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Revista del Real Monasterio de Guadalupe fundada en 1916. Nº 828, Año 2012

Muñoz-Torrero, padre de la Constitución de Cádiz/10 Un episodio de los conversos de Puebla de Alcocer/16 Tamames escribe de Guadalupe/32


«Tanto pensaste América, Señora,/ que cambiaste la luz fina y romana por el aire encendido de la breña,/y entreabriste a los mundos otra aurora teñida de tu fe guadalupana/¡porque la Hispanidad fuera extremeña!»

J. M. Santiago Castelo, 1974


Nigra Sum*

Salve, Argeme

Marzo - Abril

Núm. 828. 2012 --

Director:

Antonio Arévalo Sánchez, OFM Subdirector:

Jesús Mª Tena González, OFM Administrador:

Hipólito Améz Prieto, OFM Secretaría y Suscripciones:

Antonio Ramiro Chico --

Redacción y Administración: Real Monasterio de Santa María 10140 GUADALUPE (Cáceres) Teléf.: 927 36 70 00 Fax: 927 36 71 77 Web: http/www.monasterioguadalupe.com Correo electrónico: biblioteca@monasterioguadalupe.com Edita: Ediciones Guadalupe Imprime: Gráficas San Antonio, S. Coop. Almansa, 7 41001 Sevilla Depósito legal: BA-12-1988. --

Tarifa suscripción 2012 Cinco números y almanaque de pared Anual ordinaria .......................... 15 E Anual extraordinaria .................. 20 E Anual bienhechor........................ 60 E Anual extranjero.......................... 25 E

A

orillas del río Alagón, se alza la muy noble y muy leal ciudad de Coria, cabeza de la diócesis visigótica. Lejos de la catedral, a la que desciende cada año la Virgen para el novenario y fiesta mayor, se alza el santuario de Argeme (s. XVII-XIX). De ese monte a la entrada, tu ermita se refleja en la margen del río, y es espejo a tu imagen bendita de las aguas el puro cristal. La primitiva imagen es de estilo románico y bien pude ser una de las que traían los reyes en la Reconquista, cuando Alfonso VII ganó estas tierras a los moros en los albores del siglo XIII. A esas calendas apunta la leyenda su hallazgo a causa de la reja del arado que guiaba un criado mudéjar. Al ver éste que el arado se hincaba en la tierra pese a que azuzaba al buey (¡Ara, Jeme!), halló en nicho de piedra una estatuilla femenina, que guardó en el zurrón para juego de sus hijas. Cuál no fue su sorpresa cuando la estatuilla volvía una y otra vez del zurrón al nicho, que hubo de poner el caso en conocimiento del amo cristiano y éste en el de la autoridad eclesiástica. Levantaron en el lugar una ermita y empezó a difundirse el hecho y el título: Santa María de Argeme. Desde el primer cuarto del siglo XVII creció, en Coria y su comarca, la devoción a esta imagen a raíz de unas rogativas y a la fundación de la cofradía. A tus pies virginales, devoto, deposita el cauriense su ofrenda y su amor es la mística prenda de su celo en favor de tu altar. León XIII, por preces de Ramón Peris Mencheta, la declara en 1901 patrona de la ciudad y de la diócesis, siendo luego coronada en 1956, durante el pontificado de Manuel Llopis Ivorra. La imagen ha sufrido trasformaciones enormes, primero para vestirla al gusto barroco y tridentino, y durante el siglo XIX para cubrirla con nuevo busto: de pie, con la luna por pedestal, sostenida por dos arcángeles, con brazos articulados y piel morena. ¡Salve, Argeme! Los hijos que habitan las riberas del bello Alagón cada vez que tu casa visitan, al mirarlos, tus ojos les quitan lo pesares de su corazón. * «Nigra sum» [Soy morena…] es una expresión tomada del Cantar de los Cantares (1,5) que la Liturgia, desde la Edad Media, aplica a las Vírgenes Negras.

Índice

I. Nigra sum: Salve, Argeme ................................................................ 1 II. Aires morenos [Noticias de la Virgen]............................................ 2 III. Aula capitular [Opinión] - Bitácora del Director................................................................. 5 - A las claras: María J. Flores, OSC................................................. 6 - De lo mundano a lo humano: Emmanuel Ramiro Fernández. 7 - Pura y limpia: Braulio Rodríguez Plaza..................................... 8 - Barrera del sol: Francisco de A. Oterino Villasante, OFM......... 9 IV. Scriptorium guadalupense [Investigación y divulgación] - Muñoz-Torrero, cura y padre de la Constitución de Cádiz Antonio Arévalo Sánchez................................................................. 10 - Un episodio de los conversos de Puebla de Alcocer Manuel Herrera Vázquez................................................................. 16

- Don Benito: Tres Vírgenes y un misionero Daniel Cortés González .................................................................. 19 - Las 21 misiones de la Alta California Arturo Álvarez Álvarez ................................................................... 23 V. Plaza Mayor [Noticias del Monasterio y la Puebla] - Microclima en Guadalupe y cambio climático.................. 27 - Isabel volvió a Guadalupe................................................. 29 - Una peregrinación a Guadalupe y una visita a Cáceres. 32 - Breviario........................................................................................ 35 - Crónica de la Puebla.................................................................. 36 - Estampa y Mirando atrás......................................................... 39 - Normas para la presentación de originales.................................... 40 Portada: Archivo del Real Monasterio. AAS. Contraportada: Alberto Navalón Mateos, Cáceres

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Fuencisla es su nombre La fama de esta hermosa talla de la Vir- Patrona de Segovia; fue coronada canógen no le viene a causa del reciente robo nicamente por el obispo Remigio Gande su corona, felizmente recuperada por la dásegui y Gorrochátegui (1914-1920) Policía Nacional, aunque este ultraje haya el 24 de septiembre de 1916 y lleva dado pie al acto de desagravio que se llevó la Medalla de Oro de la ciudad desde a cabo en la catedral segoviana el pasado 1939. El beato Juan Pablo II oró ante 4 de marzo, presidido por el Nuncio de Su ella el 4 de noviembre de 1982, aquel Santidad en España, Mons. Renzo Fratini, día glorioso que amaneció en el Santuaen compañía del prelado de Segovia, nues- rio de Guadalupe, voló a Toledo y, atartro ilustre paisano D. Ángel Rubio Castro. deciendo, llegó a Segovia. En el centro Su fama viene de antiguo. La leyenda re- de la arquería del célebre acueducto monta piadosamente su origen a san Lucas romano hay un nicho en que se venera y su venida a España a san Jeroteo, discípu- una copia pétrea de esta imagen. lo del apóstol san Pablo. Durante la pérdiEl análisis artístico de la imagen dice, da de España (711), el presbítero Sácaro o no obstante, que, tallada en madera y Lázaro ocultó la imagen en una bóveda de policromada, es imagen de estilo gótico SEGOVIA. Nuestra Señora de la Fuencisla, la iglesia de san Gil, a orillas del Eresma. flamenco, de 77 centímetros de altura, Patrona de ciudad Hallada durante el reinado de Alfonso VI, fechable entre los siglos XIV y XV. De roscuentan que fue entronizada sobre la puerta de la antigua Iglesia Catedral románica, tro ovalado y rasgos delicados, su nariz desaparecida con los Comuneros, frente al alcázar. alargada se desvía ligeramente. La cabellera lisa se parte en dos. Tanto el cuello El milagro de la judía En aquel tiempo, vivía en la ciudad una judía de nombre Esther que abrigaba la como el resto del cuerpo son esbeltos. intención de abandonar la fe mosaica y bautizarse. Otros judíos, sabedores del propó- Al estar en pie, la Virgen lleva una túnisito de Esther, la acusaron de adulterio con un cristiano y fue juzgada por los ancianos ca azul, ceñida con un cinturón. Con la y condenada a morir despeñada. Para tal fin, eligieron la cima de las Peñas Grajeras, mano izquierda se recoge graciosamente desde donde se contempla el alcázar y la catedral vieja. Cuando iban a empujarla ma- el vuelo formando unos pliegues donde niatada, Esther divisó la imagen de la Virgen en la puerta catedralicia y se encomendó se insinúa la rodilla derecha doblada y a su amparo. Arrojada al precipicio, descendió suavemente al suelo sin el menor que- deja ver el bies de la saya. Por el escote branto. El gentío, que se agolpó curioso para ver la ejecución, quedó maravillado. Poco cuadrado sobresale la enagua. Lleva el después, la judía recibió el bautismo, dándosele el nombre de María. Segovia añadió Niño en la mano derecha, cosa inusual el mote «del Salto»: María del Salto o Marisaltos. El milagro está referido en la cantiga en la imaginería española. «A diferencia de la Madre —ha es107 de Alfonso X el Sabio. crito recientemente María del Carmen Pasado el tiempo, el obispo Pedro de Agén (1110-1140), con la protección de Hernández San Frutos, conservadora del Alfonso VII, levantó una ermita a la milagrosa imagen en el paraje de Peñas GrajeSantuario y miembro de su Junta rectoras, origen del actual santuario renacentista y de planta de cruz griega (1598-1613), cuyas obras dirigió Pedro de Brizuela no lejos del monasterio jerónimo de El Parral, fundado en el siglo XV por Enrique IV con dineros del marqués de Villena. El Santuario, regido por carmelitas calzados, posee un interesante retablo de Pedro de Torres; la sacristía fue trazada por fray Pedro de la Visitación. Completa el conjunto del santuario el Arco de la Fuencisla, obra del siglo XVIII en cuyos relieves se narra la leyenda de la Virgen. Desde él ha subido a la catedral en numerosas ocasiones: sequías, guerras, pestes… Hoy día, a finales de septiembre sube para el solemne novenario que le dedican. Presencia que conmociona la bella ciudad castellana. Es tradición que la misa que se dice a las 7 de la mañana esté concurrida de jóvenes. Fuencisla El título de esta Virgen es el de Fuencisla (del latín fons stillans: fuente que mana), y, aunque sean muchas las fontanillas y manantiales que brotan en Peñas Grajeras, nadie sabe con certeza si se debe a eso el nombre. La Virgen de la Fuencisla es SEGOVIA. Catedral de Santa María (s. XVI-XVII)

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Dice el Papa

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ra—, el Niño está desnudo, con las piernas en movimiento como si realizara un paso de baile, mientras que con la mano derecha bendice y en la izquierda porta el Orbe. Ambos miran en la misma dirección. La mirada de la Virgen es dulce y algo melancólica por premonición de los tristes sucesos de la Pasión de su Hijo. Se relaciona con el modelo bizantino de Virgen glicofilousa, por el gesto maternal hacia su Hijo. Desconocemos quien fue su autor. Probablemente la talla llegó a la ciudad como consecuencia del comercio de lana con Flandes o gracias a alguna donación de un personaje importante. […]Se realizó para ser vista sólo de frente y probablemente para que no llevara ropajes. […]No sabemos cuando comenzaron a cubrir a la Virgen con vestidos, pero seguramente ya lo estaba en 1598, cuando se realizó la primera subida y bajada de la Virgen a la Catedral de la que tenemos noticia».

María, espejo de Iglesia «En cuanto Hijo de Dios, Cristo es forma del hombre: es su verdad más profunda, la savia que fecunda una historia de otro modo irremediablemente comprometida. La oración nos ayuda a reconocer en él el centro de nuestra vida, a permanecer en su presencia, a conformar nuestra voluntad a la suya, a hacer «lo que él nos diga» (Juan 2, 5), seguros de su fidelidad. Esta es la tarea esencial de la Iglesia, coronada por él como esposa mística, como la contemplamos en el esplendor del ábside [de la basílica santa María la Mayor]. María constituye su modelo: es la que nos brinda el espejo, en el que se nos invita a reconocer nuestra identidad. Su vida es un llamamiento a reconducir lo que somos a la escucha y a la acogida de la Palabra, llegando en la fe a proclamar la grandeza del Señor, ante el cual nuestra única posible grandeza es la que se expresa en la obediencia filial: «Hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1, 38). María se fió; es «bendita» (Cf. Lucas 1, 42) por haber creído (Cf. Lucas 1, 45); hasta tal punto se revistió de Cristo que entró en el «séptimo día», participando en el descanso de Dios. Las disposiciones de su corazón —la escucha, la acogida, la humildad, la fidelidad, la alabanza y la espera— corresponden a las actitudes interiores y a los gestos que plasman la vida cristiana. De ellos se alimenta la Iglesia, consciente de que expresan lo que Dios espera de ella.» [Discurso a la Conferencia E. Italiana 26. 05. 2011]. Benedictus XVI

Ermida de Raposeira

RAPOSEIRA (Portugal). Ermita de Nuestra Señora de Guadalupe (s. XIII)

A Ermida de Nossa Senhora de Guadalupe é um edifício religioso localizado no concelho de Vila do Bispo, no Distrito de Faro, no barlavento Algarvio, em Portugal. Esta pequena ermida recentemente recuperada, data na segunda metade do século XIII, com diversos elementos góticos num base ainda românica. A fachada principal evidencia um estilo gótico muito simples e rural, com portal ogival e uma rosácea a encimar. O interior é de nave única, estando a capela-mor coberta por uma bonita abóbada com capitéis decorados. Durante o século XV a ermida foi integrada na Quinta da Raposeira, propriedade do Infante D. Henrique, restando ainda hoje vestígios do Paço medieval onde residiu o Infante que tornou possível o sucesso dos Descobrimentos Portugueses. Em anos de seca era tradição vir em Romaria à ermida, pedir a bênção da água a Santa Maria de Guadalupe. Situado junto à Estrada Nacional 125, entre as localidades de Budens e Raposeira, no Concelho de Vila do Bispo, este templo é conhecida por ter sido o local de oração do Infante D. Henrique. Construído, provavelmente, pelos templários, apresenta uma planta rectangular, com uma só nave apoiada por contrafortes. A cobertura, de duas águas forradas a telha vã, possui várias gárgulas e uma cruz no topo da frontaria. O acesso fazse por um portal, de forma ogival, com capitéis ostentando cordoados e um rosto humano, na frontaria do edifício, que também contém uma rosácea. Na capela-mor, encontra-se uma abóbada sustentada por oito colunas com capitéis adornados com ramos, conchas, cabeças humanas e folhagens, que se encontram entre as obras mais realistas deste tipo em Portugal. Considerada como um dos raros exemplos da arquitectura medieval no Algarve, devido ao facto de ter sobrevivido ao Sismo de 1755, é a mais antiga construção de natureza religiosa nesta região. Foi declarada, em 1924, como Monumento Nacional.

