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amanita

Enzo Ron Galaz Carlos Zambrano Jechan Francisco Beltrán Chávez

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diagramación y diseño Pablo Lillo Cea

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colaboradores

Jimena Fariñas Navia Claudio Valenzuela Luengo

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* las ilustraciones que usamos en esta revista pertenecen a Esra Rois y Banksy, y fueron extraídas de abduzeedo.com y banksy.co.uk

Revista literaria y cultural fundada desde de la Escuela de Derecho de la Universidad de Concepción y destinada a todo ser inquieto y juguetón, esté donde esté, coma lo que coma. Escríbenos a amanitaliteraria@gmail. com o búscanos en facebook.com/revistaamanita.

editorial

editores

La idea nace de la necesidad. Eso es todo. Tener una vitrina buena. Sabíamos que en la facultad había gente que escribía, pero no teníamos ni la menor idea de cuantos eran. Decidimos abrir un correo para recibir los textos. Sorpresivamente recibimos muchos más de los que esperábamos. Ahí empezó la tarea de selección. Entre poetas, cuentistas, ensayistas y una variopinta aglomeración de escritores criollos; primerizos y otros más experimentados. Fuimos dejando a los que más nos gustaron ―no necesariamente los mejores, sino aquellos que nos dejaron algo―. Luego vino la tarea de la diagramación. No muy experimentados en el tema solicitamos la ayuda de nuestro amigo Lillo, quien gentilmente accedió a compartir con la Amanita algunos de sus conocimientos sobre la materia, para finalmente enlistarse en nuestras filas. En fin, cada uno trató de aportar en lo que se podía y tienes en tus manos el resultado. Esperamos que esta revista los haga volar de sus asientos, en sus escritorios, taxibuses, bibliotecas o donde quiera que nos estés leyendo. De ahí el nombre de la psicoactiva seta Amanita Muscaria, capaz de paralizar una mosca, que crece en algunos bosques de Chile. Dicen que no hay mejor droga que la literatura y quisimos explorar para ver que hay de cierto en eso. Cómo la literatura es capaz de producir ese efecto en el escritor cuando deja brotar de sus manos las palabras y en el lector evaporarlo de su cuerpo. En esa conexión encontramos la razón más fuerte de emprender este paso adelante ―un pasito, si se quiere― y que más gráfico que la unión (o canal) entre el escritor y el lector. Somos de aquellos que gozan con la literatura, de la lectura diaria, de los que leen en el baño y hasta el diccionario o lo que venga, y ante todo creemos en la lectura como una forma de relajo, de reflexión y de información diaria. No somos máquinas condicionadas a funcionar mecánicamente en cada movimiento, somos seres pensantes; de los que piensan en el ascensor o camino a la Universidad y hasta en la ducha. PENSANTES. Con opiniones, con ansias de escupir esos razonamientos propios. Porque en cada escrito, en cada letra hay un pensamiento detrás que conecta al artista con su lector de turno. Quisimos darle a la revista una postura crítica; creemos en el arte por el arte, pero también en el arte con contenido, del arte con mensajes subversivos, de escribir con sorna y con hilaridad pero a la vez con intimidad y complicidad. Queremos poner la pluma ahí donde la gente no raya. Ser un aporte a la cultura, con todo lo que ello implica, con volar y aterrizar. No queda más que decir… disfrútala y échate a leer.


a todos Sí. ¿Pero que podríamos hacer contra la expansión del imperio de las tevés y al mismo tiempo cultivar un temple que te permita una mente activa a la hora de escribir? Es que la consecuencia, la corazonada que te mantiene conforme contigo mismo, es el síntoma de esa templanza y hay quienes creemos en esa reflexión de Don Juan Matus cuando señala que el camino válido es cualquiera que tenga corazón. Todos los días querríamos trabajar en ese examen hacia los adentros de la conciencia nuestra y resolver sobre la posibilidad de escribir la verdad, y recocemos con sinceridad esas buenas intenciones, pero ¿será eso lo fundamental? Hay quienes mantienen un texto sin corregir para mantener ese momento en que surgió la idea espontáneamente, como si la hoja fuera inviolable, cautelada con el objeto de no alterar los sagrados hechos anteriores al momento de escritura. Mas la consecuencia y el camino del corazón no es un requisito factico, ni moral, ni nada. Basta que concurra la conformidad con un texto bueno, bonito y barato, y ello será cuando sea producto de la necesidad. Somos escritores y necesitamos escribir, necesitamos influenciar la psique de un desconocido, pronunciar unos cuantos encantamientos para lograr un momento tendiente a la comunión cultural. La telepatía no está, pero tenemos esta herramienta del jurista y del artista, que aunque limitada, hiere. Tenemos un mecanismo violento para dañar y no tenemos miedo de decir que queremos usarlo, extralimitarnos de la inocencia verbal, mediante la reflexión y la crítica. Repetimos. Reflexión, camino del corazón. Critica, camino del corazón. Que más decir, decir que somos nosotros mismos el obstáculo para escribir la gran epopeya de este siglo, querríamos de la nada que nuestras palabras surjan espontáneamente, querríamos que las palabras tengan como atributo la influencia mental, pero una que respete la libertad del individuo y todo ese cumplimiento dogmatico-jurídico, pero todas estas locuciones, en verdad, son incompatibles.

Aclaramos: Primero. Las palabras, jamás surgirán mediante la espontaneidad. El acto creador es un acto reflexivo y los sucesos de la vida real nos obligan a la precaución. Con antelación, tenemos una noción de esa substancia que se necesita vomitar por las pestañas, por la boca. Un sentimiento que necesitamos exhalar y con ello, planificamos. Segundo. Una idea albergada en la palabra germina solo en la psique del intérprete. Luego, el pronunciamiento del vocablo es un acto violento y durante un segundo se puede inducir al extranjero un sentimiento, un pensamiento. Podemos reaccionar ante la palabra dicha. Tercero. Un acto de necesidad como el artístico, es un acto salubre, una conducta por regla general tolerada por el grupo social y es que podríamos condenar al agresor físico, pero a un poema, ¿quién podría objetar un poema?

Hay más. Tenemos la fuerza para infundir al enamorado a declarar su amor, un don para inspirar a un pueblo dispuesto a todo a alzarse contra la tiranía. Mas no quisiéramos aprovecharnos de la libertad de expresión para encerrarnos en los rodeos de la nada misma o hacer como que se dice para encubrir una desidia. Veis ahora cuanto ambicionamos apuntar y nombrar. Veis cuanto perseguimos pronunciar el fruto de la convicción que en su omisión tiene como ineludible resultado la neutralidad del ingenuo. Alegamos, se trata de parir sentimientos, sociabilizar la materia substantiva y con irrelevancia si aquel es real o ficticio, si es la verdad o la mentira. Exclamamos, pero cuanto queremos mediante el verbo sentenciar que es válido afirmar -yo necesito decir y escribir-, verbos que a la vez albergan a todos los otros pues todo cabe en la hoja no nacida, en este feto vigoroso. Y así, queridos cómplices de la pupila y del bolígrafo, una vez que logremos una conformidad potente en la intimidad de nuestra alma, cuando podamos erradicar la cantidad de requisitos para rayar la hoja-muralla-cuaderno-piel-venay-corazón.

Cuando sintamos el poder de hacer el bien mediante el vocablo, podamos bien-decir el vocablo, podamos bien-decir construyamos hacia la sociedad libertaria que añoramos, bien-decir los poderes que se esconden tras un nombre y atribuir eso a nuestras mejores intenciones, quizás en ese momento se escriba nuestra novela con gubias de madera y acero. Silencio… la tierra va a dar a luz a un árbol. Saludos compañeros.

