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Capítulo 1 1 Después de haber sonado el despertador y de levantarse en contra de su voluntad, Max prosiguió a arreglarse mientras su madre aún estaba roncando en la cama. Aquella era una escena algo usual, así que no le hacía mucha gracia. Recordó entonces que en algún momento de su vida le había hecho unos garabatos en la cara a lo Jigglypuff y había salido campante de aquella escena. Mientras se encontraba allí escuchó que su madre murmuraba: “Sólo un sorbo más… de milkshake” y se volvía a dormir. Incluso hasta parecía que estaba mascando algo pero… ¿Qué podría ser? No le importaba mucho, aunque, si la escena hubiera sido algo diferente… Con tanto desvarío, Max fue a la refri para hacerse un bocadillo por la mañana de ese domingo. Usualmente el no lo hubiese querido así pero en la tarde iban a salir por lo que si no acababa la tarea para cuando regresara al lunes, seguramente le reprimirían – porque se ha tirado dos semanas haciendo el vago y la semana extra porque tenía el resfriado – y simplemente no quería estar en falta. No hace falta decir que sus padres le daban alguna que otra sorpresa, ¿no es así? Al menos sólo faltaban dos asignaturas y todo estaba hecho. Mientras entrecerraba los ojos se cayó encima de su escritorio doblando una esquina de su libro de razonamiento verbal. Ah, ya podía-

¡Dios! ¡Te dije que no-! Bueno, si… puede ser…

Se levantó instintivamente porque la voz de su madre le había despertado. Se dio cuenta también de que su padre se había levantado ya. Fue en ese instante cuando se levantó de la cama y miró a su alrededor para darse cuenta de que estaba salvado.


Acto seguido, fue a la cocina por un jugo de naranja a ver si tanta vitamina le hacía bien como para levantarse. No obstante, tras entrar en su cuarto tuvo muchas ganas de echarse en la cama que no se dio cuenta del instante en que cerró los ojos y se durmió (o quizás fue un momento) porque su madre fue a despertarle. ¡Levántate dormilón! Hoy no puedes hacerte el vago – replicó -

¿Qué? ¿Ya salió el sol o acaso todo está nublado?

¡Que ya salió! ¡No pruebes tu paciencia con tu madre! – bufó. O es que… -

¿Qué cosa?

-

¿Quieres una charla de hombre a hombre con tu padre?

-

Espera… ¡¿chantaje a esta hora de la mañana?!

La última vez que hablaron estuvo de buen humor durante una semana. Pues a mí no me causó gracia. Lo único que consiguió es que me saliera sarpullido. -

¡9:00! Ya vas saliendo.

Después del desayuno de 30 minutos… (Porque recordó lo de la tarea pero no pudo salir debido a que su madre le dijo que tomase el desayuno con calma y tuvo que obedecer a regañadientes…) …logró completar la tarea. A veces estar con sus padres suponía una carrera de obstáculos para el. Temía que tanto amor le fuera a salir por los oídos. Dios, que alivio. – dijo el chico después de derrumbarse sobre la silla. A quien quiero engañar, ¡como me gustaría poder comerme mi tarea!


Se escuchó el timbre: Ding dong. Escuchó la voz de su madre: “Tu prima Iris nos ha venido a visitar”. Entonces, simplemente volteó impávido y dio un repaso rápido por toda su habitación. Tenía que hacerla “visitable” por si las moscas. 2 -

Hola. – dijo Iris sonriente.

La encantadora chica Iris - de rasgos chinos lo cual provocaba que siempre, aún ante la situación más incómoda estuviera siempre feliz - se encontraba en la puerta de la entrada, y entonces pasó tras el saludo de Max y el de su madre. Mientras pasaban, continuaron la conversación. -

Hola. Hace mucho que no vienes por aquí.

Ya sabes, con tanta libertad tengo tiempo para gastar en la escuela, los juegos… A mí me huele a que estás aquí por algo… - piensa. ¿Es dinero? -

No… seas… zorro. – respondió. Yo no vine por eso.

Iris entrecruzó las manos como si lo que estuviera a punto de decir fuera de peso y entonces fueron a la sala. -

¿Recuerdas cómo está nuestra abuela?

Delicada de salud, creo. – respondió sin darle mucha importancia. -

¿Hace cuánto que no la ves?

-

Hace poco.

-

Es difícil creerte cuando no me ves a los ojos.


