 68 y 69), o el torques de Sintra (Armbruster 1995) que añade en los extremos del triple aro cuatro de estas copas o tulipas; el rasgo de la punta en el centro de los terminales de torques castreños aparece en uno de


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los ejemplares conservados en el Museo Británico (Almagro Garbea 1962) y en Vilas Boas las puntas son sustituidas por aves; también hay que recordar que el torques de Vix presenta una larga punta en el interior de cada terminal, que se puso de manifiesto al hacer un estudio radiográfico (Eluere et al. 1989). y en tercer lugar, las llamadas secciones romboidales en torques y brazaletes del Bronce Final (Inventario ... 1993: n° 17,57) se convertirán en uno de los rasgos peculiares de algunos torques castreños. Se ha planteado la idea de que el grueso de la producción de orfebrería castreña no debería situarse en una etapa que aparece ante la arqueología como un momento de desaceleración económica, en torno al siglo IV-III (Peña Santos 1996: 84); sin embargo, en mi opinión, es precisamente esa circunstancia la que justifica la inversión que supone el torques, como seguro y garante económico. El torques no lo ostenta y exhibe una persona como su riqueza personal, sino que se entierra y oculta en el entorno del castro, probablemente como sanción de transacciones políticas intergrupales. De hecho hay torques que podemos calificar de modestos frente a otros que demuestran la gran inversión realizada; el ejemplo más elocuente lo tenemos en el ejemplar de Burela, una pieza que en todas sus características se atiene al canon del momento de clasicismo, pero cuyo tamaño y peso se aparta claramente de la media. Por el contrario, los torques transgresores, con su barroquismo y excentricidad, están hechos para ser vistos y admirados por fuera, aunque después hagan realidad la máxima de que no es oro todo lo que reluce. En este cambio de significado, y probablemente de valor, podemos ver un reflejo de la nueva situación económica y social, fruto de los estímulos que supone la romanización, una de cuyas consecuencias será la aparición de líderes, y en última instancia, una organización política y social diferente, en la que ya no caben antiguos canones y normas rituales.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 151-172

ASPECTOS MORFOTÉCNICOS DE LAS DIADEMAS-CINTURÓN CASTREÑAS

ÓSCAR GARCÍA VUELTA

Departamento de Prehistoria, /H, es/el CI Serrano, n° 13. 28001 Madrid

RESUMEN: Estas páginas presentan un repaso a los principales aspectos morfatécnicos del grupo de las diademas-cinturón castreñas, apoyado en el estudio topográfico de la mayor parte de los ejemplares conservados, a fin de sistematizar y documentar en lo posible las técnicas y huellas de trabajo observables en los mismos. Esta labor se ha completado con una revisión historiográfica y documental de los hallazgos (García Vuelta, 2001; García Vuelta y Perea, 2001) que ha permitido la puesta en cuestión de algunas afirmaciones tradicionalmente establecidas sobre su naturaleza, procedencia o composición. Palabras clave: Diademas-cinturón, Orfebrería castreña, Arqueología del Oro. ABSTRACT. Morphological and technical aspects 01 the hilllort "diadern-belts". This paper reviews the main morphological and technical aspects of the "diadem-belt" group from hill fort settlements, based on a topographical study of most of the pieces that have been preserved. The purpose of this review is to provide, as far as possible, a systematic and documented approach to the techniques and work prints that can be seen on these objects. This task has been completed with a historiographic and documental review of the finds (García Vuelta, 2001; García Vuelta and Perea, 2001) which have served to question sorne of the traditional affirmations that have been put forth as to their nature, origin and composition. Key words: Diadem-Belts, Gold Work from the Hill forts, Archaeology of Gold.

INTRODUCCIÓN Con el término "diademas-cinturón" (Perea y Sánchez-Palencia, 1995), definimos un grupo de objetos de oro decorados, interpretados tradicionalmente como adornos de cabeza o cintura, que constituyen uno de los tipos más representativos y controvertidos de la orfebrería castreña. Se trata de piezas de estructura laminar y forma preferentemente rectangular, que incluyen en sus extremos sistemas de cierre o suspensión, compuestos por anillas o ganchos y pueden incorporar, además, distintos complementos ornamentales, como cuerpos de filigrana o elementos plásticos soldados (García Vuelta y Perea, 2001). Hasta el momento, conocemos ocho ejemplares, procedentes de cinco hallazgos repartidos entre los actuales territorios de Asturias y Galicia. Sus características formales y ornamentación, en algunos casos excepcional en el ámbito castreño, han llamado la atención de nume-

1 Fecha de entrega del trabajo: 17 de febrero de 2003.

rosos autores a lo largo del tiempo, relacionando en algunos casos a estos materiales con el mundo ritual y simbólico de estas poblaciones (Marco, 1994). La mayor parte de los estudios sobre estas producciones se han centrado de forma casi exclusiva en su clasificación formal, o en el análisis estilístico o simbólico de los objetos, quedando otros aspectos de su investigación descuidados. A esta situación ha contribuido sobremanera la falta de información sobre el contexto arqueológico y la procedencia de los hallazgos; todas las piezas, con la excepción de una, recuperada en las excavaciones del castro de Elviña, en A Coruña (Luengo, 1956 y 1979), son el resultado de descubrimientos casuales o de expolio, siendo contadas las ocasiones en las que disponemos de un mínimo de información sobre las circunstancias de su aparición (Filgueira y Blanco, 1954). Este inconveniente se ha visto agravado en muchos casos por la dispersión y complejos avatares sufridos por los ejemplares tras su descubrimiento (Maya, 1987-1988;


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García Vuelta y Perea, 2001). Dichos factores, unidos a la dificultad de acceso a los materiales y la falta de nuevos hallazgos, han motivado que cuestiones fundamentales, como su datación, permanezcan aún en discusión. A este respecto, se han planteado diversas propuestas, que tienden, en general, a situar estas producciones en un momento "prerromano". Algunas hipótesis proponen la relación del tipo con modelos de origen post-hallstáttico, datados en torno al S. V a. C, aceptándose también, en función del análisis de diversos elementos ornamentales, influencias de origen mediterráneo o de otras zonas de la Península Ibérica, como la Meseta, que dan como resultado unas propuestas de datación que varían, a grandes rasgos, entre los siglos IV-III ala. C. (López Cuevillas, 1951 a y b, Blanco, 1957; López Monteagudo, 1977; Pérez Outeiriño, 1989; Parzinger, 1991, entre otros). Sin embargo, los contextos de deposición conocidos sitúan los momentos de ocultación de algunos hallazgos en torno al cambio de Era o incluso en momentos posteriores (Filgueira y Blanco, 1954; García Alen, 1955; Balseiro, 1997; Luengo, 1979), hecho que se ha explicado tradicionalmente por una posible pervivencia o amortización de estos ejemplares, sin que en la práctica, y al igual que sucede con otros muchos materiales de la orfebrería castreña, contemos con un argumento definitivo. Finalmente, observamos también problemas que afectan a la clasificación de las piezas, derivados en buena medida de los inconvenientes de estudio expuestos, que han motivado una frecuente exposición o aceptación de datos no apoyados en un adecuado análisis documental y topográfico de los objetos, hecho que ha provocado una relativa confusión en cuanto a su interpretación formal y tecnológica, aspectos en los que centraremos nuestro estudio y que consideramos básicos para la posterior interpretación arqueológica de este grup02.

2 Presentamos parte de las conclusiones de este trabajo en el encuentro llOro Artabro: el tesoro de Elviña y su contexto en el mundo castreño" (Coruña, Julio de 2002). Nuestra labor se integra en el proyecto de investigación "Aplicaciones analíticas y documentales para la elaboración y difusión de un modelo explicativo para la metalurgia del oro castreño" (CM 06/0043/2001), dirigido, desde el Dpto. de Prehistoria del IH, CSIC por la Dra. Alicia Perea. Agradecemos al Museo Arqueológico e Histórico del Castillo de San Antón de Coruña, Museo de Pontevedra,

l. LOS HALLAZGOS. CATÁLOGO BÁSICO - CASTRO DE ELVIÑA (Fig. 1: 1): ejemplar de forma rectangular, cuya superficie se divide en tres sectores; los dos primeros están formados por sendas láminas rectangulares con decoración geométrica dispuesta en bandas horizontales, organizada, en cada lateral, en dos cuerpos separados por tetrasqueles inscritos en círculos. Uniendo ambas láminas, se sitúa un cuerpo central calado, compuesto por tres tiras rectangulares de anchura desigual, decoradas con filigrana; la central, en origen, incluía una serie de elementos plásticos ornitomorfos, de los que sólo conserva uno completo. El borde inferior de esta pieza se decoró con una serie de pequeñas anillas de suspensión, hoy prácticamente perdidas, afectando su disposición a los espacios comprendidos entre las figuras de tetrasqueles (Luengo, 1979: 218). Incorpora una anilla en cada extremo, ambas con decoración de filigrana. Dimensiones: 40 cm de longitud, 2, 8 a 3, 1 cm de anchura. Pesa 31,75 g. Museo Arqueológico e Histórico del Castillo de San Antón, A Coruña. Inventario: 113. (Reboredo, 1996; Brañas, 2002). Se recuperó en 1953, en las excavaciones realizadas por J.M. Luengo (1956 y 1979). Formaba parte de una ocultación en el pavimento de una cabaña de planta rectangular del castro. En el momento de su aparición, se encontró incompleta y fragmentada en dos partes enrolladas, lo que dio lugar a su interpretación como posibles brazaletes. U n fragmento de una de las láminas laterales se perdió, al parecer, tras su recuperación (Luengo, 1979: 217). La pieza estaba asociada a un conjunto de trece cuentas bitroncocónicas de oro, una de vidrio y un colgante decorado con filigrana y granulado, pertenecientes probablemente a un collar articulado, y a una posible gargantilla laminar de oro. Los niveles arqueológicos relacionados con la ocultación se han datado en torno al cambio de Era, aunque las piezas, dado su estado de conservación en la deposición, pudieron tener un momento de uso anterior (Luengo, 1979; Reboredo, 1996). Museo Arqueológico Nacional, Museo Lázaro Galdiano e Instituto Valencia de Don Juan las facilidades prestadas para el acceso a estos materiales. En fecha reciente, también han sido revisados, desde el Proyecto AV, los materiales coservados en el Musée des Antiquités Nationales de Saint Germain-en-Laye. Agradecemos a la Dra. Perea el acceso a estos datos.


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Aspectos morfotécnicos de las diademas-cinturón castreñas

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7 Figura 1. Diademas-cinturón castreñas (sin escala). 1. Elviña; 2. Tesoro Bedoya (reverso); 3. Colección Soto Cortés (¿Cangas de anís?); 4. Vega de Ribadeo 1; 5. Vega de Ribadeo II; 6. Moñes 1 (fragmento A-E); 7. Moñes II. (Fragmentos F y G). Fotografías: 1 a 5 y fragmentos A,B,C y G de Moñes: Osear García Vuelta; Fragmentos D, E YF de Moñes: Museo de Saint Germain-en-Laye.


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- TESORO BEDOYA (Fig 1: 2): pieza de forma ovoidal, que incorpora una anilla en cada extremo; está decorada con series geométricas y de ornitomorfos que siguen en parte la forma de la lámina, enmarcando una zona central más ancha, donde se combinan los mismos motivos en distinta disposición. Dimensiones: 41 cm de longitud -correspondiendo 36 a la lámina central-, su anchura es de 5, 4 cm en la zona central y 2, 7 cm en los extremos. Pesa 17, 75 g (Filgueira y Blanco, 1954: 163). Museo Arqueológico de Pontevedra. La procedencia de este ejemplar se ha establecido tradicionalmente en A Graña (Ferrol), apuntándose también, en los primeros momentos, otra opción, menos fiable, en la comarca de Salnés, cerca de Noalla (Filgueira y Blanco, 1954: 162; Balseiro, 1997: 56). Estudios más recientes han situado el punto del hallazgo en el lugar de Chousa-Barca de Arriba, en la parroquia de San Román de Doniños, concejo de Serantes, actualmente absorbido por el de Ferrol (Trasancos, 2000: 12). Al parecer, se trata de un hallazgo casual, de D. Francisco Bedoya -de quien el conjunto ha tomado el nombre -al realizar unas tareas de remoción de tierras en una finca de su propiedad; tras el descubrimiento, Bedoya las habría conservado durante varios años en un desván, dándoselas posteriormente en herencia a sus familiares, que, tras diversas gestiones, las depositaron en el Museo de Pontevedra en 1953 (Filgueira y Blanco, 1954: 162). La pieza se habría encontrado en el interior de un recipiente de bronce, enrollada y fragmentada, asociándose a dos parejas de arracadas de oro (Pérez Outeiriño, 1982), dos anillos de oro romanos y un lote de monedas que incluye dos áureos y 27 denarios. La presencia de estas monedas, que supone una excepción en los hallazgos de orfebrería castreña, ha permitido datar el momento de la deposición en una fecha no anterior al año 91 d. C. (Filgueira y Blanco, 1954; García Alén, 1955; Balseiro, 1997). COLECCIÓN SOTO CORTÉS. ¿CANGAS DE oNÍS? (Fig 1: 3): incluye una lámina central rectangular, con extremos redondeados, que fue decorada con series de motivos geométricos circulares y en forma de IISII, dispuestos en bandas paralelas longitudinales en la parte central, y colocados en disposición semicir-

cular en los extremos. Esta lámina es más gruesa que las del resto de los ejemplares del grupo y presenta una fractura parcial, actualmente restaurada. La pieza incorpora una pareja de anillas en un extremo y una pareja de ganchos en el otro. Dimensiones: 39, 50 cm de longitud y 7 cm de anchura. Pesa 76, 01 g. Museo Arqueológico Nacional. Inventario 33.139. Fue adquirida del mercado de antigüedades por el MAN en 1931, junto a varios fragmentos de torques pertenecientes, al menos, a tres piezas diferentes, con las que se ha relacionado (ÁlvarezOssorio, 1931 y 1954; Blanco, 1957 o Luengo, 1979, entre otros). Sin embargo, no contamos con datos que permitan establecer la naturaleza de conjunto de estos ejemplares. Sabemos que todos pertenecieron a la colección de Sebastián de Soto Cortés, afincada en Labra, localidad muy próxima a la de Cangas de Onís, hecho por el que pudieron, una vez pasadas las piezas por manos de intermediarios, recibir esta procedencia (Somoano, 1960; Maya, 1987-1988; García Vuelta, 2001; e/p). Ignoramos las circunstancias de entrada de los objetos en esa colección, no figurando la diadema-cinturón asociada a los torques en los más antiguos documentos gráficos conservados (Somoano, 1960)3.

- CONJUNTO DE VEGA DE RIBADEO: ignoramos las circunstancias de este hallazgo, compuesto al menos por tres piezas muy semejantes entre sí, aunque ligeramente distintas en su tamaño y detalles ornamentales (López Cuevillas, 1951 b). La primera referencia conocida data de 1912, momento en que una de ellas (Vega de Ribadeo 1) fue ofertada al MAN (Álvarez-Ossorio, 1954: 308309). El lugar de hallazgo de los ejemplares se ha situado en las localidades de Ribadeo (Lugo) o Vega de Ribadeo (la actual Vegadeo, en Asturias),

3 Sebastián de Soto Cortés falleció en 1915, dispersándose su colección, en la que figuró también, como veremos más adelante, el fragmento G de Moñes (Somoano, 1960). En la actualidad, la documentación sobre esta colección se encuentra dispersa y parcialmente inédita; algunos torques del lote figuran en las láminas de la obra de Eduardo Llanos "Recuerdos de Asturias", publicada en Londres entre 1902 y 1905. Los originales de estas imágenes se conservan actualmente en el Archivo Histórico de Asturias, insitución a la que agradecemos las facilidades prestadas para su estudio.


Aspectos morfotécnicos de las diademas-cinturón castreñas

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Figura 2. Piezas de Vega de Ribadeo: Superior. Vega de Ribadeo II (Museo Lázaro Galdiano); Centro. Vega de Ribadeo III; Inferior. Vega de Ribadeo 1. (Museo Arqueológico Nacional). Seg{¡n Artiñano, 1925.

defendiendo otros autores un área comprendida en torno a ambas localidades (Blanco, 1957: 137). Las tres diademas-cinturón se exhibieron en 1923, como procedentes de Ribadeo, en la exposición "Orfebrería Civil Española" (Orfebrería, 1923; Artiñano, 1925). -VEGA DE RIBADEO 1 (Fig 1: 4): ejemplar de forma rectangular, que presenta una decoración organizada en cuatro cajas enmarcadas por bandas en resalte, que incluyen alternativamente motivos de cestería y rosetas, repetidos desde los extremos al centro de la pieza. Estos cuerpos quedan delimitados, en sentido horizontal y vertical, por series de motivos geométricos en diferentes composiciones, decorandose los bordes cortos del anverso de la lámina con filigrana. Incluye dos anillas por extremo, también realizadas en filigrana. Dimensiones: 45, 3 cm de longitud y 6,7 cm de anchura. Pesa 50, 5 g. Museo Arqueológico Nacional. Inventario: 28.468. Fue ofertado al Museo Arqueológico Nacional en 1912, junto a un broche decorado con la misma procedencia supuesta, sin que tengamos

datos para relacionar los hallazgos de ambas piezas, que, tras diversos avatares administrativos, ingresaron en este museo en 1914 (ÁlvarezOssorio, 1954: 308-310). -VEGA DE RIBADEO II (Fig 1: 5): ejemplar muy similar al anterior, de menor tamaño, que varía ligeramente en la disposición de algunos motivos ornamentales, en la composición de su sistema de cierre, también realizado en filigrana, y en los elementos que decoran los extremos de la lámina central, que incluyen, en este caso, una fina tira cincelada. Dimensiones: 35, 8 cm de longitud y 4'8 cm de anchura. Museo Lázaro Galdiano. Inventario: 3283. Perteneció a J. Lázaro Galdiano al menos desde 1925, ignorándose los avatares de entrada en esta colección. -VEGA DE RIBADEO III (Fig 2, centro): pieza formalmente igual a la anterior, que en el momento de celebrarse la exposición "Orfebrería civil Española" pertenecía al anticuario J. Lafora, perdiéndose posteriormente su paradero. Según


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López Cuevillas (1951 b: 23), habría sido adquirida por el Museo del Louvre, permaneciendo hasta el momento inédité.

- MOÑES (Fig 1: 6 y 7): hallazgo formado por siete fragmentos de diademas-cinturón, fruto de un hallazgo casual o expolio ocurrido probablemente en las últimas décadas del siglo XIX. Se han hecho proceder sucesivamente de la provincia de Asturias, provincia de Cáceres, Moñes (Piloña, Asturias), Ribadeo (Lugo) o San Martín de ascos (Asturias), siendo la de Moñes (Somoza, 1908), la más aceptada en la actualidad (Marco, 1994). Tras largos avatares, las piezas se reparten actualmente entre el Museo Arqueológico Nacional (A, B YC), Musée des Antiquités Nationales de Saint Germain en Laye (D, E YF) e Instituto Valencia de don Juan (G). Todos los fragmentos, con ligeras diferencias, incluyen una decoración figurada que integra una sucesión de jinetes con caballos enjaezados e infantes que, ataviados con elementos de carácter guerrero (lanzas, puñales, cinturones con contera y escudos) y simbólicos (calderos, torques y tocados de cuernas o de penachos), avanzan de izquierda a derecha por un entorno acuático, señalado con bandas de puntos y poblado por diversos animales acuáticos y aves pescadoras. Algunos fragmentos presentan además decoraciones plásticas o de carácter geométrico (bandas sogueadas con puntos en resalte y posibles estilizaciones de bucráneos o cabezas cortadas). Su iconografía, excepcional en el ámbito castreño, se ha puesto en relación con el mundo simbólico y ritual de estas poblaciones, y ha sido objeto, a lo largo del tiempo, de numerosos estudios (López Cuevillas, 1951 a y b; Monteagudo, 1977; Luengo, 1979;

4 Diversos autores han intentado recabar información sobre esta pieza sin resultado (Maya, 1987-1988; Balseiro, 2000, entre otros), llegando a afirmarse su conservación en el Musée des Antiquités Nationales de Saint Germain en Laye. En el momento de redactar este texto, las gestiones realizadas indican que el ejemplar no se encuentra en este Museo. Tampoco hemos podido recabar una información positiva acerca de su ingreso en el Museo del Louvre. Agradezco a Da Alicia Perea, Da Cristina Lorre, conservadora del Museo de Saint Germain-en-Laye, y a Da. Elisabeth Fontan, conservadora del Museo del Louvre, las gestiones realizadas a este respecto.

Eluere, 1986-87; Maya, 1987-1988; Parzinger, 1991; Maya y Cuesta, 1993; Marco, 1994; Perea y Sánchez-Palencia, 1995; Balseiro, 2000; García Vuelta y Perea, 2001, entre otros). Otro de los principales temas en discusión sobre estos fragmentos es su pertenencia a uno o a varios objetos diferentes, posibilidad sugerida por la práctica totalidad de los autores que se han ocupado de los mismos (López Cuevillas, a y b; Maya, 19871988 o Balseiro, 2000 entre otros). Las diferencias en su estructura formal y ornamental, así como los estudios topográficos realizados sobre estos materiales, en comparación con la morfología tipo de las diademas cinturón-castreñas, parecen confirmar esta posibilidad, distinguiéndose al menos dos ejemplares (Eluere, 1986-1987; Perea y SánchezPalencia, 1995; García Vuelta y Perea, 2001)5. MOÑES 1 (Fig 1: 6): ejemplar incompleto de forma rectangular, que presenta una lámina de base con una anchura media de 5, 4 cm y decoración dispuesta en dos frisos longitudinales, delimitados y separados por bandas en resalte. Esta ornamentación se cierra, en el extremo conservado, con una franja vertical de cordelado con puntos en resalte. Incluye, en el extremo conservado, un sistema de cierre o sujeción formado por dos anillas estriadas, disimuladas con una lámina estriada en el anverso. A lo largo de su borde superior, la pieza incluye una serie de elementos plásticos en forma de con0 6 . Pertenecerían a esta pieza los fragmentos

Para un estudio en detalle de esta cuestión, nos remitimos a las conclusiones ya expuestas en otros lugares (García Vuelta y Perea, 2001; García Vuelta, e/p), así como a los trabajos de otros investigadores (Eluere, 1986-1987; Perea y SánchezPalencia, 1995). Somos conscientes, sin embargo, de que este tema no puede quedar definitivamente cerrado con los datos documentales, topográdficos o analíticos actuales (Eluere, 1986-1987; Perea y Sánchez-Palencia, 1995; García Vuelta y Perea, 2001; Perea, A.; Alguacil, EJ.; Adeva, P. y García Vuelta, O. (e/p». Por otro lado, cabe la posibilidad de que los fragmentos perteneciesen a una pieza con características morfológicas notablemente distintas a las del resto de los ejemplares, opción no verificable hasta el momento. 6 En los primeros documentos, el fragmento B conservaba ocho de estos elementos completos, reducidos posteriormente a siete (Maya, 1987-1988: 135). Uno de ellos, desprendido del fragmento B, ha sido restaurado en la actualidad, uniéndose al borde superior del fragmento A (García Vuelta, e/p).


Aspectos morfotécnicos de las diademas-cinturón castreñas

conservados en el Museo Arqueológico Nacional, (A, B, C) y los fragmentos D y E7 del museo de Saint Germain (García Vuelta y Perea, 2001). MOÑES II (Fig 1: 7): pieza incompleta de forma rectangular, con una anchura media de 2, 9 cm. Su decoración se dispone en una única banda longitudinal, delimitada en la zona próxima a los extremos por una banda vertical geométrica, interpretada en este caso como una estilización de bucráneos o "cabezas cortadas". Incorpora una única anilla en el extremo conservado, careciendo de elementos plásticos en su borde superior. Incluye los fragmentos F del Museo de Saint Germain y G, del Instituto Valencia de Don Juan.

Avatares de los fragmentos: el debate sobre la procedencia. Esta larga y compleja discusión 8 , se inicia un momento anterior a 1870, incluyéndose las primeras referencias escritas conocidas en los documentos de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Oviedo. En éstos, se señala el origen asturiano de los fragmentos, y se documenta que fueron ofertados en Oviedo y adquiridos, en parte, por D. Remigio Salomón, Vicepresidente de la institución (Maya, 1987-1988; Adán, 2000; García Vuelta y Perea, 2001; García Vuelta, e/p)9. A partir de estos momentos, se pierde la pista del hallazgo hasta

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Se ha defendido que algunas características formales de este fragmento, como la diferencia de anchura de su banda superior en reserva respecto a los fragmentos A, B,C y D podría indicar su pertenencia a una tercera pieza (Maya, 1987-1988: 13 5). Pensamos, sin embargo, que las diferencias observables en estas mismas medidas entre el resto de los fragmentos de Moñes 1, permiten su adscripción a este ejemplar (García Vuelta y Perea, 2001). 8 Un comentario detallado de los mismos ha sido expuesto ya en otras publicaciones (Maya, 1987-1988; García Vuelta y Perea, 2001) 9 Se discute una posible donación de los fragmentos por parte de Remigio Salomón a la Comisión en torno a 1870, con motivo de su traslado a Granada, recogiéndose en los inventarios de esta institución únicamente la presencia de unas fotografías (Maya, 1987-1988: 13 5; Adán, 2000) donde se señala la procedencia asturiana de uno de los fragmentos. Acualmente estas fotos se conservan, al igual que las actas de la Comisión, en el Museo Arqueológico de Asturias, institución a la que agradecemos las facilidades prestadas para el estudio de esta documentación.

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1885, momento en que parte del mismo fue adquirido por el Museo del Lovre, publicándose como procedente de la provincia de Cáceres 10. Esta hipótesis de procedencia, predominante en la historiografía hasta principios del siglo XX, fue contestada en 1906 por J .R. Mélida 11 quien remarca el origen asturiano de los fragmentos, habiendo mantenido correspondencia ese mismo año con Sebastián Soto Cortés, propietario del fragmento G (García Vuelta, 2001; e/p). Dos años después, J. Somoza (1908:7), apunta una primera hipótesis concreta de procedencia, situando el hallazgo en el lugar de Moñes, (Piloña, Asturias). La propuesta de este autor, buen conocedor del coleccionista asturiano, ha sido largamente ignorada por la investigación, viéndose eclipsada, con el tiempo, por una nueva hipótesis que hará proceder las piezas del área de Ribadeo, en Lugo, aunque sin aportar datos adicionales a este respecto (Bosch, 1921, entre otros). Los avatares posteriores del conjunto no son menos complejos; en 1931, ya dispersa la colección Soto, el fragmento G fue vendido, junto a otras piezas al Instituto Valencia de Don Juan (Maya, 1987-1988: 136). Por su parte, durante la II Guerra Mundial, el Louvre desplazará parte de sus colecciones, alojándose temporalmente los fragmentos en el castillo de Cheverny, y probablemente en el de Montauban (García Vuelta, e/p). En 1941 se firmó un acuerdo de intercambio de objetos arqueológicos y artísticos entre Francia y España, en virtud del cual, dos de los fragmentos (los actuales A, B y C) ingresan en el MAN tras una estancia en el Museo del Prado (García y Bellido, 1943; VVAA, 1997). Esto provocará nuevos estudios sobre el conjunto, siendo la hipótesis de Ribadeo la más aceptada durante largos años (García y Bellido, 1941 y 1943, López Cuevillas, 1951 a y b; Blanco, 1957, entre otros). En 1970, J. Manza-

10 Desde fecha no determinada, el fragmento G pertenecía a Sebastián de Soto Cortés, también vinculado a la Comisión. El museo del Louvre delegó la compra de los fragmentos a Gustav Schlumberger, responsable de la primera publicación sobre el conjunto, quien adquirió el resto de los conocidos. Véase Schlumberger, G. (1885): "Bandeaux d'or estampés d'époque archáique". Gazette Archéologique. París. 11 Véase Mélida, J.R. (1906): liLas esculturas del Cerro de los Santos, Cuestión de autenticidad". Tirada aparte de Revista de Archivos, Bibliotecas y Mmeos.


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nares 12 propone una nueva hipótesis que sitúa el hallazgo en San Martín de Oscos (Asturias), localizándolo en la finca "Valdeirexe" y anotando la existencia de una memoria local del mismo, en la actualidad perdida (García Vuelta y Perea, 2001: 12). Esta tesis se extendió a partir de los trabajos de G. López Monteagudo (1977). Los últimos avatares de las piezas se producen en 1983, cuando el museo del Louvre traslada parte de sus colecciones, incluyendo los fragmentos D, E y F, al Musée des Antiquités Nationales (Eluere, 19861987). Desde estos momentos, los autores que se han ocupado del hallazgo se han decantado por alguna de las hipótesis anteriores (Parzinger, 1991), o han propuesto, retomando los primeros datos, áreas de procedencia generales, como la provincia de Oviedo (Maya, 1987-1988). Desde mediados de los años 90, se ha recuperado la opción de Moñes (Marco, 1994; Perea y Sánchez-Palencia, 1995, entre otros)13, que convive en los últimos trabajos con otras propuestas anteriores (Bóveda, 1999; Balseiro, 2000).

ll. ASPECTOS MORFOTÉCNICOS Uno de los principales temas de debate sobre las diademas-cinturón castreñas es el de su adecuada clasificación formal y funcional. A lo largo del tiempo, estas piezas han sido consideradas como adornos de pelo, cuello o pierna, y mayoritariamente como diademas 14 (López Cuevillas, a y b, entre otros), apoyándose frecuentemente esta hipótesis en el conocido comentario de Estrabón (Geog, III, 3, 7), donde se refiere la costumbre de los guerreros galaicos de ceñir su cabeza con una banda o cinta para el combate. Sin embargo, esta referencia, bastante ambigua, no se ha visto reforzada

12 MANZANARES, J. (1970): "El patrimonio artístico de Asturias". En El libro de Oviedo. Oviedo. 13 Algunas publicaciones recientes han recuperado referencias sobre antiguos hallazgos en la zona de Pitaña, llegando a aportar datos gráficos sobre los supuestos descubridores del hallazgo, sin que estas opciones, por el momento, se hayan podido contrastar con datos definitivos (Belenos, 1996). 14 Según esta opción, las piezas se colocarían sobre la frente, con las anillas orientadas hacia la parte posterior del cráneo, hipótesis que implica la presencia de algún elemento adicional, como cordones o cintas, para asegurar su sujeción.

hasta la fecha por suficientes hallazgos arqueológicos en el ámbito castreño 15 . Con los mismos argumentos, diversos autores han expuesto otras posibilidades de interpretación, teniendo en cuenta, por un lado, las dimensiones o morfología de parte de los ejemplares, y por otro, su gran fragilidad, característica que dificulta su utilización sin la presencia de un soporte flexible de sustentación (Maya, 1987-1988). Esto amplía las posibilidades de utilización de las piezas, que podrían haber formado parte de revestimientos para otro tipo de adornos, como cinturones. Esta hipótesis se plantea con frecuencia como alternativa a la anterior, al tratarse de un tipo bien documentado arqueológicamente, como vemos, por ejemplo, en las estatuas lusitanas de guerreros de Meixedo, Cendufe, Santa Comba de Basto, Santo Ovidio de Fafe, Campos o Lezenho, entre otros (Ferreira, 1986). Sin embargo, no podemos descartar la idea de que no todos los ejemplares correspondiesen a una misma función, el caso del conjunto de Vega de Ribadeo, que incluye objetos con características formales y ornamentales semejantes, aunque con distintas dimensiones, podría apuntar quizá en ese sentido. Con todas estas dudas, la unidad formal del grupo ha sido revisada por diversos autores, que han aproximado clasificaciones basadas en la consideración de los aspectos ornamentales y morfológicos de los objetos (López Cuevillas, 1951 a y b; Filgueira y Blanco, 1954), llegando a diferenciarse, desde esta perspectiva, talleres o escuelas regionales (Bóveda, 1999). Pese a su valor, este tipo de planteamientos se ha visto limitado considerablemente por factores como el escaso número de hallazgos conocidos o la falta de información sobre su contexto o composición real. La inclusión en el estudio de estos objetos de las conclusiones derivadas de su análisis técnico, poco considerado hasta el momento, pone de manifiesto una gran variabilidad morfológica y tecnológica, característica ya observada en otros tipos de la orfebrería castreña (Armbruster y Perea, 2000), y

15 Conocemos únicamente una posible cabeza diademada de rasgos esquemáticos, fabricada en piedra, procedente del castro de San Chuis (Pala de Ayande, Asturias), que se ha datado entre los siglos III -1 a. C. (Maya y Cuesta, 1993: 29 y 31).


Aspectos morfotécnicos de las diademas-cinturón castreñas

que dificulta la elaboración de una clasificación tipológica convencional sobre estas piezas. Para el estudio de esta variabilidad, tenemos que considerar tanto las técnicas y los elementos que configuran la estructura de las piezas, como los empleados en atención a su ornamentación. Dentro del primer grupo, podemos observar la presencia de un patrón formal básico, que combina dos elementos: un cuerpo central laminar o lámina de base y un sistema de cierre o sujeción, compuesto por anillas o ganchos soldados a los extremos de las piezas (García Vuelta y Perea, 2001).

D. 1. Láminas de base Se fabrican por martillado de núcleos o lingotes de metal que posteriormente se trabajan mediante batido y se recortan con la forma deseada, empleando para ello herramientas con punta afilada o, como se ha defendido para los fragmentos de Moñes, de tipo cizalla (Eluere, 1986-1987). Una vez finalizado este proceso, los bordes de las láminas pueden retocarse mediante un fino marti11ado. Generalmente, estas piezas incluyen una única lámina de base, en su mayoría de forma rectangular, con sus extremos más o menos redondeados. Excepciones a esta norma son los ejemplares del tesoro Bedoya, con una lámina de forma ovoidal, y el castro de Elviña, que incluye dos láminas laterales y tres tiras rectangulares centrales. Como hemos comentado anteriormente, un aspecto a destacar en estos elementos, no siempre tenido en cuenta, es su gran delgadez y extrema fragilidad (Maya, 19871988: 136); el grosor del metal en las láminas está en todos los casos por debajo de los 0,5 mm, y llega a alcanzar medidas bastante inferiores, como sucede, por ejemplo, en los fragmentos de Moñes (Eluere, 1986-1987: 193-195). Esta característica, sin duda, haría necesaria la colocación de estas piezas sobre un elemento de sustentación flexible, probablemente fabricado en un material perecedero, como cuero o tela, para hacer posible su uso continuado. Tomando en consideración este dato, se ha insinuado la posibilidad de que pudieran ser utilizadas de forma excepcional, quizá en una ceremonia o ritual concreto (Maya, 1987-1988: 136; Maya y Cuesta, 1993: 28). Sin embargo, otros argumentos apuntan su carácter funcional, sin excluir por ello una

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posible utilización de carácter ritual o simbólico. En primer lugar, observamos huellas de posible desgaste por uso en piezas como las de Cangas de Onís o Moñes (García Vuelta y Perea, 2001: 17). Otras presentan reparaciones antiguas, aplicadas en zonas de fractura sobre los bordes de sus láminas de base; ejemplos de esto son la diademacinturón del tesoro Bedoya (Fig. 3. sup y centro), donde se han identificado hasta nueve (Filgueira y Blanco, 1954: 164), y la de Vega de Ribadeo l, (Fig 3. inf), que incluye una, localizada en su zona central (García Vuelta y Perea, 2001: 5; García Vuelta, e/p). En ambos casos, la reparación se realizó mediante la adición de pequeñas láminas rectangulares de oro, que se solapan y martillan sobre el borde de la lámina de base, soldándose posteriormente1 6 . En otros ejemplares, se observa la presencia de pequeñas perforaciones aisladas, con un carácter más dudoso (García Vuelta y Perea, 2001: 16), que en algún caso, han sido interpretadas como posible testimonio de la sujeción de la lámina de base a un elemento de sustentación o reparaciones, como sucede, por ejemplo, con las que incluyen algunos de los fragmentos de Moñes (Eluere, 1986-1987: 193-194)17. Finalmente, otros objetos parecen haber experimentado posibles cambios de funcionalidad o reelaboraciones; este es el caso del recuperado en el castro de Elviña, fragmentado en dos partes enrolladas sobre sí mismas, dando lugar a su interpretación como brazaletes o pulseras (Monteagudo, 1954: 236; Filgueira y Blanco, 1954: 160 y 170, o López Cuevillas, 1956: 154), advirtiendo su excavador de la posibilidad de que ambos fragmentos formasen parte, en origen, de una diadema

16 Aunque se ha defendido la fijación por presión de estas láminas (Filgueira y Blanco, 1954: 164), la observación binocular de las piezas ha permitido identificar restos de material soldante en ambos ejemplares. Las láminas laterales del ejemplar de Elviña también presentan alguna pequeña lámina unida a su borde largo inferior, que podríamos quizá interpretar como una reparación realizada con el mismo procedimiento, quedando pendiente la confirmación de este proceso con una adecuada observación binocular del reverso de la pieza. 17 En otros casos, esta función no parece probable, al situarse en puntos de la pieza que difícilmente parecen corresponder a este fin, como las que se observan en una de las tiras centrales del ejemplar de Elviña, en una zona originalmente recubierta con un cordón.


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Figura 4. Reverso del ejemplar de Elviña: se observa la zona de contacto entre el cuerpo calado central, (formado por cuatro láminas) y una de las láminas laterales, que permite identificar las anillas soldadas en el borde inferior de la pieza, así como algunas perforaciones de las láminas centrales y la sección de las laterales. Fotografía: OGv.

zona central calada, y probablemente también con las pequeñas anillas situadas en su borde inferior, para ser finalmente empleada como brazalete (Reboredo, 1996: 74-75)18.

II. 2. Sistemas de cierre o sujeción Se consiguen por soldadura, al anverso o reverso de las láminas de base, de anillas o ganchos, fabricados con láminas, alambres o hilos de diversa morfología; estos elementos presentan una relativa variabilidad formal, y constituyen, hasta el momento, casos singulares en cada uno de los hallazgos. Respecto a la forma y número de elementos que integran, observamos piezas con una anilla por extremo (Elviña, tesoro Bedoya y Moñes II), dos anillas por extremo (Vega de

Figura 3. Reparaciones en el ejemplar del tesoro Bedoya, en el anverso (superior) y reverso (centro) de su lámina de base, y reparación en la zona central de Vega de Ribadeo 1 (inferior). Fotografías: OGv.

(Luengo, 1956: 98 y 1979: 217). Más recientemente, se ha insinuado que la pieza podría haber experimentado varias fases de uso, incluyendo originalmente una lámina de base, que posteriormente habría sido modificada con la adición de la

18 Aunque no podemos aportar datos sobre este supuesto uso final del ejemplar, la brusca interrupción de la decoración en sus láminas laterales, podría señalar la posibilidad de una reelaboración (Reboredo, 1996: 74), que de confirmarse, habría que extender también a las anillas de cierre de la pieza, dada la semejanza observable entre los hilos que las decoran con los de la zona central calada, como veremos más adelante. La observación superficial del reverso de esta diadema-cinturón muestra un corte muy regular en los extremos de las láminas laterales, no observándose en ellos restos de decoración repujada o estampada, salvo la correspondiente a las series longitudinales próximas a los bordes largos de la pieza. El estado de conservación del ejemplar ha impedido la adecuada observación binocular de esta zona, labor que podría aportar nuevos e interesantes datos a este respecto.


Aspectos morfotécnicos de las diademas-cinturón castreñas

Ribadeo o Moñes I), o que incluyen una combinación de anillas y ganchos (Cangas de Onís). Respecto a su morfología y tecnología de fabricación podemos distinguir: -Anillas laminares abiertas de sección rectangular: documentadas en los ejemplares del castro de Elviña, tesoro Bedoya y Moñes. Se fabricaron utilizando láminas de distinto grosor y morfología, que se recortan y trabajan por martillado, soldándose al anverso o al reverso de las láminas de base. Incluyen diversas variantes; en el ejemplar del tesoro Bedoya, por ejemplo, se elaboran con una estrecha y fina lámina de metal que se recorta y martilla hasta adquirir forma ovoidal, aplanándose en sus extremos para facilitar su soldadura al reverso de la pieza (Fig. 5: 1). La pieza del castro de Elviña incluye anillas laminares en forma de C, notablemente más anchas que la anterior, cuyos extremos fueron igualmente aplanados mediante martillado, soldándose al reverso de la lámina de base. En este caso, recibieron una decoración de filigrana (Fig. 5: 2).

En los ejemplares de Moñes observamos la presencia de una y dos anillas abiertas en forma de C, de un tamaño menor, y fabricadas por martillado y recorte de láminas más gruesas que en los hallazgos anteriores. En ambos casos, las anillas se retocaron por martillado (Fig. 5: 4) y recibieron una decoración de estrías, cinceladas o estampadas en su anverso, soldándose al reverso de las láminas de base (Fig. 5: 3). La zona de unión de las anillas se disimuIó añadiendo sobre éstas sendas láminas rectangulares, igualmente decoradas con estrías (García Vuelta y Perea, 2001: 16-17). - Anillas abiertas y ganchos de seCCtOn circular maciza: representados exclusivamente en el ejemplar del lote de la colección Soto Cortés. Se trata de gruesos alambres macizos, cortados a cincel, que se trabajan por martillado formando anillas abiertas y ganchos (Fig 5: 5 y 6), que se aplanan por sus extremos para facilitar su soldadura al reverso de la lámina de base (García Vuelta, 2001: 125). Este sistema diferencia a esta pieza del resto del grupo, y parece implicar un modo distinto de uso, pues las anillas podrían encajarse en los ganchos para formar un sistema de cierre, haciendo difícil, por las dimensiones de la lámina

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de base, la utilización de este ejemplar como diadema. Esto ha motivado distintas hipótesis sobre su funcionalidad, defendiéndose su utilidad como posible adorno de pierna, cuello o peinado (López Cuevillas, 1951 a; Bóveda, 1999). Sin embargo, pensamos que su exclusión del grupo es arriesgada, teniendo en cuenta la variabilidad formal observable y la posible inclusión de suportes flexibles para la utilización de las piezas, aspecto que amplía notablemente sus posibilidades funcionales. - Anillas de filigrana: conseguidas mediante el trabajo con cordones e hilos simples, lisos o moldurados, para formar una estructura en forma de doble omega, que se aplana total o parcialmente por martillado y se suelda al reverso de las láminas de base, simulando, en el anverso, dos anillas independientes con forma circular. Estos sistemas, documentados en el conjunto de Vega de Ribadeo; pueden incorporar, además, otros cuerpos de filigrana como complemento ornamental. En Vega de Ribadeo I, esta estructura se consigue mediante un hilo moldurado de sección circular, que se aplana por martillado en toda su superficie, con la excepción de las dos anillas visibles desde el anverso. Cada una de las anillas recibió una decoración de filigrana, repetida en los dos extremos de la pieza. U na de ellas se decora, al interior y al exterior, con sendos cordones formados por dos hilos simples de sección circular. La segunda, con dos cordones dispuestos en espina de pez, al interior, y tres al exterior (Fig 6: 1 y 2). En Vega de Ribadeo II, observamos un sistema similar, aunque varían los elementos que lo integran. En este caso, la doble omega se elaboró utilizando dos cordones formados por hilos simples con sección circular, dispuestos en espina de pez, que se aplanaron por martillado en toda su superficie. Como complemento ornamental ambas anillas presentan un hilo simple de sección cuadrangular, soldado sobre su parte interior (Fig 6. 3 y 4). El sistema utilizado en esta pieza parece muy similar al empleado en Vega de Ribadeo III (Artiñano, 1925; VVAA, 1999), hasta la fecha no documentado.


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Figura 5. Sistemas de cierre o sujeción: 1. Tesoro Bedoya (reverso); 2. Elviña (Anverso); 3. Moñes 1 (anverso); 4. Moñes 1 (reverso) huellas de martillado en una de las anillas de este ejemplar; 5. Soto Cortés, anillas (reverso); 6. Soto Cortés, detalle de ganchos (reverso). Fotografías: OGv.

ill. LA ORNAMENTACIÓN Constituye un aspecto fundamental en este grupo. Todas las piezas reciben decoración en la práctica totalidad de la superficie afectando

también esta, en muchos casos, a su sistema de cierre o suspensión, como se ha visto anteriormente. En la ornamentación de las láminas de base, predominan los temas geométricos, dispuestos en series o de forma individual, desta-


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Figura 6. 1 Y 2. Detalles de las anillas en doble omega de hilo moldurado con cordones en Vega de Ribadeo I (1, anverso; 2. Reverso). 3 y 4. Detalles del sistema de cierre con cordones e hilo simple de Vega de Ribadeo II (3, anverso; 4. Reverso). Fotografías: OGv.

cando una clara tendencia a la repetlclOn de los motivos desde los extremos al centro de las piezas, como ocurre en Vega de Ribadeo, y lote de Cangas de Onís o, con algunas diferencias en las composiciones, en los del tesoro Bedoya y Elviña. También se documenta decoración figurada; destacando los temas de ornitomorfos, bien conocidos en la orfebrería castreña (Pérez Outeiriño, 1980), con diversas representaciones en el grupo. Como estilizaciones de este tipo de motivos se han interpretado las series en S del ejemplar del lote de la colección Soto Cortés (Blanco, 1957: 137), presentes con más claridad en las series estampadas de la diadema-cinturón del tesoro Bedoya. En la de Elviña, los observamos en forma de elementos plásticos y, con diversas variantes, están presentes en el estampado de los ejemplares de Moñes. La originalidad ornamental de este conjunto, sin duda el más controvertido del

grupo, supone una excepClOn en el ámbito castreño, pues su iconografía plantea probablemente una narración, donde podemos adivinar unos personajes, un escenario, y una historia (Perea y Sánchez-Palencia, 1995: 46) que vincula a estas piezas con el mundo ritual o simbólico de estas poblaciones (López Cuevillas, 1951 a; Parzinger, 1991; Marco, 1994; Balseiro, 2000; García Vuelta y Perea, 2001, entre otros). Las técnicas más frecuentes en la decoración de las diademas-cinturón son el estampado con punzones simples o complejos 19, el cincelado y el 19 Interpretamos como punzón simple aquella herramienta que reproduce una sola figura en la composición, y complejo el que es capaz de reproducir varias figuas simultaneamente, o bien de permitir, por su morfología, el desarrollo continuado de un mismo tema ornamental. Para un estudio más detallado de las técnicas de trabajo en el metal véase Nicolini, 1990; Perea, 1991 o Armbruster, 1999 y 2000, entre otros.


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repujado, aunque también se emplearon en menor medida otras, como la filigrana o el embutido. El estampado con punzones simples se documenta con claridad en el ejemplar del lote de la colección Soto Cortés, en cuya decoración se usaron al menos cuatro herramientas diferentes (Perea y Sánchez-Palencia, 1995: 39; García Vuelta, 2001: 124-125); una con punta en forma de "S", y al menos otras tres con punta circular de distinto diámetro, una de los cuales incluye un motivo de aspa (Fig. 7: 1 y 2). En la pieza del tesoro Bedoya (Fig 7: 3 y 4), también predomina el trabajo con punzones simples, aunque en menor medida, también se utilizaron punzones complejos. Esta diadema cinturón ofrece una mayor complejidad ornamental que la anterior, conseguida sin embargo mediante la reiteración de una serie limitada de motivos (Filgueira y Blanco, 1954; Balseiro, 1997). Podemos observar

en esta pieza numerosos fallos de ejecución, sobreestampaciones y motivos "descolocados", utilizados por el artesano para rellenar espacios en blanco, alterando la repetición de las series del centro a los extremos de la pieza (Fig 7: 3). El estampado con punzón complejo se constata en las series punteadas de sus bordes largos, repetidas también, en forma de aspas, en la parte central del ejemplar. El resto de la ornamentación se elaboró empleando punzones simples; podemos diferenciar una herramienta con figura de ornitomorfo, y al menos dos con punta ovoidal segmentada, empleadas para elaborar las series longitudinales laterales, y parte de las centrales. También se utilizaron herramientas de punta circular o anular, diferenciándose un punzón con punta circular reticulada, combinado con otro anular segmentado, y un punzón con punta semiesférica lisa, de menor diámetro, que se combinó a su vez con otro

Figura 7. 1. Ornamentación con punzones simples en el ejemplar de la colección Soto Cortés. Anverso; 2. Detalle de la estampación de las series centrales (reverso); 3. Series ornamentales en la pieza del tesoro Bedoya. Zona central (anverso); 4. Detalle de estampado en el reverso de este ejemplar. Fotografías: OGv.


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anular liso, documentándose también su uso de forma aislada o formando triángulos en la parte central de la lámina (Fig 7: 4). Las piezas del grupo donde sin duda está mejor documentado el trabajo de estampado, son las pertenecientes al conjunto de Moñes (Eluere, 1986-87; García Vuelta y Perea, 2001). En ellas, se han llegado a identificar hasta 13 motivos ornamentales diferentes, que en su mayor parte se repiten en los diversos fragmentos (Maya, 19871988: 136). En este caso, la identificación de las herramientas empleadas por el artesano es compleja, dando lugar a distintas hipótesis, que han barajado desde el uso de una única matriz incluyendo toda la figuración de las escenas, hasta el de matrices complejas al modo de los cilindrossello del mediterráneo. Sin embargo, los estudios topográficos realizados sobre los fragmentos (Eluere, 1986-1987; García Vuelta y Perea, 2001), señalan que el artesano recurrió a la utilización combinada de diversas estampillas y matrices, simples y complejas, documentándose en menor medida técnicas como el repujado. El uso de matrices complejas está documentado en las bandas geométricas verticales observables en ambos ejemplares, así como en la configuración básica de las figuras de jinetes e infantes. La alternancia de estos personajes -rota tan solo en el fragmento B con la estampación de dos infantes-, parece indicarnos la composición original de las matrices, si bien las repeticiones de motivos alcanzan series más extensas, como puede apreciarse en los fragmentos de Moñes II (García Vuelta y Perea, 2001: 15). En cualquier caso, se observa que parte de estas figuras se completaron utilizando punzones o estampillas simples, constatamos este procedimiento, por ejemplo, en los motivos semiesféricos con los que se recreó el enjaezado de los caballos, en las asas de los calderos que portan algunos infantes y probablemente, en parte de las armas y otros atributos que identifican a los diferentes personajes. Los punzones y estampillas simples sirvieron también para fabricar las aves y peces que pueblan las escenas, combinándose para dotarlas de un mayor dinamismo, así como para recrear el fondo acuático de las escenas, con el que se rellenaron los espacios en blanco entre las distintas figuras (Fig 8).

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Fig 8. Moñes 1. Superior: fragmentos B y C. Detalle general de la decoración; Inferior: detalle de sobreestampaciones de motivos en la zona izquierda del friso superior del fragmento B. Anversos. Fotografías: OGv.

Otro tema de interés en el estudio topográfico de estos ejemplares, que podría quizá apoyar la idea de una posible reelaboración en estos fragmentos, es la presencia de fracturas aparentemente antiguas, sobreestampaciones y borrados intencionales, (García Vuelta y Perea, 2001: 16). Algunas de estas huellas se han considerado fruto de un aplastamiento de las piezas en su deposición, como sucede, por ejemplo, con la serie vertical sogueada del extremo del fragmento A, sobreestampada en los dos frisos del fragmento D (Maya, 1987-1988: 137) o alguna fractura en el extremo del fragmento B. Sin embargo, esta característica no parece obedecer, al menos en todos los casos, a un aplastamiento post-deposicional, dadas las huellas de trabajo observables. En el friso superior del fragmento B, por ejemplo (Fig 8: inf), observamos otra


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zona de confusa interpretación, donde se conservan restos de sendas figuras de jinete e infante, parcialmente borradas, sobre las que se estamparon varios motivos de bucráneos o cabezas cortadas, semejantes a las del extremo del fragmento F (García Vuelta, e/p). La combinación del estampado y el repujado está presente en mayor medida en otros ejemplares, como por ejemplo, los de Vega de Ribadeo y Elviña; en estos casos, la determinación de los procedimientos empleados por los artesanos es también compleja, debido a los repasos o tratamientos de acabado sufridos por las piezas, o a su actual estado de conservación. En Vega de Ribadeo, donde se ha llegado a identificar el uso de hasta 10 punzones diferentes (Perea y SánchezPalencia, 1995: 39), los motivos ornamentales se estructuran en cuatro cajas rectangulares, que alternan motivos de rosetas y formas de cestería o entrelazados, enmarcadas por bandas en resalte repujadas, y delimitadas vertical y horizontalmente por series geométricas cinceladas, estampadas y repujadas (García Vuelta, e/p). Los cuerpos de cestería, que presentan claros paralelos en la plástica y la arquitectura castreña (Perea y SánchezPalencia, 1995; 46; Balseiro, 2000: 49), están elaborados con una combinación de líneas rectas y curvas en resalte, entre las que se inscriben series longitudinales de motivos rectangulares, formando una complicada estructura que el artesano completó con grupos de semiesferas en resalte (Fig 9: sup). La regularidad de rectas y curvas indica probablemente su fabricación por estampado, siendo repasadas por repujado. Los motivos rectangulares segmentados, incluidos entre las líneas en resalte, se obtienen por estampado con punzón complejo, mientras que las semiesferas en resalte que completan la decoración, dispuestas de forma aislada o en grupos de triángulos, mediante punzón simple. Los cuerpos de rosetas fueron previamente esbozados a compás, trazando una fina marca sobre el metal, que al artesano usó como guía para su elaboración. Están formados por series de rosetas inscritas en círculos, que se combinan entre sí en diagonal. Cada una incluye seis hojas ovaladas, formadas por líneas en resalte probablemente repujadas 20 y distribuidas en torno a un pequeño botón semiesférico estampado.

