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Diciembre 2008

ISSN 1666-6682

Nº 24

“El gacho gris”, autor Carlos Castrillón La epidemia de poliomielitis

Comentarios de libros

Aspectos históricos de la poliomielitis en la Argentina

Diccionario de Médicos Italianos hasta el siglo XIX

¿quebró el mito peronista: “los únicos privilegiados son los niños”?

El médico que no sólo sabía Medicina


Museo Houssay de Ciencia y de TecnologĂ­a

Ignacio Zohler www.capurrozohler.com.ar

Fotos de


VOL. IV - Nº 24 - Diciembre 2008 - Buenos Aires ISSN 1666-6682 Director

Federico Miguel Pérgola

Sumario

La epidemia de poliomielitis ¿quebró el mito peronista: “los únicos privilegiados son los niños”?

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Aspectos históricos de la poliomielitis en la Argentina

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Laura Pérgola

El médico que no sólo sabía Medicina

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Secretaría

Impacto social de las malformaciones graves en recien nacidos

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Comentario de libros

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Diccionario Biográfico de Médicos Italianos hasta el siglo XIX

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Subdirector

Carlos C. Castrillón Editora

Laura Pérgola Emilce Iervolino Agustín García Puga Comité de Honor

Norma Acerbi Cremades, Abel Luis Agüero, Jaime Elías Bortz, José Emilio Burucúa, Alfredo Buzzi, José B. Cibeira, Jorge E. Gallardo, Manuel Luis Martí, Delia Outomuro, Teodoro Puga, Norma Sánchez, Florentino Sanguinetti, Orestes W. Siutti, Juan C. Stagnaro. Comité Editorial

José M. Ayala, Amalia M. Bores, Inés A. Bores, Alfredo E. Buzzi, Donato A. Depalma, María Teresa Di Vietro, Alejandro H. Rodríguez, y Alcira Zarranz Diseño y diagramación

Eric Geoffroy tel. 15-6281-0595 ericgeof@gmail.com www.egdg.com.ar

En los próximos números:

-Aspectos sociales y médicos de la provisión de agua en Buenos Aires (Isabel Nicola) -La diálisis en el tiempo (Daniel H. Román) -Nihilismo médico y encarnizamiento terapéutico (Liliana Álvarez) -La cirugía en Corrientes (Eduardo N. Saad) -Depresión y cultura (María Sol Reyes)

La revista Médicos y Medicinas en la historia es una publicación trimestral. Registro de la propiedad intelectual Nº 188920. Propietarios Laura Andrea Pérgola y Federico Miguel Pérgola. Impresa en diciembre de 2008. Tirada de esta edición 1000 ejemplares. Las opiniones que los autores vierten en los artículos son de su exclusiva responsabilidad y no representan necesariamente las de la revista. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación, aun mencionando la fuente. Esta publicación es una realización de:

EGE - El Guion Ediciones Martín Coronado 358 (Acassuso) - Tel: 4792-1132 Celular: 15-5-640-4792 elguionediciones@fibertel.com.ar www.elguionediciones.com.ar 3


Editorial

Reapertura del Museo Houssay de Ciencia y de Tecnología Alocución del Prof. Consulto Adjunto Dr. Federico Pérgola, el 29 de octubre de 2008, en ocasión de la reapertura del Museo Houssay de Ciencia y de Tecnología del Instituto de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

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stamos reunidos para dar lugar a la reapertura del Museo Houssay de Ciencia y de Tecnología, fundado en 1997 por el Dr. Edmundo Ashkar, al que sucedió en la dirección del mismo nuestro querido amigo el Prof. Dr. Alfredo Kohn Loncarica. El fallecimiento de este último ocasionó una prolongada interfase que lo desarticuló, en cierto modo, durante la cual no se ofreció al público. Debemos comenzar con un hecho desafortunado: diversos compromisos hacen que aquí no esté ni el decano, Prof. Emérito Dr. Alfredo Buzzi ni la directora del Departamento de Humanidades Médicas, Profesora Dra. Delia Outomuro. Pero esto que consideré un infortunio se trocó en un golpe de suerte. Pensé, mejor, ahora el protagonismo es solamente mío. Es que siempre veo el vaso medio lleno. ¡Es la mía! Haré la reapertura sin ellos dos. Sin embargo, esto comenzó mal. Un buen día el decano me dice: tenés que estar en el Museo. Yo reflexioné: ¿Me ve tan viejo que me quiere mandar al museo? ¿Por qué me dirá Buzzi que tengo que ir al museo? Lo consulté con mi amigo Agustín F. García Puga y, ante mi pregunta, respondió: Si, tenés que ir al museo. Quedé patitieso. Tengo 77 años y represento mucho menos, 76 y medio. Pero, ante la orden imperativa del decano, sin causarme ninguna gracia que me hubiera mandado al museo, aquí me tienen. Museo, parafraseando a ese comunicador social que siempre le encuentra la etimología griega o latina a las palabras, tiene su origen en las musas. Es decir, es una raíz de origen griego porque las musas estaban en el Parnaso junto a Apo-

lo y representaban las artes y a las ciencias. Es así que no se si fueron las Arpías de la mitología griega o la presencia de un agujero negro, pero de este museo desaparecieron José María Trujillo, que no sabemos donde está; posteriormente desapareció Gustavo Brandariz, que tenía vocación para hacerlo y, finalmente, se esfumó Osvaldo Okner. El Parnaso se estaba apropiando de nuestras personas. Cuando me mandaron al Museo, me asaltó el temor de desaparecer. Pero, acá estoy: no me llevaron las Arpías ni me devoró un agujero negro. Sarmiento decía que las bibliotecas eran los cementerios de los libros. Espero que este museo no sea el cementerio de los objetos con los cuales trabajó Houssay y que logre convocatoria y público. Casualmente, hoy mismo estuvimos con la Dra. Laura Moratal Ibáñez y la Lic. Teresa Di Vietro en la Facultad de Ciencias Económicas –antigua sede de la Facultad de Ciencias Médicas– donde se hablaba de los museos. En la lista de los que serían visitados no se encontraba éste porque nos parecía que no podríamos terminarlo a tiempo. Adecuarlo fue una lucha titánica contra el tiempo, el exceso de material y la escasez de personal. Entre todos estos elementos que se exponen, muchos no lo saben, había una mesa. Era la mesa del Consejo de la Facultad. Un día llegué y la encontré cubierta con un mamotreto de aglomerado. ¿Qué es esto?, me pregunté. ¡Qué desastre! Me agarré la cabeza con ambas manos. La mesa del Consejo también había desaparecido. Veo como quedó terminada la obra y considero que la idea fue acertada. Conversando con una amiga (no piensen mal porque era una amiga para platicar), le espeto muy seriamente –con mi alejamiento teológico– que cuando uno muere desaparece y punto. Ella responde: ¿Dónde va la energía? Energía, pensé, qué energía. Me acordé de la ecuación de Einstein y pensé: Está chiflada. Después arribé a una conclusión metafísica: la energía de Houssay pasó a la gente que trabajó para el Museo. Pasó a Teresita Delloca, que no es Teresa, es Teresita; a María Eugenia Serrano Salas;

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a Juan Carlos Andrada, que trabajaron mucho y bien y evitaron mi fracaso, porque siempre fracasa el director. Hubo otros colaboradores de hierro y no menos útiles. Esto que Uds. ven ahora ordenado era un depósito de diversos elementos: papeles, muebles en desuso, madera y libros y más libros en cajas y sin clasificar. Y pude comprobar como una profesora del Instituto de Historia de la Medicina, la Lic. Norma Isabel Sánchez, se ponía el overol y, con la ayuda inestimable de Ricardo Pérez Tiribelli, los limpiaba, los ubicaba y los clasificaba, en una labor que a muchos les llevaría largo tiempo. Si hace 20 o 25 días hubieran estado en este lugar comprenderían lo mucho que trabajaron. Aquí estamos hoy en el Museo Houssay. Bernardo A. Houssay fue tal vez el primero, después de Juan Señorans, que valoró la importancia de la investigación básica. Nuestra Facultad, como las otras iniciales de nuestro país, tuvo un perfil definido para formar médicos. Necesitábamos médicos porque habíamos crecido abruptamente en población con la inmigración masiva de 1880 a 1930. Las características de nuestra Facultad se asemejaban a las de España y Portugal. No tenía la tendencia a la investigación que le imprimían los franceses, alemanes e ingleses. Los países centrales investigan y la investigación engrandece, sobre todo, a través de la investigación básica que no piensa en un producto definido pero sabe que con ella se bifurcarán muchas líneas de búsqueda. La labor del médico o bioquímico, encerrado

en su laboratorio, es solamente para encontrar la verdad científica, sin importarle la fama, el dinero o el poder. En otro orden de cosas, en este momento dirijo en forma interina el Instituto de Historia de la Medicina, y debemos funcionar como tal y el reglamento dice formar investigadores, tener tesistas, generar trabajos… Tenemos sobradamente elementos para hacerlo: humanos y técnicos. Con la profesora Sánchez tomamos la decisión de crear un Observatorio de Historia de la Medicina que reemplazará a la Escuela de Ayudantes. También, con una idea del Dr. Carlos C. Castrillón, haremos unas Jornadas de Historia de la Medicina en 2009 y un Congreso en 2010, como homenaje al Bicentenario de la Revolución de Mayo. Tenemos muchos proyectos, esperamos hacerlos realidad. Hemos concretado el Museo Houssay y en poco tiempo más abriremos en Museo Risolía de Historia de la Medicina. Cierro los ojos y me imagino el Museo dentro de 50 años. ¿Saben cómo?: tapizadas las paredes con los teléfonos celulares de los profesores titulares, con el cartelito de su antiguo dueño abajo. Va a ser muy interesante. Yo les agradezco mucho el haberme acompañado. No quise darle a la reapertura un sentido formal. Es un día de alegría. Si no caemos en esto de que yo tengo que ir al Museo, como ya me mandó el Prof. Buzzi. Muchas gracias. Federico Pérgola

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La epidemia de poliomielitis ¿quebró el mito peronista: “los únicos privilegiados son los niños”? Mendoza, 1956 Norma Isabel Sánchez

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Entre fines de 1955 y principios de 1956 la provincia de Mendoza, como el resto del país, soportó una epidemia de poliomielitis, la última y muy severa. Aconteció a los pocos meses del triunfo de la Revolución Libertadora y, por ende, del desplazamiento del presidente Juan D. Perón. Fue “usada” por los enfrentados políticos para cruzarse duras acusaciones. Para unos, puso en evidencia la irresponsabilidad del gobierno desplazado que había magnificado su programa de salud pública; para otros, ésta era una imputación infundada, sólo destinada a desprestigiar un aspecto sobresaliente del peronismo. Los dolientes, en su mayoría niños pequeños, fueron objeto de variados cuidados, según los conocimientos médicos de que se disponía entonces en el país y la gran ayuda internacional, que se solidarizó de inmediato. Poco después se difundió la vacunación antipolimielítica y la amenazante enfermedad quedó como un recuerdo del pasado, si bien muchos afectados padecieron por años (o padecen) sus secuelas.

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endoza, entre finales de 1955 y comienzos de 1956, en un tórrido verano, soportó la última gran epidemia de poliomielitis, de igual manera que una parte considerable del resto del país, con cifras altas de niños afectados. Los profesionales locales se encontraron desde el punto de vista científico/técnico un tanto desguarnecidos; si bien no más que en otras regiones. La provincia había soportado, con anterioridad, crisis más o menos equivalentes: así, por ejemplo, en 1936/7 muchos niños padecieron el infortunio y: “El tratamiento de estos enfermo -leemos- fue precario tanto por lo poco que se conocía al respecto en el mundo como por los medios con que contábamos en el país. Podemos decir sin exageración que los mismos estaban librados a su suerte en lo que se refiere a su parte somática”1 Otras de las que se tiene registro son las de 1940, 1942/3, 1944, 1948/9, 1950 (con 154 casos y cuatro fatales, con un 90% de incidencia en niños menores de siete años) y 1953 (y, casi con seguridad, alguna otra). Una de las formas de contrarrestar aquélla carencia fue la especialización de algunos profesionales. Tal es el caso de Humberto Notti, quien en Cuba, en 1953, en oportunidad del VIIº Congreso Internacional de Pediatría2, se anoticia de los trabajos de Jonas E. Salk, presente allí con los resultados aparentemente positivos de su vacuna. Para enero de 1956 el clima político-social local está caldeado: pocos meses antes (setiembre de 1955) el presidente Juan D. Perón había sido desplazado del Ejecutivo y, por ende la Revolución Libertadora había intervenido los tres poderes. Lo que implica decir que todas las autoridades habían sido reemplazadas por otras, afines a la causa. Va de suyo que lo mismo sucedía con las autoridades sanitarias y a la aparente tregua inicial le suceden días de marcado corte antiperonista.

