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El Tango en Chile

Caminito que el tiempo ha borrado 1


Muñozcoloma www.munozcoloma.com.ar munozcoloma@yahoo.com Artículo aparecido, en dos partes en la sección «La Casa de Asterión» ESCÁNER CULTURAL Revista Virtual de Arte Contemporáneo y Nuevas Vanguardias Parte 1: N° 79 - Diciembre de 2005 Parte 2: N° 80 - Enero-Fenbrero de 2006

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Parte I Hice algo que hace mucho tiempo no hacía (qué cacofonía), salir de esta casa, en realidad creo que nunca lo había hecho. Eso sí, sabía que mi presencia podría causar más de algún temor en la civilidad, pero me arriesgué. El motivo: Daniel Binelli, el bandoneonista argentino tocaba acá cerca. No sé cómo me enteré, la verdad es que siempre me entero así de las cosas, sin saber, por casualidad, un científico podría decir que descubro las cosas por serendipia, y puede ser. Adoro el tango, si tuviera amigos me llamarían tangómano, al ver mi entusiasmo y mis 459 discos bellísimos de música porteña; es por eso que pesar del riesgo fui a la ciudad de Concepción, Chile (eso de «acá cerca», es sólo un decir, ya que mi hogar está muy lejos y cerca de todo al mismo tiempo, 3


según las circunstancias). El viaje fue rápido, instantáneo, diría yo, hacia el Teatro Concepción. Valió la pena, el maestro Binelli hizo un despliegue formidable e íntimo con su bandoneón, su mujer, la pianista uruguaya, Polly Ferman, hizo lo mismo. Ambos acompañados por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción, quien tuvo una participación correcta, pero fría. Es que para interpretar el tango no sólo hay que ser correcto, hay que sentirlo en las venas, no es sólo notas en un papel, sino que es el espíritu de toda una ciudad que creció hacia dentro, desde el arrabal; es el verdor de Palermo, la melancolía de Saavedra o Flores, Caballito, el Abasto, San Telmo, la Boca, el sabor a ginebra, el tabaco negro e interminables cosas más que sólo pueden sentir los que han sido santificados por Buenos Aires. No es para todos, todo depende de la ciudad, ella es la que autoriza, como dice el tango de Eladia Blázquez: MI CIUDAD Y MI GENTE: «Porque soy como vos, que se niega o se da, te proclamo Buenos Aires mi ciudad». Tengo la suerte y el orgullo de que ese monstruo melancólico se dio conmigo y lo llevo en la sangre sin importar donde esté. Bueno, como era lógico, tanto tango me despertó las ansias de ginebra, volví a casa con ese objetivo, pero al contrario de la ida, el regreso se me hizo fastidioso y largo. Corrí a mi bar, el de madera, el que está al fondo de la salita, pero mi botella de Bols no estaba, mi desesperación cundió, así que recorrí el primer piso de la casa buscándola, de pronto en la sala de estar, en el sillón que da hacia el arco de la ventana (que debería estar ahí, pero no está, ya que mi casa tiene infinitas ventanas, pero ninguna a la vez) estaba sentada una 4


figura pesada, me acerco y quedo de una pieza al ver que era Roberto «Polaco» Goyeneche.

Roberto «Polaco» Goyeneche

Me saluda y me dice que tenemos que conversar. Yo, obviamente le respondo afirmativamente, pero le menciono el pequeño detalle de que él había muerto hace ya algunos años. - Ya lo sé – responde en seco, pero con una inquietante soltura. - Bueno, debe saber que yo soy un admirador suyo, porque pienso que usted no canta tango, sino que cuenta su vida, se ha apropiado de la melancolía, de la fuerza y de la bohemia del tango de una manera que uno puede sacar lecciones de su interpretación. - Ya lo sé – vuelve a responder. 5


- Qué bien, pero sabe que en mayo de este año estuve en su casa, en calle Melián, allá en el barrio de Saavedra en Buenos Aires. Su mujer Luisa y su hijo Roberto me atendieron de las mil maravillas. - Ya lo sé. - Incluso me regalaron el libro de su biografía, el cual estaba buscando en todas las librería porteñas. Fueron muy deferentes conmigo, aún me escribo con su hijo y me cuenta del tango, del proyecto de hacer de su casa un museo y de su querido Club Atlético Plantense. - Ya lo sé. Su frasecita ya me estaba hartando, así que hice un firulete en la conversación y le dije que habláramos un rato. A lo que respondió con la cabeza afirmativamente. Pero, Polaco, yo no podría estar tranquilo sin solicitarle que tuviera a bien interpretarme algo, le dije, ¿por qué no me canta algo?, piense qué una oportunidad así no la tendré jamás. - Uf, siempre lo mismo, pero está bien. Tengo que confesarle, eso sí, que no tengo muchas ganas de cantar a capella. - No se preocupe dije, yo lo acompaño con la guitarra, mientras me ponía «la cogote de yegua» en mis piernas. - Bueno, dele. ¿Qué quiere escuchar? Esa decisión fue difícil, a mi me gustan casi todos los tangos y cuando los canta Goyeneche me gustan todos. Comencé a recorrer mentalmente por su repertorio; SUR, MANO A MANO, EL MOTIVO, MARÍA, COMO ABRAZAO A UN RENCOR, CAFÉ LA HUMEDAD, TABACO, MIMÍ PINSÓN, etc. Era para volverse loco. Pero había un tema que era para la ocasión, GARÚA. Me hizo una seña y yo le di a la guitarra, me pegué 6


la introducción de mi vida, mis dedos danzaban por sobre las cuerdas, el sonido que lanzaba la viola era eterno, sublime, nunca me había sonado así, ¡qué introducción!, pensaba lleno de orgullo. En ese momento el Polaco me hizo callar y me detuve. - Déjela, que mejor canto a capella. Independiente del percance de la guitarra, disfruté como loco el tango, él, como de costumbre, se paró del asiento y cantó de pie, con un cigarrillo en su mano y zapateando en el piso. Cuando terminó lo aclamé y por primera vez sonrió, se mostraba alegre de cantar de nuevo, así que para celebrar tamaña alegría nos tomamos un par de ginebras en silencio. - Conversemos, me dijo. - Perfecto, ¿qué le parece si hablamos del tango? - Uuuu, es que del tango hay mucho de que hablar y no creo que tengamos tanto tiempo. - Pero si hablamos del tango en Chile, en este país tan cercano de la Argentina y tan lejano de Buenos Aires, la historia se acorta bastante, es más pienso que no hay mucho que contar sobre el tango en este país. - Mire morocho, eso es lo que usted cree, pero historias del tango en Chile hay por montones, el problema es que nadie habla de ellas. Así comenzó nuestra conversación al fragor de la ginebra, y acá intentaré hacer un relato semicoherente y fragmentario (por cierto) de esta charla. Son muchas las historias que 7


