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NAZARENO Y CRISTIANO Pregón de Sebastián Guzmán Camuñas en el acto de conmemoración del 50 Aniversario de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Flagelación

Teatro Auditorio de Moral de Calatrava, 21 de Marzo de 2.009

Introducción: saludos y agradecimientos. Primero. Acta fundacional: 15 de Mayo de 1.958. Segundo. Juicio de un inocente Tercero. Primera procesión: 26 de Marzo de 1.959 Cuarto. La Flagelación de Jesús Quinto. Testimonio cristiano

Sin música. Con toda la luz. Luz tenue. Música de fondo Introduce un sofar. En silencio y con otra luz más oscura Luz tenue. Música de fondo Introduce un sofar. En silencio y con otra luz más oscura Sin música. Con toda la luz.

INTRODUCCIÓN. Monseñor Antonio Ángel Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real y Prior de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Señor D. José María Molina Mecinas, Alcalde Presidente. Señoras y señores concejales del Ayuntamiento de Moral de Calatrava Señor D. Rafael Melgar Martín-Fontecha, Párroco de la Parroquia de San Andrés Apóstol de Moral de Calatrava Señor D. Roque Antonio Pérez Fernández, Presidente de la Hermandad del Cristo de la Flagelación y demás miembros de su Junta Rectora. Hermanos y hermanas de la Junta de Hermandades de Semana Santa. Moraleños y moraleñas. Señoras y señores. Buenas noches. Es para mí un inmenso honor aceptar la propuesta que me formuló la Hermandad del Cristo de la Flagelación de Moral de Calatrava, a través de su Presidente, para pregonar el acto que celebramos esta noche, conmemorativo del Quincuagésimo Aniversario de su primera procesión de penitencia. Ante esta responsabilidad, no puedo sino antes de ello, encomendarme a su comprensión. Nos conocemos desde hace ya muchos años. No sé negarme cuando alguien, con buena voluntad, demanda mi colaboración. Y no pretendo en esta noche, otra cosa que participar en un acto común, ser uno más entre este numeroso grupo de vecinos que queremos vivir de forma especial esta Semana Santa. Comprenderán, no obstante, que no se trata en esta ocasión de presentar un nuevo concierto de la Agrupación Musical La Lira o de la Agrupación Nuestro Padre Jesús Redentor, ni del Festival de Villancicos o del Día de los Mayores, ni tan siquiera del acto de inauguración de las Fiestas Patronales. Comprenderán que en la proclamación de este pregón, tenga una mayor implicación personal y una motivación diferente. Soy moraleño, hijo de moraleños. Mis padres y mis hijos viven en Moral y estoy orgulloso del pueblo que me ha visto nacer y crecer, trabajar y vivir. Desde que mi madre me “apuntó” a los nazarenos “moraos” en la pastelería de Carmelo, hace más de cuarenta años, participar en la Semana Santa moraleña, de una forma u otra, ha influido en mi actual forma de ser, en mi forma de actuar, en mis creencias y en mis convicciones. Espero que mis palabras ayuden en esta noche a reforzar nuestra visión cristiana de la historia, remota y reciente, en el entendimiento de que formamos parte de ella.

Sebastián Guzmán Camuñas. Pregón 50º Aniversario Hermandad Cristo de la Flagelación. Moral de Calatrava 2009

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PRIMERO. Acta fundacional: 15 de Mayo de 1.958

