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Un espejo vacío Viaje poético hacia las entrañas del Alzheimer

María José Aldunate Prólogo de Juana Castro Epílogo de Eulàlia Cucurella


Un espejo vacío Viaje poético hacia las entrañas del Alzheimer © de esta edición 2012: mtm editores Massens, 57 Barcelona 932130274 info@mtm-editor.es / www.mandalasmtm.com © María José Aldunate, 2012 © imágenes: Shutterstock © de la ilustración Tercera Parte: Mara Álvarez © dibujos: Fernando Casas Primera edición: Diciembre de 2012 ISBN: 978-84-15278-42-9 Depósito Legal: B-32243-2012 Impreso en España por Open Print Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con autorización de sus titulares, salvo excepción prevista de la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Repográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.


A Mamen, por recordarme siempre quiĂŠn soy. A Gloria Bosch, que escribe para no olvidar.


LA VOZ DEL LABERINTO “No es cierto que la poesía trate siempre de los mismos temas. No es verdad que no haya temas nuevos”. Es lo que podía leerse en la contraportada de Los cuerpos oscuros (Hiperión, 2005). Más tarde, en ciudades y recitales diversos se ha ido agrandando la nómina de libros y autores, el conocimiento de “esa enfermedad cruel, actual, tan dramática y cada vez más común, la del Alzheimer”. A la escritora Carmen Busmayor la conocí en León, con su libro Desde el Alzheimer: un relato testimonial, publicado en 1999 y reeditado en 2005. Un libro que aúna diversos géneros, del diario al relato, junto con la reproducción de dibujos y caligrafía de su madre, enferma durante 3 lustros. En 2006 el periodista y poeta Enrique Villagrasa publicó en Celya, Alzheimer: la otra voz, poesía con un apéndice explicativo acerca de la enfermedad, que padeció su padre. En 2007 entro en contacto con un poeta italiano, Alberto Bertoni, autor de Ricordi di Alzheimer, libro que recoge poemas escritos a lo largo de una década; y ya en 2011 es Manuel Vilariño quien publica Ruinas al despertar. En 2012 Alberto Ávila Morales publica Para Isabel. Gritos de amor contra el Alzheimer, fruto de una experiencia quizá más cruel, la enfermedad de su esposa. El último es también de 2012, del ovetense Juan Cobos Wilkins quien publica Para qué la poesía, con el frontal o el fondo imagístico de su madre. Por supuesto, en la bibliografía del mal de Alzheimer lo que más abundan son los libros de divulgación, de medicina o de autoayuda para cuidadores. Pero la poesía siempre se adelanta a otros géneros en su temática: después llegará la narrativa.

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Quizá, porque como explica María José Aldunate, la memoria y el olvido son materia de la poesía y quizá también porque los enfermos conservan la memoria afectiva, son capaces de reaccionar ante el amor y los afectos incluso en el último tramo de la enfermedad. Quizá porque los sentimientos que el deterioro y sus consecuencias provocan en los seres cercanos no pueden tratarse más que como ensayo o a golpe de misterio. Y de misterio sabe mucho la poesía, tanto como de silencio. Pero cabría preguntarse por qué, una vez más, siendo mayoritariamente mujeres las cuidadoras, los autores son casi todos hombres. Conozco poemas con esa temática en algunas poetas jóvenes, pero no formando libro. Mi hipótesis es que las cuidadoras no escriben poesía y, si algunas tienen cerca la enfermedad, su temática no les atrae lo suficiente, poseen “materia poética” para escribir un poema, pero no tanta como para conformar un libro. En el caso de las cuidadoras poetas, hay que tener redaños para sumergirse, todavía más, en la enfermedad, para reflexionar y volver sobre ella, a no ser para salvarse o porque no hay más remedio. A ellos, a los poetas la experiencia los zarandea tanto, los conmueve tan infinitamente, que esa circunstancia los saca de su universo y los deja a la intemperie. Quizá por eso escriben, por eso y porque acumulan más experiencia y más recursos poéticos. Pero vamos a hablar de este libro, Un espejo vacío, escrito con sabiduría y talento poéticos por María José Aldunate. Cada poema es un destello que capta momentos en la vida del protagonista, poemas construidos en primera persona, casi siempre breves y siempre significativos, porque con la reunión de todos ellos se traza un recorrido que va desde el primer síntoma, todavía con consciencia del afectado, hasta el final, cuando nada es reconocible y el camino involuciona a la inversa, siendo los pañales la señal más certera de que el final de esa vida acaba en el comienzo: 8


