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Estampa in memoriam de Carlos Cordero A ntonio Arévalo Sánchez Director de la revista Guadalupe

Carlos Cordero Barroso (Alcalá de los Gazules, Cádiz, 1934), Carloscordero o, simplemente, Doncarlos, era un personaje poliédrico e inquieto en la puebla y villa; lo era mucho más que cualquiera de los que él venía abocetando en la columna que firmó habitualmente en Guadalupe, la cual empezó titulando Estampa del pueblo de mi padre cuando despuntaban arborescentes los años 80. De ahí que yo juegue con el título y sus añoranzas en este perfil que publiqué cuando aún vivía él. Resulta que su padre, Arsenio Cordero Viñuelas, salió de Guadalupe bien aconsejado para colocarse de funcionario en el ayuntamiento del Alcalá gaditano, sin dejar de acudir a la parroquia de san Jorge, donde ejerció de organista hasta su muerte en 1967. Allí casó Arsenio y allí tuvo cuatro hijos. El nuestro nació un 4 de enero republicano de 1934. Después de estudiar Magisterio y recebarse de estampas extremeños a la lumbre del padre —discípulo del mártir y músico P. Víctor Sillaurren Fernández de Líger—, Carlos ganó una oposición el año 1963 y voló del sur (al revés que la paloma de Alberti) a las escuelas de Valdecaballeros (Badajoz), el de la nuclear nonata, en donde fue concejal, dirigió el Teleclub, un equipo de fútbol y un coro juvenil.

Doncarlos ha sido maestro nacional en Guadalupe de 1971 a 1995, año de la jubilación. En las aulas del colegio Reyes Católicos —dirigido entonces por D. Francisco Carrasco Rol— fue profesor de religión y de música, gracias a sus dotes y a la formación que recibía cada verano en los burgaleses cursos de la Escuela Superior de Música Sacra; dirigió el coro escolar y un equipo infantil de fútbol —con los que logra éxitos a nivel regional—, amén de colaborar en las Semanas de Extremadura en la Escuela y en otras actividades culturales, que tan pacientemente cultivan las maestras Antonia Arroyo Quirós, Demetria Trujillo Trujillo, Paula Rubio Camacho y Petra Cordero Vázquez, prima y esposa de Doncarlos. Teniendo buen oído y educación musical, raro hubiera sido que no formase parte de la Coral Santa María de Guadalupe, sobre todo bajo la batuta del P. Serafín Chamorro Rodríguez (1971-1974 y 19891995), con el que se llevaba de perlas y la agrupación alcanzó un friso insuperado. Asimismo propició que, tras la muerte del músico Alfonso Moreno Collado, la banda de Música vuelva a rehacerse en 1973, dirigida por Manuel Moreno Collado hasta su óbito en 1980, dando luego paso a la dirección de Cesáreo Plaza Álvarez hasta hoy día. Juntamente con Cesáreo, fray Manuel Muñoz García y el malogrado Pedro Moreno Tello, Carloscordero alentó la creación de la Escuela de Música local, vivero de la banda y una escolanía inviable. En Valdecaballeros y Guadalupe, nuestro Carlos es, además, un hombre de parroquia, como su padre. Durante las rectorías de los padres Manuel Cuervo Saá (1980-1986) y Francisco M. González Ferrera (1993-1999) fue catequista y animador de las misas con niños hasta su jubilación de maestro. También formó parte de una cofradía sui géneris, que llamaron del Cristo de Mirabel, presidida por Juan Domínguez Quiroga (alias Mahoma), encargada de la organización de las romerías y fiestas parroquiales en el sexenio del P. Cuervo (y sus coadjutores), a la que debemos, entre 1977. Junto al P. Castrillo, Carlos preside la imposición de la insignia de Oro y entrega del título de Caballero de Honor al Rey. [Foto: Amor] otras cosas, la nueva urna del citado Cristo.

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Revista Guadalupe 833  

Revista Guadalupe nº 833 editada por Ediciones Guadalupe

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