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LA GRAN VÍA

Margarita Simó


Presentación La apertura de la Gran Vía fue la actuación urbanística más importante que se realizó en Madrid entre 1910 y 1930, y consistió en crear una gran avenida que atravesara el casco antiguo de Madrid para unir los barrios de Salamanca y Argüelles. Al concebirse la Gran Vía como una zona de ocio, como escaparate de nuevas y pujantes actividades comerciales y entrada del cosmopolitismo de entreguerras, a ambos lados de su trazado empezaron a construirse edificios monumentales para sociedades financieras, cines, teatros, hoteles, restaurantes, salas de fiesta típicas de los llamados “locos años 20”, y todo ello con un toque muy a lo Broadway. El propio Hemingway decía que la Gran Vía era una mezcla entre Broadway y la Quinta Avenida. En la actualidad sigue siendo polo de atracción para los visitantes y los propios madrileños, pues a lo largo de su recorrido hay una amplia oferta comercial y de ocio, además de contar con un patrimonio cultural e histórico en gran parte de sus edificaciones, en su día escaparate de la modernidad de Madrid. Si lo que se pretende es realizar algunas compras, nada mejor que dirigirse a las numerosas tiendas y grandes almacenes que se encuentran en el triángulo formado por la Red de San Luis y las plazas de la Puerta del Sol y Callao. Algunos urbanistas han considerado la apertura de la Gran Vía como una simple operación de fachada, pues a ambos lados de la avenida se dispone una morfología urbana y un trazado viario conformado durante los siglos XVI y XVII. Pero para la historia de la ciudad, su apertura constituyó un punto de inflexión entre el casticismo y la modernidad. Gran Vía: Ayer y hoy Principal arteria de Madrid, la Gran Vía se ha convertido en la principal seña de identidad de sus ciudadanos. Tiendas, cafés, cines, bares, teatros, bancos, fachadas históricas, restaurantes de comida rápida... se concentran en una sola calle de Madrid. Al igual que la Quinta Avenida en Nueva York, los Campos Elíseos en París o Las Ramblas de Barcelona, la Gran Vía es, tras más de un siglo de historia, la arteria más importante de la capital, el corazón latente de una ciudad en la que confluyen todo tipo de establecimientos y transeúntes. Durante todo el siglo XX, la Gran Vía ha sido testigo de excepción de gran parte de la historia de Madrid y de la evolución económica y social de una ciudad que se ha convertido en la actualidad en una de las capitales más modernas y cosmopolitas del mundo. La apertura de la Gran Vía fue la operación urbana y de renovación del casco antiguo más importante de innovadora que se había realizado en España hasta ese momento. Los costosos trámites y procesos de expropiación condenaron el proyecto al fracaso, sin embargo, el proyecto nunca cayó en el olvido, e incluso fue recogido por el teatro popular en la zarzuela La Gran Vía, estrenada el 2 de enero de 1886 en el Teatro Felipe con música del maestro Chueca. El Ayuntamiento de Madrid decidió aprobar definitivamente la apertura de la Gran Vía con la Ley para la Construcción de Grandes Vías de 1904. La gran avenida se divide en tres tramos: el primero desde la calle de Alcalá hasta la Red de San Luis; el segundo seguía la calle de Jacometrezo hasta la plaza de Callao, y por último, el tercero, prolongaba la calle de Preciados hasta la plaza de San Marcial (hoy plaza de España).

Testigo de la historia La historia de Gran Vía encierra un sinfín de anécdotas: su inauguración en 1910 por parte del Rey Alfonso XIII; los paseos del general Franco con los presidentes norteamericanos Eisenhower, Nixon y Ford; los primeros concesionarios de coches Fiat y Ford; el primer ascensor; las boutiques más lujosas (al estilo de París y Londres); los primeros escaparates; los monumentales cines; las terrazas de los bares ubicadas en plena calle; los policías con porra que paraban los coches para ceder el paso a los peatones; o llegando a la actualidad, el paso de los Príncipes de Asturias por las principales calles de Madrid tras su boda el 22 de mayo en la Catedral de la Almudena. Aunque sus monumentales edificios siguen igual, hay muchas cosas de entonces que no tienen nada que ver con la Gran Vía actual. A principios de siglo, contaba con un parque automovilístico de 25 coches; después fue necesario crear el primer código de circulación ante el incremento de circulación, para llegar hoy, cuando entre 50.000 y 70.000 coches (según el tramo) circulan diariamente por la Gran Vía.


