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la emprendedora social

CARLA CAVASSA

cofundadora de Aprendo Contigo

“En este país

¡hay gente buena!” POR ANTONIO ORJEDA FOTOGRAFÍAS XIMENA BARRETO

SU LABOR COMO DIRECTORA DE NIDO FUE ALTERADA POR UNA MAMÁ QUE DEBIDO AL CÁNCER PERDIÓ A SU HIJO DE 2 AÑOS. JUNTAS HAN DESARROLLADO UN PROGRAMA QUE DIVIERTE E INSTRUYE A 500 CHICOS EN NEOPLÁSICAS Y EN EL HOSPITAL DEL NIÑO


F CARLA ÁNGELA CAVASSA CANESSA ESTUDIOS Colegio Sagrado Corazón Sophianum. Educadora del Instituto Pedagógico Nacional de Monterrico. Maestría en Terapia Familiar Sistémica por la Escuela de Formación y Asesoramiento Educativo Familiar. Diplomaturas en Tanatología y Logoterapia por la Universidad de México. EDAD 56 años CARGO Cofundadora de Aprendo Contigo y coordinadora del Área Pedagógica. Directora y copropietaria del nido Caritas Felices, además es promotora del colegio Villa Larife.

abrizio tenía 2 años cuando le detectaron cáncer. En su desesperación, Ana Fernández de Gaveglio, su madre, partió a EE.UU. con la esperanza de que en el primer mundo pudiese haber una solución. No fue así. Tuvo la sensibilidad, sin embargo, para valorar allá un programa que brindaba a los niños hospitalizados la posibilidad de jugar. En el Perú no había algo así.

Un niño enfermo, un niño postrado en una cama de hospital, pierde además las posibilidades de jugar y estudiar. Ana decidió rendirle un homenaje a su hijo y regresó decidida a actuar. Tenía en mente a los miles de niños de escasos recursos que lo debían necesitar. Buscó a Carla Cavassa, directora del nido donde ese año –el 2000- Fabrizio hubiera iniciado su vida escolar. Carla elaboró la base pedagógica. Juntas forjaron un programa que divierte y además educa a los chicos que después se reinsertarán en la escuela. Lo llamaron Aprendo Contigo. Ana transformó así su dolor. Cuatro años después partió del Perú con su familia. Carla continúa –hoy con cientos de voluntarios- sacando adelante este maravilloso programa.

llevó a la mamá de este a plantearse el desafío de crearla y la animó a ser parte de esta. Me trasladó el desafío… En cuarto de media, en el colegio, hacíamos voluntariado, y por coincidencia trabajé en el antiguo Hospital de Neoplásicas, en la Av. Alfonso Ugarte. De ahí, la universidad, el trabajo, la situación de mi entorno, hicieron que solo me dedique a trabajar, y después de muchos años, con una socia -Rosa Dalmauabrimos el jardín y, desde hace unos 15, somos además promotoras del colegio Villa Alarife. El 2000, Fabrizio aún no había ingresado al jardín, recién iba a hacerlo ese año, pero su hermano ya era exalumno. Es decir, ya conocía a sus padres; y cuando él fallece, al mes de su partida Ana me comparte su inquietud.

Aprendo Contigo nace a partir de una tragedia. Nace a partir de un gran dolor: la pérdida de un niño; y ese gran dolor se convierte en un programa que en la actualidad atiende a 500 niños, todos los días.

En su intento por salvarle la vida, partió con él a Houston. En un hospital conoció una experiencia similar a lo que hoy es Aprendo Contigo. La mayoría de hospitales en EE.UU. tiene espacios de juego. Más que para el trabajo programado de una escuela, son espacios de juego. Mientras está en tratamiento, el niño ahí puede pintar, realizar alguna actividad recreativa. Eso

No estaba en sus planes crear esta asociación. La muerte de un alumno

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Fotografías: Archivo personal

Voluntarios. No hay edad para serlo, en Aprendo Contigo los hay de 18 como de 70 años, y los niños lo agradecen.

