HISTORIA FAMILIAR DE DON ALFONSO DE CASTRO Y MAZO

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HISTORIA FAMILIAR DE DON ALFONSO DE CASTRO Y MAZO

María Inés Olaran Múgica

MADRID 2021


María Inés Olaran Múgica

XXI Reunión Americana de Genealogía-XI Congreso Iberoamericano de las Ciencias Genealógica y Heráldica. República Dominicana, 21-26 de octubre de 2019, organizados por la Academia Dominicana de Genealogía y Heráldica bajo el lema “Redes, rutas y reencuentros”.

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Título: Historia Familiar de don Alfonso de Castro y Mazo Autora: María Inés Olaran Múgica Editora: María Inés Olaran Múgica © De esta edición: de la autora y editora www.montejasso.com www.montejasso.blogspot.com

Depósito Legal: M-16766-2021 Obra inscrita en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid. 1ª edición, Madrid, 2021. La presente edición es una copia fiel de la ponencia presentada a la XXI Reunión Americana de Genealogía y XI Congreso Iberoamericano de las Ciencias Genealógica y Heráldica, celebrados del 21-26 de octubre de 2019 en Santo Domingo-República Dominicana y organizados por la Academia Dominicana de Genealogía y Heráldica, bajo el lema “Redes, rutas y reencuentros”. Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización del titular de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual. 3


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INTRODUCCIÓN

En el año 2009 se celebró en la República Dominicana la XV Reunión Americana de Genealogía y V Congreso Iberoamericano de Genealogía y Heráldica, reunión académica a la que asistí como ponente. En aquella ocasión presenté mi trabajo titulado “Don Blas de Lezo y Olabarrieta. Estudio Genealógico e historia familiar”, en el que estudiaba la historia familiar del célebre marino guipuzcoano vencedor de la batalla de Cartagena de Indias contra los ingleses, en 1741. Desde aquel que fue mi primer trabajo dedicado a la genealogía e historia familiar de don Blas he realizado otros estudios sobre su vida, su obra y, especialmente, sobre su familia. Estos trabajos han sido publicados en reuniones académicas, monografías, artículos de revistas y medios periodísticos, siendo el último de ellos mi Lección de Ingreso como Amiga de Número a la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, que presenté el 5 de octubre de 2017 en Madrid, en la sede de la Real Sociedad Económica Matritense. A lo largo de la realización de dichos trabajos dedicados a la familia Lezo, he podido reunir considerable documentación sobre sus diferentes ramas, de la que todavía permanece inédita una parte que me propongo dar forma y publicar a medida que vaya encontrando una ocasión propicia. Considero que esta Reunión-Congreso, es el marco apropiado para hacerlo en todo aquello que se refiera a don Alfonso de Castro y Mazo también conocido en la documentación de carácter genealógico como don Alfonso o Alonso de Castro y Araujo-, que fue gobernador y capitán general de la Isla Española y presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo. Los dos hijos primogénitos de don Blas de Lezo y Olabarrieta y de don Alfonso de Castro y Mazo, fueron don Blas Fernando de Lezo y Pacheco -I marqués de Ovieco- y doña Ana María de Castro y Ruiz de Montaña, respectivamente. Contrajeron matrimonio en Aranjuez en 1756, por lo que don Blas de Lezo y don Alfonso de Castro hubieran sido consuegros de haber estado ambos con vida, pero ninguno de ellos estuvo presente en este enlace: el primero había fallecido en Cartagena de Indias en 1741 y, el segundo, falleció en Madrid en 1755 tras su regreso de la Isla Española. Sin embargo, coinciden los años en que estos dos personajes estuvieron sirviendo al rey en destinos coloniales tan cercanos. Blas de Lezo estuvo destinado en Cartagena de Indias entre 1737 y 1741, y don Alfonso de Castro en Santo Domingo entre 1731 y 1741. Por la documentación consultada, podemos saber que durante este periodo de tiempo en que coincidió el destino de los dos funcionarios coloniales, estos militares tuvieron cierta relación por encontrarse en lugares próximos. La vida familiar de don Alfonso de Castro y Mazo no había sido estudiada, encontrándose solamente informaciones sobre sus años de funcionario colonial en Santo Domingo en algunos trabajos de tipo histórico. Hasta la publicación de esta ponencia, algunos breves detalles sobre su familia podían encontrarse, principalmente, en mis otros trabajos sobre la familia Lezo, que he mencionado anteriormente. Probablemente haya contribuido al desconocimiento de este personaje, la escasa documentación que trata directamente sobre él y que puede encontrarse en algunos 4


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archivos españoles. Fuera de España son también escasas las fuentes primarias sobre el gobierno de don Alfonso de Castro y Mazo, entre las que debemos citar algunos manuscritos conservados en el British Museum de Londres.1 En el Archivo de la Nación de la República Dominicana apenas existen fondos sobre la Real Audiencia de Santo Domingo: sobre los siglos XVI y XVII no puede casi encontrarse información documental, ya que como indica Manuel Aranda Mendíaz, la isla sufrió saqueos y expolios durante estos siglos y posteriormente, a fines del siglo XVIII, la documentación de la institución se trasladó a Cuba y los fondos desparecieron.2 Recientemente, el 23 de enero de 2019, ha sido firmado entre España y la República Dominicana un memorando de entendimiento para fortalecer la cooperación bilateral entre los Archivos Estatales Españoles y el Archivo General de la Nación de la República Dominicana. Por este convenio de cuatro años de duración, se identificarán, seleccionarán, organizarán y reproducirán digitalmente fuentes documentales primarias que tengan relación con la República Dominicana que se conservan en el Archivo de Indias, el Archivo Histórico Nacional, el Archivo General de Simancas y el Archivo General de la Administración, en España.3 Según expresó con ocasión de esta firma, el historiador y sociólogo don Roberto Cassá Bernaldo de Quirós -director general del Archivo General de la Nación de la República Dominicana-, este Archivo no posee casi referencias desde fines del siglo XV y hasta el siglo XIX, a excepción de algunas copias de documentos realizadas por investigadores.4 La historia de la Isla Española de Santo Domingo durante el periodo colonial de la primera mitad del siglo XVIII ha sido estudiada en España, principalmente, por Antonio Gutiérrez Escudero. Su tesis doctoral, dirigida por Francisco Morales Padrón, fue presentada en la Universidad de Sevilla en 1983 y titulada “Santo Domingo durante el reinado de Felipe V. Población y actividades económicas”, centrándose en los acontecimientos sucedidos en La Española y las relaciones que existieron entre la parte francesa y española de la isla desde el momento en que comienza a reinar en España la nueva dinastía de los Borbones. En su estudio doctoral se analizan aspectos geográficos, demográficos y económicos relativos a la agricultura, ganadería, minería y comercio, así como el gobierno, el ejército y la Real Hacienda de Santo Domingo y, también, las relaciones con la colonia francesa de Saint-Domingue entre 1700 y 1746, periodo dentro del que ocupó sus cargos don Alfonso de Castro y Mazo, por lo que se trata de un trabajo esencial para contextualizar la ponencia que presento a esta Reunión-Congreso.5 1

GAYANGOS, don Pascual de: Catalogue of the Manuscripts in the Spanish Language in the British Museum, vol. IV. Londres, 1875, pp. 256-257. El volumen presenta una relación de cartas y despachos relativos a su gobierno en la Isla Española de Santo Domingo, con fechas entre 1732 y 1740. 2 ARANDA MENDÍAZ, Manuel: Visiones sobre el primer tribunal de Justicia de la América Hispana: La Real Audiencia de Santo Domingo. Madrid. Campillo Nevado, 2007, pp. 11-12. 3 Europa Press, 23/01/2019. 4 A este respecto, véase CASSÁ, Roberto: Directorio de Archivos de la República Dominicana. Madrid. Fundación Histórica Tavera, 1996, pp. 43-51. Desde 1937 y salvo contadas excepciones, todas las instituciones del Estado deben remitir sus fondos a este Archivo cada cinco años, acompañados de sus inventarios. Los fondos del AGN se dividen en diez secciones, desde la época colonial (1492-1795), pero la mayoría de la documentación existente en este Archivo comienza en la segunda mitad del siglo XIX, es decir, en la sección 8ª, dedicada a la Segunda República (1865-1916). 5 Su tesis doctoral quedó plasmada en GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: Población y economía en Santo Domingo (1700-1746). Sevilla. Diputación Provincial de Sevilla, 1985.

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Posteriormente a su tesis doctoral, la producción académica de Antonio Gutiérrez Escudero divulgada en artículos de revistas, obras colectivas y monografías cubre prácticamente todos los aspectos durante la primera mitad del siglo XVIII, por lo que este autor será frecuentemente citado en las siguientes páginas. A través de sus obras podemos conocer una amplia variedad de aspectos sociales, económicos, administrativos y políticos referentes a la Isla Española de Santo Domingo y el alcance que tuvieron las reformas borbónicas en la Isla. Aspectos como los inicios de la gobernación en la Isla, la fundación de ciudades y asentamientos urbanos y, entre ellas, la villa de canarios de San Carlos de Tenerife, los colonos y las familias pobladoras, la vida cotidiana y el poder de determinadas familias en Santo Domingo y en el resto de las poblaciones y su presencia en los cabildos, así como la cuestión de los límites con los franceses. También se estudia la propiedad de la tierra y la explotación de sus principales productos como el algodón, azúcar y tabaco, la ganadería, el comercio lícito con otros puertos del Caribe y el comercio ilícito, así como el papel que desempeñaron las élites dentro de la economía colonial. Los fondos utilizados para la realización de este trabajo proceden de diferentes archivos. Entre ellos debo citar el Archivo de Indias en Sevilla, donde se encuentra el Juicio de Residencia de don Alfonso de Castro y Mazo, documento fundamental para conocer su actividad en La Española como gobernador, capitán general y presidente de su Real Audiencia, así como otros papeles relativos a su actividad en la Isla al servicio de la Corona. He estudiado, también, documentación de tipo primario procedente, principalmente, de otros relevantes archivos españoles como son el Archivo Histórico Nacional, el Archivo del Ministerio de Defensa, el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, el Archivo Histórico de la Nobleza, el Archivo General de Simancas, la Biblioteca Nacional de España y, en París, la Biblioteca Nacional de Francia. La documentación de carácter eclesiástico procede de archivos parroquiales españoles de diferentes provincias, principalmente de Madrid, Toledo y La Coruña. De esta manera, daré a conocer algunos importantes documentos localizados en archivos españoles que forman parte de la historia de la República Dominicana y que todavía permanecían inéditos. Con los antecedentes expuestos paso a presentar mi trabajo, que ha tenido como propósito conocer la vida personal y familiar de don Alfonso de Castro y Mazo. Mi interés no ha sido únicamente centrarme en su persona y en su núcleo familiar, su ascendencia y descendencia además de otras líneas colaterales, sino analizar, también, las redes que fue tejiendo esta familia a través de relaciones sociales y enlaces matrimoniales, y que le permitieron desde la segunda mitad del siglo XVIII, ascender en la escala social desde la hidalguía de sangre y entroncar con familias integrantes de la nobleza titulada española.

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ASCENDENCIA, MATRIMONIO Y DESCENDENCIA

La familia paterna y materna de don Alfonso de Castro y Mazo era de cristianos viejos y gozaba de limpieza de sangre que tuvieron que certificar en varias ocasiones para obtener empleos de distinción, tanto en lo eclesiástico como en lo militar y en lo secular. 6 Fueron personas de alta posición social, habiendo sido condecorados con honores y dignidades, capellanías, reales canonjías y encomiendas de las órdenes militares de San Juan de Malta, Santiago y Calatrava. La familia Castro estaba entroncada con las principales familias nobles de la ciudad de Toledo, como eran las de los Palma, Pacheco, León, Hurtado, Toledo y Fontecha. Igualmente estaban entroncados con los Enríquez, Navarra, Andrade y muchas otras destacadas familias de esta ciudad.7 Don Alfonso Vicente de Castro nació en la villa de Madrid el 22 de enero de 1694; fue bautizado en la iglesia parroquial de San Sebastián, el día 30 de enero del mismo año por Felipe Simón de Araujo, y apadrinado por don Alejandro González Barzia. Sus padres vivían cerca de la parroquia de San Sebastián, en la calle de los Relatores.8 Su padre fue don José de Castro y Araujo, hijo legítimo de don Juan de Castro y Araujo quien fue natural de Sanlúcar de Barrameda y secretario del rey y de la Cifra del virreinato de Sicilia, 9 mientras fue virrey de Sicilia el duque de Osuna (1610-1616) e hijo, también, de doña Antonia de Aguilar y Rozas, natural de la villa de Espinardo en el reino de Murcia. Don José de Castro y Araujo obtuvo el empleo de juez de quiebras de rentas reales y millones, plaza que había llevado por dote su segunda mujer, Gregoria del Mazo y Villalobos, y que ejerció desde el 21 de febrero de 1693 hasta el 21 de febrero de 1695, cuando se extinguió dicho juzgado por resolución real. Durante siete años fue oidor de la Chancillería de Valladolid, nombrado para este cargo a fines de 1706, que pasó a servir desde febrero de 1707 y después de pocos meses, fue nombrado oidor de la nueva Chancillería de Aragón, en Zaragoza, como fiscal del Consejo de Hacienda en la Sala de Millones, donde sirvió hasta 1710. En la Guerra de Sucesión Española, en la víspera de la Batalla de Zaragoza (20 de agosto de 1710), don José de Castro y Araujo tuvo que abandonar la ciudad con la Chancillería por orden del rey y permaneció en Burgos hasta que se obtuvo la victoria de Felipe V en Brihuega (8 de diciembre de 1710); entonces se volvió a formar la nueva Audiencia en Aragón y el rey le mandó que volviera a servir en aquel tribunal. En 1713 regresó a la Corte por haberle nombrado el rey consejero de 6

Sobre su ascendencia véase, entre otros documentos de pruebas realizadas por sus descendientes para ingresar a la orden de Carlos III, las de su nieto don Blas Fernando de Lezo y Castro, Ref: Archivo Histórico Nacional (AHN): Estado, Carlos III, exp. 454. “Expediente de pruebas del caballero de la orden de Carlos III, Blas Alejandro de Lezo y Castro Pacheco y Ruiz de Montaña, natural de Madrid, Marqués de Ovieco, Tesorero de la Orden; caballero pensionista”. Fecha 1790. 7 Ibidem, fols. 285 vº y 296 vº. Véase ARANDA PÉREZ, Francisco José: Poder y poderes en la ciudad de Toledo:gobierno, sociedad y oligarquías urbanas en la Edad Moderna. Cuenca. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1999. 8 Parroquia de San Sebastián, de Madrid. Libro 20º de Bautismos, fol. 228 vº. Véase, también, referencia a su bautismo en AHN: Inquisición, 1210, exp. 22 (sin foliar). 9 Los secretarios de la Cifra eran los encargados de los despachos que debían enviarse cifrados, en lenguaje que solamente los conocedores de la clave pudieran entenderlo.