Durante las primeras décadas del siglo XX, la sociedad madrileña se fue modernizando, los Almacenes MadridParís se inauguraron en 1924, y nueve años después fueron adquiridos por una Sociedad Española de Precios Únicos (SEPU). Los almacenes SEPU tuvieron un lugar destacado en el corazón de todos los madrileños hasta el año 2003, cuando cerraron y fueron sustituidos por una conocida cadena nórdica de ropa. Una calle llena de contrastes Tanto en el pasado como en el presente, los cines ocupan un papel relevante en al vida de la calle madrileña: El Rialto, El Callao, el Avenida, el Palacio de la Música, el Palacio de la Prensa y el Capitol se empiezan a construir entre 1920 y 1930. Edificios como el de la compañía Telefónica –con sus 81 metros de altura inauguró en 1924 la serie de grandes rascacielos en al ciudad-, el de Grassy (tienda del relojero francés Alejandro Grassy), el hotel Avenida el edificio Banco Central o el edificio Carrión siguen perpetuos en el tiempo y continúan contemplando el imparable ir y venir de los transeúntes. Los numerosos hoteles, establecimientos de cambios de moneda y las tiendas de souvenirs se debe a la gran abundancia de turistas que visitan durante todo el año la Gran Vía para hospedarse, pasear por su historia o llevarse algún recuerdo de España y de Madrid. Lo más llamativo de Gran Vía es que es una calle de contrastes, donde lo antiguo y lo moderno conviven a diario, y en la que pasean gente de todas las nacionalidades, de todas las edades, de diferentes culturas y religiones. Jóvenes en busca del último disco de su artista preferido, un ávido lector para comprar un libro recomendado, un grupo de adolescentes que entran a una tienda de ropa a mirar y a probarse más que a comprar, o un par de extranjeros tomándose una sangría en una terraza mientras leen una guía sobre Madrid... son algunas de las múltiples estampas que pueden observarse en sus aceras. Los siete días de la semana, las 24 horas del día, la Gran Vía está siempre llena de gente, es imposible verla vacía, es una calle que nunca duerme. Y aquí es precisamente dónde se encuentra su encanto.

Los monumentos Iglesia de San José Se trata de la iglesia del antiguo convento de San Hermenegildo, fundado en 1586 por fray Nicolás de Jesús y María, bajo licencia del cardenal Gaspar de Quiroga, y más conocido con el nombre del Carmen Descalzo, por estar habitado por religiosos de dicha orden. El primitivo edificio, cuya iglesia había sido construida en 1605, fue demolido a principios del siglo XVIII, y en 1730 se encargó a Pedro de Ribera la construcción del actual, terminado en 1748 por José de Arredondo y Fausto Manso. Se trata de la típica iglesia del barroco madrileño, levantada sobre planta de cruz latina con una nave central y dos laterales. En la fachada, muy del estilo de Ribera, hay un nicho central con una imagen de Nuestra Señora del Carmen que realizó el escultor francés Roberto Michel. La fachada original fue alterada en 1912 por el arquitecto Juan Moya e Idígoras, al ampliarla hacia los lados y en altura para así adecuarla a las proporciones de la vecina “Casa del párroco”, construida también en esas fechas con motivo de la apertura de la Gran Vía. En 1836, con la desamortización de Mendizábal, los religiosos carmelitas fueron expulsados y tanto el convento como el templo quedaron vacíos y sin uso. El convento, tras albergar durante algunos años la Dirección de la Administración Militar, fue demolido, construyéndose en su lugar el teatro Apolo, y más tarde el edificio del Banco de Vizcaya. En cuanto a la iglesia, desde este momento se va a convertir en la sede de la parroquia de San José, función que sigue desempeñando en la actualidad. Esta parroquia había sido fundada como anejo parroquial de San Ginés en 1745 por Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías. Antes de situarse en la iglesia del Carmen Descalzo tuvo varios emplazamientos; primero estuvo en el palacio del propio duque, hasta que durante la dominación francesa se trasladó a la iglesia de las monjas de Góngora, y más tarde al Hospital de los Flamencos. Dirección: Calle de Alcalá, 43.


