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Capítulo 4 - ¿Qué cosa? – dijo el chico. ¿Qué te sucedió? ¿Por qué estás así? ¿Estás enferma o qué? Verte embobada me pone de los nervios. - Pues, tu verás, me pidió que lo guardara en secreto, pero ya que habló de ti… que quede esto entre nosotros dos. Por alguna razón, Max quería tomar un café y escupirlo por la boca. Sin embargo, ¿por qué un desconocido hablaría de él? - E-e-espera, ¿quién es “él”? - Hablaba de Piro. O es que… ¿estabas celoso? - ¿Celoso? ¿De qué? – replicó. ¿Por qué habría de estarlo? - Es cierto. Creo que la única madura de esta conversación soy yo. Tras esta pausa, retomó la palabra para hacer alarde de aquel suceso que había tenido lugar un día antes. - Bueno, lo que pasa es que ayer, lunes, esto… ¿recuerdas que llevé a Piro al polideportivo? - Pues si. Creo que te puse atención cuando dijiste eso. – bromeó Max. Hmm. - Esto… si, eso pasó y… ¿adivina qué? Encontramos un sello, así que había- Espera, ¿Piro nos dijo algo como eso antes? Que yo- El si que nos lo dijo. Me explico: Antes de encontrar ese lugar al que llamó “La Villa” había que destruir 5 sellos que habían en este pueblo para ayudar poder ayudar a la abuela. - Ah, creo que ahora recuerdo. - No obstante, el nunca dijo como se haría eso.


- Ahora que lo mencionas… no lo dijo. – respondió Max rebobinando lo que había sucedido el domingo. - Pues resulta que para romperlas el nos debe prestar su poder para que nosotros lo hagamos. - Entonces la pregunta sería… ¿qué había que hacer para eso? ¿Una especie de oversoul? - No. Y deja a los japos en paz. La verdad, no lo recuerdo, pero si que sentí como si estuviera en un sueño. - ¿Cómo estuvieras dro-? Digo, como los gatos y el catnip. - Si, creo que podría describir mi experiencia de esa forma. Bueno, tú sabes que decir esto no es algo que haga todo el tiempo. – se tapó la cara. En el sueño, sentí que estaba jugando sobre un sofá. - Ya veo. Pero más importante… tú me dijiste que Piro me había mencionado. ¿Qué fue lo que dijo exactamente? - Que tú serías mi suplente si es que yo no pudiera. - ¿Qué? ¿Acaso te pasó algo raro cuando rompiste ese sello? - La verdad es que no. – Iris fijó su mirada hacia el otro lado de la calle, justo cuando cerraban la panadería. - O quizás cuando ya no puedas. O cuando te lleve la inquisición. Incluso hasta se te podría mandar al espacio. - Cierra el pico. Iris cambió el tono de su voz al ver que no estaba segura si realmente se primo había comprendido lo que le acababa de decir. - En serio; es buena idea echarle un ojo a Nina, porque la verdad es que no tengo ni idea de cómo terminarían las cosas si lo sabe. Hmm… suponiendo que dijo eso de corazón pudo no haber dicho que era una exorcista… la pregunta es si es que tenía un motivo oculto o algo…


Por otro lado, Max había olvidado decirle una cosa que Iris también le dijo en su encuentro y sin embargo el lo interpretó a su manera: la existencia de un espíritu vagando por ese pueblo. 2 Al día siguiente de su charla con su prima, Iris le dio el alcance a Max justo cuando iba para la escuela. Levantó cabeza y miró alrededor por si veía a Nina aunque esta no estaba en su rango de búsqueda. Al percatarse de que no estaba allí, volvió la mirada al frente. - Seguramente Nina se habrá enfermado. - comentó. - Eso creo. Si es así, al menos no tendré que soportarla más. - Como en los viejos tiempos. El otro día vi unas fotos mías en los álbumes que tenía en casa. Inmediatamente le hizo recordar al chico cuando su madre y el vieron una fotos de él cuando era un bebé, el lunes de aquella semana. - En fin, estas tenían lugar durante el invierno, la estación lluviosa para ser exactos. Me dio por compararlas y la verdad es que se nota que poco a poco fui creciendo. - saca dos fotos, las miras y después de las enseña a Max. Mira, esta soy yo a los 6 años. Aquí llevaba botas de hule, una casaca para la lluvia, un sombrero y un paraguas. Creo que la más reciente, en la del año pasado, sólo llevaba las botas y el paraguas – y obviamente la ropa. Nada de casacas, sólo una chaqueta térmica. - ¿Qué? ¿Está lloviendo? – irrumpió Piro tras la explicación de Iris. - Nada de eso. Sólo estaba hablando de mí. - Para variar. – dijo el chico después de haber hecho un peinado de pretzel con las coletas de su prima. Bua, esto me ha dado hambre.