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Castilla, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento en Madrid el 2 de julio de 1739.10 Fue nombrado presidente del Honrado Concejo de la Mesta para el bienio de 1732 y 1733, habiendo celebrado sus juntas generales de primavera en Budia y Guadalajara, y las de otoño en Arganda y Villaviciosa.11 Casó cuatro veces: su primer matrimonio fue con doña Manuela Bérriz de Salazar, hija legítima de don Tomás Bérriz de Salazar y de doña María de Rozas y Miñaca. Al fallecer doña Manuela, fue enterrada en el convento de la Santísima Trinidad de Calzados de Madrid, en la sepultura perteneciente a la familia de su esposo. De este matrimonio nació solamente un hijo: don Juan de Castro Bérriz de Salazar, que falleció siendo menor de edad, mientras su padre estaba sirviendo en Zaragoza. Su segunda esposa, doña Gregoria del Mazo y Villalobos,12 fue natural de Aranjuez e hija del conserje de este real sitio, don Gaspar del Mazo Velázquez, y de su legítima mujer doña Inés de Villalobos. Los padres de don Alfonso de Castro contrajeron matrimonio en la capilla real de Aranjuez, el 24 de enero de 1693 y fueron velados en Madrid, en el oratorio de la casa de don Luis Cerdeño y Monzón, el 22 de febrero de 1694.13 De este enlace nació don Alfonso de Castro y del Mazo, objeto de este estudio. Falleció doña Gregoria del Mazo y Villalobos y fue enterrada junto a doña Manuela Bérriz de Salazar, en el mismo convento de la Santísima Trinidad de Calzados, en Madrid. De su tercer matrimonio con Juana Fontecha y Mendoza tuvo cinco hijos apellidados Castro Fontecha: don Antonio -oidor de Granada-, don José y don Juan -capellanes reales en la Real Capilla de Reyes Nuevos de Toledo en la catedral de esta ciudad-, y don Francisco Javier -caballero de Malta14 y capitán de Reales Guardias de Infantería Española. De este matrimonio nació, también, una hija que fue doña María Josefa de Castro Fontecha, casada con don Francisco de Verdugo y Cepeda. Falleció doña Juana Fontecha y Mendoza, y fue enterrada en la bóveda de Nuestra Señora del Traspaso del mismo convento de la Santísima Trinidad de Calzados de Madrid, donde habían sido enterradas las dos esposas anteriores de don José de Castro y Araujo, y donde él mismo deseaba descansar tras su muerte. Don José de Castro tuvo un cuarto y último matrimonio, del que no hubo hijos, con doña María Magdalena Colmenero Romo.15 Esta dama era la viuda del caballero de Santiago Juan Rosillo de Lara, con quien había contraído matrimonio en primeras nupcias, en Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM): T. 15135, fols. 19rº-25vº. “Testamento de don José de Castro y Araujo”. Fecha: 27/02/1720. Escribano: Juan de Siles. 11 Véase el “Catálogo de los Señores Presidentes del Honrado Concejo de la Mesta, general de estos Reinos, que ha habido desde el año de 1500 hasta el de 1827” en BRIEVA, Matías: Colección de Leyes, Reales Decretos y Órdenes, acuerdos y circulares pertenecientes al ramo de Mesta desde el año de 1729 al de 1827. Madrid. Imprenta de Repullés, 1828, pp. XXII-XXIII. 12 Doña Gregoria del Mazo otorgó poder para testar a su esposo, don José de Castro y Araujo, quien otorgó testamento el 11/02/1698 en Madrid, ante el escribano Juan Hernández. Ref. AHPM: T.15135, fols. 57vº63vº. 13 Luis Cerdeño y Monzón fue caballero de Santiago, consejero real y fiscal en el Consejo de Indias. Ref: AHN: OM-Caballeros_Santiago, exp. 1895. 14 AHN: OM-San_Juan_de_Jerusalén, exp. 23388. “Expediente de pruebas para la concesión del título de caballero de la orden de San Juan de Jerusalén a Francisco de Castro Fontecha Aguilar y Susunaga, natural de Madrid”. Fecha: 1727. 15 Véase FAYARD, Janine: “Los Ministros del Real Consejo de Castilla”. Hidalguía nº 165 (marzo-abril 1981), p. 185. 10

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1714.16 Juan Rosillo de Lara fue abogado de los Reales Consejos de Órdenes, Guerra y Castilla y alcalde de la Real Casa de la Moneda.17 Tras el fallecimiento de su primer esposo, doña María Magdalena quedó sin medios con qué mantenerse y con numerosas deudas, y contrajo nuevo matrimonio con don José de Castro y Araujo a los seis o siete meses después de enviudar. Cuando su segundo esposo, don José de Castro y Araujo, estaba cerca de fallecer, este suplicaba en su testamento al presidente del Consejo de Castilla que informara al rey de la suma miseria en que iba a dejar a doña María Magdalena tras su muerte: “por haberme mantenido la Divina Misericordia con aquella pureza y desinterés, propia del deseo con que he procurado desempeñar la real confianza en todos los dichos empleos y otros que en el tiempo de treinta años de abogado tuve, exponiendo también los de el señor don Juan Rosillo de Lara, primer marido de dicha señora, mi esposa, para que se digne su real Magnanimidad de atenderla con aquella congrua que para su decente manutención necesita”.18

También pedía a sus dos hijos, don José y don Juan de Castro y Fontecha, que atendieran a doña María Magdalena tras su fallecimiento ya que Dios les había dado rentas convenientes por sus capellanías de los Reyes Nuevos de Toledo para poder vivir más que con decencia, e igualmente hacía este encargo a su hijo don Alfonso.19 Doña Magdalena Colmenero había tenido dos hijos de su primer matrimonio que llevó a vivir con su nueva familia: don José Rosillo y doña Mariana Rosillo. Esta última falleció mientras aún vivía don José de Castro y Araujo. Por su parte, don José llevaba a este cuarto matrimonio seis hijos, pero no hubo nuevos hijos tras esta nueva unión matrimonial.20 Al fallecer don José de Castro y Araujo su hijo, don Alfonso, renunció al derecho en exclusiva que tenía sobre los bienes de su madre -doña Gregoria del Mazo y Villalobospara cederlo a favor de sus hermanos, según había sido el deseo de su padre y para evitar cuestiones y litigios sobre ello “cuya cesión hace, así por obedecer a su señor Padre, y que conste ser hijo obediente, como por refundirse en beneficio de todos sus hermanos, a quienes desea complacer, así en esto, como en todo cuanto pueda”.21 El total líquido y partible de la herencia dejada por don José de Castro y Araujo fue de 156.498 reales de vellón, tocando a cada hijo 26.083 reales de vellón. Entre otros bienes, recibió cada uno de los hermanos 150 libros de la obra de su padre conocida como “Miscelania Juris”22 y AHN: OM-Casamiento_Santiago, exp. 10085. “Expediente de pruebas de María Magdalena Colmenero Romo García Romo y Romero, natural de Budia, para contraer matrimonio con Juan Rosillo de Lara, caballero de la Orden de Santiago”. Fecha: 1714. 17 AHN: Consejos, 13385, exp. 51. 18 AHPM: T. 15835, fol. 377rº. Escribano: Miguel Pardo. 19 Ibidem, fol. 380rº. 20 Ibidem, fol. 377vº. 21 En los dos testamentos que otorgó don José de Castro y Araujo, el primero el 27 de febrero de 1720 (AHPM: T. 15135, escribano: Juan de Siles) y el segundo, el 23 de agosto de 1739 (AHPM: T.15835, escribano: Miguel Pardo), el testador pedía que tras su fallecimiento, don Alfonso no inquietara ni perturbara con litigios a sus hermanos: “Antes bien, espero que por ser el mayor de todos los ha de proteger y amparar, cumpliendo con sus obligaciones de cristiano y caballero”. (T. 15835, fols. 375vº-376rº.). 22 La obra, publicada en latín por José de Castro y Araujo, a la que se refiere el convenio firmado por los hermanos Castro, lleva por título Miscellanea disceptationum, canonicarum, civilium, et criminalium, habiendo obtenido licencia real para su impresión el 12 de septiembre de 1726 y siendo publicada en Madrid, en la Tip. de la viuda de Blas de Villanueva, en 1727. Ya al comienzo del año 1728 se anunciaba su venta en la librería de José Antonio Pimentel, en la Puerta del Sol. Ref: Gaceta de Madrid, 13/01/1728, 16

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don Alfonso, recibió como hermano mayor el retrato de su padre que se había pintado antes de su muerte y que debería pasar, cuando don Alfonso muriera, al siguiente hermano mayor que quedara vivo.23 El hermano de don Alfonso de Castro -don Juan de Castro Fontecha- se posesionó como capellán real el 15 de octubre de 1732 y se mantuvo en este puesto hasta su fallecimiento, el 14 de julio de 1779. Su otro hermano -don José de Castro Fontecha- entró a ser capellán el 15 de noviembre de 1725 y se mantuvo en este puesto hasta el 11 de junio de 1754, cuando falleció. Su tercer hermano -don Antonio de Castro Fontecha- fue colegial del mayor de San Salvador de Oviedo de la universidad de Salamanca y llegó a ser oidor de la Chancillería de Granada. Casó en Madrid, en la parroquia de San Sebastián el 6 de junio de 1738, por poderes que dio al caballero de Santiago y miembro del Consejo y Cámara de SM., don José de la Isequilla, con la señora doña Vicenta de la Cruz y Escalante, única hija de don Luis de la Cruz y Aedo y de doña María Vélez de Escalante y Contreras, vecinos de Toledo.24 Otro hermano -don Francisco de Castro Fontecha- fue caballero de la orden de San Juan de Malta y corrió las caravanas, siendo enviado por su Gran Maestre con el tributo de los halcones a Fernando VI,25 quien le promovió a segundo teniente de Infantería Española y fue ascendiendo hasta morir como capitán del mismo cuerpo y graduado brigadier de los reales ejércitos. Don Alfonso, el primogénito de la familia Castro, vivió con hermanos nacidos de los varios matrimonios que había contraído su padre y con otros hermanastros que llegaron a su familia procedentes de otros matrimonios. Tras fallecer su madre tuvo que acostumbrase, también, a vivir con otras dos madrastras, aunque siempre fue tratado como hijo y hermano mayor. Además, debido a los constantes cambios de residencia por la carrera de su padre, vivió en Madrid, Valladolid, Zaragoza y Burgos, para volver a vivir

p. 8. En el último testamento de don José de Castro y Araujo, realizado el 23 de agosto de 1739 ante el escribano Miguel Pardo (AHPM: T. 15835, fol. 375rº), el otorgante indica que la edición de esta obra costó cerca de 19.000 reales, que corrieron a cargo de su amigo don José de Basave, realizándose una tirada de 1.550 ejemplares. Del total de la edición, 550 tomos fueron entregados al librero José Pimentel, quien otorgó recibo el 20 de agosto de 1729 y, al parecer, se enviaron a Indias 400 tomos por cuenta de don José de Basave, quedando los 150 restantes para el mismo José Pimentel, al precio de 30 reales cada libro. El precio que importaban los 550 ejemplares era de 16.500 reales. 23 Archivo Histórico de la Nobleza (AHNOB): Villagonzalo, C. 36, D. 34. “Convenio establecido entre los hermanos Castro Fontecha y Francisco Verdugo Cepeda para el reparto de la herencia de José de Castro Araujo”. Fecha: 18/12/1760. La herencia se dividió entre seis partes: una para don Alfonso de Castro y Mazo y las otras cinco correspondientes a los cinco hijos del matrimonio Castro Fontecha. 24 FERNÁNDEZ GARCÍA, Matías: Parroquia madrileña de San Sebastián. Algunos personajes de su Archivo. Madrid. Caparrós editores, 1995, p. 515. Su partida se encuentra en el Libro 20º de Matrimonios de esta parroquia, fol. 27 vº. 25 En la orden de San Juan, se refiere a servir los caballeros novicios por espacio de tres años, andando a corso o defendiendo algún castillo contra los infieles. Véase LABERNIA, Pedro: Novísimo Diccionario de la Lengua Castellana con la correspondencia catalana, tomo I. Barcelona. Espasa Hermanos, 1866, p. 550. Tras la pérdida de la isla de Rodas, Carlos V cedió la isla de Malta a los caballeros de San Juan, adoptando su nombre bajo reconocimiento feudal a la corona de España. En señal de tributo, enviaban todos los años a España unos halcones. Véase ANÓNIMO: Diccionario Histórico Enciclopédico, tomo III. Barcelona, Viuda de D.A. Roca, 1830, p. 421.

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de nuevo en Madrid y de allí pasar a la Isla Española, regresando a Madrid tras el final de su cargo en Indias, donde residió hasta su fallecimiento. Don Alfonso de Castro y Mazo obtuvo diferentes empleos militares, desde cadete de Reales Guardias de Infantería Española hasta el de primer teniente. Cuando ejercía este cargo, fue nombrado presidente y capitán general de la Isla Española de Santo Domingo en el reino de Nueva España. Era, también, caballero hijosdalgo de la cofradía de San Pedro y Pan de Pobres de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda.26 Contrajo matrimonio en Madrid, en primeras nupcias, con doña Francisca Ruiz Montaña que era natural de Toledo como su padre, don Diego Ruiz Montaña y su madre, doña Ana Rodríguez de Segovia, que procedía de la villa de Mora, también en la provincia de Toledo.27 Doña Ana Rodríguez de Segovia había sido bautizada con este nombre en la iglesia parroquial de la villa de Mora, el 3 de junio de 1661, y era hija de Juan Rodríguez de Segovia y de Ana Ramírez.28 Su matrimonio con Diego Ruiz Montaña -hijo de Lucas Ruiz y de Francisca Carranque- tuvo lugar en la iglesia parroquial de la villa de Mora, el 11 de enero de 1690, y fueron velados el mismo día.29 Juan Rodríguez de Segovia -hijo de Damián Rodríguez de Segovia y de su esposa María Hernández-, casó con Ana Ramírez -hija de Iusepe Ramírez y de su esposa Ana Fernández- en la iglesia parroquial de la villa de Mora, el 28 de enero de 1658.30 La familia Ruiz, que sería la familia política de don Alfonso de Castro y Mazo, era también muy estimada en Toledo, particularmente por la relación que tenían con los López, conocida familia de la misma ciudad. En la Guerra de Sucesión Española, cuando los enemigos de Felipe V se apoderaron de la ciudad de Toledo con la intención de destronarle, los López levantaron en su defensa muchas compañías, que militaron bajo la protección de un estandarte que colocaron sobre la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, para memoria de la defensa que hicieron quienes le consideraban su legítimo monarca.31

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AHN: Estado, Carlos III, exp. 454, fol. 288 rº. La cofradía fue fundada por el presbítero Alonso Núñez, quien hacia 1550 convenció a otros sacerdotes de Sanlúcar de Barrameda para dedicarse con él a la asistencia y curación de las mujeres pobres y, para ello, tomaron una casa que llamaron “Hospital de San Pedro”. Entre los componentes que tuvo la cofradía a lo largo de su historia se encontraban todos los miembros del clero y muy pocos, pero muy distinguidos seglares, como los duques de Medina Sidonia y otros miembros de la mayor distinción. Desde 1721, se exigieron pruebas de nobleza para ingresar en ella. Véase GUILLAMAS Y GALIANO, Fernando de: Historia de Sanlúcar de Barrameda. Madrid. Imprenta del Colegio de Sordomudos y de Ciegos, 1858, pp. 190-193. 27 También era llamada “Ana Sánchez” y “Ana Ramírez”; era natural de la villa de Mora, en Toledo y había sido bautizada en la iglesia parroquial de la villa de Mora el 3 de junio de 1661 (Libro 7º de bautismos, fol. 175). El matrimonio entre don Diego Ruiz de Montaña y doña Ana Sánchez o Ana Rodríguez de Segovia se celebró el 11 de enero de 1690 en la iglesia parroquial de la villa de Mora. Libro 4º de matrimonios, fol. 196 vº. 28 Parroquia de la villa de Mora: Libro 7º de bautismos, fol. 175. En AHN: Estado, Carlos III, exp. 454, fol. 307rº. 29 Idem: Libro 4º de matrimonios, fol. 196 vº. En Ibidem, fol. 308rº. 30 Idem: Libro 3º de matrimonios, fol. 65. En Ibidem, fol. 309 rº. 31 SANTOS VAQUERO, Ángel: “Mariana de Neoburgo en Toledo”. Cuadernos de Historia Moderna nº 36 (2011), pp. 160-161. Se refiere a don Diego de Toledo Guzmán y Calatayud, y su familia. Don Diego fue nombrado capitán por los gremios de Toledo el 18 de julio de 1706, para rebelarse y alzarse en armas contra el juramento que la ciudad de Toledo había hecho nombrando a Carlos III de Austria como rey de España, con lo que la ciudad volvió a reconocer como rey a Felipe V.

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Las familias Segovia, Ramírez y Rodríguez habían sido, también, muy estimadas en la villa de Mora y en los pueblos de la comarca. El apellido “Rodríguez” era oriundo del pueblo de Yébenes y el apellido “Montaña” no fue originario de esta familia, ya que su apellido era simplemente “Ruiz”. La familia Ruiz vivía en la colación de la parroquial de San Andrés, en una casa de montaña situada en un sitio muy elevado sobre el río Tajo, que era conocida como “La Montaña”. Por ello, los miembros de la familia Ruiz fueron conocidos por este nombre y continuó así en sus sucesores, porque toda la ciudad los nombraba “Los Montañas”.32 Doña Francisca Ruiz de Montaña, esposa de don Alfonso de Castro y Mazo, fue bautizada en Toledo en la iglesia parroquial de San Andrés, el 11 de abril de 1704. Había nacido el día 2 de dicho mes y fue bautizada como “Francisca Josefa”.33 A su muerte, fue también enterrada en dicha parroquial de San Andrés.34 El matrimonio entre don Alfonso de Castro y Mazo y doña Francisca Ruiz Montaña se celebró en Madrid, en la iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena, el 7 de julio de 1726, y fueron velados el 1 de septiembre de 1730 en el oratorio de don Blas Benítez.35 Tuvieron un primer hijo, don Antonio, que probablemente nació en Madrid hacia 1727 ya que cuando pasó a Santo Domingo con sus padres tenía cuatro años de edad, falleciendo en Indias en fecha desconocida. Mientras esperaban la embarcación para pasar al virreinato de Nueva España, nació en Sevilla su primera hija mujer, doña Ana de Castro y Ruiz Montaña36 y más adelante nació en Indias su segunda hija mujer, doña Manuela de Castro y Ruiz Montaña, hijas ambas de doña Francisca. Doña Francisca Ruiz Montaña falleció en el reino de Nueva España mientras don Alfonso ejercía sus cargos en Isla Española, y: “por no hallar en él persona igual con quien contraer segundas nupcias, solicitó [don Alfonso de Castro y Mazo] e impetró Bula Apostólica para contraerlas con una hermana de doña Francisca que les había seguido en todos sus destinos y que, en efecto, consiguió del Santo Padre Romano el indulto que solicitaba para casarse con su cuñada, doña Petronila Manuela Ruiz Montaña […]”.37

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AHN: Estado, Carlos III, exp. 454, fol. 300 rº. Ibidem, fol. 281 rº. Su partida de bautismo se encuentra en la iglesia parroquial del Señor San Andrés de Toledo, Libro de Bautismos (1654-1715), fol. 231, partida nº 7. 34 Ibidem, fol. 285 rº. 35 Parroquia de Santa María La Real de la Almudena: Libro 6º de Matrimonios (1721-1786), fols. 82vº83rº: “En la villa de Madrid, a siete días del mes de julio de mil setecientos y veinte y seis, yo el Dr. Don Marcos Henamorado, cura propio de la Iglesia Parroquial de Santa María la Real de la Almudena, no obstante de no haber precedido ninguna de las tres canónicas amonestaciones que para contraer Matrimonio dispone el Santo Concilio de Trento y sinodales de este Arzobispado por haber dispensado a ellas por causas que a ello le ha movido, y con su licencia despachada en dicho día, mes y año por ante José Fernández, su notario, y no habiendo resultado impedimento alguno, desposé por palabras de presente que hacen verdadero y legítimo matrimonio a Don Alonso de Castro, natural de esta villa, hijo de los Señores Don José de Castro, del Consejo de Su Magestad en el Real de Castilla, y de Doña Gregoria del Mazo, con Doña Francisca Ruiz Montaña, natural de la ciudad de Toledo, hija de Don Diego Ruiz Montaña, y de Doña Ana Rodríguez, habiéndolos primero examinado de la Doctrina Cristiana, y tomados sus mutuos consentimientos. Testigos, Don José Guerrero y Alejandro Muñoz. Doctor Don Marcos Henamorado (firma y rúbrica).” Esta partida debía haber sido registrada en el folio 58 de este Libro de Matrimonios, pero se encuentra registrada bastante después, como fue indicado en una nota al margen del folio 83rº: “El lugar de esta partida vaya a la nota del folio 58”. 36 AHN: Estado, Carlos III, exp. 454, fol. 298 vº. 37 Ibidem. 33

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Doña Petronila, al igual que su hermana, era natural de Toledo y había sido bautizada en la iglesia parroquial de San Andrés. Había pasado con el matrimonio formado por don Alfonso de Castro y Mazo y su hermana, doña Francisca, a Santo Domingo como criada de la familia y una vez fallecida su hermana crió a sus dos sobrinas como si fueran sus propias hijas y así las consideró hasta su muerte. En la documentación histórica que generó doña Petronila, les llama tanto “sobrinas· como “hijas” y, tanto doña Ana María como doña María Manuela de Castro y Ruiz, fueron instituidas sus herederas universales a su fallecimiento.

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VIDA DE DON ALFONSO DE CASTRO Y MAZO EN ESPAÑA

Don Alfonso había servido durante dieciséis años en el Regimiento de Reales Guardias Españolas de Infantería en diferentes empleos, hasta alcanzar el rango de primer teniente. Sirvió en este Regimiento como alférez, desde el 1 de octubre de 1716; el 26 de diciembre de 1719 fue ascendido a segundo teniente y el 5 de julio de 1728 a primer teniente, de donde pasó a ser nombrado gobernador de Isla Española.38

BNE: Mss/8678, fol. 155vº.

Entre 1729 y 1733 los reyes españoles y la Corte se establecieron en Sevilla, periodo que ha sido denominado “El Lustro Real”. El 7 de enero de 1729 salieron de Madrid destino a la frontera portuguesa, donde debía realizarse el llamado “Intercambio de las princesas”39, que había sido negociado desde 1725 pero que fue demorándose bajo

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Este Regimiento fue creado por Felipe V en 1703 y fue disuelto en 1823, datando sus primeras ordenanzas del 29 de septiembre de 1704. Véanse las anotaciones referentes a don Alfonso de Castro y Mazo en la Biblioteca Nacional de España (BNE): Mss/8678, fols. 98 rº, 103 rº y 155 vº: “Catálogo de los oficiales que ha habido en el Regimiento de Reales Guardias Españolas de Infantería, desde su creación en el año de 1704 hasta 1812 para el uso de Manuel Lapeña, Caballero del hábito de Calatrava, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos y Primer teniente del expresado Cuerpo”. Sobre la composición del Regimiento de Reales Guardias Españolas de Infantería y los sueldos y demás condiciones con las que don Alfonso de Castro servía en este Cuerpo, véase el manuscrito titulado “Reglamento para las Guardias de Infantería española y walona desde el 1º de noviembre de 1716”, dado por Felipe V en Madrid el 28 de octubre de 1716. Ref: Biblioteca del Ministerio de Defensa: IV-6457(27). 39 Se produjo en enero de 1729 en la frontera del río Caya, entre la localidad española de Badajoz y la portuguesa de Elvas. Se trataba de las infantas Bárbara de Braganza y Mariana Victoria de Borbón, hijas de don Juan V de Portugal y Felipe V de España, destinadas a contraer matrimonio con los herederos de ambos reinos: don Fernando de Borbón -príncipe de Asturias- y don José de Braganza – príncipe del Brasil. Véase el artículo de PIMENTEL, António Felipe: “El “Intercambio de las princesas”: arte y política en las fiestas de la boda entre Fernando de Borbón y Bárbara de Braganza”. Quintana nº 9 (2010), pp. 49-73; GARCÍA GARCÍA, Bernardo: “Dobles bodas reales. Diplomacia y ritual de corte en la frontera (1615-

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diferentes pretextos. En Andalucía, Felipe V e Isabel de Farnesio encontrarían un clima más cálido para pasar el invierno en un reino que se había mostrado fiel al pretendiente Borbón en la Guerra de Sucesión Española. Tras su estancia en Badajoz, los reyes llegaron a Sevilla el 3 de febrero de 1729 y en los siguientes meses realizaron estancias cortas, tanto en lugares situados en la costa andaluza como en el interior: la Isla de León, Cádiz, El Puerto de Santa María, el Coto de Doñana y Sanlúcar de Barrameda. Tras estos viajes, regresaron a Sevilla antes de que naciera la Infanta María Antonia Fernanda, el 17 de noviembre del mismo año. Durante el siguiente año, la pareja real realizó también otros viajes cortos por Andalucía: Castilblanco, Marchena, Antequera, Loja, Granada, el Soto de Roma, Cazalla de la Sierra y El Puerto de Santa María. Tras estos viajes, finalizados en octubre de 1730 y hasta el 16 de mayo de 1733 cuando los reyes regresaron a Castilla, la familia real y la corte permaneció en Sevilla debido, principalmente, a la delicada salud del rey. De esta manera, Sevilla y los lugares de estancia real en Andalucía, se convirtieron durante el “Lustro Real” en el centro de las decisiones de la monarquía hispánica. El viaje a Badajoz, donde se produjo el intercambio de princesas, movilizó a una gran parte de la Corte. Muchos de sus integrantes volvieron a Madrid tras la ceremonia, pero otros acompañaron a Sevilla a los reyes, ciudad donde fue necesario acomodar a la familia real y a miles de funcionarios y criados. En Sevilla se encontraban junto a los reyes, don José Patiño, secretario de Estado de Marina, Indias y Hacienda y, también, el primer secretario de Estado, el marqués de la Paz, acompañados por los principales oficiales de estas Secretarías, donde eran tomadas las principales decisiones del Gobierno. La política exterior española durante este corto periodo de gobierno en Andalucía, estuvo dirigida por las pretensiones de Isabel de Farnesio en Italia, mientras que los asuntos americanos no fueron prioritarios para la monarquía.40 Durante el Lustro Real, se documenta la estancia de los reyes, su familia y la Corte en Cazalla de la Sierra entre el 5 de junio y 20 de agosto de 1730, donde pasaron la mayor parte del verano, en el corazón de Sierra Morena. La Corte despachó cartas los días 6, 9 y 11 de agosto, informando que los reyes y su familia se encontraban con perfecta salud en Cazalla, entretenidos en cazar por los alrededores de esta villa.41 Estando de reposo en Cazalla de la Sierra, alojado en la casa de don Pedro Forero de Guzmán, Felipe V otorgó por real cédula del 2 de julio de 1730 al teniente coronel don Alfonso de Castro y Mazo y, en atención a sus dilatados servicios en los Ejércitos Reales, el empleo de gobernador, capitán general de la Isla Española y presidente de su Real Audiencia en los reinos de Nueva España, para suceder al coronel don Francisco de la Rocha Ferrer. Don Francisco de la Rocha estaba próximo a cumplir los ocho años que duraba su cargo de gobernador, capitán general de la Isla Española de Santo Domingo y

1729)”. En MORALES, Nicolás y QUILES GARCÍA, Fernando (eds.): Sevilla y Corte. Las artes y el Lustro Real (1729-1733). Madrid. Colección de la Casa de Velázquez (114). Madrid, 2010, pp. 30-40. 40 OZANAM, Didier: “Reinar y gobernar desde Andalucía”. En MORALES, Nicolás y QUILES GARCÍA, Fernando (eds.): Sevilla y Corte. Las artes y el Lustro Real (1729-1733). Madrid. Colección de la Casa de Velázquez (114). Madrid, 2010, pp. 7-12. 41 Gaceta de Madrid nº 33, 15/08/1730, p. 132.