Casa del párroco de la Iglesia de San José Fue construida entre 1910 y 1912 como parte de las obras del primer tramo de la Gran Vía, concretamente para resolver la alineación con la vecina parroquia de San José (antigua iglesia del convento de San Hermenegildo). El edificio fue proyectado por el arquitecto Joaquín María Fernández y Menéndez Valdés, aunque fue Juan Moya e Idígoras quien construyó la fachada, reformando a la par la de la parroquia para dar una unidad estilística al conjunto. Entre las viviendas de este edificio –considerado como prototipo del neobarroco madrileño- se encontraba la del párroco de la vecina San José, y de quien el edificio ha adoptado su nombre. Dirección: Calle de Alcalá, 41 c/v Calle del Marqués de Valdeiglesias.

Edificio Metrópolis La construcción y urbanización de la Gran Vía -tras la aprobación del proyecto, la expropiación de fincas y la reforma de calles- comenzó en 1910 y se dividió en tres tramos con un total de 1.316 metros: Alcalá-Red de San Luis, Red de San Luis-Callao y Callao-plaza de España. Tras un acto presidido por Alfonso XIII, las obras se iniciaron en el primero de los tramos, donde ya estaba a punto de concluirse el edificio de la Unión y el Fénix que, situado en el vértice de Alcalá con Gran Vía, visualmente parece ubicarse en esta última arteria, quizá la más famosa y visitada de la capital. El edificio comenzó a construirse en 1905 siguiendo los planos de los arquitectos franceses Jules y Raymond Fevrier. En 1972 fue adquirido por su actual propietaria, la compañía Metrópolis, que cambió el Ave Fénix de la cúpula por una Victoria alada del escultor Federico Coullat Valera. La fachada está adornada por otros once grupos escultóricos firmados por Mariano Benlliure, Saint Marceaux y L. Lambert, que se sostienen sobre una rotonda de columnas corintias pareadas, de orden gigante, las cuales descansan a su vez sobre un basamento almohadillado. La altura del edificio alcanza los 45 metros y consta de seis plantas y dos sótanos. En 1996 se restauró la fachada, las vidrieras de la escalera principal y los relieves de la cúpula, que se cubrieron con 30.000 panes de oro de 24 kilates. Dirección: Alcalá, 39

Edificio Gran Peña Construido por los arquitectos Eduardo Gambra Sanz y Antonio de Zumárraga, se trata de uno de los primeros edificios construidos en la Gran Vía. Fue proyectado en 1914 como sede de la Sociedad Gran Peña, que ocuparía los sótanos, el ático, y las plantas baja y primera; mientras que el resto del edificio se destinó a viviendas parta alquiler. Las obras empezaron en 1915, prolongándose hasta el año siguiente. Desde el punto de vista arquitectónico, está construido sobre un solar en esquina, destacando en el exterior la fachada, que podríamos inscribirla dentro del barroco clasicista. Dirección: Gran Vía, 2. Edificio Grassy Situado al comienzo del primer tramo de la Gran Vía, fue construido entre 1916 y 1917 por el arquitecto Eladio Laredo y Carranza. Concebido como un edificio de viviendas y oficinas, arquitectónicamente presenta una clara concepción ecléctica. Comprende dos casas independientes que se unen por un vestíbulo en la planta baja y por el patio. Destaca la rotonda de la esquina rematada con dos templetes superpuestos de influencia renacentista.


El edificio es conocido por albergar el establecimiento del relojero francés Alejandro Grassy, que hoy en día también funciona como museo, y en donde podremos observar la magnífica colección de relojes del siglo XVI al XIX que pertenecía al maestro Grassy.

Dirección: Gran Vía, 1 y 3. Edificio del Banco Central La apertura y construcción de la Gran Vía, a partir de 1910, permitió reflejar en el espacio urbano la eclosión de nuevas actividades económicas, el emergente poder municipal, los comportamientos de una sociedad moderna, en definitiva, de una ciudad que se iba transformando en metrópoli. Fiel a esta corriente, el arquitecto Eduardo Reynals proyectó en 1913 un hotel para viajeros en el primer tramo de la Gran Vía, que entonces discurría entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis y se denominaba avenida del Conde de Peñalver. Este nuevo Hotel Roma, que así es como vino a denominarse, fue construido por el arquitecto Felipe de Sala y Blanco entre 1613 y 1615. Es un edificio de 5 alturas con tres fachadas sobriamente decoradas. La esquina que se asoma a la Gran Vía esta rematada por un templete circular que durante largos años estuvo coronado por una gran escultura de la Loba Capitolina. A comienzos de la década de 1950 el edificio fue adquirido por el Banco Ibérico y llevó a cabo una profunda reforma de su interior para instalar despachos y oficinas, encargándose de las obras el arquitecto Manuel de Cabanyes. En los años ochenta el edificio pertenecía al Banco Central, nombre con el que se ha venido reconociendo al edificio hasta la actualidad.

