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actuelle

La Casa Tropical modernidad inteligente

Reconocido como uno de los mejores arquitectos e interioristas mexicanos de la actualidad, Héctor Galván se suma a otro proyecto: una chocolatería que es más que eso. En La casa tropical no se hacen golosinas, se marca el precedente de los nuevos negocios del mundo, se construyen mitos y se escriben manifiestos… por MÓNICA ISABEL PÉREZ fotos JAIME NAVARRO

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l agua mineral, antes completamente transparente, ha comenzado a colorearse de un amarillo cristalino muy sutil, un color inesperado que nace de la vaina oscura de la vainilla que el diseñador Héctor Galván ha colocado en el vaso que ofrece a todo aquel que visita La casa tropical. Es, digamos, la bebida oficial de recepción. Pero no todo es color: poco a poco, el agua se llenará del sabor de la sofisticada esencia del fruto de la orquídea y esto ocurrirá mientras él, con voz pausada, casi baja, dice la frase que ha de repetirse —a veces literal, otras metafóricamente— durante toda nuestra conversación: “para innovar hay que volver al origen”. Inmediatamente después, como si no fuera suyo, como si lo viera por primera vez y no todos los días sobre su mesa de juntas, Héctor se acerca a un viejo globo terráqueo y lo gira hasta tener ante sus ojos el punto preciso que quiere señalar y que está marcado —junto a otras zonas estratégicas del mundo— con estrellitas de papel azul metálico, de esas que se usaban en las primarias como premio, pegándoselas en la frente a los niños con mejor comportamiento. Con un dedo sobre México, y sin quitarle la vista, dice con determinación irrefutable: “todo comenzó en Mesoamérica…”

" AQUÍ NO HACEMOS CHOCOLATITOS, VENDEMOS EL CHOCOLATE DEL MUNDO; COMPLEJIZAMOS, GENERAMOS ACCIDENTES, CREAMOS LOS MITOS QUE TANTA FALTA NOS HACEN"

LIMPIANDO PALABRAS, RECUPERANDO LO OLVIDADO “Hubo una tragedia genética. Debido a diversos acontecimientos históricos, nuestros cacaos —cuya naturaleza original se había cuidado por miles de años— sufrieron una contaminación de razas nuevas que nunca habían sido clasificadas para ser un cierto tipo de chocolate. Nosotros teníamos seis diferentes categorías para celebraciones, había una corte botánica… ¡hemos olvidado tanto!” Al escucharlo, es claro que se está ante un experto en chocolate. No solo en su fabricación, sino en su historia. De pronto hasta cuesta trabajo pensar en el Héctor Galván del año 2000, director creativo del despacho Omelette y protagonista del interiorismo en México que despuntó cuando se hizo cargo del concepto estético de Básico y Deseo (los primeros hoteles de Grupo Habita). Pero al ver el espacio que lo rodea, el 64 ELLE DECORATION

estilo con el que tradujo en diseño el espíritu y pensamiento político de su chocolatería, es evidente que se trata de la misma persona: “Arquitectos, diseñadores o interioristas, pueden ser todos. De lo que se trata es de ser eso al mismo tiempo que otra cosa. Agricultor, por ejemplo. Me han preguntado si ‘hemos perdido a un diseñador y ganado un chocolatero’. Yo creo que se pueden hacer ambas cosas. A partir de mi acercamiento al chocolate veo a la arquitectura, al interiorismo, a mis negocios y mi relación con los demás de otra manera. Con lo que nos ha revelado mientras lo estudiamos, a lo que nos ha enfrentado mientras lo buscamos y con lo generoso que ha sido, me ha dejado claro que estamos en un cruce de caminos en el que si no hacemos las cosas bien, lo que estamos viviendo no se quedará y se diluirá en una economía falsa”. Pero, ¿cómo evitar esto? He ahí el trasfondo del proyecto. Con La casa tropical, Galván no solo pretende hacer chocolates de primera calidad; también quiere sentar el precedente de una tendencia que nos lleve al nuevo lujo, a una economía más sana y con un concepto al que ha llamado ‘los nuevos negocios del mundo’: “Si no repatriamos nuestra cultura, si no rescatamos lo olvidado, llegarán nuevas cosas a engañarnos: más fast-food, más refrescos… lo que debemos hacer es usar nuestro know-how —en diseño, moda, arquitectura— incorporando las fuerzas de la naturaleza para crear proyectos míticos que no se queden atrapados en un new age falso ni en un almanaque para turistas, sino que se conviertan en una modernidad más inteligente y educada. Vivimos rodeados de cosas bien hechas, de proyectos magistralmente realizados, el problema es que nadie cree en nada, ya no somos seres políticos, no hay manifiestos sino vorágines de ideas, se ejecuta sin profundidad. Eso es lo que hay que cambiar. En La casa tropical no hacemos diseño social ni ecológico, sino economía. De hecho, limpiamos la palabra economía, tan desvirtuada cuando lo malo han sido las doctrinas capitalistas y no ella, que es el ejercicio de administrar razonablemente los bienes. Por eso decimos que aquí no hacemos chocolatitos, vendemos el chocolate del mundo; complejizamos, generamos accidentes, creamos los mitos que tanta falta nos hacen…”

PUNTO DE REUNIÓN EN LA CASA TROPICAL

Compartiendo espacio con la fábrica, es en esta mesa que se llevan a cabo las juntas y la toma de decisiones de un proyecto que resignifica las prácticas en torno al cacao y el chocolate en el mundo a través de la develación estética de identidades olvidadas.


DE OMELETTE A LA CASA TROPICAL Diseño que trasciende Héctor Galván y su despacho Omelette ya son parte de la historia del diseño mexicano de la primera década del siglo. "Hicimos grandes proyectos", dice Héctor, "logramos conceptualizar la antropología de México para hacer proyectos de diseño. Ahora tratamos de hacer lo mismo con el chocolate. En el futuro, planeamos hacer lo propio con la vainilla y publicar nuestras investigaciones".

UNA CASA PARA EL CHOCOLATE

Para traducir en un espacio la filosofía de La casa tropical, Héctor Galván y su equipo buscaron la materia prima en diferentes estados del país. 67 ELLE DECORATION


La casa tropical