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La Economía Popular

y el desafío de construir una economía al servicio del pueblo para un proyecto emancipador y revolucionario Un sector poco reconocido pero que existe María ordena su tijera, aguja y moldes y apaga la máquina de coser. Sale del taller textil cooperativo que desde hace unos años levantaron entre varios compañeros desocupados y se dirige al tren. En el camino se cruza con Juan, que tira de su carro cartonero por el asfalto mojado y recolecta las cajas de cartón que sacan de los supermercados. Al pasar por una esquina se cruza con Andrea, una vendedora ambulante que ofrece casa por casa productos de limpieza. Sigue avanzando hacia la estación y más adelante debe cambiar de vereda porque una cuadrilla de cooperativistas está haciendo arreglos de desagües. Recuerda la charla con sus compañeras de trabajo que le contaron sobre los bajos precios de productos de cooperativas y fábricas recuperadas que consiguieron en un mercado popular que se organiza en otro barrio. Eso la lleva a pensar en su familia del campo y se le ocurre que sería bueno que pudieran vender su producción en esa feria, ya que en el campo les dan unas monedas apenas. Piensa que es difícil y casi se entristece por todo lo que debe hacerse por todas esas familias trabajadoras que se cruza en unas cuadras... pero llega a la estación y delante de ella ve un cartel que le transforma esa tristeza en fuerza... “Estación Darío Santillán y Maximiliano Kosteki”. Mañana mismo llamará a su tía Lidia, tal vez puedan vender en la ciudad sus productos del campo. Este sistema capitalista se caracteriza por la concentración de la riqueza y la generación de exclusión. Los datos duros hablan de que un 1% de los habitantes más ricos de la tierra acumula el 70% de la riqueza existente mientras el 80% más pobre sobrevive con el 10%. En los hechos, el 75% de los trabajadores del mundo están sometidos a alguna forma de precariedad laboral. Si nos remitimos a la Argentina, más del 50% de los trabajadores estamos en situación de informalidad y el 32,1% del trabajo urbano se desarrolla en unidades productivas por fuera de la for-

malidad. Así es que junto a las luchas de los trabajadores y trabajadoras asalariadas se estabiliza un sector de laburantes que está por fuera del mercado formal de trabajo y que ha sido llamado el sector informal de la economía. Las actividades que engloban a este sector son muchas y muy distintas y sin embargo comparten una realidad: todas están por fuera de la regularización del Estado, lo que deja a una porción importantísima de la clase trabajadora excluida: la ausencia de derechos laborales básicos, como el aguinaldo, el derecho a paritarias, la obra social, los aportes jubilatorios; la falta de acceso, en muchos casos, a una vivienda, educación y salud dignas; y la ausencia de mediaciones o herramientas que permitan pelear por su reconocimiento como trabajadores sujetos de derechos, producto de esta misma desregularización. Se trata de un sector en el que los medios de trabajo no son propiedad de ningún capitalista: en algunos casos está en la naturaleza, en otros en el barrio, pero siempre en manos de los sectores populares. Se trata de un sector que a lo largo de los años ha sido privado de sus derechos básicos como trabajadores y no se ha construido una representación gremial. Ese sector es la Economía Popular. Existió siempre y es inherente al sistema capitalista. Son los excluidos de sistema formal pero su fuerza de trabajo y generación de riqueza forma parte elemental de la economía real y las cadenas de valor. Los cartoneros reciclando y garantizando miles y miles de kilos de materia prima que llegan a las pasteras (además de un trabajo de recolección); los campesinos, pequeños productores y pescadores produciendo miles y miles de kilos de alimentos; los cooperativistas construyendo y desarrollando tareas de infraestructura social; los vendedores ambulantes garantizando circulación masiva de mercancías... trabajadores y trabajadoras, organizados y no organizados, en tareas individuales o colectivas... pueblo trabajador excluido de derechos, pueblo trabajador que conforma el sector de la Economía Popular.


El rol del Estado: de las políticas sociales focalizadas a la concepción de la llamada economía social. A lo largo de estos años, el rol del Estado ha sido básicamente el de ignorar, poner trabas y hasta combatir al sector de la economía popular: con regulaciones imposibles de cumplir, con un rol represivo ante la venta en el espacio público o simplemente con la no intervención, dándole vía libre al mercado. En los últimos años, con la reactivación parcial de la economía y una concepción de un Estado más presente, se fomentaron algunas experiencias cooperativas y se englobó en el concepto de economía social a las experiencias productivas que habían surgido a lo largo de esos años. Sin reconocerlo como sector sino como economía de subsistencia, de alguna manera se remite a la idea de una informalidad momentánea que, lejos de legalizar, hay que aislar. La reactivación parcial de la economía y la generación de puestos de trabajo (en negro, precarizados, con bajos salarios), la consolidación de algunas de nuestras experiencias, la creciente inserción de compañeros y compañeras de nuestra organización en los lugares de trabajo (dando también la pelea contra la precarización y por condiciones de trabajo dignas para la clase obrera formalmente asalariada), nos permite sacar algunas conclusiones.

cipador y revolucionario en la Argentina y en la región. En el caso de nuestra organización, entendemos que en el sector de la Economía Popular radican gérmenes emancipatorios y antisitémicos, y al mismo tiempo construimos en las experiencias de producción y comercialización autogestivas nuevas relaciones económicas y sociales antagónicas a las del capital, que son pilares fundamentales de nuestro proyecto. En nuestro país, luego de una década dominada por el neoliberalismo, las privatizaciones, etc, los índices de desocupación alcanzaron su grado más alto y la exclusión se manifestó en su máxima expresión. Nuestros Movimientos de Trabajadores Desocupados nacieron allí, en la organización junto a millones de familias que se encontraban en la pobreza y la exclusión, en la organización en asambleas y piquetes por el derecho a un trabajo digno. Los gobiernos de turno, siguiendo las recetas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que los financiaba, llevaron adelante políticas focalizadas y asistenciales para los sectores más empobrecidos. En plena crisis económica, frente al hambre y la desocupación, los movimientos le arrancamos esas migajas al Estado, con piquetes de varios días, con cortes de ruta, con mucha lucha a lo largo y ancho del país.

“El gobierno quiso acallar al pueblo trabajador con el otorgamiento de los planes sociales”

A pesar de la diferencia que existe entre las políticas impulsadas por los gobiernos neoliberales en la Argentina con las actuales, la concepción al elaborar políticas para el sector de la economía popular (o mal llamado “informal”) se hace desde la “subsistencia”. El Estado impulsa políticas focalizadas, asistenciales, más cercanas a la idea de garantizar un sustento básico para los sectores “caídos del sistema” o habla de “la teoría del derrame”, que estipula que en algún momento la riqueza caerá sobre quienes menos tienen. Las experiencias de la economía popular, desde esta óptica, son experiencias testimoniales, aisladas o tienen un carácter transitorio que va a desaparecer con “el derrame y la redistribución”. Por otro lado, se ha desarrollado una política pública enmarcada en el concepto de “economía social”, que no reconoce el sector en su conjunto, sino que fomenta el microemprendimentismo desde una lógica de pequeño capitalismo que, lejos de organizarse y luchar por sus derechos y por una transformación social, se integra al modelo desde un lugar marginal, asimilado y pasivo. Mediante microcréditos, pequeños nichos de venta y una intrínseca relación con la institucionalidad estatal, se controla y direcciona una porción de trabajadores que anulan su identidad de clase para integrarse casi como cuentapropistas a un mercado que los excluye. Esta visión promueve la coexistencia pacífica de emprendimientos sociales o familiares de subsistencia con el mercado y entiende ese trabajo como un estado transitorio que en algún momento desaparecerá. Así, con el título romántico de “economía social”, se desarrolla una concepción desclasada y desmovilizadora, distinta de entender a esta porción del pueblo trabajador como parte del sector de la economía popular que debe luchar por sus derechos. Desde el sector, construir la alternativa Hay quienes desprecian o subestiman el peso de la economía popular en la construcción de un proyecto eman-

El gobierno quiso acallar al pueblo trabajador con el otorgamiento de los “planes sociales”, de un monto de 150 pesos argentinos (lo que hoy serían 15 dólares) que tenían como requisito la “contraprestación” de un servicio por parte de los “beneficiarios”. Los políticos de turno en cada distrito utilizaron de forma punteril estas conquistas, pero desde nuestros movimientos se reconvirtieron en emprendimientos productivos y en autogestión que permitían decidir, de forma democrática y autónoma, qué hacer con esos primeros “planes sociales”. La autogestión no sólo marcaba la autonomía y las formas democráticas en la decisión del quehacer, sino también enfrentaban la mediación del capital como actor en la producción. Al desaparecer la relación empleado/patrón, comienza a recrearse una forma de trabajo donde la prioridad deja de ser la ganancia y empieza a tener centralidad el proceso propio de producción de los trabajadores y trabajadoras. Los valores de solidaridad, compañerismo, la certeza de que es necesario construir aquí y ahora nuevas relaciones económicas y sociales generó también una nueva forma de entender la política. La concepción de prefigurar en pequeña escala la sociedad que anhelamos con estas experiencias de trabajo sin patrón, autogestivas, que revalorizaran el trabajo, fue parte de las tareas que nos dimos. El tiempo y la práctica permitieron reflexionar sobre los límites de algunas experiencias aisladas frente a una sociedad dominada por el capital (la competencia desigual, la dificultad en la compra de insumos y en la comercialización) y hoy vemos la necesidad de masificar nuestros reclamos. Entendemos que nuestras actividades no forman parte de una economía de subsistencia, ya que integran las cadenas de valor de la economía general y el actual modelo nos ha demostrado que no hay ni “teoría del derrame” ni “política redistributiva” que vaya a hacer desaparecer el sector de la economía popular para que seamos parte del “mercado”. Sabemos que en el mercado no hay ni habrá lugar para nosotros.