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presidente de su Audiencia y el nombramiento de don Alfonso de Castro se realizó también por un tiempo de ocho años. El título decía: “Por cuanto he hecho merced a vos, el teniente coronel don Alfonso de Castro en atención a vuestros dilatados servicios ejecutados en mis reales ejércitos, del empleo de Gobernador y Capitán General de la Isla Española para suceder al coronel don Francisco de la Rocha Ferrer, que le está sirviendo, y es mi voluntad que juntamente seáis Presidente de mi Audiencia que reside en la ciudad de Santo Domingo de la dicha Isla, por tanto por la presente os elijo, y nombro por mi Presidente de mi Audiencia, que reside en la ciudad de Santo Domingo de la dicha Isla: por tanto, por la presente os elijo y nombro por mi Presidente de la expresada Audiencia, y quiero y mando que como tal residáis y presidáis con los oidores de ella por tiempo, y espacio de ocho años, que han de correr, y contarse desde el día en que tomaréis posición del referido cargo en adelante, más o menos el tiempo que fuere mi voluntad, y le uséis en los casos y cosas a él anejas, y pertenecientes, según y de la manera que se usan, pueden, y deben usar los otros mis Presidentes de mis Audiencias, y Chancillerías de estos reinos, y de las Indias, guardando y haciendo guardar las ordenanzas de la dicha mi Audiencia. Y mando a los de mi Consejo de las Indias tomen y reciban de vos el mencionado don Alfonso de Castro el juramento que debéis hacer, de que bien y fielmente serviréis este empleo, y habiéndole hecho y puéstose testimonio de ello a espaldas de esta mi Provisión mando así mismo a mis oidores de esta expresada Audiencia os pongan en posesión de él os hayan, reciban y tengan por mi Presidente de ella, y se gobiernen con vos en este cargo, según queda expresado, y ellos, y todos los concejos, justicias, regidores, caballeros escuderos, oficiales y hombres buenos de la dicha Isla os obedezcan y os guarden todas las honras, gracias, mercedes, preminencias, libertades, exenciones e inmunidades y las otras cosas que por razón de él debéis haber y gozar, y os deben ser guardadas, sin que os falte cosa alguna: Que yo por la presente os recibo, y he por recibido al expresado cargo de mi Presidente, y a su uso, y ejercicio, y os doy poder y facultad para usarle, y ejercerle, caso que por ellos, o alguno de ellos, a él no seáis recibido. Y unos, y otros entendido que luego haya cumplido en estos cargos el mencionado don Francisco de la Rocha Ferrer habéis de entrar a servir este puesto, y en los casos de justicia y no habéis de tener voto por no ser Letrado. Y de esta mi Provisión se dará la razón en las Contadurías Generales del cargo y data de mi Real Hacienda dentro de dos meses de su fecha, y no lo haciendo quede nula esta gracia, y los Ministros a quien tocare no la darán cumplir y también la tomarán los contadores de cuentas que residen en mi Consejo de las Indias y por los oficiales de mi Real Hacienda de la ciudad de Santo Domingo. Dada en Cazalla a doce de Julio de mil setecientos y treinta.”42

De su nombramiento nos informa, también, La Gazette francesa que reproducía una noticia enviada desde Madrid el 6 de junio de 1730, especificando que el nombramiento era sobre las tierras españolas de la isla: “Le Lieutenant-Colonel Don Alphonse de Castro y del Mazo, premier Lieutenant du Regiment des Gardes Espagnoles Infanterie, a esté nommé Gouverneur & Capitaine General des Terres Espagnoles de l’Isle de Saint Domingue, & President de l’Audience Royale de cette Isle.”43

El tres de agosto de 1730, Alfonso de Castro presentó ante los contadores de cuentas del Consejo Real de Indias el título de gobernador, capitán general de Isla Española y

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AGI: Contratación, 5479, N. 1, R. 15, fols. 1 rº-2 vº. Véase la relación de presidentes, gobernadores y capitanes generales de la Isla de Santo Domingo, tanto en la parte española como en la francesa hasta fines del siglo XVIII en ALCEDO, Antonio de: Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales o América, tomo II. Madrid. Imprenta de Manuel González, 1787, pp. 29-34. 43 Gazette nº 25, 24/06/1730. París, 1731, p. 292.

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presidente de su Real Audiencia otorgado por el rey y juró su cargo el 16 de octubre de 1730, obteniendo su certificación de juramento el mismo día.44 Don Alfonso pasó a Cádiz con su esposa, doña Francisca Ruiz y sus dos hijos: don Antonio de Castro, de cuatro años (nacido hacia 1727) y doña Ana María, de dos meses de edad. Esta última había nacido en Sevilla durante los preparativos de la partida a Santo Domingo y fue bautizada el 25 de mayo de 1731 en la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de esta ciudad.45 En Sevilla había residido la familia Castro durante cerca de seis meses de tránsito para pasar a las Indias y en su viaje a América fueron acompañados por dos criadas y seis criados, entre ellos su cuñada doña Petronila, quien más tarde se convirtió en la segunda esposa de don Alfonso de Castro a la muerte de su hermana, doña Francisca Ruiz.46 El despacho de embarcación fue dado el 10 de mayo de 1731, y tras el bautismo de su hija, doña Ana María de Castro en Sevilla, se embarcaron a Indias llevando su ropa, armas y joyas.47 Don Diego Ruiz, cuñado de don Alfonso de Castro y hermano de doña Francisca y doña Petronila Ruiz, estuvo igualmente viviendo con ellos en Santo Domingo.48

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AGI: Contratación, 5479, N. 1, R. 15, fols. 3rº-3vº. En su bautismo recibió los nombres de Ana, María, Sebastiana, Bárbara, Gregoria y ya figura en su partida de bautismo su padre don Alonso de Castro y Mazo como gobernador de la Isla Española y doña Francisca Ruiz, su mujer. Ref. AHN: Estado, Carlos III, exp. 454, fols. 32 rº-32 vº. 46 Una de las criadas de don Alfonso era doña Petronila Manuela Ruiz, de 29 años, hermana de su esposa doña Francisca y que a su edad aún permanecía soltera. Doña Petronila pasaría a ser años más tarde la segunda esposa de don Alfonso, al fallecer su hermana Francisca en Santo Domingo. Doña Petronila vivió en la Corte desde los diez años, cuando desde Toledo -donde había nacido- la llevaron sus padres don Diego Ruiz Montaña y doña Ana Rodríguez de Segovia. 47 AGI: Contratación, 5479, N.1, R.15. 48 AGI: Escribanía 16 B, fol. 190 rº. 45

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FUNCIONARIO COLONIAL EN ISLA ESPAÑOLA DE SANTO DOMINGO

Don Alfonso de Castro se presentó la mañana del domingo, 25 de noviembre de 1731, en la Real Audiencia de Santo Domingo y por la tarde fue recibido por los miembros del cabildo, a quienes mostró el título concedido por el rey, del que hicieron el correspondiente traslado. En las casas concejiles se encontraban -entre otros personajes principales- los alcaldes ordinarios, que eran los capitanes don Gerónimo Maldonado y don Francisco de Mieses Ponce de León; el teniente coronel don Antonio de Coca y Landeche -alférez mayor- y los capitanes don Juan Esteban Páez Maldonado, don Tomás Heredia y Avendaño y don Pedro Fernández de Castro, que ejercían de regidores. Hasta el lunes, 24 de julio de 1741, en que don Alfonso de Castro y Mazo cesó en sus empleos ejercidos a lo largo de diez años, fueron cambiando los miembros del cabildo de Santo Domingo cuya relación detallada puede leerse en su Juicio de Residencia.49 Los cabildos de Santo Domingo funcionaron bajo la influencia de grupos familiares que tenían una posición dominante en la isla y con intereses económicos en el territorio español de la misma, pero igualmente con conexiones con Saint-Domingue -la parte francesa-, que se extendían principalmente al sector ganadero y al agrícola.50 Una apreciación de Antonio Gutiérrez Escudero es la diferencia de las élites dominicanas51 con respecto a las de otras islas cercanas como Cuba, en lo que se refiere a la obtención de títulos nobiliarios, ya que no parece que se concediese título o distinción importante a ningún miembro destacado de las familias dominicanas.52 Las élites AGI: Escribanía, 16B, fols. 25vº-26rº. “Residencia de Alfonso de Castro y Mazo, Gobernador y Capitán General de la Isla Española y Presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo, por Alonso Verdugo, oidor de dicha Audiencia”. Véase la relación de los miembros del cabildo de Santo Domingo desde 1731 hasta 1741 en fols. 25vº-28vº. Igualmente, Antonio Gutiérrez Escudero presenta la relación de los miembros de los cabildos en la ciudad de Santo Domingo en la época del gobernador Castro y Mazo, entre 1731 y 1741. Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Cabildos, Familia y Poder en Santo Domingo (Época Colonial)”. En GARCÍA BERNAL, Cristina y OLIVERO GUIDOBONO, Sandra: El municipio indiano: relaciones interétnicas, económicas y sociales. Homenaje a Luis Navarro García. Sevilla. Universidad de Sevilla, 2009, pp. 316-319. 50 En Santo Domingo, las familias integrantes de los cabildos, que poseían grandes recursos económicos eran dueñas de tierras, haciendas, ingenios, molinos, etc. Igualmente, muchos de los militares del presidio eran dueños de importantes recursos económicos y medios de producción. Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “La propiedad de la tierra en Santo Domingo: del latifundio al terreno comunero”. Temas americanistas, nº 4 (1984), pp. 59-60. 51 Sobre las élites dominicanas véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Élites y poder económico en Santo Domingo (siglo XVIII). Notas para su estudio”. En VVAA: Élites urbanas en Hispanoamérica (de la conquista a la independencia). Sevilla. Universidad de Sevilla, 2005, pp. 241-251. Según este autor, desde el siglo XVIII la élite conservadora de los siglos anteriores fue dando paso a una élite progresista que impulsará el desarrollo económico en Santo Domingo, especialmente perceptible desde el inicio del gobernador Castro y Mazo (p. 243). 52 A este respecto, es evidente el gran desequilibrio existente entre los caballeros que recibieron un hábito de una orden española nacidos en Puerto Rico o Cuba y quienes fueron naturales de La Española, según la documentación conservada. Los naturales de Santo Domingo que recibieron títulos de caballero de la orden de Santiago fueron Jacinto de Quesada y Figueroa (1634), Diego Franco de Quero (1644) y Jerónimo Chacón y Mojica (1703); de la orden de Calatrava: Juan Ildefonso de Padilla y Gaspar Raimundo de Padilla y Guardiola (ambos en 1690) y de la orden de Alcántara: Cristóbal Colón y Toledo (1540) y Manuel María Figuera (1831). No hubo ningún caballero de la orden de Montesa ni de la orden de Carlos III que hubiera nacido en esta isla y solamente hubo un caballero de la orden de San Juan de Jerusalén: Estanislao Solano y Ortiz de Rozas (1788). Véase LOHMANN VILLENA, Guillermo: Los americanos en las órdenes nobiliarias, 2 vols, 2ª ed. Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1993. 49

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dominicanas se fueron agrupando en clanes con intereses sociales y económicos definidos y unidos por lazos familiares. Las sucesivas generaciones presentaban una fuerte endogamia que acaparaba los cargos políticos de la colonia y controlaba la economía de la isla, instaurándose verdaderas dinastías en los cabildos. Eran las familias apellidadas Landeche, Fernández de Castro, Polanco, Coca, Caro, Castillo, Fernández de Oviedo, Bastidas, Ponce de León, Rocha, Ferrer, Dávila, Lara, Lanz, Mieses, y otras que eran las primeras familias de la isla y que ostentaban los principales cargos concejiles creando, en ocasiones, confrontamientos entre las mismas por el control del poder.53

Jean-Baptiste Bourguignon d’Anville: Fragmento del mapa titulado “Hispaniola ou l’isle de SaintDomingue”, representando los antiguos establecimientos de los españoles, 1731. Biblioteca Nacional de Francia, département cartes et plans, GE DD-2987 (9008).

Al llegar en 1731 a Santo Domingo, don Alfonso de Castro y Mazo se encontró con los problemas ocasionados por la rivalidad franco-española.54 Los franceses ambicionaban la extensión de su presencia en La Española e, incluso, pretendían la ocupación de la isla por completo debido, principalmente, a motivos económicos ya que cualquier ampliación de los territorios posibilitaba la extensión de los cultivos tropicales que eran favorablemente acogidos en Europa pero, también, podrían contar con más espacio donde introducir los productos elaborados en las Indias y, además, dar cabida a su población que iba en aumento. Al estar el trono español ocupado por un monarca Borbón, que mostraba una actitud alejada hacia los problemas y necesidades de los españoles de Santo Domingo, estos temían que cualquier decisión en la isla pudiera favorecer a los franceses, que avanzaban lenta pero de forma constante. Por el Tratado de Ryswick firmado en 1687, los franceses justificaban su presencia en la isla porque reconocía la colonia francesa en la parte Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Cabildos, familia y poder en Santo Domingo (época colonial)”. En GARCÍA BERNAL, Manuela Cristina y OLIVERO GUIDOBONO, Sandra: El municipio indiano: relaciones interétnicas, económicas y sociales. Homenaje a Luis Navarro García. Sevilla. Universidad de Sevilla, 2009, pp. 299-319. Al final de este trabajo (entre las pp. 310 y 319), el autor presenta una relación de los cabildos de la ciudad de Santo Domingo entre los años 1698 y 1741, que abarca la época de don Alfonso de Castro y Mazo como gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo (pp. 316-319). 54 Para una visión de historia de la isla bajo la óptica francesa véase CHARLEVOIX, Pierre-FrançoisXavier de: Histoire de l’Isle Espagnole ou de Saint Domingue, 2 vols. París, Jacques Guerin, 1730-1731. 53

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occidental de la misma con el nombre de Saint-Domingue, pero la frontera entre la parte francesa y la española no estaba todavía claramente fijada, hasta que un tratado de límites fue firmado en Aranjuez en 1777, por el que se establecía oficialmente la situación de la frontera que dividía a franceses y españoles. En 1730, época del gobernador Castro y Mazo, el Consejo de Indias insistía aún en la ilegalidad de la ocupación francesa de la isla y se negaba a llegar a un acuerdo para establecer límites oficiales, ya que ello significaría reconocer la soberanía de Francia sobre un espacio de la isla. La estrategia de los gobernadores españoles ante las amenazas francesas fue ser prudentes y astutos evitando recurrir a las armas, pues eran conocedores de su inferioridad militar y Felipe V había ordenado que no se permitiera la menor hostilidad por parte de los españoles ni romper la paz en la isla y que se mantuvieran buenas relaciones. La estrategia que intentó seguir el gobernador Castro fue la fundación de estancias y poblaciones a lo largo de la frontera, por las que se pudiera fijar el territorio ocupado por los españoles.55

Fragmento superior del anterior mapa fechado en 1731, con las armas de la Isla Española en el extremo izquierdo, de Cristóbal Colón en el derecho y entre ambos escudos, las armas que ostentaban los principales municipios que habían sido fundados antes de 1731, año de llegada de don Alfonso de Castro y Mazo: Azua, La Maguana, Puerto de Plata, Buenaventura, Bonao, Santiago, La Vega, Santo Domingo, Guahaba, Puerto Real, La Savana, Santa Cruz de Icayagua, Higuey, Vera Paz y Yaquimo. 56

Desde la Guerra de Sucesión Española, y la consiguiente disminución del envío de embarcaciones regulares entre Santo Domingo y la Península Ibérica, se produjo un gran GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Cuestión de límites en la Isla Española, 1690-1777”. Temas americanistas nº 1 (1982), pp. 22-24. Desde el siglo XVII existían graves conflictos territoriales entre Francia y España por los límites en la isla que fueron zanjados en el Tratado de Aranjuez, firmado el 3 de junio de 1777. Sobre algunas acciones que emprendió don Alfonso de Castro y Mazo ante las incursiones de los franceses véase, también, la obra de MONTE Y TEJADA, Antonio del: Historia de Santo Domingo, tomo III, Santo Domingo. Imprenta de García Herman, 1890, pp. 60-63, aportando transcripciones de documentación relacionada con estos conflictos. 56 Fue en tiempos del gobernador Nicolás de Ovando (1502-1508) cuando empieza un periodo de intensa colonización y asentamiento de los españoles en Las Antillas. Su misión fue conseguir colonizar los territorios descubiertos, especialmente La Española, con un gran desarrollo de la fundación de ciudades según el modelo castellano. Durante su gobierno se fundaron las villas de Santa María de la Vera Paz, Salvatierra de la Sabana, Santa María de la Yaguana, Yáquimo, San Juan de la Maguana, Azua de Compostela, Puerto Real, Lares de Guava, etc. Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Los inicios de la gobernación en el Nuevo Mundo: la Isla Española o de Santo Domingo”, en VVAA: Historia de las Gobernaciones Atlánticas en el Nuevo Mundo (Actas del Congreso Internacional Iberoamericano de Historia de las Gobernaciones Atlánticas en el Nuevo Mundo, 11-15 de abril de 2011, Puerto Rico). La Editorial, Universidad de Puerto Rico, 2011, pp. 152-153. 55