Dirección: Gran Vía, 18 c/v Calle del Clavel c/v Calle de la Reina, 14 Casino Militar También conocido como Centro del Ejército y la Armada, el edificio fue proyectado y construido por el arquitecto Eduardo Sánchez Eznarriaga entre 1914 y 1917, coincidiendo prácticamente con la inauguración del primer tramo de la Gran Vía (1918), entonces comprendido entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis y bautizado con el nombre de avenida del Conde de Peñalver. El casino fue concebido como lugar de recreo y deporte para la oficialidad militar y venía a sustituir a las instalaciones decimonónicas del viejo casino militar, anteriormente ubicado en la plaza de Santa Ana donde estuvieron las casas de la Condesa de Montijo y luego se construiría el Hotel Reina Victoria. El nuevo edificio que se construye es de planta trapezoidal, estructurado en torno a un patio central y con fachada a tres calles, cuenta con dependencias destinadas a los juegos de mesa, billar y tiro al blanco, con grandes salas de lectura, salas de reuniones, salones y comedores. Destaca su decoración en hierro y cristal, sobretodo en la montera interior del hall de la planta baja y en la marquesina exterior que cubre el acceso al edificio. De su fachada destaca el barroquismo de su chaflán, compuesto por acentuadas curvas cóncavas y convexas en las ventanas, cuyos balcones se disponen con prominentes balaustradas, y se remata en la cubierta con un torreón oblicuo a sus fachadas. Otro elemento a destacar es la ruptura de la simetría en el resto de la fachada, que da respectivamente a las calles del Clavel y


Caballero de Gracia, por la disposición consciente de miradores, balconadas con balaustradas corridas y arcos de medio punto.

Dirección: Gran Vía, 13.

Casa Dos Portugueses Este edificio en realidad esta formado por dos edificios comerciales independientes que el arquitecto Luis Bellido y González concibió de forma unitaria. El primero de ellos, el que hace esquina con la calle Jardines, fue encargado por el financiero Garriao y se construyó entre 1919 y 1920. Tiene cuatro plantas, las tres primeras diáfanas para acoger locales comerciales e industriales y, la última, para vivienda del propietario y para la ubicación de un lavadero y trasteros. El segundo edificio, sede comercial de la Casa Dos Portugueses, es el que hace esquina con la calle del Caballero de Gracia y se construyó entre 1920 y 1922. Presenta un esquema similar al anterior, aunque con diferente terminación pues su último piso presenta el chaflán rematado por un torreón cubierto con cúpula. Las instalaciones de ambos edificios fueron realizadas por el ingeniero José Balaguer y su ordenación interior se amolda al esquema que presenta la fachada, como es el caso de las grandes superficies de cristal y estructuras metálicas de los pisos comerciales. En la fachada se combina el ladrillo visto cerámico con la piedra caliza de los ornamentos, las repisas, las claves, las impostas y el zócalo de la planta baja.

Dirección: Calle de la Virgen de los Peligros 11 y 13 c/v, respectivamente, a Calle de los Jardines, 11 y a Calle del Caballero de Gracia, 24.

Oratorio del Caballero de Gracia Fue construido en 1654 por iniciativa de la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, cofradía fundada uno años antes por el célebre sacerdote italiano Jacobo Trenci, apodado el "Caballero de Gracia", y de quien el edificio ha tomado su nombre. Arruinado el primitivo oratorio a mediados del siglo XVIII, el edificio actual fue realizado entre 1786 y 1795 por el arquitecto Juan de Villanueva, destacando en su interior una doble fila de columnas corintias que soportan una bóveda de cañón decorada a gallones. La portada es sencilla, fue construida en 1832 por el escultor José Tomás, y lo que más destaca es una representación de la Última Cena que imita el célebre “Cenácolo” de Leonardo da Vinci.


Con motivo de las obras de la Gran Vía se produjo la apertura de la fachada norte del oratorio, obra del arquitecto Carlos de Luque entre 1911 y 1916. Posteriormente el edificio fue restaurado por Fernando Chueca Goitia y en la actualidad se están realizando nuevas obras de restauración.

