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HISTORIAS

La

Emperatriz del labial rojo

A Dita Von Teese no le gusta que le digan 'actriz', mucho menos 'modelo'. Ella es bailarina de burlesque y es la reina del género. Gracias a ello ha aparecido en las portadas de las revistas de moda más influyentes, ha sido la imagen de marcas súper prestigiosas y fue esposa de Marilyn Manson. Empresaria poderosa, fantasía erótica y belleza atemporal, ella es el epítome de la feminidad

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e quita la ropa tan lentamente que resulta cruel. No hay prisa. La música marca el ritmo suave, cadencioso, con el que se va despojando poco a poco de las mínimas prendas de encaje negro que cubren su piel blanquísima. Se nota, en cada movimiento, su maestría para hacer sufrir. Los minutos que le toma quedar completamente desnuda parecen horas. La tortura se prolonga mientras se sumerge, grácil como es, en una copa gigante repleta de champaña. Vaya locura. Pareciera entonces que nació rodeada de diamantes, que el glamour lo ha vivido desde siempre, pero no es así. Que una jovencita más insípida que atractiva se convirtiera en la fantasía

erótica de millones y en la imagen de marcas como MAC, Agent Provocateur, Coco de Mer, Audi TT, Vivienne Westwood, Wonderbra, además de ser la embajadora global de Cointreau y propietaria de sus propias marcas de ropa y maquillaje, no ocurrió de la noche a la mañana… fue un camino espinoso que comenzó como hacen siempre las grandes historias: con una acción simple, minúscula, tan común como destapar una barra de labial rojo.

Para siempre rojo Ella era una típica adolescente estadounidense cuando, en los años 80, dejó su natal Michigan para vivir con sus padres y hermanas en California.

FOTO ARCHIVO EL UNIVERSAL

S

Por MÓNICA ISABEL PÉREZ


“MAQUILLARSE ES PRODUCIR MISTERIO: LAS MUJERES DEBEMOS RECORDAR QUE NO TENEMOS QUE SOMETERNOS A LO NATURAL, A LO QUE NOS TOCÓ” El estereotipo lo llevaba incluso en el nombre, Heather Sweet. Sí, Heather, como las tantas Heather —siempre rubias, siempre dulces, siempre con esa sensualidad artificial— que aparecen en las películas gringas. Y así era ella: una preparatoriana de pelo rubio y largo, sonrisa dulce, que tomaba clases de ballet. Pero pese a parecer sólo una más de la media, había algo en Heather que era poco convencional: a ella no le interesaban los neones ochenteros, ni el look a la Madonna en su época de Like a Virgin. No. Ella estaba fascinada por una estética que distaba de lo que la moda imponía en el momento. Había crecido viendo las películas de la época dorada de Hollywood de las que su madre era fanática y, para ella, una mujer de verdad debía ser tan elegante y sensual como las famosas pin-ups Betty Grable y Bettie Page. Así que cuando tuvo edad suficiente para maquillarse, no compró los cosméticos de moda ni usó los de su madre como habría hecho una chica normal: “Todas estaban usando esos ochenteros tonos durazno brillante porque era lo que estaba de moda, pero yo me compré un labial rojo. Recuerdo el momento exacto en que lo compré y, por supuesto, la primera vez que me lo puse. No sé cómo, pero sabía que eso estaba cambiando algo. Cuando me vi, supe que no iba a usar otro color en mi vida que no fuera rojo”.

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DITA VON TEESE

—¿Fue tan impactante lo que viste en el espejo? —Sí. Me sentí glamorosa de inmediato. Adoro desde entonces el poder transformador del maquillaje. Cuando cumplió 16, además de los labios rojos, Heather comenzó a experimentar con otra herramienta que se convertiría en uno más de sus trademarks: el delineador negro. “Me pintaba los ojos al estilo cat eye, justo como hago ahora, pero mucho más sutil. Fue cuando cumplí 18 que empecé a intentar copiar, de manera más evidente, el look de Bettie Page”. Un año después, ya con un look retro bien definido —se pintó el pelo de negro, usaba guantes de encaje y corsés—, Heather abandonó la universidad y comenzó a trabajar en un club de striptease de muy mala reputación en Orange. Sus shows, pese a lo decadente del

escenario, destacaron por el erotismo que lograba por medio de su estilo burlesque —género que surgió en el siglo XIX y que luego de permanecer en el olvidó por años, ella resucitó—. Fue una época sórdida que nunca ha negado, pero de la que tampoco habla demasiado: comenzó a participar en películas pornográficas y a usar drogas. En 2009, declaró para el sitio Contact Music: “La primera mitad de los 90 la pasé en la fiesta… usaba mucho LSD y éxtasis. Eventualmente mi peso bajó hasta que llegué a los 41 kilos. Me veía terrible. Fue cuando me di cuenta de eso que dejé las drogas. Subí de peso —a 51 kilos— pero mis pechos nunca volvieron, así que cuando cumplí 21 años me puse implantes”. Para evitar que recayera en las drogas, un amigo le sugirió que cambiara de trabajo… a otro club. A primera vista