- ¡¿Acaso no escuchaste lo que te dije?! En fin, ya no importa, otro día te puedo dar el mismo rollo si es que me acuerdo… asintió. - ¿En verdad que no está lloviendo? – dijo Piro. Odio las lluvias. Geh, y justo que estaba durmiendo tan a gusto… - Si tienes complejo de gremlin, haberlo dicho antes. - Lo que pasa es que en esos días todo está tan gris que difícilmente se hace algo cuando el clima está así. Definitivamente los días soleados son una bendición. Supongo que a los jóvenes, a ustedes, les gusta eso, ¿no? - Creo que a cualquiera le gustan ese tipo de días. Ni calor ni frío, un simple día soleado. - Con este ya van 4 días. Bueno, no se está mal. Ahora sólo nos falta un mercadillo ambulante en el puerto, ¡y listo! - Vamos, que es el día perfecto, excepto que sólo estamos en la mitad de la colina. - Más tarde hará calor, lo aseguro. – Piro bufó. Es un lujo tener este sol en una época como esta, ¿no creen? Así que no deberían quejarse tanto. - Mira, ya estamos llegando a mi escuela. - Por cierto, ¿qué fue de esa otra amiga tuya que venía con nosotros? Hace tiempo que ya no la veo. Se me olvidó su cara. - ¿Ella? No sé, creo que aún estará de vacaciones. – respondió Iris. Aunque realmente es algo extraño cuando tú lo dices, con ese tono de voz. - ¿Y de esta forma? “Chica fue abducida por aliens a comienzos de enero”. - Ahora suenas como un presentador de noticias, pero sonarás mucho mejor con el tiempo. Si te tomaras en serio cosas como el doblaje podrías llegar lejos.


- Doblaje… hmm… la idea no suena mal. Podría doblar personajes de algún juego. - ¿Ser un doblador? Una idea es una idea en estos días. – Piro se colocó en la espalda de Iris y se tapó con una de sus coletas. Doblador… doblar… - Ahora que lo pienso sería… genial. - Pues claro, imagina como sería cuando escucharas tu voz por la tele. – se puso a pensar la chica. Espera, ¿Y qué piensas de mi voz? ¿Será buena para doblaje? - No lo sé. Pero no creo que nadie te rechace. - Y si tú fueras unos de los que hiciera el casting, ¿me aprobarías? - Es posible… si es que no hubiera alguien mejor. No eres la última Coca Cola del desierto, ¿lo sabías? - Aunque estemos hablando de algo que no es real, debiste haberme escogido. Oh bueno… supongo que estás siendo justo, ¿o no? - ¿Qué? ¿Yo? Supongo. 3 Una vez que sonó el despertador, Nina se levantó, pero no vio que estaba oscuro ese día… y volvió a dormirse. Poco antes de cerrar los ojos, deseó que alguien fuera a levantarle. Su empleada, su madre, o quizás su padre. Cualquiera le hubiera valido. Pero una vez que estuvo cómoda en su cama, durmió profundamente, para así reparar el sueño que le estaba entrando. Y de esa forma pasaron unas horas desde este hecho, que fue cuando se levantó del todo, se estiró, miró hacia la ventana y supo que era de día.


- Señorita, ¡son más de las 10! Siento no ha- No te preocupes. Ahora estoy preparada para asumir el hecho que hoy no de ido a la escuela. - ¿Ustedes tenía alguna cosa para hoy? - Que va. Si recién estamos empezando el año. - bostezó levemente y tras hacerlo, soltó uno más grande. - Señorita, me va a contagiar el bostezo. - Entonces no me mires. Nina se sentó con las piernas cruzadas sobre la cama y encendió la radio. Una vez hecho eso, se volvió a tender sobre el colchón. - ¿Sabe que día es hoy? - Hoy es miércoles, aunque no recuerdo la fecha exacta. - Al menos me he saltado biología. – extendió el brazo para tomar su cuaderno de bocetos. Mira, el otro día que me enfermé hice este dibujo mientras andabas dormida. Nina volteó su cuaderno para mostrarle a la muchacha el dibujo que había hecho de ella. - Tengo que decir… que esa de ahí no soy yo. Señorita, no puede ser que sea así de bonita. - Claro que lo eres. Además, recuerda que no eres una sirvienta cualquiera. No eres una arrastrada. - ¡Ah, no me haga sonrojar! – dijo la chica. Aunque creo que aquí tengo más pelo que en la realidad. - Te puse más pelo porque creí que con el cabello así de largo se lucirían más tus facciones. - Por cierto, ya hay que bajar al comedor. - ¿Mi mamá anda por ahí?


