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No. 7 Editorial Luz Méndez de la Vega Ana María Rodas Margarita Carrera Mercedes Sosa Isabel de los Ángeles Ruano Gabriela Mistral Maya Rossana Cú Choc Alaíde Foppa Carmen Matute Delia Quiñónez Alejandra Pizarnik Vania Vargas Dolores Montenegro Violeta Parra Rosario Casteñanos Aída Toledo Carolina Escobar Sarti Julia Moreno Vicenta Laparra de la Cerda Regina José Galindo Atala Valenzuela María del Rosario Molina Valeria Cerezo Elena Poniatowska Gioconda Belli Tania Libertad Ruth Vaides Alejandra Flores Chabuca Granda Alejandra Solórzano Irma Flaquer Elena Garro Ma. Josefa García Granados Ellas nos han nombrado a través de su pluma y voz. Movimiento Asturias Libertad Hago el amor/ porque soy libre, por rebeldía/ porque los días de opresión están por terminar/ porque lo merezco/ porque amo mi cuerpo y mi espíritu/ espíritu libre// Porque mi cuerpo lo pide a gritos/ porque ir a ese otro mundo es tan necesario / como comer o respirar/ respiro por libertad cojo por libertad// Porque siempre hemos de vivir con las alas abiertas// Con amor, Ramona ¿Limerencia perdida? ¿Existes?... Sí, aquí te siento en cada parte de mi ser, martillando mi memoria,/ desgarrando mis emociones, si es que aún las poseo…/ no sé por qué vuelves si no eres bienvenida/ apareces cuando no te necesito y habitas en mí/ cuando estoy en la cúspide de mi tranquilidad.// Te recuerdo pero no te

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siento, / porque para mí no eres nada/ tu simple imagen distorsionada en mi mente sigue enclavada/ fija sin pretensiones futuras solo estar dando opresión en mi mente sin una razón...// Dueles en lo profundo, resientes en el tuétano de cada hueso,/ dueles en mi ser, martirizas y adormeces mi supervivencia / en este mundo en el que no anhelo estar.../ pero la vida ya se dio y hoy osa llorar en mí, te gocé pero vete y no vuelvas más...// Selvin Pérez Hernández Corriendo por la igualdad

Kathrine Switzer corriendo la maratón de Boston, 1967

Era el año 1967, cuando Kathrine Switzer completaba los 42 kilómetros de la maratón más famosa del mundo, sí, la maratón de Boston. Era la primera vez en la historia que una mujer se registraba para participar en una competencia como esta. Para ese entonces no era permitido que las mujeres participaran, se les consideraba demasiado débiles o “frágiles” como su mismo entrenador le decía. Sin embargo, Kathrine logró inscribirse como “K.V. Switzer” solo las iniciales de su nombre y así nadie notaría su sexo. Había entrenado muy duro y se sentía muy segura de sí misma, una vez inscrita todo parecía marchar en orden, comenzaba a correr los primeros kilómetros con el histórico “261” este número se convertiría en un símbolo de lucha para muchas mujeres en el mundo de los deportes. No había avanzado mucho cuando sintió que alguien la jalaba con mucha fuerza por detrás, advirtió que era uno de los organizadores que intentaba sacarla de la competencia pues era una carrera exclusiva

para hombres, con la ayuda de su novio y otros corredores logró librarse de este hombre y continuó su paso hasta llegar a la meta. Kathrine también tuvo que superar otros obstáculos para competir, en su casa le decían que si corría le iban a crecer las piernas, que se iba a convertir en hombre, que se le iba caer el útero y no tendría hijos jamás. A pesar de ello nunca se dio por vencida, desde de su gran proeza en el 67, Kathrine se ha dedicado a organizar carreras para mujeres alrededor del mundo, como ella misma lo explica “las mujeres ganaron el derecho a correr y en el proceso lograron inspirar a muchas otras.”No fue hasta 1972 que les fue permitido a las mujeres correr oficialmente en maratones. Antes de esto, pocos creían que una maratón podría atraer a tantas mujeres y que de esta manera ayudaría a transformar las opiniones acerca de las habilidades físicas de las mujeres y su rol en los deportes y en la sociedad. Henry Guzmán Fracciones 1.Era domingo por la tarde, me hallaba en estado de total indiferencia con la vida y las cosas que ponía frente a mí, después de reanudar mis lecturas, entendí que no hay vida sino esta. De ahí entonces surgen los temores humanos de encontrarse suspendidos en la nada y el absurdo existir sin razón, de ahí que creer y crear supremos seres suprime la fatal idea de la nada. 2.¿Es en serio? después de apoyarnos en los círculos de amigos, y lavar la frente ajena, uno está disponible para cualquier vejación; así nos falta el respeto las historias de connotados. 3.Somos solo pellejos, cuero adulterado y en estado permanente de pudrición. 4.Incorruptos los vientos, las caricias, los pigmentos edulcorantes y festivos, terriblemente festivos de la feria patronal. 5.Uno a uno fueron cayendo los ramos de flores, todas ellas

