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de derechos, las mujeres estamos en peores condiciones y contamos con menos recursos de formación y posibilidades laborales, y además, estamos sometidas a un tratamiento paternalista y estereotipado.

Este año no he acudido a la cita anual en la plaza central de mi ciudad, sino a la charla de la sala socio-cultural de esta prisión. Y al hilo de esta charla, me gustaría aportar mi percepción sobre la situación de discriminación de la mujer en la cárcel y en esta prisión en particular.

Somos muchas las mujeres condenadas a vivir sin ningún recurso económico mientras estamos presas porque no tenemos apoyo exterior o acceso a los trabajos remunerados de esta prisión; o las que sufrimos innumerables trabas para acceder a las actividades formativas de los talleres dirigidas casi exclusivamente a la población masculina. Toda esa discriminación se sostiene en la afirmación de que las mujeres representamos un porcentaje mucho menor de la población penitenciaria y que, por lo tanto, todo debe ser proporcional. Pero, las presas estamos privadas de libertad y no, de nuestros derechos. Estos derechos nunca deberían ser sometidos a un porcentaje, ni sometidos a mayorías y minorías. Porque en este caso la discriminación siempre se mantendrá. Ejemplo de ello es, que cuando nos apuntamos a un curso al tener que mantener un porcentaje prefijado, acudimos muchas menos mujeres, como me pasó el año pasado en el que acudimos 2 mujeres junto a 18 hombres. O lo mismo ocurre con el trabajo remunerado: ya que el 10% de los hombres optan a dicho derecho, sólo 10 mujeres pueden acceder al trabajo. Las conclusiones salen por sí solas…

En primer lugar me gustaría afirmar que las presas encarceladas reflejamos en nosotras mismas y por nuestras vivencias fuera y dentro de estos muros, la cara más amarga de la discriminación estructural de la mujer en la sociedad actual. Podríamos decir, sin caer en el victimismo, que somos el último eslabón de la cadena y que como tal se nos estereotipa y castiga, aunque ello no apague las infinitas ganas de sobrevivir y de salir adelante que se encierran en este módulo. Y eso se hace aún más patente al tratarse de una prisión mixta porque, aunque toda la población penitenciaria en mayor o menor medida se ve sometida a las vulneraciones

En segundo lugar me gustaría hablar del nivel de exigencia y de presión moralizante que se ejerce sobre nosotras. Se nos quiere hacer creer que muchas de las vulneraciones de nuestros derechos o situaciones de discriminación se basan en nuestra actitud y son provocadas por nosotras mismas, en la medida que no respondemos a las “expectativas” que se han depositado en nosotras. Estamos hartas de oír que no se organizan más cosas para nosotras, que no tenemos acceso a más infraestructuras o talleres o que no se amplia la oferta de actividades porque, supuestamente, no queremos. Si treinta mujeres de las

Manifestación de sufragistas en Nueva York el 6 de mayo de 1912

sus derechos y a favor de una sociedad justa. Porque nadie lo hará por nosotras. Nosotras debemos ser las protagonistas de esta lucha.

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Hipatia nº 4_Revista bimensual de las mujeres de la cárcel de Mansilla de las Mulas (León)_  

Edición especial último número Hipatia con las colaboraciones de Maria Galindo, Eva Garrido y Yera Moreno, Sara Rosenberg, Virginia Villapla...

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