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El significado de la navidad

Alba odiaba la navidad. La navidad y otras tantas cosas más. Cosas que odian los adolescentes, como madrugar, los deberes, el despertador, las clases de química, cuando su madre le mandaba a ir a comprar el pan, ordenar su habitación o fregar los platos no eran cosas de su agrado, pero nada le gustaba menos que la navidad. A pesar de su edad, se encerraba en casa todas las vacaciones de navidad y sólo salía para lo necesario. Para Alba la navidad era oscuridad y vacío. Ella tenía seis años cuando una fría tarde de diciembre su padre la puso en la silleta de su coche. "Lo pasaremos bien, Alba, ya verás, además tengo una sorpresa para ti que te la daré en cuanto lleguemos al monte". Así funcionaban las cosas con Alba, tozuda y terca, acostumbraba a no hacer las cosas hasta que estuviese bien segura de que eso es lo que quería. Andrés, debido a su trabajo de transportista veía poco a su familia y cada vez que volvía de trabajar, veía como su niña crecía y para ella él apenas era un desconocido. Por eso, desde que Alba era muy chiquitita, Andrés decidió que iban a tener algo en común, que iban a ser las tardes en el monte jugando, hablando de sus cosas y corriendo las que Alba debería recordar. Ese día su padre le regaló una capa roja y una cesta de mimbre, como la de Caperucita. Con suerte, quizás encontrasen algunos níscalos o algunas setas de las llamadas borrachas. Se hacía tarde y había que volver a casa, Andrés queda aprovechar el tiempo al máximo y Alba se quejaba de que tenía un padre muy parlanchín y que nunca le dejaba hablar a ella. En ésta época Andrés siempre le hablaba de las navidades que él había vivido cuando era pequeño. Recordaba la gran ilusión que le hacía ayudar a su madre a poner las figuritas del gran Belén de la iglesia mayor, y explicaba que cuando lo inauguraban y la gente del pueblo iban a verlo, él se subía al pulpito de la iglesia y miraba como chicos y grandes se


sorprendían al ver los detalles de ese gran Belén. Otra cosa que le ilusionaba mucho era cantar villancicos con sus amigos. Todos los inviernos, él y su abuelo fabricaban zambombas y panderetas con piel de oveja, que las usaban para pasarse de puerta en puerta pidiendo el aguinaldo y con las perras que conseguían se compraban buñuelos. Alba preguntó lo que era el aguinaldo, y su padre le explicó que es una pequeña propina de navidad que se le daban a los niños que cantaban de puerta en puerta. La niña se sabía de memoria algunas de las batallitas de su papá, pero de todas formas, lo escuchaba y le pedía que le cantase algunas de las canciones de cuando él pedía el aguinaldo. A su padre le gustaba hacerse de rogar, pero finalmente, aclaró su voz y le cantó: "Si no me das el aguinaldo, al Niño le voy a pedir que te dé un dolor de muelas, que no te deje dormir." "Si no me das el aguinaldo, te echo la puerta abajo para que luego vengan los albañiles y te la peguen con barro". Cuando acabó la canción, su padre le mostró la mano para que Carmen hiciera el amago de que le daba algo de dinero. De repente, Andrés y Alba se quedaron en silencio. Cuando Andrés abrió los ojos no supo muy bien lo que había pasado, pero al mirar a su alrededor se pudo hacer una idea. Se encontraba en muy malas condiciones, quiso mover sus piernas pero las tenía atrapadas bajo los hierros. Pensó en cómo estaría su hija, la buscó con la mirada y allí estaba, en su silleta, con su capa roja, inconsciente. Su cuerpo, casi inerte. El silencio se apoderó de la situación. La mala suerte quiso que de vuelta a casa, un conductor kamikace que conducía en mal estado después de las típicas comidas de empresa de navidad, los arrollase, dándose a la fuga. Andrés se quedó en silencio para siempre, y a Alba le quedó la oscuridad perpetua. Después de éste giro de la vida, ¿qué podría significar la navidad para Alba? Pérdidas en el corazón que no se podían curar con todos los juguetes y muñecas que su familia le regalaba para reyes. Ella le pedía a su madre que le enseñase fotos de su padre y que le hablase de él. El hecho de mantener vivo el recuerdo de su padre le agradaba a la vez que le


