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PUERTA DEL SOL

Margarita Sim贸


Presentación La Puerta del Sol fue el centro de la ciudad entre los siglos XVI y XIX y como tal fue testigo de numerosas celebraciones y acontecimientos históricos que se vivieron con especial intensidad: 2 de mayo de 1808, proclamas políticas y constitucionales de los primeros liberales, reivindicaciones de la clase obrera... Su nombre proviene del siglo XV, de una de las puertas de la cerca bajomedieval que envolvía la ciudad y que estaba ubicada entorno a la actual plaza y orientada al Este. La gran expansión urbana que conoció la ciudad a raíz del establecimiento de la corte en 1561, fue confiriendo a la plaza el rango de centro urbano. Su simbolismo político comienza con los primeros Borbones (siglo XVIII), que deciden emplazar en el flanco sur de la plaza la Real Casa de Correos y en la vecina calle de Alcalá la Real Casa de la Aduana –hoy Ministerio de Hacienda- y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entonces la plaza no era tan representativa como ahora, tenía una forma alargada típica de las encrucijadas de caminos y estaba constituida por una edificación un tanto desordenada. Su forma actual se debe a la reforma realizada entre 1852 y 1862, que consiguió redefinir la plaza con monumental centralidad en un entorno urbano que se había configurado durante los siglos XV y XVI. Fue tan exitosa la reforma que pronto se convirtió en polo de atracción para importantes actividades comerciales, administrativas y financieras, hechos que condujeron a remodelar las calles colindantes de Preciados, Carretas, Arenal y Ancha de Peligros. Todavía hoy la Puerta del Sol y sus inmediaciones siguen siendo el centro comercial de la ciudad por excelencia, y cuenta con numerosos establecimientos típicos, con numerosos edificios de antiguas compañías que relanzaron la vitalidad económica de la capital, junto con otras construcciones que reflejan cambios en las pautas socioculturales de la ciudad del siglo XIX (palacios y teatros). Pero también, el curioso puede zambullirse en tiempos más pretéritos a través de algunos edificios emblemáticos como el Monasterio de las Descalzas Reales y la Parroquia de San Ginés. Tiendas con solera en torno a la Puerta del Sol La historia viva del Madrid castizo La Puerta del Sol constituye el epicentro de la villa de Madrid y el centro por excelencia de los comercios más tradicionales de la capital, muchos de ellos testigos mudos de acontecimientos históricos como la Guerra Civil. Durante décadas estos establecimientos han conservado el estilo de sus artículos y el sabor a tradición, por ello son varias las generaciones de clientes que acuden a estas tiendas para adquirir productos únicos en el mundo. El gusto por la tradición sigue vivo en Madrid. En la Puerta del Sol, una de las mayores zonas comerciales de Madrid, se pueden encontrar pequeños comercios con siglos de historia que siguen activos como el primer día. Son negocios familiares que fabrican sus propios artículos desde hace varias generaciones con la misma dedicación que antaño, lo que imprime al producto un cierto sabor a genuino y auténtico. Uno de esos comercios es Casa Diego, fabricantes en Valencia de abanicos, paraguas y mantones de Manila desde el año 1823. Actualmente está dirigido por Arturo Llerandi, que constituye la cuarta generación familiar al frente del negocio y como asegura él mismo: “Mis hijos pueden ser la quinta y mis nietos la sexta al frente de un negocio con el mismo apellido”. Desde hace dos siglos se dedica a la fabricación, venta y restauración de estos artículos y su experiencia en este oficio le ha llevado a trabajar para las Casas Reales de todo el mundo, incluida la española. Han sido, por ejemplo, los encargados de diseñar el abanico que portó doña Leticia Ortiz en la Boda Real. Pasteles y caramelos Sin abandonar la Puerta del Sol, en la calle Mayor se encuentra la pastelería La Mallorquina. Fundada en 1894 por el mallorquín Juan Ripoll, es cita obligada para probar sus napolitanas de crema, sus roquillas o sus chocolates. Desde entonces, y gracias a la situación privilegiada que tienen en el centro de la ciudad, todos los días se pueden ver sus mostradores repletos de madrileños que acuden a degustar sus productos. Pero hay otros lugares emblemáticos de Madrid que también han pasado a la historia por sus dulces. La Violeta (Plaza de Canalejas, 6) es desde 1915 una de las casas más conocidas por sus caramelos violetas, sus frutas escarchadas y glaseadas y sus chocolates. Hasta la tienda se acercan cada día “los clientes de toda la vida, porque al llevar casi 90 años abierta la tienda es muy conocida” asegura Mónica Prado, tercera generación al frente del comercio, quien añade “que el caramelo se ha hecho tan famoso por el tiempo que lleva abierta la tienda y como nunca se cerró, ni siquiera en la Guerra Civil, se ha convertido en toda una tradición”.


Caramelos Paco, fundada por Francisco Moreno en 1936 como un pequeño establecimiento de comestibles, se ha convertido hoy en toda una empresa de fabricación y suministros de caramelos publicitarios. Actualmente está dirigida por Francisco Moreno Vicente, siguiendo la trayectoria de su padre. Sombreros y capas Sin embargo, entre los símbolos del comercio tradicional de la capital hay que destacar los comercios que desde hace décadas contemplan bajo los edificios de la Plaza Mayor las idas y venidas de madrileños y turistas. Casa Yustas lleva desde 1984 vendiendo sombreros, gorras y efectos militares que completa con regalos de las compañías más prestigiosas del mundo como Majorica o Cedran. Hasta 1997 fue un negocio familiar. Muy cerca se encuentra sombreros y boinas La Favorita. Este comercio se dedica también desde 1894 a la venta de este producto que continúa siendo tan tradicional como el primer día. Desde una chistera o un bombín, hasta un sombrero de fieltro o una gorra de punto es posible encontrar entre su amplia gama de artículos. Volviendo sobre nuestros pasos, en la calle Mayor hay que hacer una parada en la tienda de artículos religiosos Belloso, fundada en 1893 para la fabricación y distribución de productos sacros, se ha convertido ya en toda una institución que diseña su propia línea y tiene sucursal en Zaragoza y Valencia. Otro de los referentes importantes es Capas Seseña, en la calle de la Cruz, 33. Abierta desde 1091 confecciona artesanalmente sus capas y conserva en su taller los métodos artesanales de corte y cosido a mano. Hoy la capa Seseña es reconocida como representate de la moda clásica de España y ha sido utilizada por destacadas personalidades, desde la Casa Real española, hasta Hillary Clinton pasando por artistas como Picasso, Buñuel, Rodolfo Valentino o Plácido Domingo y nombres de la literatura y el cine como Hemingway, Gary Cooper, Catherine Deneuve o Federico Fellini. Tradicional es también la administración de lotería Doña Manolita fundada en 1931 y que ha repartido importantes premios desde que se abriera en la madrileña calle Gran Vía o la mercería Ponjeros, que debe su nombre a la Plaza de Pontejos en la que se ubica, y que lleva más de cien años vendiendo todo tipo de hilos, alfileres, abalorios, pasamanería, lanas, o cintas. Los sucesores de su fundador, Antonio Ubillos, se encargan ahora de un negocio que se fundó aproximadamente en 1907. El Gato Negro, situado en la Plaza Mayor, 30, también destaca por su negocio de lanas que lleva abierto desde hace varias décadas. Son pequeñas joyas de la ciudad entre las que no se debe dejar de mencionar las tiendas de artículos religiosos y hábitos de la calle Postas, junto al Museo del Jamón. Los bazares de regalos más tradicionales de la capital en la Plaza Mayor o la guitarrería de Manuel Contreras fundada en 1962 en la calle Mayor. Como los monumentos y las estatuas, permanecen inmunes al paso del tiempo y se han convertido en un punto obligado del turismo y en parte del sabor castizo de Madrid.

