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Sol y piel, ¿aliados o enemigos?

Sol y piel, ¿aliados o enemigos? Por la Dra. Ana Álvarez-Vieitez, jefa de Dermatología del Hospital Nuestra Señora del Rosario.

Disfrutar del buen tiempo no está reñido con tener una piel sana y bonita. Si siempre es ansiada la época estival, este año, tras el duro curso, lo es aún mucho más.

Con la llegada del calor también viene la época de máxima exposición cutánea a la radiación ultravioleta. Si bien es cierto que tomar baños de sol es muy beneficioso para sintetizar la vitamina D, la serotonina y la dopamina, lo cual mejora nuestro estado de ánimo, disminuye la tensión arterial, etc…, también lo es que la piel tiene memoria y que lo que hagamos hoy con ella nos pasará factura el día de mañana. Por ello debemos tener especial cuidado para prevenir el temido cáncer cutáneo y el indeseado fotoenvejecimiento.

La luz solar es un espectro de rayos de longitud de onda variable. La luz ultravioleta con corta longitud de onda es la que mayor capacidad tiene de alterar los núcleos celulares de la piel, produciendo radicales libres, reactivos, que alteran las células cutáneas. Esto implica la disminución de las fibras de colágeno y la alteración de la síntesis de melanina, que provoca entre otras cosas la disminución de la elasticidad, la sequedad de la piel, las arrugas, las manchas solares, y agrava enfermedades cutáneas como las alergias solares o el acné estival o incluso desencadena cáncer cutáneo, entre ellos el temido melanoma maligno. Más del 90% de los canceres cutáneos son consecuencia de la exposición solar. Dentro de la luz ultravioleta diferenciamos los UVA-A que provocan daño cutáneo y envejecimiento prematuro; los UVA-B, principales culpables del eritema solar y el mayor daño al DNA cutáneo, y los UVA-C, antes poco agresivos pues eran bloqueados por la capa de ozono, pero ahora muy lesivos por la alteración de esta capa atmosférica. La cantidad de radiación ultravioleta que recibe nuestra piel

depende de diferentes factores como son el momento del día (evitar el sol entre las 12:00 y las 16:00 horas), la altitud, la estación, la latitud, la refracción en el agua o la arena.

Para disfrutar del sol en la playa, piscina, campo, ventana, terraza, calle, azotea debemos cuidar nuestra piel antes, durante y después del verano. He aquí algunos consejos prácticos: Seguir una buena rutina de limpieza cutánea sin irritarla con productos agresivos ni sustancia perfumadas o alcohólicas que provocan manchas. Exfoliación de la capa superficial de la piel dos veces en semana, que elimina la capa superficial de células muertas y permite la mejor absorción de cremas con un tono brillante y luminoso. Una buena hidratación. El 20% del agua del organismo está en la piel. Hay que beber dos litros de agua al día y mantener la piel de todo el cuerpo muy hidratada, fundamentalmente la cara, mediante cremas emolientes ricas en ácido hialurónico que aumenta la barrera hidrolipidica cutánea. Las cremas deben ser nutritivas, no grasas, y combinarlas con anti-oxidantes, proteoglicanos, péptidos y factores de crecimiento. Una buena alimentación, rica en frutas y verduras, frutos secos, pescado azul que nos aportaran vitaminas A, C, E y omega-3.

El principal consejo es utilizar fotoprotectores durante todo el año, pero intensificarlos en esta época estival. No olvidemos que el sol no nos ataca solo en la playa, sino también en la parada del autobús o al salir de una tienda; y no olvidemos que las orejas, nuca y manos también son piel. Lo mínimo a utilizar es un factor de protección 30, y que debemos aplicarlo 20 minutos antes de la exposición y repetir su uso cada dos horas o tras cada baño. No usar protectores abiertos el verano anterior.

Junto a esta fotoprotección tópica debemos añadir la vía oral que provoca una mayor y mas profunda protección. La protección tópica solo cubre el 55% de los radicales libres inducidos por la radiación ultravioleta, por lo que el suplemento oral es necesario para estimular los mecanismos de reparación en las capas profundas de la piel y optimizar nuestra defensa. Los fotoprotectores orales deben tomarse desde un mes antes de iniciar la exposición al sol y están indicados para todo tipo de piel y cualquier edad mayor de los 6 años. Con estas medidas evitamos la aparición de patologías tan desagradables como el melasma, las manchas solares, la alergia solar cada vez mas extendida (un 20% de la población), la rosácea y por supuesto los graves canceres cutáneos.

Los primeros rayos solares son los mas dañinos pues atacan nuestra desprevenida piel con una baja síntesis de melanina tras el invierno. Y tampoco debemos olvidar que el cabello es parte de la piel y también sufre. Se deshidrata, pierde brillo y proteínas. Debemos poner filtros solares en el cuero cabelludo antes de la exposición, lavar el pelo tras la playa o la piscina con champú neutro y mascarillas hidratantes, evitar peinados tirantes y utiliza sombreros, gorros o pamelas. Ah, y también es importante proteger los ojos (gafas) y labios (stick labial con fotoprotector 50).

Por último, es aconsejable acudir al dermatólogo antes de la exposición solar para que evalúe nuestras lesiones pigmentarias y patologías cutáneas que puedan agravarse con la exposición al sol. En resumen, disfruta del verano, pero bajo ningún concepto te quemes.

La piel de los niños, más vulnerable

En los niños la piel es mas fina y blanca, con menos espesor de la capa cornea, menos vello y menos sebo, lo que la hace mas vulnerable al sol. Antes del año de edad se debe evitar la exposición solar directa. Durante la infancia presentamos una mayor exposición al sol y las quemaduras solares en esta etapa multiplican por dos el riesgo de desarrollara un melanoma maligno. Unos hábitos de exposición solar saludable en los menores de 20 años disminuyen de forma importante los riesgos de aparición de cáncer cutáneo. En esta etapa se recomiendan los fotoprotectores físicos más que los químicos y el uso de ropa solar, gafas y gorros.