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ÉL

Por Yamir Rivera M.

También quiso ver su centro y fue condenado al destierro y sed. Cuando pequeño soñó con un gran reloj de arena suspendido en un negro infinito, se suponía contener los granos suficientes para un segundo; sabiéndose dueño de todo, dejo caer el preciado fluido. Nunca paso nada, infinitamente nada. Aquello jamás se volvería a repetir. Presa de un cerebro enfermo pasan los días largos sobre la cama, solo sus ojos que a veces abre, testimonian el dolor que le propina el paso del sol. Diagnosticado desde pequeño, nunca hubo nada que pudiera salvarlo, jamás nadie lo librara. Sus labios que nunca alcanzaran el movimiento, harán que esta historia se envuelva de la profana mentira que ve todo lector en lo que se le opone a su cotidiano. Más verdad y terror es que a todos nos espera fuera de casa el infierno de Alighieri. Sus ojos se han tornado cansados e incesantes, espejos imperfectos del demoniaco objeto: su mente, jamás nunca volverá a repetir nada. Condenado su ser a la desaparición continúa en una disgregación infinita de todas las combinaciones; aquella mente infernalmente inconcebible vive terroríficamente mezclada con la quietud del campo, en perfecto anonimato para quienes lo circundan y atienden con terrenal descuido. He escuchado de boca de aquellos la creencia general de que no entiende el dialecto de los hombres, pienso -y puede que ser que jamás logren ni siquiera imaginarlo- que ya lo hizo a la perfección, que aquellas conversaciones ya han sido; esa y todas. Destinado a lo universal y a la participación con el universo, se transforma tendido en su cama en bóveda corrompible, temporal y finita de aquel. Quizá hoy a sus treinta y siete años ya haya superado cualquier forma que todo humano incluso en sus sueños conformará, nunca sabremos sus interventores, ni los niveles en los que ha dejado ser un hombre. Así, debió de haber sido ya hace mucho tiempo que todos fuimos parte de él; la posibilidad me descompensa por las tardes; ignoro si llegara a ser uno -dentro de mí lo niego-. Tal vez pudo haber tenido ya la dicha verse, y saberse el espejo que es, la nada.

Lo cierto es, que condenado está a desaparecer en el polvo junto con nosotros, y con él toda la realidad monstruosa de lo indecible, pero contrario a lo que el común podría pensar, nada preciado se perderá.

Hay días de pesadas calmas y de lluvia contra mis ventanas, en que me planteo todo este tema como una bienaventuranza. Él o nosotros, juro no decidirme quien está más enfermo.

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balazos

todo un caballero

José Ignacio le abrió la puerta a su clienta para que ella pasara. Él, un correcto abogado embutido en su corbata y su fino terno, con su portafolio de cuero en la mano izquierda y la manilla de la puerta en la mano derecha, se inclinó y miro a los ojos a su poderdante cuando esta pasaba y le agradecía también con una sonrisa el amable gesto. Ella, una ejecutiva bancaria de unos preciosos ojos azules y unos rasgos bellísimos sutilmente maquillados, de una silueta encandilante y un busto generoso, de taco alto y una medias caladas de tono obscuro —Que de seguro no deben llegar mucho más arriba de su rodilla, pensó el abogado— en fin, una mujer refinada, una mujer fatal. Él, la siguió con la mirada y cuando ya ella le daba la espalda y seguía caminando en dirección a la oficina , José Ignacio sin perder de la mira a su presa, bajó la mirada hasta sus pronunciados glúteos y pudo apreciar en toda su magnitud el diminuto calzón que se perdía entre sus nalgas y que casi por obra divina la ligera transparencia del traje ceñido a su cuerpo le permitía que deleitase hasta el morbo y así, con una sonrisa picaresca y sedienta delatora de sus lujuriosos pensamientos, se regocijo con la edénica visión fantaseando las más pecaminosas situaciones y se fue caminando tras de ella embobado con su culo. Ella sólo pensó para sí — ¡Ay José Ignacio! Es todo un caballero—.

F. Beltrán

aicarg ed orit

sol noc ojepse la etnerf ótnalp eS oñup uS .sodatnergnasne sojo y ,otnemugra ed secev sal ozih neiuq alle euf ,lataf eplog le sart ahceh ,oleus le rop ómarrapsed es .sozadep ed selim

Oprobioso

microrelato

masoca

Camino en detalle justo al medio por la desolada calle ancha, nadie afuera. Está todo oscuro. Una luz me mira por detrás sintiendo la raquídea y sus convulsiones torácicas. Todo lo que miro me da pavor, todo lo que miro me da miedo. Eso me gusta.

Sico

Paseábamos y pasábamos.

Discutíamos acerca de cuál era la mejor forma de suicidarse. Tú decías que una escopeta o una pistola bastarían. Yo estaba alucinando con Virginia Woolf en ese periodo de mi vida y te empecé a hablar -con un entusiasmo infantil- de la carta que le dejó a su marido antes de matarse, creo que en ese momento dejaste de escucharme o quizás fue que yo comencé a hablarme a mi misma. A veces nos pasaba eso, la mayoría de las veces nos pasaba eso.

Caminamos mucho, sin rumbo o con un destino insignificante como esa librería donde atendía el viejo que siempre estaba escuchando a Carlitos Gardel, caminábamos no en silencio, pero sin hablarnos realmente, mirando las baldosas del suelo o del cielo. Escuchándonos de lejos como si fuera música de fondo, intercalando la conversación con pensamientos que no alcanzaban a materializarse en frases coherentes, igual era bueno compartir el recorrido y los paisajes, que eran siempre los mismos, las mismas calles indecentes. Y no habían fantasmas en todo eso. Ningún monstruo que se escondiera para asustarnos al doblar las esquinas, ninguna sombra esperando la noche para ensombrecernos el perfil y desatar una tormenta de emociones. Era sólo una desconexión inminente y casi imperceptible que aceptábamos porque parecía el curso natural de todas las relaciones humanas.

En mi mente tu compañía se graficaba como las líneas paralelas en un plano cartesiano, una junto a la otra, extendidas al infinito, sin llegar a toparse nunca. Eso eran nuestros paseos, nuestras conversaciones inútiles. Eso siempre fuimos nosotros cuando perdíamos el tiempo. Me parecía, cuando caminaba a tu lado coordinada a tu andar errático que disfrazabas de calma y lentitud, que sentía las piedras en el bolsillo, las piedras de Virginia que me empujaban al río, que me alejaban cada vez más de ti. J.

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el perro y el frasco

“Perrito guapo, perrito bueno, perrito mono, ven aquí y respira un perfume excelente que he comprado en la mejor tienda de la ciudad.”

Y el perro, moviendo el rabo, lo que, según tengo entendido, en estos pobres seres equivale a la risa y a la sonrisa, se acerca y pone con curiosidad su nariz húmeda sobre el frasco destapado; luego retrocediendo de pronto asustado, empieza a ladrarme a modo de reproche.“¡Ay, miserable perro!; si te hubiera ofrecido un paquete de excrementos lo habrías olfateado con deleite y quizás devorado. En eso, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público a quien no hay que ofrecer nunca perfumes delicados que le exasperan, sino basuras cuidadosamente escogidas.”

Charles Baudelaire

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sin titulo Cálida, viene desesperada, pide a gritos

quien sacie su deseo de sentirse mujer, grito desgarrador, casi un susurro, silencioso ímpetu. Traiciona el más íntimo de sus pensamientos, aquel que yace sumergido clamando piedad, que busca un segundo más de cariño, un poco del más puro querer.