Los monumentos Estatua del Oso y el Madroño Situada en la Puerta del Sol junto a la embocadura de la calle del Carmen, fue realizada en 1967 por el escultor Antonio Navarro Santafé. Representa los símbolos heráldicos de Madrid: un madroño sinople frutado de gulés, sobre el que se empina un oso. En un principio, Madrid sólo tuvo como símbolo a un oso pasante, y con esta enseña acudieron las milicias madrileñas a la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Posteriormente, y según la tradición, se sustituyó el oso pasante por un madroño y un oso empinado. Este cambio se debió a la resolución adoptada en el largo pleito que enfrentó a la Villa con el Cabildo de Curas y Beneficiados de Madrid sobre la propiedad de los pastos y arboledas. Así, se acordó que los pastos pasaran a propiedad del Cabildo y los árboles al Concejo madrileño. Desde ese momento, el Cabildo usó en su escudo el oso pasante, mientras que la Villa adoptó para el suyo el oso erguido y el madroño, enseña que venía a simbolizar que los árboles eran propiedad de la Villa. Dirección: Plaza de la Puerta del Sol, s/n.


Estatua ecuestre de Carlos III Por suscripción popular los escultores Eduardo Zancada y Miguel Ángel Rodríguez realizaron en 1994 esta estatua ecuestre de Carlos III en bronce. Esta inspirada en un modelo de estatua ecuestre de Felipe V que realizó en yeso y madera el escultor Juan Pascual de Mena en 1778, y que se conserva en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La estatua ecuestre de Carlos III tiene una altura total de 4,35 metros y está situada sobre un gran pedestal de piedra en el que figuran inscripciones alusivas a este rey y su reinado. Dirección: Plaza de la Puerta del Sol, s/n.

Real Casa de Correos La actual sede de la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid, en la Puerta del Sol, se construyó bajo el reinado de Carlos III -entre los años 1766 y 1768-, para albergar la Casa de Correos. En 1847 el edificio pasó a acoger las dependencias del Ministerio de la Gobernación y después de la guerra civil fue sede de la Dirección General de Seguridad. Obra del arquitecto francés Jaime Marquet, su construcción fue el desencadenante urbanístico de la creación, a mediados del siglo XIX, de la actual Puerta del Sol. La construcción es de planta rectangular con dos grandes patios. El exterior, de piedra blanca y ladrillo anaranjado, se compone de un zócalo almohadillado sobre el que se levanta un primer cuerpo de dos pisos. En el centro se encuentra el gran portón de entrada formando un arco de medio punto sobre el que sobresale, apoyado en cuatro grandes ménsulas con forma de cabeza de león, el balcón corrido del segundo cuerpo, que cuenta con una sola planta y un ático. Encima del balcón se levanta un altorrelieve con leones, trofeos y el escudo real de Carlos III. La elegante composición del edificio se vio alterada un siglo después con la construcción de la torreta central, en la que se instaló el famoso reloj que anuncia cada 31 de diciembre la llegada del año nuevo. Las últimas grandes obras se realizaron en 1985 para adaptar el inmueble a su función actual. Dirección: Puerta del Sol, 7.

Real Casa de Postas Esta institución estuvo durante muchos años establecida en una casa de la calle de las Postas y era muy conocida no sólo por las funciones que en ella se realizaban, sino porque en una hornacina de su fachada había una imagen de la virgen de la Soledad que era muy venerada por los vecinos de la zona y a la que se le atribuían no pocos milagros. En 1795 la Corona encargó al arquitecto Juan Pedro Arnal el proyecto de construcción de una nueva casa de postas como edificio complementario de la Real Casa del Correo, hecho que determinó que se adquirieran los solares que conformaban la manzana contigua a este edificio. La nueva Casa de Postas, construida entre 1795 y 1800 con trazas clásicas, se asentó sobre una planta irregular de cinco lados, organizada en torno a un patio central y con tan sólo dos alturas. El acceso principal se realizó a través de la fachada que embocaba en oblicuo con la calle del Correo para facilitar el tránsito de los carruajes hacia la calle Mayor. Este acceso consiste en un arco de medio punto de granito, de grandes dimensiones y ornamentado con dos columnas jónicas laterales y un arquitrabe, alcanzando originariamente la misma altura que el resto de la edificación, pues con posterioridad se añadió un piso más al inmueble y se desvirtuó tanto la entrada como la simetría de las fachadas.


En el siglo XIX en la casa se realizaba el despacho diario del correo, pero además, según nos cuenta Madoz en su diccionario estadístico de 1848, algunas de sus dependencias estaban ocupadas por las oficinas de la dirección de policía. Poco tiempo después, con motivo del traslado del Ministerio de la Gobernación a la Real Casa del Correo, el gobierno decidió emplazar en esta Real Casa de Postas el cuartel de Zaragoza, función que compartiría con las oficinas del telégrafo. En 1986 el edificio fue adquirido por la Comunidad Autónoma de Madrid y actualmente sigue albergando algunas de sus dependencias administrativas. Dirección: Plaza de Pontejos, 3, c/v Calle de San Ricardo, s/n, c/v Calle de la Paz, 2.