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Morena en el Albaicín de Granada Caído el reino nazarí de Granada el 2 de enero de 1492, faltó tiempo a Isabel de Castilla para despachar misivas al prior de Guadalupe, trasladar a la ciudad la fundación jerónima de santa Fe y erigir conventos de frailes franciscos y Clarisas, entre otros más que plantaron sobre generalifes y minaretes. El de las monjas, ideado junto a san Francisco el Real en los jardines de la Alhambra (s. XVI), se alzó finalmente en pleno Albaicín, en el solar áulico de la antigua alcazaba Qadima de la dinastía zirí (s. XI), anejo al palacio de Dar al-Horra (s. XV), así nombrado a gloria de la madre de Boabdil el Chico, que lo habitó un tiempo. Es el edificio más significativo, junto al hospital y capilla real, de la primera época cristiana tras la rendición de la ciudad. Monasterio de Clarisas Erigido el 15 de septiembre de 1501 bajo el título de santa Isabel de Hungría, fue espléndidamente dotado, por lo que es uno de los conventos más notables del arte granadino. El cenobio, al que le expropiaron la huerta en el siglo XIX y el palacio nazarí el año 1930, se compone de un claustro renacentista (15741592) e iglesia mudéjar, precedidos por luminoso compás de puerta barroca. A la iglesia, de una sola nave rectangular, se entra por una bella portada de estilo gótico flamígero o isabelino, obra de Enrique Egas (s. XVI). Tanto el campanario mudéjar (1549) como la pila del agua bendita o los espléndidos alfarjes que cubren la nave y los dos coros, evocan del pasado nazarí de la ciudad. Al presbiterio, destacado de la nave mediante arco toral levemente apuntado, se asciende por suntuosa escalinata. Los muros de este lugar están decorados con ricas pinturas murales de 1736, en las que se hace uso magistral de las técnicas del trampantojo y la grisalla. Su cubierta es de madera, obra del primer tercio del Quinientos, de estilo gótico inglés: estrellados curvos con pinjantes, lóbulos, pechinas ojivales y friso tallado con incipientes grutescos. El retablo mayor es de principios del s. XVII, y más que sus trazas manieristas y lienzos, destaca en él la imaginería, atri-

GRANADA. Virgen de Guadalupe en el retablo Mayor de santa Isabel la Real

GRANADA. Retablo Mayor de santa Isabel la Real

GRANADA. Artesonado sobre el presbiterio de las Clarisas

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buida a Bernabé de Gaviria († 1622) y Pablo de Rojas (1549-1611). Imagen de nuestra Morenita En la primera mitad del siglo XVIII, la estructura del retablo se vio modificada con la inclusión de un elemento de estilo churrigueresco, formado por el manifestador y hornacina que alberga un simulacro de Nuestra Señora de Guadalupe, a la que la reina Isabel distinguió con ferviente devoción en su templo de las Villuercas. La imagen de bulto, tallada y policromada, de tez blanca, data de finales del siglo XVI. Hay quien la atribuye a sor Catalina de Luzón, fallecida en 1601 y autora de un san Francisco. Dice de esta talla granadina el cronista franciscano fray Alonso de Torres (1683): «Corona el sagrario de su altar mayor el principal nicho con la imagen de N. S. de Guadalupe, de talla de estatura de una vara, hermosísima, la cual hizo, por su devoción, una religiosa antigua. Estatua colocada dentro del claustro alto hasta el año de mil seiscientos y sesenta, en que se trasladó al sitio referido; la cual es tan devota que se lleva a la enfermería, cuando hay enfermas, y las sana, como sucedió con las madres sor Ana de la Cueva y [sor Ana de] Mendoza; hermana del marqués de Bedmar, D. Gaspar de la Cueva, y del cardenal D. Alonso, obispo de Málaga [, respectivamente]. Las saludes de las tales fueron milagrosas, y por esta imagen hácese la Deprecación en todas las necesidades que se ofrecen.» Merced a la gran devoción que alcanzó en Granada, el trasunto tuvo cofradía desde 1634, organizando grandes fiestas y procesión cada 8 de septiembre, por lo que llegó a obtener del papa Paulo V un Jubileo plenísimo semejante al que otorgó el papa Paulo III al Santuario extremeño en 1535. Anota Arturo Álvarez, en su documentada La Virgen de Guadalupe en el mundo (Madrid 2000), que hubo otras imágenes de Guadalupe en la ciudad: capilla propia en el conventual de san Francisco el Real y el lienzo de la Granadina en las agustinas de santo Tomás de Villanueva.


Bitácora del Director

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o se dice a las claras del día, pero en algunos foros culturetas el único interés son los dineros, que pasan lastrándolo todo. Acaso tampoco ventilen ellos la conservación del arte o el bien cultural por la singularidad y belleza que encierra y produce, ni el equilibrio natural o la biodiversidad del entorno, sino únicamente el índice de visitas turísticas y de pernoctaciones que acarrea. A fuerza de darte de bruces con ello, tiene uno la impresión de que, en ciertas determinaciones políticas, los ediles no buscan la seguridad y bienestar de la ciudadanía; ya suponen que eso caerá por añadidura cuando el cementerio de residuos nucleares o las mismas centrales de la susodicha, den trabajo a la población y el jornal llene de cachivaches el cobertizo y la nevera, sobre todo en la que nos han precipitado estos años manirrotos. Al menos esa es la excusa que traen en la boca para salir al paso de sus decisiones polémicas. Verbi gratia: brinca y canta el alcalde conquense de Villar de Cañas porque, con el futuro Almacén Temporal Centralizado (ATC), 300 de sus 442 vecinos dejarán el campo para ser… peones de albañil ¿o en el lote va también el reparto de títulos universitarios? Ítem más: es magnífico que te declaren un geoparque, pero no por la excelencia del lugar o por la calidad de vida o por la singularidad del ecosistema, sino porque será un “instrumento dinamizador” de la zona (ahí es nada si, encima, “pone en valor” la deprimida comarca). in querer depreciar los entorchados que algunas ciudades extremeñas poseen de la UNESCO y adlátere, el despelote de algunos por conseguir diplomitas me da escozor. No diré una palabra de ciertas declaraciones de interés turístico. Trujillo —por citar algo con fundamento— es uno de los municipios más bonitos de España y merece los honores que otras ya disfrutan; si no los tiene aún reconocidos puede ser cosa de zancadillas, de una patada en la espinilla o un dedo en el ojo, nada más. Que Guadalupe, Mérida y Cáceres sean más conocidos y visitados que antes de alcanzar la declaración de Patrimonio de la Humanidad, parece una obviedad. Mas no creo que baste eso cuando las miras van más allá del número de hoteles, comercios y garitos (¡Y per-no-cta-cio-nes!, no se olvide). Sí, el marbete puede atraer inversiones, mover negocio, llenarnos el arca, disparar el parque automovilístico, llover ofertas y que nos invadan forasteros… Pero ¿eso era todo? Se sabe, por otro lado, que los galones y diplomas no traen aparejadas más ayudas ni partidas monetarias de la Organización. ¿Quién conserva un patrimonio tan gravoso y exquisito? Conocemos las obligaciones ¿pero se obtiene algún derecho? ¿Quién vigila que el bien no se atropelle o desmorone? (¿Cómo era aquello de tirar un monasterio en cierta puebla para hacer aparcamientos?) ¿Se protege el monumento o sólo es un reclamo ganso del turisteo de taberna, recuerdos y palacios de congresos? l monasterio de Guadalupe, aunque la villa no tenga aprobado todavía su plan urbanístico, —¡A qué esperan, Cristo de las Misericordias!—, ha gozado años de bonanza y de un trato privilegiado por parte de los gobiernos de Rodríguez Ibarra (cuya memoria debería perpetuarse entre estos muros como bien merece), sin opacar la del ministerio de Cultura y otro puñadito de instituciones públicas y privadas. La crisis económica heredada no es excusa para dejar en el limbo proyectos, convenios e inversiones. Urge cerrar la hemorragia de la falta de empleo, devolver a los jóvenes la esperanza y la estabilidad a la familia. Lo que no está reñido, ni mucho menos, con el gasto en Educación y Cultura. Primero porque, ambas dos, también sostienen el bienestar y crean puestos de trabajo, trabajadores más competentes y ciudadanos más libres; y segundo, porque la vida feliz es mucho más que el índice de pernoctaciones (¡y dale!) y que te tenga llenita la nevera, que dijo un rapsoda sevillista tras agotar la sesera en el himno del equipo. Por ese patrimonio de humanidad, sí que merece partirse el espinazo.

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La jiguera

El patrimonio y la nevera

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Antonio Arévalo Sánchez


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A las claras

Una mirada en 3D María de Jesús Flores, osc Monasterio de Santa Clara. Llerena

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acía sólo un mes que había comprado un televisor nuevo, cuyas dimensiones le obligaron a dar trabajo al carpintero haciendo una enorme oquedad para proteger y resguardar aquel mastodonte tecnológico. Al albañil, en cambio, se le esfumó la chapuza gracias al centímetro justito de pared que hizo posible la “entronización” en la casa del mega-armatoste. De la noche a la mañana, la salita se había convertido en una improvisada sala de cine, calefacción y palomitas incluidas. Que quise que no, a empujones “afectivos”, fui invitada a rendir pleitesía a la tecnología y, en nada de tiempo, me vi allí, ubicada en la sala convertida en cine. Realmente era muy difícil estar allí y no darse cuenta de las magnas proporciones del aparato, situado en la pared central, ya digo, con el permiso de las esquinas. El influjo indolente de aquella caja parlante que impone un silencio inviolable y deja sin capacidad de réplica a quienes consigue enmarañar, pensé, quedaba fuera de toda duda. Lo más llamativo es que, hacía escasamente dos meses, se había gastado unos ochocientos euros (euro arriba, euro abajo), en una TV predecesora de la que tenía frente a mí, y de la que se había deshecho, según me comentó, «por una buena causa». La primera, me explicó, aunque yo no entendía ni jota, era una TV de pantalla led. Cuando más tarde llegué a casa, me fui derecha a invocar a san Google para que me proporcionara el significado del concepto led. Al final, aburrida y con la sensación de haber perdido el tiempo, me quedé como cuando empecé a indagar, sin entender ni papa. Lo único que saqué en claro es que los televisores de pantalla led ofrecen imágenes de una gran resolución. Vamos, un aparato fetén. Sin embargo, la recién comprada, que, por supuesto, no tenía nada que ver con la anterior (mil euros de diferencia lo justificaban), era en 3D. Nuevamente, ya en casa, volví a encomendarme a san Google para que iluminara mi ignorancia ¿3D? ¿Y eso de qué va? ¡Es que mil ochocientos eurazos no son una limosna que uno da a Cáritas así como así! Merecía la pena informarse. Más de lo mismo. Después de leer por encima, intentando sortear la terminología enrevesada de la tecnología, saqué en claro que la susodicha hace el

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milagro de reproducir escenas tridimensionales, de manera que, la línea que separa lo virtual de lo real se vuelve cada vez más borrosa. Imágenes tridimensionales: alto, ancho y profundo. Lo cuál quiere decir que en cualquier momento, mientras uno está desparramado en el sillón anatómico, se encuentra con que el zombi pálido y descarnado parece como que sale de la pantalla para situarse justo delante de sus narices, avanzando sin titubeos a por el telespectador; o que las fauces abiertas del dinosaurio están literalmente dispuestas a engullirle sin compasión; o, en última instancia, alguien puede llegar a creer que el balón que CR7 ha mandado al fondo de la red, en un auténtico golazo por toda la escuadra, en el saque de una falta, puede hacer trizas, primero la pantalla de la que parece salir disparado, después las gafas del telespectador y, si se descuida, le puede llegar a volar la dentadura postiza. De todas las maneras, por mucho avance tecnológico que nos vendan, soy de la opinión de que confundir lo real con lo puramente virtual es, sencillamente, situarse fuera de la primera, vagando sin rumbo por el proceloso terreno de la fantasía, una tentación, por cierto, que acompaña al ser humano desde tiempo ha…; un ser humano, mujer y hombre, permanentemente empeñado en mirar, unas veces desvirtuando, otras frivolizando lo único más real que tiene delante de sí: la realidad que es. Termino deseando que la TV en 3D, logre volver más realistas a sus asiduos consumidores y, de paso, más solidarios para ver en tres dimensiones —es decir, en toda su anchura, largura y profundidad— la pobreza en la que malviven, justo un piso por encima de su sala de proyección, una pareja joven en situación de paro, con dos niñas pequeñas a las que le cuesta, Dios y ayuda, darles la sopita suya de cada día.


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De lo mundano a lo humano

Mi abuelo escala ochomiles Emmanuel Ramiro Fernández

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«No conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos». Edmund Hillary, primer hombre que ascendió al Everest

a estampa resultaba chocante para unos niños acostumbrados a ver las fotos de sus abuelos en las playas de Benidorm o en los balnearios del norte de España. Las fotos que Andrea tiene del suyo están teñidas de blanco y frío, de alegría y superación. Andrea cuenta que la afición le viene de lejos pero que últimamente Carlos, su abuelo, no hace otra cosa. Ahora busca hollar el Annapurna, el duodécimo ochomil de su carrera, el antepenúltimo escalón hacia la eternidad, el enésimo reto de su vida. Su receta es simple: «Pasarlo bien es bueno para la salud». Andrea abrumada ante la curiosidad de sus amigos del cole no encuentra respuestas para todos. La nieta de Carlos Soria, de apenas 6 años, desconoce cuándo empezó todo, cuándo ascendió su primer ochomil o simplemente qué es un ochomil. Andrea solo conoce las largas temporadas en las que echa de menos a su ‘yayo’. Lo otro, lo que se esconde detrás de la figura de Carlos Soria, los valores que representa y el mérito de sus actuaciones lo conocerá con el tiempo. Posiblemente en otra clase, ya de Primaria, le tocará explicarle a sus compañeros cómo su abuelo escaló las 14 montañas más altas de la tierra, los 14 ochomiles del Planeta. Para entonces sabrá que la aventura empezó hace más de 20 años, allá por 1990 cuando con 51 años Carlos todavía tenía una tapicería que sacar adelante. O eso es lo que le habían contado a ella. Ese primer ochomil tenía un nombre impronunciable, el Nanga Parbat, la montaña desnuda de Pakistán. Aquello fue el inicio de todo, solía decir Andrea. Su abuelo había roto otra barrera y, lo más importante, se había visto capaz. Cuatro años después llegaría el Gasherbrum II, el Cho Oyu lo alcanzaba en 1999 y el Everest, la cima del mundo, lo coronaba con 62 años en 2001. En 2004 se jubila y lo celebra pisando la cima del K2. El hobby se convertía en afición a tiempo completo y Carlos entra en el libro Guinnes de los récords al ser el hombre de más edad en hollar esa cima. La historia se repite hasta el nacimiento de Andrea. En ese tiempo Carlos reescribe la hazaña en el Sisha Pagma (2005) y el Broad Peak (2007), la montaña que más le ha costado, la cima a la que nadie subió con más edad que él. Hasta seis veces buscó el camino adecuado en ese laberinto que es cualquier montaña. Al sexto intento encontró la salida que para un alpinista solo se halla en la cima. La nieta no llegaba con un pan debajo del brazo, Andrea traía una nueva lección de vida, un nuevo ejemplo de amor a la montaña que transmitir a los suyos, que contar al mundo. Todo esto le relatará un día a su nieta, cuando ella vaya camino del Instituto y tenga que hacer un trabajo de superación personal. El ejemplo lo tendrá muy cerca. Para entonces Andrea conocerá el resto de la historia que es, en realidad, el inicio. Carlos le contará a su nieta, enfrascada por

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entonces en la edad del pavo, cómo unió el amor por la montaña con el amor de su vida, su abuela Cristina. El destino quiso que fuera en La Pedriza, en la Sierra de Guadarrama, a escasos kilómetros de Madrid, donde Carlos empezará a hacer posible su sueño. Luego llegarían los Alpes, el Elbrus en la cordillera caucásica y el descenso a los infiernos desde la buhardilla del mundo. Andrea, a través de su abuelo, conocerá entonces la cara amarga del deporte y de la vida. La que te provoca una rotura de tibia y peroné mientras esquiaba. Era 1970 y aquello le dejó la pierna rota en 40 trozos. Una vez recuperado asaltó el Himalaya en 1973, en la primera expedición española que osó ascender hasta la cordillera por excelencia de los alpinistas pero entonces le fallaron las fuerzas. Antes y después de aquello, Carlos

continuó mirando al mundo desde lo más alto en el Macalu (2008), el G1 (2009) o el Ihotse (2011) para ver unos amaneceres únicos. Porque eso será lo primero que recuerde Andrea. Los amaneceres desde la buhardilla del mundo, la fascinación más grande de Carlos Soria, la clave, en definitiva, que lleva a un hombre de 73 años a buscar esos tonos claroscuros reflejados en las montañas, esas luces que iluminan las cimas con amaneceres de esperanza y duda. Solo entonces, Andrea comprenderá la vitalidad y la felicidad de su abuelo. Un abuelo, Carlos Soria, cuya felicidad se sitúa a más de ocho mil metros de altura.


