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Red de Iglesias y Ministerios Sangre de Cristo

Parรกbola de la gran cena

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Parábola de la gran cena (Lucas 14:15-24; Mateo 22:1-14)

El panorama general de la historia se puede describir de cómo huéspedes, previamente invitados a un banquete, de forma descortés rechazan asistir a última hora, y cómo el anfitrión ocupa sus lugares a la mesa con hombres de la calle. Elementos comunes en las dos parábolas. En síntesis, estos elementos son: (1) El escenario es el de un banquete. (2) Se extiende una invitación a un grupo selecto que lo menosprecia. (3) Al ver que la invitación es rechazada por los invitados originales, el anfitrión invita a personas de la calle que normalmente no serían invitadas. (4) Los invitados originales que rechazaron la invitación son descritos como "indignos" de participar del banquete.

Diferencias entre las dos parábolas (1) en Lucas el anfitrión es simplemente "un hombre" y la comida es "un gran banquete"; En Mateo el anfitrión es "un rey" y la comida es "una fiesta de bodas" para su hijo. (2) En Mateo Jesús comienza la parábola con la introducción de: "El reino de los cielos es semejante a...". Esta fórmula no aparece en la versión de Lucas. (3) La parábola en Mateo no incluye los distintos pretextos que los invitados dan. Éstos aparecen sólo en Lucas. (4) En la parábola de Lucas el "hombre" envía un solo siervo para invitar a los huéspedes. En Mateo son varios. (5) Lucas nos dice que sólo el anfitrión estaba airado al enterarse de los pretextos. Mateo, en cambio, menciona que los siervos no sólo recibieron las excusas sino que también fueron maltratados y muertos. Por ende, el rey no sólo se enoja, sino que en consecuencia acaba con los malhechores. (6) Lucas carece de la mención de hombre que llega sin el atuendo adecuado Para Mateo es importante incluir estas palabras de Jesucristo para hacer sobresalir la necesidad del arrepentimiento. Se exigía, pues, "la ropa de bodas", o sea el arrepentimiento (7). Finalmente, la parábola de Mateo termina con esta sentencia: "muchos son los llamados, pero pocos los escogidos". La parábola de Lucas no tiene estas palabras de Jesús.

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El contexto en el ministerio de Jesús *Probablemente estas parábolas tengan que ver con los conflictos que Jesús tenía con los líderes religiosos y su rechazo endurecido al reino de Dios que se hacía presente en la persona de Jesús. *Ciertamente eran los líderes religiosos, especialmente los fariseos, que buscaban todo pretexto para no recibir el mensaje de Jesús en tomo al reino. Eran los mismos que se enfadaban al ver a Jesús relacionándose con los "pecadores" o sea, los marginados de la sociedad judía. * Este mensaje estaba diseñado para desarmar la protesta de los adversarios de Jesús contra su invitación para los pecadores. * También insistía en la urgencia de responder inmediata y decisivamente a la invitación extendida *Habían aquellos que estaban acostumbrados a recibir invitaciones a este tipo de banquetes. No les costaba nada disculparse y así desechar la invitación. Preferían ignorar la importancia de la invitación, y por esto al llegar el siervo para dársela, "no le hicieron caso" (Mat. 22:5). Escogían ocuparse en las rutinarias cuestiones de los negocios. *Había otro grupo de personas totalmente sorprendidas por la invitación que se les extendía. Estas no estaban acostumbradas a recibir invitaciones a banquetes ofrecidos por hombres pudientes. Por esto, la invitación es una muestra de extravagante bondad de parte del que invita.

Las 2 clases de personas dentro de la parábola (1) Las hay que se creen merecedoras de la invitación para que participen en el banquete. Tanto se ufanan de sus derechos y privilegios, tan acostumbradas están a ser tratadas con delicadeza y trato especial que se sienten totalmente indiferentes ante esta nueva invitación. Ponen toda clase de excusa para desairar al que les invitó tan gentilmente. Aunque en el caso de la parábola estas personas eran de la clase privilegiada (los fariseos), hay que recordar que esta clase de actitud no se fundamenta en riquezas o privilegios. Hay personas de la clase humilde que también pueden asumir esta misma actitud de rechazo. El problema está en una actitud de superioridad y egocentrismo que permite que uno menosprecie la bondad de otro al rechazar su invitación. Este desdén puede resultar también por permitir que las cuestiones secundarias de la vida (el negocio, la riqueza) obstaculicen la aceptación de la invitación. Por lo menos, algunos de los pretextos dados en las parábolas para el rechazo de la invitación giraban en tomo a intereses económicos. (2) También, según las parábolas, hay personas que, debido a su posición socioeconómica y cultural, se sorprenden al ser convidadas a un banquete de alguien totalmente fuera de su categoría. La aceptación es inmediata y con gozo. De nuevo, la actitud de aceptación a otros y sus bondades para con uno no depende del estado económico en el que uno se halla. Hay personas acaudaladas que tienen una actitud de receptividad y agradecimiento ante todo gesto de bondad de parte de otros. Esto debe hacemos más cautelosos ante la tentación de estereotipar a la gente, sea rica o pobre en términos económicos.