Papelería Bargueño Esta papelería es posiblemente una de las más antiguas que se conservan en Madrid. Fue fundada en 1862 por Gregorio González Rodríguez en un pequeño local de la céntrica calle de Carretas. Posiblemente el pintor cubista Juan Gris, hijo del fundador, aprendiera a pintar en la trastienda de este comercio, también dedicado a la venta de material de dibujo, grabados y litografías. Con posterioridad se hizo cargo del negocio la familia Bargueño y su oficio y la tienda se convirtieron en una tradición que se ha mantenido durante generaciones. Tras sus casi 140 años de historia el establecimiento sigue evocando la estética de los comercios decimonónicos, con la clásica fachada revestida de madera de pino, lunas de cristal para los escaparates y la puerta, y un elegante rótulo que da nombre al establecimiento. Dirección: Calle de Carretas, 3.

Restaurante Lhardy Esta casa fue fundada como una pastelería por el suizo Emilio Lhardy apellidado realmente Huguenin- en 1839. En su trastienda se preparaban los productos típicos de su lugar de origen, como los bollos suizos, los croissants y los canapés, una novedad en la repostería madrileña de la época. A los pocos meses, las buenas expectativas llevaron a Lhardy a ampliar el negocio e instaló una charcutería y un lujoso restaurante. Desde entonces, su casa se convirtió en lugar de encuentro y reunión de aristócratas, políticos e intelectuales y se fue haciendo costumbre degustar un buen jerez a la hora del aperitivo. También fue creciendo la fama de su gastronomía y los banquetes que se celebraban en sus salones, sobre todo en el conocido salón japonés del primer piso, y al que solían acudir con frecuencia personajes de la talla de Isabel II, Alfonso XII, Espartero, Prim, O'Donnell, Serrano y Pérez Galdós, entre otros. En 1880 el decorador Rafael Guerrero, padre de la conocida actriz María Guerrero, se encargó de dar una nueva imagen al local, resaltando la elegancia de su fachada con cristalerías y maderas de caoba traídas de la antigua colonia de Cuba. Todos estos matices han llevado a considerar a Lhardy como el primer restaurante de lujo que se instaló en Madrid, rango que conserva en la actualidad, al igual que su decoración decimonónica y su tradición gastronómica. Dirección: Carrera de San Jerónimo, 8

Pastelería del Pozo En la década de 1830 el entorno de la Carrera de San Jerónimo se convirtió en polo de atracción para numerosos establecimientos comerciales, entre los que destacaron las confiterías con sus novedosos productos de repostería. Quizá, las dos más representativas de la zona fueron Lhardy y la Pastelería del Pozo, a las que años después se sumaría la famosa Casa Mira. La Pastelería del Pozo fue fundada en 1830 con el nombre de “Horno de la calle del Pozo”. El establecimiento presenta la estética de los comercios tradicionales, con una fachada compuesta por cuarterones de madera y paños


de cristal en las puertas y el escaparate. El interior conserva el sabor de los antiguos obradores, de hecho se siguen elaborando de forma artesanal unos magníficos hojaldres que han dado fama al establecimiento. Dirección: Calle del Pozo, 8.

Casa de Isern Por encargo del sastre Tomás Isern el arquitecto Francisco de Cubas, Marqués de Cubas, construyó en 1865 esta casa con el fin de instalar en sus pisos bajo y principal el negocio de sastrería de su propietario y destinar el piso alto para su vivienda. Este edificio fue de las primeras casas neogóticas que se construyeron en Madrid, aunque hoy, tras profundas remodelaciones, sólo quedan de su aspecto original la portada con herrajes de inspiración medieval, la rejería y las decoraciones en yeso inspiradas en un gótico tardío. El resto del edificio sufrió profundos cambios en su estructura y su fachada de la calle del Pozo fue totalmente renovada. Esto no impide que la casa de Isern siga formando parte del patrimonio artístico madrileño, ya que es un de los pocos ejemplos importantes que quedan de viviendas neogóticas, pues este tipo de decoración tuvo mayor aceptación en las construcciones religiosas. Dirección: Carrera de San Jerónimo, 18.

Edificio del Banco Hispano Americano Para la construcción de esta sede bancaria se recurrió a Eduardo Adaro, arquitecto que había construido el Banco de España, profundo conocedor de la nueva arquitectura monumental y de la funcionalidad que requerían los nuevos bancos. De hecho, en la construcción de este nuevo banco, que se prolongó entre 1902 y 1905, se repiten algunas de las pautas que aparecen en el Banco de España, como el patio de operaciones bancarias de la planta baja. El edificio, en el que también intervino José López Salaberry en la dirección de obras, consta de planta baja y cuatro alturas repartidas en una fachada principal que da a la plaza de Canalejas y en otros dos cuerpos de fachada laterales que dan, respectivamente, a la calle de Sevilla y a la Carrera de San Jerónimo. En la decoración de las fachadas Adaro se inclina por la simetría y por los recursos clásicos: pilastras, semicolumnas, entablamentos, frontones curvos en los vanos, ménsulas, molduras y dos esculturas que se encuentran en el primer piso flanqueando los ángulos superiores de la puerta principal. Dirección: Plaza de Canalejas, 1.

Edificio Meneses En 1914 la viuda del financiero Meneses encargó a los arquitectos José María Mendoza y Ussía y José de Aragón la construcción de un edificio comercial, con ático reservado para viviendas, en un pequeño solar que había en la plaza de Canalejas esquina a la calle del Príncipe. Las limitaciones del solar no impidieron que al año siguiente se construyera este edificio, con tanta o más monumentalidad que el vecino edificio que había construido unos años antes el arquitecto Eduardo Adaro para el Banco Hispano Americano. La solución consistió en elevar la altura de este edificio de modestas dimensiones, consiguiendo una mayor verticalidad de la fachada por medio de la disposición de semicolumnas de órdenes clasicos gigantes entrelazadas con miradores de hierro y cristal. Además, esta perspectiva vertical quedaba remarcada con la balaustrada que remata el piso superior y el templete circular de la esquina, coronado con cúpula y sostenido, también, por un tambor encolumnado.


Este tipo de arquitectura y los materiales empleados en su construcción crearían escuela en Madrid, principalmente representada por el arquitecto Palacios Ramilo. Dirección: Plaza de Canalejas, 4 c/v Calle del Príncipe, 1.