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Pura y Limpia

Manantial de Clara

María dio a Dios la capacidad de sufrir Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, primado de España

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Las lecturas de la Misa de la Asunción de María a los cielos hablan de una figura portentosa en el cielo, de una mujer vestida de sol, de un enorme dragón rojo, poderoso y enfrentado a la mujer a punto de dar a luz un niño varón, destinado a gobernar a los pueblos con vara de hierro. El mismo conflicto parece producirse en la 1 carta a los Corintios, pero ahora de un lado está Cristo, resucitado de entre los muertos; del otro, el viejo Adán, hombre débil. También hay otros enemigos, sobre todo el último enemigo aniquilado: la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies […]. La devoción a María no es idólatra. Al pie de la Cruz ella se mantiene erguida, como la misma cruz. Allí donde otra se hubiera desvanecido, ella no se satura de tristeza, deja que la herramienta del dolor se hunda siempre más profundamente, esa espada en su corazón de ver a su Hijo sufriendo el abismo del sufrimiento y el abandono. La que ha creído es también la que mira de frente la muerte. Su caridad consiste en consentir plenamente en esa voluntad divina de desposarse con la humanidad en toda su miseria. «Es como si no dejara de hacer lo que la madre y la esposa quisieran evitar como lo más terrible: penetra ella misma, como una daga, en el cuerpo y el espíritu de su Hijo [...]. Y el Hijo parece aceptarlo voluntariamente, para que ella sea iniciada en lo más extremo de su muerte, como en lo extremo del mundo que lo mata» (U. Von Balthasar). La que no había sufrido los dolores del alumbramiento en la Navidad, sufre ahora los dolores de todos los alumbramientos a la gracia de todos los hombres. Al dejar al Verbo tomar carne de su carne, ella le daba a Dios la capacidad de sufrir en un alma y un cuerpo de hombre. Así es como María es Madre de la Vida. Consintiendo en la Cruz de su Hijo. Otras, sin duda, ante el presentimiento de un destino tan terrible, habrían pedido abortar. Muchas, en el Gólgota, habrían soñado para su primogénito una inyección que inoculara una muerte pronta e inodora. Son las madres de nuestra cultura de muerte, que permiten matar por miedo al sacrificio. El alumbramiento es una alegría, pero también es una responsabilidad y un riesgo. María lo recuerda de la manera más fuerte posible. Dar a luz es también exponer a las tinieblas. Dar la vida es también entregar al sufrimiento y a la muerte. Para una resurrección, es verdad, pero para una resurrección que será la de la alegría eterna o la del sempiterno orgullo. Los padres sólo se abren radicalmente a la vida si consienten en esta aventura a la vez trágica y dichosa. Deben preservar a su hijo del dolor lo mejor que puedan, como María y José en Nazaret, pero si lo ciegan en lo referente a la muerte, si olvidan enseñarle el peso de la Historia y el amor a la Verdad hasta el don total de si, el pobrecillo blandengue de su hijo buscará el sol entre los neones, la vitalidad en la comida “bio”, el heroísmo en la heroína, la contemplación en el espectáculo, ¡qué sé yo! Y, hastiado pronto, sin saber qué hacer de su angustia, ignorante de que puede encontrar, por ejemplo, el oro de la oración, vaciará por si mismo los tubos de calmantes. Desde el momento en que no se le educa para el martirio-el testimonio-, las caricias pueden muy bien multiplicarse, suaves y protectoras: preparan al suicido. María en su Asunción es Madre fuerte, apoyada en Dios; pero, glorificada, es consuelo y esperanza de su Pueblo, todavía peregrino en la tierra.

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«El Hijo de Dios se ha hecho para nosotras Camino, y nuestro bienaventurado padre Francisco, verdadero amigo e imitador suyo, nos lo ha mostrado y enseñado de palabra y con el ejemplo. Deber nuestro es, hermanas queridas, considerar los inmensos beneficios que Dios nos otorgó; y, entre otros, lo que se ha dignado realizar en nosotras por medio de su siervo, nuestro amado padre, no sólo después de nuestra conversión, sino incluso cuando vivíamos en las miserables vanidades del siglo […]. […]¡Con cuánta solicitud y con cuánto empeño del alma y del cuerpo debemos cumplir los mandamientos de Dios y de nuestro padre, para ofrecerle multiplicado, con ayuda del Señor, el talento recibido! Pues el mismo Señor nos puso como modelo para ejemplo y espejo no sólo ante los extraños, sino también ante las hermanas llamadas por él a nuestra vocación, a fin de que también ellas sean espejo y ejemplo para los que viven en el mundo. Porque el Señor nos ha llamado a cosas tan grandes que en nosotras se puedan ver aquellas que son ejemplo y espejo para los demás […]. Si vivimos según la sobredicha forma de vida, dejaremos a los demás un noble ejemplo y nos granjearemos el premio de la eterna bienaventuranza con poquísimo esfuerzo». [Testamento, 1. 2. 3.] Santa Clara de Asís.


aulacapitular

Barrera del sol

LA sopa de la infanta Francisco de Asís Oterino Villasante, OFM

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n el mural de «Las Conferencias», en la pequeña Sixtina de la Rábida, Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) sacó su mejor vena de retratista. En el centro, en ademán profesoral, el Genovés, a quien presta magistral rostro, el escultor Pérez Comendador. Tuve la suerte de acompañarle, junto con su esposa, (prestigiosa mosaiquista) en recorrido por el pequeño monasterio y me recordaba, emocionado, el posado para el de Nerva. Siguen, los de Eustaquio Jiménez (hermano de Juan Ramón), padres Maidagán y León Vence. Pero, sin duda, para mí, lo mejor del mural se encuentra en el grupo de Los Legos. Un jovencísimo fray Francisco Azada, a quien el pintor guardó singular cariño hasta su muerte, y al que rotulaba en sus bocetos: “mi Francisquito”; fray Pacífico Azanza, el hirsuto navarrico, hortelano en las huertas del convento. El más logrado: el hermano Pablo1. Algo encontraban en su semblante, pintores y fotógrafos para buscarle como modelo. Lo inmortalizó también Santiago Martínez Martín (1890-1979), en lienzo que durante mucho tiempo se exhibía en el Museo de Sevilla. El gran fotógrafo que fue el padre Acemel lo sorprendió, sentado en el basamento de la Cruz de la Ventilla, estampa que hoy cuelga en una dependencia del monasterio de Guadalupe. Nacido en la bella ciudad cordobesa de Cabra, ignoro por qué aparece en la Corte; intuyo que buscando horizontes más amplios que los que brinda a los pobres el mundo rural. Algo, sin embargo, mueve su espíritu inquieto, para terminar llamando a las puertas de los frailes de la cuerda, como donado, en su Andalucía natal. Sus buenas artes para el mundo de los fogones, lleva a los superiores a destinarlo a Guadalupe, a fin de poner en pie una hospedería, y dar así respuesta, en un ambiente rural deprimido, a las exigencias de un incipiente despertar de visitantes y peregrinos. La anécdota se la escuché, precisamente contemplando este mural de Vázquez Díaz, al padre Uriarte. Hombre, parco en palabras. Formó parte del primer grupo en el estudiantado que funcionó en el Monasterio hasta el final de los sesenta. El hecho corrió en su momento entre los frailes, con admiración y simpatía. El marqués de la Romana, que había capitaneado en su día la llegada de los franciscanos al arruinado Monasterio, no perdía ocasión de motivar la Corte, con los logros que se iban alcanzando en la recuperación del histórico monumento, arrastrando hasta él visitantes ilustres. Uno de los más destacados fue el de la infanta Isabel, la célebre «Chata»: castiza Princesa del pueblo. Se conserva documentación gráfica que nos permite evocar el suceso, contemplándola, enfundada su generosa figura en amplio guardapolvos, igual que los acompañantes y Chaucer, como demandaban los cánones del momento y exigían los caminos polvorientos por donde tenía que discurrir el hispano-suizo descubierto que la traía. El día de autos, los nervios en el Monasterio y el alboroto en la población serrana circulaban fuera de cauce. Se acababa de instalar en Guadalupe el telégrafo, en su versión más primitiva. Los despachos iban dando cuenta del recorrido de la comitiva. Todo hacía pensar la arribada a una hora razonable para cenar. Según los relatos, el más nervioso era el padre 1 Pablo Patricio López del Valle (Cabra, 16.03.1857-Jerez, 24.01.1938).

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Guardián que demandaba una y otra vez, al hermano Pablo sobre el menú de la cena: —«Sopa, padre. Déjelo de mi mano. La cena de la Infanta será una sopa». —«¿Pero, una sopa…, hermano?» Como la llegada se iba retrasando, una y otra vez tornaba a preguntar el padre por el menú y la respuesta era siempre la misma: «Sopa». Al fin, el claxon del hispano-suizo desató el alboroto de los lugareños. Los nervios del Guardián y los frailes alcanzaron el clímax más elevado y en la plaza se detenía el automóvil real, que, para asombro de los naturales, corría sin que de él tirasen caballos de verdad. La modesta hospedería se hallaba situada, a la sazón, frente al antiguo Colegio de Infantes (hoy Parador). Hasta el austero comedor (eso sí, adornadas sus paredes con piezas antiguas de cerámica talaverana y Puente, reunidas pacientemente por el hospedero), condujeron a la Señora y séquito. Una moza del pueblo, bellamente ataviada, a la vieja usanza de la Región, llega con la sopera humeante y sirve a la Serenísima Dama. Ésta, prueba, suelta la cuchara y dirigiéndose al Guardián, ordena: «Quiero ver al cocinero». Aturdido y al límite de infarto, va a buscar al hermano. Aparece éste en escena: manos en las mangas y mirada recogida, como cuadra en un buen religioso. Al verlo la Infanta, se levanta, acude a su encuentro, lo estrecha en un abrazo y exclama medio incrédula: «¡Pablito, pero tu aquí…!» «Pablito» había sido su jefe de cocina; sabía de los gustos de la Señora; su cena preferida y la sopa que gustaba para colación, al final de jornada. La anécdota debió correr entre los frailes, tanto, como para que un hombre tan poco imaginativo, y parco en palabras, como el padre Tomás Uriarte, al cabo de muchos años, lo recordara con tanta precisión de detalles. Me pregunto, y de antemano pido disculpas a fray Juan, si la llamada «Sopa de la Reina», por haberla celebrado mucho doña Sofía, y hoy en la carta de la hospedería, (aunque enriquecida) no traerá su origen de aquella de la Chata.


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CONGRESO. Juramento de las Cortes en 1810, óleo de J. Casado de Alisal (1832-1886), 1862.

Muñoz-Torrero, cura y padre de la Constitución de Cádiz Antonio Arévalo Sánchez

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Director del Archivo y Biblioteca del Real Monasterio

abio, virtuoso, sacerdote ejemplar, simpático a cuantos retrataban, laborioso, modestísimo, catedrático de Quintana y otros hombres ilustres, Rector de Salamanca a los 29 años, elogiado por Jovellanos, celebrado pero agraviado por el gobierno de Carlos IV, querido del pueblo, distinguidísimo en las Cortes, uno de los principales iniciadores de la libertad de imprenta, consultor de Argüelles y Calatrava, vejado por Fernando VII, admirado por el país, presidente de la Diputación permanente de las Cortes, obispo electo perseguido por el despotismo, emigrado atropelladamente en tierra extraña, atormentado en el calabozo, torturado en la torre, martirizado en la agonía, víctima de la saña absolutista; no había para Muñoz Torrero la fama que merece su nombre, la popularidad de que tan digna es su memoria». Ángel Fernández de los Ríos (1821-1880)1

1.- Cit. José María Morales Durán, Diego Muñoz-Torrero, Gran Enciclopedia Extremeña, Tomo 7, pp. 191-193. Mérida 1992. Ángel Fernández de los Ríos, autor de Muñoz Torrero (1864), fue un político liberal progresista, editor, periodista e historiador de la Generación de 68.

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scriptoriumguadalupense / 11 Embridada definitivamente por la senda constitucional y gozando de la paz en libertad que produce el respeto a la ley, la Nación española celebró el pasado 19 de marzo el bicentenario de la promulgación de su primera constitución, tejida y sancionada por las Cortes de Cádiz, mientras los ejércitos y el pueblo luchaban contra el gabacho por la independencia nacional y el retorno del rey. Así las cosas, entre 1808 y 1814, España, fundida en un patriotismo beligerante por la libertad, se vio trasformada merced a la burguesía, fautora del nuevo modelo político, económico y social. Con la Constitución de 1812 empezó a decapitarse el Antiguo Régimen en este confín europeo a fuerza de liberalismo, germen remoto de la democracia, vigente hoy en la inmensa mayoría de los países de tradición cristiana.

la presencia del Clero (97 de los 303 diputados que se calculan en total), pero el estado llano anduvo ausente. Las tendencias de aquellas Cortes —autorizadas «para que lo hagan todo, pero conservando la monarquía y al Rey deseado»— se dividieron entre los absolutistas o serviles, partidarios a ultranza del Antiguo Régimen; los jovellanistas, seguidores del ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), impulsores de reforma y modernidad sin modificar el Estado; y los liberales doceañistas, que preterían la instauración del régimen liberal emanado de la Ilustración e inspirado en la revolución francesa (1789). En los muy cerca de tres años que duraron, la Cortes celebraron 1.810 sesiones (978 ordinarias, 18 extraordinarias y 814 secretas): 332 en la Isla de León, 1478 en Cádiz.

Las Cortes de Cádiz (1809-1812) Secuestrados en Bayona el rey Carlos IV (17881808) y su hijo, el intrigante Fernando, tras los sucesos del Dos de mayo de 1808 fueron surgiendo Juntas locales y provinciales a fin de organizar la resistencia y evitar el vacío de poder. Como el afrancesamiento del Consejo de Castilla era probado, las capitales de los antiguos reinos, a propuesta de la Junta Suprema de Valencia, enviaron a sus diputados para formar la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino (18081810). Al reunirse en Aranjuez, bajo la presidencia de José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca (1727-1808), sus treinta y cinco miembros reconocieron la legitimidad de Fernando VII, de infausta memoria, asumiendo los poderes ejecutivo y legislativo hasta el deseado retorno del rey. Luego, ante el avance napoleónico, la Junta huyó a Sevilla y finalmente a la Isla de León (actual San Fernando), cerca de Cádiz, adonde en 1717 se había traslado la Casa de Contratación y en la que tenía asiento el mejor espíritu liberal. Después de algunos miramientos, se convocaron Cortes extraordinarias el mes de mayo de 1809, pero el gravamen de repeler al invasor y otros enfrentamientos internos dieron al traste con la Junta y su convocatoria. Le sucede el Consejo de Regencia de España e Indias, que, sin poder dilatar más la convocatoria a Cortes, inició un proceso electoral erizado de problemas, debido a que las ciudades asediadas o en guerra no podían enviar diputados. Donde fue posible, éstos se eligieron por sufragio entre los varones mayores de 25 años. A resultas de ello, las Cortes gaditanas tuvieron una acusada presencia de elementos liberales, entre vecinos de la ciudad o de sus cercanías y de los virreinatos indianos (63 diputados). Junto al predominio de la burguesía (juristas, militares y funcionarios) destacó

La Constitución liberal (1812-1814) Las Cortes se abrieron el 24 de septiembre de 1810 con la misa del Espíritu Santo, oficiada por el cardenal Luis María de Borbón y Villabriga, arzobispo de Toledo y primado (1800-1823), para continuar en el teatro de la Isla de León; más tarde, el 24 de febrero de 1811, se trasladaron al oratorio de san Felipe Neri, en la ciudad de Cádiz, bombardeada y asediada por los franceses, hacinada y presa de peste amarilla. Los debates constitucionales principiaron el 28 de agosto de 1811 y terminaron a finales de enero de 1812. La Constitución fue promulgada, finalmente, el 19 de marzo de 1812. El texto de la primera carta magna española es prolijo; consta de un preámbulo, introducción y 384 artículos reunidos en diez títulos. Primeramente se establece que la Nación Española (única, libre e independiente) está formada por el conjunto de los ciudadanos de los dos hemisferios, sin distinción (España, Hispanoamérica y Filipinas), repartidos en provincias y municipios o parroquias. En ella, no en el rey, reside la soberanía o autoridad, delegada por sufragio a los diputados reunidos en Cortes unicamerales. La ley reconoce a los ciudadanos (que no súbditos del rey) derechos fundamentales, legítimos y naturales (igualdad ante la ley, derecho a la propiedad, a la enseñanza primaria pública y obligatoria, a la libertad de expresión y edición…). La forma de Estado es la monarquía parlamentaria o constitucional; aunque, el sufragio sigue reducido al varón y no existe libertad de culto: la religión oficial y única es la católica y romana. Conforme a la doctrina del barón de Montesquieu (1689-1755), la Constitución del Doce establece la división de poderes, sinónimo de independencia: el poder legislativo