Fig 9. Decoraciones en el conjunto de Vega de Ribadeo. Superior; detalle de uno de los cuerpos ornamentales de cestería y series verticales cinceladas y estampadas. Vega de Ribadeo I (MAN); Reversos; Inferior. Detalle de composición de rosetas en Vega de Ribadeo 11 (MLG). Reversos. Fotografías: OGv.

Cada hoja incluye en su interior un motivo ovalado segmentado, estampado, y se remata en sus extremos con un motivo semiesférico en resalte, que sirve como centro de nuevas rosetas. Entre las hojas, el ejemplar de Vega de Ribadeo 1 presenta motivos triángulares de lados cóncavos, estampados y el de Vega de Ribadeo II, triángulos de lados redondeados (Fig 9: inf). Para completar esta decoración, los espacios en blanco se rellenaron con motivos semiesféricos en resalte, dispuestos de forma aislada o en triángulos (García Vuelta, e/p). 20 Una segunda posibilidad de elaboración de estos motivos implica el estampado individual de cada roseta, excluyendo los motivos ovalados de las hojas, y su repaso posterior por repujado, eliminando después parte de la estampación por martillado, para lograr el efecto de interconexión entre los motivos.


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En el ejemplar del castro de Elviña, el estampado y el repujado se documentan en las dos láminas laterales, que incluyen respectivamente dos cuerpos ornamentales separados por figuras de tetrasqueles, siendo distintos entre sí los próximos a los extremos de la pieza (Luengo, 1979; Reboredo, 1996). En este caso, la bandas de cuentas que decoran los bordes superior e inferior de esta diadema-cinturón se fabricaron por estampado con punzón complejo, utilizandose la misma herramienta para ejecutar las bandas verticales, rombos y reticulados en los cuerpos cercanos a las anillas. (Fig 10: 1). Estos mismos tramos se completaron con el uso de, al menos, dos punzones simples, documentados en los motivos anulares con botón en resalte de la serie longitudinal central, así como en los botones semiesféricos simples incluidos entre los rombos de uno de los lados. En las series que bordean el cuerpo central calado, observamos labor de repujado en las dos líneas horizontales que separan las bandas ornamentales, empleándose la misma técnica para elaborar las series de ondas sitúadas en las bandas superior e inferior, que se rellenaron además con un punteado irregular, usando para ello uno o dos punzones simples de punta semiesférica. Los motivos en espiga de la zona central de estos tramos se estamparon probablemente con un punzón complejo (Fig 10: 2). La gran similitud observable en los detalles de las figuras de tetrasqueles que delimitan las series laterales indican que éstos fueron probablemente estampados, repasándose posteriormente por repujado y rellenándose finalmente las figuras con un punteado similar a los que incluyen las bandas de ondas de los tramos laterales (Fig 10: 3). Junto a uno de los tetrasqueles, el espacio sobre el borde inferior de la lámina se rellenó con dos motivos concéntricos, similares a los que incluyen los cuerpos próximos a los extremos de la pieza.

Cuerpos de filigrana La filigrana se documenta como un complemento a la ornamentación de las láminas de base, situándose en los extremos de la misma (Vega de Ribadeo l), o formando parte de los sistemas de cierre o sujeción, como sucede en Vega de Ribadeo l, II, III y Elviña. Esta pieza constituye un caso excepcional entre las diademas-cinturón castreñas,

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Fig 10. Detalles de la ornamentación en las láminas laterales del ejemplar del castro de Elviña. Anversos. Fotografías: OGv.

pues incluye una rica decoración de filigrana afectando tanto a la zona central de la lámina de base como a su sistema de cierre o suspensión. En su elaboración, podemos distinguir el uso de hasta cinco tipos diferentes de hilos, soldados sobre las anillas, los extremos de las láminas de base laterales y sobre las tiras laminares que las unen: A) Cinta moldurada simple, de sección plano-convexa; B).


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Fig 11. Aspecto general del cuerpo central calado de la diadema-cinturón de Elviña, decorado con filigrana y elementos plásticos. Anverso. Fotografía: OGv.

Cinta moldurada doble, de sección plano-convexa; C) Hilo moldurado de sección plano convexa, de menor anchura que los anteriores, imitando una moldura de granulado; D) Hilos simples de sección circular que presentan una visible huella helicoidal, probablemente huecos; E) Cordones formados por dos hilos simples con huella helicoidal del tipo D (Fig. 11). El sistema de cierre o sujeción del ejemplar incluye, en su anverso, una secuencia formada por dos hilos del tipo A, entre los que se dispone uno del tipo D, parcialmente fundidos entre sí en la actualidad. En la zona central de la pieza, la secuencia de hilos varía en los extremos de los dos tramos laterales verticales, donde se soldaron directamente sobre las láminas laterales, sirviendo a su vez como base para la unión de los tramos calados. La secuencia de disposición de los hilos, en las dos láminas laterales, es de una cinta del tipo A, cuyos extremos se aplanan por martillado y se solapan al

reverso de la pieza, siguen, dispuestos en paralelo, tres hilos del tipo C, y a continuación cinco del tipo D 21 . La disposición de estos elementos es distinta en los tres tramos horizontales calados; comenzando por el superior -compuesto en realidad por dos láminas unidas entre sí, cuyos bordes se doblaron ligeramente hacia el anverso- la decoración se inicia con una cinta de tipo B, a la que siguen, en paralelo, dos cordones del tipo E -uno de ellos perdido, dos de tipo D, dos de tipo C -uno de ellos incompleto- y otros dos hilos de tipo D. Los tramos intermedio e inferior, de menor anchura, repiten desde su parte superior una secuencia compuesta por dos hilos de tipo D, dos de tipo C, dos de tipo D y dos de tipo E.

21 Presentando probablemente uno de los lados un sexto hilo, parcialmente fundido y fragmentado en la actualidad.


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Otros elementos Como ya se ha comentado, algunos ejemplares del grupo incluyen láminas o tiras soldadas sobre los extremos de las láminas de base. En algunos casos, estos elementos se colocaron para disimular o reforzar el sistema de cierre o sujeción, como sucede en Moñes, empleándose una tira estriada rectangular, soldada en disposición vertical sobre parte de las anillas y lámina de base (Fig 5: 3). En otros casos, estos complementos, con una disposición similar sobre la pieza, tienen un carácter puramente ornamental, como vemos en Vega de Ribadeo II, que incorpora una fina cinta cincelada de sección rectangular en el anverso (Fig 6: 3) que, en Vega de Ribadeo 1, se sustituyó con tres cordones de hilo (Fig 6: 1). Finalmente, cobra una relativa importancia la incorporación de elementos plásticos, documentados en los ejemplares de Elviña y Moñes 1. En el primer caso, la pieza presenta, en su zona central, una serie de elementos ornitomorfos en bulto redondo, que probablemente constaba en origen de cuatro figuras (Luengo, 1979: 217), de las que tan solo conservamos una completa y parte de otra. Estos ornitomorfos, huecos, se realizaron a partir de dos láminas embutidas y simétricas, soldadas entre sí y a los tramos de filigrana de la tira central; la zona de unión entre láminas es visible en la parte posterior de la figura conservada (Fig 12: 1). Este ejemplar incluía, además, una serie de anillas de suspensión, situadas a lo largo de su borde inferior, ocupando toda la zona central comprendida entre los motivos de tetrasqueles, hoy prácticamente perdidas. Se trata de finas anillas abiertas, con sección circular maciza y forma de C, cuyos extremos se aplanaron por martillado, soldándose al reverso de la lámina de base (Fig 12: 2). Probablemente, este complemento sirvió como soporte de otros elementos no recuperados, característica que podemos observar a lo largo del tiempo en otras piezas laminares peninsulares, como por ejemplo, las diademas de extremos triangulares del ámbi to mediterráneo (Perea, 1991 y 1996). En Moñes 1, se recurrió a una serie de elementos laminares huecos decorados, en forma de cono, dispuestos a intervalos regulares sobre el borde superior de la lámina de base (Fig 12: 3). Dichos elementos, notablemente aplastados en la actua-

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Fig 12. Elementos plásticos: 1. Figura de ornitomorfo en la diadema de Elviña. Anverso; 2. Detalle de la secuencia de anillas del borde inferior de este ejemplar. Reverso; 3. Elementos plásticos en forma de cono en el fragmento B de Moñes 1. Anverso. Fotografías: OGv.

lidad, fueron fabricados a partir de una lámina de forma circular o semicircular, estampada con series concéntricas de puntos y bandas en resalte. Esta lámina se recorta y enrolla posteriormente, dejando la zona de unión de sus bordes largos lige-


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Fig 13. Esquema del proceso de fabricación de los elementos plásticos de Moñes (Según García Vuelta y Perea, 2001). Dibujo: OGv.

ramente solapada y su vértice inferior abierto, para formar dos pestañas que, una vez soldados los bordes laterales del cono, se encajan y sueldan a ambos lados de la lámina de base.

CONCLUSIÓN Como se ha puesto de manifiesto en estas páginas, las cuestiones abiertas en la investigación de estas piezas son aún muy numerosas; parte de ellas dependen en buena medida de una serie de

tareas previas que sin duda habría que extender a todo el conjunto de la orfebrería castreña del Noroeste. En primer lugar, la recopilación, sistematización y exposición de todas la información documental y arqueológica disponible sobre los hallazgos y sus avatares, tarea compleja que sin duda permitirá confirmar o poner en cuestión de una forma definitiva muchas de las afirmaciones tradicionalmente repetidas sobre aspectos fundamentales, como por ejemplo las asociaciones entre materiales en los conjuntos, o la determinación de su procedencia. Los ejemplos de Vega de Ribadeo,


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colección Soto Cortés, o Moñes, son suficientemente significativos a este respecto. Por otro lado, y frente al estudio tipológico convencional, consideramos necesaria la incorporación del análisis técnico como un complemento básico para la clasificación formal de los objetos. En el caso que nos ocupa, este trabajo facilita la integración del grupo de las diademas-cinturón, hasta ahora tratado desde un punto de vista básicamente estilístico, en una lectura tecnológica general de la orfebrería castreña, así como confirmar datos en debate, como por ejemplo, el carácter funcional de las piezas. Sin embargo, ambas tareas no deben considerarse como un fin en sí mismo, sino como elementos válidos de aproximación a un problema arqueológico complejo -el de la orfebrería castreña- que ofrece diferentes niveles de análisis. Pensamos que su estudio, con todas sus dificultades, debe trascender el análisis estilístico y formal tradicional para tomar en consideración las diferentes dimensiones de interpretación de las piezas (Marco, 1994), siendo conscientes de que muchas de las cuestiones básicas, como su adecuada datación, han de ser discutidas y revisadas a la luz de nueva información que necesariamente debe proceder del trabajo arqueológico de campo.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 173-184

LOS MOTIVOS ORNAMENTALES EN LAS INSCRIPCIONES FUNERARIAS ROMANAS DE LA PROVINCIA DE A CORUÑA: RITUAL y SIGNIFICADO

SONIA MARÍA GARCÍA MARTÍNEZ Departamento de Estudios Clásicos-Area de Historia Antigua U niversidad de León

Resumen: La llegada de la población latina al Noroeste peninsular y su estancia durante varios siglos motivó que se fuesen transformando las pautas de actuación y comportamiento de la población tanto recién llegada (colectivo latino) como de la allí asentada (colectivo indígena). En este estudio se va a analizar la epigrafía funeraria coruñesa de época romana referida en poco más de 46 monumentos, fijando nuestra atención especialmente en los motivos decorativos que animan la composición, e intentando descubrir su ritual y significado dentro del mundo de ultratumba y del contexto en que se realizan, aunque sea difícil distinguir lo simbólico de lo meramente ornamental. Abstract: The Decorative MotiJs in Roman Funeral Inscriptions Irom the Province 01 A Coruña: Ritual and Signilicance. The arrival of the Latin population ro the Nothwest of the Iberian Peninsula and their stay, which lasted several centuries, led to a transformation in the behavioral patterns of both the newly arrived population (the Latin group) and the population that was already settled (the indigenous group). This study analyzes the funeral epigraphy from Roman times in A Coruña, which can be seen on over 46 monuments, with special attention being paid ro the decorative motifs enhancing the composition. An attempt is also made to understand the ritual and signi6cance of the other world and ro put them into context, although it is difficul to distinguish between symbolism and mere decoration.

La llegada de la población latina al Noroeste peninsular y su estancia durante varios siglos motivó que se fuesen transformando las pautas de actuación y comportamiento de la población, tanto recién llegada (colectivo latino) como de la allí asentada (colectivo indígena). La conquista romana en esta zona significó desde la perspectiva indígena una profunda transformación en la evolución social y económica de las comunidades asentadas en el Noroeste peninsular, aunque ello no llevó de forma radical a la ruptura de los símbolos culturales y sociales preexistentes (VAZQUEZ-ACUÑA, 1976 y PEREIRA, 1988 Y 1992). La población latina no sólo sigue con sus prácticas religiosas, rituales funerarios, etc. sino que esas ideas se las transmite a la población del lugar y ésta las asume, emulando las formas recién importadas, sin olvidar las propias. Una de esas manifestaciones legadas fue el "hábito epigráfico",

éste consiste en realizar diferentes tipos de inscripciones con diversa funcionalidad. Para ello se utilizaron distintos soportes, formas y motivos no sólo al gusto y moda romanos, sino también sirviéndose de elementos existentes en la cultura indígena del Noroeste: temas decorativos, esculturas que sirven como soporte, etc. En los diferentes órdenes de la vida se fueron transformando, no sólo los hábitos de la población indígena sino también de la latina; aquella aceptaba elementos de la cultura que la había conquistado y dominado (LE ROUX-TRANOY, 1973). Todo el conjunto poblacional demandaba una serie de servicios que debían ser satisfechos. U na de esas necesidades que fue necesario suplir, ya que su traslado desde la capital provincial o conventual encarecería el precio del coste final del producto, lo constituyó la creación de talleres de cantería, cuyas producciones iban destinadas a satisfacer la demanda de un colectivo que quería cumplir, entre


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otras obligaciones, con el mundo de ultratumba, erigiendo monumentos funerarios (estelas} aras} placas} ... ) a la memoria de sus seres queridos (LOZANO, 1973; PÉREZ RODRÍGUEZ, 1993; BALIL, 1994 Y ABÁSOLO-MARCO, 1995). El principal contingente de población existente en la Gallaecia fue indígena (excepto los representantes del poder imperial, militar y algún emigrado), quien vivía básicamente en núcleos rurales o semiurbanos, ya que fue respetada la organización castreña por el propio Estado romano, a pesar de las escuetas alusiones literarias de Floro (II, 33, 59-60) y Dion Cassio (LIV, 11, 5), quienes apuntan que finalizadas las guerras astur-cántabras, se obligó a la población indígena a desplazarse al llano y crear nuevos núcleos y emplazamientos residenciales, ya que según nos informan estos mismos autores, Floro (II, 33, 46-60) y Dion Cassio (LIII, 29, 1-2), se trató de una guerra contra cántabros y astures, y para nada intervinieron los galaicos. La mención que hace Orosio de la Gallaecia (VI, 21, 111), bajo nuestro punto de vista, es para facilitar al lector la ubicación de los diferentes pueblos indígenas. Los galaicos, por su parte, habían comenzado los enfrentamientos contra los ejércitos romanos en el año 139 a. C., según una referencia de Apiano (Ibérica, 70), por medio de la cual se sabe que Quinto Servilio Cepión combatiría contra ellos y contra los vettones. Al año siguiente 138 a. C. y a través de los Acta Triumphalia} Decimo Iunio Bruto, de nuevo lucha contra los pueblos asentados en el cuadrante noroccidental hispano, ya que una vez pacificada parte de Lusitania (Apiano, Ibérica, 73-74; Eutropio 4, 29 y Orosio V, 5, 12), entabla combate contra los galaicos, atravesando la línea del Duero (Estrabón III, 3, 1) hasta alcanzar las orillas del río Limia (Estrabón III, 3, 5 y Livio, Periocha, 55). Por todos estos motivos, y según nos recuerda el poeta Ovidio (Fastos 6, 669-670), el día 9 de junio del año 137 a. C. se le atribuye el cognomen de Galaico. Esta realidad de permanecer principalmente en el medio rural la población, propiciará que los talleres de cantería y las oficinas epigráficas, entendidas como aquellos lugares donde la tipología, el material utilizado, el modo de grabación y el formulario utilizado es similar (SUSINI, 1979), se encuentren ubicados en las zonas rurales o semiurbanas (LE ROUX-TRANOY, 1974 y TRANOY, 1984), ya que allí residía la población que solici-

taba sus productos (ACUÑA, 1974 y ACUÑAFARIÑA, 1979). Es preciso distinguir en la Gallaecia y en general en todo el Noroeste peninsular un arte culto, refinado, lleno de cuidado y detalles, propio para élites; frente a un arte popular o plebeyo, accesible y asequible a sectores sociales menos pudientes (ACUÑA, 1973, 1976a, 1976b, 1977, 1992 y 1993; ACUÑA-CALO, s.d.: 97-106; BALIL, 1960, 1974a, 1974b, 1977, 1978a, 1978b, 1979, 1981, 1982, 1983, 1985, 1986 y 1988; BIANCHI, 1967, 1971, 1973 y 1975; CARDOZO, 1949; FARIÑA-CALO-ACUÑA, 1974a y 1974b; MATOS, 1986 y 1987 y COLMENERO 1993), aunque no se olvidan las afirmaciones de que: "el trasladar estos niveles de interpretación a un ambiente socioeconómico como el gallego en época romana se presta a equívocos} pues lo que en un determinado ambiente puede considerarse como plebeyo podría resultar culto en una sociedad distinta" (FARIÑA-CALO-ACUÑA, 1974b: 128). Por todo ello se deduce que la clientela será tan variada como la propia producción, que demanda unos productos que quiere se ajusten tanto a sus gustos como a sus condiciones presupuestarias.

EL CORPUS EPIGRÁFICO FUNERARIO DE lA PROVINCIA DE A CORUÑA La provincia de A Coruña constituye una de las demarcaciones gallegas actuales que menos restos ha aportado al mundo funerario de época romana. La última revisión del corpus epigráfico referido a este período (exceptuando los miliarios y los grafitos sobre instrumenta domestica) fue llevada a cabo por G. PEREIRA MENAUT y su equipo colaborador (1991), completando y actualizando los trabajos de A. DEL CASTILLO LÓPEZ, A. D'ORS PÉREZ-PEIX y F. BOUZA BRE~ quienes en 1949 publicaron Inscripciones romanas de Galicia. Santiago de Compostela, 1 (= LR.G. 1) y en 1959, "Inscripciones romanas de Galicia. Suplemento al fascículo 1: provincia de La Coruña", en la revista Cuadernos de Estudios Gallegos; para al año siguiente (1960) salir una monografía titulada Inscripciones romanas de Galicia. Suplemento al fascículo 1. Provincia de La Coruña (= LR.G. 1 Sup!.). Aparte se deben indicar aquellos otros artículos pretéritos y recientes hasta el año 1991, que habían


Los motivos ornamentales en las inscripciones funerarias romanas de la provincia de La Coruña: ritual y significado

dado a conocer las piezas epigráficas y que se iban encontrando por toda la geografía coruñesa en las formas más diversas: reutilizadas como materiales de construcción, dispersas por caminos, etc.! Los análisis que se han efectuado hasta la actualidad, han centrado su atención básicamente en los caracteres internos del epígrafe, abordando aspectos relacionados con la onomástica, la reli-. gión, la organización social, etc. y en cierta medida, se han abandonado los externos, más en concreto los relacionados con los motivos decorativos que animan las composiciones, si exceptuamos los trabajos pioneros de ACUÑA CASTROVIEJO (1973, 1974, 1976b Y 1992) Y RODRÍGUEZ LAGE (1974) referidos a toda la Galicia actual. Otros estudios en la actualidad se han centrado en los análisis de las figuras humanas (RODRÍGUEZ PÉREZ-BLANCO SANMARTÍN, 1993) y en los motivos arquitectónicos (RODRÍGUEZ PÉREZ, 1995). Nosotros, por nuestra parte, también prentendemos hacer nuestra aportación; se intentará analizar el ritual y significado de los motivos decorativos que animan los monumentos funerarios realizados tanto "por" y "para" población indígena como para la latina; para ello se han revisado las 46 inscripciones funerarias documentadas hasta el momento 2 , procedentes de esta provincia gallega, la cual durante la dominación romana pertenecía al eonventus Lucensis y cuyos restos se han localizado en Boimente (n° 56), Brandomil (n° 42, 43 y 44), Bretal (n° 79 y 80), O Castro (n° 27, 28 Y 29), Chacín (n° 72), Cícere (n° 52), A Coruña (n° 6, 7 Y 8), Cidadela -Sobrado dos Monxes- (n° 34, 35, 36 Y37), Culleredo (n° 11), IriaPadrón (n° 13, 14, 15, 16, 17 Y 18), Logrosa (n° 25), Mazarelas (n° 63), As Miráns (n° 81), Porto (n° 59), Queiruga (n° 78), San Pedro de Vilar (n° 61), San Tirso de Cando (n° 74), Santa Comba (n° 53), Santa Cristina de Barro (n° 75), Santa Sabina (n° 54), Santa María de Vilamaior (n° 55), Santiago de Compostela (n° 46, 47, 48, 49 y 50), Tines (n° 69), Troitosende

PEREIRA, 1991: 15-19, aporta la bibliografía que se ha ocupado de la producción epigráfica referida al período romano para la provincia de La Coruña, exceptuando los miliarios y los grafitos sobre instrumenta domestica. 2. Las numeraciones utilizadas son las aportadas en la seriación propuesta por PEREIRA, 1991, Y de la cual nos serviremos en el transcurso del presente estudio.

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Porto

(VÁZQUEZ VARELA, 1980: 83-91), Vilacoba (n° 30) y Vilouchada (n° 82 y 83).

LA TIPOLOGÍA DE LOS MONUMENTOS La especial configuración geográfica y la variedad edafológica del Noroeste hispanorromano lo hacen abastecedor por sí mismo, de todas las materias primas necesarias para la realización de los monumentos enunciados con anterioridad. Se trata de materiales abundantes y de baja calidad, lo que a su vez repercute en el bajo coste en su acabado final. Son granitos, cuarcitas, areniscas y mármoles, todos ellos de producción local, que abastecen a la población que demanda los monumentos. Pero la materia prima por excelencia utilizada es el granito de grano fino. Estos factores propICiaran que los talleres de producción lapidaria se encuentren ubicados princi-


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palmente en las zonas rurales. El objetivo básico era abastecer al colectivo que necesitaba unos productos asequibles, con cierto refinamiento, pero sin perder de vista lo cotidiano, ya que se prefería lo habitual a lo insólito (BALIL, 1978a: 157). Las personas encargadas de trabajar en la piedra se definen de varias maneras en lengua latina: artifexJ lapicidaJ lapidariusJ opifex lapidariusJ marmorarius y quadratarius, dependiendo de cuál fuese su participación y especialización en la elaboración del producto (SUSINI, 1968 y CALABI, 1968). En el Noroeste peninsular contamos con el testimonio epigráfico de cinco monumentos donde se alude de forma expresa a estos especialistas; se han documentado dos lapidarii (GARCIA, 1991: nO 45 y VIANA, 1955: 525528), se cuenta igualmente con sendas referencias sobre la existencia de una oficina de cantería (GARCIA, 1991: 342 y 343a), junto con las alusiones a los artífices (MARTINS-COELHO, 1984: 39-40); todas estas piezas han sido localizadas en el Conventus Bracaraugustanus (GARCÍA MARTÍNEZ, 1995a: 150-155); por desgracia, para el resto del Noroeste y en concreto para la provincia de A Coruña, no se ha constatado epigráficameme ningún especialista de taller de cantería.

Por todo ello se piensa que personas de similar condición, pero de las cuales por el momento se desconoce su nombre, serían las encargadas de fabricar los monumentos funerarios romanos coruñeses que nos han llegado hasta la actualidad y que se han clasificado en: PLACAS, pudiendo presentar forma cuadrangular, bien con una sola cartela (n° 6, 8, 27, 28, 35, 36, 43, 48, 59 y 78) o doble (n° 7), y forma triangular (n° 42). ESTELAS, siendo su tipología de cabecera recta (n° 34 y 53), de cabecera triangular (n° 37, 72 y 74), de cabecera semicircular (n° 13,14,16,17,18,29, 30,44, 61, 63 y 81), con forma antropomorfa (n° 52, 56, 69 y VAZQUEZ VARELA, 1980), y finalmente apuntar aquellas estelas que dado su actual estado resulta difícil determinar su forma primigenia (n° 25, 55, 75, 80, 82 y 83). DIFÍCIL DETERMINAR: n° 11,15,46,47,49, 50, 54 y 79. Bajo este epígrafe se recogen todos aquellos monumentos que por no conservarse actualmente la pieza ni contar con una descripción precisa de la misma, no pueden ser adscritos a alguno de los bloques (placas y estelas) enunciados anteriormente.

TIPOS DE MONUMENTOS

SENCILLA

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DOBLE

1

CUADRANGULAR PLACA

ESTELA

TRIANGULAR

1

CABECERA RECTA

2

CABECERA TRIANGULAR

3

CABECERA SEMICIRCULAR

11

ESTELA ANTROPOMORFA

4

DIFÍCIL DETERMINAR

6

DIFÍCIL DETERMINAR

8


Los motivos ornamentales en las inscripciones funerarias romanas de la provincia de La Coruña: ritual y significado

Después de la observación de todos los soportes epigráficos se comprueba que en un elevado porcentaje se da el binomio: PLACA SIN DECORACIÓN-POBLACIÓN LATINA o INDÍGENA MUY ACULTURADA y ESTELA CON DECORACIÓN-POBLACIÓN INDÍGENA. U na característica común a todas las estelas funerarias, es que los elementos decorativos empleados responden a una gama de reducidas formas y motivos; se repiten figuras humanas de tosca realización y pobre ejecución, motivos arquitectónicos, básicamente el puente de tres arcos, con una o dos filas y motivos astrales, principalmente creciente lunar, el cual tan abundantemente se repite, por ejemplo, en las inscripciones funerarias de Vigo Pontevedra- (lULIÁ, 1971). Si se hiciese una agrupación por talleres, se observan similares características en las siguientes piezas, y halladas próximas entre sí:

* Las piezas

n° 6 y 7, que habiendo sido encontradas ambas en A Coruña están realizadas sobre granito de grano fino, pero con la variación de que la primera ofrece cartela sencilla y la segunda doble. Presentan igual material, similar soporte, ausencia de decoración e idéntico tipo de escritura. Las personas referidas pertenecen al colectivo latino por los elementos de su onomástica. * De idéntico taller igualmente serían las piezas n° 13, 14, 16, 17 Y 18 Y posiblemente la n° 15, actualmente desaparecida, habiendo sido todas ellas encontradas en el entorno de Iria Flavia (Forum Iriensium). La particularidad que ofrecen estas piezas es la de presentar la cabecera semicircular, recorrida por doble moldura, claramente diferenciada del texto epigráfico, el cual aparece sobre cartela rebajada. La cabecera se encuentra decorada con un creciente lunar aislado (n° 13, 16, 17) o bien combinado con estructuras arquitectónicas (n° 14) o astrales (n° 18), y el pie sin ningún tipo de decoración. * El motivo de las gruesas molduras se repite en tres monumentos de Cidadela, n° 35, 36 y 37. Por todo ello se comprueba que la variedad tipológica se reduce a dos formas: las placas con molduras y las estelas. Tines

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LOS MOTIVOS DECORATIVOS: RITUAL y SIGNIFICADO Los motivos decorativos que animan los diferentes monumentos funerarios de la provincia de A Coruña se caracterizan, en primer lugar, porque proporcionalmente existe igual número de monumentos sin decoración (18) que con ella (18), exceptuando las estelas antropomorfas (4) y también se deben unir aquellos que por no conservarse ninguna descripción precisa de los mismos, se hace de todo punto imposible ofrecer una realidad de los hechos (6); en segundo lugar, y bajo nuestro punto de vista, por la escasa atención prestada a los motivos decorativos, aquellos se caracterizan por la abstracción de las formas, el alejamiento del naturalismo, la disociación entre todos los elementos que animan la composición creando una sensación de inorganicidad debido al estatismo de las figuras con la consiguiente inanimación e inexpresividad. En definitiva, una composición llena de simbolismo. La ubicación de los mismos es siempre en la cabecera de la pieza, encontrándose a continuación el texto epigráfico, casi siempre éste sobre cartela rebajada y el pie sin presentar decoración alguna, excepto un ejemplo que presenta aquí la decoración (n° 44). Los procedimientos técnicos utilizados han sido: el bisel, la inscultura, el bajorrelieve y la incisión. Nos atreveríamos a calificar estas representaciones de "ARTE PROVINCIAL-AUTÓCTONO", es decir, realizado "por" y "para" indígenas, salvo algún monumento aislado donde se nota mejor calidad de material y mayor precisión en la realización de la pieza (n° 78). Los diferentes iconos documentados se han clasificado en:

Geométricos Algún investigador ha apuntado que los motivos geométricos, y más en concreto los sogueados, se relacionan con labores de cestería o trabajos de labra en madera (CARDOZO, 1949: 345-367), aunque otros autores generalizan que posiblemente toda la escultura en piedra en época castreña tuviera un antecedente en madera (CALO, 1983: 183-184 y 1994, II: 719). *Arquerías. Estas representaciones aparecen en número variable en las estelas funerarias coruñesas;

pueden presentarse como un arco (n° 30), dos arcos (nO 29, 30 y 83), tres arcos (n° 14, 44, 61 -estando el central cerrado por abajo-, 75 y 83), tres arcos superpuestos (n° 81) y un arco sobre columnas (n° 25). Las arquerías en todos estos monumentos ocupan una posición preeminente, siempre en la cabecera, al igual que en otros epitafios peninsulares (MARCO, 1979: 208 y RODRÍGUEZ PÉREZ, 1995: 301-307) y antes del nombre del difunto, por ello que simbolicen las puertas que dan acceso al más allá, al mundo de ultratumba y por las cuales accederían los difuntos a la mansión de los muertos (GARCÍA BELLIDO, 1949: 337), a pesar de que para otros investigadores representen las puertas del cielo (CUMONT, 1966: 13 ss. y 213), sin descartar la hipótesis de que se trate de puertas fúnebres, puertas del Hades, puertas de la casa, puertas de la tumba, puentes o arcos honoríficos que conceden monumentalidad al conjunto, etc. (ABASOLO-ALBERTOSELORZA, 1975: 74-77 y RODRÍGUEZ PÉREZ, 1995: 304). Estas representaciones son aportadas por la idiosincrasia latina. * Círculos-Glóbulos. N o es uno de los motivos geométricos que más se prodigue por las estelas funerarias coruñesas (n° 18, 25, 63, 74 y 83); su representación casi siempre se encuentra coaligada con el creciente lunar, siendo varias las teorías que se han esgrimido para explicar esta simbiosis; a saber, que se trate del Sol acompañado de N octurnus y Lucifer (teoría de JULLIAN); que sea el Sol en el momento de levantarse, en su cénit yal ponerse (teoría de GLOBET D'ALVIELLA y CUMONT); que no sea más que un emblema artístico, sin connotaciones religiosas (teoría de LEITE DE VASCONCELOS) o que se trate de la representación de las almas que gravitan en torno a la luna como mansión de los muertos (toería de BLAzQUEZ MARTÍNEZ). Todas estas hipótesis recogen en esencia la misma idea, la transmigración de las almas hacia las regiones siderales, creencia de la que participa la mentalidad indígena. * Creciente lunar. Es un símbolo frecuente en los monumentos funerarios y votivos de la Europa actual y referidos al período romano. En la Península Ibérica se conoce a través de Estrabón (III, 4,


Los motivos ornamentales en las inscripciones funerarias romanas de la provincia de La Coruña: ritual y significado

16) que antes de la presencia romana, los indígenas rendían cierta adoración a la luna: "... algunos dicen que los Callaicos no tienen dioses y que los Celtíberos y sus vecinos por el Norte dan culto a un dios sin nombre en las noches de plenilunio fuera de sus pueblos haciendo bailes en rueda y fiestas nocturnas con sus familias... "; pero, ver en este símbolo algo estrictamente indígena no parece viable, si se comparte la opinión de GARCÍA BELLIDO 0949: 332) de ver "una superposición de ideas y símbolos" de ambas culturas, la latina y la indígena. La representación de la luna en relieve, insculturada o en bajorrelieve en las inscripciones funerarias de la provincia de A Coruña (n° 13,14,16,17,18,29,37,44,53,61 -con los cuernos mirando hacia la derecha y no hacia arriba como se presenta en condiciones normales-, 74 y 83) está en conexión con la idea expuesta por CUMONT (1966: 213 y 222), quien apunta que la explicación más simple de este motivo es que represente a la media luna consagrada, no tal como aparecía en el cielo, sino tal como se mostraba a los fieles en el culto, de ahí que en algunas ocasiones el creciente lunar se encuentre sobre peana o soporte, aunque no por ello desplaza la interpretación de ser entendida como morada de los muertos, símbolo de protección sobrenatural y esperanza en el más allá (BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, 1977: 436) y en conexión con ritos propiciatorios y exvotos (TABOADA CHIVITE, 1961: 141-164). J

Vegetales * Pámpanos. De gran importancia es la composición existente en una estela procedente de Cidadela (n° 34), donde el motivo de los pámpanos y racimos está haciendo referencia a ritos dionisíacos, ya que Dionisos tiene un carácter marcadamente funerario, y la vid como símbolo de inmortalidad, será tomada después por la religión cristiana como alegoría de la Eucaristía. * Rosa. No es un motivo que se encuentre abundantemente referido dentro del grupo de las decoraciones vegetales en las inscripciones funerarias coruñesas (n° 34, 61 y 63), aunque sí tiene gran representatividad en el resto de la Gallaecia (ACUÑA, 1974: 21 y LÓPEZ GÓMEZ, 1981: 83-104). Tanto ruedas, discos como rosáceas, se han interpretado siempre como motivos astrales y más en concreto en relación con el sol. Ciertos autores (ABÁSOLO-ALBERTOS-ELORZA, 1975: 69)

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han llegado a establecer cuatro condiciones básicas que deben darse en la iconografía funeraria de las rosáceas para poder hablar de este tipo de simbología: - Que sea la única representación astral. - Que aparezca en correspondencia con el creciente lunar. - Que goce de una posición central o preponderante. - Que en el conjunto de representaciones similares dentro del mismo monumento, sea de mayor tamaño que los restantes. Es preciso advertir que en el caso de las representaciones en suelo coruñés se cumplen casi todos estos requisitos.

REPRESENTACIONES HUMANAS

* Estela Antropomorfa Se trata del fiel reflejo del arte provincial hispánico realizado para las gentes e incolae, informándonos de la plástica castreña que pervive durante la dominación romana, representando una manifestación cultural, otra más de las muchas, de la idiosincrasia indígena del Noroeste peninsular. Son obras que desde el punto de vista estilístico presentan rasgos de dureza, tosquedad y despreocupación total por la forma, si bien en algunos casos se cuidan un poco más los aspectos anatómicos en la representación. En la provincia de A Coruña existen cuatro ejemplos de esta naturaleza y localizados en Boimente, Cícere, Tines y Troitosende. Este tipo de monumentos se pueden incluir dentro del conjunto de estatuas/estelas-menhir (ARNAL, 1976 Y D'ANNA, 1977), donde se ve claramente el influjo del arte indígena sobre la idea de la estela romana. Las representaciones coruñesas no se encuentran descontextualizadas dentro del Noroeste (RODRÍGUEZ ÁLVAREZ, 1981 y CALO, 1994: II, 778-781), ya que igualmente se documentan ejemplos de similar naturaleza en otras zonas galaicas: PROVINCIA DE PONTEVEDRA (Bermés (BAÑOS, 1994: p. 193); Catoira (BAÑOS, 1994: n° 110); Saídres (BAÑOS, 1994: n° 120); Santa María de Paradela (BAÑOS, 1994: n° 93); S. Lourenzo de Ouzande (BAÑOS, 1994: n°


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94»; PROVINCIA DE LUGO (As Coroas (ARIAS VILAS, 1981: 257-265» y PROVINCIA DE OURENSE (A Coroa-A Rúa (FERNANDEZ PÉREZ, 1991: n° 3) y Muíño de S. Pedro (TABOADA CID, 1988-89: 79-93» y entre los Astures Transmontanos (Beleño (DIEGO SANTOS, 1985: nO 41, 134-135), Forniellu (DIEGO SANTOS, 1985: n° 38, 127-128), Molleda (DIEGO SANTOS, 1985: n° 60c, 180181) Y Selorio (DIEGO SANTOS, 1985: nO 60d, 182-183» y los Astures Cismontanos (Hermoselle (FERNANDEZ, 1986: 55-65, Lám. Il, 2 Y IlI, 1 Y 2), Reliegos (DÍEZ ROBLA, 1997: 293-299) y Santa Colomba de Somoza (MAÑANEZ, 1974-75: 293-297». Los monumentos procedentes de Cícere y Boimente, presentan la forma más simple de representación antropomorfa, al estar simplemente intuída la cabeza y constituir el resto del monumento el cuerpo. No se desdibujan los rasgos anatómicos de la cara. Las personas referidas en estos monumentos presentan onomástica claramente indígena, e igualmente se perciben rasgos de tosquedad y pobreza en la disposición de los elementos en el epígrafe -ordinatio-. La manifestación de estas estelas-esculturas son una prueba de que la plástica indígena es utilizada dentro del contexto cultural indígena-romano, ya que idéntica realidad se podría aplicar para la figura del guerrero galaico-minhoto que también sirve de soporte epigráfico (GARCÍA MARTÍNEZ, 1995b) al igual que los verracos del área vacceo-vetona (LÓPEZ MONTEAGUDO, 1989).

* La representación de un Dióscuro (?) Ello se interpreta a partir de una inscripción procedente de Cidadela (n° 34). El monumento resulta interesante tanto por los caracteres externos como por los internos. Con toda probabilidad se trata de un Dióscuro, aunque normalmente se les representa coaligados a los hermanos, Cástor y póllux. Desde el punto de vista de los caracteres externos del monumento de Cidadela la atención principal se centra en la cabecera; en ella aparece de frente una figura semidesnuda, cubriendo parte de su cuerpo con un manto ¿piel?; porta en su mano derecha un arma, posible pileus y con la mano

izquierda sujeta al caballo que se encuentra representado en un plano inferior; en la parte superior derecha se representan unos pámpanos o vides y en el cuadrante superior izquierdo se intuye que también debería aparecer un motivo, pero en la actualidad los rasgos no están muy definidos y por ello no nos atrevemos a dar una interpretación del mIsmo. Los Dióseuros constituían ideológicamente una forma de perpetuar el poder y la entidad que tenían los cuerpos militares en Roma, ya que su culto fue introducido en la capital en el año 499 a. C. después de la batalla del lago Regilo, al sede éstos propicios al general romano, Aulo Postumio, que en ese momento mandaba la formación. Ellos eran los garantes de las victorias y de los felices eventos de las acciones militares en campos de guerra, aunque no nos parece tan claro que sea posible tener en cuenta esta representación para la estela de Cidadela, sí por el contrario aparecería con este significado en una inscripción procedente de Villalís de la Valduerna (León), donde la representación de los Dióscuros, flanqueando a Iuppiter, dios supremo de la teogonía latina, constituye una prueba importante de la simbiosis que se produce entre el texto epigráfico que ofrece (l.O.M. pro salute... ), propaganda imperial y representaciones que aluden a ésta (RABANAL-GARCIA, 1997: 106-107, Lám. I, fig. 2). En el Noroeste la alusión a los Dióscuros, bajo la forma Castoribus, se documenta epigráficamente en el texto votivo de S. Miguel de Caldas de Vizela, concelho de Guimaraes, Portugal (CIL Il 2407a, b, c y d). Debajo de la cabecera del monumento de Cidadela se presenta el texto epigráfico, repartido en dos cartelas, en la primera, a modo de tabula ansata, figura la fórmula de consagración inicial típica de los monumentos funerarios (D.M.S.) y en otra cartela aparece el nombre del difunto Julio Severiano, quien muerto a los 47 años, su esposa Placidia Lupa erige un monumento (memoriam posuit eoniugi karissimo) y además indica el lugar del óbito (de/uneto in

3 Según IRG 1 en esa mano, al encontrarse la piedra rota, posiblemente portase "un objeto triangular alargado". Nosotros, bajo nuestro punto de vista, consideramos que no falta nada, y que sujeta simplemente la rienda del caballo.


Los motivos ornamentales en las inscripciones funerarias romanas de la provincia de La Coruña: ritual y significado valle Mini). No se acepta que se trate de un militar,

a pesar de saber que en el lugar de Cidadela se encontraba acantonada la Cohors 1 Celtiberorum (CAAMAÑO GESTO, 1984, 1984-85, 1989, 1991 Y 1994), ya que de haber ostentado un puesto militar, éste se habría referido claramente en el texto epigráfico, tal como sucede normalmente con las personas que desempeñan este tipo de ocupaciones. Posiblemente él estuviese asistiendo al destacamento, pero sin ocupar cargo preciso, y por ello que se sirva de elementos de su panoplia para que le protejan en el más allá (figura del Dióscuro).

* Figuras humanas aisladas Dentro del corpus epigráfico funerario de A Coruña las representaciones humanas que se constatan aparecen de forma aislada, nunca coaligada, como ocurre con otros ejemplos de Galicia, principalmente de la provincia de Pontevedra (GARCÍA MARTÍNEZ, 1997); predomina la figura individual, caracterizada por la sencillez y la economía de los rasgos, tendiendo a formas simples (círculo, cuadrado y rectángulo). Son motivos que se deben poner en relación con los trabajos en madera y con las representaciones humanas casi planas de tradición céltica de La Tene (BIANCHI, 1971: 192). De los cinco monumentos funerarios que presentan formas humanas, cada una ofrece una particularidad: 1.- Presenta la cabeza, cuerpo y extremidades superiores de frente, no así las extremidades inferiores que aparecen de perfil, al modo egipcio, resaltando los órganos genitales (na 44 y 74). La representación de Brandomil (na 44) alude a un personaje masculino, posiblemente el propio difunto del epitafio, con sus órganos genitales claramente identificados; similar realidad se repetiría en la na 74, procedente de San Tirso de Cando, la persona referida en el texto epigráfico es una mujer y tal como se representa la figura de la cabecera pudiera ser una alusión a la fémina difunta, puesto que sus caderas se encuentran muy desarrolladas, no así el resto de sus atributos femeninos, lo que parece simular a una "diosa madre" del mundo neolítico. ll.- Otra representación está referida por formas geométricas: cabecera como un círculo, tronco

Cidadela

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como un cuadrado y pies simplemente, no brazos, como rectángulos estrechos; es una abstracción generalizada que se observa en la figura n° 63 procedente de Mazarelas y que reúne todas estas características. ill.- En el ejemplo de Cidadela (n° 34) a pesar de representar a una figura humana, sin embargo, se cuidan las proporciones del cuerpo y la perspectiva general de la composición. IV.- Más animación y movimiento se comprueba en la estela procedente de Miráns (n° 81), donde en posición preeminente se coloca la figura humana, con formas simples, pero predominando los volúmenes, y mostrando sensación de movimiento y animación porque una mano permanece en alto, tocándose el pómulo de la cara. ¿A quiénes representan todas estas figuraciones? Probablemente se trate de representaciones de los difuntos a los que se dedica la lápida, ejecutada ésta por artesanos de mejor o peor oficio, pero siempre autóctonos. Las representaciones figuradas también se deben poner en conexión con las representaciones de las figuras de los guerreros galaico-minhotos (CALO, 1993: 137-141 y 1994: II, 668-692 y GARCÍA MARTÍNEZ, 1995b: 43-68) y con las cabezas humanas (?) (cabezas-trofeo, positivos de imágenes funerarias, deidades, dioses sin cuerpo, imágenes decorativas, máscaras funerarias, cabezas cortadas, representaciones de difuntos "sub imagine", etc.) (CALO, 1993: 141-142 y 1994: II, 703-725); todo ello manifestación de un arte provincial y autóctono, no contaminado por el arte refinado aportado por el dominador romano. Ello no significa que los artistas galaicos no supieran esculpir sus tallas en piedra o madera, sino que la perspectiva y el volumen no eran siguiendo el canon clásico y persiguiendo el ideal de belleza.

REPRESENTACIONES ANIMALES Sería el caballo (n° 34) de la inscripción de Cidadela, y sobre la cual ya se ha hablado (representaciones humanas). Después de la observación de los motivos decorativos de las inscripciones funerarias romanas coruñesas se llega a las siguientes conclusiones: * Clara dicotomia entre tipo de soporte y dedicante, pues mientras los indígenas realizan estelas,

la población latina o la indígena aculturada tiende a realizar placas, aunque se deben respetar las excepciones (n° 34, por ejemplo). * Las placas se caracterizan por repetir modelos sencillos y estando recorridas por molduras en número variables (una, dos o tres). * Las estelas se caracterizan por tratarse de soportes relativamente sencillos sin abundante decoración, definida ésta por la simplicidad en la ejecución de las formas. * Reducida gama de formas y motivos: astrales, vegetales, arquitectónicos, animales y humanos. * Combinación de elementos de la plástica indígena (formas antropomorfas y ciertos motivos astrales) con la plástica latina (motivos astralescreciente lunar-, vegetales y animales). * No se produjo una ruptura de los símbolos culturales y sociales preexistentes, tal como se ha pretendido demostrar en este estudio a través del análisis de la pervivencia de la plástica indígena (formas y motivos), por lo que motivos de la plástica castreña conviven y avanzan junto con los aportados por la plástica latina durante el período de dominación romana. * Se nota igualmente que existe una difusión de las formas a través de las vías XIX y XX (TRANOY, 1981: 210,216-218 y 397, Carte XIX), vasos comunicantes entre los establecimientos de la zona costera y puntos del interior hasta llegar a las tres capitales conventuales del Noroeste: Asturica Augusta! Bracara Augusta y Lucus Augusti.

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VILLA ROMANA DE BARES ESCAVACIÓN ARQUEOLÓXICA NO XACEMENTO EIREXA-VELLA DE BARES CONCELLO DE MAÑÓN- (A CORUÑA). CAMPAÑA 1997

EMILIO RAMIL GONZÁLEZ Avda. de Vigo, 162-2°D 15403 Ferrol A autoría das distintas partes do capítulo adicado ó material distribtíese como segue: JUAN NAVEIRO LÓPEZ: VI.1. Estudo do Material Arqueolóxico MAR ZABALETA: VI.2. Estudo dos Numismas medievais e modernos CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ: VI.3. Análise dos restos óseos e da fauna mariña

FICHA TÉCNICA

Proxecto: Escavación arqueolóxica na Villa Romana de Bares. 1 a Campaña: 9 de Xuño a 29 de Xullo de 1997. -Redacción e Dirección do Proxecto: Emilio Ramil González. -Equipo técnico: Victor Tomás Botella, Miguel San Claudio Santacruz, arqueólogos.

-Debuxo plantas e perfis: Víctor Tomás Botella. -Estudio e debuxo de material: Juan Naveiro López. -Estudio das numismas medievais e modernos: Mar Zabaleta. -Análise dos restos óseos de macromamíferos: Carlos Fernández Rodríguez.

-Análise da fauna mariña: Carlos Rodríguez López. -Fotografia da escavación e do material: Emilio Ramil González.

-Topografia e planimetría: Carlos Abella. -Promove e financia a intervención: Consellería de Cultura. Dirección Xeral do Patrimonio Cultural.

1- INTRODUCCIÓN En Xaneiro de 1996 a COTOP solicitounos un proxecto de prospección e control arqueolóxico con motivo do inicio das obras constructivas dun muro de contención no contorno do Coído de Bares, que formaban parte dun amplo proxecto de acondicionamento e mellora da superficie portuaria, e no que se incluía o levantamento dun Palco de Música e un edificio para uso dos mariñeiros, así como a instalación dun Parque Infantil e a plantación de coníferas.

o proxecto arqueolóxico que presentamos, e aprobou a Dirección Xeral do Patrimonio Cultural, tiña como obxectivo evitar agresións, observando os traballos constructivos do muro de contención para comprobar no corte do terreo a existencia ou non existencia de niveis arqueolóxicos, revisando o depósito de escombros da obra, que xa estaba iniciada e fora paralizada por carecer de permiso, e aplicando medidas correctoras para evitar oportunamente potenciais agresións ao subsolo do contorno do Coído. U tilizouse como método de traballo, despois dunha revisión dos estudios arqueolóxicos desenvolvidos previamente na área do Coído, a sondaxe estratigráfica na área de plantación das coníferas e a prospección intensiva e sistemática da área do Coído e o seu contorno. Con motivo dos traballos mencionados, o fareiro de Bares púxose en contacto con nós, mostrándonos unha numisma de bronce, á que se lle apreciaba no anverso a cara coa coroa radiada de Claudio O Gótico. O lugar do seu achado, o Peñón da Eirexa Vella, visitámolo o 30 de Agosto, informando posteriormente á Dirección Xeral do Patrimonio, de que desde a praia de Bares, apreciábase nitidamente, no corte do terreo, un nivel de opus caementicium e abundantes fragmentos de tégula e cerámica, así como numerosos ósos humanos. O Fareiro ampliou a súa información comunicándonos que segundo a súa opinión había restos dun posíbel


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mosaico. Acompañados do arqueólogo territorial acudimos novamente ao xacemento, cedéndonos o fareiro unha escada de tres metros para acceder ao lugar do perfil, ,no que se supoñía que se atopaba o mosaico, e constatamos a existencia, sobre a praia, dunha viseira de opus caementicium con oito teselas. Desde os Servicios de Arqueoloxía da Dirección Xeral do Patrimonio Cultural suxeriuse a necesidade de elaborar un proxecto arqueolóxico de actuación no xacemento. O obxectivo que propuxemos para a campaña de escavación arqueolóxica foi valorar o estado de conservación da villa romana, prioritariamente o seu mosaico, e o grao de alteración provocado pola reutilización do Peñón da Eirexa-Vella, onde se construira a igrexa parroquial e a súa necrópole. A Dirección Xeral do Patrimonio Cultural resolveu, no mes de xuño de 1997, autorizar a realización da intervención (código do proxecto CJ 102A 97/123-0), subvencionando integramente os traballos arqueolóxicos. A campaña de escavación iniciouse o 9 de xuño de 1997 e prevíase que rematase o 9 de xullo, mais os resultados dos traballos na área onde estaba situado o mosaico obrigaron a prorrogar 20 días a intervención arqueolóxica. Do equipo de escavación formaron parte os arqueólogos Víctor Tomás Botella e Miguel Sanclaudio. Juan Naveiro realizou o estudio do material cerámico, Mar Zabaleta estudiou as moedas, Carlos Fernández fixo a análise dos restos óseos de macromamíferos, o profesor Vázquez Varela e Carlos Rodríguez analizaron os restos malacolóxicos. O levantamento topográfico realizouno Carlos Abella, o debuxo do material Juan Naveiro, e o de perfís e estructuras, Víctor Tomás. Da fotografía da escavación e do material ergolóxico encargueime eu persoalmente. Teño que agradecer a colaboración do concello de Mañón, que puxo a nosa disposición un local para almacén do material.