ayuda a que se olvide de para qué está él ahí. Aquí no existía esa posibilidad. No existía hasta que el 2000 abrió nuestra primera aula hospitalaria, con el apoyo del Ministerio de Educación que nos brindó la reglamentación… No hubo apoyo económico ni de personal docente, como ocurre en otros países de Latinoamérica como Chile o Argentina. Usted tenía a su cargo este nido, ¿por qué aceptó esa nueva responsabilidad? Porque mi vocación de servicio es grande… Sentí que se trataba de un compromiso con la sociedad y conmigo misma. Llevaba muchos años formando y educando a niños

regulares, y sentí que esa era una manera de agradecer al mundo la ventaja de tener salud. Además, se me estaba dando la oportunidad de retomar lo que había hecho durante mi etapa escolar, pero ya a través de algo más puntual. Claro, porque si bien Ana Fernández tuvo la iniciativa, a usted le tocó armar el programa educativo. La parte educativa, sí. De la administrativa se encargó Ana. Fuimos un equipo, una dupla que de inmediato convocó a diez personas más y lo organizó todo. ¿Fue un acto de solidaridad con una mamá que había perdido a su hijo? Fue un acto por los niños que como Fabrizio no tenían esa posibilidad en los hospitales. Fue un acto de amor

para con él, quien se ha convertido en el símbolo de los miles de miles de niños que han pasado por nuestras manos.

con gente desconocida y además con un tratamiento intensivo que hará que pierda algunas facultades o que se decaiga, dependiendo de qué enfermedad tenga. Lo que hace Aprendo Contigo es devolver al niño la posibilidad de ser niño y de seguir estudiando, para que al término de su tratamiento pueda reinsertarse a su escuela. Muchas veces hemos recibido testimonios de maestros y padres de familia señalando que, gracias al apoyo recibido, los niños no solo han logrado reinsertarse, sino que han pasado a ser los mejores estudiantes de sus grados.

No solemos pensar en que hay niños que a causa de una enfermedad o accidente pueden terminar hospitalizados por semanas, meses… ¡Años! Lapsos de tiempo en los que pierden la posibilidad de estudiar. O sea, cuando les dan de alta –si eso ocurre-, además están desactualizados. Claro. Lo que hace la enfermedad en un niño y en un joven es quitarle la oportunidad de continuar con actividades propias de su edad: jugar e ir a la escuela; y los ubica en un lugar desconocido –un hospital-

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¿Cómo así? Casi el 60% de nuestros niños son de provincias, y muchas veces –por determinadas situaciones: lejanía de las escuelas, maestros que no están

bien preparados, inclemencias de la naturaleza… Entiendo: no se trata únicamente de niños de provincia, sino que pertenecen a familias con escasos recursos económicos. Una característica de nuestros niños es que, sean de Lima o provincia, su condición económica es de pobreza o extrema pobreza. Usted tiene un nido, a sus niños no les falta nada. ¿Fue un reto pasar a atender a menores de una condición radicalmente diferente? Es un gran reto, pero yo distingo bien el trabajo que realizamos en el centro educativo del que realizamos en las aulas hospitalarias. Recordemos que el niño es único e intransferible. Es decir: cada niño

trae sus fortalezas y sus debilidades, sea donde sea. ¿Qué hacemos las maestras? Sacar lo mejor que tenga el niño, y desde esa perspectiva, preparar los programas educativos. En niños regulares, sabemos que las dificultades pueden ser mínimas y el programa básicamente es el mismo. ¿Qué pasa en las aulas hospitalarias? Trabajamos con metodología activa y en aulas multigrados. ¿Qué significa esto? Por ejemplo, qué pasa en el Hospital de Neoplásicas, en Neutropenia, donde pueden haber doce niños… ¿Neutropenia? Neutropenia es el área donde todos los niños tienen leucemia, están con las defensas muy bajas, acaban de ingresar al hospital y reciben un tratamiento intensivo. Normalmente