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corresponde a las Cortes Regencia era el extremecon el rey. El monarca ño Pedro de Quevedo y constitucional conserva Quintano (1736-1818), el derecho a veto tempoobispo de Orense (1776ral, sanciona y promulga 1818), luego cardenal las leyes, pero no puede (1816); asimismo que suspender ni disolver la un tercio de los diputaCámara. A través de los dos de Cádiz eran clériministros, el rey ejerce gos: seis obispos —entre el poder ejecutivo, de ellos Lorenzo Igual de cuyo gobierno son resSoria, obispo de Plasenponsables ellos, pues se cia (1803-1814)—; dos reconoce que la persona inquisidores —uno fue del rey es sagrada e inel decano del tribunal de violable. El poder judicial Llerena—, numerosos lo ejercen el Tribunal Sucanónigos y muchos pápremo y los tribunales de rrocos. justicia, que garantizan la Hay que destacar, igualdad de los ciudadaademás, que todos los nos ante la ley frente a los días se oficiaba misa en privilegios de la sociedad el palacio de las Cortes estamental, y al ejercicio y que sus actos solemnes de cargos públicos, aunfueron acompañados de que se requiere disponer ceremonias y cultos relide renta proporcionada. giosos. La apertura estuvo También se crea la miprecedida de misa pontilicia nacional o cuerpo fical en la iglesia parroarmado de voluntarios quial de la Isla de León, Litografía del cura liberal extremeño con su firma, para defender el orden obra de J. Cebrián García (1839-1904) en la que los diputados constitucional. Finalmenjuraron sus actas, entonaron el Veni Sancti Spiritus te, por decreto quedaron abolidos el Tribunal de la y el Te Deum. Asimismo, las Cortes se reunían en el Inquisición, el Honrado Concejo de la Mesta y los gremios, los señoríos jurisdiccionales y el mayorazgo y oratorio ovalado de san Felipe Neri, gustosamente cedido por la congregación filipense, y, poco después de las tierras comunales. promulgada la Constitución, el Consejo de Regencia, Por sus fundamentos y progresos, la primera cons- diputados, diplomáticos y ediles asistieron en la igletitución de España fue base de otras constituciones sia del Carmen a la misa y Te Deum, coronación de la europeas e hispanoamericanas, cuyos países se inde- obra constitucional. pendizaron, en su mayoría, entre 1820 y 1830. Estuvo Con todo, ninguno brilló a la altura intelectual vigente durante el Trienio Liberal (1820-1823) y duni en la defensa de las libertades como descolló, enrante el año que tardó en fraguarse la de 1837. Por el Decreto de Valencia de 4 de mayo de 1814, el felón tre todos aquellos diputados, el cura extremeño Diego absolutista de Fernando VII declaró nula la Constitu- Muñoz-Torrero, padre de la Constitución y mártir de la causa, autor principal del título XII sobre la reforma ción de Cádiz y todos los decretos emanados de ella. eclesiástica y las relaciones del Estado con la Iglesia, La Iglesia y las Cortes de Cádiz amén de acérrimo defensor de la abolición del TribuEn Cádiz, hija de la Ilustración y el liberalismo, nal de la Inquisición. La insignia de tafetán que ondeó siempre estuvo activo el elemento eclesiástico. Fueron en Cádiz fue también regalo del cura extremeño a las los púlpitos desde donde mejor se azuzó al pueblo Cortes; la que, desde 1820, sería usada por la Milicia para defender la Patria y la religión, y era el espíri- Nacional. tu trabucaire de algunos clérigos el que encabezó la resistencia local. Conviene saber, también, que hubo Muñoz-Torrero (1761-1829) Don Diego Muñoz-Torrero y Ramírez-Moyano napresbíteros en la Junta Suprema; y que, aunque antiliberal, uno de los cinco miembros del Consejo de ció en Cabeza del Buey (Badajoz) el 21 de enero de

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scriptoriumguadalupense / 13 1761, del matrimonio formado por Diego Antonio y María Francisca. El padre era boticario y preceptor de latín, por lo que el futuro clérigo recibió la instrucción primaria hasta los 11 años en la propia casa. Dada su inteligencia y aplicación, todavía niño fue enviado a Salamanca, en cuya Universidad acabó los cursos de Filosofía y Teología. Recibido el presbiterado, ganó la cátedra de Filosofía de dicha universidad con sólo 23 años (1784), y a los 26 fue elegido Rector por unanimidad. Durante su mandato se desvivió por reformar los métodos de enseñanza y por el cambio de planes de estudio, las prácticas académicas y manuales. Adoptó, sin dilación, medidas provechosas: creación del Colegio de Filosofía, solución del conflicto existente entre las Facultades de Medicina y Artes por un lado, y las de Teología y Jurisprudencia por otro; incremento de la biblioteca universitaria y conservación del herbario. Al trasladarse a Madrid para opositar a una capellanía, el XII marqués de Villafranca del Bierzo, Francisco de Borja Álvarez de Toledo y Gonzaga (17631821), le distinguió con una canonjía de la colegiata de san Isidro, de la que era patrono. Mas cuando el 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se alzó en armas, Muñoz Torrero arengó a la población para que se sublevara contra el francés y defendiera con las armas la independencia de la Patria. Brillante orador, sus arengas «eran más poderosas que mil bayonetas», según rezan las crónicas. Clandestinamente organizó

focos populares de resistencia y contribuyó a fundar las Juntas de Defensa. Resultó elegido diputado por Extremadura el 24 de septiembre de 1810, aunque la sesión electoral sería recurrida por irregular. Su discurso fue el primero que se oyó en la Cámara al poco de ser constituida, y su moción, el primer decreto de carácter doctrinal de la Constitución, el que hace referencia a la soberanía nacional. Juntamente con el también clérigo y diputado por Extremadura, Manuel Mateo Luján y Ruiz, el de Cabeza del Buey presentó proposiciones claramente revolucionarias, que cuajaron en leyes tras agrios debates: la legitimidad de los Diputados como representantes de la Nación, de sus Cortes, el reconocimiento de la división de poderes, la inviolabilidad de los diputados, abolición de la Inquisición, libertad de prensa («La censura previa es el último asidero de la tiranía», le espetó al inquisidor Riesco, de Llerena) y el juramento de la regencia de todas estas declaraciones. «En seguida tomó la palabra —testifica el Diario de Sesiones— el diputado D. Diego Muñoz Torrero y expuso cuán conveniente sería decretar que las Cortes generales y extraordinarias estaban legítimamente instaladas; que en ellas reside la soberanía; que convenía dividir los tres Poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, lo que debía mirarse como base fundamental, al paso que se renovase el reconocimiento del legítimo Rey de España, el Sr. D. Fernando VII, como primer acto de la

CÁDIZ. La Promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra y Laso de la Vega (1862-1915), 1911

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soberanía de las Cortes; declarando al mismo tiempo nulas las renuncias hechas en Bayona, no sólo por la falta de libertad, sino muy principalmente por la del consentimiento de la Nación. Desenvolvió estos principios con muchos y sólidos fundamentos sacados del Derecho público y de la situación política de la Monarquía, los cuales fueron después ilustrados por muchos señores diputados. Concluyó manifestando que uno de los diputados traía preparado un trabajo sobre este importante asunto, que podía mirarse como una minuta del Decreto que convenía sancionar sobre estos puntos. Convinieron las Cortes en que se leyese, y lo verificó el Sr. Luján, que era quien traía el papel.» La proposición, leída por Luján, es la que constituye el Decreto de 24 de septiembre de 1810. Con general aplauso, el 23 de diciembre de 1810, a Muñoz-Torrero se le nombró presidente de la Comisión que redactaría el Proyecto de Constitución —entre los que figuran Agustín de Argüelles Álvarez (17761844) y Evaristo Pérez de Castro (1778-1848)—, y, finalmente, Presidente de las Cortes (24 de marzo de 1811). Fueron constantes sus intervenciones en los debates, tanto en el periodo constituyente como en los prolegómenos. Siendo ponente del mismo, el extremeño logró que la mayoría absoluta de los 186 diputados, asistentes a las Cortes Generales, lo aprobaran y firmaran el día 18 de marzo de 1812. Por todo esto, el historiador Rafael María de Labra concluye su retrato con estas elocuentes palabras: «…Su carácter y rasgo personal, su intervención en los actos y resoluciones más señaladas de las Cortes gaditanas, su posición o influencia dentro de ellas…le hacen muy superior a todos sus compañeros y le aseguran tal representación que no se puede hablar de aquellas Cortes sin hablar de Muñoz-Torrero». Perseguido por la reacción de 1814, el cura liberal estuvo seis años confinado en el convento san Antonio de Herbón (Padrón, La Coruña) hasta la vuelta de los liberales (cual torna la cigüeña al campanario), con el pronunciamiento del general Rafael del Riego (1785-1823). Durante el Trienio (1820-1823), Muñoz-Torrero volvió a salir diputado por Extremadura; aunque su actividad fue mucho menor que en el Doce, combatió los diezmos. Le nombraron presidente de la Diputación permanente y fue propuesto por el Gobierno para la silla de Guadix; pero Roma, inducida por enemigos reaccionarios como Vicente Alonso de Verdeja (†1834), ex inquisidor de Granada y canónigo de Guadix, no accedió al nombramiento. La vuelta

del absolutismo a mandoble de la Santa Alianza en el 23, inicio de la Década Ominosa, le obligó a huir a Badajoz y pasar a Portugal; permaneció allí unos años sin ser molestado hasta que, cautivo de los absolutistas lusos partidarios del infante Miguel, fue recluido y vejado en la torre de san Julián de la Barra. Allí murió a los pocos meses, el 16 de marzo de 1829, víctima del abominable tormento que le infligieron de parte del gobernador José María Téllez Jordán. Envuelto en la raída sotana se le enterró en la explanada del castillo, negándole sepultura en sagrado. Sus restos fueron trasladados a Madrid el año 1864 para ser depositados en el cementerio de la sacramental de san Nicolás, en un mausoleo conjunto alzado en 1857, donde reposaron los cuerpos de Agustín de Argüelles, José María Calatrava y Juan Álvarez Mendizábal. Este mausoleo se trasladó al jardín del nuevo panteón de Hombres Ilustres, junto a la basílica de Atocha, en 1912. La Diputación de Extremadura en las Cortes liberales fue, con la catalana y la gallega, de las más activas y brillantes. Estuvo compuesta por D. Antonio de Oliveros Sánchez (1764-1820), presbítero natural de Villanueva de la Sierra (CC), secretario general de las Cortes (1811), conciliador y defensor de la libertad de imprenta; D. Francisco Fernández Golfín (17711831), coronel liberal nacido en Almendralejo e hijo del IV marqués de la Encomienda, ministro de Guerra (1823), fusilado en Málaga con el general Torrijos (1791-1831)2; D. José Casquete de Prado y Bootello (1756-1838), obispo prior de san Marcos de León (1798) y presidente de las Cortes (1811) nacido en Fuente de Cantos; D. José María Calatrava Peinado (1781-1847), abogado liberal natural de Mérida, secretario (1811), presidente de las Cortes (1820. 1839), ministro de Gracia y Justicia (suyo es el Código penal de 1821), presidente del Tribunal Supremo (1840) y presidente del Consejo de ministros (1837); D. Juan María de Herrera Polo (¿?), abogado cacereño, secretario de las Cortes (1812-1813); D. Manuel Mateo Luján y Ruiz (1763-1813), presbítero liberal moderado y prestigioso jurista nacido en Castuera, secretario (1810); D. Manuel María Martínez de Tejada (¿?),capitán de las milicias urbanas de Zafra; D. Gregorio Laguna y Calderón de la Barca (17641826), general absolutista nacido en Badajoz; D. Francisco María Riesco (¿?), natural de Llerena, del Consejo de Castilla e Inquisidor decano del tribunal de su ciudad, secretario (1813); y D. Alonso María de Vera y Pantoja (1755-1813) capitán absolutista nacido en Mérida, de donde era alcalde mayor.

2.- Nuestro José de Espronceda (1808-1842) cantó sus muertes en el soneto A la muerte de Torrijos y sus compañeros, que estalla con «Helos allí, junto a la mar bravía/ cadáveres están ¡ay! Los que fueron/ honra del libre, y con su muerte dieron/ almas al cielo, a España nombradía.»

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EL PRADO. Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, óleo de A. Gisbert Pérez (1834-1902), 1888.

No fueron diputados a Cortes en 1812, pero sí afines a la causa liberal, a la que contribuyeron con la pluma: Juan Álvarez Guerra (1770-1845), natural de Zafra, tratadista, agrónomo y redactor en Cádiz del Semanario Patriótico, ministro de Gobernación (1813); Manuel José Quintana y Lorenzo (17721857), poeta liberal oriundo de Cabeza del Buey, y Bartolomé José Gallardo y Blanco (1776-1852), de Campanario, bibliotecario de las Cortes de Cádiz. Bibliografía básica 1. N. Pérez Jiménez, Historia general de la comarca de la Serena y particular de la villa de Cabeza del Buey. Muñoz Torrero y su época (Badajoz 1888). 2. R. M. de Labra, Muñoz Torrero y su tiempo, Madrid (Ateneo) 1909. 3. J. Romero Rizo, Muñoz Torrero (Apuntes histórico biográficos) Cádiz 1911. 4. J. Belda y R. M. de Labra (hijo), Las Cortes de Cádiz en el oratorio de san Felipe. Notas históricas. Madrid 1912. 5. J. García Pérez, Diego Muñoz Torrero. Ilustración, religiosidad y liberalismo, Mérida (Editora Regional de Extremadura) 1989.

6. J. L. Majada Neila, Juegan blancas y ganan. Biografía cultural y política de un sacerdote maldito, debelador de la Inquisición, Madrid 1998. 7. F. Rubio Llorente, «Diego Muñoz-Torrero: un liberal trágico» en la revista Claves de razón práctica, 185 (2008) 46-51. 8. J. A. González Caballero, «Vida de Diego Muñoz-Torrero, mártir del primer liberalismo español», en El comienzo de la Guerra de la Independencia: Actas del Congreso Internacional del Bicentenario: Madrid, 8-11 de abril de 2008, Emilio de Diego (Dir.) y José Luis Martínez Sanz (coord.). San Sebastián de los Reyes (Madrid) 2009. 9. AA. VV., «Diego Muñoz-Torrero: La vida y obra de un diputado liberal en las Cortes de Cádiz», en Actas de las II Jornadas de Historia de Mérida. La Guerra de la Independencia: mito y realidad, M. Ortiz Macías, J. A. Peñafiel González y M. de los A. Serrano Caballero (Coord.). Mérida, 2009, pp. 233-260. 10. AA. VV., «El exilio liberal extremeño», en Extremadura y la modernidad. La construcción de la España constitucional, 1808–1833, Badajoz, Diputación, 2009. 11. O. de los Reyes, La memoria imperfecta [Novela histórica], Badajoz, Carisma libros, 2011.

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Un episodio de los conversos de Puebla de Alcocer Manuel Herrera Vázquez

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n la declaración que fray Pedro de Lequeitio presentó por escrito a los jueces de la Inquisición llevada a cabo entre los monjes del monasterio de Guadalupe en julio de 14851, se menciona un episodio ocurrido en la primavera de 1473 a los conversos de la localidad pacense de Puebla de Alcocer que merece ser rescatado del olvido, no sólo por su interés histórico sino también por la intervención que en él tuvo un conocido fraile jerónimo converso de Guadalupe, fray Diego de Marchena, monje muy activo en favor de los cristianos nuevos, que acabó sus días quemado en la hoguera el martes dos de agosto de 14852. Los hechos, tal como los expuso el monje vizcaíno, son los siguientes: tres monjes del monasterio de Guadalupe, fray Diego de Marchena, fray Pedro de Lequeitio y fray Rodrigo3, se dirigían hacia Córdoba en la primavera de 1473, poco después de que hubieran ocurrido

Doctor en Filología Hispánica

PUEBLA DE ALCOCER (BA), Castillo de los condes de Belalcázar [f: Vicente Novillo]

allí los terribles sucesos perpetrados contra los conversos4. Al pasar por la Puebla de Alcocer, fray Diego se enteró de que todos los conversos de aquel pueblo, que entonces pertenecía al Condado de Belalcázar, tenían la intención de marcharse a Gibraltar, feudo de Enrique Pérez de Guzmán y Meneses, II duque de Medinasidonia5. Aunque en la deposición de fray Pedro de Lequeitio no figuran los motivos de la emigración, es fácil suponer que tomaron esa determinación alarmados por la peligrosa situación en que, a la sazón, se encontraban los cristianos nuevos en muchas partes de Andalucía, y, en particular, como hemos dicho, en la cercana Córdoba6. Además, en Gibraltar podían volver abiertamente al judaísmo, como

1.- Códice 266 del Archivo del monasterio de Guadalupe (en adelante, AMG 266), fotos 164-167. Los jueces inquisidores fueron fray Gonzalo de Toro, prior del monasterio de Montamarta, y fray Juan de san Esteban, vicario del monasterio de La Mejorada, designados por el capítulo de la Orden de san Jerónimo y por su general, fray Rodrigo de Orenes, prior del monasterio de san Bartolomé de Lupiana. Ambos inquisidores actuaron, por expreso mandato del prior general, junto con fray Nuño de Arévalo, prior del monasterio de Guadalupe. 2.- Fue el único fraile de Guadalupe ejecutado en la mencionada inquisición de 1485, pues el otro principal inculpado, fray Diego de Burgos el Viejo, fue condenado a cárcel perpetua. 3.- Monje de difícil identificación por haber varios con el mismo nombre: fray Rodrigo de las Cuevas, fray Rodrigo de Salamanca, fray Rodrigo de Sevilla, fray Rodrigo de Villa Real u otros que desconozco. Quizás se refiera al primero, que fue vicario antes de la inquisición en el monasterio. 4.- A principios de marzo, en que ocurrieron asesinatos, violaciones y robos. Como los males no vienen solos, los atentados se extendieron a otras localidades cercanas, como Montoro, La Rambla, Almodóvar del Campo, etc. fray Diego de Écija, notario en la Inquisición en el monasterio de Guadalupe, declaró que fray Diego de Marchena había ido a Andalucía dos o tres veces en el tiempo en que fray Juan de Ortega había sido general de la Orden de san Jerónimo, esto es, de ca. 1473 a 1479 (AMG 266, fot. 8). 5.- El 7 de abril de 1445, Juan II hizo merced a Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara, del señorío de la Puebla de Alcócer, con facultad de fundar mayorazgo sobre esta villa y las de Belalcázar (Gahete) e Hinojosa, que ya poseía. A la muerte de D. Gutierre, dichas tierras pasaron a su hijo Alonso de Sotomayor y Raudona, que casó con Elvira de Zúñiga Manrique de Lara; y de éstos, al hijo de ambos, Juan Gutierre de Sotomayor y Zúñiga, II conde de Belalcázar, más conocido como fray Juan de la Puebla. En la división territorial de España de 30 de noviembre de 1833, Belalcázar y su comarca, que hasta entonces pertenecían a Extremadura, pasaron a formar parte de la provincia de Córdoba.