11- O XACEMENTO: O PEÑÓN DA EIREXA-VELLA. CONTEXTO ARQUEOLÓXICO Eirexa-Vella, lugar coñecido tamén polo topónimo A Torre, é un penedo de cuarzo situado sobre

a praia de Bares, no extremo oposto ao Coído, o famoso dique estudiado por Federico Maciñeira no ano 1947, quen lle atribuíu unha orixe fenicia. Pertence ao concello de Mañón, provincia da Coruña. As súas coordenadas xeográficas son, 43° 4r30 latitude N., r 40' 08 lonxitude O. Folla n° 2, Mapa Topográfico Nacional, escala 1: 50.000. Bares posúe unha excepcional riqueza arqueolóxica que se inicia nos abundantes túmulos megalíticos repartidos ao longo da Serra Faladoira, Coriscada e Meda, aliñamentos montañosos que, xunto cos vales formados polo río Sor e a península da Estaca (a punta máis setentrional da Península Ibérica), forman as unidades de relevo do Concello. N o contorno arqueolóxico de Bares destacaremos o peirao, Coído,o Castro da Estaca, o Castro de Vilela, a necrópole romana de Cancela da Coxa de Arcos, a necrópole romana de Cadabarcos, a feitoria de salgaduras de Bares e a vila romana de EirexaVella. A investigación máis completa realizada ata a data no porto de Bares foi obra de Federico Maciñeira, que estudiou, a principios de século, tres áreas: O Coído, a praia e o Peñón da Eirexa-Vella. As sondaxes arqueolóxicas do investigador, no contorno do Coído e na praia, hai que engadir os achados casuais de materiais ergolóxicos dos que tivo noticia, na estrada de acceso ao porto (onde el situaba silos de salga romanos) así como en diferentes obras constructivas na zona urbana. Trátase de numerosos restos cerámicos (tégulas e sigillatas), vidros, moedas, etc, que documentan a existencia dun rico xacemento romano ao longo da superficie onde se sitúa o actual porto de Bares. O 21 de outubro de 1947 o rector da Universidade de Santiago de Compostela agradece o seu xesto a D. Enrique Maciñeira, fillo de Federico Maciñeira, que cumprindo o testamento do investigador ortegán, legaba á Biblioteca da U niversidade a súa colección arqueolóxica, integrada por achados da comarca do Ortegal distribuídos en 12 caixas. Interésanos o material procedente de Bares, descrito polo propio Federico Maciñeira no inventario que acompañaba as caixas: Caja n° 4: Contiene un ánfora fusiforme hallada en Bares y un trozo de puchero} tambien romano} aparecido en Bares conteniendo 5O monedas. Caja n° 8: Piedra grande redondeada procedente de la mámoa n° 4 de Caldeira(Bares). N

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Villa Romana de Bares. Escavación arqueolóxica no xacemento Eirexa-Vella de Bares -Concello de Mañón- (A Coruña). Campaña 1997

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Eirexa Vella, villa situada sobre a praia de Bares

Caja n° 9: Dos hachas neolíticas}ütmulo 6 de Caldeira (Bares). Un hacha neolítica}túmulo 5 de Caldeira (Bares). Punta flecha} cristal roca}y cuchillo de silex} túmulo 5 de Caldeira. Un hacha neolítica del Faro de Bares. Un hacha neolitica de Auga Redonda (Bares). Cuchillo silex y raedera}túmulo 1 de Bares. Pieza barro forma tapón de Bares (Carretera del Faro). Cristal roca} túmulo 9 de O Tesouro (Bares). Caja con cerámica, túmulo 9 de Chao de Caldeira (Bares). Cajita cerámica}túmulo 9 en Portela-Bares. Cajita con restos de incineración, túmulo 4 de Chao de Caldeira-Bares. Caja con trozos cerámicos de Bares. Caja n° 10: Caja con cerámica de Castro de Vilela (Bares). Caja con cerámica pesquería Bares al final de la carretera. Caja con cerámica la excavación de Cadabarcos (Bares).

Caja con cerámica 2a excavación de Cadabarcos (Bares). Trozo de boca de puchero de Bares. Trozo de tégula de Bares. Caja n° 11: Trozos de teja y ladrillo grueso de Bares. Trozo de ánfora de Bares. Caja n° 12: Caja conteniendo otra de madera con cerámica de Cadabarcos. Otra conteniendo trozos de tégulas y cerámica. Veintidós monedas de cobre, entre ellas se encontraron en Bares: -1 de Dido Juliano-año 193 -hallada en Bares. -10 romanas halladas en Bares. -1 de la colonia Celsa-año Va. C.}hallada en el Castro de Vilela (Bares). -2 de Valeriano-254 dC.}hallada en Bares. -1 de Julia Cornelia-258 a 260 dC.,hallada en Bares. -4 Púnicas halladas en Bares.


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Precisamente por mor do achado das moedas púnicas preto do Caído, Federico Maciñeira atribúelle orixe fenicia. O concello de Mañón publica, seguindo o pensamento de Maciñeira: u como unha lingua impasible sobre o mar,esparéxese un dique fenicio que data do século VII antes de Cristo. A rica producción mineral das Pontes tiña a súa saída ao mar pala conca do Sor epolo camiño alto d,a Faladoira. Por ámbalas dúas rotas dirixíanse os comerciantes ao Barqueiro e a Bares} oporto máis boreal do Estado} e alí entraban en contacto cos comerciantes procedentes do Mediterráneo. Na Idade do Bronce proseguiu o tráfico e construíronse os castros. Pala mesma rota chegaron a Bares os que alífixeron odique que abriga oburgo de pescadores} aberto ós ventas do primeiro cuadrante edefendido dos do terceiro ecuarto. O dique} de 80 metros de lonxitude e 3O de ancho} estáformado por grandes cantos graníticos} que !le dan unha altura de 6 metros e impiden que os ventas do noroeste leven as embarcacións alí fondeadas. Seme!la un fondeadoiro que aínda hoxeprotexe ovaradoiro e as vidas efacendas dos homes do mar. Estoutro F inisterre foi sede dunha colonia fenicia} segundo os descubrimentos arqueo/óxicos} e lago unha pesquería romana} o porto máis importante para a navegación de altura da época eunha das bases da carreira do estaño. Tal vez} opunto de partida das viaxes dos primitivos galegos á Bretaña e Irlanda} á vista dos achados de cerámica} armas e outros utensilios. JJ Juan Naveiro, no ano 1991, analizou os datos proporcionados por Maciñeira sobre Bares e considerou a construcción do Caído na etapa medieval, en relación coa pesca da balea. Federico Maciñeira resumiu a súa investigación nunha obra publicada no ano 1947, Bares. Puerto hispánico de la primitiva navegación occidental. Ao longo desta extensa obra dedica unhas páxinas ao Peñón da Eirexa-Vella, así denominado por ter emprazado no cume a igrexa parroquial dedicada á Virxe María. Pese a que o investigador non atopou máis que restos atribuíbeis á construcción da igrexa e a necrópole, intuíu a posíbel existencia dun culto pagán, posteriormente cristianizado coa construcción do templo cristián. Sinala Maciñeira: En la parte SW de la recogida ensenada de Bares} frente al mar abierto} osea en la ori!la opuesta de la esco!lera} interrumpe la limpia linea semicircular de la concha} a!lí donde desagua el regato procedente de la inmediata Fonte da Virxe} un adelantado mogote rocoso de blanco cuarzo} en parte acantilado} y por los directos embates de las olas muy corroído. Cuya escarpada roca} en disposición de peninsu-

li!!a} levántase de pronto unos seis metros sobre la playa} abrazandola las pleamares en su mayor porción} puesto que solo por el W una baja y estrecha lengua de terreno arenoso la une a los breves campos que fertiliza al expresado manantial y en su exigua cúspide estuvo emplazada hasta el siglo XVIII la iglesia parroquial de Bares} consagrada a la Virgen María} con su cementerio; templo que a!lá por el año 1617 saquearon y quemaron los piratas turcos en unas de sus frecuentes racias por esta costa De ahí que en sus acantilados del SE. que frecuentemente van desplomando los rompientes} se vea un estrato horizontal de escombros} de un metro y medio de espesor, descansando sobre la roca} formado por los cimientos de la vieja iglesia} piedra suelta} pobres sepulturas mostrando aún restos de esqueletos humanos} fragmentos de tejas curvas y vestigios de pizarra azul de techar. .... A igrexa parroquial de Bares trasladouse no século XVIII ao cume do monte, onde está a vila de Bares, mais conservouse o topónimo Iglesia Ve!la-Eirexa Vella, aínda que aparece citado o penedo de cuarzo na carta náutica de Tofiño Sanmiguel, do ano 1787, como Punta de la Torre,e consérvase ata hoxe entre os veciños o topónimo A Torre; posibelmente, como apunta Maciñeira, conserváronse durante anos os restos do campanario. O investigador recolle unha tradición de Bares sobre a existencia dunha posíbel calzada romana que comunicaría Eirexa-Ve!la coa feitoría de salgas e o Caído, mais Maciñeira, ao descoñecer que baixo os muros da igrexa parroquial se conservaban os restos dunha villa romana, non puido establecer unha adecuada hipótese respecto da calzada, e consideraba que se trataba dun acceso ao templo cristián: ......Cuéntase de tradición en Bares que entre el puerto y el peñón de la Iglesia Ve!la} todo a lo largo de la ribera} levantábanse en tiempos muy antiguos unha fila de pórticos (soportales oporches)}cubiertos} que permitían ir al templo al abrigo de las inclemencias del tiempo;añadiéndose que en esos soportales tambien existían muchos comercios la anciana Josefa Armada manifestó que en la galerna de 1868 se descubrieron por esa parte restos de una acera de cantería ocalzada. Federico Maciñeira non realizou escavacións en Eirexa-Vella, centrando as sondaxes na praia cerca do Caído. Pola nosa parte, ao longo do ano 1996, realizamos tres informes técnicos para a Dirección Xeral do Patrimonio Cultural: 1°_ Como consecuencia das obras de construcción na estrada de acceso ao porto de Bares, en


Villa Romana de Bares. Escavación arqueolóxica no xacemento Eirexct-Vella de Bares -Concello de Mañón- (A Coruña). Campaña 1997

cortes do terreo da entrada ao núcleo urbano, apreciamos restos de muros con abundante material cerámico, tégulas e ánforas. Aquí situaba Maciñeira, a principios de século, os silos de salgadura de pesquerías romanas: .... al roturarse en 1927 la carretera del Puerto de Bares (que lo une con la general de la costa)} en una pequeña trinchera abierta al final por la parte de arriba del caserío} cortáronse} destruyéndolos} grandes tanques rectángulares de ángulos interiores redondeados} fabricados en gran parte con el conocido conglomerado romano de opus signinum. Y al lado de unos de esos amplios pilos tropezóse con un ánfora además aparecieron muchos ladrillos rectánguIares . Indica Maciñeira que se recolleu cerámica, terra sigillata. Describe os tanques, así como o material recollido como resultado de evacuar os silos: anacos de tégula} ímbrice. En resume, os restos dunha fei toria de salga. 2°- Os inicios das obras constructivas xa mencionadas anteriormente, un muro de contención no contorno do Coído, obrigaron a facer un control arqueolóxico para avaliarmos a afectación dos traballos a posíbeis niveis arqueolóxicos. 3°_ Con motivo do achado de restos materiais no Peñón da Eirexa-Vella, entre os que destacamos a mencionada moeda de Claudio O Gótico, ademais dos restos de opus caementicium e teselas de mosaico. En conclusión, á importancia dos datos arqueolóxicos recentes, ternos que unir os proporcionados poIa investigación tradicional, fundamentalmente aos aportados por Maciñeira; toda esta información estaba indicándonos a existencia dunha importante área arqueolóxica en Bares. Concretamente, unha posíbel villa romana con mosaico no Peñón de Eirexa-Ve/la, case con certeza, relacionada coa industria de salgaduras, localizada na estrada de acceso ao porto, e co Coído, interesante e, polas súas orixes, misterioso peirao, de dique sempre suxeito a debate, con paralelos no mundo mediterráneo. A confirmación da existencia dunha villa amare indicaría un importante desenvolvemento comercial; sería o abeiro máis setentrional da Península cara á navegación atlántica. Non debemos esquecer que a ambos lados da costa de Bares, nos veciños portos de Espasante e Viveiro, coñecemos outras dúas feitorías romanas de salgaduras, e, seguramente, prospeccións intensivas descubrirían novos xacementos desta etapa cultural. En palabras de Maci-

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ñeira: ... dado el gran aprecio que merecían nuestros peces en el mercado romano (según Polibio) la costa W} aventajaba a la del E. en cantidad y calidad)} y} por consiguiente} en el local} debieron por entonces poblar de factorías pesqueras todos aquellos puertos en que los latinos se establecieron.

ill- O PROXECTO: PLANO DA ESCAVACIÓN. OBXECTIVOS E METODOLOXÍA A Eirexa-Ve/la ocupa unha superficie de 1.200 metros cadrados. Como paso previo ao levantamento topográfico realizamos o rozado e limpeza da maleza, felgas e toxos, que cubría o xacemento. Rematado o plano topográfico, dividimos o espacio arqueolóxico en cuadrículas teóricas de 2x2 metros, dentro dun sistema de coordenadas cartesianas coa orixe nun punto situado no extremo SO. do xacemento. No eixo de ordenadas, dirección aproximada L-O., situamos cada dous metros unha letra maiúscula do alfabeto (A,B.etc) e no eixo de abscisas, dirección N-S., gardando a mesma distancia, un número (1,2,etc). Deste xeito, cada cadrado de escavación ven definido por unha letra e un número, K21, 013, etc. O punto O de nivelación, orixe do eixo Z, situámolo na parte superior do xacemento, no lugar que responde ao nome da Torre, a 11 metros sobre o nivel do mar. O material arqueolóxico rexistrouse de xeito tridimensional, contextualizado no seu nivel estratigráfico, con cotas de acumulacións. Para o recoñecemento da campaña, así como para o inventario do material, a sigla consta das iniciais de Bares e o ano de escavación: BAR (ES)(19)97. Tódolos datos documentáronse graficamente, madiante debuxo e fotografía, e situáronse na planimetría do xacemento. O principal obxectivo desta campaña de escavación foi valorar o estado de conservación da villa romana, prioritariamente o seu mosaico, constatando o grao de alteración provocado pola utilización posterior como necrópole e lugar de construcción da igrexa parroquial de Bares. O plano de traballo perseguiu os seguintes obxectivos:


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- Identificar e caracterizar o xacemento arqueolóXICO.

- Acadar a súa datación cronolóxica por medio de sondaxes arqueolóxicas, obtendo cortes estratigráficos e material ergolóxico. - Delimitar o seu tamaño e a posíbel continuidade cultural e cronolóxica noutras áreas do porto de Bares, clarexar a súa relación co Coído e os silos de salga aparecidos na estrada de acceso ao porto, e aproximarse á realidade da existencia dunha calzada dende Eirexa-Vella a outros puntos arqueolóxicos de Bares. - Recoñecer, co apoio doutras campañas, a forma e distribución da villa, buscando os paralelos máis próximos. - Comprender a súa base económica e a relación que mantiña co porto e cos silos, recuperando restos de importancia marítima. - Constatar a existencia dunhas relacións comerciais a longa distancia. En definitiva, a interpretación arqueolóxica dos datos proporcionados polos traballos debe permitirnos coñecer a tipoloxía do xacemento, a súa cronoloxía, as fases de ocupación e a contextualización co contorno arqueolóxico. Pretendiamos que a primeira campaña de escavación nos mostrase o camiño a seguir, que nos permitise valorar o xacemento e indicase se era necesario continuar as escavacións, abrindo unha maior superficie segundo o seu interese arqueolóxico. Sobre todo en relación ao resultado da escavación do mosaico, pensabamos que nos indicaría a necesidade de consolidación in situ ou ben o seu traslado ao museo. Utilizouse o método de escavación en área sen deixar testemuñas polo medio, por impedírnolo a area de praia que cubría o xacemento, que provocaría continuos derrubes, aínda que permite un mellor estado de conservación dos materiais, como se aprecia nos restos óseos visibeis nos perfís. N un primeiro momento consideramos a escavación dunha superficie total de 144 m 2 , cubertos con 9 catas de 4x4 m 2 . Si tuabamos 6 catas cunha superficie total de 96 m 2 , centradas na área que cubría as teselas que se podían apreciar no corte do terreo sobre a praia. Segundo os resultados que amosase a intervención, tiñamos proxectado abrir as 3 catas restantes, continuando as sondaxes

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iniciadas ou ben noutras dúas zonas: no límite do xacemento situado cara ao norte, onde Maciñeira atopou referencias á posíbel existencia dunha calzada en dirección ao Coído, e naquela área en que a topografía permitía supoñer a existencia de muros. En conclusión, partiamos dun punto arqueolóxico concreto para sondar, deixando aberta a posibilidade de continuar a escavación nese punto ou ben variar, segundo fose o resultado, co obxectivo de valorar a maior superficie posíbel. Dende o inicio do proxecto estívose en contacto coa empresa de restauración TOMOS, que, dependendo dos resultados da intervención, realizaría traballos puntuais, como a extracción do mosaico, ou da parte conservada, ou a súa consolidación in situ, se así o aconsellaban a extensión, o bo estado xeral e as perspectivas futuras de conservación do mesmo. Os primeiros resultados da intervención obrigáronnos a mudar o sistema de traballo así como a superficie que se debía sondar. O nivel do mosaico semellaba atoparse absolutamente alterado por mor dos sucesivos enterramentos da necrópole que comezaban a aparecer. A imposibilidade de realizar unha adecuada escavación desta necrópole para alcanzar o chan romano, pois evidentemente suporía unha intervención con metodoloxía e obxectivos diferentes aos do noso proxecto, obrigounos a planear de novo a escavación, tentando valorar a situación da maior superficie posíbel do Peñón, con sondaxes máis reducidas de 2x2 metros, sendo moi conscientes de que non podiamos baixar aquelas catas que amosaran niveis de enterramentos, agás as situadas na superficie do mosaico. Planeamos 32 catas de 2x2 metros, distribuídas ao longo do xacemento Eirexa-Vella, cunha superficie total de 128 m 2 , dividida en cinco sectores: -Sector A: Marcáronse 8 catas na parte máis alta do Peñón, que era a zona lóxica para a situación da igrexa parroquial e que conserva a microtoponimia A Torre. -Sector B: Marcáronse 6 catas de 2x2 metros. Está situado ao noroeste do sector A, nunha zona que presentaba boa potencialidade estratigráfica pola características do terreo, antes iniciarse un desnivel máis pronunciado que sinala o remate do Peñón.


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Villa Romana de Bares. Escavación arqueolóxica no xacemento Eirexa-Vella de Bares -Concello de Mañón- (A Coruña). Campaña 1997

-Sector C: Situado ao norte do sector A, próximo á liña do cantil que delimita o xacemento polo norte. Nesta área, no corte do terreo sobre a praia, hai numerosos derrubes óseos producidos pola erosión do perfil. Escavouse un cadrado de 2x2 m. -Sector D: Situamos unha cata de 2x2 metros no límite do Peñón e os terreos situados detrás do xacemento, no extremo oeste do mesmo. -Sector E: Situado na área, onde se aprecian as teselas de mosaico, ao sueste do sector A, na viseira sobre a praia de Bares; marcáronse 16 catas.

IV- RESULTADOS: ESTRATIGRAFÍA, RESTOS ARQUITECTÓNICOS, RESTOS ERGOLÓXICOS - SECTOR A: N este sector, que se localiza na parte máis alta do Peñón, consérvase unha microtoponimia, A Torre. A tradición oral popular aportou un dato preciso sobre a situación da antiga igrexa parroquial que a arqueoloxía, a través da actual intervención, confirmou. Marcamos 8 catas de 2x2 metros, 0-13, 0-15, 016, P-15, P-16, P-17, Q-16, R-16. A estratigrafía neste sector documentaranos a evolución cultural do xacemento, amosando unha secuencia estratigráfica complexa, mais que define claramente a utilización do espacio ao longo dos séculos. Retirado o manto vexetal, levantouse un nivel superficial, capa O, sedimentación de area de praia, gris clara, cunha potencia de 20-26 cm., estéril. A capa 1 componse dunha mestura de area máis escura con derrube de lousa, pedra de mediano tamaño, restos de reboco, tella curva, fragmentos de tégula e cerámica moderna, teselas de mosaico e restos óseos. Destacaremos entre o material ergolóxico unha cruz de bronce, doas de rosario, dúas numismas de vellón, e varios resellos do século

XVII. Retirado o derrube aparece a capa 2: alicerces do muro da moderna igrexa parroquial. O muro que se conserva, da derradeira reconstrucción da igrexa, ten 2,30 metros de lonxitude, ocupando as catas Q-16, P-16, con orientación leste-oeste, alternando no aparello de rebo da estructura (pedra local, xistos e lousa, traballada por unha soa cara)

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con perpiaños graníticos. En dous perpiaños aínda se conservan restos de estuco pintado con motivos de liñas horizontais de cor negro, indicando unha máis que probábel decoración xeométrica ao longo das paredes do templo. Os alicerces do muro, pezas graníticas redondeadas, pequenos batolitos semellantes aos utilizados para a construcción do Coído mais de menor tamaño, apóianse sobre un nivel de area. Esta capa 3, de entre 12-16 cms. de potencia, documenta un nivel de enterramentos sobre foxa de area, mais a penas aporta material ergolóxico. A capa 4, de 40-50 cm. de potencia, xunto ao revolto de area gris esbranquexado, con anacos de tella curva, numerosa lousa e restos óseos, aporta a cimentación dos muros da primeira igrexa parroquial de Bares, o templo altomedieval. Exhumáronse tres muros que se unen formando esquina en ángulo recto. O muro de maior lonxitude ocupa as catas Q-16, P-16, tendo unha orientación leste-oeste, situado, polo tanto, baixo a cimentación do muro conservado da igrexa reconstruída, xa anteriormente citado; consérvanse 4 metros de lonxitude, que se unen formando ángulo recto co muro que ocupa a cata P-15. Este conserva dous metros de lonxitude cunha orientación norte-sur, e uniríase co último muro escavado da igrexa, situado na cata 0-15, formando tamén unha esquina en ángulo recto, que non se conserva. A orientación deste muro é leste-oeste e a lonxitude conservada 2 metros. O ancho dos muros mencionados varía entre 70-80 cm., e somente conservan, en dirección noroeste-sueste, unha ou dúas fiadas. Baixo o nivel descrito aparece a capa 5. Neste nivel do sector A distinguimos dúas zonas: Zona a: Ocupando parte das catas P-17, Q-16. Exhumouse a metade superior dunha tumba de inhumación arquitectónica, enterramento sobre foxa revestida con elementos pétreos nas paredes laterais; a cabeza do defunto aparece flanqueada con tres calzos pétreos. A orientación da tumba é noroestesueste. Para a súa construcción aproveitouse ladrillo da villa romana, concretamente sexquipedalis, xunto aos elementos pétreos. Consideramos que estamos nunha zona do sector A e nunha capa en que desaparece o nivel da villa romana, reaproveitando o espacio e o material da mesma para colocar os primeiros enterramentos de Eirexa-Vella.


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Superposición dos muros da igrexa parroquial sobre tumbas arquitectónicas

Zona b: Ocupando parte das catas P-15, 0-15. Baixo un sedimento de area gris escura escavamos a cimentación dun muro da villa romana que somente conserva dúas fiadas dun rebo indicativo dun aparello moito mellor acabado que o recoñecido para os muros da igrexa. A lonxitude exhumada ten 2 metros e o ancho conservado, entre 45-50 cms. É un nivel arqueolóxico primario, contextualizado con material ergolóxico que documenta unha villa tardorramana, concretamente recuperáronse cinco fragmentos de TSHT, dous fragmentos de ánfora, cerámica común, restos óseos de macromamíferos e restos malacolóxicos. -SECTOR B Neste sector, situado cara ao nordeste do sector A, nunha pequena área achaiada do Peñón, marcáronse 6 catas de 2x2 m. Distinguimos dúas zonas claramente diferenciadas no sector B: Zona a: Catas 1-22, J-22: Baixo o manto vexetal escávase o nivel superficial, capa 0, composta dun potente sedimento de area gris

escura, entre 55-65 cms., que aporta soamente anacos de tella moderna. A capa 1 consiste nun derrube de lousa e pedra de mediano tamaño que aparece revolto con fragmentos de cerámica moderna, cravos de ferro, tella, restos óseos, entre os que destaca un cranio. A capa 2 non coincide coa capa 2 do sector A. Non se documentan restos da necrópole, senón que escavamos dous muros que se unen facendo esquina en ángulo recto, estructura dun habitáculo da villa romana. O derrube retirado nesta capa está composto de pedras de mediano tamaño procedentes da construcción, argamasa, e restos ergolóxicos, como anacos de cerámica común, tégula, e cravos de ferro. O muro de maior lonxitude que foi escavado ocupa parte das catas J -22, 1-22, e ten unha orientación nordeste-suroeste. Presenta unha dupla banqueta como reforzo de cimentación. A primeira sitúase directamente sobre a rocha madre, levantando a continuación 50 cms., en catro fiadas, a segunda banqueta, sobre a que se sitúa o aparello do


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muro cunha altura conservada de 60 cms., imbricándose no muro localizado na cata 1-22 e facendo esquina en ángulo recto. Os muros, de 60 cms.de ancho, están formados por un aparello en fiadas horizontais de pequenos perpiaños, cachotes regulares, opus vittatum. Zona b: Catas K-18, K-19, K-20, K-21: Esta zona do sector B presenta, baixo o sedimento de area ou capa superficial, unha potente capa, composta de area gris escura, de 45-50 cms., con abundante lousa, que ven arrastrada do derrube do sector A seguindo a suave pendente do terreo, procedente do teito da igrexa. No seguinte nivel, capa 2, distínguense dúas subzonas: Subzona bl: Ocupada pala cata K-21, amáis próxima á zona a do sector. A capa 2 consiste nun pavimento de barro endurecido e aglutinado con diminutos seixos, formando un piso probabelmente no exterior da igrexa parroquial. A capa 3 desta subzona presenta tumbas arquitectónicas, inhumacións en foxa, revestidas con elementos pétreos nas paredes laterais, do tipo arcos de paréntese, e cubertas de grandes laxas. Neste nivel, seguindo os criterios marcados para a intervención, paramos a escavación. Subzona b2: Ocupada palas catas K-18, K19, K-20. A capa 2 é unha area escura con 40-50 cms. de potencia, que presenta un abundantísimo revolto de ÓSOS, numerosas moedas do XV, XVI, XVII, relacionadas cos restos óseos, tella curva e fragmentos de cerámica moderna. Semella esta subzona un osario, producto dunha limpeza na necrópole, que faría que nun momento determinado se acumulasen os ÓSOS neste espacio concreto. Baixo este revolto, a capa 3 documenta o nivel de enterramento sobre foxa de area, con orientación leste-oeste. Neste nivel foi necesario parar a escavación. -SECTOR C Situado ao norte do sector A. Marcouse unha cata de 2x2 m., senda conscientes da súa proximidade á liña do cantil, ande se producen abundantes derrubes con restos óseos, sobre a praia de Bares. Retirado o manto vexetal aparece unha potente capa de area gris clara, capa 0, con 88 cms., que presenta restos óseos acompañados de escasísimos fragmentos cerámicos modernos.

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Baixo este nivel de area aparecen, en toda a superficie do cadrado de escavación, laxas de gran tamaño que son tapas de tumbas arquitectónicas. Nesta altura foi abrigado rematar a intervención no sector. -SECTOR D Neste sector, situado no límite do oeste, marcamos unha cata de sondaxe de 2x2 m. Levantado o manto vexetal aparece unha potente capa de area gris que foi escavada ata unha profundidade de 2, 70 metros, aportando só un fragmento de cerámica fina romana. Rematouse a intervención á profundidade mencionada, polo evidente perigo de derrube que presentaban os perfís areosos. -SECTOR E Iniciamos a escavación neste sector marcando 16 catas de 2x2 m.: R-13 a R-10, S-14 a S-9, T-14 a T9, e unha ampliación en T-8, T-7, para valorar a continuidade do mosaico en dirección sur. Xa inclicamos anteriormente que nos vimos na abriga de facer novas planos de intervención por atoparmos, desde o inicio dos traballos, inhumacións sobre foxa de area. A área de escavación coincide coa zona ande se localizara no corte do terreo, sobre a praia, a viseira con opus caementicium e as 8 teselas de mosaico, ademais de numerosos restos óseos, material de construcción romano e fragmentos de cerámica. A estratigrafía é moi clara e documenta a utilización deste espacio, diferenciándose dúas zonas: Zona a: Ocupada palas catas R-13, R-12, R-11, R-10, presenta maior potencia estratigráfica. Retirado o manto vexetal, herbáceas e toxo, atopamos unha capa superficial, sedimento de area gris esbranquexada, capa 0, cun grosor que varía entre 5-25 cms .. A continuación aparece derrube de lousa, pedra de mediano tamaño, procedente da parte superior do xacemento, sector A. Atopamos nesta capa 1, de 25-65 cms. de grosor, fragmentos de tella curva, teselas e restos óseos. O remate desta coincide cunha área máis limpa de material, ande comeza un nivel de enterramentos, capa 2, sobre foxa de area que se estende ao langa de toda a zona. AIgúns carpos atópanse alterados, agresións motivadas palas continuas remocións de terras para reaproveitar o espacio, constando


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tamén superpOSlClOns de inhumacións; OlltroS corpos documentámolos na súa posición orixinal, cunha orientación leste-oeste. O grosor desta capa é de 0,65-1,88 metros. Recuperáronse numerosos fragmentos cerámicos medievais e modernos mesturados con teselas e cantos de río, que formaban parte do opus caementicium, tella e restos óseos. Neste sector somente escavamos os restos dunha estructura pétrea formada por tres pedras de mediano tamaño, adosadas e cimentadas directamente sobre area, separando inhumacións. Posibelmente serán restos do muro dunha construcción relacionada coa igrexa altomedieval, mais a súa destrucción, por mor das inhumacións posteriores, impide aportar máis datos. Zona b: Varía sensibelmente a potencia estratigráfica nesta zona do sector E próxima ao cantil. Marcáronse as catas da S-9 á S-14 e da T-9 á T-14, ampliando parte da T-8, 7. Coincide coa superficie onde se sitúa o mosaico. A capa 1, de derrube, que aparece na zona a, aquí non existe, polo que comezamos a escavar xa na capa 2, de area de praia con inhumacións. Os corpos están depositados directamente sobre unha estructura constructiva, o chan musivario da villa romana. Abriuse unha superficie total de 11x 4 metros, incluíndo a liña do cantil situado no extremo leste do xacemento, sobre a praia. Para facer unha valoración exacta do área escavada hai que ter en conta a excesiva irregularidade que presenta a liña do cantil, xa que en ocasións fai viseiras que sobresaen sobre a praia e abranguen unha maior superficie. O chan musivario que aparece fragmentado in situ ao longo desta zona do sector A, ten como base unha capa cimenticia moi potente de argamasa formada de cal, tella machucada e pequenos seixos rolados de río, situada sobre unha grava niveladora. As tesela usadas para a construcción do mosaico descrito, fixadas pola argamasa caliza, teñen forma cúbica, miden aproximadamente 10 x10 mm. de superficie e 7 mm. de grosor. A materia prima utilizada para a súa fabricación é pedra caliza; as cores usadas, a branca e a gris azulada. No extremo sur da zona traballada, exhumouse a cimentación dun muro da villa romana} único lugar onde apreciamos a utilización de opus signinum, cubrindo a cara externa do muro mencionado, que conserva dúas fiadas de 2 metros de lonxitude e 60

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cms. de ancho. Adosado á cara externa do muro, cara ao sur, iníciase o paso a un nivel inferior mediante dúas escaleiras de opus signinum, que conservan tres fragmentos de mosaico monocromo de teselas brancas, con claros indicios da súa continuidade cara a unha piscina ou ben outro tipo de estructura. A imposibilidade de continuar os traballos de escavación (nesta zona traballouse o último día da intervención), obrigounos a selar a zona utilizando xeotextil e area de praia para asegurar a súa conservación ata que se poidan continuar os traballos arqueolóxicos. A capa de inhumacións nesta zona do sector E aporta numerosos restos medievais e modernos, tella curva, restos óseos, fragmentos de tégulas, teselas, cantos de río e moedas modernas relacionadas cos enterramentos en foxa.

V- ANÁLISE DOS RESTOS ARQUITECTÓNICOS

V.l. Análise da Arquitectura da Igrexa Estamos condicionados, para o estudio da arquitectura, pola escasa superficie escavada, o 10% do total, que non permitiu descubrir a planta das edificacións, mais contamos con documentación para poder aportar algunhas características da mesmas. O lugar onde se constrúe a igrexa é o punto dominante do Peñón, a zona máis elevada, lugar estratéxico que permite a súa visibilidade desde todo o contorno.

Planta A documentación coñecida da igrexa parroquial de Bares sitúanos na Idade Media, mais consideramos unha construcción anterior, posibelmente visigótica, relacionada coas primeiras tumbas arquitectónicas de inhumación. Desta etapa cultural non contamos con restos arquitectónicos do templo. A posterior reconstrucción altomedieval, os alicerces dos muros exhumados, sigue a aliñación da reconstrucción moderna que pervive ata o século XVIII, momento no que é desmontada e trasladada a Bares. Non ternos documentación suficiente para reconstruír a planta, como consecuencia da escasa superficie escavada, mais os muros exhumados nas catas Q-16, P-16, P-15, 0-15, aportan indicios claros sobre unha planta


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Os muros do templo, dos que somente se conservan unha ou duas fiadas, son de aparello de rebo, construídos con pedras graníticas, xistos e seixo, de tamaño medio e grande, procedentes do substrato rochoso de Bares. Buscaron as pedras que presentaban unha cara mellor acabada para construír os paramentos internos i externos, mais non hai pezas especialmente traballadas; o espacio entre paramentos cóbrese con pedras e barro. A reedificación da igrexa presenta un aparello máis regular, acabado con estuco pintado, e construído con pedra de menor tamaño que a documentada nos muros primitivos. As alturas conservadas varían entre 20-45 cms., e o ancho conservado entre 40-85 cms.

Cubertas

Cimentación de muro da villa con escaleiras de opus sigrzinum e pequenos rexistros de mosaico

O abundante derrube, documentado nas capas superiores da intervención arqueolóxica no interior da igrexa, proporciona a información suficiente sobre o material utilizado para construír as cubertas, realizadas con tella e lousa. Non hai restos da armazón de madeira que servía de soporte ao material de cobertura do teito.

Pavimentos basilical cunha soa nave e unha soa abside, con forma cadrada no exterior. O templo tivo enterramentos no seu interior. Material ergolóxico férrico, como charneiras e remaches, recuperado no interior da igrexa, concretamente nas catas 0-15, 0-16, P-16, oriéntanos sobre a situación das portas na planta da mesma. Mais insistimos en que os muros descubertos nos presentan unha planta excesivamente incompleta, aínda que está claramente determinada a funcionalidade relixiosa da construcción.

Alzado dos muros A cimentación dos muros da primItIVa igrexa parroquial realízase colocando unha base niveladora de grandes pedras, a maioría, batolitos graníticos procedentes do contorno de Bares, asentadas directamente nun nivel firme de area situada sobre a rocha madre. A reedificación da igrexa ciméntase sobre muros antigos, como se observa nas catas Q16, P-16, ou ben sobre unha firme capa de area, caso do muro situado en P-15.

Somente en dúas zonas do sector A, en diferentes niveis, localizáronse restos de pavimentos. No nivel superior de Q-16 parece un pavimento de xabre e arxila endurecidos, colocados sobre a capa de area do nivel inferior; só se conserva neste punto do interior do templo reedificado, nun nivel relacionado coa igrexa moderna. As continuas remocións de terras, sobre todo a causa das inhumacións, non permitiu a obtención, nos lugares escavados, de maior documentación sobre o pavimento da igrexa. Na cata 0-15, sobre o nivel da villa romana, relacionadas coa construcción altomedieval, aparecen dúas lousas graníticas, apreciándose parte das mesmas porque se méten baixo o perfil sur do cadrado de escavación, que formarían parte dun enlousado da igrexa. Sería necesario continuar as escavacións neste punto para corroborar esta hipótese de traballo.

V.2. Arquitectura da villa romana Os problemas atopados para o estudio da arquitectura da igrexa parroquial son aínda maiores no


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Planta con superposición de muros da igrexa parroquial e parte dos muros da villa

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Alzado dos muros da igrexa parroquial

caso da villa. A superficie escavada é insuficiente para o estudio dun xacemento destas características. O método de sondaxes estratigráficas cumpriu os obxectivos propostos no proxecto de intervención en relación á valoración do estado de conservación do mosaico, mais para chegar a conclusión fiabeis e definitivas sobre a villa sería necesario realizar escavacións en área, o que permitiría o recoñecemento da arquitectura. De todas formas os escasos elementos arquitectónicos exhumados, muros e pavimento musivario, material de construcción, como tégulas e ímbrices, permítennos recoñecer que estamos na parte residencial dunha villa tardo-romana. Os resultados da intervención, ata o momento, non aportan datos sobre a parte productiva, rústica, da villa, mais os abundantes datos arqueolóxicos que proporciona o porto de Bares, moi relacionados con silos de salga situados a escasa distancia da villa, e coa mesma cronoloxía, poden apuntar a hipótese da separación no espacio entre a parte residencial e a productiva.

Plantas Como mencionamos anteriormente as plantas son incompletas. Escavamos os alicerces dun muro da villa no sector A, entre as catas P-15, 015; conserva unha soa fiada de case 2 metros de lonxitude, con orientación leste-oeste, mais evidentemente non define a planta. Estamos na mesma situación no sector E, cata T-8, onde recoñecemos os alicerces dun muro -orientación lesteoeste- de dous metros de lonxitude. Definimos a funcionalidade des tes muros por estar situados no espacio do mosaico: forman parte dos habitáculos da zona residencial da

villa. No sector B, catas 1-22, J-22, escavamos unha construcción de planta cadrada ou rectángular con esquinas en ángulo, que corresponde exactamente a un habitáculo da parte residencial da villa, mais nesta zona substitúese o chan musivario por un pavimento de arxila.


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Alzado dos muros

Cubertas

Tódolos muros escavados están cimentados directamente sobre a rocha base. Os muros dos sectores A, E somente conservan unha ou dúas fiadas, son de aparello de rebo e utilizan basicamente granito de mediano tamaño acompañado de xistos; todo, materia prima do substrato rochoso de Bares. Os paramentos internos e externos están feitos con coidado, ca espacio entre eles recuberto de pedra e barro. O muro do sector E, cata T-8, presenta o paramento externo cunha capa de opus signinum. A altura conservada dos muros destes sectores varía entre 20 e 40 cms., o ancho, entre 45 e 60 cms. Os dous muros que forman a esquina dun habitáculo do sector B presentan una aparello de opus vittatum. O situado en J-22 ten dupla banqueta reforzando a cimentación. A altura máxima conservada é de 1, 10 metros, e o ancho 60 cms.

As cubertas das construccións da villa foron realizadas ca material de construcción romano, tégulas e ímbrices. Testemúñano os poucos, como é habitual nestes xacementos, fragmentos recuperados nos traballos de escavación. É posíbel que se dese unha reutilización e traslado do material da cuberta.

Escamas adxacemes monocromas

V.2.1. Mosaico Pavimentos O pavimento conservado, ligado á villa, é o decorativo. Trátase dun mosaico que cubría o chan dun habitáculo ou galería aberta ao mar, localizado no sector E. A estancia, ca chan musivario, está alterada por mor dos enterramentos en foxa simple realizados desde a época baixomedieval, que provocaron a fragmentación do mosaico. Este viuse tamén alte-


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Reproducción mosaico


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rado pola súa proximidade ao cantil, como consecuencia dos derrubes da rocha madre, moi castigada ao longo dos séculos pola erosión mariña. As agresións mencionadas non impiden o estudio da súa composición e cronoloxía. Rematada a intervención arqueolóxica apareceron tres rexistros de mosaico, tamén moi fragmentado, en dirección sur e oeste, observándose pequenos anacos nos perfís. Denominaremos rexistro de mosaico número 1 o que aparece nunha maior superficie; en mellor estado de conservación. O mosaico organízase, desde o exterior ao interior, nunha banda de teselas brancas, facendo unha composición de escamas adxacentes monocroma, seguida de duplo filete de teselas gris-azuladas enmarcando unha alfombra de composición ortogonal. A composición ortogonal ven motivada por círculos denticulados da mesma cor, teselas grisazuladas, secantes e non contiguos, formando pequenos cadrados cóncavos, inscritos nos octógonos curvilíneos e irregulares. Cada cadrado está recargado cunha floreciña en cruz. A composición de círculos secantes fórmase polo feito de que cada catro círculos hai outro central, que os corta formando fusos; cada fuso presenta denticulados defrontados a follas de acanto e argolas unilaterais ou volutas. O rexistro de mosaico número 2 está a continuación da alfombra descrita, en dirección sur, mais só coñecemos o inicio, variando o esquema xeométrico. Presenta un só filete de teselas grises azuladas, iniciando polo tanto unha nova composición decorativa, de onde saen dúas liñas rectas diverxentes, posíbel composición triangular ou en zlg-zag. As teselas dos rexistros de mosaico mencionados están tomadas por unha capa de opus caementicium moi potente. O rexistro de mosaico número 3 consiste en tres fragmentos de teselas monocromas brancas situadas, in situ, sobre opus signinum na escaleira exhumada no extremo sur do sector E. A disposición das teselas e a técnica de construcción forman un opus vermiculatum. Non podemos obviar a posibilidade de atoparnos diante dunha marxe decorativa que apunte á conservación en dirección oeste, baixo as inhumacións medievais, do emblemata.

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A cronoloxía, contextualizado o chan musivario co material ergolóxico recuperado na escavación, sitúanos entre os séculos IV-VI d.C.

VI. ESTUDO DO MATERIAL ERGOLÓXICO VI.l- Estudo do material arqueolóxico. Motivada pola progresiva destrucción, por erosión mariña, dun mosaico romano situado no cantil costeiro do lugar coñecido como EirexaVella, realizouse a presente campaña de escavación durante o verán de 1997. Das particularidades da localización, así como das características do xacemento, ocúpase no lugar oportuno o director dos traballos, Emilio Ramil González. O que escribe ocupouse, xa desde un principio, do estudio dos materiais, especialmente dos que corresponden aos niveis romanos, dada a súa proximidade coa nosa liña de investigación. Precisamente por motivos de especialización, aquí exceptúanse as numerosas numismas (principalmente medievais e modernas) achadas nos niveis de enterramento, e, loxicamente pola mesma causa, uns significativos restos osteolóxicos e malacolóxicos, entre outras mostras analíticas. Ocupámonos dun abundante corpus de materiais arqueolóxicos formado sobre todo por pezas cerámicas, entre as que non faltan algúns obxectos metálicos, pétreos e doutros materiais. En cada apartado tentouse diferenciar os materiais medievais ou modernos, dos propiamente romanos. E finalmente, no último, procúrase unha aproximación inicial ao estudio do mosaico bícromo, de grande interese poia novidade que supón nestas latitudes, e de enorme importancia á hora de axustar a datación do xacemento, aínda que o seu estudio definitivo precisa dos datos que se obteñan en futuras campañas e da súa consolidación e análise a cargo dos restauradores. De acordo con estas directrices, pasamos a expoñer os resultados do estudio.


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Composición ortogonal do mosaico con círculos denticulados da mesma cor


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A CERÁMICA Como en calquera outra escavación, o volume de fragmentos cerámicos supón a práctica totalidade do material de estudio, e , ao mesmo tempo, aquel que proporciona a maior cantidade de datos para caracterizar o xacemento e aporta os índices cronolóxicos máis fiábeis.

Cerámica romana O complexo grupo da cerámica romana ve dificultada a súa clasificación e posterior estudio pola escaseza de pezas e a elevada fragmentación das mesmas. Por este motivo pareceu adecuado establecer varios subgrupos. Seguindo un criterio habitual diferenciamos: cerámica fina -sigillata e derivadas-, cerámica común de mesa, ánforas, e cerámica de construcción. Entre estes grupos, segundo se verá, non existe equilibrio ningún; así, mentres nalgún caso se individualiza case unha peza singular, ou mesmo un pequeno fragmento, noutros reúnense productos do máis diverso. Confiamos en que todo isto redunde nunha máis clara estructura expositiva. a) Dentro da cerámica f1na destaca, sen dúbida algunha, a Sigillata Hispanica tardía, aínda que cuantitativamente case non se supera a media ducia de fragmentos. A única forma recoñecíbel é a frecuente 37t, da que case se pode reconstruír todo o perfil, salvo o fondo. É de labio ou rebordo redondeado, con marcada liña de inflexión entre o colo e o corpo. Está decorada cunha serie de dobres círculos, recheos de ángulos, separados por aliñamentos verticais alternos deste mesmo motivo. O resto de pequenos fragmentos de sigillata parece corresponder a productos semellantes -un posíbel fondo da mesma forma, outro de prato e a parede dunha cunca (¿Ritt, 8?)- aínda que algúns son de tamaño moi reducido e perderon o verniz. Un deles, de parede moi fina -1 a 1,5 mm- e superficie clara satinada, parece mesmo atribuíbel a oleiros africanos. Unha última peza deste grupo, mais de especial interese, corresponde a unha pequena asa horizontal de pasta gris decorada con rosetas estampadas. Dentro das múltiplas denominacións dadas a estes productos, e que non irnos enumerar aquí, hai moitas aceptabeis, mais non a de sigillata. O termo "Gris estampillada", aténdonos unicamente ao seu

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aspecto material, parécenos ben; e aínda mellor: "Paleocristiá gris", que engade un criterio do estadio cultural xeral. Todo este material pódese encadrar, con algunha flexibilidade, no s. V d.C. b) Dentro da cerámica común romana entran diversos tipos -de mesa, almacén ou toucador- e múltiplas feituras -oxidantes e reductoras. Como grupo case individualizado, na bibliografía especializada, hai que considerar os productos de engobo vermello. Na maioría pratos de beira engrosada (do consabido tipo "pompeiano") ou moldurada, nos que o engobo recobre a totalidade ou, máis frecuentemente, só o interior e a beira exterior. Como peza singular, citaremos un fragmento que corresponde a unha grande ola, tal vez de almacenamento, exteriormente cuberta de engobo vermello no seu tercio superior e decorada na parte central con retícula brunida.

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Lám. 1: Cerámica romana 1- Copa de TSHT, Drag. 37t; a) reconstrucción do perfil, y b) detalle composición motivos decorativos. 2- Fragmento de asa horizontal con decoración estampada, de cerámica Paleocristián Gris. 3- Plato de engobe roxo interior. 4- Plato de engobe coxo interior. 5- Cuenco de engobe coxo, en ambas superficies.


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Outro conxunto, de mesa e/ou toucador, fórmano os fragmentos de finos de vasos de paredes sinuosas, ou xerriñas, con asas cilíndricas ou, máis frecuentemente, aplanadas, que ás veces conservan indicios de ter estado recubertas por unha lixeira augada vermella ou ocre. Entre todo este material, composto case totalmente por fragmentos illados, destaca unha xerriña, do N-2 de S-II, conformada por 7 fragmentos. Ata aquí, tódolos productos corresponden a feituras máis ou menos oxidantes (algún efecto "sandwich"), por iso tratamos separadamente o grupo heteroxéneo das cerámicas grises, case sempre de datación bastante tardía. Entre elas destacan aqueles productos máis finos, de mesa ou toucador, case sempre de formas abertas -pratos, copas ou tazas- de aspecto e morfoloxía, sen dúbida, influenciados polas citadas cerámicas "paleocristiás grises". Xeralmente mostran unha coidada feitura, con pastas moi depuradas e acabados brunidos ou satinados. Os outros productos, máis grosos -aínda que polo xeral tamén de boa feitura- parecen corresponder, máis que a cociña, a envases de almacenamento, xa que non presentan indicios de exposición ao lume. Predominan as olas globulares, mais advírtense morfoloxías máis elaboradas -carenas, sinuosidades, molduras- e, sobre todo, un claro interese decorativo polos motivos brunidos lineais (verticais, horizontais, paralelas, oblicuas e, claro, retículas). Aínda que son predominantemente tardíos, como xa se indicou, non existe criterio para unha atribución cronolóxica precisa. Mais, a xulgar polos contextos similares máis próximos -Noville, Cidadela, etcdeben situarse entre os s. V e VI d.C. c) Afortunadamente os escasos e illados fragmentos de ánforas resultan suficientemente característicos como para poder clasificalos. Corresponden a pezas coa superficie estriada ou acanalada típica do Mediterráneo Oriental. Diferéncianse diversas feituras, que nun estudio máis pormenorizado servirán para determinar a súa orixe cunha maior precisión. En todo caso, trátase basicamente de productos dos séculos. V-VI d.C. (aínda que poderían oscilar desde mediados do s.IV ata principios do VII). Como lugares de procedencia poden citarse, entre outros, Palestina e o Exeo.

d) As tégulas, e restante cerámica de construcción, ten unha presencia relativamente escasa, considerando o patrón habitual neste tipo de xacementos. O feito de non se detectar con claridade o derrube do tellado, induce a pensar mm posterior traslado e reutilización.

Outra cerámica Neste apartado inclúese toda a cerámica que corresponde aos niveis de ocupación posteriores ao asentamento antigo, é dicir, a medieval e a moderna -igrexas e necrópoles respectivas. Aínda que basicamente se trate de cerámica común, non faltan algunha pezas máis elaboradas -louzas e vidradosespecialmente interesantes pola conexión comercial que revelan. a) Comezaremos precisamente por estas pezas

vidradas e esmaltadas, pois, aínda tendo escasa representación, nuns cantos fragmentos, son as que permiten unha clasificación máis segura e un encadramento cronolóxico extrapolábel ao resto do conxunto cerámico. Precisamente dentro deste grupo destaca unha producción característica de importación, orixinaria das Illas Británicas. Trátase de pezas de paredes finas -1,5 a 3 mm., cunha pasta ocre esbrancuxada moi depurada, e recubertas por un vidrado exterior verde ou verde-amarelo. Só se conta cuns fragmentos (5 en total, procedentes do N-2 na zona de S e T,10 e 11) que parecen corresponder a pequenos recipientes, xerriñas -boca con bico- e vasos/copas -fondo plano con paredes verticais. A súa presencia está documentada noutros xacementos costeiros galegos con contextos dos s. XIII e XIV d.C. O resto dos productos deste reducido grupo corresponden a pezas vidradas -típico verniz ámbar, plúmbico- de elaboración, probabelmente local ou rexional, recente (s.XVIII ou XIX, o máis seguro) e procedencia descoñecida. Cronoloxía aínda máis recente, debe atribuírse a un único fragmento de asa, esmaltado en branco, achado no N -3 de Q-16, nivel con rexistro material moi complexo, e probabelmente revolto, como se verá ao tratar dos obxectos metálicos, procedentes, na súa maioría, desta zona.


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Lám. 2: Cerámica romana

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6- Asa de cerámica común, con aguada roxo-oscura 7- Xarriña de cerámica común con aguada ocre 8- Fragmento de tégula; pasta con desgrasante de cunchas de molusco 9- Ánfora tardía do Mediterrán Oriental 10- Ánfora tardía do Mediterrán Oriental

11- Copa carenada 12- Cuello de vaso cilíndrico 13- Fragmento de plato carenado 14- Fragmento de panza cilíndrica, decorado con retícula bruñida e con grafito post-cocción 15- Fragmento de boca de ola globular, cuello decorado, con serie de dobles trazos verticais bruñidos 16- Base plana con moldura anular, de ola globular

b) Un conxunto numeroso e interesante, fórmano os abundantes exemplares de cerámica común medieval e moderna. A maior parte corresponde a pezas de cociña, con frecuentes restos de cisco adheridos ao fondo e á parede externa. Trátase de olas globulares moi similares en tamaño e forma (teñen por volta de 20 cms. de diámetro de boca), e sen grandes diferencias na súa feitura (pasta granulosa, dura, con coloracións grisallas, gris-pardacenta ou negra, moi ben cocidas, coa superficie rugosa e sen tratamento ningún a maioría das veces). O labio característico destas pezas mostra unha variación desde aquelas máis sinxelas, con simple arestado de sección triangular, ata o completo desenvolvemento dunha fita ou solapa vertical e exvasada. Isto constitúe un criterio tipolóxico, segundo opinión de numerosos especialistas, que se basea na evolución nun período de tempo que abranguería desde os

séculos finais da Idade Media (s.XII-XIV) aos primeiros da Idade Moderna (XV-XVI). O interese destas pezas reside na proporción relativamente elevada de fracturas in situ que se constata, permitindo a reconstrucción dos seus perfís (exemplares compostos por 8-10 fragmentos), e a súa dispersión concentrada nos niveis sobrepostos ao mosaico antigo (N-2 en S e T, 9 a 14; fóra desta zona, só en N-3 de P-17 e J22). Antes de concluír este apartado, e por similitude cultural e cronolóxica, queremos aludir a tres pequenos fragmentos de anforetas ou botixas das empregadas no mercado de Indias, indicio de contactos comerciais entre os séculas XVI e XVIII fundamentalmente. Chama a atención o feito de que os tres procedan dos niveis profundos de P-17 (N-3 e 4).


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Tampouco se poden destacar elementos morfolóxicos particulares, xa que predominan os labios exvasados simples, lixeiramente engrosados ou, ás veces, con molduras moi sinxelas, e sempre, fondos planos. Tal vez, o trazo máis individualizador o constitúan as decoracións feitas polo método de cepillado profundo, pequenas incisións e sobre todo baquetas ou cordóns aplicados, frecuentemente con dixitacións. Estas dixitacións non están ausentes en pezas de clara filiación medieval ou moderna, decorando a solapa da beira. A denominación entre comiñas deste grupo é debida aos abundantes paralelos que atopamos entre as produccións máis antigas dos principais centros oleiros tradicionais, como Gundivós ou NiñodágUla.