Una publicación donde reflejarnos A lo largo de esta publicación analizaremos las dificultades, los desafíos y potencialidades de construir desde la economía popular.

de entender la producción económica y el trabajo, enmarcadas en un proyecto emancipador y revolucionario en la Argentina.

Las experiencias acumuladas en estos años, tanto desde el Frente Popular Darío Santillán como de muchísimas organizaciones y experiencias, nos marcan las posibilidades de construir esa otra economía antagónica a la lógica del capital y, al mismo tiempo, la necesidad y el desafío de ir generando herramientas masivas para los trabajadores y trabajadoras que no formamos parte del mercado formal de trabajo y que necesitamos reclamar los derechos más básicos de conjunto.

La lucha por el reconocimiento de la economía popular también es la lucha por la producción de riqueza, por los bienes comunes de nuestro país, por la producción familiar, sana, que proteja a la naturaleza y que garantice un modelo económico al servicio del pueblo. No será posible en un modelo capitalista. Por eso, la lucha es integral: es económica, política, social, cultural, de sentidos.

Esa economía que venimos construyendo, desde la necesidad, desde la pelea por el derecho a trabajar ha permitido generar en pequeña escala algo distinto: una economía con valores antagónicos a los del mercado, donde lo prefigurativo marca el camino hacia dónde ir, donde la solidaridad y el bien colectivo predominan al individualismo y la acumulación. Estas experiencias de construcción de otras relaciones de trabajo, producción comercialización y consumo, van prefigurando esas relaciones sociales que queremos para el conjunto y nos van mostrando un proyecto emancipador que nos enseña que otra economía no sólo es necesaria, sino que también es posible.  Por eso decimos que la economía popular no es ni una economía de subsistencia ni una economía que viene a coexistir armónicamente con la economía capitalista. Sino que son las semillas de otra forma

Frente a este panorama, no nos resignamos a subsistir como “ciudadanos de segunda”. Peleamos para que se le dé entidad al sector, para que se legalicen nuestras herramientas reivindicativas, nuestros sindicatos que, como parte de la clase trabajadora, nos permitan avanzar en derechos. No somos ni patrones ni empleados. Sobramos para el mercado laboral. Sin embargo tenemos trabajo hoy y nos faltan derechos. Queremos trabajo digno, formal, productivo. Buscamos construir y fortalecer, una nueva economía que rompa con la lógica de la ganancia En estas páginas, haremos una recorrida por nuestra historia, nuestras experiencias de autogestión y economía popular, nuestros debates y los desafíos que vemos hacia adelante. Porque entendemos que es el pueblo trabajador, en un proceso de auto organización el que debe, con sus experiencias, ir construyendo esa otra economía posible: popular, democrática, con el protagonismo de los de abajo. Porque sólo será posible desde capacidad del pueblo para ir forjando su propio destino.


Del piquete a la economía popular Los hombres y las mujeres que trabajamos en la economía popular venimos luchando hace años: por el derecho a un trabajo digno, para garantizar la alimentación de nuestros pibes, por el derecho a un pedazo de tierra para tener un techo bajo el cual vivir, por una mejor educación para nuestros hijos. Quienes nos sumamos a la organización y a la lucha desde los movimientos de trabajadores desocupados peleamos en pleno neoliberalismo para enfrentar la desocupación y el hambre de nuestras familias. Con el piquete y la asamblea arrancamos las primeras conquistas que nos permitieron organizar los comedores populares y los primeros grupos comunitarios. Con los cortes de ruta no buscábamos impedir que se trabaje, sino todo lo contrario, exigir el derecho (negado) a trabajar. Buscamos visibilizar que no teníamos otro lugar, sino aquel por donde pasaban las mercancías para ejercer nuestros derechos y no era el hombre, sino toda la familia con las compañeras adelante, las que le poníamos el cuerpo a la adversidad y la necesidad. Ante el reclamo de trabajo y una conflictividad social creciente, el gobierno entregó planes sociales, una suma de 150 pesos por una “contraprestación”. Este ayuda social, focalizada y mayoritariamente en manos de los punteros y las redes políticas clientelares afines al gobierno, buscaba aplacar el descontento. Pero en manos de los movimientos piqueteros, fue resignificada: la capacidad de multiplicar, de pensar espacios de trabajo autogestionados y con autonomía permitió dar los primeros pasos hacia otra economía posible. De los piquetes y las noches y días en la ruta nacieron los roperitos, que luego fueron talleres textiles, las primeras panaderías comunitarias, los talleres de serigrafía, la bloquera y tantísimos emprendimientos más. Esos proyectos productivos permitieron poner en funcionamiento una dinámica democrática, participativa, donde los y las tra-

bajadoras recuperamos la autoestima, la posibilidad de trabajar y no estar condenados al pago de un subsidio por ser pobre, la posibilidad de encontrar nuevas formas de pensar el trabajo: un trabajo sin patrón, igualitario, basado en relaciones de solidaridad y siendo protagonistas de nuestras decisiones. Esas relaciones sociales distintivas, en donde la forma de distribuir el trabajo y la ganancia eran de forma equitativa; la gestión transparente, participativa, libre. De la ruta al barrio aprendimos varias cosas: que el protagonismo en las calles, en los puentes y en las rutas, se tenía que multiplicar cuando nos organizábamos, que no había alguien que “mandaba”, sino un colectivo que discutía y proponía compañeros y compañeras para las distintas responsabilidades, que las tareas tenían que ser rotativas y revocables, que teníamos que construir otras relaciones sociales, otras relaciones en el trabajo, que había que transformar todo, empezando por nosotros y nosotras mismas. Nuestras primeras experiencias de autogestión se desarrollaron en los barrios más humildes, en las barriadas populares. Allí, empezaron los primeros talleres de educación popular, las escuelas para jóvenes y adultos, talleres para los pibes, actividades culturales, herramientas de comunicación propias. En el territorio peleamos por el derecho a la tierra y a la vivienda y fuimos organizándonos por barrios más dignos. Así fue que empezamos a hablar de prefigurar la sociedad con la que soñábamos. De eso estábamos seguros, “lo que no construyamos hoy, aquí y ahora, desde abajo, no lo construiremos mañana desde arriba”, decíamos. Con la práctica de cada día fuimos viendo cómo somos capaces de transformar nuestras relaciones y ser más solidarios y solidarias, como somos capaces de organizar nuestro trabajo y nuestras vidas con otros valores, que no son los que nos propone este sistema capitalista. En este sentido, aunque en pequeña escala, fuimos generando empren-


dimientos autogestivos que ponían el acento en la auto organización y en el trabajo igualitario. Sin patrón, intentando revertir las posturas individualistas, poniendo el eje en la democracia de base para la toma de decisiones de forma colectiva, con la formación y la socialización de los saberes como premisa, impulsando una cultura propia de los trabajadores y haciendo de la pedagogía del ejemplo una tarea cotidiana.

Sabemos que es posible. Tenemos en nuestro continente experiencias hermanas que nos muestran un horizonte. Nos lo mostraron los trabajadores rurales sin tierra de Brasil, con sus impresionantes laburos de economía popular. Lo vimos al entrar en un supermercado del país vecino y encontrar un cartón de leche con la leyendo producto de la reforma agraria. Lo muestra la experiencia de la revolución cubana, soportando el bloqueo y buscando desde la autogestión y las cooperativas, seguir creando. Nos convencimos con la economía comunal, la experiencia de los Mercales en Venezuela, los movimientos sociales hermanos que construyen día a día, como nosotros una economía distinta. Otra economía es posible. Y la vamos construyendo desde y al servicio del pueblo.

“Creemos que la construcción de una economía popular es central en un proyecto emancipador.”

