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Relato del Willak Umu. El Willak Umu de Pachacámac ve tres esferas rojas en el cielo. Interpreta esto como un mensaje de mal presagio. El está en la huaca de Pachacámac, y debe comunicarlo en el mismo día al Inca Titu Yupanqui Pachacutec, que está en Cusco. Manda chasquis (4) por el camino del Chinchaysuyu, con el mensaje partido para que nadie lo tenga completo ni conozca su totalidad. Pero en el camino son interceptados y desaparecidos por el Apu Huallallo Carhuincho, a través de sus adeptos que son varios pueblos que no se dejan someter al imperio del Inca, entre ellos los Huancas, Huallas, Chancas, Chinchas, Araucanos, Mapuches, etc. Los chasquis, como eran precavidos, dejaron una copia de su parte del mensaje que les correspondía, en los distintos tambos a lo largo del camino. Por eso el Apu Huallallo Carhuincho no pudo completar el mensaje, ya que cada chasqui interceptado no le revelaba nada del mensaje. Además, el mensaje no estaba dirigido al mismo Inca Titu Cusi Pachacutec, sino a Illa Ticcse Huarihuillca, más conocido como Tonapa Wiracocha. Él es quien deberá interpretar el mensaje que le traigan los nuevos chasquis, para luego comunicárselo al Inca. La furia desatada por el Apu Huallallo Carhuincho ha hecho que ciudades se rebelen contra el florecimiento del primer imperio Inca y del Inca Titu Cusi Pachacutec, a la misma vez. Con toda la furia y el caos desatado, se habla de varios puntos centrales del imperio inca destruidos y arrasados por los enemigos, soldados que mueren en nombre del Inca a manos de los chancas o si no de los sanguinarios Chinchas. La situación es insegura para todos, incluso para la Panaca real incaica. En ese entonces nadie sabia de la existencia de una ciudadela segura de Machu Picchu, ya que fue construida por los Collas muchos años antes y ocultada antes que llegaran los Huaris. La Panaca tenía su lugar en donde ahora es el templo abandonado de Tiawanaku y parte de la plaza actual de Puno. Pero hasta ahí llegaban las noticias de los amotinados que, en cuestión de días, amenazaban con arrasarlo todo y destruir todo aquello que alguna vez fue incaico para que no quedara registro alguno en la historia. Meses atrás el Inca Titu Cusi Pachacutec había ordenado que se destruyeran los ídolos dedicados al Huallallo Carhuincho por ser un Apu sanguinario y nada prometedor para sus fieles y seguidores, ya que tanta era la sangre derramada y poca la ayuda prometida, a diferencia de otras huacas más prometedoras con ofrendas menos mortales. Fue tanta la oposición de varias ciudades sometidas, que incluso los huarochiranos se opusieron a este mandato y decidieron irse contra el Inca. Como la vida del Inca corría peligro y el de sus allegados también, se decidió de urgencia convocar a un Apu que podía ayudarlo. Ese Apu fue Pariaqaqa, el mismo de la leyenda que siglos más tarde lo contarían como el Apu que se enfrentó al Huallallo Carhuincho. La lucha titánica entre los dos Apus fue para ganar tiempo y lograr que el Inca fuera ocultado en el Pukará del Paititi. Pero para llevarlo hasta ahí, los caminos eran inseguros, era como meterse en la boca del lobo, ya que si bien todas las rebeliones se estaban dando desde la costa hacia el Este, aún no se había hecho contacto con la tribu de los Matsiguenguas, guardianes de la selva que resguardaban con bastante celo y arrojo sus territorios, y más lo circundante con respecto del Paititi. En pleno momento de incertidumbre, no les quedaba otra que intentar llegar hasta allá y hablar con los Matsiguenguas (y a ver si entenderían lo que hablaban, puesto que los Matsiguenguas no conocían el Runa Simi y menos iban a hablar o entender el aymará). Chasquis van y vienen con los mensajes, se supo de último momento que el Huallallo Carhuincho ha ordenado matar a todos los sabios y ancianos amautas, ya que ellos eran los portavoces del Inca -la memoria- y quienes propiciaron "olvidar" el culto hacia el Huallallo Carhuincho. La masacre fue más dirigida hacia ellos, y al no saberse si eran amautas o simples ancianos, se decidió matarlos a todos, para no quedar con dudas. Fue así que los pocos amautas que llegaron a tiempo se refugiaron en el Tamputocco, lugar recóndito y difícil de encontrar. Entre los amautas estaban los Aukis, aquellos valerosos personajes que


dirigían el curso de la historia de los Incas, ya que tenían contacto directo con los Apus y con el Inca mismo, para sugerirle recomendaciones y tomara los caminos indicados por los mismos Apus. Varios quipus fueron anudados en esos terribles años de violencia, recordándolo todo, de cómo los rebeldes arrasaban con los grandes centros, los poblados, las huacas, las chullpas (lugares de entierro de personajes importantes), etc. (Pero estos quipus serían desanudados cuando gobernara el hijo de Titu Cusi Pachacutec, para no recordar momentos tan tristemente solemnes del imperio incaico.) Cuando el Apu Pariaqaqa, convertido en caudal de agua, casi logra vencer al Apu Huallallo Carhuincho que estaba convertido en una columna de fuego interminable, que luego se convierte en ave y se va a buscar refugio en lo más alto de la Cordillera de los Andes; es cuando por fin el Inca logra entrar al Pukará de Paititi, escondido para evitar su asesinato, y ahora resguardado por los Matsiguenguas, que aceptaron de buen grado cuidarlo, hasta que las cosas se aquietaran, como era lo que les indicaron los Huayqekuna Yuraq (Hermandad Blanca) con quienes tenían contacto resguardando aquel lugar que muchos siglos después, sería asediado en intentos frustrados de hallar "El Dorado" en esa zona. Pasarían algunos meses para restituir y organizar la soldadesca incaica para recuperar lo que fue el imperio Inca que estaba empezando a tomar forma, ya que en medio del caos y la anarquía, nadie reinaba ni ponía orden, solo era destrucción de por medio. La lealtad al Inca se manifestó en todo este tiempo, hasta que luego de lograr vencer las represalias y a los rebeldes, se instauró de nuevo el incipiente Tawantinsuyo, y recuperar el esplendor que luego se haría más conocido con el reinado de la nueva Panaca, el de Manco Capac y Mama Ocllo, que sería en los años venideros, que como sabrán, fundarían la ciudad del Cusco. Pero eso ya es otro quipu que contar.

Fuentes: Por los Caminos del Ocultismo Incaico – Huaca Huayra. El Mensaje Secreto de los Símbolos de Tiahuanaco y del Lago Titikaka – Guillermo Lange Loma. La Civilización Andina, síntesis de su proceso cultural – Fernando Silva Santisteban. Visión histórica del Perú – Pablo Macera. Los Tesoros de Pachacámac y Catalina Huanta - Alejandro Barco López. Lima: El Valle del Dios que hablaba – Alfonsina Barrionuevo. El Imperio del Arco Iris – P.Pedro Clemente Perroud.


Relato del willak umu