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Lám. 4: Cerámica medieval. Olas globulares. 17- Borde, de labio cadrángular, con cuello e lomo lS-Borde con labio en sencilla solapa vertical 19- Borde con labio en solapa exvasado 20- Borde con labio decorado por dixitacións 21- Borde con arista no exterior labio 22- Fondo plano, con panza piriforme

c) Outro conxunto numeroso, e realmente difícil de diferenciar con nitidez do primeiro do apartado anterior, esta formado polas pezas de cerámica "tradicional". A feitura é practicamente semelIante á das olas globulares medievais e modernas, diferenciándose a penas en pequenos detalles de elementos formais e en algúns tratamentos decorativos. Xulgando poIa relación estratigráfica e a dispersión, indiferenciada en ambos conxuntos, estes productos teñen unha datación e funcionalidade similar. A pervivencia destas pezas nos obradoiros artesáns galegos (ata finais do século pasado ou principios deste) imposibilita a delimitación cronolóxica antes apuntada. Do arcaísmo dalgunha pezas, dá idea o tosco modelado en torno baixo, ou mesmo enteiramente manual, presente nalgúns casos. As pezas deste grupo mostran formas similares -olas globularesmais os formatos son variados; desde grandes olas de almacenamento, a recipientes pequenos.

d) Deixamos para este último apartado un pequeno e heteroxéneo grupo de casos particulares que, polas máis diversas razóns, non son claramente encadrabeis en ningún dos anteriores. En primeiro lugar por razóns de morfoloxía. Practicamente tódalas pezas revisadas ata o momento, eran olas globulares. A representación de outras formas específicas, case anecdótica, inclúe xerras, todas de feitura semellante, con asa en fita que ensambla nun bordo recto con bico, e tamaño medio ou pequeno. Üutra peza curiosa -inclúese aquí pola súa singularidade, mais trátase, case con certeza, dun producto tardo-medieval, como delata a morfoloxía do labio- é unha ola globular con perforacións circulares (de 1 cm. aprox.) distribuídas regularmente en dous aliñamentos que rodean a panza nos dous tercios inferiores. Paralelos etnográficos fan pensar nas queixeiras, mais neste caso as concrecións de cisco non deixan lugar a dúbidas da súa exposición ao lume (¿posterior ao seu uso orixinario? ¿accidenta!?). En canto á feitura, é de destacar unha ola ou orza de bordo cuadrangular e decorada no seu tercio superior por unha faixa de agudas incisións verticais. A súa particularidade reside, non na morfoloxía, senón na estructura e composición das súas paredes. A pasta, cun modelado moi irregular, é extremadamente dura e pesada, o que fai presupoñer unha cocción a alta temperatura que lle daría ademais aspecto ferruxinoso. Máis estraño aínda resulta o efecto "sandwich" nas proximidades do


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Lámina 5: Cerámica tradicional. Olas globulares 2324252627 -

Borde con labio exvasado simple Fondo plano e panza esferoide Borde con labio redondeado Parte superior de ola, de borde simple exvasado Ola completa escepto borde, de paredes irregulares

bordo -de orixe e finalidade totalmente descoñecidas- consistente en dúas capas superficiais da pasta descrita, entre as que se estende un núcleo branco de masa calcaria. Sen dúbida, unha elaboración tan específica, responde tamén a unha función moi concreta que polo momento non é posíbel determinar. a único gran recipiente propio para almacenaxe, está representado só por un fragmento. Corresponde a un exemplar masivo, de uns 40 ou 45 cms. de diámetro máximo, levantado por partes antes de ser ensamblado, como indican as marcadas acanaladuras que se observan no seu interior. Probabelmente estaría destinado a conter líquidos que, diante da dificultade de manipulación do recipiente, se verterían por un orificio aberto na parte baixa do mesmo. Dificilmente se pode atopar outra explicación para esta perforación circular -de 8 mm.- perfectamente acabada, na que o desgaste impide determinar con plena certeza si foi practi-

Lámina 6: Cerámica tradicional. Pezas decoradas e máis elaboradas 28- Mitade superior de ola, decorada con moldura 29- Parte superior de ola decorada con cordón aplicado con serie de dixitacións 30- Parte superior de ola globular, con labio convexo e lomo decorado con finas acanaladuras horizonráis 31- Borde redondeado e cuello cilíndrico

cada previamente ou post-cocclOn. A pasta desta peza, moi depurada e compacta, é oxidante e con núcleo grisallo debido á grande espesura. Parece corresponder a un producto industrial e, probabelmente, de procedencia foránea. Por último, unha peza indeterminada. Tal vez a de máis problemática asignación e clasificación. Presenta unha feitura bastante descoidada. A pasta é porosa, areosa, de cor ocre, e a superficie, vermelloalaranxada con restos dunha capa esbrancuxada de 0.2/0.4 mm. de espesura (¿engobo?). A dificultade interpretativa reside na súa morfoloxía, xa que parece corresponder a unha fita anular, con sección en L, que fose aplicada manualmente (1ixeiras dedadas) sobre o extremo dun obxecto cilíndrico (¿fondo de recipiente?). Poderíamos estar diante dun reforzo ou suporte para o fondo dun recipiente, ou ben unha xunta ou illante para ensamblalo ou equilibralo. A pesar do seu interese intrínseco, non podemos abandonar o terreo das hipóteses.


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Lámina 7: Cerámica diversa 32- Borde vertical, simplemente engrosado 33- Fondo plano, de finas paredes 34- Xarra de asa plana 35- Fragmento de grosa parede con perforación cilíndrica, con finas acanaladuras internas

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Lámina 8: Cerámicas diversas 36- Ola globular, con labio de solapa de sección triangular, con perforacións distribuidas en duas liñas. 37- Ola de labio cadrángular e decorada con liñas verticais incisas


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Lámina 9: Ferros. Cravos e complementos de carpíntería

Lámina 10: Ferros. Ferraxes de portas e contraventás

38, 39, 40- Grandes cravos de cabeza plana e sección cadrada 41,42: Cravos pequenos con cabeza en T 43- Tachuela de cabeza redondeada 44- Alcaiata con cabeza plana 45- Alcaiata con cabeza engrosada 46- Escarpín

47 - Remaches de aletas de visagra 48- Ollal ou hembra de visagra 49- Parte de enmangue de ferramenta

Calquera intento de atribución cultural ou de achegamento cronolóxico, para as singulares pezas deste grupo, resultaría polo momento excesivamente aventurado.

parte dos restos, ben polo deficiente estado de conservación, ben por se tratar de pezas pequenas ou aditamentos, partes dun conxunto que nos é descoñecido.

Ferro

OBXECTOSMETÁllCOS Aínda que as pezas destes materiais non atinxen, como é lóxico, as proporcións da cerámica, o primeiro que hai que poñer de manifesto é a súa relativa abundancia; sobre todo considerando a copiosa representación de moedas que figuran nun estudio numismático á parte, a cargo do correspondente especialista. Para proceder ao estudio dos restantes obxectos metálicos seguiuse o esquema habitual, segundo o elemento compositivo predominante, que permite tirar algunhas conclusións relativas á súa funcionalidade. Sen embargo, temas que lamentar, neste sentido, a imposibilidade de identificar unha gran

Os obxectos de ferro son, con diferencia, os máis numerosos, pero tamén os que se encontran en peor estado de conservación. Un bo número de pezas foron refugadas polo seu reducido tamaño ou pala intensidade do proceso de oxidación, que nas partes máis finas chega a destruír o propio núcleo do obxecto. Hai que lembrar que o estudio destes restos baseouse nunha inspección visual, máis ou menos intensa, tal como foron extraídos do terreo, sen recibir ningún tratamento de restauración previo, nin ser sometidos a analítica de algún tipo. Non obstante, parece que a maioría das pezas son elementos de carpintería, destinados a reforzar ou ensamblar a obra de madeira.


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Os grandes cravos, case todos do mesmo tipo -8 a 10 cms. de lonxitude, sección cadrada e cabeza plana- aparecen por case todo o xacemento, especialmente no chamado N-3, das cuadrículas das zonas N. e N.E. (1,], K, 18 a 22, e O, P, Q, R, 15 a 17). Proceden, sen dúbida, das trabes e taboado de pisos e teitos. Para outras variedades de cravos cravos pequenos, cravos en T, alcaiatas; etc- resulta máis problemático determinar a funcionalidade. Outro conxunto de obxectos, cunha situación bastante determinada dentro do xacemento (0-15, 0-16 e P-16, N-3 e 4), está relacionado coas portas: charneiras -espigo e ollal- e reforzos con remaches que posibelmente correspondan ás aletas de fixación das charneiras. A súa dispersión pode resultar orientadora para determinar a situación das portas nas plantas das respectivas edificacións -igrexa medieval. Con outras funcións moi diferentes e cronoloxía indeterminada, relaciónanse os poucos obxectos restantes. Unha grande abrazadeira, un posíbel elo de cadea, unha fibela de correa ou cinto, un anzol e mesmo unha rolla de rosca.

Outros metais Este apartado de título tan impreciso débese á imposibilidade de determinar a composición dalgunhas amalgamas e, sobre todo, á reducida representación de obxectos metálicos non férricos, exceptuando as moedas, que, como foi dito, foron estudiadas á parte por un especialista en numismática. Un par de pezas están feitas con mestura de cobre (¿latón?), simplemente recortadas dunha fina lámina de 1 ou 2 mm. de espesura. U nha é cuadrangular cunha prolongación en forma de P, de clasificación e uso indeterminados. A outra, un cruciforme, de brazos apuntados e perforación central, mostrando un recorte moi descoidado, tal vez tivo unha función ornamental, ou litúrxica, considerando a edificación á que está asociada. O único obxecto de chumbo é unha especie de vaso troncocónico, de fondo plano e bordo horizontal exvasado. Sen embargo, dada a irregularidade que mostran as súas paredes, especialmente a externa, e considerando o material en que foi realizado' non parece desatinado pensar nun elemento de ensamblaxe ou taco para suxeición dunha barra ou hastil nun muro ou basamento pétreo.

Non se atoparon restos de cerrallería ou ferramentas, nin de ornamento persoal algún, habituais entre os restos metálicos doutros xacementos.

OBXECTOS VARIOS Este heteroxéneo apartado, como indica o título, agrupa as pezas máis dispares, material, funcional e cronoloxicamente falando. Algunhas realmente singulares, se non por si mesmas, polo menos no conxunto do xacemento. Así, pasamos a tratalas individualizadamente sen ningunha orde ou esquema preestablecido. -A. Un pequeno fragmento de louza branca. Corresponde á cánula dunha pipa de tipo "holandés". Estas pipas, de cana longa e pequena cazoleta, son típicas de contextos marítimocosteiros desde o século XVII a principios do XIX. Culturalmente poderían asociarse ás anforetas ou botixas de Indias. -B. Outra peza, polo momento tamén única no xacemento, é unha delgada lámina angular de óso, con sección de tendencia redondeada, cuadrangular no exterior, mais con ángulo en bisel. O traballo, moi ben acabado -estreitas paredes, superficies puídas, regularidade de liñas- parece corresponder ao recubrimento dalgún obxecto. Entre a ampla gama de posibilidades funcionais cabe desde parte do cabo dun instrumento, ata unha pequena caixiña ou un aplique ornamental indeterminado. Tampouco cabe posibilidade algunha de aproximación cultural ou cronolóxica. -c. Un pequeno conxunto, podería formarse cos materiais pétreos, concretamente de acibeche. Acháronse tres pequenas doas de variada morfoloxía, aínda que de parecidas dimensións. As dúas maiores -de 14116 mm. de diámetro- son esferoidais, con similares molduras distais e acanaladura perimetral. Amáis pequena -9/11 mm. de lado- é cúbica cos vértices biselados. Non hai dúbida de que se trata de pezas de uso litúrxico, seguramente doas de rosario, o que encaixa perfectamente, tanto no contexto relixioso da igrexa como no funerario da necrópole. De tódolos xeitos, inclinámonos por unha datación máis ben recente (todas proceden de niveis superficiais de P e Q -16). -D. Por fin, un último grupo que, malia estar formado igualmente por materiais pétreos, é de


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Lámina 12: Varios obxetos Lámina 11: Ferros 5051525354-

Aro ou abrazadeira de fibela Anzó Tapón de rosca Eslabón de cadea Argola ou abrazadeira de poste para clavar

moi diferente consideración. Non procede exactamente do xacemento, senón das súas inmediacións, aínda que non hai dúbida da relación que garda con el. Na zona da praia próxima á actual vila de Bares documentáronse varios obxectos de cantería (traballos de diverso tipo en granito), a maioría deles de carácter funcional -pía, pé de muíño manual, contrapeso de prensa ou lagar (prelum), etc- e seguramente relacionados coas actividades industriais de salga, aH testemuñadas en diferentes épocas. Fose cal fose a relación destes obxectos co xacemento, o que queremos destacar é a presencia dunha base/capitel, por corresponder a un contexto arquitectónico ornamental parella ao que reflicte o mosaico, o da parte residencial ou pars urbana dunha vila costeira tardoromana. Esta peza, composta por unha sinxela combinación de touro e escocia (equino e colariño respectivamente, carece de ábaco), ten unha ambivalencia funcional: pódese ver como un sinxelo capitel toscano ou basa ática, mais polo diámetro do tramo

55- Cruciforme recortado en latón 56- Recorte en latón indeterminado 57- Pezas troncocónicas de chumbo 58- Fragmento de peza en oso 59- Fragmento de cánula de pipa 60- Canta esferoide de azibache 61- Canta esferoide de azibache 62- Canta cúbica, con vertices biselados, de azibache

do fuste adosado -de 26 a 28 cms. de diámetrocorresponde a unha columna de proporcións considerabeis.

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MOSAICO

Como xa se dixo, foi este pavimento decorativo a causa determinante da intervención arqueolóxica. E, aínda que non se trate dunha peza extraordinaria a nivel do mundo romano, como se verá, pola súa situación xeográfica e composición pode ser xulgado como único. O mosaico, hoxe suspenso sobre o cantil da praia, debeu cubrir o chan dun cuarto ou galería -amplo corredor porticado- aberta ao mar cara a levante, nunha superficie aproximada de 4 x 8 m. como mínimo. O seu estado actual a penas se reduce a uns poucos fragmentos in situ, mais chega para deducir


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Detalle dos cadrados cóncavos inscritos nos octógonos curvilíneos

a súa temática, composición e dimensións aproximadas. As ocupacións en períodos posteriores contribuíron, sen dúbida, á súa destrucción; especialmente a necrópole medieval. N algúns dos enterramentos, os cadáveres repousan directamente sobre o mosaico, mais noutros casos perfórano total ou parcialmente -oco para repousar o cranio. A mellor proba da actividade destructiva desenvolvida durante esta época apórtana as teselas dispersas por todo o xacemento. O pavimento musivario mostra unha coidada elaboración, moi posibelmente de feitura local na súa totalidade. As teselas, de cuarcita branca existo lousento gris escuro, están dispostas formando un opus vermiculatum. Son dun módulo bastante regular, considerando as adaptacións de tamaño que impón este tipo de obra, de algo máis de 10 x 10 mm de superficie e arredor dos 7 mm. de espesura. Sobre unha base niveladora de cascallo groso de cuarzo branco, as teselas van fixadas por unha capa de argamasa calcaria de extraordinaria calidade -opus

caementicum. SÓ nalgunhan das beiras conservadas se observa o emprego de opus signinum; concretamente na marxe da zona escavada, marcando o paso a un nivel inferior. A posibilidade de discernir se isto se trata dun simple escalón, un estanque ou outra estructura máis complexa dependerá dos resultados de futuras campañas. A dispersión dos fragmentos conservados in situ non dá lugar a dúbidas sobre a reconstrucción da temática decorativa, predominante, se non exclusivamente, de tipo xeométrico, cun marcado contraste debido á súa bicromía. Trátase dunha malla formada pola continua repetición do mesmo motivo: sobre un fondo branco, círculos negros entrelazados, formando tetrafolios e romboides nas súas interseccións; pola súa vez, estas figuras encerran, respectivamente, palmas con gotas e flores cadripétalas moi estilizadas. Tamén é de destacar, nas marxes conservadas, a presencia de escamas sen reflexo cromático algún, só con teselas brancas dispostas en series alternas de arcos.


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Detalle dos cadrados cóncavos inscritos nos octógonos curvilíneos

U nha recta, formada por unha dobre liña de teselas negras, parece que enmarcaba orixinariamente a parte figurativa, separándoa das marxes brancas. Só para o Sur, nun pequeno fragmento, advírtese outra liña negra, a pouco máis de 10 cms. da anterior, que parece delimitar un novo campo decorativo. Neste a penas se consegue ver indicios do que podería ser unha composición triangular ou en zigzag. De tódolos xeitos, é un dato que se debe considerar á hora de reconstruír a planta ou interpretar os ambientes da estancia (hai que ter en conta a relación de proximidade co citado escalón ou desnivel). Resumindo, a VlSlOn que actualmente ternos da súa composición fainos pensar nun mosaico decorativo do tipo chamado "de alfombra". Non podemos descartar a existencia inicial dun cadro polícromo ou emblemata, máis ou menos centrado, xa que a súa suposta calidade e aplicación individualizada favorecería unha posterior extracción e reutilización. Mais a carencia total de calquera tipo

Cecas de los Resellos

l. de Segovia (34,3%)

Burgos (10,4%)

Cecas


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EMILIO RAMIL GONZÁLEZ

de indicio -distribución sospeitosa dos baldíos existentes, pegada dalgún tipo de preparación base diferenciada, achado dalgunha tesela illada de cor e/ou orixe diferente, etc- deixa esta hipótese desprovista de todo fundamento. A outra posibilidade que podería aducirse é que estamos diante dunha simple orla ou marxe decorativa dunha representación principal máis complexa. Mais cremos que xa non é necesario discutir este punto, vista a distribución dos fragmentos e a superficie que cobren, e o propio tratamento das beiras escamas en branco. En relación á cronoloxía que aporta, de maior interese para datar a construcción, son dous os criterios principais que se poden presentar: o cromático e o temático. A gran maioría dos mosaicos romanos bicromáticos, en branco e negro, corresponden á época alto-imperial, e os exemplos máis significativos relaciónanse coa denominada escola itálica -dos s.I e II d C .. Mais estes son fundamentalmente figurativos, aparecendo os motivos xeométricos só en orlas e marcos ou como complemento decorativo dos fondos, e, como se viu, este non é o caso. Debemos pensar máis ben nun mosaico xeométrico tardío. Pois, aínda que nestes adoita predominar a composición polícroma, a feitura ou, se se prefire, a provisión de materiais locais poden explicar este punto.

CONCLUSIÓNS Do conxunto do material, prescindindo inclusive das estructuras detectadas (vila romana, igrexa e necrópole), dedúcese a existencia de dous períodos ocupacionais básicos, un antigo ou tardo-romano e outro medieval/moderno. A maior parte do material antigo procede do sector do mosaico (5 e T, 8 a 14), aínda que tamén aparecen moitas pezas nas zonas máis interiores (O-R, 15 a 17; el-K, 18-22), revoltas entre os niveis máis recentes (N-1 a 3), e, tal vez in situ (?), nos máis profundos (N-4 e 5). En conxunto, a súa representación pode considerarse escasa e relativamente selecta, como corresponde á parte residencial dunha vila. Por outra banda, evidencia contactos comerciais, principalmente marítimos. Outros materiais achados nas inmediacións -algúns aquí aludidos- así como algunhas referencias

bibliográficas, confirman a existencia de restos romanos na praia e vila de Bares, entre eles, estructuras vinculadas coas actividades de salga. Tal vez deban relacionarse coa parte rústica e productiva da mesma vila escavada. Aínda que tal suposición non poda polo momento ser confirmada, parece conveniente apuntala aquí, dada a súa transcendencia para o coñecemento dos patróns de asentamento na rexión e para que sexa considerada como hipótese en futuros traballos. O hábitat medieval e moderno suscita tamén interesantes cuestións relacionadas co panorama que ofrecen os materiais. As estructuras rexistradas corresponden a un edificio -ou edificios, se se prefire- de uso relixioso, construído en diferentes fases, e unha necrópole asociada, con inhumacións durante un longo período. Pois ben, exceptuando algunha pezas, ás que se lle poden atribuír funcións litúrxicas ou funerarias (rosarios de acibeche, aplique metálico cruciforme, tal vez algún pequeno recipiente), a inmensa maioría do material corresponde a recipientes cerámicos que formaron parte dun equipamento doméstico, e en concreto útiles de cociña. Que non se trata dun material desprazado, confírmao o carácter da propia estratigrafía (procedencia predominante de niveis de ocupación e non de recheos ou vertedoiros) e a súa distribución, con abundantes casos de fractura in situ. Por tanto, ternos que pensar nun uso habitacional do lugar, fose de tipo igualmente relixioso -monacal- ou non -pequena aldea no contorno da igrexa. Tamén neste caso quedan documentados os contactos comerciais por vía marítima, aínda que non sexa máis que de forma testemuñal, con algúns exemplos illados (cerámica vidrada inglesa, botixas de Indias, pipa "holandesa"). Esta escaseza, por outra banda, e comprensíbel, dada a modestia e rusticidade do conxunto que os contextualiza.

VI.2- ESTUDIO DOS NUMISMAS MEDIEVAIS E MODERNOS As moedas atopadas na excavación arqueolóxica do xacemento Eirexa Ve/la de Bares, levada a cabo polo arqueólogo Emilio Ramil González, son un total de 97, das que 7 son pezas portuguesas e 90 castelás.


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Anverso de diñeiro de vellón cuñada no reinado de Alfonso IX

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Reverso de diñeiro de vellón cuñada no reinado de Alfonso IX

I

Monedas modernas

Recuperadas na súa maioría no nivel de revolto, apareceron mixturadas con ÓSOS, tellas e outros materiais procedentes da reutilización do espacio e relacionadas cos soterramentos do s. XIV ó XVII. Esta necrópolis corresponde á igrexa parroquial construída entre os séculos XV-XVI e abandonada no ano 1617, segundo os datos que se poideron reunir. Sen embargo, a aparición dun gran número de pezas reselladas no s. XVII fálannos dunha pervivencia da igrexa parroquial ata fíns deste século, có reinado de Carlos II, na que se abandoará definitivamente o recinto. O que non aparecera no lugar nengunha moeda que vaia mais alá deste reinado, corrabora o anteriormente dito. Pódense diferenciar dous períodos, o medieval e o moderno, entre os achádegos castelás.

Do momento medieval aparecen 5 numismas de vellón cun alto contido en prata, en bastante bó estado de conservación debido ó lugar areoso onde foron achados. Son moedas residuais, chiola dun asentamento anterior, posible igrexa medival, pertencentes 3 ó reinado de Alfonso IX (11881230) 1 a Alfonso X ( 1252-1284) e 1 ó reinado de Fernando IV ( 1295-1312). Representan un 5, 028 % con respecto ó total. Do período moderno atopáronse un total de 85 pezas pertencentes ÓS distintos reinados que detallamos a continuación: ENRIQUE IV ( 1454-1474) - 1 REIS CATÓLICOS ( 1474-1504) - 6 FERNANDO O CATÓLICO ( 1474- 1504) - 1 FELIPE II ( 1556-1598) - 4 FELIPE III ( 1598-1621) - 30 FELIPE IV ( 1621-1665) - 34 CARLOS II ( 1665-1700) - 6 ILEXIBLES - 3 As pezas portuguesas son 7, de dous tipos diferentes (1 Real de 10 soldos e 6 Ceitís), petencentes todos eles ó s. XV-XVI. Representan o 7, 29 % do total e aínda que non é moi significativo, reafírmanos o que moitas veces aparece en documentos, e é que a moeda portuguesa corre en Castela i en Galicia como a castelá e incluso moitas veces, en maior porcentaxe que ésta, como se acredita no Mosteiro de Caaveiro, na Ponte do Burgo (Pontevedra) e na excavación de urxencia do Parque da Palma (Baiona). En todas elas, o número de moedas portuguesas é superior ou igual ó número de pezas castelás, acreditando a sua circulación coetánea durante os séculos XVI-XVII.


218

EMILIO RAMIL GONzALEZ

ETAPAS MONEDAS CASTELLANAS

Portuguesas (7,3%)

30

20

castellanas (92,7%)

Hallazgos totales 10

L--+--------_--I •

Medievales

Modernas

As moedas dos Austrias representan un 70, 83 % do total. Reselladas con Felipe IV hai un total de 43 pezas polo que aínda algunhas foron cuñadas durante reinados anteriores, manténse a súa función económica ata 1682, data na que Carlos II prohibe a circulación de toda moeda anterior. Podería significar ésto, e estou convencida disto, que a igrexa cumpre a súa función como tal, e con gran auxe, ata fíns do século XVII. En canto ós lugares de cuñación, podemos dicir que as cecas máis representativas con respecto á moeda castelá son: O Inxenio de Segovia con 23 exemplares, Coruña con 11, Burgos con 7 ou Valladolid. En menor medida aparecen represantadas Madrid, con 4 pezas, Granada con 2 ou a Casa Vella de Segovia con 4. Chama a atención unha moeda cuñada en Navarra pertencente a Felipe II. A maioría das pezas están reselladas e gracias ó lugar o seu achado, os resellos non están moi deteriorados dándono-Ia oportunidade de coñecer o movimento que tiveron as pezas para a súa devaluación. A maioría das moedas foron reselladas na ceca de Madrid ( 15 delas), 4 en Toledo, 5 en Sevilla, 2 en Valladolid, e 2 en Burgos.

VI.3- ANÁLISE DOS RESTOS ÓSEOS ANÁLISE DA FAUNA MARIÑA

A ALIMENTACIÓN DE ORIXE ANIMAL: MACROMAMÍFEROS E PEIXES MATERIAL E METODOLOXÍA A mostra ósea analizada procede exclusivamente do nivel de adscrición cronolóxico-cultural tardo-romano, está relacionada coas estructuras da vila costeira situada neste enclave do litoral. O estado de conservación dos restos pode ser cualificado de bo, posibelmente como resultado de se encontraren conti dos nun medio basicamente areoso e asociados a outros materiais calcarios (conchas mariñas), o que impediu a súa alteración e destrucción polos procesos tafonómicos postdeposicionais propios de medios ácidos. Aínda así, é preciso sinalar tanto a perda nalgún dos restos de esquírolas da superficie cortical ósea externa, como a presencia de marcas de pequenas raíces que favoreceron o proceso antes mencionado. En ningún caso estas dúas leves alteracións postdeposicionais afectaron á potencial identificabilidade dos restos, aínda que puideron eliminar determinadas pegadas resultantes dos procesos de corte e despezamento das reses e fileteado da carne.


Villa Romana de Bares. Escavación arqueolóxica no xacemento Eirexa-Vella de Bares -Concello de Mañón- (A Coruña). Campaña 1997

Para a identificación dos restos utilizamos principalmente a nosa propia colección comparativa de referencia. A determinación da idade estableceuse en función dos estados de fusión epifisaria e da aparición e desgaste da dentición establecidos por Silver (1980), así como dos patróns de desgaste dental sinalados por Grant (1982). En ningún caso foi posíbel efectuar a determinación específica entre ovella e cabra, ao atoparmos exclusivamente elementos dentais definitivos, polo que tódolos restos foron incluídos na categoría xenérica de ovicaprinos (Ovis/Capra). As marcas de carnicería foron clasificadas conforme aos traballos de Binford (1981) e Pérez Ripoll (1992). Respecto da obtención de valores biométricos, seguiuse a proposta do Instituto de Paleontoloxía da U niversidade de Munich, recollida na obra de Driesch (1976).

AMOSTRA O conxunto analizado componse dun total de 19 restos de mamíferos e 5 de peixes. Dos primeiros, púidose determinar a especie en 14 evidencias óseas (o 73.7%); dos peixes, tres (determinacións realizadas por C.Ferré e J.M. Rey, do Departamento de Bioloxía Animal da Universidade de Santiago). Non ternos constancia de que o sedimento teña sido cribado durante o proceso da escavación ou con posterioridade á mesma, o que pode explicar a inexistencia de esquírolas de diáfises na mostra. Sen embargo, a recuperación de vértebras de peixe parece indicar que a perda de elementos óseos non debeu de ser moi significativa. O volume identificado resulta aínda maior se nos cinximos ao peso dos restos (o 93.4% do total), o que indica o pequeno volume dos restos non identificabeis, que corresponden a fragmentos vertebrais e de diáfises non asignabeis ao nivel de especie. A análise da mostra proporcionou a identificación de só tres especies (Táboa 1), representativas todas de animais domésticos, non se constatando nin aves nin actividade cinexética, feito que, en principio, debemos poñer en relación co pequeno volume da mostra estudiada. Desde un punto de vista tafonómico, os restos pódense incluír no grupo 1 de Gautier (1987), correspondéndose con refugos, producto da alimentación dos ocupantes da vila. Aspecto que se ve

219

respaldado pola identificación de marcas de carnicería nun dos restos identificados. NR

%NR

NMI

W

%W

Mamíferos 11

78.6

2

779.0

98.0

Ovis ArieslCapra birms

2

14.3

1

7.8

1.0

Sus doméstims

1

7.1

1

7.7

1.0

Bos taurtts

Total Non identificados Ictiofauna Mttgilidae, sp.

14 5

2 794.5 56.0

3

1

Tabla l. Relación de especies identificadas, con indicación do número de restos (NR), número mínimo de individuos (NMI) e o peso dos mesmos (W), así como os seus correspondentes proporcións

*B05 taurU5 L. (Touro) O gando vacún é, sen dúbida, a primeira especie en importancia das representadas, o que non parece poder explicarse en función do reducido volume da mostra recuperada. É probábel que un número maior de restos implicase unha reducción da porcentaxe desta especie frente das restantes identificadas, mais, sen dúbida, seguiría a se reflectir o seu predominio. En función da biomasa dos restos, os bovinos domésticos aportarían o maior volume de carne á dieta, aínda que a elevada porcentaxe obtida é explicábel novamente en función do reducido número de restos. As partes do esqueleto recuperadas son as recollidas na seguinte táboa, onde se indica o número de restos (NR) identificados para cada unha das mesmas e o número mínimo de individuos (NMI) que supoñen . NR

NMI

Dentes illados: maxilar

1

1

Mandíbula

1

1

Vértebra cervical

2

2

Vértebra torácica

1

1

Vértebra lumbar

1

1

Costela

1

1

Radio (proximal)

1

1

Fémur (distal)

1

1

Tibia (disral)

1

1

Centrotarsal

1

1

A determinación de dous exemplares de Bos, en base ás dúas vértebras cervicais existentes na mostra, estableceuse en función de que as epífises distais presentan un estadio de fusión diferente, estando unha xa unida ao corpo vertebral mentres a segunda non se conserva por non


220

EMILIO RAMIL GONZÁLEZ

Fragmento distal de fémur de "Bos Taurus"

estar aínda fusionada no momento do sacrificio do exemplar. Malia os poucos datos con que contamos para establecer a idade dos dous exemplares representados, os estados de fusión dos diferentes elementos do esqueleto identificados parecen sinalar que ambos exemplares acadaran a idade adulta, situán-

Molar (M3) superior (BAR 97/H-2

Vértebra cervical (BAR 97/H-8) 26.8

Lonxitude máxima

dose un á volta dos catro anos e superándoos claramente o outro. É habitual, no rexistro galaicoromano do Noroeste, documentar que o gando vacún é sacrificado en idades incluídas, como mínimo, nas da cohorte dos adultos, atopándose numerosos exemplares xa senís (Dopazo et al.,1996; Fernández Rodríguez, 1997; Fernández et al., 1998). Rexistráronse marcas de carnicería na cara anterior da diáfise distal do fémur, sobre a epífise. Trátase de pequenas incisións oblicuas, de perfil en V, que parecen asociadas a procesos de descarnado ou fileteado. Nesta mesma peza aprécianse pequenas puncións, producto do impacto dos dentes dun carnívoro de tamaño pequeno (un cánido), así como eliminación de parte dos cóndilos distais mediante un proceso de roído, sen dúbida realizado polo mesmo carnívoro. U nicamente en tres restos foi posíbel obter datos biométricos, cuns resultados que se recolIen nas seguintes táboas (en milímetros).

Lonxitude fisiolóxica carpo

84.1

Tibia (BAR 97/H-G)

Radio (BAR 97/H-7) Anchura proximal Anchura articular proximal Anchura mínima diáfise

77.5 69.9 40.5

Anchura mínima diáfise Anchura distal Espesor distal

40.6 67.6 50.6

*Ovis Aries L / Capra hircus L. (OvelIa/Cabra) O gando ovicaprino aparece representado por só dúas evidencias dentais. Como xa indicamos, en ningún caso se contou cos centros de diagnóstico que posibilitan a diferenciación entre ambas especies (Ovis e Capra) a partir do material dental, para o que se precisan determinados dentes deciduos. NR Dentes illados: maxilar Dentes ilIados: mandíbula

NMI 1 1

1 1

Ambos dentes, que poderían pertencer a un mesmo exemplar, indícannos que nos encontramos

Molares do Ovis/Capra (arriba). Sus (izquierda). Bos (abajo)


Villa Romana de Bares. Escavación arqueolóxica no xacemento Eirexa-Vella de Bares -Concello de Mañón- (A Coruña). Campaña 1997

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diante de, polo menos, un individuo sacrificado nunha idade adulta, superando os tres anos. A única peza que aportou algún dato biométrico correspóndese co molariforme (M3 ) superior.

Molar (M3) superior (BAR 97/H-2) Lonxitude máxima

19.7

*Sus domesticus L. (Porco) O gando porcino constitúe o último grupo en importancia, da mostra do xacemento de Eirexa Vella, en Bares, mais a súa representatividade frente a ovicápridos está, sen dúbida, moi mediatizada polo volume da mostra, e, polo momento, resulta imposíbel avaliar a contribución real destas especies á base sustentadora dos poboadores do asentamento. Os valores destas especies, sen dúbida algunha, sufrirían variacións apreciabeis de dispoñermos dunha mostra mais ampla A única parte do esqueleto identificada é a recollida na seguinte táboa. Loxicamente só se constata a presencia dun único individuo.

Dentes illados: maxilar

NR

NMI

1

1

Este único exemplar inc1uiríase no grupo de adultos (mais de 22 meses de idade), polo feito de tratarse dun terceiro molar superior xa completamente erupcionado, aínda que cun desgaste da superficie oc1usora moi leve. Os datos biométricos obtidos para este resto entran na variabilidade presentada pola especie doméstica, sen que pareza lóxico considerar a posibilidade da súa pertenza ao agriotipo correspondente, o xabaril. (Sus seroja).

Molar (M3) superior (BAR 97/H -14) Lonxitude máxima

30.5

Anchura máxima

17.1

*Mugilidae, sp. (Muxe) Os restos de peixes redúcense a tres vértebras e outros dous fragmentos indeterminabeis. O mate-

Ictiofauna: vértebras de Mugilidae, sp.

rial, como xa se indicou, foi estudiado por M.C. Ferré e J.M., do Departamento de Bioloxía Animal da Universidade de Santiago, que os inc1uíu na familia dos Mugilidae, sen posibilidade de precisar a especie concreta. NR

NMI

Vértebra: precaudal

1

1

Vértebra: caudal

1

1

CONSIDERACIÓNS XERAIS Conforme co apuntado ata agora, pódese sinalar que a mostra ósea analizada adaptase perfectamente ao indicado para outros xacementos de cronoloxía semellante, caracterizados por ser xacementos de "nova creación", xurdidos ao tempo que se desenvolve o proceso romanizador (como poden ser as grandes urbes, as feitorías litorais, os campamentos militares ou, como o caso que nos ocupa, as vilas). Do punto de vista dos recursos de tipo animal, e fronte dos asentamentos indíxenas ou rurais tradicionais (os castros), unha das características básicas destes asentamentos, desde unha perspectiva xenérica, é a preferencia polo gando vacún (Dopazo et al., 1996; Fernández et al., 1998). Na mostra de Eirexa Vella destaca o predominio de bovinos fronte das restantes especies, aínda que o pequeno volume de material que conforma a


222

EMILIO RAMIL GONZÁLEZ

mostra analizada non permite extraer conclusións definitivas respecto do papel que os recursos gandeiros xogaban nos sistemas económicos do asentamento, senón só apuntar unha tendencia xeral que, en función do seu paralelismo co que acontece noutros xacementos de igual cronoloxía e estatus social dos seus ocupantes, parece facilitarnos, polo menos parcialmente (predominio do gando vacún), algunha chave real das pautas de aproveitamento dos recursos de orixe animal Gracias ás evidencias, resultado das súa actividade alimenticia, púidose constatar a presencia de canso A ausencia de restos seus no rexistro óseo é un feito que non debe sorprendernos, xa que non se trata dunha especie que formara parte dos compoñentes alimenticios das poboacións indíxenas ou romanas do Noroeste peninsular (Fernández, 1996), polo que os seus restos non soen acompañar os depositados como resultado da actividade alimentar destes grupos sociais. A presencia de marcas de descarnado no óso (un fémur de bovino), mordiscado e roído por cánidos, indica claramente que se produciu unha carnizaría secundaria, por carnívoros, tras un primeiro aproveitamento cárnico por parte humana. A presencia de restos de peixes sinala un aproveitamento do medio mariño, feito que ven corroborado así mesmo pola presencia dun importante conxunto de malacofauna. Se é certa a relación destes restos ietiolóxicos coa vila tardorromana, defrontámonos coa evidencia mais antiga da pesca de exemplares de muxílidos das que, polo momento, contamos para o Noroeste peninsular; actividade da que non existían referencias ata a Baixa Idade Media, identificándose algún resto entre os recuperados na Torre de Hércules (Ferré & Rey, 1997).

Vll- CONCLUSIÓNS. PROPOSTA DE INTERVENCIÓN

o xacemento arqueolóxico Eirexa-Vella ocupa unha superficie de 1.200 metros cadrados. A ocupación desta complexa área arqueolóxica abrangue un amplo período, desde o século IV d. C. ata o século XVIII, no que se superpoñen distintos momentos culturais: unha villa tardo-romana, unha necrópole poliestratigráfica de inhumación, e a igrexa parroquial de Bares.

U nha potencia estratigráfica maXlma de 1,88 metros amosa os tres niveis arqueolóxicos básicos de ocupación, subdivididos en diferentes capas funcionais: tardo-romana, medieval e moderna. A superposición de inhumacións iníciase co abandono da villa e remata no século XVIII co traslado da igrexa parroquial. Baixo o manto vexetal hai un nivel de sedimentación de area de praia. Despois de retirar unha capa de revolto, composto de tella curva, restos óseos e algún fragmento de cerámica, a 65 cms., situamos un primeiro nivel de enterramentos in sittt con orientación leste-oeste, sobre foxa de area. Estas inhumacións realízanse nunha época entre baixomedieval e moderna, séculos XIV-XVIII, en pleno funcionamento da igrexa parroquial reconstruída, e abandonada, segundo a documentación escrita, no ano 1.617, mais con pervivencia como necrópole ata o século XVIII, segundo o material arqueolóxico, concretamente a cerámica e as numismas, recuperado na escavación. Separado por un pequeno sedimento, mestura de area, restos óseos e tella, aparece un novo nivel de enterramentos. A estructura arquitectónica dos mesmos, tipo arco de paréntese, sitúanos nun momento altomedieval en que estaba funcionando a primitiva igrexa, da que exhumamos parte da cimentación e do laxeado. O aparello e o tamaño da materia prima utilizada para a cimentación difire da posterior reedificación, que ten os muros mellor acabados, cos paramentos externos rebocados con estuco pintado. A cimentación dos muros da igrexa alteran un nivel anterior de inhumacións, con estructura arquitectónica tamén, mais sensibelmente diferentes; utilizan laxas pétreas e reutilizan material de construcción pertencente á villa, como sexqttipedalis e perpiaños graníticos, flanqueando con calzos pétreos a cabeza dos defuntos. Probabelmente a cronoloxía destas primeiras inhumacións non é moi posterior ao abandono da villa, a partir do século VII. Momento no que se construiría unha primeira capela da que non ternos restos arquitectónicos na superficie escavada. A cerámica recollida nos niveis de ocupación medieval e moderno é basicamente cerámica común, agás algunhas pezas máis elaboradas, louzas e vidrados. Son escasas as pezas ás que se pode atribuír función litúrxica ou funeraria. A


Villa Romana de Bares. Escavación arqueolóxica no xacemento Eirexa-Vella de Bares -Concello de Mañón- (A Coruña). Campaña 1997

maior parte son reCIpIentes cerámicos, que formaron parte da aparellaxe doméstica de cociña, recuperados en niveis orixinais de ocupación, que están indicando un uso habitacional do lugar, ademais do estrictamente relixioso. O estudio do material realízase en capítulo aparte, mais citaremos aquí como apoio á cronoloxía mencionada, as numismas medievais e modernas. Atopáronse 97 moedas, 7 pezas portuguesas e 90 casteláns, relacionadas coa necrópole, mesturadas cos restos óseos. Diferéncianse nos achádegos os períodos medieval e moderno. Da época medieval hai 5 numismas de vellón cun alto contido en prata, dos reinados de Alfonso IX, Alfonso X e Fernando IV. Do período moderno hai 85 pezas pertencentes aos reinados de Enrique IV, Reis Católicos, Fernando O Católico, Felipe II, Felipe III, Felipe IV e Carlos II. As 7 pezas portuguesas, 1 Real de 10 soldos e 6 Ceutís, son dos séculos XV-XVI, Os lugares de cuñación son Segovia, A Coruña, Burgos e Valladolid. O último nivel arqueolóxico corresponde aos muros da villa tardo-romana con mosaico, que aparecen, tanto nos sectores afectados pola sucesiva reutilización da superficie, como no sector B, que non se viu alterado pola necrópole de inhumación. Este nivel romano sen alterar aporta cerámica escasa, mais selecta, xa que na súa maioría procede da parte residencial da villa, sector do mosaico. Destacaremos a cerámica fina Sigillata hispanica tardía, con media ducia de fragmentos, e unha pequena asa horizontal decorada con rosetas estampadas de pasta gris, gris estampillada ou paleocristiana gris. A cronoloxía do material é do século V d. C. Entre a cerámica común romana destacaremos os productos de engobo roxo, os pratos de beira engrosada, tipo pompeiano, e os fragmentos finos de vasos de paredes sinuosas ou xerriñas. Entre as cerámicas grises destacaremos productos finos de mesa ou tocador, de aspecto e morfoloxía influenciada polas paleocristianas grises. Hai formas máis groseiras, envases de almacenamento, entre as que predominan as olas globulares, cunha cronoloxía entre os séculos V-VI d. C. Os escasos fragmentos de ánforas corresponden a pezas coa superficie estriada ou acanalada típica do Mediterráneo Oriental, séculos V-VI d.C. Neste nivel romano recuperamos restos óseos de macromamíferos, Bos taurus, Ovis aries} Capra hircus,

223

tres vértebras de Mugilidae} sp., ademáis dun importante conxunto de fauna mariña no que destacan as especies Patella vulgata, Ostrea edulis, e Patella intermedia, realizándose un completo estudio nos capítulos correspondentes. En conclusión: N a superficie do complexo xacemento arqueolóXICO escavamos: a) U nha villa a mare tardo-romana construída no século IV, que pervive ata o século VI d. C., definida pola exhumación das cimentacións de catro muros correspondentes a diferentes habitacións nos sectores A, B, E, e un mosaico xeométrico bicromo: chan musivario situado no sector E. Todo o conxunto contextualizado con material ergolóxico romano. b) A igrexa parroquia de Bares (posibelmente iniciada cuaha pequena capela consrruída sobre os muros da villa), da que exhumamos a cimentación dos muros altomedievais e a posterior reedificación medieval-moderna, con pervivencia ata finais do século XVII, momento no que se traslada a Bares. c) Unha necrópole poliestratigráfica de inhumación, que se inicia no século VII coas tumbas xermánicas arquitectónicas, feitas reaproveitando material de construcción da villa, continúa cos enterramentos altomedievais, representados polas tumbas arquitectónicas en arcos de paréntese , e remata, coas inhumacións sobre foxa simple no chan areoso, a primeiros do século XVIII. En definitiva unha cronoloxía funcional de 1.200 anos.

PROPOSTA DE INTERVENCIÓN Expoñemos a necesidade de finalizar a delimitación das plantas das estructuras exhumadas, sobre todo o mosaico, rematando a escavación da zona situada no extremo sur do sector E, onde iniciamos a exhumación dunhas escaleiras con opus signinum e varios fragmentos de mosaico, in situ} monocromo de teselas brancas, que están indicando o paso a un nivel inferior, unha piscina ou outro tipo de estructura, ou incluso á praia. Nesta zona traballouse o último día da intervención e foi preciso que a selasemos, utilizando xeotextil e area de praia, para a súa adecuada conservación ata que se puidera realizar unha nova escavación. Descoñecemos a parte funcional da villa. É


224

EMILIO RAMIL GONZÁLEZ

posíbel que houbese unha relación económica directa coa fei toría de salgas si tuada en Bares (descuberta por Federico Maciñeira a primeiros de século) e incluso, dada a potencialidade económica que presenta, coa construcción do Coído. É dicir, expoñemos a hipótese de que Eirexa-Vella se dedicara integramente a zona residencial, sendo a parte funcional, productiva, a feitoría de salgaduras, e polo tanto, a súa base económica a salga para a exportación. Contaban ademais cun peirao, o Coído, que garantía a realización deste tipo de actividade comercial. O material arqueolóxico recuperado na escavación confirma a existencia de relacións comerciais co mundo Mediterráneo.

Consideramos unha oportunidade, cara a investigación deste tipo de patrón de asentamento das vilas tardorromanas con mosaico do noroeste, chegar a definir: 1- A estructura residencial da villa cinxindo a escavación ao sector E, zona onde selamos a escaleira de opus signinum con fragmentos de mosaico, e a conexión deste sector co nivel romano do sector A. 2- O remate da alfombra de composición ortogonal, comprobando a continuidade do inicio do novo rexistro de mosaico, en dirección oeste do sector E, valorando si se conserva nesta zona restos do emblemata.


BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 225-243

APORTACIONES A LA ARQUEOLOGÍA URBANA DE A CORUÑA: LA CASA MARTELO A TRAVÉS DE SUS MATERIALES

INMACULADA CASTRO PAREDES,

Ma JOSÉ

INSUA LIÑARES,

Ma

CATALINA LÓPEZ PÉREZ

Departamento Historia l. Facultade de Xeografía e Historia. Universidade de Santiago

Resumen: En este trabajo presentamos los resultados obtenidos en el estudio de un conjunto de materiales procedentes de las intervenciones llevadas a cabo en la conocida como Casa Martelo (A Coruña). A través del análisis de la sigillata y el material metálico, pretendemos proporcionar unas consideraciones que contribuyan al conocimiento de la antigua Brigantium.

Abstract: lnlormation on the Urban Archaeology 01 A Coruña: The Casa Martelo examined through its materials. This paper presents the results of a study of the material fram the work done on the house known as the Casa Martelo (A Coruña). Thraugh an analysis of the sigillata and the metallic material, we hope to provide information that will shed sorne light on the ancient Brigantium.

Palabras Clave: Casa Martelo. Arqueología urbana. Material Arqueológico.

Key-words: House Martelo. Urban archaeology. Archaeological material.

INTRODUCCIÓN Desde que en 1949 José María Luengo llevó a cabo en la Rúa Real la primera excavación de carácter sistemático en la ciudad de A Coruña, han sido numerosas las intervenciones que a lo largo de estos años y dentro del marco de la arqueología urbana, han permitido ampliar el conocimiento del origen y desarrollo de la antigua Brigantium. El objeto de este trabajo se inscribe en la línea marcada por estas actuaciones centrándose en el estudio de un conjunto de materiales aparecidos en el transcurso de dos de estas intervenciones de urgencia; nos referimos concretamente a las llevadas a cabo en el solar de la Rúa de A Franxa conocido como la Casa Martelo. Las obras de remodelación de este edificio hicieron necesaria la realización de un seguimiento arqueológico que fue dirigido por Bello Diéguez, y cuyos resultados se concretaron en la determinación de dos zonas diferenciadas dentro del mismo yacimiento. En el área correspondiente a la Rúa de A Florida se documentó una tumba de tégulas cuya

estructura se hallaba excavada en un pavimento de cronología anterior, mientras que la parte del solar correspondiente a la Rúa de A Franxa proporcionó un lienzo de muro oculto bajo un importante volumen de material romano, medieval y moderno que evidenciaba la presencia de un basurero. Estos primeros trabajos aconsejaron la realización en dicha área, de una excavación de urgencia que fue llevada a cabo por Lestón García y confirmó los resultados de la intervención anterior. A partir de estos Bello Diéguez (1992; 1994) determinó tres momentos de ocupación en el yacimiento, un primer nivel altoimperial identificado con el lienzo de muro encontrado, un segundo momento presente en el vertedero y fijado entre los ss. II y IV d. C. y un tercero correspondiente a la tumba que marca el fin del establecimiento. El producto de estas intervenciones se formaliza en un amplio abanico de materiales no sólo romanos sino también modernos de los que hemos seleccionado para su estudio la Terra Sigillata y el material metálico.


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INMACULADA CASTRO PAREDES /

Ma JOSÉ

ANÁLISIS DEL CONJUNTO MATERIAL El objeto del presente estudio pretende proporcionar unos resultados que nos aproximen a un mejor conocimiento del citado yacimiento a traves del análisis de los materiales mencionados. Los materiales recogidos representan un volúmen importante en cuanto a su número, y diverso en relación a su soporte y adscripción cultural. Entre los de factura romana encontramos además de los ya señalados, diferentes tipos de cerámicas comunes, vidrios, abundantes tégulas, estucos, huesos y conchas que han sido en buena medida interpretados por sus excavadores, como elementos de deshecho propios de un vertedero. Dentro del material estudiado, el análisis del mismo ha evidenciado la existencia de un estado de conservación diferente según el carácter de los distintos grupos de piezas. Podemos considerar a las sigillatas como uno de los conjuntos mejor preservados ya que conservan la dureza y compacidad original de las pastas y la adherencia de los engobes, en tanto que los metales se han visto mucho más afectados por las condiciones del medio al presentar concreciones que deforman la fisonomía de las piezas. A todos ellos sin embargo, es común el carácter fragmentario que posiblemente haya que poner en relación con alteraciones posteriores sufridas por el establecimiento. Es este un hecho puesto en evidencia a partir del hallazgo de materiales romanos asociados a otros modernos y que parecen señalar la presencia de zonas revueltas al menos en momentos recientes. A continuación pasamos a exponer los resultados obtenidos en el estudio de cada uno de los grupos materiales seleccionados para su análisis.