Klim G.M.

fumador compulsivo Prendo un cigarrillo y siento como poco a poco se consume en mi boca, con delicadeza va formando castillos en el aire, sueños que se desvanecen en cuanto tocan el techo, el humo acaricia mi garganta (se siente bien) entonces me olvido, ¿de qué estaba hablando? No importa, se apagó, hay que prenderlo de nuevo o si no se hará tarde, tarde para comenzar de nuevo, ¿comenzar que? Mierda se apagó de nuevo, y yo que quería morir de cáncer…

De Mendoza

cuento chilescoslovaco retrospectivamente evolutivo La primera parte del tiempo, fueron tiempos atemporizados. La

columna estructural declinada sostenida por mecánica de todos los tiempos no procedía ya a respaldar el viejo andamiaje.

El resultado inefable acontecido; columnas y pilares colapsados. Ya sabiendo que todo se transforma y nada se destruye, sólo queda reestructurar los materiales y edificar un nuevo sustento. El segundo periodo de la época se vislumbra amigable sol de tarde casi sin nubes.

Sico

cuerdas

El sonido iba en perfecta armonía, improvisación pura, fluida, elevada, artística, lisérgica, delirante, todo lo que se pudiera esperar de un encuentro orgásmico de cuerdas flotantes, de guitarras acústicas entrelazadas a la perfección, de metal y nailon, de precisión y destreza, de sonido y color y de pronto, un ataque de risa lo interrumpió todo. Y siguieron riéndose durante un buen rato.

Luego, armaron otro gran perno y después de degustarlo, siguieron tocando. F. Beltrán

mundo aparte Aqui es cuando me doy cuenta que vivo un mundo aparte, cuando me doy cuenta que

quizá nací en la época equivocada y nada lo remediará. Que cuando mis lápices se dejan llevar en representaciones sentimentales nada puedo hacer, cuando el amor inunda mi cuerpo ya nada puedo hacer. Los detalles del universo, el cambio posible, mi vida, el destino, la creencia en la unidad, mi pensamiento, la conexión munidal intra-espritual. Me deshago de este cuerpo tan pesado, para liberar el vuelo, para desatar los nudos de mi vida, para poder tomar las gotas con mi lengua, para escalofriarme del ruido lluvioso de infierno, para tiritarme del frío en mi país. Ver mi sonrirsa reflejada en el espejo es una satisfacción increíble, es transmitirme a mí mismo lo que sucede, es echar hacía fuera para caer dentro mí todo lo que siento, es mi doble sonriendome encantando. La ventana de mi cuarto, por donde miro cada día nuevas ideas, por donde veo la realidad del mundo que transcurre allá afuera. Siempre estoy dentro mí, aunque no lo parezca, soy siempre yo mismo, voy siempre en mi alma misma, en lo absoluto de mis deseos, en lo completo de mis anhelos. Soy yo, el mismo, ese mismo, el que no se ve, el que se expresa sin aparecer, viviendo un mundo aparte.

Guillermo Zapata

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mentiroso

Por M. Cerda

De los mentirosos fuiste el peor. La vida ya no te cree ni lo que soñaste, dijiste que no la querías, dijiste que ya no soñabas su blusa abierta a tus ojos de volcán. Dijiste que ya no olías su líquido exquisito, ese que guardabas en tus pliegues recordando cuando ella había dicho por fin que sí. Dijiste que ya no te torturaba la idea de morir, porque ya no necesitabas el infinito para amarla. Dijiste que serás de otra, dijiste que ya no pensabas que la vida sin ella era un escarabajo cojo, verde de tanto dolor. Dijiste que la normalidad es estar solo, que el hombre que ama es un desquiciado. Pero es mentira, y siempre fue tan claro, el desquiciado eras tú, amándola a ella. Riendo en sus pudores, sollozando sus penas, comiendo de sus secretos. El desquiciado siempre fuiste tú, balbuceando verdades en su oído, llorándole tus sentimientos a más no poder, rozando con tu boca feliz sus humedales, cerrando tus palmas al mundo para tocarla solamente a ella, atravesando ríos entre sus extremidades, agarrando sus caderas para hacerlas tu hogar, aguantando dolores en el pecho por soportar ese corazón, que era rojo porque la sangre te ardía dentro, te quemó de tanto querer. Recuerdo cuando dijiste que la vida sigue y te llenaste la cabeza de clichés. Pero tú lo sabías y yo lo sé, tu vida no siguió, tu vida no pudo más, tal vez ya no le temías a la muerte, tal vez ya no necesitabas el infinito si no estaba ella, pero nunca debiste escribir la historia de esta manera, nunca debiste morir de amor. Pero yo lo sabía y tú lo sabías, nunca lo dijiste y fue lo único que debiste haber dicho, porque la única verdad fue siempre que te desgarraste hasta los intestinos cuando ella dijo que tú eras con el que dormía, pero no con el que soñaba.

sueños de mayo Recuerdo que era una mañana de esas típicas de los primeros días de diciembre, porque yo dormía sin polera cuando la rabia entró como haciendo ruido a propósito. Yo sólo quería dormir. Dentro de uno de esos sueños que se construyen con lo que oía, vi como mi pieza se desordenaba a pedazos, como buscando algo, dentro de un huracán de delirios y blasfemias. Los papeles y fotografías caían por una cascada infinita de recuerdos, desde las más alta intimidades de mi guardarropa. El instante del desorden se prolongaba indefinidamente, como por un mutuo acuerdo, que inconscientemente intentaba aplazar lo inevitable, cuando, repentinamente, ya no quedó nada más que botar. Enfrentando al funesto destino, la ira no soportó la idea de que no presenciara su espectáculo atenta y comenzó ese molesto zamarreo que buscaba provocarme. La desdicha me empujó y me golpeó hasta que me puse de pie, gritándome en lenguas ininteligibles para alguien que dormitaba, me pegó un par de veces más en la cara y se agachó maldiciendo a recoger lo que tanto le urgía reclamar. amanita literaria

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En el silencio más perpetuo, sólo perturbado por un lloriqueo casi imperceptible, la vi meter y sacar de su bolsita de multitienda las cartas que me había escrito, asesinando segundos valiosos, mientras sus ojos se desentendían de su cuerpo y me imploraban que la siguiera odiando eternamente. Súbitamente, en un aturdimiento del espacio y del presente, nos vimos forcejeando por algo que en nuestras realidades coexistentes tenía nombres distintos. Perdimos el control. Vi, cuadro por cuadro, como un puño se eternizaba contra algo que podía ser su espalda, como el estallar sangriento de una copa de cristal al encontrar a su némesis de concreto. En lágrimas derribé con los nudillos un muro que terminaría lo que mi desvarío de explosiones no pudo comenzar. Aquel día terminé de morir, después de tres años de anhelos de rencor fulminante, que terminaron en un sueño que para siempre condenaría mi conciencia. Por fin tranquila, pude volver a dormir.