Esas prácticas no están desvinculadas del proyecto de cambio social más integral. Ampliar esas prácticas prefigurativas fue una de nuestras apuestas políticas en la construcción de un socialismo desde abajo, con el objetivo de construir un proyecto emancipador y pelear por la construcción de poder popular. En ese inicio de organización de base, una porción de la clase trabajadora nos fuimos encontrando con otros y otras trabajadoras, que al igual que nosotros, venían del sector más golpeado por las políticas neoliberales. En el camino luchamos juntos, acompañamos la pelea de las familias campesinas allá por 2006 y movilizamos juntos a Monsanto, nos solidarizamos con los trabajadores de las empresas recuperadas Brukman, Zanón, el Bauen y tantas que, al igual que nosotros y nosotras tienen la tarea de impulsar ese trabajo con sus propios medios: sin patrón, con los medios de producción en sus manos, con la necesidad de recrear otras formas de trabajo posible. En ese camino, quienes venimos del Movimiento de Trabajadores Desocupados y luego formamos cooperativas, fuimos creciendo y consolidando emprendimientos productivos, polos textiles, panificadoras, herrerías, bloqueras, o construyendo viviendas con nuestras propias cooperativas Nos dimos cuenta también que estas experiencias tenían límites si quedaban aisladas. Y fuimos tomando conciencia de que éramos parte de una clase trabajadora mucho más grande que nosotros mismos. Excluída del mercado laboral formal, pero parte indispensable de la economía. Junto a miles de trabajadores y trabajadoras comenzamos a pelear por nuestros derechos. Muchos decían que era imposible organizar al desocupado, asimilándolo al lumpen. Son los mismos que hoy dicen que organizar al trabajador de la economía popular es aceptar y legalizar la precarización y la informalidad. Nada más ideologizado y más alejado de la organización que hemos construido junto a muchos y muchas. Que quede claro: el Estado no nos querrá reconocer ni regularizar. Pero los trabajadores de la economía popular somos millones y estamos peleando por nuestro reconocimiento y por la garantía de nuestros derechos, los mismos derechos que debe tener toda la clase trabajadora. En la economía popular nos reconocemos como pares: somos cooperativistas, vendedores ambulantes, trabajadores de fábricas recuperadas, quinteros, campesinos, cartoneros. Somos laburantes que peleamos por mejores condiciones de vida. Creemos que la construcción de una economía popular es central en un proyecto emancipador. Estamos convencidos y convencidas de que tenemos que organizarnos para poder pelear por nuestros derechos. Tenemos la rebeldía de quien sabe que la injusticia no cae del cielo y la dignidad de quienes viven de su trabajo.


Tierra para quien la trabaja “Una vida digna para el productor son precios bajos para el consumidor”, reza un pasacalle que sostienen varias manos. Los cajones de verdura se apilan frente a las puertas del Ministerio de Agricultura. Cientos de quinteros y quinteras, trabajadores de la tierra, productores de alimentos, muestran su dignidad parándose frente al poder y luchando por sus derechos. Esta vez, su acción es donar miles de kilos de la verdura que producen a comedores. Su lucha por tierra es larga. Sobre esos ojos profundos y piel curtida por el trabajo, una gorrita verde lleva las siglas UTT... Unión de Trabajadores de la Tierra.

tar soluciones estructurales, se fue creciendo, sumando familias y territorios. En el sector quintero los primeros pasos fueron en la lucha por un tractor. A esto le siguieron distintas estrategias de comercialización (como ferias, reparto, ventas al Estado) y una lucha madre, que es la pelea por la tierra. Así cuenta Virginia, vocera de la organización: “Somos pequeños productores, trabajadores que no tenemos tierra. Para nosotros no hay domingos ni feriados en el trabajo en la quinta. Nuestros hijos no tienen una casa digna. Así que venimos luchando por la tierra”.

A fines de 2010 comenzaron a juntarse en la zona del gran La Plata algunas familias quinteras que buscaban soluciones a sus problemáticas. “En ese momento la cosa era tener un tractor para el uso colectivo”, detallan. Cuatro años después, la UTT nuclea más de 300 familias de todo el cordón hortícola de La Plata, Florencio Varela y Berazategui y familias chancheras de la zona de San Vicente.

Tras varias luchas las conquistas han sido numerosas. Hoy la organización se estructura en varios grupos de base donde las familias organizan el uso de las maquinarias colectivas (tractores), fondos de granos (en la zona chanchera), distintos beneficios logrados al Estado y las decisiones con respecto a las luchas y actividades diarias. Transversalmente se trabaja en cuestiones de salud desde un área que garantiza el buen desarrollo de la obra social conseguida por la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), el acompañamiento constante a casos particulares y la realización de talleres en el territorio. Por la parte técnica, se montó un equipo al que se denominó Consultorio Técnico Popular, con la participación de compañeros ingenieros, pero sobre todo fomentando el método cubano campesino-a-campesino. Este método realza el valor de los conocimientos que tienen las familias que producen y se fomenta la formación de referentes técnicos de base que puedan asesorar a otras familias. Dentro de esto se trabaja en la transición hacia la agroecología, desde talleres y el desarrollo de parcelas demostrativas.

Desde realidades difíciles, lucha y organización El cordón hortícola de zona sur es el más grande de la Argentina (más de 7mil familias) y de mayor nivel de producción. Pero tras esa generación constante de verduras, se esconde la realidad dura y acuciante de la familia quintera. Sin tierra propia, las familias trabajadoras, en su gran mayoría provenientes de nuestra patria grande boliviana, alquilan, son medianeras (se trabaja a porcentaje) o peones. Esto acarrea vivir en casillas sumamente precarias. A la hora de producir hay altísimos costos en hora de tractor, semillas, nylos, abonos y remedios (todo precio dólar), para luego vender esos miles de kilos de verdura generados a precios ínfimos en una cadena de varios intermediarios. Es un modelo que sólo se sostiene gracias al trabajo autoexplotado de las familias quinteras, y que junto a los consumidores finales son los grandes perdedores. En ocasiones llegan a aumentarse hasta un 1000% el precio que paga un vecino en la verdulería, de lo que recibe la familia trabajadores de la tierra. Con particularidades distintas pero también con similitudes es la realidad de las familias trabajadoras productoras de chanchos. En tierras ajenas o propias, pero en constante disputa con proyectos inmobiliarios (countries), se mantienen las madres porcinas con escasa infraestructura productiva y altos precios del alimento. Constante es la tensión en cuanto a la normativa por parte del Estado, que más que apoyar pone trabas y oprime. Que la habilitación, que la zona no es rural (siempre en la disputa inmobiliaria), que la guía... es una estructura en función de los grandes establecimientos y frigoríficos, y que aplasta al productor familiar. A la hora de comercializar, esa misma estructura normativa, sumada a la falta de logística, obliga a rematar la producción al precio que se consiga. Y así las familias que producen los lechones que desde las ciudades se van a comprar para las fiestas, cada vez más evalúan dedicarse a otra cosa. Desde esta realidad surge la UTT. A fuerza de asambleas, participación, luchas y darse la tarea de pensar y proyec-

Además de pelear por las reivindicaciones concretas, la organización empezó a pensar propuestas de política pública. Así se elaboró la propuesta de Colonia Agrícola de Abastecimiento Urbano, que busca atender integralmente las problemáticas del sector hortícola, con especial hincapié en la tierra. Asimismo, en la zona chanchera se elaboró la propuesta de “Zonas de reserva de Agricultura Familiar”, como una manera de proteger las chacras de las familias productoras del avance inmobiliario. “Elaboramos un modelo que dé respuesta integral a las problemáticas. La familia quintera es presa de un modelo, y para transformar eso la alternativa de ser integral, sino son parches. La propuesta de Colonia es acceso colectivo a la tierra por créditos blandos, maquinarias de uso colectivo, transición hacia la agroecología, producción integral de granja y comercialización cooperativa directo al consumidor. Efectivizar experiencias de este tipo está perfectamente al alcance del Estado. Y sería una política de avanzada en un pasito hacia la reforma agraria. Además, como productores de alimentos somos conscientes del valor que tiene nuestro trabajo. Producimos miles de kilos de alimentos y debemos lograr que ese alimento llegue a precios bajos para el pueblo. Por eso los esfuerzos en las ferias y mercados populares. Eso también es construir la soberanía alimentaria”, afirma Rosalía, militante de UTT.