Sigillatas Dentro del conjunto material del yacimiento, podemos considerar a la vajilla fina de mesa como uno de los grupos destacables en lo relativo al aspecto cuantitativo. Así lo ponen de manifiesto los 348 recipientes documentados cuyo volumen no supuso sin embargo, una correspondencia proporcional en el cuadro tipológico donde tan solo el 27% de los mismos han podido ser determinados. Este bajo porcentaje es la consecuencia directa de la ya mencionada fragmentación de la colección en

INSUA LIÑARES /

Ma CATALINA

LÓPEZ PÉREZ

la que se observa sin embargo, una asociación de distintos grupos de sigillatas que señalan un origen diverso y fijan un marco cronológico concreto. Entre estos grupos encontramos junto a las frecuentes importaciones peninsulares de TS.H. y TS.H.T, otras cuya identificación se presenta en buena parte problemática dado el reducido tamaño de los fragmentos, pero cuya procedencia hay que situar en la zona Norteafricana. Yerra Sigillata Hispánica Los porcentajes con los que se documentan los productos hispánicos altoimperiales (66,6%) los señalan como los mejor representados del conjunto. Sus características formales y los resultados obtenidos en el análisis macroscópico de las pastas, no se separan sustancialmente del panorama dibujado por otras colecciones contemporáneas procedentes igualmente de este área gallega. Observando la relación de tipos documentados podría considerarse que encontramos cierta diversidad formal entre estas piezas. Esta apreciación inicial desaparece sin embargo, al constatar que la mayor parte de los fragmentos identificados se corresponden con dos de los formatos más comunes en sigillata hispánica: la Forma 8 y la Forma 15/17. De la primera contamos con 14 recipientes identificados entre los que encontramos la variabilidad de perfiles propia de este cuenco. Esta se halla presente tanto en cuestión de tamaños (con diámetros que oscilan entre los 12 y 23 cm.) como en lo referente a las distintas soluciones con las que se resuelven los elementos constitutivos del borde; entre nuestros fragmentos encontramos bordes ligeramente vueltos al interior (N°1 y 3), bordes sencillos y perfiles rectos (N°4 y 5) o los ligeramente engrosados (N°6). Más numeroso resulta el segundo de los tipos mencionados. El volumen de platos de Forma 15/17 asciende a un total de 38 ejemplares, una cantidad considerable con respecto al volumen presentado por los restantes formatos y que a la vez, permite examinar la evolución formal característica de este recipiente. No documentamos entre nuestras piezas aquellos perfiles que son representativos de las fases más tempranas del período productivo del tipo, sino que por el contrario


Aportaciones a la arqueología urbana de A Coruña: la Casa Martelo a través de sus materiales

tienden a encuadrarse en aquellas fechas en que los alfares de Tricio se encuentran en pleno desarrollo. Aún así y partiendo del análisis formal, pueden señalarse una serie de ejemplares cuya llegada ha de fijarse en los momentos iniciales del yacimiento; significativos de estas primeras épocas son los fragmentos N°7 ó 8 en tanto que piezas como las N°9, N°10 y N°11 apuntan ya hacia una importación posterior. Es entre estos últimos donde encontramos uno de los recipientes de mejor factura. Nos referimos concretamente al plato N°10 cuya singularidad viene dada tanto por la calidad presentada por la pasta y el engobe, como por la serie de finas acanaladuras de la superficie externa, una licencia decorativa que aunque documentada, no resulta habitual en la forma. Los porcentajes registrados en los tipos restantes presentan valores que se encuentran muy por debajo de los documentados en los formatos anteriores. El cuadro tipológico de la Casa Martelo se completa con recipientes como la Forma 27 (con 7 piezas identificadas) y la Forma 37 (con un total de 8 fragmentos) presente tanto en el cuenco de borde sencillo como en el de borde almendrado, a los que se añaden la Forma 4 o la Forma 7 apenas si representados por uno y dos ejemplares respectivamente. La segunda de las mencionadas es la única que representa en este yacimiento a los recipientes decorados que en este conjunto se presentan con carácter uniforme. Todos los fragmentos encontrados se corresponden con el estilo de círculos y al igual que sucedía en el caso de la Forma 15/1 7, parecen ser representativos de los primeros momentos del establecimiento. Así mismo hay que destacar un aspecto que no encontramos manifestado de modo frecuente y que se concreta en el limitado volumen de formas decoradas que aquí se registra. Comparativamente estos recipientes suponen el 2,5% del conjunto, una proporción que en relación a la tónica dominante, se presenta singularmente reducida. Si retomamos lo expuesto hasta el momento y partimos de los porcentajes de aparición de los tipos, observamos cierta descompensación en su representación proporcional. Por un lado encontramos una singular preponderancia de las dos formas que más habitualmente se localizan entre los

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yacimientos de esta época y por otro, una asociación tipológica que parece no mantener en el uso, la agrupación de formas que dan lugar a los servicios altoimperiales. Así mismo y a la hora de fijar la cronología inicial del yacimiento hemos tomado como punto de partida las fechas dadas por las formas identificadas, aunque en este sentido va a resultar igualmente esclarecedor al respecto, la ausencia de ciertos tipos. Según este criterio, la falta de recipientes característicos del s. 1 d. C. lleva a fijar en el s. II el momento de arranque del establecimiento, fecha que vendría igualmente confirmada por el repertorio formal y decorativo, cuyas composiciones de círculos son características de este siglo. A continuación incluimos el catálogo de la relación de piezas que han sido objeto de comentario o que han sido incluidas en las láminas. Hemos optado por realizar una selección dado que la descripción de la totalidad del conjunto, aumentaría de modo considerable las páginas de este artículo. N°1 (CM.88.1431): Dim.: 3,6 x 3,6 x 0,5 cm.; Diám. aprox. del borde: 22 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 8. N°2 (CM.88.1393): Dim.: 2,8 x 4,4 x 0,5 cm.; Diám. del borde: 14 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 8. Fig.: 3. N°3 (CM.88.921/CM.88.1343/CM.88.1418): Dim.: 4,6 x 14,5 x 0,5 cm.; Diám. del borde: 14,5 cm. 4 Fragmentos de borde y cuerpo de cuenco de TS.H. de Forma 8. Presenta dos finas acanaladuras en la superficie interna del cuerpo. Fig.: 3. N°4 (CM.88.1368.): Dim.: 2,6 x 3,4 x 0,4 cm.; Diám aprox. del borde: 13 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 8. N°5 (CM.88.321): Dim.: 3,6 x 4,3 x 0,5 cm.; Diám. del borde: 17,5 cm. 3 Fragmentos de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 8. Fig.: 3. N°6 (CM.88.989/CM.88.1325): Dim.: 3,1 x 15 x 0,5 cm.; Diám aprox. del borde: 15 cm. 2 Fragmentos de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 8. Fig.: 3. N°7 (CM.320): Dim.: 2,7 x 4,1 x 0,6 cm. Fragmento de cuerpo de un plato de T.S.H. de Forma 15/17. N°8 (CM.88.656/ CM.88.957/ CM.88.139l! CM. 88. 1432): Dim.: 3,7 x 19,6 x 0,5 cm.; Diám del borde: 19,5 cm. 6 Fragmentos de borde y cuerpo de un plato de TS.H. de Forma 15/17. Fig.: 8. N°9 (CM.88.1338): Dim.: 5 x 8 x 0,6 cm.; Diám. del borde: 27,5 cm. 2 Fragmentos de borde y cuerpo de un plato de T.S.H. de Forma 15/17. Fig.: 4. N°lO (CM.88.1406/CM.88.1414/CM.88.1427): Dim.: 4,9 x 21 x 0,9 cm.; Diám. del borde: 21 cm. 3 Fragmentos de borde y cuerpo de un plato de T.S.H. de Forma 15/17. Fig.: 4.


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N°ll (CM.88.149/ CM.88.1207/ CM.88.13 57/ CM. 88. 1350/ CM.88.1388): Dim.: 4,4 x 24,7 x 1 cm. 6 Fragmentos de borde y cuerpo de un plato de TS.H. de Forma 15/17. Presenta seis finas acanaladuras en la superficie exterior del cuerpo. Fig.: 4. N°12 (CM.88.247/CM.88.1409): Dim.: 4,1 x 21 x 0,6 cm.; Diám. del borde: 21 cm. 3 Fragmentos de borde y cuerpo de un plato de TS.H. de Forma 15/17. Fig.: 5. N°13 (CM.88.1367): Dim.: 4,3 x 13 x 0,8 cm.; Diám. del borde: 21 cm. 2 Fragmentos de borde y cuerpo de un plato de TS.H. de Forma 15/17. Presenta un grafito incompleto en la superficie externa del cuerpo. Fig.: 3. N°14 (CM.88.1345): Dim.: 2,3 x 3,2 x 0,4 cm.; Diám. del borde: 12 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 27. Fig.: 5. N°15 (CM.88.1341): Dim.:1,9 x 2,7 x 0,4 cm.; Diám. del borde: 9 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de T.S.H. de Forma 27. Fig.: 5 N°16 (CM.88.5038): Dim.: 0,5 x 2,4 x 0,5 cm. Fragmento de borde de un plato de TS.H. de Forma 2. N°n (CM.88.1384): Dim.:4,4 x 4,7 x 0,6 cm.; Diám. aproximado del borde: 19 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 37. Del registro decorativo conserva parte de un círculo posiblemente dentado con roseta interior. Fig.: 6. N°18 (CM.88.1395): Dim.: 3,4 x 5,3 x 0,6 cm.; Diám. de boca: 14 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 37. Fig.: 6. N°19 (CM.88.1365): Dim.:4,9 x 6,4 x 1 cm.; Diám. aproximado del borde: 29 cm. Fragmento de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H. de Forma 37B. Conserva parte del registro decorativo superior en el que se observa un círculo segmentado con un grifo en su interior. Fig.: 6. N°20 (CM.88/S-ll4): Capa Cunchas. B-2. Z-195 cm. Dim.: 1,6 x 1,7 x 0,3 cm. Fragmento de cuerpo de un cuenco de T.S.H. de Forma 37. La zona conservada del registro decorativo presenta la parte final de dos círculos concéntricos dentados limitados por una moldura. Fig.: 7.

Terra Sigillata Hispanica Tardía La perduración cronológica del yacimiento viene señalada por la vajilla hispánica bajoimperial. Representa el 31,8% de la colección y supone en relación a la altoimperial, un porcentaje relativamente importante a pesar de presentarse con valores inferiores. Esta menor representación posiblemente no deba leerse como una pérdida de la importancia del yacimiento durante este período sino que más bien parece reflejar el descenso del volumen productivo que durante el Bajoimperio se registra en los alfares hispanos de sigillata (Paz Peralta, 1991). En lo formal encontramos una secuencia tipológica más simplificada que en el período anterior. Sólo podemos hacer mención a dos tipos identificados: la Forma 8 y la Forma 15/17 que aunque

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pueden ser valorados en el ámbito tipológico como continuación de lo anterior, se advierte sin embargo, una inversión en la relación de porcentajes presentados. De la primera han sido 14 los recipientes contabilizados entre los que, y siguiendo la clasificación de Paz Peralta (1991), encontramos ejemplares representativos del Tipo A (N°21) así como otros asimilados al Tipo e (N°22). De la segunda los platos identificados suman un total de 9 de los que destacamos la pieza N°23 que reúne los rasgos formales que son característicos del tipo en estos siglos. Estamos por tanto ante un panorama que se manifiesta continuista entre ambos períodos. Se trata de un hecho que cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta la presencia de ciertas piezas cuyas arcillas y rasgos formales resultan difíciles de adscribir a uno u otro momento dado que, los aspectos que los definen, participan de los que son característicos de ambos períodos. El ejemplar que mejor reúne estas condiciones es el N°13. N°21 (CM.88.198/ CM.88.1278/ CM.88.1403/ CM. 88.1423): Dim.: 4 x 9,2 x 0,6 cm.; Diám. del borde: 22 cm. 4 Fragmentos de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H.T de Forma 8. Fig.: 5. N°n (CM.88.1402/CM.88.1449): Dim.: 3,9 x 5 x 0,5 cm.; Diám. del borde: 15 cm. 3 Fragmentos de borde y cuerpo de un cuenco de TS.H.T de Forma 8. Fig.: 5. N°23 (CM.88.S-99/ CM.88.836/ CM.88.1364/ CM. 88. 1443.): Dim.: 9 x 2,2 x 1,3 cm. 8 Fragmentos de cuerpo de un plato de TS.H.T de Forma 15/17. Fig.: 7.

Terra Sigillata Clara C y Terra Sigillata Clara D La serie de importaciones recibidas se completa con las sigillatas claras. Los productos Norteafricanos están representados a partir de un reducido número de fragmentos cuya indeterminación tipológica viene dada por la reducida superficie conservada. A pesar de ello las características que determinan las arcillas han permitido diferenciar dos de las producciones de los alfares tunecinos: la T.s.c.e. y la T.S.e.D. Del primer grupo de producción contamos con 4 fragmentos en tanto que el segundo se encuentra presente a partir de un ejemplar cuyas características formales podrían corresponderse con las de la forma Hayes 58. De confirmarse esta clasificación nos encontraríamos con uno de los tipos que en este grupo de producción se presenta como de fabricación más temprana.


Aportaciones a la arqueología urbana de A Coruña: la Casa Martelo a través de sus materiales

Grafitos Por último y para cerrar este apartado queda por hacer mención a una serie de piezas cuyas superficies aparecen individualizadas por la presencia de grafitos. Su número suma un total de 6 y entre ellas registramos leyendas cuya comparación, no permite hablar de homogeneidad. La mayor parte se encuentran incompletas y a pesar de que todas parecen corresponderse con leyendas alfabéticas, el examen de las mismas revela una calidad diversa en la factura de los signos. ü

N 24 (CM.88/S-136A-B): Dim.: 7,8 x 7,6 x 0,9 cm. 2 Fragmentos de cuerpo de un cuenco de TS.H. de forma indeterminada. Conserva en su superficie externa parte de un grafito en el que se lee: "RQRUF", leyenda que podría corresponderse con R Q(uintus) Ruf(us). Fig.: 7. N 25 (CM.88.1398): Dim.: 3 x 11,9 x 1 cm.; Diám del pie: 6,7 cm. Fragmento de cuerpo y base de un cuenco de TS.H.T de posible Forma 8. Presenta un pie bajo, de sección rectangular y moldura hispánica. En la superficie externa de la base conserva un grafito en el que puede leerse: "P C". Fig.: 7. ü

Metal Dentro de este apartado damos a conocer una serie de piezas metálicas aparecidas en el transcurso de las actuaciones arqueológicas llevadas a cabo en el yacimiento de cuyo análisis material nos estamos ocupando en estas páginas. Se trata, en su mayoría, de objetos que tienen como soporte principal de su estructura el hierro, encontrándose los de bronce o plomo menos representados y no constatándose ningún ejemplar en metal noble como el oro y la plata. Antes de pasar a su descripción y estudio quisieramos destacar un hecho significativo y es que los elementos metálicos, sobre todo aquellos elaborados en hierro, nunca han sido objeto de análisis en la bibliografía arqueológica especializada. Esta laguna se agrava por el hecho de que se encuentran frecuentemente deformados por la corrosión o reducidos por el trato que han tenido que soportar a lo largo del tiempo lo que dificulta no sólo las comparaciones, sino también, cualquier intento de clasificación exhaustiva de estos materiales. A pesar de las circunstancias expuestas en líneas anteriores hemos considerado conveniente agrupar los objetos metálicos de la Casa Martelo atendiendo a diversos factores: en primer lugar según el metal predomi-

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nante en su estructura y en segundo por el tipo de pieza de que se trate. Excluímos la posibilidad de reunirlos según su funcionalidad dada las múltiples utilidades que alguna de las piezas que hemos analizado puedan tener.

Hierro Clavos Dentro del material metálico de la Casa Martelo merece especial atención todos aquellos objetos de pequeño tamaño que, aunque no se traten de herramientas propiamente dichas, constituyen accesorios indispensables en labores relacionadas con la carpintería, sobre todo en lo que atañe a la sujección de piezas de madera entre sí. Entre éstos ocupan un lugar destacado los clavos. Conocemos, gracias a las fuentes clásicas, que los romanos dividían los clavos en tres categorías diferentes (Alarcao et alii, 1979: 31): - Los c!avi trabales o tabulares destinados a fijar, unir planchas y tablas. - Los c!avi capitati que engloban todos aquellos clavos cuya cabeza debía permanecer visible en la superficie del objeto clavado. - Los c!avi muscarii que Vitruvio aconsejaba emplear en la construcción de tabiques de cañas y cuya forma exacta ha dado lugar a mútiples intepretaciones. La totalidad de los clavos aquí presentados muestran como soporte principal de su estructura el hierro, su longitud varía entre los 16,0 mm y 75,0 mm 1 y presentan formas diversas. Se encuadran, la mayor parte de ellos, dentro de la categoría de los c!avi capitati antes referida. Su estudio lo hemos abordado teniendo en cuenta la forma y el grosor de su cabeza distinguiendo, de este modo, dos grupos principales (Alarcao et ahi, 1979: 31): 1. Aquellos que presentan la cabeza gruesa (cónica, semiesférica, etc.). Aquellos de cabeza aplanada entre los que es posible diferenciar diversas variantes si tenemos en

Las dimensiones que aparecen en el catálogo se corresponden por un lado, a las generales de la pieza: longitud x anchura x grosor, y por otro, a las específicas de cada parte concreta del objeto. En aquellos casos en los que no conservamos la pieza completa, las medidas van incluidas en paréntesis.


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cuenta la base de la cabeza (circular, oval o cuadrada) o su dimensión (ancha o estrecha). El N°26, N°27, N°28, N°29, N°30, N°31, ilustran un tipo de clavos que exhiben la cabeza de forma cuadrangular, bien plana (N°30), bien gruesa (el resto), el vástago de sección circular (N°26, N°27, N°29, N°31) o cuadrangular (N°28, N°30), ligeramente doblado (N°26, N°27) Y acabado en punta roma (N°26, N°27 YN°31). Sus dimensiones van desde 17,0 mm (N°30) hasta 64,0 mm (N°27) de longitud y 8,0 mm (N°26) hasta 14,0 mm (N°27) de grosor. En líneas generales son clavos de vástagos cortos y gruesos, rematados en cabezas de amplias proporciones con la posible finalidad de permanecer visible en la superficie del objeto clavado, pudiendo pertenecer al grupo de los clavi capitati antes mencionado. Destacamos el N°31 puesto que presenta una serie de ranuras no muy profundas en su vástago quizás ocasionadas por el paso del tiempo. N°26 (CM.88.1M-21): Terra Castaño Areosa. C-5. Z2,18. Dim.: (55,0 mm) x 8,0 mm. Vástago de sección cicular, grueso, acabado en punta roma y ligeramente doblado (38,0 mm) x 5,0 mm. Cabeza cuadrangular, grande y gruesa (25,0 mm) x (14,0 mm). Fracturado en dos piezas. N°n (CM.88.M-34): Terra Marrón Areosa. Dim.: (64,0 mm) x 14,0 mm. Vástago de sección circular, grueso, acabado en punta roma y ligeramente doblado (36,0 mm) x 9,0 mm. Cabeza cuadrada, grande y gruesa (32,0 mm) x (15,0 mm). N°28 (CM.88.1M-46): Capa de Terra Negra. Dim.: (18,0 mm) x (7,0 mm). Vástago de sección cuadrangular, grueso, no se conserva completo y recto (10,0 mm) x (7,0 mm). Cabeza cuadrada, pequeña y gruesa (6,0 mm) x (8,0 mm). N°29 (CM.88.1M-51): Capa de Terra Negra. Dim.: (21,0 mm) x (8,0 mm). Vástago de sección circular, delgado, no se conserva completo y ligeramente doblado (9,0 mm) x (8,0 mm). Cabeza cuadrada, grande y gruesa, 30,0 mm x 15,0 mm. N°30 (CM.88.1M-52): Capa de Terra Negra. Dim.: (17,0 mm) x (6,0 mm). Vástago de sección circular, delgado, no se conserva completo y ligeramente doblado (18,0 mm) x (5,0 mm). Cabeza cuadrada, pequeña y aplanada, 14,0 mm x 17,0 mm. N°31 (CM.88.1M-68): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (51,0 mm) x 10,0 mm. Vástago de sección circular, grueso, presenta ranuras, acabado en punta roma y ligeramente doblado (30,0 mm) x 10,0 mm. Cabeza cuadrada, grande y gruesa (31,0 mm) x (19,0 mm).

El N°32, N°33, N°34, N°35, N°36, N°37, ejemplifican otro modelo de clavos que, a diferencia de

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los anteriores, muestran la cabeza de forma circular plana (N°32, N°34, N°35, N°37) o gruesa (N°33), el vástago de sección circular (N°33, N°35, N°37) o cuadrangular (N°32), ligeramente doblado (N°32, N°33) y apuntado (N°32, N°33, N°35, N°36). Sus dimensiones van desde (34,0 mm) del N°37 a 64,0 mm del N°32 de longitud y 9,0 mm (N°35) a los 14,0 mm (N°32) de grosor. Son clavos de vástagos no muy cortos ni demasiado largos, delgados, con cabezas de dimensiones reducidas, exceptuando el clavo N°33. Su destino probablemente sería el de unir o fijar tablas no muy gruesas. Podrían pertenecer al grupo de los clavi trabales o tabulares. Incluímos dentro de este grupo al N°36 por la forma que tiene su cabeza, sin embargo, no creemos, debido a su estado de conservación, a las características formales que presenta, así como su asociación a piezas metálicas contemporáneas, fuese coetáneo con los anteriormente descritos: N°32 (CM.88.1M-15): Argamasa sobre Muro. Z-79 a 93. Dim.: 64,0 mm x 14,0 mm. Vástago de sección cuadrangular, delgado, apuntado y ligeramente doblado, 45,0 mm x 4,0 mm. Cabeza circular, pequeña y plana, 13,0 mm x 2,0 mm. N°33 (CM.88.1M-35): Terra Marrón Areosa. Dim.: (50,0 mm) x (14,0 mm). Vástago de sección circular, grueso, acabado en punta roma y ligeramente doblado(32,0 mm) x (11,0 mm). Cabeza circular, grande y gruesa (25,0 mm) x (13,0 mm). N°34 (CM.88.1M-58): Capa de Terra Negra. Dim.: (10,0 mm) x (9,0 mm). Vástago de sección cuadrangular del que sólo se conserva un fragmento muy pequeño. Cabeza circular, pequeña y plana, 12,0 mm x (9,0 mm). N°35 (CM.88.1M-63): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (49,0 mm) x 9,0 mm. Vástago de sección circular, delgado, apuntado y recto (42,0 mm) x 5,0 mm. Cabeza circular, pequeña y plana, 5,0 mm x 4,0 mm. Fragmentado en dos trozos. N°36 (CM.88.1M-73): Recheo Canal. DI, D2, D3, D4, D5. Dim.: 133,0 mm x 8,0 mm x 25 g. Vástago de sección circular, delgado, apuntado y recto (115,0 mm) x 7,0 mm. Cabeza circular, pequeña y plana, 14,0 mm x (5,0 mm). N°37 (CM.88.1M-97): Terra Castaña. B-5. Z-2,36. Dim.: (34,0 mm) x (8,0 mm) x 10 g. Vástago de sección circular, delgado, le falta la punta y ligeramente doblado (28,0 mm) x (8,0 mm). Cabeza circular, pequeña y plana (13,0 mm) x (3,0 mm).

El N°38 representa un tipo de clavos que muestra la cabeza en forma de semiesfera de grandes dimensiones. De este ejemplar tan sólo conservamos la cabeza y restos del lugar donde iría situado el vástago. Es posible incluir esta pieza en el grupo de


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los clavi capitati teniendo en cuenta el tamaño que muestra su cabeza. N°38 (CM.88./M-25): Limpieza Superficial delimitación Capa Cunchas. E-2/ E-3. 2-194. Dim.: (30,0 mm) x (13,0 mm). Cabeza semiesférica de grandes dimensiones y gruesa.

El resto de los clavos aparecidos en la Casa Martelo N°39, N°40, N°41, N°42, N°43, N°44 pertenecen a un grupo que tienen la cabeza de forma rectangular, ya sea plana (N°43) o gruesa (el resto), el vástago de sección circular (N°39, N°41, N°44) o cuadrangular (N°43, N°42) ligeramente doblado (N°43, N°40, N°41, N°39) y acabado en punta (N°39, N°40, N°41, N°42). Sus dimensiones van desde (75,0 mm) del N°44 hasta (42,0 mm) del N°40 de longitud y de 11,0 mm (N°44) hasta 7,0 mm (N°41, N°42) de grosor. Se trata de clavos que muestran diferentes tallas, secciones en su vástago y formas, tamaños varios en su cabeza. Dentro de éstos cabe realizar una doble distinción: áquellos que tienen la cabeza de pequeñas dimensiones (N°40, N°41) y áquellos que la tienen de grandes proporciones (N°39, N°42, N°44). Estos últimos presentan similitudes con los clavos en forma de T que han sido interpretados (Alar~ao et alii, 1979: 35) como ganchos con la función de mantener en vertical las tejas perforadas superpuestas. No obstante, dado las dimensiones tan reducidas de los ejemplares de la Casa Martelo, es difícil integrarlos en la categoría antes descrita puesto que los clavos en forma de T suelen ser de grandes dimensiones. Por último y dentro de este grupo, destacamos la presencia de ranuras verticales en algunos vástagos como es el caso del N°40 y N°42 similares a las que veíamos en algunos clavos de cabeza circular. N°39 (CM.88./M-2): Capa Cunchas. B-3. 2-190. Dim.: (55,0 mm) x (8,0 mm). Vástago de sección circular, grueso, acabado en punta roma y ligeramente doblado (44,0 mm) x (7,0 mm). Cabeza rectangular, grande y gruesa (33,0 mm) x (1,0 mm). Se encuentra fracturado en tres trozos. N°40 (CM.88 ../M-4): Capa Cunchas. B-3. 2-187. Dim.: (42,0 mm) x 9,0 mm. Vástago de sección circular, delgado, apuntado y doblado en uno de sus extremos (32,0 mm) x (8,0 mm). Cabeza rectangular, pequeña y gruesa (11,0 mm) x (7,0 mm). Presenta ranuras verticales a lo largo de su perímetro. N°41 (CM.88./M-18): X. B-2. 2-98-110. Dim.: (55,0 mm) x 7,0 mm. Vástago de sección circular, delgado, apun-

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tado y ligeramente doblado (46,0 mm) x 7,0 mm. Cabeza rectangular, pequeña y gruesa (6,0 mm) x (7,0 mm). N°42 (CM.88./M-24): Terra Negra debaixo del Enlousado. D-3. 2-191. Dim.: (46,0 mm) x 7,0 mm Vástago de sección cuadrangular, grueso, acabado en punta roma y ligeramente doblado (35,0 mm) x 7,0 mm. Presenta una ranura en uno de sus lados que lo recorre verticalmente. Cabeza rectangular, grande y gruesa (32,0 mm) x (15,0 mm). Fracturado en dos trozos. N°43 (CM.88./M-41): Capa de Terra Negra. Dim.: (16,0 mm) x 9,0 mm. Vástago de sección cuadrangular, grueso, no se conserva completo y ligeramente doblado(8,0 mm) x 9,0 mm. Cabeza rectangular, pequeña y plana, 20,0 mm x 4,0 mm. N°44 (CM.88./M-69): Transición Tetra Negra- Capa Castaña Areenta. Dim.: (75,0 mm) x 11,0 mm. Vástago de sección circular, grueso, acabado en punta roma y ligeramente doblado (38,0 mm) x 9,0 mm. Cabeza rectangular, grande y gruesa (43,0 mm) x (22,0 mm).

Vástagos Hemos clasificado un conjunto de piezas de la Casa Martelo como vástagos de funcionalidad desconocida. Es posible aventurar, dado su estado de conservación, que dichos ejemplares formasen parte de objetos tales como clavos, ganchos o similares. No obstante, no disponemos de ningún dato que nos permita aseverar dicha teoría. Al margen de esto , dentro de la Casa Martelo es posible determinar varios tipos de vástagos si atendemos a dos factores fundamentales: por una parte la sección y por otra la presencia o no de ranuras verticales a lo largo de su estructura. Tan sólo contabilizamos tres ejemplares que muestran ranuras en su superficie: N°45, N°46 y N°47. Su tamaño es más o menos similar en todos ellos, muestran una longitud que va desde (28,0 mm) del N°45 hasta (32,0 mm) del N°46 y un grosor que va desde 7,0 mm (N°45, N°46) a 8,0 mm (N°47), aparecen ligeramente doblados y a excepción del N°45 que mantiene la punta, el resto no conserva ninguno de los extremos. Son vástagos de sección circular, delgados y ligeramente doblados. N°45 (CM.88./M-45): Capa de Terra Negra. Dim.: (28,0 mm) x 7,0 mm. Vástago de sección circular, delgado, acabado en punta roma y ligeramente doblado. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. Presenta ranuras verticales en su supeficie. N°46 (CM.88./M-53): Capa de Terra Negra. Dim.: (32,0 mm) x 7,0 mm. Vástago de sección circular, delgado y ligeramente doblado. No conserva los extremos. Presenta ranuras verticales en su estructura.


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N 47 (CM.88.1M-54): Capa de Terra Negra. Dim.: (22,0 mm) x 8,0 mm. Vástago de sección circular, delgado y ligeramente doblado. No conserva los extremos. Presenta ranuras verticales en su estrucrura.

Otra categoría es aquella formada por vástagos de sección circular, sin ningún tipo de ranuras en su superficie. Exhiben tamaños que van desde (23,0 mm) del N°S2 hasta (64,0 mm) del N°49 Ygrosores que van desde (4,0 mm) del N°48 hasta 16,0 mm (N°SO). Algunos aparecen ligeramente curvados (N°48, N°49, N°S1, N°S3, N°s4) y apuntados (N°48, N°49, N°SO, N°S1, N°S2, N°S3). N 48 (CM.88.1M-8): Transición de Area a Capa de Cunchas. B-2. Z-184. Dim.: (36,0 mm) x (4,0 mm). Vásrago de sección circular, delgado, apuntado y ligeramente doblado. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. N 49 (CM.88.1M-10): Negro. A-1. Z-115-125. Dim.: (64,0 mm) x (11,0 mm). Vástago de sección circular, delgado, apuntado y ligeramente doblado. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. N 50 (CM.88.1M-16): Negro. A-1. Z-115-125. Dim.: (53,0 mm) x 16,0 mm. Vástago de sección circular, grueso, apuntado y recto. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. N 51 (CM.88.1M-48): Capa de Terra Negra. Dim.: (37,0 mm) x 8,0 mm. Vástago de sección circular, delgado, acabado en punta roma y ligeramente doblado en esta zona. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. N 52 (CM.88.1M-56): Capa de Terra Negra. Dim.: (23,0 mm) x 9,0 mm. Vástago de sección circular, delgado, apuntado y recto. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. N 53 (CM.88.1M-64): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (32,0 mm) x (8,0 mm). Vástago de sección circular, delgado, apuntado y ligeramente doblado. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. N 54 (CM.88.1M-65): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (38,0 mm) x 9,0 mm. Vástago de sección circular, delgado y ligeramente doblado. No se conserva completo, le faltan los extremos. D

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N 56 (CM.88.1M-79): Escombrera. Dim.: (37,0 mm) x 19,6 mm. Vástago de sección cuadrangular, grueso y recto. No se conserva completo, le faltan los extremos. N D 57 (CM.88.1M-81): Cama canaleta. D-1, D-2, D-3, D-4, D-5. Dim.: 09,0 mm) x 13,0 mm. Vástago de sección cuadrangular, grueso, acabado en punta roma. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. D

Varillas Clasificamos como varillas aquellos objetos que presentan la forma de una barra delgada con los extremos apuntados. Al contrario de lo que sucedía con los vástagos, éstas se conservan completas, por lo que se puede deducir que no formarían parte de ningún tipo de objeto, es decir tendrían una funcionalidad propia, serían piezas totalmente independientes. Conservamos dos ejemplares en la Casa Martelo el N°S8 y el N°S9. El primero es más pequeño, delgado y muestra una sección de forma triangular, mientras que el segundo, aunque se encuentra fracturado en dos trozos, es más largo, grueso y de sección semicircular.

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N D 58 (CM.88.1M-29): Terra Castaño Areosa. C-4 testigo. Z-212. Dim.: (49,0 mm) x 5,0 mm. Varilla de sección triangular, delgada y alargada. No conserva uno de los extremos. N D 59 (CM.88.1M-87): Terra Castaña. B-5. Z-255. Dim.: (60,0 mm) x (8,0 mm). Varilla de sección semicircular, delgada y alargada. Fracturada en dos trozos.

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Tan sólo tenemos tres ejemplares de vástagos con sección cuadrangular, el N°S S, N°S 6 y N°S 7. El primero de ellos es de grandes dimensiones y muestra el vástago delgado mientras que los otros dos, son más pequeños y gruesos. N 55 (CM.88.1M-66): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (66,Omm) x 9,0 mm. Vástago de sección cuadrangular, delgado, acabado en punta roma y recto. No se conserva completo, le falta uno de los extremos. D

Ganchos En este apartado incluimos todas aquellas piezas que muestran la forma de un gancho. Su estructura es simple y similar en todas ellas. Se trata de un largo y grueso vástago, de sección predominantemente circular donde el extremo más apuntado y estrecho se curva. A excepción de una única pieza, la N°60 (Fig.8), que puede considerarse como un auténtico gancho, es dificil integrar, dado su estado de conservación, al resto de los ejemplares de la Casa Martelo dentro de esta categoría tipológica, es posible que sean simples clavos que con el paso del tiempo se fueron doblando o que ciertamente se traten de simples ganchos. N D 60 (CM.88.1M-5): Area. B-2 próximo a B-1. Z= 161. Dim.: (57,7 mm) x 11,8 mm. Vástago de sección circular con un extremo grueso y el otro más apuntado y curvado. No se conserva completo. N D61 (CM.88.1M-33): Terra Marrón Areosa. Dim.: (70,0 mm) x (21,0 mm). Vástago de sección circular con un extremo grueso y el otro más apuntado y curvado. No se conserva completo.


Aportaciones a la arqueología urbana de A Coruña: la Casa Martelo a través de sus materiales N°62 (CM.88.1M-42): Capa de Terra Negra. Dim.: (43,0 mm) x (17,0 mm). Vástago de sección circular con un extremo grueso y el otro más apuntado y curvado. No se conserva completo.

Escarpias Tan sólo conservamos un ejemplar que se podría identificar con una escarpia (uncinati c!avis), dada las similitudes formales con este tipo de instrumentos. Consta de un vástago de sección circular no muy grueso terminado en punta en uno de sus extremos mientras que el otro, más grueso se dobla en ángulo recto. La funcionalidad de este tipo de objetos no está muy bien definida en la bibliografía arqueológica especializada, puesto que son piezas empleadas con multiples funciones, la utilidad más reconocida es la de ganchos con una amplia diversidad de aplicaciones. Paralelos a esta pieza los encontramos en numerosos yacimientos como es el caso de Numancia en Soria (Manrique Mayor, 19S0). N°63 (CM.88.1M-70): Transición Terra Negra Capa Castaña Areenta. Dim.: (73,0 mm) x (10,0 mm). Vástago de sección circular, no muy grueso terminado en punta en uno de sus extremos, el otro se dobla en ángulo recto. Se encuentra fracturado en dos trozos.

Tachuelas Con esta denominación identificamos a un conjunto de piezas de pequeño tamaño que muestran el vástago de talla corta de sección, predominantemente circular, remachado, con la cabeza de diferentes secciones y formas. Dentro de la Casa Martelo hemos diferenciado tres tipos de tachuela según la forma de la cabeza: 1. Tachuelas con cabeza en forma de semiesfera. Estas presentan una longitud que va de (13,0 mm) del N°64 y N°77 hasta (23,0 mm) del N°72 y un grosor que va desde 3,0 mm (N°76) a (13,0 mm) del N°72. Predominan los vástagos apuntados de sección circular en algunos casos remachados, y las cabezas en forma de semiesfera aplastada de grandes proporciones. N°64 (CM.88.1M-19): Terra Castaña. B-5. 2-2,15. Dim.: (13,0 mm) x (7,0 mm). Vástago de sección circular apuntado y remachado (13,0 mm) x (8,0 mm). Cabeza semiesférica aplastada (15,0 mm) x (7,0 mm). N°65 (CM.88.1M-27): Capa Cunchas. B-2. 2-188. Dim.: (20,0 mm) x (7,0 mm). Vástago de sección circular apuntado y remachado (13,0 mm) x (10 mm). Cabeza semiesférica (20,0 mm) x (8,0 mm).

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N°66 (CM.88.1M-36): Terra Marrón Areosa. Dim.: (17,0 mm) x (12,0 mm). Vástago de sección circular apuntado y remachado (12,0 mm) x 4,0 mm. Cabeza semiesférica (20,0 mm) x (9,0 mm). N°67 (CM.88.1M-38): Terra Marrón Areosa. Dim.: (17,0 mm) x (11,0 mm). Cabeza semiesférica aplastada. N°68 (CM.88.1M-39): Terra Marrón Areosa. Dim.: (15,0 mm) x (9,0 mm). Cabeza semiesférica aplastada. N°69 (CM.88.1M-43): Capa de Terra Negra. Dim.: (14,0 mm) x 5,0 mm. Vástago de sección circular apuntado y ligeramente doblado (8,0 mm) x 5,0 mm. Cabeza semiesférica (18,0 mm) x (8,0 mm). N°70 (CM.88.1M-44): Capa de Terra Negra. Dim.: (14,0 mm) x 5,0 mm. Vástago de sección circular, apuntado, 7,0 mm x 4,0 mm. Cabeza semiesférica aplastada (15,0 mm) x (7,0 mm). Muestra inscrustaciones de bronce. N°7l (CM.88.1M-55): Capa de Terra Negra. Dim.: (15,0 mm) x (5,0 mm). Vástago de sección circular delgado situado por debajo de la cabeza en uno de sus laterales y apuntado (7,0 mm) x (4,0 mm). Cabeza semiesférica aplastada (15,0 mm) x (7,0 mm). N°n (CM.88.1M-59): Capa de Terra Negra. Dim.: (23,0 mm) x (13,0 mm). Vástago de sección circular, apuntado y remachado (15,0 mm) x (8,0 mm) Cabeza semiesférica aplastada (18,0 mm) x (8,0 mm). N°73 (CM.88.1M-61): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (17,0 mm) x 5,0 mm. Vástago de sección circular, apuntado y remachado (12,0 mm) x 4,0 mm. Cabeza semiesférica (18,0 mm) x (9,0 mm). N°74 (CM.88.1M-62): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (17,0 mm) x 3,0 mm. Vástago de sección circular, apuntado (5,0 mm) x 3,0 mm. Cabeza semiesférica (20,0 mm) x (8,0 mm). Fracturado en dos trozos. N°75 (CM.88.1M-74): Recheo Canal. D-l, D-2, D-3, D-4, D-5. Dim.: (16,0 mm) x 4,0 mm. Vástago de sección circular, apuntado y ligeramente doblado (9,0 mm) x 7,0 mm. Cabeza semiesférica aplastada (15,0 mm) x (6,0 mm). N°76 (CM.88.1M-82): Nivel Negro. A-l. 2-93-96. Dim.: (18,0 mm) x 6,0 mm. Vástago de sección circular, apuntado y ligeramente doblado (12,0 mm) x 6,0 mm. Cabeza semiesférica (18,0 mm) x (7,0 mm). N°n (CM.88.1M-85): Nivel Negro. A-l. 2-96-99. Dim.: (13,0 mm) x 4,0 mm. Vástago de sección circular, ligeramente doblado (9,0 mm) x 4,0 mm). Cabeza semiesférica aplastada seccionada en su parte intermedia (18,0 mm) x (6,0 mm). N°78 (CM.88.1M-I03): Terra Castaña. C-3 testigo. 22,08. Dim.: (15,0 mm) x (9,0 mm). Vástago de sección circular, apuntado y doblado (7,0 mm) x (8,0 mm). Cabeza semiesférica aplastada (18,0 mm) x (6,0 mm).

2.Tachuelas con cabeza cónica. Tan sólo tenemos tres ejemplares en la Casa Martelo pertenecientes a este grupo. Su longitud va de (12,0 mm) del N°SO a (17,0 mm) del N°S 1 y su grosor de 4,0 mm (N°79) a 6,0 mm (N°Sl). A diferencia del anterior grupo


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estas tachuelas muestran las cabezas de pequeñas proporciones y los vástagos apenas están doblados, aparecen más o menos rectos y apuntados. N°79 (CM.88.1M-40): Capa de Terra Negra. Dim.: (13,0 mm) x 4,0 mm. Vástago de sección circular, apuntado (6,0 mm) x 4,0 mm. Cabeza cónica (18,0 mm) x 4,0 mm. N°80 (CM.88.1M-47): Capa de Terra Negra. Dim.: (12,0 mm) x 5,0 mm. Vástago corto de sección circular, apuntado (5,0 mm) x 5,0 mm. Cabeza cónica de pequeño tamaño (13,0 mm) x (4,0 mm). N°81 (CM.88.1M-60): Transición Terra Negra-Capa Castaño Areenta. Dim.: (17,0 mm) x 6,0 mm. Vástago de sección circular apuntado y remachado (6,0 mm) x 6,0 mm. Cabeza cónica (20,0 mm) x (7,0 mm).

3. Tachuelas con cabeza rectangular. Apareció en la Casa Martelo una pequeña tachuela que muestra el vástago muy corto de sección circular y una cabeza grande, plana de forma rectangular: N°82 (CM.88.1M-83): Terra Negra. B-2 / B-3. 2-199. Dim.: (15,0 mm) x 6,0 mm. Vástago de sección circular, no conserva la punta (9,0 mm) x 4,0 mm. Cabeza rectangular plana (21,0 mm) x (7,0 mm).

Algunas de estas tachuelas muestran similitudes formales (sobre todo las que presentan la cabeza en forma de semiesfera) con las denominadas tachuelas de sandalia o clavi caligae tan comunes en numerosos yacimientos romanos. Éstas irían colocadas en la suela del calzado (con la cabeza hacia afuera) para asegurar la unión de las partes de éste y reforzar la adherencia al suelo. Normalmente aparecen sueltas al desaparecer la suela de cuero a la que irían unidos. No obstante las tachuelas que muestran la cabeza cónica y el ejemplar de cabeza rectangular de la Casa Martelo es posible que tuviesen una funcionalidad distinta a las anteriormente vistas dada las características formales tan diferentes y su similtud con las tachuelas actuales.

Cuchillos Tan sólo constatamos la existencia de un único cuchillo entre todo el material recogido. Se trata de un ejemplar del que solamente se conserva parte de la hoja y del mango. Este tipo de instrumentos, con formas y tamaños varios, fueron empleados en el mundo romano en actividades tan dispares como en ceremonias religiosas o en funciones domésticas.

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Ejemplares similares al de la Casa Martelo los encontramos en el yacimiento portugués de Conímbriga, donde Alarcao (Alarcao et alii, 1979: 161) establece según la forma que presenta el dorso de la lámina cuatro tipos de cuchillos: un primer grupo formado por aquellos de lomo rectilíneo, un segundo grupo con el lomo convexo, un tercero con el lomo en forma de "S" y por último los que presentan el lomo cóncavo. Siguiendo esta tipología el ejemplar de la Casa Martelo se correspondería con el primero de los grupos. Se trata de un cuchillo de lámina estrecha, con el dorso rectilíneo y el enmangue prolongación del dorso (Fig.8). Entre el filo y su transición hacia el mango exhibe una pequeña hendidura. Este tipo de cuchillos tienen una cronología muy amplia pues se datan entre el S.I al S. IV d. C. N°83 (CM.88.1100): Fina Terra Castaña. B-3. 2=208. Dim.: (60,0 mm) x (16,0 mm) x (2,2 mm). Fragmento de hoja y mango de cuchillo. Lámina estrecha. Presenta el lomo rectilíneo. Entre el filo y su transición al mango conserva una pequeña hendidura. La hoja, de (24,0 mm) de longitud, tiene la sección triangular y el mango de <36,0 mm) es posiblemente rectangular.

Escorias La aparición de diversas escorias nos ponen en relación con actividades metalúrgicas de fundición. A excepción del N°84 y el N°85 que se tratarían de simples trozos de argamasa en los que se pueden observar una serie de concreciones férricas, el resto de las piezas catalogadas en este apartado, pertenecen a escorias o restos de fundición de metal de hierro. Se trata de fragmentos de color gris oscuro con pequeños nódulos de color castaño oscuro herrumbroso, con textura cristalina y con numerosos poros de gas motivados por la absorción de aire en los hornos de fundición. N°84 (CM.88.1M-12): B-2/C-3. 2-130-143. Dim.: (51,0 mm) x (26,0 mm). Fragmento de argamasa con inctustaciones férricas. N°85 (CM.88.1M-13): B-2/C-3. 2-130-143. Dim.: (58,0 mm) x <33,0 mm). Fragmento de argamasa con incrustaciones férricas. N°86 (CM.88.1M-89): Capa de Terra Castaña. C-2. 2195. Dim.: (11,0 mm) x (15,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. N°87 (CM.88.1M-90): Capa de Terra Castaña. C-2. 2195. Dim.: (16,0 mm) x (11,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada.


Aportaciones a la arqueología urbana de A Coruña: la Casa Martelo a través de sus materiales N°88 (CM.88.1M-91): Capa de Terra Castaña. C-2. Z19S. Dim.: (2S,0 mm) x (11,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. N°89 (CM.88.1M-92): Capa de Terra Castaña. C-2. Z19S. Dim.: (21,0 mm) x (12,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada.

Indeterminados Por último es necesario hacer mención, debido a su abundante número, a una serie de piezas que por diversos motivos (estado de conservación, falta de paralelos, etc.) no fue posible su adscripción a un tipo de objeto concreto. A pesar de ello podemos distinguir varias categorías entre todo el material catalogado en este apartado. Por un lado distinguimos un conjunto de objetos en los que tanto por su carácter fragmentario, como por su estado de conservación, no fue posible establecer una identificación tipológica. Una segunda categoría vendría dada por aquellas cuyas características formales sí presentan una forma definida, sin embargo la ausencia de paralelos que nos ayuden a confirmar la identificación propuesta nos obliga a catalogarlas dentro de este apartado. Por último hemos de mencionar un elenco de materiales que consideramos no se ajustan a la cronología dada para el yacimiento sino que más bien parecen pertenecer a etapas posteriores. N°90 (CM.88.1M-1): Area moi Mollada.E-1. Z= 194. Dim.: (22,0 mm) x (13,2 mm) x (6,S mm). Fragmento de forma tubular. No cierra totalmente. N°n (CM.88.1M-6): Area. B-2. Z=211. Dim.: (36,3 mm) x (18,S mm) x (14,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. N°92 (CM.88.1M-7): Transición Area Castaña. C-2. Z= 189. Dim.: (69,0 mm) x (42,0 mm) x (8,0 mm). Fragmento de una placa rectangular que se hace más ancha en uno de sus extremos. Sobre uno de los lados de dicha placa presenta un engrosamiento perforado. Asa de un posible caldero. N°93 (CM.88.1M-1l): Argamasa sobre Muro. Z= 7993. Dim.: (24,0 mm) x 8,0 mm. Astil de sección circular de pequeño tamaño acabado en punta. Punta. N°94 (CM.88.1M-20): Terra Castaño Areosa. C-S. Z=22S. Dim.: (31,8 mm) x (29,2 mm) x (16,3 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. Se conserva en dos trozos. N°9S (CM.88.1M-22): Area Negruzca. D-S (Escalón). Z=2,14 {Z=2,46 cerca de D-4 y Z=2,3S cerca final D-S. Dim.: (32,S mm) x (24,2 mm) x (14,7 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. N°96 (CM.88.1M-23): Capa Cunchas. D-3. Z= 1,8S. Dim.: (83,3 mm) x (3S,0 mm) x (7,0 mm). Lámina de forma rectangular que en uno de sus extremos se curva. Se

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conserva fragmentada en dos trozos. Posible bisagra de una puerta (?). N°97 (CM.88.1M-26): Area Fina Contra Muro. E-2. Z= 18S. Dim.: (3S,O mm) x (30,0 mm). Fragmento de una lámina doblada de forma rectangular. N°98 (CM.88.1M-30): Terra Castaña Baixo Cunchas. D-S. Z=243. Dim.: (4S,S mm ) x (38,0 mm) x (14,0 mm). placa de forma rectangular. Uno de los extremos se engrosa ligeramente con respecto al otro. N°99 (CM.88.1M-32): Bajo losas. B-2. Z= 11S-136. Dim.: (33,3 mm) x (31,0 mm) x (8,S mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. N°lOO (CM.88.1M-37): Terra Marrón Areosa. Dim.: (18,0 mm) x (8,0 mm). Astil de sección cuadrangular curvado. Posible anilla de pequeño tamaño (?). N°101 (CM.88.1M-49): Capa de Terra Negra. Dim.: (28,0 mm) x (24,0 mm) x (14,0 mm). Fragmento de forma indeterminada y sección cuadrangular. N°102 (CM.88.1M-SO): Capa de Terra Negra. Dim.: (28,0 mm) x (21,0 mm) x (18,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. Posible cabeza de clavo. N°103 (CM.88.1M-S7): Capa de Terra Negra. Dim.: (38,0 mm) x (22,0 mm) x (23,0 mm). Fragmento de forma oval. Está seccionado por su parte intermedia. N°104 (CM.88.1M-67): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (26,0 mm) x lS,O mm x lS,O mm. Fragmento de forma y sección ovalada. Posible cabeza de clavo. N°10S (CM.88.1M-71): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (11,0 mm) x (S,O mm). Fragmento tubular de sección cuadrada. Se dobla configurando un semicírculo. Presenta restos de bronce. N°106 (CM.88.1M-72): Transición Terra Negra-Capa Castaña Areenta. Dim.: (33,0 mm) x (9,0 mm) (6,0 mm diámetro de la oquedad). Fragmento tubular de sección circular hueco. Su extremo distal se adelgaza configurando la punta del instrumento, de acabado romo. Su extremo proximal se estrecha ligeramente y se ensancha fracturándose en esta zona. N°107 (CM.88.1M-75): Recheo Canal. D-1, D-2, D-3, D-4, D-S. Dim.: (33,0 mm) x (16,0 mm) x (8,0 mm) Pieza de hierro de forma rectangular con dos horadaciones en su parte intermedia y con uno de los extremos ensanchados donde aparece enganchado un tornillo. Bisagra de una puerta. N°108 (CM88/M-76): Recheo Canal. D-1, D-2, D-3, D-4, D-S. Dim.: 33,0 mm x 4,0 mm. Astil de sección circular apuntado y ligeramente curvado (22,0 mm) x 4,0 mm. Cabeza de forma circular plana de pequeñas dimensiones 6,0 mm x 3,0 mm. Punta. N°109 (CM.88.1M-77): Recheo Canal. D-1, D-2, D-3, D-4, D-S. Dim.: (34,0 mm) x S,O mm. Astil de sección circular apuntado y ligeramente curvado (30,0 mm) x S,O mm. Cabeza de forma circular plana de pequeñas dimensiones 6,0 mm x 3,0 mm. Fracturado en dos trozos. Punta. N°110 (CM.88.1M-78): Recheo Canal. D-1, D-2, D-3, D-4, D-S. Dim.: (28,0 mm) x S,O mm. Astil de sección circular apuntado y ligeramente curvado. Fracturado en dos trozos. Punta.


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INMACULADA CASTRO PAREDES / Mil JosÉ INSUA LIÑARES / Mil CATALINA LÓPEZ PÉREZ

N°111 (CM.88.JM-80): Tetra Baixo Escaleira.(94,3 mm) x (25,0 mm) x 12,0 mm. Lámina de forma rectangular y sección ovalada.Se conserva en tres fragmentos. N°1l2 (CM.JM-84): Tetra Castaña. B-2. Z= 195. (63,0 mm) x (23,0 mm) x (10,0 mm). Astil de sección rectangular uno de cuyos extremos se dobla en ángulo obtuso mientras que el otro aparece apuntado. Presenta una pequeña protuberancia en una de sus caras. Aparece asociado a un fragmento informe de hierro. N°1l3 (CM.88.JM-88): Tetra Castaña. B-5. Z- 255. (32,0 mm) x 12,0 mm. Astil de sección rectangular, no se conserva completo (22,0 mm) x 12,0 mm. Cabeza de grandes dimensiones de forma tambien rectangular cuyos extremos se entallan hacia el interior en una sola vuelta (62,0 mm) x (12,0 mm). En una de sus caras muestra una pequeña protuberancia en forma de botón. N°114 (CM.88.JM-93): Capa de Terra Castaña. C-2. Z195. (60,0 mm) x (34,0 mm) x (15,0 mm). Lámina de forma indeterminada y sección ovalada. Presenta uno de los extremos doblado y en una de las caras aparece un fragmento cerámico inctustado. N°115 (CM.88.JM-94): Capa de Tetra Castaña. C-2. Z195. (94,0 mm) x (25,0 mm). Barra en hierto de enorme proporciones de sección circular. No se conserva completa. N°1l6 (CM.88.JM-95): Capa Cunchas. C-3.Z= 195. (57,0 mm) x (21,0 mm) x (9,0 mm).Lámina estrecha de forma rectangular y sección ovalada. N°117 (CM.88.JM-96): Capa Cunchas. C-3. Z= 195. (48,0 mm) x (39,5 mm) x (30,0 mm). Fragmento de forma y sección indeterminada. N°118 (CM.88.JM-98): Tetra Castaña abaixo Cunchas. D-4. (48,0 mm) x 9,0 mm. Astil de sección circular que presenta una pequeña protuberancia o saliente en forma de botón en las proximidades de uno de sus extremos. No se conserva completo. N°119 (CM.88.JM-99): Tetra Castaña abaixo Cunchas. D-4. (98,0 mm) x (35,0 mm) x (14,0 mm). Lámina de sección rectangular que describe un pequeño semicírculo. En una de sus caras se puede observar dos protuberancias sobresalientes de la lámina en forma de grandes botones. No se conserva entera y se encuentra fracturada en tres trozos. N°120 (CM.88.M-101): Terra Castaño Areosa. C-4, testigo. Z- 221. (32,0 mm) x. 9,0 mm. Astil de sección cuadrangular (19,0 mm) x 9,0 mm doblado en ángulo recto, no se conserva completo. Cabeza de forma cuadrangular gtuesa 25,0 mm x (17,0 mm) que muestra dos pequeñas protuberancias en dos de sus esquinas. N°l21 (CM.88.J104): Terra Castaña. C-3 testigo. Z208. (28,0 mm) x 8,0 mm. Astil de sección circular doblado formando un pequeño semicirculo. No conserva los extremos. Posible anilla. N°l22 (CM.88.JM-105): Terra Castaña. C-3 testigo. Z208. (84,0 mm) x 21,0 mm. Vástago de sección circular apuntado doblado en uno de sus extremos en ángulo obtuso. No se conserva completo.

Bronce En cuanto al conjunto material recuperado en bronce es tanto cuantitativa como cualitativamente más pobre que el recogido en hierro. Únicamente merece especial atención la existencia de una moneda que posiblemente pertenezca a un Antoniniano datable en el S.III d.C. Presenta un estado de conservación deficiente; tanto el anverso como el reverso, así como la leyenda de ambas caras es ilegible. Se trata de un elemento monetal en bronce que muestra señales de un recubrimiento en plata. Su presencia en un contexto arqueológico de basurero se explicaría más como una pérdida que como un desecho al tratarse de un elemento monetal. El resto de los materiales broncíneos que se conservan son pequeños fragmentos de los que apenas se puede conseguir información, puesto que no presentan una forma definida. N°123 (CM.88.JN-l): Dertumbe de catas. Dim.: 19,0 mm x 2,0 mm. Doble Denario o Antoniniano? Anverso y reverso ilegible así como la leyenda de ambas caras. El exergo posiblemente lleve inscrito Se. El material con que está hecha es el btonce con un ligero baño de plata. N°124 (CM.8.8/M-9): Terra Negra. F-1 o F-2. Z= 153. Dim.: (15,0 mm) x (3,5 mm). Fragmento indeterminado de forma ovalada. N°125 (CM.88.JM-18): Escombrera. Dim.: (20,7 mm) x (23,0 mm) x (6,0 mm). Pequeño fragmento de una lámina de forma irregular. Uno de los lados es más extrecho que el otro. N°126 (CM.88.JM-28): Inicio Terra Negra. B-3. Z=187. Dim.: (25,3 mm) x 14,2 mm x 13,0. Pieza que consta de una parte cilíndrica de la que sale una estrecha laminilla de sección rectangular. N°l27 (CM.88.JM-3l): Inicio Tetra Castaña Area Debaixo de... D-3. Z=201. Dim.: (46,0 mm) x (14,0 mm) x 2,0 mm. Pieza formada por una estrecha lámina que en uno de sus extremos se ensancha, se aplana y se dobla ligeramente. Se conserva fragmentada en tres trozos. N°128 (CM88/M-86): Capa de Terra Negra. C-2. Z193. Fragmentos muy pequeños de bronce que dado su estado tan fragmentario es imposible determinar el tipo de pieza a la que se correspondería. N°129 (CM.88.JM-114): Tetra Castaño areosa. C-4 (testigo). Z=221. (14,0 mm) x (14,0 mm) x (3,2 mm). Fragmento de forma cuadrangular.

