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M iércoles, 6 de junio de 2012 Año III, nº 18

Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría. (En http://sites.google.com/site/lasecciondelaseccion puedes ver esta publicación con más lujo de detalles)

NÚMERO ESPECIAL PROYECTO COMENIUS 2011-2012

Por más que el tímido falsario afirme lo contrario la finalidad de toda obra literaria es la de ser conocida por alguien más que por el autor consciente que la ha concebido. Esa es la razón por la que sacamos un número especial a final de curso para publicar los relatos de todos los participantes en el proyecto Comenius nº 2011-1-ES1COM07-35334 2 realizado entre los alumnos del I.E.S. “Severo Ochoa” de San Juan de Aznalfarache (Sevilla) y del Lycée International des Pontonniers de Strasbourg.

Durante un año hemos trabajado sobre cuentos populares y narraciones tradicionales ampliando nuestro campo de investigación y aprendizaje a los cuentos literarios y los microrrelatos. El trabajo ha implicado a alumnos de 3º y 4º de E.S.O. del centro educativo español y a alumnos de Seconde del centro francés, que estudian español, tanto en la Sección Internacional Española como en la materia de Segunda Lengua (LV2). Así que la mezcla de procedencias, niveles lingüísticos e intereses ha sido tan profunda como fructífera. A continuación publicamos los originales de todos los participantes, sin ninguna ordenación consciente, por no fastidiar a los hados y sin consignar ninguna autoría, pues el lector impaciente siempre tiende (insensatamente) a identificar al autor con su obra para simplificar las interpretaciones. Hay algunas historias buenas, otras malas y otras regulares; nosotros ni valoramos ni jerarquizamos. El lector, por su parte, va a encontrar cuarenta microhistorias que podrá ensalzar, vituperar o, lo que será mucho más cruel, despreciar. Téngase, no obstante, en cuenta que los autores de estos opúsculos tienen de trece a dieciséis años y que, en gran parte, nunca habían sido invitados a contar una historia. Si se leen todas y se está un poco atento, se verá pasar por sus columnas todo el imaginario de una edad en la que se asoma las narices a la vida adulta; el conocimiento directo pero también el cine y otras formas de organizar la ficción y la identidad aparecen en estas pequeñas composiciones. Tras estudiar la estructura de los microrrelatos, el 18 de mayo de 2012 propusimos a los participantes en el proyecto que escribieran uno que empezara HOY LA VI PASAR DEPRISA, con las variantes que pudieran ser admitidas. Los resultados son los que van a leer a continuación. Sean pacientes e indulgentes; es bastante económico y nos permite sentirnos mejor.


TRAICIÓN INESPERADA

HOY LA VI PASAR DEPRISA. Ella iba con ese chaleco qua tanto nos gustaba a las dos. Yo también lo tenía y cada vez que estábamos juntas nos los poníamos ambas. Pero, si no recuerdo mal, no llevaba esa pulsera que nos compramos en aquella ocasión las dos. Prometimos no quitárnoslas nunca, pero ella no cumplió su promesa. No me lo esperaba de ella pero, bueno, a veces las personas que menos piensas que pueden traicionarte… lo hacen, ¿no? Recuerdo que todo eso fue una tontería, aquella pelea no tuvo sentido. Ella me decía que me quería, que me apoyaba en todo, pero no fue así. Todo empezó por que yo estaba con mi novio, con el que todavía sigo, y todo me iba muy bien. Él me invitó a pasar el fin de semana en su casa ya que sus padres y hermanos se iban de viaje. No dejó de de decirme que no aceptara, que no quería que me fuera; ella solo pensaba que me iba a pasar algo malo. Pero yo le dije que sí iría, que confiaba en él y que me quedaría a dormir. Tuvimos una discusión. Y desde ese momento no he vuelto a saber nada de ella. La echo de menos y la necesito; es como si algo me faltara en mi vida. ¿Volverá a ser todo como antes algún día? -o8oELLA. HOY LA VI PASAR DEPRISA. Seguro que llegaba tarde, como siempre. Cada mañana sonaba el despertador, lo apagaba y se volvía a dormir. Yo intentaba ayudarla pero la ponía de mal humor. Entonces se iba a desayunar y me dejaba solo. A la vez que se tomaba el desayuno, se preparaba y se pintaba. Después se iba a la habitación para despertar a los niños y meterles prisa porque llegaban tarde al instituto. Y, como siempre, me ignoraba. Los niños comían y se vestían rápidos. En el momento de marcharse se acordaba de mí y me venía a dar un beso. A la vez llamaba a Mary para que viniera a darme el biberón y cambiarme el

pañal. Mamá se iba, como siempre, sin haberse fijado en mí. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA, con sus largos y negros cabellos; parecía que llegaba tarde de nuevo. Como siempre, preferí no acercarme a ella pero precisamente hoy no pude aguantarme, así que corrí tras ella tan deprisa como pude. ¿Quién se iba a imaginar que yo perseguiría por el centro de la ciudad a una chica, cuyo nombre desconozco pero cuyo rostro me alegra cada mañana? Una sonrisa se dibujó en mi cara cuando me di cuenta de que se detuvo para comprar una botella de agua; sin pensarlo puse mi mano sobre su hombro y con mi mejor voz le dije: “¡Hola, guapa!” Entonces se dio la vuelta y una voz muy masculina me contestó: “¡Hola guapo!”. Mi cara se volvió más pálida que nunca y casi como un susurro dejé escapar: “Lo siento, me he equivocado”. Y salí corriendo sin mirar atrás. Nota para el futuro: NUNCA correr detrás de una chica por el centro o por otro lugar lleno de gente si he olvidado en casa las gafas. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Llevaba un pantalón vaquero pero no me pude fijar mucho porque tenía que alcanzarla. Ella también me vio. Empezó a correr y yo a seguirla a toda velocidad. Estábamos en Manhattan; corrimos y corrimos por la Quinta Avenida hasta llegar al puente de Brooklin, que cruzamos para llegar a la Gran Muralla de China. Seguimos corriendo, pasamos bajo la Torre Eiffel, cruzamos por una islita cerca de Chile y la gente se quedó de piedra al vernos pasar. Finalmente volvimos a Manhattan; se metió por la 42 y la vi atravesando una puerta. Era una puerta blanca, con un pomo metálico. Por allí había desaparecido. Cauteloso, abrí la puerta. La blanca luz del día me devolvió a la realidad. -o8o-

