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Capítulo 2 1 ¿Estás decepcionado porque al final únicamente fuimos a la clínica? – dijo Iris. Pues si. Me hubiera quedado con la tarea a medio hacer. -

¡Ja! Yo terminé la mía la semana pasada.

No seas mentirosa. Te aseguro que la has acabado este fin de semana.- dijo Max con una mueca. Tú no eres así de responsable con las cosas. Y ni siquiera necesito leerte la mente. ¿Y qué pruebas tienes de ello? – levantó una mano para enfatizar esto. -

¿Te las enumero? Cuando me pediste que-

Suficiente. – le paró el coche a Max una vez que supo que no podría ganarle porque tenía muchos argumentos con los cuales defenderse. Piro estaba a un lado de la tarea de Max y se fue acercando. ¿Qué es esto? ¿Se come? – se acercó como una serpiente y “miraba de reojo”. -

¡Ahora no! Mañana podrás.

-

¿Qué clase de cosas le estás diciendo? – dijo Iris.

Ahora que lo recuerdo, tu madre dijo que te fueras a tu casa en la noche. Ya van a ser las 10. – puso su mirada fija en el reloj. Se te está haciendo tarde… Pues entonces, creo que me iré ya que lo dices, aunque… me llevaré a Piro conmigo.


Llévatelo entonces. – en ese mismo instante, estaba prendiendo la tele. -

¡Nos vemos mañana! – se despidió Iris.

-

Eso supongo.

Piro se puso de pronto encima de la cabeza de la chica y comenzó a moverse por ahí, como un milpies contento. Ustedes dos, no se olviden que me tienen que mostrar el lugar, ¿ok? Hmm… supongo que mañana podré mostrarte el vecindario, y tú, ¿podrás mañana? No se. Ya te llamaré. – se rió tras ver un programa de videos escondidos. -

Ajam.

Iris lo miró con desgana y dijo lo séte antes de poner cara de pocos amigos. -

¿Es que no me vas a acompañar a la puerta?

2 Rara vez puedo recordar algo como esto. Sin embargo, es un recuerdo importante para mí. Fue en un día en el que ni el sol ni la luna quisieran asomarse. -

Querido, por favor, mantén la cordura.

¿Cómo es posible que digas eso? ¡Se suponía que iba a ser el guardián de esta zona! Y además, ¡el era mi hijo! -

Papá…

Se acercó a la pequeña tras escuchar esto. Su gesto se iluminó. -

Papá…


La madre de la niña palideció tras ver que la estaba mirando y pudo predecir sus intenciones. -

Ella… podría suceder a mi difunto hijo.

¿Estás fuera de sí? ¡Ella es mi hija! ¡No puedes decidir las cosas a tu antojo! – abrazó a la niña tras decir esto. Yo ya no puedo seguir cuidando de esta zona. Si ella me ayudase, quizá podría hacerlo. – dijo. -

¡Pero ella no es tu hija!

Pues entonces tendré que hacerla parte de nuestra familia. ¡Yo no tengo intenciones de dejarte hacer eso! – al decir esto, tomó a la pequeña en brazos y miró de soslayó hacia esa persona… Mientras la pequeña veía la escena, Nina sentía sus dedos moverse. Después, esa sensación la sintió en todo el cuerpo y finalmente, despertó de su letargo de un bostezo. -

Hija, el desayuno está listo. – dijo su madre.

-

Ya salgo. – respondió y fue directamente al baño.

3 Qué mala suerte que la Navidad y el Año Nuevo se hayan pasado volando. Al menos no nos perdimos de los fuegos artificiales. – dijo una sonriente Nina. Eso es muy cierto. – respondió su madre mordiendo una tostada. ¿Quieres que traiga la mermelada? Ok. Ya que estás ahí… ¿puedes traer la leche condensada, por favor? -

Claro. Por cierto, hoy iré al gimnasio a ver a una amiga.


Mami, ¿puedo preguntarte una cosa? – tomó un papel de la mesa y empezó a rasgarlo. -

Dime.

-

¿Por qué decidiste casarte con papá?

-

Porque lo amaba. Y aún lo amo.

Nina sorbió de la taza y entonces, se echó una cucharada de azúcar y procedió a remover. -

Hmm.

