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No. 6 Editorial El metal se oxida, la memoria, las células que componen el cuerpo humano y el papel, ¿ocurrirá lo mismo con las ideas? Si todo lo animado e inanimado es caduco, las ideas no pueden escapar a esta justa desventura que aflige a todo ser. Se oxidan las ideas cuando se dejan a la intemperie, cuando se abandonan a la oscuridad de los dogmas y fanatismos; las ideas no sobreviven cuando dejan de discutirse. Cuando los libros son condenados al ostracismo, también ahí las ideas enflaquecen y desaparecen en el barullo de lo cotidiano. Estamos frente a la herrumbre, cuando es más cómodo repetir como loros las ideas de los otros, dejar de lado todo intento de diálogo, cuestionar, análisis y el criticar nuestro propio pensamiento y el de los demás. Las ideas se oxidan en la simplicidad y la pereza de mente, dejarlas a su merced es condenarlas. Muerte segura. Pero que quede claro, cuestionar las ideas de los demás, y las propias, no significa una actitud de destrucción, al contrario, derruir los más altos íconos es un intento genuino de construir. Las ideas son infinitas en su riqueza de posiblidades, pero también, no escapan de la finitud, cuando lo único que habita la mente es la pereza y apatía por el conocimiento. Movimiento Asturias Amor mío te propongo que hagamos el amor hoy/ por última vez/ lo haremos calladito/ a fin de no invocar a esos demonios/ en los que crees,/ prometo no despertar a la bestia/ lo haremos con tanto amor/ que prometo, no caerás en pecado/ sino más bien, alcanzarás el cielo/ ese que tanto anhelas.// Lo haremos de cinco a siete/ como en aquella película,/ dicen que a esa hora les es permitido a los amantes encontrarse,/ aunque tú y yo no somos amantes,/ pero si tu dios lo permite, terminaremos;/ por

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el momento, no le digas que te amo,/ no le digas que muero por hacerte mío,/ no vaya a ser que no te deje entrar al paraíso.// Con amor, Ramona Búsqueda inútil Él tenía dos pies izquierdos/ ojos color marrón, cabello negro oscuro/ la piel morena clara, la barba casi/ enredada, su mirada era perdida/ y su sonrisa escondida.// Vestía traje negro/ como conservando el luto,/ hablaba poco casi nada,/ pero dejaba ver en su mirada/ una hermosura carnal.// Caminaba cabizbajo/ como contando sus pasos/ parecía no importarle/ si era de noche o de día/ se perdía en el silencio del recorrido sombrío.// Nunca más lo volví a ver/ pero recién me enteré/ que murió angustiado/ pues buscó desesperado/ encontrar dos pies derechos/ de una sola mujer.// Julia Moreno Renaldo Carrera y su aventón al pasado. Ahí estaba en medio del pequeño público que había llegado a la inauguración del Punto de Lectura “Gustavo Adolfo Bracamonte” en la Municipalidad de Chiquimula. Camisa azul, un sombrero, barba, creo que tenía dos o tres libros en mano… “qué personaje tan peculiar” pensé, mientras lo veía. Al finalizar el acto, se acercó a mis dos amigos y a mi y nos dijo que quería regalarnos una copia (creo que dijo que era la última, la verdad es que uno manipula los recuerdos) de su libro “Cuentos Meleciánicos”. El nombre de su libro hizo el sentido que debía hacer en nuestra mente, y luego comenzó el diálogo. Su radiante carácter nos llenó de alegría. Era como si todo alrededor de repente hubiera cobrado vida, como si se fundieran las sillas y las mesas y todo girara en torno a lo que nos decía en medio de una espiral de luces amari-

llas de feria. El escritor Renaldo Carrera nos contaba esa tarde en qué consistía el libro que nos iba a regalar. En medio de nuestras risas, sus ademanes hacían escenario a su boca creativa que no paraba de mostrarnos su ingenio. Nos dejó emocionados con la historia, nos firmó el libro, nos tomamos una fotografía y se fue… él es de esas personas que uno siempre siente que “se van” cuando se despiden. Dejó un vacío de veinte frases en medio de mis amigos y yo, todos sonreíamos como quien nos hubiera pegado un golpe de felicidad y decidimos que me quedaría con el libro y al acabarlo lo pasaría al siguiente. Pasaron meses y yo con los “Cuentos Meleciánicos” en el estante que lleva la larga lista de libros que tengo que leer. Una mañana en el viaje del bus lo tomé… ¡cómo no lo tomé antes! Estoy buscando la manera correcta de expresarlo pero solo se me ocurre decir que Renaldo Carrera es un autor extraordinario, con un calor oriental único y lleno de creatividad. Al decir esto siento que intento encapsular su espíritu indomable en una pastilla pequeña para poder explicarme, pero se me hace imposible: no hay más remedio que leerlo. Carrera me condujo en un viaje maravilloso a través del tiempo y la historia de Guatemala, en medio de paisajes zacapanecos y de Chiquimula, en medio de la siempre ocupada ciudad capital y usando como canal un lenguaje tan oriental (“pero TAN ORIENTAL”, diríamos aquí) que sentí más bien estar sentada en una silla de la casa de un amigo, que estar leyendo un libro. En una maravillosa mezcla de estilos literarios y metáforas aventureras, Carrera nos muestra una interesante forma de autobiografía que es al mismo tiempo un vistazo a la vida y obra de “Melecio”, su

