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Capítulo 3 1 Después de la escuela, Max acordó con Nina para ayudarle con algunas cosas. Pero fue sino camino a su casa cuando ella le contó que era una exorcista, cuyo trabajo era llevar los seres que no pertenecían a nuestro mundo, a otro lugar. En otras palabras, ella eliminaba “espíritus”. Y mientras pensaba esto, Max abrió la puerta de su casa y encontró a su madre hojeando un libro de recetas. -

Hola hijitus. Ahora mismo veo un libritus. Está muy interesantitus.

-

¿Qué? ¿Has tenido un buen día o qué? – inquirió el chico.

-

Pues si. Le pedí prestada a una amiga este libro de cocina y lo estaba hojeando a ver si me animaba a hacer algo de esto durante una semana.

-

¿Estás bien con el trabajo? Digo, ahora si pareces un ama de casa.

-

No te preocupes. Mientras tú estás fuera disfrutando de la vida tengo tiempo para hacer esas cosas. Después de mucho tiempo puedo disfrutar de una vida algo apacible como esta. – rápidamente se sirvió un vaso de agua. ¿Quieres que te cuente mi vida mientras me acompañas?

-

Por el momento no tengo ganas, aunque… si quisiera algo de comer, porfa.

-

Hoy he preparado tu comida favorita: ¡Habas!

Max volteó directamente a la refrigeradora una vez que escuchó esto. Era obvio que lo que había dicho su madre era una mentira gorda, como un pez globo. -

Al menos tenemos esos spaghettis con carne de ayer. Hmm, también hay unos rollitos primavera.


-

Supongo que tu padre se comerá el resto. Pero ojo, lo que acabas de mencionar también es suyo.

-

¿Todo esto? Cierto, a veces me pregunto porque hago preguntas sobre cosas tannn obvias.

-

También tengo este rico puré de papas y zanahoria que podrías acompañar con huevo. ¿Sabes? Cuando eras un bebé te dabamos muchos tipos de purés. Es más, de pequeño parecías un ratón viejo.

-

¡¿Eh?! ¿En serio?

-

¿Has visto tu foto que tengo en la billetera? Espera. - la madre de Max fue por su bolso y comenzó a rebuscar en el.

De pronto, encontró el tan mencionado objeto y abrió uno de sus compartimientos. Allí dentro había unas fotos, pero tomó la exacta para ese instante. -

Este eras tú al año y medio. Tenías aspecto de gusanito.

-

¡Dios! ¡Si es que era cierto!

-

Es que en aquel entonces sólo tenía dos dientes abajo. – explicó. Usualmente te parabas con el chupón pero en esta foto apareces sin el.

-

Ah, espera, este que está aquí… ¿es papá?

-

Ah, si. Hace centurias usaba lentes de contacto. Más adelante ya empezaría a usar las monturas de lentes normales. Y claro, aquí tendría unos kilitos menos.

-

Pues eso no se nota, aunque…

-

¿Qué cosa?

-

Sabe como volver invisibles sus rollitos. Definitivamente es algo que podría darme pesadillas.

-

¿Qué? ¿Te sirve de ejemplo para que te controles al comer?


-

Algo así. Pero tampoco quiero ser un flaco que de pena. – y entonces, se quedó pensando. Ah, espera, pero si no tengo problema con eso.

-

¿Hmm? ¿A qué te re-? Ah si, en eso has salido a mí.

-

Pues si. No he terminado rechoncho porque no pasa nada si como, ya que no engordo fácilmente.

-

Pero habrás visto que tiene sus trucos, tampoco hay que pasarse. – dijo la madre mientras tomaba más agua. No obstante es gracioso cuando le dices eso a otra persona.

-

Si… sientes como con su mirada te cercenan la cabeza y te maldicen con todas sus fuerzas en secreto, ya que su metabolismo no es igual al mío o al tuyo. – añadió. Heh, Iris nunca lo dice abiertamente, ella prefiere más bien descargar su energía con otras cosas.