Dirección: Calle del Caballero de Gracia, 5.

Edificio del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial En 1918 los arquitectos y hermanos Joaquín y Luis Sainz de los Terreros ganaron el concurso público que había convocado la Unión Mercantil Industrial para la construcción de su nueva sede social en la Gran Vía. Su proyecto consistía en un edificio multifuncional, en línea con el tipo de composiciones arquitectónicas de la época, donde pudieran desarrollarse espaciosamente y con comodidad las actividades del círculo, al mismo tiempo que se disponían algunas áreas del inmueble para viviendas de alquiler y para locales comerciales. Las dependencias del círculo se distribuyeron entre el sótano (sala de esgrima y gimnasio), la planta de entresuelo (salas de tertulia, lectura y comedor), la planta principal (gran salón, despachos y oficinas) y la terraza (comedores y merenderos estivales). Los locales comerciales y las tiendas se dispusieron en la parte exterior del entresuelo y la planta baja, mientras que las viviendas de alquiler se situaron a partir de la segunda planta. Los inquilinos de estas viviendas contaban con una entrada exclusiva por la calle de Hortaleza, muy diferente a la entrada monumental que se había proyectado para el acceso al círculo por la avenida de la Gran Vía, compuesta por un arco de medio punto de notables dimensiones y un gran hall encolumnado, de forma similar a las entradas que solían tener algunos palacios del siglo XVIII. Este edificio de lujo de 8 plantas, construido entre 1919 y 1924, está organizado en torno a un patio central cuadrangular y los elementos decorativos de la fachada se inspiran en elementos artísticos del renacimiento y del plateresco español. De hecho, la crestería del piso superior, compuesta por una sucesión de arcos de medio punto, recuerdan el palacio de Monterrey de Salamanca. Dirección: Gran Vía, 24, c/v Calle de Hortaleza, 2, c/v Calle de la Reina, 2.

Edificio de la Compañía Telefónica Situado en el segundo tramo de la Gran Vía, fue construido entre 1925 y 1929 por el arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor para sede de la Compañía Telefónica Nacional de España. La Compañía, que fue fundada en 1924, era en realidad una filial de la empresa norteamericana ITT (International Telephone and Telegraph) por lo que el edificio fue proyectado por el eminente arquitecto estadounidense Lewis S. Weeks, a quien se debe su estructura metálica hormigonada al estilo americano. No obstante, la resolución final del proyecto fue matizada por Cárdenas, quien supo conjugar el funcionalismo de Weeks con la arquitectura local, empleando para ello el barroco madrileño en el tratamiento de las fachadas. La Telefónica fue el primer edificio de una cierta altura en Madrid, y sus 81 metros de altura inauguraron de alguna manera la temática del rascacielos en las calles de la ciudad, aunque formalmente no puede ser considerado como tal. Debido a su altura, durante la Guerra Civil fue utilizado por el ejército republicano como observatorio militar. Entre 1951 y 1955, y según estaba contemplado por Cárdenas, el edificio fue ampliado.


Dirección: Gran Vía, 28.

Hotel Gran Vía Construido entre 1919 y 1925 por el arquitecto Modesto López Otero con la colaboración de Miguel de los Santos, se trata del típico ejemplo de arquitectura funcionalista de influencia norteamericana. El edificio, que fue levantado sobre una estructura metálica, comprende un hotel con sus correspondientes bajos comerciales. Destaca su sobriedad y sencillez en las formas así como su cuidadoso diseño interior, que hace que todas las habitaciones disfruten de luz exterior y de una excelente ventilación a través de los patios y fachadas.

Dirección: Gran Vía, 25.

Casa Matesanz La apertura y realización de los nuevos tramos de la Gran Vía (1910-1931) se convirtieron en reclamo y polo de atracción para las actividades económicas más dinámicas y modernas de la ciudad. Entre 1919 y 1923 la firma comercial Casa Matesanz construyó en la nueva avenida un edificio comercial para la instalación de tiendas, despachos y oficinas, parecido al que ya poseía en la calle Mayor número 4. Este edificio, obra del arquitecto Antonio Palacios Ramilo, representa la influencia arquitectónica de la escuela de Chicago en la obra civil madrileña. Consta de una fachada provista de miradores de cristal separados por pilastras de órdenes arquitectónicos de enormes proporciones que, a su vez, se unen por su parte superior formando arcos de medio punto. La distribución interior se realiza entorno a un patio central, de estructura metálica y de cristal, que permite disponer de un espacio funcional bien aprovechado. Por último, los ángulos del edificio se rematan con torreones decorativos.