LA LUNA HOY LA VI PASAR DEPRISA. Te puedo asegurar que ya estoy acostumbrado a ver ese espectáculo. Cada día pasa sin parar delante de la ventana de mi casa. Y pasa siempre a la misma velocidad y a la misma hora y desaparece en la misma dirección. ¡Algo muy raro! Siempre me he preguntado: “¿De dónde viene?” Y también: “¿Adónde va?” Queridos lectores, hoy día ya lo sé. ¿Algo muy raro? Un día decidí seguirla. Y al seguirla me di cuenta de que pasaba siempre delante de la ventana de mi casa. ¿Algo muy raro? Dejé de mirarla y me enfrasqué en mis libros de ciencias para comprenderlo. Descubrí que se trataba del único satélite de La Tierra. -o8oAMOR ADOLESCENTE HOY LA VI PASAR DEPRISA. Todos nos quedamos mirándola embobados; ella era preciosa y lo sabía. Le encantaba la idea de que todos la miraran. Yo apenas mantenía conversación con ella porque con su sola mirada me ponía nervioso. Un día me di cuenta de que ella se veía con un chico todos los días después de clase por lo que me entristecí mucho. Esa noche soñé con ella y al día siguiente pensé que podría ser que me estuviera enamorando pero yo no quería quererla porque ya conocía el dolor del amor. Pero estuve un año detrás de ella como un perrito. Y ella se aprovechaba. Hasta que un día abrí los ojos y me di cuenta de todo. Fue entonces cuando comencé a pasar de ella y a estar con otras chicas. Al mes me llegaron rumores de que ella estaba molesta conmigo por no ser ya tan cariñoso con ella… ¡¿Y qué esperabas!? A las dos semanas me llegó una carta. Era de ella; me decía que estaba empezando a sentir algo por mí. Yo estaba hecho todo un lío y pensé que era mentira, que no me quería. Poco a poco ella se fue enamorando más y más de mí de hasta que la tuve en la palma de la mano. En esta situación me podía


haber aprovechado, como hizo ella en su momento… pero en realidad yo también la amaba. Algo me decía que no podía estar con ella después del daño que me había hecho y en vez de tomarme mi venganza, decidí desaparecer de su vida para que ella no sufriera lo mismo que sufrí yo. -o8oVI MI VIDA PASAR MUY DEPRISA. HOY LA VI PASAR DEPRISA. El primer día en que llegué a Estrasburgo iba andando con mis amigas por la calle y mirábamos las casas, las tiendas… Todo era muy bonito. Íbamos haciendo fotos a todo ya que no lo habíamos visto nunca. No había mucho tráfico. “¿Por qué?”, nos preguntamos. La respuesta nos la dio una mala aventura. Como siempre, íbamos hablando de nuestras cosas y no echábamos cuenta de nada. Cruzamos por una calle y de repente escuchamos un fuerte pitido. Casi tenía el tranvía encima. Se paró y el conductor se bajó, nos preguntó en francés si nos había pasado algo, o eso fue lo que entendí. Le dijimos que éramos españoles y que no sabíamos que había un tranvía en la ciudad; le pedimos perdón y le preguntamos dónde estaba el Parlamento Europeo. Nos dijo que nos montáramos en el tram, que nos llevaba. Nos pagó los tickets. Vi pasar mi vida deprisa. Ahora lo contamos como una anécdota pero pasamos mucho miedo. -o8oUN GRAN BARCO HOY LA VI PASAR DEPRISA. Sobre su cara no se podía distinguir ningún rasgo de felicidad ni de tristeza. Se contentaba con caminar rápidamente y no mirar nunca hacia atrás. La seguí durante aproximadamente una hora y media. Cuando se paró, estábamos justo frente a un barco. Alcancé a leer el horario y el sitio adonde se dirigía ese navío. El nombre era muy extraño; era un nombre de país que nunca había oído. Después de haber buscado en mi teléfono me di cuenta de que este país no existía. Me acerqué a la niña

desconocida a la que había seguido durante mucho tiempo y le pregunté por ese inexistente nombre. Me miró de abajo arriba y me dijo que no era importante saberlo pero que me podía subir con ella. Le pregunté cuánto tiempo iba a durar el viaje y me dijo con una mirada fría que eso tampoco era importante. Me subí con ella y en algunos minutos ya no se veía el puerto. El barco avanzaba muy rápido y nunca chocaba contra las olas del mar. Me incliné para ver el mar a través de un ojo de buey pero fue otra gran extensión azul la que vi. ¡Las nubes eran de una blancura impresionante! -o8oLO HECHO HECHO ESTÁ HOY LA VI PASAR DEPRISA. Yo la conocía y por eso la perseguí. Ella no sabía nada de mí ni de mi vida ni de mis intenciones. Paso por unas calles del barrio hasta llegar a un piso situado en el centro de la ciudad. En ese momento debería haberla llamado y decirle todo pero, cuando tuve el coraje para hacerlo, la puerta ya estaba cerrada. No pude resignarme a volver a casa porque necesitaba hablarle, mirarla a los ojos como ya lo había hecho hacía mucho tiempo cuando… No, no puedo hablar de eso; ella tiene que ser la primera en enterarse. Ya llevaba esperando unas tres horas cuando salió del piso. Sin más dilación me puse a gritar para que se parara, me encaminé hacia ella y le hablé. Se puso a llorar y huyó corriendo. Me senté un momento porque no entendía su reacción. Ahora sabe que soy su madre pero no le importa nada. -o8oFALSO QUERER. HOY LA VI PASAR DEPRISA. Bajé y comencé a llamarla a gritos; ella se giró y yo cada vez me acercaba más. Cuando la tuve a tiro la besé y ella me respondió con un guantazo. Me llamó primero “niño pequeño” y “niñato” después. Al cabo del tiempo acabé mi carrera licenciándome en una Ingeniería Superior; entonces ella pretendió que nos hiciéramos novios.