Como actriz Dita ha participado en:

2007 2005 2004 1998 1995

Saint Francis

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The Death of Salvador Dali

Blooming Dahlia

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Matter of Trust

Romancing Sara

no parecía una solución, pero lo fue: ahí la descubrió la revista Playboy. El regreso del fetiche Una portada lo cambió todo. Incluso su nombre. Cuando consiguió protagonizar una edición decembrina de Playboy (ellos dicen que la descubrieron, ella dice que hizo todo por ponerse ante sus ojos), “Heather” no le pareció suficiente. Cambió su nombre a Dita, en honor a la actriz de cine mudo Dita Parlo. Los editores le exigieron un apellido, así que ella buscó alguno “interesante” en el directorio telefónico. Encontró “Von Treese”… y hubiera sido Dita Von Treese de no ser porque, por error, la revista publicó “Von Teese”. Bajo el nombre equivocado con el que ella se quedaría, había una frase: The Return of Fetish (El regreso del fetiche). Era claro que devolver el placer de los fetiches al mundo del erotismo era su intención: en aquella fotografía Dita posa con un corsé, un liguero y guantes… todo negro, todo de encaje. Su cintura minúscula, su pelo negro adornado con una flor blanca, un elegante collar a juego con su lencería y los labios rojo carmín funcionaron como un nuevo manifiesto sobre la sensualidad. Contrario al “look natural” que ya predominaba en esos años, la de Dita era una belleza artificial, con un


maquillaje que dejaba clara su oposición a las caras lavadas. —Lo hago así porque yo nunca me he sentido una belleza natural —me dice… y no entiendo cómo una mujer como ella se atreve a decir algo así. La veo a mi lado, enfundada en un maravilloso jumpsuit Gucci de seda negra con un encaje que deja ver su pecho y de verdad no puedo creerlo. Tenerla cerca pone a prueba los nervios de cualquiera. Es, sin ninguna duda, una de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida. Su sensualidad es tan poderosa que al verla tengo que recordar que sí, que me gustan los hombres… ellos, pobres, deben convertirse en gatitos indefensos ante ella. Dita, con su belleza anti (o más bien sobre) natural, es capaz de hacer temblar a cualquiera. Bella como París —Claro que eres una belleza natural… —No, no exactamente. Como te decía, me encanta cómo las mujeres nos

transformamos con el maquillaje. Especialmente las que no nos despertamos viéndonos como supermodelos. —¿? —Bueno, eso no quiere decir que me de miedo ser vista sin maquillaje, pero sí tengo un look completamente diferente. Es un aspecto que reservo para la gente más cercana a mí, es algo que es parte de mi intimidad. Cuando salgo, en cambio, me preparo mucho, me maquillo pensando en que lo que estoy haciendo es crear la imagen con la que me gusta presentarme a mí misma ante el mundo. Me gusta tener esa dualidad. —Creando una máscara… —Creando belleza, más bien. Construyéndola. Maquillarse es producir misterio. Estoy segura que un buen maquillaje puede hacer que cualquier mujer resulte más fascinante que una supermodelo. Créeme, he estado en habitaciones llenas de ellas y bueno, no voy a decir que no son muy bellas, pero estoy segura de que yo consigo llamar más la atención. Hay poder en el arte de la creación. Las mujeres debemos recordar que no tenemos que someter-

nos a lo natural, “a lo que nos tocó”. Podemos decidir ser bellas y hacernos bellas según nuestro propio concepto. —¿Cuál es tu definición del concepto, entonces? ¿Qué es la belleza? —Creo que hay muchos tipos de belleza. Pero principalmente están la natural y la artificial. La primera, por ejemplo, puedes verla cuando aprecias el océano o ves el paisaje de una isla paradisíaca. Son cosas hermosas, sí, pero están ahí, así son y ya. Ahora, está la otra, y es una que respeto mucho porque es el lado en el que yo estoy: la belleza a partir del artificio. Contrario a lo natural, aquí tendrías que pensar en lo que te hace sentir la belleza de París, por ejemplo, en sus edificios, sus monumentos, todo eso que fue hecho de manera tan bella que no puedes hacer más que sentir un profundo respeto… pues eso, yo quiero ser bella como París. Respeto mucho a las mujeres que tienen una belleza natural, pero un poco más a las que se la crearon. Ellas no sólo viven la belleza, la cultivan.