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aislamiento entre España y la parte española de la isla. La isla intensificó, por el contrario, sus contactos con otros puertos hispanoamericanos y, también, con los de otras colonias extranjeras. Señala Antonio Gutiérrez Escudero, que la isla comenzó a tener una más activa participación de oficiales y soldados en todos los órdenes de la vida y durante toda la primera mitad del siglo XVIII, las máximas autoridades de Santo Domingo fueron militares, desde el maestre de campo de Infantería don Severino de Manzaneda (16981702), hasta el brigadier de Infantería, don Pedro Zorrilla de San Martín (1741-1750). Los militares dejaron su impronta en la economía que controlaban, tanto en Santo Domingo como en las zonas del interior y la revitalizaron invirtiendo en la compra de tierras y fomentando las actividades agrícolas, ganaderas y mercantiles. La parte española de la isla no era en esta época un objetivo militar para las potencias extranjeras, que le atribuían poca importancia estratégica y económica. Solamente Santo Domingo estaba amurallada y contaba con algunos pequeños castillos cercanos (San Jerónimo y Huaina); el resto de los núcleos de población de la parte española no tenían ningún sistema de defensa y, además, estaban demasiado distantes entre sí y los caminos eran intransitables. Por ello, no se temía el ataque ni la invasión de ninguna potencia extranjera, debido al abandono en que se encontraba la isla y nada de especial interés sucedió hasta que en 1737 se levantó Puerto de Plata. Durante los primeros treinta años del siglo XVIII, la parte española de la isla estuvo aislada de la metrópoli y apenas se recibió atención por parte de la Corona; por ello, sus habitantes llevaban una vida introvertida, sin especial preocupación por lo que sucedía en el exterior de su tierra, a excepción del peligro del avance francés en la frontera hispano-francesa de La Española. Conscientes de este peligro, pedían refuerzos a España para desarrollar y aumentar la población y medios para su defensa. Esta situación empezó a cambiar en época del gobernador Castro y Mazo. Entre 1720 y 1725 se habían enviado familias canarias para su repoblamiento y desde 1735 el envío se hizo de forma continua.57 El Caribe era el foco de serios problemas entre las potencias europeas, por lo que España dio un giro en su política interna y externa, fomentando la industria naval, la creación de compañías de comercio, el envío de inmigrantes y otras medidas de tipo económico, social, político y comercial. Es en el periodo del gobernador Alfonso de Castro y Mazo y, sobre todo, en la época del gobernador Pedro Zorrilla de San Martín, cuando estas medidas comienzan a surtir efecto, se crean nuevas ciudades en la isla y Santo Domingo comienza a abrirse al exterior y salir de su aislamiento, debido a los acontecimientos causados por la Guerra de los Treinta Años. Estos dos gobernadores, preocupados por el bienestar de la población, adoptaron en su gobierno medidas de carácter liberal para que la isla saliera del atraso en el que se encontraba y desde esta época comienza su verdadero desarrollo.58 A partir de 1730 se produce un cambio económico desde que se consiguiera una línea de demarcación provisional entre la parte 57

Véase la documentación referente al envío de 40 familias canarias que llegaron a la isla en agosto de 1736 y la nueva población reedificada sobre las ruinas de la ciudad antigua de Puerto de Plata para llevar a cabo su asentamiento, en el Juicio de Residencia de don Alfonso de Castro y Mazo, AGI: Escribanía 16 B, fols. 640rº y ss. 58 Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: Población y economía en Santo Domingo (1700-1746). Sevilla, 1985, pp. 24-43. En estas páginas el autor trata de la situación del Caribe y de Santo Domingo en la política internacional, las repercusiones que tuvo la Guerra de Sucesión Española en Santo Domingo, cómo afectó el cambio de dinastía a las relaciones entre franceses y españoles en la isla, marcados por el problema fronterizo y la actitud de Felipe V en este asunto.

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española y la francesa, se produjo la llegada regular de familias procedentes de las Islas Canarias y se fundaron nuevas poblaciones. Los gobernadores Castro y, más tarde, Zorrilla de San Martín permitieron el tráfico de ganado con Saint-Domingue y el comercio con los navíos de países neutrales en los puertos dominicanos.59 Sobre el comercio ilícito realizado por otras naciones en Santo Domingo, Alfonso de Castro mantuvo una actitud tolerante como medio de solucionar las necesidades existentes entre la población, en unos años de muy baja actividad comercial, solicitando a las autoridades españolas que permitieran tratar con los mercaderes extranjeros, franceses, ingleses y holandeses, pagando los derechos correspondientes. El contrabando se realizaba a través de los puertos principales pero, también, en los ríos y en las caletas, y la escasez de vigilancia dificultaba el control de la venta o del trueque de las mercancías ilegales. Incluso los navíos españoles transportaban frecuentemente mercancías que no habían pasado por el necesario registro y la tolerancia de la población a recibir los artículos que llegaban a la isla era un hecho, tomando parte en el comercio ilegal tanto la población como las autoridades de la colonia, vendiéndose los géneros en las calles, tiendas y casas. Los gobernadores dominicanos eran acusados, frecuentemente, de participar en el comercio ilícito y desde 1730 se adoptó una actitud tolerante hacia esta actividad ilegal en los productos que escaseaban en la colonia.60 Durante el gobierno de don Alfonso de Castro y Mazo, el tráfico comercial con la metrópoli fue muy pobre, aumentando considerablemente desde el gobierno de don Pedro Zorrilla de San Martín, cuando el puerto de Santo Domingo se abrió al comercio con los navíos extranjeros de países neutrales. Las relaciones comerciales se realizaban, principalmente, entre puertos del Caribe destacando, entre otros, La Guaira, Maracaibo, Coro, Cartagena de Indias, Puerto Rico y La Habana.61 Desde las dos últimas décadas del siglo XVII y, especialmente, durante todo el siglo XVIII se produce en la parte española de la isla una gran actividad en cuanto a fundación de poblaciones. San Carlos de Tenerife, fundada en tiempos de Carlos II, fue creada para instalar a un grupo de isleños procedentes de Santa Cruz de Tenerife y fue ocupada por cerca de cien familias que sumaban 543 personas y cuyo envío había sido planificado desde antes de 1684.62 En un primer momento se ubicaron en el lugar llamado “Higüerito” GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “La propiedad de la tierra en Santo Domingo: del latifundio al terreno comunero”. Temas americanistas, nº 4 (1984), pp. 67-68. 60 Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Las reformas borbónicas. Santo Domingo y el comercio con los puertos del Caribe, 1700-1750”. Memorias, año 7, nº 12. Barranquilla, julio 2010, pp. 12-17. Véase, igualmente, sobre el contrabando, las relaciones con Saint-Domingue y el comercio ilícito en las costas y puertos de Santo Domingo, GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: Población y economía en Santo Domingo (1700-1746), op. cit., pp. 202-207. Alfonso de Castro cuestionaba las leyes que prohibían el contrabando debido a la escasez de artículos de primera necesitad que existían en la colonia española. 61 GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Las reformas borbónicas. Santo Domingo y el comercio con los puertos del Caribe, 1700-1750…”, op. cit., pp. 18-20. 62 Desde el siglo XVI fueron llegando familias canarias a La Española, siendo distribuídas por el interior del territorio para el desarrollo de la producción azucarera. En 1545 se había concedido al vecino de la isla de Gran Canaria, Francisco de Mesa, autorización para transportar 30 familias de la isla y en fechas posteriores, en virtud de reales cédulas de 1566 y 1574, se continuaron enviando nuevos contingentes de emigrantes canarios a la isla. Junto a ellos llegaron, también, emigrantes portugueses en cantidades considerables, que fueron ejerciendo diferentes oficios. Véase GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Llave, puerto y escala de Indias. La ciudad y el puerto de Santo Domingo en la Isla Española (siglos XVIXVIII)”. Revista de Estudios Extremeños, 2015, Tomo LXXI, nº 3, pp. 1872-1874. 59

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o “Higüero”, a seis leguas de Santo Domingo, pero el lugar fue abandonado por sus condiciones insalubres y la población se trasladó a un lugar cerca de las murallas, donde se instaló la villa de San Carlos. Nuevos envíos de emigrantes canarios se producen desde entonces para los núcleos de población ya fundados y nuevos asentamientos se levantan en la isla durante finales del siglo XVII y a lo largo de todo el siglo XVIII. En tiempos del gobernador Castro y Mazo, según indica Escudero, se fundaron: San Juan de la Maguana (1733), Neiba (1735), San Felipe de Puerto Plata (1737) y San Joaquín de Dajabón (1740). Los franceses, sin embargo, habían desarrollado ampliamente su poblamiento y ya para 1700 se contaban por lo menos 14 fundaciones, aumentando el número enormemente durante las siguientes décadas, llegando a casi cuarenta núcleos de población. El lado francés, desarrollado económicamente y con una población en aumento, contrastaba con la parte española de la isla, escasamente poblada y con una pobre economía para lo que se trató de fomentar la emigración hacia Santo Domingo, principalmente, de personas procedentes de las Islas Canarias, con la consiguiente creación de núcleos de población especialmente cercanos a la frontera que servirían para contener el avance territorial de los franceses. Esta política poblacional se llevó adelante hasta 1768.63 El gobernador Castro y Mazo destacó en sus proyectos de desarrollo agrícola, planeando y desarrollando la siembra de grandes superficies en la isla, el abaratamiento de los costes de los productos y el impulso de las exportaciones a Europa, así como el establecimiento del estanco del tabaco. Estableció una regular comunicación con la Corona con medidas de su propia iniciativa que trataban de fomentar el cultivo y la comercialización del tabaco de la isla y de abrir el comercio con el exterior.64 La principal riqueza de Santo Domingo, en el siglo XVIII no era la agricultura, sino la ganadería. Aunque el consumo era principalmente interno, se comerciaba intensamente con Saint-Domingue.65 Castro también apoyó la explotación minera, que estaba marginada, alegando que gracias a ello Santo Domingo mantendría un regular contacto con la metrópoli y aumentaría la población y el tráfico mercantil, solicitando ayuda de la Real Hacienda que le fue denegada en 1735.66 GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Colonos, familias pobladoras y fundación de ciudades en La Española, 1684-1768”. En VVAA: El Reino de Granada y el Nuevo Mundo. V Congreso Internacional de Historia de América, mayo de 1992, vol. III. Granada. Diputación Provincial de Granada, 1994, pp. 453466. Este artículo presenta una “Lista de familias canarias asentadas para su remisión a La Española en 1684” (AGI: Santo Domingo, 92), en pp. 459-461, así como una “Minuta de los hombres y muchachos que hay al presente en la nueva población de Puerto de Plata de los nuevos pobladores” (AGI: Santo Domingo, 941), en 1738. Véase, también, el capítulo II de la obra de este mismo autor ya citada anteriormente: Población y economía en Santo Domingo (1700-1746), op. cit., pp. 46-75, que trata de diversas cuestiones en cuanto a la población (dificultades para su cuantificación, causas de su aumento, etc.) y la emigración (la emigración extranjera y el fracaso de los planes migratorios; la emigración de canarios, su financiación y la fundación de ciudades). 64 Entre los principales productos agrícolas se encontraban el cacao, maíz, la caña de azúcar, el añil, la yuca y el tabaco. Véanse algunas de las acciones emprendidas por el gobernador Castro y Mazo en cuanto al fomento de la producción y comercialización de los productos agrícolas de la isla en GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: Población y economía en Santo Domingo (1700-1746), op. cit., pp. 99-119. 65 Véase Ibidem, pp. 126-170. Los cronistas transmiten que en La Española había cría de ganado lanar, cabrío, caballar (caballos, asnos y mulos), porcino y, principalmente, vacuno (toros, vacas y bueyes). 66 GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: “Acerca del Proyectismo y del Reformismo Borbónico en Santo Domingo”. Temas Americanistas nº 13 (1997), pp. 56 y 66. Sobre la minería y las salinas, véase 63

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“[…] firmado de mi mano y sellado con el de mis armas”. Firma y sello con las armas de don Alfonso de Castro y Mazo. AGI, Escribanía, 16B, fol. 507rº

La actividad de don Alfonso de Castro y Mazo en Santo Domingo ha quedado reflejada en su Juicio de Residencia que fue realizado entre 1740 y 1744 por don Alonso Verdugo, oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo.67 Podemos conocer, también, algunos detalles familiares por el estudio de este juicio, habiendo sido acusado Castro de haber cometido algunos excesos mientras duró su mandato. Entre ellos, se acusaba de ser notorio que en administración de justicia se había atenido solo al que más había contribuido al gobernador, por medio de diferentes personas, siendo la principal su cuñada, doña Petronila Ruiz. Además se acusaba, también, tanto a su esposa como a su cuñada, de haber recibido diferentes cantidades para que estas influyeran en las decisiones de Castro a la hora de impartir justicia, y de haber tomado parte don Alfonso junto con su cuñada, doña Petronila Ruiz, para influir en el juez de residencia de su antecesor, don Francisco de La Rocha, con el fin de que don José Sotillo dictara sentencia favorable a cambio de cierta suma de dinero. Fueron, también, acusadas su mujer y cuñada de manejar a su arbitrio al presidente don Alfonso de Castro.68 Igualmente fue acusado de haber mandado sentar plaza de soldado del presidio de Santo Domingo a algunos de sus familiares y criados, como a su hijo don Antonio de Castro y

GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio: Población y economía en Santo Domingo (1700-1746), op. cit., pp. 171-195. La minería siempre fue un sector productivo relegado en Santo Domingo, a cuyo desarrollo se opusieron las oligarquías que basaban su poder económico en el sector agrícola y ganadero. 67 AGI: Escribanía, 16B. 68 Ibidem, fols. 952 vº-953rº y fol. 959 vº. El 6º cargo del juicio de residencia realizado a don Alfonso de Castro le acusaba de haber permitido que su mujer, doña Petronila Ruiz, hubiese recibido varios regalos de plata, oro, alhajas, dinero y comestibles de varios sujetos de toda la jurisdicción de la Real Audiencia, acusación que no fue probada y, por ello, fue exculpado (Ibidem, fols. 1234vº-1235vº); el cargo 18º le acusaba de que en los lugares de tierra adentro había hecho excesivo número de oficiales militares mulatos y negros habiéndole contribuido algunos de ellos con regalos a él y a su esposa doña Petronila, habiendo sido, también, absuelto de este cargo. (fols. 1244rº-1244 vº).

