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Rosario Margarita María Salas Woocay

De cada suspiro pendiente, apenas gemía... y a mi lado estabas; y si era en el dormir, tu atención era perenne.

Tal vez tu rostro impasible ante mí, cual te mostrabas; era humedecido por llanto cuando yo no te miraba.

Un día, gracias a Dios pasado, con voz del alma clamando: –¡qué puedo hacer por ti, madre!– te escuché desesperado.

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Memorias margarita salas woocay  
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