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DITA VON TEESE

Una copa gigante Si una mujer es capaz de declarar que ambiciona compararse en hermosura con una de las ciudades más bellas del mundo, entonces puede esperarse todo de ella. Gracias a su determinación, Dita consiguió lo que quería: ser una de las pin-ups con las que tanto soñó. Después de aquella portada de Playboy, su imagen comenzó a darle la vuelta al mundo. Los contratos con las grandes marcas comenzaron a llegar a montones. La sorpresa era: ¿por qué marcas de cosméticos como MAC o de lencería como Agent Provocateur buscaban a alguien como Dita? La respuesta quizá tiene que ver con la nostalgia. Eran los inicios del siglo XXI y los recuentos sobre cada una de las décadas del siglo XX no se hicieron esperar. Heather se convirtió en Dita en el momento exacto, en un instante en el que el mundo —al igual que ella

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Entre las mejores

del mundo

Las marcas más reconocidas han tenido a Dita como su imagen. Entre ellas: - M.A.C. - Peach John - Agent Provocateur - Coco de Mer - Audi TT - Cointreau - Vivienne Westwood - Frederick's of Hollywood - Wonderbra - Jean Paul Gaultier

misma hacía— extrañaba los estándares de belleza de las mujeres de los años 40: maquillaje artificioso contra el contrasentido que es el “maquillaje natural”, erotismo contra sexo, lentitud contra rapidez… Atrapada en el tiempo, Dita comenzó a modelar para las grandes marcas sin tener que estar a la moda. Fueron los diseñadores los que tuvieron que adaptarse a ella. No hay colección nueva de Gucci, Dior, Marc Jacobs o Yves Saint Laurent en la que ella no encuentre vestidos adecuados a su imagen atrapada en el pasado (eso sí, también tiene una importante colección de prendas originales de los 40 y 50; quizá una de las más grandes de Estados Unidos). Incluso fue la elegida para modelar el primer vestido hecho con una impresora 3D. Esa alta tecnología, por su puesto, cedió bajo su yugo. El vestido, diseñado por Michael Schmidt y generado por el arquitecto Francis Bitonti, es


“YO QUIERO SER BELLA COMO PARÍS. RESPETO MUCHO A LAS MUJERES QUE CREARON SU PROPIO ESTILO DE BELLEZA”

una magnífica red negra que se imprimió en 17 trozos que luego fueron cosidos a mano y a los que se le incrustaron 12 mil cristales Swarovski para que “lo más nuevo” pudiera tener la fastuosidad de la época de oro hollywoodense que ella encarna. —¿Cómo resistes a la tentación de estar a la moda? ¿En serio nada de lo que sucede actualmente te llena? —No. Y nunca he seguido las tendencias. Claro que me encanta ver las revistas y saber sobre lo nuevo y lo que la gente está haciendo, pero lo que yo amo está en el pasado. Además lo retro siempre vuelve y nunca deja de ser una referencia. Sé que me veo pasada de moda, pero no me importa. Así es como quiero ser y no quiero dejarme llevar por lo que vemos en los medios tradicionales, porque la belleza impuesta no es de verdad. Es un estándar que no incluye diferencias: si no puedes tener diferentes tamaños y formas, menos diferentes gustos. Las mujeres tenemos que pensar más por nosotras mismas… Y así hizo ella. Lo que no encontró en la actualidad, lo rescató del pasado o lo creó ella misma. La fórmula funcionó: mientras las ofertas de modelaje llegaban sin parar, ella preparaba sus espectáculos de burlesque. Shows altamente eróticos, llenos de fetiches y de sensualidad que la convirtieron, ante el público y la prensa, en La reina del Burlesque. Y lo es. Fue ella quien revivió el género, contagiando a miles de mujeres a seguir sus pasos. Por supuesto, ella va a la avanzada. No sólo baila y se desnuda ante el público en espectáculos producidos por ella misma como el actual Strip Strip Hooray! en el que, ya se dijo, acaba bañándose desnuda en una copa gigante llena de champaña; también estudia el tema y hasta ha publicado libros al respecto: Burlesque and the Art of the Teese / Fetish and the Art of the Teese, Dita: Stripteese y Fetish Goddes: Dita.

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DITA VON TEESE

Fue debido a esos intereses y excentricidades que un día llamó la atención del rockero Marilyn Manson, quien por esos años, 2001 y 2002, era considerado por muchos una encarnación de lo peor de la cultura estadounidense: el anticristo.