angustiaba. ¿Por qué nos ha tocado a nosotros vivir esta situación? ¿Por qué no puedo ser tan normal como los demás? Alba tan sólo era una adolescente más, llena de inquietudes, obcecada y rebelde, intentando formar parte de un grupo, preguntándose por todo para intentar dar forma a su mundo. Pero ella no se vela igual que el resto. Para ella su vida era un cúmulo de problemas difíciles de superar: vivir sin un padre y su ceguera. Sin duda, aquel accidente le había truncado la vida. Y miraba una y otra vez hacia el pasado para no borrar el recuerdo de su padre, pero a la misma vez esa actitud le hacía daño al no dejarla mirar hacia delante. Empezaba un nuevo año escolar y el profesor de matemáticas hizo una prueba de evaluación de los alumnos con el objetivo de conocer su nivel y hacer grupos de dos para que se ayudasen entre ellos a la misma vez que aprendían a entenderse mutuamente, a entender que no son el ombligo del mundo. Alba era una de las escépticas, las cuales creían que era un rollo eso de tener que hacer trabajos en grupo o cualquier trabajo que implicase tener que negociar con alguien de su edad. Su ceguera no le permitía ser extrovertida y comportarse como cualquier adolescente. Odiaba que la gente en general y sus compañeros en particular la tratasen con pena. Ella quería que se comportasen con ella igual que se trataban entre ellos, no con pena. Para colmo de males, la pareja asignada de matemáticas de Alba era Paul, un chico nuevo recién llegado de la ciudad al pueblo, y que por esa razón, se había convertido en el chico más atractivo del instituto. Cuando unieron sus pupitres, la tímida de Alba le hablaba a Paul como si tuviese que pedir perdón por todo, sintiéndose mal por él, perdón porque te ha tocado estar con una chica ciega, sintiéndose mal consigo misma porque creía que hacía perder el tiempo a los demás, ya que ella necesitaba un poco más de paciencia. Al principio Paul actuaba como un malcriado, no sabía cómo sobrellevar la situación con una chica diferente, así que entre los dos negociaron portarse bien, es decir, cada uno se preocuparía de sus deberes, pero no se iban a ayudar


mutuamente. Cuando nadie lo veía, Paul miraba asombrado a Alba. Pensaba que era una chica muy valiente, que su problema no le impedía ser la primera de la clase, y además, le parecía que Alba tenía una belleza que radicaba en un aire misterioso de calma y serenidad. lo que no le gustaba de ella era su soledad, ella desprendía cierta tristeza y su resignación ante las relaciones personales. Entendía que Alba daba el mensaje de estar derrotada, de dar a entender que no le importaba no tener amigos, de hacer ver que ella aunque estuviese sola, iba a ser la mejor de la clase. Como si ser la mejor fuese lo único importante de su vida. En un frío diciembre, encontró una nota escrita en braille en su mochila. ¿Quién se molestaba tanto para dejar una nota? La ceguera la tienes en los ojos, no en el corazón. Abre tu corazón sal de tu oscuridad. Alba enfureció. ¡Qué sabrá nadie lo que es vivir sin un padre y ciega después de haber visto la belleza de la vida! Ella se repetía una y otra vez, hundiéndose su dedo en su llaga, como si pensar en sus pérdidas fuese una retroalimentación de su dolor. Por otra parte, le parecía un buen consejo y pensar que alguien se habla fijado en ella le hacía sentir como nunca antes, feliz y más parecida a los demás. Si bien somos tan diferentes a los demás, hay una cosa que nos une y nos hace sentir igual: es el sentimiento de ser capaces de amar y de ser amados. Al día siguiente, en la clase de matemáticas, le dio las gracias a Paul, ¿quién iba a ser si no fuese él? Paul se acercó a ella y le dijo al oído: "Yo también tengo un problema. No veo nada claro en mates. Ya ves, no somos tan diferentes, cada cual tiene sus problemas." Si la integración era hacer partícipes, con aquel gesto Alba se había sentido superada, pues no se había sentido tan integrada en su vida. A partir de ese momento las cosas cambiaron para los dos, Alba se abrió hacía sus compañeros, participando cada vez más en clase y Paul fue superando su miedo a las