“La enfermedad JAMÁS ha sido un motivo para que yo VEA AL NIÑO de un modo DIFERENTE”

se quedan poco más de un mes ahí. Es difícil el acceso: entran los padres de familia solo una vez al día, y entra solo una maestra a atender a esos doce niños. Sería una maravilla si los doce tuviesen la misma edad, ¡el programa sería más sencillo! Pero ahí tenemos a niños de tres a doce años, hombres y mujeres. Una cosa es la buena voluntad del docente y, otra muy distinta, educar a niños cuya salud está deteriorada… Sí, pero aunque te parezca mentira, el niño que es atendido a nivel pedagógico y recreativo, hace de su enfermedad una parte de su vida, pero no TODA su vida. Entonces, el voluntario, el asistente educativo, se conecta con la parte sana del niño, ¡que todos los niños tienen! O sea, no hacemos de la enfermedad del niño el centro de sus vidas. Además de educación, ustedes les inyectan esperanza. ¡Claro! Por eso nuestro lema es: Hacer del tiempo de espera, un tiempo de esperanza.

¡Qué bonito! Y recordemos que el voluntario o asistente educativo, cuya edad oscila entre los 18 y los 70 años –porque los tenemos de todas las edades, de todas las razas, de todas las situaciones económicas, de todos los credos-, recibe capacitaciones todo el tiempo -porque no todos son educadores-, sobre todo para que aprendan a crear el vínculo con cada niño y sepan reconocer si están en capacidad de hacer la tarea programada o es mejor hacer otra actividad: una manualidad, leer un cuento… ¡Esa es la capacidad que tiene un voluntario! Identificar qué es lo mejor… ¡En ese momento! No cualquiera puede ser voluntario. No. No basta la buena voluntad. Necesitas a una persona comprometida, con una madurez emocional muy grande, que sepa hacer empatía con el niño –con el dolor del niño y con la enfermedad del niño- sin tenerle compasión.

Ese detalle es clave, ¿no? Uno, sin pretenderlo, podría mirarlos con pena. Definitivamente ¡no puedes hacer eso! Porque si te conectas con la parte sana del niño… Yo llevo 13 años en esto, y puedo decirte que la enfermedad jamás ha sido un motivo para que yo vea al niño de un modo diferente. ¿Cómo se hace? Un niño con cáncer, que ya no tiene pelo, es una escena ¡muy triste! No puede haber nada más injusto que un niño padeciendo una enfermedad como esa. No es justo, pero yo no veo al niño sin pelo: veo al niño y al niño en su mundo interior y qué es lo que él te quiere transmitir. Indudablemente, él ve en tus ojos, en tus gestos, si lo rechazas o no. Lo principal es conectarse, ¿y cómo lo haces? Es tan fácil como decir: “Hola, yo me llamo


Todo por los niños. Solo en el INEN y de lunes a sábado Aprendo Contigo trabaja con 12 equipos. Carla es además coordinadora del turno de Jueves Tarde, que está integrado por (desde la izquierda): Margarita Vizcarra, Teresa Pinto, Rocio Valderrama, Claudia Cárpena, Clara Brender, María Elena Freundt, Diana Herrán y Pamela Espinoza.

Carla, ¿y tú?”. “Rafael”. “¡Qué bonito nombre: Rafael!”… A algunos será más fácil llegar que a otros, pero siempre tenemos pautas, porque la asistenta anterior te ha dejado por escrito: a Rafael le gusta jugar con la pelota, es hincha de la U… Entonces, yo ya sé y le puedo decir: “Hola, Rafael, sé que te encanta el fútbol, ¡yo soy de la U!”. El simple hecho de saber que alguien se ha preocupado por saber de él… Ya es un vínculo que te conectó y, desde esa conexión, tú puedes trabajar todo lo que quieras.

Cuando crearon Aprendo Contigo, en abril del 2000, ¿creyó que fuese a durar tanto? Ehhh… Tenía la convicción de que con el equipo humano con el que trabajamos –recuerda que hoy somos casi 230 asistentes educativos- podríamos hacerlo. Ahora, una cosa es la voluntad de servir y, otra, generar los recursos para desarrollar la propuesta. Se dice que hoy hay más empresarios socialmente responsables. ¿Ustedes pueden dar fe de ello? En todo sentido. Tenemos empresas que nos apoyan con donaciones de

libros, con dinero en efectivo, con paseos… Dentro de un mes se están yendo veinte niños a un resort en Ica, cosa que desde hace nueve años hace ese resort. Me está hablando del Hotel Las Dunas, a cargo de Liliana Picasso. Así es… Vainsa nos proporciona los muñecos que le entregamos a cada niño. Se llama Pipo, y representa al programa, a las asistentas educativas los días que no vamos -los domingos- o al papá o a la mamá cuando no están, porque ellos no duermen con los niños. Pipo no es solo un muñeco, hay todo un

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elemento emocional alrededor de él… Hay muchas empresas: Impreso, Cementos Pacasmayo, la minera Hochschild… que nos permiten seguir andando. Nosotros podemos dar fe de que los empresarios de este país están cambiando y están tomando con mayor responsabilidad temas tan delicados como la salud y la educación. Aunque definitivamente falta mucho por andar, porque de las ene empresas, son pocas las que apoyan, ¡pero hay! Hay gente en Gamarra, que sabe de nuestro programa, que siempre nos regala cosas. Es por eso que, trece años después, seguimos pese a no contar con recursos propios. Usted hace empresa, ¿dedicarse a esto no afectó el desarrollo de la misma? Siempre hay tiempo para todo. Cuando uno quiere, lo encuentra.

¿No es ese un cliché? Para nada. ¿En mi caso? No. De lo contrario no tendría tanto tiempo trabajando codo a codo con el personal que labora en las aulas. Cuatro años después de haber creado Aprendo Contigo, quien la animó a ello tuvo que partir con su familia fuera del país. Usted quedó a cargo de la nave. ¿No pasó por su cabeza: mejor dejamos esto hasta aquí nomás? No. Pasó por mi cabeza: “Este barco hay que sacarlo adelante”. Nunca. Además, no estaba sola. Éramos veinticinco, en ese entonces. Ya habíamos abierto dos aulas y estábamos por empezar la tercera. Además, las crisis te enseñan a madurar y a desarrollar capacidades que uno no creía que tenía. Eso nos convocó como grupo y nos unió mucho más. ¿Cuál es la experiencia más rica que le han dado estos 13 años? ¡Wow, qué pregunta! ¿Sabes qué? El


“SON HÉROES, son niños resilientes, capaces de AFRONTAR LA ENFERMEDAD y la muerte CON EL CORAJE que yo no he visto en muchos adultos” Fotografía: Ar chivo persona l

haber conocido ¡tanta gente buena! En este país ¡hay gente buena! En el mundo ¡hay gente buena! Aunque no se crea… Y el haber conocido a tantos niños que me han enriquecido la vida. Por eso el programa se llama Aprendo Contigo, porque no es que yo le enseñe: uno puede enseñar, pero ¡lo que recibe! Uno tiene que saber que ha recibido muchísimo de cada niño que ha pasado por Aprendo Contigo. Algunos ya partieron –son angelitos-, pero todos te dejaron una lección de vida.

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¿Cómo se enfrenta eso? Llegar, preguntar por un niño y enterarte que ha fallecido?

¿Cómo se enfrenta? Porque ese niño te dejó una lección de vida hasta el día que estuvo ahí. El niño, el joven, quiere seguir con su vida. No quiere saber que va a morir. ¡Nunca le puedes quitar la esperanza! Aún sabiendo que ya está desahuciado, porque hasta el último minuto tú estás ahí, ya sea para contarle un cuento, ya sea tomándolo de la mano, alentando a sus padres. Ustedes tienen la suerte de reunirse -de lunes a sábado- con súper héroes. ¡Sí! Son héroes, son niños resilientes, capaces de afrontar la enfermedad y la muerte con el coraje que yo no he visto en muchos adultos.

Carla cavassa  
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