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scriptoriumguadalupense / 17 otros muchos ya habían hecho7. Al ser Puebla de Alcocer lugar de señorío, los conversos debían pedir permiso previamente a los Condes para poder marcharse. Así lo hicieron: solicitaron licencia a Elvira de Zúñiga, pues su hijo Juan Gutierre de Sotomayor había entrado en 1471 en el monasterio de Guadalupe con el nombre de fray Juan de la Puebla8. Y la condesa les dijo que, antes de irse, debían vender sus haciendas. Es en este punto cuando interviene fray Diego de Marchena. Ya fuera por creer que la condición de lugar de señorío de la Puebla de Alcocer protegería a los cristianos nuevos contra los motines, ya fuera por cualquier otro motivo, fray Diego consideró un error esta decisión de los conversos e intentó estorbarla. Para ello, pidió a fray Pedro y fray Rodrigo que lo acompañasen a suplicar de rodillas a la condesa que no permitiese dicha marcha. Los tres monjes, junto con algunos conversos principales de la Puebla que no estaban enteramente de acuerdo con la emigración, se dirigieron al castillo donde los condes tenían su residencia en Belalcázar9. Una vez allí, los recibió Dª Elvira, y fue el de Marchena quien intercedió en favor de los cristianos nuevos. Pero la condesa respondió acusando a los conversos, como era

común en aquella época, de ser malos cristianos, pues guardaban el sábado, comían carne en días vedados por la Iglesia y realizaban ceremonias judías; y, por ella, podían irse del condado cuando quisieran. Fray Diego replicó diciendo que también muchos caballeros y señoras cometían grandes ofensas contra Dios, y no por eso eran tenidos como malos cristianos. Elvira de Zúñiga le contestó que, aunque eso era verdad, después confesaban sus pecados, y eran perdonados y absueltos; mas, ¿qué cosa podía ser de provecho a Escudo de la Inquisición española gentes que no creían en Jesucristo? Muy persuasivo debió andar fray Diego de Marchena en aquella ocasión, pues la condesa, al final, dio su perdón a los conversos y les permitió seguir viviendo en la Puebla de Alcocer, como hasta entonces. Cuánto mejor hubieran hecho los conversos de Puebla de Alcocer en marcharse a Gibraltar, pues, con seguridad, muchos de los que se quedaron fueron juzgados posteriormente por la Inquisición en el tribunal de Belalcázar en 1486 o en el tribunal de Toledo en 1501, y ejecutados en la hoguera. Los datos de los procesos conservados de Belalcázar, 1486, hablan del rigor Tribunal de la Inquisición española

6.- Desde mediados del siglo XV, los motines y disturbios anticonversos se extendieron por gran parte de España: Toledo, 1449, 1467; Carmona, 1462; Ciudad Real, 1467, 1474; Valladolid, 1470; Córdoba, 1473, 1474; Jaén, 1474; etc. 7.- Y no sólo a Gibraltar emigraban, sino a otros lugares de la Península, incluidas las villas y ciudades aún por reconquistar a los moros, como Granada y Málaga. Y al extranjero, a Flandes o a Italia, e, incluso, a Constantinopla, que había caído en manos de los turcos otomanos el 29 de mayo de 1453. Estas emigraciones son prueba elocuente de la atmósfera que imperaba en aquellos tiempos y del estado de ánimo de los conversos. Curiosamente, las hermanas, cuñados y otros parientes de fray Diego de Marchena fueron capturados por Juan Ramírez de Guzmán, señor de Teba, cuando huían a Málaga para tornarse judíos; y tuvo que ir el monje guadalupense a tratar su rescate. 8.- Nació en Puebla de Alcocer el 28 de mayo de 1453. En abril de 1471, ingresó en la Orden de san Jerónimo en el monasterio de Guadalupe; pero, a finales de 1479 o principios de 1480, ya ordenado sacerdote, la abandonó para tomar el hábito de san Francisco, en cuya Orden fundó la Provincia de los Ángeles. Murió el 11 de mayo de 1495. 9.- Está situado al norte de la población y es uno de los más importantes de la provincia de Córdoba. De cantería de granito, ofrece una disposición cuadrangular. Dentro de su recinto destaca la torre del homenaje, el Bello Alcázar, que da nombre a la villa. 10.- Recuérdese que todos los conversos juzgados en Belalcázar procedían de Puebla de Alcocer. Véase Jean-Pierre Dedieu, “Los cuatro tiempos de la Inquisición”, en Inquisición española: poder político y control social, Barcelona, 1981, pp. 34-36; e Isabel Testón Núñez y Mª Ángeles Hernández Bermejo, “La Inquisición de Llerena en la centuria del Quinientos”, en Actas del Congreso Pedro Cieza de León y su época. Llerena octubre de 1991, Mérida, 1993, pp. 105-110.

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EL PRADO. Auto de fe en Madrid (Francisco Ricci, fragmento, 1683)

con que fueron tratados: reconciliados y penitenciados, 3; quemados difuntos, 60; quemados en estatua ausentes, 16; y quemados vivos, 3110. En cuanto a los procesos de Toledo, 1501, se celebraron tres autos de fe (22 y 23 de febrero, y 30 de marzo), donde fueron quemadas 107 personas de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer11. Apéndice documental12 (fot. 166) Ítem, puede aver xii años que, yendo yo con frai Diego de Marchena a Córdoua quando fueron robados los conuersos, pasamos por la Puebla de Alcoçer, y supo el dicho frai Diego commo todos los conuersos de aquella tierra estauan mouidos para se yr a Gibraltar. Y para esto, avían demandado liçençia a doña Eluira, madre de frai Juan de la Puebla, y ella les avía dicho que vendiesen sus faziendas dentro de çierto tienpo e que se fuessen. Lo qual les estoruó el dicho fray Diego de Marchena, e rogó a mí e a fray Rodrigo, que con él ýuamos, que, al tienpo que él estouiese con la dicha doña Eluira, nos fincásemos de rodillas a suplicalle que non diese lugar que aquellos conuersos se fuesen. E de allí fuemos a Belalcáçar, y con nos fueron algunos conuersos principales, y, llegando donde estaua do[ña] Eluira, fray Diego le fizo su fabla rogándole esto. Y ella (fot. 167) respondió que eran ma-

los christianos, que guardauan los sábbados e que comían carne en días vedados e fazían çerimonias otras de judíos; y, por tanto, que se fuessen de su tierra. A lo qual respondió el dicho frai Diego de Marchena que muchos caualleros e dueñas cometían grandes peccados e offensas contra Dios. Y ella respondió que verdad era, mas que se confesauan e se tornauan a Dios. Ca si vn honbre duerme con vna muger, confiésase e ar[r] epiéntese13, e nuestro Señor la perdona. Mas la persona que non cree en Jhesuchristo, ¿qué bien puede fazer que le aproueche? Y en conclusión, alcançoles perdón que se quedasen en su tierra, commo de antes.

11.- Fidel Fita, “La Inquisición toledana. Relación contemporánea de los autos y autillos que celebró desde el año 1485 hasta el de 1501”, Boletín de la Real Academia de la Historia, xi (1887), 307-308. 12.- El texto que transcribimos a continuación se encuentra en AMG 266, fotos 166-167. 13.- En el ms., arepientese.

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Don Benito: Tres Vírgenes y un misionero Daniel Cortés González Presidente Asociación Torre Isunza, de Don Benito

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on Benito (Badajoz) es una ciudad que se encuentra situada en la comarca de las Vegas Altas, es atravesada por el río Guadiana y el Ortiga. Don Benito es la capital de las Vegas Altas del Guadiana. A lo largo de su historia, la ciudad ha estado siempre ligada a la Iglesia Católica, prueba de ello han sido los diferentes templos cristianos que han existido y existen en nuestra ciudad. Son los siguientes: ermita de Nuestra Señora de la Piedad, ermita de san Gregorio, convento e iglesia de Nuestra Señora de Gracia (estos tres primeros ya desaparecidos), capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, parroquia de Santiago Apóstol, parroquia de san Sebastián (antigua ermita de los Mártires san Fabián y san Sebastián), parroquia de Santa María del Consuelo, parroquia de san Juan Bautista, ermita de Nuestra Señora de las Cruces, iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, iglesia de san Isidro, iglesia de la Sagrada Familia y el convento e iglesia de las Carmelitas Descalzas. Pero no solo hemos tenido y tenemos templos cristianos, sino que a lo largo de la historia dombenitense hemos tenido también tres patronas y un patrón. A continuación vamos a tratar un poco de cada uno de ellos. Nuestra Señora de la Antigua Desde sus inicios como aldea, ya los vecinos de Don Benito frecuentaban y hacían sus exvotos a Nuestra Señora de la Antigua, en La Haba (la antiquísima Caranca). Se sabe por tradición que se pusieron bajo su advocación y amparo. Convirtiéndose la Virgen de la Antigua en la primera Patrona de Don Benito. Los dombenitenses le dedicaron una calle, llamándola camino de Santa María (hoy calle de Santa María). Tal era la devoción de la aldea de Don Benito hacia la Virgen de la Antigua que en el año 1574, hizo voto popular, a través del Concejo, de regalar todos los años una vela de cera de 30 libras el Domingo de Cuasimodo, para que luciera en todos sus cultos. Aunque en el año 1395, ya se hacía mención de esta manda, que al parecer ordenó doña Blanca de Villalobos, natural de Don Benito. Esta noble señorita donó al Concejo de

Actual Virgen de la Antigua

Don Benito la dehesa de “La Veguilla” (actual Finca Municipal de doña Blanca); a cambio dicho Concejo tenía la obligación de hacerse cargo de la ofrenda anual a la Virgen de la Antigua de las 30 libras de cera; quedó, además, como exvoto una carga sobre la dehesa para que redundara en las necesidades de la Ermita de Nuestra Señora de la Antigua de la Haba. La devoción por la Virgen de la Antigua fue decayendo a medida que Don Benito iba creciendo y veía en el horizonte su próxima independencia del Condado de Medellín, y en esos aires de libertad es cuando se decidió construir una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de la Piedad a finales del siglo XIV. La imagen actual de la Virgen reproduce la anterior y data de 1. 941.

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Nuestra Señora de la Piedad Tras la independencia de Don Benito del Condado de Medellín, se empezó a sentir verdadera admiración y devoción por Nuestra Señora de la Piedad, pasando a ser la Patrona de Don Benito. A parte de la devoción popular, que era mucha; disfrutó también de unas circunstancias especiales que contribuyen a su favor, como las obras en la parroquia de Santiago por los terremotos de Lisboa o las empinadas calles que conducían a la ermita de los Mártires san Fabián y san Sebastián. Todo ayudó a que la ermita de la Piedad floreciera hasta convertirse en el centro de culto y espiritualidad de Don Benito. La Guerra de la Independencia, entre otros desmanes, destruyó la ermita de Nuestra Señora de la Piedad. Pasada la guerra, en 1815 se forma una Comisión para intentar reconstruir la Ermita. El Ayuntamiento nombra al frente de esta comisión a don Tomás Reinoso, procurador síndico del municipio. La pobreza en que quedó el pueblo fue la razón por la que en 1820 esta Comisión desistió, resultó imposible. Al mismo tiempo la parroquia de Santiago comenzó a tener culto con normalidad; está en el centro del pueblo, estaba bien atendida y había nuevos clérigos. Se fue perdiendo la necesidad de la ermita de Nuestra señora de la Piedad y el patronazgo del pueblo pasó a la Nuestra Señora de las Cruces, actual patrona de Don Benito.

Actual Virgen de las Cruces

Pintura de la antigua imagen de la Piedad

Nuestra Señora de las Cruces Corría el año 1375, exactamente un 12 de octubre, cuando el pastor Sebastián González, conocido vulgarmente por Bastián, se encontraba guardando el ganado en la Serrezuela. El inocente pastor, de alma cándida y sencilla, caminaba a paso lento bajando de la colina de la Sierra de Ortiga. Se dirigía hacia la cuesta vecina, a proveerse de agua y a mitigar la sed, que ocasionaba el sol de mediodía, a una cristalina fuente que a la falda de aquella colina divisaba escondida entre la maleza. Caminaba lentamente, murmurando una canción pastoril, cuando se acercó a la orilla del cristalino arroyo, que divide las dos colinas. Se paró y limpió el sudor que corría por su frente y hacia el lado de la fuente divisó un objeto extraño. Empezó Bastián a caminar violentamente, con mirada anhelante y sintiendo su corazón latir fuertemente. El objeto volvió a llamar su atención, apresurando todavía más su paso. Cada vez percibía más claro el objeto, distinguiendo finalmente un rostro sagrado. Devoto cristiano, Bastián se arrodilla y comienza a orar.

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Antigua Virgen de las Cruces, destruida en la Guerra civil

Pintura de la antigua Virgen de las Cruces, 1750

Al llegar ante el objeto distingue una imagen, copia de la que por excelencia creencia cristiana llamamos Virgen María, de pequeña apariencia. Allí, al borde de la fuente se hallaba la imagen, bella, fulgente, hermosa, cándida, pura, preciosa…, ostentando con primor entre sus manos tres cruces. Se inclinó el pobre pastor ante la sagrada imagen, tomándola con precaución entre sus brazos y marchó a su humilde cabaña. Al despertar al día siguiente observó que la imagen había desaparecido, observando que había vuelto a la fuente. Fue entonces a ver al cura de Don Benito, contándole la prodigiosa aparición de la imagen. Por acuerdo en sesión del Concejo de Don Benito y el consejo del cura, se realizó una gran procesión hasta la fuente, donde un gran tumulto de gente acudió. Ante la fuente, el cura relató el milagroso suceso ocurrido al pastor, causando profunda sensación a todo Don Benito. Ante la imagen, todo el pueblo prosternado, sin distinción entre rico o pobre, hombre o mujer, suplican ardientemente: «Reina del cielo adorada,/ nuestra madre y protectora./ Ven con nosotros, Señora,/ ven y serás coronada». «Aceptad, Reina escogida,/ el humilde afecto nuestro;/ queremos ser todo vues-

tro,/ nuestros bienes, nuestra vida». «Estos votos y no otros/ hace el pueblo que aquí tienes;/ reinad sobre nuestros bienes/ y reinad sobre nosotros». La imagen fue traslada en andas al pueblo de Don Benito, colocándola en un altar preferente en la ermita de los santos mártires Fabián y Sebastián. Pero al día siguiente la imagen volvió a desaparecer y se halló nuevamente en la fuente de la sierra. Dormía el pobre pastor Bastián en su lecho, cuando una gloriosa luz inundó su cabaña, y en su refulgente trono, radiante de gloria, apareció la sublime aurora, escuchándose las siguientes palabras: «Oye, feliz mortal, a quien contemplo/ de mi deseo conductor ferviente;/ mi voluntad es que se erija un templo/ en el mismo lugar donde está la fuente,/ bajo la advocación de sano ejemplo/ de Virgen de las Cruces;/ pues mi mente es ser con este título bendito/ madre y patrona fiel de Don Benito. Y si el cielo cerrase los raudales/ del eficaz benéfico rocío;/ o contagios pestíferos mortales,/ hambre, desolación o tiempo impío/ llevasen, u otro género de males,/ luto y consternación al pueblo mío;/ y el pueblo arrepentido y penitente/ implorase mi auxilio omnipotente.

