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EDITORIAL TEXTO: Leslie

No se puede negar, que la situación que vivimos las mujeres extranjeras en las cárceles tiene muchos aspectos a destacar, ya sea por la situación especial de estar encarceladas en un país extranjero, ya sea por el tratamiento jurídico y penal que se nos aplica. Además de la discriminación que sufrimos por el solo hecho de ser mujer. Estamos hablando de una triple discriminación: por presa, por extranjera y por mujer. Observando la realidad del módulo en el que actualmente estamos, enseguida nos damos cuenta que la gran mayoría de presas somos extranjeras. Esta no es solamente la realidad de “nuestro” módulo, ya que según datos del año 2008, un 40% de las presas encarceladas en España son extrajeras. Una gran mayoría se encuentran por delitos contra la Salud Pública (tráfico de pequeñas cantidades de droga), y esto está muy unido al endurecimiento que han sufrido las penas para las llamadas “mujeres correo”, donde lo que se busca es criminalizar y castigar justamente al eslabón más vulnerable dentro del mundo del tráfico de drogas. Se trata en su mayoría de mujeres condenadas a 9

años y 1 día, (aunque las penas oscilen entre 3 y 12 años). Para ellas, caer presas en un país extranjero, sin residencia previa en él, significa adquirir al mismo tiempo la condición de extranjera y de delincuente (en el caso de los hombres, la mayoría de ellos han residido previamente en el país). Es, sin duda alguna, una experiencia difícil de llevar, más aún sin ningún tipo de ayuda para ello. Entras presa, y nadie te informa de la posibilidad de ponerte en contacto con tu embajada. En muchas ocasiones, nadie habla tu idioma ¿y cómo comunicarte en un entorno tan hostil, sin saber el español, y sin que nadie haga el menor esfuerzo por entenderte? Es indudable que las mujeres extranjeras encanceladas, sufren una discriminación específica, en unos casos, propia de su situación de extranjeras y en otros se trata de discriminaciones que afectan a todas las mujeres. Podemos decir, y así lo hemos comprobado en el día a día, que las mujeres encarceladas nos encontramos en peores condiciones espaciales y de equipamientos; de recursos de formación y

MUJERES EXTRANJERAS

laboral; y sobretodo, sufrimos un tratamiento paternalista y estereotipado de género a diario. Las discriminaciones por razones de género son el pan nuestro de cada día, tanto en la calle como en la prisión, aunque por supuesto, esta sea una realidad bien silenciada por todos los medios. Pero en la cárcel ocurre algo curioso e interesante, ya que no hay más que querer ver para observar cualquier realidad del sistema aumentada a gran escala. Es como mirar con una gran lupa las vivencias que también vivimos en la calle, pero con un cristal de aumento. Aquí se condensan en un pequeño espacio y en una gran convivencia obligada, todas las realidades de los diferentes ámbitos de la sociedad. Esa condensación hace que palpemos cualquier discriminación (por género, orientación sexual, origen, raza, clase social…) en cada situación de nuestro día a día. A su vez, el sistema invisibiliza, demoniza y victimiza a las mujeres, como forma de desplazamiento de la atención hacia nosotras en beneficio

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Hipatia nº 4_Revista bimensual de las mujeres de la cárcel de Mansilla de las Mulas (León)_  

Edición especial último número Hipatia con las colaboraciones de Maria Galindo, Eva Garrido y Yera Moreno, Sara Rosenberg, Virginia Villapla...

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