Plomo Tan sólo se tiene noticia de una única pieza realizada en plomo. Se trata de una pequeña lámina de forma rectangular y con la sección ovalada. Es difícil su identificación con algún tipo de objeto concreto puesto que tan sólo conservamos un


Aportaciones a la arqueología urbana de A Coruña: la Casa Martelo a través de sus materiales

pequeño fragmento. No obstante, dadas las características que presenta la pieza, consideramos que se puede tratar de un ejemplar que no se ajusta a la cronología general dada para el yacimiento, smo que pertenecería a épocas posteriores. N°130 (CM.88.1M-3): Fina Terra Castaña. C-3. 2=207. Dim.: (34,7 mm) x (10,3 mm) x 1,7 mm. Fragmento de forma rectangular y sección ovalada.

CONCLUSIONES A la vista de lo expuesto, podemos concluir que los resultados obtenidos en el estudio del material, vienen a confirmar en líneas generales las consideraciones avanzadas por los directores de las intervenClOnes. Las cronologías que fueron dadas inicialmente resultan coincidentes con las proporcionas por el análisis aquí realizado. La práctica inexistencia de materiales claramente representativos del s. I d. C., nos inclinan a llevar los comienzos del yacimiento a finales de este primer siglo o más probablemente al s. n., en tanto que la ausencia de recipientes de sigillata fechados en las últimas épocas del Tardoimperio, fijan el término del mismo en torno al s. IV. Nos encontramos por tanto ante un yacimiento cuya pervivencia viene caracterizada por su relativa brevedad y su caracter continuado en el tiempo ya que no advertimos cortes en la secuencia cronológica documentada por los materiales. Así mismo la identificación de parte del yacimiento con una zona destinada a la deposición de desechos, está igualmente atestiguada a partir de ciertos aspectos que singularizan la colección. La concentración de un importante volumen de piezas en un área de excavación especialmente reducida, la diversidad del material, así como la presencia de desechos de alimentación a partir del numeroso conjunto de huesos y conchas recogidos, ponen en evidencia el hecho de que nos encontremos ante un depósito de basuras. En relación a esto último y para el caso concreto de las vajillas de importación, hemos de destacar como se documenta un número considerable de piezas formadas a partir de varios fragmentos. Se trata de un hecho que fue puesto de relieve a partir del inventariado de la colección cuyo número se

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elevó inicialmente a un total de 402 fragmentos que tras el análisis formal fueron adscritos a 348 recipientes. Esta característica podría resultar indicativo de la fragmentación sufrida por los materiales a causa tanto de remociones posteriores como del desecho de recipientes una vez que estos se fracturan. Otro aspecto que parece desprenderse del análisis, es la impresión de que nos encontramos ante un conjunto de condición fundamentalmente utilitaria. Entre los materiales estudiados apenas se documentan piezas distinguidas por su carácter singular o por la calidad de su factura. A pesar del importante volumen que suponen estas vajillas, observamos que la mayor parte de los recipientes identificados se corresponden con aquellas formas de aparición más habitual entre los yacimientos peninsulares, en tanto que del registro de los tipos decorados apenas resulta representativo. El material metálico confirma igualmente ese carácter utilitario. Así lo atestigua el predominio de objetos de hierro sobre los de bronce y plomo, la inexistencia de piezas de especial valor (monedas, joyas, etc), a lo que habría que añadir el hecho de encontrarnos ante una colección cuya aparición en los yacimientos gallegos se documenta habitualmente y con importantes volumenes. Así mismo hemos de destacar la amplia pervivencia de estos útiles y consecuentemente la dificultad que presenta su adscripción cronológica, que nos lleva a apoyarnos en las cronologías dadas por otros materiales. A la vista de lo expuesto podemos considerar que nos encontramos ante el basurero de un establecimiento habitacional no determinado debido a la reducida superficie excavada (Lestón Gómez, 1991), y de carácter tal vez modesto dadas las peculiaridades de los materiales recogidos. La localización de este establecimiento fue apuntada por Lestón Gómez (1991) para quien los restos encontrados en la Plaza de María Pita (A Coruña) podrían responder del origen de este basurero. El estudio de los materiales procedentes de este último yacimiento se encuentran todavía en fases muy iniciales pero el análisis preliminar de los mismos parece indicar que existe cierta discordancia cronológica entre ambos; la presencia en María Pita de materiales fechados en las décadas centrales del s. I y la menor importancia porcen-


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tual de los adscritos a época bajoimperial, así parecen indicarlo. Por último y a la vista de lo expuesto, sólo queda señalar que los materiales procedentes de la excavación practicada en la conocida como la Casa Martelo responden al modo de vida romano que de forma general, se documenta en la antigua Brigantium. Incidiendo en este aspecto podemos concretar que el yacimiento que nos ocupa no se encuentra ni entre los establecimientos de cronología más temprana ni entre los de adscripción más tardía sino que las fechas dadas por los materiales lo adscriben a los momentos centrales del periodo romano.

INSUA LIÑARES /

Ma

CATALINA LÓPEZ PÉREZ

BmLIOGRAFÍA

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J la Casa Martelo a través de sus materiales Aportaciones a la arqueología urba naueACoruña:

. Fig . l'. S'!tuación del yacuniento.

Fig .2'. Localización d e1 solar.

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Fig.3. Cuencos de T.S.H. de Forma 8 (N°2, 3, 5 Y6) y plato de T.S.H. de Forma 15/17 (N°S).


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Fig.4: Platos de TS.H. de Forma 15/17 (N°9-11).

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Fig.5: Plato de TS.H. de Forma 15/17 (N°12), cuencos de TS.H. de Forma 27 (N°14 Y 15) Ycuencos de TS.H.T de Forma 8 (N°2l Y 22).


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Fig.6: Cuencos de T.S.H. de Forma 37 (N D 17-19).

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Fig.7: Plato de T.S.H. de Forma 15/17 (ND 23) y fragmentos indeterminados (ND 20, 24 Y 25).


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60 Fig.8: Fragmento de hoja y mango de cuchillo (N°83) y gancho de hierro (N°60).

Fig.9. Moneda de bronce. Posible Antoniniano del siglo III d.C.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 245-253

LOS VIDRIOS DE ÉPOCA ROMANA PROCEDENTES DE LAS ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS PRACTICADAS EN 1988 EN LA CASA MARTELO (A CORUÑA)

MARÍA DE LOS ÁNGELES

V AZQUEZ MARTÍNEZ

Departamento de Historia l. Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Santiago

Resumen. El presente trabajo pretende ser una pequeña aproximación al estudio del vidrio de época romana, basándose en los ejemplares procedentes de las actuaciones arqueológicas llevadas a cabo por J.M. Bello Diéguez y M. Lestón Gómez en 1988 en la Casa Martelo (A Coruña). A pesar de que la muestra es muy pequeña ha sido posible reconocer algunos fragmentos y clasificarlos según las formas establecidas, por tanto, creemos que su análisis puede resultar útil para confirmar y contrastar los datos existentes sobre un material arqueológico habitualmente marginado de la investigación.

Abstract. Glass from the Roman Period taken from Archaelogical Excavations Carried Out in 1988 in the Casa Martelo (A Coruña). This paper attempts to shed sorne iight on the study of Roman glass, using the objects from an archaelogical excavation carried out by Bello Diéguez and M. Lestón Gómez in the Casa Martelo (A Coruña) in 1988. Although the collection is scanty, it was possible ro recognize and classify sorne of the fragments according ro the established types. We therefore believe that an anaiysis of these items couid be useful in confirrning and comparing available information on a type of archaelogical material that is usually neglected by research.

J.M.

INTRODUCCIÓN La remodelación que tuvo lugar en 1988 en la Casa Martelo, situada en la calle de La Franja en la ciudad de A Coruña, descubrió una serie de restos romanos que obligaron a realizar un seguimiento arqueológico de las obras. Dicho seguimiento, llevado a cabo por ] .M. Bello Diéguez, puso al descubierto dos zonas bien diferenciadas a ambos extremos del solar que permiten distinguir tres momentos de ocupación: uno altoimperial (siglos In d. C.) que se desconoce, un segundo momento, a partir de mediados del siglo n y durante el siglo In en que la zona se convierte en basurero y, un tercero a partir del siglo IV correspondiente a una necrópolis. Posteriormente, y como consecuencia del cambio de enlosado del zaguán de la casa, se practicó una excavación de unos quince metros cuadrados en una superficie adyacente a la anterior que fue dirigida por M. Lestón Gómez y que confirmó los datos ante-

riormente expuestos. Se obtuvo una secuencia estratigráfica en la que se suceden seis niveles que tienen el siguiente orden cronológico: 1. Capa natural de arena blanca de playa. Arqueológicamente estéril. 2. Directamente sobre ésta se asienta un muro romano de mampostería ligeramente curvo. Presenta una altura y una anchura de unos 50 cm y una longitud de unos 6 m, tras lo cual desaparece ya que se vio afectado por la obra. Se desconoce su funcionalidad y estaba sellado por otros niveles de deposición romanos posteriores. En la zanja practicada para su asentamiento, en la capa natural de arena, aparecieron fragmentos de terra sigillata. 3. Capa de arena castaño-negruzca de colmatación de ese muro. Se descubrió material cerámico romano y restos óseos de animales. 4. Capa de tierra negra de unos 10 cm de espesor. Arqueológicamente es la más fértil ya que se


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Fig. 1. Us.1; 2:0S.87; 3:Is.42a; 4:Indeterm.; 5 y 6:Is.85b

trata de un nivel de vertido de residuos de época romana que se formó por la lenta acumulación de material de desecho, posiblemente procedente de alguna zona de habitación próxima que no se pudo determinar. Se recuperó mucho material cerámico (terra sigillata y común), algunos objetos metálicos deteriorados, abundantes restos malacológicos (mejillón, ostra, vieira, berberecho, etc.), peces (destaca la maragata) y huesos de animales, alguno trabajado para ser empleado como aguja o punzón. 5. Capa de arena blanca de relleno probablemente relacionada con la construcción del muro. Sólo aparece en la parte oeste del área excavada y es muy poco fértil desde el punto de vista arqueológico. 6. Capa de relleno constituida por tierra arenosa de color castaño. Posiblemente proceda de una zona interior del edificio en la que se encuentra algún nivel romano y fue acumulada en un momento de su construcción.

7.

Se localizó una importante cantidad de cerámica romana. Esta capa está estrechamente relacionada con la construcción de un canal de desagüe de aguas residuales hacia el exterior. Capa de tierra negra también de relleno en la que igualmente se recuperó abundante material cerámico romano. Es posible que tenga la misma procedencia que la capa anterior. Sirve de base a un enlosado que, desde la puerta de entrada del edificio, da paso a las escaleras que conducen a la primera planta (Lestón Gómez, 1988, 184-185).

Todas estas actuaciones pusieron al descubierto abundante material romano, medieval y moderno. En este trabajo se pretende dar a conocer el material vítreo de época romana resultante de ambas intervenciones. No obstante, del seguimiento inicial de las obras sólo se recuperaron tres fragmentos mientras que los restantes proceden de la excavación de urgencia.


Los vidrios de época romana procedentes de las actuaciones arqueológicas practicadas en 1988 en la Casa Martelo (A Coruña)

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Fig. 2. 1.Is.5; 2:ls.31; 3:ls.106c; 4:ls.87+

ANÁLISIS DEL VIDRIO

Cuencos Isings 1 (Fig.l.l) En la cuadrícula E-1 procedente de un nivel de revuelto se halló un fragmento de borde y pared de un recipiente que se puede catalogar dentro de la forma 1 de Isings. Es un cuenco hemisférico que generalmente presenta el labio redondeado y liso y la base cóncava y ápoda. Estos artículos son de los más antiguos y se realizaban mediante la técnica del prensado dentro de molde imitando las formas metálicas y cerámicas. Se ha establecido su cronología en torno a finales del siglo 1 y principios del II d.C. Los paralelos más cercanos los encontramos en Cantón Grande (A Coruña) (inédito) y en el ejemplar n022 hallado en las recientes excavaciones de Conimbriga (Alarcao y otros, 1976, 161 Y 165; pl.XXXIV.22). 1.

(CM-SS/V-7). Fragmento de borde y pared. Vidrio transparente e incoloro. Grosor: 2mm. Diámetro aproximado: SOmm. Procedencia: excavación de M. Lestón.

-Platos Isings 5 (Fig.2.1) En el nivel de relleno constituido por tierra arenosa de color castaño, se localizó - asociado a una importante cantidad de cerámica romana - un frag-

mento correspondiente a un plato que presenta un característico borde en forma de acento circunflejo cuya vertiente exterior es más corta que la que se une al cuerpo, no conservado debido a que el recipiente se ha fracturado en el arranque de éste. El borde tiene una marcada angulosidad consecuencia del pulido a torno y en él se daría el máximo grosor de la pieza. Se trata de un ejemplar liso, sin decoración que ha sido elaborado mediante la técnica de soplado dentro de molde y toda la pieza ha sufrido un acabado final a torno. Durante la dinastía Flavia se produce el paso del vidrio intencionalmente coloreado al incoloro. No obstante, los recipientes incoloros forman parte, desde el punto de vista técnico, de la misma tradición que el vidrio soplado en molde coloreado; la manufactura es muy parecida y coincide, igualmente, la preferencia por las formas angulosas. Ambas clases, coloreados e incoloros, constituyen los recipientes más lujosos y elegantes. Con esta técnica se fabricaron platos y cuencos diversos que conservan reminiscencias de los prototipos cerámicos y metálicos (Grose, 1994, 1). Los ejemplares conocidos proporcionan una cronología de fines del siglo 1 d.C. y del II (Flos Travieso, 1987, 72). Encontramos paralelos en Conimbriga, especialmente con el fragmento n0102 procedente de las


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MARÍA DE LOS ÁNGELES

excavaciones antiguas (Alarcao, 1965: 75-78; esto IV. 102) y con el nOl08 de las recientes (Alarcao y otros, 1976, 171-174 Y 181; pI. XXXVlII.I08). 2.

(CM-88N-78). Fragmento de borde en forma de acento circunflejo. Vidrio translúcido blanquecino. Desvitrificación, con irisaciones y picado. Diámetro aproximado: 230 mm. Grosor del borde: Smm. Procedencia: excavación de M. Lestón.

-Vasos Isings 31 (Fig.2.2) Se localizó un fragmento de borde y pared de un pequeño vaso que posiblemente se corresponde con la forma 31 de Isings. Se trata de un ejemplar fino y raro que presenta una decoración en relieve a modo de hojas dispuestas diagonalmente. Fue realizado en vidrio incoloro mediante el procedimiento de fundido en molde aunque es preciso señalar que la pieza está deteriorada y muestra una tonalidad blanquecina. No hemos hallado otras piezas que presenten esta decoración debido a que es inusual. La más característica en este tipo de recipientes es la consistente en gotas o cabujones. Isings 0957, 45) señala que este tipo de recipientes imitaban a los productos realizados en metal. Su cronología plantea grandes dificultades aunque siguiendo a esta autora proponemos una fecha en torno a mediados-finales del siglo 1 d. C. 3. (CM-88/S99). Fragmento de borde y pared. Vidrio translúcido blanquecino. Presenta escamación. Grosor: 4 mm. Procedencia: seguimiento realizado por J .M. Bello.

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Se comienzan a producir a partir del reinado de Claudio y su auge tiene lugar en la época Flavia, constituyendo uno de los tipos de recipientes de uso doméstico y cotidiano más frecuentes en las provincias occidentales del Imperio durante los siglos 1 y II d. C. (Isings, 1957, 64). Su abundante presencia en yacimientos gallegos (Cidadela, Viladonga, Noville, Santomé, Baños de Riocaldo, entre otros) hace pensar en una producción industrial de artículos serviciales y económicos destinados al almacenaje y no al servicio de mesa (Xusto, 1995) aunque todavía no se han hallado talleres que avalen esta hipótesis. Con respecto al fin de la producción, seguramente no tuvo lugar antes del siglo II d. C. En Occidente desaparecen del registro arqueológico en el siglo lII, salvo casos aislados que se entienden como supervivencias asociadas a ajuares de tumbas o urnas cinerarias. 4.

5.

6.

7.

8.

-Botellas Isings 50 Son las más numerosas y se han documentado en prácticamente todos los niveles. Se conservan fragmentos de cuellos, paredes y bases probablemente correspondientes a botellas cuadrangulares tipo Isings 50 aunque es necesario matizar -dado que no aparecen asociados a otros más definitorios desde el punto de vista morfológico, como es el caso de los cuerpos- que también pueden formar parte de botellas cilíndricas tipo Isings 51 o de frascos Isings 102. No se ha localizado ningún fragmento de borde ni de asa. Han sido realizadas en vidrio naturalmente coloreado y mediante la técnica de soplado en molde.

9.

(CM-88N-l). Fragmento de cuello. Vidrio transparente de color verde-azulado (Pantone 333c). Muy rayado, picado y con pequeñas burbujas. Grosor: Smm. Procedencia: excavación de M. Lestón. (CM-88N-21). Fragmento de pared. Vidrio transparente azul-verdoso (Pantone 324c). Rayado, picado y con irisaciones. Presenta abundantes burbujas de pequeño tamaño. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. (CM-88N-27). Fragmento de cuello. Vidrio transparente azul-verdoso (Pantone 324c). Muy deteriorado, escamaciones e irisaciones. Grosor: 3mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. (CM-88N-32). Fragmento de cuello. Vidrio transparente verde (Pantone 34Sc). desvitrificación, irisaciones y rayado. Grosor: Smm. Procedencia: excavación de M. Lestón. (CM-88N-66). Fragmento de base y arranque de pared. Vidrio transparente azul-verdoso (Pantone 324c). Desvitrificación, muy rayado y picado. Grosor: Smm. Procedencia: excavación de M. Lestón. (CM-88N-77). Fragmento de base. Vidrio transparente verde-azulado (Pantone 324Sc). Rayado. Grosor: 4,Smm. Procedencia: excavación de M. Lestón.

-Cuencos Isings 42a (Fig.l.3) Este tipo de cuencos se caracteriza, desde el punto de vista morfológico, por un borde exvasado, horizontal -como sucede en nuestros ejemplaresaunque también es frecuente el oblicuo, y redon-


Los vidrios de época romana procedentes de las actuaciones arqueológicas practicadas en 1988 en la Casa Martelo (A Coruña)

deado a fuego. Presenta un cuerpo de lados convexos y base en forma de cúpula o con un marcado umbo central consecuencia del pontiI. Estos recipientes se realizaban en vidrio naturalmente coloreado - caso de nuestro ejemplar - y en vidrio incoloro; en este sentido, son esporádicos los intencionalmente coloreados. Se elaboraron mediante el procedimiento de soplado al aire. Isings (1957, 58) los enmarca cronológicamente en el último cuarto del siglo 1 d. C. hasta inicios del siglo nI. Son muy frecuentes en la Lusitania central donde podemos citar los de Aramenha (Portugal) (Alarcao, 1971, 192-194; est. 1.5) o los de la colección Bustorff Silva (Simoes, 1987, 265; fig. 6.32). Sin embargo, en el N.O. Peninsular son escasos, aunque van a adquirir un gran auge a partir del siglo nI (Xusto Rodríguez, 1995). La pieza hallada en la Casa Martelo sólo conserva el borde y parte del cuerpo, fue localizada en la cuadrícula A-2 y se realizó en vidrio naturalmente coloreado. Encontramos semejanzas con la pieza número 64 procedente del castro de Coto do Mosteiro (Ourense) (Xusto Rodríguez, 1995, 267272; fig. 56.64) y con las piezas números 41 y 42 del Museo Municipal de Elvas (Portugal) (Alarcao, 1968, 25 Y 26; est. 1.41 y 42. 10. (CM-88/V-18). Fragmento de borde y pared. Borde exvasado, horizontal, vuelto hacia el exterior y engrosado a fuego. Vidrio verde-azulado (Pantone 359c) con abundantes burbujas. Grosor: 2mm. Grosor del borde: 4mm. Diámetro aproximado: 90mm. Procedencia: excavación de M. Lestón.

-Cuencos Isings 85b (Fig.l.5 Y 6) Se localizaron dos fragmentos, uno correspondiente al borde y pared -no7- y el otro a una base y arranque de pie _n° 6_ 1 . Este tipo de recipientes, realizado fundamentalmente en vidrio incoloro y mediante la técnica de soplado libre, se define, desde el punto de vista morfológico, por un cuerpo cilíndrico o levemente redondeado con borde engrosado y acabado a fuego y base a menudo plana asentada sobre pie de

1 Se recuperó entre los cuadros B-2/C-2

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doble anillo -caso de nuestro ejemplar- o pie anular simple. Isings (1957,102) apunta una cronología de fines del siglo n d. C. e incluso nI. La pieza n06 es muy similar a tres localizadas en la villa galaico-romana de Baños de Riocaldo (Ourense) (Xusto Rodríguez, 1995,294 Y306-310, n079, 80 y 81; fig. 68.79, 80 y 81). Otros paralelos los encontramos en el fragmento número 11 7 de las antiguas excavaciones de Conimbriga y en el 172 de las recientes (Alarc;ao, 1965, 80 y 85; esto IV.117 y Alarcao y otros, 1976, 186 y 190; pI. XLI. 172) donde constituyen una de las formas más abundantes. Estamos de acuerdo con este investigador cuando afirma que al no haberse hallado ningún cuenco completo que pertenezca indiscutiblemente a este tipo, su adscripción plantea dificultades. Con respecto al ejemplar n07 encontramos semejanzas igualmente con el fragmento n079 de la villa galaico-romana de Baños de Riocaldo (Ourense) (Xusto Rodríguez, 1995, 294 Y 306-310, n079; fig.68.79). 11.

(CM-88/V-31). Fragmento de pared y arranque de base. Vidrio transparente e incoloro. Picado, rayado y con abundantes burbujas. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. 12. (CM-88/384). Fragmento de borde y cuerpo. Vidrio transparente e incoloro. Grosor: 3 mm. Procedencia: seguimiento realizado por ].M. Bello.

-Cuencos Isings 87 (Fig.l.2) El único ejemplar hallado se caracteriza, desde el punto de vista morfológico, por un borde recto y redondeado a fuego. Presenta un perfil en "S" y el cuerpo descansaría sobre un pie alto tubular -que no se conserva- . Ha sido elaborado en vidrio incoloro mediante el procedimiento de soplado al aire. Muestra una decoración consistente en un filete aplicado. Isings (1957, 104) propone una cronología amplia que abarca desde finales del siglo 1 d. C. hasta finales del siglo n. Encontramos paralelos en la pieza n025 procedente de la necrópolis de Monte Mozinho (Portugal) (Moreira, 1997, 29 y 50; est.IX.25) aunque este investigador lo encuadra en la forma Isings 96. También nuestro fragmento es similar al


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MARÍA DE LOS ÁNGELES

n057 procedente de San Cucufate (Portugal) (Nollen, 1988,24 Y 29; est.II.57). 13. (CM-88/389). Fragmento de borde y pared. Vidrio transparente e incoloro. Grosor: 4 mm. Procedencia: seguimiento realizado por ].M. Bello.

-Vasos Isings lo6c (Fig.2.3) En la cuadrícula E-3 se ha documentado un fragmento -número 13- correspondiente a un vaso cónico que se puede encuadrar en la forma 106c de Isings (1957,126-131) aunque presenta una característica base multiangular. Incluimos también en este apartado una pieza -número 14- procedente de la escombrera, elaborada en vidrio incoloro con una ligera tonalidad azulada, aunque somos conscientes de que, dadas las escasas dimensiones del fragmento conservado, resulta muy difícil su adscripción a un tipo concreto. En todo caso, pertenecería a la variante de cuerpo ligeramente ovoide. Nos parece semejante al vaso número 237 hallado en la villa galaico-romana de Baños de Riocaldo (Ourense) (Xusto Rodíguez, 1995, 535-545 y 567; fig. 177) Y al número 21 procedente de la necrópolis de Monte Mozinho (Portugal) (Moreira, 1997,29 y 50; esto IX. 21). Este tipo de recipientes proporcionan una cronología del siglo IV d. C. y parece que desde mediados de ese siglo alcanzaron una gran difusión, sobre todo, en las provincias de la zona oeste y noroeste del Imperio (Isings, 1957,129). Los vasos cónicos Isings 106c, en la variante de base multiangular 2 sufren un proceso de elaboración en dos fases: primeramente son soplados dentro de un molde bajo mültiangular y, una vez extraídos de éste, se continuaba con el soplado al aire (Xusto Rodríguez, 1995). Aunque también se realizaron en vidrio incoloro son más frecuentes los de tonalidades verdosas amarillentas o azuladas -como es el caso de nuestras piezas-o Encontramos paralelos -de la variante de base multiangular- en diversos yacimientos del N.O. Peninsular: en la necrópolis de A Lanzada (Ponte-

2 Este autor 0995:541) establece, dentro de los vasos cónicos

Is.106c, dos variantes: una constituida por ejemplares de cuerpo ligeramente ovoide y otra por los de base multiangular.

V AZQUEZ MARTÍNEZ

vedra) (Blanco Freijeiro y otros, 1961, 147, tumba 8; fig. 3 y lám. 5a), en el campamento romano de Cidadela (A Coruña) (Caamaño Gesto, 1990, 180, n° 16; fig. 1.16), en la villa tardorromana de Toralla (Pontevedra) (Hidalgo Cuñarro, 1990-91; fig.27.19 e Hidalgo Cuñarro, 1992; fig. 6.19), en el poblado galaico-romano de Santomé y en la villa galaicoromana de Baños de Riocaldo (Ourense) (Xusto Rodríguez, 1995, 535-545 y 577-581; figs. 185188). 14. (CM-88/V-28). Fragmento de base y pared. Base multiangular. Vidrio translúcido verde amarillento (Pantone 373c). Presenta muchas burbujas e irisaciones. Grosor: 2mm. Diámetro aproximado de la base: 35mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. 15. (CM-88/V-14). Fragmento de base y pared. Vidrio transparente con una ligera tonalidad azulada (Pantone 27ü7c). Presenta muchas burbujas; está picado, rayado y tiene irisaciones. Grosor: 2mm. Diámetro aproximado de la base: 33mm. Procedencia: excavación de M. Lestón.

-Vidrios de época romana sin adscripción tipológica Incluimos en esta categoría todos aquellos fragmentos que no conservan ninguna parte definitoria, desde el punto de vista morfológico, como es el caso de los borde y bases en los recipientes abiertos y por tanto no podemos clasificar. 16. (CM-88/V-2). Fragmento de base. Vidrio opaco verde oscuro (Pantone 378c). Se halla en muy mal estado de conservación. Podría ser romano bajoimperial aunque no descartamos una cronología medieval. Grosor: 6mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. D-1/Canal. Revuelto entre muros. 17. (CM-88/V-4). Fragmento de pared. Vidrio transparente verde amarillento (Pantone 366c). Presenta muchas burbujas e irisaciones. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. D-S/Canal. Arena castaño-blanca. 18. (CM-88/V-S). Fragmento de base. Vidrio transparente con una ligera tonalidad ámbar (Pantone 127c). Presenta burbujas e irisaciones. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. E-2. Revuelto de tierra negra con barro. 19. (CM-88/V-6). Fragmento de pared que conserva en su parte inferior los restos de un pequeño filete aplicado. Vidrio transparente e incoloro. Picado, con burbujas e irisaciones. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. B-1. Tierra negra.


Los vidrios de época romana procedentes de las actuaciones arqueológicas practicadas en 1988 en la Casa Martelo (A Coruña) 20. (CM-88/V-8). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro. Picado y con abundantes burbujas. Grosor: 3mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. C-2. Arena. 21. (CM-88/V-9). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro con muchas irisaciones y escamaciones. Grosor: l,5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. F-2. Tierra negra. 22. (CM-88/V-10). Fragmento de base y pie. Vidrio transparente e incoloro. Picado y rayado. Diámetro aproximado del pie: 46 mm . Grosor: 2 mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. C-1. Tierra negra. (Fig.: 3.22) 23. (CM-88/V-11). Fragmento de pared. Vidrio transparente verde aceituna (Pantone 582c). Muy alterado. Escamación. Posiblemente tenga una cronología bajoimperial. Grosor: 2mm. D-2/Canal. Revuelto entre muros. Procedencia: excavación de M. Lestón. 24. (CM-88/V-19). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro. Picado y rayado. Grosor: l,5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. C-5. Tierra castaño arenosa. 25. (CM-88/V-22). Fragmento de base. Vidrio transparente con una tonalidad verdosa (Pantone 372c). Burbujas e irisaciones. Presenta escamación. Grosor: 5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. D-4/Escalón. Capa de arena negruzca. 26. (CM-88/V-23). Fragmento de base y de pie. Vidrio translúcido e incoloro. Escamado. Grosor: 5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. A-2. Tierra negra. 27. (CM-88/V-29). Fragmento de pared que podría pertenecer a un cuenco cilíndrico tipo 85b aunque al no conservarse ni el borde ni la base su clasificación tipológica plantea dificultades. Vidrio translúcido e incoloro con irisaciones. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. E-3. Tierra debajo de escaleras. 28. (CM-88/V-30). Fragmento indeterminado. Vidrio translúcido e incoloro. Presenta escamación. Grosor: 3mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. A-2. 29. (CM-88/V-57). Fragmento indeterminado. Vidrio transparente amarillo verdoso (Pantone 3965c). Muy alterado. Grosor: 3,5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. Relleno canal. 30. (CM-88/V-65). Posible fragmento de cuello correspondiente a un recipiente de grandes dimensiones. Vidrio transparente con una ligera tonalidad verdosa (Pantone 372c). Grosor: 5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. Tierra debajo de escaleras. 31. (CM-88/V-67). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro. Rayado, picado y con burbujas.

32.

33.

34.

35.

36.

251

Grosor: l,5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. Tierra debajo de escaleras. (CM-88/V-68). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro. Picado y con irisaciones. Grosor: 2,5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. Derrumbe de catas. (CM-88/V-70). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro. Rayado y con burbujas. Grosor: 2,2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. Derrumbe de catas. (CM-88/V-71). Fragmento de borde y pared. Borde exvasado, horizontal, vuelto hacia el exterior y engrosado a fuego. Vidrio transparente e incoloro. Desvitrificación, irisaciones, picado y rayado. Grosor: 2 mm . Procedencia: excavación de M. Lestón. Derrumbe de catas. (Fig.: 1.4) (CM-88/V-72). Fragmento de pared. Vidrio transparente e incoloro. Grosor: 2mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. A-lIB-1. (CM-88/V-73). Fragmento indeterminado. Vidrio transparente e incoloro con pequeñas burbujas e irisaciones. Grosor: 1,5mm. Procedencia: excavación de M. Lestón. B-2.

CONSIDERACIONES FINALES El presente trabajo ha pretendido ser una pequeña aproximación al estudio del vidrio de época romana, basándose en los ejemplares procedentes de las excavaciones de urgencia practicadas por J .Ma. Bello y M. Lestón en 1988 en la Casa Martelo (A Coruña). Es preciso matizar que la muestra es muy pobre debido al alto grado de fragmentación. La mayor parte de los ejemplares tienen escasas proporciones y no aparecen asociados a otros más definitorios desde el punto de vista morfológico. Esto es algo habitual en este tipo de material arqueológico ya que, a diferencia de lo que sucede con otros, fractura en muchos más restos. Por otro lado, el vidrio carece de líneas de contorno lo que constituye una dificultad añadida para el ensamblaje de las piezas. A continuación debemos señalar que presentaba, en líneas generales, un elevado deterioro consecuencia no sólo de las condiciones de enterramiento sino también de los componentes químicos que


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MARÍA DE LOS ÁNGELES

integran las piezas y de las técnicas empleadas para su manufactura. En todo caso, se pueden establecer dos grupos en función de su estado de conservación. En el primero se incluirían los vidrios incoloros y blanquecinos que han sufrido un proceso de desvitrificación debido a la acción de los agentes atmosféricos que ha provocado que la superficie de los mismos se torne parcialmente cristalina, superponiéndose finas láminas cuyo color, textura y grosor difiere de unos ejemplares a otros. El fenómeno de refracción de la luz a través de estas láminas produce irisaciones que, aunque confieren a los vidrios antiguos un aspecto atractivo, sin embargo son indicativas de su progresiva y lenta destrucción. (Ortiz Palomar, 1993). El segundo grupo estaría formado por los ejemplares naturalmente coloreados (azul-verdoso, verde-azulado y azul turquesa)3. Generalmente son los que mejor resisten el paso del tiempo y el proceso de desvi trificación les afecta en menor medida que el grupo anterior. A pesar de que la colección es pequeña ha sido posible reconocer algunas piezas y clasificarlas según las formas establecidas; por tanto, creemos que su análisis ha resultado útil para confirmar la cronología del yacimiento y para contrastar los datos existentes sobre los recipientes de vidrio de época romana que frecuentemente quedan marginados de la investigación. En este sentido, podemos señalar que todos los ejemplares identificados se corresponden con artículos destinados a servicio de mesa y almacenaje; siendo más abundantes los fragmentos de botellas, cuencos y vasos mientras que tan sólo se documentó un plato. Entre los recipientes altoimperiales y que, por tanto, documentan ese primer momento de ocupación tenemos un plato incoloro realizado con la técnica de soplado en molde que atestigua el cambio que se produce durante la dinastía Flavia y que supone el paso del vidrio intencionalmente coloreado al incoloro. Igualmente nos proporciona esa cronología el vaso perteneciente a la forma 31 de Isings que ha sido elaborado mediante el mismo procedimiento.

3 Aquellos para los que no se ha empleado aditivos.

V ÁZQUEZ MARTÍNEZ

Ambos recipientes son lujosos y elegantes y su presencia es escasa no sólo en la Casa Martelo sino en otros yacimientos del Noroeste peninsular adscritos a esta cronología. En cuanto a recipientes más económicos y de uso cotidiano tenemos botellas cuadrangulares ti po Isings 50, posiblemente destinadas a la contención de líquidos y semilíquidos. Han sido elaborados en vidrio naturalmente coloreado y mediante el soplado dentro de un molde. Su uso se generaliza, en las provincias occidentales del Imperio, a finales del siglo I y durante todo el siglo II. En la Casa Martelo se localizan en prácticamente todos los niveles y dado que estos artículos desaparecen del registro arqueológico durante el siglo III tanto nos pueden documentar el primero como el segundo momento habitacional. Posiblemente proporcionándonos todavía un contexto altoimperial tenemos el cuenco perteneciente al tipo 87 de Isings que ha sido realizado en vidrio incoloro a través del procedimiento del soplado libre y presenta una decoración consistente en un filete aplicado. Es probable que en ese mismo contexto de principios del siglo II d. C. haya que incluir el fragmento correspondiente a un cuenco tipo Isings 42a realizado mediante el soplado al aire. Aunque teniendo en cuenta la amplia cronología que presenta esta forma no es descartable una datación posterior. Cabe señalar que el recipiente más usado para beber durante el siglo II d. C., e incluso en los inicios del III, es el cuenco cilíndrico correspondiente a la forma 85b de Isings, que usualmente se realizaba en vidrio incoloro. En este sentido, este yacimiento no constituye una excepción puesto que se han documentado dos ejemplares que nos están indicando ya el segundo momento ocupacional correspondiente a un vertedero. No se han localizado, no obstante, fragmentos correspondientes a la forma 34 de Isings que debió ser, en esas fechas, casi tan común como los cuencos cilíndricos y cuya funcionalidad va a ser progresivamente asumida por los vasos cónicos Isings 106, que sí están presentes - aunque en su variante c - y que proporcionan una cronología del siglo IV d. C., a pesar de que será desde mediados de siglo en adelante cuanta más difusión alcancen.


Los vidrios de época romana procedentes de las actuaciones arqueológicas practicadas en 1988 en la Casa Martelo (A Coruña)

Para concluir subrayar el valor del vidrio no sólo como un elemento fundamental para la datación de los estratos arqueológicos sino también porque es capaz de proporcionarnos abundante información sobre el proceso romanizador de Galicia.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 255-258

NOTICIA PRELIMINAR DE LA LOCALIZACIÓN DE UN CEPO DE PLOMO EN AGUAS DE LA BAHÍA CORUÑESA

MIGUEL SAN CLAUDIa SANTA CRUZ Arqueólogo. Museo Arqueológico de La Coruña

RAÚL GONZÁLEZ GALLERO Arqueólogo.

Ante la realización de un nuevo dragado general del puerto de La Coruña, la Autoridad Portuaria de A Coruña adjudica a la empresa Construcciones Paraño S.A., COPASA, la ejecución de la obra. Ante la necesidad de llevar a cabo un estudio arqueológico sobre el posible impacto que las obras pudieran causar sobre el Patrimonio Cultural Sumergido l , la empresa COPASA, contrató los servicios de ADOBRICA ARQUEOLOXÍA S. 1. para llevar a cabo el citado estudio, donde se plasmaran las zonas de mayor riesgo potencial para el patrimonio arqueológico, y las propuestas de medidas cautelares o correctoras a ejecutar de forma previa al dragado o durante la ejecución del mIsmo. Dicho informe fue presentado ante la Dirección Xeral do Patrimonio Cultural en enero de 2001. Una vez emitido informe por la entidad de cultura, la empresa COPASA encarga a ADOBRICA ARQUEOLOXIA la redacción del proyecto de intervención arqueológica según lo establecido en la legislación vigente en materia de Patrimonio. Este proyecto fue autorizado en marzo del mismo año comenzándose a ejecutar los trabajos arqueológicos el día 26 del mismo mes, prolongándose las tareas de prospección 2 hasta el día 24 de abril de 2001. Posteriormente se desarrollaron las tareas de control del dragado en las áreas sensibles

l. 2.

En cumplimiento del art. 62 de la Ley de Puertos, y la legislación sobre Medio Ambiente y de Patrimonio Cultural. Dirigidas por Miguel San Claudia Santa Cruz con la participación de Raúl Gallero.

marcadas en los informes antedichos, control que se prolongó hasta el mes de septiembre de 2001. Las primeras intervenciones arqueológicas subacuáticas en el Puerto de La Coruña se remontan a épocas tan tempranas en el contexto español como los años 1976 y 1977. Las realizaron buceadores del Club del Mar de La Coruña, encuadrados en el G.I.R.A.S. (Grupo de Investigación y Rescate Arqueológico Subacuático), bajo la inspiración de Dn. Rafael Mejuto García, delegado de Arqueología Subacuática de la Federación Gallega de Actividades Subacuáticas y con la coordinación del Museo Arqueológico de La Coruña. Este grupo desarrolló trabajos de prospección arqueológica subacuática en Finisterre, Laxe, Centroña y Viveiro y, fundamentalmente, en la bahía de La Coruña, ante la riqueza arqueológica de sus fondos. Se prospectó el área del Parrote, en todo el frente de la Solana, la de San Diego y la peña de las Ánimas. Los resultados de estas tempranas intervenciones han sido confirmados con los datos obtenidos tras esta última intervención, la zona del Parrote se mostró como la más fértil tanto en cuanto a materiales como a la antigüedad de los mIsmos. Tras la prematura muerte de Rafael Mejuto, en 1988 y, dirigida por Rosario Valdés Blanco - Rajoy y Clara Eugenia Garrido Martínez, se desarrolla una nueva prospección arqueológica subacuática en las zonas inmediatas a la Dársena y al paseo del Parrote motivada por la próxima construcción del Paseo Marítimo y la remodelación portuaria prevista. Coordinada de nuevo desde la Federación


256

MIGUEL SAN CLAUDIa SANTA CRUZ / RAÚL GONZÁLEZ GALLERO

i~?~i~81i:

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10.1 :

10.1

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Fig.1: Puerto de La Coruña, área del Parrote

Gallega de Actividades Subacuáticas, y contando con la colaboración desinteresada de los buceadores deportivos del Club del Mar y con el apoyo del Museo Arqueológico de La Coruña y el permiso de la Dirección Xeral do Patrimonio de la Xunta de Galicia. Los resultados de esta última intervención vinieron a confirmar los ya conocidos con anterioridad y los que ha proporcionado la intervención actuaL Esto es: que en el área del Parrote - Castillo de San Antón se conservan los únicos fondos arqueológicamente vírgenes de todo el ámbito portuario coruñés y su gran riqueza arqueológica. Es de destacar la poca cantidad de restos materiales localizados en este momento frente a ocasiones anteriores y posteriores, provocada tal vez por procesos alternativos de sedimentación y pérdida de sustrato que pondrían alternativamente al descubierto o cubrirían los materiales bajo el sedimento. La zona del Parrote se encuentra inmediata a la escollera del Paseo Marítimo del Parrote y hacia el Sur llega al veril de los 7,5 mts, a partir del cual el fondo ha sido dragado en diferentes ocasiones.

Son fondos de arena y cascajo principalmente, superpuestos a una capa de lodo compacta. Arqueológicamente es una zona muy rica diferenciándose dos zonas en base a la cronología de sus materiales. En la zona más inmediata al Castillo de San Antón aparecen mayoritariamente materiales de época moderna sin prácticamente hallazgos atribuibIes a época contemporánea. Al Oeste de las piedras de San Miguel, apreciables en un afloramiento en la escollera del Paseo Marítimo, se localizan materiales de época contemporánea pero también materiales de origen claramente romano. La presencia de materiales de cronología moderna en esta última zona no ha podido ser constatada. Todos los materiales localizados en las campañas descritas lo fueron en superficie y, si bien, no se encuentra ninguno sobre el talud, sí parecen estar en relación con él, como si su presencia provocara el afloramiento de los materiales. A medida que nos separamos hacia el W de las piedras de San Miguel, los materiales se rarifican hasta el punto de no aparecer material de ningún tipo que no sea contemporáneo. Hacia la mitad del


Noticia preliminar de la localización de un cepo de plomo en aguas de la bahía coruñesa

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• Fig.2: Cepo de plomo del Parrote. Dibujo de Iria López Baltar (La Coruña)

espacio comprendido entre las piedras de San Miguel y el martillo que cierra la Nueva Dársena hay una depresión en el fondo a modo de vaguada que avanza hacia el Norte y que alcanza unos 7 metros de profundidad en marea baja que no se recoge en las cartas. Siguiendo hacia el W, el fondo vuelve a disminuir y su composición varía a arena y cascajo sin fangos. Precisamente en este lugar y a unos 5 metros de profundidad se localizó sobre el fondo el cepo de plomo de un ancla romana. No se localizó ningún otro tipo de material asociado, a excepción del fondo y arranque de un tiesto cerámico con el que no parece tener relación. El punto de localización del cepo se encuentra a unos 40 metros del inicio del declive marcado por el cantil de los dragados anteriores. Se trata de una pieza de pequeño tamaño, para las dimensiones que pueden alcanzar objetos similares,

mide 64, 5 cm. de longitud total con un peso de 20 Kgs. Estas dimensiones nos hacen relacionar esta pieza con una embarcación de pequeñas dimensiones - 5 a 10 m-, dedicada por tanto a un tráfico local o por las rías. Es de destacar su hallazgo en un contexto portuario, algo muy inusual. Hasta ahora el único hallazgo de objetos similares en aguas gallegas se había producido en 1985 en Punta Udra, ría de Pontevedra, donde se localizaron tres piezas similares aunque de unos 150 cm. de longitud. Este tamaño, dos veces y medio la pieza que nos ocupa, nos habla de un buque de dimensiones respetables dedicado probablemente a la navegación de altura. La novedad en el caso coruñés es que se trata de un elemento realizado para la navegación de cabotaje en las rías, navegación que, como prueba esta pieza, se hacía con tecnología náutica romana. Hasta ahora desconocíamos cualquier información


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MIGUEL SAN CLAUDIa SANTA CRUZ / RAÚL GONZÁLEZ GALLERO

Fig.3: Cepo de plomo del Parrote (La Coruña)

sobre la navegación local en época romana en nuestras costas, hoy sabemos que existió y empezamos a atisbar sus características. Este cepo podría ponerse en relación con la supuesta existencia de una instalación portuaria romana en las cercanías de este punto, apuntada anteriormente por diversos autores. En las cercanías de este objeto se localizan bloques de piedra de origen desconocido, no pudiendo rechazar su carácter natural frente a la posibilidad de relacionarlos con la infraestructura portuaria romana ya citada. El hallazgo totalmente inhabitual en aguas gallegas de un cepo de plomo de origen romano en una zona tan concreta, debería llevar a extremar la precaución ante la posibilidad de nuevos hallazgos en una zona con claras relaciones a yacimientos terrestres.

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 259-274

(ETNO)ARQUEOLOXÍA DA EMIGRAZÓN NA GALIZA: DO ANTlGO RÉXIME Á MODERNIDADE ATRAVÉS DA CULTURA MATERIAL

ALFREDO GONzALEZ RUIBAL

Depto. de Prehistória. Universidade Compluetense 28040 Madrid

Abstract: The (Ethno) Archaeology 01 Migration in Galicia: Prom the Old Regime to Modern Times through the Material Culture. The study of migration in Galicia (NW Spain) has been a traditional subject of analysis for the different social sciences such as hisrory, anthropology and sociology. They have aH based their stlldies on texts and oral information. We propose an alternative form of narration based primarily on material remains. The (ethno)archaeology of migration has led llS ro a better understanding of the cognitive aspects characterizing the shift from the üld regime to Capitalism in the region and how people acmaHy lived through this transformation. Key Words: (Ethno)archaeology; material culture; migration.

Arqueoloxia, cultura material, etnoarqueoloxia: a análise do significado dos obxectos e a emigrazón galega A emigrazón é un dos temas preferentes dentro da historiografia galega, o cal resulta perfectamente comprensível se pensamos na importáncia que o fenómeno tivo no desenvolvemento da nosa mais recente história. Os enfoques cos que se ven abordando son mOl variados: historiadores, antropólogos e sociólogos teñen estudados as cuestóns políticas, económicas, sociais e en menor medida cognitivas da diáspora galega. As fontes de que se fai uso na análise, sen embargo, son case exclusivamente de dous tipos: as escritas (periódicos, memorias, informes, dados estadísticos, obras literarias da época, literatura popular, etc.) e as orais (testemuños da xente que protagonizou o episódio ou os seus descendentes). Desde fai unhas décadas, non obstante, alguns investigadores están a chamar a atenzón sobre as posibilidades que ofrece a cultura material para entender diversos procesos históricos cercanos a nós no tempo. A informazón que ofrecen os obxectos pode

ser de todos os tipos antes citados, pero a que quizais resulta mais importante é a referente a mentalidade, os factores cognitivos e simbólicos, pois a cultura material acha-se constituida de forma significativa, codifica mensaxes e comportamentos asumidos polos membros de unha sociedade e fala -de forma mais ou menos implícita- das crenzas, as aspirazóns e os medos dun povo. A nosa proposta de estudo da emigrazón en Galiza basea-se fundamentalmente -case exclusivamente- nos restos materiales que deixou o proceso a longo dos últimos cen anos, o que para os mais dos historiadores non deixa de ser anecdótico (NÚÑEZ 1998; vexa-se no senso oposto, CARDÍN 1984, ao tratar certos aspectos da emigrazón asturiana, e especialmente CASTRO 1997, para o caso galego). Trata-se, polo tanto, dun estudo arqueolóxico, no senso da arqueoloxia como ciéncia da cultura material de calquera época ou lugar, que pretende remitificar (segundo o concepto de Ricoeur) o cotián (pois o material soe ser cotián e o cotián anécdota para o historiador dos textos, BRITTON 1997) e


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dar-lle O seu xusto lugar na conformazón da mentalidade capitalista en Galiza. Podemos escoller, sen embargo, o termo de etnoarqueoloxia, en tanto que se trata da análise de unha sociedade ainda viva e que alumea co recurso a oralidade o muitas veces confuso mundo dos obxectos. O tipo de estudo que propomos, non obstante, acha-se mais perto do que no ámbito anglosaxon considera-se estudos de cultura material! como unha rama diferenciada da arqueoloxia, a etnoarqueoloxia, a história e a antropoloxia, ainda que relacionada con todas elas. Éstes últimos centran-se con preferéncia nas sociedades occidentais e capitalistas, frente aos etnoarqueólogos que tradicionalmente preferiron as preindustriais como obxecto de comparar coas culturas prehistóricas (dentro da concepzón positivista da subdisciplina). A (Etno)arqueoloxia da emigrazón na Galiza ten que tratar con duas sociedades diferentes: a preindustrial e a industrial, a campesiña e a capitalista, cada unha delas caracterizada, como veremos, por un mundo material e unha cosmovisón. Polo tanto, calquera etiqueta que se quera poñer a esta caste de traballo das arriba citadas amosase-nos correcta. Levamos a cabo o noso estudo dos restos materiais da emigrazón entre 1997 e 1999 na comarca de Terra de Montes, no interior de Galiza, entre as provincias de Pontevedra e Ourense, de ali surxiron unhas conclusóns que espuxemos en sendos traballos (GONZÁLEZ RUIBAL 1998, 1999), e que proceden da análise de medio centenar de aldeas parcial ou totalmente abandonadas na rexion, o estudo pormenorizado de 14 edifícios, cos seus restos móveis, e da cultura material abandonada (preindustrial) e en uso (preindustrial e capitalista) ao longo de toda a bisbarra. O noso obxectivo foi facer unha história da cultura através da arqueoloxia (no senso de MORRIS 1997), unha história da transformazón da cultura galega tradicional en unha mais das culturas capitalistas occidentais. O que aqui propomos é unha guia dalgunhas das posibilidades que a (etno)arqueoloxia posue na análise do significado da cultura material contemporánea galega. A nosa investigazón parte da comprensón da cultura material coma un texto, mais non no senso estruturalista (non buscamos a gramática oculta dos obxectos), se non no senso

post-estruturalista: esto é, o texto como forma de comunicazón, manipulado consciente ou insconscientemente para facer afirmazóns sobre a sociedade. A comunicazón leva-se a cabo mediante o uso de figuras retóricas: metáforas, metonimias, hipérboles, pois é mediante os tropos que entendemos e categorizamos o mundo no que vivimos, cos que construimos a nosa história de vida e a nosa identidade. A metáfora, a figura que abranxe as outras todas, é, segundo Ricoeur, "o proceso retórico polo que o discurso libera o poder que teñen certas ficcions de redescrever a realidade". Ao descubrir as metáforas da cultura material liberamos a sua realidade. A nosa análise pretende polo tanto ser hermenéutica, descubrir o significado cifrado nas cousas cotiás e, en ocasóns, desconstruir as mensaxes ideolóxicas que transcenden da cultura material. Utilizando os termos de Ricoeur, a hermenéutica arqueolóxica há ser dobre: por un lado ternos que aplicar a hermenéutica da sospeita (contra as histórias creadas pola historiografia, a antropoloxia, a socioloxia); polo outro, hemos de recurrir a hermenéutica da escoita (das histórias agochadas nas cousas vulgares, das mensaxes que os nosos campesiños codifican nos obxectos e que han vir a lume). A arqueoloxia da cultura tradicional galega deve establecer a sua própia axenda, os seus própios obxectivos, pois coa nosa história pode suceder o que Dyson critica da história de Roma: "as veces penso que pod~mos saber mais dos mayas, onde somos conscentes da nosa iñoráncia, que sobre os romanos, onde non o somos" (cit. en BRITTON 1997:17).

Do Antigo Réxime ao Capitalismo: unha "arqueoloxia da emigrazón"l ¿Qué pasa se Hes aplicamos as hermenéuticas da sospeita e da escoita a cultura material galega do século XX? É posível que achemos unha ou várias histórias alternativas as oficiais dos historiadores,

Capitalismo, mundo industrial, nova orde, novo sistema ou Modernidade usan-se ao longo do texto como sinónimos, do mesmo xeito que facemos, por outra banda, con Amigo Réxime, mundo preindustrial, vella orde e vello sistema.