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tor dombenitense don Pedro de Torre-Isunza y González. San Francisco Javier Antes de la Guerra Civil existía en la parroquia de Santiago una imagen de San Francisco Javier, probablemente una de las más valiosas de sus centenarios años de existencia. Este santo, junto con la Virgen de las Cruces, es el patrón de Don Benito, desconocido hoy por Aparición de la Virgen a Bastián muchos. Era una talla policromada, de tamaño algo menor Desde la excelsa habitación del cielo/ su ardiente suplicar bañado en llanto,/ escucharé con amoroso que el natural. Los ojos eran de cristal. El rostro era anhelo;/ y en cualquier aflicción, mal o quebranto/ hermoso y expresivo. La talla aun siendo de estilo en esta imagen hallará el consuelo;/ siempre estaré barroco no había en ella exageración, ni efectismo propicia a todo/ cuanto viniese a orar con ánimo teatral, no constituye en ella características, como en otras, el espíritu decorativo propio de tal estilo. Por el afligido/ a este lugar sagrado que he elegido. En el recinto, pues, de aquesta fuente,/ santifi- contrario, el autor consiguió una justa ponderación cado ya con mi presencia,/ bendecirán mi nombre de todos sus elementos y del genuino estilo español eternamente/ las gentes con piadosa reverencia;/ de la gran escultura del siglo XVII, que sin duda constituyó la enseñanza clásica de aquel. Se desconoce el y permanecerán perpetuamente mi corazón, mis autor de la imagen. ojos y clemencia”. Francisco de Jasso Azpilcueta Atondo y Aznares de Dijo así la sagrada aurora, desapareciendo poste- Javier, más conocido como Francisco de Javier o Franriormente en el cielo. cés de Jasso nació el 7 de abril de 1506 en el castillo de Según la tradición popular, la fuente está cubierta Javier, cerca de Pamplona (Navarra, España) y falleció el con las losas que se advierten a la derecha de la puerta 3 de diciembre de 1552 en la isla de Sanchón (China). que está al fondo de la sacristía, y que Su padre, jurista, era entonces Presidenda paso al camarín, entre la pared y la te del Real Consejo del Rey de Navarra escalera, formando una meseta y donde Juan III de Albret, su madre pertenecía a se nota una humedad constante. Según la nobleza. Era el benjamín de cinco herotros, la fuente se halla bajo la imagen manos: Magdalena, Ana, Miguel, Juan y de Nuestra Señora de las Cruces, cuél mismo. Sus dos hermanos tuvieron bierta por una antigua tapa de madera. parte activa en las guerras que marcaron la infancia de Francisco. Fue canonizado La imagen sagrada de Nuestra Señoel 12 de marzo de 1622, ya declarado ra de las Cruces, que el humilde pastor Patrón de las misiones. Su festividad se Sebastián González encontró, desapacelebra el 3 de diciembre. reció durante la Guerra Civil Española. Pasados unos años después, concretaLa actual Patrona de Don Benito, es venerada por todos los dombenitenmente en 1945, don Miguel de Granda ses, quienes cada 12 de octubre van y Torres-Cabrera, conde de Campos de en masa a despedir a Nuestra Señora Orellana, toma el cargo de mayordode las Cruces, así como lo hicieron anmo de la Hermandad de la Virgen las taño tras la aparición de Nuestra SeñoCruces. Don Miguel encargó la realira al pobre pastor Bastián. San Francisco Javier, destruido en la G.C. zación de una nueva imagen al escul-

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Huellas franciscanas en la Nueva España

LAS 21 MISIONES DE LA ALTA CALIFORNIA Arturo Álvarez Álvarez de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras

Síntesis histórica Descubrimiento. Comisionado por el extremeño Pedro de Alvarado (1485-1541) y con el apoyo del primer virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco (1490-1552), en 1542 fue enviado Juan Rodríguez Cabrillo (ca. 1499-1543) a explorar el Pacífico Norte, el Mar de Cortés y la Baja California —descubiertas poco antes por Francisco de Ulloa († 1540)— con la ilusión de encontrar la mítica ciudad de Cíbola y hallar el legendario estrecho de Anián, que se creía unir los océanos Pacífico y Atlántico. Y tras recorrer la costa de Colima y la bahía de Magdalena, el 17 de septiembre de ese año llegaron al actual puerto de Ensenada y el día 28 descubrieron la bahía de san Diego —que llamaron san Miguel, por ser su fiesta ese día—, siguiendo su viaje por aguas desconocidas para los europeos, llegando a los pueblos de San Pedro y Santa Mónica, donde hoy se levanta la populosa ciudad de Los Ángeles. Dispersadas sus tres naves por los recios vientos y tormentas, el 15 de noviembre se reencontraron y, navegando sin rumbo, descubrieron la bahía de Monterrey, regresando a refugiarse en la bahía de san Miguel, donde permanecieron tres meses, falleciendo aquí Cabrillo, a causa de las heridas sufridas en su lucha con los nativos. En febrero

de 1543 enfiló la flotilla rumbo al norte, bajo el mando de Bartolomé Ferrelo (14991550), y, con vientos favorables, alcanzaron la punta que, en honor al virrey Mendoza, llamaron Mendocino, continuando su navegación hasta el estado de Obregón. La colonia. Poco después de que los españoles exploraran las tierras linderas al mar Pacífico, en 1597 las reclamó para la corona de Inglaterra el tristemente famoso corsario y pirata Francis Drake, aunque California fue casi ignorada por Europa hasta principios del siglo XVIII, en que España se planteó ocupar y colonizar la California norte, sobre todo la importante bahía de Monterrey, a fin de impedir incursiones de colonos ingleses y rusos —éstos se adueñaron de Alaska en 1800 y establecieron el pequeño fuerte Novo Sebastopol al norte de San Francisco—; política que fomentarían los virreyes José de Gálvez y Gallardo (1729-1787) y Francisco Bucarelli y Ursúa Laso de la Vega (1708-1775) en la segunda mitad del siglo XVIII. Y en busca de rutas para ocupar estas tierras costeras, el año 1769 partió, una expedición, a la vez por tierra y por mar, al mando del militar español Gaspar de Portolá Rovira (17161786), al que acompañaban,

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como misioneros, el franciscano mallorquín fray Junípero Serra Ferrer (1713-1784) y otros 16 hermanos de hábito; todos ellos procedentes de la misión de Nuestra Señora de Loreto, atendida tras la expulsión de los jesuitas de

USA. Fray Junípero Serra, en el vestíbulo del Capitolio


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la Nueva España, año 1767, por el rey Carlos III. Y, a la vez que los exploradores Bruno de Heceta y Dudagoitia (1744-1807) y Juan F. de la Bodega y Quadra (1744-1794) expandían las posesiones españolas hasta la actual isla de Vancouver, estos soldados del Evangelio fundaron San Diego de Alcalá, que sería la primera de otras 20, sembradas a orillas del océano Pacífico norte. Colonia golosa para los corsarios, uno de los que fue famoso el francés-argentino Hipólito Bouchard (1780-1837), que tras ocupar el año 1816 los principales puertos de la Alta California, se presentó dos años más tarde con dos embarcaciones y una dotación de 200 hombres armados, enarbolando la bandera argentina en Punta de Pinos, que abandonó a los seis días, después de robar el ganado, quemar el fuerte, la residencia del Gobernador y las casas y huertos de los españoles. De provincia mexicana a Estado USA. Al independizarse México de España, en 1821, California se convirtió en una de las tres provincias —con Texas y Nuevo México— que el nuevo estado tenía al norte de Río Grande; y aunque con este Gobierno aún se fundó en 1823 la misión de San Francisco Solano, no tardaría en secularizar todas las misiones franciscanas y los asentamientos anexos, expulsando a los misioneros y abandonando su obra evangelizadora y cultural. La California del norte era una pieza muy golosa para los Estados Unidos, que se adueñó de ella cuando Richard Henry y Sutter —integrantes de la sociedad secreta Back Bear— declararon la independencia de la República de California (1846) y permitieron

su ocupación por las fuerzas estadounidenses, entonces en guerra con México, que por el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) se vio obligado a entregar al vencedor todas las provincias mexicanas interiores, entre ellas la perla que en 1850 se convertiría en el nuevo Estado de California, con capital en Sacramento. Una admirable obra misionera Entre los franciscanos fundadores de las misiones de la Alta California fueron protagonistas fray Junípero Serra y fray Francisco Palou (c. 1722-1789): ambos nacidos en Mallorca —en Petra el primero, año 1713, y en Palma, c. 1722, su hermano de hábito— y compañeros de trabajo. Serra partió rumbo al virreinato de Nueva España, con otros 20 misioneros, en 1749; haciendo el camino desde Veracruz a la ciudad de México a lomo de mulas, mientras el padre Serra y un compañero lo recorrieron a pie, como lo habían hecho en 1524 sus hermanos de hábito conocidos como los Doce apóstoles de México. El primer destino de fray Junípero fueron las misiones de Santiago Xalpán, en la Sierra Gorda de Querétaro, donde permaneció 9 años dedicado a convertir e instruir a los indios pames; pasando en 1767, con otros 16 misioneros de la Orden, a la misión de Loreto —en la Baja California—. De aquí se dirigió Serra a explorar y evangelizar la California del norte, siendo San Diego de Alcalá la primera de las nueve misiones por él fundadas a lo largo de 15 años. En 1773 ya había fray Junípero fundado 5 misiones, asistidas por 19 frailes de san Francisco y pobladas por medio millar de indios cristianizados. Ese

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mismo año viajó el padre Serra a la ciudad de México para verse con el virrey Bucarelli, el cual le concede que el gobierno, el control y la educación de los indios perteneciera exclusivamente a los misioneros, cuya labor sufrió una dura prueba cuando, el año 1775, un grupo de indios armados destruyeron la misión de san Diego y asesinaron cruelmente al padre Luis Jaime. La noticia hizo exclamar a fray Junípero: «Gracias a Dios ya se regó aquella tierra; ahora sí se conseguirá la reducción de los dieguinos». En agosto de 1784 fallecía el padre Serra tras dirigir la fundación de las misiones de san Diego, san Carlos, san Antonio de Padua, san Gabriel, san Luis obispo, san Francisco de Asís, san Juan de Capistrano, santa Clara y san Buenaventura. Fue beatificado por el papa Juan Pablo II en 1988 y su estatua se alza en el Capitolio de Washington. Paisano, discípulo y amigo de Serra, el padre Francisco Palou fue también a Nueva España, coincidiendo con él en el colegio franciscano de san Fernando de la capital mexicana y a su lado misionó en Sierra Gorda. Llamado a México, allí trabajó hasta el año 1767 en que acompañó a fray Junípero a la Baja California, siéndole asignada la misión de san Francisco Javier y quedando como superior cuando al padre Serra fue enviado a misionar a la Alta California, adonde también él marcharía en 1773 —tras el acuerdo de que las misiones jesuíticas fueran atendidas por los frailes agustinos—, desempeñando el cargo de superior de la orden franciscana durante la ausencia del padre Serra. En 1774 acompañó al capitán Rivera en la exploración de la bahía de san Francisco y


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Título y fundación de las Misiones:

2l.-San Francisco Solano (Julio de 1823).

SACRAMENTO 20.-San Rafael Arcángel (Diciembre de 1817).

SAN FRANCISCO 6.-San Francisco de Asís (Dolores) (Octubre de 1776). CALIFORNIA. Misión de san Francisco de Asís, 1776

8.-Santa Clara de Asís (Enero de 1777). 14.-San José de Guadalupe (Junio de 1797).

MONTE REY

15.-San Juan Bautista (Junio de 1797). 12.-La Santa Cruz (Agosto de 1791). 2.-San Carlos Borromeo (Junio de 1770). 13.-Nuestra Señora de la Soledad (Octubre de 1791). 3.-San Antonio de Padua (Julio de 1771)

CALIFORNIA. Misión de la santa Cruz, 1791

16.-San Miguel Arcángel (Julio de 1797). 5.-San Luis, obispo de Tolosa (Septiembre de 1772).

CALIFORNIA. Misión de san Carlos Borromeo, 1770

11.-La Purísima Concepción (Diciembre de 1787). 19.-Santa Inés (Septiembre de 1804). 10.-Santa Bárbara (Diciembre de 1786).

SANTA BARBARA

9.-San Buenaventura (Marzo de 1782). 17.-San Fernando, rey de España (Septiembre de 1797).

CALIFORNIA. Misión de san Miguel Arcángel, 1797

LOS ANGELES

4.- San Gabriel Arcángel (Septiembre de 1771) 7.-San Juan de Capistrano (Noviembre de 1776).

OCEANO PACIFICO

18.-San Luis, rey de Francia (Junio de 1798).

CALIFORNIA. Misión de san Luis, rey de Francia, 1798

1.-San Diego de Alcalá (Julio de 1769)

SAN DIEGO CALIFORNIA. Misión de san Diego de Alcalá, 1769

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CALIFORNIA. Cenotafio del beato Junípero Serra en la misión de san Carlos Borromeo.

erigió una cruz en Punta Lobos, mirador ahora al gran mar y al famoso puente Golden Gate, siendo el primer misionero en llegar a este sitio, donde el año 1776 celebró la primera misa en la que se levantaría la misión de san Francisco de Dolores. En 1784 fue llamado para asistir a bien morir a fray Junípero Serra, tras cuyo fallecimiento el padre Palou fue elegido superior de la orden franciscana en California, regresando en 1785, anciano y enfermo, a su querido colegio de san Fernando de México, del que fue director hasta su muerte, en 1789. Además de su labor misionera, el padre Palou escribió Noticias de la Nueva California y nos dejó una muy interesante Relación de la vida y apostólicas tareas del venerable padre fray Junípero Serra y de las misiones que él fundó en la California septentrional.

¿Cómo era una Misión? Cercanas a los presidios — que eran fuertes dentro de cuyos muros vivían los militares y civiles y estaban dotados de viviendas, almacenes, talleres e iglesia—, las misiones californianas estuvieron inspiradas por fray Junípero en las que él conoció en Querétaro, al estilo de un pequeño convento, dotadas de iglesia en su centro, un edificio con claustro adosada a ella, celdas para los frailes, cocina, almacenes, talleres, establos, y anexas cabañas para alojar a los indios que trabajaban en la misión y sus familias, barracón para vigilancia de una pareja de soldados y cementerio; todo ello construido con ladrillos de adobe hechos con una mezcla de barro, paja y guano animal. En cada una de las misiones la labor de los frailes era la instrucción de los indios —muy lejanos de la avanzada

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cultura azteca—, enseñándoles a cultivar la tierra —los franciscanos lograron desarrollar allí el cultivo de la vid—, la ganadería y diversos oficios, a la vez que las mujeres aprendían a cocinar, tejer y coser. La jornada en la misión se asemejaba bastante al horario conventual: misa de alba, desayuno, labor en el campo y en el hogar, rezo del Ángelus, comida, pequeño descanso, vuelta al trabajo, oración a media tarde, instrucción religiosa —en español y lengua nativa— y cena. En los días festivos, que eran más de cuarenta al año, no se trabajaba. Según un documento de 1801, los indígenas varones recibían una manta cada año, unas calzas cada medio año y una camisa cada siete meses, mientras que las mujeres recibían una camisa y falda cada siete meses. En 1820 había en la Alta California unos 20. 500 cristianos y 37 misioneros. Epílogo Si la endeblez de la construcción y, sobre todo, los numerosos seísmos e incendios provocados por incursiones de indígenas americanos, fue causa de que las misiones de la Alta California sufrieran graves daños, su abandono y destinos profanos, tras su secularización por el Gobierno mexicano, en 1835, fue su sentencia de muerte, librándose sólo la misión de santa Bárbara, única que nunca se ha cerrado desde su fundación, en 1786. Por fortuna, el Gobierno e Iglesia de los EE.UU. han sabido valorar esta obra misionero-cultural de los hijos de san Francisco y en el siglo pasado se restauró y abrió al culto los templos de las 21 misiones, salvando muchas piezas de arte sacro y custodiando dignamente otros objetos de valor histórico-arqueológico en varios museos anexos.