¿Qué te ocurre? – tomó el frasco de miel para echárselo en su leche. -

Creo que he olvidado hacer la maleta de hoy.

-

Yo creí que ya la tenías lista. - respondió su madre.

Lo que pasa es que no pude terminar de hacer los dibujos. ¿Tú crees que la profesora se dará cuenta? – Nina preguntó dejando su cucharita a un lado. Esta goteaba. No te preocupes. Te aseguro que no lo notará. – respondió. Además, te recuerdo que en secundaria no le dan prioridad a esas cosas. Puedes hacerte la despeinada. -

Es que, a mi… me gusta dibujar.

-

Hmm… entonces, ¿por qué no me haces un retrato?

Eso me parece difícil. – suspiró tras decir esto. Estaba casi segura que si la hacía le saldría mal. Ah, estaría bien que practicases hasta que puedas hacerlo. -

Tú sabes que tengo muchas cosas que hacer.


Tu padre es muy estricto contigo. A tu edad deberías estar más libre… - se reclinó su madre diciendo esto y se dejo caer en la silla. Ya sabes, ahora que soy parte de la familia, no puedo dar marcha atrás. Nina se despidió después de decir esas palabras, de su madre y salió afuera en dónde pudo contemplar el huerto que tenían al lado. -

Ah, hola señorita.

-

¿Qué haces ahora?

Pensaba en que podía comenzar a preparar la tierra. Compré unos retoños de menta en el mercadillo y pensé que podía plantarlos. – dijo la chica mostrándole la forma de las hojas. Nina se acercó a las plantas y las olió. Para su sorpresa, era muy penetrante. Con razón se usa para la pasta de dientes. – comentó tímidamente. -

Y eso que todavía están pequeñas.

-

Por cierto, ¿mi papá se va a pasar hoy por la casa?

A decir verdad, se encuentra algo ocupado. No obstante, me dijo que vendría en cuatro días. ¿Y sabes por qué se fue esta vez? – demandó la chica del pelo corto. -

Para ver el museo Georges Pompidou en Francia.

Ahora ya entiendo de dónde me sale la vena artística. – pensó Nina.


¡Pero no le diga que yo se lo he dicho! Podría mirarme con malos ojos o quizás echarme… si es que a veces es como un muro. Pero hasta el muro tiene una debilidad. – le respondió Nina. Y en este caso… La empleada se quedó sin decir nada. -

Creo que es obvio.

-

Quizás no debería escucharlo.

Pues entonces, no te la diré. – dijo Nina a lo lejos. Bueno, me iré yendo, que no te debería molestar. -

Que tenga un buen día.

4 Nina iba relativamente feliz, cuando vio a sus compañeros a lo lejos y fue en ese instante cuando vio a Iris acercarse y a Max. Al verse, se saludaron. Nina se acercó más y más a ellos. -

Buenos días.

-

¿Qué tal?

Bien. Estuve peleando con el peine, como siempre. – comentó Nina. ¿Aún cuando tu pelo es tan liso? – Iris dijo esto con su cara de siempre. Me alegra no tener ese tipo de problemas. Mi pelo parece ser una sola pieza. Los genes puedes hacernos alguna que otra jugada. – dijo Iris recelosa. El problema es que como me cuesta dormirme doy vueltas en la cama y eso estropea mi cabello.


-

¿Por qué no te haces trenzas para dormir?

No quiero que se estropee más mi cabello… - dijo Nina arreglándoselo un poco. Es problemático tener un cabello así, ¿por qué no te lo cortas? Así será más fácil queIris lo detuvo tras predecir lo que iba a decir. Oye, si Nina está hablando de que le preocupa su cabello, ¿por qué te pones a decirle eso? -

Yo sólo lo decía para que fuera más práctico para ella-

Nina le tomó el hombro a cada uno. Te agradezco que me hayas dado una opinión sincera. Y a ti te agradezco que me defiendas. Pero al final creo que podría ponerme una malla en la cabeza para que no se maltrate… -

¡¿Hablas en serio?! Te vas a parecer a mi abuela…

-

¿YO? – dijo pasmada la chica.

-

Idiota.

E-es que… ¡¿es que voy a parecer un vejestorio?! – dijo Nina algo molesta. -

Te faltarían rulos para…

Nina se les adelantó. Escúchame, ¡tendrás que hacer algo por mí si vienes a disculparte! Mientras tanto… me iré a estudiar. – dicho esto, dobló por otro camino a toda velocidad. -

Oye, ¡sólo era una broma!

-

Max, ¿en verdad tú lees shounen?


-

¿Por qué lo dices? – interrogó Max.

-

Es obvio que deberías saber en un momento como este.

-

Déjame pensar. Espera… no lo sé.

Será mejor que te disculpes con ella… en la escuela. Recuerda que inevitablemente te verás con ella en unos minutos. – Iris asintió ligeramente. -

Eso creo. Aunque tengo que ver como está mi agenda.

Mientras más rápido te disculpes, tus problemas se disiparán. -

Ah, es cierto, ¿tú no estudias en mi escuela, verdad?

Claro que no. Mi escuela está más adelante. ¿Es que ir juntos a la escuela te lo ha hecho olvidar? – Max tenía ganas de saber como respondería Iris a esto. -

Supongo.

-

¿Hay alguien ahí fuera? – se escuchó una voz aguda.

Max e Iris escucharon la voz que salía de algún lado. Max vio en el hombro de Iris. -

¡Piro!

-

Hola queridos jóvenes, ¿me extrañaron?

-

Yo no. – Max fue muy sincero tras decir esto.

-

¿Durante la noche estuviste roncando? – preguntó Iris.

-

¿Lo recuerdan? Tienen que mostrarme la ciudad…

-

Pues si quieres podrías ir conmigo esta tarde.

¿Por qué no vas con-? Espera, ¿lo has dicho? – se sobresaltó.


Y mientras, pensó en algo como esto: “Acabo de recordar una escena. Si sale algo parecido seguramente me demoraré el resto de la tarde…”. Pero exclamó esto otro. -

¡Pensaba que irías conmigo! – le comentó a Piro.

Iris respondió. -

Resulta que tenía un hueco en la tarde de hoy…

-

Oigan.

-

Oi, Piro te está hablando. – dijo Max.

-

¡No cambies de tema!

Ahora que lo recuerdo, Polideportivo? Podrías llevártelo.

¿no

tenías

que

-

Pues entonces, iré contigo.- aceptó la criatura.

-

¿Qué? ¿Vas a decirme algo? – murmuró Nina.

ir

al

5

Supongo que si… porque he olvidado mi libro de sociales. Si quieres que compartamos mi libro es posible que acepte tus disculpas. – le sonrió a Max. -

¿Aunque estemos a mitad de la clase?

Me gustaría que me lo dijeses cuando salgamos al recreo, ¿ok? -

Ok.

Y llegó la hora del recreo. Ya afuera del edificio, ambos se sentaron en una banca. -

Max, tengo que hacerte recordar que con esto bastará.


-

¿Qué sucede? ¿Ahora has cambiado las condiciones?

-

Si.

De alguna manera, Max sabía lo que vendría a continuación. Para esto, utilizó casi la misma estrategia que hizo con su prima, aunque tampoco estaba seguro de si era esto lo que quería hacer. -

Quiero que me ayudes con la caseta.

-

¿Y eso dónde está?

-

Abajo.

-

Espera, esto me huele que es otra cosa.

Tan sólo quería que me ayudases con algunas cosas. Recordé que el verano pasado dejé unos libros allí y no los saqué cuando nos fuimos a la casa. – explicó Nina. Son pocas cosas pero es mejor si alguien me acompaña…ra. Horas después de aquella conversación, Max es arrastrado por Nina hacia su segunda casa. En el camino, Nina le habla y va caminando pasito a pasito. Tenía que acompañaras.

buscar

una

excusa

para

que

me

Veo que ya no eres como solías parecer cuando entraste al salón en octubre… La mayoría de mis amigas se habían cambiado de casa y el resto les tocó en un salón diferente al mío. Cuando creí que no podría hacer ese examen dejaste que copiara de ti. De alguna forma me siento agradecida por ello. Lo que pasó fue que tuviste buen ojo y casi me delatas. - confesó Max. Lo importante es que pudimos conocernos y ahora tengo un amigo más. Estoy feliz.