- Pues si. Parece que ha vuelto a encontrar otro juguete con el cual divertirse. – mencionó la chica y cerró con una sonrisa nerviosa. - Si es que ella no tiene remedio. Siempre que pone esos canales de telecompra me da la sensación de que va adquirir algo y al final lo hace. - Pero hay que mencionar que ella escoge bien los productos. Al menos podría decirse que no es del todo tontita. - ¿Te refieres al pelapapas? ¡Si es igual al de la tienda! - Podría ser peor. – respondió la empleada. - Bueno, supongo que iré. Baja, y dile que estoy en camino. - Claro. Después de decir esto último, la chica fue directo a la puerta, en dirección al comedor. Nina la vio de reojo mientras salía de su habitación mientras se arreglaba el cabello. - Es la quinta vez. Supongo que habrá que seguir pagando el precio, ¿no es así? Mientras se veía en el espejo, se miró un momento para arreglarse los lados de su cabello, que todavía estaban despeinados. 4 Ya era de tarde. Habían pasado muchas cosas durante esa mañana parcialmente nublada: Nina acompañó a su madre al gimnasio y después a la chica de la casa con las compras. También ayudó en la realización del almuerzo y vio los foros de internet. En ese mismo instante ella se encontraba bajando la cuesta hacia la avenida principal del pueblo, pasando por un locutorio. Mientras lo hacía, vio una gran casa (?) en dónde había una pequeña alameda. Afuera se podían ver unas columnas de madera, las cuales estaban rodeadas de enredaderas, y por ahí, en esa misma zona, había unas flores de jacarandá.


Nina siguió avanzando y pensó que era tiempo de tomar un desvío, ya que era una hora tranquila. Pasó por un sendero estrecho y había muchos escalones hechos de piedrecillas. En el camino vio que estaban construyendo un edificio, uno de esos conjuntos habitacionales que hay en la actualidad. Una vez que bajó las escaleras, fue al lado izquierdo para pasar por un parquecito que había por allí. En ese instante escuchó un jadeo. Uno de los árboles se estaba quejando tras ver que había llegado la chica. Y prácticamente, sin razón aparente. - Hay… ya nadie cruza por aquí… - Pero personas como yo lo hacen. ¿Acaso te pasó algo que me quieras contar? – dijo Nina. - El otro día talaron a mi compañero. Este lugar sólo atrae a los engendros, a los borrachos y a los vagos. - Entiendo como te sientes, pero esa es la razón por la que estoy aquí. - Espero que sea suficiente. – replicó el árbol. Últimamente la zona se ha vuelto peligrosa. De nuevo no se quien está violando las leyes. - Hace unos días detecté una fuente de energía. No obstante, no se si esa será la causa. Cuando la atrape te lo contaré. - ¡Ah! ¡Si sólo viniera más gente como tú por estos lares! - Piensa que también es por la energía de este lugar. Tanta esencia como esta ha corrompido la zona. Se extiende como una manta invisible cuyo dueño es el aire… - Hasta el aroma de este lugar ha cambiado. ¡Huele a hongos!


- Creo que de eso si tienen la culpa los vagos que andan por aquí. Este lugar no tiene buena reputación. Bueno, me temo que tengo que irme. - ¡Sigue viniendo por aquí! – gritó la planta superdesarrollada. - Lo haré. Nina continuó el sendero restante del parque. Bajó por muchos escalones, llegó al final de una bocacalle y salió hacia la avenida principal. Cerca estaba el mercado de la zona, una cafetería, un banco y una tienda de cosas inútiles. Más allá también estaba la estación de taxis, cerca de una iglesia pequeña. Y así, bajó dos cuadras y volteó a un lado, pasando por un supermercado y una galería de arte particular hasta llegar a una tienda dónde vendían cosas de arte. Justo a su costado, había una pequeña sala de exposiciones. Nina entró por la primera puerta y llegó a la tienda directamente. Fue cuando comenzó a curiosear por aquel establecimiento. A un lado se encontraba tubos de óleo (algunos se podían mezclar con agua), de acuarela – de diferentes marcas – médiums y aditivos para diferentes técnicas papeles de muchos tipos. Al centro habían cuadernos de dibujo, maletines grandes y pequeños (algunos eran de madera pero servían de kits), tizas pastel por unidad y muchos tipos de pinceles (chatos, alargados, en diagonal). Nina fue directamente al otro lado, dónde habían ofertas en libros, manuales y productos varios. Avanzando por ese lado había cajas de tizas pastel, de óleo pastel, de ceras acuarelables, de acrílicos, de óleos, de lápices de colores (estos de marcas variadas) en grupos de 12, 24 y 36. Pasando la parte de las telas para usarse en manualidades (patchwork), se encontraban los grafitos, lápices y plumones. Vio unos de una marca reconocida y bajó la mirada para ver si estaba el color que buscaba.