Es Mayo y quince en el Casino de la calle Mártires. Jueves por la tarde, festividad de San Isidro Labrador. Junto a la mesa de billar, José de la Cruz – un guardia civil jubilado nacido en Granada que trabaja ahora como Conserje – dialoga con Vicente García sobre las delicias del fútbol del Real Madrid, que acaba de ganar la Liga y, según dicen, tiene la posibilidad a final de mes de ganar la tercera Copa de Europa consecutiva. Se abre la puerta del salón y veo llegar a Moisés el cartero, a Paco Huertas, a Tomás Echalecu y a Hermilio el sobrino de Cándido. Le piden a Emilio el de la repostería que saque un velador a la calle con unas sillas. Las sillas son blancas y rojas y acostumbran ponerlas a lo largo de la fachada, en dos filas, una frente a la otra. Vienen con Don Manuel Ramos, el cura, de la entrega de trofeos del concurso de mulas que ha organizado la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos. Dicen que han dado una copa valorada en 150 pesetas que compró el Ayuntamiento. Está también con ellos un nieto de la Eloisa “la encajera”, creo que se llama Jesús, porque es el grande. Es concejal. Hablan de cosas del Ayuntamiento y de que los pastores han pedido una subida del precio de la leche, que va a costar ahora 5 pesetas el litro. Dicen que quieren invitar a Don Marcelino Ledesma, que está de sacerdote en Las Casas, para que predique en la última novena de la Virgen de la Sierra. Ya están preparando las fiestas de Agosto. Han ensayado con los Coros de Acción Católica para la función de la Virgen y han escuchado las últimas piezas que ensaya el maestro Villajos con la Banda de Música para el concierto de la Plaza, y para el de la pólvora frente al Matadero. Quieren que se sigan dando limosnas a los pobres en el día de San Roque y que la verbena, como en los 2 últimos años, sea en el patio de la bodega de José Gutiérrez “el madrileño”. Ángel “el de la Notaría” saca unos papeles de una carpeta y empieza a leerlos. Son como unos Estatutos, con artículos y normas. Don Manuel asiente con frecuencia y con satisfacción. Tras la lectura, siguen hablando de la Semana Santa, y ya hace más de un mes que terminó. Hablan con entusiasmo, se les nota una luz especial en el rostro. Oigo que dicen algo de un viaje a Gerona o a Valencia, de cartas y de fotografías, de túnicas y de colores. Y de dinero. De mucho dinero. No entiendo qué relación tiene todo ello con una moto Guzzi que quieren comprar para rifarla entre los vecinos.

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SEGUNDO. Juicio de un inocente

Jesús reza en Getsemaní, un lagar de aceite en el valle del Torrente Cedrón, al pie del monte de los Olivos. Para que se cumplieran las Escrituras, allí fue traicionado por Judas y apresado por los soldados del Templo y un destacamento de la guarnición romana de Jerusalén. Tras su prendimiento, es juzgado primero ante Anás, Jefe de la Cámara de los Ancianos, porque el Consejo del Sanedrín no podía reunirse antes de la primera ofrenda, a las 3 de la madrugada. Cuando Caifás, Sumo Sacerdote de aquél año, hubo conseguido el apoyo de un número suficiente de sacerdotes saduceos, Jesús es juzgado por segunda vez, bajo falsos testimonios. Es insultado, calumniado y acusado de querer destruir el templo y de proclamarse Hijo de Dios, y le declaran reo de muerte. Según la Misná israelita sólo podían inflingirse 4 penas de muerte: la lapidación, el abrasamiento, la decapitación y el estrangulamiento. La muerte por crucifixión era una condena romana, mucho más vil y humillante que las dictadas por la ley mosaica. Pero en Judea, como en cualquier otra provincia del Imperio, Roma se había reservado el derecho de la pena capital, por lo que los judíos tenían que recurrir al Procurador para obtener la confirmación y ejecución de su propia sentencia. Y los miembros del Sanedrín sabrían perfectamente que las acusaciones “religiosas” no serían apreciadas por la autoridad romana. En la madrugada del 14 del mes de Nisán, día de la preparación de la Pascua, Jesús es conducido a la fortaleza Antonia, ante el procurador Poncio Pilato. Efectivamente, la justicia romana que ocupa Israel no entiende de acusaciones religiosas, por lo que en un tercer juicio, Jesús es declarado inocente y debe ser inmediatamente puesto en libertad. Los judíos y sumos sacerdotes acusadores se reúnen a deliberar en un rincón ante el silencio que reina en la estancia. Entonces el Tribunal sanedrita redacta nuevos cargos: por incitar al pueblo a la rebelión, por impedir el pago del tributo al César y por considerarse a sí mismo como rey de los judíos. Estas nuevas acusaciones sí entran dentro de la Lex Julia, porque atentan contra la autoridad del Emperador. Tras un nuevo interrogatorio, Pilatos sigue sin considerarle “peligroso” porque el prisionero ha dicho que su reino no es de este mundo. Jesús es Galileo y Pilatos encuentra en ello la razón perfecta para eludir un conflicto con los miembros del Sanedrín. En esos días se encontraba en su residencia de Jerusalén Herodes Antipas, tetrarca de Galilea que, en un cuarto juicio, también elude dictar veredicto. Por la Pascua, cientos de hebreos tenían por costumbre subir hasta las inmediaciones del Pretorio para asistir a la liberación de un preso. Después de que Herodes tampoco le condene, Pilatos intentará liberar a Jesús pero, alentados por los sacerdotes, el grupo de judíos agolpado a las puertas del palacio eligen a Bar Abbá, un fulano de padre desconocido, vil y sanguinario, capturado por los romanos en una revuelta. No es Dios quien juzga a los hombres, son los hombres los que han juzgado a Dios.