-

Por cierto, quizá deberíamos comprar una gaseosa para cuando estemos allí. No hay nada en la caseta y extrañamente estos días han estado calurosos. Eso es cierto. El comienzo de esta semana ha estado calmado. – explicó Max tras unos rayos de sol algo potentes para la tarde. Mientras no haga ni mucho frío ni mucho calor estaré a gusto. Recuerdo el verano pasado. -

¿Qué hiciste? – preguntó.

-

Pues, estuve pescando.

-

¿En la playa Blanca?

Si. Pesqué algunos pescados y la verdad es que recién frescos saben muy bien.- agregó. Prueba hacerlos al fuego que así están muy buenos. El verano del año pasado fuimos con mi prima al sur y la verdad es que las playas estaban bien. Recuerdo que comimos muchos marshmellows en ese viaje y que encerré a mi prima en una habitación. - se rió al decir esto. -

A pesar de todo creo que se llevan bien.

Mientras no me moleste demasiado. De otro modo, sacaré mis armas. Por alguna razón, siento que ustedes son aptos para alguna serie americana. No obstante, dudo que pase algo fuera de lo común… 6 Una vez que llegaron a la otra casa de Nina, la cual estaba ubicada camino hacia una carretera nacional, el paisaje del pueblo cambió un poco. Había menos casas y algunos huertos. Lo que si, todas las casas que estaban allí eran muy grandes y


hermosas, como si fueran sacadas de una revista. Incluso algunas tenían plantas afuera. Al llegar a la casa de Nina, Max se dio cuenta de que era más pequeña que las otras casas, pero era muy acogedora. En la entrada había una enredadera. Como vez, no hay muchas cosas por aquí. Mira, este es el patio trasero. -

Es bastante amplio.

A veces juego aquí. Recuerdo que hace mucho tiempo tenía en este lugar una piscinita que me gustaba. No era muy grande. Es más, era como un charco. Nina agregó tras una delicada pausa. Espero que no te esté aburriendo mi pequeña charla, aunque quizás deberías saber de que es parte de mi oferta. -

Claro que lo pensé.

Mientras dijo esto, Nina sirvió dos vasos de gaseosa y puso una pajitas aparte. La verdad es que en un tiempo así no tengo ganas de regresar a casa. Pues si. Siento que si salgo con este sol podría hacerme doler la cabeza. A mi también. No obstante, creo que tendrás que llevar esto. Nina saca algo de un armario que había allí cerca y lo lleva directamente hacia dónde está su amigo. -

¿Un oso de peluche gigante?

Ajá. Ya que estoy llevando las cosas, no podría llevar esto… pero ahora que estás aquí, serás de utilidad. Te lo encargo.


-

Pero es que… ¡voy a asarme!

No te preocupes. Podemos bajar en la siguiente calle y así llegaremos más rápido para que no te afecte tanto el calor. 7 -

¿Qué tan lejos estamos?

A mitad del camino. – replicó Nina y tomó un sorbo de agua. ¿Quieres de mi botella? Aunque no te la tomes toda. -

Es obvio que no. ¡Mira lo que nos queda!

Si siguiéramos hacia arriba podríamos ver el lago Esmeralda. Mala suerte que estemos con todo esto. ¿Por qué te tienes que llevar todas estas cosas? – dijo Max algo incómodo. -

Es material de estudio.

-

¿Eh?

Aunque no lo creas, mi familia se encarga de ese tipo de cosas. – al caminar, sonaba el ruido de las cosas al moverse. -

Es que parecen cosas sacadas de una tienda de chinos…

Nina continuó por dónde se había quedado y respondió sin tapujos. Pero es que sinceramente, todas estas cosas no son mías. -

¿Y entonces por qué las tienes tú? – preguntó Max.

Para investigarlas. Aunque no lo creas, yo exorciso seres que no pertenecen a este lugar. Ese es mi trabajo.


Max recordó a Piro y de cuando dijo que era una criatura del más allá. Casi lo iba a decir, pero pensó que no le convendría para nada. -

Y… ¿y que haces cuando te encuentras con uno de ellos?

-

Hago que se vayan inmediatamente de aquí.

Nunca había oído de alguien como tu hasta ahora. Creí que sólo era ficción. Hasta podría decirte que no te creo absolutamente nada. Aunque soy una exorcista, no debo parecerlo. – respondió. Puedes pensar lo que quieras de mí.


[Silphium] Capítulo - 02