I.- Situación política provincial

La epidemia coincidió, poco más poco menos, con los primeros seis meses de la instalación del régimen de facto3, desplazando a quienes había votado un número importante de la ciudadanía argentina. El nuevo interventor provincial es el general Héctor Julio Ladvocat (en el lugar del general Roberto V. Nazar, quien 1. Notti, Humberto Joaquín. Memorias de un pediatra. Dr. Humberto J. Notti. Historia de un juramento (Con prólogo, selección y notas por Juan Salvador Romero). Mendoza, Ediciones Culturales de Mendoza, 1992. 2. La Habana, 12 al 17 de octubre de 1953. En abril de 1955 se hizo la campaña masiva de vacunación en Estados Unidos. 3. Dirigía a la Nación el general Pedro E. Aramburu y actuaba como vicepresidente el almirante Isaac Rojas; el ministro de salud era Francisco Martínez y el subsecretario: Francisco Elizalde. En tanto Raúl Parodi era responsable de la Dirección Nacional de Salud Pública.

había reemplazado al titular del Ejecutivo, el peronista, Carlos H. Evans4). Aníbal Castro Aubone5 estaba a cargo de la Dirección Regional de Sanidad de Cuyo y el titular del Ministerio de Asistencia era Dante D´Angella Patrucco, donde Roberto José Boriozzi se desempeñaba como jefe de Higiene Pública. A las nuevas autoridades, interesadas en desprestigiar al máximo el gobierno anterior, al que denominaba la tiranía, la epidemia les dio la oportunidad de atacarla sin pausa. Entre muchas acusaciones se dijo que la gravedad del brote de poliomielitis de 1953 había sido ocultada para no dejar al descubierto la negligencia e irreflexión6. Para cumplir tal propósito se multiplicaron los discursos radiales, trasmitidos a lo largo de todo el país y levantados por la prensa escrita. Veamos dos de ellos. “Para que la población se ubique exactamente en el análisis de lo ocurrido, declaro, -dijo el ministro nacional de Salud- con absoluta seguridad …, que la desidia, la falta de previsión y de responsabilidad en los ministerios de Salud Pública del gobierno caído, obligó al Ministerio que dirijo … a una labor ímproba y a la vez angustiosa que pudo superar, afortunadamente, la gravedad del momento”7. Días más tarde, el jefe de Estado, al conmemorar el primer semestre de la revolución que había ayudado a llevar adelante, completó:

4. Se trataba del tercer gobernador peronista. Los dos primeros fueron Faustino Picallo y Blas Brisoli. Durante esos años se inició la implementación del primer Plan Quinquenal, que incluía una basta red de obras públicas y fue puesta en marcha la filial local de la Fundación Eva Perón. En 1950 se crea la Facultad de Ciencias Médicas y se utilizaba el Hospital Central como sede de esta casa de estudios; bautizada por el rector Irineo Fernando Cruz, con el nombre de Dr Tomás Perón, hasta que la Libertadora le suspendió tal denominación. Nota: adviértase que para la epidemia de 1956 aún no había promocionado el primer contingente de alumnos. 5. Graduado en la Facultad de Medicina de Rosario; quien fue puesto en “disponibilidad” por el gobierno peronista. Fue uno de los fundadores de la Sociedad de Cardiología de Mendoza. 6. En algunas notas periodísticas se afirmó que en esa oportunidad hubo, a nivel nacional, 2.579 casos con 155 defunciones, cuando lo habitual era de unos 700 afectados por año. Por el contrario, la historia del peronismo presenta, en relación directa con este caso, la amplia labor desplegada por el Instituto Malbrán, donde se intentaban aislar las cepas productoras y elaborar la gammaglobulina, más la construcción de un hospital especializado, con 350 camas y un costo de varios millones y el gran apoyo a la Dirección Nacional de Lucha contra la Enfermedad de Heine-Medin. 7. Discurso radial (responsabilidad de Francisco Martínez) del sábado 10 de marzo; trascrito por el diario La Nación. Bs As, año LXXXVII, nº 30.396, del 11 de marzo de 1956, p. 1.

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“El pueblo ha tomado las armas para combatir al enemigo que se ensaña contra nuestros hijos … (y agregó la imploración) no debe ocurrir nunca más!”8.

En esta emergencia, la ayuda internacional que recibió la Argentina resulta sorprendente. La figura más destacada fue la de Jessie Wright, investigadora de Pittsburg (Pennsylvania), presidenta del Comité de Investigaciones de la Fundación Nacional para la Prevención y Tratamiento de la Parálisis Infantil de su país10, quien permaneció durante unos días en la Capital Federal. Ante un interrogatorio periodístico dijo:

II.- El conocimiento internacional sobre la enfermedad

Para entonces hacía muy pocos meses que se efectuaban las primeras inoculaciones con la vacuna Salk y, casi a la par, circuló la versión de su ineficacia, pues algunos niños tratados habían muerto. Después se supo que se debía a un error de fabricación (tal vez porque el laboratorio estuvo muy acelerado en sacar el producto) y no de la vacuna en si. De todos modos, había miedo y un sector de la población adulta ponía resistencia a aplicarla en sus hijos. Mucho costó restablecer la confianza y, a posteriori, tras su aplicación se constató que la incidencia de la poliomielitis bajaba considerablemente. En la provincia, para contrarrestar esta situación, se hizo una verdadera campaña en los medios y algunos entendidos debieron salir a dar su opinión favorable9.

“trataremos de delinear las necesidades de médicos, enfermeros, terapeutas y equipos para hacer frente a la epidemia, así como el problema de la rehabilitación que vendrá luego”11. Colaboró con las autoridades del área salud; expuso sus opiniones en el Hospital Rawson y en la Facultad de Medicina. Aceptó reportajes periodísticos y escribió un informe, Estado actual del tratamiento de la polio, publicado casi de inmediato. Según los diarios había destacado la falta de preparación sanitaria local para hacer frente a la epidemia, que se ponía muy de evidencia con un dato objetivo: la falta de

8. Discurso radial (responsabilidad de Pedro E. Aramburu) del viernes 16 de marzo; trascripto por el diario La Nación. Bs As, año LXXXVII, nº 30.402, del 17 de marzo de 1956, p. 1.

10. La NFIP existía desde 1938. 9. En un diálogo con un familiar de un niño muerto en la provincia de Mendoza nos relató que la madre de ese menor se opuso a la vacunación. Después del luctuoso suceso, las autoridades médicas la obligaron a vacunar a sus otros hijos.

11. Los Andes. Mendoza, año LXXIV, nº 24.163, del 9 de marzo de 1956, p. 1.

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pulmotores para niños y, para contrarrestarlo, aconsejaba practicar traqueotomías. Solicitó a las familias que extremaran las medidas higiénicas. La prensa escrita destacaba sus opiniones con grandes titulares. En uno leemos: “La conferenciante respondió categóricamente por la afirmativa cuando se inquirió si la vacuna Salk había resultado eficaz en los EEUU y señaló que también en Canadá se había empleado con éxito”12. También, según el mismo matutino, “Deploró que la epidemia hubiese hallado al país en tan pobres condiciones de defensa sanitaria” 13. Por su parte Melvin Glasser, un técnico que la acompañaba como consejero del presidente de entidad arriba mencionada, expresó: “esta es la primera misión que la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil envía al exterior para hacer un estudio de la situación en el momento culminante de la epidemia”14. En otra intervención aclaró: “El estado inicial de esa lucha, que sorprendió totalmente indefensa a la población, carente de los elementos imprescindibles, reveladores de una total inoperancia en materia sanitaria preventiva -secuela de varios años de abandono y demagogia- halló en la doctora Jessie Wright una observadora implacable …” 15. Como puede apreciarse, varios periódicos, algunos de ellos muy maltratados durante el período anterior, se interesaban en dar a conocer las opiniones de los especialistas extranjeros, revistiendo a la situación de ribetes alarmantes. Hubo un maridaje entre las opiniones de los políticos y el periodismo, mientras la prensa favorable al gobierno destituido era mantenida en silencio. Llegaron muchos otros especialistas que, en general, se establecieron en Buenos Aires y se recibió una cantidad importante de dinero, en calidad de donación, para hacer frente a los gastos que demandaba todo el operativo de protección y ayuda médica. Resultó muy valiosa la colaboración de 12. La Nación. Bs As, año LXXXVII, nº 30.399, del 14 de marzo de 1956, p. 1.

Uruguay, Brasil, Noruega, Israel, México, Alemania, Francia, Suecia. No faltó la asistencia de la OPS y la OMS, entidades a las que el peronismo no había dado significativa participación. A la vez hay admitir que también existía, en más de un profesional, un interés personal por encontrar la solución al flagrante problema y poder saltar al escenario mundial como una figura de reconocimiento superlativo, dado que si bien la vacuna de Salk parecía ser efectiva, otros la cuestionaban y ponían en duda su efectividad. La mayoría aconsejó la hibernación artificial, electroterapia, hidroterapia, el bloqueo farmacológico y los métodos ortopédicos.

III.-La situación económica provincial

La economía mendocina no pasaba por su mejor momento. El ex gobernador Evans, ahora detenido, estaba acusado de malversación de fondos en la transferencia de una parte de la (ex) empresa privada Bodegas y Viñedos Giol a la provincia16; idéntica situación soportaban algunos de sus ministros y asesores. Unos cuantos gremialistas habían sido demorados y apresados en averiguación de antecedentes. El clima social se presentaba tenso, situación que se agravó con las actuaciones de las comisiones investigadoras, revisando lo realizado en la etapa anterior. Las principales acusaciones aludían a la falta de equipos apropiados para hacer frente a la crisis y a la necesidad de fondos para emprender una campaña eficaz contra la enfermedad y contrarrestar los errores del pasado inmediato, cuando habían aumentado desmesuradamente los costos, propio del clientelismo político. Se sintió un verdadero respiro cuando comenzaron a llegar las más diversas donaciones (del exterior y del propio país, de empresarios, laboratorios, entidades múltiples17); no faltó el aporte de los sindicatos, de las colectividades inmigratorias, asociaciones mutuales y particulares. Mucho se comentó la llegada de una importante donación desde la Santa Sede. Se necesitaban pulmotores, equipos varios, camas mecedoras, repuestos, aparatos ortopédicos y una variedad de insumos y solventar los altos costos de los fletes por líneas aéreas, dado que eran cargas muy pesadas. El diario principal de la provincia, Los Andes, comenzó una gran colecta y, con el paso de los días, sorprendió la avalancha de ofrendas. 16. Como parte de un programa de estatización de empresas.

13. La Nación. Bs As, año LXXXVII, nº 30.400, del 15 de marzo de 1956, p. 1. 14. Los Andes. Mendoza, año LXXIV, nº 24.163, del 9 de marzo de 1956, p. 1. 15. La Nación. Bs As, año LXXXVII, nº 30.400, del 15 de marzo de 1956, p. 1.

17. Como el de la Caja de Ahorro Postal; o de Esso Sociedad Anónima Petrolera (sede Argentina) que puso a disposición 12 enfermeras graduadas o la propuesta de Ismael Pace y Juan Carlos (Tito) Lectoure de hacer en el Luna Park una pelea de Rocky Marciano para juntar fondos. Por su parte mandó un pulmotor de material plástico E. R. Squibb and Company and Stem, mientras la Cooperativa Provisión de Industrias Metalúrgicas proponía fabricar camas oscilantes.

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En medio de la situación angustiante aparecieron los especuladores, promocionando insecticidas, desinfectantes, creolinas, sin saber de manera categórica si servían en esta ocasión. Ante tales maniobras agiotistas, que se expresaban, además, en el aumento significativo del precio de determinados productos, el Estado intervino poniendo límites a las alzas injustificadas. La provincia estaba convulsionada. Hasta se suspendió la Fiesta de la Vendimia, considerada uno de los eventos principales, pues se interpreta como la demostración del poder económico local.

hubo que contrarrestar estas insensatas afirmaciones. Un número considerable se negaba a llevar los niños a los profesionales, a los hospitales, a los centros de salud, ya porque lo considera centros pestilenciales ya porque creía ver una maniobra política solapada. Como una suerte de compensación se colocaba una bolsita con pastillas de alcanfor sobre el pecho de los pequeños o debajo de la almohada, a modo de antiséptico. Hay que entender que para muchos incondicionales seguidores de Perón, era el gobierno “usurpador” el que potenciaba la fuerza de la enfermedad para poder acrecentar las críticas a uno de los baluartes más respetados del modelo: la preocupación por la salud. Hasta algunos profesionales compartieron esta presunción. Se sabotearon ambulancias, todo tipo de aparatos y algunos centros de salud. En tal sentido se entrecruzaron los vituperios: los peronistas denunciaban las maniobras especulativas y alarmantes de los “recién llegados”, los acusaban de

IV.- El rebrote del pensamiento mágico

Circularon las versiones más descabelladas tratando de explicar las razones de la epidemia; dos nos han sorprendido: la que sostenía que era el resultado del exceso de higiene y la que decía que la originaba la “uva” (hay que recordar que en esos días estaba la vendimia en marcha).Con rapidez 11


rechazar los diferentes equipos, en especial los pulmotores, porque habían pertenecido a la Fundación Eva Perón o habían participado en su reparación y/o montaje, obreros de los gremios afines al gobierno desplazado. Los “otros”, los consideraban obsoletos, irrecuperables, inexistentes, hallando en la inculpación maniobras dilatorias de los militantes, gremialistas u obreros 18. También debió intervenir la autoridad escolar pues, si bien se había dispuesto postergar el inicio de las clases, las escuelas privadas (muchas de ellas pertenecían a la Iglesia Católica), comenzaron a invitar a los padres a que enviasen los niños. En este sentido, el Estado se hizo respetar (escuchando, sin concesiones, lo aconsejado por la Dirección de Salud Escolar, que dependía del Ministerio de Educación). También hubo quienes querían abrir las aulas de la Universidad Nacional de Cuyo; pero finalmente primó la cordura. Algunos levantaron el dedo acusador y se preguntaban dónde se palpaba la consabida expresión del peronismo “los únicos privilegiados son los niños” si, ahora, puesta la sociedad ante una grave disyuntiva, no se encontraban los medios y recursos tan aclamados. Otros, denunciaban a las nuevas autoridades (“los usurpadores”) de boicoteo y todo tipo de maniobras retardaratias, como la paralización de los trabajos en el hospital de niños que se levantaba en el Parque General San Martín, parte de programa de obras públicas del Segundo Plan Quinquenal19, cuya terminación y puesta en marcha hubiera sido tan importante en esta emergencia.

V.- El desconcierto inicial

Más de un profesional se encontró “desarmado técnicamente” en los momentos iniciales del brote de la epidemia y sin las herramientas necesarias20. 18. Aclaramos que estas afirmaciones no aparecen de manera explícita en los diarios del momento que hemos consultado; la mayoría eran afines al régimen instalado y los opositores estaban acallados. Aquéllos no mencionaban el “ruido subterráneo” que vivía la Argentina; por el contrario, daban la apariencia de un país calmo. Sin embargo, los testimonios orales nos han brindado las afirmaciones que arriba reproducimos. Entrevistamos a varios testigos de la época, opositores y defensores del modelo. También a más de un afectado por la enfermedad y que lograron la recuperación. Estas entrevistas se efectuaron en la provincia de Mendoza (enero de 2008) y, un número menor, en la Capital Federal (febrero-marzo de 2008). 19. La estructura del edificio estuvo muchos años inactiva hasta que, finalmente, se terminó para dar ubicación a la Facultad de Medicina. 20. Una de las entrevistadas nos contó que el pediatra no advirtió, en un primer momento, cómo estaba afectada; sólo meses más tarde, estableció la relación con la enfermedad. La terapia que aconsejó fue hacerle masajes en las piernas (responsabilidad de la madre de la menor) y estimó que era un problema “de nacimiento” (tenía entonces poco más de un año) que se ponía en evidencia en ese momento, cuando se suponía debía comenzar a caminar. Aún así, la entrevistada reconoció que no fue “muy afectada”, que su madre hacía todo cuanto le indicaban y que a ella le han quedado muy pocas secuelas en una de las piernas.