2 Era ya la mañana del martes y camino a la escuela, la madre de Iris estaba con el carrito para irse al mercadillo de la zona. Se dirigió a Max. -

Seguramente si regresas temprano hoy tu padre te podrá ver. Hoy haré pollo al horno. A nosotros nos gusta ese plato.

-

Mientras no sea algo que no me guste, tienes mi aprobación. – respondió. Pero tienes que hacerlo rico o sino, no vale.

-

Mala suerte que no seas mi conejillo de indias. Malo no va a ser la comida, eso tenlo por seguro.

Y su madre continuó tras pensar en una cosa. -

¿Quieres saber una curiosidad?

-

¿Qué?

-

Tu padre hizo la comida que comiste el otro día. – rió.


-

¿Con esas manos? Er… como era esa palabra…

-

¿Musculosas? Si, si. El estuvo trabajando en restaurantes durante algún tiempo. El cerdo agridulce es el mejor plato que sabe hacer. Cierto, cierto, ¿quieres que lo haga este fin de semana? ¡Seguro que tu padre se alegra!

-

Eso supongo. Mientras, me iré a la escuela.

-

¡Nos vemos! – exclamó su madre y se volvió a la casa.

Unos minutos después, tenía un pote de yogurt bebible y se lo tomó antes de partir. -

¡Definitivamente helado es de lo mejorcito que hay!

Pero a pesar de que la madre de Max había salido de su casa antes, escuchó aquella exclamación y se dibujó en ella una sonrisa. Y al poco tiempo, llegó a cruzarse con Iris en el camino, aunque vio que ella tambaleaba por ratos. Sus ojos parecían garabatos. -

Hola primo.

-

Hola. – y le vio el rostro. ¿Has dormido bien?

-

Estoy un poco cansada… ayer fue un día “difícil” para mi. Que sueñito…

-

¿Qué? ¿Hiciste deporte para variar?

-

Te pegaría, pero… no estoy de humor. Je je, cuando esté en mi pupitre, me dormiré las primeras cuatro horas de clase. – exclamó aunque con poca energía. Esta vez, me estoy llevando una almohada para así tumbarme en el salón. Así que… te veré más tarde, que ahora me voy derechito a la escuela mientras tenga energía. Adiozzzz…

-

Que mañana más tranquila. – pensó.

Unos minutos después, ya en la escuela de Max, alguien le estaba esperando en su salón. Esa persona estaba sentada al lado del


asiento de Max, y suspiró un poco. Al verle, se volteó para saludarle. -

Buenos días. – dijo Nina, muy feliz.

-

Buenas.

-

Gracias por ayudarme ayer con mis cosas. No hubiera podido yo sola…

-

Sólo aprovechaste… - dijo Max para sus adentros.

-

No creas que lo he hecho por eso. Es más, ni siquiera lo pienses.

-

Era inevitable.

-

En fin… ¡Ah! Sobre eso… - dijo Nina algo pensativa e hizo una mueca. ¿Yo te sorprendí?

-

¿Qué cosa? ¿Sobre lo que eras una exorcista? ¿Te refieres a eso?

-

Si. – Nina respondió y volteó hacia la pizarra del salón.

-

Hmm… ¿Acaso pensaste que ya no te creía más?

-

¿Me creíste cuando te lo dije?

-

No. – dijo Max.

-

Me alegra, pero me gustaría que lo mantuvieras en secreto.

-

Eso supongo… - contestó el chico, pero dudaba un poco con esa respuesta suya.

-

De todas formas, aunque lo digas… nadie te creerá.

-

¿Y dices eso por qué…?

-

Quiero que me sigas ayudando como hasta ahora. Además, ¿Tu qué crees que pasaría si le contaras a tus compañeros o a los profesores que soy una exorcista? A pesar de que estés


en lo correcto, ellos no podrían pensar en eso porque soy una buena estudiante y tú eres un estudiante normal. No te tomarían en serio. -

¿Estás jugando con mis sentimientos o qué? Aunque acepto que no lo pensé hasta allí. Y además… ¿por qué habría de ayudarte?