Anónima


hombre fluidez

El hombre fluidez camina despreocupado. “Todo se da y si no de da, mejor esperar a que se de” ese era su lema, su máxima constatación. Él a diferencia de muchos no se destripó en hipotecas ni subsidios para obtener una casa, ni siquiera tuvo que luchar contra arrendatarios tramposos o prestamos usureros, simplemente un día caminó y se encontró una vieja casa abandonada en un sitio eriazo. Como si hubiese sido creada para él, el hombre fluidez se instaló ahí convirtiendo ese desolado lugar en un verdadero hogar. Nunca tuvo problemas con nadie que reclamara el sitio, la gente al pasar miraba y ni cuenta se daban que los ladrillos que edificaban la vivienda antes habían sido meros trozos de desamparo. El hombre fluidez no trabajaba, si es que trabajar significa cumplir un horario, estar relegado y un tanto abusado. No, él era una especie de fotógrafo artesano. Recorría los basurales para sorprender a la belleza envuelta en estragos. Me creerán o no que sin concursar ni postular a nada, a veces ganaba millones y millones de halagos que él gastaba en nuevos artefactos para su tesoro. El hombre fluidez siempre me aconsejaba que dejara las cosas fluir. Creo que las bases de tan alternativa filosofía se cimentaban en la explicación de la condensación de la materia. Pues como bien sabemos, los sólidos tienen sus moléculas todas juntas, apretadas las unas a las otras, rígidas, tensas y en constante estrés. Los líquidos las mantienen algo más separadas, pero no lo suficiente para que de vez en cuando alguna molécula se interponga en el camino de otra y así colisionen. Sin embargo los gases son pura fluidez y sus moléculas se mantienen dispersas, relajadas sin ninguna presión, tal como nuestro hombre gusta de existir. Como él detesta el estrés, desestima los números por causar irritación y nerviosismo, en vez de eso gusta del arte impregnado en los canales de la música o bien la pintura, de vez en cuando algo de literatura también. Siempre repetía que los grandes genios recibían sus genialidades en los sueños, nombraba a Dalí, Edison, Einstein, Van Gogh o Mark Twain como ejemplos. El asunto es que todo se debía dar por causa natural, era pecado forzar algo por más urgencia que se tenía de aquello. A veces intentaba practicar el vivir del hombre fluidez, pero apenas y pasaba una semana en estado gaseoso cuando algo ocurría y volvía a ser un maldito sólido incapaz de ver más halla de lo que mostraba el horizonte. Uno de mis grandes problemas que me impedía vivir así era mi desconfianza, al contrario, este hombre al ser tan “incorpóreo” no le costaba nada conversar con cualquiera, pues al

estar siempre relajado los prejuicios no funcionaban con su artimaña para confundir. Nuestro personaje tampoco buscaba religiones, movimientos o practicas que lo hicieran mejor o que le revelaran un secreto para el éxito, no, el manifestaba que todas las religiones decían lo mismo y que no necesitaba de guías o manuales para llegar a saber cosas tan evidentes para ser feliz. Simplemente respiraba hondo y miraba todo con atención, ese era su secreto. Si es que el hombre fluidez era contra sistema eso era algo variable pues en ocasiones compraba en grandes tiendas o más común era que nos invitara a beber cerveza, de todas formas, inmiscuirse de repente en el capitalismo extremo no le causaba vergüenza o cargo de conciencia.

Como el hombre fluidez buscaba constantemente sin buscar, no precisaba de ir tras mujeres, las mujeres también llegaban a él maravilladas por su forma tan aliviante de pensar, mas aquí estaba el problema. Ninguna mujer (por cierto, muchas de ellas bien guapas) era del gusto del regodeón. Parecía mentira, pero desfile tras desfile de mujeres hermosas pasaron por su cama y él siempre terminaba rechazándolas a todas. Aquí esta la paradoja más grande del hombre fluidez, pues la única mujer que sinceramente amó fue una que no supo de su existencia, y que por lo tanto nunca llegó a sus brazos. A pesar de que nuestro hombre esperaba una y otra vez a que se diera la situación, esta nunca se dio y la mujer se le escapaba sin si quiera saber su nombre. Descompensado el hombre fluidez se sintió huérfano en el mundo mientras solía observar a lo lejos a esta mujer pasear de la mano junto a tantos otros hombres siempre estresados.

Mark Bowen

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(a modo de prólogo) Sin saber qué hacer no estoy Pensando en hacer sí estoy Las ideas los pensares se chocan no fluida si no [apretadamente Una pisa a la otra y la otra a esta Quiero escribir algo Pero el pero que siempre siempre Encuentra un lugar El papel como basurero El papel como bacinica El papel como aquel oído Ningún papel Estoy ante una idea del papel Ante la pantalla No se qué No me logro decidir Transmito y transito dentro de mí Con mis yoes con nadie Y no pienso en nada Continúo atropellándome Continúo recordándola Continúo pensando en el proyecto de novela que se [hace difícil En los diez minutos En los versos más descarados En la pluskuamperfección de su espalda En vientres agitados Mojados Febriles En la cabeza apoyada en la felpa verde Sueños por doquier Quebrantos famas y esperanzas y cronopios que no [sé si conozco Temblando tras leer el escrito Todos es un escrito y al leerlo tiemblo Me da calor y los recuerdo Pienso en no leer hasta pasado un mes En los ya escritos y en los por escribir En que no aguanta no aguanto no quiero aguantar En fumar y solo fumar En viajar y experienciar Trastocar estos límites autoimpuestos Cariños rencores y un poco de merkén Tostadas a la francesa o no se de donde La pieza calentita El té calentito Todo abrigadito La casa bonita El refrigerador también Acróstico cadáver exquisito cuentos novelas microcuentos

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géneros realismo naturalismo existencialismo Versos en prosa Baudelaire viene y se va Escuchar a cortazar y un octaedro Mirar a dalí pintando hablando Ver al genio iluminar y caer Cual abeja que deja la lanza Franco y su lanza No olvido tu lanza Somos todos lonconao* Somos todos lonconao Necesito hablar Quiero escuchar interrumpir y gozar Tocar rozar de nuevo interrumpir y de nuevo gozar mozart El olimpo el partenón y ka de slipknot De kafka de frankoriel De pluskuamperfekta De kundera y korn Del sánskrito De okupa de los okupas de anarkía akracia y una buena [dosis de kaos Kaosmosis korriendo por las piernas Chocando a los ke kaminan sin ver Buscando un crédito Endeudando creándose necesidades Luchando día a día por la comida Por el trabajo Sin dignidad Dignidades pisadas Dignidades de lodo Dignidades buscadas y no encontradas fuera Halladas dentro Y no recuerdo el idioma universal Y se me pone roja la cara Y recuerdo kelentaro Y de mi boka brotan frailes pechoñas Y ya me estoy trankilizando Este proceder vaya si da resultado Este psicólogo llamado papel Aunque la idea solamente Estoy frente a la pantalla Me imagino el papel Me imagino cuanto escrito está Me imagino igual la libertad Me imagino caminar tranquilo con ella bajo hojas cayendo [en el otoño de los momentos Hojas amarillas y rojas Fresco airecito y abrigaditos El sol tras unas cuantas obstinadas nubes En silencio Dichosos Afines y tranquilos Fluyendo Sin fluir.

Por Frankoriel


literatura rebelde Por Sebastián F. Caillet

Letras, palabras, tornasol de emoción, éxtasis del pensamiento, florecer de ígneos ideales, gérmenes contagiosos, indómitos en su cabalgar, ¿hasta dónde podrán llegar? Si bien quizás sólo cumplen el rol de expresar ideales, en su calidad de germen, de mutación de la genética social, pueden ser el origen de un cambio más allá de la frontera de lo imaginable, más allá de los límites de lo utópico. Las ideas toman vida propia al momento de liberarse, se desprenden de su útero, trascienden más allá de la persona, preñando al pueblo de rebeldía, de pasión, de utopía. Y es que la literatura es algo más que letras, es algo más que palabras, es algo más que una simple emoción, la literatura es revolución, revolución del pensamiento, revolución del sentimiento. Tras el telón de los sueños se esconde esta bestia, esta bestia amable, amablemente violenta, porque las ideas son un arma de calibre incalculable, de gatillo sensible, difícil de manipular, a veces casi imposible. Por esto, la literatura ha cumplido un rol eminentemente constructivo, pero en ocasiones también destructivo. Todo depende de quién manipule esta arma, que a veces cae en las manos inadecuadas. Pero en esta ocasión no vale la pena denigrar lo ya denigrado de aquellos fallos literarios que han caído en su propia basura, más vale hacer reseña a quienes con un profundo ímpetu social han querido a través de las letras dar nacimiento a nuevas formas de vivir la vida en sociedad, han roto los esquemas de la opresión, abriendo ventanas a la tan ansiada liberación. Por doquier encontramos el rastro, aunque sea a migajas, de lo que cultivó nuestra sociedad en sus inicios, son esas letras marcadas a fuego de sueños sobre papel las que nos hablan del pasado de nuestra gente, y de su proceso de liberación, tanto físico como intelectual. Porque las sociedades evolucionan de la mano con las ideas, y las ideas se transforman en palabras. En esta hoja quiero dejar algo de consciencia, algo de conceptos. Quiero que esta hoja cumpla el rol de germen, y que se pregone a viva voz el son revolucionario. Pues así como la literatura es vida para unos, la política y las interacciones socioculturales lo son todo para nosotros. Y es que hay quienes se niegan a reconocerlo, obstinación infértil, opresora, hasta cobarde, coartando nuestra libertad, aun así defendida en los momentos álgidos por los pueblos, luchando contra el fascistoide rostro de la infamia política, infamia descarada, que se sigue dando tras máscaras gremialistas, y cuantas otras más.