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TERCERO. Primera procesión: 26 de marzo de 1959. Jueves Santo.

Es noche de Jueves Santo de 1.959. No sabía que había otra procesión. Sale de la Virgen. Desde la Plaza, se oyen los tambores de los armaos redoblando en el Pradillo. Ya bajan por la cuesta. Son muy pocos nazarenos. Van revestidos con capa roja, una túnica azul y un fajín verde, en tonos muy vistosos. Y sobre el capillo, llevan bordado un gallo. Creo que así recuerdan las negaciones de Pedro. Habrán querido ofrecer su penitencia por las veces que nosotros también hemos negado a Jesucristo, diciendo no conocerle, como si fuera un extraño. Han comprado una imagen nueva. ¡Qué hermoso!. Y detrás del Paso, los sacerdotes Don Manuel y Don Emiliano, Elías el Alcalde, Rogelio Sánchez el Juez y otros concejales del Ayuntamiento. Cierran la procesión un pequeño grupo de mujeres devotas vestidas de negro, con rosarios y velos. Hay muy poca gente en las calles pero la procesión avanza muy despacio, con solemnidad. Algunos vecinos, alarmados por las trompetas y tambores, se asoman a la puerta con desconfianza. Quiero verla otra vez. Pasa por la esquina del Monago. Aunque somos pocos frente a la Barbería de Carrascuendo, decido ver el paso desde la otra acera y, ya desde la fachada del comercio de los Nieto, veo pasar a un monaguillo con una cruz procesional de plata abriendo la procesión. Y, enseguida, los armaos: Andrés “Parpaguillo” con la bandera, Juan Ignacio “el hojalatero” de capitán, y unos pocos – los menos – con trompetas y tambores: Junquillo, Paco “Carda”, Eladio, Antonio Araque … Llevan el paso a hombros entre 10 nazarenos, 5 en cada lado, con lo que apenas quedan otros 30 penitentes para las cortas filas que acompañan la procesión. Ya se marchan. Algunos deciden seguirles, pero ya es más de media noche y de madrugada quiero estar en el Sermón del Encuentro. A la luz de una farola veo sobre el suelo unas tiras de papel. Son números como de una rifa: 1782, 1783, 1784 … Creo que se le han caído del bolsillo a ese hombre, y no se ha dado cuenta. Es un hombre mayor, con boina. Viste con pantalón negro de pana y una chaqueta gris. Camina sólo, con dificultad, y al andar se le notan los años de trabajo en el campo, tirando del arado detrás de la yunta. No se enfade usted madre. Ya sé que es muy tarde, pero es que vengo de la Procesión. Han hecho una Hermandad nueva con el Cristo de la Flagelación. Es una imagen preciosa. Tiene 2 soldados, uno romano y otro judío, que azotan a Jesús. Debería usted ver la expresión del Cristo. Han salido de la Ermita de la Virgen, hasta la carretera; se metieron por la calle del Clavel y bajaron por la de la Santa hasta buscar otra vez la carretera. Y luego por la calle Real hasta la Plaza. Me encontré con el hermano Galo en las “Cuatro Esquinas”, que también estaba viendo la procesión. Se le cayeron unos papeles al suelo, me agaché para cogerlos, y se los devolví. Me dio las gracias y recuerdos para usted. Quiero ser nazareno, madre, de la Flagelación.