-

Porque lo digo yo. – rió tiernamente. Pero esa es una broma, ¿ves?

-

¿Las tonterías que estás diciendo?

-

Yo no te chantajearía. Simplemente te pido favores porque eres mi amigo. No te preocupes por cosas como esa. Yo también estaré para ti.

3 Saliendo ya de la escuela, Max fue escoltado una vez más por Nina. Estaba un poco callada, pero parecía que tarareaba una canción para sí misma. -

¿Soné algo rara cuando hablamos esta mañana? Si fue así, entonces me disculpo.

-

Pues para tu conducta habitual: SI.

-

Esta es mi conducta habitual… pero para mis amigos. – dicho esto fue yendo más lento. Ahora que sabes lo que realmente hago, no vale la pena seguir ocultándolo.

-

¿Y has hecho algo de esas cosas antes? Lo de los espíritus…

-

Cosas pequeñas. Aún no estoy realmente preparada para algo más grande pero voy mejorando.

Max pensó nuevamente en su pequeña mascota y pensaba que si ella lo atrapase, lo iba a tratar como a un mosquito. Una imagen se dibujaba en su mente. Hay que aclarar que una parte de el hubiera querido ver esa escena.


-

¿Conoces la plaza de la iglesia que se encuentra en la parte antigua de este pueblo?

-

Si. He ido una cuantas veces pero eso es ir más arriba de la usual. Ya sabes, el colegio… subir hasta allá ya es un triunfo.

-

Pues si. La semana pasada hubo un mercadillo ambulante y…

-

Y… - lo iba a poner en modo de pregunta.

-

Me compré estos aretes. Le pedí a la chica que me los rebajase y logré conseguirlos a un buen precio y también… ¡conseguí el Tenkaichi Budokai 3!

-

Espera… ¿Qué hacía un juego en un mercadillo?

-

Y uno artesanal, por cierto.

-

Ya decía yo. – dijo Max haciendo un facepalm rápido.

De pronto, Nina volteó hacia una papelería cercana, cerca de dónde estaban. -

Creo que tendré que hacer un break de último momento.

-

¿Te falta algo?

-

Un lápiz 2B y uno HB… por favor. – le dijo Nina a la encargada del local.

-

¡Qué rápida! – dijo Max al presenciar que la chica ya no se encontraba con el, sino que había ido a comprar a la velocidad de la luz.

Nina salió sonriente del local con sus dos lápices y fue hacia Max. -

¿A qué no sabías que fuera tan rápida?

-

Ya no es misterio alguno. Aunque claro, a ti te gustan esas cosas.

-

¿Dibujar? Si. Un día te enseñaré los dibujos que hago. Y tú… ¿haces algo?


-

Jugar en la play, aunque supongo que se podría decir que es un pasatiempo. Cierto, también molesto a mis primas.

-

¿Iris no es la única? Porque la verdad, yo pensaba eso. – dejó ver por un momento sus pupilas.

-

No me voy a molestar en nombrar a todas… Sólo diré que la mayoría son niñas, y encima, son menores que yo.

-

Supongo que desde desafortunado.

-

Eso no es del todo cierto.

-

¿Y eso por qué?

-

Un tío mío me dijo eso. Aún no se a lo que se refiere…

-

Me alegra que todavía no haya caído en desgracia. – pensó Nina para sus adentros. Sin embargo…

-

¿Qué ocurre?

-

No pasa nada. Bueno, sigamos caminando que nos queda poco.

tu

punto

de

vista

te

sientes

4 Una vez que Max entró a casa, después de haberse despedido de Nina, le abrió la puerta su padre. Obviamente, alguien fue sorprendido en aquella escena. -

¡Hola muchacho! – exclamó. ¿Qué? ¿Estás listo para una partida?

-

No gracias, ahora misma iba a comer…

-

Tú nunca quieres una ronda conmigo. ¿O es que temes perder contra mí?