pueden sonar inconexas sino le ponemos un manto de coherencia que, en este caso, nos da el tango. Escuché, hace algunos años atrás, que el tango había entrado en Chile por varios puntos a la vez. Las salitreras en el norte fueron un buen nido para esta música, las mujeres que rondaban las «oficinas salitreras» amparando y dando amor a esos hombres solitarios del desierto, a cambio de unas fichas, habrían transformado sus fiestas en verdaderos bacanales de sensualidad y erotismo básico con esta música porteña. Este sería el punto de partida del tango en Chile para algunos. Pero para otros esta eclosión se debería a la llegada de un profesor de música argentino a la sureña ciudad de Cañete (aún no documentado), quien habría enseñado y hecho bailar esta música a las señoritas del pueblo con mucho entusiasmo, para luego pasar al puerto de Talcahuano y a la ciudad de Concepción, de ahí a todo el territorio. En este contexto no podemos olvidar la tesis sobre el puerto de Valparaíso, estación obligada de los barcos que venían del Atlántico con destino a San Francisco. Quizás no es tan importante precisar el punto de partida del tango en Chile, sino tener la certeza de que a principios del siglo XX algunos chilenos y extranjeros avecindados en este país comenzaron a dejarse enamorar por esta música de los arrabales. En su libro «La dos muertes de Gardel», Horacio Vázquez-Rial, menciona que en el año 1913 ya se bailaba el tango en Argentina, Uruguay y Chile. Pero, sin dudas, uno de los episodios más significativos fue la llegada de Carlos Gardel a este país; claro que en ese 8


momento no era el Gardel, mítico, refinado, glamoroso, con sonrisa luminosa que todos conocemos. Era un cantor que se habría paso en el mundo musical, interpretando, fundamentalmente, temas folclóricos. Pero para tener una comprensión un poco más global de este fenómeno llamado tango, necesariamente me veo en la obligación y tentación de hacer un poco de historia. Muy somera, muy sutil, sin profundidad mayor, sólo para contextualizar en su justa medida (o intentarlo, por lo menos) este tema.

Algo sobre los orígenes El tango es la comunión de diferentes culturas atiborradas en un incipiente Buenos Aires, muchos europeos a finales del siglo XIX y principios del XX venían a estas tierras a «hacerse la América» o huyendo de la problemática europea de ese momento histórico. Sumando a esto la abrupta transformación que sufrió el campo argentino que pasó de lo netamente cultivable a la ganadería en forma violenta, dejando a muchos campesinos sin trabajo, por lo cual, como es costumbre, emigraron hacia la ciudad, al gran centro urbano que se transformaba en una balsa en medio de su naufragio. La mayoría de los hombres llegaron solos, sus mujeres y familias quedaron en sus pagos esperando la buena fortuna del proveedor, a raíz de este fenómeno la ciudad se masculinizó peligrosamente; seguramente en cualquier colonia de otra especie un fenómeno así hubiese acabado con la población. Pero los humanos se las 9


arreglaron para sobrevivir, importando mujeres ávidas de clientela.

Puerto de Buenos Aires en 1885 (Foto de www.esto.es)

Es así que la fusión de todos estos trabajadores foráneos comenzó a generar una morfología rica, un caldo de cultivo propicio para generar en Buenos Aires una de las culturas más ricas y variopintas que conocemos acá en la América Latina. Estos elementos dieron la posibilidad de que naciera el tango, eso sí, en la periferia de la ciudad, en los arrabales, en los barrios más alejados del centro. A falta de mujeres era bailado fundamentalmente por hombres, en las calles, al compás de una guitarra o de un organito, cada macho hacía los cortes mostrando su destreza… muy lejos del homosexualismo, por cierto. 10


El punto de partida del tango es más bien indeterminado, por ahora digamos 1880, después de la epidemia de fiebre amarilla. Pasada esta dramática época, Buenos Aires comenzó a crecer de manera exponencial, en 1880 contaba con 810.00 habitantes y 30 años más tarde, en 1910, ya tenía, en sus crecientes límites, 1.200.000 personas. Obviamente, la mayoría de sexo masculino, quienes se refugiaban en los burdeles, academias o peringundines, donde podían bailar en el regazo de alguna hembra generosa en curvas o plana como una puerta (la mayoría venidas desde Europa), la verdad es que poco importaba. De a poco, como una invasión sonora-silenciosa, este ritmo comenzó a imponerse por sobre la polca, el vals, la habanera o el corrido; y al mismo tiempo comenzó a penetrar hacia el centro de la urbe, es decir, en las clases sociales más acomodadas, donde era muy mal mirado, por su origen, su coreografía y sus títulos procaces.

Hombres bailando tango en la calle (Foto de www.esto.es)

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Se considera que el primer tango formal y con un compositor conocido fue DAME LA LATA creado por Juan Pérez (de verdad se llamaba así) compuesto por allá por 1880. Las primeras agrupaciones que interpretaban este ritmo porteño fueron tríos, frecuentemente conformados por flauta, guitarra y violín; algunas veces (las menos) se incorporaba el piano y más tarde se sumaría el bandoneón desplazando a la flauta de la conformación originaria, dando ese sabor lánguido, nostágico y rabioso al tango. El primer conjunto que se recuerda estaba integrado por Sinforoso en el clarinete y Casimiro Alcorta en el violín y solían presentarse en locales de poca monta, como los burdeles de 1880. Pero la primera agrupación formal y clásica parece haber sido la de Vicente Greco (Orquesta Típica Criolla) la que grabó el tango LA MOROCHA. Los primeros tangos que se interpretaban no poseían letras, sólo en algunos casos los músicos las improvisaban (algunos con la costumbre de payar, traída desde el interior) de acuerdo a la contingencia, mientras los bailarines deslumbraban al público con sus pasos, cortes y firuletes, como los hermanos Podestá; o como Casimiro Ain y su mujer, en el Teatro Opera en 1905, donde los músicos emitían exclamaciones de admiración cuando en algún malabar el bailarín sorprendía a los concurrentes al espectáculo. La bohemia del arrabal fue un buen señuelo para los poetas (era que no) y en esas circunstancias, éstos comenzaron a escribir sobre las particularidades de estos hombres y mujeres; es así que comienza una etapa nueva en el tango, dando origen a las figuras literarias vernáculas del género; 12


compadres, compadritos, guapos y/o malevos con su terquedad, su hombría, su orgullo, el malabarismo en el uso del puñal (casi una invención de Borges), el barrio, etc., pasan a colmar una poesía generada a partir de este nuevo escenario. Pero entre los poetas aparece uno que vendrá a cambiar la direccionalidad coreográfica del tango, es Pascual Contursi, quien jerarquizará los lineamientos estilísticos y motivacionales de las futuras letras: melancolía, dolor, traición, recuerdos, soledad, muerte, etc, colmarán luego esta literatura, despojándola en gran parte de su rica picardía pueblerina. El primer tango cantado fue MI NOCHE TRISTE, obra de Pascual Contursi (quien muriera loco en un manicomio producto de la sífilis), compuesto sobre una melodía ya existente escrita por Samuel Castriota, y que llevaba el nombre de LITA, en 1917. Con esta obra comienza la historia oficial del tango-canción, sin embargo para algunos eruditos, este subgénero comienza con MILONGUITA, ya que en ella se reúnen esfuerzos concientes de composición. Pero con su letra «Percanta que me amuraste, en lo mejor de mi vida...» LITA es el primer tango que cuenta una historia de principio a fin. Ese tango lo grabó Gardel en Buenos Aires el día lunes 9 de abril de 1917, con el guitarrista José Ricardo, en el sello Odeón, aunque ya lo había estrenado en enero de ese año, en el Teatro Esmeralda de Buenos Aires, hoy Teatro Maipo (según Ricardo Ostuni); transformándose en el primer cantor oficial de tango e inaugurando, de paso, el género tango-canción. De ahí para adelante comienza una historia conocida y desenfrenada, con la figura de Carlos Gardel a la cabeza, tomando el tango un carácter épico que 13


