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A la salida del colegio Pau y sus amigos fueron a jugar al parque. Lo que más le gustaba a su pandilla era jugar al escondite. En aquel lugar había sitios estupendos en los que esconderse y podían pasar horas jugando.

En una de esas partidas a Pau se le ocurrió esconderse detrás de un magnífico roble, desde donde estaba Silvia era imposible que la descubriera. Ella hacía todo lo posible porque no se le viera ni un solo rizo de su cabeza. Entonces Silvia con una potente voz dijo aquello de: -¡Por Pau que está detrás del roble!-

¿Cómo era posible? Si no se había movido. Salió de su escondite caminando con paso decidido y le preguntó a su amiga cómo la había descubierto. -Muy sencillo Pau, he visto tu sombra.- dijo Silvia con un pequeño rintintín.

Pau se puso de cara a su sombra y con gran enfado le dijo: -A ver cuándo aprendes a esconderte. Por tu culpa siempre me descubren.Se dio media vuelta y se puso a contar de cara al tobogán.


Cuando oscureció y encendieron las farolas del parque los niños se marcharon a casa. La niña le comentó a su padre lo sucedido con la sombra y su papá le dijo que la próxima vez debería buscar un escondite para las dos...Pau no entendió muy bien lo que le había dicho pero no quería seguir hablando del tema.

A la mañana siguiente Pau se levantó con una extraña sensación, no sabía lo que era pero parecía que le faltara algo. Revisó su mochila y vio que llevaba todos los libros. Miró en el bolsillo del almuerzo y allí estaba el paquetito de papel de aluminio. Se miró al espejo y observó que iba bien peinada y tenía la cara limpia.

Salió de casa camino al colegio mientras su madre le iba contando los planes para el fin de semana aunque ella no le prestaba demasiada atención. Seguía sin saber qué le faltaba. Todo parecía normal. Como todos los días saludaron a la vendedora del quiosco, al verdulero, a la vecina que paseaba al perro...

Pero a la altura del parque Pau paró en seco y tiró bruscamente del brazo de su madre , con la boca y los ojos muy abiertos señaló hacia el suelo . Le resultaba muy difícil de creer pero lo estaba viendo con sus propios ojos.


-¡Mi sombra!- consiguió decir por fin.

Allí, junto a la alargada sombra de su madre ,no había nada. Pau empezó a buscar su propia sombra bajo sus pies, detrás de su madre, dentro de una papelera , pero no, no la veía por ningún lado.

-¡He perdido mi sombra!- exclamó sorprendida Pau. Se despidió de su madre y entró al colegio todavía un poco asustada por lo que acababa de descubrir. Al cruzar la puerta de entrada se dirigió a la fila donde ya estaban la mayoría de sus compañeros. Por suerte para ella los alumnos hacían la fila en la zona cubierta del patio, allí no daba el sol. De momento no tendría que explicar nada a nadie sobre la fuga de su sombra. Tampoco sabía muy bien que les iba a contar, algo así como “¡eh chicos, que no tengo sombra!, o “¿A que no sabéis qué? Mi sombra se ha fugado.” Estaba segura de que Salva y los demás se burlarían de ella y sus amigas la mirarían como a un bicho raro. De momento y hasta encontrar una solución no dijo nada a nadie. Saludó a sus amigos y se puso en la fila apartando de un empujón a Rodrigo, el niño rarito de su clase.


Nadie contaba con Rodrigo para jugar o hacer trabajos en grupo, era un verdadero desastre, mordisqueaba los bolis y lápices y escribía emborronándolo todo.

Rodrigo dio un paso atrás y dejó a Pau un sitio en la fila. -Buenos días -le dijo, Pau lo miró y dijo un buenos días muy bajito.

Sonó la sirena y los alumnos entraron a las aulas.

A primera hora tenían clase de lengua. Mientras la profesora hablaba, sus compañeros levantaban la mano para participar. Pau no se estaba enterando de nada, miraba lo que ocurría en clase pero sus pensamientos se centraban en encontrar la manera de recuperar su sombra. No tenía ni idea de cómo lo conseguiría, nunca antes había oído hablar de alguien al que le hubiera ocurrido algo semejante. Solo a Peter Pan le había pasado algo parecido, pero eso era un cuento y lo que a ella le ocurría era en la vida real. Sonó el timbre, se había acabado la clase y ella seguía sin encontrar ninguna solución.