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CUARTO. La Flagelación de Jesús.

Al norte del palacio de Pilatos, a poca distancia del cuerpo de guardia, había una columna que servía para azotar. Los verdugos vinieron con látigos, varas y cuerdas, y las pusieron al pie de la columna. Eran 6 hombres morenos, malhechores de la frontera de Egipto, condenados por sus crímenes a trabajar en los canales y en los edificios públicos. Los más crueles hacían de verdugos en el Pretorio. La Ley hebrea sólo permitía que el número máximo de latigazos fuera 40 pero, para mantenerse dentro de la ley, la práctica era dar sólo 39. Según los judíos, mientras se golpeaba al transgresor, se recitaban versos de 13 palabras en hebreo que servían para contar los golpes. Pero Jesús fue flagelado por los romanos, según la costumbre romana, que no limitaba el número de latigazos. Los condenados a crucifixión eran flagelados habitualmente durante el trayecto que había entre el lugar donde se dictaba la sentencia y el del suplicio. Jesús fue flagelado en las dependencias del Tribunal. Y esto sólo se hacía cuando la flagelación era sustitutiva de la pena de muerte porque Pilatos había dicho “le castigaré y luego le soltaré”. El flagrum romano, utilizado en la flagelación de Jesús se componía de un mango corto de madera, con 3 correas de cuero de buey en cuyas puntas tendría 2 bolas de plomo alargadas o pequeños trozos de hueso afilado. Jesús se deja conducir sin resistencia, como cordero llevado al matadero. Violentamente, fue atado con cuerdas a la columna. Las manos, por encima de la cabeza, quedando casi suspendido de la parte alta de la columna. De este modo no podría ocultar con los brazos ninguna parte de su cuerpo. Su castigo fue mucho más brutal que el de cualquier otro acusado. Pilatos quería evitar matarle y dio instrucciones precisas para que los soldados se ensañaran, buscando que los judíos, al verlo, tuvieran compasión y se retractaran de la acusación. Recibió 120 latigazos, cada uno con seis marcas de herida punzante. Sus gemidos, dulces y claros, se oían como una oración en medio del ruido de los golpes y a lo lejos, se confundían con el balido de los corderos pascuales, víctimas de expiación. Ese hombre flagelado, que yace abatido y ensangrentado, es Dios, que ha venido para gritar su amor, para arrancar a la humanidad del pecado y reconciliarla con el Padre, lavando con su sangre las culpas de todos. María, viendo a su hijo despezado, retirado por los soldados, extendió las manos hacia El y siguió con su mirada las huellas ensangrentadas de sus pies. Después, cuando todos se habían marchado, se acercó al sitio donde Jesús había sido azotado y limpió la sangre con el lienzo que había mandado la mujer de Pilatos. Serían las nueve de la mañana. Cinco siglos y medio antes de Jesucristo, el profeta Isaías había escrito en el cuarto Canto del Siervo: “Tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre… Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta… ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados… Por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca” Sebastián Guzmán Camuñas. Pregón 50º Aniversario Hermandad Cristo de la Flagelación. Moral de Calatrava 2009

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QUINTO. Testimonio cristiano.