Esquipulas, marzo 2018 traídas por admiradores; falsos y burdos imitadores del conocimiento. 6.Ya me caía frente al espejo adivinando los contornos de la noche, detrás de su figura yacía otra individua, otra mente, otra fuente inmisericorde. 7.Hoy me escribiste, hace días que no sabía de vos, lo primero que hice fue buscar tu imagen de perfil y ver si habías cambiado, no había razón para tanto drama de mi parte, pero vaya que me encontré con la figura de un dios griego que me llama, que me invita al éxtasis, Policarpio. 8.Tomo un sorbo de vino, los últimos días necesito más estímulos, mi cabeza rueda por las últimas semanas ateridas, nos dijimos adiós un día par, impar era cuando nos saludamos. Francisca Sales Sobre penes y vaginas En nuestra sociedad se consume más pornografía que café por las mañanas, hay chistes sobre sexo en cantidades exorbitantes, se difunden vídeos de porno-venganza de exnovios resentidos, hay masturbación, hay adulterio, hay violaciones, hay acoso callejero con “piropos” vulgares y desagradables, hay enfermedades sexuales, físicas y mentales… los penes y las vaginas son el pan de cada día. Sin embargo, esto está envuelto en una falsa clandestinidad, pues cuando se habla de penes y vaginas con seriedad, como en el caso de la educación sexual para jóvenes, los colores se le suben al rostro a los hijos puritanos del conservadurismo y la moralina. Solo una sociedad tan cavernaria puede hacer tanto escándalo por la procesión de una vulva, La Poderosa Vulva, que hizo un grupo feminista el 8 de marzo en el marco del Día de la Mujer, esto en un país desarrollado, como Francia, sería simplemente una actividad más. Y bueno, entiendo que la sátira haya herido susceptibilidades religiosas, qué lástima, pero me parece fascinante el temblor que provocó en la burbuja moralista un pequeño acto de rebeldía punk y lo aplaudo de pie. Y es que en Guatemala tenemos tanta moral que hasta la tenemos doble. Jiménez Suchité

Bera López . Jiménez Suchité . Henry Guzmán . Gerson Chinchilla Portillo


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2 Matemáticas / Ingenieras

/ Médicas / Astronautas / Historiadoras / Presidentas / Músicas / Camioneras / Aviadoras / Trompetistas / Compositoras / Arquitectas / Diseñadoras / Banqueras / Ministras / Pintoras / Novelistas / Esquiadoras / Inventoras / Filósofas / Cantoras / Fotógrafas / Físicas / Ornitólogas / Futbolistas / Químicas / Karatecas/ Electricistas / Economistas / Biólogas / Oceanógrafas / Programadoras / Académicas / Diputadas / Editoras / Escritoras / Poetas / Cardiólogas / Cuentistas / Diplomáticas / Mecánicas / Políticas / Directoras / Periodistas / Ecólogas / Abogadas / Cineastas... 8 de marzo. Cuando miles de pinturas se vuelven cine

Loving Vincent no es una obra de arte, son 65,000 obras de arte. Es la primera película pintada totalmente a mano, cada fotograma es una pintura al óleo con la misma técnica de Vincent Van Gogh y fueron pintadas por más de 100 artistas. La trama se centra un año después de la muerte de Van Gogh, el pintor dejó una carta para su hermano que el hijo del cartero se encargará de entregar, mientras revisa su obra y aclara la muerte del genio. Las imágenes hipnotizan, es fácil perderse entre tanta belleza, es un banquete de detalles y se siente el gozo de asistir a un espectáculo inédito, la impresión de estar ante una obra única en su tipo no suelta hasta el final y después solo quedan las ganas de repetirla. Todos esos factores ayudan a que los bajones de la trama no perjudiquen la experiencia, porque claramente el valor de Loving Vincent no está en la narrativa, sino en el viaje al que conducen sus 65,000 óleos en movimiento. Jiménez Suchité Un castigo de a huevos La ciudad empezaba a despedir los últimos rayos de la caprichosa luna que, encubierta por gruesos nubarrones, si/MovimientoAsturias

mulaba retirarse a dormir. La madrugada había sido intensamente fría. Podía escucharse a la distancia los lastimeros ladridos de uno que otro perro que estresados por el desvelo, o quizá por no haber probado alimentos, dejaban escapar su bullanguera protesta. También podía escucharse la dulce serenata de trinos de las aves que le daban la bienvenida al nuevo día. Y mientras todo eso acontecía, por una de las empedradas callecitas iba un hombre cuarentón que, sufriendo terribles calambres en sus delgadas piernas, y sufriendo otros malestares ocasionados por la cruda de la borrachera del día anterior, caminaba tambaleante tiritando de frío y entre veces pasaba sus escuálidas manos sobre su alborotada melena, quejándose de un fuerte dolor de cabeza; al mismo tiempo mascullaba casi ininteligiblemente algunas palabras de lamento y conmiseración. Era don Gilberto Pocasangre, que desde hacía varios días andaba de parranda y no podía parar la celebración. Por más que se prometía así mismo y también a propios y a extraños, no lograba dejar este terrible hábito que ya lo tenía hasta el copete. Cada vez que caía en este pernicioso quehacer, pasaba dos meses y algunas veces más, rindiéndole pleitesía al dios del vino en forma consuetudinaria; hasta que sus familiares por pura misericordia lo metían preso o lo internaban en algún lugar de recuperación para que se curara, aunque solo fuese por muy poco tiempo. Una que otra casa ya abría sus puertas. Avivadas lumbres cocían el café matutino, mientras las señoras preparaban las viandas que sus esposos tendrían que llevar hacia sus lugares de labranza. Justamente cuando el desventurado don Gilberto pasaba frente a una de estas viviendas, pudo contemplar que el jefe del hogar blandía en su diestra una filosa hacha, con la cual menudeaba la leña que serviría de combustible al fogón que, en breves momentos, prepararía el alimento de toda su madrugadora prole. Buenos días le dé Dios, —dijo el maloliente borracho, que bueno que ustedes amanecieron muy bien— Muy buenos días, —contestó don Teodoro,