Tú eres la que no me está viendo. – hizo hincapié en el hecho en que tenía los ojos “cerrados” mientras charlaban. Al darse cuenta de que ambos seguían de pie, Iris le pidió al chico para que se vayan a la sala porque quería estar más a gusto ya que estaba haciendo un buen tiempo y el calorcito se estaba colando por las paredes. Una vez sentados, y al darse cuenta de que no estaba la madre de Max por allí, soltó el rollo. Lo diré. Quiero que me ayudes con algo que me ha pedido. ¿Qué? ¿ha dicho su última voluntad? – dijo con tono poco serio. Iris se molestó y le dio con un cojín de los que estaban en la sala. Le dio en toda la cara, pero su expresión no había cambiado tras esta acción. -

Deberías controlar tu boca, pero… eso es cierto.

Disculpa. – respondió tocándose el chichón. Yo sólo lo dije en broma, no me imaginaba que había empeorado tanto. -

Pues ya lo sabes, listo.

Después de la extraña aparición de aquel bulto, puesto que es de sentido común que los cojines son suavecitos y no podrían hacer daño a nadie, excepto en este caso aislado, una vez que Iris tuvo su atención, trajo una caja de bananas de la nada. Bueno, la verdad es que estuvo todo el tiempo en la entrada. ¿Qué se supone que es esto? ¿Un regalo quizás? – dijo Max mirándola. Claro que no. Bueno, a decir verdad no se lo que hay. Únicamente me dijo que me lo llevara. Max meditó un momento e hizo una pregunta rápida.


Oye, ¿por qué viniste con esto hasta aquí? Bueno, es que acabo de pensar que podrías haber mantenido en secreto lo de la caja. Después de un pequeño silencio, Max continuó. Quiero decir, ¿Y si se tratasen de títulos de propiedad? ¿O de lingotes? ¿O de algún mapa? Y no es que quiera exagerar pero… No creo, la caja es ligera. Además… - sonriendo. Creí que sería bueno venir a la casa de un pariente al que tengo cerca y se que cualquier cosa que pase podrás asumir las consecuencias… Que triste que me veas de esa forma, pero, ¿Qué te hace creer que tú puedes confiar en mí? – entrecerró los ojos tras decir esto. -

En esa sonrisa de tonto que tienes. Ese es tu sello.

No creas que soy un libro abierto. Porque cuando menos lo esperes… - tomándole de las coletas. ¡Tomaré ventaja de la situación! -

¡ARGH! ¡MALDITO!

Después de ese pequeño incidente (y de algunos mordiscos y coletazos), ambos volvieron a charlar, esta vez sentados encima de la alfombra. Iris se aseguró nuevamente de que su tía no estuviera por allí y descubrió que estaba haciendo la comida. Apenas lo supo salió de la cocina hacia la sala en cuestión. -

Ejem, ejem. – exageró.

Algunos deberían crecer. – dijo en voz baja y abrió la caja. Para tu sorpresa te diré que dentro de esta caja hay un bonito cofre, ¿ves? Se nota que lo hicieron con cariño.


¿Hay algo más en la caja? – dicho esto abrió también la parte de abajo y la sacudió. Creo que eso era lo único que había aquí. Pues yo ya he abierto el cofre y lo único que hay es este huevo rodeado de paja. – respondió. -

Parece un huevo de gallina.

-

Tienes razón.

Fue entonces cuando la madre de Max gritó desde la cocina. -

¡Max! ¡Iris! ¡Tenemos que ir urgentemente a la clínica!

-

¿Qué?

-

¡Es una emergencia! – dijo la madre de Max.

3 Los padres de Max, Max e Iris fueron raudamente a la clínica que estaba a unos cuantos kilómetros de su casa. Una vez que parquearon el automóvil fueron hacia el cuarto de la abuela Rosa a ritmo rápido. Al llegar, se encontraron con la madre de Iris, la hermana de la madre de Max (desde ahora será la tía Maura). Estaba con unas bolsas y con un bolso beige. -

¡Pensé que te había tragado la tarde! – exclamó.

Lo que pasa es que tenía que ir a comprar y se me ocurrió pasar por aquí y fue cuando supe que había empeorado. -

Dios, y yo que creía que se estaba recuperando…

Realmente no se que decir. – dijo Iris. No… - dijo Iris y entonces, se fue hacía el baño. -

Pobre, realmente si que quiere a su abuela.