(Etno)arqueoloxía da emigrazón na Galiza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

sociólogos e antropólogos, ou mesmo que a história

oficial apareza alumeada por unha nova e inesperada luz (a luz da arqueoloxia). A emigrazón é o proceso através do calo mundo rural galego entra primeiro en contacto coa Modernidade e remata sendo asimilado por ésta. O resultado supon o despovoamento dos asentamentos rurais e a desaparizón da cultura campesiña. Non é este un fenómeno novo na história europea. O tránsito a primeira modernidade no Vello Continente foi en muitos sensos similar ao fenómeno que nos amosamos para o século vinte galego: "o proceso foi longo, prolongou-se nalgunhas rexions até 1550 e, no seu conxunto, presenta menos a extinzón que un amplo cuestionamento do que fora o espazo rural na Idade Media. Non é casual, non obstante, que esta longa crise coincidise cronolóxicamente co inicio das expedizóns marítimas a rexions alonxadas" (ZUMTHOR 1994: 72). O pulo do urbanismo e a emigrazón ultramariña inauguran a modernidade no século XV coma no XX, dependendo das zonas. O paradigma da modernidade, a episteme da racionalidade, o progreso, o antropocentrismo, o individualismo vai-se impondo a modo e en moi distintos eidos. KUHN (1959) explica o proceso que vai facendo desaparecer os vellos conceptos preindustrais e míticos respeito ao cosmos e cómo se van adoptando as novas ideas, através de distintas fases (representadas por Copérnico, Galileo, Newton o Einstein). A modernidade tamén e un proceso de imposizón de certas formas artísticas, de novas ideas estéticas: a simetria e orde, a artificialidade, substituen (en unha volta ao pasado grecorromano) a organicidade das formas medievais, o cal afecta tanto a arquitectura culta coma a popular (MORRISON 1952, GLASSIE 1975). Mais se a primeira ten o seu paso a Modernidade a finais do século XV, a arquitectura popular manten a sua ideosincrásia medieval até os nosos dias. Na práctica do poder, e concretamente na economia dos castigos, a transformazón ten lugar no século XVIII, que ve a progresiva desaparizón da tortura e o suplício e o cámbio da pena do corpo a alma do condeado (FOUCAULT 1998). Na organizazón política xurden asi mesmo cambios que levan ao final primeiro das monarquias feudais (xurden os

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Estados modernos) e mais tarde das absolutas (achámonos cos primeiros sistemas representativos). Tamén as relazóns sociais sufren unha convulsón: do colectivo pasa-se ao individual, o que ven ben representado polo cámbio da comida en unha mesma ola ao prato individual (DEETZ 1996), as solidaridades campesiñas desaparecen, pois fan acto de preséncia individuos capitalistas que non dependen delas (THOMPSON 1979). Incluso nos aspectos mais insospeitados a nova mentalidade trae consigo o cámbio: o concepto do lixo, por exemplo (DEETZ 1996). Deixan-se de arroxar os desfeitos polas ruas e campos e amoreanse en en lugares dedicados exclusivamente a acoller lixo. Na descrizón dos distintos eidos que se transforman co Capitalismo/Modernidade atopamos unha nota comun: sempre son cousas positivas -non no senso moral, senon no senso de construizón frente ao de destruizón, ou -polo menos- de substituzón. Construen-se unha nova arquitectura, unhas novas relazóns sociais, unha nova concepzón do universo. Pero tamén se destrue -e muito. A destruizón é posívelmente unha das componentes fundamentais da Modernidade e a mellor imaxe dela ofrece-nola sen dúvida a ruina. A paisaxe do Capitalismo impon-se con ruinas, cada periodo ten cadansua ruina e éstas marcan con fitos a progresón nos demas campos. O Renacemento inaugura-se con un triunfo do destruido: os vestíxios do mundo clásico e a sua revalorizazón. O aprezo aos restos grecorromanos significa muito mais que eso: é o amor a muitas das características da Modernidade, coma a simetría e orde. O seguinte gran fito é o final da paisaxe medieval de castelos e mosteiros: as desamortizazóns que sacuden Europa e América a partir durante o século XVIII e XIX. Se as primeiras ruinas significaban o fin de unha estética e todas as suas consecuencias (a nozón de individuo, por exemplo), as segundas significan o final dunha orde sociopolítica e económica, o sistema estamental, os priviléxios do vello sistema. O Capitalismo, en fin, vai impondo os seus conceptos de limpeza, orde, racionalidade, progreso, individualidade en todos e cada un dos eidos de actividade humana. O Antigo Réxime vai paralelamente arrecuando en todos os terreos. En case todos, pois


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un resistiu-se sempre a episteme invasora: as aldeas dalguns lugares de Europa representan a mediados do século vinte o último bastion onde as ideas da vella orde se manteñen con maior ou menor firmeza. Pero tamén elas caen. Entre finais do século pasado e os anos sesenta do noso século, fundamentalmente, desaparece a paisaxe campesiña europea como se viña mantendo desde as postrimerias da Idade Media. O éxodo as urbes e a emigrazón ultramariña producen unha paisaxe despovoada e pantasmal de aldeas ruinosas. O proceso do Capitalismo/Modernidade chegou a sua fin. Parece-nos, pois, que non é gratuito o uso dos termos de Antigo Réxime e Capitalismo (ou Modernidade) para entender a desaparizón da cultura tradicional galega no seu marco mais amplo, a lenta e voraz episteme do progreso. Coidamos que resulta necesário vencellar os fenómenos históricos galegos con realidades extralocais, para unha mellor comprensón e valorizazón destes. Sen embargo, o que deica agora foi exposto coma unha sinxela oposizón de contrários amosase na realidade muito mais complexa: nin as ideas capitalistas adoptan-se por enteiro e de súpeto, nin as do Antigo Réxime desaparecen para sempre. Os relatos estructuralistas (coma os de GLASSIE 1975 e DEETZ 1996 para a arqueoloxia dos Estados U nidos) tenden a deixar a un lado a mistura, a pervivéncia de vellos conceptos, a confusón en suma, inherente o ser humano. Ao tratar-mos con momentos pretéritos, investigados através da documentazón escrita ou material resulta mais doado apresentar un relato esquemático. Canto mais densa sexa a descrizón (utilizando os termos do antropólogo post-estructuralista Geertz), cantas mais fontes interveñan, tanto mais difícil resultará a construizón dun esquema puramente estruturalista. No mundo rural galego existen, nestes intres, case tantas opinions e formas de entender o pasado coma individuos: nuns predominan as referéncias capitalistas, en outros as do Antigo Réxime; as vellas ideas aparecen camufladas de modernidade e ideas novas adaptan-se as antigas. A nosa tarefa será a de explicar o cámbio da vella orde ao Capitalismo evitando a un tempo caer na individualidade

disgregadora e na simplificazón estruturalista. Un fenómeno compartido e de enorme importáncia como é a emigrazón serve, en boa medida, para facer do periodo algo mais homoxéneo do que resultaria de non ter existido. A arqueoloxia da emigrazón ten, coma calquera outra arqueoloxia, distintos eidos de análise. O espazo e o tempo poden ser duas formas de achegarse a comprensón deste periodo: a eles lles dedicaremos os seguintes apartados. Por espazo entendemos a paisaxe antropizada, o território no que discurren as vidas dos individuos obxecto do noso estudo: a transformazón dun escenário rural homoxéneo e igualitário, moi pechado, a un escenário capitalista, pseudo-urbano heteroxéno, desigualitário, infinitamente aberto. Por tempo entendemos as concepzóns históricas dos individuos, do seu pasado, dos seus veciños, da sua aldeia. Interesa-nos comprobar cómo se manipula a cultura material para ofrecer unha ou outra imaxe do tempo vivido, da autobiografia, pensada no presente e proxectada ao pasado. Se chegamos a albiscar os cambiamentos sufridos no espazo e no tempo estaremos en disposizón de comprender a transformazón na cosmovisón dos antigos campesiños galegos. Na análise arqueolóxica deven de entrar os obxectos suntuários e a sua repercusón na sociedad: trata-se de unha arqueoloxia dos bens de prestíxio, nos que os conceptos de emulazón e ostentazón xogan un senlleiro papel. A destruizón do património rural, da arquitectura vernácula, por exemplo, pode-se explicar mediante estos conceptos: os fastuosos chalets dos indianos fan que a xente se decate da pobreza das suas vivendas: desapareceu o concepto da igualdade desexada, a ideia de colectividade. En troques impon-se a necesidade da singularidade, da competizón suntuaria: cómpre destacar por riba dos demais (ÁLVAREZ-QUINTANA 1984; WILK 1993: 3839). Quen pode facer-se a casa mais grande e luxosa a fai, o resto utilizaran materiais de prestíxio (alóxenos e industriais) para camuflar a pedra e a lousa. Bens de prestíxio eran todos os provintes de América: chapeus, reloxos, rádios, automóveis por descontado, etc. Chegasen físicamente ou através de


(Etno)arqueoloxía da emigrazán na Caliza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

Imaxes (fotografias, revistas, prensa) todos os elementos procedentes do mundo industrial teñen un carácter suntuário e crean no imaxinário colectivo un mundo soñado e desexável de progreso e riqueza material sen límite (CAMPOS 1995). Se trata do que Bourdieu (1997: 31) ten chamado o "efecto de demostrazón", exercido polo capitalismo corrente, "o da neveira, a lavadora e o Volkswagen". Trata-se da imposizón dun paradigma novo non mediante argumentos contra o vello léxico (o do Antigo Réxime), senon mediante a presentazón do novo léxico (industrial capitalista) de forma atractiva (RORTY 1991: 29; KUHN 1997: 245). E o poder dos obxectos reais ou imaxinados ten un poder tan xigantesco no imaxinário colectivo que pode levar a facer levadeiro, mesmo desexável, o que en calquera outro momento do Antigo Réxime teria semellado un suplício ou o fin do mundo (esa é a chave, en suma, de toda ideoloxia). O progreso, presentado baixo a forma material, resulta apetecível, ainda que para obte-Io sexa necesário pasar pola condizón previa da marcha a Ultramar. Nengun argumento razoado de forma verbal teria mais forza que o presentado polos artefactos e xa desde a sua infáncia os individuos achanse inmersos nun mundo que hipervalora o alleo, o moderno. As fotografias dos anos 50 feitas por Virxilio Viéitez na Terra de Montes amosan con elocuéncia o impacto dos obxectos procedentes do mundo industrial en Galiza: a xente posa diante dos coches do indiano rico ou do capitalista do lugar (sempre os mesmos), incluso diante de motos ou autobuses. A fotografia mais significativa neste senso é a que apresenta a unha muller posando con orgullo xunto a rádio enviada a Galiza polo seu filIo en América. A outra cara da hipervalorazón do tecnolóxico e industrial e o rechazo de todo o tradicional e artesano. Cando se louva o alumínio e se despreza o xisto estamos ante unha metonímia da actitude dos individuos ante os dous sistemas culturais. Através da seleczón de unha ou outra cultura material están-se facendo afirmazóns sobre o pasado: rexeitar a pedra e rexeitar a própia identidade. O resultado, desde o ponto de vista etnográfico, é a sistemática destruizón do património, a damnatio memoriae, contra unha memória -a própia- que se quere esquecer ou

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ocultar. Os antigos labregos ven a sua cultura material coma algo tan vello, arcaico e balorento coma o futurista Marinetti a Niké de Samothrácia. Tamén os campeSInos achan-se engaiolados polo "automóvil de carreras co seu ventre ornado de grosas tubaxes, parecidas a serpes de alento explosivo e furioso... un automóbil que parece correr sobre metralla... ". O "capitalismo corrente" dos coches e as fábricas atrae con tanta paixon aos aldeans coma nos anos vinte aos futuristas. E o seu espírito iconoclástico non está moi alonxado do deles (ambos son devotos da Modernidade no seu senso mais material): no canto de prender lume os museos, desfan as suas casas de pedra e queiman os xugos. A (moderna) necesidade de facer tabula rasa co pasado é a mesma: rexurdir novos, sen mancha, das cinzas do pasado destruido. O espazo mais reducido, o da morada, tamén cámbia co paso ao Capitalismo: achámonos logo ante unha arqueoloxia da vivenda. Posto que as casas forman unha parte sustancial da paisaxe, ocuparemo-nos do aspecto externo ao falar do espazo. Interesan-nos agora os cambiamentos internos. Simplificando as cousas podemos falar de unha evoluzón tripartita do espazo interior das casas en Occidente entre os primeiros momentos do medievo e a primeira modernidade (vid. dados concretos en POUNDS 1992 ou ZUMTHOR 1994): no momento mais antigo o espazo interno está case por completo indiferenciado: existe unha soa estáncia onde se levan a cabo todas as actividades. Segundo as zonas (e falamos sempre das vivendas rurais das clases campesiñas), as compartimentazóns fan a sua aparizón a partir do século XII: xeralmente trátase de unha divisón bipartita, na cal unha das habitazóns acolle o fogar ou lareira. Entre finais do século XV e o XVII comeza a abrirse camiño a casa con múltiples divisóns (ainda que non necesariamente especializazóns), que non deixan de incrementar-se segundo nos aproximamos aModernidade. Ésta ven caracterizada pola extremada especializazón que apresenta a nosa arquitectura hoxe: canto mais complexa é unha sociedade, mais cues ("pés", "entradas") -esto é sinais que categorizan e diferéncian simbólicamente os espazos- resultan necesários (RAPOPORT 1993). No caso galego, existen bastantes exemplos


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de vivendas nos que só existen duas compartimentazóns físicas: as casas terreas, por exemplo, dos grupos sociais mais baixos do mundo rural galego. Ternos tamén vivendas de dous pisos de moi reducido tamaño que funcionan coma as casas terreas. Pero incluso as edificazóns con cociña, cortes, cortellos, dormitórios, faiado e mesmo sala de respecto rematan por funcionar coma as construizóns medievais, pois duas habitazóns concentran a práctica totalidade da vivéncia cotiá: a cociña e a corte, que soen repartir-se o piso inferior das casas. O propio termo de cociña pode inducir a confusón: en realidade é unha estáncia non caracterizada, descendente da sala medieval na que se levava a cabo toda a vida doméstica (POUNDS 1992: 261-263). A cociña coma tal apareceu nas casas nobles europeas na Baixa Idade Media, dedicada exclusivamente a produzón de alimentos (como a concebimos actualmente). Non existe verdadeira especializazón funcional, nin xiquera para o sono, pois -ainda que existan dormitórios- muitas veces durme-se na cociña a calor das cinzas da lareira. No caso de Centroeuropa, por exemplo, os dormitórios usavan-se fundamentalmente coma almacen, onde se gardaba otear e o fio, mentres que só se durmia neles cando non habia sítio na sala, o único espazo quente da casa (POUNDS ibid: 263). A divisón con especializazón chegou a Galiza rural co Capitalismo, do mesmo xeito que en outros lugares (como Estados U nidos) o fixo no século XVIII ou antes. A victória definitiva da compartimentazón non se producíu antes da xeralizazón da electricidade, a cal permitiu que se poidese permanecer realizando distintas actividades fóra do foco central iluminado (a cociña), sen que supuxese un dispéndio económico: esto reforzou a intimidade dos dormitórios, por exemplo, que deixan de ser un espazo único e exlusivo para o sono: trata-se dun novo triunfo da individualidade frente a colectividade (neste caso familiar). Existen vários factores que son índice do cámbio: un dos mais significativos é a aparizón do corredor de entrada. Significa un cámbio na concepzón da privacidade: xa non se entra directamente na cociña, como se facia antes. A casa aberta da antiga orde volve-se cada vez mais pechada, mais similar

as casas androcéntricas, onde o xinéceo atopa-se mais e mais alonxado da entrada (coma as dos swahili estudadas por DONLEY-REID 1993). En casas tradicionais estudadas por nós na Terra de Montes, construen-se corredores nos anos setenta e oitenta que reducen e aislan a cociña. Esto supon tamén un cámbio na status da muller, pois o que foi un dos espazos femininos por antonomásia deixa de ter conexión co exterior e pecha-se a mirada allea. A reduzón da cociña é outro cámbio característico da Modernidade. Xa non é un lugar central onde teñen lugar multitude de actividades. Agora limita-se a mera elaborazón de alimentos. Aparece, pola contra, o salon. A vella e inútil sala de respecto, estáncia antropocéntrica por antonomásia frente a cocíña, convirte-se en novo lugar central: muitas veces é ali onde se come, onde se pasa o tempo de ócío, onde se reciven visitas. Novamente, nun dos exemplos analizados por nos, via-se perfectamente este cambiamento na mentalidade e na cultura material: a cociña reduciu-se de tamaño e o inventário de obxectos a ela asociado sempre maior nas casas do Antigo Réximedisminuiu considerávelmente frente a sala (fig. 1), mais grande que a cociña e chea de obxectos antigamente vencellados a cociña (pratos, cuneas, cubertos, etc.). Co triunfo da sala produce-se tamén o das cadeiras frente os escanos. O escano, democrático por natureza, contrapon-se directamente a cadeira, trono xerarquizador: en muitas culturas a introduzón da cadeira fai-se coma elemento diferencíador de status aOHNSON 1989: 201; DEETZ 1996: 166). Se antes comia-se rodeando a lareira, sentados en bancos -non existia xerarquizazón explícita-, agora come-se ante unha mesa, polo xeral rectangular, o que permite unha organizazón segundo a importáncia que se lle outorga aos distintos membros da família (e o home reforza o seu carácter de pater familias-petrucio). A cadeira significa, tamén, a imposizón do individualismo: cada un ten a sua, antes era un escano para todos. Outro cambio significativo da nova orde é o da hixiene. Nos exhaustivos inventários de obxectos que levamos a cabo en unha dúcia de casas abandonadas na Terra de Montes puidemos comprobar cómo os artefactos relacionados coa limpeza


(Etno)arqueoloxía da emigrazón na Galiza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

200 150 100

~

50

Cocina

o

Vllapouca A Graña

Fig. 1. Duas casas preindustriales (Soutelo e Vilapouca) e unha da transizón ao Capitalismo (A Graña). A principal acumulazón de obxectos deixa de estar na cociña (centro da vivenda labrega) e pasa a estar en outras habitazóns (entre elas a sala: hab. 3).

personal incrementavan-se significativamente coa chegada do Capitalismo. Peines, toallas, espellos, frascos de colónia, esponxas e mediciñas aparecen até un número de 30 ou 40 exemplares en casas tradicionais modernizadas (perto do 10 % do inventário total), mentres que nas moradas preindustriais a porcentaxe é despreciável. O cuarto de baño é outra mellara na vivenda que chega cos novas tempos. A modificazón do espazo habitado, en fin, reflicte ben a modificazón da mentalidade labrega. Mais seria un erro pensar que só a reflicte: achamonos verdadeiramente ante unha auténtica interaczón do mundo material sobre o mental e viceversa. O espazo construido -e a esto lle dedicaremos mais espazo no seguinte apartado- conduce o naso comportamento e resulta un médio fundamental de enculturazón (DONLEY-REID 1993). Cando falamos do espazo habitado vemos ben como quen mais sufre os cámbios é a muller. A transformazón das suas tarefas, do seu território e o seu estatus ten que ser obxecto de unha arqueo!oxia do xénero, que rastrexe as pegadas materiais do· cámbio. Xunto as modificazóns na vivenda, a transizón ao Capitalismo trae tamén a desaparizón de certos ámbitos de socializazón fundamentalmente femeninos, como son os fiadeiros, moi vencellados as cociñas (FRAGUAS 1996: 96). Do democrático círculo femenino do fiadeiro xunto ao fogo do lar, pasa-se ao androcéntrico e individualista espazo das salas de festas. A aparizón das máquinas do campo trae, como sucede na maior parte das sociedades, un desprazamento

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das mulleres a favor dos homes: son os varons quenes conducen os tractores ou manexan as máquinas de trillar, mentres as mulleres fan os traballos mais tradicionais, peor considerados (por non requerir un coñecemento técnico) e, non obstante, mais duros e pesados (vexa-se MÉNDEZ 1988). Coa chegada do mundo industrial, a muller queda simbólica e físicamente vencellada a cultura material da vella arde e vetase-lle o camiño do progreso. Grácias a relativa abundáncia de dados paralelos resulta posível tamén facer unha arqueo!oxia da infáncia, que analice os mecanismos de enculturazón, castelanizazón e preparazón para a mentalidade capitalista que significa a escala. As escalas, especialmente desde os anos 20 (momento en que proliferan as doazóns dos indianos), amasan na sua estructura a percura da separazón do nena da cultura que o veu nacer. Os edifícios soen situar-se fora do núcleo da aldeia, marcando unha significativa distáncia; os elementos arquitectónicos que utilizan soen ser emprestados da arquitectura urbana (arcos, cornixas); construen-se con materiais alóxenos ou matéria local camuflada (con encalados ou cemento pintado). O edifício escolar representa a limpeza (ten con frecuéncia inodoro, fineza pouco comun nas casas campesiñas e acha-se pintado de branco), arde e simetria (típicos das construizóns urbanas). Capitalismo e castelan áchan-se fondamente vencellados: a gramática material do capitalismo e a gramática verbal do castelan confluen na sé do saber estatalizado. Non devemos esquecer que os colexios foron considerados foco de castelanizazón e impulsores da emigrazón (ponte, lembremos, a modernidade) durante o primeiro terzo do século XX (COSTA 1984: 44). Foucault (998) sinala a similitude estrutural entre cárcere e hospital, hospital e escala, escala e fábrica, fábrica e cárcere: símbolos, en todo caso dunha arde allea e superior os individuos que habitan tras as suas paredes e que quere facer trascender a sua mensaxe através da própia estrutura material. Aa falar dos distintos eidos afectados polo cambiamento de paradigma fixemos alusion os desfeitos: trata-se da arqueo!oxia do !ixo (desenvolvida con éxito nos EEUU, vid. SCHIFFER


(Etno)arqueoloxía da emigrazón na Caliza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

1987; STASKI E SUTRO 1991). No lixo podemos observar en Galiza por unha banda cómo se ten producido un cámbio entre as concepzóns preindustriais e capitalistas e por outra cómo ambas actitudes manteñen-se misturadas. Polo que respecta ao cámbio, éste afecta fundamentalmente as actitudes conservadoras. No noso segundo traba110 sobre o tema (GONZÁLEZ RUIBAL 1999) denominamos a éstas actitudes conservativas (calco do inglés conservative behavior) para diferencia-las daquelas nas que interveñen de forma fundamental o sentimento e a memória (os aspectos mais cognitivos): o concepto de relíquia (heirloom). Esto último é o que nos denominamos actitud conservadora. O cámbio de unha forma de xerar desfeitos a outra produce-se de duas formas: por un lado da-se o paso entre a actitud conservativa, que é a propia das sociedades preindustriais rurais, que gardan absolutamente todo, útil ou inútil, a actitude que nos denominamos non-conservativa, típica ésta da Modernidade, mais non de todos os tipos desta. Na actitude do Antigo Réxime non existe realmente unha nozón únicamente económica das cousas. O que atopamos, en realidade, é que os artefactos están vence11ados estreita e afectivamente aos seus donos: a biografia do dono e do obxecto entrecruzan-se inextricávelmente (GOSDEN E MARSHALL 1999: 173). Un carpinteiro acha-se unido as suas galropas, coma un canteiro os seus ciceis e un zoqueiro as suas 11ergas e este vence110 resulta mais forte se foi -como sucede decote- o própio artesan quen realizou as ferramentas. Difícilmente na ve11a orde desfaria-se sen reparos dos apare110s que 11e deron de comer. O que sucedia -e ainda sucede, porque non é unha actitude desaparecida entre as xentes do campo- é que se reutilizaban constantemente, gardaban-se por se acaso os fi110s ou os netos seguian no ofício ou regalaban-se a algun veciño que as necesitase.Unha veciña da Terra de Montes de mais de oitenta anos contava-nos que tiña o carro desmontado nun garaxe pero que non 110 deixaba a ninguen. Preferia que apodrecese antes que ver a alguen traba11ando con el. O resultado desta actitude é que os labregos apenas xeravan auténtico lixo.

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O Capitalismo ven marcado por un profundo xiro nesta actitude. Os indianos que regresan de América, Europa ou España xa non teñen relazón sentimental con apare110 alguno Muitos deles os únicos artefactos cos que traba11aron foron as frias máquinas da era industrial. As ferramentas dos pais pouco 11es din e cando 11es din algo trata-se da mensaxe de sempre: atraso, pobreza, subdesenrolo, fame. O resultado é a actitude non-conservativa, que non hai que confundir coa actitude consumista, que merca novidades continuamente e bota ao lixo o que comprou o dia anterior (non é un comportamento cargado afectivamente cara os obxectos? A actitude non-conservativa é a propia de sociedades que sufriron un choque mais que un cámbio no seu camiño cara ao Capitalismo. O remanente preindustrial manten unha forte pegada que se pode ver no feito mesmo de que os obxectos desperten fortes sentimentos (ainda que sexan negativos): a relazón biográfica cos elementos do pasado sente-se, sufre-se e rexeita-se. Esto vai vence11ado ao desprezo ao mundo do que se saíu. A actitude non-conservativa agocha en realidade distintas formas de relazón coa cultura material abandonada ou fóra de uso. Existen dous extremos: o ódio mais feroz (na liña do descrito) e a indiferéncia absoluta. As biografias personais e os factores psicolóxicos xogan aqui, induvidávelmente, un papel de primeirísima orde. Entre os veciños da Terra de Montes atopamos quen se queixa de unha infáncia durísima e miserável e quen afirma que mália as penúrias a sua existencia II preindustrial" foi un periodo de boa memória. Outros, que viviron a meirande parte da sua vida no estranxeiro, simplemente non traducen de ningunha forma o código dos obxectos tradicionais a sua gramática capitalista. A mensaxe de quenes o ven coma un episódio vergoñoso e a daqueles que simplemente o ol1an coma un mundo a11eo e estraño é moi similar: a identificazón co lixo de toda a cultura material da época pretérita (fig. 2), ben por ódio, ben por incomprensón (moi seme11ante a incomprensón verbal). Os elementos mais significativos de desapego co

2 Poden coincidir -e coinciden- ambos comportamentos.


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pasado -que trataremos mais adiante- son os ítems personais reducidos a categoria de desfeito. Ainda quedaria unha arqueoloxia tecnotipolóxica (ocupada no caso galego pala etnografia tradicional) encargada de estudar os distintos tipos de úteis labregos e a sua transformazón en contacto ca capitalismo. Mais ainda non se espremeron todas as posibilidades de análise social que subxacen a esas transformazóns, mais aló da tecnoloxia e a diversidade de tipos (para a dimensón social, vid. os traballos de FERNANDEZ PRIETO 1992). Para non estender-nos demasiado apuntaremos sornentes algunhas pouco explotadas polo de agora: de especial interes resulta o cambio da tecnoloxia da madeira a tecnoloxia do ferro, e de aqui os enxeños enteiramente mecánicos ("a madeira, o ferro e o bolsill0 3": acertada metáfora de unha veciña de Terra de Montes). O paso da madeira ao ferro, pala nasa experiéncia de campo, parece-nos advertir que supuxo unha transformazón do concepto do traballo agrícola, ao reducir e rendabilizar o esforzo. Por outro lado, a adopzón do metal non foi unánime nin xiquera dentro das aldeas de unha mesma bisbarra. U nha cuestón digna de estuda é cómo vian os campesiños das zonas apegadas (por forza ou por vontade) a tecnoloxia tradicional a aqueles das zonas ande a adopzón dos novas uteis era xeral. "En Soutelo sempre falastes muito castellano", dicia un veciño en relazón a existéncia de arados de ferro no canto dos de pau nesta aldeia da Terra de Montes, descubrindo asi o inextricável vencello estrutural entre progreso, tecnoloxia e castelan. A coexisténcia das duas culturas materiais da coma resultado curiosas imitazóns por parte dos labregos, as cais, en muitos casos, sacrifican o valor funcional polo simbólico. É o caso, estudado por nós en terras de Lalin, dun arado simétrico feito de ferro, o cal resulta totalmente paradóxico pala sua falta de senso funcional. A dialéctica entre o progreso e a tradizón, habitual en todas as sociedades campesiñas en contacto con sociedades industriais, leva a fenómenos tan significativos coma este. Os factores que explican a resisténcia a adoptar innovazóns por

3 Polo aluguer da maquinária.

parte dos campeSinOS, sinalada por muitos etnógrafos (LISÓN 1979) e os que levan a aceptazón (FERNANDEZ PRIETO 1992) destas deverian ser obxecto dun estuda mais profundo desde a perspectiva social (e aqui lembremos outra vez o papel do xénero) e simbólica.

Espazo e cultura material: a percepzón e a construizón da paisaxe desde unha perspectiva etnoarqueolóxica É un lugar comun dentro da arqueoloxia actual discutir sobre o significado da paisaxe e a licirude do termo en sociedades pre-capitalistas (INGOLD 1993, LEMAIRE 1997, ]OHNSTON 1998, etc.). Desde lago que a forma que nos ternos de ver o escenário das nasas vidas, trate-se do meio urbanizado ou natural, case nada ten que ver ca que tiñan os nasos antergos do Antigo Réxime, incluidos os vivos. Se falamos das connotazóns estéticas que o termo ten na nasa cultura, a paisaxe (fundamentalmente natural) existiu entre as clases urbanas e acomodadas de Grecia e Roma, desapareceu durante boa parte da Idade Media e xurdiu novamente (outra vez entre clases urbanas e acomodadas) cara o século xv. Os nasos labregos, sen embargo, mantiveron-se alleos a estas transformazóns. Non existe a paisaxe natural coma tal, non se percebe coma algo positivo. O home da Idade Media, di Zumthor (1994: 86), seguindo a Gurevitch, "estaba vencellado de forma demasiado estreita a natureza que o rodeaba como para face-la obxecto dun xuizo estético". Se falamos con xente das nasas aldeas que teñan estado fóra dos límites da bis barra, poderemos observar cómo a descrizón do natural atopa-se por completo ausente dentro dos relatos de viaxes. Coma en Marco Polo, "o seu discurso non se abraia, e só se troca admirativo cando se refire a obra dos homes" (ZUMTHOR ibid.: 88). A importáncia deste feito é capital a hora de comprender a paisaxe capitalista galega, pois a mentalidade preindustrial, neste senso, non desapareceu, somentes adaptou-se as novas circunstáncias tecnolóxicas. A forma de relazoar-se ca meio natural por parte dos antigos campesiños é de


(Etno)arqueoloxía da emigrazón na Galiza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

dominazón, de subxugazón do entorno ao poder e a intelixéncia do ser humano. Un desmonte, unha enorme canteira ou un parque eólico seguen a ser obxecto da mais grande admirazón dos nosos veciños, mentres que unha fervenza ou unha fraga de carvallos apenas desperta algun sentimento nos mais sensíveis (no senso capitalista da sensibilidade): cando se apreza unha fraga é polo valor da leña). A única paisaxe bela no Antigo Réxime é a paisaxe antropizada, canto mais mellor: a natureza domeada é a única natureza boa. Estas ideas non se abandonaron co novo sistema. Os chalets do indianos seguen a ser un triunfo sobre o médio, polo cal estas casas apresentan-se coma unha doble metáfora de victória. Por un lado supoñen a superazón da nimiedade humana ante o cosmos (tamaño desaforado, materiais alóxenos traidos de lugares lonxanos, grandes obras de infraestructura para adecuar-se o terreo, etc.), por outro significan o triunfo do individuo sobre o seu pasado -e esto será obxecto de atenzón no seguinte ponto. Canto mais grande o desmonte, maior a cantidade de rocha removida e mais inxente o volume de obra edificada (se é posível a costa de vellas casas rústicas), maior é o simbólico triunfo do indiano e mais bela será considerada a casa por todos. A mistura de Antigo Réxime e Capitalismo soe traer consigo funestos resultados para o noso património e a nosa natureza. Deixando a un lado a comprensón estética da paisaxe, podemos dicir que cada periodo ten cadanseu escenário. N ovamente as simplificazóns dun esquema estruturalista impediran-nos comprender as misturas e pervivéncias, mais en troques atinxiremos unha maior claridade. Cada paisaxe é representativa de unha forma de ver as relazóns sociais, o traballo e o ócio, o tempo e a identidade. No espazo arcaico son duas as ideas fundamentais: organicidade e colectividade. A contraposizón capitalista, como xa vimos no apartado anterior, a compon a artificialidade e a individualidade. Orgánico é o que se mimetiza no médio, o que se engranza co natural sen soluzón de continuidade; o artificial, pola contra, interrompe con brusquidade o non-humano e traza ben definidas fronteiras. Os extremos estarian,

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por un lado, na cabana de terra e ramas e no rañaceos de aceiro e cemento. As casas dos nosos labregos sen dúvida achavan-se muito mais perto da cabana de terra: a descrizón que Leroy Ladurie fai das casas de unha vila cátara exemplifican ben este vínculo co telúrico mesmo dos edifícios medievais mais complexos. Existe un fatum que vencella a casa e a família indisolúvelmente, como atopamos na Galiza, onde a vivenda vai para arriba ou vai para abaixo como forma metafórica de expresar o progreso ou decadén,cia da família que a habita. Di Leroy Ladurie que existe unha continuidade entre os seres humanos de carne e sangue e as casas de adobe e tapial: na nosa terra nos alicerces das casas verquian-se unhas pingas de sangue dun animal sacrificado antes de comezar a construizón da morada. As moradas da vella orde medran literalmente coma as árbores, mais no canto de botar follas ou ponlas, acrecen con hórreos, palIares ou eiras. Non existe un plano predeterminado poIa mente dun arquitecto (MORRISON 1952: 279-280), desenvolve-se a constrUlzon co tempo e o diñeiro disponíveis, segundo as necesidades. Na Modernidade as necesidades económicas subxugan-se as simbólicas: o importante é construir un chalet descomunal, ainda que só sea para unha ou duas persoas. Parte todo dun plano preconcebido que caseque non sufrirá modificazóns posteriores. O resultado do amoreamento de diversas casas xera unha paisaxe moi distinta nun momento e en outro. Namentres que o escenário do mundo preindustrial é homoxéno, igualitário, colectivo, o da nova orde e manifestamente desigual. Se o primeiro é un monumento a identidade colectiva (DEETZ 1996: 3; WILK 1993: 38), o segundo resulta mais ben o trofeo da individualidade. As diferéncias sociais agochan-se no Antigo Réxime baixo o manto unificador da cultura material: mesmo os pazos e as igrexas, que en outros ámbitos destacan como metáforas do poder civil e relixioso, fican ocultas na paisaxe rural galega. Esto non significa que non existan diferéncias sociais: certamente hai-nas. Podemos atopar fidalgos, labregos ricos, campesiños, bodegueiros e caseiros (vid. p. ex. FERNÁNDEZ DE ROTA 1984), mais o que non atopamos e o desexo de facer explícito esa


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desigualdade no económico através da apariéncia material dos edifícios, símbolo destacável de pertenza a unha comunidade. A ideia de colectividade acha-se por riba da de clase, estamento ou grupo social, como quera que se chamen as partizóns socioeconómicas e políticas que dividen a comunidade aldeana. Certamente non é o mesmo un pazo que unha casa terrea, pero coidamos que as similitudes son maiores entrambas as duas que entre o pazo dun noble manchego e a cabana dun seu xornaleiro. A arquitectura rural nobiliária galega enraiga-se mellar no médio que a de outras zonas, resulta menos ostentosa, en parte porque recurre a soluzóns similares as da arquitectura popular. No fondo, coma no caso das cámaras megalíticas estudadas por Shanks e Tilley (1982), achámonos ante unha forma material de encubrir desigualdades manifestas; trata-se, en fin, de ideoloxia. O Capitalismo, sen embargo, xa non se ve conminado a adoptar falsas imaxes de unha igualdade inexistente en pro de unha ideia de comunidade que non conven quebrar. Cando o individuo capitalista xa non depende das solidaridades da aldeia para a sua supervivéncia, pode-se permitir o luxo de facer o que lle veña en gana. As formas da Modernidade son unha gramática. Coma toda gramática, pois, deve ser aprendida e nese periodo de aprendizaxe acharemos formas que fracasan, misturas que se van aperfeizoando e lembranzas da vella arde. Entre os anos vinte, nos cais xa existe unha arquitectura indiana bastante ben desenvolvida -segundo as zonas- e os anos setenta, momento de eclosón do Capitalismo en Galicia, asistimos ao tatexar do vocabulário industrial: existen formas gotizantes -no senso de Morrison (1952)-, como é a falta de arquitecto ou plano preconcebido en muitas das casas, o seu crecemento orgánico, a recurréncia a formas e matérias locais (ainda que mimetizadas). As metáforas capitalistas ainda non está dabondo desenroladas: vai desaparecendo a metáfora da coleetividade, e o recurso a metonímia do triunfo e mais a hipérbole ou a antítese comezan a apresentar-se. Sen embargo, o valor cosmolóxico e mnemónico da casa segue ainda moi ancorado no mundo arcaico e esto é algo que non da rematado mesmo nos nasos dias.

Tempo e identidade: cómo cos obxectos se escreve a História A ideia do valor mnemónico dos obxectos amasase-nos últimamente coma matéria do meirande interés (GOSDEN E MARSHALL 1999; LILLIOS 1999). A relíquia, o obxecto de memória por antonomásia, é unha das formas mais evidentes de achegar-se a concepzón do pasado en sociedades pretéritas. Mais a relíquia non é o único tipo de artefacto que trae lembranzas dun pasado mais ou menos lonxano. Os estudosos da sociedade falan nos seus traballo do enorme poder mnemónico dos edifícios, unha das mellares formas de encapsular conceptos en sociedades iletradas (e a tradicional galega, a estos efectos, o era). Entre os que investigan as sociedades neolíticas e da Idade do Bronce, os monumentos funerários e outras construizóns visíveis ven-se do mesmo xeito coma unha forma de relazón dos individuos ca pasado e ca território (tempo e espazo): os antergos (reflectidos na imaxe material dos túmulos) xustifican a posesón de unha determinada terra polos seus herdeiros. Os individuos manipulan os monumentos e as relíquias do pasado para xerar mensaxes de apropiazón de distintas causas: dun território, como dicimos, do liderazgo político -caso dos xefes anglosaxons dos primeiros séculos medievais, que identificaban os artefactos atopados nos túmulos prehistóricos nos que se enterraban coma ilustrazón de lendas que refrendaban o seu poder (WILLIAMS 1998)-, da história allea -os europeos que recollian antiguidades en América ou África, explicadas coma unha antiquísima preséncia branca nestas terras, xustificadora da actual dominazón (HINSLEY 1993)- ou a história própia -os europeos, novamente, que buscaban en Grecia as suas raices (MORRIS 2000). Pero ¿qué é un monumento ou unha relíquia? ¿Tan só obxectos prezados polo seu altísimo valor simbólico (un cetro, unha coroa)? ¿Ou construizóns ben visíveis na paisaxe? Nos coidamos que non, que a maior parte dos obxectos cotiáns teñen un potencial simbólico mnemónico, que, convintemente manipulado, pode ofrecer mensaxes que axuden a comprender (ou autocomprender, LAKKOF E ]OHNSON 1995) a história


(Etno)arqueoloxía da emigrazón na Caliza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

(própia ou allea). A relíquia, por outro lado, non há ser exclusivamente positiva (como se soe entender, p. ex. LaWENTHAL 1998): o recordo histórico que esconde pode ser negativo e pode ser utilizado para amosar, por contraste, o positivo do momento actual (coma as ruinas conservadas dun edifício bombardeado en Stalingrado en médio da cidade reconstruida despois da guerra). No caso galego, no actual periodo capitalista, o uso mnemónico dos obxectos ten unha importancia de primeira orde. a pasado recente (o do Antigo Réxime) xurde en calquer recuncho de calquer aldeia e baixo aspectos moi diversos: casas abandonadas e en ruinas, aparellos tradicionais arrumbados xunto a moreas de madeira para o lume, cruceiros e hórreos de factura moderna en chalets de indianos, etc. En todos os casos o interes é o mesmo: a dominación da história própia. Cando un se pregunta contra qué ou quén se utiliza a relíquia (LILLlaS 1999: 244) soe responder que é contra unha ameaza externa, contra outros grupos, dominantes (caso dos rarámuri que utilizan as mantas e arcos tradicionais como signos de identidade ante a creolizazón, LEVI 1998) ou dominados (os anteditos xefes anglosaxóns que xustifican o seu estatus a traves dos túmulos prehistóricos). a caso galego é ben diferente: o axente dominador e o suxeito dominado son aparentemente o mesmo. Mais o novo capitalista alienou totalmente ao campesiño do seu pasado: xa é un "outro", un estraño. a pasado e o inimigo ao que hai que combater no eido simbólico. A história narra-se metonímicamente, como xa dixemos mais arriba: os antigos labregos selezonan os artefactos e os episódios que lles interesa amosar do seu própio devenir e construen con eles a sua autobiografia. Son, coma os maories "astutos mitólogos, capaces de selezoar do rico conxunto de tradizóns as mais adecuadas para satisfacer os seus intereses do momento'l (SAHLINS 1997: 65). A imaxe que fica do Antigo Réxime é a dun tempo peor, mais pobre e atrasado, en comparazón co benestar de hoxe. a pasado redúce-se ao traballo de sol a sol, a casas insalubres, a aparellos de traballo infames e pesados. "Mirando atrás con recelos anacrónicos -di Lowenthal 0998: 374), non só reemprazamos os vellos recordos de forma incon-

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sciente, como a xente sempre fixo, se non tamén con vergoñosa deliberazón ll , todo o cal explica-se pola necesidade de crear unhas histórias de vida própias respetáveis (RaRTY 1991: 53), que xustifiquen a nosa existéncia e lle dean coheréncia (BaURDIEU 1997: 76). Cando pasamos por unha aldeia galega xurde enseguida a impresón de topofobia (termo que TILLEY -1993- tomou para a arqueoloxia de xeógrafos coma Tuen), de rechazo dos lugares da vella orde: as antigas edificazóns ou destruen-se, ou camuflan-se con vergoña, ou os novos habitantes afastan-se do núcleo vello coma os edíficios das cidades das casoupas marxinais. A casa, en senso amplo, segue sendo o lugar onde se debaten as cuestóns principais sobre a identidade, coma no Antigo Réxime, pero, como ocorre coas biografias humanas, tamén no mundo das cousas producen-se fracturas violentas (GaSDEN E MARSHALL 1999: 176): frente ao sentimento topofílico do emigrado que marcha do seu fogar (separa-se da metáfora material da sua identidade), o indiano retornado amosa as ruinas da casa natal como mostra da antiga identidade domeada, vencida e superada. a significado da casa tradicional é renegociado para amoldar-se as novas necesidades ideolóxicas. Toda a cultura material do sistema derrocado serve de veículo a mensaxe que se quere transmitir: os arados que apodrecen baixo a chuvia, os teitos afundidos de unha casa de pedra ou as fouces oxidadas encaixadas nun muro. Non importan as dimensóns ou a complexidade do obxecto: pertence ao Antigo Réxime e eso basta para odialo. As cousas de certo non son tan sinxelas: non se trata só de ódio, e mais ben -como vimos- unha relazón ambigua e sometida a multitude de matices, no que o negativo ten, sen dúvida, maior peso que o positivo. Deixar apodrecer o pasado -sen desprender-se deliberadamente del, mantendoo perto- é unha metáfora do triunfo sobre a própia história. Que un individuo saido de unha sociedade de ben limitado poda permitir-se o luxo de deixar apodrecer algo, calquera cousa, é sintomático desta nova situazón, das novas referéncias culturais (capitalistas, consumistas). a feito de construir un chalet descomunal na sua aldeia, diante da vivenda familiar en ruinas resulta igual-


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Fig. 3. Forografias e documentos abandonados en unha casa de Adrián (Forcarei, Pontevedra).

mente significativo do triunfo da nova orde (e do individuo que adoptou as suas directrices). ¿Estamos ante unha mentalidade capitalista exclusivamente? Non, de certo. Hai alomenos dous factores emprestados do vello sistema: a casa coma forma de expresar mensaxes -a casa cosmolóxica, chea de significado (TILLEY 1993: 20-21)- e a mantenza de certa concepzón de tempo preindustrial. O tempo capitalista é lineal: existe o avance, o progreso é algo apetecível e posível. O tempo preindustrial é circular: o eterno retorno, as cousas volven, non é posível mellorar (agás a costa dos outros veciños). A casa do indiano é un símbolo do progreso lineal, pero tamén un símbolo de que todo volve, de unha ou de outra forma: a victória non é completa se non se regresa e non se instala unha mansión no lugar de orixe. É necesário voltar ao comezo (ainda que sexa só para destrui-Io). Mediante esta manipulazón -as mais das veces inconsciente- dos obxectos, estase-lle dando un papel activo, como diciamos mais arriba, a cultura material. Un papel de xerador de mentalidades, de

creador de estados de ánimo, de actitudes respecto ao mundo que nos arrodea. O individuo que vive nas nosas aldeas actuais, a metade urbanizazóns hollywoodienses e a metade ruinas de outro tempo, está a escoitar unha narrazón do pasado, tal e como o senten muitos dos seus protagonistas. Existe un elemento da cultura material que fala con especial elocuéncia do ódio ao pasado: os obxectos persoais. O mais difícil de atopar en calquer xacemento arqueolóxico son os elementos que se achan revestidos por unha significazón concreta que os vencellan a un determinado individuo. Nas casas abandonadas estudadas por nós a presencia de obxectos personais está dabondo testemuñada e resulta mesmo frecuente. Podemos atopar items relixosos, livros, manuscritos, fotografias, documentos e obxectos personalizados (Fig. 3). En muitos casos os herdeiros coñecen a sua existéncia e non teñen ningun interes en recoller estos restos do pasado familiar. A rotura co pasado dos indianos pode chegar a ser feroz, e non só dos indianos, senon de muitos individuos que viviron o Antigo Réxime e que xa non senten ningun vencello sentimental positivo cara el. Se deixar caer a casa natal é un triunfo do novo capitalista, deixar apodrecer as fotografias familiares non o é menos (tamén, lembremos, pode ser unha mera incapacidade ou falta de desexo de comunicazón). Este carácter memoricida do povo galego e característico de sociedades que sufriron un cambio profundo e desestruturador en pouco tempo e de forma forzada. Mentras que na Gran Bretaña, Estados U nidos ou Alemania o proceso levou dous longos séculos que permitiron a xente axustar-se as novas circunstáncias, en Galiza este proceso viviu-se de unha forma traumática, através da emigrazón, que puxo a unha sociedade arcaica preindustrial de frente a paraisos de riqueza material e tecnolóxica ina1canzáveis na terra própia. A reescritura do pasado por parte dos antigos labregos há tinxir, por forza, os momentos pretéritos de unha cor sombria.

Conclusións A cultura material é unha fonte do meirande interés para a análise de unha sociedade. O feito de


(Etno)arqueoloxía da enzigrazán na Galiza: do Antigo Réxime á Modernidade através da cultura material

que se lle chame arqueoloxia ou etnoarqueoloxia ou estudos de cultura material ao que propugnamos é unha cuestón secundária. O principal é que se trata de disciplinas dedicadas a análise dos obxectos para extraer todo o seu significado sociolóxico, sexa este económico, social ou simbólico. En todo caso, e independentemente do eido no que centremos a nosa atenzón, cremos que se deve de ter sempre presente o feito de que, como os vocábulos de unha lingua, os obxectos forman parte de unha gramática e dispon-se en forma retórica. Xa os filólogos descubriron fai muito tempo que os textos escritos están inzados de significados implícitos, muitas veces inconscientes, mais que revelan os anceios e incertidumes de unha época e de unhas xentes, a sua ideoloxia. Através da hermenéutica o (etno) arqueólogo debe facer explícitos (liberar) esos significados. Canto mais cercanos a nós se atopan os artefactos, tanto mais necesário resulta senti-Ios como algo estraño e mira-los con unha ollada crítica e afastada. A hermenéutica da sospeita (contra os estudos tradicionais que impoñen os conceptos do historiador ou antropólogo as sociedades que analizan e achan o seu obxecto de estudo familiar e sen mistério) e a hermenéutica da escoita (a favor das histórias engaioladas nos artefactos, os relatos materiais dos nosos labregos, os seus conceptos e a sua ideoloxia) deven actuar conxuntamente. Asi entendido, o noso enfoque há ser ilustrativo respeito a comprensón dos motivos que levan a destruizón do património etnográfico galego -un dos pilares da nosa cultura. Non devemos entender o mundo dos artefactos como un mero elemento pasivo, reflexo periférico e secundário da cultura. Trata-se dun elemento axente, que interactua de forma significativa con outros elementos e condiciona a nosa forma de ver as cousas ¿Ou sentimonos nós igual en unha aldeia galega en ruinas, coroada por tres ou catro chalets de indianos e en unha aldeia sueca coas tradicionais casas de madeira primorosamente conservadas? A forma de ollar para nós mesmos, de relacionar-nos co pasado e de sentir a nosa identidade ven dirixada en boa medida polo mundo material en que nos movemos. Xeralmente nos estudos dedicados ao tema non achamos unha

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análise en profundidade dos factores que levan aos galegos a destruir a cultura material do que nos denominamos Antigo Réxime. O que nos pretendemos é achegar-nos mals as razóns simbólicas de todo o proceso, pois sen dúvida xogan un papel de primeira orde. Non chega con falar da insensibilidade dos emigrantes retornados, nin da falta de concienciazón e de cultura da nosa paisanaxe. A explicazón de porqué o património rural acha-se a piques de esmorecer para sempre a atopamos nese xigantesco cámbio estrutural que é o paso do Antigo Réxime ao Capitalismo e na forma en que se produciu: o trauma da emigrazón e a acelerazón dun proceso que en outros lados levou séculos e na nosa terra consumou-se en poucas décadas. Nos obxectos está unha chave, quizais a mais importante, para a comprensón do que está a suceder: os antigos labregos están a escrever o relato das suas vidas a traves da sua relazón coa cultura material -a nova e mais a vella. Tan só é necesário querer escoita-Ios.

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2003, vol. 14, pp. 275-283

FORMACIÓN Y SIGNIFICADO DE LAS ÁREAs CULTIJRALES A TRAVÉS DEL ESTUDIO ETNOARQUEOLÓGICO DE LA CERÁMICA POPUlAR

JOSÉ MANUEL V AZQUEZ VARELA Departamento de Historia Facultad de Geografía e Historia Universidad de Santiago de Compostela

INTRODUCCIÓN U no de los tipos de estudios etnoarqueológicos más abundantes son los relativos a las cerámicas actuales de muy diferente procedencia geográfica y cultural (FERNÁNDEZ, 1994), (MENÉNDEZ, 1997), (VÁZQUEZ, 2000) que abarcan desde las de las sociedades llamadas étnicas hasta las populares de las sociedades industriales, quizás gracias a la facilidad de su observación, y a su utilidad, ya que desde el Neolítico la cerámica es un elemento omnipresente en la mayoría de los yacimientos arqueológicos. Desde la consolidación de la Etnoarqueología como estrategia de investigación se han producido muchos trabajos sobre aspectos diversos de la cerámica que van desde los que se limitan al proceso técnico de la producción, quizás los más numerosos, hasta los que analizan su valor como indicador de actividades ideológicas y religiosas. Hay una conocida anécdota de la vida de Santa Teresa de Jesús en la que se refiere que la monja encargada de la cocina del convento en el que la Santa era superiora en aquel momento le dice que a causa de estar todo el día cocinando no tenía tiempo para dedicarse a sus rezos. A lo que Santa Teresa le contesta que rece en la cocina pues Dios está entre los pucheros. Independientemente de que la respuesta sea un reflejo de la teología paulina o de que simplemente se trate de una argucia para tener quien cocine a gusto para el resto de la comunidad nos

ha parecido siempre una fuente de inspiración para el estudio de los restos de la cultura material del pasado. Su espíritu se podría formular de un modo sencillo y quizás un tanto tautológico, pero expresivo: los hombres se hacen presentes en sus obras. A partir de esta idea, obtener la información del pasado por medio de sus restos materiales, hemos desarrollado una línea de investigación sobre la etnoarqueología de la cerámica. En este capítulo y en el siguiente se presentan algunos de los desarrollos realizados en este campo a partir del estudio de la cerámica popular del Noroeste de la Península Ibérica. Entre los años 1970 y 1972 hicimos trabajo de campo sobre los alfareros del Noroeste de la Península Ibérica, en el sentido amplio del término, Galicia, Portugal al norte del Duero y el Oeste de Zamora, para preparar una tesis sobre la cerámica popular de Galicia con la finalidad ulterior de elaborar a partir de ella modelos etnoarqueológicos para aplicar al pasado de mismo territorio (VÁZQUEZ, 1973, 1975). En este artículo relativo a la cerámica se aprovecha la tesis doctoral hasta ahora inédita, pero ya por poco tiempo, con la información que contenía en el momento de su lectura en primavera de 1973 referente a la etapa que va desde el comienzo de los años cuarenta de este siglo hasta la citada fecha, período lo suficientemente conocido como para permitir elaborar modelos etnoarqueológicos. Hemos respetado el contenido del primitivo trabajo por su interés, por cuanto desde entonces la


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cerámica popular ha sufrido más transformaciones y han desaparecido o cambiado muchos aspectos propios de aquel momento que aquí se dan a conocer, y ha sido adaptado lo minimamente imprescindible para ponerlo al día. Por ello cuando se habla desde el presente, ya es pasado, pues se trata del año 1973 en que se le dió la redacción final al texto. En lo que sigue se va a utilizar la información general sobre la cerámica popular en el Noroeste de la Península en la etapa 1940-1973 y de un modo especial la referente a Buño, importante centro de cerámica popular, por entonces y ahora, en el ayuntamiento de Malpica, en la comarca de Bergantiños, al occidente de la provincia de La Coruña. En el año 1972 en la parroquia de San Esteban de Buño, ayuntamiento de Malpica, en la zona occidental de la provincia de La Coruña había 984 habitantes' de los que 16 eran alfareros que trabajaban con el torno alto manejado con el pie. Los hombres se encargaban de la mayoría de labores de extracción y transporte del barro, de las del taller y de la cocción. El papel de las mujeres estaba más limitado a labores secundarias en el taller, tales como la decoración en algunos casos, y a su participación en la hornada y venta de las piezas Aquí se presentan una serie de aspectos de la cerámica de Buño y se elaboran modelos interpretativos a partir de su conocimiento, para contrastarlos y afinar en la medida de lo posible algunos de los realizados y empleados comunmente por los arqueólogos hasta ahora. Los campos que se tratan a continuación, para buscar un perfeccionamiento mediante el contraste con lo que ocurre en Buño, y las propuestas habitualmente manejadas por lo investigadores, son la relación entre las áreas culturales y las áreas arqueológicas y la construcción de las primeras.