El diario Los Andes incorporó algunas noticias en los primeros días de febrero de 1956, recomendando no alarmarse. Sin embargo, hacia finales de ese mes comenta la llegada de pulmotores, médicos y praticantes extranjeros, que venían a sumarse a los esfuerzos nacionales. El paso siguiente fue anoticiar del cierre de las piscinas, de las bibliotecas públicas, de los zoológicos, mientras destacaba el accionar de la Comisión Nacional de Lucha contra la Parálisis y solicitaba a los padres evitar la fatiga de los niños y las reuniones con aglomeraciones humanas y su colaboración, ante la falta evidente de enfermeros. El estado provincial dispuso llevar adelante campañas radiales y de gráficas, pidiendo extremar las medidas de higiene fundamentalmente con la leche y el agua. Comenzó el blanqueado con cal y rociado con variados productos de las calles, los árboles, las oficinas y espacios públicos, los medios de transportes. Se apeló al DDT, al gammexane y a las fumigaciones que, supuestamente, actuarían en sentido benéfico. Y, en el afán de recaudar dinero, se estimó oportuno expropiar los bienes del partido peronista.

VI.- La respuesta científica

Ha quedado bien registrada la labor de los hospitales Provincial y Militar; de la Casa Cuna, del Hogar de Huérfanos Monseñor Orzali, del Hogar Escuela de la Dirección Nacional de Acción Social21, del Patronato de Menores y no faltó el concurso de las brigadas municipales. Se creó el Departamento de Evacuaciones Aéreas, con la colaboración del médico Carlos Puga (asesor sobre el modo de llevar adelante las fumigaciones por aire) y trabajó arduamente el IRPI22, responsabilidad de Humberto Notti, que para los primeros días de marzo publicó las normas preventivas más convenientes, a través de un extenso comunicado difundido por los diarios23. Justo es reconocer cómo actuaron, con alta responsabilidad, las emisoras radiales, los periódicos y los radioaficionados. Uno de los focos de alta atención fue la Villa Nylon (ubicada entre el Campo Flores y el Campo Olivares), por el tipo de población infantil de alto riesgo que allí vivía (que hoy sería el equivalente a una villa miseria o barrio de emergencia). Se apeló a todo recurso para difundir las pertinentes normas de higiene y hasta existió la propuesta de aplicar altas dosis de cloromicetina. También aparecieron en los diarios gráficas del mencionado IRPI, invocando Ayúdenos!!, acompañado de un dibujo de un niño con sus aparatos ortopédicos intentando caminar.

21. Inaugurado por Perón, en 1953, con el nombre 17 de Octubre (y, posteriormente, bautizado Carlos María Biedma). 22. Instituto Cuyano de Rehabilitación del Inválido y Lucha contra la Parálisis Infantil. 23. Los Andes. Mendoza, año LXXIV, nº 24.157, del 3 de marzo de 1956, p. 4. También, se puede apelar al diario La Libertad.

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Las médicas Isabel de los Ángeles Nuñez y Nilda María Astorga fueron enviadas a Buenos Aires para perfeccionarse en el Hospital Muñiz. También lo realizó, por su cuenta, Humberto Notti y, a su regreso habló de “epidemia que reviste carácter de dramática”24. En una de las provincias argentinas, Córdoba; se llevaron a cabo dos reuniones científicas: a) Un Symposium internacional sobre la polio, organizado de emergencia y aprovechando la presencia de expertos extranjeros y locales (Embalse de Río Tercero, 16-17 de abril de 1956), auspiciado por las VIIº Jornadas Argentinas de Pediatría, con 700 médicos de ocho nacionalidades, más los locales, donde se entendieron en castellano, inglés, francés y alemán. De allí surgió la idea, o potenció, la conveniencia de crear centros con equipos, laboratorios, camas adecuadas, ambientes apropiados para las intervenciones quirúrgicas (tales como traqueotomías, broncoscopias), servicios de rayos x, equipos generadores de corriente, ambulancias, aviones equipados, personal competente para los tratamientos, la recuperación y rehabilitación. Se leyó un informe que Salk envió para la ocasión y otro de Albert Sabin (dando a conocer sus avances en el preparado de otra vacuna). b) Las VIIº Jornadas Argentinas de Pediatría, programas

desde mucho tiempo antes. La epidemia le dio alto protagonismo a algunos médicos y los periódicos trajeron la noticia de la posibilidad de fabricar en el país la vacuna Salk, si bien el ministro nacional competente desalentó este entusiasmo explicando que ello resultaba imposible en el corto plazo. El recurso inmediato fue comenzar a aplicar dosis de gammaglobulina, con esfuerzos por vencer la resistencia de los padres.

VII.- La reacción de la Iglesia católica

La enfermedad alcanzó su pico más intenso en la llamada Cuaresma cristiana. Más de uno recordó que el año anterior en vísperas de tales conmemoraciones se habían originado los momentos álgidos del enfrentamiento político, que desembocarían en la caída del régimen de Perón. Algunos sacerdotes, críticos del gobierno depuesto, hacían en sus homilías una suerte de asociación entre la enfermedadpecado y el castigo. La epidemia, en esa interpretación, era la muestra palpable del sufrimiento que debía soportar el pueblo “descarriado” por haber prestado su apoyo a un régimen nefasto durante casi una década25. 25. La lectura de los periódicos de la época (donde no hallamos transcripciones textuales) dan a entender esta aseveración. A la vez, mas de uno de los entrevistados recordó con palabras relativamente coincidentes cuánto les llamó la atención lo expresado por algunos sacerdotes en sus sermones. Esto potenciaba la idea entre los peronistas que algo de exageración existía en la supuesta magnitud de la enfermedad:

24. Los Andes. Mendoza, año LXXIV, nº 24.166, del 12 de marzo de 1956.

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Desde entonces una parte de la masa trabajadora, fiel a su líder, repudiaba a un sector de la jerarquía eclesiástica; pero ahora había llegado la oportunidad de revertir esta situación, para cual se contaba con el auxilio de las nuevas autoridades. Las celebraciones de Semana Santa (marzo de 1956) fueron propicias para procesiones que cumplían dos objetivos, pedir por los enfermos y desagraviar a la Iglesia, de ahí el sinnúmero de oraciones y actos impetratorios. En otro enfoque, laicos católicos y miembros del clero que habían simpatizado o militado en el peronismo veían en la Libertadora una actitud revanchista, alejada de una refundación democrática.

VIII.- Personalidades locales destacadas

Seguramente mencionar unas pocas resultará una injusticia; aún así, vamos a destacar a algunas. Entendemos que uno de los profesionales que sobresalió fue: Humberto Joaquín Notti Graduado en Buenos Aires en 1929. Diez años más tarde organizó la filial local de la Sociedad Argentina de Pediatría y, en 1951, ésta lleva adelante las IIª Jornadas Argentinas de Pediatría. También fue el fundador de la Escuela Hospitalaria Silvestre Peña y Lillo, que atendía a los niños de largas internaciones, ubicada en el Hospital Emilio Civit, para que no perdieran el ciclo escolar, donde actuaban un psicopedagogo y las asistentes sociales. En 1950, junto a su hermano Pedro26, proyecta la creación de un centro de rehabilitación del baldado y con ayuda del Rotary Club Mendoza instaló el Instituto Cuyano de Rehabilitación del Inválido y Lucha contra la Parálisis Infantil (IRPI), que abrió las puertas en 1954. Cuatro años más tarde compra en EEUU la vacuna Salk y comienza la vacunación antipoliomielítica, con una gran campaña por los medios de comunicación27. Fue titular de la cátedra de Medicina Infantil (1956-69), de la Facultad de Medicina de la UNCuyo. Uno de los iniciadores de la medicina rehabilitativa28. era una excusa para atacar el peronismo/ateo; al peronismo/no-obsecuente de cierta dirigencia eclesiástica. Nota: la relación Iglesia/peronismo pasó de la etapa del buen entendimiento al del enfrentamiento (y hasta se prohibió la tradicional procesión de Corpus Christi). Por ejemplo, monseñor Manuel Tato, obispo auxiliar de Bs As, y el canónigo diácono Manuel Novoa fueron conminados, en 1955, poco antes de la revolución, a abandonar el país; viajaron a Roma y casi de inmediato vino el “confuso” documento de la excomunión. 26. Pedro fue a estudiar la organización y funcionamiento de tale centros a Europa. Humberto a Estados Unidos, Cuba y Canadá. 27. En 1964 se hizo algo semejante con la vacuna oral Sabin. 28. Autor de escritos como los siguientes: La parálisis infantil en Mendoza durante los meses de marzo, abril y mayo de 1937 (1937; LSM). Forma poco frecuente de la enfermedad de Heine-Medin (1940; AAP). Contribución al tratamiento de las enfermedades de HeineMedín por el método Kenny. Consideraciones estadísticas sobre dicha

Sin olvidar la importancia de otros profesionales como: Juan Salvador Romero, José Barbuzza, Juan Eseverri Gainza, Juan Antonio Orfila, Guillermo Martínez, Kjeld Halvorsen29, Joaquín Jorge Giunta, José Freneau, Bernardo Emiliano Ferreira, Carlos Puga. Cuando pasó el momento más dramático de la epidemia, siguieron los trabajos encaminados a evitar una re-aparición y, entre otras iniciativas emerge la creación de CIPPI (Centro de Investigación Para la Parálisis Infantil), por el impulso de Notti (setiembre de 1956). En 1963 la provincia fue declarada libre de poliomielitis.

IX.- Entidades nacionales que colaboraron activamente

a) La provincia recibió la ayuda de la Dirección (Nacional) de Lucha contra la Poliomielitis, como dependencia del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública, con la dirección de Humberto R. Rugiero (instalada en marzo de 1956). b) De la Comisión Nacional Permanente para la Rehabilitación al Lisiado, organismo autárquico y descentralizado30. “La poliomielitis enseñó a lo argentinos -leemos- la necesidad de la rehabilitación. En aquel tiempo no había médicos especialistas en el país, fueron los cirujanos ortopedistas los que vislumbraron esa carencia … y enviaron a algunos médicos a formarse al exterior”31. c) La asistencia de la Asociación para la Lucha contra la Parálisis Infantil (ALPI) que entonces estaba bajo la conducción de Gertrudis Kaech de O´Farrell32. afección en nuestra provincia (co-firmado con Joaquín Jorge Giunta, 1946; LSM). Rehabilitación integral del niño lisiado (1956; AAP). Capítulo: “Colecistocolangiopastías en la infancia” (del libro de conjunto publicado en 1957 en Barcelona, Progresos en Pediatría). 75 años de medicina en Mendoza (1957; Diario Los Andes) 29. Quien recomendaba practicar de urgencia respiración artificial en los niños afectados, de buenos resultados en Dinamarca. 30. Creada recientemente por decreto-ley nº 9.276, como dependencia directa del PEN. Nota: actuaba ad-honorem y para facilitarle el cumplimiento de la primera fase del programa se le entregó la Ciudad Infantil, la Ciudad Estudiantil y la suma de 40 millones de pesos m/n. 31. Cibeira, José B. Bioética y rehabilitación. Bs As, El Ateneo, 1997, p. 100. 32. ALPI nació en 1943, por la labor del ortopedista Marcelo J. Fitte, autor de Parálisis Infantil. Nociones para su tratamiento de enfermería y kinesoterapia. La Asociación puso la piedra fundamental del Instituto en 1954 y buscó todo recurso para reunir fondos. Así hemos encontrado un documento que dice: “La Asociación para la Lucha contra la Parálisis Infantil se ha dirigido a nuestro Gran Oriente, solicitando su aporte monetario para la construcción del edificio que albergará al Instituto de Rehabilitación Marcelo J. Fitte”. AGLMA (Archivo Gran Logia Masónica Argentina). Caja Correspondencia y Circulares del

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da respecto del peronismo. Poco después, un nuevo suceso conmovería a la ciudadanía, no vinculado a la salud sino de orden militar: en junio el general Juan José Valle y un grupo de oficiales intentan una contra-revolución que resulta sofocada y se abre una etapa de represiones severas que incluye el fusilamiento.