sólo el Morocho del Abasto le podía dar, de hecho hasta el día de hoy nadie ha grabado más tangos que él. Luego vendrían figuras de inestimable valor; a vuelo de pájaro nombro a los que más me gustan y no en orden cronológico por cierto, mezclando cantores, directores, compositores, poetas, agrupaciones, etc: Pedro Maffia, Firpo, Pugliese, Goyeneche, Troilo, Edmundo Rivero, Julio Sosa, Piazzolla, Salgán, Pontier, Cadícamo, Discépolo, Adriana Varela, El Chula Clausi, Morgado, La Típica Porteña, Porfirio Díaz, la Fernández Fierro, D’arienzo, De Angelis, Agri, Binelli, Caló, Canaro, Di Sarli, Juanjo Domínguez, Federico, Garello, Ryota Komatsu (el japonés loco), Mederos, Palermo Trío, Trío Pantango, La Rinaldi, el Sexteto Mayor, La Merello y una pila más, de hecho se me quedan muchos, pero muchos nombres.

El Morocho del Abasto bailarín, persiguiendo gallinas, tomando mate y en avión. De todos estos nombres algunos tuvieron un paso por Chile, como se dijo al principio. Pero necesariamente hay que comenzar destacando la visita de Carlitos Gardel a este país en 1917, él estaba actuando en San Juan, Mendoza, donde había comenzado una gira junto a su amigo el uruguayo José Razzano (dúo que conformaron en 1913) y el guitarrista José Ricardo. Desde ahí pasó a esta larga franja de tierra el día jueves 27 de septiembre. Comenzando sus actuaciones en el Teatro Comedia de Santiago y llegando, luego, a Valparaíso para actuar en el Teatro Colón del puerto. Ese mismo día, 14


pero en la tardecita ofrece una función privada para la prensa, su repertorio era netamente folclórico; si bien había cantado algunos tangos en la Argentina, como MI NOCHE TRISTE, su paso por Chile fue folclórico, si podemos llamarlo así. La primera función pública la realizan en el mismo escenario el día sábado 29 de septiembre, las cuales se prolongaron hasta el miércoles 3 de octubre. Tuvieron una buena acogida por parte del público, como relatan algunos artículos de la época. Formaba parte del show la tonadillera chilena Roxana. Luego, entre los días viernes 5 y 12 de octubre, se presentaron el Teatro Olimpo de Viña del Mar, donde, en una acto de locura y fervor popular, el Morocho sobre el escenario toma a Roxana de la cintura y dejan perplejo al público viñamarino cuando comienzan a bailar el tango MONTEVIDEO de Roberto Firpo. Gardel muy pocas veces hizo algo así, aparte de la anécdota, lo más interesante es que es una de las primeras actuaciones (sino la primera) donde se baila un tango sobre un escenario acá en Chile. «Pagliacci» firma una crónica de la época, en el semanario «Corre-Vuela» que relata: «Completan estas veladas el duetto argentino Gardel-Razzano y el guitarrista José Ricardo. Los primeros cantan tonadas y estilos criollos con mucho sentimiento». En el programa del espectáculo se indicaba parte del repertorio: CANTOR ETERNO, ENTRE COLORES, AMARGURA, EL GATO, y LA PASTORA. Y al centro, con letras destacadas se leía: «En obsequio de la Sociedad Viñamarina, la Srta. Roxana y el Sr. Gardel bailarán el famoso Tango de Salón, argentino, MONTEVIDEO». Luego 15


Razzano relataría que eso de bailar fue un capricho del momento. Una ocurrencia jovial de Roxana y Carlitos.

Teatro Olimpo de Viña del Mar

Luego El Zorzal viaja a Santiago, donde se estaciona por bastante tiempo, actuando, entre los días lunes 15 de octubre y miércoles 7 de noviembre, en el Teatro Royal, lugar que desapareció y donde queda sólo una placa recordatoria (Calle Huérfanos 1044), el público le dio una cálida bienvenida y él, en agradecimiento repitió un par de veces más la gracia del baile. Aunque no impactó como la primera vez (como todas las cosas) muchos espectadores se repitieron la función. El día 12 de noviembre se despide de la patria chilena. 16


Placa ubicada en Calle Huérfanos 1044 de Santiago (Fotografía de Claudio Manosalva)

Acá en Chile, entre tangos, vinos, chicha, mote con huesillos, mujeres (muchas mujeres) y fiestecillas privadas; se dedicó a recorrer las calles del arrabal capitalino donde conoció el bambuco colombiano, muy de moda en Chile en esos momentos con la llegada de la Liga Antioqueña desde Colombia, el cual incorporará en su repertorio con canciones como MIS PERROS, y CUATRO PREGUNTAS, que las incluye en su repertorio y que el «Negro» Ricardo las inscribirá como de su autoría. También se paseó por el verdor del campo chileno por allá por Buin y Paine o Las Condes, al fragor de un buen mate de campo escuchó y disfrutó de tonadas, 17


polcas y cuecas, entre ellas una le gustó tanto que se la aprendió y con Razzano la acompasaron levemente y más tarde la grabaron. Es la cueca LA YEGUECITA, todo un suceso, Carlitos cantando cuecas (grabación que poseo, por cierto), muy raro, casi tanto como escuchar al Rey del Bolero, Lucho Gatica, cantando tangos, ya hablaremos de eso, también. No sólo tuvo esa relación con Chile. Según contó la cancionista Rosita Quiroga, años antes, en 1911 aproximadamente (según algunos, otros dicen que fue en Chile el mismo año 1917), formó un dúo con un chileno que la historia le ha perdido el rastro, llamado Atilio Mocalve (o Monçalve); con quien anduvo un par de meses (2 ó 3), pero su relación no fue muy fructífera ya que no grabaron ningún tema y sus caracteres siempre estuvieron en discordia, nunca se llevaron muy bien. Incluso hace mención sobre el atractivo y magia que proyectaba el Morocho del Abasto, la cual era igualada por la del «shileno». Carlitos y los chilenos tuvieron contacto relevante, quizás poco en cantidad, pero intenso por las vicisitudes del destino. Cómo obviar que el primer tango que baila en público (el único quizás, sin contar el de las películas) lo hizo en Chile. Cosa que hacía muy pocas veces y al fragor de la intimidad de sus amigos que lo aplaudían a rabiar, ya que bailaba casi tan bien como cantaba (los saltos con la cuerda de boxeo deben haberlo ayudado bastante). Además, hay que consignar que en el mes de septiembre de 1931, la «Radio Revista», publicación Argentina, especializada en difundir cuestiones de radioaficionados, relata que un persona en Chile, en Magallanes para ser preciso, el Sr. Enrique Nielsen 18


Johansen, logra captar la primera transmisión de TV argentina a más de 2.400 Km. de distancia (11 de agosto de 1931); evidentemente, el que aparecía en la cajita era Carlitos quien desde Buenos Aires, a través de la señal LR4 RADIO SPLENDID, inundaba, con su presencia, los pocos aparatos de la Argentina y Chile.