Entró Sarah, la profe de inglés con su “Good morning everyone” característico.


Ahora Pau se interesó un poco más por la clase, Sarah siempre hacía juegos divertidos y la niña pensó que no estaría mal distraerse un rato. Cinco minutos antes de que sonara el timbre entró Miguel el profesor de dramatización, los saludó y les dijo:

“Quiero

recordaros a todos que esta tarde seáis puntuales ya que tenemos las pruebas para la obra de Sombras Chinas” ¿¿Sombras chinas?? ¡¡Horror!!.-pensó Pau con cara de susto. Pau lo había olvidado. No podía creerlo. Que mala suerte. Por la tarde todo el mundo sabría que había perdido su sombra. Estaba muy ilusionada con la función, pero tendría que fingir que estaba mala para no ir a clase por la tarde, pero... ¡Maldición! Hoy se quedaba al comedor.

Las cosas iban de mal en peor, se preguntaba que mas cosas podrían pasarle hoy. En ese momento sonó el timbre, sus compañeros recogieron rápidamente y con un “Bye Miss Sarah”, salieron a todo correr, bocadillo en mano, hacia el recreo.

Pau recogió despacio, hoy no tenía ninguna prisa por salir, sobre todo a esa hora en la que el patio estaba enteramente bañado por el sol.


Por primera vez en su vida se dio cuenta de que Rodrigo tampoco tenía mucha prisa, a él no le gustaba salir al patio porque nunca encontraba con quien jugar. Pau lo miró de reojo. Rodrigo le medio sonrío, sacó el almuerzo de la mochila y salió delante de ella. A la puerta del patio la esperaban sus amigas. -Va tardona, ven a jugar con nosotras que hoy tenemos el partido contra los de quinto. ¡¡Uff!! partidazo contra los de quinto en mitad de la solana. -No. Dijo Pau.-Primero almorzaré. Es que...estoy hambrienta, no he desayunado.

No había podido inventar nada mejor, pero parecía que sus compañeros habían aceptado la excusa.

-Vale, pero cuando acabes vienes a jugar.- Dijeron. -Si, si, claro.- Dijo Pau.

Pau algo cabizbaja se sentó en un banco, abrió el bocata y dio un bocado. La verdad es que no tenía mucha hambre.

Entonces se le acercó Rodrigo, se puso delante de ella y le dijo:


-¿Sabes? Yo sé lo que te pasa. Sé porqué no quieres ir a jugar a la cancha de basket.Pau lo miraba con los ojos como platos y la boca abierta de par en par. Sonriendo Rodrigo añadió: -...y si no cierras la boca se te va a caer el jamón.Y como si fuera un ratón hizo un “ji ji ji”. Pau cerró la boca y con un gesto de la mano invitó a Rodrigo a sentarse. -A ver, listo. ¿Qué es lo que tú sabes?- Le preguntó Pau con una mezcla de rintintín y de asombro.

Pues lo que sé es...-dudó Rodrigo. -Lo que sé es que tu sombra se ha fugado,- Esto lo dijo muy rápidamente. ¡Que tonterías dices!- respondió Pau. Bueno, es que yo todas las mañanas salgo de casa un poco antes que tú y esta mañana os he oído a tu madre y a ti. Al principio me he asustado un poco cuando te he oído gritar pero cuando he descubierto el motivo de tu grito me ha parecido... muy gracioso. Confesó el chico. Esto último había hecho que Pau cambiara el gesto de su cara de asombro a enfado. “Gracioso”, pensó Pau. Y dijo:


-Yo no le veo la gracia- Rodrigo sonreía.

