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El torero impaciente rabioso y prepotente corrió hacia el torito, y suakata... le clavó la espada en su delicado lomo. El torito sintiendo cómo la espada le quitaba lentamente la vida, dobló sus temblorosas paticas, y con su carita cubierta de lágrimas, le dijo al hombre: ¿Por qué me matas, torero malo? ¡Yo no le he hecho mal a nadie! ¡sólo he sido amigo de quienes me han querido!. ¿Dónde están mis amiguitos de la pradera?... ¿Dónde están?... con un profundo suspiro cerró sus ojos... el torito murió. Ahora el torito bueno se encuentra en el cielo rodeado de otros animalitos, todos hijos de Dios. El torito le pide a su padre Dios, que perdone al torero, a pesar de todo el dolor y la tristeza que le causó.

Autor: Alejandro Sánchez Lariccia Ilustraciones: Jose Albeiro Perez P.

FIN

la moraleja que te deja este cuento es de que el hombre debe querer cuidar y respetar su entorno; en el están los demás humanos, los animales y la naturaleza en general. El Torito de la Pradera también nos enseña de la inmensa nobleza que tienen los animales y de la manera en que nosotros como humanos creemos que somos dueños de todo lo que nos rodea, pero eso no es así, pues como criaturas de Dios, somos tan solo una parte de toda su creación. Ama y respeta a los animales, pidele a tus papas que respeten tus derechos a vivir en un entorno sano, libre de crueldad y violencia.

© 2010 Fundación Movimiento Antitaurino de Colombia M.A.C Correo E: mov_antitaurino@hotmail.com

Erase una vez en una tierra no muy lejana un torito muy bonito que vivía en una gran pradera, en donde todos los animalitos eran sus amiguitos. Allí vivía muy feliz y tranquilo. Una vez, el humano dueño de parte de la pradera lo invitó a una fiesta, diciéndole que él iba a ser el invitado especial, ya que era su cumpleaños. El torito feliz le dijo que sí y muy ilusionado le comentó a todos sus amiguitos animales que lo habían invitado a "La fiesta de los toros". Quienes de inmediato le dijeron que tuviera mucho cuidado, ya que algunos humanos no eran de mucho fiar. El torito que era muy noble y era agradecido con el alimento y buen trato que le daba el dueño de la pradera, les dijo que no se preocuparan y feliz se preparó para la fiesta en la plaza de toros.

Los

días pasaron y el torito ilusionado contaba los días y esperaba la gran fiesta de su cumpleaños, hasta que el día llegó. El humano, muy alegre y cantando lo hizo subir al camión que lo llevaría a la plaza de toros. En el camino el torito veía cartelones en lo muros de las calles, donde decía: "Gran fiesta de luces en la plaza de toros, hoy 3 de la tarde, con el gran invitado: toro bonito "el Rey de la fiesta". La emoción no le cabía dentro de su pecho, era feliz de sentirse importante y famoso. Cuando al fin llegaron a la plaza, el toro bonito paseando orondo salió a la arena y de inmediato todo el mundo lo aplaudió. El torito se sentía dichoso y regocijante de alegría su pecho, en el gran día de su cumpleaños.


Estando el torito paseando y paseando orondo por el ruedo, vió salir a un gordo, con una gran panza! montado sobre un caballo y con una larga vara en su mano, el gordo empezó a decirle y a gritarle cosas feas y a provocarlo. El torito que era fuerte y joven intentó empujar al gordo para sacarlo de su fiesta, pero viendo que no lo alcanzaba, empezó a empujar al caballo que estaba con sus ojos vendados, de forma que no podía ver mucho. Torito bonito, quien les decía que se fueran de su fiesta, los seguía empujando. De pronto el torito sintió un inmenso ardor en su lomo, muy cerca de la cabeza. El dolor en vez de disminuir aumentaba más y más; era aquel gordo presumido que con su larga y puntuda vara lo chuzaba sin piedad en su delicado lomo una y otra vez, una y otra vez. El torito muy asustado y adolorido empezó a perder la vista. Sus paticas se adormecían y le temblaban a la vez que sentía una inmensa herida que dolía mucho. En un santiamén el gordo a caballo desapareció, pero vió como un humano delgado con un vestido ajustado al cuerpo como piel de sapo, y lleno de estrellitas como un traje de luces se acercaba lentamente mientras fijo lo miraba a los ojos, en sus manos llevaba dos palos de colores, entonces el el torito corrió hacia él enojado, diciéndole ¡vete, vete tu también de mi fiesta!. Pero, para su sorpresa, el hombre salió corriendo también hacia él, en punta de pies, y le clavó los dos palitos de colores en su lomo, que le causaron un inmenso ardor y dolor porque eran unos filosos y puntudos arpones que cortaban la piel. El torito desesperado corría y corría intentando quitárselos, pero, como si no fuera poco, volvió y repitió 2 veces mas, clavándoselos muy cerca de donde tenía el torito la honda herida causada por el gordo a caballo.

Luego el torero apareció de nuevo pero ahora en sus manos llevaba un paño rojo, llamado capote o engaño, y acerco de nuevo al torito, mientras desde atrás le decían ¡muévele el engaño torero! Y el torero movía y movía el paño buscando llamar la atención del torito, quien disgustado corrió hasta él para quitarle el capote con sus cuernos. El torito triste y cansado, intentó respirar profundo y entender lo que sucedía, pero sentía que se ahogaba... sacaba su lengüita para intentar respirar mejor, pero era casi inútil. Su dolor era muy fuerte. De pronto el torero caminó hasta donde estaban otros toreros y les pidió algo largo y brillante que, súbitamente, escondió detrás de su capote rojo, y de nuevo molestó y provocó al torito. Cansado y sin entender, torito bonito intentó de nuevo quitarle el capote al torero pero no lo logró. De pronto el torero giró y le dio la espalda al torito, el cual pensaba que por fin el torero se había cansado de herirlo y molestarlo. Pero el torero, después de mirar a lo alto de las escaleras a un señor importante de la plaza (que se puso de pié, haciendo una seña acompañada por el sonido de una trompeta), se dirigió de nuevo hacia el torito, sacando una gran espada brillante y filuda. El torito sintió un profundo miedo y una gran tristeza, haciendo que sus paticas temblaran... pero el torero no sintió nada de pesar por el inocente y buen torito, y sólo le decía ¡ho, ho, toro...! El animalito sólo temblaba e, inmóvil mugía de miedo, mientras de sus ojitos escurrían algunas lágrimas, esperando que algún niño bueno lo ayudara... pero ninguno pudo ayudarlo en ese momento.

CUENTO EL TORITO DE LA PRADERA  

La historia de ·"Bonito", un toro de lidia que sin comprender a los humanos cree en ellos y decide asistir a la plaza de toros; era el día...

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