Dirección: Gran Vía, 27 c/v Calle de la Salud, 12.

Edificio Madrid-París Durante las primeras décadas del siglo XX los hábitos y los comportamientos de los madrileños se fueron modernizando al hilo de las posibilidades que ofrecía la sociedad de consumo, las nuevas actividades económicas e industriales, y los novedosos eslóganes publicitarios. A esta modernización contribuyeron notablemente los grandes almacenes que progresivamente se fueron instalando en la ciudad, sobre todo a partir de la década de 1910. Los Almacenes Madrid-París son un ejemplo de estos centros dedicados a la venta de novedades y artículos de última moda. Su historia, recientemente comentada y actualizada por Rubén Díez García, comienza con la creación el 14 de enero de 1920 de la Sociedad Madrid-París, como requisito previo para la obtención de los ingresos necesarios para comprar el solar, construir los


grandes almacenes y echar a andar el negocio. Conseguidos los dineros a través de un crédito concedido por la Sociedad París-Maroc (Francia), el siguiente paso consistió en comprar un lote de solares que comprendían una manzana completa de casas en el segundo tramo de la Gran Vía. La superficie total del solar sobre la que se levantaría el nuevo edificio comercial ascendía a nada menos que 3.883 metros cuadrados. Toda una novedad que llenó de asombro y admiración a los madrileños de la época. Para poder construir el edificio se recurrió de nuevo a los créditos. En esta ocasión aportaron el capital la Sociedad Madrid-Moroc, el Banco Hipotecario Español y la Sociedad París-France, está última, además, se integraría como socio financiero de los Almacenes Madrid-París. La realización del proyecto se encargó al arquitecto Teodoro Anasagasti Algán, aunque su trabajo tuvo que pasar por la validación de la Societe d’Etude et Construccions. Aprobado el proyecto a finales de 1920, las obras comenzaron en enero del año siguiente con la explanación y el derribo de los inmuebles que quedaban en el solar. Hasta su inauguración el 3 de enero de 1924 por el rey Alfonso XIII, el ritmo de las obras fue interrumpido en numerosas ocasiones por las limitaciones técnicas que imponía la normativa municipal, por la conflictividad laboral que se vivió durante aquellos años y, sobre todo, por la necesidad de ingresos, en parte solventada con un nuevo crédito que concedió el Banco Español de Crédito y con la ayuda de las sociedades francesas involucradas en la sociedad. El edificio que había concebido Anasagasti era de grandes dimensiones, contaba con sótano, seis plantas, dos torreones laterales que albergaban los depósitos de agua, y su planta baja se hizo porticada para acoger los escaparates a pie de calle. Los seis pisos de altura sólo se proyectaron para la fachada que daba a la avenida de Pi y Margall –segundo tramo de la Gran Vía-. El resto de las fachadas acababa en el cuarto piso, pues desde aquí se levantó una cúpula de 30 metros de diámetro, de forma similar a los almacenes Lafayette, con la finalidad de dar monumentalidad al inmueble y de hacer llegar la luz natural al gran hall circular de la entrada. Como estos grandes almacenes estaban orientados a un público selecto, no se escatimaron esfuerzos ni recursos en sus equipamientos (salón de te, ascensores, montacargas, calderas, muelles de descarga...), y en sus decoraciones (mármoles, cristales, azulejos, maderas, lámparas, cerrajerías...). En total, el edificio vino a costar diez millones de pesetas de las de entonces. Sin embargo, al año siguiente de entrar en funcionamiento la cuenta de resultados fue negativa, situación que se prolongaría durante varios años más, a pesar de efectuar cambios en la dirección, de introducir nuevas estrategias comerciales, de abrir nuevas secciones y de despedir a un número importante de empleados. Esta situación se agravaba con la presión de las deudas y el exceso de productos en stocks, que ni si quiera las rebajas conseguían liquidar. Con todo, desde el verano de 1925 la Sociedad accedió a arrendar algunas dependencias a la emisora Unión Radio, pues además de obtener unos ingresos contribuiría a engrandecer la fama de los grandes almacenes. Cuatro años después, las nuevas inyecciones de capital y el desarrolló de novedosas técnicas comerciales en la política de rebajas, permitieron a la sociedad obtener por primera vez unos beneficios de 438.000 pesetas. Este balance positivo y las previsiones futuras de crecimiento animaron a la sociedad a abrir nuevos centros en la ciudad de Cuenca, en el Campo de Criptana y en Manzanares. Pero a la altura de 1931, las expectativas expansionistas defraudaron y los Almacenes Madrid-París entraron en crisis, situación que se agravaba por la inestabilidad política, social y económica que suscitó el advenimiento de la Segunda República. En el verano de 1933 los almacenes cerraron sus puertas. Al año siguiente, el establecimiento comercial fue adquirido por la Sociedad Española de Precios Únicos (SEPU), quienes enfocaron su actividad a un público más amplio reduciendo notablemente los precios de los productos y de las novedades. Al mismo tiempo, el edificio fue sometido a una profunda reforma con el propósito de transformar los grandes almacenes en un edificio multifuncional. Esta labor le fue encomendada de nuevo al arquitecto Teodoro Anasagasti Algán, pues él había proyectado el edificio de los Almacenes Madrid-París. Realizada la reforma el nuevo edificio ya no lucía sus dos torreones laterales, se le habían añadido cinco plantas con destino a oficinas en alquiler y, en su interior, se había construido el cinematógrafo Madrid-París. Para la construcción de este cine Anasagasti contó con la ayuda de suegro el también arquitecto José López Sallaberrry. Hace un par de años los almacenes SEPU cerraron sus puertas tras cerca de setenta años de actividad. La historia de estos grandes almacenes siempre estará vinculada a la Gran Vía y a la memoria de muchos de nosotros. Desde hace tiempo la cadena SER emite sus programas donde antes lo hacía Unión Radio. Dirección: Gran Vía, 32.