Radio Revista de Septiembre de 1931 19


Hay que sumar a esto la figura de un personaje más bien oscuro en la historia oficial del tango y de Gardel particularmente, me refiero al chileno Celedonio Palacios, quien fue el que fatalmente le organiza la gira inconclusa por Colombia en 1935. El diario chileno «La Segunda» tituló en su edición del 25 de junio de 1935: «Gracioso actor aficionado era chileno que murió con Gardel». Su nombre completo era Celedonio Palacios Izquierdo y había nacido en Santiago, el día 23 de noviembre de 1892, y su historia cobró más importancia luego que aparecieran unas cartas a la luz pública, recién el 23 de septiembre de 2004, las cuales enviaba a su mujer Diana y, entre otras cosas, describía su relación con el Morocho. Están fechadas los días 10, 13, 19 y 21 de junio de 1935, es decir, sólo algunos días antes de su muerte. Fue él quien contrató a Gardel para que actuara en Barranquilla, y según Francisco García Jiménez, en su libro «Carlos Gardel y su época», también fue él quien insta a Gardel a subirse a un avión, cosa que el Morocho nunca había hecho, y evidentemente nunca más pudo hacer. De su puño y letra se lee: «Anoche Gardel en el Teatro Apolo, trabajó por primera vez. Había más de 3 mil personas oyéndolo. Fue un exitazo rotundo» (19 de junio de 1935). [Ya un poco aburrido de ser chaperón del Morocho] «Hay que zafarse de Carlitos y su compañía. En este momento que te escribo lo tengo al lado mío, dándome la lata, pues conociéndolo de cerca, es el hombre más divertido y más ingenuo que uno pueda darse cuenta» (21 de junio de 1935). 20


El lunes 24 de junio de 1935, a las 15:10 horas, Gardel se despedía, y en serio. Palacios también, el círculo se había cerrado, Gardel y el Tango ya eran uno solo, no había diferencia y uno no podía sustraerse de uno sin dejar al otro rengo, porque como una tríada masónica o una trinidad cristiana; Gardel, Tango y Buenos Aires marcarán el inicio de un camino sin retorno. Gardel canta por última vez un tango en Bogotá, a través del programa radial «La voz de Victor», ese tan bello, TOMO Y OBLIGO y se despide. Esta relación Tango-Gardel se originó hace muchos años (1917) en parte en Chile, donde inicia este camino sin retorno y ahora un chileno lo lleva a Medellín para completar el círculo. El destino siempre es implacable. Tomo y obligo, ¡mándese un trago! que hoy necesito el recuerdo matar; sin un amigo, lejos del pago, quiero en su pecho mi pena volcar. Beba conmigo, y si se empaña de vez en cuando mi voz al cantar, no es que la llore porque me engaña, ¡yo sé que un hombre no debe llorar!

En ese momento el Polaco se detuvo en su relato. ¿Eso fue todo –dije? - No morocho, hay mucho más que contar, pero no queda más ginebra. 21


Miré la botella, estaba vacía. - No se preocupe, tengo siempre una de reserva, le dije. Mientras buscaba con desesperación en el baúl de los disfraces, el Polaco me daba el índice de lo que venía y los cual publicaré en la segunda parte de este artículo. Son cosas muy chilenas, como la Iglesia de Santos Discépolo, Libertad Lamarque volando en bombachas (calzones) por Santiago, Cátulo Castillo viviendo en Valparaíso, Adelqui Millar con Gardel, Pérez Freire haciendo de las noches días en Buenos Aires, Porfirio Díaz (el loco de la moto) y muchas cosas más.

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Parte II Al fondo del baúl estaba la bendita botella de ginebra. Sin chistar y como si fuera combustible nos servimos, yo me eché para atrás en el sofá y el Polaco reanudó, violentamente el relato.

La iglesia de Discépolo y la volada en bombachas (calzones) de Libertad Lamarque. En 1931 llega al país Tania, la cancionista, que había brillado en Buenos Aires lugar donde se había quedado, después de viajar desde su país natal España con una compañía de revistas. Ana Luciano Divis, era su nombre verdadero, había 23


nacido en Toledo el 1 de octubre de 1908; y en un tris había sido cautivada por Buenos Aires, el tango y por Enrique Santos Discépolo. Cuenta la historia que ella cantaba en el «Folies Bergère» y se había entregado al tango ESTA NOCHE ME EMBORRACHO de Discépolo, el cual interpretaba con mucha gracia. Un día Razzano obliga al autor a acompañarlo al cabaret para que la viera, lugares que no frecuentaba, de hecho fue la primera vez que entraba en uno en sus 26 años, la escuchó cantar y esa noche se emborrachó de amor, enviándole flores al día siguiente. Al final estuvieron juntos y compartieron su vida hasta la muerte del compositor, el 23 de diciembre de 1951.

Discépolo y Tania

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Tengo que hacer notar que antes de esta historia de muerte, hubo otras historias en Chile, algunas muy trágicas y otras más venturosas. Ese 1931 Discépolo llega acompañando a Tania a Santiago de Chile; ella integraba el espectáculo «Piernas inquietas», él buscando inspiración se encontraba en la pieza de su hotel, que quedaba frente a la Iglesia de la Merced que se ubica en la esquina de las calles Merced y Mac Iver en pleno centro de la capital chilena. Aunque no lo quiera, escucha el carillón de esta parroquia y junto a Alfredo Le Pera comienza a escribir el tango CARILLÓN DE LA MERCED, ese tan íntimo que comienza: «Yo no sé por qué extraña razón te encontré, Carillón de Santiago que está en la Merced...»; así comienza a dar vida y a aumentar una amalgama de tangos que se ubicarán entre los mejores como CAMBALACHE, YIRA YIRA, CONFESIÓN, ESTA NOCHE ME EMBORRACHO, CANCIÓN DESESPERADA, UNO, etc. CARRILLÓN DE LA MERCED fue estrenado por Tania durante su actuación en el Teatro Victoria de Santiago en esta misma gira, y luego formó parte del espectáculo «Winter Garden», creado por el propio Discépolo, quien no sólo fue compositor, sino que además fue poeta, actor, locutor, dramaturgo (principalmente de sainetes) y director de teatro. Sus obras, como sus tangos se pasearon por lo íntimo y por el fragor de la contingencia social. Hoy en la entrada de la Iglesia de la Merced de Santiago, no está la virgen, si que uno se encuentra con una serie de hitos recordando a Santos Discépolo.