Ya he llegado. He llegado al pasado. Aunque aquí no están mis recuerdos, sé que llegué porque llevo pañales. Entre otros valores, este libro le da voz a quien carece de ella, los enfermos de Alzheimer, intentando hablar desde su propia experiencia, la del protagonista Andrés, e intentando también expresar, desde la observación y la imaginación, ese mundo a veces infantil y juguetón y a veces aterrador y surcado de seres desconocidos, espantosos. Y lo hace con eficacia, claridad y sin desparramarse con palabrería inútil, dejando cada poema en su esqueleto, sin recargamientos expresivos ni adjetivaciones superfluas. Un espejo vacío, su título, es ese espejo en el que Andrés va a acabar por no reconocerse ni discriminarlo de la realidad, por eso el espejo en los primeros estadios lleva el nombre en una etiqueta para que el enfermo se reconozca, pero al final desaparecen nombre y espejo, para no hacer más difícil la última travesía. No podemos saber qué sienten los enfermos, sobre todo no podemos saberlo cuando se acercan al final, cuando desaparecen no solo los recuerdos sino los pequeños saberes y destrezas de la comida, la bebida, caminar, asearse o controlar esfínteres. Pero podemos imaginarlo desde la mirada y el amor, eso que es lo único que sí se conserva y que nunca se pierde. Muy acertadamente, la autora, en la última parte, traduce la presencia de los afectos e incluso del deseo y la sexualidad en su protagonista. Y traduce el desequilibrio del lenguaje, la completa confusión, todo eso que tan bien conocen —conocemos— todas las personas que hemos vivido junto a ellos.

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Algún día sabremos más de las enfermas, de los enfermos. Cada día sabemos más de quienes los cuidan. La poesía viene a poner un poco de bálsamo, algo de belleza, una pizca de confusión, su propia empatía. La poesía, con sus silencios, sus palabras renacidas y desnacidas, su estar atenta al murmullo original y oscuro del ser, no podía permanecer silenciosa ante un mal que afecta cada vez a más personas en el mundo, ante una realidad que grita. Y así esta poesía, que empieza siendo nueva, que puede parecer nueva, no es sino un tour de force más en la pregunta inicial, existencial, de la construcción/deconstrucción de la identidad. María José Aldunate se suma a la cadena de autores ofreciéndonos su mirada y su dicción, su indispensable discernir en esa música que susurra o que alza la voz: poesía para la oscuridad. Juana Castro Córdoba, otoño 2012

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Tal vez nos vamos de nosotros mismos. Pero queda una luz, un grifo abierto, la sombra de una puerta mal cerrada. Luis GarcĂ­a Montero


INTRODUCCIÓN La enfermedad de Alzheimer es la causa de demencia más frecuente. Un trastorno degenerativo producido por la pérdida gradual de neuronas que afecta a las zonas del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Este proceso de deterioro progresivo de las capacidades cognitivas influye en todas las áreas de la vida de una persona y menoscaba su identidad, ya que estamos construidos de recuerdos, por lo que, sin recuerdos, ¿quiénes somos? La enfermedad de Alzheimer se manifiesta como una involución del desarrollo intelectual, que va desde el adulto consciente y autónomo a un recién nacido que depende absolutamente de los otros para poder vivir. Se trata de un proceso de «desaprendizaje» que recorre el camino inverso al del crecimiento. El Alzheimer coge al adulto en su edad madura y lo lleva de retorno al origen, allí donde empezó todo, un espacio en el que reinan los reflejos y donde la identidad aún está por construirse. Este camino de vuelta se desarrolla en tres estadios, aunque cada persona es diferente y la frontera entre una fase y otra no se dibuja de forma nítida. En la primera etapa hay una pérdida de memoria, junto a la percepción subjetiva de este hecho. La persona tiene dificultad para recordar sucesos de cierta importancia y para adquirir nuevos aprendizajes, lo cual hace aumentar su inseguridad. También se evidencia una ligera desorientación y