X.- Breves consideraciones finales

Como corolario quedó el reconocimiento generalizado del valor de la cooperación internacional y la reafirmación local de instituciones específicas, la organización de la rehabilitación y contención de los que la necesitaban, la especialización médica y aparición de profesiones o salidas laborales nuevas. Durante un largo tiempo perduró en la historia argentina esta dialéctica entre peronismo/antiperonismo y, justamente, el análisis de los temas de la salud fue uno de los puntos de fricción (tal vez hoy superados, con un remanente favorable al primer grupo). Si bien las nuevas autoridades buscaron por todos los medios depreciar el valor del accionar en ese ámbito específico del régimen depuesto, no lo lograron en la magnitud esperada. Sin embargo hay un aspecto poco claro: ¿cuáles fueron las cifras reales de afectados y fallecidos? Los datos disponibles no parecen confiables y, por lo general, hay entre ellos contradicciones manifiestas33. En mayo comenzaron las clases y todo parecía volver, lentamente, a la normalidad, excepto para la familias afectadas. Muchas, durante años, debieron concurrir con sus pequeños a los centros de rehabilitación. La aparente felicidad de los niños de la etapa peronista, parecía quebrada de manera abrupta, sorpresiva y hasta la Ciudad Infantil se transformó en un centro de atención para los pequeños y de rehabilitación. Qué quedaba de aquella lectura del libro Alelí, “Una gran Obra”, que decía: La ciudad infantil parece un sueño. Es como las ciudades de los cuentos Qué felices se sienten los niños allí! …34 Varias cosas habían cambiado en el país en unos meses: el primer presidente provisional, el general Eduardo Lonardi quien ofreció en su asunción un mensaje conciliador con la afirmación no habrá “vencedores ni vencidos” había fallecido y las nuevas autoridades asumían posiciones más radicalizaGOFA (Gran Oriente federal Argentino), circular nº 52. Bs As, 2612-1955. También hay una referencia en Boletín del Gran Oriente Federal Argentino (Extracto del acta nº 66, de la reunión del 23-121955). Bs As, año 2, nº 31. (Tenemos fotocopias). 33. Por ejemplo, según un matutino las cifras serían de 3.183 afectados y 257 muertos, para el período 1º de julio de 1955 a 24 de abril de 1956. (La Nación. Bs As, año LXXXVII, nº 30.439, del 24 de abril de 1956, p. 3); en Mendoza: 43 enfermos y 1 fatal. Si se compara con lo dicho en nota 6, que corresponde a 1953, puede advertirse que las cifras no son demasiado dispares; más bien hablan de la gravedad de una y otra. Por el contrario, en el libro Los orígenes institucionales de la Salud Pública en la Argentina (Veronelli, Juan C. y Veronelli Correch, Magalía. Bs As, OPS/OMS, 2004, tomo 2, p. 547), se afirma: se “produjeron 6.500 casos registrados”. 34. Arena, Luis. Alelí (Método ecléctico de lectura, con un cuaderno de ejercicios). Bs As, Ángel Estrada y Cía. editores, 1954 (quinta edición), p. 84-5.

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Ilustración 1. Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, en 194913 Médicos & Medicinas


Aspectos históricos de la poliomielitis en la Argentina Alejandro Héctor Rodríguez

L

de la investigación que el autor lleva a cabo con respecto a las implicancias médicas y antropológicas del brote del 56.

a enfermedad de Heine-Mèdin, parálisis anterior aguda o poliomielitis infantil —entre otros tantos nombres que se le asignaron a través del tiempo1— dejó un imborrable e ingrato recuerdo en nuestro país posteriormente al primer semestre de 1956, cuando se produjo una gran epidemia que afectó principalmente a la Capital Federal, al Gran Buenos Aires y a otros puntos urbanos de la Argentina2. Según algunos autores la poliomielitis es una enfermedad presente en la tierra desde hace unos 5.000 años. Se sustenta esto en la observación de paleografías y papiros egipcios. Luego, a lo largo de la historia, el morbo habría sido descrito por la medicina —desde Hipócrates en adelante— o estampado por singulares artistas en sus telas3, 4. Otros rastros se hallarían en esqueletos medievales descubiertos en excavaciones hechas en Groenlandia4. Pero la referencia concreta sobre la enfermedad en un texto científico se realizó en Inglaterra en 1789 por parte de Michael Underwood5. Su descripción clínica, la investigación sobre su agente causal, el cambio de carácter —endémico a epidémico— y la lucha por su control mediante la vacuna, con Salk y Sabín como abanderados, cierran —casi por completo— el círculo histórico de la enfermedad. Mas debemos establecer en esta introducción que el propósito de este trabajo no es ahondar en los anales universales de este mal. Si, en cambio, el objetivo trazado es reseñar su presencia en la historia sanitaria de nuestro país, a partir de la descripción de las primigenias crónicas sobre el mal hasta su erradicación en el país, sin dejar de señalar sus períodos de endemia y sus explosiones epidémicas. El presente escrito es fruto de un criterio de valoración lateral que motivó una línea de trabajo menor independiente, durante el desarrollo

La tesis de Genaro Sisto.

La obra de Sisto para optar al grado de doctor en medicina, presentada en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires en 1895 —Contribución al estudio de la poliomielitis anterior aguda— es una narración encomiable en la historia de la enfermedad en la Argentina. Su padrino de tesis fue el Académico Dr. Manuel Blancas, en tiempos del decanato de Leopoldo Montes de Oca. En sus páginas preliminares se lee una dedicatoria al Dr. José A. Ayerza y a los míos. En su trabajo transmite las inquietudes de época con respecto al padecimiento. Consta de once capítulos en los que versa sobre los desencadenantes de la entidad, su propia experiencia, la anatomía y fisiología de la médula, la anatomía patológica, la sintomatología, la marcha de la enfermedad en distintos períodos, el diagnóstico, el pronóstico, la fisiología patológica, la etiología y el tratamiento. Relató haber visto cantidad de casos de poliomielitis anterior aguda en los consultorios y salas de los hospitales Nacional de Clínicas —Hospital Buenos Aires antes, hoy Hospital de Clínicas “Gral. San Martín”— y San Roque —actualmente hospital Ramos Mejía— de los cuales fue interno respectivamente entre los años 1892-94 y en 1895. Le llamaron especial atención los niños, en particular aquellos con incapacidad en los miembros y deformidades e inhabilidades. Los cuestionamientos que predominaban a fines del siglo XIX se relacionaban al agente causal —no se dudaba de su 17


carácter infeccioso—, al mecanismo lesivo, a la prevención de sus funestas consecuencias y a la supuesta asociación con ciertos estados concomitantes —fiebres eruptivas —, sin determinación cabal de causa-efecto. Realizó una síntesis histórica, y en ese marco, plasmó dos épocas: una clínica y otra anátomo-patológica. En cuanto al inicio del morbo, señaló la influencia odontogénica, hereditaria, del frío y de los traumatismos. Denunció el predominio de ataque en el grupo etario de 1 a 4 años. Según su experiencia, el cuadro sintomatológico se caracterizaba, en principio, por la aparición de elevada fiebre, inquietud, sopor, delirio, eventualmente convulsiones, vómitos, diarrea. Luego del período de estado, podía sobrevenir alguna mejoría en los movimientos. En el capítulo décimo —consagrado a la etiología— destacó la posibilidad de que la enfermedad fuera provocada por un micro-organismo específico, incluso por intermedio de alguna toxina. El tratamiento estaba guiado por los conceptos de Ayerza. Debía ser enérgico. En principio, incumbía una poderosa e inmediata revulsión a lo largo de la columna vertebral con tintura de yodo, cáusticos, puntas de fuego y corriente continua. Se proseguía con baños diarios de aire caliente, y envoltura de los miembros afectados en algodones espolvoreados con mostaza y cornezuelo de centeno. En el período de fijación de la parálisis se utilizaban masajes, y la muy alabada gimnasia eléctrica. La ortopedia se reservaba para el período de deformidades, que se complementaba con preparaciones de bifosfato de cal, aceite de hígado de bacalao durante el invierno, e inmersiones en agua salada y permanencia en localidades balnearias en verano6.

Aparición del carácter epidémico de la enfermedad en nuestro país.

El Profesor Juan P. Garrahan, en su obra Medicina infantil - Pediatría y puericultura, publicada en 1951, mencionó epidemias en las que se presentaron numerosas formas dolorosas antes de 1936 —comentó tangencialmente haber visto muchos afectados dos años antes—, pero fue en el antedicho que consignó puntualmente un brote en Buenos Aires, con relativa frecuencia de cuadros meníngeos y bulboprotuberanciales7. Para otos autores fue, concretamente, la primer epidemia de poliomielitis en nuestra tierra8, 9 . La mayoría de los enfermitos que acudieron al Hospital de Niños fueron asistidos por Marque, quien señaló que el 70% eran menores de 4 años, con predominio de los de entre 12 y 35 meses. Aunque en esa ocasión las clases pobres y medianas fueron las más afligidas, dejaba establecido que la enfermedad no respetaba condición social. La curva estacional de frecuencia tuvo su pico en marzo. Los casos fueron aproximadamente, entre diciembre del 35 y agosto del 36, mil pacientes. Hubo una mortalidad del 6 al 7%. A partir de esta experiencia, Raúl Cibils Aguirre comunicó que había que tener en cuenta para el estudio de nuestras epidemias —conforme a las vivencias dinamarquesa y norteamericana— el acotado porcentaje de parálisis producidas durante los brotes. La electroterapia era todavía utilizada,

con gran experiencia por el propio Marque en el Niños y en el Clínicas, además de realizarla en su actividad privada: se preconizaba el método de Bordier7. Otra plaga aconteció en el conurbano en 1942 y 19437, pero la alarma por la aparición de focos de la enfermedad se produjo en distintos puntos del país. En la provincia de Córdoba, ese contexto motivó que se publicara en medios oficiales información sobre la parálisis infantil, especialmente referida a la prevención10. A partir de la preocupación que generaba la enfermedad nació ALPI en el año 1943, en el ámbito no gubernamental. Su fundador fue el Dr. Marcelo J. Fitte. La institución “[…] Era el único centro privado que atendía en forma gratuita a pacientes con discapacidades motoras y con secuelas de Poliomielitis manteniéndose únicamente gracias a la ayuda de una comunidad solidaria. Durante esos años (el) personal adquirió una gran experiencia en rehabilitación que aplicó a la atención de pacientes con diferentes grados de discapacidad motora […]”11. Para José Cibeira, ALPI fue la empresa de padres y enfermos. Marcelo Fitte la apoyó mediante el aporte de su experiencia en las salas de parálisis infantil del Hospital de Niños. Su primera presidente fue Marta Ezcurra. Dos años más tarde se crearon filiales en Santa Fe y Córdoba12. Había en Buenos Aires en los años previos a 1951 una propaganda profiláctica pública excesiva, según Garrahan. Destacó la acción social en la lucha contra la poliomielitis, llevada a cabo por Gregorio Aráoz Alfaro desde la Academia Nacional de Medicina, Obarrio y Cibils Aguirre en la Asistencia Pública de la Capital, y de Gareiso, Marque, Ruiz Moreno, Fitte y Fonso Gandolfo en el Hospital de Niños, como así también subrayó la labor de organizaciones privadas7. Hacia fines de aquel año apareció una pequeña epidemia en el NOA, Santa Fe y ciertos sectores de la región metropolitana: la Boca, San Telmo y el Dock Sud. En las casas chorizo se encontraban en las camas matrimoniales más de un chico. En algunos humildes hogares se los colocaba en canastos de panadería. El hacinamiento era común. En aquel entonces se especulaba con el siguiente mecanismo de contagio: eran habituales los juegos con cierto contacto interpersonal: bolitas, balero, pelota de trapo. No faltaba el mocoso de 4 o 5 años que en ese marco transmitía el virus a un compañerito de esparcimiento, el que a su vez —cuando entraba a la casa— se lo transfería a los hermanos menores. Se pensaba en un lapso de incubación de 15 días. De ese brote se internaron en Casa Cuna 164 chicos provenientes de Santa Fe y la zona sur mencionada, incluso de la isla Martín García. La pestilencia se extendió hasta marzo del 52. Las medidas terapéuticas se basaban en la consulta al ortopedista, quien evitaba las posiciones viciosas. Indicaban confeccionar tres largas bolsitas —con medias tres cuartos— de arena: una iba entre medio de ambas piernas, las otras a cada costado, y una almohada bajo los muslos para mantener la flexión de las rodillas; los pies de punta contra la piecera, y contraindicaban colocar la sábana encima de los miembros porque el solo peso de ella podía causar lesiones. A los 15 o 20 días se otorgaba el alta hospitalaria. A los padres se les aconsejaba

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que pasen a la sección ortopedia del hospital para la rehabilitación14. El 10 de mayo de 1952 se erigió el Centro de Rehabilitación para los Niños Lisiados (CERENIL) en la ciudad de Mar del Plata: actualmente es el Instituto Nacional de Rehabilitación del Sur12. En 1953 se registró un brote ubicado en Santa Fe, Tucumán y La Rioja8. El total de afectados en el país fue de 2.579 personas. El gráfico I ilustra lo acontecido en el Hospital de Niños, referencia nacional para la enfermedad en la época del lustro 1949-1953; puede considerarse a las internaciones en dicha institución, por ende, como muestras representativas del ciclo y del país. Las curvas indican la cantidad de internados en ese establecimiento sanitario: una la de pacientes provenientes de toda la Argentina, y la otra de enfermos oriundos de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores15. Dos picos se advierten en ellas: en 1951 y 1953, años en los que se registraron brotes. En 1950 fue una de las enfermedades infectocontagiosas presentadas como causa importante de morbilidad en la ciudad de Buenos Aires, pero con ninguna participación en el porcentual del total de defunciones en menores de un año. Cinco años después ese índice fue de 0,116.

una labor calificada en aquel entonces, fueron el Muñiz, la Casa Cuna, el Niños y el María Ferrer2. Las formas respiratorias predominaron, y la escasez de pulmotores y otros medios —en un principio— consistieron en la regla14. Fue distinguida la participación de diferentes especialistas en la ocasión. Pediatras, cirujanos, otorrinolaringólogos, ortopedistas, neumonólogos y anestesiólogos entre otros. Junto con las enfermeras, el personal técnico-mecánico de los hospitales, las voluntarias y hasta estudiantes de ingeniería conformaron un necesario equipo de salud. Importantes científicos extranjeros se hicieron presentes para colaborar en medio de la catástrofe19. Los casos registrados fueron aproximadamente 6.500 pacientes. Las tasas de mortalidad general e infantil se vieron influidas por el acontecimiento incluso en 195720. El tratamiento de la enfermedad, por aquel entonces, contemplaba desde la kinesioterapia hasta la utilización de procedimientos agresivos en la búsqueda de evitar las secuelas invalidantes. La gamma globulina era el elemento profiláctico de elección. La cama oscilante (Ilustración 2), el pulmotor y los aparatos de presión positiva, eran el recurso adecuado para resolver la incapacidad ventilatoria que producía la enfermedad en algunos pacientes8. En los 50 se habían abandonado la urotropina, el clorato de potasio, y se consideraba sin fundamento el uso del prostigmin, y a su vez arriesgado el tratamiento con toxina tetánica o curare. Se criticó el empleo de suero de convaleciente: quienes aún lo preconizaban, lo usaban en el período preparalítico —basado en criterios como el diagnóstico precoz por la clínica y ciertos elementos anormales del LCR, además de noción de epidemia—, mediante inyecciones endovenosas de 100 a 400 cm³, una o dos veces por día. Debía conseguírselo de personas sanas, menores de 16 años, con secuelas de la enfermedad, sufrida dentro de los 15 años anteriores a la obtención del suero. En su lugar podía utilizarse transfusiones de sangre de adultos sanos7.