Con mucho dolor le dije que era demasiado tarde. Las chicas no son las únicas que tienen orgullo. Por supuesto. Aunque siga enamorado no me merezco ser rediezmado. -o8oEL DÍA DEL INTERCAMBIO HOY LA VI PASAR DEPRISA porque obviamente tenía mucha prisa; se iba de intercambio a EE.UU. Llegaba tarde pero estaba acostumbrada a llegar tarde a todos los sitios. La gente la estaba esperando en el aeropuerto, pero ya habían pasado 45 minutos y no podían esperar más porque iban a perder el vuelo; así que se fueron sin ella. Se puso triste pero esa circunstancia no acabó con sus ganas de viajar a los EE.UU. Cogió otro vuelo con destino a México y en México otro vuelo que llegara a Argentina porque allí, en Argentina, podría coger el vuelo definitivo hasta EE.UU. Llegó tres días más tarde pero lo importante es que llegó. Hubo un problema con las maletas y se le perdió la suya. Ella se mosqueó mucho y tuvo una pelea con los del aeropuerto; llegaron al acuerdo de pagarle todo lo que se le había perdido. El dinero se lo dieron al día siguiente; decidió pasarse todo el día en las tiendas del aeropuerto comprándose ropa y otra mochila nueva. Se lo pasaba muy bien allí pero le entraron muchas ganas de volver a España; atrás quedaron los ignotos EE.UU. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Caminaba con pasos pequeños y rápidos y su falda acentuaba sus andares. Era un día soleado y caluroso. La gente llevaba gafas de sol y a pesar de llevar ropa ligera, sudaba. Lo peatones se sentaban en las terrazas de los cafés y de los bares para tomar una bebida refrescante a la sombra de los toldos. En esa multitud de gente que iba y venía por la Plaza Central ella destacaba perfectamente. HOY no era la primera vez que la veía. Desde hacía un mes, cada día y a la misma hora, atravesaba esa plaza y yo estaba ahí para mirarla. Exhalaba un no sé qué que obligaba a mis ojos a


mirarla hasta que desaparecía de mi campo de visión. Era cautivadora. Los días anteriores el tiempo estaba muy triste y frío por lo que ella llevaba ropa más cálida, que cubría casi todas las partes de su cuerpo. Pero aun así su sensualidad femenina permanecía impoluta. HOY esa fuerza que decide el tiempo que va a hacer y el destino de uno mismo (quizás sea Dios) quiso que ese día fuera un día extraordinariamente magnifico, ocasión que ella aprovecho para descubrirse un poco más. Estaba perdido en mi contemplación de ese ser divino cuando una voz poco agradable y bastante autoritaria llegó hasta mis oídos. ‒”¡Niño!” “¿Me estás oyendo?” “Hijo, te estoy hablando”. ‒”Lo siento, señora, no la había oído”. “¿Qué desea?” ‒”¿Cómo que qué desea?” “Usted vende helados, ¿no? Bueno, pues deme uno de chocolate, de vainilla de fresa”. ‒”Enseguida, señora”. Antes de servir a esa inoportuna cliente, levanté mis ojos para mirar una última vez a mi ángel divino. Pero ya no estaba. -o8oHORROR. HOY LA VI PASAR DEPRISA y era su último momento. Era un día como los otros. Mi mejor amiga tenía que comer conmigo, pero salió de clase más tarde porque tenía un control. La esperé al otro lado de la carretera. La vi correr y cruzar celérica la carretera. El tiempo pareció detenerse cuando vi que un coche pasaba y la atropellaba. El impacto fue horrible; el cristal del parabrisas se rompió violentamente. Grité de horror y me dirigí rápidamente hasta ella. No podía respirar y yo tampoco; era la cosa más horrible que había visto en toda mi vida. Lágrimas de sangre cayeron sobre el suelo tras resbalar por sus mejillas. No pude parar de llorar, me acerqué de ella lo más que pude. Tenía sangre en las manos y en la cara pero no me importaba; ella era mi única preocupación. Lo último que dijo era “Te quiero” y el conductor del coche me cogió y me empujó para que la ambulancia pudiera pasar. No

quería dejarla. Todo el día tuve en la cabeza la imagen del accidente y no me centraba en nada. Ahora acabo de saber que ella ya no está en este mundo. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Era viernes, el último día de instituto antes de las vacaciones de verano. Estaba muy contenta porque el sábado iría a la playa de vacaciones con mi familia. Iba caminando por la calle donde había quedado con mis amigas. Allí me esperaban con las caras de cansancio. Les pregunté por qué estaban tan cansadas y ellas me respondieron que el jueves por la noche se acostaron muy tarde viendo una película. Cuando nos quisimos dar cuenta, habían pasado diez minutos y llegábamos tarde. Salimos corriendo por la calle, pero me detuve a mitad de la misma al ver ese árbol que tanto me gustaba, uno que llevaba allí desde antes del nacimiento de mi tatarabuela. Crucé la carretera corriendo y no vi que un camión se dirigía hacia mí; en ese mismo instante vi pasar mi vida muy deprisa, desde que nací hasta esta misma mañana. Pensé que iba a morir, pero no fue así, el camión frenó a tiempo y solo me dio un pequeño empujón. Nunca más volví a cruzar una carretera sin mirar antes… a ese árbol. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Sí, a la niña de quien estoy enamorado. No sé cómo se llama y no nos conocemos. Estamos en el mismo instituto pero ella en un curso superior; por eso no podemos hablar. Es rubia, de pelo largo, bien vestida. Nunca tuve el coraje de hablarle. Voy a tener que encontrar una manera de hablarle. Hace unos días puse en marcha un plan. Ese día me monté en el autobús cuando ella ya estaba dentro. El autobús se puso en marcha y empecé a dirigirme a ella; de repente se para, y el conductor dice: « A todos los pasajeros; hay que bajar, tenemos un problema con las ruedas. », todo el mundo bajó. Resultado: Plan 1 fallido. Si no hubiese sido tan meticuloso con los