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Iglesia de la Merced, Medalla y placa que se encuentran en este sitio recordando a Santos Discépolo (Fotografía de Javier Weibel)

Chile ya le había dado los bambucos y las cuecas a Gardel, ahora era motivo para un tango. Además hay que mencionar que Discépolo fue un gran defensor y amigo de Perón, y es precisamente en Chile donde se conocen cuando este último era Agregado Militar en la Embajada Argentina en Santiago. Su amistad era eterna, cuenta Tania que un día un amigo chileno (sin nombre por ahora) intenta presentar en Buenos Aires la obra «Museo de cera», pero no le conceden el permiso, en ese momento acude a Discépolo, quien intercede inmediatamente con su otro amigo, el la Casa Rosada. Al final le otorgan el permiso y el chileno se hace millonario. Para Tania, Chile fue de dulce y agraz ya que no sólo cosechó éxitos y suspiros al pie de la cordillera, también sufrió la muerte de su única hija, la cancionista y actriz Choly Mur, en Santiago, el 25 de diciembre de 1954. Así como Tania, Discépolo y Le Pera fueron muchas más las figuras del tango que vinieron a brillar e hicieron brillar a Chile. Se pueden mencionar a Alfredo de Angelis, Julio Martel, Alberto Castillo, Hugo del Carril, Carlos Dante y Oscar Larroca. De hecho, la primera película de Castillo «Adiós, Pampa mía» generó expectación e interminables filas que 26


sumaban bastantes cuadras en los cines chilenos; así como las presentaciones en vivo donde el entusiasmo de la gente hizo colapsar muchos locales en Santiago, Viña del Mar, Valparaíso y Concepción. Al igual como sucedió con las películas de Hugo del Carril en las décadas del ’40 y’50. Como mencioné anteriormente, Alfredo Le Pera se encontraba en Chile en 1931 junto a la Compañía de Revistas de Mario Bernard. Estaba allí junto a Tania, Alicia Vignoli y Carmen Lamas, con quien tenía un romance (uno de tantos); y obviamente Discépolo. Esta nomenclatura, más la Iglesia de la Merced, hacen que Le Pera de forma a su primer tango, luego vendrían otros como EL DÍA QUE ME QUIERAS o MELODÍA DE ARRABAL. Se dice que el CARILLÓN DE LA MERCED, interpretado por Tania en el Teatro Victoria salvó a esta gira del fracaso financiero. Le Pera luego formaría una dupla inmortal con Gardel y trabajaría en diferentes países, tomando contacto con el ambiente artístico mundial como con René Clair, La fatal Marlene Dietrich y Alfred Hitchcock. Su vida llegó a su fin en el accidente junto a Gardel en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, en el Departamento de Antioquia, Colombia. En 1931 también, arriba a Chile, la «novia de América», Libertad Lamarque, con una compañía de revistas que presentaba la obra «Reina del tango». Esta mujer menuda despertaba los más grandes sueños amorosos entre los habitantes chilenos dentro y fuera del escenario, cuestión que la hizo encariñarse muchísimo con Chile, aunque acá vivió uno de los más oscuros pasajes de su vida. En una de sus tantas visitas a Santiago se alojó en una pensión en calle 27


Ahumada, junto con su marido de entonces Emilio Romero; con quien llevaba una relación tortuosa desde algunos años atrás. Una noche, como a las 2 de la mañana, oyó a Romero entrar al cuarto, ella intentó hacerse la dormida, pero no pudo, sentándose violentamente en la cama y para luego reprochar la conducta ajena y despreocupada del hombre. Romero la escuchaba en silencio mientras Libertad le hacía notar su tristeza, su abandono (todo un tango) y su necesidad imperiosa de separarse legalmente, ya que no lo soportaba más. En ese momento Romero pega un salto de estupor y como «compadrito» mal nacido reacciona arrojándole un escupo en la cara a su mujer. Lamarque enloquece, intenta salir del cuarto como sea y por donde sea. Lo más a mano que tiene es la ventana, y en una volada, al más puro estilo del loco Gatti, se tira por la ventana. Recién en el aire recuerda que su habitación está a varios pisos de altura y le vuelve en parte la cordura, aferrándose acrobáticamente con una mano a la reja del balcón de hierro. Ahí quedó colgando en ropa interior por unos instantes, mientras pedía ayuda al provocador de la situación, quien intentaba en vano lograr subirla, ahí estaba flameando «la novia de América», livianita de ropa, venteándose en pleno centro de Santiago. Al final el cuerpo de la cantante cede, su mano deja de aferrase, los ojos de su marido le provocan desidia y cae al vacío. Dentro de todo, tuvo suerte al rebotar en uno de los toldos del edificio, el cual por esas cosas de la vida estaba a medio cerrar, esto amortiguó su caída en parte, para luego caer encima de don Julio Besoaín Robles, un transeúnte que pasaba por ahí, recibiendo del cielo (del mismísimo Dios) a una de la mujeres más deseadas de Latinoamérica. El envión 28


fue tan grande que lo dejó muy machucado, quebrado e internado en el hospital.

Libertad Lamarque «la novia de América»

A la larga, Lamarque se separará de su marido y comenzará un amistad con Besoaín (hay formas y formas de hacer amigos). Luego de ese viaje, Lamarque visitaría muchas veces más nuestro país y sus películas (64) fueron tremendos éxitos en Chile, siempre colmó los cines de bote a bote. Hay que recordar que su paso por el cine fue extremadamente fructífero y lleno de éxitos, su primera película en México «Gran casino» (1947) fue dirigida por el propio Buñuel. En Chile dejó su estampa y no sólo se llevó la amistad de su 29


hombre-colchón, sino que además algunos temas que terminó interpretando como YO VENDO UNOS OJOS NEGROS y CHILE LINDO. Esa relación de amor se mantuvo siempre, luego del terremoto de 1960 (lamentablemente el más grande que haya registrado la historia de la humanidad) viajó especialmente a Chile a ayudar a las víctimas de la catástrofe. Una mujer al verla como la Virgen del Socorro, y embriagada por su solidaridad le regala el chupete de su hijo, el cual guardó hasta el día de su muerte, el 12 de diciembre de 2000.

