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LEONARDO lo real y lo falso


ARTE Y CULTURA o hay artista más legendario que Leonardo da Vinci. En toda la historia del Arte, ningún otro nombre ha generado más debates, más discusiones y más horas de estudio que el genio nacido en Vinci en 1452. Pintor, escultor, arquitecto, científico e investigador, la figura de Leonardo ha generado multitud de leyendas, mitos, rumores sobre su homosexualidad, sobre su pertenencia o no a infinidad de logias o sectas, las extrañas historias sobre su estancia en el estudio de Verrocchio, o su al parecer extraña relación con varias de sus modelos -derivado al parecer de su ya comentada presunta homosexualidad- forman la larga lista de mitología leonardesca de la que el éxito de “ El código da Vinci” es sólo su más reciente ejemplo. Dejando al margen la mitología barata de los best-sellers , el Leonardo pintor ofrece una fuente continua de debate por una razón muy sencilla: se cree que aproximadamente dos tercios de la obra pictórica del maestro se ha perdido. Esto ha generado que, a lo largo de los últimos 150 años infinidad de críticos, divulgadores, o simplemente cantamañanas ávidos de atención hayan sacado a la luz multitud de pinturas publicitadas como un nuevo

N

de Leonardo representando a la Madonna dei fusi , es decir, la Virgen de los husos (o Virgen del Aspa) Uno de ellos en la colección del Drumlanrig Castle (Escocia) famosa por haber sido robaLeonardo , apoyados por da recientemente, y otra, de textos y bocetos que testifialtísima calidad, de la coleccan la existencia del original. ción Reford de Montreal, El supuesto hallazgo de un y recientemente adquirida nuevo original de Leonardo por un coleccionista ameres siempre acompañado de icano (existen rumores de un enorme eco en la prensa que el precio superó los 150 y círculos artísticos, y pone el millones de dólares, lo cual nombre del presunto descu- resulta realmente difícil de bridor en el escaparate del creer.) Dejemos al margen la no siempre cauto mundo del versión Ruprecht de Munich, Arte. al tratarse de una tela de muy Sobra decirlo: la inmensa distinta composición a estas mayoría de estos descudos. brimientos son simplemente ¿Qué sabemos de este origibasura carente de cualquier nal? Básicamente tenemos el rigor histórico o investigación testimonio de una carta enviseria. No obstante, existen ada a Isabel d’Este por Pietro algunos debates e investide Novellara en 1501, en la gaciones merecedores de que habla de “.una Virgen ser comentados, e intentaré sentada como para aspar humencionarlos aquí. sos y el niño, con el pie un el cestillo de los husos, ha cogiLA MADONNA DEI FUSI : do el aspa y mira los cuatro ¿ORIGINAL O COPIA? radios que forman la cruz, Uno de los debates más como deseoso de ellos ríe y interesantes, y que se ha no parece quere devolvérsela abordado con más seriedad, a la madre, que parece querer de los últimos años sobre usarla.” ( 1) Este detallado la autenticidad o no de una testimonio ha sido utilizado obra considerada del taller de como prueba indiscutible Leonardo es el que estudia de la no autenticidad de las las dos supuestas versiones dos pinturas de las que nos más fidedignas del original ocupamos, suponiendo que -presuntamente perdido- óleo los imitadores abandonaron


el simbolismo del aspa y los usos, resaltando la cruz y el sacrificio. De acuerdo, pero. ¿debemos fiarnos tan ciegamente del testimonio del tal Pietro? ¿Es una fuente ciertamente fidedigna? Sabemos que incluso Vasari, el gran Vasari, comentaba ampliamente obras que no había visto, dando lugar a confusiones históricas que el mundo del Arte ha tardado siglos en resolver. Entonces ¿por qué hemos de suponer a priori la veracidad de ese documento? ¿Por qué el documento escrito ha de prevalecer sobre el documento pictórico? ¿Podríamos invertir este razonamiento y declarar no fiable el testimonio de Novellara a raíz de lo evidenciado en no una, sino hasta tres versiones pictóricas? No se trata, en principio, de declarar como poco veraz un testimonio, simplemente de ponerlo en duda, lo que nos puede dar pie a un nuevo análisis, más libre, menos condicionado. Además, es incluso posible que este testimonio se refiera a una primera versión de Leonardo sobre este tema, y que el propio maestro pintara, posteriormente (nótese que Suida, ignorando en texto de Novellara, propone 1506 como fecha de ejecución ( 2) ), una nueva versión en la que prescinda de los motivos del aspa y los husos. Si prescindimos de esta pre-