planes esa historia ya se habría acabado, pero yo tenía preparados otros cinco planes. El segundo consistía en chocarme con ella durante el recreo, disculparme y empezar a hablar. Cuando tocó el timbre nos fuimos al recreo, pero ocurrió algo que no estaba previsto; ella estaba en medio del patio pero no había nadie a su lado; sería demasiado extraño chocarme con ella con tanto espacio libre: Plan 2 fallido. En clase de lengua ella está en la sala de al lado. El tercer plan era hablarle durante la pausa. Fui a clase, tocó el timbre de la pausa. Pero su profesora había faltado ese día: Plan 3 fallido. Ya comenzaba a abandonar; el penúltimo plan era que, como estábamos en el mismo equipo de tenis, entrenábamos en pistas vecinas; tenía que jugar un partido con ella. Ya me había dado cuenta de la mala suerte que estaba pesando sobre mí. Ese día, estaba enferma y no pudimos jugar el partido. Cuando estuve pensando en los planes decidí preparar cinco pero nunca había pensado llegar hasta el quinto. Era el más simple y el más fácil de realizar. Consistía simplemente en dirigirme hacia ella y hablarle. Entonces fui hacia ella y empecé la conversación. ‒”¡Hola!” “¿Qué tal?” ‒”Bien”. “¿Nos conocemos?” ‒”No, pero quería saber cómo te llamabas…” ‒”Pues me llamo Victoria…” “Ah, espera, me está llamando mi novio. Ya vuelvo, ¿vale?” ‒”Eh…” “Vale…” En ese momento me di por vencido. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Quise llamarla pero cuando me armé de valor era demasiado tarde pues ya se montó en el autobús y desapareció. De todos modos no hubiese servido de nada, seguramente me hubiese cagado y escondido. No sabe ni que existo y si lo supiese, pensaría que soy un acosador; yo mismo pienso a veces que lo soy. La sigo en Twitter y estoy todo el día observando sus movimientos y leyendo sus pensamientos. HOY la vi en el instituto, se tropezó conmigo y cayó. Iba tan concentrada en el móvil que no se dio cuenta de que estaba pasando frente a ella. La


ayudé a levantarse y estuvimos charlando, hasta que finalmente me pidió que fuera a una fiesta con ella el sábado. Y lo más importante... ¡Sabía cómo me llamaba! ¡AYER en la fiesta, estuve de la hostia! Estuvimos toda la noche juntos y al final fuimos a una habitación solos... aunque no pasó nada. Lo mejor de todo es que la gente piensa que me la he tirado... o, al menos, eso decían sin que yo me ocupara en desmentirlo. HOY es el peor día de mi vida; una amiga suya me ha contado que está embarazada y la noticia ha llegado a todos lados y con ella el rumor de que el bebé es mío. Si la dejo de lado todos pensarán que soy un capullo; si declaro que es mío acabaré con mi vida y la pondré en manos de esa tía. Me la ha jugado bien. -o8oUN ENCUENTRO INESPERADO. HOY LA VI PASAR DEPRISA, se cayó, quise ayudarla pero ella me empujó y se fue rápidamente para subir al autobús. Al final no pudo cogerlo porque el vehículo fue más rápido que ella. Y nos conocimos aun más, y descubrí que su padre era el jefe de la empresa donde trabajaba mi madre. Llegó el siguiente autobús y no pudimos hablar más; entonces me invitó a ir a una fiesta por la noche, a las ocho. Llegadas las ocho, me fui a la plaza de España, donde nos habíamos dado cita, pero ella no estaba preparada para fiestas; por lo tanto, nos fuimos a su casa. En el camino vi a mi madre y también vi una cosa que no debía ver... Mi padre era un atlético velocista pero ese día fui yo quien me puse a correr. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Era la que más quería en el mundo. Iba más bella que nunca y me habría gustado haber podido, al menos, saludarla. De todas maneras teníamos cita para el día siguiente. La publicidad no duró más de diez segundos. Se trataba de la nueva hamburguesa de McDonald: la Real Triple Whopper Cheese Bacon XXL, con sus tres filetes recién hechos, su extra de queso fundido, el

bacon, sus dos pepinillos con una hoja de lechuga, sin olvidar el ketchup y la mostaza. Habría dado cualquier cosa para observarla unos segundos más. Pocas veces me había sentido tan impaciente en toda mi vida. Al día siguiente entré en el McDonald a las dos en punto, y me di cuenta de que no llevaba dinero suelto, por lo que me dirigí a la máquina para pagar con tarjeta. Lo primero que apareció en la pantalla fue la hamburguesa que yo quería pedir. Le di al botón e introduje mi tarjeta de crédito, pero se produjo un error desconocido y no pude recuperar mi tarjeta. Entonces me fui corriendo a casa para coger dinero. Volví al restaurante y esta vez hice mi pedido a un camarero pero me dijo que no les quedaban más hamburguesas de las que yo pedía. Salí corriendo del McDonald, y busqué en Internet el McDonald de guardia; encontré uno situado a 50 kilómetros de allí. Subí en mi moto y me dirigí al nuevo paraíso. Cuando llegué pedí mi hamburguesa y me la dieron. Por fin iba a poder saborear mi Real Triple Whopper Cheese Bacon XXL. Le di el primer bocado pero me despertó una bofetada. Estaba tumbado en el sofá dándole un bocado a mi novia. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA... Parece que soy yo quien tiene que cargar con el amargo recuerdo. Parece que fue ayer el día de la pedida de mano; todo salió tan espontáneo y fluido que no acabo de conseguir adivinar qué salió mal. Solo recuerdo su frío e inerte cuerpo en el suelo y un terrible grito ahogado. ‒”¡Solo quiero que seas feliz!”, dijo su asesino. Hoy su espectro recorre la fría y solitaria casa, tan solo consigo verla un momento mirándose en los espejos y en ocasiones la oigo llorar. Hace poco un hombre me visitó para pedirme perdón por lo ocurrido e intentar justificar aquel asesinato mostrándome lo dolido y roto que estaba por dentro. Comprendí que ella estuvo casada y que su exmarido quería que hubiera sido feliz pero tan solo con él y con nadie más. Desde entonces ya no he vuelto a enamorarme más porque pienso