No lo había. Cuando fue a la caja, le preguntó al encargado. - ¿No ha llegado ese tipo de plumón en negro? - Creo que llegó. Me parece que la semana pasada. Hmm, me imagino que se habrá agotado. - Ya veo. Nina, tras ver que no estaba el plumón que buscaba, salió, y se topó con un olor para nada raro. - Huele… a hierbas. 5 - Mira, al final hemos salido a la parte antigua del pueblo. A lo más alto. - Y al final terminé acompañándote. - Al menos está este por si ocurriera alguna cosa. – comentó Piro, señalando a Max. Será mejor que hayas mejorado desde la última vez, pequeña. - ¡Pero si es que la vez anterior fue la primera! ¡En mi vida había hecho algo como eso! No le pidas a una oveja que ladre. - Tú no eres una oveja precisamente. Pero si una culebra, y de las más gordas. - Entonces… tú serás un cuy. Un conejillo de indias. Para lo único que sirves es para que otros te traguen. - Cierto, ¿cuánto falta para llegar? - Pues unos minutos, me imagino. Ahora mismo recién estamos llegando a la mitad de esta parte. – comentó Iris cuando llegaron a unas escaleras que se alzaban hacia arriba.


- Tenemos que seguir andando hasta llegar dónde se encuentra esa cúpula. - A pesar de que esté volando, mientras más lato tenga que batir mis alas me siento cansado. - Si me pongo a pensar… ¿esa es tu verdadera forma? Quizás si fueras más grande iríamos más rápido. Claro, seguramente también te moverías más rápido y llegaríamos en un instante. – comentó Max. ¿Y qué? ¿Puedes hacerlo? - Claro que no. Si pudiera hacerle, no estaríamos hablando de esto. - Ya me estaba imaginando cosas. Aunque así podremos hacer ejercicio. - comentó Iris. - Al final se ha emocionado, eh. - Ya estamos cerca. Con esta conversación se ha pasado parte del camino en un momento. Piro, Max e Iris llegaron a una calle y siguieron subiendo escaleras hasta llegar a la avenida dónde estaba la iglesia. - Quienes hayan tenido que traer el material para hacer esta iglesia hasta aquí seguramente fueron unos masocas. Mira que no estábamos llevando nada a cuestas pero este calor… - Siento que me estoy quemando. – dijo el zorrito. - Que fresquito… - exclamó Iris. ¿Qué? Ah, claro, les daré un poco de agua. Una vez hecho esta acción, los tres fueron hacia la iglesia. Piro andaba escondido para que nadie lo viera. - Aquí hay muchos bares. - Pues si, en vacaciones hay mucha gente en este lugar, especialmente en la noche cuando ha bajado el calor. Y dicho sea de paso, también se dan un paseíto por la iglesia de la plaza y el mirador.


- Supongo que te hará gracia si lo vez desde aquí.- dijo el chico. Es que ya lo he visto muchas veces. Creo que te parecerá aceptable. - Hmm. La verdad, me gustaría verlo más detenidamente en un futuro cercano. Más bien, ¿por qué no vamos por allá? - Bueno, si quieres ir en esa dirección… Ambos fueron por una calle empedrada llena de casas antiguas del año del gato. Los tres iban juntos, yendo y tomando decisiones acerca del rumbo en el que querían ir. Eso ocurría hasta que Max empezó a atrasarse y al cruzar por un portal, les perdió de vista. - Esto… si es que aquí ya no distingo mucho… Escuchó ruidos, pero no sabía de dónde provenían. Miró a su alrededor y continuó avanzando pensando que vería a su prima, pero nada. Entonces retrocedió y vio que Iris y Piro estaba que le alcanzaban. - ¿En dónde estaban? Me habían dejado preocupado por un instante. Este lugar es laberíntico. - Lo que pasa es que encontramos un sello hace un momento y pues, ya lo liberamos. - Ah… y claro, tuve que subir y bajar por nada. - comentó y al ver el hombro de Iris, Piro salió a verle. - ¿Y a este piojo que le pasó? - Se rinde cada vez que me ayuda. Es muy dormilón, ¿no es así? - El nos puede llamar vagos, pero el ni se salva. - Es tan bonito que yo me lo comería. – sonrió Iris. Mala suerte que tenga esa perlita de boca.


[Silphium] Capítulo - 04