La gran epidemia de 1956

Se produjo en un momento particular y controvertido de la historia sociopolítica argentina. Pocos meses atrás, había tomado el gobierno mediante un golpe de estado, la autodenominada Revolución Libertadora. La convulsión política, en sus diversos aspectos, monopolizaba la atención en las altas esferas del poder. Germinaban nuevas antinomias y renacía la violencia institucionalizada17. La clase media comenzaba a influir notoriamente en la economía, la política y la cultura nacionales18. El brote causó consternación y una actitud destacada de los vecinos de los zonas afectadas: medidas propias de desinfección —lavado de manos con alcohol, pintadas de veredas y árboles con cal, utilización de bolsitas de alcanfor—, aislamiento, éxodo de la población hacia sitios lejanos de los focos epidémicos. Los centros asistenciales que cumplieron

Todos los participantes en la gesta de atención de los padecientes, lo hicieron con gran desinterés y audacia. Hubo profesionales distinguidos que perdieron a sus hijos durante 19


la epidemia, o sufrieron sus consecuencias sobre ellos —esta circunstancia marcó a una generación de profesionales. Uno de ellos fue Tiburcio Padilla: falleció un hijo ya hombre. Otro renombrado colega vio afectado al suyo, quien finalmente quedó cuadripléjico. Nadie estaba a salvo del contagio21. Se destacó además la acción de ALPI, que desde entonces contribuyó con la profilaxis y el tratamiento de secuelas invalidantes2, además de inaugurar en 1957 las sedes de Jujuy y Salta, Zona Oeste, Tres Arroyos y Chacabuco12. La intromisión del marco político especificado llega hasta hoy. Desde la prosa peronista se indica que junto con la disolución de la Fundación Eva Perón, se quemaron toneladas de vestimentas, ropa de cama, instrumentos quirúrgicos y pulmotores, imprescindibles en ese momento. Y que Monseñor Plaza anunció que la epidemia de poliomielitis que soportaban los niños argentinos era el castigo de Dios por la existencia del peronismo22. Desde otra fuente se indica que “[…] Un arzobispo, olvidando que la epidemia se debía al “virus polio tipo I” explica que la enfermedad era un castigo divino por los pecados de la Argentina, en alusión al derrocamiento de Perón, del que seguía siendo partidario […]”23. En un principio el Estado no tenía a su alcance los medios a arbitrar para controlar el brote de la enfermedad, ni para tratar adecuadamente a sus víctimas. Pero también existe un consenso por parte de los participantes, en cuanto a la intervención positiva que le cupo al gobierno en un segundo tiempo de la catástrofe2, 14, 19, 20, 23. La creación de la Comisión Nacional de Rehabilitación del Lisiado fue el 23 de marzo de 1956, mediante el Decreto Ley número 9.276/56. Era un ente autárquico y descentralizado que dependía del PEN. Su primer presidente fue el Dr. Alejandro Ceballos. De su iniciativa nacieron dos centros médicos: el Instituto Nacional de Rehabilitación sito en Echeverría 955 de la Capital Federal, y el Centro Nacional de Rehabilitación Respiratoria “María Ferrer”, dirigido por el Dr. Aquiles Roncoroni. El primero de los organismos —hoy IREP, Instituto de Rehabilitación Psicofísica— fue tutelado durante treinta años por el Dr. José Cibeira, fisiatra graduado en los Estados Unidos12. En el evocado predio del Bajo Belgrano funcionaba la Ciudad Infantil “Evita” hasta

la caída del régimen peronista. Esos campos fueron, posteriormente al derrocamiento, ocupados por fuerzas militares —posiblemente de gendarmería, recuerda el Dr. Horacio Rozenwurcel, quien se desempeñó como subdirector del instituto—; tenían allí su vivac. Las desalojaron, y se adaptaron las edificaciones para su nueva función14. Esta fue la epidemia que produce mayores recuerdos en cuanto a los estragos causados por la enfermedad objeto de este trabajo, provocó comportamientos inherentes a su propio desarrollo, y tuvo implicancias en distintos campos de la conducta humana. En el gráfico II se comparan las tasas de incidencia de las tres epidemias más importantes de poliomielitis en nuestro país: las de 1936, 1953 y 1956.

La era de la prevención.

En 1953 se inició en EE.UU la experimentación —estudios de campo— con la vacuna antipoliomielítica. La Salk fue testeada satisfactoriamente en un programa de valoración efectuado en 1954-55 por Thomas Francis Jr. Hasta el 12 de abril de 1955 se ejecutaron innumerables ensayos y pruebas sobre terreno: inmunización en gran escala. Ese día, Francis —rodeado de miembros de la comunidad científica— dio a conocer al mundo, desde Michigan, los alentadores resultados2 y se liberó el producto al mercado desde entonces24, 25. Ya durante el lapso de la epidemia de 1956 —y aún antes— se manejaba información acerca de la vacuna en la Argentina8, 26, 27. Incluso habrían llegado algunas partidas para aplicar entre los médicos expuestos23. A fines de los años 50 se comenzó la inmunización con la Salk, lo que significó limitar los brotes epidémicos, que acontecieron en 1958-59 y en 1960-61. En 1964 se promovió la vacunación con la Sabín28. Significó una fuerte valoración de la inmunización “[…] probablemente por la coincidencia cronológica de la epidemia de poliomielitis de (1956) […]”29. La enfermedad, dentro de las padecimientos infectocontagiosos, participó en 1960 con una cifra del 0,5 en el porcentual del total de defunciones en menores de un año,

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y fue nula en 196516. En el gráfico III se muestran, mediante una curva, los casos totales de poliomielitis entre 1962 y 196930. Se observa una caída acentuada en la progresión descendente de la curva a partir de 1965, como consecuencia de la implementación de la Sabín un año antes.

país y propuso la vacunación OPV conjuntamente con IPV a fin de evitar la interferencia de enterovirus con poliovirus atenuado y favorecer la vacunación concurrente; se aprovecharía así el deficiente saneamiento ambiental, y se acometería la baja cobertura inmunitaria34. En la ciudad de Santa Fe, entre marzo y mayo de 1983, se observó un pequeño brote en una población pobre y marginal localizada en Villa Yapeyú —se describieron 6 casos35.

En 1969 y 1970, el viejo azote de Heine y de Mèdin, volvía a ser, a pesar de los buenos augurios que provocó la vacunación, un problema en la Capital y el gran Buenos Aires. En el hospital Ricardo Gutiérrez la mitad de los internados, 83 niños en total, durante el 70 provenían de la Capital —50% del barrio de emergencia Lacarra—, pocos casos procedían del interior del país. Las otras zonas afectadas fueron Lanús y Lomas de Zamora: la forma clínica predominante fue la espinal (72,3%); la mortalidad del 16,8% (31). Entre diciembre y febrero de esos años, se denunció otro brote en Río Negro: eran 28 casos en 52 días, más del 70% de ellos arribaban de Cipolletti —región del Alto Valle del río Negro, anunciada como de gran potencialidad económica. El estado de inmunización de los afectados era deficiente, la tasa de letalidad del grupo llegó al 32,1%, con alto porcentaje de formas respiratorias (46,4%) (30). Se ha señalado que en total, en la gran metrópoli porteña, la parálisis infantil afectó a más de 1.000 personas en los años 70-71 (32). Esa epidemia se sintió en el noroeste argentino y tenuemente en otras comarcas33. El brote que se originó en 1968 se extendió hasta 1974 por discontinuidad en los operativos de vacunación: la inmunización no alcanzaba valores importantes de cobertura, por lo que se inició una campaña intensiva de administración de la Sabín en 1971, con la cosecha de buenos frutos. La incidencia bajó drásticamente hacia 197728. Contrariamente al concepto vertido con respecto a la apreciación de la vacuna en la década anterior, se supuso que la escasa protección era consecuencia de la reticencia a la aplicación basada en el temor de la población32. Entre 1978 y 1984 el flagelo se sintió nuevamente en forma de brote en el noroeste y nordeste, con predominio serológico del tipo 133. En 1981 se recibieron pacientes de Formosa en el Gutiérrez, pues disponía de pulmotores y experiencia en el manejo del mal. En esa época Salk visitó el

La erradicación.

Situación entendida como la reducción de la incidencia de la enfermedad a cero, y con ausencia del agente causal en los reservorios naturales, se logró posteriormente al último caso registrado en nuestro país, que data de 1984: éste fue en Salta, donde se detectó a un paciente proveniente de Santiago del Estero. En el mismo año, 27 países de América también lo consiguieron mediante la cobertura vaccinal del 70%33. “[…] La Oficina Sanitaria Panamericana propuso a los países miembros encarar las actividades pertinentes a fin de Erradicar la transmisión autóctona del virus salvaje de la Poliomielitis en las Américas para 1990 […]” 36. Esta es parte de la introducción de una guía que se confeccionó durante el ministerio de Ricardo Barrios Arrechea, destinada a los directores de los establecimientos de salud, que contenía definiciones operativas para llevar a cabo los procedimientos de vigilancia y vacunación de bloqueo. En cada provincia se determinó la autoridad sanitaria a quien se debía notificar ante un caso sospechoso de poliomielitis. El Programa de Vigilancia Epidemiológica de las Parálisis Agudas Fláccidas comenzó a desarrollarse en el país a partir de 1987. Hoy continúa —con algunas reestructuraciones mediante— desplegando sus actividades bajo la órbita del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación37. Comentarios finales. La poliomielitis es una enfermedad que se considera, desde preceptos especulativos, de antigua data sobre esta tierra. Pero se remonta como entidad nosológica a fines del siglo XVIII. En la Argentina siguió los patrones universales. Sus primeras descripciones se superponen a las postrimerías de 21


Ilustración 2. Cama oscilante (gentileza del Dr. Teodoro F. Puga)

los grandes movimientos inmigratorios. El desarrollo de los brotes en eminentes localidades de carácter comercial —y de índole portuaria alguno de ellos— hizo pensar a los galenos de aquellas épocas que “[…] debe tener cierta importancia la vida agitada moderna y las relaciones comerciales, tan poderosamente desarrolladas desde el final del pasado siglo, con sus posibilidades de contacto y de infección nacionales e internacionales cada vez más intensas […]” 1. El gran incremento de la ocurrencia de poliomielitis en EE.UU se verificó en 1943, para estampar una cima en 1952: los afectados entre niños y adultos fueron 58.000 individuos, de los cuales fallecieron más del 5%24. Hubo brotes de la enfermedad en distintos rincones del orbe en los 50. La Argentina no fue la excepción. La comparación del gráfico II lo respalda. Pero Jonas Salk y Albert Sabín coronaron la labor de años y de muchos investigadores: vacunación masiva, circunscripción de los brotes, erradicación. El último caso en EE.UU

causado por virus salvaje autóctono fue en 197938. En la Argentina en 1984. A propósito de las finalidades planteadas en nuestro continente, el postrer caso denunciado en él fue el 23 de agosto de 1991, en Perú39. Nuestro país siguió el derrotero. Trajinado de atrás, pero sin dejar de forjar cada hito indispensable. Para su construcción trabajaron infinidad de hombres y mujeres, renombrados o anónimos. Se han mencionado en este escrito a algunos de ellos. A otros cabe aludirlos ahora: son los testimoniantes doctores Teodoro F. Puga y Horacio Rozenwurcel, quienes vivieron la epidemia del 56 desde adentro en Casa Cuna; y el decano de nuestra alta casa de estudios, la Facultad de Ciencias Médicas de la U.B.A, Profesor Dr. Alfredo Buzzi, que fue un destacado profesional en los comienzos del IREP. En la investigación enunciada más arriba, enriquecida por más evidencias, se imprimirán muchos otros apellidos.

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Bibliografía Argentina Peronista. Buenos Aires: Latinoamericana Editora, 2002. 23. Croce, Pablo: La Casa Cuna de Buenos Aires. Epopeya en cuatro siglos. 1ra. ed., Buenos Aires: Fundación Hospital Pedro de Elizalde ex Casa Cuna, 2007, p 170. 24. Chandler, Caroline: Hombres y mujeres famosos de la medicina modera. Buenos Aires: Plaza & Janes S. A., 1967. 25. Modlin, John: Poliovirus. En: Mandell, Gerald; Gordon Douglas, R. (h); Bennett, John: Enfermedades infecciosas. Principios y práctica. 3ra. edición, Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana, 1990. 26. Lucero, Bismarck: La vacuna contra la poliomielitis. Arch. Arg. Pediatr. (Buenos Aires) XLIV(2),1955:100-108. 27. SAP - Editorial: La vacuna Salk. Arch. Arg. Pediatr. (Buenos Aires) XLV(5),1956:293-294. 28. Programa de Vigilancia de las Parálisis Agudas Fláccidas. Ministerio de Salud de la Nación. (2007) Parálisis aguda fláccida. Poliomielitis. [en línea]. http:// www.msal.gov.ar/htm/Site/ sala_situacion/PANELES/Docs_de_interes/PAF_para_sala_ de_situaci_n_jun_2007.ppt {Consulta: 24 de mayo de 2008}. 29. Casserly, Pedro: Las vacunas y la salud pública. Arch. Arg. Pediatr. (Buenos Aires) 103(1),2005:72-76, p. 72. 30. Bertoni, M. y cols.: Brote de poliomielitis en Río Negro (Dic. 1969 – Feb. 1970). Salud Argentina (Buenos Aires) (2),1971:48-57. 31. Damonte, R.; Acosta, J.: Brote de poliomielitis en la Capital Federal y sector conurbano (Período 1969 - 1970). Rev. Htal. de Niños (Buenos Aires) XII(47),1970:195-197. 32. Ruvinsky, Raúl; Bonesana, Néstor: Historia de la pediatría preventiva y de las inmunizaciones. En: Sociedad Argentina de Historia de la Medicina. Actas del primer congreso hispanoamericano de historia de la medicina, 9 al 12 de diciembre de 1980. Buenos Aires: Imprenta Municipal, 1980. 33. Marco del Pont, José; Gentile, Angela: Consenso sobre vacunas: vacunas contra hepatitis B y vacunas antipoliomielíticas. Estrategias para su implementación. Arch. Arg. Pediatr. (Buenos Aires) 98(2),2000:138-152. 34. Testimonio del Dr. Mario F. Rípoli. 35. David, J.: Brote de poliomielitis en la ciudad de Santa Fe. Rev. Médica de Santa Fe (Santa Fe) 18(1),1985:5-7. 36. Subsecretaria de Programas de Salud, Dirección Nacional de Promoción y Protección de la Salud, Área de Vigilancia Epidemiológica e Inmunizaciones: Erradicación de la poliomielitis 1988. Guía para la Vigilancia Epidemiológica y Vacunación de Bloqueo. Buenos Aires: Ministerio de Salud y Acción Social, 1988, p. 5. 37. Información de la Dra. Mariel Caparelli. 38. Pickering, Peter y cols.: Red book. Enfermedades infecciosas en pediatría. 25ta. edición, Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana, 2001. 39. Ministerio de Salud de la Nación. (2007) Ultimo Caso de Poliomielitis en América. [en línea]. msal.gov.ar http://www.msal. gov.ar/htm/site/efemerides.asp {Consulta: 4 de junio de 2007}.