¿Dónde trabajás? En el polo textil, en la Estación Darío y Maxi “Hace diez años trabajábamos en un cuartito de dos por dos, ni ventanas tenía. Había una máquina de esas que funcionan a pedal, que nos regaló una vecina. Hoy, gracias a la organización y la lucha, tenemos trabajo digno”. Así empieza la historia del Polo Textil, donde trabajan más de veinte personas y funciona en la Estación Darío y Maxi (ex Avellaneda) del Ferrocarril Roca, que lleva adelante el Frente Popular Darío Santillán Capital. Este es uno de los tantos proyectos cooperativos que apuestan al crecimiento de la economía popular como una alternativa organizativa y política. El Polo Textil tiene su origen hace doce años, en un contexto de fuerte desocupación, cuando los compañeros y compañeras se organizaban para exigir el derecho al trabajo. Al igual que muchas otras experiencias desarrolladas a lo largo y ancho del país por el Frente Popular Darío Santillán, la del Polo nació como proyecto autogestivo dentro de la organización, que buscaba paliar la situación de hambre y desocupación que se vivía en la Argentina.  Graciela, compañera del taller textil y referente del Movimiento Darío Santillán, recuerda que la idea de armar un emprendimiento productivo de costura salió de la práctica del roperito, que se multiplicaba en esa época en todos los Movimientos. Con la ropa que les regalaban los vecinos, hacían ferias, y reciclaban las prendas para los compañeros. Empezaron haciendo arreglos de ropa con una sola máquina en un local chiquitito, donde, además, funcionaba un merendero, un comedor, un proyecto productivo de mermeladas, entre otras tantas reuniones y movidas. “Nos costó poder parar un taller que garantizara el trabajo. Al principio nos mudábamos mucho, porque los alquileres se iban encareciendo, teníamos dificultades con la comercialización de nuestros productos y las compañeras tenían que buscar un trabajo por fuera de la cooperativa. Con la organización y la experiencia, logramos consolidar el proyecto”, cuentan. Con el tiempo, se presentó un proyecto para poder impulsar el taller textil a mayor escala y se consiguió el financiamiento para comprar máquinas. Producto de una lucha constante de las organizaciones sociales y políticas, se recuperó el predio de la ex Estación Avellaneda, donde asesinaron a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en una protesta el 26 de junio de 2002, y allí empezaron la construcción del Polo Textil, en el marco de un proyecto mayor del Centro Cultural y Productivo de la Estación. “Hace ya tres años que nos mudamos y trabajamos acá. Es un placer y una alegría venir todos los días a la Estación Darío y Maxi. No sólo porque estamos en un espacio rodeado de verde, con mucho aire y luz, sino principalmente porque es un lugar muy significativo para nosotros: es el lugar donde nuestros compañeros dieron la vida peleando por mejores condiciones para nuestro pueblo, es un símbolo de la lucha, de la solidaridad y el compañerismo, es una expresión de la construcción de poder popular¨, explican las compañeras y los compañeros del Polo Textil.

El taller está abierto de 8 a 17 y cada uno de los que forma parte organiza su tiempo de acuerdo con sus necesidades y disponibilidad. “Algunos trabajan más horas y otros menos, nos organizamos cuando alguna tiene que salir antes por algún motivo o por los chicos. La hora de trabajo la cobramos todas y todos por igual y vamos sacando la producción adelante¨, explica Gladys. La autonomía en el trabajo y la autogestión obliga a planificar el laburo. Las tareas del Taller se organizan con anticipación y en forma colectiva en una asamblea semanal y se organiza el trabajo dependiendo de la prenda que haya que hacer y el tamaño del pedido. En este caso, se organiza en cadena, y entonces, se designa a un compañero o compañera responsable de la coordinación para que esté más atento a los detalles.  Gladys nos cuenta, riéndose: “Cuando armábamos los primeros pantalones, yo no sabía cómo hacer para unirlos y entonces uní las dos piernas, ¡quedó como una pollera!”. También con los primeros pantalones que hicieron, que eran la ropa de laburo de los trabajadores de otro emprendimiento, la Herrería: “La tela se encogía un montón, ¡y después del primer lavado, se veía venir a los compañeros con los pantalones re cortos, casi pescadores! Hasta que después compramos una tela nueva y los hicimos larguísimos, y ahí todos los compañeros venían con la botamanga…”. El Taller, con la participación de dos delegados, forma parte de una Mesa de Trabajo del Movimiento Darío Santillán que reúne a delegados y delegadas de cada unidad productiva de la organización, con el fin de llevar adelante la gestión, pero también para pensar y profundizar la discusión sobre el trabajo y la economía popular. Junto con el resto de los barrios y las unidades productivas se vienen llevando adelante ferias populares cada quince días en donde se venden los productos de la economía popular realizados por el Frente, así como por otras cooperativas y organizaciones. Uno de los desafíos hacia adelante es hacer crecer la experiencia y mostrar que se puede construir de otra manera y con otros valores, que vayan prefigurando la sociedad con la que se sueña.


Gran Misión Antinflación Ciudad de Rosario La Gran Misión Anti inflación nace este 2014 como una de las iniciativas del Frente para la Ciudad Futura dentro de la propuesta “Concejal de calle”. Este proyecto se construye a partir de instrumentos y herramientas que parten de la organización popular y facilitan el acceso a bienes básicos de consumo. Lo presentamos como una alternativa aquí y ahora para poder garantizar el acceso a productos propios de la canasta básica a precios justos tanto para el productor como para el consumidor. Uno de sus pilares fundamentales es la auto organización de la sociedad, de los consumidores a través de círculos que promueven el consumo colaborativo y solidario (compras comunitarias o colectivas). A partir de ahí, se busca progresivamente eliminar los intermediarios para establecer un vinculo directo entre productor y consumidor, lo que reduce en un gran porcentaje los precios de los productos, con un hasta un 40% de ahorro. La Gran Misión se estructura con una lógica descentralizada, que favorece a los dos extremos de la cadena: consumidores y productores. Con ese horizonte, los consumidores pagan una pequeña cuota social que está destinada a ser reinvertida en las cadenas productivas con el objetivo de que puedan aumentar su producción y generar trabajo productivo. A su vez, hacemos parte de esta idea a actores locales que consideramos protagonistas para la construcción de alternativas comunitarias, como son los pequeños productores, las cooperativas y empresas recuperadas. Para que funcione esta iniciativa dependemos del compromiso de todos los consumidores y participantes de la misma. Por eso sostenemos: ¡Organizados es mejor! Más información: fb: Frente Ciudad Futura  http://misionantiinflacion.com.ar/


Vivienda digna Organización de Pueblos Originarios La necesidad de la vivienda en Chaco es una de las problemáticas más sentidas por la población. Por esto, la gente se fue organizando: “Empezamos en 2009 con la OPO, ahí comenzamos con la construcción de viviendas –comenta Jacinto–. El consenso es unánime para encarar el proyecto: cómo se hace, cómo se sostiene la lucha y cómo tenemos que organizarnos. Y esta forma de toma de decisiones nos sirvió para crecer”. La organización hoy tiene trabajo en cuatro barrios de Castelli (Pampa Argentina, el 65 y Barrio Norte) y el crecimiento que se dio en los territorios también lo dieron como movimiento político: “La OPO está compuesta por 223 compañeros y compañeras de los distintos parajes y barrios. Para nosotros, el Frente Popular Darío Santillán fue una contención a nivel nacional”, explica Jacinto. La cooperativa OPO Chaco Ltda. es la figura con la que la OPO organiza a los compañeros sin patrón. No todos los integrantes trabajan en la construcción, también son otras las tareas u oficios que se generan desde la OPO, por ejemplo, la confección de canastos y cestos artesanales: “En este rubro, cada compañero decide qué trabajo va a realizar. También hay otras compañeras que se dedican a la costura, que confeccionan camisas, remeras, polleras a través de pedidos –dice Jacinto y cuenta sobre el último proyecto–: hoy en el textil están trabajando 12 compañeras que recién están comenzando”. Consultado sobre cuáles son los logros alcanzados, Jacinto se muestra orgulloso: “Hay 30 viviendas construidas, y 4 más por construir. Y en cada una, hay cuatro compañeros trabajando. Serían en total, 16 compañeros: 4 oficiales y los demás ayudantes. La jornada de trabajo es de lunes a viernes durante 8 horas diarias”. Respecto de su militancia, entre las medidas de lucha más importante que recuerda Jacinto están “el acampe de principios de mayo en Resistencia, con una caminata y también cuando empezamos con la ladrillera que cada uno le daba vuelta a la turbina porque no teníamos caballos, burro, ni nada”. Movimiento de Trabajadores Desocupados 17 de Julio – Nueva Generación En Resistencia, la capital provincial de Chaco, el Movimiento de Trabajadores Desocupados - 17 de Julio - Nueva Generación da respuesta a la necesidad de vivienda desde la organización popular y la autogestión. Hablamos con Federico Palacios, más conocido como el Chun por sus compañeros, sobre este proceso de construcción y fortalecimiento de la economía popular. “La cooperativa surgió hace dos años y nos costó seis meses el proceso de conseguir la construcción de vivienda. Antes existía la forma de ‘auto-construcción’ pero era muy difícil y muy larga y el compañero tardaba un año o más en terminar la casa, porque el instituto de vivienda