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Microclima en Guadalupe y cambio climático David Pérez López, Profesor A. Archilla Franco, A. Cabanillas Cabral, D. Neira Pablos y S, Muñoz González Alumnos de 3º de la ESO

INTRODUCCIÓN En innumerables ocasiones una conversación en Guadalupe comienza con comentarios del tiempo, estado de la atmósfera en un momento determinado. Nos referimos a la humedad que hay en el pueblo, las precipitaciones o las temperaturas, y en muchas de ellas terminan con la expresión «¡Es el microclima de Guadalupe! » El estudio o investigación que nos ha ocupado durante varios meses ha pretendido dar fundamentos científicos o sentido a esa expresión, porque cualquier meteorólogo o climatólogo que se precie sabe que la percepción sensorial de las temperaturas o las precipitaciones tienen poco que ver con los datos que recogen el pluviómetro, termómetro… por eso nos puede parecer que Guadalupe tiene un clima singular por la zona en la que se encuentra, pero ¿es esto real?, nosotros hemos querido dar una respuesta científica a esa afirmación. Por otra parte, una vez que teníamos la información para dar solución a la hipótesis anterior la hemos reutilizado para comprobar si, el tan nombrado cambio climático tiene lugar en Cáceres, estación con la que hemos comparado el clima de Guadalupe, y del cuál tenemos una serie de datos bastante amplia. METODOLOGÍA Para nuestro estudio hemos utilizado el método científico. Primero hemos lanzado nuestras hipótesis, son: ¿Hay microclima en Guadalupe? y ¿Cambio climático sí o no? El siguiente paso ha sido la recogida de información, en este caso el coordinador del proyecto de investigación, David Pérez López, se pone en contacto con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) para obtener los datos de las distintas estaciones que hemos tenido en Guadalupe. La otra fuente de información de donde cogen los datos de la estación de Cáceres es la Web de la AEMET. Una vez recogida la información procedemos al reparto de tareas. El coordinador reparte tres años de la serie de Cáceres para cada alumno de 3º A y B y posteriormente se hace lo mismo con los datos de Guadalupe. Los

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2010

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Temperatura ºC

alumnos tienen que or27 denar los datos y realizar 26 EVOLUCIÓN TEMPERATURAS MEDIAS 25 24 las operaciones matemá23 22 ticas necesarias para ha21 20 cer el climograma, estas 19 18 son: media mensual de 17 16 las temperaturas y de las 15 14 precipitaciones. Así como 13 12 11 las operaciones necesa10 9 rias para ver la evolución 8 7 y tendencia de las tem6 5 peraturas mínima, media 4 3 y máxima; tuvieron que 2 1 obtener las temperaturas 0 máximas absolutas, las mínimas absolutas y el toMEDIA Tª MÁXIMA MEDIA Tª MÍNIMA MEDIA Tª MEDIA tal de precipitaciones. Hechas estas operaciones se procede a reflejar la información en gráficos que son los que nos via y llueve de manera toayudarán a ver los resultados, que son los siguientes: rrencial en más ocasiones. CONCLUSIÓN 5. Las temperaturas medias están aumentando, con lo La respuesta a la primera hipótesis «¿Hay microclima en Guadaluque el cambio climático pe? » está claro. La respuesta es la siguiente: Sí, porque al compararlo con el clima de CáPor último el análisis de estas ceres obtenemos los siguientes resultados: variables nos llevó a la siguiente rea. La temperatura media anual de Guadalupe (15, 3) es un grado meflexión: ¿Cómo influye la actividad nor que la de Cáceres (16, 3). humana en el cambio climático? b. La amplitud térmica de Guadalupe (18, 7) es medio grado mayor Teniendo en cuenta el trabajo que la de Cáceres (18, 2). que hicieron nuestros compañec. Las precipitaciones son mayores en Guadalupe debido a su orografía. ros sobre el cambio climático, lled. Guadalupe sólo presenta tres meses secos, mientras que en Cáce- gamos a la conclusión que las emires son cuatro. siones de CO2 provocadas por las e. Los máximos pluviométricos de Cáceres son en las estaciones equi- calefacciones, transportes, indusnocciales (56, 3 y 601 mm), mientras que en Guadalupe el máxi- tria… inciden sobre el aumento de mo pluviométrico se da en invierno, siendo el mes más lluvioso di- las temperaturas. Así, en el gráfico que presentamos se aprecia como ciembre (145 mm). los ciclos económicos, las crisis y ¿Cambio climático sí o no? Para dar respuesta a esta pregunta, que ya está demostrada por científi- bonanzas económicas tienen una correlación positiva con el calentacos de renombre, hemos utilizado la evolución de cuatro elementos: miento global. Y se ve cómo la Cri1. Temperatura máxima absoluta anual. sis de 1929, el inicio de la Segunda 2. Temperatura mínima absoluta anual. Guerra mundial, la crisis del petróleo de 1973, la guerra del Golfo, o 3. Temperaturas medias anuales. la crisis actual han hecho descen4. Precipitaciones. der las temperaturas, mientras que ¿Qué está sucediendo? en épocas de euforia económica se 1. Las máximas están aumentando. Calentamiento. consumen más combustibles fósiles y el calentamiento aumenta. Por lo 2. Las mínimas son cada vez más bajas. Enfriamiento. 3. Las temperaturas se están extremando, como sucede en los desiertos. tanto está probado que el calenta4. Las precipitaciones aumentan, pero se producen menos días de llu- miento existe y lo provoca la actividad humana.


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Isabel volvió a Guadalupe

E

l pasado 25 de febrero, la reina Isabel de Castilla (1451-1504) recibió un homenaje en el Real Monasterio de Guadalupe, al que vino en más de veinte ocasiones por devoción a Nuestra Señora y afecto a los frailes Jerónimos que regían la Casa. Reclamado desde hace tiempo por los Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica y Academia de la Hispanidad, el Gran Maestre de dicho Capítulo, D. José María Gómez Gómez, dispuso el homenaje, con el beneplácito de la Comunidad franciscana restauradora, cuando se cumplen cuatrocientos sesenta y un años de su nacimiento en Madrigal de las Altas Torres. Asistían la vicepresidenta de la Asamblea de Extremadura, Dña. Consuelo Rodríguez Píriz; la consejera de Educación y Cultura, Dña. Trinidad Nogales Basarrate; el alcalde de la puebla, D. Francisco Rodríguez Muñiz; la Junta de gobierno de los Caballeros de Guadalupe y de la R. S. Colombina Onubense, la Española de Amigos de la Capa (Talavera), y otras autoridades civiles y militares. Tras la recepción de los Nobles Caballeros y Damas en la lonja del monasterio, el homenaje se inició a las 12 del mediodía con la misa pontifical presidida por D. Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia, hijo ilustre de la puebla y villa y Caballero honorario del Capítulo, en la que concelebraron el deán de la catedral Primada,

D. Juan Sánchez Rodríguez; el guardián P. Sebastián J. Ruiz Muñoz, el párroco de Guadalupe y demás miembros de la Comunidad franciscana. Durante la presentación de dones, la secretaria canciller ofreció a la Santísima Virgen de Guadalupe la Medalla de Honor de la institución y dos jarros de cerámica talaverana. Al término del pontifical se inició la Corona poética a la Virgen Morena, a la Hispanidad y a la reina Isabel; justa floral que culminó con la inauguración de un busto de la reina descubridora y evangelizadora, obsequio del Capítulo, en la portería del Real Monasterio. Isabel de Castilla, después de cumplir el deseo de su hermanastro Enrique IV enterrándolo junto a nuestra Señora, subió a Guadalupe muchas otras veces, algunas de ellas para disfrutar largamente del descanso en el palacio que le edificaron los Jerónimos y practicar sus devociones en la tribuna que tuvo encima del coro. Siempre procuró doña Isabel favorecer al Santuario, al que enriqueció con prendas y obsequios aún conservados, lo mismo que muchas de sus cartas. Nunca olvidó al Guadalupe que amó y. aunque obligada a sacrificar sus afectos personales en aras de las empresas más sublimes, cuando redactó su Testamento estableció en las últimas de sus cláusulas «que sea puesto en el monasterio de nuestra Señora de Guadalupe, para que, cada e quando fuerte menester verlo originalmente, lo puedan allí fallar». Doña Isabel ha vuelto, pues, a su “paraíso”, aunque su memoria nunca ha desaparecido de Guadalupe.

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Autoridades y miembros del Capítulo durante la misa pontifical

Corona poética

Collar de los romeros de Guadalupe

Isabel la Católica a la Virgen de Guadalupe ¡Madre de Dios y madre de Castilla! ¡Virgen de Guadalupe, protectora de Extremadura, cuya fe atesora el mar de España en una y otra orilla! Estabas tan morena y tan sencilla, tan mujer de esta tierra labradora, tan apegada al pueblo que te adora, tan rosa en el rosal, tan sin mancilla, que no pudo evitar el alma mía, cuando pisé vuestro solar divino, exprimir un suspiro vagabundo: ¡Reina de la gallarda serranía! ¡Patrona celestial del Nuevo Mundo! ¡Estrella y paraíso en mi camino! José María Gómez Gómez Gran Maestre del Capítulo

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Ni alcázares sevillanos, ni jardines de la Alhambra, sólo tuvo un paríso la mejor reina de España, y a Guadalupe fue fiel: Isabel. Con los reyes y su Corte vinisteis seis años antes; diste a una isla su nombre luego volviste, Almirante, a Guadalupe el timón: Colón. Granada tiene, y Navarra, y España toda a sus pies, mas vienes a Madrigalejo, al sentirse fenecer, a Guadalupe mirando: Fernando.


plazamayor / 31 Hijo de Extremadura, triple imperio conquistaste, con tu espada en una mano y en la otra un estandarte —Guadalupe en el envés—: Cortés. Yuste elige por retiro, aunque fue nacido en Gante y, dueño de Europa, viene, llorando por lusos aires, a Guadalupe a soñarlos: Carlos.

vino a postrarse a tus plantas y, con él, toda la Iglesia y hasta, Guadalupe, el mundo: Beato Juan Pablo Segundo. Hoy venimos caballeros de la Reina y de Colón, de León y de Castilla, de Navarra y de Aragón, que Guadalupe es tu entraña España.

Dios te salve, Reina y Madre de España y de las Américas. tú que estás siempre con él, ruégale hoy porque sea, Guadalupe, tu Isabel Santa Isabel. Luis M. de la Prada Moguer (Huelva)

Monarcas son de dos reinos donde no se pone el sol; los dos de la misma sangre, que tío y sobrino son, y ante Guadalupe están: Felipe y don Sebastián. De Portugal fue su cuna, de Ávila su maestro; loco de Dios en Granada; aquí aprendiz de enfermero; Guadalupe es su heredad: Juan Ciudad.

El gran maestre del Capítulo recibe el agradecimiento del guardián del Real Monasterio

Para escribir tu aventura, paladín de Dulcinea, y que su pluma volara sin un lastre de cadenas, vino a Guadalupe antes: Cervantes. Con don Felipe Tercero llegaste tú a las Villuercas y tu esperanza sembraste para siempre en estas sierras ¡Guadalupe te las brote, Luis de Góngora y Argote! Porque era «Todo tuyo», siguiendo a Juan y Teresa,

La consejera Trinidad Nogales pronuncia su alocución ante el busto de la reina

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GUADALUPE. El Monasterio destaca imponente sobre el entramado de casas de la localidad (Foto G. Sánchez)

Una peregrinación a Guadalupe y una visita a Cáceres

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Ramón Tamames

a crónica de hoy para República.com, la dedicamos a un viaje entre dos puntos altamente significativos de Extremadura: Guadalupe y Cáceres. Entramos ya en el viaje por la Extremadura Leonesa; que es su verdadero nombre, por haber servido de espacio fronterizo, durante mucho tiempo, al viejo reino de León. Y empezaremos por Guadalupe, hermosa villa situada en una zona de serranías, entre encinares, robledales, castañares, madroñales y algunos eucaliptos intrusos. La historia del célebre Monasterio se remonta a tiempos muy lejanos, habiendo sido Juan I de Castilla quien en 1389 inició su engrandecimiento, al donar a la entonces potente Orden de san Jerónimo el santuario que allí existía, donde en el siglo XIII fue hallada la imagen de la virgen morena que hoy ocupa el camarín que domina toda la Iglesia de la antigua abadía.

En 1464, Enrique IV de Castilla visitó el Monasterio, acompañando a su hermanastra, la que sería Isabel I de España entera, la Reina Católica por excelencia. Entonces, la joven princesa acompañó al desdichado monarca, en lo que parecía iba a ser la más relevante ocasión, pues estaba previsto en ella concertar su enlace matrimonial con Alfonso V de Portugal; a quien rechazó, pues sin duda ya por entonces tenía los pensamientos puestos en quien un tiempo después sería su esposo, Fernando V, primo muy próximo dentro de la misma Casa Real de los Trastámara. Pero ese viaje de Isabel no resultó perdido, pues la futura soberana se prendó irremisiblemente de la belleza del Monasterio y de su entorno, al que desde ese momento denominó «mi paraíso». Luego, retornaría allí nada menos que de 21 ocasiones, siempre «para pedir

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plazamayor / 33 o agradecer». Allí hubo las primeras tratativas con Colón para la gran aventura de Indias, y también los claustros del Monasterio fueron testigos de las celebraciones por la conquista de Granada. Y más efemérides que hubo, que están en los libros de Historia y en el ambiente único de Guadalupe. El padre guardián del Monasterio, Sebastián Ruiz, y el párroco y archivero del gran monumento, Antonio Arévalo, nos mostraron a los peregrinos los tesoros del grandioso cenobio. Una inmensa construcción que tiene como partes fundamentales el templo-basílica con su atrio, el auditórium, el claustro mudéjar, el otro claustro gótico, el pequeño de autoridades, amén de ocho torres que coronan el todo; formando un promontorio de enorme belleza, de visibles inspiraciones cristianomudéjares. Un conjunto insuficientemente conocido en el mundo, a pesar de que la Virgen de Guadalupe se hizo la más popular santina de toda la América Española desde los tiempos de Cortés y Pizarro, que la cortejaron con sus obsequios, en una celebración continua que incluyó a Felipe II tras la batalla de Lepanto, hasta Alfonso XIII, el Borbón que abandonó España el 14 de abril de 1931. Maravillosos son los museos guadalupanos: el de bordados, que contiene casullas, dalmáticas, frontales, y otras piezas de los mejores ornamentos litúrgicos; con más de doscientas piezas que expresan la más alta y paciente creatividad de los talleres del Monasterio. El de miniados que incluye sin goma grandes libros de música estampados sobre vitela en los siglos XIV al XVIII; sobre facistoles, o en amplias vitrinas excelentemente iluminadas. ¿Y qué decir del Museo de Pintura y Escultura con obras de

Juan de Flandes, El Greco, y Goya, entre otros? Con una presencia destacada también de Zurbarán, cuya obra se extiende con el máximo esplendor a la contigua Sacristía, que constituye la auténtica Capilla Sixtina de Extremadura. Pocas veces en la vida pude encontrar tanta maravilla reunida, tan cuidadosa y amadamente conservada… y documentada, en una biblioteca a la que tuve el honor de incorporar uno de mis libros, sobre el futuro económico de Extremadura. Por encima de todo, el Monasterio es un espacio mágico, un estuche prodigioso de arte y de síntesis histórica y antropológica, de largas edades, saberes, dedicación y veneraciones. Donde el peregrino puede disfrutar alojándose unos días en la magnífica hospedería de los franciscanos; recordando allí las vivencias de don Miguel de Cervantes, que hizo brillante panegírico del gran monumento en su última obra, «Persiles y Segismunda»; ya, como él mismo dijo, “con un pie en el estribo”. Como también puede albergarse el viajero en el magnífico parador de turismo —registrado por Ángel M. Arribas de Santos y su eficiente equipo de colaboradores—, de excelente gastronomía, con su patio de naranjos y sus espléndidas vistas de la Sierra desde los grandes balcones de habitaciones que invitan a quedarse mucho más. *** Después de Guadalupe —pasando por Don Benito, la tercera ciudad de Badajoz, de la que un día hablaré largo y tendido a mis amigos de República.com—, los peregrinantes nos dirigimos a Cáceres, natal dichoso que fue de mi padre (Manuel Tamames, Doctor en Medicina y Cirugía, allí nacido en 1901). Una más que hermosa