LAS ÁREAS CULTURALES Y LAS ÁREAs ARQUEOLÓGICAS

Área comercial y área cultural. A menudo se utiliza la cerámica arqueológica como elemento importante, en ocasiones exclusivo, para definir una cultura arqueológica y un área cultural arqueológica. En las líneas que siguen se

revisan estas cuestiones a la luz de lo que sugiere el modelo etnológico de Buño y se distingue entre distribución geográfica de los productos, área comercial, área cultural y cultura arqueológica. La cerámica de Buño se expande por un amplio territorio que abarca distintas comarcas del occidente de las provincias de La Coruña y Pontevedra, que dentro de una tónica de generalidades comunes que todas comparten presentan un notable conjunto de diferencias entre las manifestaciones culturales, que van desde los rasgos lingüísticos de cada uno de los territorios, hasta las formas de explotación del medio, pasando por los tipos de herencia, un mosaico de identidades distintas bien diferenciadas, con diferentes centros de agregación ritual donde éstas se mantienen y robustecen, hasta diferencias en los tipos de arquitectura, de los carros, yugos, hórreos, etc. (MARIÑO, 1989). La uniformidad de la cerámica que se distribuye por los distintos territorios, y que serviría al arqueológo como una pauta de gran importancia para crear una cultura arqueológica, si bien es coincidente con la distribución de otros elementos de la cultura material tales como las características generales de las formas de las casas, los hórreos, los yugos, etc., que ayudarían a crear una cultura arqueológica sobre una base mayor de artefactos que la propia cerámica, ésta también se dispersa por un área donde hay diferencias ecológicas y culturales importantes, por lo cual el área cultural y la cultura arqueológica a la que darían pie los restos de su cultura material, que en ella se manifiesta, no son demasiado representativas de muchos segmentos de la cultura tales como la lengua, la actividad económica y la identidad social de los grupos, entre otros. Bajo la apariencia de uniformidad de un área cultural y de una cultura arqueológica concreta hay un conjunto de diferencias muy notables, percibidas como tales por los miembros de dichas comunidades, que aparecen ocultas en la cultura material actual, y que por tanto permanecerían así en el registro arqueológico. En este sentido la observación realizada sobre el significado de la cultura arqueológica a partir de la geografía de la distribución de los tipos cerámicos confirma una vez más el carácter artificial, artificioso, y escasamente representativo del registro de


Formación y significado de las áreas culturales a través del estudio etnoarqueológico de la cerámica popular

la cultura material, sea etnográfica, como en este caso, o arqueológica, con relación a las culturas globales del presente y del pasado respectivamente. La misma observación se puede hacer sobre la distribución de los tipos cerámicos a nivel de la Península Ibérica o de toda Europa. La coincidencia de los tipos cerámicos y de las técnicas usadas en su elaboración reflejan una indudable semejanza, pues comparten entre sí elementos comunes desde el Norte hasta el Sur y desde el Oeste hasta el Este, que indudablemente señalan el hecho de que las diferentes culturas populares, o nacionales, europeas comparten entre sí un gran número de rasgos pero al tiempo también son un reflejo de la variabilidad que existe entre ellas en una ámplia serie de aspectos (VAZQUEZ, 1973). Lo anteriormente expuesto viene a confirmar la pobreza y ambigüedad informativa de la cultura material sobre diferentes dimensiones de la cultura global, y que por tanto ha de tenerse siempre en mente lo artificioso del concepto de cultura arqueológica, y los grandes límites de su valor como herramienta interpretativa, ya que a menudo, como en el caso que nos ocupa, su representatividad de las culturas del presente y del pasado es muy limitada, en especial en lo relativo a sus aspectos esenciales, pues la cerámica de Buño se encuentra en casas de campesinos, marineros, habitantes de las ciudades, trabajadores industriales, hablantes de diferentes tipos de gallego y de castellano, de diferentes niveles sociales y económicos, ideológicos, religiosos, etc. Desde esta perspectiva conviene preguntarse: qué quiere decir o qué se refleja en el hecho de la dispersión geográfica de unos mismos tipos cerámicos relacionados entre sí y hechos con la misma tecnología en un mismo taller? Para responder a esta pregunta es necesario entender previamente los mecanismos de distribución de los tipos. En el caso de Buño podemos distinguir dos modelos de distribución: El tradicional y el moderno.

1. El sistema tradicional El modelo vigente en lineas generales hasta fines de los años sesenta se caracteriza por los siguientes mecanismos de funcionamiento. A)Venta en el propio centro productor a los vecinos del entorno, y a quienes la adquirían para su reventa en territorios más o menos ámplios, éste

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era el caso de los tratantes, "xalleiros", de la comarca del Xallas, quienes con sus mulas las comercializaban por amplias zonas. También compraban in situ vendedores de algunas tiendas situadas a cierta distancia de Buño. En el siglo XVIII se documenta la expedición de cerámica por vía marítima a través del puerto de Ponteceso hasta la ciudad de Pontevedra. Dentro de las modalidades de venta citadas, a excepción de la primera, que tenía una importancia muy reducida, las restantes son las que colocaban la cerámicas en los lugares más distantes geográfica, ecológica y culturalmente, hasta el punto de que muchos de los receptores no sabían con precisión o desconocían la ubicación del centro productor. B) Venta por los propios alfareros que llevaban directamente los productos a lugares distantes del centro productor. Este sistema tenía a su vez dos mecanismos comerciales: el primero de ellos, el más habitual, consistía en que con una regularidad determinada acudían a lugares concretos bien todos los alfareros o algunos, todos al tiempo, o por turnos, pues había formas de reparto espacial y temporal de las ventas, para evitar la excesiva autocompetencia. De este modo se acudía a las ferias y mercados celebrados con regularidad y a las fiestas y romerías. La cerámica se vendía en centros de congregación con motivo de actos comerciales y religiosos, que actuaban al tiempo como lugares de refuerzo de la indentidad de los grupos humanos que acuden a él. Cuando la gente se retiraba de estos centros dispersaban sus productos por los lugares de ongen. En algunos casos y momentos, en especial en los de crisis económica, los mismos alfareros o sus familiares, recorrían zonas concretas del territorio, intercambiando los cacharros por productos agrícolas, sobre todo frutos. Esta práctica fue habitual en los momentos de hambre, en especial en los años siguientes a la Guerra Civil.

2. El modelo moderno posterior a los años sesenta Se caracteriza por el mantenimiento de algunas de las pautas anteriores y la aparición de otras. Han desaparecido los "xalleiros", la venta ambulante de


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los propios alfareros y en algunos casos ha ido a menos la asistencia a las ferias y mercados tradicionales, que en parte han ido decayendo, y a las romerías. Por el contrario se acude a nuevos lugares de venta como la ferías de artesanía, turismo, ocio, etc. muy diferentes de las tradicionales. Cierto tipo de público, en especial turistas, acuden a comprar al detalle al pueblo así como una serie de mayoristas que adquieren la mercancía para tiendas relacionadas con la artesanía más como producto de calidad estética que de uso tradicional en las cocinas. También se envían mercancías por encarga a tiendas distantes especializadas en la venta de artesanía popular en lugares fuera de la región. Tanto en el sistema tradicional, como en el moderno, a través de las diferentes variedades de mecanismos de venta se va creando una malla regular y sostenida de difusión de las piezas por un territorio concreto, que queda así uniformizado desde el punto de vista de los objetos cerámicos. Esta homogeneidad cerámica, tal como hemos visto, en modo alguno presupone unidad cultural, pues se da dentro de un mosaico de geografías y subculturas distintas entre sí. Esta circunstancia se hace especialmente visible cuando las piezas han ido a parar a lugares y culturas muy lejanos, y distintos donde tienen funciones muy diferentes a las que ostentaban en los lugares primarios más próximos al centro alfarero. A la luz de lo expuesto se podría concluir desde la perspectiva pesimista que el valor de la cerámica, como el de muchos otros elementos de la cultura material, por no decir todos, es muy limitado para crear culturas arqueológicas significativas que realmente nos permitan penetrar en la naturaleza de las culturas reales que las generan. Desde una óptica constructiva, en la que la crítica de los modelos usuales lo que busca es conocer sus posibilidades reales, y mejorarlas, si es factible, se puede decir con Galileo "que a pesar de todo se mueve" pues de hecho la asociación reiterada y significativa de un conjunto de cacharros elaborados en un mismo taller dentro de un área geográfica concreta algo quiere decir. Veamos ahora las posibilidades interpretativas en términos realistas que se pueden derivar de ello. 1. La existencia de unas redes de difusión y de circulación de productos que implica una relación

entre el taller y los usuarios del producto. Ésta en la mayor parte de los casos señala un cierto tipo de comunicación y de conocimientos mutuos entre el taller, los vendedores y los compradores. 2. La semejanza de los tipos cerámicos indica en términos generales una cierta similitud entre las formas de vida, producción, almacenamiento, procesado y consumo de los bienes, en este caso en su mayoría alimenticios, relacionados con la cerámIca. 3. De los dos apartados anteriores se deduce una relación entre lugares más o menos próximos que comparten al menos una serie de prácticas económicas y gastronómicas, es decir una cierta relación entre comunidades cercanas que tienen en común, al menos, algunas prácticas culturales. Esta semejanza podría en algunos casos indicar que la difusión de la cerámica coincide con un área cultural, ya que son condiciones necesarias pero no suficientes para la existencia de un área cultural, la cual requiere la asociación significativa de un determinado número de elementos en un territorio concreto. Esto en gran medida va a depender de cuales son los elementos que consideramos significativos para establecer un área cultural, lo cual siempre tiene mucho de artificioso. Enunciado el problema cabe plantear su solución en la medida de lo posible, que en este caso consiste en hallar otros argumentos contextuales que apoyen o rechacen el valor de la distribución de la cerámica en un área concreta como posible indicadora de un área cultural precisa y bien clara en sus manifestaClOnes. En primer lugar vamos a eliminar aquello que no es posible, como se documenta en los ejemplos que siguen: cuando los conjuntos cerámicos se encuentran muy lejos de los focos productores, o en un ambiente en el que los restantes elementos del contexto son distintos a los de la zona de origen de las muestras, se debe desechar la posibilidad de que estemos ante un elemento significativo de un área cultural. En este sentido la distancia geográfica o cultural marca la imposibilidad anteriormente citada. La presencia de una cerámica de Buño en el salón de una casa de Alicante en calidad de "recuerdo" de un viaje turístico, o en las salas de la sección de Eurasia del Museo Etnológico de Hamburgo, a donde fue llevada por el Dr. Vossen


Formación y significado de las áreas culturales a través del estudio etnoarqueológico de la cerámica popular

y su equipo tras una serie de misiones etnológicas en la Península Ibérica para estudiar la cerámica popular, evidentemente no forman parte en sentido estricto del complejo cultural en el que se hallan. Al descartar lo que no puede ser, mediante el análisis de la relación de la pieza con el contexto, ya encontramos el camino para averiguar lo que puede ser: el estudio del contexto. En efecto ha de ser éste el que nos ayude a valorar las posibilidades, nunca las absolutas certezas, de que estemos ante un área cultural y una cultura. En este sentido la reiterada asociación de tipos cerámicos con otros elementos de la cultura material en áreas muy concretas relacionadas entre sí, al menos en lo relativo a la difusión de ideas y productos, lo que implica de algún modo los contactos personales, directos o indirectos, entre ellos, es un argumento de peso para considerar la existencia de una cultura que se manifiesta en un espacio concreto: un área cultural.

CÓMO SE CONSTRUYE UN ÁREA CULTURAL

La idea de área cultural encierra la de delimitación geográfica de una cultura, la cual se define como un conjunto de elementos culturales interrelacionados de un modo coherente y significativo. Cuando se observan los objetos y estructuras de una cultura, lo que se viene entendiendo como la cultura material, se puede apreciar que algunos se extienden a lo largo de territorios muy amplios mientras que otros sólo se manifiestan en una reducida extensión. A partir de esta observación preliminar vamos a estudiar los mecanismos mediante los cuales se forma y mantiene esa homogeneidad del reparto de los elementos de la cultura material en una zona geográfica concreta. Los principales mecanismos implicados, que se pueden dividir en dos tipos, son los siguientes:

1) Elementos locales de homogeneización cultural La existencia de una tipología arquitectónica concreta en un territorio está relacionada con las condiciones ambientales, que van desde el clima hasta las posibilidades que ofrecen las materias

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primas disponibles para la construcción. Pero sobre todo depende de las pautas culturales tradicionales por las que cada persona que decide construir una casa nueva, por lo general, trata de reproducir el modelo tradicional en el que ha desarrollado su vida y que es considerado el apropiado por las gentes de la comarca: el que se considera normal o deseable. La ejecución de este tipo de obras es realizada habitualmente por, o con la ayuda de artesanos locales o de otras áreas pero que habitualmente han trabajado en este territorio, de modo que son los canteros y carpinteros los que imprimen su personalidad a la ejecución de las obras de las comarcas donde trabajan. Hemos podido comprobar en algún caso cómo los cruceros de piedra de alguna zona muy amplia tienen gran semejanza debido a que han sido hechos a lo largo de casi dos siglos por canteros procedentes de una misma parroquia. Lo mismo ocurre con las casas, los hórreos, etc. ya que al actuar los artesanos en territorios muy concretos durante mucho tiempo, a veces bastantes generaciones, le imprimen una homogeneidad apreciable a sus manifestaciones arquitectónicas y escultóricas. La existencia de herreros, fabricantes de carros, zuecos, cestos, sombreros, vestidos, etc. igualmente dotan a la comarca de una serie de elementos culturales homogéneos dentro del territorio por ellos atendido, y del cual proceden los compradores de sus productos.

2) Oficios ambulantes La existencia de oficios ambulantes muy numerosos en el medio rural donde se podía contar con sastres o costureras, plateros, vendedores de pescado, frutos, etc, buhoneros, canteros, artesanos, cesteros, afiladores, cordeleros, capadores, quincalleros, compradores de cera, etc. (FIDALGO, 1998) supone un contacto con personas y por tanto con conocimientos, creeencias, valores y objetos externos a la comunidad. Estas gentes además de aportar sus servicios también traen objetos e ideas exteriores al grupo que los recibe, por lo que son un elemento aculturadar y homogeneizador que establece lazos de conexión uniformizadores entre distintos grupos humanos, sin cuya presencia cada uno de ellos quedaría muy cerrado sobre sí. En este sentido


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podriamos citar a las vendedoras de pescado, que de la costa lo llevaban al interior y de aquí bajaban productos agrícolas; aparte de este tráfico de bienes, en sus conversaciones transmitían información, noticias y rumores de mundos ajenos a los de las comarcas que visitaban. Su actividad suponía una acción uniformizadora dentro del territorio donde se desempeñaba, ya que establecía lazos de tráfico de objetos y de información. Pero al tiempo su presencia en territorios ajenos a su lugar de origen daba lugar a la afirmación de la identidad local, en tanto en cuanto, el percibir en esas personas unas características distintas por su origen, modo de hablar, vestir y comportarse, favorecía el mecanismo de creación y refuerzo de la identidad que supone el reconocimiento de lo propio frente a lo otro. El saber de modos de vida distintos favorece el reconocimiento por contraste de lo propio.

comarca, lo que favorecía la endogamia a nivel de este segmento del territorio. Las actividades mercantiles eran el soporte de la intensificación de las relaciones sociales a nivel más amplio que el de las pequeñas aldeas en las que se distribuye la población. Por ello, por constituir lugares de encuentro con intercambios variados, han actuado como un elemento cohesionador y uniformizador del mismo territorio, incluso a nivel de la cultura material ya que la gente que acude a la misma feria compra el mismo tipo de productos propios o ajenos, los que se venden en ella. La celebración de ferias y mercados favorecía las visitas en esos días a diversos servicios que se establecían en los lugares donde éstas tenían lugar, tales como médicos, farmaceúticos, jurídicos, etc. con lo cual se establece otro elemento uniformizador, pues los que acuden a un centro de servicios concretos reciben el mismo tipo de ayuda e información.

3) Centros de integración

B. Santuarios Cada santuario tiene un territorio de gracia específico de donde acuden mayoritariamente sus devotos, que se sienten identificados con y por él. Muchos santuarios tienen un marcado carácter comarcal, en el sentido de que acuden preferentemente a él por motivos de devoción gentes de una misma comarca. También se da el caso de que gentes de una misma comarca acuden a varios santuarios. El ritual religioso establece un cierto tipo de vinculación entre las gentes que acuden al santuario y éste y entre las personas entre sí, de modo que el santuario se convierte en un punto de referencia imprescindible en el orden religioso y social para las gentes de un territorio determinado. El compartir ideas, creencias y ritos, que es lo que lleva implicito el desarrollo de una devoción religiosa, crea vínculos entre quienes lo hacen, en especial cuando los devotos participan en los rituales públicos, que tienen mucho de representación del grupo social que interviene en ellos. A mayores del aspecto puramente religioso, también hay que destacar el valor festivo profano que rodea los mismos, que abarca desde transacciones comerciales, en especial, de objetos sagrados, y de alimentos hasta los conciertos y los bailes. Las fiestas de los santuarios y las romerías y las patronales de cada iglesia parroquial son lugares de exal-

Existen una serie de centros de integración social, donde los que a ellos concurren establecen una serie de intercambios económicos, sociales y de información que contribuyen a la homogeneización de las zonas de donde proceden, y de los lugares donde convergen. Entre ellos por su importancia destacan:

A. Las ferias y mercados Tradicionalmente han tenido una compleja serie de funciones de las que las económicas no son las más importantes. En ferias y mercados se hacen transacciones económicas en las que se dan salida a los productos excedentes de cada casa y se adquieren los necesarios procedentes de otras comarcas próximas y lejanas. El intercambio de productos tambíen va acompañado del de conocimientos y de información comercial, que determinan las estrategias económicas de la zona. Las ferias y mercados tienen también la función de ágora pública, donde se comentan noticias viejas y nuevas, se divierte la gente, y se establecen relaciones sociales con amigos, familiares y vecinos que habitualmente no están nada próximos. Dentro de este tipo de relaciones tienen importancia las de los jóvenes, pues en ferias y mercados solían nacer y cultivarse noviazgos entre gentes de una misma


Formación y significado de las áreas culturales a través del estudio etnoarqueológico de la cerámica popular

tación de la identidad y la bondad de las comunidades celebrantes y en ellas se intensifican las relaciones humanas a sus diferentes niveles desde el punto de vista de la coherencia y la integración social. Son ellug;r ideal para compartir comunicaciones y sentimientos positivos con amigos, vecinos y comarcanos y para establecer relaciones entre jóvenes de ambos sexos, muchas de las cuales desembocaban en matrimonios. Las fiestas en este sentido son la ocasión por antonomasía para la representación del orden social de las comunidades que lo integran, y de manifestación de mecanismos integradores de la identidad comunal, ya que en ellas se comparte lo sagrado, la diversión y la información y se establecen las alianzas sexuales y matrimoniales entre los integrantes del territorio. Desde este punto de vista es muy importante la función de las ferias y mercados, de los santuarios con sus romerías y las fiestas como elementos integradores en lo económico, religioso y social, de una población dispersa en pequeñas unidades sociales, pues es precisamente en las manifestaciones citadas donde se realizan los mecanismos de integración, ya que la mayor parte del año, y fuera de estos lugares, las comunidades permanecen cerradas sobre sí y se relacionan sólo con las más inmediatas, o con las gentes que acuden del exterior por diversos motivos. Estos mecanismos favorecen por el intercambio de información, en el sentido amplio del término, la homogeneidad del territorio a varios niveles interdependientes, tales como son el cultural, social, lingüístico y biológico. La cultura se uniformiza por la interacción recíproca entre los miembros del grupo, que actúan unos delante de y sobre los otros, con lo cual se van uniformizando las pautas de comportamiento. En el terreno lingüístico ocurre lo mismo: el intercambio verbal por la mutua interacción tiende a uniformizar y mantener, o hacer evolucionar en el mismo sentido, el habla de la comarca. Las transaciones económicas y el trato entre personas con problemas y perspectivas de solución parecidas genera relaciones sociales que pueden desembocar en alianzas sociales, entre ellas las amistades. A la feria y a la fiesta también se va a ver a los amigos y parientes que en su máximo grado pueden conducir a las alianzas matrimoniales.

281

Sobre este particular ya advierte la creencia popular de que "la novia no ha de buscarse ni en la feria ni en la romería, sino en la puerta de su casa con la ropa de cada día", en clara alusión de que ambas son lugares privilegiados de contactos donde por ello es importante dar una buena imagen ante los demás. Se trata de espacios de relación y de ostentación donde se pretende informar a los demás de las expectativas propias, y de partir de la mejor posición posible en las relaciones sociales, entre ellas las alianzas matrimoniales, donde se negocian relaciones de poder entre personas y familias. La celebración de ferias, también, pero especialmente en las romerías era el momento ideal para entablar relaciones sexuales entre los jovenes solteros como escribe sabiamente el P. Sarmiento en el siglo XVIII en el sentido de que la noche ocultaba las consecuencias del día y el devenir de muchos días descubría las consecuencias de aquella noche. Al lado de las relaciones sexuales esporádicas en torno a las fiestas y romerías, en ellas se iniciaban y mantenían muchos noviazgos que concluían en matrimonios. Estos son por tanto de carácter endogámico a nivel de la comarca, y dentro de ella suelen serlo, a un nivel más fuerte, de endogamia parroquial. Como consecuencia de ello se intensifican las relaciones entre los habitantes de la comarca que pasan de ser de vecindad y amistad a las de parentesco, con lo cual se hace más densa y resistente la malla de las relaciones sociales. La consecuencia biológica del matrimonio endogámico entre parroquianos y comarcanos es la uniformización genética de la población y su diferenciación con relación a la de otros territorios fuera de su comarca. En este sentido los mecanismo integradores descritos actúan en el mismo sentido en los planos cultural, social, lingüístico y biológico dando lugar a una homogeneidad de sus manifestaciones en todo el territorio que contrastan con los de otros. Este contraste es el que percibe el visitante observador, que nota, que por lo general, en cada comarca hay una serie de elementos culturales compartidos comunes tanto en el plano de lo material, como por ejemplo la arquitectura, la técnica de los cultivos, el vestido, los alimentos, las fiestas, etc., en el del habla, perceptible a nivel fonético, léxico y sintáctico, y a veces en cierta


282

JOSÉ MANUEL VAZQUEZ VARELA

medida en la apariencia física, estatura, proporciones del cuerpo, tipo de pelo, color de la piel y de los ojos, etc. Como consecuencia de los mecanismos integradores, entre ellos los que hemos descrito, se establece una homogeneidad a todos los niveles en territorios concretos, de lo cual se puede deducir que hay un cierto grado de correlación entre las homogeneidad de la cultura material, el resto de la cultura, la lengua y las caracteristicas biológicas de la población humana. Si bien este principio general es evidente, su aplicación al pasado es más problemática en lo relativo al grado de significación concreta de estas relaciones, pues como veíamos en el caso de la cerámica de Buño, que hemos tomado como guía del discurso, ésta en parte funciona como elemento indicador de esta homogeneidad en un territorio muy concreto en la comarca de Bergantiños, a la que pertenece y dota de una señal de identidad, pues para mucha gente la existencia de la cerámica de Buño es un punto importante en su información sobre el citado territorio, pero la cerámica abarca como vimos otras áreas culturales, lingüísticas y biológicas distintas. U n par de ejemplos más amplios pueden ayudar a comprender la relación entre unos y otros de los factores citados. Si observamos una amplia zona de la Iberia Húmeda, la de la alta montaña que va desde el oriente de la provincia de Lugo hasta el Pirineo Occidental, es decir la Cordillera Cantábrica en su sentido amplio, observamos que existe una gran uniformidad en cuanto a los modos de vida, que están relacionados con la adaptación a un ecosistema muy peculiar: la alta montaña. La uniformidad se aprecia en la arquitectura, el hábitat, las técnicas y útiles de la agricultura, ganadería y caza, en los sistemas económicos y sociales, como por ejemplo la familia extensa como unidad social y económica, en la presencia mayoritaria de la formula del mayorazgo como sistema de transmisión intergeneracional de la propiedad de la casa, en el sentido social del término, el tipo de religiosidad, creencias, etc. A la citada homogeneidad de comportamientos culturales y sociales, parte de los cuales se ponen de manifiesto en la cultura material, no le corresponde el mismo tipo de uniformidad lingüística por

cuanto se hablan diferentes lenguas. El mayor contraste se da entre los diferentes dialéctos del vasco, que no es una lengua de tipo indoeuropeo, y las diferentes hablas del resto del territorio que derivan del ladn. Las hablas romances del Norte de la Península Ibérica estan emparentadas entre sí, y a el que conozca alguna de ellas, las otras le resultan inteligibles en sus aspectos generales, aunque apreciará diferencias importantes. Desde el punto de vista de las unidades sociales, y en especial del de la identidad, se aprecian notables diferencias entre los diferentes grupos a distintos niveles de identidad, tanto en como se ven a si mismos como "Nos", colectivo, social, en como son percibidos por los otros. Citar aquí los diferentes grupos que son distintos sería una labor inacabable y sólo haremos referencia a dos de los más conocidos desde un punto de vista tópico y científico: los vaqueiros de alzada y los pasiegos. Desde el punto de vista biológico también se aprecia en las observaciones visuales, y en los marcadores biológicos, semejanzas entre todas las poblaciones, y también peculiaridades derivadas del aislamiento genético de los grupos al casarse entre poblaciones muy limitadas demográfica y geográficamente con un alto grado de endogamia, que ha dado lugar a un cierto grado de parentesco entre los miembros de las pequeñas comunidades. El examen de estos aspectos nos lleva a apreciar como no hay una correlación estrecha entre la cultura material y los restantes aspectos de la cultura y de la biología. En todo caso, a menudo, una cierta semejanza de la cultura material quiere indicar una cierta proximidad entre algunos aspectos de las formas de vida aunque haya notable divergencias en otros aspectos. Así por ejemplo se aprecian una serie de semejanzas entre la dimensión material de la cultura popular gallega y la de Chechenia pero las diferencias a nivel cultural, social, lingüístico y biológico son importantes. Estas consecuencias obtenidas a partir del estudio etnológico de Buño y de Galicia son coincidentes en líneas generales con las ya conocidas por los antropólogos y en parte usadas por algunos arqueólogos (ALCINA, 1988) y aportan un modelo más próximo, conocido y concreto, que aplicar al pasado en general y al de del Noroeste de la Península Ibérica en particular.


Formación y significado de las áreas culturales a través del estudio etnoarqueológico de la cerámica popular BmLIOGRAFÍA ALCINA FRANCH, J. 1989 Arqueología antropológica. Akal. Madrid. FERNANDEZ, M. V. 1994 "Etnoarqueología: una guía de métodos y aplicaciones", Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XLIX, 2: 137 169. FIDALGO SANTAMARIÑA, X. A. 1998 Las actividades ambulantes tradicionales, en Galicia Antropología. T. XXIV. Tecnología Agraria. Oficios. Hércules de Ediciones. Coruña. GARCIA ALEN, 1. & GARCIA ALEN, A. & GOMEZ VILASO, X. M. 1983 La alfarería de Galicia. Fundación Pedro Barrié de la Maza. La Coruña.

283

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BRIGANTIUM,

2003, vol. 14, pp. 285-301

ESTIJDIO ETNOGRÁFICO DOS MUÍÑOS HIDRÁULICOS: UN EXEMPLO NA PARROQUIA DE ARANGA

] OSÉ MANUEL LIÑEIRA

V AZQUEZ

Castellana, 49 A ranga. A Coruña

Resume: este traballo aborda o estudio dos muíños hidráulicos nunha pequena zona da provincia da Coruña, e propón a parroquia como ámbito de traballo debido á importante significación na Galiza. En primeiro lugar abórdase o esrudo dende unha perspectiva global, para máis tarde realizar un estudio concreto de tres dos muíños e da súa significación na zona concreta da parroquia. Ao final indúese un cadro sinóptico con tódolos muíños da parroquia.

Abstract: this artide is about water-mills in a litde zone in the province of A Coruña, and suggest the parish like study perimeter just the important significance of it in Galiza. For the first time, this artide is about a global perspective of the srudy. After that, is made a study of three of the water-mills s and its signification in that zone. At the end of it, this artide indudes a summary with all the mills of the parish.

INTRODUCCIÓN

o

presente traballo l versará sobre os mumos hidráulicos da parroquia de San Paio de Aranga, e pretende ser unha análise etnográfica da zona a partir do estuda dos devanditos edificios. Os muíños hidráulicos resultan ser uns edificios que atopamos en practicamente tódolos núcleos de poboación, por pequenos que sexan. Actualmente hai un importante estalido de adicación con respecto ó estuda destes elementos, interese cada vez máis importante tanto dende a historia como dende a antropoloxía. O porqué da elección do ámbito de investigación é a proximidade, que facilita o traballo, ademais de que resulta un terreo no que é máis doado iniciarse na investigación a un principiante, resulta máis doado un achegamento ó obxecto de estudo cando este se fai nun entorno previamente coñecido. Poderiamos agora entrar a enumerar e describir os distintos tipos de muíños hidráulicos que podemos Este artigo é resultado dun Traballo Academicamente Dirixido na Facultade de Xeografía e Historia da Universidade de Santiago de Compostela, baixo a dirección do catedrático de Prehistoria, o Profesor Doutor José Manuel Vázquez Varela.

atopar na nasa xeografía, pero esa cuestión resulta de sobra coñecida e está moi ben estudada e estructurada por diversos autores, así como a enumeración das distintas partes (FRAGUAS FRAGUAS, 1997), que tamén se poden ver no modelo de ficha de campo contido neste traballo. Os muíños poden ser clasificados seguindo criterios de propiedade ou de funcionamento, de tipo de propulsión, así como de utilización ou adicación (BAS 1981, 1997). Xa que ternos este tema suficientemente estudado e feitas as clasificacións pertinentes, deixarémolo de lado, remitíndonos á bibliografía, así como para o tema do cobro ou das pezas dos muíños de herdeiros. Os distintos turnos de moenda para os herdeiros establecíase a partir dos cartos que cada un dos herdeiros poñía para a construcción do muíño, e tamén do traballo que se tiña realizado. Cada unha destas quendas de moenda era denominada ''peza'', e tratábase dun turno de 12 horas de moenda, un día ou unha noite. Na parroquia de estudio, e no caso concreto das relacións sociais entre os veciños das distintas aldeas, veremos que o ámbito de socialización entre os fregueses da misma parroquia acada un ámbito concreto de extensión; mais neste caso, ese ámbito


286

J OSÉ MANUEL LIÑElRA V ÁZQUEZ

de socialización que é a parroquia -"unidade vital antiga, xeográfica, eterna" _2, verase limitado en parte debido ás peculiares características xeográficas da parroquia a tratar, que dificultan enormemente o contacto directo entre as aldeas do Leste e do Oeste da parroquia. A parroquia resulta ser pois un ámbito perfecto para abordar un estudo deste tipo, debido a que nela se concentran unhas características (contidas na definición) que engloban unhas determinadas relacións sociais entre os individuos desa parroquia, unidos en gran parte por unhas prácticas devocionais determinadas, neste caso debemos destacar a importancia devocional que acada a Santa Cruz, que se venera na igrexa parroquial.

Metodoloxía utilizada Para este apartado debo citar a Begoña Bas (BAS, 1981, 1997) que establece unha metodoloxía de traballo que facilita a clasificación dos distintos tipos de muíños., e pode servir para unha análise cuantitativa dos muíños de zonas moi diversas. En primeiro lugar, o presente traballo parte da hipótese de que os muíños son uns edificios cun uso eminentemente práctico e que a de servir como ámbito de socialización do campesiñado non é unha das súas características fundamentais. Para apoiar esta afirmación podemos facer referencia a unha definición de muíño estrictamente material: "A palabra muíño sóese utilizar para designar a máquina ou instrumento utilizado na moenda e na preparación dos productos alimentarios esencialmente daquelas sementes ou grans destinados á producción de fariñas panificables" (FERNÁNDEZ LAVANDERA et al., 1987). A partir de aí, comeza o traballo de documentación bibliográfica, que se verá estendido a un traballo de campo, que consta de dúas partes principais: a visita ós muíños da parroquia, cubrindo unha serie de fichas individuais que recollen o estado de conservación dos distintos muíños, así como os elementos que conservan ou non, e outros datos tanto de carácter cualitativo como cuantitativo (ver esquema de fichas ó final deste apartado). A visita

2 Otero Pedrayo (extraido de PAZO LABRADOR et al., 1995)

ós mumos inclúe, como é lóxico, unha serie de documentación gráfica. A outra parte fundamental do traballo de campo realizado está composta dunha serie de entrevistas con persoas relacionadas cos distintos muíños, que me proporcionaron unha inestimable axuda e constitúen a principal fonte deste traballo, baseando nela a maior parte das miñas afirmacións. A partir do anterior, tivo lugar un proceso de análise dos datos recollidos, e unha revisión da hipótese de partida. Esa análise é a revisión da hipótese de partida, que se realiza a partir da propia definición antes citada, e na que se lle da ó muíño o papel de transformador do gran en fariña panificable, co cal se lle está a dar o papel fundamental que se merece na sociedade rural galega, debido á importancia que ten o propio pan na alimentación no mundo rural. O muíño deixa de ser instrumento de moenda, pasa a ter un posto importante na sociedade e na economía galega tradicional: " ... 0 muíño, calquera que sexa a súa fasquía, ten un posto sobranceiro no vivir agrario. É interese de todos o teren boa fariña, e proveito dos parceiros ou dos donos, igrexas, mosteiros, pazos, o cobro dos dereitos das maquías: o excedente agrario dará a base material ás grandes arquitecturas ... " (Xosé Filgueira Valverde, 1991) (LEAL BÓVEDA, 1999). Como podemos ver, algunhas persoas danlle ao muíño un papel de elemento condicionador e transformador da sociedade. O muíño ten ámbitos de influencia na sociedade que inflúen en aspectos tan diversos como poden ser os tecnolóxicos, os xeográficos, xurídicos,... Podemos decir que o muíño ten demasiados ámbitos de influencia como para ser considerado un simple elemento que se utiliza para moer a fariña, debe ser considerado tamén como un elemento influinte na sociedade na que se atopa inserido.

DESCRICIÓN XEOGRÁFICA XERAL DA ZONA A parroquia de Aranga ten unhas características xeográficas que a fan bastante apropiada para a construcción destes edificios. Trátase dunha zona marcada polo desnivel que provoca o río Mandeo, na súa parte occidental, e polo cordal da Serra da Loba, na súa parte oriental, onde se pode ver


Estudio etnográfico dos muíños hidraúlicos: un exemplo na parroquia de Aranga

1'allnoes tul u !llstilfll" úW.t¡njjjcfl!! ({"a~fruiJ.

Escala d_e 5 o 3000

Mapa de Aranga

4000

5000

1

ooo 6000

7000

8000

9000

t () 000 Metros

287


288

JOSÉ MANUEL LIÑEIRA

marcado un dos laterais da serra polo Río Cambás. Na parte sur da parroquia, o desnivel faise moito menos pronunciado, e ten unha maior altitude, coincide esta zona cunha menor proporción de muíños, debido a que os regatos que a atravesan teñen menor caudal, e debido a que se trata dunha zona moito menos poboada. A altitude que se acada nas distintas partes da parroquia varía entre os 264 m de altitude de Ponte Aranga e os 736 m de altitude de Buño, un dos picos do cordal montañoso coñecido na zona como As Louseiras 3. Os ríos máis importantes da parroquia, e nos que podemos atopar maior concentración de muíños son o Mandeo, que percorre a parroquia de Sur a Noroeste; o río Cambás, que vai de Leste a Suroeste da parroquia; o regato da Palanca, que nunha traxectoria de Leste a Oeste desemboca no río Cambás; e o rego das Balsas, que ten unha traxectoria de Leste a Oeste, desembocando este río no Mandeo (ver mapa). Os muíños de cada un des tes ríos pertencen a unha aldea ou a un grupo de aldeas determinado, segundo sexa a súa cercanía ou lonxanía a estas, xa que o raio de acción dos muíños de herdeiros é moi curto. No caso do regato das Balsas, ademais de ser un río ande se instalan muíños de dúas aldeas, sirve tamén de división territorial entre a parroquia de Aranga e a de Villarraso. As temperaturas varían entre os 17.3°C do mes de xullo e os 7.1 oC do mes de xaneiro. Ternos así, unha media anual de 11.8°C, e unha oscilación térmica de 10.2°C (Xunta de Galicia, 1998). Polo que respecta ás precipitacións, ternos un total anual de 1705 mm. das cales se producen un 12% no verán e un 35% no inverno (CARBALLEIRA, 1983). O aproveitamento do solo ven condicionado polos importantes desniveis que se poden apreciar na parroquia, o cal leva a que un 71 % sexa espacio forestal, un 15 % pastos, quedando só un 10% para os distintos cultivos (Xunta de Galicia, 1988). A maior parte do espacio forestal está ocupada por piñeiros "do país", seguido por importantes masas de eucaliptos, sobre todo nas zonas de peado, aínda que tamén é nesas zonas ande podemos atopar

3 As altitudes e a descrición xeográfica extraídas do mapa topográfico nacional, escala 1:50000. Mapa n° 46: Oza de los Rios.

V ÁZQUEZ

importantes espacios adicados a carballos e castaños, estes situados máis ben nas zonas de menor altitude.

Evolución dos cultivos Nesta parte ocuparémonos da evolución dos cultivos cerealeiros, que son os que máis nos interesan para os nasos obxectivos, deixando de lado os cultivos de inverno. Os cultivos cerealeiros baseáronse ata ±os anos 70 no cultivo de millo e centeo (máis coñecido nesta zona ca nome de pan), e esto era o que se moía para facer o pan. O pan cocíase a partir dunha mistura de fariña de millo e de centeo (coñecida nalgunhas zonas como mestrillón), ou a partir de centeo só cando se quería e se podía facer un pan máis branco; nalgunha ocasión incluso se lle podía chegar a misturar un pouco de trigo, pero esto era algo excepcional. A partir dos 70 prodúcese un cambio nos cultivos, sustituíndo o centeo polo trigo, e utilizando este para cocer o pan. Este cambio nos cultivos culmínase nesta zona nos 80 e a principios dos 90, ca abandono dos cultivos de cereais panificables, e cultivándose só millo na actualidade, e de xeito ocasional, para o consumo animal. Os cambios nos cultivos teñen un sentido de adaptación ás demandas do mercado, convertindo a maior parte das terras de cultivo, e deforestando algunhas outras zonas para facer pastos. Cambio dos cultivos a unha especialización nun sistema gandeiro de cara á comercialización do leite.

CLlMOGRAMA P(mm)

T("O) 20

250

290

15

150

la 100 50

I• Ilustración 1

íEMPI:RATURAS

PRECIPITACIONS

I


Estudio etnográfico dos muíños hidraúlicos: un exemplo na parroquia de Aranga

289

Evolución da poboación da parroquia de San Paio de Aranga

Ano

1887

1900

1910

1920

1930

1940

1950

1960

1970

1981

1991

Poboación

2006

1640

1439

1432

1542

1580

1318

1158

865

707

640

1

CultiVos Pfadosé pastos

_

Forer,1J¡!

_.

MJ¡fo

Ilustración 2

Podemos ver unha poboación en disminución continua (censo municipal de poboación), o cal se debe a unha tendencia xeralizada no agro galego cara unha despoboación, cunhas consecuencias no cambio dos cultivos e no abandono dos sistemas tradicionais de traballo e alimentación. Tense feito xa o paso dunha agricultura de subsistencia a unha agricultura ligada ao mercado, que cambiou o minifundio polas fincas de extensión mediana moito maiores, como corresponde ao tipo de adicación, e comprobamos o abandono dos edificios tradicionais, mostra da agricultura tradicional galega.

OS MUÍÑOS DE ARANGA Neste apartado farei unha reseña xeral e unha análise dos resultados do traballo de campo. Os datos concretos están incluídos en cadros sintéticos

que abordan o tema da propiedade dos muíños, a súa distribución por aldeas, o estado particular de cada un deles, ... Tódolos muíños da parroquia son muíños de rodicio horizontal e de pequenas dimensións "No norte da Península hai unha orientación ó uso de rodas horizontais, que conlevan un baixo custo de instalación e mantemento; adáptanse facilmente ó accidentado terreo e ás pequenas correntes de augas rápidas( ... ) As variantes son tantas como os muíños rexistrados e, en síntese, non son máis que adaptacións populares a unha necesidade funcional" (FERNÁNDEZ LAVANDERA et al., 1997). Ternos mostras da adaptación popular das construccións moi a cotío, adaptación ós distintos tipos de correntes e, nesta zona de Aranga, unha distribución por pequenos regatos que non exixe unha gran obra de fábrica, pero que cumple unhas necesidades funcionais básicas para o campesiñado. Esta é unha característica básica dos muíños de herdeiros, e incluso dalgúns dos de maquía. Podemos comezar decindo que a maior cantidade de muíños da parroquia son muíños de herdeiros, que se atopan máis ben lonxe das aldeas e situados na súa maior parte en regatos pequenos, polo que no verán se vían obrigados moitos deles a acudir ó muíño de Congostro, que era un muíño de maquía situado á beira do río Mandeo, e que nunca quedaba sen auga debido ao importante cauce do río ó longo de todo o ano. Como dixen xa, a situación xeral dos muíños é alonxada das aldeas e, polo tanto, das vías de comunicación. Para poder achegarse ós muíños, por regra xeral, hai que percorrer corredoiras e carreiros que nos axudan a salvar as importantes pendentes que hai nalgúns casos. Desgraciadamente, xa case non existen os ditos camiños e carreiros, da non ser os que fan os troiteiros durante a tempada de pesca, e que nos sirven para ir a carón do río, ou para ir do río a unha


I

I

Regato das Balsas Río Palanca

Pousadoiro

Pousadoiro

Pousadoiro

Soutullo

Sourullo

Soutullo/Montemeá

GoimillAranga

Congostro

Barreiro

Irixe/Aranga

Pereira

Pereira

Pereira

Reborica

Maques(A Cima)

Barbudas (A Cima)

Cima de Aranga

Cima de Aranga

Barbudas (A Cima)

Cima de Aranga

Muíño Novo

Muíño de Arriba

Dos Portas Cervos

Casa de Elvira

M. de Mirás

M. de Montemeá

M. de Goimil

M. de Congostro

M. de Félix

M. da Eirixa

Muíño Vello

Muíño do Medio

Muíño de arriba

M. da Reborica

M. de Barral

M. do Muiñeiro

Palangueiro

De Paula

Muíño Novo

Muíño Vello Río Palanca

Río Palanca

Río Palanca

Río Palanca

Regato Portorrosa

Rego de Pereira

Rego de Pereira

Rego de Pereira

Rego de Pereira

Cambás

Mandeo

Mandeo

Rego de Sourullo

Rgo de Soutullo

Rego de Sourullo

Mandeo

Piugueiro

Piugueiro

Piugueiro

Pousadoiro

Vello de Casavella

Piugueiro

SE ATOPA

RÍO NO QUE

Pousadoiro

ALDEA

Novo de Casavella

NOME

Herdeiros

Herdeiros

Herdeiros

Herdeiros

Maquía

Privado, Barral

Privado (Rodríguez

Privado(Fco. Pérez)

Privado(Fco. Pérez)

Privado

Privado

Maquía

Maquía

Herdeiros

Herdeiros

Hercleiros

Herdeiros

Herdeiros

Herdeiros

Herdeiros

Maquía

Maquía

EXPLOTACIÓN

1 país

1 país

1 país

1 país

1 país e 1 francesa

1 país

1 país

1 país

1 país

1 país

1 país

2 país(gardadas)

1 país

1 país

2 (medida)

Expolio

1 País (rota)

Destruído

1 país

1 país

lfrancesa (sust. por país)

DAS MOAS

N° E TIPO

Malo/En ruínas

Boa

Mala

Mala

Ruinoso

Boa

Ruinoso

Mala

Boa

Derruído

Mal boa

Boa

Mala

Ruinoso

Moi boa

Boa

Ruinoso

Mala

Reutilización moas

Mala

Boa (electricidade)

Boa (electricidade)

CONSERVACIÓN

Malo

Malo

Malo

Malo

Malo

Bo

Malo

Moi malo

Moi malo

Moi malo

Moi bo

Regular

Moi bo

Moi bo

Bo

Malo

Moi bo

Dificultoso

Malo

Moi malo

Malo

ACCESO

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Xerador electricid.

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Non

Xerador de electricidade

UTILIZACIÓN

OUTRA

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Estudio etnográfico dos muíños hidraúlicos: un exemplo na parroquia de Aranga

estrada principal, presentando aínda así accesos moi dificultosos. Ver cadro ó final.

MUIDOS de herdeiros e de maquía, unha dualidade constructiva

A caracterización xeral destas construccións na parroquia ven dada polas zonas onde están situados, debido a que se utilizan, na súa maior parte, materiais do lugar, doados de conseguir, e que proporcionan, a posteriori, unha imaxe de armonía co entorno destas construccións. Aínda coa variedade existente, podemos establecer unha serie de parámetros xerais constructivos. Os muros están feitos a partir de pedra cachoteira máis ben miúda, que se coloca coa axuda de barro, aínda que algúns muíños foron modificados posteriormente e utilizouse cemento para recebar o interior e a parte do tremiñado, a pedra cachoteira miúda pode ser sustituída en ocasións por lousas de gran tamaño, se se poden atopar doadamente preto de onde se vai construir o edificio, ou por pedra granítica de tamaño mediano para a construcción. Polo que respecta aos teitos si que podemos decir que hai unha uniformidade case que absoluta, e os edificios son recubertos con lousas de bo tamaño. Aínda que tamén podemos establecer diferenciacións entre os distintos tipos de lousas, obtendo como resultado o feito de que dependendo do tipo de propiedade dos muíños, a teitume terá un tipo de lousas máis ou menos traballadas e de mellor calidade. Os muíños de herdeiros teñen unha teitume de peor calidade, mais tosca, realizada a partir de lousas da zona, que tamén permiten mellor unha armonía co entorno.

Ilustración 3. Factoría de La Ferté sous Juarre

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As dimensións dos muíños tamén parecen ter unha medida estándar, apreciándose de novo esa dualidade entre os muíños de herdeiros e os de maquía, tendo estes últimos un tamaño un pouco maior, ainda que non moito. As dimensións medias dos muíños da parroquia é de 3,5 m de fachada por 4,5- 5m de longo ou profundidade. As dimensións das moas e os pés tamén é común, predominando as de 1 m de diámetro, con poucas excepcións; e predominando as moas do país frente ás francesas, neste caso si que cunha abafante maioría. As do país eran moas traídas de lugares cercanos como por exemplo dun establecemento de preto da Coruña "alá pola zona de Feáns", son pedras de granito máis ben doadas de conseguir e non acadan prezos elevados, son as máis habituais nos muíños de herdeiros. En canto ás francesas, ou albeiras, normalmente son pedras da marca La Ferté-sousJuarre, do val de Marne en Francia. Outras marcas son por exemplo Maxwell ou Nikro; ou tamén as pedras da marca Jacb, utilizadas na obtención de piensos. As pedras La Ferté estaban caracterizadas pola súa coloración (amareladas ou azuis pálidas) que indica a súa calidade, tamén pola súa homoxeneidade. Utilizaban un cemento especial para unir as pedras e logo cinchábanas con aros metálicos. La Ferté era a marca máis coñecida, e tiña fama de ser unha pedra de gran calidade (FERNÁNDEZ LAVANDERA et al., 1997). A dualidade antes citada tamén se pode apreciar no caso da conservación e das pezas aínda contidas no muíño, sendo de novo os muíños de herdeiros os que saen peor. Son os que peor estado de conservación presentan e os que menos pezas orixinais conteñen. Esta situación de abandono dos muíños de herdeiros e non dos de propiedade privada é debido á ruptura desa sociabilidade con respecto aos elementos de tradicional utilización comunal. Dende que os muíños hidráulicos foron sustituídos polos muíños eléctricos privados, que se colocan no fogar, os muíños de herdeiros foron quedando abandonados, debido á perda de interese por parte dos herdeiros, aos que os muíños "xa non siven para nada". Esta perda de interese é a que levou aos muíños de herdeiros ao lamentable estado no que se atopan. Por suposto tamén neste caso hai excepcións, é o caso na parroquia de Aranga do muíño de Montemeá, que aínda é utili-


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JOSÉ MANUEL LIÑElRA

V ÁZQUEZ

Ilustración 4. Interior do muíño de Montemeá, en moi bo estado de conservación

zado en tempos de abundante auga por algún herdeiro para moer, e que se atopa nun excelente estado de conservación. Pala súa parte, os muíños de propiedade privada están en moito mellar estado, debido ó interese dos propietarios por manter a súa propiedade, e porque aínda están a ser utilizados ás veces, sobre todo se teñen outro aproveitamento, tal é o caso do muíño de Casavella, no Pousadoiro, que aínda se conserva en perfecto estado. Ter en canta que é o máis novo da parroquia xa que foi construído a mediados deste século, e que é utilizado para proporcionar enerxía eléctrica a través dun xerador de corrente que abastece o fogar dos propietarios. As razóns que levan a realizar a construcción son utilitaristas, aínda que distintas dependendo de se van ser utilizados por tódolos veciños ou se van ser destinados a maquía. Os muíños de maquía van ter menos dificultades para poder ser construídos, mentras que os de herdeiros van ter que ser construídos comunalmente, e máis lentamente. Como xa vimos, os materiais son máis característicos da zona que os dos muíños de maquía, que teñen

materiais de mellar calidade. Ademais, nos traballos de construcción tamén ternos esa dualidade, traballando nos de maquía unha maior cantidade de constructores cualificados, mentras que nos de herdeiros prodúcese o efecto contrario, e son erguidos polos propios herdeiros, coa axuda dalgún traballador cualificado (segundo fontes orais).

Muíños hidráulicos e especialización do traballo A gran extensión dos muíños hidráulicos conleva unha especialización nas tarefas dos encargados dos muíños, que pasan de ser labregos a tempo completo para ter que ocuparse tamén dos muíños, e unha actividade complementaria no caso dos muíños de maquía. Actividade que se sigue alternando coas tarefas agrícolas, e da que se ocupa ahorne, axudado polos seus filIas. Na zona de Aranga non había mulleres que se ocuparan das tarefas do muíño, como máximo colaboraban en ir parar o muíño cando estaba baleiro ou ir meter un saco de gran dentro e botar a fariña doutro fóra,


Estttdio etnográfico dos muíños hidraúlicos: un exemplo na parroquia de Aranga

para cando o viñeran buscar os seus donos, pero non se ocupaban directamente das tarefas de moenda4 . A moenda nos muíños de maquía estaba realizada polos homes da casa. Tamén ternos algo parecido con respecto aos muíños de herdeiros, onde había unha preferencia porque fosen os homes os que levaran o fruto ó muíño, mentras que ás mulleres non lles era encomendado este traballo tan a miúdo, aínda que non hai referencia de que fora por causas relacionadas con xuntanzas nos muíños (muiñadas). A existencia de muiñadas é negada por tódolos entrevistados, e tan só dous se lembran de que os seus avós lles contaron algo de reunións nos muíños para andar de troula, "pero diso xa hai moito tempo, eu non me acordo, xa mo contou meu abuelo cando eu era un rapaz"5. Outra testemuña di nos que había tempo sentira falar deso, pero que xa hai moito temp06. A división do traballo, e a especialización dos muiñeiros leva a que se produza un contacto para intercambiar coñecementos entre eles, e coñecer novas técnicas de picado das pedras ou algunha forma de parar o muíño para non telo moendo en baleiro, ... De novo é Abelardo de Congostro o que nos dá unha serie de datos que nos informan destes contactos, faino cando nos fala de que o muíño de Congostro tiña un "invento" para poder parar só cando o gran que contiña a moega era pouca cantidade, e di nos que este o recollera o anterior muiñeiro doutro muíño que coñecía, e que posteriormente copiaron outros muíños desta zona; aparello coñecido tamén noutras zonas cun funcionamento similar (SAMPEDRO, 1990). Outra testemuña destes contactos afirma que o dono do muíño de maquía do Pousadoiro foi o que lle ensinou unha técnica concreta de picado das moas "para que o picado fose máis fino".

4 Datos de fontes orais. 5 Ramiro "de Casavella" afirma que ten oido falar de muiñadas hai xa moito tempo. Esta información remóntanos as muiñadas como moi tarde a fins do século pasado. 6 A parte da testemuña da muiñada, Abelardo de Congostro fai unha referencia, aproveitando unha desviación no tema da entrevista, a unha forma de "mocear", segundo a calo mozo visitaría á moza na habitación, "E moceaban estando eles na cama". Refírese a unha aldea do concello, pero non da parroquía, preto de Cambás.

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Como vemos, eses contactos entre mU111eiros producíanse sobre todo nun raio curto no espacio, e no longo alcance eran só contactos esporádicos, a raíz da viaxe do muiñeiro a algunha feira