*** Max estaba afuera debido a que estaba aburrido pero por un instante pensó en la ida de Iris. Entonces, fue cuando la divisó al final del pasillo. Puedes reírte todo lo que quieras. Después de todo, no suelo llorar. Aunque ahora que lo pienso… - se suena la nariz – tú no eres así. ¿Por qué lloras? Al menos aún no está muerta. Además, nosotros tenemos que hacer algo por ella… ¿o es que la oferta ya no sigue en pie? Iris se secó los ojos tras escucharle. “Mientras exista esperanza, no todo estará perdido. No importa cuantas veces te pongas melancólica”… te diré esa frase. – terminó la frase con la cara entumecida. Iris se congeló y se dio la vuelta. De hecho, dio muchas de ellas. -

A-A-A…

-

¿Ah?

¿Acaso eso fue una confesión indirecta? Porque si fue así, quizás deberías decírselo a una persona más apropiada y no a tu prima… ¿Eso? ¿Una confesión? Es que leí algo así en una página… lo que más me preocupa es que si tu me has dicho eso… ¿eso significa que he leído una hoja de un manga para chicas o me ha parecido? -

Ya lo sabía. Pero a pesar de ser una copia tan rastrera…

Iris rebuscó en sus bolsillos y se lo mostró apenas lo tuvo en sus manos. Si esto hubiera estado en medio hubiera sido una situación más cursi y pastelosa.


-

Eso es… ¡el huevo! – exclamó Max.

-

Así es.

-

¿Pero qué haces con esto aquí?

No creo que pase nada con esto… - comentó Iris cuidadosamente. Fue entonces cuando se quebró una parte del huevo y poco a poco, fueron cayendo cáscaras en el piso. -

¿Qué sucede?

Se está abriendo… pero… ¿esto qué es? – dijo Iris haciendo énfasis con su “mirada”. Estaban muy ruidosos ahí fuera con sus charlas de pubertos. – se escuchó una voz que proveía del huevo. ¡Qué! ¡CÓMO OSAS! ¡TÚUUU! – dijo Iris. Pueda ser que el sea un puberto, pero yo… ¡¿A quién le llamas puberto?! Si ni siquiera a ti te ha llegado si quiera la madurez. ¡Repite eso si tienes las agallas, listillo! – respondió sin inmutarse. Entonces voltearon al darse cuenta que habían pasado por alto una cosilla. Algo que estaba hablando. -

Espera, ¿el feto ha hablado? – dijeron ambos al unísono.

-

Yo no soy un feto. O mejor dicho, ya no lo soy más.

-

¿Y entonces qué eres?

-

Soy una criatura del más allá.


4 -

¿Qué? ¿Ya se va? – preguntó Max.

Si, y al parecer Iris se quedará con nosotros. Ya en la noche se irá a casa. Iris se acercó a la madre de Max y a Max. -

Tía, ¿me prestas a Max? – dijo felizmente.

-

Claro, sólo que no lo estropees mucho.

Pero yo no soy un muñeco… ¿Seguro que no lo olvidarás, Iris? -

Claro que no, listillo.

En medio del sol ardiente, la madre de Iris emprende la marcha despidiéndose de sus parientes y de su hija para así ponerse en marcha hacia donde fuera que fuese su destino. Entonces, Iris le haló del brazo a Max y ambos estuvieron en el bajo (primer piso para los amigos) del edificio en dónde se encontraba la farmacia y la recepción, sin contar los baños o las cajas. En un rincón, cerca de la puerta, divisaron un banco, y se sentaron en el. Este estaba convenientemente apartado de la gente que entraba para que se le tratase sus males. -

Me siento como un criminal.

Si pues. Pero bueno, supongo que si nos vieran con esta particular criatura… - dijo Iris -

Dirán que estamos locos, aunque…

-

¿Hmm?

Tu aspecto es el de un muñeco. – declaró Max lanzando una mirada.


-

¡Detente ya! Me siento insultado.

Ya que lo mencionas, será mejor que me lo quede. – le tomó de un lado y lo puso en su falda. -

¡¿Y eso por qué?! ¿Descubriste que combina con tu ropa?

Simplemente que las chicas bonitas deben estar rodeadas de cosas bonitas como esta. Me da que nadie me escucha. – deja salir un suspiro la criatura. Iris medita un poco al recordar que la criatura del huevo era su centro de atención. Ojos cerrados, orejas, mejor dicho, aspecto de zorro y unas ¿alas? ¿O eran pelos los que tenía en la espalda? -

¿Por qué no te ponemos un nombre?