Hotel Avenida En la década de 1920 se construyeron en la ciudad gran número de hoteles lujosos y monumentales, aprovechando el buen momento económico y la creación de grandes vías urbanas como la Gran Vía. Uno de ellos fue el Hotel Avenida, situado en el segundo tramo de la Gran Vía, entonces llamado Avenida de Pi y Margall. Fue construido en 1921 como edificio de viviendas según un proyecto del arquitecto José Yarnoz Larrosa. En 1925, con vistas a su adaptación en hotel, fue reformado por Antonio Palacios Ramilo, siendo inaugurado en 1929 con el nombre de Hotel Alfonso XIII, si bien al poco tiempo pasó a llamarse Hotel Avenida. En cuanto al edificio, Palacios cambió la orientación de las habitaciones del proyecto original, disponiéndolas entorno a un patio central. Pero lo que más modificó fue la fachada, incluyendo pilares de orden gigante y miradores de hierro y cristal que dotan al conjunto de gran monumentalidad. Dirección: Gran Vía 34.

Palacio de la Música Situado en el segundo tramo de la Gran Vía, fue construido entre 1924 y 1926 por encargo de la SAGE (Sociedad Anónima General de Espectáculos). Su arquitecto fue Secundino Zuazo Ugalde, quien lo concibió como un edificio multifuncional compuesto por una sala de cine y conciertos, una sala de fiestas bajo el patio de butacas, y un cine de verano al aire libre en la azotea. Durante las obras, en la madrugada del 4 de diciembre de 1925 se hundieron la cubierta y la fachada que daba a la calle Abada, lo que obligó a Zuazo a modificar el proyecto original aligerando el peso propio y sobrecargas de la cubierta, teniendo que suprimir entre otras cosas el cine de la azotea. Fue inaugurado con el nombre de Cine Sage el 13 de noviembre de 1926, con un concierto dirigido por el maestro Lasalle, y al día siguiente se proyectó la primera película, La venus americana. El edificio, que a partir de 1928 empezó a ser conocido como Palacio de la Música, tiene un aforo de unas 2000 butacas, lo que hace que esté entre los 20 cines más grandes de Europa. En el exterior destaca la fachada, de concepción claramente clasicista, mientras que en el interior es interesante su decoración barroca, inspirada en el Hospital de la Caridad de Sevilla. El 22 de noviembre de 1932 sufrió un importante incendio que destruyó, entre otras cosas, un podium para orquesta cubierto por un ábside. En 1983 el arquitecto Enrique López Izquierdo Camino realizó una reforma para convertirlo en multicines, construyendo dos nuevas salas aprovechando los bajos en donde había estado la sala de fiestas. Dirección: Gran Vía, 35.