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Todo es relativo

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Dita siempre habla de belleza. Hay decenas de entrevistas en las que revela sus secretos, en las que da consejos y hasta recomienda productos, pero pocas veces habla del concepto en sí mismo. Quizá mis preguntas le han parecido demasiado o intuye una curiosidad más personal, así que me mira a los ojos —sí, con esos ojos felinos— y me dice con su voz exageradamente baja y dulce: —No puedes complacer a todos. Puedes ser muy guapa pero, ¿sabes qué?, siempre hay alguien a quien no le vas a gustar. Debes entender eso. Dita está por cumplir 41 años y me queda claro que lo entiende muy bien. Ha aprendido que lo más difícil de la belleza es su relatividad. Lo aprendió de una manera dura: después de seis años de noviazgo y uno de matrimonio con Marilyn Manson —en los que la fealdad de él siempre hizo que fueran tratados como una suerte de Bella y Bestia—, el rockero la abandonó por la entonces jovencísima actriz de 19 años Evan Rachel Wood. “No importa qué tan guapa seas, siempre hay alguien a quien no le vas a gustar”, recuerdo. Y pienso también en una escena de la serie Two and a Half Men, en la que Charlie Harper (interpretado por Charlie Sheen) le dice a su poco galante hermano Alan: “Por cada mujer guapa, hay un hombre que está harto de tener sexo con ella”. Dita no lo dijo así, pero lo expresó cuando en una entrevista de la revista Vanity Fair le preguntaron cómo se había desatado su peor rompimiento. Ella respondió: “Cuando


Ícono del glamour.

Von Teese ha aparecido en las portadas de las revistas de moda más importantes

mi ex esposo se filmó a sí mismo teniendo sexo con su nueva novia, en nuestra cama, para un video musical”. Cuando Dita y Manson se casaron en 2005, en una ceremonia oficiada por el cineasta chileno Alejandro Jodorowsky en un castillo en Irlanda, los medios y sus fans emitieron cientos de mensajes haciendo referencia a cuán afortunado era Manson por tener a una belleza como Von Teese a su lado. Cuando firmaron el divorcio, los comentarios se repetían. En los foros de seguidores del músico, todos los comentarios coincidían al preguntarle cómo había podido dejar ir a una mujer así. —La relatividad de la belleza es muy cruel, ¿cómo se escapa de algo así? —Estando cómoda. Por años he sido calificada de hermosa por unos, y de fea por otros. Así que lo que hago es no concentrarme en la gente que piensa que soy fea. El secreto para ser hermosa siempre es rodearte de gente que comprende tu belleza como es, como has querido que esta sea. Debes divertirte, ser aventurera, probar nuevas cosas…

LA ERUPCIÓN. Saltó a la fama cuando apareció en ‘Playboy’; a partir de entonces usa el nombre ‘Dita Von Teese’

Hoy que estaba caminando por las calles de esta ciudad (el DF) vi a una mujer fascinante. Se puso sombras turquesa, los labios rojos. No podía dejar de verla, era maravillosa, no era ni joven ni particularmente bella según los estándares, pero era increíble, yo quedé impactada por una presencia tan colorida y poderosa. Tuve que tomarme una foto con ella. Creo que, como ella, tienes que aventarte y hacer las cosas. Quizá habrá quien te pregunte por qué estás usando tanto maquillaje. Quizá a ella sus hijos le preguntan porqué usa esos colores en los párpados todos los días, pero si al salir al mundo puedes hacerlo como un personaje fascinante, ¿por qué no hacerlo? Hay gente con una mente más tradicional que no entiende esas cosas, ¿sabes? Me los he encontrado muchas veces en la vida, pero eso no debe impedir que uno siga haciendo lo suyo. Si es algo que te hace feliz e inspira a los demás, debes hacerlo sin importar que otros digan que está mal. No es el maquillaje —o sí— sino también la actitud. Dita será una belleza “artificial”, pero jamás hueca. Me dice adiós en un volumen apenas audible, como parece que siempre hace. Es como si quisiera obligarnos a todos a leer las palabras en sus labios rojos… y todos obedeciéramos. Me alejo, pero antes de irme vuelvo a echar un vistazo. La seda negra sobre su cuerpo oculta y revela todo. Parece que nació rodeada de diamantes.

MÓNICA ISABEL PÉREZ es una editora y escritora que colabora desde hace diez años en diversas publicaciones de estilo de vida. Mon es una ‘rara avis’ que lo mismo se sumerge en una conversación sobre arte y literatura que se apasiona por una charla sobre buena mesa y moda digna. Una verdadera hedonista, pues. Es fan de Hello Kitty, pero ahora es más devota de Dita Von Teese

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Dita Von Teese  

Domingo; 2013.

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