Que se atrevan a negar la importancia de la política en nuestra evolución social (no, no es una comedia). Desde que se tiene noción de esta, Aristóteles y el zoon politikon, ella ha sido a todas luces el motor de nuestros avances. Mientras existan necesidades, de todo tipo, y personas, ella

será el actor principal en nuestras memorias y nuestros presentes. Y es que va más allá de la noción común que tenemos de ésta, sólo hay que destejer las interacciones más mínimas entre personas para darnos cuenta de que hacemos política a diario, esta ha tomado formas diversas a lo largo de los tiempos y ha ido evolucionando de acuerdo al avance de cada sociedad. Quizás ahora nos vanagloriamos de una “democracia” y nos alimentamos de la mentira de su verdadera existencia. Y es que hoy quienes somos más radicales pretendemos algo mejor, así como hace 200 años atrás la vanguardia era una utópica socialdemocracia, que hoy por hoy repudian los sectores más cercanos al pueblo. En estos tiempos, hay quienes tenemos ideales más allá de la democracia, creemos en la utopía libertaria y queremos cambiar un sistema en función de esto, las letras, la literatura, el lenguaje. Porque modificando lenguajes, modificas pensamientos, concepciones y modificar un lenguaje en una sociedad, es la revolución. Ya basta de mirar el mundo de un modo “hobbesiano”, basta de “darwinianismos sociológicos”, basta de exitismos, individualismos, propios de una sociedad capitalista, capitalismo no propio, capitalismo de bloques dominantes y opresores. Debemos crear un lenguaje capaz de modificar nuestras construcciones culturales y sociales actuales, capaz de derribar de raíz todo rastro de arcaísmo sociocultural, y de esta manera aplicar nuevas formas en las prácticas revolucionarias. Se debe tomar en cuenta lo fundamental que es remover el polvo de las memorias y conciencias del pueblo, de identificarlos tras una identidad uniforme, con una meta común. Debemos llevar el estandarte en la lucha contra el proselitismo, debemos desplegar las alas del pensamiento indómito, y pintar oleos de sueños sobre las páginas vacías del futuro de la humanidad. Es esta una labor espartana, no queremos modificar sólo algunos ribetes, queremos cambiarlo todo, queremos construir un nuevo mundo, y nuestro frente de avance son todos los imaginables. Entendemos la política como algo que nace de los núcleos sociales, como algo prefigurativo, no creemos en las plataformas políticas, mas si estas existen, las vemos como plataformas PARA hacer política. Creemos en las nuevas generaciones, y en la educación como el medio preciso para formar las personas de esta nueva sociedad: creemos en las personas.

Y esto hasta el último punto no deja de ser una declaración de buenas intenciones, lo importante es que hice de esta hoja un germen, un germen y la expresión de un conjunto de sentimientos desordenados, de imágenes mentales, de letras, de literatura. amanita literaria

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de la biblioteca Por Alumno

Entré a la facultad y nada, sólo un letrero que decía algo de una asamblea, pero que importa esa hueá, no sé para qué sirve. Ahora estoy en la biblioteca (sí, de nuevo), esta vez frente a una mesa, y ya debería estar estudiando. Impaciente miro alrededor pensando en encontrarse mi vista algo que apure al tiempo, que alguien se vaya de la biblioteca, o bueno, por qué no un rostro conocido para saludarlo mudo, y distraerme un poco de la espera… …Y eso no; de eso nada, …A simple vista, otras cosas: Cabezas inclinadas, todas con la mirada en hojas de papel con letras, jóvenes (y no tanto) acurrucados en la lectura, encorvados hacia la mesa… en su propio mundo. Se ven tan sometidos, pero que absurdo que concurren volitivamente a su sometimiento.

(Poco a poco mi vista se enfoca en curiosos detalles) Arco iris sin vida de destacadores, cuál de todos SE destaca más. Les gusta usarlos casi como un niño que colorea el dibujo, son los crayones de los niños grandes; qué imbéciles… Carpetitas de colores exaltados, papelitos de colores para poner la notita y saber en qué página está lo que van a subrayar con lápices de colores rigiéndose por la recta de la regla de colores; que estúpido… Sinceramente me dan ganas de subrayar verticalmente, y con el puño apretando con rabia el lápiz, sus propias caras para ser disidente a tanta minuciosidad. Y tanto código, ¿Para qué? ¿Qué quieren aparentar?, ¿Para qué estudian tanto?, ¿Para ganar plata?, ¿Por qué no salen de aquí y disfrutan del día?, Se ven tan estúpidos estudiando sin respirar si quiera, sin levantar la cabeza como diciendo un puto amén a todo lo que leen… ¿Y esas hueás que son? Esos falos metálicos (no hay que ser Freud para verlo así)… Supongo que contendrán café y no el elixir propio de los falos. Cuestionándome esto, nauseabundo es ver como se llevan esa especie de “tapa-taza” a la boca con ese vaporcito caliente, caliente con olor quizás a “eso”, ¡Ah, que asco!

Y por último estas (esta) mesas vacías, como la que tengo en frente, las con libros y mochilas, pero sin personas. Son sin lugar a dudas lo más irritante… qué será de ellos, quiénes serán, cómo serán, su apariencia, su cara … en fin, ¡Quiénes serán esos conchadesumadre que por dejar sus cosas ahí me atrasan en el estudio de la materia! “Todos somos iguales antes el deber moral” I. Kant.-…

…Los mismos sometidos, y no nos damos ni cuenta.

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tanguedia Por Autor

Enfrenta un martes con el alma recubierta de plomo, recorta minutos con café, exigida carrera a la parada de buses. Sonríe si coge el transporte indicado y reacciona iracundo, si por el contrario, deja escapar la precisión de un momento. A las nueve de la mañana encuentra alivio cruzando la puerta de la oficina y sólo cinco minutos después, ordenador encendido, se da tiempo para cerciorar si vale la pena vivir las horas que le quedan. Hoy decide que el esfuerzo vale, con aquella motivación inicia labores. A las siete de la tarde, agotado y con la columna de la silla impregnada al color de la camisa, mordisquea la calle hasta el paradero de buses. El viaje le parece corto, sin fijarse del milagro, una hora después enfrenta la reja de la casa. Prende la televisión, busca entre cinco canales, nada le satisface. Deja el aparato detenido en la estática, mira el reloj de muro y espera, sin prisa, algo extraordinario. Así le dan las diez, desiste de la vigilia, come algo e intenta pensar, sin conseguirlo, antes de dormir. Sueña en blanco y negro, ve mujeres que amó y mancilló. Acaricia cinturas, terremotos y ombligos, besa paredes, dientes y axilas. Todo es un deseo que aborrece, una caricia que agrede. Al fin, luego de transitar en historias y enredos del sueño, consigue entrar a la habitación del Malí. Y los tres ya estaban ahí, esperándolo, con el rostro oculto en la oscuridad habitual de la pieza del Malí. No es necesario saludar, no hay mucho que conversar, todos están lo suficientemente contestes en los hechos y pormenores. La reunión de hoy sólo tiene un objetivo, ratificar. Los observa minuciosamente, buscando dudas, uno que otro miedo paralizante. Satisfecho, es el primero el marcharse.