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Conclusión *El anfitrión del banquete no puede sino simbolizar a Dios. Los convidados originales no son otros sino los religiosos judíos que confiaban en su propio merecimiento. Los segundos en ser invitados son los pecadores y gentiles que de plano se consideraban como excluidos del reino de Dios. * Ciertamente, los fariseos que primero oyeron la parábola captaron de inmediato que Jesús hablaba del reino de Dios y su rechazo de éste tal y como Jesús lo traía. *Todos los pecadores nos quedamos sorprendidos cuando se nos extiende la invitación para que seamos hechos partícipes del reino de Dios en Jesús. Es pura obra de la gracia de Dios. *El que de hecho ellos nunca aceptaron el reino de Dios en Jesús, no se puede culpar a nadie más sino a ellos. Tampoco podemos culpar a nadie más sino a nosotros mismos si no nos sometemos al reino de Dios en Jesús. La idea central de las parábolas que nos atañe a todos es esta: la disposición de aceptar con gratitud la invitación de Dios a su reino. Este reino es el que inauguró Jesús en su ministerio terrenal. Es el reino cuya eficacia hicieron posible la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret. Es el mismo reino que será consumado cuando Cristo vuelva para los suyos para vida eterna. La parábola del gran banquete en Lucas y la de Mateo en la de la fiesta de bodas tienen una palabra de juicio tanto como un mensaje del favor inmerecido de Dios. Tanto en el caso para el más pobre como para el más rico, Jesús tiene una palabra de juicio para los que ponen excusas ante su invitación a ser súbditos del reino de Dios. Hay que recordar que ser partícipe del reino de Dios implica la sumisión al gobierno, al control y al señorío de Jesucristo. El obstáculo más grande es el egocentrismo en el hombre, sea quien sea. Es justamente el egocentrismo lo que anima a uno para que ponga pretextos a la invitación de Jesús. Al igual que los fariseos que primero escucharon la parábola de Jesús, ambiciones personales pueden servir como excusas para que no nos sometamos al reinado de Cristo. Lo que hay que recordar, sin embargo, es que las excusas son sólo vehículos de expresión del egocentrismo Si bien las parábolas contienen un juicio para los que rehúsan someterse al reinado de Dios en Cristo, también ofrecen una palabra de aliento, estímulo y esperanza para aquellos que abierta y gozosamente aceptan la invitación. Nos enseña que los segundos invitados al banquete aceptaron con gran agradecimiento y pasión. Y que también los segundos no merecían la invitación desde la óptica de nadie. Según los judíos religiosos, éstos eran la escoria de la sociedad, los "pecadores". Los veían como malos, atribuían su condición física o económica como consecuencia de pecados cometidos en el pasado. La verdad es que nadie merece la invitación de Dios para que sea súbdito del reino. Es una realidad que los verdaderos súbditos del reino son los que se dan cuenta perfectamente de su inmerecimiento. Son éstos los que con fe y humildad se someten a la voluntad de Dios. Las parábolas, pues, representan buenas nuevas para todos los pecadores. Eso sí, hace falta que los invitados acepten el ofrecimiento con gratitud y sin pretextos. El ofrecimiento a que uno sea súbdito del reino siempre está necesariamente dependiente a la sumisión a nuestro señor Jesucristo. Debemos sentirnos dichosos de recibir una invitación al banquete de Dios y así aceptarla! Esta es justamente la oportunidad que se te ha brindado, Dios ahora se propone encontrar lugares en la mesa para pecadores y gentiles. Y solo podemos culparnos a nosotros mismos de no querer formar parte del banquete del reino de los Cielos, Sólo podemos culparnos a nosotros mismo de no querer compartir la mesa con el rey, y poner excusas y pretextos para no asistir a las bodas del cordero que Dios ha preparado. ¿Que hemos hechos con la invitación?


La gran cena