Casa de Tomás Allende Situado en la plaza de Canalejas, durante mucho tiempo se le ha conocido también como el edificio Credit Lyonnais, debido a que en su planta baja estuvo instalada la popular entidad financiera. Promovido por Tomás Allende, fue construido como edificio de viviendas entre 1916 y 1920, según un proyecto del arquitecto Leonardo Rucabado, aunque después de su muerte culminaron los trabajos Saiz Martínez y Cabello Maíz. Se trata del típico edificio representativo de la arquitectura que surge a partir de la crisis de 1898, y que intentaba adaptar los estilos nacionales o regionales – en este caso el de la arquitectura popular santanderina- a las nuevas necesidades de la vida moderna. Compuesto por planta baja y entresuelo comerciales, dos viviendas por planta y una en el ático con torreón de esquina, destaca sobre todo la espléndida solana montañesa en la fachada de la Carrera de San Jerónimo. Dirección: Plaza de Canalejas, 3.

Palacio del Marqués de Miraflores Fue construido entre 1731 y 1732 en la Carrera de San Jerónimo por el arquitecto Pedro de Ribera para residencia del Conde de Villapaterna. La denominación de Palacio del marqués de Miraflores se dio a partir de 1817 a raíz de la concesión de este título por el rey Fernando VII al II Conde de Villapaterna. Hoy está un tanto cambiado porque en 1920 el arquitecto Eduardo Gambra y Sanz añadió una planta al edificio, lo prolongó por su parte posterior y redistribuyó su interior siguiendo criterios más funcionales. Del palacio original sólo se conservan las trazas de la fachada, salvo la parte correspondiente al piso añadido, en la que destaca su portada barroca, los enrejados del entresuelo y los adornos con molduras curvas de las ventanas. En 1976 fue declarado monumento nacional para evitar su demolición. Dirección: Carrera de San Jerónimo, 19.

Iglesia de las Calatravas Se trata de la iglesia del antiguo Monasterio Real de la Concepción, más conocido por el de las Comendadoras de Calatrava. Los orígenes de este convento se remontan a 1623, cuando las religiosas de la Orden Militar de Calatrava se trasladaron a Madrid procedentes del Almonazid de Zorita (Guadalajara), estableciéndose en un principio en el convento de Santa Isabel, y más tarde en unas casas al final de la calle Atocha. A finales del siglo XVII se trasladaron a este edificio de la calle Alcalá. El convento fue derribado durante los años de la Revolución de 1868, quedando en pie únicamente su iglesia. La iglesia se salvó del derribo gracias a la intervención que hizo Manuel Silvela en el Congreso de los Diputados el 9 de marzo de 1870, con la propuesta de conservar el convento y el templo. Tras un arduo debate con los diputados Moreno Benítez y con el Ministro de Hacienda, partidarios del derribo, el gobierno optó por una solución salomónica: conservar el templo y derribar el convento. En cuanto al edificio, fue realizado entre 1670 y 1678 según las trazas de Fray Lorenzo de San Nicolás, aunque fue terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Se trata de una iglesia de planta de cruz latina con crucero y


una cúpula monumental constituida por un tambor de ocho ventanas, cuatro abiertas y cuatro cegadas. En el interior, destaca el soberbio retablo de la capilla mayor realizado por José Benito de Churriguera entre 1720 y 1724, con esculturas de Pablo González Velázquez. En cuanto a la fachada, actualmente se encuentra muy modificada respecto a la original, ya que durante el reinado de Isabel II, el arquitecto Juan de Madrazo y Kuntz realizó una completa remodelación a instancias del rey consorte Francisco de Asís. Esta reforma consistió en aplicar un color rojizo de terracota a toda la fachada, además de introducir motivos decorativos neo renacentistas, muy inspirados en la arquitectura milanesa, como el rosetón del cuerpo central que reproduce la Cruz de Calatrava. Dirección: Calle de Alcalá, 25.

Edificio del la Unión y Fénix Español Situado en la calle Alcalá, junto a la iglesia de las Calatravas, está levantado sobre el solar de unas casas que pertenecieron al marqués de la Torrecilla (siglo XVIII). En cuanto al edificio en sí, fue construido entre 1928 y 1930 para la sociedad La Unión y el Fénix Español por el arquitecto Modesto López Otero con la colaboración de Miguel de los Santos. Este edificio funcional que imita la construcciones norteamericanas se compone de dos cuerpos sustentados por una estructura de hormigón armado y con las fachadas revestidas de piedra blanca. Uno de los elementos más llamativos y vanguardista es el cuerpo acristalado de la primera terraza del edificio, realizado por Fernando García Mercadal para acoger un restaurante. La torre también es interesante por su altura y porque está rematada por un Ave Fénix, emblema de la compañía, que realizó el escultor Camps. Dirección: Calle de Alcalá, 23.

Edificio del Banco de Bilbao La participación del Banco de Bilbao con grandes capitales en la construcción de la Gran Vía, conjuntamente con otras actividades financieras vinculadas a la capital, llevaron al ente bancario a establecer en Madrid una nueva sede. En 1919 se convocó un concurso público de proyectos para la construcción del nuevo edificio, resultando ganador el del arquitecto Ricardo Bastida y Bilbao, quien también se haría cargo de las obras entre 1920 y su conclusión tres años después. La irregularidad del solar obligó a disponer dos edificios que quedarían unidos por una rotonda cubierta y decorada con vidrieras murales, mientras que la fachada principal, de triple crujía, se compuso con columnas, capiteles y entablamentos de órdenes clásicos gigantes, estética que venía repitiendose en la construcción de edificios bancarios como el que realizaron Palacios y Otamendi para el Banco Central en la calle de Alcalá, 49. De este nuevo edificio del Banco de Bilbao destacan la bella factura y maestría de las vidrieras y murales de la rotonda central, obra de Aurelio Arteta; también merecen especial atención las esculturas de la fachada de Quintín de la Torre y, sobre todo, las dos cuádrigas monumentales que coronan ambos torreones del edificio, realizadas en bronce por Higinio de Basterra. Entre 1975 y 1981 el arquitecto Pedro Bidagor Lasarte amplió el edificio por la calle de Sevilla, siguiendo los esquemas arquitectónicos del edificio original y de su fachada principal. Dirección: Calle de Alcalá, 16 c/v Calle de Sevilla.