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permitir, además, que no hicieran el servicio contraviniendo las leyes. Por ello, fue obligado a restituir en las cajas reales de Santo Domingo la cantidad de 3.479 pesos.69 En el Juicio de Residencia de don Alfonso de Castro y Mazo declararon 30 testigos sobre los 25 cargos que se le imputaban. Tras la sentencia final, el juez Verdugo le mandó que pagase las demandas contra él interpuestas, instándole a declarar quiénes eran las personas que custodiaban su capital y que se pagase con él a los demandantes. Don Alfonso declaró que sus caudales se encontraban en España en poder de un pariente suyo y el escribano José de Zamora Bermejo certificó que el caudal remitido por don Alfonso de Castro a España había sido de 38.860 pesos y diferentes alhajas de plata y oro, y que estaban custodiados por don Nicolás de Francia, factor de la Compañía Guipuzcoana de Caracas. El juez de residencia, por auto del 19 de mayo de 1742, declaró que habiendo dejado don Alfonso de Castro su poder en Santo Domingo para realizar los pagos a los demandantes, podía realizar el viaje de vuelta a España.70 Don Alfonso de Castro y Mazo fue sustituido en sus cargos desde el fin de su mandato, el 24 de julio de 1741, por el caballero de Santiago y brigadier don Pedro Zorrilla de San Martín -marqués de la Gándara Real- que había sido nombrado en 1736 presidente, gobernador y capitán general de la Isla Española para sucederle.71

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Ibidem, fols. 932vº-933vº. Véase la sentencia de sus cargos realizada por el juez de residencia, don Alonso Verdugo, y firmada en Santo Domingo el 5/05/1742 en fols. 930rº-936rº, así como los cargos, su comprobación, descargos e igualmente la sentencia en fols. 1226rº-1261vº, firmada en Santo Domingo el 5/07/1742 por don Alonso Verdugo. Don Alfonso de Castro fue condenado en el 2º, 3º, 5º, 9º, 11º y 13º cargo a pagar diferentes cantidades y la sentencia fue apelada por él en todo lo que le era desfavorable por medio de su procurador don Enrique Montero Calderón, siendo confirmado el auto por el oidor Verdugo el 11/05/1742 (Ibidem, fols. 937rº-941rº). 70 Memorial ajustado de los autos de residencia, que en virtud de comission de Su Magestad, y señores del Real, y Supremo Consejo de las Indias, tomó el doctor don Alonso Verdugo, Oidor de la Audiencia de Santo Domingo, al Coronel don Alphonso de Castro y Mazo, del tiempo que sirvió los empleos de Gobernador, y Capitán General de la Isla Española, y Presidente de aquella Audiencia. Formado a pedimento de dicho don Alphonso en virtud de orden del Consejo, y con citación de las partes. Véase en Ibidem, fols. 1262rº-1427 rº. 71 Sobre don Pedro Zorrilla de San Martín, véase AGI: Indiferente, 149, N. 45: Relación de servicios del Brigadier de Infanteria de los Exercitos de Su Magestad Don Pedro Zorrilla de San Martin, Marques de la Gandara, Cavallero del Orden de Santiago, Comendador en la misma del Palacio de Dos Barrios, Gentil-Hombre de Camara de Entrada de Su Magestad de las dos Sicilias, Capitan General, Governador, y Presidente de la Isla Española, y Audiencia de Santo Domingo. Tras una exitosa carrera militar fue nombrado capitán general, gobernador y presidente de la Isla Española, el 7 de agosto de 1736, y terminó su carrera como gobernador político y militar de la plaza de Badajoz, falleciendo en Madrid el 28 de noviembre de 1751, cuando tenía 58 años de edad. Ref: Gaceta de Madrid, 14/12/1751, p. 400.

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REGRESO A ESPAÑA Y FALLECIMIENTO

De los tres hijos que tuvo don Alfonso de Castro y Mazo, y que vivieron con él en Isla Española, don Antonio era el primogénito y había nacido en España hacia 1727, yendo a Indias con tan solo 4 años, pero falleció en aquel destino en fecha desconocida. Doña Ana María, había nacido en Sevilla en 1731, poco tiempo antes de partir al nuevo destino de la Isla Española y se crió en Santo Domingo durante sus diez primeros años de vida. En este destino nació la tercera hija -doña María Manuela- antes de que falleciera su primera esposa -doña Francisca Ruiz Montaña- y contrajera segundas nupcias con doña Petronila, hermana de la anterior. Doña Francisca Ruiz vivía todavía en 1738, tal y como podemos leer en una serie de copias de cartas enviadas desde 1736 a don Alfonso de Castro por don Santiago Morel de Santa Cruz, quien había sido nombrado por el primero, gobernador de la nueva población de Nuestra Señora de Candelaria del Puerto de Plata, encomendándole todo lo referente a su fundación. En la primera de estas cartas en que Morel anunciaba la creación de la población y está fechada en el mes de septiembre de 1736 se lee: “Nuestro señor guarde a Vuestra señoría muchos y felices años en la amable compañía de mi señora doña Francisca”. Otras copias de cartas del mismo remitente, datadas en octubre y noviembre del mismo año y aún en enero de 1737 y enero de 1738, finalizan en la misma línea. Por esa razón, sabemos que don Alfonso de Castro contrajo segundas nupcias a partir de 1738.72 A su regreso a España, la familia Castro Ruiz continuó su vida en Madrid, teniendo como residencia la casa de la calle de Valverde. Don Alfonso de Castro y Mazo, estando gravemente enfermo, otorgó el 26 de febrero de 1755 poder para testar a su mujer, doña Petronila Ruiz Rodríguez Montaña, por no poder hacer testamento y para que después de fallecer lo hiciera su viuda.73 Ordenaba que al morir, su cuerpo fuera vestido con el hábito de San Francisco y sepultado en la iglesia parroquial de San Ildefonso,74 aneja a la parroquia de San Martín de la Corte, inmediato al altar de nuestra señora de los Buenos Temporales y se dijera misa de cuerpo presente con vigilia, con diácono y subdiácono si pudiese hacerse el mismo día del entierro. Y si no pudiera ser así, se realizara el día siguiente, con novenario de misas. Declaró que había contraído matrimonio, en primeras nupcias, con doña Francisca Ruiz Montaña de cuyo matrimonio nacieron sus dos hijas, doña Ana María y doña María Manuela de Castro y que, tras el fallecimiento de su primera esposa, contrajo segundas nupcias con su cuñada, doña Petronila, sin haber dejado hijos de este segundo 72

AGI: Escribanía, 16B, fols. 684rº-684vº; fol. 686vº; fol. 696rº; fol. 698vº; fol. 699vº; fol. 715rº; fol. 734vº y fol. 740rº. 73 AHN: Estado, Carlos III, exp. 454, fols. 63 vº-77 rº. 74 La parroquia de San Ildefonso fue demolida en 1810 y una nueva iglesia fue construida en 1826 por el arquitecto Juan Antonio Cuervo. Tras un incendio sucedido en 1833 se restauró tal y como puede observarse actualmente. Se encontraba justamente al final de la calle de Valverde, donde estaba la residencia de la familia Castro Ruiz. Véase FERNÁNDEZ TALAYA, María Teresa: “Transformaciones de la plazuela e iglesia de San Ildefonso”. Anales del Instituto de Estudios Madrileños. Tomo XLIV. Madrid. CSIC, 2004, pp. 249-270.

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matrimonio. Al tiempo de su fallecimiento sus hijas, doña Ana María y doña María Manuela, eran camaristas de la reina doña Bárbara de Braganza. También ordenaba don Alfonso, que tras su fallecimiento se le diera a su hermano, don Francisco de Castro, un vestido que tenía sin estrenar, tejido con fino oro, cuatro camisolas de las más finas que tenía de Francia, guarnecidas con vueltas y chorreras, de distintos géneros y que fueran de las mejores. Y, además, que se le diera el aderezo de mantilla y tapafundas de caballo con galones de oro guarnecido, por el mucho cariño que siempre le había tenido. A su mujer, doña Petronila, le legaba tras su fallecimiento y por todos los días de su vida el cuarto bajo de la derecha, entrando por la puerta de la calle, de sus casas principales de la calle de Valverde de la Corte, situadas a mano izquierda, más arriba del Oratorio del Espíritu Santo. El cuarto se lo legaba con todo lo que le correspondiera de piezas, pozo y cueva. En caso de que sus hijas lo vendieran o enajenaran de cualquier manera, expresaba su voluntad de que su viuda no dejara de ningún modo de vivir en dicha casa y, si por alguna razón se mudase de dicho cuarto pudiera alquilarlo a la persona por el precio que quisiera para que con el producto de su alquiler pudiera pagar el que tomara para vivir. La Planimetría General de Madrid es el catastro urbano más importante realizado en el siglo XVIII, impulsado por el marqués de la Ensenada y realizado entre los años 1749 y 1774. Esta documentación está formada por 557 planos y varios libros de asientos de casas, donde se recogen sus descripciones, que van señaladas en los planos. La finalidad del catastro fue una mejor gestión de la regalía de aposento, actualizando, uniformizando y simplificando el tributo que se pagaba anualmente por el aposento de la Corte en la ciudad de Madrid, impuesto que fue abolido en 1845. La regalía de aposento era una carga que debían pagar todas las casas de la Corte para contribuir a la regalía del hospedaje de la Real Familia.75 En los años 1750 y 1751 se produjo la Visita General para formar un registro de propietarios y de las parcelas de Madrid, que se identificaron con un número de manzana y casa, formándose tras la visita cinco libros de registro, entre 1751 y 1774. Los visitadores recogían datos de cada casa: el barrio o cuartel donde se encontraba; la 75

Se refería al servicio de alojamiento de la comitiva real y de los funcionarios de la Corte, no solamente en Madrid sino en otros lugares donde esta solía establecerse, como Aranjuez, El Escorial y La Granja. Desde 1749 desapareció el sistema impuesto de dar aposento material en las casas a los empleados de la Monarquía, tal y como había estado regulada la regalía de aposento hasta entonces, y se estableció, a partir de entonces, una contribución para darles una residencia en alquiler. El nuevo tributo consistía en una tercera parte de la renta obtenida por el alquiler de la casa y, si el inmueble no producía ninguna renta, este tributo se calculaba en proporción a las características de la casa. Véase el capítulo 4 titulado “La Regalía de aposento y el alquiler” de la tesis doctoral de Natalia González Heras: Servir al rey y vivir en la Corte: propiedad, formas de residencia y cultura material en el Madrid borbónico. Madrid. Universidad Complutense de Madrid, 2014, pp. 127-134. La Novísima Recopilación de las Leyes de España, tomo II. Madrid, Julián Viana Razola, 1805, Libro III, Título XV, pp. 124-130, recoge amplia información sobre los diferentes detalles de la regalía de aposento, en los textos de dos leyes: el Real Decreto otorgado por Fernando VI el 22 de octubre de 1749, sobre la Administración de la Regalía de Aposento como ramo de la Real Hacienda por el Superintendente General y Subdelegados de ella, y la Real Instrucción dada, también, por Fernando VI el 22 de octubre de 1749 sobre el modo de hacer la visita de todas las Casas de la Corte para la carga y contribución de la Regalía del Hospedaje de la Familia Real. Esta última ley se plasmará en la elaboración de la Planimetría General de Madrid.

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parroquia y la calle; las medidas y extensión de cada casa y sus límites con las propiedades contiguas; quiénes eran los propietarios y la carga con que se debía contribuir al Aposento; su tipo impositivo y privilegios de la finca -si los hubiera-, como la exención de Aposento. Se pretendía realizar, de esta manera, una actualización del cobro del impuesto tras analizar cuáles eran las casas privilegiadas, la carga antigua de cada casa y los aumentos a que se había llegado tras la visita y, finalmente, cuál sería la carga definitiva que tendría la propiedad.76 Gracias a esta documentación, podemos conocer los datos de la casa heredada por doña Ana María y doña María Manuela de Castro y Ruiz en la calle de Valverde, de Madrid.77 La casa de la familia corresponde al nº 28 de la manzana 357 de la Planimetría General de Madrid, documentación conservada en la Biblioteca Nacional de España.78 En el siglo XVII, la casa había sido propiedad de Francisco Canelo y Pedro Antiñano, y dicho Canelo la había privilegiado con 2.250 maravedís, el 29 de octubre de 1622. Tenía su fachada a la calle de Valverde, midiendo la misma 48 pies (13,37 metros) y su superficie plana total era de 5.087 pies (1.417,4 metros),79 con una carga a pagar en concepto de regalía de aposento de 2.750 maravedís y siendo la renta anual del alquiler de la casa de 4.840 reales.

Véase MARÍN PERELLÓN, Francisco José: “Planimetría General de Madrid y visita general de casas, 1750-1751”. CT: Catastro nº 39 (2000), pp. 87-114. 77 El asiento de la casa 28 debió hacerse tras 1755, ya que don Alfonso de Castro y Mazo había fallecido para esa fecha y sus dos hijas figuran como propietarias de la casa. 78 Biblioteca Nacional de España (BNE): MSS/1665-MSS/1676: RIBAS, Antonio de las; FERNÁNDEZ, Miguel y MIRANDA, Manuel de: Planimetría General de Madrid hecha de orden de S.M. (manuscrito). La casa de las hermanas Castro Ruiz (nº 28) se encuentra en la manzana nº 357, que bajaba por la calle de la Puebla Vieja, subía por la del Barco y continuaba por la calle vieja de Santa Catalina a la citada calle de Valverde. La representación de la manzana nº 357 se encuentra en el vol. IV, Mss/1668 (Libro quarto de la planimetría general de Madrid hecha de orden de S.M. de las manzanas desde el número trescientos y uno hasta el quatrocientos inclusive). El asiento de la casa se encuentra en el vol. X, Mss/1674 (Libro quarto de los asientos de las casas de Madrid que comprehende cien manzanas desde el número trescientos y uno hasta el quatrocientos inclusive), fol. 108 vº, señalada con el nº 28. 79 El pie castellano equivalía a 0,27863523 metros. Según el Real Decreto del 19 de julio de 1849 (Gazeta de Madrid, 22/07/1849, p. 1), se unificó el sistema de pesas y medidas en todos los dominios españoles, estableciéndose como unidad fundamental el metro y formándose las demás unidades de medida y peso a partir del metro. El sistema sería obligatorio para todos los españoles desde el 1 de enero de 1860, dando un periodo de tiempo de cerca de 10 años durante el cual el Gobierno debía verificar la relación de pesas y medidas usadas en los diferentes puntos de la Monarquía con las nuevas, y publicar los equivalentes de las pesas y medidas hasta entonces usadas con los nuevos valores métricos. Véase GONZÁLEZ DE LOS RÍOS, Pelayo: Prontuario del sistema legal de pesas, medidas y monedas, o sea el sistema métrico decimal mandado observar por la ley de 19 de julio de 1849 y el nuevo sistema monetario por la de 15 de abril de 1848 con un Apéndice que comprende varias tablas para la reducción de las medidas nuevas en las antiguas y estas en aquellas, 2ª ed. Habana. Imprenta de Gobierno y Capitanía General por SM, 1862, p. 31. 76

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BNE: Mss/1674. Libro quarto de los asientos de las casas de Madrid que comprehende cien manzanas desde el número trescientos y uno hasta el quatrocientos inclusive, (vol. X, fol. 108 vº).

