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La maldici贸n de las Rodr铆guez Dunia Quesada


La maldición de las Rodríguez 2013

He pasado gran parte de mi vida intentado entender, por un lado, cómo funciona lo que mi maye catalogó en mi undécimo verano como la “maldición” de las primogénitas Rodríguez y, por otro, ocultándola por temor a ser mirada como un bicho raro. Llevaba apenas dos días en casa de mis abuelos maternos, cuando tuve por vez primera conciencia de mi don. Me había levantado, como siempre que me quedaba con ellos, muy habladora. Mientras desayunaba con mi abuela, en un ritual mil veces repetido, le contaba mis sueños de aquella noche, los cuales se habían visto poblados de los personajes descritos por Gabo. De repente interrumpí mi relato y me quedé mirando al vacío, una gran congoja se había instalado en mi pecho y, alojada en el esternón, pugnaba por subir por la garganta y salir al exterior. En unos segundos había pasado del alborozo que me causaba compartir mis sueños con mi adorada abuela, a la pena más grande del mundo y el mutismo total. Maye, en un ejemplo de autocontrol y sin dejar traslucir su preocupación, me llevó de la mano hasta el sillón, donde sin dejar de acariciarme con palabras afectuosas fue calmando mi atormentado espíritu. Cuando las lágrimas que surcaban mi rostro y aliviaban la opresión que sentía en el pecho dejaron de manar, maye me preguntó qué me había sucedido, por qué lloraba sin consuelo… -No era yo -recuerdo que le dije. Era Marta la que lloraba. No sé por qué, pero algo le pasó, abuela, algo le pasó a mi hermana.


La maldición de las Rodríguez 2013 No conseguía dejar de repetir una y otra vez la misma cantinela, así que mi abuela se arregló un poco el moño y, dejando mi cuidado a cargo del coronel, se dirigió con gesto preocupado a casa de la tía Antonia, la única del pueblo que por aquel entonces tenía teléfono. Cuando la abuela regresó, mirándome a los ojos, me dijo estas palabras que pasados más de treinta años no he olvidado: -Más de una vez llorarás por Marta, sentirás la pena y la congoja de tu hermana como tuyas. Marta es ahora apenas una niña y el simple extravío de su prendedor de pelo y tu ausencia le han provocado tal desconsuelo, que tus padres no hallaban forma de calmarla. La vida pondrá a prueba a tu hermana en más de una ocasión y cuando la angustia y la pesadumbre la visiten, también te asaltarán a ti. Eres la hija mayor de tu madre, igual que yo, por eso compartimos este inconveniente, que nos convierte en un magnífico ángel de la guarda para nuestras almas hermanas. Pocas personas ponen en duda la conexión telepática existente entre mellizos y, aunque la ciencia no se ha decantado ni a favor ni en contra de este asunto, se muestran abiertas a la idea de que se produce telepatía entre dos personas que han compartido durante nueve meses el vientre materno. Sin embargo, si les sugiriera que soy capaz de percibir los pensamientos o sentimientos de mi hermana, tres años menor que yo, aun a miles de kilómetros de distancia se burlarían de mí o me pedirían una demostración.

La maldición de las Rodríguez  

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