Tú eres la genio en esto. – mira fijamente a la criatura. ¿Qué tal Rocky? -

Rocky, ¿estás bromeando? Déjame pensar.

-

¿Fido?

¡Esos son nombres de perro! ¿Acaso tiene el rostro de un canino? -

Lo que tiene es cara de zorro.

-

¡Eso ya lo se!

La criatura se había dado cuenta que era inútil gritar, así que se recostó a un lado del banco. ¿Y qué tal si le preguntamos si es que tenía algún nombre antes de que intentásemos ponerle uno? - preguntó Max. -

¡Cierto! No se me había ocurrido preguntarle.

Iris fue hacia el organismo sin nombre.


-

Oye, oye, ¿tienes nombre?

-

¿Yo? No tengo ninguno. – murmuró.

-

Bah, Tenemos que seguir pensando.

5 Ya de vuelta en la casa de Max, la madre de este, hace el presupuesto del mes en cuestión al mismo tiempo que su hijo y una invitada seguían “discutiendo”. -

Oye, ¿me estás escuchando?

-

Claro que sí.

Lo he pensado hasta ahora, el nombre. – respondió Iris. Lo pensé. Lo he pensado. -

Ajam.

Casi no he podido decidirme, pero ¿sabes? Creo que lo tengo. – prosiguió. -

¿Hmm?

-

Te llamaremos Piro. – junto sus manos al decir esto.

¿Piro? – exclamó Max y volvió sus ojos al televisor. Mis chinos… Sip. Es que su cola me recuerda a las llamas y de ahí me vino la idea. Proviene de la palabra “pirómano”, aunque eso no importa ya. ¿Qué quiere decir “pirómano”? – preguntó Piro con curiosidad. Se refiere a la gente que le gusta jugar con el fuego. Son unos inadaptados. -

¡Por tu culpa he tenido que reiniciar mi juego desde-!


Piro le había mordido a Max. -

¡¿Pero que rayos te ocurre?!

¿Se han puesto a pensar en mis sentimientos? – dijo molesto. No crean que no me he dado cuenta, ¡pero me están tratando como una mascota! ¿Pero es que tú no lo eres? Si no hablases, podrías ser considerado un peluche muy bonito. ¿Acaso no les importa su abuela? – exclamó. Pensé que estaban interesados. -

¿Y entonces por qué no has dicho nada antes?

Ustedes nomás se la pasan hablando entre ustedes… ¡los dos son un par de vagos! – les acusó. ¿Pero eso no es lo que hacen los adolescentes de hoy en día? – respondieron mutuamente. Está bien… son un dúo de buenos para nada, pero piensen que esto será una aventura. ¿Una aventura? ¿En invierno? ¿A 10 grados? Prefiero quedarme en casa. Yo me iría de vacaciones al sur. Allá la temperatura está mejor. – dijo el chico mostrando un mapa. Quizás por Murcia… Miren: ¡lo que tenemos que hacer es encontrar La Villa y así podremos salvar a su abuela! -

¿No nos mientes? – pregunta Iris.

Es un hecho. Si la encontremos, es posible que la salvemos. ¿Hablas en serio? Además, lo que acabas de decir fue algo dudoso…


Ajam. No obstante, para saber dónde está el lugar, debemos romper los 5 sellos que se encuentran en este pueblo y sus alrededores. – resaltó Piro. Mientras más pronto lo encontremos, mejor. -

¿Aquí? ¿En este pueblo aburrido?

Justamente porque no pasa nada malo el lugar se encuentra aquí. Prosiguió ya que ninguno de los dos llegó a decir ni una sola palabra. -

Y bien, ¿ya están más motivados? – interrogó Piro.

Los dos chicos se quedaron pensando. Creo que al menos será mucho mejor que estar en casa. Ugh, parece que necesitaré una casaca nueva. – pensó en voz alta la chica. No estaba muy satisfecha con su respuesta, pero pensó en que las cosas podrían resultar interesantes. -

Yo simplemente espero que esto no sea tan aburrido.

No se, pero antes necesito que me enseñen el pueblo y todo lo demás. -

¿Qué? – ambos pusieron unas caras caricaturescas.

-

¿Acaso van a ayudar o no?

Ambos no hicieron ningún gesto y sólo asintieron con la cabeza. No obstante, cada uno a su manera, estaba sonriendo cuando pensaron en todas las posibilidades. -

Entonces, cuento con ustedes.

-

Ya que… - pensaron los dos.


[Silphium] Capítulo - 01  

Capítulo 1 de 10.

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