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La regeneracióó n espiritual del hómbre Un Discurso impartido a la Sociedad Montessori en la Vigésimo Segunda Conferencia Anual de Asociaciones Educativas, impartida en la Universidad College, Londres, enero 1934 Reimpresión del Reporte de la Conferencia de Asociaciones Educativas Mi mensaje, el cual he estado dando por tantos años, siempre ha tenido su punto de foco en una personalidad definitiva, la del niño. Desde el principio, el niño ha sido el objeto de nuestros esfuerzos educativos, y más tarde cuando dirigíamos la atención al adolescente, el niño pequeño seguía siendo el centro de nuestros pensamientos. Hoy, ahora que estamos dirigiendo nuestro mensaje al adulto, a la humanidad por sí misma, mantenemos frente a nosotros una figura luminosa, la del niño. El niño, quien era en un principio el objeto de nuestro cuidadoso amor, pronto se declaró a sí mismo nuestro maestro y nuestra guía. Entonces, resultó que aquellos que estaban asociados a nosotros en nuestro deseo de ayudar al niño, se dieron cuenta de que tenían mucho que aprender de él, y terminaron siendo veneradores de la fuente de conocimiento. Esto dio lugar a la pregunta “¿Qué tan lejos te llevará tu entusiasmo? Muy pronto iniciarás una filosofía del niño, una religión del niño.” Esto no es así, de cualquier forma, ya que nuestro amor por el niño siempre ha sido regulado por una actitud de acercamiento científica. El niño, con su simplicidad, su dirección y flexibilidad, ha mostrado ser capaz de revelar verdades, las cuales han permanecido escondidas para el adulto, quien es artificial y hecho a su manera. Entre más cerca y minuciosamente observemos al niño, mayores serán las verdades que nos revele. Si diéramos una guía de la historia de nuestro trabajo pedagógico, sería de la siguiente manera: Aproximadamente hace 30 años, nuestro método fue conocido como un sistema educativo para niños de tres a seis años de edad. El método fue alabado y criticado, a favor y en contra, imitado y devaluado, y finalmente fue envuelto en un velo de silencio e ignorado. Sin embargo, el trabajo pedagógico siguió adelante, de manera muy Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 1


La regeneracióó n espiritual del hómbre discreta, y con el tiempo el método se expandió prácticamente por todo el mundo, y fue extendido para cubrir todo el período de años a los que se le dedica la educación, incluyendo la infancia temprana- un período en el que no se creía que la educación podía aplicarse. Esto es, nuestro método empieza por el nacimiento del niño, continúa por primaria y los períodos de secundaria, hasta la universidad. Aunque nuestro trabajo ha sido discreto, y no es conocido ampliamente como era en un principio, debido al hecho de que no se han escrito libros al respecto desde hace 20 años, a pesar de ello, hoy cubre todo el campo de la educación, continuando hasta la edad cuando los alumnos, como consecuencia, puede ser maestros, y pueden aprender a aplicar nuestro método a los niños, como es el caso de varios colegas, tal es el caso del Colegio de Entrenamiento Montessori en este país. Pero hoy, yo no estoy hablando de aspectos pedagógicos. No consideramos que todo haya sido hecho, cuando hemos ayudado al desarrollo mental del niño y hemos facilitado sus estudios. No concluyo que el trabajo pedagógico asignado a estas cosas nos llevaría a la regeneración de la humanidad. Al contrario, deseo presentarles los grandes factores morales en educación, esos del carácter. Teniendo de vista el deseo de ayudar al desarrollo de un carácter fuerte e independiente, nos damos cuenta de la necesidad de liberar al adolescente de la pequeña tiranía y de la influencia aplastante de casa y escuela. Queremos que guíe una vida simple y natural, lo más cercana a la naturaleza, no abandonado a la naturaleza, sino ponerlo en contacto cercano con ella. De cualquier forma, hoy deseo hablar del adulto y de la estructura psicológica del hombre, según nos la ha revelado el niño. Y, al hacer esto, entramos a la última fase de nuestros estudios. Desde el principio, sorprendentes características aparecen en los niños de nuestras escuelas. En ese momento, de cualquier forma, la atención no era puesta en estas, sino en fomentar una técnica más perfecta para impartir cultura. Pero para nosotros, estas características peculiares eran el hecho más importante, y fue por esto que el método se ha expandido por el mundo. Veinticinco años atrás, la gente Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 2