Al viernes ya comienza a preocuparse, ni en sueños logra entrar a la pieza del malí. Tuvo que desconectar el teléfono, no deja de sonar. A medio día un colega vino a casa, tocó el timbre hasta cansarse. Le dolió un poco tener que evadirlo, pero debía seguir el plan. Y el plan exigía esperar el hecho desencadenante. Pensaba tomarse el tiempo necesario y nadie iba a impedirlo.

El lunes consideró molesto una segunda visita del colega a casa y se decidió a enfrentarlo. Le costó menos de lo que jamás hubiese pensado, lo enterró en el patio prolijamente, quemó la ropa salpicada con sangre y esperó. Esperó aquel evento fantástico, igual que son conspiradores de la pieza del malí. El miércoles notó que la policía andaba en el vecindario, aquel día no obstante, estaba demasiado convencido que se trataba del día anhelado como para admitir sobresaltos. Urdió una escaramuza fulminante, la idea surgió con naturalidad y con naturalidad fue ejecutada. Formó una pila de objetos en el living, esparció parafina profusamente y con la chispa necesaria, observó la pila ahogarse en llamas. Intentó huir, un tropiezo teatral le hizo parecer presa fácil a sus captures. Reía en todo momento, sus carcajadas estremecían a los curiosos, el humo estiraba un brazo a las nubes, las sirenas de lejos confundidas con balizas. ***

El comité del malí reunido al fin, en la institución de locos, abrió sesión. Los cuatro, regocijantes, planifican la nueva etapa. Fin

El miércoles decide no ir a trabajar. Permanece en casa, en la cama, mirando el techo, yendo y viendo, aquí y allá. El teléfono suena un par de veces, lo ignora. Espera un hecho desencadenante, pero no llega. Al anochecer, con menos convicción, decide salir. Camina sin rumbo, encontrándose en las esquinas. Busca a los tres de la pieza del Malí, los imagina de carne y hueso, tanteando como ahora tantea él las calles, en la noche y por todos lados. La idea lo fortalece, eso de sentirse ejecutando acciones de antemano, concertados con hombres equivalente a él. Regresa antes del amanecer a casa, con las manos vacías.

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hacer patria Por Carlos Zambrano

Tener la valentía de la paciencia y no sucumbir ante la desesperación de una trascendencia textual, de un escrito destinado a la lectura de la primera vista. La vida sustanciosa y relevante de la que se alimentan las palabras no acaece todos los días y nos hace falta un descanso neuronal para poder transcribir. Hace falta determinar el nombre de esos espacios de la vida cuyo objetivo no es coexistir ni perecer, sino simplemente vegetar. Hacer patria. Un descanso de la humanidad, por más que se la quiera, retrasar la llegada de las pasiones y también del análisis racional de este mundo, en busca de su reducción a una sola idea exenta de la influencia de quienes te quieren ver demócrata y miedoso. Escribir, pero escribir en serio. La huevada simpática, es simpatía y no poema de aquel que mata, hiere, enamora o inspira. Hacer patria. Enfrentar los espacios blancos y libertarios que superan a la práctica del bueno del hombre medio empírico que no comete los cuasidelitos, pero que en sus adentros se desvela planeando los horrores del mundo. Oponerse a la fluidez irresponsable, el relajo insoportable, a el trabajo y la participación enmascarada cuando la política y los pobres se ponen de moda, la manito alzada cuando se pone de modita levantar la manito, el pensamiento de que hay que autoexiliarse a la vida de un escritor europeo y vivir de los golpecitos en la espalda por esa vida tan moderna y liberal a costas de los progenitores. Hacer patria. Infiltrarse en la vida de la gente haciendo patria con un texto que gobierne el velador de la muchacha destinataria capaz de olvidarse de las palabras escritas, pero incapaz de botar la hoja al basurero. Ajusticiar a unos cuantos fascistas por medio de tribunales ad hocks constituidos por medio de la poemática privada, de una pluma que raja por medio de los grafemas el acero industrial. Dejar entre los próximos un testimonio, una política antes las cosas para salvarse de la apatía simplona y de la filantropía sin pizca de crítica.

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Hacer patria. Inventar un abecedario, hacer patria, hacer una palabra. Hacer patria. Hacer patria por las calles mirando a los ojos, saludando a los barrenderos y agobiar a las viejas mediante la buena educación, una venganza elegante que delata su grosería rupestre. No necesitamos de un regulador, sino del inspirador conductual endógeno y constituir la patria con una conciencia, con una empatía. Hacer patria. Hacer patria en Cochrane con la Diagonal, en Avenida Américo Vespucio, en el Hospital Regional de Concepción, hacer patria en la Posta Central de Santiago, en el Liceo de Aplicación, en el Colegio Saint George, en el Enrique Molina, en el Parque Forestal y en el Martínez de Rozas. Hacer patria concursando por quien mea los mejores autos, quien se queda hasta mas tarde y toca los mejores hits de la noche, quien se saca los aplausos con los viejos cracs o se lleva la atención de la más guapa de la batucada. Las personas parecieren catalogadas. Como si dejar un toque en la ruta de la vida de los individuos fuera parte de una esencia patriótica que ronda por ahí suelta, pero cuidado que no son los obsesionados con ellos mismos y su patria nacionalista pues de ahí solo nacen las controversias de poca monta, los autoritarismos sociales que son per se del rasquerío máximo, dictaduritas del niñito sapo, una rabieta de quien lo quiere todo en este mundo, pero no sabe como pedirlo porque no tiene la su-


ficiente personalidad para ser reprobado y eso no es lo que está escrito hoy en esta afirmación espontanea, ni nunca. No dejemos a los orangutanes tomar el control y hacer patria con los puños para agredir al indefenso y al defensor.

Desterremos la brutalidad del agresor y hagamos patria. Hacer patria resolviendo mediante el vocablo la conciencia y la fraternidad entre los pueblos, mediante la palabra construir la plaza donde los niños jueguen sin peligro. Necesitamos de un inspirador conductual endógeno, de una autodisciplina mantenida en estado experimental. Hacer patria piropeando a la Juana y a la Carmencha, putidoncellas del poeta Gonzalo Rojas y a las obreras que bailan alegres con Víctor Jara. Hacer patria. Lavar con Rinso las ideologías y orgánicas universitarias, la boca de los niñatos reduccionistas que hacen como que hablan, pero no dicen nada. Juegan a su jueguito político de hacer la patria con la contrarrevolución de las ideas y mira-qué-bonitoel-hueoncito-que-se-dice-pacifista, pero como le forra a su individua besos o coscachos que a él le da lo mismo. Y de repente su morada se le llena de los más necesitados, como les llaman, que el campeón de su casa tiene que salvarlo de su agonía. En verdad deberíamos de llamarlos Redentores para darles en el gusto y apartarlos de esa batalla que principian contra la contribución patriótica de todos.