misa escrita. ¿qué tenemos? Dos versiones, casi idénticas en composición, pero con importantes diferencias en el paisaje de fondo, y con una evidente diferencia de calidad a favor de la tela ahora en Nueva York. Vamos a detenernos, pues, en esta pintura. No es arriesgado decir que, de todas las supuestas obras de taller de Leonardo, esta es la de más alta calidad. Es una pequeña tela, originalmente una tabla, de pequeñas dimensiones (50.2- 36.4 cm .) El dibujo, especialmente el rostro de la Madonna , es bellísimo, el fondo es rico y equilibrado, y el color armonioso, con un evidente dominio del sfumetto , aunque es posible que haya sido parcialmente repintada en varias ocasiones. El rostro y la mano de la Madonna nos recuerdan inmediatamente a los de la “Santa Ana, la Virgen y el niño” de la Nacional Gallery , e incluso a los de la segunda versión de La virgen de las rocas , en el mismo museo. Pero es el fondo, tan similar al de la Gioconda (obra inmediatamente posterior a esta) lo más llamativo de la pintura. A este efecto, destacamos un muy interesante estudio llevado a cabo por Marco Versiero a raíz de la exposición de “ Madonna dei fusi “ en Arezzo, de julio a noviembre del año 2000 (3) ¿Podemos demostrar con todo esto la autenticidad sin matices de la versión neoy-

orkina? En absoluto, pero abre una nueva vía para el debate y la investigación de un periodo en la obra de Leonardo -la primera década del XVI- de la que tan sólo tenemos, como testimonio fiable, la famosísima Gioconda, de la que, por cierto, vamos a comentar algunas curiosidades. LAS MIL Y UN GIOCONDAS Si hay algo más impactante que publicar la autentificación de un nuevo Leonardo es publicar la autentificación de una nueva versión de El Leonardo, esto es, la Gioconda o Monna Lisa. A lo largo de las décadas, decenas de visionarios que se hacen llamar críticos han sugerido, en muchos casos con bombo y platillo, la existencia de otra Gioconda, ya sea suponiendo una segunda versión o negando la celebérrima del Louvre. Lo cual no deja de resultar ridículo, porque la dama parisina añade a su incontestable e inconfundible calidad una amplia documentación histórica, desde que fue adquirida por Napoleón I e incluso antes, que no dejan lugar a dudas sobre su autenticidad. Válganos como ejemplo la llamada Monna Lisa de Isleworth (Inglaterra) que fue publicada como auténtica por H. Pulitzer en 1966 en el estudio Where is the Monna Lisa? notando su alta calidad y la presencia de dos


columnas en los extremos del lienzo (apenas perfiladas en la tela del Louvre) que supuestamente la catalogarían como auténtica. La obra, de la que no se tiene certeza de su origen hasta su llegada a la colección privada inglesa, no fue lógicamente aceptada por la crítica. Y es que la Gioconda ha sido copiada infinidad de veces, por lo que la existencia de versiones de calidad ciertamente alta (por ejemplo la de la colección Luchner, o la del Museo de Tours) no debe significar su atribución inmediata a Leonardo. No es el único caso. Incluso un historiador tan respetado como Antonio Manuel Campoy, en su monográfico sobre el Museo del Prado de 1970, no puede evitar sugerir la autenticidad de la versión (tal vez italiana y de finales del XVI) de la Gioconda con un discurso tan ilusionado como carente de lógica: “ Los que hoy mantienen la primacía de la Gioconda del Louvre sobre la del Prado, ¿en qué se basan? Si es en noticias históricas, estas sobran para todos los argumentos que se quieran (??) Si es en la técnica, la verdad es que la Gioconda del Louvre permite en muy limitadísima medida rastrear la mano de Leonardo (????) .” ( 4) El argumento, constituído por dos flagrantes mentiras, sólo puede diculparse si entendemos el amor que Campoy sentía por el Prado, y su evidente deseo de “enri-

quecer” sus colecciones con una obra del maestro italiano Y así podríamos seguir hasta el infinito, mencionando mil y un giocondas que mil y un visionarios han intentado colarnos, y llegaríamos a sugerir a modo de broma -o quizás no- que llegará el día que alguien evidencie la mano leonardesca en las Giocondas bigotudas de Dalí y Duchamp. Pero éste, al menos, es un caso cerrado. Sólo hay una Gioconda, y está en Paris, protegida por un grueso vidrio que, por cierto, casi impide su contemplación.


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