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alteraciones en el uso del lenguaje, cosa que causa una tendencia progresiva al aislamiento. Aparecen dificultades en la escritura, en el cálculo y en la destreza para operar con objetos conocidos. Se pueden manifestar cambios de personalidad, de carácter y perturbaciones del estado anímico. Todo esto produce labilidad emocional, sentimientos de culpa, sensación de inutilidad y pueden desarrollarse cuadros depresivos y de ansiedad. En la segunda etapa, la desorientación se agudiza y pueden parecer desconocidos aquellos lugares habituales; también hay confusión entre noche y día, deterioro importante de la memoria, incapacidad para reconocer personas y objetos familiares, incluso se puede llegar a desconocer la propia imagen en el espejo. La pérdida de control sobre gestos y movimientos significativos, así como el vagabundear, suelen ser frecuentes. El lenguaje se empobrece por la falta de palabras, la invención de otras, la reiteración de términos o la verborrea incoherente. Se suelen desarrollar conductas de riesgo, agresividad, agitación, fobias y obsesiones. Pueden aparecer alucinaciones y delirios. En la tercera etapa, todas las afectaciones descritas se agravan. Hay una importante alteración o ausencia de lenguaje, total desorientación del tiempo y el espacio e incapacidad de reconocimiento del propio cuerpo. Graves trastornos del movimiento y de la marcha, llegando incluso a la inmovilidad. Surge un aparente aplanamiento emocional y desconexión absoluta del mundo que lo rodea. Si bien la pérdida de memoria es absoluta en esta fase, cabe recordar que no se pierde la memoria afectiva. Un espejo vacío hace este mismo recorrido por las diferentes etapas del Alzheimer. No obstante, el viaje aquí, se realiza a bordo de la poesía, 14


navegando por el mar emocional que sus síntomas provocan. Su lectura nos lleva por las agitadas aguas interiores de quien padece la enfermedad. Un espejo vacío mira hacia adentro. Por eso está escrito en primera persona e hilvanado por un hilo conductor que salta de verso en verso, de poema en poema. Claves que involucionan al mismo tiempo que la lectura avanza. Este libro es un llamamiento a no olvidar a aquellos que ya no recuerdan. Su poesía es el puente perfecto para llenarnos de memoria. María José Aldunate

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PRIMERA PARTE

El puzle

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Hay quienes imaginan el olvido como un depรณsito desierto una cosecha de la nada y sin embargo el olvido estรก lleno de memoria. Mario Benedetti


El puzle

Alguna vez leí que morimos cuando nuestros recuerdos mueren. Yo he comenzado a olvidar ¿habré empezado a morir?

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El camino comenzó a estrecharse en aquella fiesta de cumpleaños. Todos los rostros eran familiares pero sus nombres se escabullían en el laberinto de mi memoria. Me costaba encontrarlos. Alguno se asomaba tímido detrás de la espesura del recuerdo, otros, se ocultaron definitivamente. El túnel —luminoso hasta ahora— del pasado se convirtió en un intrincado acertijo cuyos enigmas se ampliaban en la anchura de mi desconcierto.

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El puzle

Cogí el libro como cada noche, a media página tuve que volver al principio. En la segunda línea otra vez al principio. Estaba cansado. Dejé el libro. La luz tenue de la lamparita fue la primera testigo.

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Un espejo vacĂ­o

Blanca insiste. Es un ritual para nosotros: cada jueves, la sesiĂłn de las seis. Me entristece decirle que hace tiempo el tedio se sienta conmigo en la butaca.

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El puzle

—¡Me lo contaste muchas veces abuelo! Me soltó Pablito con cara de aburrimiento. No pensé en las veces que tendría que volver a ver esa expresión y alargué la sonrisa.

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Un espejo vacío. Alzheimer / mtm editores  

María José Aldunate. Se trata de un libro de poesía que enseña los síntomas de la enfermedad a través de las emociones que estos despiertan...

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