Don Alfonso de Castro nombró por testamentario y albaceas a doña Petronila Ruiz Montaña -su mujer-, don Joaquín de Porras, don Juan de las Infantas -vicario actual de la villa de Madrid-, don Francisco de Castro y don Juan de Castro -sus dos hermanos-, el marqués de la Vera y al caballero de Santiago, don José de la Isequilla. Nombraba como sus únicas y universales herederas a doña Ana y doña María Manuela de Castro, a partes iguales; la primera tenía entonces más de 22 años y la segunda era menor de 17 años. No pudo firmar el poder por la gravedad de su enfermedad y rogó a un testigo que lo hiciera por él, que fue don Joaquín de Pedraza. Fue realizado ante José Ortiz de Saracho, escribano real y procurador de los Reales Consejos, vecino de la villa y Corte de Madrid, el 26 de febrero de 1755 y falleció un día después.80 En virtud del poder para testar que don Alfonso de Castro otorgó a su esposa, al enviudar doña Petronila ordenó el testamento de su difunto marido en Madrid, ante José Ortiz de Saracho, el 10 de mayo de 1755. Doña Petronila indicó en el testamento que a doña María Manuela de Castro, además de los 200 pesos que le habían legado había, también, que dejarle el valor de una cadena de oro que ya no existía, de 80 pesos de a 15 reales de vellón que le había regalado su padrino de confirmación, don Antonio de Rojas, fiscal de la Audiencia de dicha villa. El testamento de don Alfonso de Castro y la memoria testamentaria se protocolizaron en la escribanía de Pablo Ortiz de Ceballos, escribano de provincia, en Madrid. 80

Archivo Histórico Diocesano de Madrid (AHDM): Libro 19º de Defunciones de la Parroquia de San Martín (1750-1756), fol. 370vº: “El Señor Don Alfonso de Castro, Primer Teniente del Cuerpo de Alabarderos de Su Majestad, marido que fue de primeras nupcias de la Señora Doña Francisca Ruiz Montaña y de segundas lo era de la Señora Doña Petronila Ruiz Montaña y natural de esta Corte, e hijo de los Señores Don José de Castro y Araujo, del Consejo y Cámara de Castilla, y Doña Gregoria del Mazo (difuntos), Parroquiano de esta Iglesia, Calle de Valverde, Casas propias. Otorgó poder para testar a favor de la dicha Señora su segunda mujer ante José Ortiz de Saracho, Escribano Real y Procurador de los Reales Consejos, en veinte y seis de este presente mes y año, y la nombró por Testamentaria, junto con los Señores Don Juan Antonio de las Infantas, Vicario de Madrid, y su partido, Don Juan de Castro, Marqués de la Vega, y a otros varios Señores y por Herederas instituyó a las Señoras Doña Ana, y Doña María Manuela de Castro, sus hijas legítimas, y de la referida Señora su primera mujer, Camaristas de la Reina Nuestra Señora. Recibió los Santos Sacramentos. Murió en veinte y siete de febrero de mil setecientos cincuenta y cinco, enterrose en San Ildefonso Anejo de esta Parroquia, de secreto, con licencia del dicho Señor Vicario”.

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Tras su fallecimiento, se realizó la partición de su herencia y a cada una de sus dos herederas le correspondieron 165.464 reales de vellón y 25 maravedís, que era el valor de los bienes y de la parte de la casa situada en la calle de Valverde. El inventario de los bienes de don Alfonso denota el lujo y esplendor que rodearon a la familia Castro Ruiz. Don Alfonso de Castro dejaba para cada hija una larga serie de objetos de uso doméstico, elegantes prendas de vestir, adornos finos y exquisitas joyas realizadas con piedras preciosas, muebles finos de maderas nobles, delicados objetos religiosos y de tocador, textiles de la más alta calidad de manufactura nacional y también extranjera, objetos de gabinete, vajillas y cubertería de materiales nobles, objetos de plata y armas, además de diferentes efectos y, entre ellos: “cinco mil trescientos y setenta y cinco reales y diez y siete maravedís de vellón, mitad de diez mil setecientos y cincuenta y un reales de un recibo firmado del Reverendo Padre Fray Diego Rendón, Provincial que fue de Mercenarios Calzados de la Isla de la Ciudad de Santo Domingo en Indias, los que percibió de don Vicente de Castro, Apoderado del dicho Señor Don Alfonso de Castro precedidos del resto de la cuenta presentada por dicho don Vicente de los bienes y efectos que el mencionado Señor Don Alfonso dejó en aquella Isla cuando cumplió su presidencia, por la que consta y por el expresado vecino parar en poder de dicho Padre Rendón.” 81

AHPM: T. 15876, fols. 988 rº-1005 rº. “Carta de pago y recibo de dote otorgada por don Blas Fernando de Lezo Pacheco en favor de doña Ana de Castro”. Fecha: 12 de agosto de 1756. Escribano: Pablo Ortiz de Ceballos. 81

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SUS HIJAS: MATRIMONIO, DESCENDENCIA Y RELACIONES FAMILIARES

El matrimonio de sus dos únicas hijas que le quedaron a su fallecimiento, se realizó tras la muerte de don Alfonso de Castro y Mazo en 1755. La hija mayor de don Alfonso de Castro y Mazo y doña Francisca Ruiz Montaña -doña Ana María- contrajo matrimonio en la parroquia de la Real Capilla del Palacio de Aranjuez, el 19 de junio de 1756, con don Blas Fernando de Lezo y Pacheco, hijo primogénito del teniente general de Marina don Blas de Lezo y Olabarrieta y de doña Josefa Mónica Pacheco y Bustíos. Don Blas Fernando de Lezo y Pacheco fue miembro del Consejo de Estado, gentilhombre de Cámara del rey con entrada, primer introductor de embajadores en la Corte, caballero profeso y ministro primer maestro de ceremonias de la Orden de Carlos III y, al final de su vida, fue nombrado ministro plenipotenciario y enviado extraordinario a la Corte de Nápoles, cargo del que no tomó posesión al sobrevenirle la muerte en 1790. En 1760, recibió de Carlos III el título nobiliario de marqués de Ovieco para sí y sus sucesores, en recompensa por los servicios que su padre había prestado a la Corona durante más de 40 años.

Escudo de armas de don Blas Fernando de Lezo y Pacheco, I marqués de Ovieco, en la entrada principal de su casa de Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa).

El matrimonio entre Blas Fernando de Lezo y Pacheco y Ana María de Castro y Ruiz tuvo cinco hijos, pero cuando el I marqués de Ovieco falleció en 1790 solamente quedaba con vida su hijo Blas Alejandro, quien le sucedió en el marquesado y fue su único heredero. El escudo de armas que se conserva en la fachada de su casa en Pasajes de San Pedro representa en el centro las armas de los Lezo, su linaje paterno, y alrededor del

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mismo, las armas del linaje materno que fueron las de Pacheco, Bustíos, Solís, Salazar y otras.82 La segunda hija que quedó con vida tras el fallecimiento de don Alfonso de Castro, doña María Manuela, casó con el caballero de Santiago don José Antonio de Ponte y Mandiá, natural de San Julián del Ferrol.83 Ponte reedificó la casa de estilo renacimiento que sus bisabuelos, don Antonio de Ponte y Prada y doña María Pardo de Lama y Andrade habían construido a fines del siglo XVII en Vivero, residencia que fue conocida más tarde como “Casa de los Leones” y que actualmente está situada en la calle de Pastor Díaz (antigua calle de la Baufilla). La casa era bien del mayorazgo establecido por sus bisabuelos en 1700, pasando a ser propiedad de don José Antonio de Ponte y Mandiá al fallecer su padre -don Francisco Antonio de Ponte y Ron- casado con doña María Catalina de Mandiá. Don José Antonio de Ponte y Mandiá fue caballero de Santiago, señor de las jurisdicciones de Bañobre y Leiro en La Coruña y en Orense, y ejerció diferentes cargos de Marina en el Departamento del Ferrol. Su primera esposa fue doña María Manuela de Castro y Ruiz, que falleció el 9 de marzo de 1786 sin hijos, dejando como heredero a su esposo. Fue enterrada en la capilla de la Tercera Orden de San Francisco, en Vivero, habiendo instituido en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores de dicho convento, una misa cantada mensual y perpetua.

Escudo de armas de don José Antonio de Ponte y Mandiá en la fachada de la Casa de los Leones, Vivero.

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Véase OLARAN MÚGICA, María Inés: El I marqués de Ovieco. Don Blas Fernando de Lezo y Pacheco. Lección de Ingreso como Amiga de Número leída el día 5 de octubre de 2017. Madrid. Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 2017. 83 AHN: OM-Caballeros_Santiago, exp. 6584. “Pruebas para la concesión del Título de Caballero de la Orden de Santiago de José Antonio de Ponte y Mandíá, natural de San Julián del Ferrol. Oficial de la Contaduría de Marina”. Fecha: 1757. Véase, también, CADENAS Y VICENT, Vicente de: Caballeros de la Orden de Santiago. Siglo XVIII, tomo IV (años 1746-1762). Madrid. Hidalguía, 1979, pp. 224-225.

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A fines del siglo XVIII la casa heredada en Vivero fue reedificada y ampliada por don José Antonio de Ponte y Mandiá, colocando su escudo de armas cuartelado en la fachada principal, con las armas de los Ponte en el primer cuartel, Mandiá en el segundo, Piñero en el tercero y Miranda de Aguiar en el cuarto cuartel. Detrás del escudo de armas se colocó la cruz de Santiago, un estandarte y una bandera cruzadas, así como dos leones por soportes, que han dado nombre a esta casa.84 Tras el fallecimiento de su primera esposa, don José Antonio de Ponte y Mandiá contrajo matrimonio con doña María de la O Juana Tenreiro de la Hoz Bermúdez de Castro, de quien tuvo varios hijos. El hijo de este matrimonio, don Juan de Ponte y Tenreiro heredó la llamada “Casa de los Leones”, siendo este el último propietario de la casa perteneciente a la familia Ponte, ya que en 1837 fue por él vendida y pasó a otras manos.85 Otra hija del matrimonio, doña Joaquina María de los Dolores Ponte Tenreiro casó en El Ferrol con don Antonio Manuel de Montenegro Correa Tavares, el 3 de noviembre de 1813, y de este matrimonio nació en Pontevedra, el 16 de agosto de 1814, doña Joaquina María Montenegro Ponte, quien el 4 de enero de 1834 contrajo matrimonio, también en Pontevedra, con don Francisco Javier Martínez Enríquez Sarmiento de Valladares, VIII marqués de Valladares. Una hija más del segundo matrimonio de don José Antonio de Ponte Mandiá fue doña María Concepción de Ponte y Tenreiro, que casó con don Ángel Arenal y de la Cuesta, matrimonio del que nació la conocida filántropa Concepción Arenal Ponte (1820-1893),86 quien fue calificada por el periodista y diplomático español, Francisco Mañach Couceiro como “La mujer más grande del siglo XIX”.87 El 31 de enero del próximo año 2020 84

DONAPÉTRY IRIBARNEGARAY, Juan: Historia de Vivero y su concejo. Vivero. Artes Gráficas A. Santiago, 1953, pp. 259-262. 85 Estaban emparentados con los condes de Vigo por el apellido Tenreiro. El título de conde de Vigo fue otorgado libre de lanzas y medias-anatas para sí, sus hijos y sucesores perpetuamente al caballero de Santiago, don Joaquín Tenreiro Montenegro, con el vizcondado previo de Bañobre el 18 de abril de 1810, por sus méritos en la Guerra de la Independencia en la defensa de Santiago, Pontevedra, Tuy, Vigo y Bayona, siendo expedido real despacho del título de conde de Vigo el 14/09/1818. Ref. AHN: Consejos, 8979 A, exp. 2356. A este respecto, véase TENREIRO MONTENEGRO, Joaquín: Expediente relativo a la reconquista de Vigo, sitio de Tuy y las gracias en su virtud concedidas, que publica y por medio de una reverente representación vindica y consagra a la magestad del Congreso Nacional Joaquín Tenreiro Montenegro. Coruña. Oficina del Exacto Correo y Postillón, 1812. Tras su fallecimiento, ocurrido el 6 de octubre de 1834, sucedió como II conde de Vigo su sobrino, don Antonio Tenreiro Montenegro y Caveda, caballero de Carlos III, senador del reino y consejero real, hasta su fallecimiento en 1855. 86 Su partida de bautismo se registró en el Libro 7º de Bautizados de la Parroquia Castrense de San Francisco, El Ferrol, fol. 321 vº. Nació el 31 de enero de 1820 y fue bautizada un día después en la Iglesia parroquial de San Julián de la villa de El Ferrol, como “María Concepción Jesusa Luisa Petra Vicenta”. Véase El Correo Gallego, 8/02/1893, p. 2. 87 MAÑACH, Francisco: Concepción Arenal: la mujer más grande del siglo XIX. Buenos Aires. Imprenta de Juan A. Alsina, 1907. Sobre Concepción Arenal, véase la tesis doctoral de María José Lacalzada de Mateo, defendida en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y publicada bajo el título: Concepción Arenal. Mentalidad y proyección social. Zaragoza. Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012. El objetivo de la tesis doctoral fue comprender el pensamiento de Concepción Arenal y el lugar que ocupó en su época, trazando en las pp. 47-52 unas breves líneas sobre las raíces familiares de esta figura. Fue doña María Laffitte y Pérez del Pulgar -condesa de Campo Alangequien en su obra Concepción Arenal, 1820-1893. Madrid. Revista de Occidente, 1973, trata extensamente de los antecedentes familiares y de la infancia y juventud de Concepción Arenal entre las pp. 27-79. Sin embargo, la condesa de Campo Alange se equivoca cuando asegura que el conde de Vigo era hermano de Concepción Ponte (p. 43), error que puede ser probado por la genealogía que he desarrollado en este trabajo.

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celebraremos el II centenario del nacimiento de esta extraordinaria señora, en un momento en que se están dedicando grandes esfuerzos al reconocimiento de la mujer en la sociedad, que fue por lo que ella tanto luchó en una época llena de adversidades. Vemos así, confluir en la descendencia del segundo matrimonio de don José Antonio de Ponte y Mandiá con doña María de la O Juana Tenreiro de la Hoz Bermúdez de Castro una serie de los más ilustres apellidos gallegos que han llevado personas de gran relevancia en la vida política, social y cultural gallega de la segunda mitad del siglo XVIII y de los siglos XIX y XX.