La había descubierto, su compañero había oído sus gritos histéricos de camino al cole. Lo que le pareció raro es que nunca se había dado cuenta de que Rodrigo recorría el mismo camino que ella, es más, nunca lo había visto. Entonces Pau dijo:-Oye Rodrigo, nunca os he visto ni a ti ni a tu madre de camino al cole.-

-A mi madre seguro que no.-dijo el niño.-Ella sale de casa a las 8 mientras yo desayuno. A las nueve menos cuarto salgo yo. Mi madre dice que ya soy lo suficientemente mayor como para hacer el camino al colegio yo sólo. Pero...a lo que íbamos- le dijo finalmente el niño. -¿Cómo te ha desaparecido la sombras? Entonces Pau empezó a contarle que creía que se había enfadado con ella por lo ocurrido en el parque el día anterior. Le contó que le había gritado y le había culpado de que descubrieran su escondite. Pau nunca habría imaginado que sería a Rodrigo a quien le contara sus problemas. Pero ahí estaba él escuchándola atentamente. Daba la impresión de que le importaba. Y lo peor de todo-siguió Pau -es que esta tarde son las pruebas de la función de Sombras Chinas ¡y no tengo sombra! Ja, ja, ja – empezó a reír el niño.


Es el colmo - decía el niño-. Venga, no te preocupes, algo se nos ocurrirá. ¿Algo se nos ocurrirá? ¿Había dicho nos? Una cosa era contarle lo que él ya sabía y otra muy diferente que se metiera en sus asuntos. Pensó Pau.

Creo que tengo una idea -siguió Rodrigo. -Un momento, un momento- Le frenó la niña. Pau no podía olvidar que Rodrigo era un desastre, que mordisqueaba los bolis y que nadie contaba con él para jugar. Lo siento Rodrigo- dijo Pau -Ya me las arreglaré yo sola y ojito con contárselo a nadie. La niña se levantó y fue a beber a la fuente. Fue entonces cuando sonó el timbre, el que avisa de que la hora de recreo había acabado. Se sentía un poco mal por la contestación que le había dado a Rodrigo, el chico había conseguido incluso hacerla pensar que su situación era “graciosa”. Entraron en clase, la última de la mañana era la clase de matemáticas. Durante ese curso su profesora había conseguido despertar su curiosidad por esa asignatura, por primera vez en mucho tiempo, era capaz de hacer los deberes de casa sin la ayuda de su padre, era capaz de resolver los problemas ella misma y eso le hacía sentir bien, confiada, aunque ese día pocas cosas le hacían sentir bien.


La profesora llamó a Rodrigo a la pizarra para resolver una división bastante compleja, a él le encantaban las matemáticas y los retos más difíciles eran sus favoritos. Al pasar por su lado, Rodrigo apoyo la mano en el pupitre de Pau y dejo una nota sobre su mesa. Pau miró a su alrededor para asegurarse de que nadie había visto lo que el niño acababa de hacer, no podía imaginar las burlas de sus amigas al pensar que Rodrigo le hubiera podido dejar una notita de “amor”…¡¡¡puag!!! Pensó la niña. La abrió disimuladamente y leyó: ¿Has avisado en portería de que te quedas a comer? Tengo una idea. Ven a mi casa este mediodía. Rodrigo. No había avisado, lo había olvidado…pero la idea de ir a casa de Rodrigo no le gustaba mucho. Tampoco tenía muchas opciones, ella no encontraba solución a su problema, así que podía considerar la idea de que Rodrigo la ayudara, de todas formas siempre podría decir que no si la idea no le parecía buena. Cuando Rodrigo resolvió la división Pau ya había escrito una respuesta en la nota. La dobló y la dejó en la esquina de su mesa para que al pasar él la cogiera. Y así fue. De vuelta a su sitio Rodrigo cogió la nota. La abrió y leyó:

No, no he avisado a nadie.


Nos vemos detrás del quiosco. Pau. Pau no quería que nadie la viera salir del colegio con Rodrigo así que lo mejor, pensó la niña, era quedar en un lugar alejado de la puerta de salida. Por fin sonó el timbre de salida y Pau recogió rápidamente y se escabulló entre el montón de niños que salían evitando así que la portera le interceptara el paso. Rodrigo tardo un poco en salir, él no tenía que dar explicaciones a la portera ya que tenía el permiso de su madre para volver a casa solo. Caminaron en silencio de camino a casa de Rodrigo. Abrió la puerta y fueron directamente al garaje donde Rodrigo tenía una especie de taller de manualidades y bricolage. Había una gran mesa con pegamentos, colas, pinturas, tijeras… Sobre una de las paredes había un montón de cartones, trozos de contrachapado de madera, varas de hierro, alambres en fin, un montón de cosas que la madre de Pau sin duda hubiera llamado basura. Entonces Rodrigo empezó a hablar: Mira Pau, he pensado que podríamos construir una silueta de tu personaje. Podríamos hacer un hada de cartón y después tú la podrías manejar desde detrás de la tela blanca del teatro de sombras chinas. Sé que no es una solución a la pérdida de tu sombra- añadió- pero de momento te podría salvar el pellejo esta tarde.