La regeneracióó n espiritual del hómbre hablaba de los “Milagros” de nuestros niños, de lo que precoces que eran, de un tipo de conversión que se estaba llevando a cabo en ellos. Aquí en América, se le conoce a nuestro método como “el descubrimiento del niño”, y aquí en Londres, Sheila Radice escribió un libro llamado “Los Nuevos Niños”. Tales expresiones no indican un método de educación, sino nuevas formas de la personalidad del niño, reveladas por ellos. Aquí me gustaría citar a una lustre patrona de nuestro método, ahora muerto, Reina María de Italia, quien dijo, “estoy esperando que una nueva filosofía surja de lo que se ve en estos pequeños niños de cuatro y cinco años de edad.” El Psicoanálisis ha señalado que el fenómeno, visto en estos niños, estuvo en la misma relación con el psicoanálisis y con los profilácticos al tratamiento de una enfermedad. Esas enfermedades con las que trató el psicoanálisis son evitadas por el uso de nuestro método. Estos hechos han sido ignorados y otros lo han pensado mejor a no hacer alusión a ellos, ya que el hablar de milagros parece no científico. Pero para nosotros eran un fenómeno absolutamente científico, constante y controlable, y por ello de vital importancia. Ahora, en la opinión del psicoanálisis, ciertamente existe un lazo entre el trabajo hecho por el psicoanálisis para el adulto y el trabajo hecho por nosotros para los niños, y hay cierto paralelo entre ellos. En ambos, hablamos de descubrimientos en el campo del subconsciente, también de la técnica del tratamiento. Pero mientras que el psicoanálisis tiene que ocuparse de problemas de patología, nosotros somos guiados a llevar a cabo investigación en el campo de la normalidad. Los psicoanalistas establecen que las enfermedades que ellos tratan tienen sus orígenes en la infancia temprana, y nosotros, estudiando al niño y las condiciones de su vida, hemos podido descubrir el desarrollo del niño, el cual existe en ambos, en la casa y en la escuela. Nos hemos dado cuenta de tales sufrimientos del niño, que se encuentra ante nosotros como una víctima, y todos nuestros esfuerzos han sido dirigidos hacia su liberación. En esta batalla para la liberación del niño, debemos asociarnos bien con el psicoanálisis en su esfuerzo para liberar la humanidad adulta. La compasión que sentimos por el niño, a cuenta de las enfermedades que lo oprimen, no es, de cualquier forma, la causa de la nueva vida en nuestro movimiento hoy en día. Este renacer es causado por las Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 3


La regeneracióó n espiritual del hómbre sorprendentes características mostradas por los niños en nuestras escuelas. Estas tienen una importancia enorme, ya que nos dan la llave para la normalidad humana, y nos permiten estudiar esta cuestión con la mayor exactitud. Es bien sabido que proveemos al niños con un ambiente de acuerdo a sus necesidades, y que entrenamos a los adultos a cargo de los niños, en un cierto sentido, pasivo y nunca para oprimir. Estos dos factores permiten un ambiente en el que el niño se puede desenvolver. Y es la manifestación del niño en tal medio ambiente lo que nos interesa. Observamos no sólo que trabaje, y que trabaje feliz, sino también un número de características que desaparecen, mientras que las características opuestas van tomando su lugar. Ahora, estas características que desaparecen en este ambiente no son las que comúnmente son consideradas patológicas, sino que son las consideradas normales. Por ejemplo, es sabido que al niño le gusta poseer cosas, y quedarse con ellas, también que gusta mucho de la comida, que con frecuencia comerá más de lo que debe. Estas manifestaciones de codicia son las consideradas normales. Más aún, el deseo de adquirir y poseer es considerado por Adler un instinto fundamental del hombre. Estas malas conductas y el deseo de tener a su manera también son consideradas normales en el niño. Hay dos tipos de posesividades: el deseo de poseer cosas y el deseo de tiranizar sobre la gente, es decir, de poseer la voluntad de otra gente. He elegido estas dos características, porque cualquiera que tenga que ver con niños los puede observar y porque lo psicólogos los han subrayado. Ahora sabemos que si nosotros atacamos estas características directamente, y tratamos de erradicarlas fracasamos todos juntos, sin ningún resultado. Ahora, si volteamos a considerar al adulto encontramos cosas en él que nos recuerdan de las características en el niño. El instinto de posesión y el instinto de dominación son tan comunes en los adultos, que los psicólogos han llegado a la conclusión que son naturales en el hombre. Estos defectos, que no han podido erradicar directamente, aparecen fuertemente enraizados en la naturaleza humana, que han llegado a creer que son instintos naturales. Si ponemos al niño en el ambiente correcto, estas características desaparecen completamente y de manera inesperada. El niño ya está ligado apasionadamente a sus juguetes; con frecuencia el niño los dejará solos por decisión propia, sintiendo que son un Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 4