Esquipulas, febrero 2018 abuelo, a quien nunca conoció. “Cuentos Meleciánicos” es un conjunto de cuentos que se entrelazan en las maravillosas formas del tiempo y a las que llegamos gracias a un viaje en una máquina de “ciencia ficción”. Este fantástico libro chapín es de lectura fácil, pero profunda en gran manera. Una obra maestra de comedia que hay que analizar, una invitación al espíritu revolucionario que hizo que algunos días pasados fueran mejores. Aún si usted lo ve fuera de los ojos políticos y racionales, estoy convencida que disfrutará cada página de este libro ilustrado por Arnoldo Ramírez Amaya (el Tecolote), y escrito por un profundo y graciosísimo pensador Oriental: “Renaldo Carrera”. Bera López Conectados Con las nubes, dicen,/ cuando las vemos cambiar de forma/ y el viento las arrastra,/ las seguimos mirando inquietos,/ incesantes...// conectados con la lluvia que cae/ y nos moja la cara mientras nos besamos.../ y nos moja la cara y nos moja las manos y nos moja la vida/ y què importa si nos mojamos... // Conectados como estrellas/ que brillan en la noche/ y se abrazan en la soledad más profunda e insensata.../ conectados dicen/ de esos que en un millón de posibilidades se juntan al final/ o, mueren.// Lisseth Portillo Contrato Firma aquí,/ cincuenta pagos/ uno por año,/ al terminar/ te damos la bala/ y el arma/ de segunda mano.// Firma aquí,/ por otro pago/ te llevas/ la bala extra,/ pues a veces se falla/ y este contrato/ no admite reclamos.// Firma aquí,/ otros dos pagos/ y te llevas/ una mejor arma,/ con mejores/ acabados, más fina y brillante,/ no pierdas nunca/ la elegancia.// Firma aquí,/ por otro pago/ te damos garantía,/ no se trabará el gatillo/ o te devolvemos/ la vida/ o disparamos/ primero;/ la bala extra/ corre/ por nuestra cuenta.// Tú decides.// Jiménez Suchité

Bera López . Jiménez Suchité . Henry Guzmán . Gerson Chinchilla Portillo


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2 Hablar solos, de Andrés Neu- que también es muy relevante man, es un diálogo íntimo, profundo, emotivo, y dramático. Elena, Mario y el hijo de estos, Lito, dan vida a una narración en la que Neuman concilia la inocencia de Lito y el drama de sus padres frente a la inminencia de la muerte. El proceso de duelo tanto para Mario como para Elena, y finalmente la aceptación. Un soliloquio, voz a voz, en el que cada uno de los personajes dejan ver sus interiores, los abismos que los habitan. Después de un diagnóstico médico, Mario y Elena tienen frente a sí, quizás, el tiempo más personal del cual han podido disponer durante toda su vida; tiempo que los lleva a replantearse el pasado, y a disponer de lo que queda, con total certeza de que no hay mañana. Culmino parafraseando a Margarita Carrera, quien dice que, se está solo frente a la muerte, como al poema; poetizando así hasta el último de los alientos.

Gerson Chinchilla La verdadera señora Dalloway “La señora Dalloway dijo que compraría las flores ella misma”, “la señora Dalloway dijo que compraría las flores ella misma”, “la señora Dalloway dijo que compraría las flores ella misma.” Intento seguir y no logro pasar de la primera página, ya perdí la cuenta de cuantas veces he intentado leer esta novela y no logro avanzar. Al fin pierdo el miedo y me aventuro a conocer la historia de un día en la vida de Clarissa Dalloway. Empiezo a leer y me encuentro con una gran cantidad de complejidades y ambigüedades al muy estilo modernista de la escritora Virginia Woolf. Ésta no sólo es una de sus obras más conocidas sino /MovimientoAsturias