Pau pensó un momento en la idea y la verdad es que le pareció brillante, estupenda, podría salvar el mal trago de la prueba de teatro. Entonces miró a Rodrigo y le dijo: Gracias, es una idea fantástica. Pongámonos manos a la obra. Tenían muy poco tiempo para construirla pero sin dudarlo se pusieron a trabajar en la silueta. Debían hacerla a tamaño natural así que Pau se tumbó sobre un cartón de nevera y Rodrigo repasó su contorno. Con unos trapos viejos inventaron una falda que graparon al cartón y a Pau se le ocurrió fabricar unas alas con alambre y papel de seda. No importaba el acabado ya que detrás de una tela blanca eso no se apreciaría. Utilizaron dos grandes bolas de papel de plata para simular dos moños y les pusieron unos lazos en la base de los mismos. Cuando ya la creían acabada, la apoyaron contra la pared y la contemplaron durante un rato. Los niños estaban muy contentos con su obra, estaban seguros de que daría resultado. Entonces se miraron y se sonrieron. En aquel momento a Pau se le borró la sonrisa de la cara… ¿Qué?-preguntó Rodrigo. -¿No te gusta? ¡Claro que si!- dijo Pau,-pero... ¿cómo vamos a entrar esto en el colegio? Vaya, no habían pensado en eso…era demasiado grande para entrarlo sin llamar la atención. Habían


acabado antes de lo previsto, habían trabajado codo con codo y ahora tenían un nuevo problema que resolver. Rodrigo sintió un poco de hambre y le dijo a Pau: -Vamos a la cocina, comamos algo y puede que con el estómago lleno se nos ocurra una solución. Pau lo siguió hasta la cocina. El chico sacó de la nevera una bandeja de fiambre y pan de molde. Rodrigo preparó los sándwiches de lo que más le gustaba. Una rebanada de pan, unas cortadas de salami, una rebanada de pan, un poco de queso y una rebanada de pan que completaba el bocadillo, después se sirvieron un vaso de cola. Entonces Rodrigo ofreció el sándwich a su nueva amiga y a Pau se le abrieron los ojos de par en par… ¿Qué pasa? ¿No te gusta el salami?-preguntó el niño. No, no es eso- dijo Pau. Es que acabo de tener una idea. Podemos entrar la silueta por partes, como este sándwich- añadió. -Nadie sospechará de que lleve unas alas de hada, hoy es la prueba, y podemos doblar la silueta. O incluso partirla por la mitad y cada uno de nosotros entrar una parte. Una vez en el colegio nos podemos ver en el salón de actos y montar de nuevo las piezas, un poco de pegamento, un poco de celo y unas grapas y nuestra obra estará de nuevo montada. ¿Qué te parece?- preguntó Pau mientras le daba un bocado triunfal a su sándwich.


Rodrigo ofreció la palma de su mano a Pau y ambos la chocaron con un sonoro ¡Plas! El reloj de la cocina marcaba las dos y media. Los niños salieron de casa cada uno con una parte de la silueta del hada. A la altura del quiosco se separaron. Primero entró Pau y un poco más tarde Rodrigo y se encontraron de nuevo en el salón de actos, detrás de la cortina blanca cuya función sería proyectar las sombras un poco más tarde. Juntaron de nuevo las piezas del hada y la escondieron detrás del telón. Pau debería sacarla de allí para que proyectara la sombra que ese día le había desaparecido. Los niños volvieron a la fila del patio donde ya estaba el resto de sus compañeros. Después de estar tanto rato con Rodrigo, a Pau se le había olvidado que era él el que mordisqueaba los bolis y con el que nadie quería jugar. Había olvidado darle la espalda en la fila y charlaban medio en secreto pero alegremente de lo ocurrido ese mediodía. Sus compañeros los miraban extrañados, cuchicheaban sobre esa extraña confidencialidad pero Pau y Rodrigo no se daban cuenta de eso. Pau había dejado de estar preocupada, había dejado de pensar en las burlas de los demás, había conocido un poco mejor a Rodrigo y ambos estaban impacientes por comprobar el resultado de su laborioso invento. Y con ese ánimo entraron de nuevo al aula. Miguel, el profesor de dramatización, los esperaba en el aula, un tanto nervioso porque esa tarde habría de decidir muchas cosas. Los personajes de la representación era siempre algo difícil de elegir,