La regeneracióó n espiritual del hómbre obstáculo para el trabajo serio. Vemos niños rechazando dulces que les ofrecen, o poniéndolos al lado, o niño que son traviesos y voluntariosos, volverse alegres, callados y obedientes. ¿Qué ha pasado? Y ¿De qué debemos tomar nota? Este hecho- que estas fallas, que han desaparecido son desviaciones obvias de los normal, y que estas desviaciones pueden desaparecer, y que dan lugar a otras grandes características. Consideremos ahora las circunstancias en las que tales transformaciones ocurren. El ambiente está bien equipado con objetos que invitan al niño a trabajar, y donde el niño está libre de la voluntad predominante del adulto. En tal ambiente vemos a los niños ponerse a trabajar y lo vemos tomando una nueva apariencia. Las cosas que antes encontraba irresistible, ya no le interesan. Gente adulta que cree que es muy difícil para ellos deshacerse de su amor por las posesiones y su deseo de dominar la voluntad de otros, no pueden creer que tales cambios ocurran en niños pequeños. Pero nosotros que sabemos que sí pasa, podemos ver fácilmente que puede ocurrir de manera más inmediata con el niño cuya naturaleza es flexible y moldeable, más que con el adulto cuyos hábitos están profundamente arraigados. Ahora, estas desviaciones de lo normal son muy numerosas, y lo interesante de estas es que no son clasificadas comúnmente como fallas, o cosas que deben ser alteradas. Algunas de ellas, al contrario, son consideradas cualidades cuyo desarrollo debe ser promovido, por ejemplo, afecto excesivo, curiosidad, imitación. Al mismo tiempo, hay otras características que comúnmente son consideradas como defectos, como mentira, miedo y timidez. Aquí tenemos una dificultad que no podremos superar sin la ayuda del niño, la dificultad de distinguir lo que es normal de lo que no es normal. Sería imposible para nosotros decir cuáles características son favorables para la humanidad y cuáles no son favorables, aquellas que pertenecen a la normalidad y aquellas que no, si el niño por sí mismo no nos revela esto, abandonando ciertas características y tomando otras. Tomamos nuestra postura hacia este fenómeno, que ciertas características desaparecen y otras aparecen y en la presencia de esas características que suplen a las otras es la marca de la personalidad, superior a esa que usualmente es llamada normal. El niño Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 5


La regeneracióó n espiritual del hómbre “normalizado” posee una capacidad para trabajar y energías superiormente lejos a aquellas atribuidas al niño promedio normal. Tiene una inteligencia más rápida, una mente más receptiva, una mayor habilidad creativa que el niño promedio. Está alerta, y entusiasta a reunir conocimiento del ambiente, y de esta manera adquiere mucha cultura; que es considerado valioso. Puede trabajar por horas sin cansarse y con gusto- signo seguro de salud mental. Estos son fenómenos que podrían no ser considerados de manera artificial por ningún método educativo. En carácter, también, el niño adquiere auto dependencia e independencia y cierta facilidad de acciones. Estas adquisiciones no sólo satisfacen a nuestras más altas expectativas como educadores, sino que van más allá, molestando a nuestras concepciones comunes. Otro factor importante que tenemos que considerar es que esta personalidad superior dotada con estas nuevas características no puede hacer su aparición, excepto que las otras características desaparezcan primero. Este hecho nos permite determinar cuál característica pertenece a la normalidad y cual es desviación. El niño normalizado no sólo es superior mentalmente, sino también es superior espiritualmente. Está listo para abandonar sus posesiones, de renunciar a su deseo de dominio y todas las otras fallas, y de abrazar una nueva vida, de trabajo, actividad y amor, un amor que sale de él hacia todas las cosas, y que le da una penetración más profunda en ellas, y el cual le permite trabajar con gusto y sin fatiga. Hay ejemplos de adultos que han sido conocidos por renunciar a sus posesiones y a su orgullo, quienes han adoptado el trabajo y quienes han logrado actos de nobleza y heroísmo. Tales personas son raras, pero nos han comprobado que es posible que el adulto resurja a una vida más noble. Pero el niño que logra este cambio, con gran facilidad, se transforma por ello en la guía del hombre para la normalidad. Se transforma en el maestro social del hombre, una guía práctica, ambos para la sociedad y también para el individuo. La llave para estas manifestaciones en el niño es siempre la misma; es un factor que no varía. Consiste en un cierto tipo de trabajo, el cual le interese al niño profundamente, enfocando en su totalidad las energías en el ser. Cuando consideramos el punto de vista de trabajo Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 6