no mandaba los materiales o demoraba la entrega. Esto fue lo que nos llevó a dar una lucha en la provincia y a nivel nacional –con los compañeros del Frente– porque la cuestión administrativa era a nivel nacional. Así fue que tuvimos la necesidad de generar la cooperativa, para que los compañeros tuvieran una respuesta al problema habitacional”, resume el surgimiento de la cooperativa, tomando para la organización y de forma colectiva la construcción de viviendas. Y con la historia también están las luchas: “la lucha más importante que tuvo el Movimiento fue la toma de tierras del 29 de mayo 2011, en esa jornada sufrimos una represión, pero gracias a esa toma tuvimos el reconocimiento del gobierno”. Hoy, el MTD 17 de Julio - Nueva Generación cuenta con dos cooperativas que se dedican exclusivamente a la construcción y que llevan el nombre del Movimiento: “Nueva Generación”. En estos dos años se edificaron 12 casas por cooperativa y se está proyectando la construcción de 10 viviendas más. Son 60 los compañeros trabajando, a los que hay que sumarle los ayudantes, electricistas, etc. La diferencia y los beneficios del trabajo autogestionado y cooperativo tiene sus frutos a la vista, así lo explica el Chun: “El proceso de construcción lleva tres meses por cada etapa, nosotros administramos los fondos y los tiempos y podemos construir más y de mejor manera. También elegimos mejores materiales que los que mandaba el Estado, que eran de segunda y que llevaba a que a los cuatro o cinco meses tener que estar arreglando la casa nueva: nosotros buscamos el mejor precio pero también el mejor material”. También, cuenta el Chun, que “sacamos otra cooperativa, que es textil y realiza remeras, sábanas. Parte de esa producción se dona a los hospitales y a donde se necesite”. La idea de formar la cooperativa textil fue para tener otra opción laboral para las compañeras de la organización. Dice el Chun que ellas pueden llevar adelante un 50 o 70% en la obra y que “gracias a los movimientos sociales, hoy las mujeres pueden estar ejerciendo cualquier tipo de mano de obra sea construcción, pintura, educación, salud”. Hoy son más de 40 compañeras las que están trabajando en la cooperativa textil. Al igual que la OPO, el MTD 17/07 Nueva - Generación tiene diversas relaciones con la comunidad y cuenta el Chun que estas “son a través de la articulación con centros comunitarios, ayudando a pibes y pibas que tuvieron problemas de adicciones, haciendo talleres de cultura y deporte. También se hace limpieza y mantenimiento de escuelas con compañeros que están esperando entrar a las cooperativas y conociendo la forma de trabajar del movimiento”. En Chaco, el poder popular crece desde abajo. Ladrillo a ladrillo la OPO y el MTD 17/07 Nueva – Generación van construyendo el sueño de la vivienda digna, fortaleciendo la autogestión y la economía popular.


Crecen los sueños en la aridez de Alto Valle Cipoletti se recorta formando el Alto Valle en la provincia de Río Negro. En una zona donde el frío se siente, el calor del horno, el ruido de las máquinas de costura generan una sensación cálida que ayuda a templar el cuerpo y el espíritu. Hace cuatro años atrás, muchos cansados de golpear puertas y no encontrar trabajo, a unos cuantos les nació la necesidad de organizarse como cooperativa, para poder encarar el trabajo colectivamente y poder abarcar a mucha más cantidad de gente, con la idea de generar una herramienta productiva que les garantizara un laburo digno. Y en ese encontrarse y empezar a generar cosas fueron produciendo alimentos y vendiéndolos en las ferias que se organizaban en la empresa recuperada FaSinPat (Ex Zannon). En paralelo, cuántas más manos se iban sumando, comenzaron a hacer vestimenta. Y como parte del Frente Popular Darío Santillán, acostumbrados a abrir puertas a través de la lucha, pudieron conseguir que les otorgaran máquinas para producir la ropa. Con la maquinaria disponible, armaron entonces el local y así empezaron a trabajar las cinco compañeras que hoy sostienen de lunes a viernes el trabajo cooperativo. Pero aquella primera semilla que fue la comida no dejó de germinar: continuaron con la elaboración de alimentos, incluyendo la producción de panificados que abastecen a los comedores de la zona. De a poco fueron sumándose y hoy son 16 las compañeras y los compañeros que sostienen esta producción y llevan adelante los repartos de los pedidos. En la actualidad, también están generando comidas y panificados más elaborados, tales como pizzas, empanadas y hamburguesas, que se desarrollan los fines de semana. Cuenta con horno, amasadora y balanza para poder elaborar los productos con la mejor calidad posible. Así, los vecinos y vecinas pueden contar con rica y abundante comida casera, elaborada por quienes trabajan en un formato de cooperación y solidaridad con propios y ajenos. El viento no se detiene en la aridez de Alto Valle, tampoco se detiene este emprendimiento que creció al calor de la lucha y la unión de quienes buscaban vivir el día a día con un trabajo en el que no se sintieran explotados. Así, cada ganancia se reparte equitativamente y hoy hasta pueden darse el lujo de repartirse las tareas y los días de trabajo entre los y las compañeras que formamos parte de la organización. El viento sigue soplando, y con él, los susurros y las esperanzas de un puñado de compañeros y compañeras.


Haciendo bloques, construimos conciencias La imagen de Darío Santillán levantando los bloques que él mismo construía nos quedó guardada en la memoria. Pero esas ganas de construir, que nacieron por 2000-2001 cuando le donaron al Movimiento de Desocupados Aníbal Verón, al que pertenecía Darío, una máquina para fabricar bloques. Sumado a los sueños de levantar con esos bloques las paredes que más tarde se irían convirtiendo en casas en el barrio La Fe tras una toma de tierras, en una época en la que todo escaseaba, empezó a tomar forma “La Bloquera”. A Darío, lo sabemos, las balas policiales le truncaron los sueños y el trabajo, pero sin embargo, el MTD primero y el Frente Popular Darío Santillán después, tomaron esa máquina como bandera de lucha y los bloques siguieron produciéndose. Así, con la problemática social que se vivía en el país a mediados de 2002, se comenzó a buscar en la bloquera una salida laboral autogestiva para una cantidad importante del pueblo. Hoy la bloquera funciona en el predio recuperado Roca Negra, genera trabajo para diez compañeros, y además de su importante rol en la producción autogestiva y solidaria cumple un objetivo fundamental que es el de ofrecer un producto de calidad y a precios populares, que permite construir viviendas dignas para los sectores populares.

Otros emprendimientos fueron surgiendo a partir del trabajo autogestivo: cerca de allí, nacía en 2007 la panadería “Pura Vida”. Hoy laburan ahí diez compañeros, con una política de producción que prioriza que en todas las familias pueda haber un pan de buena calidad a precio razonable y que luego va abriendo sus horizontes hacia la comunidad toda. Ester es una de las que se encarga de elaborar el pan desde bien temprano. Además de un trabajo en el que van construyendo cotidianamente nuevas formas de relacionarse entre compañeros y compañeras, donde no se espera el ojo atento y acusador de un patrón, Ester cuenta que “en estos años peleando y trabajando codo a codo logramos mejorar nuestras condiciones de vida además de colaborar con los vecinos y las vecinas que reciben productos a precios populares”. El legado de Darío flota en el aire. Los sueños se siguen levando, se cuecen lento y se transforman en paredes o en alimento. Y se siguen tejiendo, sobre todo, entre manos compañeras y solidarias


En Barracas se edifica ladrillo a ladrillo En los pasillos de la 21-24, en el barrio de Barracas, los pasillos se llenan de obreras de la construcción que arreglan cloacas, mejoran el drenaje para que no se inunden cuando llueve, emparejan pozos y construyen desagües… los vecinos ya se acostumbraron al panorama de tantas mujeres que trabajan para mejorar la calidad del barrio que habitan. Así lo cuenta Tomasa, una de ellas: “Empecé hace un tiempo, primero trabajaba en la recolección de residuos, pero después me sumé a la cuadrilla de construcción. Hay dos compañeros y una compañera, que son los que tienen más experiencia, y nos capacitan para que vayamos aprendiendo. Nos da satisfacción demostrar que las mujeres podemos hacer los mismo trabajos que los hombres, y aprendemos enseguida”. El emprendimiento que se desarrolla en Barracas y en La Boca, tuvo su origen en el Programa de espacios públicos, así como otros fueron desarrollándose a partir de los planes Trabajar. Los primeros pagos eran de unos 800 pesos y su trabajo era el despegar papeles de las columnas o barrer las veredas. De todo el grupo que conformaban, unos 35 compañeros y compañeras, 11 de ellos decidieron pensar un laburo que tuviera más intervención dentro del propio barrio, actuar ahí donde hubiera necesidades concretas. Así surgieron los trabajos de construcción. “Arrancamos remodelando casas muy precarias del barrio, primero de compañeros y compañeras y lo abrimos al barrio”, cuenta Rodrigo. Los vecinos empezaron así a ver crecer en el barrio una cuadrilla que concretaba aquellos trabajos que hacía tanto tiempo venían reclamando al Gobierno de la Ciudad. Y en el camino, les llega un desafío más grande: la compra de una casa muy barata para demoler y la construcción del Club “El Dari”, en el corazón de la manzana 10, que el Frente popular Darío Santillán pensó como un espacio para los pibes y pibas donde el juego, el deporte, el apo-