Hotel Atlántico Situado en el segundo tramo de la Gran Vía, fue construido sobre un solar de 646 metros cuadrados por el arquitecto Joaquín Saldaña y López entre 1920 y 1923. El edificio, encargado por el Marqués de Falces, fue concebido como un bloque de viviendas para alquiler con locales comerciales, reformándose posteriormente para su transformación en hotel. Saldaña utilizó un estilo ecléctico de influencia francesa, destacando en el exterior su fachada monumental y el torreón de remate en el chaflán, que fue cubierto de elementos clasicistas. Dirección: Gran Vía, 38.


Palacio de la Prensa Situado sobre un solar pentagonal en la Plaza del Callao, fue construido entre 1925 y 1929 por el arquitecto Pedro Muguruza Otaño para sede social de la Asociación de la Prensa de Madrid. Muguruza concibió el Palacio de la Prensa como un edificio multifuncional de tipo norteamericano, ya que además de la sede administrativa de la Asociación, albergaba un café concierto, un cinematógrafo, viviendas de alquiler y oficinas. La primera piedra la puso Alfonso XIII el 11 de julio de 1925, y el 2 de enero de 1929 se inauguraba con la proyección de la película El destino de la Carne. El coste total del edificio fue de ocho millones de pesetas. El cine tenía un aforo de 1840 localidades y eventualmente funcionaba como teatro porque estaba provisto de un pequeño escenario. Fue diseñado originalmente con el patio de butacas en la primera planta, por lo que para acceder a él los espectadores tenían que usar el ascensor, ocasionando no pocos retrasos en las proyecciones e incomodidades a los usuarios. En 1941, el arquitecto Enrique López-Izquierdo reformó el edificio desplazando el patio de butacas al nivel de la calle. En 1991 se hizo una nueva reforma convirtiéndolo en un cine multisalas. Dirección: Gran Vía, 46.

Edificio Carrión El edificio del cine Capitol, también llamado edificio Carrión por el apellido del que fue su primer propietario, se sitúa en la Gran Vía, en la confluencia con la plaza del Callao. Fue construido entre los años 1931 y 1933 de la mano de los arquitectos Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced, y su estampa se convirtió pronto en el símbolo del Madrid moderno y en modelo de numerosos edificios en chaflán. Su arquitectura de vanguardia, su imagen imponente, como una gigantesca proa en la zona de esquina con la calle de Jacometrezo, continúa siendo una referencia indeleble de la ciudad y un plano inevitable para muchas de las películas que se ruedan en Madrid. Las aportaciones constructivas, la utilización de nuevos materiales -como las telas ignífugas- y su chaflán expresionista, constituido por terrazas voladas que disminuyen en altura, hicieron de él un edificio verdaderamente innovador. Fue, por ejemplo, el primer edificio de Madrid con instalación total de aire acondicionado. Asimismo, los muebles de todo el edificio fueron diseñados por el propio Martínez Feduchi. El edificio Capitol tiene 14 pisos y 54 metros de altura en su zona más elevada, la del torreón. Además de oficinas, el inmueble incluyó inicialmente cuatro plantas de apartamentos destinados a hotel, el primero de este tipo que hubo en Madrid. Dirección: Gran Vía, 41

Cine Callao Este cine fue concebido originalmente por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto como un gran complejo de recreo a la vez que edificio para oficinas, debido a que la profundidad de la planta trapezoidal del solar, entre la Plaza de Callao y la calle de Jacometrezo, aconsejaba reducir la distancia de la proyección en la pantalla. Por esta razón, en el fondo del solar, con acceso por Jacometrezo, se construye un primer edificio que se destina a oficinas, con una altura superior al segundo edificio que se destinaría a complejo de recreo y tendría su acceso por la plaza de Callao. La diferencia de altura de ambos edificios también permitiría instalar en la terraza de este último un cine de verano. En el interior de este edificio principal o de recreo, construido entre 1926 y


1927, se dispuso una gran sala de cine y tiendas en la planta principal; almacenes, un café y sala de fiestas en el sótano y también se incluyeron locales para oficinas en el anfiteatro. La composición de la fachada se realizó con masas claras y rotundas y la esquina se remató con un torreón luminoso que anunciaba las proyecciones en cartel. Del interior destaca su decoración abigarrada y profusa en dorados, en clara aproximación al Arc-Déco. Dirección: Plaza de Callao, 3.


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