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El médico que no sólo sabía Medicina Dr. Alberto Enrique D’Ottavio (*)

“El médico que no sabe más que Medicina debe tener por cierto que ni Medicina sabe” apostillaba Don José de Letamendi i Manjarrés.

C

on ello nos alertó a los médicos del orbe que, habiendo accedido por un camino definido al ser humano, nada de éste nos podía resultar ajeno. Más aún, nos aseguraba que la Medicina proveía las llaves para abrir los cofres de multitud de expresiones científicas y artísticas, y que no había que desaprovecharlas ciñéndose estrictamente a lo disciplinar. Aforismo atribuido erróneamente, a veces, a otro insigne médico español: D. Gregorio Marañón (1887 - 1960), no ha dejado de calar hondo en quienes se han convencido de ello a cabalidad y debería servir de norte a quienes comienzan los estudios médicos. José de Letamendi i Manjarrés nació en Barcelona el 11 de marzo de 1828. Fueron sus padres: Don José de Letamendi y Borés, comisario de guerra de ascendencia vasca, y Doña Mariana de Manjarrés y Valdés, de ilustre linaje riojano. La temprana muerte paterna lo expuso a variadas dificultades económicas. Tan así es que en 1842, durante el bombardeo de Barcelona que ordenara el Regente Baldomero Espartero como represalia por la sublevación civil contra su política librecambista, su madre se vio forzada a recurrir al auxilio de la beneficencia oficial. Antes de cumplir 15 años, ayudó a su familia dictando clases privadas del primer curso de

Matemáticas, y pudo matricularse más tarde en Medicina, en la que llegó a licenciarse en Barcelona. Siendo aún estudiante, se incorporó por concurso como ayudante de disección anatómica al final de su primer curso y como segundo ayudante, también por oposición, desde la terminación del segundo curso hasta culminar su carrera médica, cuando devino primer ayudante, cargo equivalente al de profesor, A sus 29 años, ya con la borla doctoral y concurso mediante, alcanzó la responsabilidad máxima de la Cátedra de Anatomía en la Universidad de Barcelona 1, 2, 3, 4. Miembro nato de la Academia de Medicina y Cirugía de la ciudad condal, merced a su reputación profesional, integró también - en tanto galano orador - la barcelonesa Academia de las Bellas Letras 1, 2, 3, 4. Lector incansable de clásicos, prometedor escritor en prosa y verso e idóneo en su profesión le cupo destacable actuación cuando, comisionado por el gobernador de la provincia de Barcelona, acudió al pueblo catalán de San Gervasio donde una epidemia de cólera se cobraba innumerables víctimas en las clases desposeídas de esa localidad y de Barcelona en general. Renunció, entonces, no sólo a los reales de su estipendio sino a honras posteriores que intentaron rendirle 1, 2, 3, 4.

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En 1859 presidió la Comisión de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo Barcelonés que supervisó las pruebas realizadas por el abogado Narciso Monturiol Estarriol (1819 - 1885) con el primer prototipo de submarino: el Ictíneo I o la Nave - Pez 1, 2, 3, 4. En 1875 propuso en España una técnica de anestesia local aplicando objetos fríos directamente sobre el área a operar, hecho que lo ubica en la historia cronológica de la lucha contra el dolor 5. Entre creciente prestigio y honores no aceptados transcurrieron sus años hasta el traslado a Madrid en 1878, luego de sobrellevar en Barcelona una epidemia de fiebre amarilla y de proponer curas para esta enfermedad 1, 2, 3, 4. En Madrid, estableció residencia permanente y logró por concurso la Cátedra de Patología General, presidiendo el tribunal que, en 1883, concedió la Cátedra de Anatomía valenciana a D. Santiago Ramón y Cajal, con quien mantuviera, luego, una estrecha amistad 1, 2, 3, 4. En la Villa del Oso y el Madroño, llegó a ser miembro de varias academias, decano de la Facultad de Medicina y senador. Muy importante fue su gestión como decano, a cuyo respecto es de subrayar su «Memorial elevado al Excmo. Sr. Ministro de Fomento en favor de la Facultad de Medicina

de Madrid en calidad de decano de la misma» de fecha 3 de diciembre de 1890. Dice allí, entre otras reflexiones: “Ciencias son éstas cuya enseñanza resulta absolutamente incompatible con la miseria; sólo en la abundancia cabe que el físico, el naturalista o el médico den instrucción útil, pues en tales materias sólo enseña de verdad aquél que con verdad puede decir: Omnia ad experimentum possideo” 6. Predicando con el ejemplo, D. José se ocupó de materias médicas (publicó una Patología General en dos tomos 1883 y 1885 - y un Curso de Clínica General ó Canon Perpetuo de la Práctica Médica - 1894 -). Sostenía que “El médico debe conceder una importancia de primer orden al estudio del sujeto que a su cuidado se encomienda. Un enfermo es para el clínico un objeto observable, en donde a su vez se contiene un sujeto co-observador y auto-modificador. Una enfermedad es para el patólogo una aberración funcional, observada a la vez por dos sujetos (él y el enfermo); influida por dos órdenes de causas (cósmicas directas y cósmicas reflejas), y modificable por dos fuentes terapéuticas (cósmica y volitiva)” 7, 8. Representó, así, la corriente más hipocratista, defendió la variabilidad individual, un concepto integrado de la salud y enfermedad, y el papel investigador del médico general (y no sólo del profesor y médico del 25


hospital universitario). El texto es destacable porque proviene de una persona científicamente vitalista y anti-positivista que pergeñó, si bien de modo apriorístico, teorías originales y globales e incursionó, además, en la antropología (en la que basculó desde una posición predominantemente lamarckiana hacia 1868 hasta otra de raigambre más darwiniana hacia 1878), en la filosofía, la epistemología, la pedagogía, la literatura, la economía, el derecho y la música, una de sus predilectas 9, 10. En este último sentido y profundamente wagneriano, fue el primer autor extranjero que publicó en la revista del compositor alemán Bayreuther Blätter. Se trató del prólogo que Letamendi escribiera para el libro Ricardo Wagner, ensayo biográfico-crítico, deudor de Le Drame Musical de Édouard Schuré, escrito por su ex - alumno de Anatomía, Joaquín Marsillach Lleonart (1859-1883) 11. Fue, además, autor de La aparición de Ricardo Wagner deducida de la naturaleza del arte teatral (publicado el 25 de noviembre de 1877), Juicio postremo sobre Richard Wagner (publicado el 1º de mayo de 1883 en la revista quincenal catalana Hojas Musicales y Literarias de Barcelona), Una cláusula negativa del testamento de Wagner y La música del porvenir y el porvenir de mi patria (1884) (publicados en Obras Completas de José de Letamendi. 2ª edición. Est. Tip. F. Rodríguez Ojeda. Madrid, 1907). Formó parte de la delegación española del Patronato del Festival de Bayreuth, creado por Richard Wagner para sufragar el costo del estreno de Parsifal, entre 1878 y 1880 y para el periodo 188182, aunque no pudo asistir a sus representaciones como él mismo lo testifica en Una cláusula negativa del testamento de Wagner:”…de las grandes representaciones del Parsifal, nada por desgracia mía puedo decir; pues el estado de mi salud, que por espacio de dos años y medio me ha impedido emprender el menor viaje, me puso en el caso extremo de ceder á mis compañeros de suscripción la butaca mía del teatro de Bayreuth, para que en ella acomodaran sus sombreros...!”12. Como músico, actividad primordialmente desarrollada entre 1884 y 1890, es de resaltar su relación con El Escorial en cuyo monasterio estrenó Dias Irae en 1887, a propósito de cumplirse el 350º aniversario del fallecimiento de Felipe II, y Misa de Réquiem en 1888 11. Congruente con todo lo antedicho fue, también, propulsor de la musicoterapia 1, 2, 3. Pío Baroja (1872-1956), en su libro “El árbol de la ciencia” lo describe como muy delgado, escuálido, de baja estatura, con melenas grises y barba blanca. Agrega que poseía cierto tipo de aguilucho: la nariz corva, los ojos hundidos y brillantes, que vestía siempre levita algo entallada, y que llevaba un sombrero de copa de alas planas, de esos sombreros clásicos de los melenudos profesores de la Sorbona (diferente del que lo cubre en el presente dibujo pero coincidente con el que porta en otros). De modo descarnado, arremete luego diciendo: “En San Carlos corría como una verdad indiscutible que era un genio; uno de esos hombres águilas que se adelantan a su tiempo; todo el mundo le encontraba abstruso porque hablaba y escribía con gran empaque un lenguaje medio filosófico, medio literario”. Por último, cita un

dato nada menor ya que alude a un libro de Letamendi: “La aplicación de las matemáticas a la biología” en el que éste pretendía establecer un cierto paralelismo entre la biología y las matemáticas, en boga en esa época pero no por ello menos relevante 13. Sustentador del principio individualista o unitario en Medicina, suerte de neohipocratismo en el que corresponde curar de ser posible y aliviar y consolar siempre, fue, asimismo, célebre masón, precursor de la medicina psicosomática en España y enemigo de la sustitución del contacto médicopaciente por una serie de exploraciones instrumentales que, como gráficamente decía: “equivalía a cambiar el duro por calderilla” (monedas de escaso valor) 14,15. Si bien su obra ha sido calificada por algunos críticos como poco rigurosa y de carácter eminentemente especulativo no puede desconocerse su diversidad y su no acotamiento al quehacer médico. En tal sentido, existen reseñas biográficas que lo caracterizan como médico, ensayista, escritor, político, orador, pedagogo, filólogo, compositor y pintor. Falleció en Madrid en 1897. La “Revista Médica Rural. Publicación científica y de intereses profesionales” le dedicó por completo su número extraordinario en agosto de ese año 1, 2, 3. Retornando a su más que difundido aforismo y en consonancia con él, han existido 16, 17, 18: 1. médicos escritores como François Rabelais, Friedrich von Schiller, Sir Arthur Conan Doyle, Antón Chéjov, John Locke, Axel Munthe, Somerset Maugham, Santiago Ramón y Cajal, Archibald J Cronin, Janet Asimov, el precitado Pío Baroja, Gottfried Benn, Baldomero Fernández Moreno, etc.; 2. médicos músicos como Edward Jenner, quien ejecutaba el violín y la flauta aunque pasó a la posteridad como estudioso e introductor de la vacunación antivariólica; Alexander Borodin, autor de la ópera “El príncipe Igor”, René Teófilo Jacinto Laennec, Herman Ludwig Ferdinand von Helmholtz, Albert Schweitzer, el violinista L Subramaniam, el uruguayo Jorge Drexler, etc. 3. médicos pintores y/o escultores como Carl Gustav Carus, Francois Emile Camus, Paul Louis Collin, Frederic Estre, Jean Noel Halle, Ludwig Scleich, Leonid Osipovich Pasternak (padre de Boris Pasternak), Alberto Burri, John Leech, Robert Bridges, Sir Harold Gillies, Grace Pailthorpe, etc. 4. médicos educadores como John Caius y María Montessori, y 5. médicos que incursionaron en la filosofía, el deporte, el cine, la aventura, los derechos humanos, el activismo social y otras empresas de humano arraigo. Entre ellos, cómo olvidar al Dr. Esteban Laureano Maradona 6. aquéllos que sobresalieron en otros menesteres después de trajinar por la carrera médica aunque sin finalizarla; tales los casos del escritor Alfred de Musset, del músico Héctor Berlioz, que supo abandonarla por la música sin importarle que su padre médico terminara por desheredarlo, del poeta John Keats y el revolucionario científico inglés Charles Darwin. A este respecto, y pudiendo los estudios haber in-

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cidido en su producción posterior (el padecer humano deja su inexorable impronta), podríamos repetir, citando a un gran amigo médico, que quien ingresó a y holló la Medicina no egresa siendo la misma persona, haya o no concluido la empresa. De lo referido, surge de modo palmario que para quienes llegan inicialmente al ser humano para promover la salud, prevenir y curar la enfermedad y rehabilitar al paciente, nada de la humana condición puede resultarles extraño.

En suma, la mayor culturalización y humanización del médico lo acerca más comprensivamente al paciente, amplía sus horizontes personales y lo aleja con dignidad del difundido adagio de Don José de Letamendi i Majarrés, cuya idea central, empero, puede encontrase ya en el médico inglés Thomas Sydenham (1624 - 1689) quien, doscientos años antes, abundara en el mismo concepto, como ha sido examinado en la revista Medicina19.

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Impacto social de las malformaciones graves en recien nacidos Elsa Valiño

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e presenta para el análisis una paciente, atendida en el Servicio de Obstetricia del Hospital Magdalena V. de Martínez, Tigre, que en el término de dos años, da a luz dos recién nacidos con grave patología discapacitante: ciclopìa asociada a malformaciones faciales y genitourinarias, de características similares.