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LA VIUDA DE DON ALFONSO DE CASTRO Y MAZO

Doña Petronila Ruiz Montaña, viuda de don Alfonso de Castro y Mazo desde 1755, falleció en Madrid el 17 de febrero de 1769. Otorgó testamento en la villa de Hortaleza el 19 de octubre de 1764, ante el escribano de esta villa, Luis Berrocal. Sus testamentarios fueron el presbítero don Antonio Remigio Montero y el regidor de la misma villa, don Agustín Moreno de Prats, dejando algunas memorias escritas de su puño y letra que se unieron y protocolizaron a dicho testamento. Al igual que quien fue su marido, don Alfonso de Castro y Mazo, pedía doña Petronila ser enterrada con el hábito de San Francisco en la parroquia de San Ildefonso, cerca de Nuestra Señora de la Concepción “porque había consumido el caudal, y no tenía para ello”. Mandaba que se le dijeran 300 misas: doscientas en las parroquias e iglesias que dispusieran sus testamentarios y a tres reales cada una y las otras cien misas en el Oratorio del Espíritu Santo de la calle de Valverde, de Madrid, con limosna de cuatro reales para cada una. Nombraba por sus únicas, universales herederas y a partes iguales a sus dos sobrinas, a quien trataba de hijas, doña Ana de Castro, mujer de don Blas de Lezo y ya en esta fecha marqueses de Ovieco y a doña María Manuela de Castro, mujer de don José Antonio de Ponte y Mandiá, caballero de Santiago y Tesorero General de Marina en el Departamento del Ferrol. En una de las cláusulas de su testamento dejaba la propiedad de la casa de Hortaleza a doña María Manuela, y por diez años, el usufructo de la casa a doña Ana. Habiéndose quedado doña Petronila con algún escrúpulo sobre esta disposición expresó más tarde como su voluntad, en una Memoria firmada en Madrid el 8 de noviembre de 1768, que dicha casa fuera dividida “entre las dos dichas sus hijas por partes iguales”. La división afectaba tanto al valor de la casa como a todos los trastos y muebles que quedaran en la casa tras su fallecimiento, y que constaban por memoria y tasación que se había hecho de todos ellos. En esta Memoria, nombraba por testamentarios al presbítero don Antonio Remigio Montero y a don Manuel González Montenegro, a los marqueses de Ovieco y de la Vera, don José Antonio de Ponte, don Joaquín de Porras y el regidor de la villa de Madrid, don Agustín de Prats y a don Francisco de Castro -capitán de Reales Guardias Españolas. Mandaba, también, que el día de su entierro se dieran cien reales de limosna a los pobres. Pedía que se vendiera todo lo que dejara y si alguna de sus hijas quisiera quedarse con algo, lo hiciera cargando el valor a su cuenta. Encargaba a sus testamentarios no hacer inventario jurídico, sino que lo tasaran prudencialmente y se hiciera con todo una venta pública o almoneda. Recordaba, doña Petronila, que había pasado a la Isla de Santo Domingo con don Alfonso de Castro y doña Francisca Ruiz Montaña -su primera mujer y hermana entera- y que allí había fallecido su hermana, de quien eran hijas legítimas doña Ana y doña María Manuela de Castro, y que: “el dicho señor don Alonso, hallándose viudo de la expresada doña Francisca Ruiz Montaña, contrajo matrimonio con la nominada señora doña Petronila Ruiz Montaña, hermana entera de su primera mujer. Por cuyo motivo, y para que no haya duda en encontrar en las Memorias, y testamento de dicha señora doña Petronila Ruiz, en unas partes el nombre de hijas, y en otras el de sobrinas, se hace preciso este presupuesto para su inteligencia, y ser el motivo haberlas criado desde su tierna edad.”

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Doña Petronila dejaba, entre sus bienes, quince mil reales que llevó en el momento de contraer matrimonio con don Alfonso de Castro, que quedaron cargados sobre el valor de la casa de la calle de Valverde. Había, también que considerar, que doña Petronila había vivido diecisiete días del mes de febrero de 1769 y que la Tesorería General debía a sus dos herederas en partes iguales, en concepto de la pensión concedida por el rey a la muerte de su marido por valor de nueve mil reales anuales. La casa de la villa de Hortaleza, que dejaba a sus dos herederas a partes iguales, no era fácil de partir y además no se había permitido realizar tasación alguna para evitar gastos. Por ello, se convino que se les adjudicara proindiviso como, también, los trastos muebles que existieran en dicha casa. Tras realizar el inventario y la almoneda en la casa mortuoria, se vendieron todos los bienes muebles y plata labrada por 14.991 reales, incluidos los 3.184 reales entregados en diferentes bienes a la marquesa de Ovieco.88 Tras el fallecimiento de don Alfonso de Castro en Madrid en 1755, su viuda se había trasladado a la villa de Hortaleza donde vivió sus diez últimos años. En este lugar, doña Petronila encontraría un buen clima para los últimos años de su vida. La villa estaba situada a una legua de Madrid, en un territorio fecundo donde abundaban las huertas y se cultivaban granos, frutas, legumbres, viñas y hortalizas. En la segunda mitad del siglo fue aumentando de población, según el catastro de Ensenada referente a la villa de Hortaleza, que indica que en 1751 se contabilizaron 120 vecinos repartidos en unas 120 casas,89 y hasta fines del siglo XVIII fue aumentando hasta unos 400 vecinos. Contaba con iglesia parroquial y con hermosas casas, bonitos jardines y buena agua surtida por fuentes. Durante el siglo XVIII fue el lugar de descanso, retiro y diversión preferido por muchos cortesanos90 y allí tenían propiedades relevantes familias de la nobleza castellana, como los duques de Béjar, el duque de Alburquerque, los marqueses de Ugena, los duques de Frías, los duques de Uceda y los duques de Pastrana, entre muchos otros. La familia Castro Ruiz debió tener trato con la de los I marqueses de Ugena, ya que existía una relación de parentesco entre ellas por el matrimonio del hermano de don Alfonso de Castro y Mazo -don Antonio de Castro Fontecha- con doña Vicenta de la Cruz y Escalante (o doña Vicenta de la Cruz Ahedo), única hija de don Luis de la Cruz y Ahedo y de doña María Vélez de Escalante y Contreras, vecinos de Toledo. Doña Isabel María de la Cruz Ahedo era hija de don Manuel de la Cruz Ahedo (del Consejo y Cámara de Indias) y esposa del marqués de Ugena -don Juan Francisco de Goyeneche e Irigoyen- y había recibido poder de su marido para testar y vincular el todo o parte de sus bienes, obteniendo facultad real para fundar dos mayorazgos para sus hijas -doña María Antonia de Goyeneche de la Cruz Ahedo y doña María Josefa de Goyeneche de la Cruz Ahedo-. El 11 de agosto de 1744 murió el I marqués de Ugena; su testamento lo otorgó la marquesa de Ugena el 1 de diciembre de 1744; el inventario y partición de sus bienes se hizo el 22 de diciembre de 1746 y el 23 de julio de ese año otorgó testamento la marquesa de Ugena y los de sus dos hijas.

AHNOB: Mos-Valladares, C.32, D.91 (sin foliar). “Hijuela de los bienes heredados por María Manuela de Castro, esposa de José Antonio de Ponte y Mandía, tras la muerte de su tía Petronila Ruiz Montaña”. Fecha: 1779. 89 Archivo General de Simancas (AGS): Dirección General de Rentas, 1ª Remesa, CE, RG, L. 459, fols. 123vº-136rº. Fecha: 1754. 90 Encyclopedia metódica. Geografía Moderna, tomo II. Madrid. D. Antonio de Sancha, 1792, p. 349. 88

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El 7 de marzo de 1747, fallecía la primera de las hijas de los marqueses de Ugena -doña María Josefa de Goyeneche-, siendo aún niña y, por lo tanto, sin sucesión. Cuando falleció su hija, la marquesa de Ugena obtuvo facultad real para que las dos fundaciones recayesen en doña María Antonia de Goyeneche, como legítima descendiente. Más tarde y viviendo aún su madre -la marquesa de Ugena-, se produjo la muerte de doña María Antonia de Goyeneche, siendo también niña. De esta manera, heredó la madre a sus hijas y más adelante a la muerte de la marquesa de Ugena, el mayorazgo que le correspondía a doña María Antonia de Goyeneche fue heredado por doña Vicenta de la Cruz Ahedo -esposa de don Antonio de Castro Fontecha- en virtud del codicilo que la marquesa de Ugena había otorgado el 8 de mayo de 1747, mandando que los dos mayorazgos se derivasen a su muerte, el uno a los parientes de su marido y el otro a sus mismos parientes.91 La casa de la villa de Hortaleza había sido comprada por doña Petronila Ruiz Montaña, por escritura otorgada en esta villa, al doctor don José Robles Racimo, -cura de dicha villa-, Manuel García de Antonio y José Romero -abad, hermano mayor y tesorero que eran de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia, situada en dicha iglesia-, el 25 de junio de 1759, ante Lucio Berrocal, escribano real, del número y del ayuntamiento de dicha villa de Hortaleza. El precio pagado fue de 30.000 reales, de los que entregó 12.000 al contado y 6.000 en diferentes ocasiones, como consta de una carta de pago otorgada el 29 de julio de 1761 ante el referido escribano y por auto proveído por don Juan Gómez Saravia, visitador eclesiástico del partido de Madrid, y refrendado por José de Salas, su notario, en la villa de Canillas el 22 de septiembre de 1764. Por ello, la casa se encontraba libre de censo alguno ni cualquier otro gravamen. Los trastos muebles que existían en la casa estaban tasados en 1.305 reales de vellón. Se incluía también en el inventario una caja de oro en forma de concha de dos onzas, cinco ochavas y seis gramos de peso, que fue tasada en 18 pesos la onza, valiendo 711 reales y veinte maravedís. Además, había que considerar el importe de la pensión de 17 días que doña Petronila había vivido en el mes de febrero, correspondiente a los 9.000 reales que gozaba anualmente de gracia real y los 15.000 reales que tenía sobre el valor de la casa de la calle de Valverde. A su fallecimiento y tras haber pagado el funeral, entierro y demás gastos que constaban en la memoria y en la cuenta que acompañaban al inventario, quedaron 253 reales y 20 maravedís de vellón del dinero que se encontraba en la casa de la villa de Hortaleza a su fallecimiento. En total, había que dividirlo en partes iguales para las dos herederas, doña Ana y doña María Manuela de Castro y Ruiz. Había que exceptuar la división en dos partes iguales de los 15.000 reales que doña Petronila tenía sobre el valor de la casa de la calle de Valverde, de los cuales doña Ana y doña María Manuela de Castro heredarían una cuarta parte cada una (3.750 reales) y la mitad del total (7.500 AHNOB: Villagonzalo, C. 72, D.8. “Dictamen del pleito seguido por los marqueses de Ugena y Antonio de Castro Fontecha con el abad y monjes del monasterio de San Basilio de Madrid, por el testamento de María Antonia de Goyeneche”. Fecha: 1749. Al tiempo del pleito, el marqués de Ugena era don Francisco Javier de Narvarte, caballero de Santiago y capitán del Regimiento de la Reina, y don Antonio de Castro Fontecha era consejero real y alcalde de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada. La escritura de institución decía: “[…] Todo ello con el fin de que los sucesores pudiesen mantener con el mayor lustre, y esplendor de la familia, con la memoria de mi Real beneficencia, y servicios ejecutados, así por el expresado Marqués, vuestro marido, como por Don Manuel de la Cruz Aedo, vuestro padre, que fue del mi Consejo, y Cámara de Indias, y de los demás vuestros hermanos, parientes, y ascendientes de ambos […] y para que de vuestras personas, y casa quede perpetua memoria.” Ibidem, p. 10. Sobre la interesante figura de Juan Francisco de Goyeneche e Irigoyen, I marqués de Ugena desde 1735, véase CARO BAROJA, Julio: La Hora navarra del XVIII (personas, familias, negocios e ideas), 2ª ed. Pamplona. Príncipe de Viana, 1985, pp. 195-219. 91

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reales) se adjudicó por legado al señor don José de Lezo, hijo segundo de los marqueses de Ovieco. El inventario fue firmado por los dos testamentarios, Antonio Remigio Montero y Agustín Moreno de Prats, el 24 de marzo de 1769.92

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AHNOB: Mos-Valladares, C.32, D.91.

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CONSIDERACIONES FINALES De esta manera concluyo mi trabajo sobre la historia familiar de don Alfonso de Castro y Mazo, de quien hoy descienden las diversas ramas que provienen de los primeros marqueses de Ovieco, que fueron don Blas Fernando de Lezo y Pacheco y doña Ana María de Castro y Ruiz Montaña, ya que solamente se conoce descendencia de don Alfonso por parte de su hija doña Ana María, pero no la hubo por la de su otra hija doña María Manuela de Castro y Ruiz Montaña. Por los enlaces matrimoniales y relaciones sociales que hubo, se vinculan con esta familia y sus ramas diversos títulos de Castilla, como los de marqués de Valladares (1673), marqués de Ugena (1735), marqués de Ovieco (1760) y conde de Vigo (1818), entre otros. El estudio de la genealogía y de la historia de las familias, su origen, su desarrollo social y económico, así como las redes establecidas por las mismas, nos dan una visión de la trayectoria que dichas familias han tenido en el tiempo a través de las generaciones y, en su caso, el ascenso hacia más altas posiciones en la escala social. El parentesco, la amistad y el patronazgo en las que se apoyaron muchas familias hidalgas en la Edad Moderna, les permitió elevarse social y económicamente desde fines del siglo XVII y a lo largo de todo el siglo XVIII ocupando cargos en la Corte, en la Administración del Estado, la Iglesia y los negocios de la monarquía. La España que le tocó vivir a don Alfonso de Castro y Mazo fue la del rey Felipe V, con todas sus luces y sombras. Personajes como él trabajaron al servicio de la monarquía borbónica en unos años en que se dieron unas difíciles condiciones sociales, políticas y económicas como fue la primera mitad del siglo XVIII, sentando con su dedicación a España las bases, no solamente para el progreso de la nación, sino también las condiciones favorables para el ascenso de su grupo familiar. La familia Castro puede ser ejemplo del ascenso social que muchas otras familias tuvieron desde la hidalguía de sangre hasta la nobleza titulada, alcanzada ya durante la segunda mitad del siglo XVIII en época de Carlos III, por medio de enlaces con miembros de otras familias de origen hidalgo que, a su vez, habían ascendido en la escala social. Fueron familias que conformaron las élites dirigentes y que desarrollaron sus carreras al servicio de los Borbones, siendo premiadas con cargos y honores a la vez que incrementaban considerablemente sus rentas y, por lo tanto, su posibilidad de continuar ocupando lugares preeminentes en la sociedad. La posición privilegiada que mantuvieron durante la segunda mitad del siglo XVIII estos nuevos grupos de poder y que, como sus antepasados actuaron al servicio de la monarquía, les permitió continuar estableciendo vínculos con otros grupos que conformaban las élites borbónicas, a través de una estrategia de ascenso social organizada en una época -la del reinado de Carlos III y siguiendo las ideas de la Ilustración- en la que se premió la virtud y el mérito de los servidores de la Corona, uniendo la nobleza de sangre o hidalguía a la de privilegio. Por último, quisiera detenerme en el lema de esta Reunión-Congreso que es el de “Redes, rutas y reencuentros”. La ponencia que he presentado estudia las redes familiares y sociales de la familia Castro a lo largo de varios siglos: redes que fueron tejidas a través de diferentes rutas que siguieron sus protagonistas, tanto dentro como fuera de España y que he tenido el gusto de dar a conocer en este nuevo reencuentro académico. Un reencuentro que ha sido, también, el de don Alfonso de Castro y Mazo con el principal destino de su carrera militar, la Isla Española de Santo Domingo. 39


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