Palacio de la Equitativa A finales del siglo XIX, el centro de Madrid se fue convirtiendo paulatinamente en el centro financiero del país. La mayoría de los bancos y de las grandes sociedades anónimas fueron construyendo sus sedes entorno al eje formado por la plaza de la Puerta del Sol, la calle de Alcalá y el Paseo de Recoletos, siendo especialmente densa su ubicación en la calle Sevilla y sus inmediaciones. De hecho, el primer edificio que se va a construir en la zona,


en la confluencia de las calles Alcalá y Sevilla, fue la sede de la Sociedad de Seguros La Equitativa. Su construcción se realizó entre 1882 y 1891 siguiendo un proyecto del arquitecto José Grases Riera. El edificio, de un eclecticismo muy original, se levanta sobre un solar triangular muy agudo que fue aprovechado hábilmente por Riera para enfatizar su carácter monumental. En cuanto a su fachada, son varios los elementos que destacan; especialmente las ménsulas en forma de cabeza de elefante que sustentan el balcón del primer piso. También resulta muy interesante el cuerpo semicircular del ángulo de confluencia, coronado por una torrecilla con reloj y un templete. En el gran arco ciego de este cuerpo, hubo en un principio un hermoso grupo en bronce compuesto por una matrona en actitud de proteger a unos niños desvalidos. Además, al ser la Equitativa una sociedad norteamericana, hubo también un escudo de los Estados Unidos que fue arrancado por una turba furiosa al iniciarse la guerra de Cuba en 1898. A lo largo de su historia el piso principal del edificio ha tenido diversos usos: hasta 1910 estuvo ocupado por las dependencias del Casino de Madrid; posteriormente albergó a la Embajada del Japón, y finalmente, fue la sede del Círculo de Bellas Artes hasta su traslado a su nuevo edificio de la calle Alcalá y frontero a este. Por último, en 1920 el Banco Español de Crédito adquirió el edificio, encargando su reforma al arquitecto Joaquín Saldaña. Fue en esta reforma cuando se quitó el grupo escultórico de bronce del arco ciego, que fue sustituido por un letrero con el nombre del banco.

Dirección: Calle de Alcalá, 14.

Casino de Madrid El Casino de Madrid se fundó en 1836 y, tras desarrollar su actividad durante muchos años en distintos emplazamientos, es en 1903 cuando la institución decide construir una sede permanente. Para ello se adquieren los terrenos donde actualmente se ubica, en la calle de Alcalá, muy próximo a la Puerta del Sol, y se convoca un concurso en el que concurren prestigiosos arquitectos. El ganador fue Luis Esteve, que firmó los planos del proyecto, mientras que la construcción del Casino fue dirigida por José López Sallaberry, socio de la entidad a quien se deben las brillantes soluciones de la entrada, la escalera de Honor y el actual salón Real, decorado con pinturas de Romero de Torres, Anselmo Miguel Nieto y Manuel Benedito. El edificio se divide en tres cuerpos, mostrando grandes ventanales en el primero y en el último, y una elevada galería de arcos de medio punto en el central. El eje principal de la fachada se sitúa a la izquierda, donde está ubicada la entrada al Casino. El edificio se inauguró en septiembre de 1910 con un gran éxito, ya que nunca hasta entonces una entidad de carácter privado había logrado levantar un edificio de tal amplitud y magnificencia con las aportaciones económicas de los socios. Dirección: Alcalá, 15 Teléfono: 91 521 17 35 (Secretaría) y 91 521 87 00 (Servicios)

Casa de Diego Desde mediados del siglo XIX fueron proliferando en la ciudad, fundamentalmente en las inmediaciones de la Puerta del Sol, los comercios y talleres dedicados a la sastrería y sus complementos como respuesta a la creciente demanda que imponía la estética de la sociedad burguesa.


En esta dinámica, en 1858 Manuel de Diego abrió las puertas de su tienda-taller de abanicos, paraguas, sombrillas, parasoles y bastones en la calle del Carmen, sumándose a un pequeño grupo de abaniqueros que una década antes apenas sumaban la veintena. A finales del siglo XIX la buena marcha del negocio permitió a Manuel de Diego trasladar el negocio a la plaza de la Puerta del Sol, que entonces era el lugar más frecuentado de la ciudad. Hasta la actualidad el negocio ha estado regentado por los sucesores del fundador, y poco a poco han ido ampliando la oferta de complementos para el vestido, realizando, también, alguna que otra reforma en el local, como la llevada a cabo en su fachada por los daños que sufrió durante la Guerra Civil. Dirección: Plaza de la Puerta del Sol, 12.

Pasaje de Murga o del Comercio Siguiendo las modas europeas la iniciativa particular se embarcó en la construcción de innovadores pasajes comerciales como los que había en París y Londres. Estos pasajes se disponían en el interior de una manzana de casas, formando galerías transversales que comunicaban dos calles y en las que se ubicaban lujosas tiendas y acomodados cafés para un público selecto. Sólo se construyeron unos pocos: el pasaje de la Villa de Madrid, entre las calles de Espoz y Mina y la Victoria, luego reconvertido en la Nueva Galería, el Pasaje del Iris (1847) entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, y la Galería de San Felipe junto al mercado cubierto de San Felipe en la plaza de Herradores. Sin embargo, parece que esta fórmula comercial no dio los resultados que se esperaban, pues algunos de ellos no estaban ubicados con salida a las calles más frecuentadas y comerciales de la ciudad, tampoco tuvieron el favor y la acogida del público, o, como dicen algunos cronistas, no había necesidad de ellos, ya que por entonces en Madrid no se daba la espiral consumidora de otras capitales europeas. De esta época también es el Pasaje de Comercio que aquí tratamos. Fue construido en 1845 por el arquitecto Juan Esteban Puerta para el financiero Mateo Murga, de ahí que también se le reconozca con el nombre de Pasaje de Murga. La ubicación de este pasaje vino a sustituir un antiguo pasadizo que comunicaba las calles de la Montera y de Tres Cruces a través de los fondos de los patios interiores de varias casas. Las tiendas y locales se ubicaron en los entresuelos de dos galerías corridas que se construyeron a ambos lados de un largo patio al aire libre. En la actualidad el pasaje se encuentra muy cambiado ya que se han ido añadiendo plantas a las galerías corridas y paulatinamente se ha ido alterando el aspecto original del complejo comercial. Dirección: Calle de la Montera, 33, c/v Calle de las Tres Cruces, 4.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen Se trata de la iglesia del antiguo convento de San Dámaso, de religiosos carmelitas, fundado el 17 de enero de 1575 sobre una antigua mancebía de la calle del Carmen que había sido desalojada en 1541. El convento, más conocido por el nombre del Carmen Calzado, fue costeado, entre otros mecenas, por Felipe II, la princesa doña Juana de Austria, y la propia Villa, que ensanchó la calle y mejoró el emplazamiento. Exclaustrado y desamortizado en 1836, sólo siguió en funcionamiento la iglesia, ocupada y sostenida por la congregación de fieles de Nuestra Señora del Carmen. Esta iglesia, que provisionalmente albergó a la parroquia de Santa Cruz, alcanzó parroquialidad propia en el arreglo de 1891. En 1910, se fusionó con la parroquia de San Luis Obispo y quedó jurisdiccionalmente como anejo de ésta. Durante la guerra civil la parroquia de San Luis fue totalmente destruida por lo que la parroquialidad pasó definitivamente a Nuestra Señora del Carmen, título que ostenta actualmente.