El poeta, El Chula y Malena Los chilenos nos caracterizamos por escribir, y fundamentalmente por hacerlo desde la poesía, no existe ningún chileno-chileno que no haya escrito algo en su vida, la razones son varias y extrañas (las cuales tocaré en un artículo futuro), cabe mencionar que, incluso la estadía en este país es suficiente para provocar una eclosión de sentimentalismo, les otorga a los poetas una potencia temible en lo que se refiere a la metáfora y a la melancolía, para siempre. Ese fue el caso del poeta-compositor Cátulo Castillo, que en sus letras se puede vislumbrar sutilmente ese carácter contagioso de esta espada (según Borges) llamada Chile. Esa nostalgia por lo perdido, el sufrimiento por el amor y la melancolía estelar del adiós. Resulta que el padre del poeta, el comediográfo y dramaturgo José González Castillo, tuvo que huir de su patria por ser un apologista de las ideas 30


anarquistas, exiliándose en Chile. En su estadía trajo a su hijo Cátulo que había nacido el 6 de agosto de 1906 en Buenos Aires. Así el pequeño Cátulo que ya traía la melancolía en su interior llegó al país más melancólico de la América Latina (diría del mundo, pero me pueden acusar de loco... otra vez) y ya a los 8 años, en Valparaíso, distribuía su tiempo entre los estudios, la música y el boxeo, acá aprendió el sentido pesado de las cosas, el drama de la vida interior y la metaforización de las verdades. Regresó a su patria recién en 1922, cuando subió al poder Hipólito Irigoyen. De su pluma salieron tangos que dejarán un sello en la historia del género, como: ORGANITO DE LA TARDE, SILBANDO, VIEJO CIEGO, TINTA ROJA, MARÍA, LA ÚLTIMA CURDA, DESENCUENTRO, EL ÚLTIMO CAFÉ y muchos más que son imposibles de nombrar en tan exiguo escrito. Me cuesta ordenar la gran cantidad de personajes que desfilaron en Chile, y menos desarrollar algo de sus estadías en un texto tan corto y poco riguroso, pero aunque sea de pasada, debo mencionar que el gran bandoneonista Aníbal Troilo (El Pichuco), salió por primera vez de su patria con destino a Santiago en 1957, trayendo a toda su orquesta y a sus cantores de ese momento, Ángel Cárdenas y Roberto Goyeneche, quien como el gran cowboy del tango dejó a la audiencia chilena totalmente helada cuando comenzó a cantar con sus particulares fraseos, respiros más largos de lo habitual y esas indecisiones adrede; no a todos les gusta a la primera, pero a la segunda para adelante te mata. Al fin y al cabo, Goyeneche la rompió en Chile y Troilo también, 31


pero el Gordo además se llevó un tema que escuchó acá, a Rosa Gutiérrez, LA FLOR DE LA CANELA de Chabuca Granda, quedó tan impresionado que al llegar a Buenos Aires lo grabó con la voces de Cárdenas y Goyeneche, transformándose en el primero en grabar ese tremendo vals peruano en la Argentina. Cuecas, Bambucos y valses peruanos los cambiábamos por tangos, al fin y al cabo todo daba lo mismo, América Latina era una sola. Siguiendo la lógica de Bolívar es que llega a vivir a Chile un grande del tango, Gabriel Clausi (El Chula), eximio bandoneonista que editó más de 500 obras y que ya a los 15 años tocaba en la agrupación Francisco Pancránico junto a Miguel Calo, para luego hacerlo con Roberto Firpo, Maffia y con Julio de Caro, o sea los capi di tutti del tango. Hoy tiene 94 años y vive en Buenos Aires, pero acá en Chile vivió 10, dejando una escuela que muchos siguieron. Abandonó la Argentina desilusionado del ambiente tanguero de la década del 40, llegando a Santiago, donde armó una orquesta de primer nivel, teniendo, inclusive a cantores invitados de la talla de Roberto Rufino. Clausi desde muy joven se dedicó a la música, aunque su primer trabajo fue de carnicero, labor que deja para ingresar a la Orquesta de Juan Canaro con quien inicia un viaje que lo llevará a Centro América donde por algunas razones Canaro se ve obligado a volver a Buenos Aires y El Chula queda a cargo de la agrupación, terminando su gira en Chile con un éxito rotundo. Vuelve a Buenos Aires, pero poco tiempo después recibe un telegrama, de los hermanos José y Alberto de Caro, para cruzar nuevamente la cordillera. Arriba a 32


Santiago en el año 1944 y se queda hasta marzo de 1953. Su estadía fue una seguidilla de éxitos, con él viajaron los cantores Ricardo Ruiz y Héctor Insúa; y el violinista Antonio Rodio que al final se quedaría a vivir en Chile. En este país, el Chula, grabó alrededor de 200 registros teniendo como cantores a Pepe Aguirre, Chito Faró, Carlos Morán, Ricardo Ruiz, Roberto Rufino, Andrés Falgás, Armando Arolas, entre otros.

Gabriel Clausi

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Dejando la historia oficial y pasando un ratito a la leyenda (aunque puede ser historia también) quiero aventurarme en la vida de una mujer llamada Malena de Toledo. Se dice que a fines de 1941 el poeta Homero Manzi venía de vuelta hacia Buenos Aires desde México, e hizo una escala en la ciudad de Sao Paulo, Brasil. En su visita aprovecha para ir a un cabaret donde escucha cantar a Malena de Toledo, nombre artístico de Elena Tortolero, de quien muy poco se sabe, pero ella sería la inspiradora del poderoso tango MALENA. Al final Manzi, en su patria, escribe los versos a esa mujer, y ella muy lejos de saber que es la inspiradora del tango, se enamora del tema incorporándolo a su repertorio, se dice que cuando le señalan (años más tarde) que la obra se llama así por ella queda tan impresionada que dejó de cantar para siempre. ¿Por qué cuento todo esto?, simplemente porque Eduardo Moreno (autor de la letra del tango RECUERDO) relata que Elena era chilena, que él mismo tuvo la oportunidad de ver su documento de identidad y decía: «Nacida en Chile». Ella habría nacido en esta larga franja en 1906 ó 1916 y falleció en Montevideo, Uruguay, el 23 de enero de 1960. Malena de Toledo 34


«Tus tangos son criaturas abandonadas que cruzan sobre el barro del callejón cuando todas las puertas están cerradas y ladran los fantasmas de la canción. Malena canta el tango con voz quebrada; Malena tiene pena de bandoneón.»

Algunos chilenos a la cancha Aparte de los chilenos mencionados anteriormente tengo que destacar, primero que todo, al músico, pianista y compositor Osmán Pérez Freire. Este personaje nacido en Santiago, el 29 de enero de 1877, era nieto del PresidenteGeneral Ramón Freire y debió viajar a la Argentina a raíz de la Guerra Civil de 1891. Ya instalado en Buenos Aires, en el verano de 1913, se encuentra en una tertulia, organizada para la «gente bien» por Pancho Teurel, con José Razzano y Carlos Gardel, quienes habían sido contratados para amenizar la fiesta. Estos músicos quedaron sorprendidos por el nivel cultural de Pérez Freire y por sus composiciones, ya que el chileno comenzó a cantarles sus últimas creaciones, entre ellas una llamada ¡AY!, ¡AY!, ¡AY! que luego se convertiría en su «caballito de batalla». Los argentinos se entusiasmaron con el tema, así que abandonaron la tertulia con Pérez Freire a la cabeza y terminaron en el local más bohemio de la noche porteña de esos años, «El Armenonville». Esa noche Gardel y Razzano se subieron al escenario y le dieron como locos al tema del chileno, el público presente se entusiasmó tanto que lo pedían una y otra vez, así que los cantores siguieron hasta que las velas 35


dejaron de arder; al final de la noche el dueño del local se acercó a los cantores y les ofreció un contrato por $ 70 diarios, al escuchar eso Gardel exclamó: «¡Por $ 70 diarios lavamos hasta los platos!». El tema ¡AY!, ¡AY!, ¡AY! finalmente fue grabado por Gardel. Según algunos investigadores Osmán Pérez Freire sería el primer maestro (informal, al parecer) que tuvo este dúo. El chileno en su vida por la Argentina dejó muchas creaciones, entre ellas muchos tangos como MEDIA LUNA, 15 DÍAS DE FILO, PROBÁ QUE TE VA A GUSTAR, MI NENA, EL TRIUNFO DEL TANGO, MAR DE FONDO, ENTRE DOS LUCES, EL MASCOTÓN, MI RICURITA, TRADE MARK, etc. Pero sin dudas el tema ¡AY!, ¡AY!, ¡AY! lo acompañó hasta su muerte ocurrida en Madrid, el día 2 de abril de 1930.