porque plasma varios elementos muy personales de la autora, por ejemplo, en la novela, la atracción entre Clarissa y Sally Seton, según muchos es una representación de la relación de Virginia Woolf con su amante Vita Sackville, una poetisa a la cual Woolf fue muy apegada, ambas formaban parte del denominado Blomsbury Group, un grupo de escritores, intelectuales, filósofos y artistas, entre ellos, John Maynard Keynes y E.M. Forster, cuyos trabajos influenciaron en gran manera las actitudes modernas hacia el feminismo, el pacifismo y la sexualidad. No es secreto que Virginia Woolf fue una de las mayores exponentes de la famosa frase del poeta Samuel Taylor Coleridge, que dice “una gran mente debe ser andrógina”. Continúo con mi lectura, y hay algo que nuevamente llama mi atención y es el personaje Septimus Warren Smith; un veterano de la primera guerra mundial, quien sufre de alucinaciones y termina suicidándose al lanzarse por una ventana. Esto lo relaciono con el trastorno bipolar que sufría Woolf, enfermedad que la llevó a terminar con su vida, lanzándose al río Ouse. Pasaron algunos años después de que termine de leer esta fantástica novela, y luego tuve la oportunidad de ver la película Las horas, por la cual Nicole Kidman ganó el Oscar en el 2003 al interpretar a Virginia Woolf, el filme está basado en la obra homónima ganadora del Pulitzer del autor Michael Cunningham. La película es una excelente recomendación si se quiere conocer la vida de Woolf y a la vez su obra La señora Dalloway. El 25 de enero pasado, Google conmemoraba con un doodle a la autora, ya que se cumplían 136 años de su nacimiento. A pesar de su aventura con Sackville, Woolf nunca dio indicios de no querer a su esposo Leonard Woolf, de hecho antes de suicidarse le dejo una carta, en la cual le dice que ella no creía que dos personas pudieran haber sido tan felices como lo habían sido ellos. La carta, aunque para algunos pudiera parecer inhumana o

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mórbidoasu lectura, permanece como uno de sus grandes trabajos de prosa. Henry Guzmán La más grande Hace años en un país lejano, en un mundo inexistente, utópico e inalterado/ se menciona, se recuerda, se extraña la figura de una mujer gigante.// En la suave mañana se vio la figura que enaltece en el exordio a la mejor de las nereidas/ una mujer que los mismos cielos envidian y que el propio Hermes ha dejado escapar.// En el mes de enero la he recordado, a media noche me bajo la mística luna.// Un oscuro vapor de tabaco y de rocío se exhala en mi ambiente,/ y dulcemente, filtrando por la cumbre de mi orgullo,/ resbala por el valle de mis halagos la entrada de la dama fulgurante.// La exaltación se adormece sobre la bóveda oscura, el respeto se inclina hacia la luz.// Envolviéndose en la bruma se hunde en el esbozó de salutación.// Ved, como parezco infante, el orgullo parece adormecerse a su semblante/ y vean donde reposa pues a la par de Zeus en los adentros del Olimpo. Julia la Grande. Selvin Pérez Hernández

Que la juventud se rebele Los seres humanos vivimos en constante cambio, físicos, sociológicos, económicos, etc. Pero Guatemala vive un letargo poco inspirador, somos una sociedad herida y divida por diferentes acontecimientos a lo largo de la historia. El país se resiste a cambiar. Nos inundaron de fanatismos, a la bandera, al himno, a la religión, a un género de música, a la burbuja clasista y muchas cosas más. Algunos se niegan a reconocer que los fanatismos ciegan a las personas, los encierran en sí mismos pensando que salir del fanatismo sólo traerá fracaso y miseria ¿A caso no vivimos en un país fracasado y mísero? O es mejor seguir en el letargo torpe, narcisista y estúpido que nos tiene donde estamos. Pocas veces nos hemos cuestionado la forma en la que funcionan las cosas, desde la eco-

nomía hasta el fútbol, desde la política hasta el arte. Y quiero hacer énfasis en esto, porque las personas que nos gobiernan en esta dictadura cultural donde es prohibido hablar de sexo, cuestionar un sistema racista, machista y homofóbico. Nos tienen sumergidos en una crisis educativa e intelectual que parece nos está condenando al tercermundismo. Criticamos a las familias pobres y numerosas, pero la religión se opone a la educación sexual, tema del cual, al no tragarnos los cuentos de los ultraconservadores, leemos en internet y aprendemos empíricamente, pero ¿Qué pasa con la gente que no tiene acceso al internet, no puede tan siquiera leer? Hablar desde los privilegios es complicado. Nos tragamos y hasta cierto punto nos enorgullecemos de la propaganda de que Guatemala es el corazón del mundo maya cuando más del 60% de la población indígena vive en la pobreza y pobreza extrema. No nos damos cuenta que la única atracción del país son esculturas y construcciones que datan de hace siglos porque como país no hemos construido nada que atraiga al mundo. Es hora que nosotros los jóvenes nos quitemos esa etiqueta de la generación perdida gracias a las nuevas tecnologías, que estamos matando la cultura, los libros, la filosofía y las letras. Es hora que nos hagamos responsables del enorme reto que tenemos enfrente, el de construir una sociedad vertical, tolerante, empática y digna. Nosotros tenemos el reto de expandir nuestras mentes, nuestros ideales, tenemos el reto de vencer esos dogmas que siempre fueron absurdos porque nacieron de la ignorancia. Tenemos que librarnos de las cadenas de los fanatismos, ver las cosas desde diferentes puntos de vista y estrechar los lazos sentimentales que nos unen como seres humanos. Tenemos la obligación de leer, informarnos y crear un pensamiento crítico y coherente con la realidad de la sociedad en la que vivimos. Sólo así podremos liberarnos de esta sociedad opresora y construir una sociedad libre y digna. Sólo así seremos felices. Kevin Sánchez

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