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el dueño de casa, puede usted pasar adelante—. Al escuchar don Gilberto, tan agradable invitación, ni lerdo ni perezoso ingresó a aquella casa. Luego de ciertas reverencias que hizo por respeto, se le invitó a sentarse en un desvencijado taburete de madera enrejado en forma cuadriculada en la parte del asiento con correas de cuero crudo. Las cuadrículas de aquel mueble no eran tan uniformes, pero qué importaba, si bien o mal servía para atender a los visitantes. Quizá por el cansancio o por el frío de la mañana, el pobre don Gilberto se acomodó lo mejor que pudo y se quedó dormido. El pantalón lo tenía descosido desde la jareta hasta la altura del cinto en la parte de atrás; y para variar, no sé por qué motivo, no se había puesto calzoncillos. Estando él en aquella postura tan relajante, no se dio cuenta que uno de sus testículos se fue resbalando por una de las estrechas cuadrículas y enseguida el otro también se fue siguiendo al primero hasta quedar bien juntitos a la intemperie en la parte baja del taburete. Al cabo de un buen rato, aún estando nuestro personaje plácidamente dormido, apareció un gato grande de color negro, y al pasar por debajo del infortunado visitante, el animal se dio cuenta que del enrejado del taburete colgaban dos apetitosas preciosuras, que mas parecían chorizos. Al principio el minino comenzó a juguetear con aquellas inocentes bolitas y acto seguido decidió incrustarle las uñas con desmedida violencia. Al sentir don Gilberto el terrible dolor que le ocasionó aquella inmisericorde caricia, pegó un grito que se escuchó en todo el vecindario y al mismo tiempo saltó hasta el patio de la casa con la silla pegada en sus posaderas y no había modo de desprendérsela por más que se esforzaba. Mientras que aquel pobre hombre gemía y se retorcía del dolor, tanto por los arañazos, como también por el tirón que le provocaba el peso de la silla, el gracioso gatito se lamía las uñas en señal de complacencia por la desnaturalizada travesura que acababa de realizar. Por fin, don Gilberto ya casi aliviado del dolor, logró sentarse y metiendo su mano derecha por debajo de la silla,

fue alineando y empujando con sus dedos uno por uno sus maltratados símbolos del machismo, por la estrecha cuadrícula en donde por buenos momentos estuvieron atrapados, hasta que quedó libre de tan cruel tortura. Eso sí, juraba y perjuraba que jamás volvería a andarse emborrachando, para evitar sufrir tan terrible vergüenza. Como pudo, se puso de pié y emprendió su camino con destino a su casa, que no estaba muy lejos de aquel lugar, y dejándose caer pesadamente en su maltrecha cama, se quedó dormido por largas horas. La tarde de aquel aciago día languidecía cuando don Gilberto despertó asustado. Todavía estaba adolorido de sus partes íntimas por el maltrato que le había producido aquel taburete del infierno. Logró poner en orden sus ideas, y empezó a cavilar en forma introspectiva, a la vez que lograba sacar muy buenas conclusiones del castigo recibido. Después de mucha meditación, se hizo una promesa que en el devenir de los años de su edad se propondría cumplir a cabalidad. No volver a emborracharse… sí repetía una y otra vez, y otra vez, y otra… sí, no volver a emborracharse, ese sería su propósito… no volver a emborracharse en el resto de sus días. Y desde ese día en adelante nunca más fue presa de aquella maldita adicción. Si ese bochornoso incidente había sido una especie de castigo de la divina providencia, para dar cumplimiento a su promesa, había venido de a huevos, porque a él le había servido para liberarse de un indeseable hábito que solo le había traído vergüenza, sufrimiento y desventura. Después de muchos años de sobriedad, a don Gilberto le tocó emprender el fatídico viaje al más allá. Y según cuentan las malas lenguas que, durante ciertas noches frías del año, muchas personas han escuchado en aquellos parajes, los elevados gritos de un fantasma de borracho que les pone los pelos de punta y el cuero de gallina. Quizá se trate de la personalidad etérica de nuestro peculiar personaje que aparenta andar en pena. Dios quiera que algún día descanse en paz de una vez por todas. Juan Miguel Hurtado Arita

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