El corazón es guerrillero dice Cristián Vila Riquelme patriota y poeta de Horcón. Expatriemos entonces la guerra, y desterremos también la tolerancia y la caridad. Hacer la patria restableciendo el respeto, la solidaridad y la verdad, y querría pedir ayuda a un verbo unificador, a las palabras armónicas y tonales que quiero nombrar para llevar a cabo la reivindicación cultural. Hacer patria. Una reivindicación cultural. Hacer patria. En verdad, un congelamiento vacacional del imperio cognoscitivo y un descanso también de la dialéctica moderna para esta motivación escribana de dignidad legislativa pero de vocación musical. El corazón es guerrillero ahora les digo yo, patriota de mi hoja que es mi obsequio el día de hoy. Hacer patria creando los conjuros que hacen reaccionar el corazón-cristal de la Tierra, el ánima de las personas y de la cosas. Yo digo, todos somos padres de la patria con la inventiva y el genio del padre, con el poder hacedor patrio. No dejemos a los orangutanes tomar el control y hagamos patria por la vía de la cartomancia terrestre, de un sortilegio violento. Tener como sinapsis la consideración planetaria. Tener como sinapsis la potencia verbal que no es escupitajo, ni feca, ni florecitas y corazoncitos rosaditos para la niñita y firma atentamente el señorito poeta. Tener como sinapsis el acto fértil. Pronunciar es disparar. Hacer patria, la patria creativa para un nuevo abecedario. Hacer patria. Hacer las palabras de las patria. Hacer patria. Hagamos las palabras de la patria. Y con fuerza, hagamos las palabras de la patria. Hacer patria.

palabras inmemorables Por Natalia Velásquez

la mañana naciente, olvidada, partía quemada, resumida, sumida tu última voz en la llamada, llamarada de tus llantos insufribles, en tus gotas, tus miradas que clavan, que cambian, que cansan de [cansar en las orillas de tus almas y tus almenas inalcanzables, inamovibles, insostenibles, insoportables, [impresionantes cual sus sonrisas tus risas radiantes, rabiosas, brillantes y escapadas, escampadas, estampadas en mi sueño pesadilla, seña y señuelo de que debo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . -bebo de tus carcajadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . melodiosas y vibrantesde una vez . . . . . . . . -avisada, avezada, valerosarendirme ante la oculta risotada de la noche, de la que fuiste, gentil hombre inocente, justo, kilometraje necesario para observar la mañana, naciente aurora marchita, [malhadada, que partía quemada, resumida, sumida en tus penumbras embrumadas, emplumadas, embrutecida tu última voz en la llamada, llamarada llorosa de tus llantos insufribles, en tus gotas, dolorosas, tus miradas malagradecidas que cansan de cansar en las orillas de tus almas y tus almenas inalcanzables…

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los artistas están hechos para la revolución Por Nicolás Barría

El imperativo del deber, del sacrificio, pretende desdoblar la naturaleza de la necesidad, de la acción frente a la injusticia. Cuando pensamos el deber como un motor que agita e impulsa o como un combustible que a pulso de técnica logra darle forma a una machina, entonces estamos en las manos de alguien. No existe en realidad el deber. La voluntad, la oscura preinteligencia o prefiguración de lo que “estoy por suceder”, es tu territorio, autónomo, fundido a tu carne. Allí, en ese rincón de la acción, en la respiración del pensamiento, habita el primer indicio de la transformación, no del sacrificio.

Cuando el inocente bufón de oficina, de cuello y corbata, de cuaderno universitario, nos dice al oído que todo debe ser un sacrificio, que “para obtener algo debes sacrificarte”, lo que estamos oyendo es una mentira confitada , la explicación antigua de una tradición maquillada con los polvetes amarillos (ya no dorados) de una modernidad cansada y una postmodernidad que como el redbull, encierra en su interior secretos ingredientes mentirosos, que revitalizan el músculo al costo más alto, la proteína que vive en casas y trabaja para otros. Esta tradición se llama: como hacer correr al conejo. De la misma manera en que el pequeño cuadrúpedo se desvive por el tesoro anaranjado que cuelga de la caña, el olor del premio merecido es el que ha impregnado hasta los más íntimos y escondidos lugares de lo nuestro. No solo en lo material, en la vida en prosa, sino adentro, donde más importa, en nuestros preceptos de vida, en nuestros sistemas de asimilación, en el sistema operativo. Inicio, programas, Word, y vamos dándole a los cuadraditos y al “espacio”, se pasa el día, supermercado, casa comer, dormir, ay que falta esto, dale nomas, revienta el futuro, dale pásale a la cajera el otro cuadrado el más grande el que dice mi nombre y el nombre de alguien de apellido “Banco”.

Nosotros, sin capacidad de reacción, asimilamos (con una alta cuota de ingenua resignación) y somos asimilados por un ser que es aun más grande que el capitalismo. ¿Más grande que el capitalismo dijo? ¿Cómo?, ¿Hay en el mundo una bestia más grande que el tifón de traje verde?, ¿hay depredador más grande que la misma depredación?. Claro que si. Este es el dios detrás del dios, el dios sin rostro. La frenética carrera por el poder, en todas sus formas y sus ritos, ha sido históricamente la fuente de la riqueza y de “la justicia”. Estas dos, como las manos apretadas del patrón con el usurero (ya conocemos el apellido), impera y pone en riesgo lo poco y atormentado que se sigue creando con cada nueva generación. Cada camada de humanos que nace y crece es alimento para la maquina negra, que repito, no es el capitalismo. Cada joven que se aleja, que

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se aparta de la búsqueda, que deja el problema en mano de los que cree “exagerados” es una voz que se apaga, que nutre al animal rabioso que ataca directo a la yugular de la sensibilidad de la existencia, de la verdadera sin luces ni envases reciclables. Aquella institución conceptual de la que hablo, esa oscura masa de sistemas autoinmunes funciona como mecenas de la mercancía. ¿Cuántas veces has visto una lucha por un derecho y no has hecho nada? ¿Cuántos derechos conoces? ¿Sabes cuál es el límite? ¿Cuándo el banco puede dejar de violarte? Y digo los artistas están hechos para la revolución. No hay imperativo en lo que digo, no existe el mandato al siervo. Existe la profunda, la intima convicción de lo que he visto, la poca libertad que me es posible arrebatar de la mano del carcelero.

La forma en que el artista, que no necesariamente hace arte explícito, recrea, vuelve a crear la realidad es la clave. David Graeber ya nos explicaba que las formas no alienadas de producción son las respuestas y claro, esta en ellas la verdadera humanidad, la luz que se hace promesa sin cadenas y que da vértigo, la felicidad de una vida justa y plena. No hay comunión con la bestia, no puede haberla y mucho menos con su dios. El capitalismo nos ha quitado todo y nos lo ha devuelto babeado en el almíbar del sacrificio, listo para ser servido y consumido, flor de loto la llaman, lotofagós pobres de nosotros. Y ¿Dónde está el dios detrás del dios? Ese dios habita ahora una parte de nosotros, escondido detrás de los conceptos, justo cuando lo voy a cazar se escapa, es parte del sistema sin serlo, igual que el sida ¿no?.

Los artistas tienen algo, logran resguardar una parte de la libertad humana. Esta libertad consiste, en hacer algo por el gusto y e intima voluntad de crear, de comunicar. En su sentido más profundo es el desprendimiento o descuajamiento de lo que asumimos como realidad. Crear otra realidad, una alternativa ante toda esta masacre, uf, eso es lo que necesitamos. El artista, el que busca revolucionar los sentidos, no debe cansarse hasta llegar a la forma de su futuro, hasta crear un molde flexible que anide la energía que de sus pozos brota. La profundidad del ser humano se mide allí, no en cantidad, ni si quiera en calidad, sino en la latitud y volumen de su convicción, en la prefiguración del propio deseo, humano, de conciencia en movimiento. Este sistema es el ambiente ideal para la ignorancia, para los peores detractores de la libertad, para los que pudiendo hacer algo no lo hacen, para los resignados sin bandera y para los que están corriendo y codeando sin pudor a sus hermanos y hermanas. Esta nube gris que se amontona como larvas detrás de todas las ventanas del humanismo, ha traído, crea al contacto la sumisión de todos los sentidos, la búsqueda máxima de la eficiencia, a un costo imperdonable.