Antecedentes Obstétricos

Paciente de 32 años de edad, que cursa su noveno embarazo, siendo la edad gestacional de 25 semanas. Como antecedente obstétrico, seis embarazos fueron normales y los recién nacidos sin patología. En su séptimo parto el RN presentó labio leporino. En 2000 durante su octavo embarazo, no realiza ningún control prenatal, el RN presentó múltiples malformaciones de la línea media facial y genitourinarias: microcefalia, micropene, ciclopía. Este recién nacido sobrevivió una semana en Terapia Neonatal. En su noveno embarazo, con una gestación de 25 semanas, se le realiza una ecografía que informa: polihidramnios y microcefalia. A la semana se reitera nueva ecografía en la que se constata: órbita única, arrinia, probóside superior, siendo el resto de la biometría fetal acorde con la edad gestacional. Continúa el embarazo, con control obstétrico en el hospital, finalizándose el mismo a las 39,2 semanas de gesta por operación cesárea, obteniéndose feto vivo, sexo masculino,

con peso de nacimiento de 3.390 grs, corroborándose clínicamente el diagnóstico ecográfico. Este RN, presentó características físicas similares al feto nacido en 2000. Se le extrajo sangre del cordón umbilical, para estudio citogenético, falleciendo a las 12 horas de vida. En función del resultado obtenido en el estudio citogenético (cariotipo 46 xy.) se descartó el origen genético de la malformación. FETO 1°: TIPO de PARTO: Vaginal – Cefálico. FECHA DE PARTO: 20/10/00. SEXO: Masculino. PN: 3.090. EXAMEN FÍSICO: Paciente que presenta microcefalia, micropene, ciclopía y arrinia. FETO 2°: TIPO DE PARTO: Cesárea. FN: 29/8/02. SEXO: Masculino. PN: 3.390. EXAMEN FÍSICO: El paciente presentó: micropene, arrinia, probóside, Fusión de cristalino, órbita única y micropene.

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Fisiopatología

diencéfalo hasta alcanzar el ectodermo facial que lo recubre. Es este contacto el que induce la activación de esa porción de ectodermo para formar las lentes oculares. Son además las paredes de las vesículas ópticas las que se diferencian en dos capas. Las células que constituyen la capa externa producen el pigmento melanina y constituyen la retina pigmentaria. Las células de la capa interna proliferan rápidamente y se diferencian en una variedad de tipos celulares como glía, células ganglionares, interneuronas y neuronas fotorreceptoras sensibles a la luz, formando así la retina neural. Los axones que proyectan las células ganglionares se reúnen en la base del ojo para formar el nervio óptico. La Ciclopía es el más grave de los defectos o anomalías faciales que se caracteriza por el desarrollo de un solo ojo, que se ubica generalmente en el área ocupada normalmente por la raíz de la nariz y la ausencia de la nariz o una nariz en la forma de una probóscide (apéndice tubular), situada a veces por encima del ojo.

Los trastornos encefálicos son condiciones congénitas causadas por daños o desarrollo anormal del sistema nervioso. No son originados por un solo factor, sino que pueden ser provocados por condiciones hereditarias, genéticas o exposición a distintos agentes teratogénicos durante el embarazo, como: medicamentos, infección materna, radiaciones, factores ambientales. El desarrollo del cerebro o prosencéfalo en humanos, comprende una serie de fases cronológicas. 1) Fase de inducción dorsal: 3-4 semanas de gestación.

2) Fase de inducción ventral: 4-6 semanas de ges-

tación.

3) Neurogénesis: 8-16 semanas de gestación 4) Migración: 12-34 semanas de gestación.

5) Organización: De 24 semanas a postnatal.

Gen Ciclopía

6) Mielinización: De 24 semanas a 2 años de post-

Para que esa región específica del ectodermo neural se convierta en las vesículas ópticas, intervienen una serie de factores de transcripción (Six3, Pax6, y Rx1), que son los que se expresan en el extremo anterior de la placa neural. En una fase posterior, el dominio de expresión de estos factores de transcripción se bifurca en dos regiones simétricas cada una de las cuales origina una vesícula óptica. La proteína PAX6 es esencial en la formación de las lentes y la retina por lo que su ausencia afecta fundamentalmente a los ojos. Los mutantes heterocigóticos para este factor en humanos y ratón presentan ojos más pequeños, mientras que en los mutantes homocigóticos hay una ausencia de ojos. La separación de un único campo óptico en dos campos bilaterales, depende de la secreción de Sonic Hedgehog (SHH). Esta proteína interviene en el patrón de inducción ventral del prosencéfalo y permite la expresión de varios genes de desarrollo (Shh y Nick-2,2), en la región ventral del tubo neural. Son las mutaciones en el gen del SHH, o una inhibición en el procesamiento de su proteína, las causas que originarían en un porcentaje de casos, la presencia de holoprosencefalia, acompañada de ciclopía. La influencia de este gen SHH, fue corroborada, mediante dobles mutantes de ratón (en ellos la ausencia de SHH, originó la falta de división del campo óptico originando ciclopía, apareciendo una sola e indivisible vesícula prosencéfalica). Si bien algunos casos de esta patología son esporádicos en el hombre, en otros se ha detectado una condición heredable en ciertas familias. En muchas de ellas, esta patología se correlaciona con cromosomas rotos en ciertas posiciones (7q36 y 2p21). Están descritos hasta tres genes holoprosencéfalicos huma-

natal.

Cada una de estas fases se caracteriza por particulares desórdenes del desarrollo. Determinar los mecanismos por los cuales tiene lugar cada fase nos permite comprender mejor los principales trastornos que ocurren en el desarrollo del cerebro en seres humanos, tales como la anencefalia, holoprosencefalia, microcefalia, ciclopía, desórdenes en la migración celular, displasias corticales, entre otros. Durante la fase de inducción dorsal o neurulación primaria tiene lugar la formación y cierre del tubo neural, así como la aparición de tres vesículas cerebrales principales (prosencéfalo, mesencéfalo y rombencéfalo). Por ello los defectos que se originan durante la neurulación primaria, generan anomalías como: espina bífida, anencefalia, mieloceles y encefaloceles. En la fase de inducción ventral ó telencefalización, es cuando se forman los hemisferios cerebrales (telencéfalo) y el diencéfalo, las vesículas ópticas, los bulbos y tractos olfatorios, la glándula pituitaria y parte de la cara. Los trastornos que puedan ocurrir en esta fase generan holoprosencefalia, que consiste en una incompleta división del prosencéfalo en telencéfalo y diencéfalo y una hipoplasia o ausencia de los bulbos y tractos olfatorios (arrinencefalia). Los casos de holoprosencefalia suelen estar acompañados de malformaciones craneofaciales como labio leporino, malformaciones nasales, hipotelorismo (ojos anormalmente próximos) e incluso ciclopía. La Ciclopía es una rara anomalía en la cual se produce una supresión del desarrollo organogénico de la separación de los dos ojos. Las vesículas ópticas se originan durante la inducción ventral. Estas estructuras se forman expandiéndose desde el 29


nos HPE3, HPE2 y ZIC2, localizados en los cromosomas 7q36, 2p21 y 13q32, repectivamente.

Factores Ambientales

Además de los factores genéticos, los medioambientales son críticos en los casos de holoprosencefalia. Los alcaloides de la planta Veratum Californicum y los etanoles son sustancias que pueden afectar el mesodermo precordal durante la gastrulación, y a la placa neural durante la gestación. Es decir que factores de inducción del desarrollo no sólo del cerebro, sino de todo el embrión, originan patrones espacio-temporales de expresión que van a determinar los ejes morfogenéticos del individuo. De esta manera es que la organización estructural del tejido está marcada por una inducción rostral y otra caudal (eje anteroposterior) y por una inducción dorsal y otra ventral (eje dorsoventral).

Incidencia

Se estima que la holoprosencefalia afecta a 1 de cada 5.00010.000 nacidos, sin embargo su incidencia aumenta considerablemente en los embarazos que no llegan a término, el cerebro holoprosencefálico se observa con una frecuencia enormemente superior en fetos que en recién nacidos, lo cual indica que muchos de los embriones con esta malformación, acaban siendo abortados, siendo su frecuencia hasta de 1 de cada 200-250 fetos. Se debe tener en cuenta que tan sólo el 38% de los fetos diagnosticados de holoprosencefalia sobreviven al parto. La incidencia de la ciclopía es de 1 cada 100.000 nacimientos.

Causas

1 – Síndrome de alcohol fetal (exposición masiva al etanol). 2 – Se han observado crías ciclópicas en gatas tratadas con Griseofulvina. 3 – El consumo de plantas del género Veratrum entre otras, ha demostrado la gestación de individuos con taras como la ciclopía sobre todo en ovejas, aunque en general en animales de granja, cabras y llamas, por este motivo sería conveniente cuidar que este ganado no coma en pastos que puedan contener estas hierbas. 4 – Los alcaloides presentes en plantas como las del género mencionado (ciclopamina, ciclopasina y jervina), y los inhibidores de pasos tardíos de la biosíntesis de colesterol (como el triparanol), son conocidos inductores de la ciclopía.

Con el primer RN, la médica neonatóloga que estaba de guardia, al recibir al bebé, a pesar de haber nacido deprimido y con graves malformaciones incompatibles con la vida, tomó la decisión de reanimarlo, intubarlo y colocarlo en asistencia respiratoria mecánica. El nacimiento se había producido durante la noche, y al concurrir al servicio en la mañana los médicos de planta, lo primero que escucharon de parte de enfermería, fue lo siguiente: “La doctora no está en su sano juicio, miren lo que reanimó: un monstruo”. No contando el hospital con un comité de ética, se decidió con el jefe del servicio, recabar las distintas opiniones para tomar una decisión uniforme al respecto. Al solicitarle a la médica de guardia los motivos que originaron su decisión, argumentó: “Me preparé toda la vida para ayudar a vivir a recién nacidos, aún prematuros muy pequeños, no soy quién para decidir sobre el derecho a vivir o morir de ninguno de ellos. Mi verdadera función es ponerme los guantes y pelear la vida, Dios decide sobre la sobrevivencia de los pacientes, no yo.” Otro médico argumentó: “si bien estamos entrenados en la asistencia del paciente grave, no somos autómatas, también nuestra obligación es pensar en los padres y las consecuencias de nuestro accionar”. Una enfermera dijo: “No me gustaría que a un nieto mío lo reanimasen si naciera con esa patología. El paciente se extubó espontáneamente, no se volvió a intubar, se constató muerte cerebral, permaneció en incubadora con calor, al infiltrarse la vía periférica, no se volvió a intentar colocar venoclisis. El paciente falleció a los siete días de nacido. Analizando las distintas posturas, conversando reiteradamente sobre el caso, se decidió en conjunto, con el aval del jefe del servicio, no alinearse detrás del “ensañamiento terapéutico”. Los padres concurrieron a ver al bebé, también sus abuelos, se les preguntó su opinión, manifestando que no querían ninguna conducta heroica de rescate. Al nacer el feto con las malformaciones pesquisadas previamente ecográficamente, no se tomó ninguna conducta médica, más que de apoyo, falleciendo a las doce horas de nacido. Refiere la médica que estaba de guardia en esa oportunidad, (otra profesional, que a su vez, estaba embarazada), que al mostrárselo a la madre, comentó; “Es igual al anterior”.

En base a la bibliografía respecto de la ciclopía, se considera que la falla embriológica, ocurriría en esta patología en la tercera semana de gestación.

Comentario

En el Servicio de Neonatología, se suscitaron diversas conductas y cuestionamientos en el accionar médico y de enfermería con el nacimiento de estos pacientes. Médicos & Medicinas


Comentario de libros ¿Revolución en los claustros? La Reforma Universitaria de 1918 Pablo Buchbinder, Buenos Aires, Sudamericana, 2008. Haciendo honor a su apellido, Pablo Buchbinder produjo un nuevo libro, desgajado –es evidente– del que publicó en 1995 como Historia de las universidades argentinas y del que este título constituía un subcapítulo. Es indudable que la Reforma Universitaria de 1918, que se extendió por toda Sudamérica y se inició en la Universidad de Córdoba, fue un quiebre de la institución de tipo monacal. La influencia de la Iglesia Católica, a través de ese proceso de conversión religiosa de los habitantes autóctonos de los territorios americanos y aún de la misma ciencia, mantuvo su preeminencia en las actitudes de las clases altas que nos gobernaban. Bien los pinta el autor cuando describe a la sociedad secreta Corda Frates y la puja entre Enrique Martínez Paz y Antonio Nores. La ola expansiva de la Reforma llegó rápidamente a Buenos Aires, justamente, con buenos aires. El rector de su Universidad era Eufemio Uballes para quien aquella era bienvenida, como lo fue también para la mayor parte de los profesores. No obstante, procesos de agitación estudiantil de los años 1919 y 1920, que tuvieron su inicio en la Facultad de Agronomía, mostraron que los objetivos no habían sido plenamente logrados. Bien lo dice Buchbinder al final de la obra: “En definiti-

va, ni los principios ni las soluciones de 1918 son los que requieren hoy la universidad argentina, enfrentada a una encrucijada esencialmente disímil.” En definitiva, digo también, 198 páginas escritas por un historiador bien documentado, ameno y concreto. Federico Pérgola