pero tenía pensado someter a votación a cada uno de los personajes entre los candidatos, para ello también contaba con la ayuda de Miss Sarah, que se había prestado a ayudarle con el casting. Entre mucho alboroto los alumnos fueron sentándose en el patio de butacas y poco a poco se fue haciendo el silencio. Los aspirantes a cada personaje iban interpretando parte del papel detrás de aquella tela blanca y sus compañeros podían ver la silueta y sus movimientos. Pau y Rodrigo no podían estar quietos en sus asientos, estaban muy nerviosos pero sabían que su invento daría resultado. Pau sentía cierto alivio al saber que había alguien más en aquella sala que compartía sus temores y Rodrigo de vez en cuando le guiñaba el ojo para darle ánimo. Por fin le tocó el turno a las candidatas a representar el Hada del Bosque. Pau se levantó hecha un flan de su butaca y se metió con las demás aspirantes entre bambalinas. Ahora estaba sola, tenía que ser ella la que llevara a cabo todo el plan, debía jugar bien sus cartas, ya no le importaba tanto conseguir el papel, sino que lo que quería era poder pasar aquella prueba sin descubrir que había perdido su sombra. Lo mejor, pensó Pau, es que yo sea la última en salir, de ese modo las demás chicas volverán al patio de butacas y yo podré moverme a mis anchas. Así que indicó a sus compañeras que pasaran.


Después de la penúltima candidata Pau respiró profundamente, subió al escenario y sacó del fondo la silueta, entonces la colocó entre el foco y la gran tela blanca y desde el patio de butacas se oyó un “¡Ánimo Pau!”.La niña reconoció la voz de su amigo y sonrió, se sentía confiada, nadie parecía notar la diferencia. Entonces su profesor le dijo: -Pau, ahora debes hacer como que vuelas, que vas de una rama a otra de los árboles del bosque. La niña cogió la silueta por la cintura y la empezó a subirla en alto. Desde el otro lado se oyó un Ohhhhhh muy sorprendido, sus compañeros creían ver a Pau completamente en el aire, volando, y todos empezaron a corear su nombre y a aplaudir. “Pau, Pau ,Pau ,Pau”….resonaba su nombre por todo el teatro .

“Pau, Pau”… entonces sintió que alguien la zarandeaba. “Pau Pau”… alguien estaba gritando muy cerca de ella, ya no eran sus compañeros. “Pau,Pau”…insistía la voz.

Entonces Pau abrió los de…¡su padre!.

ojos y ahí estaba la cara

Como te ha costado hoy despertar-dijo el padre de Pau. Vamos levanta que llegarás tarde al colegio. Y diciendo esto su padre salió de la habitación.


¿Cómo? ¿Dónde estaba? ¿y la silueta?-Pau aún medio dormida se dio cuenta de que estaba en su habitación. El sol entraba por la ventana y con un gesto rápido levantó el brazo y vio la sombra de su mano sobre la pared. Pau sonrió, había sido un sueño. Tenía su sombra. Se vistió y desayuno de muy buen humor. Salió de casa con su madre para ir al colegio y a lo lejos distinguió la figura de Rodrigo. Sonrió. Miró a su madre y le dijo: Mamá, creo que ya soy bastante mayor para ir al colegio sola. Además por ahí va mi compañero Rodrigo, así que puedo ir con él. La madre la miró y en cierta forma sabía que aquel momento llegaría, Pau era suficientemente mayor para ir sola al colegio. Entoces le dio un beso y la dejó marchar. Pau salió corriendo llamando a Rodrigo. Cuando llegó a su altura Pau le dio los buenos días y ambos fueron caminando juntos hacia el cole, ese día y todos los días que siguieron a esta historia.

Fin



La sombra de pau