Será la mente y los brazos revolucionarios, artísticos, trabajadores, laterales y explotados, quienes conformarán la amalgama de voluntades libertarias, serán ellos, seremos, la proteína que conjugue la creatividad con la voluntad de mundos paralelos (mejores, limpios, descansados) aquella noche negra y amarilla, roja y negra en la que luchemos por la elasticidad de una sociedad fatigada. Así como yo, otros hablarán, dirán que no es el tiempo, que el enemigo es muy grande, yo les digo a ellos, les digo a mis hermanos y hermanas, que es la hora de terminar con las mentiras, que no somos nosotros los esclavos de nadie, ni el sacrificio un deber humano.

urbe sie.IV

Enzo Ron G. Te miré el culo, Mientras me apoye en la baranda, Mientras se esfumó el tiempo con las horas, Las perspectivas, La cadena de mi salto al piso. Tenía ganas de dormir y estaba frío. Y las ciudades se bifurcan fácilmente, Se demoran. Me puse en la baranda, la vi hacia abajo y hacia arriba. Nos ganaron las distancias, las cuartas de sonido, Las ganas. En fin, las costras de cemento querían devorar por este rato.

urape

Enzo Ron G.

Quizás fueron los malos negocios, Buenos resultados. Miran mientras se caen poco a poco los edificios: Las llamas, el paseo inmortal es aspirinas, En vino con saltitos, Con mensajes y pestillos, Claves y argumentos, Papeles y tu cintura. Conocí la tierra quebrándose Cuando se abrió el cielo, cuando ya eran pocos. Un toque para arrancarnos, El silbido. Recuerdo que caminaba de día, Que llevaba el diario en el sobaco, Lo leí lento, Me puse a reír. Cayó el mes en las manos de pocas, Luego de varias, Luego de nadie. Me gustó siempre caminar, Ver de costado, Apretar los ojos Y leer Melville tomando té. Lugares con toneladas de la bolsas con olor a orina, Con calles húmedas, con ropa húmeda, el pelo. Nos callamos en algún momento, Nos escuchamos, Nos vestimos de negro-blanco-café, Supimos después de los pilares de esa casita. ¿Tomas o no tomas? Si. Me acuerdo que había zapatos O por lo menso que los llevábamos.

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arañas Por F. Beltran

La habitación esta llena de arañas, distintas arañas. Bellas arañas. Me intrigan y me fascinan. Al poco tiempo de iniciada mi estadía aquí mi curiosidad por ellas aumentaba y ya no las mataba como al principio. Fue entonces en que comencé a convivir con ellas, o en realidad a tener conciencia de que lo estaba haciendo. Ya llevo varios años aquí encerrado, cometí un crimen, asesine a mi mujer poniendo una tela en su boca y estrangulándola con unas tenazas. Pero no estoy aquí preso, si no porque el abogado defensor dijo al juez que yo había actuado inconscientemente impulsado por una esquizofrenia que padecía desde siempre sin saberlo y que jamás había sido tratada. Su madre juró vengarla cuando bajé del estrado. De cualquier modo he sido encerrado de por vida en esta casa de locos. Esta mañana tratando de alcanzar una araña de patas largas que paseaba por el techo de la habitación me encaramé sobre una silla, me subí rápido estirando la punta de mi mano para tomarla, di un paso en falso y la silla se balanceo arrojándome de espaldas al suelo. Me he pasado el resto del día contoneándome de uno a otro lado y sobándome la espalda. Hoy día nuevamente no han venido a traerme la comida. No se que hora es, en realidad nunca lo se, aquí no me dejan tener nada, pero la hora de almuerzo debió haber sido hace rato. Ya van 3 días sin comer. Nunca tengo visitas. Desde mi llegada no he vuelto a saber nada del mundo exterior supongo que los días al igual que aquí han seguido pasando. De cualquier forma mi amor por las arañas ha crecido con el tiempo y con ello también la costumbre por mis monótonos días y cual aracnólogo me paso horas estudiándolas. Hoy día he podido mirar muchas arañas. Guardando la mesura y con cierta paciencia he llegado a contar miles en un día. Me he paseado de un lado a otro de la habitación oscilando parsimoniosamente entre las líneas del polvoriento suelo de piedra. Me tendí en el suelo cavilante, profundamente absorto, más catatónico que nunca mirando a una araña construir un tela en una esquina del techo de la habitación, era tan perfecta, tan metódicamente construida que me pareció la decoración más bonita de mi cuarto de orate. Olvidé el hambre que debiera sentir y estuve horas así tendido hasta que se fue la luz. A la habitación entra una luz seca desde lo alto que deja ver el polvo flotando en el aire. No tengo vista hacia afuera y mi compañía día y noche son estas cuatro paredes de cal y las arañas. Tres veces al día viene una mujer de delantal blanco a darme comida, una fría en la mañana y dos comidas calientes en la tarde

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y noche. A veces he comido hasta tres días lo mismo, pero nunca como hoy durante tantos días sin comer.

Mis huesos ya se acostumbraron a la piedra dura y al frío eterno del suelo. Pero este invierno ha sido más frió que otros y las noches más largas. Ha sido producto de ello que en el mes de julio agarré un catarro que ha durado más de un mes. Ya ha oscurecido por completo. Al parecer hoy día de nuevo me olvidaron. No hay comida y sigue el hambre, espero que el sueño gane. He despertado de golpe tendido en el suelo, un sabor amargo en la garganta.

Mi habitación esta llena de gente, todos muy serios y preocupados, hombres vestidos de delantal cuaderno y bolígrafo en mano, cámaras fotográficas, guantes quirúrgicos, máscaras. Me siento adolorido y cansado. Me cuesta abrir los ojos y la luz me molesta. Me arrastro por la habitación con ayuda de mis manos, me siento lánguido como si ninguna de mis extremidades estuviera provista de huesos. La gente no se mueve, todos me dan la espalda y miran hacia el mismo punto, hacia la otra esquina de la habitación, hacia el mismo lugar donde ayer estuve tendido mirando la tela de araña, miran algo que no alcanzo a ver. Les habló y nadie me mira, les grito y el silencio pétreo de la habitación hace a las paredes devorar mis palabras. Me acerco arrastrando mis rodillas y abdomen, estirando mis dedos tiesos. Me siento pequeñísimo y puedo percibir como los vellos de mis brazos se erizan, siento el olor de la piedra y polvo del suelo entre mis cejas y como si un gigante me estuviera aplastando la espalda contra el suelo que no me deja mover. Cuando logro llegar a donde los hombres, el espectáculo me aterra, dejándome pasmado, ahí esta el cadáver de un hombre esmirriado, muerto quizá hace cuanto, de apariencia famélica y su cuerpo de torso desnudo, cubierto de miles de arañas, saliendo de su boca y oídos, de los orificios de su nariz, enmarañadas en su pelo, en su barba, cubriéndole el rostro, el cuerpo, las manos....

Paralizado con tal escena de pronto siento un sabor horrible en la garganta, instintivamente me llevo una mano a la boca y tras una arcada cae en la palma de mi mano una araña negra que aprisiono y trituro haciendo crujir cada una de sus ocho patas, al tiempo que mi cabeza cae golpeando el suelo... El hombre de las arañas era yo.



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