La regeneracióó n espiritual del hómbre de la sociedad, ese que es un gran peso sobre los hombros, nos damos cuenta que el trabajo no está organizado de acuerdo a la normalidad. De hecho, la religión ve al trabajo como un castigo y la sociedad ve al trabajo como una marca de inferioridad. Es considerado un privilegio en la sociedad el poder vivir sin estar obligado al trabajo, y todas las clases buscan el derecho a trabajar lo menos posible. Un día festivo implica un día sin trabajo. De esto, vemos con dolor que lo que concierne al trabajo, la sociedad está mal organizada, y está muy claro que los obstáculos evadiendo el camino para un cambio en esta dirección son casi imposibles, el mayor obstáculo es esta concepción errónea del trabajo. Dirigiendo nuestra atención a las máquinas, el hombre espera el momento de delegar todo el trabajo a ellas, porque concibe el trabajo como algo que tiene que evadir. Pero el niño normalizado contradice esta idea, porque no sólo ama el trabajo, sino que nos muestra que es sólo a través del trabajo que logra construir su propia personalidad. El niño no trabaja con ningún objeto ulterior, sino desde un impulso constructivo que surge de dentro de él, y es por el trabajo que se construye a sí mismo. El niño nos revela el gran secreto que la reformación de las condiciones sociales no son una cuestión de incrementar o disminuir el trabajo; sino de ver el trabajo desde un punto de vista diferente. El trabajo debe ser considerado como un fulcro vital, como un centro alrededor del cual el hombre puede construir y vivir al máximo su vida normal. Sólo así podemos tener producciones ilimitadas sin fatiga. Dentro del hombre hay una necesidad instintiva de trabajo, y si la puede satisfacer, él se vuelve normal y si no puede, mostrará características de desviaciones. Es un hecho que el todo de la vida del hombre está basado en el trabajo. El niño nos ha mostrado que el trabajo, la forma correcta de trabajo, esta vitalmente conectada con el desdoblamiento de la personalidad superior. Entonces, la solución de un problema social de trabajo depende en la actitud personal que el hombre tome ante esta. Sólo el hombre que se ha transformado a sí mismo, será capaz de formar una sociedad diferente, una sociedad donde el trabajo sea el fundamento de la vida, así como es el caso del niño normalizado. Maríóa Móntessóri – Cónferencias 1934 Paó gina 7


La regeneracióó n espiritual del hómbre Como una persona a la que ya no le interesan las posesiones o el ejercer dominio sobre otras personas, puede verdaderamente ser llamado un ser verdaderamente espiritual. Por ello podemos decir que una regeneración espiritual del hombre es claramente posible, y que es el niño quien nos puede mostrar el camino a esta regeneración espiritual. El niño nos dice en qué forma el medio se vuelve posible y la manera en cómo se puede volver posible, y la manera de cómo puede tomar lugar fácilmente. Nos dice que el adulto, quien de esta manera se volverá normalizado, incrementará su inteligencia, se volverá incansable en su trabajo (así como el niño), y que podrá entonces ser capaz de resolver los problemas sociales. Lo que vemos cuando nos referimos a vida “espiritual”, el niño nos muestra ser la vida del hombre “normal”, ya que es el tipo de vida la que desarrolla eso, lo que es espiritual en el hombre.

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La regeneración espiritual del hombre  

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