matemáticas. A medida que se acercaba la navidad, a Alba le entraba la tristeza. Otra navidad sin papá. Sin embargo, su amistad con Paul la había hecho cambiar. Un día, Paul le dio una sorpresa: le avisó de que irían de excursión, pero no a dónde. Cuando Alba abrió la puerta del coche, una sensación de frío inundó su cuerpo. Paul le pidió que no bajase del coche, que él le ayudaría. Y de repente, sintió un golpe de una pelota mojada y húmeda. La cogió en las manos. ¡Era nieve! ¡Paul la había traído a la nieve! No cabía en sí de la alegría. Era la primera vez que estaba en la nieve. No la podía ver, pero podía tocarla y hasta olerla. Paul y ella se tumbaron boca arriba en la nieve, y movieron los brazos y las piernas. Alba no se lo podía creer. Tampoco podía dejar de reír. Era feliz. Paul le ayudó a levantarse y a quitarse la nieve del anorak. Con el pretexto de que Alba tenía algo de nieve en el pelo, Paul se acercó un poco más, le parecía que cuando ella sonreía era más guapa aún y se sorprendió de lo feliz que era Alba con poco. ¡Cuánto la admiraba y cuánto tenía que aprender de ella! Paul cogió las manos de Alba y se las puso en su cara, así le enseñó cómo era él. Las pasó por sus ojos, por su nariz, hasta que repararon en sus labios. Paul se acercó aún más, dándole el primer beso en la vida de Alba. Al día siguiente quedaron para ir al tradicional mercadillo de navidad de su pueblo. Paul le iba describiendo todos los objetos típicos de la navidad que allí habían a la vez que bromeaban. Después fueron a la iglesia principal a escuchar el tradicional concurso de villancicos. Alba se dejaba llevar. Paul le estaba devolviendo el sentido a su vida. Le decía que tenía que dejar de lamentarse. La navidad y la vida en general, no sólo eran pérdidas y lamentaciones. Si la mala suerte quiso que su vida cambiase y que ella tuviese un mal recuerdo de la navidad, era cuenta suya hacerse fuerte y esforzarse por crear nuevos recuerdos que la llenasen de felicidad, y que la ayudasen a vivir con más confianza y autoestima el presente y a construir un futuro lleno de posibilidades y oportunidades.


Así, cuando miremos para atrás, en el futuro, pesarán más los recuerdos de las cosas bonitas que hemos logrado que los recuerdos malos que el destino nos tenía preparados. No podemos despreciar la vida que nos ha tocado vivir. Pero podemos hacer que sea más rica en amor y comprensión, si ayudamos a los demás, acabaremos ayudándonos a nosotros mismos. Alba aprendió a evocar el recuerdo de su padre con cariño y sin lamentaciones. El sentido de la navidad había cambiado. Ahora podía asociar la navidad a su primer amor, a su primer beso, a un día de peleas de bolas de nieve, a la alegría de compartir y a la tenacidad de mirar hacia adelante con esperanza. Finalmente, había encontrado la ilusión que un día perdió. Ahora sabía que ella iba a ser una luchadora para que todos sus sueños se hiciesen realidad.

Rocío del Carmen Olmo Lara

GANADOR CATEGORIA ADULTO. EL SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD