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LEYENDAS LATINOAMERICANAS

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Los temblores Leyenda de México Hace mucho tiempo había una serpiente de cascabel. Era muy especial porque el cascabel era de agua y mojaba todo a su paso. A la gente le gustaba que mojara todo porque regaba las plantas y sus pastos. Hacía un ruido más o menos así: BUUUUUMMMSSSSPLASH. Pero un día los hombres empezaron a pelear y la serpiente se asustó y se escondió bien abajo de la tierra hasta que terminaran de pelear. Cuando terminaron de pelear la serpiente nuevamente volvió a salir, entonces todo volvió a ser como antes, pero los hombres volvieron a pelearse y esta vez la serpiente dolida nunca más salió, y cada vez que se arrastra se escucha un ruido buuuuummmssssplash y se mueve la tierra.

Fin


El canto del Chajá Dentro de un grupo de indios había una pareja que se amaban y también había un jaguar que mataba a los indios. Un día la pareja fue a cazar el jaguar y el día en que lo encontraron el muchacho mató el jaguar, pero él también murió y en su funeral dos hermosas aves acompañaron al cacique hasta su destino y el espíritu del muchacho y la joven se convirtió en las aves.


La leyenda de le Pincoya.

Una chica que vivía en el mar que fue a la superficie y se enamoró de un hombre. Tuvieron una hija y la iban a llevar con sus abuelos, pero el padre le dijo a la madre que no miraran o si no se convertirían en agua los abuelos. Pero la madre se distrajo y miró, entonces los abuelos se convirtieron en agua apenas la vieron, entonces la niña se convirtió en mujer adulta hermosa que ayudaba a los pescadores y los guiaba.


La leyenda del colibrí Una hermosa india de grandes ojos negros, amaba a un joven llamado Ágil. Éste pertenecía a una tribu enemiga y por lo tanto sólo podían verse a escondidas. Al atardecer, cuando el sol en el horizonte ardía como una inmensa ascua, los dos novios se reunían en un bosque, junto a un arroyo cantarín y juguetón, que ponía su reflejo plateado en la penumbra verde. Los dos jóvenes podían verse sólo unos minutos pues de lo contrario podían despertar sospechas. Dentro de la tribu de Flor, una amiga de ésta descubrió el secreto de la joven y rápidamente se apresuró a comunicárselo al jefe de la tribu. A partir de esto, Flor nunca más pudo ver a Ágil. La luna, que conocía la pena del indio enamorado, le dijo a la noche: - Ayer vi a Flor que lloraba amargamente pues la quieren hacer casar con un indio de su tribu, desesperada pedía al Dios Tupa, que hiciera cualquier cosa con tal de librarla de aquella boda terrible. Entretanto Tupa oyó la súplica de Flor y decidió transformarla en flor. Esto último me lo contó mi amigo el viento. -Dime luna, preguntó Ágil. -¿En qué clase de flor han convertido a mi amada? -¡Ah, amigo, eso no lo se yo ni lo sabe tampoco el viento. -¡Tupa¡ ¡Tupa¡ gimió Ágil, yo sé que en los pétalos de la Flor la reconoceré . Yo se que la he de encontrar. ¡Ayúdame a buscarla tú que todo lo puedes! Y el cuerpo de Ágil , ante el asombro de la luna fue disminuyendo, hasta quedar convertido en un pequeño y diminuto pájaro multicolor, que salió volando apresuradamente. Era un colibrí, y desde entonces el novio triste, en esa bella metamorfosis, pasa sus días buscando ávida y rápidamente entre las flores una a una, a su amada, pero dicen los más viejos de la tribu que no la ha encontrado.


Leyenda de las Ruinas - (Honduras) Había una vez un campesino pescando en el lugar donde habían vivido los mayas. De repente escuchó una voz. El campesino prendió una lámpara, se acercó con miedo, vio a la Princesa de los Mayas, la princesa le dijo al campesino que sus padres era los jefes del pueblo maya, los enemigos le lanzaron un hechizo, el campesino guardó a la princesa de los mayas en un baúl para llevarla a la iglesia, unos campesinos querían saber que había ahí, los campesinos lo persiguieron, el campesino corrió, antes de llegar escaló una cerca, se le cayó el cofre, salió la princesa y se escondió debajo de la tierra.


LEYENDA DE LA FLOR DEL CEIBO Según cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes.

Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo silvestre que bañaba las aguas oscuras del río Barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba. Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, ¡tanta era la belleza de su canto!. Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo. Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río. Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil. La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.


La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada. Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamada.

Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido. Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe. Fue declarada Flor Nacional Argentina, por el 2 de diciembre de 1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad en este país.


El lagarto de oro Leyenda de Nicaragua Se trata de un lagarto de oro que era muy veloz. Muchas personas intentaron cazarlo, pero no podían atraparlo porque era muy veloz. Un vagabundo que era pobre fue a la iglesia y rezó para quedarse con una parte del lagarto de oro y la otra parte para la iglesia. El hombre lo atrapó, pero dijo que el lagarto de oro era suyo. El lagarto recobró sus fuerzas y escapó.


Leyenda Del Lago Titicaca Leyenda de Bolivia Se trata de un pueblo muy feliz. El diablo que era envidioso porque al pueblo lo cuidaban los dioses Apus. Entonces el diablo le dijo a los hombres del pueblo que subieran la montaña y pelearan contra los dioses. Los hombres se negaron pero el diablo empezó a decirles: miedosos. Los hombres decidieron subir a la montaña con palos y piedras. Los Apus muy tristes hicieron que salieran pumas salvajes y que atacaran a los hombres. Entonces el dios Inti muy enojado empezó a llorar y quedó hundido ese hermoso pueblo excepto por una pareja que había subido a una madera. Desde entonces ese pueblo inundado se convirtió en un lago que se llama lago Titicaca porque los pumas se convirtieron en piedra.

Leyendas Latinoamericanas  
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