-

Así es. Deberías saber que tus apuestas son…


-

¿Demasiado para este mundo? Ya me lo suponía. Pero, ¿cuándo es que podremos estrechar nuestros lazos de padre e hijo?

-

Ah. ¡hola tesoro! – dijo la madre de Max al verle. Pueden ir pasando al comedor que estoy por servir el lonche.

-

Heh, esta tarde mis compañeros de trabajo han estado i-ninte-li-gi-bles. Tuve que estar descifrando como loco.

-

Ya veo. – respondió la madre.

Los tres se sentaron a la mesa y su madre puso en al mesa unos cuantos dulces y le dio a cada uno una taza con agua caliente para que escogieran si querían un té o una infusión. Seguramente si la prima de Max hubiera visto esto se hubiera puesto algo contenta. -

¿Cómo te fue en la escuela?

-

Saqué un 10 en ciencias. – dijo mientras se ponía café.

-

Qué bien. Yo en cambio, en la escuela… pasaba más tiempo botando la pelota que hojeando libros. – agregó el padre.

-

Aunque no fue sino por mí que tuvo la voluntad de leer unos cuántos libros más porque el ni sabía si quería ir a la universidad o no.

-

Bueno, si sigues así no tendrás problemas en postular a alguna como yo… - rió su padre despreocupadamente. Aunque claro, ¿quién nos dice si serás un empresario o no?

-

No llegues a esos extremos. Aunque la idea de poder ir a cualquier universidad que yo elija sería interesante… excepto porque es seguro que será más difícil que el colegio…

-

Seguramente te acostumbrarás. – comentó su madre con ese mensaje positivo.

-

¡Vamos! ¡Me gustaría ver que puedes hacer contra mí en un juego de damas chinas!


-

Una cosa es una cosa, y esa es otra. – dijo Max. La última vez me pediste que grabara tus benditos programas de televisión.

-

¿Pero a que no son educativos? “Cuando los animales atacan”, “El planeta azul”, “Documentales de la National Geographic”… al menos deberías aprender esas cosas. – el padre tomó una bizcotela.

-

Si, eso es. Necesitas aprender más del mundo. ¿Qué pasaría si algún día te encontrases con un tiburón ballena? ¿Cómo reaccionarías?

-

Aquí lo único que hay son medusas y de la las pequeñas. De todas formas, ¿esos animales no se encuentran en mar abierto? Seguramente nos tienen miedo y evitan el contacto. Hay pocas probabilidades de que se acerquen a la costa.

-

A pesar de todo, creo que de todas formas deberías tener una partida conmigo. ¿Qué tal un Connect Four? ¿Un Battleship? ¿Un Stratego?

-

Acaso no… espera. – pensó de prisa y pensó en su experiencia con juegos de computadora y de consolas. Hmm, ¿y qué tal un juego de carreras?

-

¿De carreras? – repitió su padre. Está bien, pero tú sabes que estoy atrasado en esa clase de tecnología.

-

Entonces traeré las cosas para conectarlas acá cuando acabemos. Algo me dice que hoy será mi día de suerte. – exclamó Max para su adentros.

-

¡Me alegra que te hayas decidido! No te preocupes, jugaré limpiamente.

-

Hace mucho que no veía una escena como esta. No obstante, me temo que tendré que perdérmela.

-

¿Y eso por qué?

-

Tengo que enviar unos correos. Estoy en la fecha límite.


5 Cerca de las 7 de la tarde, Nina había terminado de hacer unos dibujos, así que después de ello fue a hablar con una amiga por teléfono, y así estuvo durante un rato. Pero una vez que terminó de hablar, le picó la curiosidad. Y ahí fue dónde se le ocurrió llamar a la casa de Max. -

¿Aló?

-

¿Nina?

-

Ah. Hola. – respondió. Al menos me ahorraste el tener que preguntarle a tu mamá por ti.

-

¿Qué ocurre? Es la primera vez que me llamas a la casa.

-

Estoy feliz. Me alegra haber compartido mi secreto con alguien más.