La reforma universitaria, Su legado (1918-2008) Varios autores, Buenos Aires, Colección Histórica, 2008. Como toda obra fruto de una compilación, las opiniones de los autores pueden no concordar pero en este caso, si ello ocurre, es imperceptible. Es unánime: esta reforma que se inició en Córdoba y se extendió por toda Sudamérica y el Caribe fue significativa. La Colección Histórica rinde, de este modo, su homenaje al 90º Aniversario de la Reforma Universitaria con el sustento inapreciable de personalidades de fuste, tales como José Luis Romero, Risieri Frondizi (excepcional conductor de la Universidad de Buenos Aires), Félix Luna, Guillermo Jaim Etcheverry, Horacio Sanguinetti, entre otras figuras de no menos valor que sería ocioso mencionar. El subtítulo Su legado indica claramente que la historia no se detiene en 1918 sino que sus implicancias se proyectan y no se omiten vicisitudes –algunas realmente de inusitada gravedad– por las cuales pasaron nuestras universidades y 31


nuestros universitarios. No obstante, la obra nunca pierde su rigor histórico ni se vuelve panfletaria. El rigor crítico de los autores no epata pero advierte. Jaím Etcheverry, por ejemplo, dice: “En la nueva realidad creada por la constelación de altisonantes términos de moda, que adoptamos casi sin análisis, se destaca nítidamente la apelación a la ‘salida laboral’`. Si bien la inserción de los jóvenes en el mundo del trabajo constituye un objetivo importante de la educación, no debemos perder de vista que las grandes universidades del mundo pretenden formar ‘personas’ completas, integrantes de una dirigencia social que comparta una visión de la complejidad de este mundo.” De esta manera está señalando una pauta, un perfil del producto, que pocas veces nos detenemos a pensar. Mientras que Frondizi, casi medio siglo atrás, espeta, mientras se refiere a la universidad antes de la década del 60, que “la situación de la investigación científica era también lastimosa. Lo malo es que predominaba la simulación oficializada. Todos sabían que los llamados ‘institutos de investigación’ eran nexos burocráticos de las cátedras para justificar un aumento de sueldo del profesor, pero nadie ponía fin a ello. En 1957, en

una sola facultad (Ciencias Económicas) había veintisiete ‘institutos de investigación’; una ligera exigencia permitió reducirlos a tres. En otras facultades sucedía algo similar, si bien había rarísimas excepciones de institutos que realmente investigaban”. Lo cual revela que exámenes retrospectivos y prospectivos constituyen la impronta del compilado. Los capítulos de Romero y Sanguinetti configuran una característica más descriptiva del curso de la universidad en estos noventa años. Quiero terminar este comentario con palabras de René Balestra, a las que adhiero con fervor. “Todo esto es el numen de cualquier universidad, pero mucho más aún de la reformista, con el agregado de oro macizo de la libertad. La libertad sin la cual la reforma no existe ni puede existir […] Sócrates, tal vez junto a Da Vinci los dos hermanos mayores de occidente, dijo: ‘la clave de la felicidad es la libertad y la clave de la libertad es el coraje’. Sin el coraje de exponer la verdad propia y la verdad ajena no hay libertad, no hay felicidad, no hay universidad, no hay reforma.” Federico Pérgola

La sífilis en la medicina Antonio L. Turnes, Montevideo, Ediciones Granada, 2008.

La puntualidad, en el sentido de la certidumbre y definición de un solo tema, no es la característica de este libro. Pero ello no va en desmedro de los méritos de la obra que, por lo que comento, habla tanto de la etiología y tratamiento de la sífilis como de las teorías sobre su origen y de la historia del condón. Hace más de medio siglo que la sífilis perdió el protagonismo que la hacía única y preocupante, por lo menos desde los puntos de vista histórico y social, aunque costumbres promiscuas y el sida la han puesto nuevamente sobre el tapete. De ahí lo poco que se escriba sobre ella –por lo menos en español– en el último tiempo. El caso de Turnes es la excepción. Un volumen de 17 x 24 cm., de 240 páginas, muy documentado dan por tierra la aseveración anterior. Turnes tiene la oportunidad de alcanzar esa extensión porque, como he dicho, aborda temas disímiles y no deja resquicio sin indagar: homosexualidad masculina, servicio doméstico y sexualidad, alcoholismo, prostitución, sin dejar de hacerlo, sobre todo, en su Uruguay natal de donde proviene una buena parte de la bibliografía. La historia del condón, a la que he hecho referencia, casi un intertexto, va en el Anexo II. El autor nos ofrece testimonio de dos teorías, las conocidas, sobre el origen de la avariosis: la europea y la americana. Él se inclina por la primera. Como estoy trabajando sobre el tema, creo que los vientos han cambiado: existiría una tercera especulación o, más bien, una variante de la segunda: la enfermedad habría surgido como una mutación del

treponema que causaba las bubas del carate o mal de Pinto en la zona del Caribe cuando arribó al Viejo Continente. Curioso, pero así lo atestiguan estudios genéticos y epidemiológicos. Lo festivo de esta obra es una apología –que cierra el libro– de Francisco Esteban Acuña de Figueroa –autor de los himnos de Uruguay y de Paraguay– dedicada al ¡miembro viril masculino! Omito mencionar las características de la tapa de la publicación.

Médicos & Medicinas

Federico Pérgola


Diccionario Biográfico de Médicos Italianos hasta el siglo XIX

Laura Pérgola y Federico Pérgola

Profesor de patología y clínica dermatosifilopática de la Universidad de Sassari. Obra: Sul microbio dell’ulcera venerea, Sullo stato della milza nella sifilide acquisita, Pentosurie und Xanthoma diabeticorum, Sulla azione dei joduri sul sangue dei sifilitici, Le ricerche del diplococo di Neisser nelle adeniti blenorragiche inguinali suppurate, Lo studio istologico e clinico su di un caso di orticaria pigmentosa, Sopra un caso de granuloma tricofitico del Majocchi. Colombo Carlos: ? siglo XIX – siglo XX. Profesor auxiliar de terapéutica física de la Universidad de Roma. Fundó la Revue internationale de Thérapie physica. Obra: Contributo allo studio dell’azione fisiologica del massagio, La Kinesioterapia nei suoi rapporti con la Chirurgia, L’Istituto centrale di Terapia fisica di Roma.

Cocchi Antonio: Benevento 1695 – Florencia 1758. Filólogo. Antes de doctorarse en medicina dio clases de humanidades en Florencia. Profesor de medicina en Pisa, luego de un viaje por toda Europa obtuvo las cátedras de anatomía y cirugía en Florencia, cargos que conservó hasta su muerte. Amigo de Hasting, Newton, Boerhaave y otros, fundó –con Micheli– una sociedad botánica en Florencia y ordenó –con Targioni Tozzetti– la Biblioteca Magliabechiana. Obra: Oratio de usu Artis anatomicae (1736), Del mitto Pythagorico (1743), Dissertazione sopra l’uso esterno appresso gli antichi dell’acqua fredda sul corpo umano (1759), Graecorum Chirurgici Libri (1754), Dei vermi cucurbitini dell’uomo (1759). Cocchi Antonio Celestino: ? siglo XVIII. Profesor de botánica en Roma. Obra: Epistola ad Morgagnum de lente crystalina oculi (1721), Epistolae Physico-Medicae (1725), Oratio habita in apertiones horti botanici (1626), Lectio de musculis (1746). Cocchi Bricio: Brescia 1806 - ? 1867. Obra: Saggio di proposizioni patologiche, Sulla clorosi. Colombini Pio: Montalcino, Siena 1865 - ? siglo XX. 33

Colombo, José: Lombardía, siglo XIX – siglo XX. Obra: Sull’anatomia patologica dell’aborto, Di alcune alterazione di conformazione del cuore, Patogenesi dell’ulcera cronica e perforante dello stomaco, Cremazione e medicina. Colombo Realdo: Cremona 1516 – Roma 1559. Fue uno de los fundadores de la anatomía del siglo XVI. Estudió farmacia, anatomía y cirugía en Padua con Vesalio y J. A. Leoniens, entre otros. Según Vesalio, en un comienzo fue su discípulo y luego su ayudante, mas según Colombo sólo tomó parte en algunas disecciones públicas realizadas en Cremona. Sucedió a Vesalio en su cátedra de anatomía de Padua pero por poco tiempo. Luego se trasladó a Pisa (1545) y a Roma (1548). Allí llevó a cabo investigaciones anatómicas con Valverde de Amusco. Disponiendo de mucho material se dedicó objetivamente a estudiar la anatomía humana. Su crítica se dirigió a toda autoridad en el tema, pero la esgrimió con gran agresividad. Sin embargo, su obra no estuvo exenta de errores: no pudo imponer su doctrina sobre los músculos del ojo, sostuvo que el corazón no era de naturaleza muscular y no encontró venas ni nervios en el pene. Tiene el mérito del conocimiento exacto de la arteria vertebral y de su trayecto en la cavidad craneana, la justa noción de la posición del cristalino en el ojo y del aplanamiento de su cara anterior, así como la men-


ción del estribo. Obra: Re anatomica libri XV (Venecia, 1559). Colle Juan: Belluno 1558 – Padua 1631. Estudió medicina en Padua con Alberto Botton, Gerónimo Copivaccio y Emilio Campolvingo. Se desempeñó en Venecia durante 15 años hasta que –en 1660– el duque de Urbino, Francisco María II, lo designó su médico. Lo asistió hasta 1683, hasta que tomó una cátedra en Padua. Obra: Elucidarium Anatomicum et Chirurgicum ex Graecis, Arabicis et Latinis selectum (Venecia, 1621); De cognitu difficilibus in praxi (Venecia, 1628); Methodus facile parandi jocunda tuta et nova Medicamenta, et ejus applicatio adversus chimicos (Venecia, 1628). Comparetti Andrés: Vicinali 1746 – Padua 1801. Físico. Practicó la medicina en Venecia hasta ser nombrado profesor de la Universidad de Padua. Discípulo de Morgagni. Obra: Prodromo di fisica vegetabili (Padua, 1701); Saggio della scuola clinica nell’ospedale civile di Padua (Padua, 1795); Osservazione sulla propietá della china del Brasile (Padua, 1798); Observationes dioptricae et anatomicae comparate de coloribus apparentibus visi et oculo (Padua, 1798); La dinamica animale degli’insetti (Padua, 1880). Corradi Alfonso: Bolonia 1833 – Pavía 1892. Profesor de terapéutica, materia médica y farmacología experimental y rector de la Universidad de Pavía. Presidente de la Sociedad Italiana de Higiene. Enseñó patología general en Módena y en Palermo. Formó una importante biblioteca médica. Miembro de la Comisión de Farmacopea Oficial y del Real Instituto Lombardo de Ciencias, Letras y Artes y doctor honorario de la Universidad de Cambridge. Obra: L’ostetricia in Italia, dalla metá del secolo al presente; La Chirurgia in Italia, dagli ultimi del secolo fino al presente; Memorie per la storia dell’Universitá di Pavia e degli uomini piú illustri che v’insegnarono; Le escursioni di un medico nel “Decamerone” (obra literaria). Corradi José: Bevagna 1830 - ?. Al finalizar sus estudios se trasladó a Florencia. Distinguido clínico, inventor de instrumentos quirúrgicos. Profesor de clínica de la Universidad de Roma y del Instituto de los estudios superiores prácticos de perfeccionamiento. Obra: Etudes cliniques sur le rétrécissement de l’urethre sur la taille et sur le fistules la vagine (Florencia, 1870, premio de Argenteuil), Compendio di terapeutica chirurgica (Imola, 1876). Cortese Francisco: Treviso 1802 – Roma 1883. Profesor de anatomía y rector de la Universidad de Pavia. En 1848 fue desterrado. Regresó a Italia y entró como médico del ejército. Obra: Malattie ed imperfezioni che incagliano la coscrizione militare in Italia, Ilustrazione all’anatomia del sistema nervoso del pesci.

Cortese Pedro: Nápoles, siglo XVII. Astrónomo. Asistió a Alfonso Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla y virrey de Nápoles y Sicilia. Obra: Discursus astronomicus nonssimus (1642); Astronomiae in salvandis apparentiis codestibus, alter circa necessitatem ejus ad medicam facultatem (1645). Cortesi, Juan Bautista: Bolonia 1554 - ? 1636. Dada su gran pobreza, trabajó como barbero para finalizar su carrera. En 1583 le otorgaron una cátedra en la Universidad de Mesina, cargo que abandonó al cabo de 15 años para entrar en el Colegio de Doctores de Bolonia, donde anteriormente no se lo había admitido a causa de su humildad. Obra: Miscellanearum Medicinalium Decades duae (1625), Practique Medicinae (1631), Tractatus de vulneribus capitis (1632), De morbis incurabilibus (obra muy discutida). Corti Alfonso: ? 1822 - ? 1876. Hizo importantes estudios sobre el oído de los mamíferos y sobre la retina. Descubrió el órgano que lleva su nombre. Participó en el curso de anatomía microscópica de Panizza y fue su discípulo. Corti Mateo: Pavía 1475 – Pavía 1542. Profesor de las Universidades de Pavía, Pisa, Padua y Bolonia. Asistió a Clemente VII y lo acompañó a Marsella. Cotugno Domingo: ? 1736 - ? 1818. El más insigne de los anatomistas de Nápoles. Croce Juan Andrés: Croce D’Ampugnani ? – Venecia 1680. Obra: Chirurgia Universale…; Trattato delle ferite e di cavar le armi e le saette dalla carne, ecc. Cusina: Calabria, siglo XIV. El rey Ladislao de Durazzo –en 1404– la hizo examinar por el cirujano suplente de la corte y, aprobado el examen, fue autorizada a ejercer en cirugía en Cosenza. La reina le concedió, asimismo, el privilegio de exención fiscal y de curar a la población femenina exclusivamente, también con el fundamento de ad mulieres curandas viris sunt aptiores faeminaes. Hija de Filippo de Pastino, calderero de Dipignano, fue la única maestra en cirugía que no fue esposa de médico. D’Afflitto de Benevento Sibilla: ? - siglo XIV. Ejerció como cirujana en el reino de Nápoles, que incluía Sicilia, donde fue autorizada en 1338. De Crecchio Luis: Lanciano 1832 - ? 1894. Profesor de medicina legal de la Universidad de Nápoles y el primero en Italia en fundar un instituto de medicina legal, del cual emergieron destacados alumnos. Representante en el parlamento nacional y en varias legislaturas, en 1892 fue nominado senador del reino.

Médicos & Medicinas


Museo Houssay de Ciencia y de TecnologĂ­a

Ignacio Zohler www.capurrozohler.com.ar

Fotos de


Tango “Clínicas” de Alberto López Buchardo, dedicado a los practicantes del Hospital. En primer plano se ve al Dr. José Arce bailando y por detrás al Dr. José Ingenieros con el instrumental quirúrgico. (Gentileza y búsqueda iconográfica del Dr. Donato Depalma)

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Medicos&medicina nº24  

La epidemia de la poliomielitis ¿quebró el mito peronista: “los únicos privilegiados son los niños”?, Norma Isabel Sánchez Aspectos históri...

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