amarla hasta el fin de mis días, que es hoy. -o8oSEMANA PERFECTA. HOY LO VI PASAR DEPRISA. Era un día fantástico. Estaba de vacaciones de febrero para esquiar con mi padre, con mi hermano y sobre todo con mis amigos. Durante el día esquiaba, y después estaba en la residencia con los dos amigos que había hecho durante esas vacaciones. En esa residencia había una sala para comer, un pequeño bar, una sala de televisión, otra con un futbolín y una mesa de ping pong y lógicamente las habitaciones. Por la noche, después de comer, mis amigos y yo solíamos jugar al ping pong hasta la una de la mañana, cuando nuestros padres nos decían que fuéramos a dormir. Pero a las dos, cuando los padres estaban durmiendo, mis amigos y yo salíamos de las habitaciones y continuábamos jugando al ping pong. Después veíamos películas en el ordenador, y al final visitábamos las cocinas de la residencia, lugar prohibido para los que no trabajaban allí. Fue muy interesante, sobre todo porque comimos un pastel de avellanas muy bueno. Al final fuimos a la habitación de mi amigo sin hacer ruido y hablamos hasta las siete de la mañana, hora de desayunar. -o8oMI REFLEXIÓN HOY LA VI PASAR DEPRISA. Estaba en el recreo del instituto hablando con mis amigos del curso, que había pasado muy rápido y que no nos habíamos dado cuenta. Cuando llegué a mi casa, mientras estaba en el ordenador hablando con un amigo, me acordé de lo que habíamos hablado en el recreo y empecé a pensar en mi vida. De repente se me vinieron varias imágenes a la cabeza, como cuando estaba en la cuna y mi madre me cantaba una canción, cuando iba a la guardería, cuando aprendía a leer, a escribir, a andar, a jugar al fútbol… Toda mi vida en unos minutos.


Al final, me di cuenta de que la vida eran tres días y de que el tiempo perdido no se podía recuperar. A partir de ese momento, intento vivir al máximo y aprovechando cada minuto de mi vida. -o8oHOY LO VI PASAR DEPRISA, estaba tan guapo como siempre. Todas las niñas lo miraban. Él sabía que era el centro de atención de todas ellas y por eso se sentía el más importante. Era alto y moreno de ojos verdes. Siempre estaba tonteando con todas hasta que un día se dio cuenta de que realmente se había enamorado; la elegida pasaba de él porque tenía fama de estar con varias chicas a la vez. Entonces él la amaba y ella pensaba que para ese chico solo era un rollo más, por mucho que lo amara. Ahora no se hablan y cada uno esconde el amor en su rabia. -o8oLA ANTEPENÚLTIMA. HOY LA VI PASAR DEPRISA. No la veía desde hacía años. No había cambiado para nada. Desde el primer día tenía esa mirada triste y vacía. Llevaba un vestido blanco y elegante. Se dirigía al ayuntamiento, donde mucha gente la esperaba. No me fijé bien en la gente pero si lo hubiera hecho, quizás me habría dado cuenta de que se dirigía a su propia boda y entonces me lo hubiera pensado dos veces. La seguí unos minutos y cuando estuve seguro de que nadie la miraba, saqué mi puñal y se lo clavé en el corazón. El lugar mismo en el que ella me había hecho más daño. Su vestido blanco rápidamente se tiñó de rojo. La dejé sobre el andén y seguí mi camino; Al pasar frente al ayuntamiento, felicité al novio, que tan pacientemente esperaba y me volví a mi casa. Ya solo me quedaban dos para terminar. -o8oPSICOLÓGICAMENTE ESTABA MUERTO. HOY LA VI PASAR DEPRISA. Solo fue un destello, una sombra... La vi por primera vez en el sitio más

extraño, en mi cuarto... Podría habérmela encontrado en mejores lugares e incluso, más lógicos: en un hospital, en un cementerio o en las mismas escaleras del instituto. Pero no, ahí estaba. Su mirada fija contra mi mirada aterrada. Podría haber preguntado: "¿Quién eres?" pero era demasiado obvio. Sonreí esquizofrénicamente. No había escapatoria, me seguiría hasta la muerte, sin importar cómo. Necesitaba más tiempo, no estaba preparado para aquello. A lo largo de mi vida había visto cómo desaparecía la mayoría de mis seres queridos. Y ahora tenía la oportunidad de recordar los peores momentos de toda mi vida y de prepararme para lo que me esperaba. Me senté desconfiada y le dije a la psicóloga que podía empezar la sesión. -o8oHOY LO VI PASAR DEPRISA. Había pensado en él toda la noche ya que no lo había visto ayer. ¡Tenía que verlo hoy! Decidí ir a comprar pan, porque el camino que recorría me iba a permitir encontrarme con él... ¡Mi amado! Quizás pudiera observar otra vez esos ojos de cristal llenos de luz. Había cerrado la puerta, y ya estaba bajando las escaleras de la entrada no podía dejar de pensar en él ni en su camisola roja. Durante mi paseo hacia la panadería veía docenas de ellos, pero eran diferentes, no tenían ni esa camisola roja ni sus ojos brillaban como los de mi amado. Llegué a la panadería, y todavía no lo había visto... Compré pan y me fui deprisa, decepcionada. ¡Otro día sin verlo! ¡Era demasiado difícil para mí! Pero de repente llegó corriendo. Era mi amado, siempre con su camisola roja y sus ojos resplandecientes. Lo vi pasar de prisa… Era, sí, el Ferrari de mis sueños. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Estaba en mi cama de hospital, medio muerto, por culpa de aquel cáncer incurable. Estaba solo aunque tal circunstancia no solía pasar a menudo. Como no tenía nada que hacer empecé a recordar los momentos tan felices que había pasado a lo largo de mi vida. Al

