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En el parque Definitivamente era su tía, o quizás su madre, que no podía serlo porque aún tenía sonrisa para todo. Mientras él jugaba, corría, bajaba por el tobogán, ella, que seguro era su tía, le seguía, le ofrecía agua con su vestido blanco de vapor y su cuello limpio como recién sin besar por la mañana. No podía ser su madre porque aquello sería imposible si lo fuera. Su pausa, su generosidad, su espalda morena también sin besar y su paciencia. Sería su tía o su cuidadora o la prima mayor, porque su madre a estas horas seguro que trabajaba y a ella no le preocupaban los pantalones de él, sucios y rotos. No podía ser su madre porque yo que sí que lo era, habría perdido entonces mi categoría. Sería su tía, ahora sí seguro, porque hasta le encontré algo de parecido, no mucho y cierta complicidad en las miradas.


En el parque