En cuanto al edificio, se trata de un bello templo levantado sobre una planta de cruz latina de una sola nave y capillas a los lados. Fue construido entre 1611 y 1640 por el arquitecto Miguel de Soria, colaborando con él desde 1631 el entallador Mateo de Cortray, quien realizó las portadas laterales. En 1950, con motivo de las obras de ensanche de la calle de la Salud, se recortó la nave por sus pies y se tuvo que construir una nueva fachada en la que se ubicaría la portada barroca de la antigua parroquia de San Luis Obispo, realizada en 1714 por Francisco Ruiz. Dirección: Calle del Carmen, 10

Restaurante Casa Labra En las inmediaciones de la Puerta del Sol fue fundada en 1860 esta antigua casa de comidas, especializada en la preparación de bacalao frito y el vino tinto. Conserva su decoración original, con una fachada curva adaptada a la estructura del edificio y compuesta por cuarterones de madera y un curioso cartel de cristal con el rótulo del establecimiento. En su interior, además de su mostrador de cinc y tradicionales mesas de mármol, el visitante puede recrear la vista en las pintadas y numerosos refranes que hacen alusión a la historia del local. Y es que este restaurante ha pasado a la historia de Madrid por que en él fundo Pablo Iglesias en la clandestinidad el Partido Socialista Obrero Español, el 2 de mayo de 1879. Dirección: Calle de Tetuán, 12.

Portada de la Capilla del Monte de Piedad Situada en la plaza de las Descalzas, en la fachada trasera del edificio de Caja de Madrid, se trata de la portada de la antigua capilla del Monte de Piedad. El Monte de Piedad fue fundado en 1702 por don Francisco Piquer, Capellán del Convento de las Descalzas Reales. En 1713, Felipe V le concedió unas casas en la plaza de las Descalzas para que instalara las oficinas y una capilla para cuyo acceso, Pedro de Ribera realizó una bella portada barroca en 1733. En la década de 1960, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad decidió derribar este edificio de la plaza de las descalzas para construir uno nuevo, en cuya fachada trasera se colocó la portada de Ribera, como vestigio de aquel primitivo edificio. Dirección: Plaza de las Descalzas, 2.

Monasterio de las Descalzas Reales En la plaza de su mismo nombre, el monasterio de las Descalzas Reales se funda a instancias de la infanta doña Juana, hermana de Felipe II, sobre el solar que ocupaba un primitivo palacio de los reyes de Castilla del que se conservan el zaguán, la puerta de acceso, el patio con columnas de granito y la traza de la escalera. La transformación del palacio en monasterio fue realizada entre 1559 y 1564 por Antonio Sillero, mientras que la portada renacentista de la iglesia fue proyectada durante el mismo periodo por Juan Bautista de Toledo. Debido quizá a su condición de fundación real, el monasterio quedó al margen de la desamortización de Mendizábal de 1836, lo que le permitió conservar íntegramente un patrimonio artístico sustentado durante siglos en la gran importancia de las Descalzas Reales. La infanta doña Juana fue su primera abadesa; tras ella, la nómina de las profesas de sangre real y de familias nobles es muy extensa. Hoy, tras la austeridad de su fachada, el monasterio ofrece una de las más valiosas colecciones de arte que pueden admirarse en Madrid, con pinturas de autores como Francisco Rizzi, Zurbarán, Claudio Coello y Tiziano. Entre los muchos elementos de interés podrían citarse los salones de Tapices y de


Reyes, el llamado claustro bajo -reformado por Sabatini en el siglo XVIII-, o cualquiera de las capillas del claustro alto. Finalmente, hay que reseñar la espectacularidad de la escalera principal del monasterio, que asciende en dos tramos; su ornamentación, con los sobresalientes frescos que decoran techos y paredes, constituye una de las más valiosas muestras del barroco madrileño. Dirección: Plaza de las Descalzas Reales, 1.

Casa Palacio de la Isla Fernández En 1850 el arquitecto Manuel Heredia y Tejada construyó esta casa palacio para uso residencial, con planta rectangular, con dos alturas sobre planta baja y organizada en torno a tres patios, dos laterales y uno en la parte posterior. Este inmueble es un ejemplo importante de la arquitectura palaciega y de la estética del periodo isabelino, destaca la simetría y el rigor clasicista en la composición de la fachada, compuesta por enormes pilastras e idéntica disposición de vanos y balcones, en el primero y segundo piso, y por arcos de medio punto en la planta baja. Diez años después el edificio fue ampliado en altura por el arquitecto Manuel Martínez Puchol y con el tiempo fue destinado a diversos. Hoy en día alberga la sede de la Cámara de Propiedad Urbana. Dirección: Plaza de San Martín, 4

Casa de las Alhajas Está situado sobre el solar del antiguo monasterio de San Martín de monjes benedictinos. Este cenobio fue el primero que se fundó en Madrid, en el año 1126, con el privilegio de una Carta Puebla para poblar sus inmediaciones. Durante el siglo XIV, San Martín se convirtió en sede parroquial y llegó a ser una de las mayores jurisdicciones eclesiásticas de la ciudad. José Bonaparte mandó derribar la iglesia, situada en la fachada norte del mismo y su solar sirvió para ampliar la plaza de San Martín. En cuanto al monasterio, en 1836, durante la desamortización de Mendizábal, pasó a titularidad del Estado quien lo dedicó a diversos usos; oficinas del Gobierno Civil, Diputación Provincial, Tribunal y Bolsa de Comercio, Consejo de Sanidad, y cuartel de la Guardia Civil. Sobre el solar de éste último, demolido en 1868 durante el sexenio revolucionario, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid promovió la construcción de un nuevo edificio entre 1870 y 1875 pensado para la realización de las subastas de los objetos empeñados. De esta función le viene el nombre de Casa de las Alhajas. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad, fue el resultado de la fusión en 1869 del Monte de Piedad, (que había sido fundado en 1702 por Francisco Piquer, capellán del monasterio de las Descalzas Reales) y la Caja de Ahorros (fundada en 1838 y promovida por el marqués viudo de Pontejos, el financiero Francisco de Acebal y Azrratía, y Mesonero Romanos). El edificio, inaugurado en 1875, fue construido según un proyecto de los arquitectos Fernando Arbós y Trementi y José María Aguilar, quienes distribuyeron la planta en torno a un gran patio de operaciones con cubierta de hierro y cristal. Dirección: Plaza de San Martín, 1.