CÁCERES. Vista panorámica de la ciudad, patrimonio de la humanidad

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ciudad, enclavada en el término helm von Thoman. Y desde el aemunicipal más extenso de Esparódromo próximo a la vieja ciuña (1.746 km2, el triple que el dad, las escuadrillas de aviación de Madrid), con un casco antide la Legión Cóndor y de los piguo único cuyos orígenes datan lotos de Franco, bombardearon del siglo I a. de C., cuando los objetivos republicanos. romanos establecieron en esos Ya en tiempos más apacibles y pagos de la Lusitania su colonia democráticos, la hermosa y muy Norba Caesarina; a orillas de la cuidada Ciudad Vieja de Cáceres vía que con el tiempo sería cono—que recorrimos de la mano cida como de la Plata (del árabe de nuestros excelentes guías, el balata, calzada). Ruta que desde economista Antonio Bueno del Asturias a Sevilla y Huelva sigue Banco de España y el Catedrático hoy atravesando la entera Pede la Universidad de Extremadunínsula por su parte Oeste; desra Ricardo Hernández— fue defilando ante los ojos del viajero clarada Patrimonio de la Humalos más variados paisajes, al crunidad por la Unesco, en 1986; CÁCERES Torre de Sande zar la Cordillera Cantábrica, los como uno de los conjuntos urbanos Montes de León, las Sierras de la Culebra, de Gata y Peña Medioevo / Renacimiento más interesantes de toda Eurode Francia, y ya en tierras extremeñas, las de Montánchez pa. La concatedral de Santa María, el palacio de las Veley Aracena, que suministra el mejor ibérico de todo el uni- tas (Museo), las mansiones solariegas de los Golfines (de verso mundo. Arriba y Abajo), la Casa del Sol, la iglesia de san Francisco En la Edad Media, los invasores del Islam hicieron de Javier, el Arco de la Estrella, son, todos ellos, monumenCáceres un recinto amurallado, para resistir el avance de tos admirables; sin olvidar el magnífico parador de turislos cristianos, que con Alfonso IX, rey de León, reconquis- mo, recién rehabilitado, donde nos alojamos, a plena sataron definitivamente la ciudad en 1229. Y dando ahora tisfacción, la segunda noche de nuestro periplo. Sin olvilo que bien podríamos llamar un cronosalto, recordemos dar el estupendo convivium que tuvimos en El Figón de que al estallar la última guerra civil española en 1936, la Eustaquio, con Antonio Bueno, Ricardo Hernández y sus guarnición de la ciudad apoyó el alzamiento militar; faci- amigos Marcelo, Josepe y sus muy distinguidas esposas. litando así el avance del Ejército de África hacia Madrid y Cáceres es una ciudad plena, divisándose desde sus cala conexión entre las zonas sur y norte de los nacionales. lles y plazas el territorio circundante de sementeras y deheFranco tuvo en Cáceres su segundo cuartel general sas, de hermosas colinas con el verdor del otoño lluvioso. (en el Palacio de Los Golfines de Arriba), después del de Y es en latín, nuestra lengua primigenia después de las ibéSevilla. Y fue en esa sus esplendorosas estancias donde ricas y euskáricas, me despido al terminar mi viaje a Extrerecibió a su mujer, Carmen, y a su hija, Carmencita, a las madura, con otros tres peregrinos ejemplares, que fueron que no veía desde el día antes del golpe militar en Cana- Blanca y Juan Claudio, y Carmen también conocida como rias y el Rif el 17 de julio de 1936. Luego, entre los días 8 Reina de Saba. La frase latina: Terra patris mei, quando te y 10 de octubre del mismo año, y como parte de la copio- aspiciam (Tierra de mi padre, ¿cuándo volveré a verte?). sa ayuda bélica de Hitler a Franco, llegaron a Cáceres los primeros carros de combate alemanes, modelo Panzer I; arribados previamente al puerto de Sevilla en barco. A partir de lo cual, y durante varios meses, funcionó en el extramuros cacereño una academia de formación de conductores de vehículos blindados; dirigida por el coronel alemán WilGUADALUPE. Vista de la puebla

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Breviario

El escritor, juez y párroco Jesús Sánchez Adalid

u El escritor extremeño Jesús Sánchez Adalid (Villanueva de la Serena 1962) ha ganado con la novela Alcazaba la XI edición del prestigioso premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio, que patrocinan Martínez-Roca Ediciones y la Fundación Caja Castilla-La Mancha. El fallo, dado a conocer en Toledo el pasado 3 de febrero, ha llenado de satisfacción a los numerosos lectores y amigos de Adalid, que ven reconocido su magnífico trabajo literario. La novela galardonada, que edita Martínez Roca, nos lleva al Al-Andalus del s. IX, cuando una rebelión de la kora del suroeste pondrá en jaque la estabilidad del emirato cordobés en tiempos de Abderrahman II (822-852). Al premio, dotado con 60. 000 euros, se han presentado en esta edición 205 obras, de las cuales 160 procedían de España. Ganadores de ediciones anteriores del premio han sido Mercedes Salisachs, Jorge Molist, Almudena de Arteaga, Ángeles de Irisarri o Alberto Vázquez Figueroa, entre otros. Sánchez Adalid, párroco de Alange (BA), medalla de Extremadura 2007, Premio Fernando Lara de Novela 2007 (El alma de la ciudad), es también peregrino y Caballero de Santa María de Guadalupe

u De rotundo éxito cabe calificar el desarrollo de la I Media Maratón de Montaña (22. 2 Km.) que tuvo lugar el pasado 26 de febrero en Guadalupe con la participación de 231 corredores, pertenecientes a más de setenta clubes de las provincias de Córdoba, Madrid, Toledo, Zamora y las extremeñas. La prueba, puntuable para la Copa Extremadura de Carreras por Montaña, fue organizada por Guadalupe a fondo, Maragatos-Villuercas, FEXME y DDEX, que tuvo la colaboración de instituciones y empresarios de la puebla y villa, así como de un buen grupo de voluntarios. En presencia del director general de Deportes de la Junta de Extremadura, Antonio Pedrera Leo (Cáceres 1970), la carrera dio comienzo a las 10 de la mañana en la plaza del Rey Juan Carlos I, siguió por el callejero de la puebla baja hasta salir a la vía, subió a las ermitas de san Blas y santa Catalina (ambas del s. XVI), bajada hacia la ruta de los molinos para subir a la presa del Mato, seguir por el camino de la horca en dirección a Guadalupe, entrando por la puebla alta hasta llegar a la plaza Mayor. Los vencedores absolutos fueron Pedro José Hernández Sánchez (1:24:26), del Club de atletismo de Torrejoncillo, y Mikaela Patrán Georgeta (1:42:24), del club Maratón Cáceres. Antonio y Víctor Gil Rodríguez (1:41:59) y Guadalupe Tena Gonzalo (2:28:13) fueron los atletas locales mejor situados. [Información: http://guadalupeafondo.blogspot.com]

Paso de la I Media maratón por el viaducto de Guadalupe

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Crónica de la Puebla

Obras de restauración A fin de paliar, en la medida de lo posible, la falta de inversiones, públicas o privadas, en el conjunto monumental del Real Monasterio, la Comunidad franciscana prosigue, en solitario, la tarea restauradora que inició el año 1908. Durante la primera semana de enero, los albañiles del convento han iniciado obras en el baptisterio de la basílica, que ofrecía un estado deplorable desde hace décadas. A fin de reponer el uso sacramental al recinto alojado en la base de la torre de la portería, se van a sanear las paredes y piso, luego se pondrá el pavimento y colocará un zócalo igual al de la basílica reutilizando mármoles de la época. Asimismo, la restauradora local Paloma Monedero Trujillo vuelve a encaramarse en los andamios para tratar de rescatar, bajo capas de cal y humedades, algún resto de pintura mural en la bóveda de la nave de san Pedro o del evangelio. Como se sabe, estas operaciones las inició la Comunidad en la nave de Santiago el pasado verano, publicando su informe en estas páginas (Cf. 826 (2011) 18-20). Tras la bóveda se restauró la pila exterior de entrada al coro. Y esperan mejor ocasión la capilla de santa Ana, la subida al camarín y el claustro mudéjar

Pila claustral de agua bendita, antes y después de ser restaurada

(sus lienzos, zócalos, pavimentos y asientos reclaman atención prioritaria), el retablo Mayor, la pavimentación y mobiliario del presbiterio, por no citar la iluminación de los zurbaranes, cada día más oscurecidos. Finalmente, culminadas las obras de acondicionamiento del antiguo coristado (altos del pabellón del refectorio) y las habituales de la hospedería, hay también proyectos para la cilla, el noviciado, la vivienda de los frailes…, sin olvidar la biblioteca, en cuyo recinto actual no cabe un libro más. Aires de zarzuela No cabe duda de que Guadalupe es un pueblo aficionado a la zarzuela, y que hay madera y astilla para ello, si se lo propone. Con tales mimbres, músicos y escritores como Gabriel Cano, José Cordero Collado, Constantino Miguel Alonso, Manuel Cordero Mansilla y Alfonso Moreno Collado cultivaron antaño el gusto y divulgaron la afición entre la feligresía, máxime si se aprendía música con los

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plazamayor / 37 frailes (Bernardino Puig, J. Yuste, V. Sillaurren, J. Bonilla, A. Barrado, R. Aranda, V. Contreras, J. Perea…) y en cualquier guiso o velada estaba el cordón y la capucha. Ya en 1855, la sociedad Liceo Guadalupense puso en escena «Buenas noches, señor don Simón», del pacense Cristóbal Oudrid y Segura (1825-1877) con libreto de Luis Olona; y en 1912 se estrenó, hace un siglo, «Entre el amor y el dinero»de Francisco Cano Cañadas y C. Miguel Alonso y Pablo. El sábado 11 de febrero y el domingo siguiente, la novísima Agrupación de Zarzuela de Guadalupe que preside Cesáreo Plaza Álvarez, director de la banda y escuela de música local, estrenó en la Casa de la cultura Puebla y Villa de Guadalupe «El huésped del sevillano», obra del músico Jacinto Guerrero Torres (1895-1951) y libreto de J. I. Luca de Tena y Enrique Reoyo, ambientada en la imperial Toledo de principios del XVII. Adaptada y dirigida por Cesáreo Plaza, el éxito fue rotundo en las dos representaciones, y los actores brillaron a gran altura, tanto en el canto como en la escena, que dirigía Manuel Torrejón Collado. La magnífica voz de Isabel Plaza Cordero (Raquel, hija del judío toledano) y el contrapunto de Trinidad Rubio Carpallo (Constancica, criada del mesón) resultaron admirables, al igual que la del pintor Juan Luis (Felipe Sánchez Barba). Descollaron a nivel muy alto los coros de feas, lindos, embozados, lagarteranas y espaderos (Carmen Fuentes Carpallo, Inmaculada Gómez Alonso, Maribel Guadalupe Sánchez (Dorotea), Guadalupe Mendoza Martín, Sara Montes Audije (Teresa), Nieves Poderoso Sánchez (Ginesa), Rocío Prieto González (Mujer del posadero), Francisca, Guadalupe y Josefa Rubio Carpallo y Victoria Trinidad Velardo. Samuel Domínguez Heredia, J. Miguel Martín Ramiro (Oficial), Luis M. Masa Collado (Posadero), J. Antonio Montero García

(Corregidor), Manuel Rivera Polo (Capitán), Francisco Rodríguez Plaza (el conde D. Diego), Francisco Rodríguez Sierra (fray Miguel), Samuel Sánchez Carpallo (Cervantes), Eusebio Sánchez Vallinot (el espadero maese Andrés) y Manuel Torrejón Collado (Pregonero y carretero). Un hecho luctuoso en la familia no permitió la intervención de Juan Jado Torrejón. Chispeante y redonda resultó la interpretación de Samuel Domínguez en el papel de Rodrigo, escudero del pintor. Lo mismo hay que decir de la banda, cuyos miembros derrocharon maestría: Cristina Poderoso Rodríguez (Flauta), Beatriz Jorge Sánchez (Requinto); Pedro J. Torrejón Cabanzón y J. L. Torrejón Rodríguez (Saxo alto); Lorenzo Moreno Gil (Tuba); Juan Cordero Poderoso, Celia Collado Jado y Jesús P. Vázquez Poderoso (Percusión); Ángel Fuentes Carpallo, J. Alberto Bautista En-

Representación de El huésped del sevillano a cargo de la Agrupación de Zarzuela de Guadalupe

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Trazado de los Doce Caminos de Peregrinación a Guadalupe

ríquez, Niocolás Ríos Aguado, Guadalupe Plaza Rubio y Nicolás Ríos Morgado (Clarinetes); Eduardo Plaza Rubio (Trompeta) y J. Carlos Sánchez Sánchez (Trombón). «El huésped del sevillano» es la continuación de otras actuaciones de tan aficionados al género, como la versión de «Luisa Fernanda» que estrenaron en 1985 o la «Antología de la zarzuela» que ofrecieron en 2009. Mientras nos unimos a la ovación unánime de los espectadores, sólo nos resta añadir que deseamos larga vida a la Agrupación y grandes éxitos, como el que han cosechado en febrero de 2012. Caminos de peregrinación a Guadalupe Bajo el título Caminos a Guadalupe, ITINERE 1337 y diecisiete grupos o asociaciones de acción local han presentado un proyecto de cooperación territorial en torno a nuestro Santuario como foco vertebrador. «La proyección histórica de Real Monasterio de Guadalupe —afirman los responsables del proyecto— va mucho más allá de su recinto, creándose una red de caminos, corredores culturales y naturales que dio lugar a un nutrido conjunto de patrimonio arquitectónico y de tradición oral, inmaterial, que aún es posible localizar. El devenir de los siglos fue borrando el trazado de los antiguos caminos en unos casos, y en otros remarcó su trazado afianzando las vías de co-

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municación. Todo ello sobre un territorio privilegiado y de enorme riqueza paisajística y natural, atravesando espacios protegidos, humedales, bosques, serranías y valles… con un alto grado de biodiversidad y muy buen estado de conservación. Todo ello justifica esta propuesta inter-territorial conformada por diecisiete grupos de acción local en torno a la recuperación de doce caminos de peregrinación al Santuario de Guadalupe, Patrimonio de la Humanidad, y su revalorización como corredores eco-culturales, ejes de ordenación territorial, y motores para el desarrollo de comarcas rurales que conectan, incorporando innovación tecnológica y participación social en todas las fases del proyecto».


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Estampa

Mirando atrás

Rafael Vázquez Rodríguez Un invierno seco ha dado paso a la primavera. El agua, bien universal, escaso para millones de personas y objeto —¡qué vergüenza!— de hasta guerras, no quiere caer del cielo porque no se dan las condiciones meteorológicas para que refresque el ambiente y ayude a la salud de las personas. El agua, que debe ser un bien para todos, ha perdido, cuando san Blas se vestía de fiesta para celebrar su día con niños de Guadalupe, a su principal valedor en nuestro pueblo: Rafael Vázquez Rodríguez, un día alcalde, y cada día empeñado en enriquecer su cultura con la lectura de libros, y el rezo para no olvidar que era un hombre católico, y, hasta pocos días antes de su muerte, salir a pescar acompañado de su mujer. Como era una persona que no frecuentaba el mundo, el pueblo se había olvidado de él. Pero existía, y su corazón latía a diario como en los años cincuenta del siglo XX, cuando se atrevió, contra viento y marea, a que el agua corriente no fuera exclusiva de unos cuantos, sino que satisficiera las necesidades de todo. Le costó disgustos, una enfermedad y la dimisión (por vergüenza torera) de su cargo en el Alcaldía. Pero, desde entonces, todas las casas tuvieron agua. Y es que en los pueblos, si la primera autoridad se entrega con alma y cuerpo al bien de los vecinos, los pueblos avanzan. Hoy hay una sequía tan enorme que, si volvemos a tener fe, habrá que ir a por el Cristo de Mirabel, como en otro tiempo se hacía. Rafael Vázquez ya no está para distribuirla. Carlos Cordero Barroso

Fray Javier Beltrán Arrieta (1899-1991) era un alavés de conversación amena, pulcro y devoto, al que le gustaba escribir bajo seudónimo, cuidar las macetas y conservar limpias las bibliotecas conventuales. En 1948 hizo las Américas, donde fue maestro de coristas (1948-1950) y guardián (19501956), después de escribir su página más brillante en las Escuelas del Corro fontanés (1939-1947). Recibió novicios en Loreto (1959-1962) y durante tres años fue párroco de la villa de Guadalupe (1965-1968), donde ya residió de corista (1916-1924). No fue aquel un trienio cualquiera, eran los años inmediatos al concilio Vaticano II (1962-1965) y el padre Javier se aggiornaba como podía a sus 64 años. Ahí se le ve, menudo y ensortijado, celebrando una de las misas de barrio que tanto le gustaban. Ésta debe ser en El Alamillo, por la Santísima Trinidad, que era fiesta muy sonada en la villa, con su procesión general a la que estaba obligado a ir un miembro, al menos, por familia. La suerte caía en los muchachos: «¡Que te vea yo que vas!», amonestaba el padre, sabiendo de más en qué puerta iba a ver al hijo diputado. [foto: María Vizcaíno] Miradla aquí, tota pulcra, con abigarrado séquito de vírgenes que la llevan entre algazara. Es María Leza, digna de los pinceles de Murillo, entre otras jóvenes parroquianas, discípulas de los Melquíades Gabarro, Julio Elorza, Arcángel Barrado, Pedro de A. Martínez Sendero y Clemente González, homenajeando a las Siete Mártires de China, de las Franciscanas Misioneras de María. Aquellas mocitas del Guadalupe de los 40, lo mismo servían las mesas de san Antonio en el gótico, que representaban Los Gavilanes dirigidas por el maestro Moreno; un domingo vestían muñecas para el altar de san Juan y al otro asistían al cine…, sin salir nunca de los salones parroquiales.

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Zarza de Granadilla

Alberto Naval贸n Mateos C谩ceres, 1969

Revista Guadalupe 828  

Revista número 828 del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe

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