pensar en eso me ponía un poco triste porque sabía que ya no iba a vivir ninguno más. Todavía nos veo corriendo como niños pequeños, riendo, sonriendo, enamorados. Pensaba que nada iba a derrotarnos y que íbamos a tener una eternidad feliz. Pero eso lo imaginaba hace ya mucho tiempo. Hoy tengo que pensar en la dura realidad, en que mi vida ya se acaba. Para morir en paz no tengo más que recordar que mi vida ha sido breve pero bella. Hoy soy un cadáver feliz y nostálgico. -o8oEL PAÑUELO. HOY LA VI PASAR DEPRISA. Parecía preocupada e inquieta. La seguí pero empezó a acelerar cada vez más. Pasaba por las calles y entre los coches. En ese momento la perdí de vista. No sabía qué hacer, entonces cogí un atajo para poder alcanzarla. Se paró cerca de una fuente para beber. Grité para que se volviera pero sus cascos le impidieron oírme. Empecé a correr a toda prisa hasta que casi la alcancé; vi cómo se sentaba en un banco sin poder respirar y la escuché decir: “Es verdad que el footing cansa”. Después le di el pañuelo que se le había caído al suelo. Me dio las gracias y me sonrió. Tras breves segundos reemprendió su carrera. -o8oCAMBIO INESPERADO. HOY LA VI PASAR DEPRISA, como todos los días, mientras llegaba tarde a coger el autobús. Su pelo se movía con el viento y yo me quedaba mirándola; en ese momento me di cuenta de que me estaba enamorando de ella. Decidí seguirla porque tenía curiosidad por saber a dónde iba todos los días aunque tenía miedo de que me descubriera. Bajó entonces del autobús y comenzó a caminar. Había mucha gente y no conseguía divisarla. De repente me paró un hombre y me preguntó la hora; se la dije, claro está, pero me despisté y la perdí. Busqué y busqué hasta que la encontré hablando con otro hombre, que imaginé que era su novio. No supe por qué pero había


algo en aquel hombre que me atraía y me hacía olvidar el objeto de mi persecución. Estaba asustado y no entendía por qué me ocurría esto. Me aproximé para observarlo más de cerca y me di cuenta de que él era más guapo que ella. Finalmente me atreví a aguantarle la mirada. Me observó y se acercó a mí y nos miramos y nos gustamos. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Iba como siempre tan hermosa, linda, bella, perfecta… Como es ella. Pero ocurrió algo distinto. ¿Qué había cambiado? Que ni me miró ni me sonrió como siempre; no, esta vez no. Desde hace dos semanas eso no ocurre. Y todo por el orgullo y las mentiras de terceras personas. Todo empezó una tarde que tendría que haber sido perfecta. Era el cuarto día de mayo y hacía cinco meses desde que lo nuestro empezó. Yo le tenía una emotiva sorpresa. Habíamos quedado a las doce del mediodía en el Parque de Doñana. Yo me encontraba ahí una hora antes y, sin embargo, ella nunca llegó. Cansado de esperar me marché no sin antes llamarla en repetidas ocasiones. Pero ella nunca me contestó. Así pasamos una semana sin hablar hasta que la vi pasar despacio y conseguí hablar con ella. Ella me contó lo que sucedía. Le habían dicho que me habían visto con otras niñas y que eso ella no lo podía soportar. Le dije que no era cierto pero no me creyó. Todo lo nuestro se acabó y desde que la vi pasar deprisa nunca más supe de ella. -o8o-

empecé a darme cuenta de que yo sentía algo por ella y estaba decidido a contárselo. Una tarde quedé con ella en el parque principal. Estaba muy nervioso pero se lo conté rápidamente. Ella no supo cómo reaccionar y tras unos eternos segundos de silencio me rechazó cariñosamente. No supe sino empezar a correr. Corrí todo lo que pude. Después de tres días seguidos sin aparecer por casa pensé que si no la tenía yo no la iba a tener nadie. La asesiné. Ahora, tras quince años, me arrepiento de lo que hice pero ya es demasiado tarde. Mi vida está destinada a permanecer en una habitación con rejas.

-o8oMOMENTO DE REFLEXIÓN.

-o8oQUE VIVA LA NOSTALGIA. HOY LA VI PASAR DEPRISA. He llegado hoy al aeropuerto de mi ciudad natal. ¡Qué recuerdos más hermosos me trajo mi mente mientras volaba! Cuando llegué a la plaza central del pueblo, me di cuenta de que todo el mundo me reconocía, pero yo a ellos no. Hace muchos años me marché para conseguir dinero mientras la gente de aquí atesoraba otra riqueza. Me he sentido tan solo e incompleto estos trece años que he decidido volver aun perdiendo todo lo acumulado. Y ahora que estoy aquí me siento completo y que la vida pasa, y bien rápido, por lo que lo mejor que puedo hacer es estar en el sitio donde me encuentro cómodo tanto con los demás como conmigo mismo. -o8oUN REGALO PARA LOS OJOS.