Chocolatería de San Ginés En uno de los pasadizos más antiguos de Madrid se fundó esta casa en 1890, aprovechando el local que antes ocupaba un mesón y hospedería. Su ubicación junto al Teatro Eslava y su apertura hasta altas horas de la noche le han proporcionado durante muchos años una numerosa clientela que tomó por costumbre ir a degustar su chocolate con churros después de cada función.


Hoy en día sigue siendo un local muy frecuentado y es considerado como uno de los establecimientos más tradicionales del ramo, ya que aunque se han realizado algunas reformas todavía se conserva parte de su decoración y antiguo mobiliario –mostrador y mesas de mármol, reloj de pared-.

Dirección: Pasadizo de San Ginés, 5.

Palacio del Marqués de Gaviria Situado en la calle Arenal, sobre el solar del antiguo palacio del Duque de Arcos, fue construido entre 1846 y 1847 por el arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel por encargo del banquero don Manuel de Gaviria Donza, quien llegó a ennoblecerse obteniendo el título de Marqués de Casa-Gaviria. Avalado por la enorme fortuna de su cliente, Bouquel pudo proyectar uno de los palacios más lujosos del Madrid isabelino. Sus trazas, especialmente las de la fachada a la calle Arenal, siguen el modelo de palacio italiano del Renacimiento, y más concretamente el del Palacio Farnesio de Roma, que fue realizado por Sangallo y Miguel Ángel. El modelo italiano también se sigue en el interior, destacando sobre todo la refinada decoración pictórica de los techos realizada por Joaquín Espalter y Rull, pintor de la reina. El palacio fue inaugurado en 1851 con un baile presidido por Isabel II, y al que asistieron ilustres representantes de la élite burguesa y aristocrática de la ciudad. Durante los siglos XIX y XX, el palacio ha sufrido sucesivas reformas que han alterado notablemente el proyecto original, hasta tal punto que sólo se conserva la escalera, la entrada y los salones del piso principal. Tras la última obra de Restauración realizada en 1990, tiene en la actualidad trece salas que se utilizan frecuentemente como escenario de reuniones de empresas, fiestas privadas, exposiciones, espectáculos, e incluso alberga una popular discoteca. Dirección: Calle del Arenal, 9.

Pastelería El Riojano Este establecimiento fue fundado en 1855 por Dámaso de la Maza, un pastelero afincado en Madrid que trabajaba para la Casa Real. Desde entonces, han sido varios los propietarios del negocio, pero no ha variado ni la estética del local ni sus tradicionales pasteles artesanos. El local presenta la típica fachada de los comercios del siglo XIX, un tanto restaurada después de la Guerra Civil, y donde se combinan la madera, el mármol, los escaparates de cristal y el elegante rótulo que da nombre al local. En el interior se mantiene gran parte de la decoración original, formada por molduras labradas en madera, viguetas de hierro fundido, elegantes estanterías y dos mostradores de bella factura realizados en madera y mármol de carrara. De entre todos sus productos son muy conocidas unas pastas en forma de C y sabor a limón que fueron llamadas de los consejos porque se elaboraban para servirlas cuando se celebraba el Consejo de Estado.


Dirección: Calle Mayor, 10.

Casas de Cordero Estas casas que llevan el nombre de su promotor, Santiago Alonso Cordero, fueron construidas entre 1842 y 1845 por el arquitecto Juan José Sánchez Pescador en el solar donde estuvo emplazado el convento de San Felipe el Real, fundado en 1547, desamortizado en 1836 y derribado en 1838. Fue el primer gran edificio de viviendas que tuvo la ciudad, consta de cuatro alturas sobre planta baja y presentaba una distribución de las viviendas ajustada a los distintos perfiles sociales y económicos de la época, localizándose las viviendas más lujosas en la parte central del edificio. Cuando se produjo la reforma de la Puerta del Sol, entre 1852 y 1862, se consiguió crear ese espacio público representativo que buscaba la clase política liberal, en parte gracias a las Casas de Cordero, pues el arquitecto Lucio del Valle unificó arquitectónicamente el conjunto de edificaciones de la plaza, tomándolas como modelo. Si observamos detenidamente la Puerta del Sol resulta que todas y cada una de las fachadas que dan a esta plaza tienen la misma altura y la misma disposición ordenada de vanos, balcones y pilastras que las Casas del Cordero. Como anécdota cabe decir que todavía se conserva en la esquina de las calles Mayor y de Esparteros el escudo del promotor de este edificio, en el que además estuvo mucho tiempo ubicado el Café Nuevo del Pombo. Dirección: Calle Mayor, 1, c/v Calle de Esparteros, 3 y 5, c/v Calle del Marqués viudo de Pontejos, 2, c/v Plaza de Pontejos, 2 y c/v Calle del Correo, 2.

Teatro Alcázar Fue construido en 1921 por Eduardo Sánchez Eznarriaga. Inicialmente se le conoció como Palacio de los Recreos albergando un teatro, una sala de fiestas y salones para tertulia. Tras una reforma en 1924, el edificio se convierte en el Cine-Teatro Alkázar, siendo inaugurado el 27 de enero de 1925 por la Compañía del señor Cadenas, poniendo en escena Madame Pompadour. El 1 de julio de 1940 se sustituye la k por la c, cambiando a Teatro Alcázar, nombre que sigue llevando en la actualidad. Dirección: Calle de Alcalá 20.