Dios habla a través de la Palabra, a través de los acontecimientos y a través del prójimo. Según la Biblia, la primera vez que Dios habló a su pueblo dijo: “Shemá Israel, escucha: el Señor tu Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza…. Haz esto y tendrás la vida eterna.” Y, en Jesucristo, Dios nos ha dicho que la vida no acaba con la muerte, sino que a través de la muerte somos conducidos a la vida eterna. Pero quizás nuestro problema es creer si Dios existe o no existe. En busca del bienestar, hemos confundido la comodidad con la felicidad, y empeñamos toda nuestra vida en conseguir bienes materiales: estabilidad económica y afectiva, estudios, un buen trabajo,... ¿Quién necesita a Dios? Quizás, sólo cuando un acontecimiento inesperado derrumba nuestros cimientos, comprendemos que no todo depende de nuestro esfuerzo. Pero la fe no es una necesidad por explicar lo incomprensible, sino una aspiración del alma humana. A través de la gracia de la fe he aprendido a interpretar que un sufrimiento concreto es una ocasión para mi conversión. Y convertirme es poner mi vida de cara a Dios, volverme a Dios, dejar que El sea mi guía y mi baluarte. Si no comprendo que la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo también ha sido por mí y para mi salvación … si no encuentro implicación personal en mi vida, en mi historia cotidiana, en mi trabajo, con mis amigos, con mi familia… si no vivo la fe, entonces la muerte de Jesús habrá sido un sacrificio inútil. Entonces la historia de Jesús no formaría parte de mi historia. Dijo Jesús “Amaos unos a otros como yo os he amado”. ¿Y en qué consiste amar en la dimensión de la Cruz? Sólo si descubro cómo me ha amado Cristo, así podré amar yo a los demás. ¿Cómo perdonar al que me insulta, al que me roba, al que me traiciona? ¿Incluso, cómo sentirme perdonado cuando soy yo el que insulto, el que robo o el que traiciono? ¿Cómo perdonar a mi enemigo si no experimento el perdón? Dios nos conoce a cada uno por nuestro nombre, somos hijos suyos, creados por El, y quiere que vivamos intensamente. El Señor nos quiere tal y como somos, pese a nuestra debilidad. Precisamente, la Cruz es el punto de encuentro con Jesucristo, y nada pasa por casualidad. Cuando Dios concede interpretar la historia propia a la luz de su voluntad, todo adquiere un significado diferente, entonces podemos bendecirle. Dios ha permitido acontecimientos en mi vida que hoy, aquí y ahora, me permiten decir que es verdad que Dios existe, y salva. Creo que poderoso es Dios para sacar vida de la muerte, para ensalzar al que se humilla, para dar aliento al cansado y libertad a los oprimidos. Creo que es verdad que Jesucristo ha muerto y ha resucitado también por mí. Y creo que vive. Y que existe la vida eterna. A través del bautismo he entrado a formar parte del pueblo de Dios, del pueblo de la bendición, que es la Iglesia. Y, como todos los bautizados, he recibido la misión de dar testimonio de la muerte y resurrección de Jesucristo en medio de esta generación. Pero sólo el que es testigo pueda dar testimonio. No es proselitismo anunciar que Dios existe y que salva. Para los agnósticos, para los incrédulos, para los ateos, para los que sufren, para los que lloran, para los que buscan sentido a su vida, para los necesitados, para los pecadores, para los insatisfechos, para las víctimas, para los esclavos, para los afligidos, para los incomprendidos … para todos; el Evangelio es un mensaje de esperanza en medio del sufrimiento: Muriendo en la Cruz, Cristo ha vencido la muerte Quiero ser nazareno, madre, de la Flagelación Y rezar con los costaleros, madre, al Cristo del Dolor. Quiero ser cristiano, Madre, testigo de su muerte y resurrección.

Muchas gracias.

Sebastián Guzmán Camuñas. Pregón 50º Aniversario Hermandad Cristo de la Flagelación. Moral de Calatrava 2009

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Pregón Semana Santa 2009