yo escolar y diversas actividades se tejen un espacio de contención, de encuentro y de desarrollo. Un año y medio les llevó levantarlo, mientras seguían con sus trabajos habituales. La forma de organización es por Asamblea una vez por semana y es allí el momento de discutir, intercambiar, repartir los laburos y proyectar mejoras. De esas asambleas surgió también la división de una cuadrilla que sigue sumando obreros y obreras en dos grupos: uno que continúa remodelando y mejoran las viviendas de los vecinos y las vecinas de la villa, los vecinos aportaban los materiales y ellos el trabajo; y el otro grupo se focaliza en la situación más general del barrio: cañerías, pasillo, cloacas. Entre los trabajos que ya realizaron, están los arreglos y entubamientos de las cloacas en las manzanas 6 y 8, “y ahora estamos trabajando en la 10, en el desagüe y en hacerle una caída al pasillo para que no se inunde, porque es uno de que tiene problemas de inundaciones”, cuenta Tomasa. Y los vecinos se integran, participan, ven avances concretos… pero mejor, lo explica Tomasa: “Los vecinos se asombran y ven muy aceptable nuestro trabajo porque no había cosas en el barrio y viendo la necesidad que había empezamos a organizarnos y a pelear por los materiales junto con los vecinos. Entonces ellos lo ven muy positivo porque a veces, por ejemplo, no se fijaban en los problemas de contaminación o que se estancaba el agua y hacía diez años que venían luchando sin respuestas”. En este grupo, el 70% de laburantes son mujeres, y, más allá de algunos prejuicios y sorpresas iniciales, el paisaje de las obreras es cotidiano en barrio. Tomasa, remata, orgullosa: “Muchas mujeres se van sumando y además de tener un oficio muy valioso, les sirve para sus vidas. No pagamos más para pintar nuestras casa al saber que lo podemos hacer sin que venga alguien a pasar un presupuesto altísimo”.


Entre maderas y hierros se fragua la autogestión En Pompeya, a metros del Puente Alsina, funciona la carpintería del Movimiento Darío Santillán. El espacio es mucho más amplio que el anterior donde funcionaban en Barracas. Cuentan los carpinteros y carpinteras que el taller empezó siendo un tallercito al que iban algunos compañeros y aprendían el oficio. Primero juntaron palets que tiraban en las fábricas y con eso armaban mesas y bancos. Cuando ya habían dado los primeros pasos, cambiaron de local para que el proyecto crezca y se pudiera generar trabajo para cada vez más compañeros. Para empezar a trabajar tuvieron que arreglar todo el espacio. “Se hizo un trabajo re groso, le pusimos onda…y también luz, porque ni había, hoy está en condiciones”, cuenta Chiro, resaltando el poder del trabajo de los compañeros, y de ellos mismos cuando están bien organizados. Desde marzo son unos diez compañeros y compañeras que trabajan en esta cooperativa de carpintería. Hacen muebles, sillas, juguetes y viven de lo que producen con sus propias manos. “Podemos hacer lo que se nos ocurra. Acá hay espacio para crear. Podés decir: ‘quiero hacer tal cosa’, y si te ponés las pilas y estudiás un poco cómo hacerlo y qué se necesita, podés llevarlo adelante… Lo discutimos, lo proponemos  y lo impulsamos colectivamente”, cuenta Pedro, uno de los integrantes de este equipo de trabajo. “Uno tiene ganas de volver al trabajo”, agrega citando una de las ventajas que encuentran todos en trabajar sin patrón: “nos dividimos el trabajo, pero no hay jerarquías, definimos colectivamente... No hay nadie que te baje los humos”, dicen, “ni tampoco alguien que cobre más que vos sin trabajar. La hora de trabajo la cobramos todos igual y cada uno decide si trabaja más o menos horas”.

grupo de compañeros”, cuenta Jesús. Y agrega Gladys una de las mujeres que allí trabaja: “Hoy somos nueve en total, que trabajamos fijos, y también estamos dando capacitaciones a otros compañeros del Frente Popular Darío Santillán”. El trabajo igualitario, cooperativa, sin patrón, tiene además la ventada de que las decisiones se toman en forma colectiva. Todos los días de trabajo comienzan con una breve asamblea, donde se puede consultar a los compañeros sobre distintas cuestiones, planificar el día, y distribuir las tareas. Así, todos son responsables en conjunto del trabajo y  en la planificación del mismo. “Esto genera un clima más copado, pero además permite que todos nos apropiemos de lo que estamos haciendo. Es nuestro, no es para otro. Y además hay muy buena onda”, cuentan y entre risas confiesan que los viernes, terminan con asadito. Y en la herrería, cuentan que todo se hace rotativo, hasta las comidas y, confiesan entre risas, que los hombres superan a ellas en el arte de cocinar. Pero tanto La Carpintería como La Herrería se vinculan con experiencias similares para poder fortalecer mercados de economía popular. Varios de los trabajadores estuvieron participando de una formación en economía popular a través de la CTEP, junto con compañeros y compañeras de distintas organizaciones de todo el país. Además, participan de las Ferias Populares que lleva  adelante el Movimiento, en las que se ponen en circulación los productos de todos los proyectos cooperativos. Con ellos, por otra parte, se comparte una mesa de trabajo quincenal en donde “se discute un poco con visión de futuro”

Tratan de tener variedad en lo que hacen para que todos vayan aprendiendo cosas nuevas. Las tareas se van rotando, así los carpinteros y carpinteras que tienen más conocimiento del oficio pueden transmitirlo a los demás, y entre todos ir perfeccionando el trabajo e ir incorporando más trabajadores.

Como nos cuentan los compañeros de la carpintería, no se trabaja solamente porque se necesita la plata. Acá, se aprende un oficio, pero también se aprende a construir con otros, a pelear por un futuro más digno. La prioridad está puesta en el trabajo y en la organización que aporta una lógica distinta basada en el compañerismo y no en el mercado. “Lo hacemos porque queremos cambiar el sistema en el que estamos y la forma en que nos organizamos en una forma más de hacerlo”, explica Florencia. 

En otra parte de ese lugar, funciona la herrería, que dio sus primeros pasos en 2002: “Gracias a un trabajo muy importante que salió para hacer 84 bauleras con techo en un galpón, empezamos a trabajar más, y eso ayudó a planificar el trabajo y practicar. Así se capacitó al primer

En la actualidad, están terminando los juguetes para las fiestas. No son un juguete más, dicen. Son productos elaborados desde la economía popular, con las ideas, los corazones y el cuerpo puesto en construir otro modelo posible.


Sistematizando experiencias en Tucumán En Tucumán, las experiencias de economía popular comienzan a desarrollarse a partir de asumir este tipo practicas una parte del movimiento social y popular, entre fines de los 90 y principios de 2000 y van desde experiencias de fabricación artesanal de panificados y comidas y trabajo con productos reciclados, hasta la constitución de cooperativas de artes graficas, textiles, y de construccion de viviendas e infraestructura social-comunitaria. El destino de este economía, ligada a la organización y la lucha popular en el territorio, tuvo diferentes procesos de aprendizajes y elaboración de “prácticas sociales y económicas” más o menos definidas. Los integrantes de las cooperativas de vivienda lograron articular con militantes de sectores profesionales, con el objetivo de construir viviendas para las familias organiza-

das que estaban en una situación de emergencia. Con una prolongada lucha y mucho esfuerzo militante, se construyó un barrio entero, logrando sortear las maniobras del gobierno para intentar desbaratar esta experiencia. Las experiencias de economía popular y de autogestión de viviendas, como parte de una lucha por el acceso a la “Tierra y la Vivienda”, tienen una fuerte validez y legitimidad y confrontan a la vez con la especulación sobre el suelo y el mercado inmobiliario, lo cual genera resistencia entre los dueños de la tierra, empresas y los gobiernos afines. Las y los compañeras que trabajan el rubro textil hacen grandes esfuerzos en términos de recuperar el oficio, acondicionar el espacio de trabajo y fortaceler la producción de todo tipo de indumentaria.

Algunos elementos que logramos sistematizar desde nuestra experiencia:

• El trabajador tiene que conocer, planificar, proyectar, debatir y concretar de forma definitiva el proceso de trabajo dentro de la economía popular. • El manejo de la dinámica económica debe obligatoriamente tener instancias necesariamente colectivas. La “apertura de libros” o la práctica de “libro abierto” para el manejo financiero tiene que tener un espacio central. • La división sociotécnica del trabajo ( ej: oficial albañil, plomero, electricista, ayudantes, etc) lleva a que la acumulación del conocimiento y las prácticas mas específicas queden relegados a pocos, esa tendencia dentro de la economía popular tiene que tener un proceso de reversión, promoviendo una lógica del trabajo cooperativo y que el aprendizaje compartido sea un eje. • El reparto de los resultados del “trabajo” debe ser igualitario, sin reproducir formas de pago predominantes socialmente en la division sociotécnica, donde unos ganan más y otros menos. • Los reglamentos internos de trabajo tienen que tener normas que garanticen el mismo, pero a la vez tiene que tener un contenido humanista y de apoyo mutuo. • En el producto de la economía popular, con destino de uso de los sectores populares, tiene que tener cada vez más un reflejo del proceso que lo llevó a cabo.

Estos elementos, entre otros, hacen parte de una experiencia social, histórica y determinada, que recoge tradiciones y va continuamente remodelándose, rehaciéndose con la práctica concreta. Sabiendo que falta mucho camino por recorrer en la economía popular, en sus reivindicaciones, ligadas a una perspectiva la emancipatoria.

La economía popular brinda elementos prefigurativos para la autogestion economica, y es parte de la autonomía politica de un sector de la clase popular, pero sin la lucha, con otros y otras, por la emancipación y la revolución sería solo un “hacer más”, en el marco de determinadas situaciones y condiciones.


Economía social y soberanía alimentaria Desde nuestra organización (OTTE) hace un tiempo venimos luchando por barrios dignos, educación, salud y cultura. En este camino supimos organizar talleres de apoyo escolar, talleres de huerta, de cerámica, biblioteca popular, festivales culturales y ferias de productores y artesanos. Entendemos que hay que abordar las problemáticas del barrio desde distintos lugares y de forma integral, buscando herramientas que nos permitan organizarnos, para concretar el barrio que queremos y así transformar la realidad. Hoy el aumento sostenido de los precios hace que nuestros sueldos rindan cada vez menos, vemos que día a día tenemos que resignar calidad a nuestras comidas comprometiendo la salud y la cultura de alimentarnos como queremos. Por eso asumimos el compromiso de pensar y desarrollar una herramienta que construya una economía social, solidaria, de precios justos, donde el alimento sea valorado y así también el que lo produce. Que exista un intercambio entre los productores de la zona y los vecinos que necesitamos esos productos. Sabemos que en la Argentina el modelo de producción de alimentos se basa en el agro negocio: esto significa que la tierra y sus frutos (los alimentos) están en función no de alimentar al pueblo trabajador, sino de enriquecer a unas pocas multinacionales que definen qué comemos, de qué calidad y a qué precio. Por eso, luchamos por la soberanía alimentaria, que es una herramienta que nos permite poder decidir: • Qué alimentos queremos consumir • Quién produce nuestros alimentos, si las familias campesinas cuidando la tierra, el agua y el aire o empresas cuidando sus bolsillos. • Cómo producimos nuestros alimentos de forma sana y de calidad • Dónde comercializamos estos productos favoreciendo la economía social y popular. Entendemos a la economía social y popular es una construcción política, económica y social que establece formas colectivas de producción y comercialización promoviendo una práctica social integradora basada en el protagonismo de los trabajadorxs organizadxs. La cristalización de esta economía requiere de políticas de transformación profunda, estructural y cultural, tanto en la conducción como en la democratización del mercado, en el fortalecimiento de la organización social y, fundamentalmente, en la creación de poder popular. Por todo esto, nosotrxs estamos desarrollando esta herramienta que llamamos Mercado Popular pensado como un espacio de comercialización justa y polo social cultural de encuentro. Breve reseña de lo hecho hasta el presente Luego de poner en funcionamiento el Mercado Popular en nuestro territorio, establecimos criterios:

• No comercializar productos provenientes de intermediarios, acopiadores ni mayoristas, para quebrar la lógica capitalista que considera los alimentos como una mercancía destinada al lucro y no un derecho basado en la Soberanía Alimentaria. • No comercializar productos que provengan de la explotación de trabajadorxs (por ejemplo, talleres clandestinos de costura, empresas multinacionales, pooles empresariales, etc.). • Priorizar la venta de alimentos, indumentaria, artesanía, etc. Provenientes de emprendimientos colectivos de trabajo, cooperativas, artesanos, etc. • Promover precios justos y populares. • Convocar a productores independientes del territorio, sean o no compañeros de militancia, con la única condición de sostener reuniones periódicas con todos los miembros del mercado. • Difundir el conocimiento que construya una cultura alimentaria, combatiendo el consumismo salvaje que pretende inculcarnos la industria, que nos quiere imponer modas y productos que son nocivos para nuestra salud, que solo sirven para promover agro tóxicos de dudoso valor social. (léase agroquímicos, alimentos transgénicos, etc.). • Articular con otras organizaciones que tengan el mismo proyecto. Una vez expresados los criterios a seguir decidimos, atendiendo a los recursos de los que disponíamos, comenzar a realizar el mercado una vez al mes, con expectativa de poder hacerlo con mayor frecuencia. De esta manera ya llevamos realizados cuatro mercados con resultados acordes a nuestras expectativas y un éxito más que discreto. En cada ocasión se puso a disposición del barrio vegetales frescos provistos por los productores de U.T.T. –LA PLATA, pan y facturas de la panadería de los cumpas de Lanús, cerámica y productos de nuestros productivos, manufactura de nuestro taller textil, artesanías y comidas al paso, de nuestra área de alimentos. También se aprovechó para difundir material sobre los temas del Espacio de Mujeres de la organización. Todo el trabajo del mercado popular se realiza con el mismo esquema orgánico de nuestra organización, es decir, por áreas. Por ejemplo: Área de alimentos, de logística, difusión, productivos, etc., las cuales se encuentran semanalmente en la reunión del mercado. No descuidamos la difusión de los objetivos políticos-sociales del mercado, mediante carteles, volantes y la difusión de un spot publicitario durante el mismo. La propuesta: Los mercados serán un modelo que se podrá multiplicar en muchos barrios, de forma conjunta será una herramienta que tuerza la relación alimento mercancía, que tuerza la lógica capitalista y especulativa en torno al derecho a alimentarnos.


Unidad para pelear por nuestros derechos En los últimos años, la necesidad de confluir en experiencias organizativas conjuntas que aúnen la organización y la lucha por los derechos de los trabajadores más postergados llevó a la fundación de diversas herramientas gremiales que buscan el reconocimiento de derechos laborales básicos para los trabajadores precarizados, cartoneros, cooperativistas, vendedores ambulantes, entre muchos otros. En este sentido, en 2010 se fundó la Asociación Gremial de Trabajadores/as Cooperativos/as Autogestionados/as y Precarizados/as Combativos y Solidarios (AGTCAP), que nuclea a trabajadores y trabajadoras de Cooperativas que trabajan para el Estado, de emprendimientos Autogestivos, y en general, Precarizad@s de distintos puntos del país. En su plenario de fundación, algunos de los ejes de reivindicación planteados fueron contra la “tercerización” del empleo público y la precarización de las condiciones de trabajo, subsidios a la producción de Empresas Recuperadas y Emprendimientos Autogestivos, el derecho a la salud y a obra social así como a estabilidad laboral, entre otros puntos. En el documento de fundación se planteaba: “El Estado propuso, en los últimos años, formas de relación laboral que ocuparon a decenas de miles de trabajador@s a través de Planes de Obra Pública o propuestas de contratación a través de Cooperativas. Estas iniciativas brindaron una oportunidad laboral a l@s desocupad@s, pero mantienen en la inestabilidad y precarización a l@s trabajador@s. Como respuesta a esa situación injusta e ilegal, surge la voluntad de agremiarnos como trabajador@s para luchar por nuestros derechos”. Por su parte, a mediados de 2011 se fundó la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Se

trata de una organización gremial independiente de todos los partidos políticos, que nació como una herramienta de lucha reivindicativa para la restitución de los derechos laborales y sociales que se perdieron en los últimos años. En uno de sus documentos, se explica: “Los millones de excluidos del mercado formal de trabajo, los millones de expulsados del campo y los que aún resistimos en nuestro territorio, nos fuimos buscando un lugarcito en la periferia social, inventándonos nuestro propio trabajo, aferrándonos a los programas sociales, también sudando en pequeñas empresas informales que no garantizar condiciones dignas de labor. De a poco nos fuimos organizando, formamos movimientos, asociaciones, cooperativas, recuperamos fábricas, defendimos y recuperamos nuestro territorio y forjamos lazos de hermandad entre nosotros. Los cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, trabajadores de programas sociales, motoqueros, cooperativistas, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas, comenzamos a salir a la luz y a reclamar por nuestros derechos y trabajar por la unidad de todos los trabajadores”. En ambos casos, las herramientas gremiales hicieron presentaciones y aguardan el reconocimiento legal del Ministerio de Trabajo que, permanentemente, hace oídos sordos a las demandas de los trabajadores de la economía popular. Sin acceso a negociaciones paritarias, excluidos del percibimiento del salario mínimo vital y móvil, con nulas políticas que permitan avanzar sobre el reconocimiento y promoción del sector, los trabajadores que integran las diversas herramientas vienen hace años luchando y organizándose para pelear por mejores condiciones de vida.