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«Asómate a la ventana, ¡ay ay ay! paloma del alma mía, que ya la aurora temprana, ¡ay ay ay! nos viene a anunciar el día».

Otro de los que trabajó e hizo amistad con Gardel fue Adelqui Millar (algunos lo llaman Adelqui Migliar), un personaje (no le cabe otro nombre) que vivió en muchos países dedicándose al cine, tan «patiperro» como Joaquín Murieta. Había llegado a Hollywood a principios del siglo XX cuando recién comenzaba a afianzarse el glamour del cine yankee. Así, en 1916 Millar actuaba como doble en varias producciones, las personas que lo conocieron relataron que era un tipo fornido y de muy buena pinta, además contaba con un talento innato y una imaginación terrible, que a la larga lo llevaron, un año después, a filmar su primer largometraje «El sabueso de Baskerville». Las cosas no estaban tan buenas para los extranjeros en Hollywood y Adelqui conoció de cerca la discriminación que lo llevó a irse a trabajar a Londres y París, donde filmó un buen número de películas. Pero hubo una muy particular que dirigió para la Paramount, ya que en ella tuvo entre sus actores a Carlos Gardel, fue «Las luces de Buenos Aires» en 1931. La cual se estrenó en Buenos Aires el día miércoles 23 de septiembre 1931 en el Cine Capitol que estaba ubicado en Santa Fe 1848, además esta película cuenta con la música de la Orquesta de Julio de Caro y en ella destacan Pedro Laurenz y Francisco de Caro. A raíz del éxito de su película decide radicarse en la Argentina y sólo vuelve a Chile en 1946 a dirigir el film «Tormenta en el alma», luego de eso regresa a Buenos Aires 37


para nunca más a volver a su patria (a recibir el famoso «pago de Chile»).

Gardel en una escena de la película dirigida por Millar, «Las luces de Buenos Aires» (1931)

En la misma época que Millar ponía su pie en Chile, estaba tomando forma la figura de una leyenda del canto en este país, se abría paso Luis Enrique Gatica Silva, más conocido como Lucho Gatica o simplemente como El Rey del Bolero. 38


Este muchacho que había nacido en Rancagua en 1928, comenzó su carrera a los 14 años, logrando un dramatismo en la interpretación que al mencionar la palabra Bolero se dice de refilón Lucho Gatica, porque al igual que Gardel con el tango, Gatica reinventa el género. Pero en 1965, al Rey se le ocurre hacer un pequeño giro en su carrera y grabar algunos tangos. Si bien en sus inicios se había dedicado a este tipo de música ya nadie lo recordaba, así que de todas formas se trataba de una apuesta. Los ejecutivos del sello Odeón se entusiasmaron y coordinaron a la Odeón en Chile y en la Argentina para dar inicio al proyecto Lucho Gatica/ Tango. La Odeón-Argentina le pidió a Miguel Caló que acompañara al Rey, estos aceptaron, pero lo que no estaba en los planes de nadie era que Gatica se encontraba en el pick de su carrera y estaba tan ocupado que era imposible que pudiera viajar a Buenos Aires. En la dinámica de la globalización de esos tiempos, el sello le solicita a Caló que grabe las pistas en Argentina para que Lucho Gatica les ponga la voz en los estudios de Santiago. La orquestación fue bárbara, la voz inconfundible y el armado de la obra precisa, logrando una placa rarísima, pero buena. Está clasificada con el código LDM8166, lleva el título de «Tangos del Recuerdo» y está compuesta por los temas: PERCAL, MAÑANA IRÉ TEMPRANO, ADIÓS PAMPA MÍA, LA COPA DEL OLVIDO, MANO A MANO, SIN PALABRAS. CAMINITO, CADA DÍA TE EXTRAÑO MÁS, ALMA DE BOHEMIO, AL COMPÁS DEL CORAZÓN y A MEDIA LUZ. Pero, sin dudas, de todos los personajes chilenos relacionados con el tango hay uno que es superlativo, todo 39


un maestro. Su nombre, Porfirio Díaz, al igual que el dictador mexicano, pero éste era un chileno de tomo y lomo. No fue un allegado al tango, ni un eventual; ¡no señor!, fue un tanguero más, como todos los grandes. Incluso en Buenos Aires hay algunos que aún creen que es argentino, es que su nombre llegó a brillar en el firmamento del ritmo arrabalero.

Porfirio Díaz

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Porfirio Díaz nació en Valparaíso el 25 de junio de 1912 y desde pequeño se dedicó al estudio de la música en el Conservatorio Van Dooren. Poseía un oído fenomenal y con 13 años apenas, se convirtió en Director de Orquesta comenzando un peregrinaje por diferentes países y ciudades. De su primer viaje, a Perú, trajo un tema conocido como A LA HUACACHINA, al cual le injertó un tema suyo, el foxtrot NO ME DIGAS, la obra se transformó en un éxito inmediatamente en todo el continente americano; inmediatamente los ejecutivos de la RCA-Victor se frotaron las manos con el chileno. Fue éxito tras éxito, comenzando una loca carrera no sólo por la música, sino también por los excesos y la bohemia. Sus composiciones eran muy aplaudidas ya que siempre dejaba algo en ellas para el malabarismo instrumental, sus dedos se paseaban por las teclas del acordeón o del piano (más adelante, por los botones del bandoneón), antes del tango su repertorio estaba colmado de composiciones folclóricas y de jazz. Ya en el tango formó parte de los bandoneonistas de la Orquesta del Chula Clausi, para luego formar su propia agrupación, presentándose con bastante éxito y acompañando a figuras de la talla de Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Charlo, Mariano Mores, Roberto Firpo, Osvaldo Fresedo, Hugo del Carril, etc. En las filas de su agrupación estuvieron artistas notables como Lucho Silva (luego formaría el Dúo «Los Perlas»), Armando Bonasco, el gran Jorge Abril, Agustín Copelli, Juan Carlos del Mar, Carlitos Morán, Armando Arolas, Jorge Omar, Nino Lardi, Roberto Díaz, Pepe Aguirre (se llamaba José Gastón Aguirre Aguirre, había nacido en La Serena y se convirtió en figura del tango 41