EL ERROR. HOY LA VI PASAR DEPRISA. Me encontraba en la plaza de mi pueblo, grande y hermosa, con una enorme fuente central. Estaba fumando con mis amigos cuando ella pasó. Iba más rápida que otras veces; parecía inquieta y nerviosa. No me saludó a pesar de que yo era su mejor amigo. Se llamaba Victoria y tenía veintitrés años. Era guapa e inteligente. Tenía esa actitud porque iba al hospital a ver a su abuelo. Tras este suceso

que me viese porque yo también tenía clase. Llegamos a un centro comercial y pensé que iba a comprar algo, claro, pero no sabía que iba a ver a mi madre antes. ¿Qué estaban haciendo? Esperé delante de la tienda y cuando salieron tenían un regalo en las manos y estaban sonrientes. Me acordé de que mi cumpleaños sería dentro de dos días y comprendí que fueron a comprar mi regalo. No me di cuenta de que me habían visto. Ahora mi madre está enfadada conmigo porque no puede explicarse por qué estaba en el centro comercial.

HOY LA VI PASAR DEPRISA. Era mi hermana. Tendría que haber estado en clase, como yo, pero ahora mariposeaba por las calles. No quería que me viese porque nunca me diría lo que estaba haciendo en la calle a las once de la mañana. Yo tenía una buena razón: no quería ir a clase de matemáticas. Decidí ver lo que hacía. Me agazapé en mi escondite del café. Cuando llegó al final de la calle pagué mi cuenta y empecé a seguirla sin que ella se diera cuenta. No quería

HOY LA VI PASAR DEPRISA. Estaba en mi coche dispuesto a ir a casa de mi novia. Vive en la montaña porque es una pastora. Me puse a conducir por carreteras muy peligrosas mientras escuchaba música para tranquilizarme pero de repente una roca cayó delante de mi coche. Giré el volante a la izquierda para evitarla pero desafortunadamente terminé en el desfiladero con mi BMW. Creí que iba a morir. Vi mi vida pasar deprisa desde mi infancia hasta ahora, tanto los mejores recuerdos como los peores. Menos mal que desde el desfiladero me deslicé directamente a la casa de mi novia. Fue una entrada triunfal. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA, como todas las mañanas, para ir al instituto. Siempre la observo desde lejos porque nunca me he atrevido a hablar con ella. Es guapa y siempre está sonriente; por eso me enamoré de ella… Un día iba por los pasillos del instituto y de pronto me tropecé con alguien. Cuando miré al frente me di cuenta de que era ella, la ayudé a levantarse y a recoger sus libros del suelo y desde entonces nos saludamos cuando nos vemos. Me conformo solo con eso. -o8oGRACIAS AL AUTOBÚS. HOY LA VI PASAR DEPRISA y exclamé desde mi asiento: “¡Corre,


corre!” Una vez que llegué a mi estación me encontré de nuevo a la chica que venía corriendo y se disponía a esperar el autobús. Le pregunté: “¿Has perdido el autobús?” Ella me respondió un poco nerviosa: “Sí, y el próximo no llega hasta dentro de treinta minutos”. “¡Caramba!” “Siento no tener un coche mágico para conducirte a tu casa”. “¡Ja! ¡Ja!. No pasa nada”. La conversación continuó. Hablamos de múltiples cosas y terminamos con un adiós entre amigos, como si nos conociéramos desde la infancia. Todo lo que sé es que se llama Cecilia y espero de todo corazón volver a encontrarme con ella. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Parecía asustada, iba en dirección al hospital. En ese momento supe que había pasado algo pero el problema es que no la conocía y no podía preguntarle qué le pasaba. Me fijé en ella un día que iba paseando por la orilla del río. Estaba sentada con un cuaderno y me fijé en que estaba dibujando; quise acercarme a ella pero no me atreví y se fue. Al día siguiente volví al mismo sitio porque quería verla y ya tenía decidido hablarle pero ella no apareció. Me iba a dar por vencido cuando la volví a ver, pero esta vez no parecía muy contenta. Como ya había dicho antes, iba en dirección al hospital. Cuando me di cuenta, ya estaba en la puerta del hospital. La había seguido, no sé por qué pero empecé a buscarla y la encontré sentada junto a una cama vacía, llorando. Me acerqué a la puerta y de pronto ella se giró y me miró; estaba a punto de salir corriendo cuando me preguntó quién era y qué hacía allí. En ese momento yo me pregunté lo mismo pero decidí hablar. Le conté todo desde que la vi en el río hasta que la seguí al hospital. Ella no dijo nada, seguía ahí sentada, llorando. Entonces no sé por qué me dirigí hacia ella y la abracé; creía que el bofetón me iba a llegar en cualquier momento pero no fue así, ella me abrazó y siguió llorando.Después me contó lo que había pasado. Al parecer ella vivía sola con su abuela y

un día se puso mala y así hasta hoy. No sabía qué decir, lo único que pensaba era abrazarla pero entonces no me atreví. Pasaban los meses y cada vez estábamos más cercanos, hasta que un día me declaré. Ella me aceptó y desde entonces ya no nos hemos separado. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Intenté retenerla sin éxito. Dos días más tarde la llamé y no me contestó. Mandé una carta y no me respondió. Al cabo de tres semanas fui a su casa y no estaba. Esperé. Viví solitario durante dos meses. Pensé que había acabado nuestra historia, pero aún no había visto el paquete que encontré frente a mi puerta. Lo abrí y vi que contenía una llave. No estaba indicado el emisor. No pensé en la utilidad de esa llave y la dejé sobre la mesa del salón. Mientras vivía solo, sin saber qué hacer, pensaba en lo que estaría haciendo ella. Al cabo de tres meses, pensé que no servía para nada seguir así. Decidí salir, encontrar a otras mujeres. Pero recibí otro paquete, siempre sin emisor, con un mapa. En ese mapa estaba marcado un camino. Cogí el coche y seguí ese camino con la llave. Lo que me llamó la atención era que el destino era un lugar que me gustaba mucho. Cuando llegué, vi una magnífica casa, deduje que con la llave la podía abrir y, en efecto, así fue. Entré y descubrí una casa que me era familiar. Me adelanté: mi novia estaba allí, y con una simplicidad extrema dijo «Feliz cumpleaños. ¿Te gusta el regalo?» No busqué ninguna explicación; solo disfruté de lo que se me ofreció. Esos son los misterios de las mujeres. -o8oHOY LA VI PASAR DEPRISA. Estaba sentada en el parque con mi hermana mayor, cuando vimos pasar a una mujer que, vista de perfil, me recordaba a alguien aunque no sabía a quién. Ella se giró y se quedó mirándonos pero rápidamente se dio media vuelta y se marchó. Las dos nos quedamos en silencio hasta que ese silencio lo rompió mi hermana diciendo: «¡Es mamá!». En ese momento se me pasaron