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando El 13 de julio de 1744, el rey Felipe V fundó una Academia de bellas artes similar a la que ya existía en otros países europeos, y cuyo objeto no sería otro que el perfeccionamiento y estudio de las tres nobles artes de pintura, escultura y arquitectura. Su primera reunión se produjo cinco días más tarde en el domicilio de D. Juan Domingo Olivieri, escultor de la Real Casa, y el 1 de septiembre siguiente se celebró su primera junta general en unas salas del piso principal de la Real Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor. El reinado de Fernando VI va a ser determinante para la Academia, en 1747 se puso bajo patrocinio de San Fernando, el 5 de abril 1751 se aprobaron sus primeros estatutos, y el 12 de abril de 1752, un Real Decreto la erigía definitivamente dotándola de una estabilidad permanente y denominándola Real Academia de Nobles Artes de San Fernando. En 1773, durante el reinado de Carlos III, la Academia va a pasar a su emplazamiento actual en la calle Alcalá, y que en ese momento estaba ocupado por el Gabinete de Historia Natural.


En 1873, durante la Primera República, cambió su denominación por la de Academia de Bellas Artes de San Fernando, y posteriormente, con la Restauración de Alfonso XII adoptó su nombre actual de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En cuanto al edificio, fue construido entre 1724 y 1725 por el arquitecto José Benito Churriguera como casapalacio de Francisco Miguel de Goyeneche, conde de Saceda y marqués de Belzunce. Posteriormente sirvió de estanco de tabaco y Gabinete de Historia Natural, hasta que en 1773 pasa a albergar a la Academia. Esta adquisición motivó una renovación del edificio por parte del arquitecto Diego de Villanueva quien limpió la fachada de todos aquellos elementos demasiado barrocos y que la Academia consideraba prescindibles. Monumento Nacional desde 1971, fue restaurado entre 1974 y 1985 por el arquitecto Fernando Chueca Goitia. Dirección: Calle de Alcalá, 13.

Real Casa de la Aduanera El edificio del Ministerio de Hacienda, que se levanta en la calle de Alcalá, fue encargado por Carlos III al arquitecto italiano Francisco Sabatini, uno de los artistas más prestigiosos del siglo XVIII, que dejó también su impronta en el Palacio Real. De estilo neoclásico e inicialmente proyectado y utilizado como Casa de Aduanas, se construyó entre 1761 y 1769. Desde 1845 es sede del Ministerio de Hacienda. El edificio tiene una estructura simétrica con tres patios, uno central porticado -que da acceso a una escalera imperial de piedra-, y dos laterales en la parte anterior divididos por un gran vestíbulo. La fachada tiene un diseño palaciego italiano, de piedra y ladrillo, y está compuesta por un primer cuerpo de zócalo almohadillado en el que se abren tres entradas bajo arcos de medio punto. Encima de la puerta central se observa un balcón corrido sobre el que aparecen la Fama y un genio sosteniendo el escudo regio. Un segundo cuerpo, rematado con una amplia cornisa, incluye dos pisos y un ático con pequeñas ventanas. En 1944 Miguel Durán Salgado realizó una ampliación del inmueble, utilizando para la nueva fachada del edificio auxiliar la portada del destruido palacio del Marqués de Torrecilla, obra de Pedro de Ribera. Dirección: Alcalá, 5.

Iglesia Parroquial de San Ginés Situada en la calle Arenal, poco sabemos de su origen y fundación. Dedicada a San Ginés de Arlés, pudo ser en sus orígenes una antigua ermita ya existente a finales del siglo XIII, y entorno a la cual se fue estructurando posteriormente el llamado arrabal de San Ginés. No obstante, el primer documento que tenemos sobre su existencia es de la segunda mitad del siglo XIV, más concretamente una bula papal de Inocencio VI que data de 1358, y que concedía indulgencia a las personas que diesen limosna a la fábrica de la iglesia porque, según nos cuenta González Dávila, "habían robado su sacristía los moros y los judíos". Del primitivo templo poco más podemos decir, únicamente que la capilla Mayor fue construida en 1453 bajo el patronato de los esposos Gómez y María Guillén. En 1642, con la destrucción de dicha capilla, se dio el paso para la construcción del edificio actual puesto que fue necesario derribar toda la iglesia. Así, en 1645, y mediante la donación de setenta mil ducados realizada por un tal Diego de San Juan, devoto y rico parroquiano, el maestro Juan Ruiz levantó un nuevo templo, que tras algunas modificaciones durante el siglo XVIII y una restauración realizada tras el incendio de 1824 que destruyó toda la cabecera, han conferido al edificio su aspecto actual. Se trata de una iglesia de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula. En el exterior, destaca la fachada a la calle Arenal, con la lonja de entrada, y que fue realizada durante el siglo XIX por José María Aguilar en estilo neoplateresco. En su interior, merece citarse la capilla del Santo Cristo, de origen incierto, aunque también se sabe que fue reconstruida por Juan Ruiz en 1656. En esta capilla, se haya una imagen de Cristo, ejecutada por el escultor Alfonso Vergaz, y que llegó a ser una de las más veneradas de la Villa.


Por último, decir que durante el Antiguo Régimen llegó a ser una de las parroquias más importantes de Madrid, tanto en población y recursos como en extensión, ya que su feligresía se extendía desde la calle Arenal hasta el Prado de Recoletos, en el límite noreste de la ciudad. Dirección: Calle del Arenal, 13

Edificio del Teatro Eslava Situado en la calle Arenal, fue construido por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos en 1870 a iniciativa del empresario Bonifacio Eslava. El edificio, que se levantó entorno a un solar rectangular y con una capacidad para 1200 espectadores fue inaugurado el 30 de septiembre de 1871 como salón de conciertos y almacén de instrumentos musicales. Tras una serie de reformas en 1950 y 1979, actualmente alberga la discoteca Joy Eslava. Dirección: Calle del Arenal, 11.

Edificio de la Compañía Colonial Este edificio comercial, también conocido como Conrado martín, S.A., se instaló en 1909 sobre un antiguo edificio de viviendas de la calle Mayor, que previamente había sido reformado por los arquitectos J. Pedro y Miguel Mathet. Esta reforma, de gustos modernistas cercanos al “art nouveau”, tuvo tan buena acogida por la crítica que llegó a solicitarse para sus artífices el premio del Ayuntamiento de Madrid a la mejor fachada construida en la ciudad en el año 1908. Casi un siglo después el edificio conserva su aspecto original y sigue acogiendo una ferviente actividad en sus tiendas y oficinas. Dirección: Calle Mayor, 16 y 18.


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