(Según esta autora, esa última afirmación había sido muy extraña de escribir.) -

Espera, ya que se… es que es cierto. Se bien lo que dije pero ahora piensa que no dije lo que dije, digo… mejor no pienses en lo que dije aquella vez…

-

Habla. Creo que tengo algo de tiempo para escucharte.

Nina se dio cuenta de que aquella podría ser su oportunidad de oro. Seguramente Max no estaba de tan buen humor, así que estaría dispuesto a escuchar cualquier cosa. -

Pues mira… acabo de corroborar que hay una presencia en este pueblo. Aún no se de dónde viene, pero espero poder localizarla pronto.

Max abrió ligeramente los ojos y pensó: “¿Acaso ya ha descubierto a Piro?”. Seguía con la intriga. -

Nina, ¿por qué me estás diciendo esto?

-

¡Ya lo dije! Piensa que me estás haciendo un favor, ¿ok?


-

Espera, ¡pero si aún no me has dicho el porqué!

-

Somos amigos, ¿verdad?

-

…si. – respondió dudoso.

-

Y los amigos pueden contarse secretos el uno al otro, ¿no?

-

Supongo.

-

Entonces creo que yo… podría tener derecho a que tú me cuentes alguna cosa.

-

Pues yo no te tengo tanta confianza. Si sólo nos conocemos unos me-

Escuchó el sonido de ocupado al otro lado de la línea y por un momento se quedó viendo el teléfono. -

¿Qué fue eso? ¿Una broma?

6 Al poco tiempo, fue su prima (aunque apareció con cara de cansada) a la casa de Max. Ya ahí, le convenció a el para que salieran – obviamente contando con el permiso de los padres- y salieron a unas cuadras allí cerca, dónde habían unos árboles y unos cuántos árboles debajo de estos. -

Creo que así podremos hablar mientras disfrutamos de la temperatura. Wao, ¡29 ºC! Y eso que estamos en invierno.

-

Eso si. – dijo. Cierto… ¿te acuerdas de Nina, la chica que se sienta a mi lado?

-

¿Ella? ¿Ha pasado algo entre ustedes dos?

-

Pues ayer me pidió que le ayudara con algunas de sus cosas y en el camino me dijo que era una exorcista.

-

¿En serio?

-

Así es.


-

La verdad es que yo podría dudar de eso, pero si tú lo dices debo creer que es verdad, ¿o no?

-

Más que nada créelo por la existencia de Piro. – añadió. Y, ¿qué hacemos con ella?

-

Espera… ¿ocurrió algo más? Ambos tenemos la manía de perder algunos detalles…

-

De hecho, hace unos minutos antes de que fueras a buscarme, ella me llamó.

-

¿Qué te dijo? – preguntó Iris curiosa.

-

Pues nada. Desde que me lo dijo ha estado con que no se lo diga a nadie.

-

Eso si. Si alguna persona te escuchara pensaría que eres uno de esos frikis que creen en lo paranormal o algo parecido. Sería peligroso no sólo para ti, sino incluso para mí. No sería nada conveniente. – explicó. No habrá de otra, tenemos que echarle un ojo a ella. Si Nina es una exorcista, podría eliminar a Piro al igual que nuestra única esperanza de ayudar a nuestra abuela.

-

Más que nada, me preocupó un poco cuando habló esta tarde. No se, creo que no era la Nina de siempre.

-

¿Acaso está dejando ver su verdadera personalidad? Digo, quizás el ser buena estudiante no sea sino una ilusión y su personalidad sea más compleja de lo que nos imaginamos. Bueno, son simples acusaciones…

-

Eso supongo. Aunque en general eso podría aplicarse a mucha gente. – esto lo dijo en un cierto tono, como refiriéndose a Iris. Y por cierto, estuve preocupado esta tarde. No dijiste ni “pío” ni nada.

-

Ah, eso. Lo que pasa, es que lo hice.

-

¿Qué cosa?

-

Una cosa entre el y yo ♥ – y se sonrojó.


[Silphium] Capítulo - 03