Desafíos y potencialidades de la economía popular A lo largo de estos años, el proceso de lucha y la organización popular nos ha permitido desarrollar diversas y numerosas experiencias de producción y de trabajo que nuclean a miles de trabajadores y trabajadoras de la economía popular. Aquellos que nos las rebuscamos para poder trabajar, que no ingresamos al mercado formal pero nos las ingeniamos para generar nuevas unidades productivas, hoy estamos en condiciones de reclamar y luchar por los mismos derechos que le corresponden a cualquier laburante. En este sentido, uno de los desafíos que vemos hacia adelante es la necesidad de reconocer al sector de la economía popular, de otorgarle y reconocerle herramientas gremiales para que, desde allí, se pueda defender al alto porcentaje de trabajadores que hoy no tiene representación en su conjunto ni derechos frente al Estado. Es la economía popular como tal la que debe ser reconocida, regularizada y organizarse unificadamente. Sólo a partir del reconocimiento gremial de quienes trabajan en unidades productivas (cooperativistas, quinteros, productores familiares, cartoneros, vendedores ambulantes) se va a poder discutir una negociación paritaria que asuma la existencia de un alto porcentaje de trabajadores del sector y que le reconozca sus derechos laborales. Quienes somos parte de la economía popular tenemos que dar la pelea con el conjunto de la clase trabajadora, porque hablamos de universalizar los derechos laborales conquistados hace larga data por el pueblo trabajador: salario mínimo, vacaciones, aguinaldo, asignaciones familiares, protección a la maternidad, licencias, obra social, estabilidad laboral, derecho a agremiación, jornada de trabajo que no supere las 8 horas diarias, seguro de Riesgos de Trabajo, condiciones laborales dignas, entre muchas otras. Frente al mercado y la necesidad de consolidar políticas para la economía popular Es cierto que los emprendimientos no pueden competir con las grandes empresas instaladas, por ejemplo, un emprendimiento de pastas no puede competir con Don Vicente. Lo cierto es que, en lo que tiene que ver con las posibilidades de insertarse y competir en el mercado, hoy la unidad productiva de la economía popular tiene todas las de perder: los costos de producción, la tecnología, las condiciones laborales, la comercialización de los productos, son sólo algunos puntos en los que la economía popular no puede igualarse y por eso termina aislada o subsistiendo. Es el Estado quien debe intervenir, como veedor de los derechos del conjunto de la población. Si existe un sector

pudiente que está capitalizado y hay otros sectores de la economía popular que se organizan para producir, es responsabilidad del Estado generar herramientas para que esta última pueda crecer en una economía de mercado desigual. Las prácticas autogestivas enfrentan sus límites en el marco de una sociedad dominada por el capital. Encuentran la dificultad de desplazar al mercado como espacio de venta de su producción, la compra de sus insumos y (parcialmente) la reproducción de la vida de sus familias. La necesidad de enfrentar en el mercado a empresas capitalistas limita la autonomía en la toma de decisiones. Así, dejarlo librado “al mercado” es darle carne a los caranchos. Intervenir con política de pequeña subsistencia, como sucede hoy, también es relegar ese sector a una cuestión de subsistencia. El objetivo es que se le dé herramientas para que realmente esos desarrollos formen parte de cadenas productivas en mejores condiciones, para equiparar la función social de esa economía. En ese sentido, potenciar la economía popular es impulsar una economía que vaya del productor al consumidor, que responda a los intereses populares, que permita generar productos, vestimenta y alimentos a bajo costo, que puedan consumir los sectores populares. Para consolidar una economía popular hay que transformar radicalmente la concepción que se tiene. Y la intervención del Estado se apunta a la regulación de precios, regulación de importaciones, fondos de fomento a la producción agropecuaria o empresas recuperadas. Es decir, una serie de políticas públicas, que se relacionen con la creación de un ministerio específico de Economía Popular que regule, planifique y fomente todos los procesos de Economía Popular para garantizar políticas públicas para el sector, así como la actualización de la normativa de cooperativas sin “flexibilizaciones progresistas” y la reforma del INAES. En este sentido, hay políticas específicas para las distintas ramas que hoy se desarrollan que deberían implementarse: desde una nueva ley de quiebras y de expropiación para recuperar las fábricas vaciadas y la estabilidad para las empresas recuperadas, políticas masivas para el sistema mixto cooperativa de separación en origen de los residuos sólidos urbanos, la conformación de polos textiles cooperativos como alternativa al trabajo esclavo en la industria de la indumentaria, la conformación de polos agrarios cooperativos, la incautación de bienes provenientes del crimen organizado para su reutilización social, el fortalecimiento de las redes de comercialización e intercambio entre las organizaciones de la economía popular. También es importante el reconocimiento de nuevas formas de propiedad y organización, es decir, de la


propiedad social, colectiva y/o comunitaria sobre los medios de producción y territorios afectados a actividades de Economía Popular

necesariamente, acompañadas de una práctica transformadora que busque ir poniendo los cimientos de esa nueva sociedad que queremos construir.

El punto de la comercialización es un desafío en sí mismo. Los emprendimientos siempre tuvieron esa traba porque el traslado concreto de la mercancía implica una logística que el pueblo no tiene. Las organizaciones populares, los trabajadores de la economía popular tenemos la tarea de avanzar en una comercialización colectiva que permita integrar los diversos productos del sector para que la distribución sea propia. Este desafío implica además dar un paso más y pensar el abastecimiento local, territorial así como nacional.

Las relaciones económicas, sociales y políticas de la economía popular deben ir anticipando la transformación radical con la que soñamos. Por eso creemos que es una apuesta política insoslayable que nuestras unidades productivas construyan con valores antagónicos a la economía de mercado, que prime la solidaridad, el compañerismo, el trabajo igualitario, la democracia participativa y protagónica, que nuestras experiencias corten de lleno con el sistema capitalista, que funcionen de manera cooperativa, que generen productos de bajo costo para que estén al servicio del pueblo trabajador, que produzcan alimentos sanos, que la producción no dañe el medio ambiente.

En este sentido, también es una tarea pendiente consolidar los mercados populares como una alternativa y propuesta en los territorios. En la Argentina quien más y quien menos tiene, paga de igual manera, ya que por cualquier alimento que compramos todos y todas pagamos el 21 por ciento de Impuesto al Valor Agregado (IVA). En momentos donde, además, la inflación crece y los salarios no permiten llegar a fin de mes, cobra mayor relevancia la propuesta de ferias de la economía popular con productos y alimentos para el pueblo a bajo costo. En muchos barrios se vienen impulsando ferias periódicas, pero es necesario generar una red de mercados y ferias populares que permitan abastecer en gran escala y masificar la rica experiencia que ya se viene llevando adelante. El reconocimiento, la protección y el registro a ferias populares sin explotación que permitan reconocer los derechos de los productores y los feriantes y, a la vez, multiplicar las experiencias a lo largo y ancho del país. En este mismo marco, le concierne al Estado la tarea de impulsarse una ley de compras del Estado a las producciones de economía popular que permitan a las unidades productivas sostener una venta básica por fuera de la competencia desleal con las grandes empresas. La potencia revolucionaria de prefigurar la sociedad que soñamos Creemos que la construcción de una economía popular es central en un proyecto emancipador revolucionario. Vivimos en el capitalismo y para transformar esta realidad, para construir camino al socialismo desde abajo, debemos empezar por nosotros mismos, buscando construirnos como hombres y mujeres nuevas, construyendo nuevas relaciones sociales. Si el capitalismo se organiza en torno de la explotación del trabajo y la primacía de la ganancia, el proceso colectivo de trabajo autogestivo es parte de una propuesta integral de cambio social, de una práctica de construcción cotidiana de poder popular. Para nosotros y nosotras la garantía de derechos para los trabajadores de la economía popular, el reconocimiento del sector y las políticas que permitan desarrollarlo van,

Los desafíos de la economía popular no son sólo garantizar los derechos para los trabajadores sino sentar las bases para un orden económico radicalmente distinto. Y en esa construcción de poder también vamos desarrollando otra educación posible con los bachilleratos populares, dando la disputa por una educación pública y popular, dando la pelea en el ámbito cultural, de comunicación, con la capacidad de organizarnos por cada una de las necesidades y los derechos de nuestro pueblo. Organizándonos las mujeres contra la violencia y por nuestros derechos, organizándonos desde la juventud, peleando por el derecho a la tierra, a una vivienda digna, a construir y organizarnos por los barrios dignos. Formándonos, luchando en las calles, organizándonos en el barrio, en los lugares de trabajo y en las unidades productivas de la economía popular. Si a la sociedad futura la pensamos sin explotados ni explotadores. Si frente a la exclusión soñamos con una vida digna, con derechos plenos y socialización de la riqueza. Si frente al sistema capitalista nos imaginamos un nuevo orden social, político y económico donde la soberanía alimentaria, el cuidado del ambiente, la vivienda digna, la educación pública y popular, entre otras cosas, sean lo que predomine; entonces decimos que empezamos hoy a construir esa sociedad que queremos. Con todo este acumulado de tantos años y de tantas experiencias del campo popular creemos que tenemos la capacidad como parte de la clase trabajadora d empezar a hacer lo que decimos que hay que hacer. La construcción política tiene que tener un enorme basamento en la construcción de otra economía Porque vemos que es en las relaciones económicas donde ese socialismo se va a materializar o no. Hay mucha potencialidad desde lo que ya hemos construido pero podemos dar más pasos de avance, siempre recorriendo el camino con un horizonte socialista.

STAFF Colectivo editorial: Carina López Monja, Nadia Fink, Fabian Olivetto, Repo Redacción: Maru Cheb, Cristobal Cervera, Pancho Farina Diseño y edición: Nadia Fink, Repo


Economia popular y socialismo desde abajo  
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