en Colombia, donde viajó en 1974 a un festival del género y nunca más volvió, falleció en Medellín el 31 de diciembre de 1988), y el tremendo Chito Faró (quien es autor del mítico SI VAS PARA CHILE). Díaz era una celebridad de los arrabales y un loco; para la inauguración del Estadio Nacional de Santiago de Chile, el día 3 de diciembre de 1938, lo invitan como figura estelar, la gente movía las rodillas de impaciencia esperando al maestro, ávida de música, ávida de tango, ávida de Porfirio; y éste no los defraudó, apareciendo parado en el asiento de su motocicleta mientras con el instrumento detrás de su cuello interpretaba alguno de sus temas, la gente aplaudía, las mujeres suspiraban, los hombre lanzaban sus sombreros al viento y Porfirio se entusiasmaba más con el fuelle, ni el Circo del Sol lo hubiese hecho mejor. También tuvo la oportunidad de acompañar a los príncipes de Inglaterra Eduardo y Jorge en su visita a Chile, ellos intentaron cantar ADIÓS MUCHACHOS y les gustó tanto que quisieron seguir interpretando tangos, pero a Díaz le molestó la manera de cantar de los ingleses, fue una predicción: Inglaterra y el tango no pueden ir juntos. Como compositor Porfirio también tiene sus gracias, al llegar a Santiago desde su puerto querido arrendó una casa en Calle Cuevas 889, quedando como vecino de un poeta chilote llamado Manuel Andrade Bórquez, con el que hizo muy buenas migas. De hecho, cuando Díaz se casa con la cancionista de tangos Amelita Cortés, el vecino, don Manuel, fue el padrino de esta unión. Este poeta chilote aparece un día en la casa de Porfirio solicitándole un favor, que le ponga 42


música a un poema escrito por él en honor a su hermano. Porfirio dentro de su genio le pone una música y la obra se transforma en una «temazo» que, hasta el día de hoy, es parte del acervo folclórico de todo chileno y que comienza con: «En una aldea costera, de plomizadas arenas, vivía un viejo marino...», nacía así VIEJO LOBO CHILOTE, luego vendrían HIMNO A CHILOÉ, EL CURANTO, LA CUECA CHILOTA, CHONCHI, etc. Y eso que el maestro Díaz nunca había pisado la Isla de Chiloé. Recién en 1983, gracias a una invitación, recibe el merecido homenaje por el pueblo de Chiloé, es paseado de pueblo en pueblo por toda la Isla recibiendo el cariño de la gente del sur, ese indescriptible. El loco de la moto muere el día 21 de agosto de 1993, dejando un buen número de discos grabados, entre sus registros dejó tangos notables como LA ABANDONÉ Y NO SABÍA, POBRE CORAZÓN, NO HAY DERECHO, SOMBRAS NADA MÁS, OJOS VERDES, MARRÓN, DOS CORAZONES y por supuesto no puedo dejar de nombrar VIEJO SAN DIEGO una verdadera joya. Lamentablemente todas las cosas en esta vida se acaban, en ese momento se nos acabó la segunda botella de ginebra y el Polaco llegó hasta ahí con el relato. Le pedí que otro día nos juntáramos para continuar, pero dijo que no prometía nada. - Pero le voy a dar un gusto morocho. Páseme la guitarra y cante lo que quiera. - No sabía que tocara guitarra.

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Roberto «Polaco» Goyenche (Fotografía de Mónica Fessel. www.monicafessel.com)

Ya lo sé, me volvió a decir. Y comenzó a tocarla, era BALADA PARA UN LOCO, yo no sé si fue casualidad, pero le agradezco el gesto, ya que ese tema es muy fuerte para mi desde que mi hija de pequeña me pedía que se lo cantara todas las noches antes de dormir. Lo canté con los ojos cerrados, para sentir mejor el momento, y en esa parte, la del final, donde dice «loca ella... loco yo...» la guitarra dejó de sonar, sabía que al abrir los ojos el Polaco ya no estaría allí, y así fue. Sigiloso fui al estante de libros, saqué el Tomo IV de la Obras Completas de Jorge Luis Borges y deslicé mi mano hacia atrás para sacar mi botellita de Bolts, esa que tengo para casos de emergencia (no la comparto con nadie, ni con los fantasmas) y me serví una copa mientras pensaba en tantas historias 44


que nos quedaron por conversar como la de Francisco Flores del Campo y su actuación como el novio de Marga en la película «El día que me quieras» junto a Gardel o del programa de la desaparecida Radio Almirante Latorre de Talcahuano, «Con permiso soy el Tango» con Magali Almendras. Parece que del tango aún me queda (nos queda) de qué conversar con Goyeneche, sólo falta la ginebra (por ahora).

«Un poco de recuerdo y sinsabor gotea tu rezongo lerdo. Marea tu licor y arrea la tropilla de la zurda al volcar la última curda. Cerráme el ventanal que quema el sol su lento caracol de sueño. No ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol».

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Fuentes: - «La dos muertes de Gardel». Horacio Vázquez-Rial. Punto de lectura. España. 2002. - «Gardel, la biografía». Osvaldo y Julián Barsky. Editorial Taurus. 2004. - Artículo «Reflexiones sobre los orígenes del tango». Ricardo García Blaya. (www.todotango.com.ar/spanish/main.html) - Artículo «El origen del tango» (www.elportaldeltango.com) - Diario «El Mercurio» de Santiago de Chile. Edición del día lunes 20 de septiembre de 2004. - ¿Gardel bailarín en Chile? Artículo de Franco García Jiménez. Extraído del libro «Carlos Gardel y su época» del mismo autor (1976). - «Gardel, Bailarín de tango». Luis Alposta (2001). www.clubdeltango.com - «Mi noche triste, el tango canción» Néstor Pinsón. www.todotango.com.ar. - «Entrevista a Tania» por Enrique Rodríguez Villa. www.todotango.com - «Cómo gusta el tango en Chile» de Mireya Roberano. www.globaltango.com.ar - «Las películas de Le Pera». Silveter Byrón (2003). www.geocities.com/eaf_underground - «Entrevista a Libertad Lamarque» por Juan A. Muñoz. Noviembre 11 de agosto de 1986. www.lamusica.emol.com - Artículo «Una charla con Gabriel Clausi» de Néstor Pinsón. - Artículo ¿Quién es Malena? De Ricardo García y Néstor Pinsón. - Artículo «Tres personajes y una canción». (11/08/2002). www.chiloe.cl

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Agradecimientos: - A los amigos de la Mesa del Café, a Humberto Díaz, y especialmente a Ana Turón quien tuvo la gentileza, la clase y la amabilidad de aguantar tantas preguntas y contestarlas tan prontamente. - A Claudio Manosalva quien tuvo la gentileza y paciencia de tomar las fotografías..., después que lo hinché tanto. - A Omar Valera por su gesto de enviarme desde Venezuela el CD del maestro Porfirio Díaz, el cual escucho al escribir estas líneas. - A Javier Weibel quien tuvo la gentileza de tomar algunas fotos por las calles de Santiago.

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Revista AA03  

Artículo "El Tango en Chile - Caminito que el tiempo ha borrado" de Muñozcoloma

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