muchísimas imágenes por la cabeza recordando lo mal que nos lo había hecho pasar tanto a mi hermana como a mí. Pero también te pones a pensar y dices «a pesar de todo es tu madre». En ese momento sólo piensas en algún momento bueno con ella y con las lágrimas saltadas empecé a correr a ver si la podía alcanzar, pero fue demasiado tarde. Ya no hemos vuelto a ver más. -o8oRECUERDOS. HOY LA VI PASAR DEPRISA. Fue como una aparición, una especie de shock. ¿Cuánto tiempo hacía que no la veía? ¿Diez años? Mmmm, no; creo que más. Iba con un vestido blanco, unos tacones amarillos, el pelo liso recogido en una larga cola y poco maquillada. Seguía teniendo los mismos rasgos faciales que recordaba, aunque, claramente madurados. Parecía la misma persona de la que yo me enamoré en el instituto, la persona a la que había confiado todos mis secretos, la que con su sonrisa había iluminado mis días más tristes, la que con su simpatía había conquistado a millones de chicos de los cuales yo siempre me había sentido celoso, aunque en el fondo supiera que entre nosotros había más que una simple amistad. Al verla pasar recordé repentinamente todos los momentos que pasé junto a ella, aquellas tardes en la azotea de mi bloque bebiendo cerveza, los días en el parque junto a nuestros amigos, los fines de semana en la bolera. Pero el primer recuerdo que me vino a la mente fue nuestra despedida: yo en el aeropuerto, suplicando que hubiese algún problema en el avión y se suspendiera el vuelo. Desgraciadamente ese avión despegó, dejándome solo, abandonado en el aeropuerto, conocedor de que había dejado escapar al amor de mi vida. Pensé millones de veces en llamarla, en contactar por e-mail, en mandarle una carta, lo que fuese con tal de decirle todo lo que sentía y lo que la echaba de menos; pero por una cosa y por otra, no pude hacerlo.


Ahora, claro, tenía una oportunidad de oro para hablar con ella, para decirle todo lo que en el pasado le habría querido decir y no le dije, que la amaba, que no la había olvidado, que su recuerdo no se me iba de la cabeza… Sin embargo, me quedé plantado allí por miedo al rechazo, dejando que cruzara esa diminuta calle hacia la derecha, una calle que se me antojaba otra vez un aeropuerto. -o8oUN RETRASO FATAL. HOY LA VI PASAR DEPRISA y pensé que era la última vez que podría hablarle porque ya llegaban las vacaciones y había oído que se trasladaba a otro instituto, a otra ciudad. Se llamaba Angelia, tenía 25 años y era profe de Francés. Yo, Jorge, 31 años, era el profe de Deportes. Desde que llegó al instituto no pude dejar de pensar en ella; ya no falto a mis clases y me presento a todas las reuniones de profesores; y todo eso para verla. Me había enamorado seriamente de ella y, sin

embargo, no había tenido el coraje de hablarle directamente. Hoy, 4 de julio, me había decidido. Ella corría hacia los aparcamientos de los profes; entonces fui tras ella y la alcancé: —“¡Hola!”, le dije. —“¡Hola!”, me respondió. “Discúlpeme pero tengo prisa”. —“¡Qué pena!” “Pensaba que habríamos podido hablar dos minutos; podríamos conocernos mejor”, exclamé yo. —“Lo siento mucho pero tengo una urgencia”. Entró en su coche pero yo no perdí la esperanza y continué hablándole por la ventanilla. — “Espere; deme su número de teléfono, le invito a cenar…” “O podríamos hablar un poco en un bar si prefiere.” Pero ella no me escuchó y se marchó. Eso me enfadó mucho; entonces cogí mi coche y la perseguí. Al llegar al semáforo me paré a su lado y le ordené que aparcase allí y que bajara del coche. Angelia, como anteriormente, no me hizo caso. “La amo tanto que me he vuelto loco al ver que me rechazaba de esa manera”, añadí mientras ponía el

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automóvil en marcha. Poco más adelante me paré en medio de la calle, salí del coche y le grité: “¡Venga ya, dame tu número de teléfono! Son dos segundos”. — “¡No, no!” “¡Tengo prisa!” “No puedo, otra vez será”. — “¡Joder, que ya no vamos a vernos jamás si no!”. — “¡No me retrase, que tengo una urgencia!” Entonces dio marcha atrás y se fue por otro camino. Ya no podía alcanzarla, era demasiado tarde. Me enfadé mucho aunque intentaba convencerme de que no pasaba nada, de que seguramente encontraría a otra aun mejor que ella. A la mañana siguiente, leí en el periódico una noticia en los Sucesos: “Ayer, una chica de ocho años murió de manera extraña. Se llamaba María Gómez. Su madre, Angelia Pérez Gómez cuenta que le había llamado su hija para que acudiera rápidamente y que ella se retrasó.” Al leerlo me arrepentí de todo lo que había hecho el día anterior y solo una semana más tarde corro a quitarme la vida en el lugar en que retrasé a Angelia.


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